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Hay que desposeerse de toda pasión y abandonar todo móvil que no conduzca á presentar la verdad de claro y distinto modo, hay que tener muy presente que el fin principal de toda Historia es la verídica exposición de los hechos. Esto es, ni más ni ménos, lo que nos proponemos; esta es la idea que hace mucho tiempo acariciamos y que nos ha llevado aun constante estudio, cuyos frutos presen- tamos hoy ante el severo tribunal de la opinion pública, seguros de que en ningún punto podrá ser desmentida nuestra imparcialidad. No es nuestro ánimo ni lo pudo ser nunca, hacer un libro que sólo pudiera ser leído por los individuos pertenecientes á la sociedad que vamos á historiar, así como tampoco queremos que desechado por 6 HISTORIA GENERAL ellos, sirva sólo á los enemigos ó detractores de la institución masónica. Queremos que unos y otros vean en la obra que presentamos, la clara y sumaria exposición de los hechos, y es nuestro deseo que sirva para desengañar á los que por uno ú otro concepto se encuentren engañados. Sociedad cuyos orígenes se pierden en remotos días, de los que apénas si quedan reminiscencias, ha tenido sus fanáticos, como ha tenido sus héroes; ha tenido grandes protectores y no le han faltado violentas perset;uciones. Envuelta en misterios que no podian permanecer impenetrables en nuestra época, en que gracias á la mayor luz, todo se manifiesta, se ha desarrollado paulatinamente, se ha extendido por toda la superficie de la tierra y en ella han tenido» participación toda clase de hombres. Sus símbolos, sus prácticas, las densas tinieblas en que se envolvía, las formalidades de sus iniciaciones, atraían hacia ella la curiosidad grandísima que inspira siempre lo desconocido; el hombre cuando no sabe, inventa, sin importarle nada lo que resulte, y de aquí que todos aquellos que no conocían la institución á fondo, la supusieran se- gun su inventiva ó su capricho, haciéndola adquirir el carácter que más se avenia con sus propios deseos. El resultado de esto no se hizo esperar, y comenzaron á aparecer los cuentos y consejas á cuyo recuerdo, oir nombrar la masonería y extremecerse era para muchos, cosa del instante. Masones fueron llamados todos aquellos individuos afiliados á las distintas sociedades secretas que han existido, introduciéndose asi una lamentable confusion; mason se llamó á todo aquel en quien se advertían tendencias á las innovaciones requeridas por el tiempo y se vió en los afiliados hombres dispues- tos á matar y asesinar, hombres que se desposeían de todo espíritu de caridad y de bondad y que, dando al olvido todos los deberes»que para con Dios, para con sus seme- jantes y para consigo mismo tuvieran adquiridos, juraban contribuir con todas las fuerzas de su alma, con todos los elementos de que pudieran disponer, á la consuma- clon de fines á que se obligaban por medio de indisolubles lazos, sin pararse en los medios, sin considerar si éstos eran buenos ó malos. La sociedad no pudo ménos de alarmarse, y la intranquilidad que en los pusilánimes había despertado la existencia de esta sociedad, secreta en un tiempo, procuraron calmarla; la Iglesia lanzando sus anatemas y excomuniones, el poder civil persiguiéndola en sus individuos con una tan encarnizada saña, que no pocos de ellos fueron ajusticiados, pagando asi muchos con la vida, tal vez no más que una curiosidad satisfecha. No ha sucedido así en todas partes; en tanto que en unos países era perseguida la institución masónica, en otros recibía favores y decidida protección de principes y soberanos que no se desdeñaban de presentarse en logia, ni de que públicamente se supiera el grado simbólico de que disfrutaban. Tan extraño contraste no podrá ménos de sorprender, pero bien claramente se explica luégo que se hace advertir el mejor y más completo conocimiento de la masonería, de cuáles son sus fines, sus propósitos y sus medios. Entendióse en unas naciones que aquella sociedad que buscaba la som- bra y el misterio para practicar sus ritos, no era ni podía ser buena, y en esta errada inteligencia, sin pararse en el estudio que era conveniente hacer antes de emitir juicio, comenzaron las persecuciones, si bien es justo señalar que de ellas no fué causa se- DE I,A MASONERÍA 7 cundaria el amor y cariño con que ha procurado conservar siempre la práctica de un formularismo que sin reparo podemos calificar hoy de anacrónico. Al verse perse- guides, los masones procuraron defenderse y para esto no disponian de más elemen- tos que los resultantes de la sociedad misma; la revelación de sus fines, y á ello recurrieron, tanto para deshacer injustas prevenciones, como para adquirir pro- sólitos. Entónces pudo verse una cosa que llamó extraordinariamente la atención y fué el que esta sociedad tan calumniada y perseguida, que esta sociedad de la que algunos creyeron no podia salir más que la destrucción, tenia en su credo las dos grandes verdades porque subsiste el mundo: la existencia de Dios y la inmortalidad del alma. Para llegar á esta demostración no se olvidaron en modo alguno del espíritu que en todas sus manifestaciones domina, y de la misma manera que en los pueblos antiguos todo el afan de los primitivos historiadores fué aportar elementos con que probar su directa descendencia de los dioses, basando asi el aparecimiento de las sociedades que veían constituidas en niitos que si bien poéticos, no dejaban de ser absurdos, asi, del mismo modo cuando se trató de legitimar el aparecimiento y existencia de la ma- sonería, se hicieron aventurados supuestos que más parecían conformarse con el deseo de rodearla de esplendor, que con el de darle un fundamento racional que ex- pilcara perfectamente su necesidad. Suponer que el Edén perdido de que nos habla la Biblia, fué la primera logia, es una cosa tan rara que el enunciarlo sólo mueve á sonreír, y sin embargo, ha habido mason que sostenga tan peregrina idea, si bien tampoco han faltado los que pareciéndole demasiado tiempo el que desde entónces á nosotros media, lo han limitado afirmando que la sociedad tiene origen en los días inmediatos al diluvio, otros en el momento de la dispersion, y no pocos en la funda- clon de aquel templo con que Salomon quiso y consiguió honrar al Altisimo, templo que en alzarse se tardó tanto y que en una noche destruyera la soldadesca de Tito, de aquel que no por ser bueno, sino porque era mejor que sus antepasados, llamaron las vdelicias del género humano.» Apartándose de estas ideas, que como veremos en el curso de nuestra obra care- cen absolutamente de fundamento, otros con tan buen fin, pero más atentos ála reali- dad, se han fijado en la gran semejanza que existe entre los misterios masónicos de nuestros tiempos y los misterios de los antiguos ritos, practicados por pueblos que ya no existen. Esta idea, más propia, más clara y más racional, es sin disputa la que cuenta con más partidarios si bien nuestra imparcialidad nos lleva á ver en ellos algo semejante á lo que vemos en los primitivos romanos, que por hacerse hijos de dioses, admitían y creían firmemente que Rómulo y Remo fueron amamantados por una loba. La antigüedad tiene siempre algo que atrae y encanta, y aquellas prácticas reli- giosas donde tanta solemnidad y boato ostentaban, aquellos misterios que se hacían en honor de tal ó cual dios, han seducido á no pocos, llevando á establecerlos como aborígenes de la masonería, mas sin fijarse en que nunca esta sociedad ha tenido dio- ses ni ha sido en sus fines puramente religiosa. En los tiempos actuales hay que des- echar semejantes ideas, es necesario suponer algo más racional, algo que no desvirtúe 8 historia general á la sociedad, que seria ni más ni ménos que aquello que desvirtúa también á las an- tiguas religiones. Comprendido así por muchos, han apartado la vista de cuanto pudiera ser mistico fijándose más en sociedades de origen puramente civil, politico ó militar de época más moderna, llegando á igualarla con los Templarios ó con los caballeros de San Juan, mas se encuentra hoy tan perfectamente determinado lo que á estos institutos se refiere, tampoco podemos dar valor á semejantes hipótesis por más que los enun- que ciados de Caballero de Oriente ó de la España, Principe de Jerusalem, Gran Pon- tifice, Patriarca Noaquita, Principe del Líbano, Soberano comendador del Templo, Valiente Principe del Real Secreto y otros que por el estilo tiene la masonería, para sus grados sirnhólicos, pudiera inducir á creer lo que muchos sostienen. Aquellas órdenes militares nacidas en su mayor número de las Cruzadas é inspiradas más que en otra cosa, en el espíritu caballeresco de la Edad Media, no tuvieron reservados misterios, ni prácticas litúrgicas, ni fantasmagóricas iniciaciones; en ellas pudo acae- cer sólo lo que en todas las sociedades perfectamente organizadas. Sus individuos se reconocían y una vez esto prestábanse mutuo apoyo, mas nunca en los términos que se entiende lo hacen los masones. Todas estas generales ideas que venimos apuntando y á las que desde luégo nega- mos fundamento, á reserva de probarlo en su dia, han nacido á medida que la nece- sidad de hacer una Historia General de la Masonería ha sido sensible. Envueltos sus orígenes en misteriosa penumbra, resultado natural de la antigüedad y vida difícil de la asociación, se han aventurado primero gratuitas suposiciones, al par que se ha procurado desnaturalizarla con imposturas de todo punto inadmitibles. Poco á poco se ha ido haciendo la luz y ha sucedido esto en el instante mismo en que hombres de buena fé, de conocimientos bastantes y amor al trabajo han comprendido y hecho comprender que cuanto el cuerpo masónico tiene porque pueda ser asimilado á insti- tutos antiguos, no son más ,que precedentes ó ilustraciones que de tiempo en tiempo han venido trasmitiendo hasta nosotros, pero sin conservar más que la forma. En se el fondo, en aquello que responde al pensamiento de sus fundadores, la masonería actual no tiene absolutamente nada porque pueda ser asimilada á cualquiera de los antiguos ritos, y esto es precisamente lo que da lugar, á nuestro modo de ver, á las más fundadas censuras que en nuestros días se hace de la masonería. El fondo y la forma son correlativos; entre si deben tener la más absoluta y perfecta relación, y es esta demostrarse: una cosa habiendo pasado á la categoria de axioma, casi no necesita que es vano y hasta pueril revela que una sociedad que en sus constituciones y estatutos la mayor elevación de miras, que una sociedad que por los fines que se propone cum- plir se eleva entre todas las que se han organizado en la vida de los pueblos, que una sociedad cuyas tendencias son las más nobles, conserve prácticas y fórmulas que no responden absolutamente á ninguna idea, siendo aún más de sentir que en este siglo donde todo se somete á la más severa y razonada critica, que en este siglo en que han florecido hombres que no han dejado en paz ni al Dios del cielo, ni á los reyes de la ins- tierra, en el que se han agitado y reformado profundamente las más inveteradas de LA masonería 9 tituciones, en el que ha florecido un Kant, que ha preconizado el imperio de la razón, y un Strauss, que ha demostrado la importancia del juicio critico, en vista de los mo- numentos sancionados, haya tenido la masonería hombres que le asignen como origen tradiciones puramente míticas que no resisten ya á la ilustración de nuestro tiempo. Urge, pues, poner en claro lo que haya de cierto, apoyándonos en autoridades que se han desviado de la fatal senda seguida por aquellos que entusiastas sólo, señjaron no más en lo que les parecía había de dar mayor realce al cuerpo organizado de que eran adeptos, é igualmente nos es necesario desechar é impugnar todo cuanto ha- blando de memoria han dicho sus detractores, que en buen número carecían de moti- vos para conocer aquello de que hablaban. Por cuanto nuestro objeto es hacer con la mayor imparcialidad, una Historia General de la Masonería en todas las épocas y en todos los pueblos, abandonamos al coger la pluma toda prevención en pro, toda prevención en contra y nunca el lector hallará nada que deje de estar sufl- cientemente fundamentado. Habiendo concedido, como no podia ser de otra manera, que las fórmulas y prácticas, las iniciaciones y ritos masónicos, tienen sus prece dentes en la antigüedad, en aquello que se refiere á la forma, haremos un detenido estudio del simbolismo de las antiguas religiones, para encontrar en ellas lo que conservándose en el transcurso del tiempo, ha venido á revestir luego modernas prácticas encaminadas á otros flues; nos detendremos á estudiar cada una de las so- ciedades de que se supone arranca lo que vamos á historiar, y veremos, en fin, qué es lo que á la masónica ha prestado cada una, hasta el momento en que apareciendo perfectamente claro y definido, ha redactado su credo y ha comenzado á practicar los fines que en sus constituciones se propusiera. No omitiremos nada de lo que á ella toca, no olvidaremos ninguno de los puntos que puedan referírsele para que la verdad resulte patente y pueda nuestra obra merecer en absoluto el titulo» que le damos. Esta misma imparcialidad que nos proponemos observar y seguir fielmente sin se- pararnos un punto, nos llevará con certeza á revelar lo poderoso de la asociación ma- sónica, que sin apoyo de ninguna clase ni por parte del Estado ni por parte de la Iglesia, ha sabido extenderse y ramificarse por todas partes, siendo dueña absoluta en un tiempo de hábiles elementos á los que se deben obras gigantescas. A nuestro modo de ver y como han supuesto muy acertadamente autores que nos merecen entero eré- dito, la Organización de la masonería tal como hoy la entendemos es de una época re- lativamente moderna y tal vez sin ningún género de duda y sin que se nos pueda tachar de aventurados, diremos que su origen puede determinarse en las sociedades de hábiles constructores que en la Edad Media sabían lo bastante para poder elevar hasta las nubes, las cinceladas cúpulas de las.catedrales góticas. Nada de extraño ni de particular tiene este secreto y misterio de que procuraron rodear su arte, sin tras- mitirlo más que á los que se iniciaban, esto es, á los que entraban á formar parte de aquellas sociedades organizadas perfectamente para el bien común. En la época en que nos estamos refiriendo, se ven cosas muy parecidas que por efecto de la circuns- tandas se asimilaban á instituciones de la antigüedad. Los augures y hechiceros de la época clásica tuvieron continuadores en los siglos medios y aún puede decirse que 10 HISTORIA GENERAR aventajaron con mucho á los augures y Canidias, que tan bien pintara Horacio y tanto escarneciera Luciano con su punzante y acerba sátira: aquellas malas artes con tanto encono perseguidas y que en más de una y cien ocasiones dieran con carne humana abundante y seguro pasto álas hogueras que prendiera el fanatismo y cruel- dad de la inquisición, deben señalarse en el momento mismo que quiera hacerse una historia déla quimica, cosa bien clara y bien fácil'de comprender, puesáun las inves- tigaciones racionales de esta ciencia, perfectamente definida hoy, serian perseguidas de realizarse en otros tiempos anteriores al nuestro. Por efecto de lo qué vamos di- ciendo, los alquimistas se entendían perfectamente entre si; sabian á que atenerse con sus geroglificos, sus cábalas y sus signos, hacían de su en parte mentida ciencia, un cuidado secreto para que en él no pudiera tomar parte el profano. Esto que suce- dia con las ciencias incipientes, pudo muy bien sucéder con las artes, mas cuando estas por necesidad fueron pasando al conocimiento público, cuando el arte de cons- ruir pudo ser conocido sin necesidad de iniciaciones, ni prácticas de rito, la sociedad, que durante largo periodo las había conservado, no se disolvió, sino que ascendiendo de lo material á lo puramente moral, llamó hermanos á los congregados y procurando inculcar en el ánimo de todos los más sanos y saludables principios de la moral, los encariñó con la práctica del bien y el ejercicio de la virtud. A partir de entónces es cuando la masonería se ha constituido en escuela y sedu- cida tal vez por las prácticas que muchas sociedades de la antigüedad observaron, las aceptó sin duda creyendo que con ellas le seria mucho más fácil llegará la realización de los elevados fines que se habla propuesto. Justo es señalar, sin embargo, que hasta ahora la masonería, excepción hecha de las ideas apuntadas por el profundo Krause no ocupa lugar ni en la historia de la civilización de la humanidad, ni-en la historia de lás ciencias filosóficas, siendo á pesar de todo una de las asociaciones que en justi- cía debe concederse, es de las que más influencia han determinado. La oscuridad en que ha vivido, es causa suficiente para explicar el extraño fenómeno de que acaba- mos de hacer mención. Luchando desde su aparecimiento con todos los poderes cons- tituidos, contra todas las prácticas establecidas por el inconsciente rutinarismo; siendo motivo de terror y espanto para todos los que no ven sin ayuda de la luz que algunos quieren encenderle, no ha podido abrir sus cátedras, ni conducirá sus templos; ántes al contrario, se ha tenido que ocultar, ha tenido que velar sus ritos y misterios, evitar las miradas de los que no fueran adeptos á su credo, y no hacerse ver de ellos sino des- pues de probarlos de una manera capaz de convencer á que en todos rebosaba la bue- na fe, los justos deseos y el amor á la órden. Esto, como jya hemos dicho, justificaba en un principio la necesidad de fórmulas que hoy jienen un carácter histórico puramente, y que consideradas desde este punto de vista, no son acreedoras en modo alguno, ni á las censuras ni á la sátira con que se las persigue. Hemos dicho que la masonería adquirió el carácter de escuela^ y ninguna como ella ha sido tan tolerante para compartir con las demás el campo de la verdadera ciencia; ninguna, por la especialidad de su credo, ha podido tener tantos partidarios, DE LA MASONERÍA 11 pues abierta igualmente para todos, en su seno han podido conciliarse todas las doc- trinas, dado que no pueden llamarse asi sino las que dejen de tener por fin el mejo- ramiento y perfección de esta humanidad, en que vivimos como partes, constituyendo sin embargo, un todo, en el que se refleja. La gran conquista de que á nuestro modo de ver puede enorgullecerse la filosofía, es la de haber creado y formalizado el exámen y la crítica, pues haciendo aquí reser- va de nuestras creencias, y ateniéndonos sólo á lo que resulta de los hechos, puede observarse que según el sistema empleado, el estudio del tmiverso conduce á la afir- macion ó negación de los principios: en muy pocos llegan á coincidir las distintas escuelas, muy pocos, contadisimos, es el número de los que pueden servir de lazo y union á los hombres que dedicados al estudio, militan en distintos campos. Esto, no obstant^, cualquiera que sean los resultados, puede contribuir perfectamente al bien de la humanidad, y esto es ya un motivo para comprender la importancia de la masonería, formada sólo en su primera época por los hombres que así pensaban, por los que creian que era menester aprovechar el tiempo en perfeccionar al hombre. Esta declaración ha servido á muchos para impugnarla, afirmando que si tal era su objeto, no debían en modo alguno relegarse en la oscuridad, permanecer en la sombra; si tan nobles y levantados son los fines que se propone, decían, abrid las puertas y que se os vea, hablad para que podamos escucharos-y podáis ser juzgados. Este hubiera sido el más seguro medio para que hoy pudiera sqr perfectamente cono- cida la verdad con respecto á ella, mas hay que tener presentes les tiempos por qué en su desenvolvimiento ha tenido que atravesar la institución masónica y ver si era posible dados sus propósitos, que subsistiera sin ser aniquilada, sin remedio, por los poderes con que tenia que permanecer en constante y abierta lucha. Hemos dicho, y nuestra obra probará, que la masonería como escuela se propuso el perfeccionamiento de los hombres, único medio por el que todos podemos llegar á ser iguales, y hay que conceder en presencia de la historia que esto no podía hacerlo sino minando y trabajando despacio y en el secreto. Cualquiera que sea el pueblo y la época que se determine para su aparecimiento, podrá verse que jamas fué á propó- sito para su ostensible presentación. La India, el Egipto y la mayor parte de aquellos pueblos que se disputan el honor de ser los centros de que la humanidad ha partido, para extenderse á los demás ámbitos de la tierra, hubieran perseguido de muerte al mason, porque éste hubiera tenido que anatematizar aquella terrible organización de castas que daba lugar á muy pocos dichosos y á tantísimos desgraciados; Grecia y Roma no hubiera visto nunca con buenos ojos á los que por medio de la ilustración y del conocimiento del valor de la naturaleza hutnana, hubieran procurado que los esclavos sacudieran el terrible yugo á que estaban sacrificados los más, para la satis- facción de los ménos; y si separamos nuestros ojos de ia Edad antigua para pasear nuestras miradas por el estéril y árido campo que á la libertad de la conciencia ofrece la Edad Media, aún será mayor nuestro desconsuelo, pues cierto que en esta época la sociedad no se- encuentra ya dividida en castas, cierto que ya el cristianismo ha limado y dejado caer las cadenas del esclavo, pero estas afrentas no han desapare- 12 HISTORIA GENERAL cido por completo: si bien se mira, no han hecho más que cambiar deforma, y en el pechero, en el siervo de la gleba, dados los gravámenes y vejaciones que se le hadan sufrir por los señores y que estaban reconocidos por la legislación feudal, puede verse un sér casi más infeliz que el paria ó el esclavo. Sin la lenta laboracion de los principios que se ha venido operando en el tiernpo, la masonería no podía darse á luz: sin conseguir nada, se hubiera sacrificado inútil- mente ofreciéndose como víctima á la intransigencia y al fanatismo, que previendo y hasta sintiendo los golpes mortales que le asestaba, la ha perseguido de muerte, no sólo haciendo perecer á sus individuos, sino lo que es más aún terrible, desvirtuando su credo, suponiéndole horribles miras, para prevenir en su contra al mayor número. Cuando no era adepto, el profano se veía imposibilitado de conocer en si á la maso- neria, para poder apreciarla y juzgarla con arreglo á los principios del derecho y de la moral, pues tiempo hubo en que el juramento masónico fué una verdad y en el que los iniciados no dejaban traslucir ninguno de los secretos que se les encomendaban; ¿por qué perseguirla entónces? Esta pregunta tiene sencilla y pronta contestación; mírese lo que ha sucedido con todo aquello que-por uno ú otro concepto ha procu- rado separar á los más de lo que los ménos querían; véanse las penas sufridas por los espíritus altivos y sublimes que han querido sacudir el peso que abatía su vuelo, y fijándonos en las religiones, veremos cómo ha sido perseguida toda reforma y cómo se ha castigado toda innovación en la ciencia, siempre que se atreviera contra cual- quiera de esas verdades reveladas, á que los hombres y los pueblos en su infancia, miran con tan estúpido respeto. Y esto que decimos lo hacemos extensivo á todos los poderes, pues cualquiera que sea la extension de sus m.iras y de sus propósitos, ora preconice las excelencias del liberalismo científico, que lleva al claro exámen, ora permanezca ceñido y aferrado á las antiguas tradiciones, tan faltas de fundamento, nunca pueden ver con buenos ojos nada de lo que se les oponga. Los hombres cuando se constituyen en cuerpos vigorizados por cualquier circunstancia, no toleran que ante ellos se alze nada que pueda contrariarles, y si la inquisición no queriendo ver mermada la fe que según la Iglesia se debía á las verdades afirmadas en los sagrados libros, dió lugar al é pur si muove del inmortal Galileo, Calvino, que tanto quería hacer en su libre exámen , base y fundamento de su reforma, hizo quemar al sublime Serret, tan sólo porque no pensaba como él quería que pensa- ran todos. Teniendo presente todo esto y el poco valor que racionalmente debe darse al mar- tirio buscado para adquirir nombre ó procurarse una recompensa espiritual ó mate- rial, nos sentimos cohibidos para decidir qué parte de responsabilidad toca á la masonería por haber permanecido oculta, sin emprender una campaña abierta y decidida en favor de la generalización de sus dogmas; no nos atrevemos á aventurar ninguna afirmación, pero si es justo que hagamos notar que sin que nunca haya realizado tal cosa, ha logrado adquirir una predominancia grande y un considerable número de adeptos, pues no podia ménos de traslucirse por los séres que saben pensar cuál era el objeto que se había propuesto, sin que ellos esperaran la seducción DE LA MASONERÍA 13 de mártires y confesores, en los que muchas veces no puede verse más que fanáticos sin mérito alguno. El objeto primordial de la masonería, luégo que cediendo á las exigencias del tiempo se constituyó en doctrina, ha sido el hombre y más que de nada, á pesar de que tanto en contrario de lo que decimos, se crea, el hombre ha sido el constante objeto de sus afecciones, trabajos y cuidados. Esto nos explica de una manera palpable por qué no la podemos encontrar en el rango de las que con verdad pueden llamarse escuelas religiosas, siendo muy de tener presente que para adquirir este dictado, muchos hubieran sostenido que le faltaba las esenciales condiciones con que se enor- gullecen las sectas, á saber: verdades reveladas y personificación en un hombre. La masonería, como ya hemos indicado, es la asociación donde se advierte el más lato espíritu de tolerancia; no puede admitir en su seno á quien niegue la existencia de un Dios, pero permite que sus adeptos lo adoren ó veneren según lo entiendan con arre- glo á sus principios, sin que estas formalidades puedan ser en modo alguno causa de persecución, ni aún de rencores. Fijándonos en esto y haciendo sólo un sumario estu- dio comparativo, veremos claramente por qué según nosotros la masonería á pesar de su reconocido carácter de proselitisme, no ha podido ser clasificada entre las sectas á que se les asigna carácter religioso. Hija de la razón en primer término, y en segundo de la necesidad, por este deseo instintivo que el hombre siente de perfecció- narse, aparece sin más esplendor que la enaltezca que el que puede resultar del fin práctico que se propone; nunca hemos advertido en la institución masónica, ni el más ligero detalle que indique su deseo de imponerse; ha tenido abierto su seno á todo el que en él ha querido refugiarse, mas nunca para atraérselo, le ha dicho: debes pensar como yo pienso, porque este credo á que procuro someterte, no es obra mia, noes hijo del ingenio de ningún hombre, es la revelación de un sér superior y eterno, que en esta ó en la otra forma me lo ha trasmitido; lo maravilloso, todo aqué- lio que pueda seducir porque asombre y no tenga fundamento racional que lo expli-j que, ha sido desechado por la masonería que no ha tomado inspiración ni ha plagia- do nada de aquello que de unos en otros ha sido punto de arranque para todos los reformadores religiosos: no ha abusado jamas de un carácter sagrado que se hubiera podido atribuir, con el cual llegaría por fuerza á una estabilidad, que es precisamente el carácter contrario de lo que forma su credo. Las religiones que con más ó ménos partidarios se dividen hoy la humanidad, se han impuesto de este modo, han querido tener ciegos secuaces y los han tenido en efecto, mas cuando las causas que presidie- ron á su aparecimiento han decaído, cuando la razón á que un tiempo obedecieran cambia de faz, se ven abandonadas, porque en modo alguno pueden cambiar sus hombres la revelación que han predicado. La masonería, cambiará de forma en el tiempo; esta sociedad, cuyo principal objeto es la sólida union de los hombres entre si, union que procura con elementos que en nosotros mismos radican, alterará sus constituciones según las exigencias de las épocas, y de este modo, podrá seguir reali- zando siempre el bien, sin que se le puedan hacer injuriosas imputaciones; hija de la razón sigue la marcha progresiva de ésta, y en ella no hay nada que pueda obligarle 14 HISTORIA GENERAL á la inmutabilidad, porque nunca ha predicado nada que por ser sagrado, tenga que ser inviolable. La masonería difiere también en otro punto esencial de todas las demás religiones: éstas, como ya hemos apuntado, se personifican en un hombre, sin que pueda enten- derse por esto que son ellos los que las crean: todos cuantos en la historia tienen el ca- rácter de reformadores religiosos, no son más que recopiladores hábiles, pues no hay ninguna religion que se presente como las estrellas en el cielo. Si quisiéramos hacer la historia de cualquier movimiento religioso, casi podemos decir sin temor de equi- vocarnos, que el trabajo seria siempre insuficiente para muchos de los puntos nece- sarios, pues nunca podria determinarse con claridad y exactitud dónde y cuándo apareció la primera idea de la posterior reforma. Este aserto nuestro tiene una com- probación sencilla: los principios, las máximas y los dogmas consignados en el Zenda Avesta, en el Génesis, en el Evangelio ó en el Coran, no han sido inventadas ni por Zoroastro, ó Moisés, ni por Jesús ó por Mahoma; éstos no han .hecho más que reco- gerlos, ordenarlos, y si se quiere, explicarlos con arreglo á las necesidades que adver- tian. Pero no hasta sólo esta tarea para adquirir el carácter de reformador, es menes- ter que coincida también con lo que podemos llamar momento oportuno^ es necesario que la manifestación comience cuando tenga preparado campo en el espíritu humano, pues de lo contrario por grande que algunos crean su trascendencia, abortará y no hallará eco ninguno, resistirá á todos los esfuerzos que se hagan en su favor y no apa- recerá sino cuando llegue su época. Sin apartar los ojos de la historia, podremos convencernos de lo afirmado ápriori; lo mismo que á Moisés que á Jesús ayudaron tanto las circunstancias, que sin ellas no puede suponerse el famoso eco que hallaron sus predicaciones. Cautivo y esclavizado el pueblo hebreo, perdida su nacionalidad, estándole vedadas sus prácticas religiosas, no podía ménos de aspirar á sacudir aquel yugo y esta idea no podia ser echada nun- ca en olvido, máxime cuando cada día la acentuaba más la persecución y el odio. Considerados como bestias de carga no había para ellos momento de tregua ni repo- so, no hallaban ni las más ligeras consideraciones por parte de los opresores, y si las terribles 'pirámides que forman el sepulcro de aquellos soberbios Faraones pudieran exprimirse, no lo dudamos, manaría de ellas la sangre de aquellos desventurados judíos, que colgando sus harpas de los sauces aumentaban con sus lágrimas la corriente de aquel río donde se reflejaba un cielo, que para ellos no podia tener en- cantos. Dada esta situación, no tiene absolutamente nada de extraño que al aparecer un hombre que les ofreciera la libertad é independencia, al aparecer un hombre que ofre- ciera reconstituirlos, todos se manifestaran dispuestos á seguirle, sin averiguar á don- de los quería llevar, ni cuál era el fin que se proponía. Por esto en primer lugar Moisés acude á la revelación, se llama enviado de Dios, se dice su inspirado y los arranca en su ignorancia, seducidos por sus deseos. Lanzados en el desierto, las pe- nalidades y lucha de aquella travesía horrorosa, les hubiera hecho dispersarse y tal vez muchos hubieran vuelto atras, sino se operaran prodigios que no pudiendo com- DE LA MASONERÍA 15 prender, atribuyeron necesariamente á lo maravilloso de aquel poder que por residen- cia tenia el cielo, y que se manifestaba en el terror de los truenos y los rayos. Dejad al pueblo hebreo en la independencia y libertad de que gozara antes de ir á establecerse en Egipto, seducido por los favores que le pudiera dispensar el que salle- ra de la prisión, para calmar la intranquilidad que un sueño causara al monarca; omi- tir si queréis aquella persecución, aquella violencia que les impusieron lOs mismos á quienes tanto servían y la voz de Moisés se hubiera perdido en el desierto, sin que le siguiera nadie ó sin que dejaran de abandonarle los pocos que le acompañaran, ápe- sar de las revelaciones de que se hacia intérprete y de los prodigios y maravillas que realizaba. Mas parece estar predestinado el pueblo hebreo á operar los grandes mo- vimientos religiosos, en pos de los que ha caminado siempre la humanidad: de las palabras que hasta aqui han servido de símbolo en la marcha hacia lo verdadero, las de ciencia ó de filosofia^ les fueron agenas por completo, pero siempre entendió con un instinto superior, con un sentido especial la de religion. La investigación reflexiva, independiente, severa; atrevida , filosófica en una palabra, de la verdad , parece ha- ber sido la tarea de esta raza indo-euròpea, que desde el fondo de la India hasta las extremidades del Occidente y del Norte, desde los más remotos siglos, hasta lostiem- pos más nriodernos, ha tratado de explicar á Dios, al horhbre y al mundo por un sis- tema racional y ha dejado tras ella como escalonados en los diversos periodos de su historia, creaciones fllosóflcas siempre y en todas partes sometidas á las leyes de un desenvolvimiento lógico. A la raza semítica pertenecen las instituciones severas y se- guras que despojan á la divinidad de sus velos y sin reflexion ni razonamiento llegó á la forma religiosa más depurada que la humanidad ha conocido. La escuela Alosó- fica tiene su patria en la Grecia y en la India en medio de una raza curiosa y vivamen- te preocupada del secreto de las cosas; el salmo y la profecia, la sabiduría explicán- dose en enigmas y en símbolos, el himno puro, el libro revelado, tal es el patrimonio de la raza teocrática semita: es por excelencia el pueblo de Dios y el pueblo de las re- ligiones, destinado á crearlas y á propagarlas. Es muy notable en verdad que las tres religiones que hasta aqui han desempeñado el más grande papel en la historia de la civilización, las tres religiones marcadas de un carácter especial de duración, fecundidad, proselitisme y unidas entre si por estre- chos lazos, que les hacen aparecer como tres ramas del mismo tronco, tres traducció- nes desigualmente puras de la misma idea, han nacido las tres en los pueblos semiti- eos y desde alli se han lanzado ála conquista de altos y superiores destinos. No hay más que algunas jornadas de Jerusalen al Sinai, del Sinai á la Meca. Pero en ninguna de ellas podemos dejar de ver las causas materiales que presiden á su aparición, de ninguna de ellas podemos dejar de observar la importancia que han dado al misterio que no puede cambiar, por lo que tendria que detenerse siempre con igual carácter, aunque resulten un dia desprovistas de la nota de necesarias que tuvieran al comenzar. Moisés, ya lo hemos visto, se vió ayudado en su empresa por la situación especial en que se hallaba su pueblo: á la obra de Jesucristo no contribuye un pueblo sólo, con- tribuyen muchos que igualmente gimen. Roma, la soberbia y altiva Roma, había lie- 16 HISTORIA GENERAL gado con el omnímodo poder de su fuerza á privar de independencia á todos los de- mas pueblos; de todos los hijos de aquellas naciones alas que convirtió en provincias, hizo esclavos sacrificándolos constantemente al placer del pueblo rey, mas llega un dia en que la voluntad aterrada se sacude y uno á uno los pueblos sujetos á tan opre- sora dominación y que nutrían ideas de venganza y odio, van minando el terreno y á la mitad del camino los bárbaros les ayudan y puede preverse como casi cierta y se- gura la caída del grande imperio romano. Pero ni aún con esto había bastante, era ne- cesaría una modificación en las ideas morales y religiosas; se hacia sentir ya con so- brada fuerza la necesidad de que desaparecieran las prácticas en que hasta entonces habían estado absortos los hombres, aquellos dioses á que habían rendido tan entu- siasta culto". La organización social no podía continuar de aquella manera: ya la legis- lacion, si bien muy paulatinamente, habia ido introduciendo reformas en lo que sere- fiere al omnímodo poder del amo con respecto al esclavo, en la organización depresiva de la familia y al mismo tiempo la costumbre habia modificado las relaciones existen- tes entre el patricio y el plebeyo : mas era de todo punto necesaria una reforma que diera unidad á aquel movimiento general deseado por todos, y cuando los pueblos ape- tecian su independencia y el mayor número de los hombres la libertad y las mujeres el decoroso puesto que se les^debe asignar, y los hijos un más elevado carácter, que el de medios de adquirir, comienzan á escucharse los primeros ecos de la predicación cristiana, y como hay en el Evangelio caudal de ternura suficiente para que pudiera realizarse todo lo apetecido, la sencilla verdad anunciada por el que si no era hijo de Dios, merecía serlo y predicada por aquellos toscos pescadores que en alas de la fe su- pieron igualarse con los sabios, se extendió bien pronto y en corto número de años se hizo más prosélitos que ninguna de las doctrinas que hablan subsistido hasta entón- ees. Es fuerza concederlo, no había habido hasta entóneos en la historia y después no puede registrarse ningún momento tan á propósito como aquel en que Jesús comenzó su predicación y esto lleva consigo la explicación de la rapidez con que se extendió, á pesar de las persecuciones que tuvo que sufrir. Seis siglos después de J. G. el pueblo semita, que como hemos dicho realiza con sin igual perfección el ideal religioso, ve surgir de su seno otro reformador ó por me- jor decir otro redactor de credo religioso. Las circunstancias en que Mahoma apare- ce, son muy distintas, es cierto, pero no son ménos favorables. La predicación cris- tiana que fué siempre en África ménos robusta que en las demás partes, habia perdido ya todo su vigor y era tan débil la fe que apénas si quedaban más que reminiscencias de las verdades cristianas, quebrantadas también por el sinnúmero de herejías de que fueron cuna aquellas iglesias. Ademas el árabe, fatalista por naturaleza, no podía conformarse con ninguna de las predicaciones que hasta entónces habia escuchado y su espíritu poético en la forma, pero esencialmente práctico en el fondo, no compren- día ni podia esplicarse nunca, aquellas sutilidades de las discusiones teológicas sin poesia, sin fin práctico y sin otro fundamento que el orgullo de los que las suscitaban, necesitados en su ambición de ruido en que sonara y se agitara su nombre. Abando- liándose, pues, en virtud de estas causas, cayeron de nuevo en la idolatría; los altares DE LA MASONERÍA 17 en que siempre se había rendido fervoroso culto al monoteísmo, estaban próximos á derrumbarse y en aquel momento critico, en aquella época de agitación moral, es cuando aparece Maboma para rehacer una obra que aunque decaída, como acontece con las demás religiones, subsiste todavía. La reforma de Jesús y la reforma de Mabo- ma se siguen paso á paso, pero con una diferencia capital; la de que la primera prescinde de todo cuanto le rodea y aconseja seguir las sendas pacificas de la caridad y de la mansedumbre. Maboma, por el contrario, encuentra que los acontecimientos que le son contemporáneos pueden servirle en sumo grado para que su predicación se extienda y teniendo muy en cuenta el carácter y la índole especial del pueblo en que vive, no los sujeta, sino que por el contrario los lanza y en su código no proscri- be ni la lucha, ni la efusión de sangre: en la religion de Jesús el lema que ostenta «Amáos los unos á los otros» es una súplica cariñosa y tierna; en la de Maboma el de «No hay más Dios que Dios y Maboma es su profeta» parece un grito guerrero con que se incita á la batalla. Estas son sumariamente expuestas las circunstancias en que han aparecido las re- ligiones que se reparten el imperio del mundo y ciertamente que si cualesquiera de ellas se reputan necesarias, para que un movimiento pueda ser tenido como religioso, el que con tanta lentitud y misterio viene realizando la masonería, no puede tener tal carácter. Autores hay que tratan de asignárselo, autores hay que tal quieren que sea el de la institución masónica, pero creemos racional separarnos de tales ideas y asig- narle sólo el de institución filosófica. Para crear lo que puramente se llame una religion, bay que convencerse, es me- nester recurrir á los medios que han empleado aquellos en quienes se personifican las que boy existen; hay que catequizar con la verdad revelada, hay que prescribir re- glas, hay que predicar los dogmas constituidos, hay en fin que crear un terrible lecho de Procusto al que se ajuste la conciencia humana. La masonería en cualquiera de las épocas de su historia en que se la considere, ha seguido sendas opuestas; no ha hecho ostentación de sus principios, no ha conminado con penas, no ha sentado dog- mas inmutables ni ha cercado su campo, sino que fijándose en el hombre, en quien no ha podido ménos de reconocer el sentimiento de la sociabilidad, se ha constituido en sociedad para que los fines humanos se cumplan con mayor perfección; deja á to- dos amplia libertad de conciencia y ofrece la reforma á medida que el tiempo lo vaya exigiendo. Este general concepto que damos de la masonería explica bien claramente ya, el plan y método de nuestra obra. El estudio de las religiones y alteraciones religiosas, que han ocurrido en el tiempo; los cuerpos ó institutos filosóficos que han tratado de introducir modificaciones en la sociedad, han de servirnos para determinar los prece- dentes de la asociación de que vamos á hacer historia. Seguramente que ni en la In- dia, ni en el Egipto, ni en Grecia ni en Roma, hallaremos nada que con arreglo al criterio actual, pueda llamarse masonería, pero hay entre las instituciones de estos' pueblos algo que determina ya marcadísima tendencia á constituir un centro al que converjan los hombres de espíritu libre y conciencia exenta de prejuicios que deseen 18 historia general de la masonería les imponen las prácticas y ritos observados por los demás. El sacudir las trabas que se advierte en muchas escuelas filosóficas á crear un núcleo formado por amor que en debemos coincidir hombres, que á una vez hagan investigación de la verdad que la debemos amarnos, no podrá ser calificado de masonería por más que y en que tuvieran haya pasado á la institución tal y como modernamente se mucho de lo que comprende. Esta razón nos hará estudiar la antigüedad y el comienzo de la Edad Me- lo con verdad ser dia como precedentes necesarios, hasta la aparición de que puede llamado masonería. Determinados los orígenes nada omitiremos que pueda servir comprensión de la marcha y desenvolvimiento de esta órden á la mejor para llegar realizar. á probar la grandísima influencia que ha tenido y el bien que aún puede Danton G.-. 18 LA ANTIGÜEDAD EL ORIENTE-GRECIA-ROMA CAPÍTULO PRIMERO Nuestro origen.—Determinación del Asia como cuna del género humano.—Prueb.ns deducidas de la civilización del len- guaje y de la escritura.—De las instituciones politicas, de las ■ ciencias, de las artes y del comercio.—Tradiciones pri- mitivas acerca de nuestro origen.—La China, La India.—Sistema de Zoroastro.—Exposición y análisis de la tradición Mosáica.—Caracteres generales del pueblo hebreo.—Cómo este pueblo realiza en la historia el ideal religioso.—La so- ciabilidad como condición esencial del hombre.—Determinación del sentimiento religioso.—Los misterios y los sim- bulos.—La religion y los sacerdotes.—Fundamentos de la civilización hallados en las tradiciones religiosas. NO de los deseos que con más fuerza agitan la mente del hombre^ es sin duda alguna el de conocer su origen^ y este deseo, sumado en los que viven esparcidos por toda la superficie de la tierra, constituye el vehe- mente anhelo de la humanidad entera. Profundas son las investigaciones que por esta causa se vienen realizando, y generación tras generación de hombres jeminentes agotan en ellas sus fuerzas, seguros y convencidos de que ha de llegar un dia en que la esfinge hable, revelando el secreto. Mas en tanto, y juzgando por las pruebas que la historia nos propor- clona, está generalmente admitido que la cuna de nuestro origen es el Asia. En esta paiáe del mundo, á la que instintivamente todo hombre de mediana cultura mira con un poético respeto, se advierten los más antiguos ele- menlos de la civilización, y las naciones en que se encuentra dividida nos presentan los vestigios de los idiomas más antiguos; y como prueba de la perfección á que IRíga- ran aquellas lenguas, no hay más que hacer un ligero estudio de las inscripciones de aquellas comarcas, pues indudablemente en la escritura se encuentran los más scgu- TOMO 11 1 II HISTORIA GENERAL ros signos del grado de cultura de una lengua. Solo en el Asia podemos encontrar el arte de la escritura^ y esto no limitado en modo alguno á cualquiera de los periodos históricos de un pueblo de aquellos^ sino que se les advierte como poseedores del arte de trasmitir sus pensamientos de seguro c indudable modo^ desde el momento en que aparecen en la historia y pueden ser estudiados en sus elementos^ pues á estos nos hemos de atener con respecto á los pueblos y á las instituciones^ de la misma manera que por elementos también se llega á Inexacta comprensión de nuestro cuerpo y orga- nismo^ lo mismo que al de todas las demás formas que subsisten en el universo. Si de los que con harta propiedad podemos llamar instrumentos de la civiliza- ciony pasamos á la civilización misma, veremos que los orígenes son también asiá- ticos; el predominio del hombre sobre los animales, es un rasgo característico en los pueblos más antiguos del Asia; y cosa idéntica sucede con el trabajo y laboreo de la tierra, (¡ue en aquella parte ha sido antes (|ue en ninguna puesta á contribución por el ser racional y libre, para poder llegar á la satisfacción de todas las necesida- des que se experimenlan en la vida. Las ciencias y las artes han nacido también alli; los monumentos y la historia de a(;uellos pueblos lo prueban de una manera bien clara y palpable, y las artes útiles lo mismo que las bellas artes, han sido cultivadas en aquella parte del mundo desde la época más remota: desde cualquier punto^de vista que se las considere, no puede menos que advertir en ellas marcadísimas señales del gusto asiático, como lo atesti- guau las ruinas de Persépolis, los templos de la India, las pirámides de Egipto y tan- tas y tantas obras de arte como pueden ser estudiadas, que son verdaderamente anti- cipadas manifestaciones de una cultura que tardará buen número de siglos en exten- derse á Europa y de los que no se encuentran ni vestigios ni semejanzas en ninguna otra de las partes en que está dividida la tierra habitada. Todos sabemos á qué elevado grado de perfección ha llegado la poesia en la mayor parte de los pueblos del Asia meridional; y cuanto más antigua es, más se le advierte el carácter de sencillez y nobleza porque ha merecido el epíteto de divino, y podemos aventurar que no hay un pensamiento brillante, ni aun una hipótesis ingeniosa revelada por la mente de un occidental moderno, á la quemo pueda encontrársele gérmen en cualquier máxi- ma ó en cualquier flccion surgida del Oriente. El comercio del Asia es también el más antiguo de la tierra, y en realidad se debe á los asiáticos los más importantes descubrimientos que á él se. rcfleren. Lo mismo puede decirse de la astronomia y de la cronología, dado que no hay ningún pueblo moderno, ni aun aquellos que más pueden vanagloriarse de los adelantos en materias científicas, que se pueda jactar de haber hecho, ni con tanta frecuencia, ni con tanta rapidez, observaciones y descubrimientos que preparen tanto al conocimiento del Cosmos. Los filósofos que florecieran en aquellos dias tan alejados ya de nosotros, eran los filósofos del cielo, los fieles observadores de la silenciosa y progresiva mar- cha del tiempo, pues en aquellos pueblos se habla desarrollado tanto el espíritu de cálculo, que ninguno de los modernos puede comparárseles todavía, por más que no tuvieran á su disposición ningún medio de los que emplean los sabios modernos, á DE LA MASONERIA III los que la antigüedad ha legado las fórmulas que aplican hoy: nuestra division del año es asiática; nuestros signos aritméticos ó astronómicos proceden en su mayor número del Egipto ó de la India. Si nos atenemos á las instituciones políticas^ que de todos los resultados de la civilización son sin duda los más difíciles^ podremos convencernos también de que en aquellas lejanas regiones es donde primeramente han aparecido. Millares de años hace que la China conserva su antigua constitución, y por más que en el tras- curso del tiempo aquella nación ha tenido que sufrir invasiones de otros pueblos, que viniendo del Norte parecía como que habían de absorberla y destrozarla, ha resistido sin embargo, concluyendo por civilizarlos é imponerles el yugo de sus creencias y de sus prácticas. En las montañas del Tibet ha subsistido la más antigua hierocracia de que se puede tener idea y en las castas de la India, division rigorosamente obser- vada; pueden reconocerse las instituciones primitivas que durante muchos siglos han regido á uno de los pueblos más grandes que viven en la historia. Las monarquías paciflcas ó guerreras que después han determinado tan grandísima influencia en los pueblos occidentales, se alzaron primero á orillas del Tigris y del Eufrates, á orillas del Nilo y en las montañas de la Media. Hasta las mismas alturas de la Tartaria la libertad ilimitada se las hordas se desenvolvió al lado del despotismo de aquellos soberanos absolutos, y la Europa ha ido hasta allí para buscar el origen de muchas de sus instituciones políticas. En cualquier punto del globo en que nos coloquemos, á medida que nos vayamos acercando al Asia, podremos ver como se multiplican las monarquías absolutas, cu- yo poder omnímodo y fuerza incontrariable ha dominado durante tanto tiempo la conciencia humana, que aun no hace mucho el rey de Siam no podía comprender un pueblo sin rey y lo llamaba cuerpo sin cabeza; y siguiendo paso á paso este estudio, podríamos llegar á la plena y completa convicción de que procedemos del Asia y que allí se encuentra la cuna del género humano: aquella tierra es la primera que el hom- bre ha hollado con su planta, aquel sol es el primero que lo ha viviflcado con sus ra- yos y aquella naturaleza exuberante de galas y bellezas, es la que le ha hecho caer de rodillas para adorar el espíritu superior que le era desconocido, pero al que presentía y en el estudio del que se absorbió desde luego. Por el aspecto general de aquella parte del mundo, muy especialmente por el de las proximidades de las montañas, puede comprenderse que ha estado habitada desde los tiempos más remotos, y en cuanto á las tradiciones de los pueblos en que nos ve- nimos ocupando, en cuanto á sus formas religiosas y á su manera de medir el tiempo, ya sabemos que el origen de todo ello se pierde en días á<;ue no alcanza nuestra vista; y lijándonos en las especies aventuradas para explicar nuestro origen y la constitución de la sociedad que hoy formamos, habremos de ver que todas parten del Asia. Pero para hacer no más que un enunciado sumario y análisis de todas ellas nos seria necesario mucho tiempo y mucho espacio, por lo que nos habremos de concretar á las más principales, desechando cuanto con razón bastante ha pasado ya á la catego- ría (le sueños quiméricos ó de fábulas desprovistas de todo fundamento, IV HISTORIA GENERAL El pueblo que situado en la extremidad del Asia se enorgullece y á cada paso hace ostentación de su antigüedad en la historia^ es el Chino; y sin embargo no puede pre- sentar ningún cuerpo histórico auténtico cuya fecha sea anterior al año 722 de nuestra era, pues bien prohado está ya, que los reinos de Pohi y de Hoangti son mitológicos y ellos mismos confiesan que cuanto se refiere á una época anterior á Pohi es pura ficción. El Chon-King, uno de sus libros sagrados que se encontró el año 176 antes de J. C., no dice absolutamente nada acerca de la cosmogonía y nada tampoco acerca de; origen de aquella nación. Yao fué el primero de ellos que se absorbió en semejantes materias, y nos dice como después de la abertura del cielo Puanka y los tres Hoangs reinaron en formas de fantasmas hasta los comienzos de la historia humana y la aparición de Gin-Hoang, el primer legislador, que nacido en el monte Hingina, dividió la tierra y el agua en nueve porciones, mitología que siguió estable durante un buen número de generaciones. Si de la China pasamos á la India, hemos de lamentar no poseer tampoco ninguno de los antiquísimos libros que deben haber existido: las primeras sectas de Brahma fueron perseguidas durante mucho tiempo por los discípulos de Vischuú y Siva, por lo que en lo más remoto que de la India puede conocerse no cabe admitir otra cosa que una especie de mitología popular ó un sistema filosófico de interpretación, y aun asi vemos que las tradiciones cambian en las provincias y en las tribus, de tal modo, que puede afirmarse que no será posible en modo alguno hallar los Vedas originarios. Sin embargo, se encuentra en el mayor número de estas tradiciones misticas, que re- lativamente nos parecen modernas, algunos reflejos bastantes para llegar á compren- der la historia primitiva: en todo el Indostan, el Ganges es sagrado y siempre se su- pone que las fuentes se encuentran en las montañas santas: de los piés de Brahma, creador del mundo, surgió Vischuú, en su octava encarnación bajo la figura de Pras- sarama, cubriendo entonces el agua de nuevo toda la superficie de la tierra, excepción de las cumbres de los montes Gates. Suplicó al Dios del mar que le abriera un páso, ordenando á las aguas que se retiraran liasta el sitio mismo áque alcanzara su flecha, y habiéndolo hallado propicio á su suplica, disparó Prassarama y la tierra quedó en soco hasta la costa de Malabar, que fué donde quedó clavada su flecha. Otras tradició- nes indias refieren de distinto modo el origen de la tierra, á partir desde el momento en que descolló sóbrela superficie de la aguas, pues hay un punto en el que coinciden todas las mitologías, y es que antes de deshacerse el caos la tierra estaba sumergida bajo las aguas. Vischuú, según estas tradiciones á que haciamos referencia, navegaba sobre una hoja^ y de él salió el hombre como una flor de su cáliz: otra afirma que sobre las aguas ílotaba un huevo que Brahma hizo pedazos; de su cáscara formó la atmósfera y los ciclos, do las partes interiores hizo al hombre y á los demás animales. El sistema de Zoroastro, hay que considerarlo ya como un sistema filosófico, en el cual so advierten rasgos y detalles que prueban de una manera clara y manifiesta lo que ha recibido de los que le preceden, pues cuanto más avanzamos al Este, entre las montañas del Asia, más puntos de afinidad presentan las épocas y las tradiciones acerca del mundo primitivo. Sin necesidad de hacer un gran esfuerzo se vé que todas DE LA MASONERIA V tienen un origen posterior y en ellas se advierten las influencias de los mitos que han dominado en las regiones más elevadas. Que el comienzo de todas las cosas haya sido un aire denso^ una atmósfera privada de luz^ un caos oscuro y confuso^ en una palabra, el cual flotaba en el vacío desde un tiempo infinito, no limitado, hasta que puesto en movimiento el espíritu, prendado de sus propios principios, se reunió á él saliendo de esta union los primeros elementos de lo creado, son hechos tradicionales que pertenecen á una antiquísima mitologia, cuyo origen es muy anterior á todo cuanto tenemos conocido. Casi todos los pueblos del Asia, como los egipcios y los grie- gos, tienen en sus cosmogonías esta tradición del caos y de un huevo fecundado, asi como también en todas ellas se advierte algo de la creencia de que en un poco de lodo se envolvía en un principio el gérmen de las cosas; que las primeras criaturas dotadas de razón, eran seres maravillosos que despertados por el ruido del trueno han hecho surgir de sus fantásticas formas las demás especies; estas tradiciones han perdido mucha de la fuerza que tuvieran en un principio, mas al aparecer, se tuvie- ron por tan ciertas, que esparcidas por toda la tierra, podemos hallar vestigios de ellas desde las montañas de la Media, en el Thibet, hasta el Indostan y la China, en la Frigia y en la Tracia. Dado que todo lo anterior que al Egipto puede hallarse, es confuso y oscuro, y que los Idolos y las imágenes mitológicas de este pais han sufrido influencias que las al- teran y mueven á confusion, prescindamos de ellas en este punto, en que solo nos ocu- pa determinar el origen del hombre como elemento de la sociedad. En monumentos escritos que nos puedan servir para el caso no nos quedan más que las tradiciones que generalmente se llaman mosáicas, y urge examinarlas; pero advertimos de ante- mano que no puede concedérseles el verdadero carácter de historia, y que al repasar- las hemos de separar de ellas todo lo que la fantasia oriental les ha añadido para su adorno. El pueblo hebreo, disperso, errante y maldecido en nuestros dias sin patria y sin gobierno, sin ninguna de las unidades que en su variedad le serian necesarias para ser llamado pueblo en el sentido politico que la palabra tiene, ha realizado en la bis- toria hechos tan grandes y de tanta trascendencia, que su memoria durará tanto como el mundo dure, porque se encuentra asociado á la impresión más grande que en la conciencia puede sentirse. Con una saña implacable, con un furor fanático, se le viene acusando, persiguiendo y castigando hace siglos, por creérsele causa eficiente de su- cesos fatalmente prescritos y que ocurrieron solo porque debieron ocurrir, y el ódio tan grande que á esta desgi'aciada descendencia de Israel profesan algunos, les lleva á negar sin reparo que haya realizado nada porque puede ser recordado, y muchos otros, los más templados, conceden haciendo una arbitraria distinción que hasta los macabeos fueron buenos y grandes; que después de estos no merecen por su maldad, ni respeto, ni consideración ningtnaa.jr que sobradamente son acreedores á la vida agitada y trabajosa que llevan, distribuidos entre las naciones de Europa donde son mirados con prevención y casi con horror. Si tratáramos de reivindicar la gloria del pueblo hebreo á partir de la época de los VI HISTORIA GENERAL niacabeos^ nuestra tarea sería bien sencilla^ pues para ello no tcndiíarnos más que enumerar á tantos y tantos otros do esta desgraciada raza que en la edad media y en la edad moderna se han hecho dignos del respeto y gloria que merecen todos los que^ por uno ú otro concepto^ contribuyen con sus obras al mejoramiento de la sociedad. Pero aun es más fácil nuestra tarea, es en la ocasión presente mucho más sencilla, y breves frases servirán á nuestro propósito. De las agrupaciones religiosas que existen hoy en la tierra habitada, no hay nin- guna que cuente con tan considerable número de adeptos como la cristiana, no hay ninguna que pueda enseñorearse de haber extendido las verdades consignadas en su credo por todos los ámbitos del mundo, ni ninguna que como ella pueda probar tan grande influencia en las ciencias, en las artes y en las costumbres. Pues bien, esta agrupación cristiana., en la que ni remotamente hay unidad de razas, esta agrupación cristiana que tiene elementos de todas las que han poblado la tierra de Norte á Sur, del Este al Oeste, reconoce, sin embargo, una tradición común para las verdades que dominan á su conciencia. Exti'año es por demás que la raza aria, que tiene en sus origenes tan grandes li- bros religiosos, donde cuando menos rebosan la bondad y la verdad, haya prescindí- do de ellos, los haya dado al olvido, para abrir, estudiar y convencerse en el gran libro donde la raza semítica dejara consignadas sus creencias y su hermosisima lite- ratura. Los vedas, son hoy objeto de constante estudio y cuidado, y lo mismo aconte- ce con todos los demás libros religiosos de la antigüedad; por ellos se espera conocer el carácter de aquellos pueblos, sus creencias religiosas, fllosóíicas y políticas; en ellos se hacen acertadas investigaciones acerca de la familia, de las lenguas, de los ritos y de todo cuanto se les puede referir, mas todos estos estudios, todas estas inves- tigaciones se hacen como en muerto y se vá á ellos por curiosidad más ó me- cuerpo nos plausible, sin llevar nunca el elemento principal que acompaña á todo aíjuello á Las formas que por naturaleza ó circunstancias nos creemos sujestionados. corpóreas de los seres que viven con nosotros, sirven para estudiar el cosmo, pero siempre res- petamos las de aquellos que nos son queridos, nunca destrozamos las de aquellos que tenemos por baso de nuestro origen, de aquellos á que por invencible instinto ama- mos y respetamos. Esto mismo sucede también con los monumentos artísticos y literarios, y es buena comprobación de ello lo que acontece con la Biblia: objeto de veneración y respeto, subsiste intacta desde su conocimiento por los hombres y es sin disputa el libro que más te les merece. Obra de un puelilo vejado y escarnecido, será siempre la primera fuente para la historia, y los hebreos mirando altivos á las demás razas, pueden de- cirles que han sabido inspirar á todos sus creencias é imponer á todos sus dogmas. Por esto cuando comenzamos el estudio de la institución masónica, siéndonos necesario conocer su elemento radical, que es el hombre, para ver cuáles son las condiciones en que se reúne, con objeto de provocar fines, no podemos menos de es- tudiar la tradición mosáica, dado que el libro en que.so encuentra consignada es el mas antiguo monunacnto histórico escrito que para ello conocemos. Pero volvemos á re- de la masoneria mi pctirlo; siendo puramente critico nuestro estudio^ habremos do separar de ella cuanto debe á la exaltada fantasia de sus autores. Nos dice este libro, (|ue en el principio, que antes de la creación, el cielo y la tierra formaba todo una masa informe, rodeada por las aguas en que se agitaba el espíritu creador, el aliento y la vida. Si quisiéramos concretar esta bermosisima ficción, si quisiéramos hacerla aparecer desprovista de la poesia que deslumhra y seduce, diríamos que antes de su aparecimiento era la tierra una inmensa roca grani- tica cubierta por las aguas. Mas esta roca'^ La idea de suponer que se desprendió del sol seria gigantesca, mas negaria tantas circunstancias como acompañan á nuestro planeta y que necesa- riamente tendrían que quedar sin explicación, que hay que reputarla como una hipó- tesis gratuita y suponer que esta roca se formó por su misma fuerza interna; es decir, que apareció en el caos al descender las aguas. La creación de las cosas comenzó por la luz, de la que todo depende y con la (|ue todo so relaciona, sin que al hablar de este modo pueda entenderse que nos referimos á la luz del sol, sino ala que emana del interior de la masa orgánica. Los rayos del sol no son en modo alguno los que dan á cada criatura la vida y los medios de prolongarla; cada cosa se encuentra animada de un calor interno, lo mismo la helada roca que el frió hierro, y en proper- cion se desarrolla la inteligencia y la actividad. De esta manera, separados los ele- .mentos que antes permanecían envueltos en el caos, divididos entre si, por más que .en el fondo tengan una perfecta unidad, como la ciencia moderna lo ha demostrado, la tierra quedó apta para el aparecimiento del hombre. Elohim se consultó como soberano de lo que habla hecho, y la imagen que halló en el resultado la dió al pri- mero de nuestra especie; por esto sin duda son sus caracteres esenciales, la inteli- gencia y la reflexion: lo formó á su imagen y semejanza y no hay ningún pueblo en Oriente que se figure otra cosa sino que es un ser superior á todos, pues ninguno deja de presentarlo derecho, con la frente hacia arriba y la mirada en los cielos, cual si en ellos viera al mismo tiempo su origen y su ulterior destino, y ninguno tampoco deja de considerarlo como el más noble de los animales, como el soberano de todo lo creado, como el representante, en fin, de Dios en la tierra. Este ser racional, inteligente y libre, rey de la creación, asociado á la mujer para todos los fines de la vida, constituye desde el principio el elemento principal de la sociedad, no porque causas posteriores le inclinen á ello, sino porque tiene en si algo instintivo, algo fatal que le lleva á ser sociable. Esta relación indestructible de hombre á hombre, gracias á la que constituye su pasado en la historia y su porvenir en la vida, esta relación que parece dispuesta desde antes de su aparecimiento, por- que innato es el lenguaje, medio capitalísimo porque subsiste, contribuye á su per- feccionamicnto, y una faz de este es lo que vemos en esta Historia oexeral de la Masonería. Determinando en el hombre el instinto de la sociabilidad, cuando por la compa- radon con sus semejantes ha visto que eran comunes á todas las condiciones de que podia cnergullcserse, cuando fuera de si ha podido comprobar la existencia de fuerzas VIH HISTORIA GENERAL que obraban independientemente y ha observado la admirable y misteriosa marcha de los astros en el cielo^ cuando atónitas sus miradas se han encontrado con fenó- menos maravillosos que ni habla producido ni podia producir^ que no comprendia ni podia explicarse, subyugado, ha tenido que admitir la existencia de un poder an- terior á su creación y superior en sus condiciones al que desde luego ha reverenciado personificándolo en todo aquello que por estas ó las otras causas llamaba su aten- cion. Por esto, cualesquiera que sean las diferencias en la forma, por mucho que cambien los ritos y por distintos que sean los rasgos, en todos los pueblos, lo mismo en los más apartados y salvajes que en aquellos que aparecen á la vida de la histo- ria con una civilización, se advierte de una manera clara, palpable y manifiesta, que tiene entre ellos Cabida el sentimiento religioso. La tradición mitica perpetuada en el tiempo ha perfeccionado hasta el punto en que la vemos hoy, y no pudiendo en modo alguno emplear otros medios, ha echado mano solo de los que le sugería la razón y el lenguaje; esto es, de los símbolos que representan con respecto á la religion lo que la palabra con respecto al pensamiento, razón porque estos mitos ó símbolos por apropiados que fueran en un principio para representar la idea que se habia querido indicar con ellos, han venido cambiando en el trascurso del tiempo, que es lo mismo que sucede también con el lenguaje y con todas las instituciones que revisten un ca- racter arbitrario, y mucho más ha de acontecer con la idea que nos viene ocupando, dado que el símbolo comprende solo una idea abstracta ó un acontecimiento pasado. Por esto sin duda los sacerdotes que fueron los primeros filósofos de la humani- dad, no han podido conservar siempre este mismo carácter. Estacionadas las religió- nes por efecto del carácter que para que lo fueran tenían que hacerle adquirir, ó perdido el sentido primitivo del mito, no les quedaba otra cosa que ser sino automá- ticos sirvientes de una idolatria falta de toda razón, ú obstinados misioneros y soste- Hedores de la superstición que procuraban no decayera nunca; pues bien sabido es, y por triste que sea, hasta en nuestro tiempo puede comprobarse, que en ellas hallan muy principalmente sus medios de subsistencia. Haciendo misterio de lo que ni lo era, ni lo podia ser, tuvieron ocultas al principio muchas cosas sin razón ó motivo alguno, y si nuestra tarea fuese esta podríamos probar á costa de sencillísimo trabajo que lo indicado fué una de las más principales causas que contribuyeron á su des- prestigio : cuando la sabiduría humana fué desenvolviéndose, cuando el hombre aprendió á ver y conocer, y paulatinamente se fué explicando aquellos símbolos, aquellos misterios, halló que en nada encontraba resistencia su razón; los vió luego indiferentemente, hasta que degenerando en pueriles y vanas representaciones en las que la escena entraba por lo más, los santuarios y templos quedaron desiertos, en ellos no pudo ser apercibido en adelante el eco de la multitud contrita y el sacerdote fué tenido solo como un impostor miserable. Extraño puede parecer, pero es bien cierto, que aun más que las causas que aca- hamos de señalar y aun más que la misma filosofía, los que han contribuido á redu- cir las religiones al deplorable estado en que las hallamos en las naciones en deca- dencia, han sido los soberanos, llámense reyes, monarcas, déspotas ó tiranos. En ' DE LA MASONERIA IX efecto^ pocas cosas habrá en el mundo que seduzcan ú ofusquen tanto á los hombres como un rango elevado^ como una posición en la que vean á los demás como depen- dientes ó subordinados suyos/y nada que les mortifique ó contrarié como el hallarse frente á un poder que les dispute, aunc|ue sea en minima parte, la preeminencia que ambicionan: de aqui que todo soberano se baya creado como deber el restringir la fuerza oculta y reducir el símbolo á la categoria de un entretenimiento popular; de aqui la interminable serie de conflictos que pueden estudiarse en todos los pueblos, habidos entre el poder religioso y el poder civil, conflictos que jamás han tenido re- solución definitiva y que solo han bailado tregua colocando un altar sobre el trono ó un trono sobre un altar. Cuando la lucha ha comenzado en los momentos de que el sacerdocio estaba desprestigiado á los ojos del pueblo, no han tenido más remedio que salir vencidos, pues anticuadas, desprovistas de razón y de sentido, las fuerzas en que procuraban bailar apoyo, tenían que detener la lucha con un poder que hacia clara y palpable ostentación de las suyas, vigorizadas por respeto que aun no babia ningún motivo para que decayera. Solo la civilización es la que ha reducido á la nada el poder de los sacerdotes tan temible un dia; pero dejaríamos de ser imparcia- les, abandonaríamos la estricta justicia que nos proponemos observar sino consig- náramos un beclio claro á todas luces y que reviste la mayor importancia: la religion es sola la que ha dado á los pueblos los primeros elementos civilizadores, asi como también de las ciencias, que en un principio no eran más que una especie de tradi- don religiosa, y no hay más que ver para convencernos de esto que decimos, que las rudimentarias nociones de civilización y de ciencia que se bailan en la infancia de los pueblos primitivos, están intimamente relacionadas con su culto, cualquiera que este sea: el lenguaje religioso de los mismos es, sino un himno sublime, un himno solem- ne que parte del corazón en el que fué engendrado por sentimientos hijos de la admi- radon y del respeto. El arte de observar y contar los dias, que son los principales elementos de la ciencia cronológica, fué tenido como cosa santa en aquellos pueblos primitivos, y magos y sacerdotes se apropiaron en todas partes el conocimiento de los cielos y de la naturaleza, por más que este conocimiento fuera demasiado imperfecto, como todos sabemos. La medicina y el arte de la adivinación, la ciencia en que se bada consistir el se- creto de las cosas ocultas, las maravillosas interpretaciones de los sueños de que tanto se bada depender, en una palabra, todo aquello que estaba y aún está en gran parte en el reino oscuro de la duda y que por conocerlo lucha constantemente la cu- riosidad humana, era previlcgio casi exclusivo de los sacerdotes. El Egipto como todos los pueblos del Oriente basta las extremidades del Asia, todas las naciones de Europa cuya gloria será eterna en las imperecederas páginas de la historia, lo mismo los griegos, que los etruscos, que los romanos, han conseguido sus adelantos en las ciencias partiendo del seno de las tradiciones religiosas, y si bien se estudia, no han tenido otro origen la poesia y las artes, la escritura y la metafísica, y no solo es me- ncster prescindir de la duda, sinó que hay que afirmarlo en absoluto; cuanto se refiero al hombre, lo mismo lo que á la sociedad toca que todo aquello que á la humanidad TOMO 11 II X HISTORIA GENERAL se refiere, lo mismo cuanto respecta á sus creencias religiosas, que lo que le arrastra á la vida de la familia, indica que reside en nosotros algo superior á la materia, algo que nos tiace pensar en el infinito donde adivinamos un oculto poder al que estamos sujestionados y que nos relaciona con él al propio tiempo. Esta conclusion puede per- rectamente deducirse no solo de lo que hemos enumerado y que nos lleva al senti- miento religioso, sino que también de lo que siendo más elevado, como acontece con las reglas de justicia y los principios del derecho social, nos conduce al mismo fin, y estas disposiciones son en realidad las que hacen de la tierra un reino de Dios, en el que vivimos en distintos puestos, reino de un Dios que no puede negarse porque sin él no hay sociedad, porque de él no puede prescindir el hombre. CAPITULO II Las naciones del Asia.—Su importancia en la historia é influencias que determinan.—El Oriente como punto de partida para ledo género de investigaciones.—La Masonería resultado de la civilización c instrumenro de la civilización misma. —Lá Religion y la filosofía como elementos déla institución masónica.—La India.—Arios primitivos.—Su division..— Indo-europeos y semíticos.—Inmediato parentesco de las lenguas de una y otra raza —Opiniones de Humboldt, Riclet y Müller.—Pruebas al mismo objeto deducidas de las m.ás antiguas tradiciones.—Religion de los arios primitivos.—Razón que explica la falta de templos y sacerdotes en los primeros días de todos los pueblos.—Relación entre la forma reli- giosa y la forma política de los primeros ários.—Sogdianos y bactrianos.—La India en sus períodos.—Primero: pe- ríodo védico.—Causas porque en él no es posible hallar nada que pueda ser determinado como precedentes de la Masonería.—Movimiento filosófico y complicación en el culto religioso.—Segundo periodo.—Resultados de la primera lucha —Los ários en el Septasindhú.—La religion y la política.—Error de suponer en este segundo período un Dios único y supremo.—Tercer período.—El Brahmanismo.—Unidad en el gobierno.—Monarquía teocrática.—Richis.— Sus funciones.—Complicación del ritual.—Los brahmanes.—Su sistema cosmogónico.—Progreso de las ideas morales. ■—Afirmación de la inmortalidad del alma.—Su trascendencia y consecuencia inmediata. ETERMiNAD.ts como precedentes de nuestra obra las tradiciones que acerca de la aparición del hombre y de cuál sea la cuna del género humano, se encuentran consignadas en los libros que con respecto á los distintos pue- blos han tenido el carácter de sagrados; sabido que nuestro origen es asiático y que dominando en el hombre el instinto de la sociabilidad se ha agrupado primero en familias, después en tribus y más tarde en pueblos y naciones, urge ahora, siguiendo el plan que nos hemos propuestos, in- vestigar los precedentes que ha podido tener la masonería en aquellos pueblos remotos, que en la mayor decadencia hoy solo nos permiten es- tudiar sus ruinas. En su constante y progresiva marcha, la humanidad ha dejado en pos de si obras gigantescas que no perecerán nunca, y agrupada en pueblos que realizaran grandes y pasmosos ideales, han caldo en abatimiento grandísimo, en tanto que otros se levan- taban. Parece que la cLvilizacion y la cultura emigran, y cualquiera, seducido por lo que tan claro parece, lo afirmarla al considerar como en nosotros dominan hoy usos, prácticas y costumbres que engrandecieran en otras épocas á pueblos de los que no resta más que el recuerdo. Aquellas gigantescas nacionalidades del Asia, árbitras en turno de los destinos del mundo conocido entonces, han caldo para no levantarse XII HISTORIA GENERAL nunca; pero al través de las edades las vemos aún determinando influencias que po- dràii modificarse en adelante^ pero que no decaerán nunca. Los gérmenes de todas las artes y todas las ciencias hay que buscarlos alli, y en ellas también encontraríamos sin gran esfuerzo los eternos principios que aún sos- tiene la filosofía^ los elementos de las formas políticas que aún estudian los legislado- res de nuestro tiempo, y supuesto con sobrado fundamento que alli se han organizado las primeras sociedades, natural es que por alli comencemos el particular estudio que se refiere á la que vamos á historiar. El primer eslabón de esta cadena que en su ór- den forman las generaciones que se vienen sucediendo, de esta cadena que no pre- senta ninguna solución de continuidad, se encuentra en Oriente, y merced á sabios estudios que se han realizado en su mayor parte en el siglo actual, podemos llegar á él por caminos señalados ya, aunque confusos todavia: en vano será que nuestros deseos nos impulsen hácia más allá, nada conseguiremos; los velos que en este punto de la historia ha tendido el tiempo son tan densos y oscuros que nuestra vista no puede ver más. Sabemos que somos descendientes en linea recta de los romanos; hemos aprendido que éstos lo fueron de los griegos, y que durante mucho tiempo fue- ron poseedores y fieles guardadores de lo que hiciera la gloria de aquellas regiones que con razón se llaman en la historia la patria del arte; está averiguado que cuanto toca á la cultura griega, cuanto se refiere y puede referirse al explendente siglo de Pericles, son trasuntas y secundarias manifestaciones de la civilización de los pueblos orientales, pero es en vano que queramos saber más; antes que las naciones aquellas á las que todo lo debemos ha debido existir algo. Pero qué ha sido ello? Este es el problema, esta es la pregunta para la cual aun no tiene contestación la historia y por lo que no podemos remontarnos más en el tiempo, sino establecer, colocándonos en aquel punto, una division que nos permita dar á nuestra obra la mayor claridad. Hemos dicho, y conviene no olvidarlo, que la maso- noria tal como debemos considerarla, es un efecto de la civilización, que á su vez se convierte en instrumento de la civilización misma; y si bien le hemos negado todo ca- ráciei' de escuela íilosóíica en absoluto y todo carácter de religion técnicamente lia- blando, hipótesis aventuradas y sostenidas por algunos historiadores de la orden, no podemos negar que como fruto de la cultura, la masonería tiene en su fondo elementos que ha recogido en el campo religioso y no pocos también que le ha prestado la filo- sofia. Estudios paralelos, la religion y la filosofía, es necesario no confundirlos ni embro- liarlos para ver claramente en su desenvolvimiento la armonía del espíritu humano: sigucnsc tan intimamente la una á la otra, que donde quiera que se advierta una reli- gion extendida y consagrada, puede suponerse base para una filosofía, y alli donde anillas se desarrollen cabe afirmar, si no la institución masónica, al menos precedentes de esta sociedad, que en la rigurosa observación de su credo hubiera podido llegar al fin soñado por los liombrcs, á su perfecta union y armonía. Remontándonos ya al punto de que debemos partir, y siguiendo en él la autorizadísima opinion de hombres notables en la ciencia filológica y etnográfica, no tenemos otro remedio sino fijarno^ DE LA MASONERIA XIII en ia India patria de los Arios primitivos_, de que descendemos todos los pueblos mo- dernos^ asentados en las civilizadas naciones que constituyen la Europa. No sin so- brada razón puede ser considerada la India como la nación más antigua: la historia de la basta comarca que se extendía desde el Cáucaso al Imaus ó Himalaya^ como modernamente decimos hoy^ puede remontarse á cuatro mil años antes de nuestra era^ y en sus monumentos históricos escritos se encuentra consignada la mención de uno de los más grandes cataclismos que recuerdan los pueblos. Desalojadas repenti- namente las aguas del mar Caspio por una convulsion geológica aún no bien determi- nada, inundaron las comarcas próximas destruyendo las poblaciones allí establecidas y haciendo creer á los hombres en un Diluvio universal, á lo que la ciencia moderna que no fantasea tanto, ó que fantasea menos, ha llamado sencillamente Diluvio Asiático. El pueblo que vivia en la region indicada, conservando en si una unidad absoluta, hallóse dividido y separado después del cataclismo, llegando á constituir dos pueblos completamente distintos sin el conocimiento reciproco de la existencia el uno del otro; y sin que perdieran en modo alguno los caractéres físicos que han servido más tarde á la Etnografía para señalar su inmediato parentesco, y sin que desaparecieran en absoluto los rasgos que, aunque remotamente, hacen comprender que son sus lenguas hermanas, formaron las dos principales razas en que se encuentran divididos los ha- hitantes de la tierra. Necesitando la ciencia distinguirlas, atendió para ello á los lugares en que estaban colocadas, y llamó á una, á la que suponía originaria de la Armenia, rasa Semitica, suponiéndola así también descendiente de Sem, uno de los hijos de Noe; y á la otra, á la habitadora de las comarcas cercanas al Himalaya, la llamó raza indo-europea, porque de ella han surgido después los pueblos que allí tienen su abo- lengo. Los más autorizados autores, como Ewald y Lassen, entre los alemanes, y Re- nau y Barthelemy Saint-Hilaire, entre los franceses, están conformes en reconocer en ambas razas notas y caracteres bastantes á poder afirmar que en un principio, que antes de la causa puramente física que los ha separado, las dos formaban una sola, y si los estudios fllológicos han sido los que han suministrado losmás fuertes argumentos en contra de esta idea, en pos de la cual se llegaria á negar la uní- dad de la especie humana, destruyendo la venerada creencia de que todos los hombres descendemos de una sola pareja, justo es dejar consignado que ya se vá llegando á la avenencia. El ilustre Humboldt, que puede tenerse sin disputa como uno de los principales creadores de la filología, dice que ambas ramas de lenguas la aria y la semitica pueden derivar de un mismo origen, Pietee sostiene que es muy probable y Max Müller, el ilustre profesor de la universidad de Oxford, llega á declarar que es más que probable. La comunidad de tradiciones y creencias entre ambas razas parecen indicarlo cía- ramcntc, y es hoy tan fuerte y robusta la prueba, que no podemos menos de consignar aquí cuanto á ella se refiere, deducido del acontecimiento que los llevará á separarse en el espacio. El Diluvio, tal como debemos entenderlo y provocado por causas cuyo conocimiento afecta solo á la geología, es una tradición que hallamos del mismo XiV HISTORIA GENERAL modo entre los arios que entre los semitas. Cierto es que autoridades tan dignas de tener en cuenta como la del ilustre orientalista Bournouf^ negaban la comunidad de esta tradición sosteniendo que el hallarse en ambas razas la mención del mismo hecho, se debia á época relativamente más moderna, á tiempos en que ya existia algun comercio entre ambas ramas del linage humano. Pero hay que tener en cuenta que al morir Bournouf conocíanse solo obras y documentos insuflcientes para poder afirmar otra cosa: en sus dias no habla sido hallado el antiquísimo libro Catapata Brahmana, donde muchísimas tradiciones, entre ellas la del Diluvio, se encuentran consignadas, en un lenguaje que es desde luego anterior al de toda la obra tenida ya como la de fecha más remota. El deseo de no involucrar asuntos y cuestiones distintas, nos obliga á no extender- nos más en este punto, harto esclarecido ya, y del que nos hemos ocupado para que dejando sentada la unidad de la especie, pueda verse que la tarea que en tiempos muy posteriores se ha impuesto la masonería, no es ni puede ser contraria á la ley fundamental que ha precedido al desarrollo de la humanidad. Entrando de lleno ya en el estudio de la India, no nos ocuparemos ni de su parto política, ni de su parte civil, sino en aquello que ambas se rocen con la filosófica ó la religiosa, que son únicamente las que presiden á nuestro objeto; partiendo, pues, do este punto indicado, es necesario confesar ante todo que al revelarse los arios se ma- nifiestan como nación muy civilizada ya, poseedora de una cultura que aun estudia- mos con curiosidad y asombro. En estos grandiosos monumentos que nos ha legado como valiosa herencia, pueden sin embargo estudiarse sus comienzos, y por lo que á su religion toca, se adquiere el convencimiento de que la primitiva religion de los arios, como sucede con el mayor número de los pueblos, era un naturalismo absoluto. Todo lo que constituye un fenómeno natural, cuanto no alcanza á explicarse el ser humano, constituye para él un objeto de culto, cuando no por veneración, por miedo: en sus primeros dias el hombre de todos los pueblos ha adorado al sol, á la luna y á las estrellas, ha rendido acatamiento al fuego, elemento gracias al que podia operar trasformaciones en las sustancias que le eran necesarias, y sin reserva alguna ha ad- mitido genios y dioses en las aguas, en las tempestades y en el seno de los bosques. Este culto primitivo propio del hombre candoroso y puro, es de todo punto sencillo, carece de sacerdocio y ni aun son uniformes sus prácticas; cada uno lo profesa según ^o entiende y nadie en semejante periodo echa de menos los templos; no pueden admi- lir que sea necesario un edificio limitado para adorar las portentosas fuerzas déla na- turaleza que llenan todos los ámbitos y creen en la necesidad de intermediarios que los pongan en relación con ellas por cuanto tan de cerca los tocan. El culto queprimi- tivamante se observa en los arios es de esta clase y no consiste más que en la oración y en el sacrificio que hace el jefe de cada familia, en representación de toda ella, y todos los fines que con esto se proponen conseguir, no exeden de los que se refieren á la satisfacción de las nececidades de la vida material, ni piden á los dioses que se han creado otra cosa que no sea aquello que les pueda servir en tanto vivan. I,os historiadores y filósofos que se han remontado á más alia de la division de las DE LA MASONERIA XV razas lo confirman así^ y el ilustre Pietet ocupándose de este particular llega á afir- marse más en tales hipótesis^ después de un detenido estudio comparativo de los nombres de las divinidades adoradas en aquella época. Este politeísmo comprensivo ya del mayor número de las fuerzas de la naturaleza^ se extendía tal vez otros mitos no bien definidos todavía, pero que nunca podían hacer presumir las complicadas religiones que han surgido después de su fondo, y esta natural sencillez trascendía á las formalidades externas; el padre de familia, y cuando más el jefe de la tribu, de- sempeñaba el papel de sacerdote y él era quien ofrecía los sacrificios, consistentes entonces solo en los frutos de la tierra, en el incienso ó en la sangre de algunos ani- males, sin que para esto les fuera necesario más que la dilatada extension de la tierra, de que se sentían dueños, cobijados por la explendente bóveda de los cielos. Corriendo pareja con esta religion exenta de misterios, con esta religion bija pura- mente del sentimiento, el gobierno de nuestros antepasados los arios era patriar- cal, sin que en él se pudiera observar esa unidad que es un resultado muy posterior en las civilizaciones: dividido el pueblo en tribus, cada una era gobernada por un je- fe escogido entre los más ancianos ó entre los mejores de ella, sin que durante mucho tiempo se dieran entre unas y otras señales ningunas de hostilidad, que en los comien zos hablan de carecer de fundamento. Pero no siempre podia ser asi; la filosofía de la historia viene registrando constantemente una ley que se verifica de una manera fatal en todos los pueblos, y es la de que al crecimiento de cada uno, preside el movimien- to y la lucha. Los arios de la Logdiana y los arios de la Bactriana son los primeros que la comprueban en aquel período histórico, siendo debida esta lucha, no solo á la vida distinta que unos y otros llevan, no solo á los usos y costumbres que tienen es- tablecidos entre si, sino que también á las distintas creencias y ritos que practican que por extraño que pueda parecer determinan ya esenciales diferencias entre los unos y los otros. A partir de esta lucha entre dos de los más poderosos elementos componentes de la India, comienza á contarse el primer período de su historia, período llamado tam- bien de los himnos ó védicos, en el cual seria de todo punto supérfluo querer hallar nada de masonería ni aún de sociedades secretas. De la misma manera que cuando las ins- tituciones no son necesarias, decaen en la vida, solo aparecen en la historia cuando hay causas que justifiquen plenamente su aparición, y en aquellos tiempos que repre- sentan el crepúsculo de la subsiguiente vida, que más tarde han tenido los pueblos, cuando hay en los hombres comunidad de miras y en modo alguno pueden los intere- ses influir en sus relaciones; cuando ni aún siquiera se encuentra sólidamente funda- mentada la sociedad y no puede haber necesidad de reformas, por tanto, la masone- ría no puede tener razón de ser. En vano algunos fanáticos quieren que la institución tenga, como las ciencias y las artes, como las instituciones y como la vida humana, un periodo prehistórico. Ha- ce falta mucha historia creada y muchas complicaciones sociales para que la maso- neria con su fin propuesto aparezca; no aparecerá en las épocas clásicas y mucho menos en las que ahora nos ocupan en la que ni aún gérmenes existen. Si por lo que XVI HISTORIA GENERAL al fondo toca ó se refiere, la masonería no puede haber aparecido en tan remoto pe- ríodo, y ni es posible bailar en él, por más esfuerzos que se bagan, elementos que más tarde puedan servirle de precedentes; lo mismo podemos decir en cuanto á su refor- ma: la masonería del mismo modo que revela ser por su fondo bija de un movimiento íllosüflco bastante avanzado, por su forma acredita serlo de un culto religioso bastante complicado ya, que.no bailamos en este primer periodo de la India, que carece en absoluto de símbolos y de misterios. Lo que generalmente hablando se entiende boy por Religion, no aparece en la India ni aún en su segundo periodo; ni en este se encuentra perfectamente determina- da pues contra lo que muchos pensadores eminentes han abrmrdo, dejándose llevar de una idea preconcebida, todavía les domina el puro naturalismo de sus primeros dias. La lucha que comenzara al terminar el primer periodo histórico de este pueblo entre los arios de la Sogdiana y de la Bactriana, ha estallado, dando por resultado que apoderándose los primeros de la comarca que los segundos ocupaban se estable- cieron en ella: más como la humanidad en sus constantes evoluciones no ha perma- necido estacionaria nunca, tras un número de años imposible de determinar la aban- donaron también, dirigiéndose bada el Sudeste y penetrando en fin en los fértiles y hermosísimos valles del Septasindhu (los siete ríos) parte de la India, que fué al fin ocupada del todo por ellos. En este segundo periodo el gobierno de los arios siguió siendo el mismo, y si bien se aumentó el número de los dioses no fué efecto sino de que continuaron deificando las fuerzas naturales, sin que tampoco llegaran á esta- blecer alteraciones en su culto ni á consignar sus dogmas ni sus ritos en ningún libro sagrado. Hemos dicho, que reputados indianistas afirman que los indios en este segundo periodo de su vida histórica llegaron á la determinación de un supremo y único, al que en absoluto sometieron el gobierno del universo; pero esto es solo resultado de un esfuerzo que no ha producido en modo alguno los efectos que apetecían. Seduci- dos sin duda á primera vista por la semejanza de las preces que sus himnos encierran, creyeron que eran distintas las invocaciones, solo por el aspecto en que se considera- ba al Dios único que habían supuesto. Los mismos himnos en que ellos han querido apoyarse nos ofrecen bastantes pruebas en contra de esta idea. Ya hemos dicho que en sus primeros dias, los hombres, limitados sus conocimientos á lo que su vista abar- ca, no pueden pedir más que aquello de que se creen necesitados; de aquí que todos los himnos del primero y segundo periodo de los arios se parezcan, sin que resulte lo mismo con respeto á sus divinidades, á las que á una vez reconocen condiciones excelsas y superiores, gracias á las que pueden haber creado todo lo existente. En este periodo, lo mismo que en el primero, domina el politeísmo, y es lo más ra- clonal suponer que cada tribu tenia su dios familiar, una divinidad protectora que en se diera lugar á la unidad, pero que esta misma no podia resultar en el conjunto, cosa que á primera vista resulta de la simple comparación de los himnos en que eslán con- signadas las primeras ideas cosmogónicas. Indra, Agni, Savitri, Soma, Varuna, son invocados como creadores, y sin embargo, entre si no tienen relación alguna, pues el DE LA MASONERÍA XMI el dios del aire^ otro lo es del fuego; uno es el sol^ otro el licor viviflcante del uno es asclepiades; otro, en fin, el cielo, lo cual parece confirmar el aserto de que cada una de aquellas tribus primitivas invocaba á una fuerza natural, como causa de todo, que en modo alguno podia ser la misma, por más que en todas se reconocieran idénticos atributos. La opinion desechada ya de este monoteismo de los indios en los primeros siglos de su historia, estaba apoyada en un dicho del cèlebre orientalista inglés Colebrookes, quien en modo alguno la dedueia de los himnos, sino de las anotaciones hechas en los mismos, razón que más debió contribuir á ponerla en duda, dado que en los tes- tos no pudieron llevarse á cabo ningunos comentarios sino cuando se reunieron para formar con ellos el Rig-Veda. Asi, pues, continuando nuestra narración, debemos afirmar que la religion de los arios en el Septasindu, era exactamente igual á la de aquellos que en tiempos ante- rieres habían vivido en la Logdeana, sin que tampoco hubieran llegado aún á fijar la creencia en la inmortalidad del alma: para unos, lo mismo que para los otros, todo terminaba con la vida. El más importante de los periodos en que la historia de la India se encuentra dividida, es sin duda el tercero, comprendido desde los años 2000 á 1400 antes de J. C., periodo en el que veremos completarse la religion de los vedas, sin que para nada pierda su base primitiva, y en el que gracias á la consignación de dos dogmas, que hasta entonces le hablan sido desconocidos, se trasformara paulati- ñámente. Uniendo al antiguo politeísmo la creencia de una soberanía divina y llegan- do á sentar la inmortalidad del alma, la religion entrará en una nueva faz, cual es el, Brahmaiiismo, ó lo que es lo mismo y reduciéndolo á términos científicos, el culto del alma humana de la que el mundo es solo una manisfestacion, y aún llegará á más, relacionará esta creencia á la metempsicosis y á la absorción final en el ser uní- pues versal, ó sea en Brahma. Durante este periodo se modificarán también las instituciones políticas y sociales de los arios, dando lugar á la unidad del gobierno en la monarquia, mas á una mo- narquia en la que domina el más severo espíritu teocrático, en la que imperan los brahmanes, llevándose á efecto también la division del pueblo en castas hereditarias, y constituyendo, en una palabra, la revolución más grande que desde el punto de vis- ta religioso y social á un tiempo ha sufrido la humanidad. El número de los himnos en que hasta entonces habían estado consignadas las creencias religiosas de aquel pueblo, se aumentó necesariamente á medida que se ha- bia ido aumentando el número de sus divinidades. Todavía en este tiempo los arios no tenían una escritura para hacer trasmisibles con exactitud sus opiniones, por lo que hay que admitir^ue, como siempre ha sucedido, las primeras tradiciones fueron conservadas en un principio por los Richis, que asi llamaban á los poetas inspirados que los componían, y no sin razón podria afirmarse que del mismo modo que á ellos estaba encomendado el cuidado de elevar la voz para honrar y ensalzar á la divini- dad, á ellos también se les encomendarla el cuidado de celebrar los sacrificios, con que se les había de tener propicios. Poco á poco el sencillo ritual que acompañaba al TOMO II III XVIII HISTORIA GENERAL cuito habia ido desarrollándose y adquiriendo cada vez mayor importancia^ llegando á ser obligatorias muchas de las fórmulas^ con lo que paulatinamente se iba bosque- jando en el seno de aquella sociedad una clase bien distinta y separada de lasdemás^ pues claro es que la multitud^ que el pueblo todo, no podia imponerse ni comprender aquellas formalidades, que se alejaban bastante de las puras manifestaciones que en un principio revelaba la admiración del bombre ante la naturaleza. Adquiriendo cada vez mayor influencia, á fuerza de manifestarse necesarios los Richis después de baber establecido ritos, que solo ellos ó sus descendientes conocían, formaron una clase y diéronle el nombre de Brahmanes «hombres de la oración.» Antes que ésta, y por efecto de las luchas que dejamos ya consignadas, se babia formado la de los Kcbatri- ya «hombres de la fuerza», pues ellos componían la parte militar de aquel pueblo, los que lo protegían y acrecían su riqueza por medio de la conquista. Estos brahmanes que desde luego se atribuyeron unas funciones y un poder in- compatibles con todo lo que no fuera de ellos, habían ejercido el culto separada y aisladamente; pero cuando comprendieron la influencia que podían adquirir sobre todas las demás clases constituidas, se reunieron, dedicándose á las investigaciones íilosóflcas: lo que antes babia existido y de lo que nadie babia echado de menos la explicación, comenzó á ser estudiado; la existencia del mundo y la inmortalidad del alma, los atributos de Dios y la esencia de las cosas, fueron asunto para sus medita- cienes, y consignadas éstas dieron lugar á la hrahmanas, obras en que se encuentra cuanto acerca de tan elevadas materias creían y pensaban, así como en los últimos himnos que componen los vedas, que sin duda ninguna fueron redactados en esta época. En ellos se encuentran las ideas cosmogónicas de aquellos arios, en las que puede estudiarse una religion perfectamente determinada y establecida con sacerdo- tes, cultos y misterios. Creían que era la tierra una inmensa superficie plana, apoyada en la sólida base que le ofrecían las cúspides de las elevadisimas montañas, ú órdenes de indestructi- bles columnas, y que sobre ella se extendía la dilatada bóveda de los cielos, en la que, y fijos como necesarios adornos, se bailaban las estrellas: entre el cielo y la tiei-ra suponían ámplio espacio en el cual flotaban las ligeras nubes y al través del que se- guian su marcha inalterable el sol y la luna. Estos eran los tres mundos de que se habla en los vedas, constituidos por el cielo, la tierra y el espacio intermedio; y por encima de todos ellos, como sucede en todas las demás teogonias, colocaban la man- sion en que los dioses residían, probándose asi cuan antigua es la creencia dé que el espíritu sublime porque alentamos, mora sobre ese manto, .del que con razón, que la ciencia demuestra, ha dicho el poeta que ni es cielo, ni es azul. «Los dioses viven en una mansion suprema, sólida y so.stenida por mil columnas.» «¡Oh Dioses! abrid las puertas del cielo y esparcir para nosotros los beneficios de la fertilidad,» dicen los himnos, pensamientos que se encuentran consignados en el Gé- nesis, casi con idénticas palabras. Para explicarse la desaparición momentánea del sol, los arios primitivos que la veían confirmada por la sucesión del dia á la noche y de la noche al dia, admitieron DE LA MASONERIA XIX la hipótesis de que cuando el sol llegaba al Occidente^ recogía en si sus rayos lumi- liosos^ y adquiriendo una faz oscura^ volvíase al Oriente, desde donde comenzaba de nuevo el desempeño de la misión que por el Altísimo le estaba encomendada. Más tarde, y á medida que sus conocimientos se fueron aumentando, los arios admitieron que el sol giraba al rededor del monte Merú, produciéndose así esos intérvalos de luz y oscuridad, que desde lo& tiempos más remotos se han llamado día y noche. Conviene mencionar que el Rig-Veda llama muy frecuentemente á los arios hijos de Maná, y aún más amenudo rasa de Maná, personaje que, según ellos, no es el pri- mer hombre que vivió en el mundo, pues con respecto á esto no se dice más palabra en ninguno de los himnos, sino que es tenido por el único que sobrevivió al diluvio, del que más tarde nos ocuparemos, y el que por su union con la mujer, nacida de los sacrificios que se hacían á los dioses de las aguas, dió lugar á esta raza que, como dice el venerando texto, se llama aún raza de Manú. Lo mismo que todas las demás ideas, las morales habían progresado también du- rante este periodo, y tal resultado, más que nada, y debido á la admisión de la inmor- talidad del alma, creencia que es bien sencillo probar data solo de esta época, pues nada hay decidido aún acerca del lugar que irán á ocupar después de que hayan de- jado de animar al cuerpo, que por ella vive más ó menos tiempo. En unos himnos se supone que las almas de los hombres justos y generosos ascienden hasta los cielos y ocupan un lugar entre los dioses: otros suponen que se elevan en el espacio interme- dio, hasta la region del sol, donde habitan los dioses luminosos: otros las hacen errar por todo el mundo, por las cuatro partes de la tierra, por el cielo, por los aires, en las nubes, en las aguas, por el sol, por las montañas y hasta en las plantas; y por último, no faltan los que admitiendo que el alma no puede experimentar ni dicha ni felicidad ninguna, si se halla separada de cualquier organismo, les hacen tomar un cuerpo sutil é imperceptible, gracias al que se pueden trasportar al mundo de los bienaventurados. La admisión del principio de que el alma es inmortal, fué de más importantes re- saltados que todos los que en si misma implica. Reconociendo los arios que existía en los hombres un principio inmaterial, eterno, sin hallarse sujeto á la ley de la des- truccion que para todo admitían, no podían en modo alguno contentarse con las divi- nidades de sus primeros días, divinidades materiales al conocimiento de las que hablan llegado solo por los sentidos y convinieron en la idea de un sér espiritual, eterno, creador de todo, superior á la naturaleza entera y anterior á ella misma. Esta idea capital á la que todos los pueblos han llegado después de laboriosísimas crisis, nos hace falta determinarla con suma precision y claridad, es necesario que concretemos la época fija en que la consigna cada pueblo, pues solo á partir de ella es cuando se pueden encontrar gérmenes para la institución masónica, no por lo que á su forma se refiere, dado que ésta como perfectamente modificable se ha modificado en el tiempo, sino por lo que á su fondo toca, que es á lo que más urge estar atento. Mientras los hombres no reconozcan la comunidad de su origen por condiciones que radican en todos'igualmente, en tanto que no lleguen al conocimiento de su ulterior XX HISTORIA GENERAL destino admitan la posibilidad de un ser anterior á todos y que á todos preside, no y cabe que entre si estrechen lazos indisolubles, subsistentes á pesar de las fronteras, de los climas y de las opiniones. Solo en este periodo es cuando, como hemos dicho, comdenza á bosquejarse la idea de un Dios único, superior y eterno, y por más de un concepto nos parece de todo punto conveniente seguirla paso á paso en su desarrollo, ya que para ello nos pre- sentan expedito el camino seis himnos del Rig-Veda. CAPITULO III La India.—Tercer período; continuación.—Misión que se imponen los T^ichis una vez constituidos en sacerdotes.—Pri- meras conclusiones suj^as.—Afirmación de la unidad de Dios.—Pruebas que en pró de esta idea se encuentran en aigu- nos himnos del Rig-Veda.—Los Brahmanes.—Tradiciones acerca del Diluvio.—La sencillez de los pueblos primitivos como elemento en contra de la existencia de sociedades particulares.—Determinación del tiempo á partir de la Inun- dación asiática.—Guerras entre los Kurus y los Pantchalas.—Entre los Phatriyas y Brahmanes.—Division del pueblo indio en castas.—Diferencia entre casta y clase.— Privilegios abusivos de la primera casta.—Consignación de los mis- mos en el Código de Manú. EMOS dicho que la creencia en un Dios, único y eterno, es un elemento principal, gracias al que cabe la perfecta posibilidad de lazos comunes en- tre todos los pueblos, y hemos añadido que ninguno de ellos en su aparecí- miento, la ha revelado inmediatamente, sino que su consignación es un resultado de la cultura, una trasformacion de sus primeras creencias, de- puracion, mejor dicho, de su manera de pensar con respecto á aquello que les hiere los sentidos. Paso á paso, y como posteriormente haremos en los demás pueblos de la antigüedad, venimos siguiendo la historia de la India, y hemos podido encontrar ni en su primero ni en su segundo periodo nada que nos indique la admisión entre ellos de ninguna de las dos creen- cias que se advierten en la general historia de la filosofia, como base de ella; más al llegar este tercer periodo que nos ocupa, cuando han aparecido los Richis, poetas primitivos cuya única misión fuera un dia redactar ó improvisar las preces y rueges que habian de elevarse á los dioses, pero que más tarde ampliaron sus funciones hasta convertirse en sacerdotes; cuando constituidos en clases se dedicaran á la in- vestigacion de las causas que presidian á mucho de lo creado, todo lo cual hasta XXII HISTORIA GENERAL entonces no necesitara explicación ninguna^ entonces, como hemos dicho, fué cuando comenzó á germinar en la India la creencia en la inmortalidad de alma y como con- secuencia inmediata la creencia en la unidad, preexistencia y eternidad de Dios. Confusas en un principio, se van detallando poco á poco, y aún en muchas de las fuentes de conocimientos que poseemos, se vé cómo domina la incertidumbre y la duda, prueba fehaciente é irrecusable de que la laboracion fué lenta, penosa y difícil. Que solo hubiera un Dios anterior á todo lo creado, es una conclusion que se puede deducir de seis de los últimos himnos del Rig-Veda, de los que haremos un sumario extracto para que pueda verse el camino que paulatinamente ha llevado la idea. El primero de estos himnos está dedicado á los viswadevas, y en la esloca primera, dice: «El dios que se halla aqui presente, nuestro superior, nuestro sacriflcador, tiene un hermano que se extiende por los aires y aún tiene un tercer hermano al que roda- mos con nuestras libaciones. A él lo he visto como dueño de los hombres, armado de los siete rayos.» Como claramente se comprende, el dios á quien suponen presente al sacrificio es Aguis, el fuego celeste y sus dos hermanos son el fuego solar, esparcido en la atmós- fera, y el fuego del sacrificio, al que rocían con sus libaciones. Esta es una idea que en modo alguno puede ni debe extrañar: los arios observando los efectos del fuego, los arios atendiendo á la naturaleza de este elemento, le concedieron una unidad en la que admitían las variedades señaladas. Cuando por efecto de la depuración de las creencias observaron el calor del sol, diéronle más remota causa y lo pusieron de- pendiente de algo superior; cuando vieron que el fuego obtenido por la frotación, les servia de una manera tan maravillosa, siguieron creyendo lo mismo y toda manifes- tacion del calórico la vieron como una derivación del Dios supremo, Agui. Esloca 4.®—Quién lo ha visto al nacer tomar forma para darla á lo que no la tiene? Dónde se encontraba el espíritu, la sangre, el alma de la tierra? Quién se ha acercado á Él para hacerle esta pregunta? Esloca 5.®—Débil é ignorante, quiero investigar estos misterios. Esloca 6.'—Ignorante é inhábil para llegar al conocimiento, pregunto á los sábios poetas: Quién es el incomparable que en la forma inmortal ha creado estos seis mundos luminosos? Esloca 8.*— Que lo diga él, hombre enterado de los misterios del dios afortunado que atraviesa los aires. Creíase entonces que el fuego, ó lo que es lo mismo, el dios Aguis, penetraba á todos los séres y que á esto era á lo que debían su existencia, y tal opinion se encuen- tra plenamente justificada en un himno al dios citado, en el que se dice: «Su esencia activa existe en todos los séres animados. Cuando pienso que este ser luminoso se encuentra en un corasen, me zumban los oídos, se turba mi vista, mi alma se agita en la incertidumbre. Qué debo decir? Qué debo pensar? Continuando nuestro estudio, necesario para ver qué camino sigue en la India la idea que tanto acariciamos, leemos en la esloca 46 del mismo himno: «Al espirita divino que circula en el cielo, se le llama Indra, Mitra, Varema, Agui. Los sábios DE LA MASONERIA XXIII dán al sér único, más de un nombre.» Como lo que más importa^ á nuestro modo de ver_, es determinar claramente los hechos^ para que más.tarde nos puedan servir de base y punto departida^ es justo consignar en este lugar^ como también en el anterior lo hemos veriflcado, que cualquiera que sea el nombre que se lo, á.QkesiQ espíritu divino se entiende siempre que es el fuego^ sea el celeste, seael vital que bulle en la naturaleza entera, que sienten en si todos los seres y que se encuentra por todas partes. Además de este y parte de los que han de servirnos en nuestra demostración, se encuentran dos himnos dirigidos también á Aguis, aunque con el nombre de Visca- carman, y de los que en el primero dice la esloca 2.^: «Cómo fué creada la mansion que habita él? Cuándo fué fundada? Cuándo el sábio Visvacarman creó la tierra, ex- tendió también la majestuosa bóveda de los cielos? Esloca 3.®—Dfos único, creó el cielo y la tierra, haciendo el uno con sus brazos, el otro con sus piés. Esloca 4."—De qué bosque han tomado la madera para construir el cielo y la tier- ra? ¡Oh sábios! que vuestra ciencia nos diga cuál es el sér que preside á estos mundos y que los consolida. Del segundo himno tenemos como importantes para nuestro fm las siguientes es- locas: 1." El padre de este gran cuerpo, que asombra á nuestros ojos en su creado sabiduria, ha primero las ondas aéreas y después el cielo y la tierra que las rodean y que ha ensanchado afirmándolas por todos lados sobre fuertísimas bases. 2.® El gran sábio Visvacarman, se eleva por si mismo con explendor prestando á todo su belleza y su fuerza. 8." El que es nuestro padre, que ha engendrado y contiene á todos los conoce á cada mundo. Único séres, ha creado todo lo demás: todo cuanto existe lo reco- noce por soberano. 5.® Las ondas han llevado en su seno al soberano de la tierra y del cielo, á los devas y á los asuras, al que da la vida á todos los séres divinos. 6." Si, las ondas han llevado en su seno al que ha'dado la luz á todos los séres di- vinos. En el dios increado existia un gérmen, en el que se hallaban todos los mundos. 7.® Vosotros conocéis al que ha hecho todas las cosas; es el mismo que seextien- de ante vosotros, pero á nuestra vista todo parece cubierto como con un manto de nieve. Nuestros juicios son oscuros, y los hombres siguen haciendo holocaustos y entonando himnos. Atentos al progreso teológico de los arios vemos que, persistiendo en considerar á Aguis (el fuego) como Dios supremo, no han salido todavia de su naturalismo pri- mitivo, dado que el fuego no puede ser considerado sino como un agente de la nata- raleza. En los tres himnos que nos falta examinar, la idea progresa y cada vez se advierte de más claro modo cómo va descollando la idea de un Dios inmaterial é in- dependiente déla naturaleza. El primero de estos himnos está consagrado á Purucha, palabra que significa el carón por exelencia, ó lo que es lo mismo, el mas- culino. principio De él tenemos: XXIV HISTORIA GENERAL Esloca 1.'—Purucha, tiene mil cabezas^ mil ojos^ mil piés. Amasó la tierra con sus dedos y formó una bola sobre la que domina. Esloca 2."—Purucha, dueño de la inmortalidad, fuerte con el alimento que toma, ha formado lo que es, lo que fué y lo que será. lo ina- Esloca 4.'—De Purucha, ha salido cuanto existe, lo mismo lo animado que nimado. Esloca 6.''—Cuando los Debas, con Purucha, sacrificaron presentando la ofrenda, el de la manteca se formó la primavera, con la madera el estío, con el holocausto otoño. Esloca 8.'^—Del sacrificio ha nacido el fuego, invocado por todos los hombres, las libaciones y las ofrendas. Él es quien ha hecho todos los animales que viven en el aire, en los bosques y en nuestras casas. Esloca 10.—Del sacrificio han nacido todos los animales que tienen doble hilera de dientes, los caballos, las vacas, las cabras y las ovejas. Esloca 11.—Los poseedores de Purucha, qué es lo que no han formado? A qué llaman su boca, sus brazos, sus piernas, sus piés? sus Esloca 12.—El brahman fué su boca; el sadjanya sus brazos; el vaicya pier- nas; los ^^adras sus piés. Esloca 13.—Chandramas (la luna) ha nacido de su Manas (espíritu); Liviya (el sol) de sus ojos; Indra y Agui de su boca; Vaya (el viento) de su soplo. En este himno donde se afirma la unidad absoluto predominio de un sér divino y creador de todo y regulador de cuanto existe, llama extraordinariamente la atención la enumeración y señalamiento de las cuatro castas, que más tarde habremos de ver como establece el brahmanismo casi con idénticos caractéres. Hay una diferencia, sin cual este himno que acabamos de extractar las castas no salen embargo, es que en conocido aun en el Rig-Veda, sino que son partes del del dios supremo Brahma, no mismo Purucho, principio masculino ha dado origen á todo. Nos es necesario que la creación de hacer presente también que decimos ha dado origen y no creó, porque la nada es una idea, no solo no admitida por los arios ni por los indios, sino que tam- emanación. bien desconocida déla en absoluto por ellos, que solo admiten el principio El penúltimo de los himnos que hemos mencionado se consagra á Pradjapati, pa- labra que traducida vale tanto como Padre de los Séres, Señor de las generaciones, y los textos aprovechables á nuestro objeto son los siguientes: Esloca 1.®—Aparece el dios del gérmen de oro. Acaba de nacer y ya es el único holocaustos. dueño del mundo. Llena la tierra el cielo. Solo á él debemos ofrecer y Esloca 2."—El da la vida y la fuerza. Todos los séres, los dioses mismos, están so- metidos á su ley. La inmortalidad y la muerte, son solo su sombra. A ninguno más que á él debemos ofrecer sacrificios. vive Esloca 3.^—Él es, por su grandeza, el único rey de este mundo, que y que Solo á él debe- respira. Él es el señor de todos los animales bípedos y cuadrúpedos. mos ofrecer sacrificios. la el Esloca 5,^—Por él han sido establecidos sólidamente el cielo y tierra, espacio % DE LA Masonería nxv y el firmamento: es él quien ha exparcido las ondas en el aire. A quién sino á él de- hemos ofrecer holocaustos? Esloca 6."—El cielo y la tierra, afirmados por su voluntad, han temblado por verlo cuando el sol brilla en Oriente. A ningún dios más que á él debemos ofrecer bolo- caustos. Esloca 7.'—Cuando han sobrevenido las grandes ondas trayendo en sí el germen universal é incubando á Agais, entonces es cuando se ha desenvuelto el alma única de los dioses. Esloca 8.'—Con grandeza vé alrededor de si esas ondas que contienen la fuerza y engendran el sacrificio. Entre los dioses, él solo es incomparable. Esloca 9.*—Que nos proteja el que cumpliendo su piadosa función ha engendrado el cielo y la tierra; aquél que es padre de las grandes y hermosas ondas. Esloca 10.—Oh, Pradjapati! solo tú eres quien ha dado nacimiento á todos los seres. Concédenos los bienes por que te ofrecemos sacrificios. Que seamos ricos! El último de los himnos en que nos hemos de ocupar no está consagrado á nin- gun dios: el titulo que lleva de Paranuü/na el alma universal, no forma parte del texto, y puede probarse positivamente que le ha sido dado por el comentarista de aquella época, versado sin duda en las materias que ocupaban á los filósofos del tiem- po y que formaban el constante objeto de sus investigaciones. Acredita, tanto el titulo citado como el texto que vamos á trascribir, un considerable esfuerzo en busca de la causa primera, generadora al propio tiempo de todo cuanto existe, y prueba, también de una manera clara y evidente, como cada vez se va depurando más el pri- mer concepto tenido de la unidad de Dios y de sus principales atributos. El texto dice: «Nada existía entonces; ni el sér ni el no sér; nada de cielo, nada de firmamento.. Qué era lo que lo cubría todo? Cuál era su receptáculo? Era el agua? El profundo abis- mo? La muerte no existia entonces y la inmortalidad tampoco: el dia no lucia, la noche no tenía existencia. Sólo El respiraba en si mismo, sin aliento, y nada existia sino Él. La oscuridad reinaba en el principio, rodeándolo todo de tinieblas, como un occéano sin luz. El gérmen oculto en su envoltura, apareció solo por la fuerza del calor. El deseo, surgiendo primero, fué la primera simiente del espíritu. Tal es el lazo que después de mucho meditarlo han establecido los sábios entre el sér y el no sér. El rayo lanzado al través de estas cosas, provino de abajo? Vino de lo alto? Existían potencias productoras, superiores como naturaleza, superiores como energia? Quién sabe, quién puede afirmar de dónde surgió esta creación? Los dioses mismos han venido después; asi es que, quién puede conocer su origen? De donde ha emanado este mundo y si ha sido creado ó no, sólo Él lo sabe; Él, que está en lo alto de los cié- los, el director supremo, y tal vez ni aún Él mismo lo sepa.» Como vemos, el naturalismo de los primeros dias ha desaparecido: poco á poco la potente raza aria va manifestándose en todo su vigor, como cumplidora de los idea- les que la historia le asigna, y la investigación filosófica la absorbe y la domina. Pau- latinamente, elevándose de lo material á lo inmaterial, eleva sus principios y camina en pos de la unidad divina. Forzoso es, sin embargo, no confundir esto con la unidad TOMO II IV xxvi historia general absoluta que aparecerá más tarde en la más depurada forma pateistica que^ nacida allá en la India en aquellos remotos dias tan distante de nosotros^ hallara eco en las posteriores escuelas íllosóHcas^ conservándose hasta en las modernas^ hasta en las más decantadas del tiempo nuestro. Los arios, en el periodo que nos viene ocupando, admiten un Dios supremo, un creador de cuanto ven existente; más es necesario no confundir esto con el absoluto monoteísmo de la raza semítica, es necesario no per- dcr de vista ([ue los á'cdas en sus i'dtimas partes, nos ofrecerán la imagen latente de un Dios supremo, pero que este Dios es Brahma; queá sus órdenes ó en su dependen- cia tiene otros dioses como familiares, que no es ni un Geová ni un Alah, altísimas concepciones de tan elevada grandeza, que revelan un concepto de tal magnitud, que á ellas solo pudo llegar el pueblo que habla de realizar, con exclusion de todo otro, el ideal religioso para imponerlo á cuantos le sucedieran. Las causas físicas, es bien claro que no pueden dejar de influir en la manera de un orden de ideas distinto pensar de los pueblos, y alli donde quiera (|ue se advierta del ([ue ha precedido, para hallarle una explicación racional y plausible, será menes- ter recurrir al estudio de la sociedad en general. En tanto los indios vivieron entre- gados á la lucha que puede estudiarse siempre, antes que una agrupación de familias lleguen á constituir ciudad, las creencias religiosas, el pensar filosófico les absorbió casi nada; para llegar á una investigación teórica que por completo ha de absorber al espíritu, es forzosa la calma y tranquilidad (lue comenzaron á disfrutar los arios á medida que, bajando siempre, llegaron á establecerse en el valle del Ganges. Enton- también, disponiendo de más superiores medios de cultura, es cuando comienzan ees á consignar sus doctrinas y cerrados ya los sagrados Vedas, cuando el poeta (lue ha creado sus elementos necesarios tiene que hacer algo más que aquello que èn un principio bastaba, es cuando los brahmanes, que cada vez van aumentando su poder y su influencia, se apoderan délas antiguas tradiciones, y en la quietud con queespe- ran sacrosantas revelaciones, en el misticismo y excetismo á que se entregan, las comentan y armonizan. El brahman, el hombre de la oración ó de la súplica, aquel asceta que reemplaza en influencia al guerrero, cuando la preeminencia de estos no tiene razón de ser, seguirá consecuente á la realización del fln que se ha propuesto, que es ni más ni ménos el mismo que el de todas las clases socerdotales que han á la existido; el predominio sobre todas las demás; pero justo es confesar, atendiendo importancia de su obra, que más lo merecía aquella que todas las (jue son posteriores, pues por grande que ha sido el cuidado que en ({ue se ignore han puesto, sabemos boy bien claramente (|ue no han inventado nada, sino que remontándose en el tiem- po han aprovechado lo que más cuenta les tenia. Las Brahmanas se consideran como continuación de los tres Vedas que hasta el periodo que liistoriamos se habían redactado, y acerca de la época fija en que fueran escritas se no se han podido acordar los pareceres de los sabios ilustres que en ello han ocupado. Gomo hemos indicado, el objeto especial de ollas es la trasmisión de las tradiciones abandonadas hasta entonces á la memoria del pueblo y las prescrip- dones en muchas referentes á la liturgia y á los ritos. En una, cuyo carácter es prin- DE LA MASONERIA XXVI[ cipalmenlc litúrgico^ la octava del primer libro^ es la que contiene lo referente al Di- lacio anicerí^al, que más tarde con el carácter que al pueblo hebreo convenia^ pasará al Génesis. Esta tradición, cuyo conocimiento en lengua moderna debemos á uno de los más sabios orientalistas del siglo actual, dice: «1.° Por la mañana, y como es costumbre hacerlo hoy cuando uno se quiere la- var, los servidores llevaron agua á Manú para hacer sus abluciones. Estando laván- dose Manú cogió entre sus manos un pescado. 2.° Este pescado le dirigió las siguientes palabras: «Protéjeme y te salvaré». —Y de qué me vas á salvar? —Un diluvio destruirá á todas las criaturas que viven hoy; yo puedo salvarte de ese diluvio. —Qué protección te es necesaria? 3." El pescado le respondió: En tanto que somos chicos, nos amenaza un gran peligro, para el pescado no es delito devorar al pescado. Ahora me pues protejcrás cnccrKándome en un vaso, y cuando me haga tan grande que el vaso no me pueda contener, me encerrarás en un estanque, protejiéndome y conservándome; cuando sea bastante grande y no quepa en el estanque me arrojaras al mar, pues entonces podré defenderme de todos los peligros. 4.° Bien pronto el pescado se hizo enorme, pues crecia rápidamente. Después le dijo: Cuando llegue el año en que ha de tener lugar el diluvio, puedes, recordando mis consejos, preparar un navio que hayas construido, y yo te salvare. 5." Manú después de haber conservado y protejido al pescado, lo arrojó al mar, y en el mismo año que le habla indicado preparó su navio pensando en el consejo que recibiera. Cuando llegó el diluvio se trasladó á él. El pescado vino á su encuen- tro nadando y Manú le pasó el cable por la cabeza, dejándose conducir hacia la mon- taña del Norte. G." Después le dijo el pescado: Yo te he salvado; ahora amarra tu navio á un ár- bol, á fin de que el agua no lo arrastre auncpic se haya sobre una montaña. Cuando el agua se retire, entonces podrás salir. En efecto, Manú no salió hasta que las aguas se hubieron retirado, y de aquí el nombre que desde entonces lleva aquella montaña y lo que es aún más claro en la estancia 7." del capitulo XLV: «£"/ alma, del verídico aspira á la eterna innmrtalidad.» Vemos, pues, que la reforma del legislador persa ha de ser en puntos posteriores á DE LA MASONERIA LXIX los que en primer término exije ei credo masónico: ia existencia de un Dios único causa y fin de todo cuanto existe; ia inmortalidad del alma que lleva al ser racional á sentir, á querer y á pensar, alma en la que recibiremos el premio ó el castigo de los actos que en la vida hayamos cometido, estaban afirmados desde mucho antes de su aparición, y cualquier reforma moral habla de ver en ellos elementos de mucha con- sideración para arraigarse. Cierto que no se conocen las prácticas religiosas que se derivaran de estos dogmas; cierto que se ignora todo cuanto se puede referir á cere- monias del culto, pero es bien seguro que no podia consistir más que en las sencillas que son propias de todos los primitivos pueblos: sacrificios, abluciones y libaciones. No nos cansaremos de repetir que todos los cultos que los hombres han profesado y que pueden estudiarse en la historia general de la humanidad, se han ido compli- cando luego que las exigencias de la clase sacerdotal lo han hecho necesario, cuan- do le ha sido forzoso á los ministros de cada religion rodearse de aparato para mantener su puesto, en la gerarquia que ellos mismos han creado. En un principio, heridos los sentidos del hombre por las fuerzas de la naturaleza, las ha acatado y venerado posternándose ante sus manifestaciones, sacrificándole animales del órden inferior para calmarlas: más tarde, cuando atendiendo á sí mismo, no ha podido me- nos de admitir que radicaban en él fuerzas especiales, que habían de ser emanació- nes de un poder especial, ha reconocido la existencia de un Dios al que todo estaba sometido y lo ha adorado y venerado del mismo sencillo modo que antes lo hacia con las divinidades que se creara. Para apreciar de una manera clara y evidente la reforma de Zoroastro, el mejor medio es, según nuestro modo de ver, recurrir á lo que el mismo dejara consignado y en el Yazna encontramos: «Capitulo 34, estancia 13. Una recompensa está prometida á los que practican el bien y tú eres ¡oh Mazda! quien la concede. Capitulo 30, estancia 10. La perfección se encuentra solo en la mansion del buen espiriiu. Capitulo 32, estancia 15. Unos serán conducidos por los de Mazda á la mansion del buen espíritu. Capitulo 44, estancia 10. El hombre ó la mujer ¡oh Ahura-Mazda! que realiza en esta vida las mejores acciones que tú conoces, haciendo progresar la verdad en tu reino, por el buen espíritu, así como lambien todos aquellos á quienes seguiré can- tando tus alabanzas, con todos ellos pasaré el puente del colector. Capitulo 24, estancia 11. La mansion de aquellos que no piensan en la verdad, se halla en un lugar lejano del cielo brillante.» Hasta aquí Zoroastro habla de las dos vidas; de la espiritual y de la. terrestre, como de cosas admitidas anteriormente y de las que únicamente se sirve á modo de introducción. Lo que verdaderamente se debe á él, las innovaciones que él aportara, están reducidas á tres puntos principales, de los que nos ocuparemos, para ver si en ellos, tanto por lo principal como por lo accesorio, encontramos alguna cosa que más tarde pueda pasar á formar parte del credo masónico. Estos tres puntos son los dos LXX HISTORIA GENERA!, principios opuestos, el bien y el mal creando el mundo y gobernándolo; los devas, divinidades de los antiguos arias que pasan á ser en Persia los espíritus malignos y los genios del bien, agentes ó familiares del principio que lo cumple. Combatidos y destruidos todos los dioses materiales que antes de Zoroastro adora- ban los arios de la Bactriana, el reformador, fijo en la idea de que solo recibiera culto una sola divinidad, hallóse perplejo al considerar que en el mundo al propio tiempo que el bien dominaba el mal, y no pudiéndolos armonizar, no siéndole posible hacer deducciones, ni contando con elementos para formar un sistema metafisico, tuvo que recurrir á la distinción, á la separación absoluta entre el uno y el otro principio, creando asi el dualismo perfectamente definido que forma la base del mazdeismo. Zo- roastro tuvo que recurrirá esta distinción falsa en principio como falsa en las conse- cuencias, por creer que todo obedecía á causa eficiente, y no poder admitir que la mis- ma que era productora del bien y de lo bueno lo fuera también del mal y de lo malo: el espíritu que él comprendía como soberanamente justo y perfecto en todas sus ma- nifestaciones, no podia conceder que fuera el llamado á destruir y corromper lo que antes habla creado. Este es el fondo de su doctrina, esta es la base de las creencias que no hablan de tardar mucho tiempo en exparcirse por toda la Persia. En la forma en que está ex- puesta, se halla una particularidad que ciertamente se presta á interpretaciones, como también ha dado lugar á que se suponga que el principio del mal no se encuentra personificado en modo alguno, y que el hacerlo fué obra posterior debida á los suce- sores de Zoroastro. La primera particularidad á que nos hemos referido consiste en la oposición constante que hace este reformador religioso de la verdad á la mentira, punto que á muchos ha servido para establecer un remoto paralelo entre la masone- ría y el mazdeismo. A nuestro modo de ver nada puede haber más distante, entre po- cas cuestiones se encontraron términos tan poco aptos para poder llegar á establecer la comparación. Cierto que Zoroastro expone como fin del bueno la investigación de la verdad, cierto que esta se halla constantemente opuesta á la mentira y al engaño que es forzoso combatir, más en todos los sistemas religiosos la verdad única y abso- luta es la representación del Dios único y eterno, á cuya comprensión se desea llegar, en tanto que la masonería que jamás ha constituido sistema religioso alguno y que ha sido siempre una sociedad de fines prácticos y utilitarios al áQc,\v verdad, habla solo de los medios conducentes para procurar la armonía entre todos los hombres. Además de esta diferencia capital, que tanto aleja la verdad del mazdeismo, de la verdad de la masonería, por más que en el fondo la verdad sea siempre una y la mis- al ma, nos debemos fijar en que la religion de Zoroastro personifica, individualiza principio del bien en el bien mismo, y á esto llama verdad, en tanto que la masonería da este calificativo únicamente á lo que con arreglo á lo moral puede dárselo, y ha- ciendo compatible con ella dentro de su credo todas las demás virtudes que constitu- yen al hombre probo y honrado. La determinación y personificación que Zoroastro hace del principio del mal, de- terminándolo como un poder de fuerza igual al que lo ha creado todo, aleja á su re- DE DA MASONERÍA LXXI forma de cuanto es necesario que tenga para llegar á la moral absoluta necesaria para la realización del perfecto bien. Lo malo, lo mismo que lo bueno, depeiide única y exclusivamente del hombre; él tiene medios para realizar el uno ó el otro, y en manera alguna se encuentra fatalmente sometido á ninguno de ellos. Tratando de vindicar algunos á la reforma de Zoroastro de la acusación que por esto se le hacía, han soste-i nido que nunca el legislador religioso de la Persia le dio un carácter absoluto al ma sino que lo individualizó en las manifestaciones que en la vida tiene, como son la men- tira, la duda, la calumnia; pero de los textos originales en que se encuentra consigna- da, se puede dedudir otra cosa, precisamente lo contrario. Zoroastro admite y ensalza al principio del bien, mas al propio tiempo le opone el del mal con igual fuerza y va- lor. Mas que todo lo que por nuestra propia cuenta pudiéramos decir, vale presentar algunas estancias del capitulo 33 de los Gathas en que asi está consignado: «Estancia 2.® Escuchad el alma de la tierra; contemplad con piadoso recogimiento las llamas del hogar sagrado. Cada uno, lo mismo hombre que mujer, debe distin- guirse según sus creencias; vosotros, los ricos, atendednos y juntaros á nosotros. Estancia 3.^ En el principio hubo una pareja de gemelos, dos genios, dotado cada uno de actividad propia. Escoged entre los dos: sed buenos ó malos. Estancia 4." Estos dos genios se reunieron y crearon el mundo terrestre, el mun- do material y el mundo inmaterial. La peor existencia es para los mentirosos, el hombre verídico tiene la mejor. Estancia 5." De estos dos genios, escoged uno: ó el que miente y realiza las peores cosas, ó el genio bueno ó verídico. El que escoge el primero, escoge la suerte más dura; el que escoge el segundo, honra á Ahura-Mazda con fé y verdad, por sus obras. Estancia 6.® A los dos no podéis servirlos al mismo tiempo.» Después de esto no cabe dudar ni* un momento siquiera que lo establecido por Zo- roastro es un dualismo perfecto con toda claridad é igualdad entre los dos principios, y menos duda cabe aún cuando, como se vé en la estancia tercera de las que liemos trascrito, los hace gemelos aunque increados, pues sirviéndose de una fórmula que se viene conservando en el génesis de todas las religiones, emplea la frase «en el principio». A cada uno da una actividad propia é independiente y á los dos hace crear el mundo material y el mundo inmaterial, esto es todo cuanto ha existido y existe. La prueba que algunos aportan en pró de la idea de que Zoroastro no ha personi- ficado al espíritu del mal, en abierta contradicción con el espíritu del bien, consis- tente en que de estas poesías, monumentos los mas antiguos del mazdeismo, falta el nombre de Ahriman en contraposición con el de Ahura-Mazda, significára cuando mas que el referido nombre es de una época relativamente moderna, y nunca podrá por tan fútil motivo borrarse la expresa declaración que dejamos expuesta. Consignada la igualdad entre los dos principios, Zoroastro ensalza el primero, prescribe su culto, determina cómo se le ha de 3 'endir adoración y lo eleva hasta por encima de la naturaleza misma: este dogma, que ha servido por si solo para caracte- rizar la antigua religion de la Persia, juntamente con el cambio que á los demás hiciera sufrir y con la introducción de los buenos génios, constituye el fondo de LXXII HISTORIA GENERAL aquella doctrina que mantiene viva y constante la lucha en el espíritu. Hemos podido ver^ por cuanto hasta aqui llevamos dicho^ que la reforma operada se refiere única y exclusivamente al dogma, en lo cual poco, ó mejor dicho absolutamente nada, podia aprovecharse para sociedades cuyo carácter no fuera inminentemente religioso, má- ximela diferencia que dejamos apuntada entre la verdad á que Zoroastro se refiere y la verdad que la masonería preconiza. En cuanto á las prácticas del culto externo, puede decirse que siguieron siéndolas mismas por cuanto no se habla introducido nada que las pudiera alterar. Aunque con un competidor al que habla que aborrecer, del que era menester apartarse, el Dios único inmutable, eterno y justo subsistía, á él se elevaban las preces y se hadan sa- crificios, en su honor se preparaban libaciones y Zoroastro se limitó á prohibir que en ellas se empleara el jugo del Loma por las propiedades excitantes de este licor, que daban lugar á que las fiestas religiosas se convertieran con mucha frecuencia en es- caudalosas orgias. El Sol, símbolo de la luz que todo lo aclara y que todo lo penetra, habla sido una divinidad para los antiguos arios, mas Zoroastro enseñó á aquellos á quienes ibadiri- gida su predicación que el fuego no era mas que un símbolo, símbolo que posterior- mente han aprovechado todas las religiones, todas las sectas y hasta todas las socie- dades que han tenido que recurrir al simbolismo por una causa ó por otra. El Sol, considerado como un dios á causa de los beneficios que á los hombres dispensaba, ó admitido en esta ó en la otra teogonia como un espíritu familiar, no ha trascendido á mas allá de las regiones que arrancando de un poético naturalismo, no lo han po- dido perder por completo en el trascurso del tiempo: como símbolo ha representado siempre la luz de la inteligencia, y desde este punto de vista lo mismo campea en el fronton del altar católico que sobre la silla del venerable de una logia. Los sucesores de Zoroastro siguieron creando sobre lo que ya encontraron, y de este modo se aumentó el número de las divinidades ó séres superiores que hablan de recibir adoración y á invocarlos y á enumerarlos parece estar destinado el primer capitulo de Yazna, pero en todos los libros sagrados de aquel pueblo se advierte desde luego la unidad afirmada como Dios eterno y la prescripción de deberes morales que de UROS en otros han ido heredando los demás pueblos. Cuando llevados de nuestro deseo registramos la historia de aquel pueblo bus- cando en él alguna cosa que pueda hacernos formar la idea concebida por algunos, de que existió alli la masonería, tropezamos en primer lugar con dos cosas que son desde luego y siempre contrarias á la sociedad que estamos historiando: el carácter del pueblo persa que por razón de su suelo fué siempre pacifico y trabajador en las lia- nuras propias para el cultivo, inquieto y batallador en la montaña, dió lugar al apare- cimiento de las castas ó mejor dicho de las clases, pues nunca tal separación tuvo en la Persia el odioso carácter que en la India. El agricultor persa podia convertirse en guerrero, y este, dejando las armas, podía sin trabas ningunas llegar á ser el pací- fico habitador del tranquilo valle. Esta facilidad en el cambio deposición, en que cada uno hubiera nacido, quitaba todo motivo de conspirar para mejorar de clase y ana- DE LA MASONERIA LXXIIÍ dos todos en aquella religion que se generalizaba con todas sus complicaciones^ con todas las adiciones que sucesivamente le iban haciendo; sin que aparecieran en el trascurso del tiempo sectas que introdujeran reformas^ no habia motivo ninguno para que disgregándose de la masa general constituyeran unos cuantos sociedades encami- nadas á otros fines. Haciendo en la tierra lo mismo que del cielo concebian^ los persas vieron en sus emperadores representaciones del sol, y del mismo modo que este bri- liante astro aparece rodeado de otros que aumentan sus encantos, asi hicieron con sus soberanos rodeándolos de una corte fastuosa y deslumbradora por su lujo, á la que todos se manifestaban sumisos y obedientes como esclavos. Por lo que á su sacerdocio toca, no podemos advertir nada que nos dé indicios de que en su forma constitutiva pudieran aparecer como logias ú orientes masónicos ni aún de que fueran precedentes de lo que ahora nos ocupa. Como en todo pueblo su- cede, el sacerdote de los primeros dias de la Persia fué el padre de familia; este por si y en nombre de todos aquellos á los que habia dado el sér ó que dependían de él hacia los sacrificios y elevaba sus preces al eterno é inmutable principio á quien adoraba. Más tarde vimos aparecer dos especies de sacerdotes, el sontió sacerdote sacrificador que es el que hace los rezos y el que ofi-ece en sacrificio la carne de los animales, y el raspi, que no es más que un auxiliar del primero. Por cuanto al culto toca, ninguna práctica puede haberse trasmitido; los persas no tenían ni templos ni idolosy con res- pecto á este punto podemos citar la valiosísima opinion de Herodoto que así lo declara. «Es costumbre suya, dice el padre de la historia, no elevar templos, estatuas, ni alta- res á los dioses; por el contrario, tratan de insensatos á los que tales cosas hacen, por que no creen que los dioses tengan una forma humana. Tienen costumbre de hacer sa- crificios á Júpiter en lo alto de las montañas y hacen también sacrificios al sol, á la luna, á la tierra, á las aguas y á los vientos, pero en el trascurso del tiempo han añadido el culto de Venus Urania tomado de los Asirlos y de los Arabes. A esta Venus llaman los asirlos Mililta, los árabes Milta y los persas Mitra.» Antes de seguir adelante, debemos hacer una observación de todo punto necesaria. Al enumerar Herodoto las divinidades á que los persas tributaban culto y hadan sa- crificios en los elevados lugares, designa efectivamente las que entre aquellos estaban admitidas, sin embargo la forma pudiera dar lugar á confusiones por cuanto el histo- riador griego, siguiendo la costumbre admitida por los de su país y que más tarde ha- bian de admitir los romanos para que siguiera creciendo la confusion á que daba lugar, determina á las divinidades persas con los nombres que en Grecia tienen: de aquí que al espíritu supremo Abura Mazda lo llame Júpiter y que traduciendo los nombres de los demás resulten escuetas las formas y no las representaciones que para ellas se ha- bian arbitrado y que pueden verse en las siguientes estancias del primer capitulo del Yazna ya citado y que muy bien pudiera llamarse el catálogo de las divinidades. Estancia 28.—Yo invoco y celebro á todos los superiores que son superiores en pu- reza y á los treinta y tres genios que están más próximos de Havau, que son de pureza exelente, á los que Mazda ha hecho conocer y ha proclamado Zoroastro. Estancia 29.—Celebro é invoco á A/«cz-a y Miihra, supremos impórtales y puros, y TOMO 11 X LXXIV HISTORIA GENERAL á los astros_, creaciones santas celestes^ y al astro Jaschtcr (sirio) luminoso y resplande- ciente y la luna y el sol; soberano, rápido corcel, ojo de Ahiira Mazda. Estancia 31.—Te invoco y celebro á ti, fuego, hijo de Abura iNIazda, con todos los fuegos. Estancia 82.—Invoco y celebro las aguas puras y á todas las aguas que Mazda ha concedido. Otra Observación no menos notable es la que se refiere á la Venus Urania que Herodoto menciona, como añadida al culto persa. En realidad es todo lo contrario, y es asunto muy sabido, por lo que dejaremos de ocuparnos de él, que el culto de Venus á que Grecia y Roma dieran mas tarde tan grande importancia, era de procedencia asiática. Reputados mitógrafos lo han demostrado asi, identificando la Urania del panteón helénico con la Astarté fenicia, con la Mililta asirla y con la Mitra persa; pero hay que tener presente que el mito, como la palabra y como la idea, cambia en el trascurso del tiempo, y degenera al pasar de unos pueblos á otros. Esto ha sucedido con la divinidad en que nos ocupamos, en cuyo carácter nos habremos de detener más, por cuanto á ella se refieren los misterios tan de antiguo celebrados y que tanto han llamado la atención de algunos historiadores de la masonería; mas antes siga- mos viendo con Herodoto las prácticas generales de aquella religion sencillísima en cuanto á sus formalidades externas. «Ellos, sigue djciendo el autor de la historia, no levantan altares, ni encienden fuego, ni hacen libaciones, ni se sirven de flautas, ni de fajas sagradas, ni de la cebada mezclada con sal. Cuando un persa quiere celebrar un sacrificio, conduce la victima á un lugar purificado y cubierta la cabeza las mas de las veces con una tiara de mirto, invoca al dios. Al que lleva á cabo un sacrificio no le está permitido hacer votos por si solo, es necesario que ruegue por la prosperi- dad del rey y por la de todos los persas en general, por cuanto de este modo se com- prende también en el voto. Después que ha cortado en pedazos la carne, y la ha he- cho servir, extiende hierba de la mas tierna, y principalmente alfalfa, colocando y arreglando sobre ella aquellos trozos. Una vez hecho esto, un mago que está alli pre- sente (porque sin mago no hay sacrificio), entona un himno reputado por ellos como el encanto más poderoso, y poco después se lleva la carne pudiendo disponer de ella como mejor se le antoje.» jl'J '!■ I f Hasta aqui el historiador con su sencilla exposición sin hacer más que una ligera referencia á Mitra, que debe ser con respecto á nosotros el asunto que más nos deten- ga. Mitra aparece en el Zeudo-Avesta como un Ized, esto es, como un espíritu supe- rior que ha sido confundido algunas veces con la divinidad suprema y otras con el sol, más según la cosmogonía persa es bien distinto de este astro y subordinado de Ormuz: divinidad de orden secundario, recorre de continuo y con asombrosa rapidez el espacio mirándolo y viéndolo todo con sus cien ojos y escuchando todo gracias á los mil oídos de que está dotado. Espíritu familiar del principio del bien, combate en su favor sin tregua ni descanso contra el mal y los devas que le ayudan, guardando á todas las criaturas, dando fertilidad á los campos y la prosperidad á los hombres. lU es, en fin, el que pesa las almas en el famoso puente que tienen que atravesar para DE LA MASONERIA LXXV llegar al mundo de la dicha y los placeres: á Mitra hay que invocarlo tres veces por dia^ y á él le está dedicado uno de los meses del año^ y un dia en cada uno de los demás. Acerca de la aparición de esta divinidad es muy poco lo que se sabe, y las más adelantadas investigaciones, de las que hasta nuestros dias se han realizado, no llegan á determinar más que una perfecta equivalencia entre este mito y otros que resaltan en las teogonias de los demás pueblos asiáticos, mas es lo cierto C|ue tal vez ninguno lograra extenderse ni vulgarizarse tanto; las conquistas de Darío lo llevaron á las regiones superiores del Asia, y avanzando cada vez más llegó á ser conocido en Grecia, sirviendo de intermediarias las monarquías de esta nación que se estableóle- ron en la más antigua de las partes del mundo. Logró introducirse en Egipto, donde bien pronto tomó el carácter peculiar de todas las ideas que se advierten en este pue- blo singular, y después de las guerras del Ponto y de la conquista de Sicilia, tomó carta de naturaleza en el imperio romano. Fácil es comprender que tal emigración del mito dió lugar á cambios sensibles en su concepto y en su forma; pero no siendo estas alteraciones las que debemos estu- diar, sino puramente su culto originario en el pais en que aparece. Cuál fuera este se ignora; únicamente se sabe que tan exelso espíritu mereció más que ningún otro, y que fortuna no pequeña era la de iniciarse en los misterios que en su honor se cele- braban: donde las prácticas de este culto se hallan definidas de mejor manern, es en la historia religiosa de Roma, pues también en la ciudad quedlegara á ser señora del mundo tuvo su templo, situado bajo el monte Capitolino, si bien mas que templos merecían aquellos lugares el nombre de grutas. El que apetecía la inicien era some- tide á pruebas de extremado rigor, presentadas por San Gregorio Nacianceno como suplicios y torturas místicas. Suidas, el célebre lexicógrafo griego, dice: que solo po- dian ser iniciados aquellos que, mediante las pruebas más terribles, demostraran tener un alma exenta de toda pasión y hasta impasible en cierto modo. Mas qué pruebas eran estas? cuáles eran las necesarias y bastantes para llegar á la evidencia que se deseaba? Poco definidas se encuentran en las obras que han llegado hasta nos- otros en presencia de hechos innumerables, puede afirmarse que no fueron siem- y pre las mismas, sino que cambiaron repetidas veces en tanto estuvieron en vigor, y áun que no eran siempre iguales para todos los individuos que se presentaban á la iniciación; pero en suma, tenían siempre por objeto asegurarse, según algunos afir- man, de que el neófito no había ido allí guiado por la curiosidad solamente, que sa- bia conservar los secretos que se le confiaran aún á costa de su propia vida, y por último asegurarse de que en aquel sér el espíritu dominaba á la materia. Es opinion nuestra la de que para llegar á estos resultados no hay pruebas bas- tantes, más que por nada por que la naturaleza humana, que puede afrontar y sufrir las más exageradas, se rinde y se domeña muchas veces á cosas insignificantes y sin valor ninguno; de aquí que ninguna sociedad secreta, por terribles que sean los cas- tigos que haya decretado contra los traidores, los ha dejado de tener, y sinembargo ellos también han sufrido y resistido las pruebas. Una vez que el neófito era iniciado, lo bautizaban imprimiéndole un sello, y siendo saludado por todos los asistentes con LXXVI HISTORIA GENERAL el tlulo de hermano. Esta hermandad se dividia en siete clases, teniendo cada cual un escalón consagrado á un dios, que llegaron á ser en Roma Saturno, Venus Júpi- ter, Mercurio, Marte, la Luna y el Sol. Los individuos del grado inferior se llamaban Soldados, seguian después los Leones, los Cuervos, los Persas, los Bramos, los Soles, y por último los Padres, titulo supremo al que llegando un iniciado recibía el titulo de Peder Pcdrcdiis ó gran pontiflce. Cada clase se distinguía por un traje especial, y cada una ofrecía distintos sacrificios que tomaban el nombre de quienes los ofrecían, siendo también diferentes sus formalidades, así por ejemplo: en los leoninos no podía aparecer el agua, en los pérsicos se ofrecía miel al dios, llegindose en algunos basta ofrecer victimas humanas. Si fijamos nuestra atención en los misterios estos, nos convenceremos sin gran trabajo de que no son más que las prácticas externas de un culto tributado á una di- vinidad por verdaderos fanáticos, pues individuos de esta especie los ha habido en todos los tiempos y en todas las religiones. Los sectarios de Mitra, desde cualquier punto de vista que se les considere, no puede admitirse más sino que forman un cole- gio religioso y que, como todos ellos, tiene su noviciado, sus pruebas, antes de dar ingreso en la orden y participar de beneficios que están circunscritos y fatalmente li- mitades á los individuos que pertenecen á ella. Su objeto no es ni puede ser otro que conseguir un bien que está más allá de esta vida fugaz y transitoria, y dado uno de los caracteres que Mitra tiene, o por mejor decir, atentos á una de las funciones que desempeña, no podemos suponer otra cosa. En todas las mitologías de los pueblos asiáticos que han llegado á la creencia de un Dios único, eterno é inmutable y como consecuencia á la determinación de la inmortalidad del alma que ha de pasar después de esta existencia á otra en otros mundos, se advierte con muy poca diferencia en la forma la idea de un paso difícil, un puente ó un rio que las almas tienen que atravesar en su emigración y cuya custodia está encomendada á un genio, á un Dios ó un espi- ritu. En la mitologia persa hemos visto que la custodia del puente Cbivat le está con- fiada á Mitra, espíritu familiar de Ormuz que todo lo ve con sus mil ojos, que todo lo oye con sus mil oídos y nada parece tan natural como ver en el exajerado culto que se le tributa medios eficasisimos de tenerlo propicio en el trance fatal que ha de sobrevenir para todas las almas. En la religion de Mitra, que asi y no de otra manera podemos llamar á los miste- ríos que hemos reseñado, no vemos nada politico ni cosa alguna que tenga ni pueda tener carácter social: es más que nada una práctica religiosa llevada á cabo en honor de un Dios y que no puede ser otro más que aquel que está en la mente de sus adep- tos. Estos, por otra parte, son los únicos que participan de los,beneficios acordados y su misión consiste exclusivamente en practicar los ritos fijados de antemano. Cosa igual sucede con todos los demás institutos religiosos y bien distinta es la que la ma- sonería se ha propuesto, que generalizando, no sus dogmas, sino sus principios varios según cada una de las épocas en que ha vivido, no solo ha llamado á si á los hombres todos sino que los ha buscado para que al propio tiempo que se ayuden y favorezcan contribuyan al bien de los dernás. Hay pues que desechar toda idea que tienda á relq- DE LA MASONERIA LXXVII cionar el instituto masónico con algunas de las religiones de la antigüedad^ y hacemos esta declaración en el pleno convencimiento de que en algunas de ellas hay algo que puede seducir y llamar extraordinariamente la atención. Efectivamente^ si nos fijamos en lo establecido por los adeptos de Mitra^ hallamos entre ellos una division en clases ó grados, cada una de las que tiene un simbolismo propio y especial, un nombre, un traje, ciertos signos y cada una de las que realiza prácticas que le son propias inde- pendientes en un todo de las del órden inferior como de las del superior; vemos como para pasar de la categoría de neófito á la de iniciado hay que pasar por ciertas y de- terminadas pruebas y como una vez asociados se llaman hermanos y se dispensaban mutuamente favor y proteccionjjmas esto mismo lo encontramos en todos los institu- -^tos sociales, en todos aquellos cuerpos organizados que por una razón ó por la otra tienen intereses comunes, ora sean de los que revelan apego á la vida y deseo de ma- yores goces y comodidades, á los que podemos llamar materiales, ora sean de aque- líos que agrupan á los hombres por temor al desconocido más allá que todas las reli- giones nos auguran para después de esta vida y á los que sin incurrir en exageración alguna podemos dar el nombre de intereses morales^demás el paralelo, la semejanza entre dos instituciones no debe buscarse nunca por razón de forma, sino atendiendo al fondo, á la idea y fin propuesto por aquellos que han organizado las sociedades. Escepcion hecha de este culto, único en que como hemos dicho se han fijado algu- nos historiadores para afirmar que ya en Persia hubo masonería, no encontramos nada más en aquel pais que pueda robustecer esta desventurada idea. Ni la organiza- cion politica de aquel pais sometido á un poder despótico con el que todos se manifes- taban conformes, ni la ignorancia y abyección de aquel pueblo, ni la religion consig- nada porZoroastro podian favorecer á una institución propia única y esclusivamente de los pueblos libres y perfectamente civilizadas ó de las naciones aquellas en que paulatinamente ha ido sacudiendo las trabas que antiguos principios le imponían y elevándose por consiguiente cada vez más, y si desde algún punto de vista la historia nos muestra en Persia primeras revelaciones de grandes principios, son estas fugaces y transitorias, pasan como relámpagos y el pueblo decae hasta abatirse como todos los de la region aquella, | Cuando el pueblo persa comienza á sufrir innovaciones y conquistas el primitivo culto se adultera y la religion de Zoroastro decae adulterándose el culto prescrito por él, con el que se tributa á los astros, hasta que desvirtuada por completo por laincu- ría y abandono de sus prosélitos, caen en el olvido hasta las' primeras ideas cosmo- gónicas y teológicas siendo sustituidas por las consignadas en el Bundehesch y que representan ciertamente un progreso moral reformando ciertos principios admitidos anteriormente y que vedaban por completo el establecimiento de la masonería. Para llegar á este resultado admite el libro á que nos referimos que nuestros primeros padres apenas salidos de la semilla depositado por Kaimors, vivían tranqui- los y felices en el paraíso terrestre, lugar de abundancia y de delicias, cuando Ari- mau (el espíritu del mal) calló en la tierra bajo la forma de una culebra y los sedujo trastornando sus ideas y agitando su espíritu: después, aprovechándose de est.a con LXXVIll HISTORIA GENERAL fusion^ el espíritu malévolo se les presentó una segunda vez y seduciéndolos de nuevo les hizo comer ciertos frutos por lo que de las muchas dichas que gozaban no les que- dó más que una. Seducidos por tercera vez nuestros primeros padres^ bebieron leche y á la cuarta salieron á cazar comiendo de la carne de los animales que mataron y con cuyas pieles se hicieron vestiduras. Descubrieron después el hierro con el que pudieron echar abajo los árboles y contruirse una choza; por último, habiéndose uni- do carnalmente, tuvieron descendencia que heredando sus malos hábitos pelearon su rui- unos con otros continuando la adoración del espirita que habia.sido causa de hasta el hijo de Poroschay y de Dogdo, ó sea Zoroastro, vino á revelarles la na, que verdad y á atraerlos á la crencia de lo bueno y de lo justo. Las consecuencias de este sistema pueden deducirse sin esfuerzo ninguno: desde el punto de vista politico queda deshecha toda separación de clases y de castas por cuanto todos los hombres tienen un origen común, diíerencia esencial de lo ocurrido la India, por las distintas partes de un dios de las que cada humano habla sur- en que gido, estaba cada cual sometido á distinta ley. La forma de gobierno es la monárqui- ca, pero el rey, flel imágen y representación de Ormuz en la tierra, ha de tener por Obligación atender y favorecer al pobre y al necesitado. En la constitución de la fa- milla, queda abolida la poligamia; el esposo, el padre es jefe y señor absoluto, pero un hombre no puede casarse más que con una mujer y para terminar en el terreno de la moral esta reforma puede considerarse como una revindicacion de la libertad humana. El panteísmo indio llevaba irremisiblemente á un fatalismo grosero, á la in- diferencia y al olvido de si mismo; los dogmas del parsismo nos presentan la vida como un combate sin tregua, en el que el hombre, para triunfar, se vé obligado á echar mano de todas sus fuerzas. En todo lo que hasta ahora vamos viendo pueden advertirse reformas progresivas en cada una de ellas se nota cómo la huminidad á medida que se desarrolla en el tiempo se lanza en nuevas sendas en armonía con las tendencias del espíritu; mas j usto es confesarlo, estos primeross pasos, estas tentativas atrevidas no se deben en aquellas primeras épocas más que á los principios religiosos, á la obra de las corpo- raciones sacerdotales y en modo alguno á sociedades cuyos dogmas sean puramente morales y políticos. CAPITULO VIH La Caldea.—Refutación de lo asentado por algunos autores acerca del origen de la masonería en vista de la organización político-social y religiosa de los pueblos del antiguo Oriente.—Caracteres generales del pueblo caldeo.—Falta de mo- numentos históricos para llegar al conocimiento de sus primeras épocas.—El historiador Berosio.—Su Teogonia.— Leyenda del Diluvio.—Grandeza de Babilonia.—Sus construcciones.—Adelanto realizado por los caldeos en la astro- logia y en la astronomía.—El templo de Belo.—Culto de este dios.—El Sabeismo y las divinidades sicion accesorias.—Opo- á la unidad.—Absurda idolatría de aquel pueblo.—Corrupción de las costumbres.—Prácticas abominables.—Im- posibilidad de hallar en este pueblo elementos morales, gracias á los que la masonería pudiera establecerse. ONTixuANDO nuestra penosa investigacion_, que hasta ahora no nos lleva dados sino elementos para negar las aventuradas afirmaciones que han hecho algunos^ en pró de que el origen de la sociedad masónica se en- cuentra en los antiguos pueblos del Oriente^ hemos podido ver claras y distintas conclusiones que no permiten la menor duda; mas como ninguna de aquellas civilizaciones se ha visto exenta de la imputación y los meno- res y más insignificantes detalles han servido para dar como cierto de todo punto lo que ningún fundamento tiene^, nos es necesario proceder con el mayor tacto en la refutación de lo dicho por los que nos han precedido, á fin de robustecer más tarde la opinion que aventuremos. Hasta llegar á tal punto, hay un razonamiento que no nos cansaremos de repetir: atentos á la orga- nizacion politico-social de los pueblos aquellos, atentos á sus principios y dogmas, á su manera de vivir y á su manera de pensar, parece de todo punto imposible que autores serios y formales se hayan dejado llevar de un fanatismo que no hay nada que pueda disculparlo, para suponer que una asociación de todo punto moderna por sus principios y por los fines que espera conseguir^ tuviera florecimiento en pueblos LXXX HISTORIA GENERAL organización social, en pueblos que dejándose llevar de visiones, fan- de imperfecta tasias y de varios, cedian mas que nada á pueriles manifestaciones del sentimiento de las que no podían resultar sino caprichosas instituciones de las que ninguna puede tener fundamento en nuestra época. Ya lo hemos visto, el sistema teológico de las nacionalidades que llevamos exami- nadas no es claro ni distinto, la moral en ellos resplandece es puramente de con- que la orgonizacion social arbitraria y sinembargo nada hallamos vención, que tienda á solidificar lo uno ni á mejorar lo otro: en los pueblos antiguos y en una época en que deducirse de el derecho no está aún ni fljo ni escrito, con arreglo á lo que ha podido la conciencia humana, se advierte el fenómeno de que los individuos tienden á la dis- grcgacion, resultado inmediato de la imposibilidad que encuentran á establecer la los diversos forman las sociedades aquellas. La falta de armenia entre grupos que unidad en el origen, dogma á que la India no ha llegado todavía, es causa principal su- y eficiente de con ella una division que por nada tratan de destruir aquellos que fren; antes al contrario, de su gestión resulta solo que más y más se aumentan las diferencias entre ellas, cada cual quiere y desea tener el mayor número de pues pri- vilegios, y cada uno lucha por arrebatárselo á los demás. En toda la historia de aquel pueblo, estudiada con el mayor detenimiento, no vemos aparecer sociedad nin- guna que tienda á mejorar la condición general de las personas, ni tampoco institu- cion ninguna en la que se puedan advertir tendencias á difundir para todos la verdad eterna y única. Hemos visto que en la Persia sucede lo mismo, pues si bien es cierto la afir- que la religion de Zoroastro y los últimos libros sagrados que reforman, man ó declaran la comunidad de origen en la especie humana, determinándonos como descendientes de una sola pareja, no lo es ménos que en aquel país existió una divicion de clases, por razón de profesión ó género de vida, que separaba á los unos asi de los otros, haciendo imposible toda union en el seno de cualquier sociedad, como tampoco ninguna solidaridad de actos, al amparo de principios comunes. Si entre ellos existe una intima y constante union, si entre ellos se advierte una agrupa- cion compacta, más que á nada se debe á la intimidad que entre hombres establece la indéntica suerte, las relaciones de intereses ó las desventuras y desgracias. Si nada hemos hallado en la India, ni en la Persia, si en la historia de ambos pue- blos no se encuentran más que hechos reales para negar las afirmaciones gratuitas de los que nos han precedido, sigamos adelante para ver si en el sentido afirmativo de carácter ó en el contrario son igualmente afortunadas nuestras pesquisas. Pueblo muy singular y de notas muy especiales es el Caldeo cuyo sobresaliente ingenio fué causa de no pocos adelantos en las ciencias y en las artes, mas también la historia de primeros periodos es desconocida y solo trozos de su primer historiador Bero- sus sio es lo que encontramos esparcidos en las obras de otros autores. No obstante, estos demás trozos nos permiten conocer las ideas caldáicas acerca de la cosmogonía y creencias de aquel antiquísimo pueblo. Según Berosio, el que en aquella tierra impor- tara la civilización fué el dios Oaune, personaje mítico encarnado en la doble forma este de hombre y de pescado: según el historiador á que nos estamos refiriendo, « DE LA MASONERIA LXXXl monstruo hablaba como los hombreS;,en cuya compañía pasaba todo el día sin tomar alimento ninguno. Les enseñó las letras, las artes y las ciencias^ la manera de cons- truir ciudades y templos, de redactar leyes, medir las tierras y sembrarlas, conservar las cosechas, y en general, todo aquello que tendía á mejorar las condiciones les de genera- la vida. Después de esta declaración, que no permite augurar sino una grosera idolatría, habla Berosio de los diez primeros reyes, cuyos nombres no han podido referirse todavía á personajes históricos ni hallar las fechas del reinado de cada uno, y en otro fragmento hace mención del diluvio, si bien revistiéndolo del carácter legendario tiene que en todos los pueblos de la antigüedad. «Cronos,—dice el historiador,—se ció durante apare- un sueño á Kisuthos y le dijo que todos los hombres iban á ser destruidos por un diluvio, por lo que le ordenó enterrar todos sus escritos en Lippara, la ciudad del Sol, así como también construir un navio en el que se refugiaría con sus parientes y amigos, llevándose víveres y un par de animales de cada especie, lo mismo aves que cuadrúpedos. Una vez que lo tuviera todo preparado, debía abandonarse á las aguas y que responder á los que le preguntaran que adónde iba, que se dirigía hacia los dioses para rogarles que esparcieran sus beneficios sobre los hombres. Hechos todos los preparativos, aquel Noé caldeo se embarca con su familia, sus amigos y los animales indicados. Cuando cesó la calda del agua, Xisoutros dejó escapar algunos pájaros que volvieron á poco á la embarcación, no habiendo encontrado punto alguno de la tierra en que posarse. Algunos días después, soltólos nuevamente y al volver traían los piés llenos de lodo; cuando por tercera vez repitió la operación, los pájaros no volvieron. Comprendiendo, entonces, Xisoutros, que la tierra estaba seca, asomóse y pudo ver que la embarcación se hallaba posada en la vertiente de una montaña. Saltó de ella con su familia y el piloto, elevó un altar, hizo sacrificios á los dioses y desapareció con los que le habían acompañado al salir del navio. Los que habían quedado en él, viendo que no volvía, lo llamaron, sin obtener ninguna contestación, hasta que, al fin, una voz de lo alto les advirtió que fueran buenos y piadosos, pues gracias á estas condiciones Xisoutros vivia ya con los dioses, participando de igual honor su mujer, su hija y el piloto. Mandóles que volvieran á Babilonia, que sacaran los manuscritos enterrados en Lippara y que los distribuyeran á los hombres, á todo lo cual se manifestaron obedientes. Esta leyenda, que prueba de evidente manera la causa que generalizó una idéntica en todos los demás pueblos, afirma ya la fundación y existencia de la ciudad, capital más tarde del imperio, que á tan grande esplendor, llegara y del que nos ocupamos por ver si con cualquier objeto se establecieron allí sociedades secretas. De los pri- meros tiempos, como hemos dicho, no se sabe nada y áun no han podido aclararse ninguna de las muchas cuestiones á que entre los orientalistas han dado lugar las dinastías citadas en primer término por Berosio. No sirven á nuestro fin investiga- clones de esta naturaleza, por lo que, ateniéndonos sólo á lo perfectamente claro y determinado, nos fijaremos sólo en las instituciones sociales políticas y religiosas de este pueblo, para ver si hallamos algo útil á nuestro fin. Las maravillas y grandezas TOMO II XI LXXXII KISTORIA GENERAL de Babilonia se cuentan son bien conocidas de todos, mas nos parece conveniente que trasladar aquí la descripción que de ella hace Herodoto, que cinco siglos antes de nuestra era se trasladó á ella con objeto de escribir la historia de aquel pais, según él mismo condesa, verdad y por lo que hemos de suponer en este relato la mayor y exactitud. «La ciudad,—dice el gran historiador griego,—se halla construida en una extensa llanura, formando un cuadrado perfecto, cada uno de cuyos lados tiene una extensión de ciento veinte estadios (1), siendo la total de cuatrocientos ochenta esta- dios (2b Tal es la superficie de Babilonia, construida con una magnificencia tal, que excede á todas las demás poblaciones conocidas. Está rodeada de un foso muy ancho y profundo, lleno de agua, tras el que se encuentra un muro cuyo espesor es de cin- cuenta codos reales (3) y su altura de doscientos (4). Necesario es decir aquí, en qué se empleó la tierra que fué sacada del foso. A medida que se iba sacando la tierra, se construían inmediatamente ladrillos, y cuando se tenia un número considerable de éstos, se les hacia cocer en horno, recubriéndolos luégo con una capa de asfalto caliente. Con ellos construían, primero, las paredes del foso y después los muros. En lo alto de éstos en sus extremos se alzaron torres pequeñas de un solo piso, vueltas y las unas hacia las otras y dejando entre ellas el espacio necesario para que pudiera pasar un carro tirado por cuatro caballos. En la extensión de la muralla se contaban cien puertas de bronce cuyos dinteles y jambas eran del mismo metal. La ciudad dividida el rio dos porciones iguales. El interior de la población, lleno de está por en casas de tres y cuatro pisos, está atravesado por anchas calles que se cortan en án- éstas gulos rectos, las unas paralelas, las otras perpendiculares al río. Cada una de termina en una puerta que se abre en la mamposteria del muro y por más que el número de las calles sea considerable, hay otras tantas puertas, siendo todas de bronce.» Hasta aqui la descripción que Herodoto hace de la ciudad, sin añadir nada que pueda particularizar las construcciones, asignarles objetos ó determinarles origen. En su mayor parte, cuanto pudo ver el autor de las Historias era relativamente mo- derno, datando de reinados perfectamente historiados ya, si bien pudo hacer mención de un monumento antiquísimo, cual era el templo del dios Belo y el observatorio astronómico construido en él. Hemos dicho al comenzar este capitulo que muchos de los adelantos que posee en nuestros días la ciencia astronómica moderna, eran ya conocidos de aquel remoto pueblo. Favorecidos por un cielo puro y sereno, fueron constantes observadores de los astros, esperando hallar en ellos el conocimiento de todos los sucesos futuros; la civilización caldea, á la que toda-la antigüedad ha hecho justicia, conoció ya la divi- sión de la eclíptica en doce partes iguales,, constituyendo el Zodiaco, cuyos signos ó figuras parecen ser aún las mismas; ellos fijaron la división del círculo en 360 grados (1) Veintidós kilómetros y medio. (2) Mós de veintidós leguas. (3) Veintiséis metros. (4) Ciento cinco metros. DE LA MASONERIA LXXXIII y cada uno de éstos en 60 minutos. Los caldeos establecieron la semana, dividiéndola en siete días y regulando de este modo una manera fija y uniforme de contar el tiem- po; pero todos estos adelantos, algunos de los que se encuentran latentes en el formu- larismo de la masonería, no son más que detalles recogidos y aprovechados poste- riormente, las más de las veces, sin razón ni motivo para ello. No fueron éstos, cierta- mente, adelantos que pueda decirse se deben, ni en poco ni mucho, á sociedades secretas, ni páblicas, cuyo primero y principal fin fuera la difusión de los conocí- mientos. Estos progresos materiales reconocen una causa bien distinta, que se vis- lumbra desde que 'hemos apuntado que el observatorio astronómico que aquellos gabinetes de cálculos, se hallaban formando parte del soberbio templo de Belo; asi lo hallamos consignado en autoridades que no pueden discutirse ya. Herodoto, ha- blando de aquel magnifico templo, dice: «En el centro de las dos partes de la ciudad puede observarse una magnifica construcción, el palacio del rey, cuyo circuido muy extenso está fortificado y después el templo de Belo, que áun existia en mi tiempo. Es cuadrangular y cada lado puede tener dos estadios; en medio se éleva una torre ma- ciza que tiene un estadio de largo y de ancho. Sobre esta primera torre se eleva otra y luégo otra, hasta el número de ocho. Hasta la más alta puede subirse por una rampa que circula por fuera de ellas.» Diodoro de Sicilia, mucho más moderno, dice en su Biblioteca histórica: «Entre otras obras, Semiramis hizo elevar un templo á Júpiter, al que los caldeos llaman Belo. Como los historiadores no están conformes en lo que se refiere á este templo, y como este monumento ha sido destrozado por el tiempo, es sumamente difícil dar una descripción exacta. Sin embargo, se ha reconocido unánimemente que era prodigiosa la altura de este edificio y que los caldeos habían establecido allí un observatorio, cuya elevación les permitía determinar con toda exactitud la salida y puesta de los astros.» Estas autoridades, asi como otras muchas, no permiten dudar que la famosa torre formaba parte de un templo y que á los sacerdotes encargados del culto que allí se rendia es á quienes se deben los importantes cálculos y observaciones de que hemos hecho mención, mas antes de pasar adelante, nos parece justo, siguiendo el plan que nos hemos trazado, estudiar qué culto, qué creencias religiosas eran las de aquel pue- blo, para deducir, en vista de ellas y también de las político-sociales, si es posible que en aquella nación descollara algo semejante á la masonería. De la misma manera que, dados los usos y costumbres de los antiguos pueblos, es imposible admitir que la constitución de la familia fuera en alguno de ellos tan moral como lo es después de la civilización cristiana, asi tampoco cabe suponer que pudiera establecerse en ellos alguna sociedad que exigiera elementos á cuya elevación no po- dían llegar nunca, y áun de suponerlo, cualquiera podria servir para el caso menos el caldeo. La historia antigua no registra en sus anales ningún puehlo más grosero y material que el que nos ocupa, ni tampoco uno cuyas costumbres disten más de la moral exigida y exigible á los hombres que viven en sociedad. En las primeras épocas, en aquellos días de los que, como hemos dicho, es sumamente poco lo que se sabe, lo más natural es suponer que la religión de los caldeos fuera el poético naturalismo que LXXXIV HISTORIA GENERAL se sorprende en los comienzos de todas las civilizaciones, mas cuando llegaron á rea- lizar en la astronomia los adelantos que acabamos de señalar, entonces vieron en los astros poderosísimas divinidades, cuyos sentimientos y cuya voluntad manifestaban con sus movimientos y con sus posiciones. En esto se hallan conforme todos los au- tores y esto puede fijarse una vez conocidos los objetos de culto á que se les tributaba en aquel pueblo y que eran Samas, el sol; Sim, la luna. Los cinco planetas: 1." Adar, equivalente al Saturno romano, el fuego, el podero- so, el potente Hércules babilonio. 2." Merodach, (Júpiter), el más viejo de los dioses, el juez supremo, el superior horóscopo. 2° Nergal, (Marte), el más grande de los héroes, el superior de las batallas. 4." Istar, (Venus), la diosa feroz y sanguinaria de los com- bates, la reina de las victorias, que en la forma y bajo el nombre de Nana, era la diosa de la reproducción de los hombres y de la voluptuosidad. 5.° Nebo, (Mercurio), la in- teligencia suprema. Además de estas divinidades, deducidas única y exclusivamente de la observación de los astros, tenian otras, tales como la que los escritores griegos designaban con el nombre de Oansies, el primitivo caos, el Señor de las tinieblas. Belo, el creador del mundo, el padre de los dioses. Ao ó Bin, el organizador del mundo, la inteligencia. Anaitis, la materia fecunda y pasiva. Bilit ó Militia, la madre de los dioses; la Naturalesa, que revestia las dos formas contrarias de Taauth, la gran señora grave y severa, y.Larpanit, la mujer voluptuosa, en honor de la que, todas las de su sexo debían sacrificar su pudor una vez en la vida y: Succoth-Benoth, que presidia la prostitución. Este sabeismo, en vez de tender á la unidad, como vemos que viene sucediendo en los pueblos que llevamos estudiados, degeneró en una verdadera idolatría, pero afee- tando las más extrañas y repugnantes formas, pues hay que desechar la creencia de que sean puras imaginaciones de Berosio, aquellos hombres alados con dos cabezas y dos caras, aquellos seres mitad hombres mitad animales, aquellos toros con cabeza humana, los perros de cuatro cuerpos y cola de pescado y los demás monstruos que representaban aquellos dioses, pues así se ven pintados, en los cilindros y piedras grabadas que les servían de amuletos. A estos repugnantes Idolos, rendían culto y ofrecían sacrificios, á estas monstruosas divinidades hacían sacrificios y presentaban votos, ellas eran las que formaban el repugnante panteón caldaico. Si de los pervertidos sentimientos religiosos que esto representa y que se invetera- ron en aquel pueblo hasta su desaparecimiento, pasamos á los sentimientos morales que pueden deducirse de las costumbres y de las instituciones, no será menos descon- soladur el cuadro. Cuanto dijéramos pudiera parecer exagerado si no tuviéramos en nuestro apoyo autoridad de tanto respeto como el historiador griego á quien nos he- mos referido, testigo presencial en su viaje de muchas escenas de corrupción admitidas allí corrientemente y que prueban, además, la ciega idolatria y fanatismo de aquel pue- blo. Debajo de las ocho torres que, como ya hemos dicho, tenía el templo de Belo, había DE LA MASONERIA LXXXV una ancha capilla y en ella un lecho magníficamente adornado y cerca del que se vela una mesa de oro. En aquella capilla no puede pasar la noche más que una mujer del país, escogida por el dios y á la que designan los sacerdotes de Belo. Estos sacerdo- tes dicen que el dios acude á su templo y descansa en el lecho que le tienen prepa- rado. Buena prueba es ésta del inmenso poder y facultades de la clase sacerdotal en aquel país, á la que, indudablemente, todo estaba sujeto y sometido, y bien clara- mente manifiesta la depravación y embrutecimiento de ios que tales y tan vergonzosas prácticas admitían; mas áun existian otras que robustecen de mejor modo nuestros asertos; por desventurados que pudieran parecer á primera vista. Dejemos hablar á Herodoto, pues de este modo podrán parecer menos duros los términos que hay que emplear necesariamente para narrarla. «De todas las costumbres, prosigue Herodoto, la más vergonzosa es la que voy á referir. Toda mujer que baya nacido en Babilonia debe ir, por lo menos una vez en su vida, á las cercanías del templo Mylitta y entre- garse á un extranjero. Las mujeres ricas ó distinguidas que no quieren que se las con- funda con las demás, se hacen llevar en coches abiertos hasta cerca del templo, lie- vando numeroso cortejo de criados, pero el mayor número va sencillamente á sentar- se en el terreno consagrado á la diosa, llevando la cabeza ceñida con una cuerda y sucediéndose en las plazas; las unas llegan cuando las otras se retiran. Para diferen- ciar los distintos rangos de las mujeres allí reunidas, se forman una especie de ca- lies divididas por medio de cuerdas. Los extranjeros las recorren y hacen su elección. Una vez que la mujer ha ocupado un sitio, no puede volver á su casa sin que algún extranjero le baya echado algún dinero en la falda y la baya llevado fuera del tem- pío, á un lugar en el que ella se abandona á él. La mujer, por módica que sea la suma que le arroje, no la puede rehusar, pues aquel dinero se respeta como sagrado, y del mismo modo, debe seguir al primero que se lo baya arrojado, sin que pueda des- deñar á persona alguna. Cuando deja al extranjero, hace constar que ha cumplido aquel deber religioso con respecto á la diosa; en seguida se retira á su casa y por grandes que sean los ofrecimientos que le bagan, no tiene obligación de entregarse á ningún hombre. Las mujeres notables por su hermosura ó por su buen'cuerpo, cumplen muy pronto este deber, pero aquellas á las que la naturaleza no ha favorecido, permanecen allí mucho tiempo antes de poderlo cumplir.» Es tan vergonzosa y repugnante esta costumbre, excede tanto de todo lo que puede pensarse acerca del abusivo poder de la clase sacerdotal, que muchos autores se han negado á darle crédito; mas hechos análogos observados por los viajeros en distintos pueblos, vienen á quitar toda duda, haciéndola admitir como cierta. No menos in- moral era, ciertamente, la de conducir á todas las mujeres que se hallaban en estado de casarse á un lugar en el que las subastaban públicamente, entregándolas, al fin, al que mayor precio ofrecia por ellas, y áun algunas más que acreditan una inmoralidad de la que bien puede decirse que resiste á los sentimientos más pervertidos. Más que nada, llama extraordinariamente la atención observar que no hay palia- tivo ninguno á tales costumbres en la historia de aquel pueblo, sino todo lo contrario, la inmoralidad se acentúa cada vez más, basta tal punto que, encenagados en los vi- LXXXVI HISTORIA GENERAL DE LA MASONERIA dos más atroces, ven que todo perece, que todo se derrumba, sin que haya nada que se oponga ni tienda á neutralizar los efectos de una depravación tan grande. Entre todas las instituciones que pueden estudiarse alli, no hay una sola cuyo carácter sea moral ni en su fondo ni en su forma. Corte fastuosa y corrompida, ciudad que de los hebreos mereció el nombre de la gran prostituta^ desaparece en el tiempo sin que de ella se pueda recordar más que los adelantos conseguidos en la astrologia y en la as- tronomía y su lujo y su soberbia. No hallamos, pues, nada en aquel pueblo que sea ni pueda ser aprovechable á nuestro objeto, que bien mirado, sus usos, sus costumbres y su religión no son á pro- pósito para engendrar sociedades cuyos fines sean elevados y puros. CAPÍTULO ÍX El Egipto.—Su civilización.—Prejuicios y quimeras de los historiadores de la masonería.-Fundamento ra- cional de nuestro método.—Condiciones exigibles á toda obra histórica.—Las emigraciones como ley ge- neral de los pueblos.—Excepción que á ella constituye el Egipto.—Su situación topogràfica.—Ventajas del terreno.—Beneficio que le irroga el Nilo.—Definición de Herodoto.—Uniformidad del carácter egipcio. —Causas eficientes de ello.—Condiciones necesarias para el establecimiento de los pueblos.—Culto tribu- tado al Nilo.—Fundamento de los antiguos mitos y religiones.—Procedimiento errado de algunos de nuestros predecesores. — Demostración.—La antigüedad de una institución no puede bastar para determi- nar su carácter.—Imposibilidad de estudiar aisladamente la institución masónica.—Relación entre el fondo y,la forma, por lo que toca á instituciones y sociedades.—Opinión de Amrú acerca del Egipto.— Fuentes de conocimiento para el estudio de esta nación.—Inscripciones de los templos y de las tumbas.— La lista de Manetón.—Opiniones emitidas acerca de ella.—Fragmentos deLulio el Africano y de Ensebio. —Las tablas del templo de Abydos y de Laggarah.—Divisiones del Egipto.—Parte aprovechable para nosotros. s hoy una cuestión acerca de la que no cabe la menor duda, que si se tratara de escribir una historia general de la civilización, habría que comenzarla, necesariamente, por el Egipto, por ser el pueblo que en el orden del tiempo la determina y particulariza primero. Antes de ocu- parnos de este pueblo admirable, que tan importantísimo papel desempeña en la an- tigüedad, hemos analizado la particular historia de otros, porque nos daban con sus singulares ideas un orden más acertado para nuestra investigación. De todos ellos han deducido elementos algunos historiadores de la orden masónica, para querer probar que los flnes, ceremonias y ritos de esta sociedad se pierden en la tenebrosa noche del tiempo, como sucede aún con infinito número de ideas que no han podido desentrañarse, ideas que en si están perfectamente conocidas, pero de las que, por desgracia, se ignora en qué momento histórico aparecieron ni cual fué la causa pri- maria que agitó el cerebro del hombre para darles sér y vida. Paulatinamente y siem- pre con la más grande imparcialidad, hemos presentado los motivos en que nuestros LXXXVIII HISTORIA GENERAL predecesores se han apoyado para aventurar las hipótesis que hemos combatido y no ha podido menos de quedar tranquila nuestra conciencia al hacer observar cuán dis- tantes se hallaban tales causas de los efectos que han querido asignarles. Preceptos religiosos, disposición de los templos, ceremonias del culto, prácticas religiosas y hasta consecuencias de la organización social^ se han aprovechado para establecer el origen de la masonería, y ya hemos visto que ni en la India con su orga- nización puramente religiosa y coh las reservas establecidas en su culto, ni en la Persia con su dualismo, ni en la Caldea con su mitologia monstruosa y su astrologia, hemos podido hallar nada que justifique las opiniones á que nos estamos refiriendo. El orden racional de toda historia, no puede ser otro que el que nos hemos prescrito, el que han seguido antes que nosotros, en todas las ramas del saber humano, autori- dades dignas del mayor respeto, á las que en modo alguno hemos de perder de vista. Por esto, sin duda^ nuestra peregrinación es larga y sobre larga tiene que ser penosa antes de llegar á presentar á nuestros lectores algo que pueda tenerse como cierto y digno de entero crédito, algo que se apoye en documentos y pruebas irrefutables y no en sutilidades y parecidos^ hijos, las más de las veces, de visiones ó de deseos vehe- mentes que no conducen más que al error. Si en los pueblos que hasta aqui llevamos estudiados no nos ha sido posible en- centrar más que remotos detalles de formas, ¿nos sucederá lo mismo con el Egipto? Lo ignoramos aún; jamás fuimos aficionados á emitir ideas que más tarde tuviéramos que recoger ni quisimos nunca aventurar hipótesis faltas de fundamento, porque tal sistema, sobre no ser formal, es muy poco conducente á buen fin, y áun, sobre todo esto, podemos poner la consideración de que no hemos de incurrir precisamente en los defectos que de otros estamos censurando. Sin que sea nuestro ánimo dar carác- ter complexo á la obra que escribimos, hay necesidad de hacer un sumario estudio de la antiquísima civilización de aquel pueblo, es necesario estudiar sus creencias, sus gustos y sus artes, para poder llegar luégo á formales conclusiones, afirmando ó negando lo que se ha dicho de él con respecto á la masonería. Cual más, cual menos, todos los pueblos del antiguo Oriente se han movido de los lugares en que aparecen y han podido ser sorprendidos por la sagaz mirada del his- toriador en aquellos movimientos necesarios para su vida y para su cultura. Las an- tiguas nacionalidades que se repartieron la bendita tierra del Asia, no han tenido siempre sus reales allí donde más tarde puede ser estudiada la civilización llegada á su más alto apogeo; no, casi siempre todos los pueblos, antes de establecerse en el lu- gar en que alzaran definitivamente sus hogares y edificaran los templos para sus dio- ses, han realizado una serie de correrías buscando precisamente lo que les era más necesario, las condiciones aptas para la satisfacción de sus necesidades, que no pueden ser las mismas en tanto que los hombres van errantes en pos de sus ganados que cuando se asientan para constituir la ciudad. Pero á esta ley hay una excepción que más y más sirve para confirmar su general carácter, excepción tal vez la única que puede presentarse y que está constituida por el Egipto. El pueblo egipcio aparece en la historia perfectamente establecido en el lugar á que su reino está circunscrito; po- w DE LA MASONERIA LXXXIX drán determinarse en él elementos que en modo alguno le son propios y más tarde se podrán advertir otros que se ingieren gracias á determinadas circunstancias, pero es perfectamente cierto que tal pueblo no tiene en la historia periodo de peregrina- ción, ni de emigraciones, sino que se presenta á ella fijo y establecido ya. Arduas cuestiones se han suscitado entre los sabios al querer determinar el carác- ter de aquel pueblo, deduciéndolo, como es natural, de sus caracteres etnográficos, mas imposible nos es á nosotros entrar en ellas, por lo muy distantes que de nuestro fin se encuentran y la poca relación que con nuestro objeto tienen. Como hemos di- cho, la historia halla al pueblo egipcio asentado en lo que es del dominio de sus farao- nes, está establecido cuando lo vemos por primera vez al través del inmenso espacio de tiempo que de él nos separa, y la causa de esto es tan obvia y sencilla que salta á la vista desde luégo. El hombre no se detiene nunca, sigue constante su marcha en pos de los ideales que acaricia, y estos ideales, por más que en ocasiones se hayan querido disfrazar con pomposos nombres, no son otros que la comodidad y el bienes- tar que anhela. De la misma manera que el hombre, proceden los pueblos; agrupados los individuos que los componen, marchan incesantemente de unos lugares á otros, hasta lograr el que más sirve á sus designios; una vez que lo han encontrado, se detie- nen y viven en él hasta que, ó el exceso de población ó nuevas necesidades, les hacen emprender de nuevo la marcha. Los elementos que un día llegaron á componer al pueblo que alzara las Pirámides, fueron sin disputa más dichosos que otros, hallaron lo que á la vida les era necesario y se fijaron en época tan remota que aún no ha po- dido ser determinada. ¿Cuáles han sido las causas de esto? Bien sabidas son de todos: tal vez nadie desconozca el inmenso beneficio que proporciona el Nilo al extenso valle que riega, tal vez ninguno ignora el abono que á las tierras aquellas proporciona con sus periódicos desbordamientos, y esto, unido á las purezas y encantos de aquel cielo, fueron sin disputa las causas que dieron lugar á que la región aquella quedara escogiíada para asiento de un gran pueblo. Sin duda ninguna, el primero que en calidad de viajero visitó el Egipto fué el bis- toriador griego Herodoto, que comprendiendo lo que acabamos de manifestar, dice en el libro segundo de su obra: «El Egipto es un regalo del Nilo.» Pocas frases habrá ni tan oportunas ni tan justas como éstas; con ninguna, tal vez, se podria dar un con- cepto exacto de lo qué es aquel extenso y fértilísimo valle. Se ha emitido la idea, y es muy posible que sea cierta, de que ambas orillas del famoso rio y en una extensión considerable, formarían, en una época, parte del lecho mismo, y que estrechándose más cada dia, dejándolas al descubierto, han presentado campo á la agricultura, á cuya sombra vivió tanta grandeza. ¡Singular carácter el de aquel río! Ninguno se le parece ni se le asemeja, ninguno ha podido ser mirado con el legítimo cariño y res- peto que aquél. Los demás ríos conocidos pueden, con sus aguas, sólo refrescar las tierras adyacentes á su curso y las que se encuentran á muy poca distancia, si son muy bajas; cuando se desbordan, lo hacen de una manera torrencial y violenta, sin que nada ni nadie los pueda parar ni contener, y entonces todo lo que producen son destrozos y estragos que son difíciles de reparar más tarde, cuando hallando seno las TOMO 11 xn XC HISTORIA GENERAL turbulentas aguas en los mares, que no logran alterar, vuelven á su cauce y se aman- san y se tranquilizan. Precisamente, todo lo contrario sucede con el Nilo; su corriente normal y pacifica, por entre los bordes sembrados de palmeras y juncos, dará sólo idea de aquel carácter monótono y uniforme que caracteriza al pueblo que vive en sus orillas. Pero cuando en época fija y determinada, en cada año, deja su cauce, y su- biendo poco á poco se extienden sus aguas á todas las regiones cercanas, entonces el habitante de aquel hermoso valle se muestra satisfecho y contento, pues ve claros indicios de prosperidad y bienandanza; no sólo aquellas aguas humedecerán la tierra, facilitando así las operaciones de la agricultura, sino que dejará sobre ellas una capa de limo, una corteza de tierra vegetal, gracias á la que quedarán tan fecundizadas que las semillas darán tres cosechas por año. Las primeras tribus que fueron á establecerse en la región aquella, encontraron, seguramente, que empleando poquísimo trabajo lograrían asegurar su subsistencia, llevando asi una vida cómoda y tranquila, exenta délas fatigas y penas que se advier- ten en los comienzos de otros pueblos, que cazadores primero y ganaderos más tarde, no viven ni reposan, sino que en constante ejercicio y agitación han de seguir años y siglos, basta que una llanura les presenta condiciones de vida, que nunca, por hue- nas que sean, llegarán á reunir las que ofrece el valle del Nilo. Para que los pueblos salgan del estado de abyección y de barbarie en que se les puede soprender en sus primeros días, hace falta, en primer término, como constantemente se viene observan- do, algo que dé tranquilidad al hombre, á fln de que no teniendo que preocuparse en lo absolutamente inmediato, pueda dejar ancho y vasto campo á su fantasía, y que ésta, junta con las demás condiciones que elevan al hombre hasta la divinidad misma, se esparza en la contemplación y en el estudio. Los pueblos dedicados al pastoreo tardan mucho en llegar á este estado, por las razones que acabamos de señalar; faltos de tranquilidad y sin reposo, viven un dia en un sitio, al siguiente en otro, expuestos siempre á perder sus rebaños en los accidentes naturales del terreno ó por enfermeda- des que, áun hoy mismo, no sabe combatir la ciencia, y, bien mirado, lo mismo sucede hasta en los pueblos agrícolas cuando no gozan de ios privilegios que difunde el Nilo; los años muy lluviosos, lo mismo que aquellos en que se hace notable la escasez de agua, lo mismo por una razón que por la otra, se atrofian los campos, las simientes se pier- den, la vegetación niega el esplendor de sus galas y el pueblo que sólo contaba con aque- lio, el pueblo que sabía que de los frutos de la tierra dependía todo, había de perecer inevitablemente, dado que los medios de comunicación y las facilidades del comercio no estaban tampoco á su alcance. El bien no podia ser absoluto para el Egipto. Según que las aguas del fecundante rio hayan subido más ó menos, asi será mayor ó menor la cosecha, pero ésta no faltará jamás, y uno de aquellos ribereños podrá temer la llegada de un año en el que sea difícil y doloroso pagar los impuestos, pero no la del en que no tenga que comer y perezca de hambre. Motivos más que fundados son estos para que el egipcio, frío é indiferente de suyo, poco aficionado á las investigaciones y nada acostumbrado á la observación, se atu- viera á lo que veia y palpaba y tributara al benéfico rio un respeto casi religioso, un DE LA MASONERIA XCI verdadero culto, elevándolo á la categoría de los dioses, pues ha sido achaque común á todos los pueblos antiguos, deducir el concepto de la divinidad de los agentes exte- rieres y no de las cualidades elevadas que forman el principal patrimonio del sér inteli- gente y libre que se llama hombre. Donde quiera que los humanos han visto y obser- vado alguna cosa que llamaba extraordinariamente su atención y que no podían ex- pilcarse, fuéranle adversos ó favorables sus resultados, vela, cuando no una divinidad, una manifestación de la divinidad misma, creándose asi esas religiones que hoy, da- dos nuestros conocimientos, nos parecen monstruosas, pero que en aquellos remotos tiempos tenían perfecta razón de ser. Con todas las instituciones que pueden estudiarse en la general historia de los pue- blos, hay que proceder de atinada manera á fin de que el juicio resulte propio y acer- tado. Y no es sólo cuestión de tiempo, como muchos se figuran; no está la dificultad precisamente en armonizar la institución ó la idea con la época que alcanzara mayor ñorecimiento ó esplendor, no; es menester tener muy presente las particulares condi- clones de cada pueblo, asi como también las notas esencialisimas de las instituciones sometidas á nuestro juicio, á ver si concuerdan perfectamente, pues olvidándonos de esto, seria sumamente fácil y sencillo que se aventuraran descabelladas opiniones, falsas en su base. Si hacemos aqui esta digresión, es porque creemos necesario, en absoluto, desvirtuar toda prevención que pudiera surgir, ó que haya surgido ya, en presencia de algunas de nuestras afirmaciones. Imparciales de todo punto, gustamos de dar á cada cual lo que es suyo; serios y formales, hemos emprendido un estudio sin sentir preocupado á nuestro ánimo en pro de esta ó de la otra conclusión. No somos panegiristas de nada ni de nadie, y fijos y seguros en nuestro plan, en nuestro método, hemos de seguir rectos nuestro camino; alabamos sin reserva lo que es bueno y con la misma franqueza censuramos lo que es malo; procuramos hacer sólo lógicas conclusiones, y no siendo nuestro deseo otro que el decir la verdad tal como la halla- mos, hemos negado hasta aqui y áun anticipamos que lo habremos de seguir hacien- do, el que la masonería tenga el remoto abolengo que algunos le han querido asignar. Lo mismo en la asistencia á los templos que en la lectura de los documentos que constantemente se publican, que en el estudio de obras acerca de las que há tiempo se ha formado elevado concepto, vemos dominar tenazmente esta idea, que no sabemos por qué ha nacido pero que subsiste arraigada con indecible fuerza. No son pocos los que con una seriedad digna de mejor causa, aseguran que toda la antigüedad estuvo minada por la masonería; fijándose en elementales coincidencias, dejándose llevar de sencillos parecidos, con todo lo que puede perfectamente justificarse lo mismo esto que otra cosa cualquiera, se aferran más en su creencia, sin que aún nos haya sido po- sible comprender qué es lo que con semejante táctica esperan conseguir. Lassocieda- des no adquieren el carácter de bondad que las pueda hacer recomendables mediante el mayor ó menor tiempo que subsistan, ni se extrema la eficacia y la necesidad de los fines que esperen conseguir cuanto más remoto sea el origen que se les asigne; esto serla reducirlas á la categoria de los vinos, esto equivaldria á querer seguir con todas, la absurda práctica de la institución social que vive aplicando á los vivos los XCII HISTORIA GENERAL méritos de los difuntos. Por otra parte, el desmedido afán de los autores que con las ideas que dejamos apuntadas quieren elevar más y más á la institución masónica, parece tiende á probar que las sociedades modernas no pueden tener en su credo al- guna cosa que las haga recomendables. Nada tan desconsolador como semejante teoría, nada tan absurdo ni tan despro- visto de sentido. Por esto hemos protestado y protestaremos siempre del vehemente anhelo que se ampara de muchos, arrastrándoles á buscar precedentes á todo lo que ya se encuentra organizado. Los genios de todas las épocas coinciden, felizmente, en algunos puntos á los que llegan siempre por muy encontradas vías, mas esto no quiere decir ni que fuera el mismo el orden de la especulación ni tampoco que bu- hieran podido ser los mismos los fines á que llegaran. Las sociedades y los institutos hay que estudiarlos en sí, hay que analizarlos en el punto en que los encontramos para juzgár de su conveniencia ó de su bondad, pues muy bien puede suceder que lo bueno y conveniente hoy, en los días que vivimos, diera fatales resultados de aplicar- se en épocas pasadas, del mismo modo que no tendrían más remedio que parecemos odiosas las instituciones de que resultaron tanto provecho para pueblos que ya viven sólo en la historia. Por otra parte, afirmar que la institución que descuella en un de- terminado momento es buena porque se le pueden encontrar precedentes en la bis- toria, ó querer significar que son mayores sus méritos gracias á esto, es tan absurdo como querer atenuar los méritos de un hijo porque el padre los poseyera en igual ó mayor grado. Para hacer más clara y palpable nuestra teoria, nos serviremos de un ejemplo cuya aplicación es grande al asunto que tratamos. Aparece el cristianismo en el siglo primero de nuestra era; se esparcen, se difunden sus santos principios, aporta los incalculables beneficios de que disfrutamos, normaliza la condición de los hom- bres, nos hace hermanos y nos prescribe amarnos los unos á los otros, como tales; eleva la condición de la mujer hasta hacerla nuestra compañera, de sierva que antes era; santifica y sublima el carácter de madre, da consuelo para las tribulaciones y mi- serias de esta vida, y, en una palabra, los pensadores y los hombres de buena fe, los pueblos enteros y la mayor parte de la humanidad, por último, aceptan esta sencilla doctrina, predicada con tanta humildad y sostenida con tanto valor y arrojo. Sobre- viene la inevitable lucha que precede al afianzamiento de toda doctrina, y al llegar la época de la discusión, no faltan los que, proponiéndose desvirtuarla, dicen que sus principios, que sus dogmas y sus conclusiones no son sino trasunto de la severa mo- ral de Sócrates, conservada en las obras del sublime Platón, al que no sin causa lia- mara su época divino. Si se enuncian, aislados y separados, algunos principios, esto pudiera parecer cierto, mas bien distante se halla de la verdad la conclusión citada cuando á su examen se aplica la sana critica y el estudio detenido. Bien distinta re- sulta la moral de Sócrates de la moral del Evangelio, atendiendo á que la una podia muy bien subsistir en una nación cautivada por la forma, en la que existia la odiosa división de hombres libres y de esclavos y en que la mujer ó estaba relegada al fondo del gineceo, como sierva, ó tenía que incurrir en el desprecio de las gentes, lan- DE LA MASONERIA XCIII zándose á la calle y constituyendo la clase de las hetarias, mientras que la otra pres- cribe la igualdad para todos los seres^ eleva sus condiciones y tiene por base el amor entre sus semejantes. Ahora bien, y una vez visto hasta el convencimiento que debe- mos abrigar que la moral cristiana no tiene precedentes en la historia general de los pueblos, ¿debemos concluir por esto que sus méritos sean menores? Creemos que no, y no podemos suponer haya quien dé una contestación contraria á la nuestra. Las instituciones, volvemos á repetirlo, no adquieren mayores méritos por su gran anti- güedad, y siendo la masonería ni más ni menos que una institución, está bien claro que su bondad, si es buena, no decrece por no haberse establecido en los remotos tiempos de que sólo se guarda memoria, de la misma manera que si es mala, no se la podrá considerar de distinto modo por igual causa. Esto que decimos no puede servir para afirmar tampoco que sea reciente, ni reía- tivamente moderno el establecimiento de la masonería; hace siglos ya que se la ve vivir en el seno de los pueblos cultos y civilizados, determinando grandísima inñuen- cia y siendo causa de efectivos progresos, razón porque no se la puede estudiar aisla- damente sino en intimo consorcio con las demás revelaciones de la sociedad en gene- ral, y si bien hemos negado y negamos á reserva de hacer en el curso de nuestro es- tudio que la masonería haya subsistido en los antiguos pueblos del Oriente, tampoco podemos dejar de hacer un concienzudo estudio del movimiento intelectual de ellos, pues fácil es que hallemos en él los detalles y elementos que han servido para asignar á la institución masónica el carácter vetusto que le suponen. Si bien es cierto que en- tre el fondo y la forma debe existir la más completa y absoluta relación, no es este un principio al que todo deba sugestionarse y por el que todo deba regirse. Conviene pro- ceder con mucha calma para no dejarse seducir por el ropaje y caer en exageraciones inconvenientes; el traje con que nos presentamos en sociedad es el que la misma so- ciedad prescribe, mas en esto difieren las instituciones de las personas y en tanto que el fondo de éstas cambia y se adapta á las necesidades de la época por que atraviesa, puede subsistir la forma que arbitrara para presentarse por primera vez. Hé aqui explicado de un modo más claro que el que hasta aqui empleáramos, el sistema que venimos siguiendo y las razones que tenemos para pensar como pensa- mos y obrar como venimos obrando. Determinado ya el primitivo carácter del Egipto y también sus primeras creencias y su originaria manera de ser, debeiDos añadir una nota muy importante, cual es la uniformidad que en todo y para todo se advierte en aquel pueblo; la tierra misma se resiente de ella, todo la atestigua y todo contribuye á afirmarlo. Cuando Amrú, faná- tico partidario del califa Omar, emprendió la conquista del Egipto para engrandecer á su soberano, no pudo menos de desanimarse al conseguirla, y buen testimonio de ello es la carta suya en que le dice: «Sabed, señor, sabed, jefe de los creyentes, que el pais de Egipto no es más que tierra negruzca y plantas verdes entre una montaña de polvo y una arena rojiza. Entre su montaña y su arena, tiene llanuras más altas y más bajas; por en medio del pais corre un rio bendecido por la mañana y favorecido del cielo en la tarde, que fluye, aumentando y disminuyendo, según los movimientos XCIV HISTORIA GENERAL del sol Ó de la luna.» Esto decia quien, efectivamente, no podia fijarse en otra cosa, quien más que nada hubiera ambicionado riquezas que atesorar, quien no podia ni estudiar ni comprender aquella potente civilización que aun nos asombra; pero en toda la región aquella, en aquel reino al que constantemente fecundiza el Nilo, bay que ver el esfuerzo poderoso del genio, la lucha de la inteligencia, el afán de mejorar, dándole, con todo, motivo para un desarrollo cientifico, religioso, politico, social, que es necesario tener muy presente y no perderlo de vista un solo punto, cuando se trata de determinar y concretar cualquiera de las convulsiones que la humanidad ha sufrido. Cuanto basta aqui se sabe de la historia antigua dcd Egipto, puede decirse, sin fal- tar en nada á la verdad, que se debe á los conocimientos adquiridos en los templos y en las tumbas. El egipcio, como es sabido, tributaba respetuoso culto á los seres que fueron y conservaba con piadoso cuidado los despojos mortales de sus mayores, á fin de que al encarnar nuevamente el alma en el cuerpo á que ya en una época anterior babia animado, lo encontrara intacto y puro. A cada momia acompañaba un papiro, historia de la vida que en el mundo babia tenido, manifestación de sus deseos á más allá de lo conocido; papiro que turbaba, digámoslo asi, el silencio misterioso de aque- lia mansión de olvido y muerte, haciendo, como es natural, importantísimas mani- testaciones para el futuro. Más que el deseo de tributar culto á las divinidades que adoraban, en aquel país se alzaron templos y monumentos en gran número, destina- dos á perpetuar la memoria de sus fastuosos faraones; bóvedas y paredes se bailaban cubiertas de inscripciones con este objeto y cuando el estudio y la paciencia de bábi- les investigadores ba venido á descifrar aquellos complicados geroglificos, han que- dado manifiestos muchos puntos históricos de grandísima importancia é interés. A esto, más que á nada, se debe, como decimos, el conocimiento que se tiene boy de la remota civilización egipcia; la antigüedad, para que pudiéramos ayudarnos, nos babia legado sólo el monumento histórico conocido con el nombre de Lista de Mane- tón^ gran sacerdote y escriba sagrado contemporáneo de Ptolomeo Filadelfo, que babia escrito una bisioria de Egipto con documentos sacados de los archivos oficiales, con- servados en los templos. Muchas son las conjeturas que se han aventurado acerca de esta obra, que se sabe estaba dividida en tres partes, mas es lo cierto que cuanto acer- ca de ella se diga, no puede pasar de la categoria de hipótesis. Perdida desde hace muchos años, sólo se conservan de ella algunos fragmentos, que conservaron en las suyas Julio el Africano y Ensebio. Perdióse, también, la compilación que el primero de éstos hiciera, pero Jorge el Lyncelo babia hecho una copia del resumen de Mane- tón, que de este modo ba podido llegar basta nosotros. Haciendo comparaciones entre ambos extractos, se ba llegado á formar lo que venimos llamando Lista de Manetón, harto incompleta y defectuosa para que en nada nos pudiéramos fiar á ella, mas este desdén no podia subsistir, en manera alguna, extremado basta el punto que muchos querían. Los defectos de la lista referida consistían, más que en nada, en descuidos ó impericias de los copistas, que poco fieles al texto, habían alterado el orden del pri- mitivo, trastocando, en no pocos casos, la difícil ortografía egipcia. En el fondo babia DE LA MASONERIA XCV una exaclitud que pudo perfectamente comprobarse cuando se halló, en el templo de Abides la tabla redactada ó mandada redactar por Ramsés II, en honor de sus ante- pasados y en la que los enumeraba á todos. Otra tabla descubierta también en Abidos y una encontrada en Saggarah, en la tumba de un sacerdote del tiempo del monarca citado, permitieron hacer nuevas comparaciones, volviendo á Manetón parte del eré- dito que había perdido. Estos monumentos, mutilados é insuficientes de todo punto para reconstruir la historia de un pueblo, son los únicos que acerca del Egipto nos había legado la antigüedad; poca ó ninguna seguridad podían ofrecer para cualquier estudio que quisiera emprenderse, y avivada la insaciable curiosidad que constante- mente nos anima por conocer cuanto ha sido y existido antes de nosotros, comenzóse por sabios distinguidos una investigación, sobre el terreno mismo, que ha dado gran- des y provechosos resultados y que harán eterno el nombre de los que se ocuparon en ella. Auxiliados por unos y otros elementos, puede fijarse y determinarse perfectamen- te la historia del Egipto, mas como tan largo periodo era imposible abarcarlo, esta- blecióse una división fundada en las dominaciones que aquella tierra ha sufrido. De esta división y por ser la que principalmente interesa á nuestro estudio, nos ocupare- mos sólo en la que se refiere al Egipto antiguo, al Egipto típico, para investigar con sin igual cuidado si algo de lo que en él se encuentra atestigua la existencia en ese pais de sociedades secretas, y si alguna de éstas, por el formularismo externo empleado en sus ceremonias ó por los fines que se propusiera conseguir al establecerse, puede considerarse como verdadera masonería ó como punto de arranque para la constitu- ción de la sociedad que con este nombre conocemos en nuestros días. No se deduzca por esto que decimos, que carece de importancia el estudio de los periodos que omi- timos, que son el cristiano y el musulmán, ni se tema que al dejarnos de ocupar de ellos, perdamos elementos que seria conveniente aportar para que nuestro estudio quedara completo. El pueblo egipcio, al plegarse á las exigencias que aportaran á su suelo unos y otros, ha perdido su carácter genuino, se ha adaptado á nuevas prácticas, y si alguna de éstas hubiera podido ingerir dogmas, creencias prácticas ó principios aptos para el desarrollo de la institución que historiamos, más claras y patentes re- sultarán estudiadas en la historia particular del pueblo que haya contribuido á su desarrollo y florecimiento. A más de la división capital que dejamos apuntada, los historiadores particulares del Egipto emplean otras, ateniéndose ya á las dinastías que florecieron en aquel reino, ya á las porciones territoriales en que estuvo dividido, mas ninguna de éstas interesa á nuestro estudio tanto como la que dejamos apuntada, por lo que nos aten- dremos á ella solamente. CAPITULO X El Egipto.—Continuación.—Política, religión y artes.—Manes, primer monarca, fundador de Menfis.—Tra- diciones míticas referentes á la época anterior.—Primeras manifestaciones de los pueblos.—Elementos aprovechables para ellas.—Influencias de la naturaleza y del terreno.—Motivos para el aparecimiento de los templos y las tumbas.—Generalidad de estos motivos en todos los pueblos.—Primeros templos egip- cios. —Caracteres dominantes en ellos.—Ejemplos.—Complicaciones posteriores.—Las pirámides.—De- ducciones de principios en vista de las notas dominantes en los pueblos.—Error en que incurren los que sostienen es la masonería una degeneración de alguna de las religiones de la antigüedad, ó instituto dedu- cido de cualquiera (le las prácticas de los cultos aquellos.—Procedimiento seguido por los que así lo han afirmado.—Falta del principio de libertad en la organización de los pueblos del antiguo Oriente.—La de- mocracia de la antigüedad.—Fundamento de las divisiones políticas de aquella época.—Las clases en Egipto.—Sus caracteres.—Opiniones de Diodoro de Sicilia y de Herodoto. —Carácter especial de la clase sacerdotal en Egipto.-Imposibilidad de establecerse la masonería en aquel país.—Prueba negativa dedu- cida de la división expuesta.—Imposibilidad de establecer comparación entre los colegios sacerdotales egipcios y la masonería.-Fundamento del orden establecido en la clase sacerdotal egipcia.—Diferencias esenciales entre ella y la masonería. ETERMiNADo ol pueblo y SU carácter, tneiendo que prescindir por com- !1 pleto de toda investigación filológica, que sobre llevarnos demasiado lejos es de todo punto ajena á nuestro objeto, entramos ya en lo que direc- tamente nos conduce á él, la religión, la política y las artes. Todos están conformes en afirmar que el primer monarca egipcio fué Manes, fun- dador de Menfis, que floreció, según también el testimonio de Herodoto, al que lo tras- mitieron los sacerdotes egipcios, inmediatamente después del dios Horus, pues las tradiciones míticas no podian faltar tampoco en los comienzos de la historia de aquel pueblo. Partiendo de este punto, no cabe sino afirmar un adelanto considerable en las épocas precedentes, por cuanto los trabajos que se realizaron en este primer rei- nado histórico, lo atestiguan así. Bien cierto es que ningún pueblo utiliza para sus manifestaciones otros elementos que aquellos con que dispone con suma facilidad; es necesario que las artes, que la industria y el comercio hayan llegado á un desarrollo DE LA MASONERIA XCVII considerable para que.dominen en ellas otros que no estén á su alcance y que supon- gan que no se dejan llevar ya los individuos de las primeras impresiones que reciben, cosas todas que no pueden observarse en los primeros monumentos que Egipto pre- senta. Aquel aislamiento en que vivieron durante toda la primera época histórica y áun en la anterior, perdida entre las tradiciones y leyendas miticas, es un elemento de grandísima importancia para el estudio de la civilización egipcia desde sus principios, pues permite apreciarla de claro y distinto modo, sin influencias extrañas que la modifiquen ó la desvirtuen. Estudiando con atención el arte del tiempo de Manes, fundador de la organización monárquica de aquel pais, se ve una marcada tendencia á reproducir ó imitar el de una época anterior, que no ha tenido más motivos de ins- piración que el que la comarca ofrece. La naturaleza egipcia proporcionaba á los ar- quitectos, modelos de que se habían de dejar llevar. En toda aquella dilatada ribera del río bienhechor, al que con justo motivo tributaban tanto respeto, se ven montañas hendidas que parecen tajadas á pico y profundos desfiladeros que presentan abruptas paredes y profundas sinuosidades. Natural y sencillo es suponer que el hombre que desconoce todavía los principios generales de la construcción, se fije en aquello, que le presenta mayor número de facilidades, para conseguir sus albergues y erigir sus templos y panteones. Atentos á esto, es de todo punto sencillo explicarse esas cicló- peas construcciones que tanto llaman la atención y para cuya explicación se han aventurado tantas hipótesis. Más fácil que levantar muros y cimentarlos bien, para que no se derrumben con facilidad; más fácil que discurrir medios para techar el cir- cuito, librando así su interior de la potencia destructora de los agentes exteriores, ha de haber parecido siempre socavar las entrañas de un monte, ahondar, en sus pro- fundidades hasta lograr por este medio un amplio espacio, del que ya era buen mode- lo, ciertamente, la cuenca natural que se presentaba en su superficie. Ahora bien, la profunda cueva practicada de este modo, había de carecer siempre de las más ele- mentales condiciones que han de tener las viviendas humanas; la vida animal se hace imposible en un espacio, por grande que sea, si no se renueva el aire que vicia con el expelido de sus pulmones y si carece de luz que anime y recree su vista; el hombre ha procurado en todas las épocas abrir sus moradas al sol para que las alegre, dejar- las abiertas á los aires para que la saneen, y de aqui que en ningún periodo de la his- toria podamos hallar un pueblo que viva bajo la tierra de que fuera formado el gene- rador de la especie. La vida quiere la vida y para ello nos es necesario admirar como todo subsiste.y acrece en el seno de la creación, pero hay ideas que nos hacen huir de la. luz, que nos llevan al deseo de lo recóndito y misterioso, que tienen en si algo que nos impul- sa á la abstracción, y para esto hay que alejar toda influencia que provenga del exte- rior. Consideremos, sino, lo que ocurre en todo aquello que hiere violentamente á nuestro ánimo, ya por despertarnos un indomable anhelo, ya porque nos priva de las afecciones que nos son más caras, ó ya, en fin, porque nos despierten una avasallado- ra pasión. El sér que á tales agentes se siente sometido, huye la luz y se aparta de IO.MO II xm XCVIII HISTORIA GENERAI. SUS semejantes, se echa en brazos de la religión ó se abandona en la más atisoluta soledad. De parecidas ideas dependen, en los pueblos y en las sociedades, el apare- cimiento de los templos y de las tumbas, lugares en que se hacen vivir ideas, pensa- mientes, recuerdos y esperanzas, pero en los que no pueden vivir las personas. En los lugares que escogitamos para rendir culto á la divinidad, lo mismo que en aquellos á que llevamos los restos mortales de los seres que nos fueron queridos, se observan siempre condiciones de las que acabarnos de enumeiar. Todos los pueblos han convenido en ellas, y cualquiera que sea la religión en cuyo estudio nos detenga- mos, nos dará fehaciente prueba de ello. A los templos, la luz no llega sino por las altas ventanas, próximas á sus cúpulas elevadas, y áun esta luz se ba velado, produ- ciéndose así una penumbra que convida á meditar; las bóvedas repiten, sonoras, los ecos, que se agrandan al extenderse, y todo lo que allí rodea cuanto en ellos puede verse, ayuda al profundo recogimiento á que queremos entregarnos. Mucho más marcado es este carácter en las tumbas; cuando el alma se siente privada de una de esas afecciones que nos hacen vivir, cuando ya no sentimos á nuestro lado el sér en que nos mirábamos, que nos ayudaba y que nos sostenía, caemos en un profundo abatimiento, que se renueva siempre que acude á nuestra mente el recuerdo de la pérdida que lamentamos. Trasunto fiel de estos particulares estados de ánimo y mo- tivos de inspiración, al propio tiempo, llevan al hombre á construir moradas de ca- rácter especial donde se significan sus sentimientos. Hé aqui por qué no deben extra- fiar ciertas construcciones ni quererlas explicar por otros motivos que los que resul- tan de la naturaleza humana. El pueblo egipcio, religioso siempre hasta la más exagerada superstición y que siempre tuvo, con respecto á la muerte, ideas particulares que le llevaron á prácticas formalidades que mucho han dado que hablar, no podía menos que hacer ostensi- y bles manifestaciones de su creencia, al par que revelar en ellas su genio, su carácter, sus condiciones propias, ajenas de todo punto á influencias extrañas. Por esto, para la construcción de sus primeros templos, lo mismo que para la apertura de sus pri- meros sepulcros, aprovecharon aquello que más facilidades les presentaba y socavan- do el terreno los tuvieron en las entrañas de la tierra, dándoles por techo y cúspide las cimas de los montes que horadaban. Buena prueba de todo lo que venimos di- ciendo son el templo de Isambul y el templo de la Esfinge. Más tarde, y á medida que las ideas se desarrollan, se comprende que no pueden liastar las simples aberturas practicadas en la montaña y sobreviene entonces la verdadera obra que se verifica en se abren galerías que terminan en espacios dilatados, de los que parten nue- su seno; vos corredores que se extienden y se bifurcan rodeando siempre, procurando la con- fusión y constituyendo un laberinto, que no es más, si bien se mira, .que la revelación del deseo de que se hallen en mayor seguridad los momificados cuerpos que alli se llevan. Mas aún habrá una nueva manifestación artística que revelará de bien claro modo la particularidad del genio de aquel pueblo, asi como también la persistencia en sus primitivas ideas. Cuando por efecto del tiempo y de la observación que practica, el espíritu humano 'V^-' " - - ■- "'>^·'*''· i, s -•:v>. wmTOtM-A i OÉlNEftAL eclla én; bratós líe la reíig^òn á ¿e 'ab&ü^>i>á'.#a la más at.isoluta ' -■^* 11 parecidas idè.as çlepaall^·^'b '-í·^ ^A-'s pUtíblp^ y, eií iéef -viHíl·cdadeSi e|'apa^'e- ias u;Wi"e«VldSaí"«s en que s^> he -í^ -\ rfir ideasi .pensa- ■p*"<»íi:- ■ recuerdos. ypsperanzHí^. |*v'-:^> cn íps^^ue'no nuedcuCcnc:?; per^n - f Kn les lugares que escogí.í.an>.t^s ò-c; . rendir cuH': a la çu^'íp,í^|kl^^ io níismo que eu ^^%Hidilos á que llevamos los resto»; i.riori«k;s da los sare.« que ao$'ía<-:roíi.-!5peridos,-se O'lgerva»} siempre c£>D4%iipnèg (|p^É^:'q;ue;:aca-bamqs de C'-uctUMoi ■>Tóáp& ios pueblo'- he tí Ui.; avenido en y cuaíqmt-fa.qoe jsqá'ía. r.ei|grótA cti; .uyq ssiaf! a.) ¡tos detenga: ■■ ,-•■ k "^t-- 'I ••- üiu.S; nos dará febáciente ti pr.í>ci^rd,§ efe-'À no llega .sino, por las É. ■<'■'- ^ '' aitcs ventanas, próximas á sus cúpulas se pa velado, pmdu- ciéndose asi luja píummbrá que convida á meditórjJas bó-c-Jas repiten, sónoras, los ecos, wc agrandan al extenderse, y todo lo que. alH rodea cuanio en ellos puede <' ■ V- versi. rvr-nunde I iv^-ognotcvjo á qne'queremos-^tregarnos. 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' J tan. déJa naiumle^ humana. c-?'':";''!-'; ' ■■'' J '■ ■ ' . -El pueblo égipé!», íáeiígiojso siempre pastan lá ipáslí^agpada superstición y que siempre iíí^'%pqn respecto á la muerte, ideas particuiareà quq ie 1 leyarop à prácticas y formalidades ^Mnaucho han dado que hablar, no podía menos qué iíacér ostensi- bles maniíésíaerones de su creencia, al par que revelar en ellas su gamo, su carácter, . sus condiciones propiafij ajenas de todmpuntoá infiueíiciás extrañas, Jqr^tdypara; j la cone=ruccii?^ "de »tíS primeros teèmlqs, io.m|smq que paraJa ap<'rtyna de^sus pri-, ^ rneroc sepule|ps^ aprovecharon acuéilo ijtíemáf; ftAclct: ,, ic ,-r"íS^íta.b£r.y,socavan- ■":- ei ;,crrenoi,íos tuvieron ;a'.=>íSEíf>'--3ñc J'" fc- •'■•' ' "11 •'d^ól^oyy ote ' ■ ■AS ".linas de.W.muDV ■c ^ lo que-venimós. di-- -on et.temc;.: - . J í;. Más tarde, - y á..medida que ..vC? nuod:-". 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El pueblo egipcio, que como todos los demás, en sus comienzos llega á un periodo en que necesariamente tiene manifestar sus progresos, lo hace, efectivamente, y ya no se contentará con que apro- vechar los cortes verticales del terreno, ya no adicionará nada á la obra de la natu- raleza en la montaña, completándola con lo que su inventiva le sugiere, sino que utilizando materiales que se presentan más ó menos lejos, y para cuyo acarreo usa sencillos medios, sirviéndose al propio tiempo de las aguas de aquel río, que facilita su descenso, alzará imponentes construcciones que sirvan para mansión de las divi- nidades á los que tributa culto ó de seguro asilo á los cuerpos que, sin espíritu que anime, tienen, sin embargo, que permanecer intactos, para no hacerse indignos de la nueva vida que tienen prometida. Bien miradas, las pirámides, que son las cons- tracciones á que nos referimos, responden á las ideas dadas, lo mismo por lo que á su fondo toca en cuanto á su forma se refiere. Asilos de la muerte levantados que por aquellos fastuosos faraones, se asemejan á las escuetas montañas que antes sirvie- ran con el mismo objeto, y en su seno discurren cien y cien encontradas galerías, reveladoras, como hemos dicho, de la persistencia en las antiguas ideas. Separándonos debemos in- ya del orden de ideas que dejamos apuntadas, pasar mediatamente á aportar otros elementos de grandísima importancia, para después poder hacer sólidas conclusiones hábiles á nuestro fin. Estudiado atentamente él ca- rácter de un pueblo, puede comprenderse desde luégo lo que habrá de manifestar én el tiempo, podrán hacerse deducciones que den por resultado el conocimiento de los principios que han dominado en su marcha á través del campo intelectual. Mas la influencia de estos principios puede extenderse á muy lejos y á su vez pueden ser generadores de otros muy varios, cada uno de los cuales dé lugar al establecimiento de asociaciones fines sean opuestos. Esto, que es claro á todas cuyos luces, justifica la necesidad del método que venimos siguiendo, opuesto al que emplearon el mayor número de los nos han precedido en tan árdua tarea. La historia se hace de los que hechos, no son los hechos los que han de dar lugar á la historia; este es nuestro prin- cipio, esta es la razón porque no cediendo á sugestión ninguna, procuramos exponer la verdad, seguros con este medio de no desagradar ni á los sectarios de la orden ni á los la rechazan como agrupación espúrea. Afirmar que tal tampoco que grado ó ée- remonia masónica tiene su origen en tal ó cual práctica de una de las religiones que máxime dominaron en los pueblos antiguos, es una cosa sumamente sencilla y fácil, si se hace como hasta aquí se viene haciendo. Decir, por ejemplo, que el culto budhis- ta es una masonería, ó que en el mito de Osiris, ó en las prácticas á que la creencia en él dan lugar, está desarrollado un principio masónico, es cosa que ningún trabajo modo ser- cuesta si el budhismo ó los misterios de Osiris se arreglan de que puedan vir al fin convenido. Pero esto hacer historia ni tal cosa puede ser llamada más no es ánimo de forjar quimeras que, después, de todo no sirven para nada. Vale más que presentar bien analizados los puntos que hasta nosotros han servido de falso funda- C HISTORIA GENERAL mento á las historias de la masonería^ explicarlos claramente, ver lo que han signifl- cado en su tiempo y seguir adelante basta hallar lo que deseamos y que debemos tener por cierto^ luégo que sean conocidas las pruebas que le sirven de apoyo. Estudiados dos caracteres generales del pueblo egipcio, nos es menester echar si- .quiera no sea más que una ojeada á su historia politica, filosófica y religiosa, dado que cualquiera de estos órdenes de creencias pueden haber dado lugar al aparecí- miento de nuestra orden. El carácter de liberalidad que han otorgado muchos al an- tiguo Oriente, es de todo punto gratuito, y las tan decantadas instituciones democrá- ticas de la antigüedad, nos parecerían hoy las más odiosas tiranías. Propiamente hablando y dado que ya sabemos positivamente lo que son, puede decirse que el Egipto no conoció las castas, pero la división de aquel pueblo en clases era tan rigu- rosa y absoluta que mucho se asemejaba á ellas. A ello contribuye no con poca fuer- za.el instintivo respeto y temor que domina á todas las sociedades en su infancia, de lo que surge la clase sacerdotal, que se dice en relación con las fuerzas superiores que amedrentan al individuo; cuando la comunidad crece y de las rivalidades y los odios resultan las guerras, entre los que luchan un bando domina al otro, unos son los vencedores, que pasan á constituir la clase de los guerreros, otros son los vencidos, que pasan á ser, cuando no los esclavos, los servidores, los llamados á desempeñar en adelante las faenas más rudas y más bajas. Este fundamento para la división que se viene observando en todos los pueblos de la antigüedad, tal vez no sea tan adapta- ble á ninguno como el egipcio, mas hay que hacer observar una subdivisión que no carece de interés: los individuos de la última clase, en Egipto, no eran todos iguales, no tenían todos los mismos derechos y preeminencias, sino que eran distintos según el oficio que cada uno desempeñaba, áun en medio del reducido número de condicio- nes que se le otorgaba. Más tarde, cuando la clase sacerdotal no contenta con el om- nimodo poder de que disfrutaba, se apoderó del gobierno civil de la nación, hicieron aún más desgraciado el estado de los que casi vivían en abyecta servidumbre; hábiles políticos y obrando como los más instruidos y cultos de su tiempo, procuraron siem- pre no malquistarse con la clase de los guerreros, que en caso apurado podian serles auxiliares poderosos; dejáronle, pues, llevar una vida que no les pudiera ser ahorre- cible y ambas únicamente eran poseedoras del suelo, que la tercera clase labraba como colonos ó arrendatarios y ellos juntamente fueron también los que condenaron, digámoslo asi, á los individuos del pueblo á la construcción de los trabajos públicos. Acueductos, canales de riego, templos y pirámides, tumbas y laberintos, atestiguan el considerable esfuerzo de aquel pueblo cuyos individuos podrán muy bien no ser esclavos, pero que es á lo que más se parecen. Y tanto es asi que cuando sometidos y cautivos los hijos de Israel, fueron llevados allí, todos quedaron dedicados, como los naturales de la tercera clase, á los rudos trabajos que dejamos indicados, siendo tal vez ésta una de las causas principales que produjeran el descontento de que Moi- sés se amparara para conducirlos á la tierra de promisión. Esta división politica del Egipto, puesta en duda por muchos y negada en absoluto por otros, debe quedar fuera de toda duda en presencia del autorizado testimonio de Diodoro, de Sicilia, que DE LA MASONERIA CI dice de ella: «Las tierras en Egipto están divididas en tres porciones: la clase sacer- dotal posee la más considerable y goza entre los indígenas de grandes preeminencias tanto por las elevadas funciones que desempeña con respecto á los dioses como por que los sacerdotes están obligados á tener una educación más vasta y unos conocí- mientes más extendidos. Los productos que de ellas obtienen^ se emplean en los gas- tos que originan los sacrificios, en el sostén de sus subordinados y en sus propias ne- cesidades, pues los egipcios creen que en nada ni para nada se deben cambiar las ceremonias religiosas, que siempre deben realizarse de la misma manera y por los mismos ministros, asi como también que estos consejeros soberanos, deben estará cubierto de todas las necesidades. En efecto, los sacerdotes son los primeros conseje- ros de los monarcas y los que les ayudan en sus trabajos con sus observaciones y con sus conocimientos; por medio de la astrologia y de la inspección de las victimas, predicen el porvenir y deducen de los libros sagrados la exposición de las acciones más útiles. Entre los egipcios son muchos los encargados de los sacrificios y del culto de los dioses, trasmitiéndose su profesión á los descendientes; están exentos de pagar tributos y siguen inmediatamente al rey en cuanto al goce de derechos y privilegios. La segunda porción del suelo pertenece á los reyes y de ella sacan los impuestos, que se consumen en los gastos de la guerra y en el sostenimiento de su corte. La última porción del suelo pertenece á los guerreros y á todos los que están á las órdenes de los jefes de la milicia, los que no pueden menos de sacrificarse por su patria, gracias á los bienes que poseen, por lo que afrontan los mayores peligros por defenderla. En el estado existen tres órdenes de ciudadanos: los pastores, los agricultores y los artesanos. Los agricultores pasan la vida cultivando las tierras que les son dadas en arrendamiento, á un precio módico, por los sacerdotes, los reyes y los guerreros. Criados desde su más tierna infancia en estas labores, poseen en ellas más saber que los agricultores de ningún otro pais. También es necesario considerar que las artes en el Egipto han alcanzado un gran desarrollo, llegando á la mayor perfección. El Egipto es el único pais donde no está, permitido á ningún obrero desempeñar ningún cargo público ni tampoco más funciones que las que sus ascendientes le han trasmi- tido. En los otros pueblos, por el contrario, se ve á los artesanos preocupados casi únicamente de la idea de hacer fortuna; los unos se dedican á la agricultura, los otros al comercio y áun los hay de los que á un tiempo desempeñan tres ó cuatro oficios á la vez, y áun en los estados democráticos, los más corren á las asambleas populares y propagan el desorden, vendiendo sus sufragios, en tanto que entre los egipcios, un artesano que tomara parte en los asuntos públicos ó que desempeñara más de un oficio, incurriría en falta y sería castigado con fuerte multa. Tal es la división social y la constitución política, que los antiguos egipcios se trasmitían intacta de padres á hijos.» Antes de pasar nosotros adelante y con objeto de que sea más completo el cuadro que presentemos, añadiremos al ya citado, otro testimonio indisputable también como el de Herodoto, quien dice: «Los egipcios no conceden honor ninguno á susconciuda- danos que ejercen oficio ni á sus descendientes, mientras que consideran como nobles CII HISTORIA GENERAL à los que han desdeñado las artes mecánicas, y sobre todo, á los que se dedican á la milicia. La clase de los guerreros es la única que, como los sacerdotes, gozan del pri- vilegio de la propiedad de las tierras.» ¿Este régimen era favorable para el desarrollo de las instituciones liberales? En modo alguno. Sometido aquel pueblo por completo á las influencias de un poder teo- orático que lo absorvia todo, no tenia otro remedio sino seguir su laboriosa vida y perseverar en los duros trabajos á que estaba dedicado, pues si bien es cierto que llega un dia en que las sociedades se agitan y se mueven, emprendiendo al fin la lu- cha para salir del abatimiento en que se encuentran, no lo es menos que tal cosa su- cede únicamente cuando ha precedido cierta instrucción y cultura que lleva á los in- dividuos á la comprensión de la grande injusticia que con ellos se comete. Diodoro de Sicilia y Herodoto coinciden en la extensión grandisima que tenía el poder de los sa- cerdotes egipcios, y nada más cierto, como después ha podido comprobarse, tanto por la historia de aquel pueblo como por los documentos que se han descubierto última- mente; en ningún país la organización de la clase sacerdotal fué tan fuerte ni tan vigorosa, en ninguno tampoco llegó á dominar al monarca como allí, donde era con- tado después de ellos y les estaba sujeto hasta el extremo de parecer un dependiente. La única razón que puede servirnos para explicar este fenómeno, no es otra que la mayor ilustración y cultura de aquellos hombres cuyos conocimientos les servían de una manera admirable para sacar ventajosísimo partido de la ignorancia de los de- más, que por ella misma habían de ver en todo extraordinarios fenómenos que, no pudiendo explicarse, les asombraban y que creían podían ser conjurados por aquellos que habían hecho la predicción de que tenían que ocurrir. En tanto que una sociedad se encuentra sometida á un régimen semejante, conse- cuencia natural de la cultura que poseen los individuos que la componen, no hay que esperar que, por ningún medio, los abatidos y oprimidos tiendan á sacudir el yugo, aunque sumadas sus fuerzas, resulten mayores. No podria explicarse ni comprenderse de otro modo cómo pudieron subsistir naciones poderosas de la antigüedad en las que el número de hombres libres era exiguo comparado con el de los esclavos, en las que eran infinitamente menos los que habían de encontrar de su agrado el régimen poli- tico y la división social que el de los que habían de maldecir y renegar por la misma causa. Fijándonos ahora en cuanto llevamos dicho, no es posible admitir la existencia de la masonería con semejante organización política y hay que despojarse de toda pasión que lleve á ver lo que ni ha existido ni pudo existir nunca. Cierto que la orga- nización de la clase sacerdotal, por sus prácticas y ceremonias, se asemeja mucho á una sociedad secreta, cierto que para el ingreso en ella tenían que sufrir y pasar por ciertas pruebas, que una vez dentro tenían que recorrer cierto orden jerárquico esta- blecido de antemano, pero esto no puede llevarnos á confundir un colegio sacerdotal de los egipcios con la institución masónica. Más adelante, cuando conozcamos las ideas religiosas y los mitos del pueblo egipcio, podremos detallar más este punto, pero por el momento justo es que nos fijemos en lo que jamás ha debido perderse de vista. El mayor interés y cuidado de los individuos. DE I,A MASONERIA CIII todos^ que componían la primera clase en aquellas sociedades, había de referirse na- turalmente á que ninguno de los ajenos á ella pudiera imponerse de aquello en que consistía su poder; desde el momento en que se hubieran divulgado los conocimientos que poseían; desde el momento en que cualquiera de los que con ellos no estaban in- teresados, hubiera sabido que la ciencia de que disponían era accesible para todos y que el mayor número de sus ritos y formalidades carecía de fundamento, su poderse hubiera relajado, aconteciéndoles lo que en las sociedades modernas ocurre con muchos cargos y dignidades; sabemos que les debemos respeto y consideración, pero estamos convencidos de que aquellos que los desempeñan son, pura y simplemente, hombres como nosotros. Las clases sociales habrán de subsistir siempre mientras el mundo sea mundo, y llegará un dia, feliz para aquellos que lo alcancen, en que la única dis- tinción éste ó consista en el valor moral de cada individuo; lo mismo sucedía en los antiguos pueblos, pero entre lo que fué y será, existe una grandísima diferencia; en la antigüedad eran avaros de los conocimientos aquellos que los poseían; entre nosotros se procura que se divulgue el conocimiento, y éste es precisamente uno de los más laudables fines que la masonería se ha propuesto en todo tiempo, sin cerrar la puerta á nadie, cualquiera que sea la clase y condición de las personas. Cierto es que el conocimiento del ritual y de las ceremonias que la orden tiene ha procurado mantenerlas ocultas, pero no ha reservado á cierta y determinada clase, no ha hecho de ellas privilegio exclusivo para ciertas y determinadas personas, sino que llamando á todos á si, ha impuesto á los individuos que llegaban á ingresar, la obligación de hacer prosélitos, cuando más, y cuando menos el deber de llevar al áni- mo de los demás, sanos principios y conocimiento de lo justo y verdadero. ¿Sucedía lo mismo entre los individuos de las clases sacerdotales de la antigüedad y muy espe- cialmente entre los egipcios? Ciertamente que no; vinculaban los conocimientos para vincular el poder y por grandes que fueran los méritos de un hombre, jamás podía esperar ser admitido entre ellos si por herencia no le venia el pertenecer á la clase aquella; cierto que tenia iniciaciones y pruebas que realizar, lo mismo que los maso- nes de nuestros días, mas aquéllas tenían por objeto cerciorarse de si se podia contar con el ánimo decidido y el arrojo del neófito, asi como también con su cautela y sigi- lo para guardar el secreto de cuanto viera y oyera; no podía ser por otra razón, dado que nadie los perseguía en el estado; eran, por decirlo asi, dueños absolutos, sabían que la lucha contra ellos era imposible y no tenían, por tanto, necesidad de asegurar- se de que sus individuos eran capaces de sostenerla y afrontarla. Restringiendo no ya un tanto, sino en todo, el concepto que modernamente impli- ca la masonería, muchos han sostenido que los fines que se proponía conseguir y la protección que acordaban, quedaba reducida á los individuos que pertenecían á ella. Efectivamente es cierto: probado está que entre si los sacerdotes y ministros de aquel culto, se dispensaban una protección grandísima; el monarca mismo no se hubiera atrevido á tocar á ninguno sin que los demás dejaran de defenderlo y ponerse de su parte, haciéndolo de una manera franca y ostensible, pero no obraban así porque fueran considerables las fuerzas reales de que disponían, sino por el fanatismo de CIV HISTORIA GENERAL DE LA MASONERIA aquel pueblo que veia en ellos á verdaderos ministros de la divinidad, en relación di- recta con las fuerzas naturales, de las que podían disponer á su antojo. Más que nada debemos desechar esta nueva interpretación que quiere darse, atendiendo que tal cosa no sucedía sólo en la clase sacerdotal sino que se hacia extensiva á las demás; esta misma protección que los sacerdotes entre si se dispensaban, la tenían también los guerreros para los de su clase, y lo mismo había de ocurrir entre los artesanos, y de ellos lo mismo áun, también, entre los de los distintos oficios en que estaban divi- didos. No habla más diferencia que la de que los sacerdotes no eran atacados por el omnímodo poder de que disfrutaban; á los guerreros se les temia, y aunque con los artesanos no sucediera lo mismo, ellos también se hablan de proteger, por más que esta protección tuviera que quedar reducida al consuelo y á la afección de unos con otros. Desde el indicado punto de vista, no habría que retrotraerse mucho en el tiempo para hallar fuente y origen á la institución masónica; bastarla fijarse en cualquiera de las artes y oficios, que en tiempos muy próximos á nosotros han constituido gre- mios, cosa que sin más ni menos ocurrió durante toda la antigüedad. Si de la orga- nización social del Egipto no puede deducirse nada, por las razones que hemos alega- do, veamos si otros elementos nos presentan más material para ello. mÉM CAPÍTULO XI El Egipto.—Continuación.—Necesidad de hacer el estudio político-social, y del religioso, para poder llegar á la historia de la masonería.—Religión primitiva de los egipcios.—El Sol y la Luna, Isis y Osiris.—Opinión etimológica de Diodoro de Sicilia y exposición de este autor acerca del sistema teogónico de los antiguos egipcios.—División de las divinidades, según Herodoto.—El Egipto no llegó nunca á la concepción mono- teista. —Divini^ación de los hombres.—Animales sagrados.—Su culto y profundo respeto que se les tribu- taba.—Fundamento posible de esta idolatría.—Caracteres que adquiere posteriormente.—Errónea creen- cia de algunos historiadores de la masonería á propósito del Egipto.—Aplicación del mito de Isis y Osiris. —Explicación de este mito.—Opinión é hipótesis de Plutarco.—La astronomía como basede esta primera representación religiosa.—Explicación aceptada por Kauffmann en su historia de la franc-masonería.— Sus errores.—Explicación con idea preconcebida.—Citas de su obra en nuestro apoyo. gEMOs dicho en los capítulos precedentes, que en la institución masónica dominan dos elementos principales, cuales son el político-social y el reli- gloso, manifestándose asi que si bien la orden no es todo lo antigua que por muchos se ha querido suponer, data, sin embargo, de los tiempos en que no se constituía sociedad ninguna sin ponerse bajo el amparo déla divinidad. Por esto, siguiendo el orden que desde el principio hemos arbitrado para nuestra in- vestigación, después de haber hecho el estudio de la organización política del Egipto, tenemos con de ave- que ver qué es lo que fué desde el punto de vista religioso, objeto riguar si en sus instituciones de este género, hay algo que con justo fundamento pue- da ser considerado como masonería ó si en las ceremonias de su culto se ofrecen al- gunos detalles aprovechables para la institución en que nos ocupamos. La religión primitiva do los egipcios es, lo mismo que en los demás pueblos, un naturalismo hijo de fenómenos que no podían en modo alguno comprender. Este natu- ralismo se irá restringiendo cada vez más, como tendremos lugar de ver en el curso de nuestro estudio, hasta llegar á constituirse una religión metafísica, pero sin llegar jamás á afirmar la existencia de un Dios único y eterno. Para pocos pueblos podre- XIV TOMO II CVI HISTORIA GENERAL mos presentar testimonios de tanta valia en pro de lo que acabamos de decir; la con- fesión de Diodoro de Sicilia es franca, expresa y terminante. «En Egipto,—dice el bis- toriador griego,—es donde primeramente los hombres, habiendo examinado el mundo que les rodeaba, se admiraron del orden natural que los rodeaba y reconocieron dos divinidades eternas, anteriores á todo sér, el sol y la luna. Al primero dieron el nom- bre de Osiris y á la segunda el de Isis, derivando estos nombres de palabras que en su lengua lo significan etimológicamente. En efecto, traduciendo estos nombres á nuestro idioma, Osiris significa un sér de muchos ojos, expresión conveniente para designar al sol que lanza sus rayos por todas partes y se sirve de ellos como de ojos para contemplar toda la extensión de la tierra y de los mares. En cuanto á Isis signi- fica «la antigua» y ha recibido tal nombre á causa de la primitiva generación que tuvo. Los egipcios la representan con cuernos, indicando la forma que toma la luna en su revolución mensual y porque también le consagran una ternera. Estos son, se- gún ellos, los dioses que rigen el universo, que alimentan y desarrollan á los demás seres en un periodo de tres estaciones, la primavera, el estio y el invierno, estaciones cuya vuelta constante, forma el orden regular de los años. Estas dos divinidades con- tribuyen mucho á la generación délos demás seres, Osiris por el fuego, Isis por el agua y la tierra y ambos por el aire, de modo que todo está comprendido bajo la in- fluencia del sol y de la luna. Los cinco elementos que acabamos de enumerar consti- tuyen el mundo, como la cabeza, las manos, los piés y las demás partes constituyen el cuerpo del hombre. Cada uno de estos elementos ha sido reverenciado por los egip- cios como un dios y ha recibido de los hombres, que en Egipto fué donde por pri- mera vez hicieron uso de un lenguaje articulado, un nombre en relación con la idea que representa. Estas cinco divinidades han recorrido la tierra y se han manifestado á los hombres, ya bajo la forma de animales sagrados, ya bajo la forma humana. Los egipcios dicen también que independientes de éstas hay otras divinidades, á las que llaman dioses terrestres, las cuales han nacido mortales pero que han adquirido la in- mortalidad por su gran inteligencia y por los beneficios que han hecho á los hombres; muchas de éstas han reinado en Egipto.» Esta teogonia, trascrita por autor que, como sabemos, habia visitado y recorrido el Egipto, ha sido perfectamente reconocida por autores modernos en presencia de do- comentos descubiertos recientemente, pudiéndose, por tanto, dar entero ci'édito á la división y clasificación que de aquellas antiguas divinidades hizo Herodoto en tres ór- denes principales, de los que formaban el primero; Ra, Phra ó Phre, el sol. Yoh ó Pooh, la luna. Kucf, el espíritu. Phtah, el fuego. Tho, la tierra. Noum, el agua. Neith, el aire. Mendes, el folo. DE LA MASONERIA CVII Además, existían dos series de nueve dioses secundarios, cuyo orden variaba se- gún las localidades, pues en unos textos se citan de un modo los nueve dioses de Tebas y en otros los nueve dioses de Abidos, sin que haya sido posible concordarlos ni uni- flcarlos hasta hoy en presencia de los monumentos originales. Las otras divinidades que además fueron conocidas por los egipcios, son las siguientes: Los cinco más antiguos planetas, á medida que fueron descubiertos y á los que nosotros conocemos con los nombres de Saturno, Júpiter, Marte, Venus y Mercurio, y que reunidos al sol, á la luna y á la tierra, formaron más tarde los Cabirios, dioses acerca cuya naturaleza no han logrado todavía ponerse de acuerdo los mitógrafos, pero que llegaron á tener también sus misterios en las religiones gentilicas, como más adelante veremos, y en los que algunos autores, por no faltar á su sistema, han visto también orígenes de la masonería. Tpe, el espacio celeste. Yrnuthes, el cielo. Her-ner, el sol naciente. Lom, el sol del mediodía. Tmon, el sol nocturno, que recorre el hemisferio inferior, lugar de las tinieblas, y que gobierna el Amenti, sitio donde los muertos son juzgados. Sonam, la luna que preside á los alumbramientos. Bouto, el caos, la noche primitiva. Leb, el tiempo. Anouke^ el fuego terrestre. Además, y como Diodoro nos manifiesta, los egipcios divinizaron también á los hombres que se habían distinguido por su gran inteligencia ó que habían hecho gran- des servicios á la humanidad ó á su país. Algunos de éstos afirman que reinaron en Egipto, y en efecto, Anepu^ que más tarde es considerado como el guardián áelAmenti bajo la forma de un chacal, ocupa el tercer lugar entre los semi-dioses de la lista de Manetón, según la cual reinó diez y siete años; Amen^ el sexto déla misma lista, reinó treinta años, setenta y nueve solamente antes que Manes; algún tiempo después, este mismo Amen llegó á ser uno de los principales dioses de Tebas, ciudad en que habia nacido; los demás semi-dioses ó héroes, que reinaron antes de la época histórica, no son bien conocidos ó fueron indicados por el compilador Manetón con los nombres griegos de las divinidades griegas que resultaban más parecidas con ellos por las ideas que representaban. Más tarde, y en lugar de simplificarse este culto, en lugar de tender á la unidad y á la simplicidad elevándose por la metafísica al sublime espiritualismo, sucedió todo lo contrario y se recargó más y más con los animales sagrados, muchos de los que fueron tenidos por dioses y respetados como tales. Esto, que por lo raro y extraño ha sido durante mucho tiempo objeto de vivas polémicas, está hoy fuera de toda duda y áun debió estarlo siempre, dado que encontramos en Herodoto el siguiente testimonio: «Aunque el Egipto es limitrofe de la Libia, da nacimiento á muy pocas variedades de animales, pero generalmente todos son reputados como sagrados, lo mismo los que CVIIl Dlí LA MASONERIA viven en compañía del hombre que los que viven libres en los campos. En cuanto á los animales en honor de los que han elevado templos, si quisiera entrar en detalles me verla obligado á hablar de las cosas sagradas, el cual es un punto del que no quiero ocuparme.» Esta última frase del historiador griego ha hecho pensar á muchos en que tal vez no pudo llegar á confirmar la existencia real de lo afirmado, pero bueno es tener presente, y ya lo veremos al ocuparnos de algunos misterios y pruebas de aquella religión, que el mismo autor confiesa guardar silencio por voto hecho y por el respeto que todos los iniciados guardaban al secreto jurado. Más explicito Diodoro, nos da algunos detalles que, por lo curiosos, trascribimos aqui, siéndonos de todo punto útil y necesario conocerlos para formar clara idea de la organización religiosa de aquel pais, cuya bondad ha sido exagerada sin justa causa, á nuestro modo de ver. «Por lo que concierne á los animales sagrados,—dice el autor de la Biblioteca histórica^—parecerá sin duda, y con razón, muy extraño á muchas personas, pero no por esto es menos, digno de examinarlo. Los egipcios tienen por ciertos animales una veneración que excede á cuanto pueda creerse, no sólo estando los animales muertos, sino áun estando vivos. En este número se encuentran los gatos, los perros y los pájaros, áque dan el nombre de ibis. Después de éstos vienen los lobos, los cocodrilos y muchos otros de este género. Cualquiera que voluntaria- mente mata á un animal sagrado, es condenado á muerte; pero si se trata de un gato ó de un ibis, sea la muerte impremeditada ó voluntaria, el que la cometió sufre la pena. El populacho corre inmediatamente tras él, infiriéndole los más crueles trata- mientes, sin que ningún juicio previo lo haya determinado asi. La superstición por los animales sagrados está tan arraigada en el alma de los egipcios y todos manifies- tan por su culto una pasión tan obstinada, que en el tiempo en que el rey Ptolomeo no era aún aliado de los romanos y en que el pueblo egipcio tenia buen cuidado de recibir con grandes miramientos á todos los viajeros que venían de Italia, para evitar complicaciones, habiendo un romano matado á un gato, el populacho corrió á la casa de aquel que habla cometido el crimen, y ni los esfuerzos de los magistrados enviados por el rey para favorecer al amenazado, ni el terror que inspiraba el poder de Roma, fueron bastantes á librarle de la muerte, á pesar de haber reconocido que la acción fué involuntaria. Y este hecho no lo contamos por haberlo nosotros oido referir, sino por haberlo visto durante nuestro viaje á la tierra aquella.» Creemos no deber insistir en la verosimilitud que debe concederse al hecho ex- puesto, máxime cuando aún puede presentarse un ejemplo de mayor fuerza. Los israelitas, que durante tanto tiempo hablan vivido entre los egipcios, no pudieron menos de adquirir ciertas prácticas propias del culto que hablan tenido á la vista y con el que llegaron hasta identificarse de tal modo que, á pesar de los esfuerzos de Moisés, en los momentos más solemnes se olvidaron del único y eterno Dios, á quien hablan adorado sus padres, y construyendo un becerro lo adoran con fe y le hacen sacrificios, cual si esperaran que pudiera concederles alivio á todos sus males. No sólo no encontramos nada que justifique, al menos hasta este punto, la opinión de algunos que sostienen que el Egipto llegó al monoteísmo, sino que, por el contra- de la masoneria cix cío en la historia de este pueblo se observa un raro fenómeno que niega toda , posibi- lidad al planteamiento de instituciones que indican, por lo menos, un gran progreso moral; en los capítulos anteriores, al ocuparnos del movimiento religioso operado en algunas de las civilizaciones del Oriente^ hemos podido ver que muchas de ellas, las que son dignas de mención principalmente por la marcha progresiva de su espíritu, han partido de un naturalismo justificado siempre en los pr imeros días de un pueblo, pero después, y á medida que los conocimientos han ido alcanzando desarrollo, el naturalismo aquel se ha ido depurando y de los efectos se ha ascendido á las causas; los hombres han sentido ante si algo superior, algo más elevado que lo que tenían ante los ojos; han visto luégo que idénticas condiciones residían en los demás seres en cuyo comercio vivían y han admitido, al fin, una fuerza superior, á la que han hecho generadora de todo. Este procedimiento lógico y racional, conduce á lo verda- dero y á lo justo, y una sociedad que se lanza en semejante vía, llega, más ó menos pronto, á un grado de cultura que la hace apta pura el establecimiento de institució- nes que, física y moralmente, procuren para los hombres la mayor suma de bene- ficios. El Egipto, por el contrario, no asciende, digámoslo asi, sino que desciende; parte del naturalismo justificado ya, lo desarrolla y se aferra más á él, pero en el momento en que parece se da la coincidencia histórica que ha de procurar el mejoramiento, sus ideas se extravian y le vemos lanzarse en un fetichismo grosero con el que se encariña, dando pruebas ostensibles de que no puede llegar á más. ¿Qué significa esto? Difícil es explicarlo en un principio, pues no siempre el feti- chismo á que nos referimos obedeció á las mismas ideas. Cuando aparece, no tiene ningún fundamento metafísico, ningún fundamento místico, y sólo recurriendo á las causas que nos han servido para dar razón de ser á los cultos que sorprendemos en todos los pueblos, en el momento en que estos aparecen en la historia, podremos ex- plicarnos de cierto modo tan extrañas prácticas; el egipcio es, como sabemos, un pueblo que, apegado á la tierra en que vive, la cuida y la trabaja por los beneficios que espera conseguir; en ella y en su compañía viven los animales de todo género, unos que le favorecen y otros que le perjudican. Si excitada su atención por esto, como antes le aconteciera con los fenómenos naturales, se fijó y supuso fuerzas extraordi-^ narias en estos animales, comprendemos que un embrutecimiento nada disculpable, que un atraso que no hay razón alguna que lo explique, fuera la primera causa de este culto, único en su género y que tanta extrañeza produce. Esto aconteció, como hemos dicho en el primer período, pues más tarde, sin duda cuando ellos mismos buscaban explicación á tan absurdas prácticas para hacerlas subsistir, arbitraron la idea de que aquellos animales eran las imágenes de los dioses mismos á que adoraban y que aquellas formas en que se presentaban, no eran, ni más ni menos, que las que tomaban sus espíritus para poder permanecer en la tierra. Justificando estas creencias, encontramos que el buey, animal de los más útiles para la agricultura y el laboreo de las tierras, ocultaba á Osiris, el sér bienhechor por exelencia; la vaca, su fecunda compañera, era la forma que tomaba Isis, tenida en ex HISTORIA GENERAL aquella mitologia como el principio fecundante de la naturaleza; el gavilán, cuya penetrante mirada alcanza tanto, representaba para ellos la suprema inteligencia, personificada en Thoth, inventor de las ciencias, de las artes y de las letras; el chacal terrible, despierto siempre y constantemente en acecho, que vigila lo mismo.de dia que de noche, era representación de Anuhis, el guardián de las tumbas, lugar que como sabemos merecía á los egipcios el mayor respeto; el cocodrilo, que tanto daño causa en aquellas regiones, en las que abundan, es el reptil en que encarnaba Set, el principio del mal; el león, tipo de la arrogancia y de la fuerza, era la representación del brillante y poderoso Horus, y asi, de este modo, se llegó por un simbolismo con- I vencional á justificar un culto tan extraño y que, como hemos dicho, carecía por com- pleto de razón de ser en la época de su aparecimiento. Ahora bien, expuestos estos principios generales y sumarias notas, no cabe afirmar una gran cnltura en aquel pueblo, razón que plenamente justifica las coacciones que en él realizaba la clase sa- cerdotal, poseedora de los verdaderos conocimientos y àrbitra de los destinos de aquel pais que tan sometido le estaba. No obstante cuanto llevamos dicho, muchos autores pretenden que fueron egipcios los primeros masones y que Memfis y Tebas fueron las primeras ciudades que alza- ron templos masónicos, consagrándose en ellos algunos hombres á esparcir y á di- fundir los conocimientos de lo bueno y de lo justo, procurando la mayor y más intima avenencia entre los hombres. Veremos más adelante como en el tiempo en que el Egipto conservó su absoluta independencia no sufrió alteración ninguna su organi- zación política ni hubo siquiera el más ligero asomo de que alguna institución traba- • jara por reformarla; veremos también como sus creencias religiosas se perpetuaron, no pudiendo, por tanto, deducirse de ellas nada que tendiera á elevados fines, mas antes de seguir adelante en la historia y por cuanto este es el lugar más oportuno, de- tengámonos en el estudio del fundamento dado á la opinión de ciertos autores y en el estudio de estas mismas opiniones. Piensan los que sostienen que la masonería ha nacido en Egipto, que su fuente se encuentra en el culto profesado á Isis y Osiris y en los misterios en que este mismo culto consistia; para proceder con orden conviene, antes que nada, estudiar este mito, ver las interpretaciones que de él se han dado, determinar, con ayuda de poderosos auxiliares, cuál sea la más racional y deducir en vista de todo lógicas conclusiones. Todos los pueblos han creado, conservado y trasmitido algunas leyendas con res- pecto á varios de sus dioses, las cuales, en cierto modo, han servido para formar idea acerca de las causas porque muchos han surgido. No podia constituir excepción á esta regla el pueblo egipcio, que, efectivamente, fraguó una tradición referente á Osiris, su dios principal. Según ellos, Osiris reinó veintiocho años en Egipto, siendo su reinado uno de los más felices y dichosos para sus semejantes; él fué quien les enseñó la agri- cultura, quien les dió sabias y justas leyes y les prescribió el culto de los dioses; des- pués recorrió la tierra, modificando las costumbres de los hombres é inclinándolos á la civilización. Isis, su esposa, gobernó el Egipto durante su ausencia, pero Set ó Tifón, ambicioso y sanguinario hermano de Osiris, trató de destronarlo. Aliado con la reina DE LA MASONERIA CXI de Etiopia, tendió lazos á su hermano hasta que por medio de un artificio infernal logró encerrarlo en un cofre y arrojarlo al Nilo, que lo condujo al mar, donde murió el día 17 del mes Athir, cuando se cumplían los veintiocho años de su reinado. Enterada Isis de la muerte de su esposo, se apresuró á buscarlo, encontrándolo al fin cerca de Biblos, en las costas de la Fenicia, y lo condujo á Egipto. Tifón volvió á apoderarse de nuevo del cuerpo de su hermano y cortándolo en catorce pedazos los tiró en dis- tintos sitios. Habiendo resucitado después Osiris, enseñó á su hijo el manejo de las armas y el arte de combatir, á fin de que lo vengara de Tifón. Durante muchos días Horus peleó contra Tifón, logrando vencerlo al fin y encadenarlo, mas Isis no quiso darle muerte, y desligándolo de las pesadas ataduras que le sujetaban, le dió libertad. Este mito, como el mayor número de los que crearon las religiones de la antigüe- dad, tiene una explicación que no data de los tiempos modernos, en que se han reali- zado los más grandes adelantos en las ciencias mitológicas, sino que fué dada por antiguo y autorizado autor, de manera que ni aún es posible admitir con respecto á él la duda que suscita el juicio que primeramente se forma. Generación tras genera- ción, vienen adquiriendo el conocimiento del mito, de la leyenda formada para soste- nerlo, asi como también de la explicación que se diera para hacerlo comprender, y depurado por todos, ha sido admitido sin rectificación ninguna. Este mito no pertene- ce á la clase de aquellos con respecto á los que se ha aventurado en un principio una idea que después de más concienzudos estudios ha resultado falsa; no ha dado lugar á discusiones en que se encuentran distintas opiniones, quedando, por tanto, dudosa é indecisa la decisión que deba formarse. No, el mito de Isis y Osiris tiene una expli- cación perfectamente clara y definida, los términos de la leyenda á que dieron lugar están determinados por completo y de su interpretación no puede deducirse nada que nos sea favorable, como pasamos á ver. Plutarco, que es el autor á quien nos hemos referido, natural de Beoda, y que fio- redó el año 50 de J. C., es, sin disputa, uno de los biógrafos y moralistas griegos que deben merecernos mayor crédito, por cuanto el mayor número de los hechos y deta- lies que dejara consignados en las doscientas diez obras que produjo, han sido exac- tamente comprobados. Viajó, según él mismo confiesa, por Egipto y por Asia, y gra- cias á los conocimientos que en estos viajes, largos y detenidos por necesidad en aquel tiempo, adquiriera, llegó á ser sa.cerdote de Apolo en Belfos y á escribir una serie de importantísimas monografías, entre las que se encuentra la titulada de Isis y Osiris. En ésta hallamos el verdadero sentido de la leyenda, que no es más que una alegoría astronómica. «Entre los egipcios, dice el moralista griego, Osiris es el Nilo que se une con Isis., la tierra; Tifón es el mar, en el cual va á perderse el Nilo, dividiéndose, pero después de haber depositado en la tierra una parte de sus aguas para que la fecun- den. Osiris es, en términos generales, el principio de toda humedad, la fuente de toda producción, la subsistencia de todos los gérmenes; Tifón, por el contrario, es el prin- cipio del calor y del fuego, la causa de la sequía, el enemigo de la humedad. Como según los egipcios, el Nilo es una emanación de Osiris, creen también que el cuerpo de Isis es la tierra, no en general, sino sólo la que fecunda el río, cubriéndola y mez- CXII HISTORIA GENERAL dándose con ella. De esta unión hacen nacer á Horns y este Horns es la temperatura del aire, que conserva y alimenta á todos los seres. Indican con el nombre de Neftys la última parte del Egipto, la que se encuentra más próxima al mar, dándole también el nombre de Telen te, que en su lengua significa y dicen que ésta es la esposa de Tifón. Los lazos que Tifón tiende á Osiris y la tirania de su reinado, significan los terribles efectos de la sequía cuando domina, absorviendo la humedad que produce el Nilo á causa de sus desbordamientos. La reina de Etiopia, que ayuda á Tifón en sus malas artes, designa el viento del mediodía, que efectivamente procede de la región aquella. El cuerpo de Osiris encerrado en un cofre y arrojado al mar, no significa otra cosa que la disminución de la corriente y desaparición de las aguas del Nilo. Cuando las noches se hacen más largas, aumentan las tinieblas y disminuye la luz sensible- mente, los sacerdotes, entre las muchas ceremonias fúnebres que practican, cubren á un buey de oro con un manto negro, en señal del luto que lleva la diosa, y lo enseñan al público durante cuatro días consecutivos, á contar del 17 del mes de Atbir, porque consideran al buey como imagen viviente del dios Osiris. Los cuatro días de duelo tiene cada uno su objeto; en el primero, lamentan la disminución de las aguas del Nilo, encerrado en su cauce; en el segundo, la buida de los vientos del norte obligados á ceder por la fuerza de los del mediodía; en el tercero, la disminución del dia, que se hace más corto que la noche; en el cuarto, el estado de desnudez en que ios árboles dejan á la tierra, despojándose de sus hojas. En la noche del dia 19, se dirigen á las orillas del mar, juntamente con los estolistas, llevando el arca sagrada, dentro de la que llevan un vaso de oro con el que recogen agua dulce; entonces todos los asisten- tes lanzan gritos de júbilo y regocijo, diciendo que Osiris ha sido encontrado. Cuando después de tan feliz hallazgo Isis educa á su hijo Horus, á quien fortifica con las exba- laciones, con los vapores y las nubes de que lo alimenta, triunfa de Tifón, pero no lo hace perecer. Esta diosa, soberana de la tierra, no tiene cuidado de destruir el princi- pió opuesto de la humedad, sino, por el contrario, lo deja libre á fin de que neutralice los efectos del otro; después Horus triunfa de Tifón, es decir, que habiendo llovido en abundancia, el Nilo ha hecho retroceder al mar, descubriendo la llanura y formando continuamente nuevos depósitos de tierra. Los egipcios colocan la muerte de Osiris en el dia 17 del mes Atbir, época precisa en que la luna llena. Unos dicen que Osiris ha reinado veinticinco años, otros que este es el tiempo que ha vivido, siendo este el número de días en que la luna acaba su revolución. En las ceremonias que se prac- tican cuando los funerales de Osiris, cortan maderos de los que forman un cofre de la forma que la luna tiene en su creciente, que es cuando se aproxima más al sol, des- apareciendo de nuestra vista. Hasta aqui la acertada interpretación de Plutarco y la explicación que da cada uno de los términos en que aparece constituida la leyenda, sin que en vista de los elemen- tos que quedan expuestos, pueda afirmarse otra cosa distinta de la que hemos dicho. El mito es puramente astronómico y hay una poderosísima razón que nos lleva á afir- marlo asi, otorgando entero crédito á la opinión del moralista y biógrafo griego. He- mos dicho anteriormente que el pueblo egipcio tributaba un supersticioso culto al DE LA MASONERIA CXIII Nile creyéndolo un dios, y si no retrotraemos en el tiempo, siguiendo el camino inverso que han traído los pueblos en su historia hasta llegar á su origen, podremos ver que tal idea tiene perfecto y racional fundamento. A lo que el hombre llega más tarde es al conocimiento de si mismo; por esto en la historia fllosófico-religiosa, la última idea es la de la unidad de Dios; el hombre reverencia en un principio ¿aquello que de una manera más violenta hiere sus sentidos, y el egipcio, en la época primitiva, no podia ver más que los considerables beneficios que le aportaba aquel río, que no sólo humedecía la tierra con sus desbordamientos, dándole asi mejores condiciones para recibir el grano bienhechor, sino que la abonaba con el limo depositado ensusuperfi- cié, haciéndola asi más rica y fecunda y dando lugar de este modo á que la germina- ción de la simiente fuera más rápida, lográndose recoger asi dos cosechas por año. Apegado á la agricultura, que era el único medio de atenderá las necesidades en aque- lia región, el egipcio tenia que ver necesariamente el mayor mal de los que le podían ocurrir en la disminución de aquellas aguas, fenómeno simple y sencillo para la cien- cia moderna pero que no alcanzando ellos á explicárselo de üna manera satisfactoria tuvieron que atribuirlo á fuerzas sobrenaturales, á luchas de dioses y combate de principios. De aquí las ceremonias religiosas que se practicaban, de aquí los ritos que son perfectamente aplicables supuesto el conocimiento de las ideas que los motivan, mas como vemos, de ninguno de ellos es posible deducir nada que ni áun remotamente nos dé idea de aquello que buscamos con tanto anhelo. Esto no obstante, no todos han pensado del mismo modo, é involucrando ideas que ni tienen ni pueden tener punto alguno de contacto, ha habido autores que haciendo violento esfuerzo de ima- ginación, han arreglado una composición de lugar para dejar sentada la ¡dea de que al Egipto se debe la primera organización masónica. Kauffmann, en su Historia de la Masonería^ obra que seria buena si desde luégo no se advirtiera la idea preconcebida del autor de hacer de la orden la institución más antigua y mejor que ha existido, procede de una manera que seria difícil de explicar, por lo que preferimos recurrir á su texto, en la exposición y explicación que hace del mito de Isis y Osiris, asi como también las consecuencias que deduce. Según el indi- cado autor, «Osiris contrae matrimonio con su hermana Isis, descendiendo juntos á la tierra; Isis es la primera que hace donación á los hombres del trigo y de la cebada; Osiris inventa los instrumentos de la agricultura y da á los habitantes de las orillas del Nilo, las leyes y las cosechas, instituyendo el matrimonio, el culto y las sociedades civiles. Queriendo esparcir sus beneficios por otras regiones, marcha á recorrer tie- rras á la cabeza de un numeroso ejército, subyugando á los pueblos, no mediante las armas, los combates y destrozos, sino con los encantos de la poesía y de la música. Durante su ausencia. Tifón, su hermano, el perverso, el representante de las tinie- bias, procura apoderarse del trono de Egipto, pero Isis, que reina en representación de su esposo, sabe desbaratar todos sus ambiciosos proyectos. Vuelve Osiris, y Tifón, que se ha asociado con setenta y dos conjurados y aliado con la reina de Etiopia, Aso la negra, invita á su hermano á un espléndido banquete. En medio de los placeres y TOMO n XV CXIV HISTORIA GENERAL alegria de aquella suntuosa fiesta, Tifón y los conjurados se arrojan sobre Osiris, lo amarran y encierran en un cofre, que sellan con plomo, precipitándolo después al Nilo, que lo arrastra hasta el mar. Osiris muere, pues, á los veintiocho años, el dia 17 del mes Athir, equivalente al 13 de Noviembre. Inmediatamente después de ocurrido esto. Pan y los sátiros comienzan á recorrer el Egipto lanzando gritos de dolor. Isis, que se encuentra en la ciudad de Chemmis, sabe la muerte de su querido esposo; se entrega á la desesperación y vistiéndose el traje de riguroso luto, emprende la busca del cuerpo de Osiris. Unos niños le indican la boca Fanitica del Nilo que ha arrastrado al mar los despojos de su esposo. Osiris, por un error reconocido más tarde, habia tenido de Nefthis, hermana y esposa de Tifón, un hijo natural, muy parecido á su padre por la sabiduría y la bondad, pero que tenia la cabeza de perro y es el dios Anubis en la mitologia egipcia, al cual se lleva Isis para que le ayude en sus investigaciones. Estas fueron inútiles durante mucho tiempo; el cofre en el que fuera encerrado el cuerpo de Osiris babia sido llevado por las aguas hasta las costas de Biblos y depositado en medio de unos pantanos. Una acacia, al pié de cuyo tronco se habia detenido, creció de tal modo que el cofre quedó encerrado en ella. La hermosura de este árbol llamó extraordinariamente la atención del rey de Biblos, que lo hizo cortar, sacando del admirable tronco en que se ocultaba el cuerpo de Osiris, una columna para sostener los muros de su palacio. Enterada Isis de este detalle, corre hasta las puertas de Biblos, sentándose á la orilla de una fuente. Alli la encuentra la servidumbre de la reina; Isis recoge graciosamente su abun- dante cabellera y derrama los más suaves perfumes, de modo que cuando vuelven hablan á la reina de la extranjera y de los maravillosos talentos que posee; la reina la hace venir, dándole á su hijo para que lo amamante. Isis lo alimentaba introducién- dole en la boca el dedo en lugar del pecho, y por la noche, con objeto de purificar su cuerpo de lo que tuviera de terrestre, lo hacia pasar por las llamas, y tomando la for- ma de una paloma revoloteaba al rededor de la columna, hiriendo el aire con sus las- timeros acentos. Una noche que la reina, extrañada de la conducta que observaba aquella nodriza que habia tomado, espiaba sus movimientos, no pudo menos de lanzar un agudo grito al ver á su hijo en medio de las llamas, y rompiendo asi el en- canto, evitó que el infante llegara á conseguir la inmortalidad. Inmediatamente Isis apareció como una poderosa diosa y apoderándose de la columna, sacó el ataúd, de- volviendo después el tronco sagrado al rey de Biblos, que lo conservó en un templo donde se le adoró desde aquel tiempo. Arrojándose en seguida sobre el ataúd, se en- tregó á su dolor, lanzando gritos tan agudos que uno de los hijos del rey murió de espanto. Isis volvió á Egipto llevando el cuerpo de su esposo, al que lloró siempre pensando vengarlo, y queriendo encomendar este piadoso cuidado á su hijo Horus, se trasladó á Buto, donde lo educaban secretamente, y ocultó el cuerpo de Osiris en un lugar reser- vado. Pero Tifón, que cazaba una noche á la claridad de la luna, lo descubre, recono- ce el cuerpo de su hermano y dividiéndolo en catorce pedazos los tira en distintos si- tios. Vuelve Isis y busca de nuevo los esparcidos miembros de Osiris, recorre las siete ■rA. C DE LA MASONERIA CXV bocas del Nilo en una barca hecha de papiro, encuentra los tristes restos menos uno^ los órganos de la generación, que habiendo quedado en el Nilo, fecundizan á la tierra cada año con sus desbordamientos, después de lo cual transporta á su esposo á Files, donde le da sepultura, siendo desde entonces Files el lugar santo por excelencia, sin embargo de que en cada uno de los sitios en que se habian encontrado restos del desventurado Osiris, se alzaron tumbas y templos que en toda época fueron reveren- ciados por el pueblo. Osiris volvió á la vida para enseñar á su hijo el manejo de las armas, para pro- bario y para animarlo con sus palabras y consejos. Horus reunió al fin á sus fieles partidarios, cuyo número aumentaba cada dia; marchan al combate, triunfa Horus y Tifón cae vivo en sus manos, pero Isis rompe las cadenas de tan cruel enemigo y le devuelve la libertad. Indignado Horus por esta acción de su madre, levanta la mano sobre ella y le arranca la diadema; Hermes reemplaza esta corona por una cabeza de vaca con sus cuernos, que desde entonces fueron el signo distintivo de Isis. Tifón in- tentó nuevamente apoderarse del trono de Horus, pero fué desterrado por él, relegán- dolo al desierto. Isis tuvo de Osiris un hijo, nacido después de la muerte de aquél, siendo éste Harpocrate, que nacido antes de término, fué cojo, mutilado, hijo del dolor y de las lágrimas. Tal es el mito sagrado, continúa diciendo el historiador Kaufmann, que fué el fun- damento de la religión egipcia, la piedra angular de los antiguos misterios de la so- ciedad y que viven aún por completo en nuestra época. Los dos personajes principa- les son en realidad el sol y la luna, que ocupan necesariamente el primer puesto entre los astros, y la fábula sagrada se explica sencillamente por sus movimientos, compa- rado al Zodíaco y á los astros paranatelos. Osiris es el sol bienhechor que fecunda á la tierra, preside á la vegetación universal, hace nacer y madurar los productos á cuya germinación ha dado lugar en el seno de la tierra, y que ésta dé á los hombres una sucesión de acontecimientos realizados desde el momento en que el sol vuelve sobre nuestro hemisferio hasta en el que se aleja para pasar á las regiones australes del mundo. Osiris es, pues, el dios de la agricultura, bienhechor délos hombres, sobre los que vierte las comodidades y las riquezas; el sol, considerado como principio del bien, como autor de los bienes de que goza la humanidad. Tifón es su enemigo; Tifón, que en la mitología egipcia es el principio del mal, el que preside á las tinieblas, ó lo que es lo mismo, el equivalente Ormudz y Ahrimán, que han cambiado de nombre al pasar de la Persia al Egipto, pero que continúan en su lucha eterna. Existía en la filo- soda india y persa otro principio, del que no hemos hablado porque no se referia sino muy remotamente al desarrollo de nuestra historia; no desempeñará en adelante papel de más importancia, pero adquiere valor en los misterios egipcios, en los cuales se personifica; nos referimos al principio del calor y de la humedad como fuentes de todas las cosas; del calor haciendo en la reproducción de los seres el oficio de varón de la humedad, en cuyo seno todo se fecundiza, todo nace y todo crece. Este abstracto pensamiento se materializa en la religión egipcia y los sacerdotes cxvi historia gfineral dan por esposa á Osiris, dios supremo, principio del calor y de la fecundación, Isis, la luna, atribuyéndoles aventuras que no son sino simples representaciones de su curso y evoluciones; el gobierno del mundo depende de ellos, todos los astros les están sometidos y en ellos consisten sus movimientos periódicos, que dan lugar á las esta- clones en que se divide el año. La acción combinada de estas dos causas armoniza la temperatura, produciendo la generación de los seres, pues poseen él uno propiedades ígneas y espirituosas, el otro las propiedades húmedas y secas de todos los cuerpos, y ambas por igual un principio aéreo; son principios de actividad fecunda y de los beneficios que á la tierra concede el cielo, los que han dado la civilización á los hom- bres y cuantas ventajas dependen de ella. El manto de Osiris es como el de Ormudz, de un color brillante y luminoso, sin mezcla alguna de otro color que pueda alterar su pureza; su tinte es uno solo y sin sombra. Durante la primavera Osiris se une álsis, derramando en ella el principio de la fecundidad, los que extendiéndose en el aire lo impregnan de principios generado- res que ponen en actividad la vegetación universal; el Tauro, signo del Zodiaco, ocupa entonces el equinoccio de la primavera, de aqui el buey Apis, forma bajo la que se pre- senta el Sol-Osiris en su unión con la Luna-Isis, en la misma época, cuando los dos astros esparcen en nuestro hemisferio la regeneración y la fecundidad; de aqui tam- bién, cuando la superstición alteró el sentido simbólico del mito de Isis y Osiris, la exi- gencia por la que se quiso que el buey Apis entre sus caracteres distintivos llevara en el lomo una representación del cuarto creciente de la luna. Esta acción fecunda de los astros tuvo además otras representaciones en Egipto, expresadas por imágenes que rechazan nuestras actuales costumbres y que admitieron los iniciados egipcios por- que entonces tenian una representación valedera y un sentido verdadero, pero que nunca han tenido cabida en los templos de la masonería moderna. En el momento mismo en que se altera el mito primitivo en el Delta y en la parte que periódicamente se inunda por el gran rio, el Nilo es considerado como un dios, como Osiris mismo, y la tierra fecundada toma el nombre de Isis. Durante el equinoc- cío de la primavera era cuando se comenzaba á observar cierto movimiento en las aguas del rio, que iba elevándose poco á poco, de modo que la acción del Nilo sobre la tierra egipcia concordaba perfectamente con la del sol sobre la luna. Esta conexidad dió lugar á que el error fuera más fácil. El Egipto entero está considerado como cauce de un rio; la parte que no cubren sus aguas permanece estéril; al desierto no lo pue- den fertilizar las aguas del cielo, y el desierto constituye los dominios de Tifón. De este modo se explica el nacimiento de Anubis. Isis es la esposa fecunda del Nilo; Nefi- this es la esposa estéril de Tifón, y sólo puede engendrar mediante un adulterio con Osiris, es decir, que el desierto no puede ser fecundado sino gracias á un mayor des- bordamiento del Nilo, que lleve hasta él sus aguas. La religión nacional egipcia y desde su comienzo la de los iniciados; el culto del Grande Arquitecto del Universo, representado por el sol, fuente de toda luz; largas y concienzudas observaciones calculadas en un principio por la extensión de las som- bras meridianas, llevaron el conocimiento de la revolución anual; la inspección de los DE LA MASONERIA CXVII astros condujo á descubrir el movimiento oblicuo del sol en el círculo de la elíptica, se inventa el Zodíaco con sus doce signos, ó, por mejor decir, la marcha real de los astros que componen la esfera, se traduce á las miradas, se hace sensible para todos. Los sacerdotes hablan inventado la astronomía, la observación de los fenómenos de la naturaleza vino á completar el sistema general, y al mismo tiempo que desen- volvían los elementos de una ciencia exacta, dieron mayor extensión á las bases de una religión; el año se dividió en cuatro estaciones, marcadas por el cambio de tem- peratura, y estas estaciones se subdividieron en doce meses, indicados por los doce signos de la banda zodiacal, en la que es comprobada la entrada del sol por la obser- vación de las estrellas colocadas fuera de esta banda; el tiempo que el sol pasa en cada una de estas constelaciones se mide, el Zodiaco se divide en trescientos sesenta días ó revoluciones, en los que ora luce el sol ó imperan las sombras, á los que bien pronto se añaden cinco más para completar el tiempo preciso de la carrera del sol. Todo el culto exterior tendrá por base á la astronomia; las ceremonias recordarán estas diferentes evoluciones; las fiestas parecerán tener por único objeto la celebración de estas aproximaciones del sol y rogar porque se verifiquen. Pero las ciencias no pueden constituir por mucho tiempo una instrucción secreta, y en esto es precisa- mente en lo que los historiadores que han escrito de la iniciación sin haberla recibido y sobre los misterios sin conocerlos, se han copiado los unos á los otros, agrandán- dose cada vez más el error y trasmitiéndose inocentemente de generación en genera- ción. Se comprende en todas las épocas de la sociedad que ciertos hombres se perfec- cionen en un arte manual y que cediendo á un interés particular, á un interés de sub- sistencia ó de comodidad, rechacen á los que se presenten para ejercerlo, enseñán- dolo sólo á los miembros de su familia, á fin de no verse ellos mismos privados de una fuente de riqueza tan grande como segura, y estas diferencias sociales, por más que llamen la atención y den lugar á rivalidades inextinguibles entre los hombres, no pueden admitirse, en manera alguna, dentro de las sociedades perfectamente organi- zadas, pero se comprenden desde luégo en los principios de los pueblos. No podia suceder lo mismo con los jefes de la iniciación masónica, con los deposi- tarios de la ciencia; los conocimientos extraordinarios que difundían los sacerdotes egipcios, instruían á los iniciados con respecto á las supersticiones de las masas de que inmediatamente hablaremos; eran el corolario de la recepción, de la admisión á los misterios, no eran ni el principal objeto ni la base. No constituían una doctrina secreta, sino una ciencia poco conocida; la iniciación tenia otro fin, y este fin lo va- mos á explicar, no por inducción, no por algunas palabras debidas á la casualidad esparcidas en los libros, sino apoyándonos en la autoridad de antiguos autores que, excitada su curiosidad por la existencia de los misterios, han investigado y revelado la filosofía de ellos, en tanto les era posible, habiendo por sí mismos recibido la ini- elación. Había aparecido el dogma de la inmortalidad del alma y con él la idea de las re- compensas y de las penas, pensamiento consolador y civilizador que reforma á toda una sociedad entregada, sin esperanza, á la anarquía moral del materialismo. De este CXVIII HISTORIA GENERAL dogma se desprendían naturalmente lecciones de sabiduría, de equidad, reglas de conducta^ la idea de la resistencia á los apetitos inmoderados que arrastran á los hombres poruña pendiente tan rápida á la degradante inmoralidad, principios de fra- ternidad é igualdad entre los hombres, de libertad regulada por las leyes. Asi era, todos los escritores lo confirman, la doctrina secreta de los masones egipcios, la ense- ñanza de los sacerdotes jefes de los iniciados, constituyendo el gobierno teocrático que precedió al de los Faraones. En este periodo famoso se funda la ciudad de Tebas, capital del imperio que diri- gen los sacerdotes iniciados, y dice Diodoro de Sicilia; «El sol no ha visto jamás una ciudad de semejante magnificència.» Su comienzo es desconocido, sus primeros días se pierden, como los del pueblo egipcio, en los tiempos misteriosos de que no hay datos. Los historiadores de todas las edades tienen la censurable costumbre de hallar un fundador á todas las ciudades; de aquí largas discusiones y réplicas estériles que nunca dan lugar siquiera á que la ciencia avance un solo paso. Excepción hecha de algunas ciudades fundadas por reyes con un fin utilitario unas veces y otras sólo por fastuosas miras, pero que en todas y siempre han tenido buen cuidado de inscribir sus nombres en los monumentos, las ciudades se han construido lentamente por las po- blaciones, pues nunca surgen de la tierra como las plantas. En las orillas de las montañas, en las márgenes de los ríos se reúnen algunos traficantes, se encuentran algunos pescadores y se construyen un abrigo contra el frío de las noches, contra la intemperie de las estaciones; se reúnen bajo un árbol para deliberar y aparece la idea del ayuntamiento; aglomeran algunas piedras y allí celebran las ceremonias de su culto; colocan la imagen de su dios y queda indicado el templo; la familia acrece, los hombres atraen á los hombres, nacen las ciudades, se desenvuelven, se agrandan, se rodean de murallas y se adornan con edificios. Cuando llegan á tomar un nombre, aquellos que las fundaron hace mucho que duermen el eterno sueño de las tumbas. De esta manera fué fundada Tebas; algunos hombres construyeron primero en la orilla oriental del Nilo algunas cabañas hechas con juncos que proporcionaba el mis- mo rio; habiéndose hecho más numerosa la población, tendieron un puente y comen- zaron á poblar la orilla occidental; un inmenso valle se extendía antes de llegar á las montañas y hasta ese limite no se detuvo Tebas: en ella establecieron los iniciados su colegio principal, el asiento de su poderío; entonces se comenzaron á levantar los edi- ficios, viéndose surgir del suelo aquellos palacios admirables, aquellos templos mara- villosos, entre los que brillara el famoso templo de Karnac, cuyas ruinas cubren aún la tierra. No hay nada en los templos modernos que nos pueda dar idea de lagrandeza aquella; el templo de Karnac tenia próximamente media legua de circunferencia y di- ficil es poder decir lo que contenia de columnas, estatuas colosales y obeliscos, vien- do lo que queda aún después de la devastación operada por tantos siglos. Ciento cuarenta y dos columnas en dos naves, de las que veinte columnas de once piés de diámetro y de sesenta á ochenta piés de altura, componían el pórtico princi- pal, sumido en una claridad misteriosa; después de este pórtico se encontraba una nueva entrada seguida de cuatro obeliscos de granito, cuyo trabajo era esmeradísimo; DE LA MASONERIA CXIX hace muy pocos años que tres de éstos se encontraban aún de pié. El techo del tem- pío de Karnac estaba pintado de azul, tachonado de estrellas, según dice el célebre egiptólogo Champoliónj y en esta reseña creemos ver la bóveda estrellada de nuestros santuarios. Las puertas por que se penetraba á la segunda circunvalación del lado del Norte, estaban adornadas deesfinges^ cuyos zócalos existen todavía; más allá^ en un patio, se elevaban colosos de granito y de mármol blanco. Dentro de este circuito ha- bia contenido un segundo templo: su primera puerta estaba precedida por una galeria adornada con esfinges, cuyas cabezas eran de toro; ésta desembocaba en otra, ador- nada del mismo modo, pero con la diferencia que las cabezas de las esfinges eran bu- manas, y ésta cortaba á otra galeria en la que las esfinges tenían cabezas de carnero; la una tenía ciento veinte, la otra ciento dos. Por último, en el circuito general se con- taban cuatro templos, de los que aún pueden verse murallas en ruina, columnas trun- cadas y estatuas mutiladas. La entrada del templo de Luksor la adornaban dos obe- liscos de una sola pieza, de granito rosa, de cien piésde elevación, dos estatuas de cua- renta piésde altura y más de cien columnas. Todas estas magnificencias se extendían en la parte oriental de Tebas. La orilla occidental del Nilo contiene un número de columnas mayor aún, asi como también de pilastras, estatuas colosales de sacerdotes talladas, en cariátides y monu- mentos, entre los que están el Memnonio^ tumba, templo ó palacio, pues aún no se sabe qué era, una estatua de setenta y cinco piés de altura y una biblioteca sobre la que se podia leer esta inscripción; Farmacia del alma. ¡Idea bien digna de la maso- neria egipcia! Tal era entonces la capital famosa cuando los iniciados gobernaban el Egipto; en aquellos templos resplandecientes celebraban sus misterios, allí se aglomeraban los pueblos á su voz, llegando á escuchar la palabra que vivifica, que regenera. Más pró- ximos á nosotros, descendiendo, se encuentra en el Delta otra ciudad. Sais, en la que existía otro colegio de sacerdotes muy notable y un templo llamado después Naet., en el que había una capilla hecha de una sola piedra de granito, tallada en las canteras de Elefantina y transportada á Sais, que dista ochenta leguas. Las dificultades de la locomoción parecían ser cosa de poca importancia para aquel pueblo, al que la civilización prestaba tanto poder; la tierra que habitaba, todo el Bajo Egipto, no era más que el resultado de los aluviones depositados por el Nilo, que había añadido una región al valle de la Tebaida, poniendo limites al mar; el Del- ta no era más que despojos de la Abisinia, acarreados por el Nilo desde una distancia de más de trescientas leguas, y este pueblo también transportaba á grandísimas distancias las columnas, los obeliscos, las capillas y los templos; las olas le habían dado la tierra y á su vez él tomaba las rocas graníticas, que tanto interés le inspira- han, añadiendo de este modo una conquista á otra conquista más maravillosa todavía. La historia nos ha conservado el recuerdo de las grandes solemnidades religiosas que atraían hacia el templo misterioso de los iniciados de Sais todo un pueblo religió- so y entusiasta. Cuando llegaba el tiempo de las fiestas, los egipcios se embarcaban por el Nilo en barcos profusamente iluminados, y todo el rio, hasta Sais, estaba cu- CXX HISTORIA GENERAL DE LA MASONERIA bierto de estas embarcaciones, que subían ó bajaban por su corriente, y cuyas luces disipaban las tinieblas de la noche. Llegados áSais, donde los misterios se celebra- ban después de la puesta del sol, los egipcios encendían luces alrededor de los tem- píos y alrededor de las tiendas en que acampaban al aire libre; los habitantes de la ciudad rodeaban taml)ién sus casas con lámparas encendidas, consistiendo éstas en vasos pequeños llenos de sal y aceite con una mecha que sobrenadaba y ardía duran- te toda la noche. Al mismo tiempo, en todos los puntos del país, aquellos que no po- dían acudir á la solemnidad,encendían luces en sus ciudades, de modo que al mismo tiempo, á la misma hora, todo el Egipto se encontraba iluminado. Si algún extranje- ro, ignorante de aquellas costumbres, preguntaba al pasar por cualquiera de las ra- mas del Nilo ó mirando el mar desde el mar Interior, la causa de todas aquellas luces que hacían de la noche día, le respondían: «Son los masones que celebran la fiesta de las luces y que la celebran por la noche en medio de semejante claridad porque la ini- dación disipa las tinieblas del espíritu, como el resplandor de las lámparas desvane- ce la oscuridad de la noche.» Lo mismo que Tebas, Sais ha tenido que sufrir los destrozos del tiempo; la ciudad de más importancia que había en el Delta, parece que se ha abismado en las aguas; su colegio de sacerdotes ha sido dispersado por la conquista; del famoso templo de Naet no quedan hoy más que ruinas, columnas truncadas y mutiladas estatuas que sirven de apoyo á cabañas miserables de felahs ignorantes, y cuyo suelo, bollado hoy por sus piés, estuvo consagrado en la antigüedad á los dioses tutelares de su patria. Inútil es investigar cuáles fueron en aquella época famosa y única en la historia de la masonería las pruebas impuestas y por las que tenían que pasar los que solicitaban la iniciación; además, ésta tenia muchos grados y fácilmente se comprenderá por qué. La doctrina secreta había llegado á ser la religión dominante, la religión nacional, objeto de la veneración de todos. No tenia, pues, nada que ocultar, podía hacer pú- blica y ostensiblemente todos sus actos y ceremonias. No era ella la que se resistía á la inteligencia, la que se envolvía en velos para ocultarse á sus ojos, pero encargada de la ilustración de los hombres, procedia lentamente, como hace hoy; en el estudio de las ciencias se comienza por las cosas más fáciles,- más sencillas, para no asustar con terribles dificultades á los que se dedican á ellas. Procuraba adaptar sus revela- clones sucesivas á la inteligencia de aquellos que habían obtenido la iniciación, de una manera tal que no pudieran asustarse al primer golpe de vista, considerando el fin á que hablan de llegar, sino conduciéndolos poco á poco y por grados. En aquellos momentos el misterio no estaba en ella, sino que las tinieblas estaban aún en el espi- ritu de los hombres; no podían disiparse sino muy poco á poco. Sus pruebas eran entonces, como lo son hoy, más morales y físicas.» Necesario nos ha sido hacer esta transcripción Integra de las opiniones emitidas por un autorizado historiador de la orden masónica para que, impugnándola como debemos, quede claro el razonamiento que nos lleva á afirmar, áun después de visto lo que precede, que nunca en Egipto existió masonería, al menos hasta la época que llevamos estudiada. CAPÍTULO XII Causa eticiente de las ideas del autor de la Historia filosófica de la masonería. —Inconveniente que resulta de atribuir á la orden un origen más remoto del que realmente tiene.—Transformación operada por el tiempo en las instituciones sociales.—Constitución de la sociedad en Egipto.—Imposibilidad de fijar en ella lacuna de la masonería.—Kauffmann.—Análisis de sus conclusiones.—Isis y Osiris.—Su culto.—Di- vinidades femeninas.—Los misterios.—Oscuridad de la historia acerca de estas ceremonias.—Absurdo de suponer á la masonería como su derivación. —La iniciación en el antiguo Egipto.—Pruebas á que se suje- taba al aspirante.—Solemnidades públicas con que se festejaba al neófito.—Iniciación á los misterios de Serapis. N presencia de cuanto acabamos de decir, justo seria que comenzáramos este capitulo con la ya célebre frase de: ¡Asi se escribe la historia! mas no queremoSj en modo alguno, dar censuras por anticipado, y gústanos proceder con el orden y mélodo que toda obra racional exige. Antes de refutar una por una todas las opiniones é ideas emitidas por el citado autor de la Historia fllosójica de la franc-masoneria, conviene fijarnos muy princi- pálmente en la que podemos llamar causa eficiente ú ocasional de todas ellas. No nos atrevemos á suponer, en modo alguno, que sean hijas de la ignorancia y tampoco que la mala fe haya movido^á hacer una exposición tan dilatada de ellos, lo atribuimos única y exclusivamente á un exceso de celo, á un afán de elevar por encima de todo lo que ciertamente tiene elevación considerable con la que resulta de los grandes y elevados fines que se ha propuesto, mas ya en varias ocasiones hemos señalado el desmedido afán de los que á todo trance quieren deducir el carácter de bondad del mayor tiempo que puedan atribuir desde el establecimiento de la institución. Caballé- ros en esta desatinada idea, no uno, sino muchos historiadores, han emprendido una peregrinación por la historia, y ávidos é impacientes, han aprovechado cuanto les pa- recia útil y conveniente; mas como es tan poco, no han tenido escrúpulos, y violentan- do los hechos, han procurado que sirvan de buena ó mala manera á sus ideas. De XVI TOMO 11 CXXII HISTORIA GENERAL aqui tanto y tan censurado error esparcido entre el vulgo, de aquí también tanta pre- sa arrojada á los detractores de la orden masónica, cuyo trabajo para ponerla en ri- diculo, cuando menos, ha sido bien fácil y sencillo. Si los conocimientos fueran tan elementales y sumarios hoy como por desgracia lo fueron en otro tiempo, esta manera de trabajar hubiera dado resultados distintos, y estos resultados hubieran podido subsistir sin caer tan pronto en el desprestigio en que por fortuna han caido. Tal vez algunos se fijen con malévola intención en que creemos una fortuna el que se hayan desprestigiado, pero tranquila nuestra conciencia por apoyarnos siempre en la absoluta verdad de los hechos, nos importan bien poco los conceptos que de nos- otros emitan aquellos que aficionados á las prácticas de las antiguas religiones, ridi- cul as en nuestro tiempo, claman con hueca y sonora voz, subidos constantemente en el trípode, hacen de todo tenebroso misterio y no quieren que ni por nadie ni por nada se llegue á la comprensión de lo que poco, muy poco tiene que comprender. Volvemos á repetirlo porque sinceramente lo creemos; fortuna y no pequeña es que las antiguas razones y datos que se aducían para dar apoyo á la institución masóni- ca, hayan caido en descrédito, pues de este modo nos vemos obligados á buscar otras que si no se hallan en la historia se encuentran con facilidad suma en la razón y en la conciencia, y éstas, hay que confesarlo, son más fuertes y vigorosas. Nada ha ganado, y lo que es más, no podía ganar nada la institución masónica con que la hubiéramos hallado establecida en Egipto, y por el contrario, haciendo una afirmación semejante, no dejaba de perder luégo que á todas luces quedara demos- trado que tal hipótesis era falsa. Naturalmente, cuando con saña ó sin ella se hallaba cualquiera en presencia de fundamentos históricos como los que venimos refutando, si era hombre de saber y de conocimientos, se reia y negaba; si ignoraba, pero tenia laudables deseos de saber, no subsistia su ilusión más que el tiempo necesario para que el estudio, por poco profundo que fuera, le aportara Un desengaño y bien sabe- mos cuán fatales son los resultados que un doloroso y sensible desengaño, provoca; podia suceder que algunos se contentaran sencillamente con darse por enterados, pero esto no podia en manera alguna consolar ni bastar á los individuos de una so- ciedad que proclama en alta voz que su principal fin es difundir los conocimientos. Asi, pues, los resultados conseguidos con las historias de la orden que hasta ahora se han escrito, puede afirmarse que han sido en su mayor parte contraproducentes; una rápida ojeada bastará para comprender inmediatamente que lo dicho, que lo afirma- do, que aquello hasta para lo que se aducían citas, era falso de todo punto y entonces el desencanto era mayor. Desde luégo comenzábase por aventurar una idea que casi no tenia contestación. Eran muchos los que se fijaban en la disparidad de las civili- zaciones cuyo apogeo se determina en épocas muy anteriores á la constitución de las nacionalidades, y en la que éstas han alcanzado hasta nuestro tiempo, y con efecto, no hay nada tan raro de explicarse como el fenómeno que de esto resultaba; han cam- biado las instituciones sociales y políticas, se ha alterado por completo la organiza- ción de la familia, no subsiste ninguna de aquellas creencias filosóficas, morales ó re- DE LA MASONERIA CXXIII ligiosas, y sin embargo, sobrenadando por encima del espantoso oleaje que han levantado las convulsiones en que se ha agitado la humanidad, resistiendo á los furio- sos embates del tiempo, que todo lo destruye, sosteniéndose contra el afán innovador de las generaciones, quería hacerse pasar á la institución masónica. Bien claro resulta que es de todo punto imposible aunar ni dar armonía á los contrarios elementos que resultan; es patente que una sociedad que naciera en la antigüedad, que se desarro- liara y floreciera en aquel periodo de tiempo, que cumpliera entonces sanos y prove- chosos fines, pudiera haberse perpetuado hasta nuestros días consiguiendo siempre los mismos resultados, y áun podia hacerse una demostración más clara invirtiendo el orden, pues seguro es que una asociación que dé provechos y utilidades morales ó prácticas, no hubiera podido subsistir en aquella época, y naturalmente, puede afir- marse que lo de hoy y lo de entonces fuera una misma cosa, con la diferencia de que en el fondo hubiera cambiado de carácter, pues es necesario conceder que la diferen- cía es tan grande que hablan de resultar dos cosas diametralmente opuestas. Para llegar á la comprobación de estoque decimos y que bien claro resulta ya des- de luégo, no tenemos más que hacer sino fijarnos en cualquiera de las instituciones que datando, como puede decirse, desde que el mundo es mundo, no son lo que eran, ni su carácter antiguo hubiera podido subsistir ni el moderno entonces hubiera pare- cido más que una aberración insostenible. El matrimonio ha sido siempre la unión de un hombre con una mujer, y desde los días cuyos acontecimientos registra la histo- ría, ya para que los hijos habidos de ella resulten legítimos, ya con otros fines, esta unión ha estado sometida á ciertas formalidades lo mismo civiles que religiosas. Esto es cierto de todo punto, y acerca de ello no cabe, no es posible abrigar la menor duda, y sin embargo, entre los distintos pueblos, las diferencias en los resultados son tan esenciales que constituyen, digámoslo así, instituciones diferentes. Hagamos ahora estas diferencias cuestión de tiempo y veremos hasta qué punto asombran los cam- bios. Dentro de la sociedad matrimonial, el hombre no es ya un señor absoluto, dueño por completo de vidas y haciendas; ya no puede tener bajo el techo conjugal más que á una mujer y la unión con ella tiene el carácter de indisolubilidad en el mayor nú- mero de los pueblos; la institución matrimonial no crea esclavitud para la mujer ni la condena á una servidumbre abyecta y degradante. Que quisieran dominarnos con aquellas estrambóticas ideas que dominaban en la antigüedad para la constitución de la familia, y las rechazaríamos con honra; pero fijémonos en que si en los tiempos aquellos un reformador, anticipándose á los siglos, hubiera querido imponerles las que hoy dominan, le hubieran despedazado ciertamente. Otra de las instituciones más esenciales en la general organización de la sociedad es, sin que pueda dudarse, la patria potestad; en cualquier época histórica y en todos los pueblos, se ha consignado que el hijo debe respeto, obediencia y sumisión á su padre y que éste tiene sobre el hijo autoridad y dominio; asi se sigue reconociendo, y sin embargo, compárese lo que legal y moralmente sucede hoy y lo que en otros tiem- pos ha sucedido y se observará tan grande diferencia que áun siendo la misma ins- titución, tendremos que dar de ella definiciones bien distintas. CXXIV HISTORIA GENERAL ¿Cómo sucediendo esto con instituciones tan fundamentales habia de haber ocu- rrido cosa totalmente opuesta con la masonería? Esta sola pregunta hubiera bastado para hacer titubear á los más celosos partidarios del antiquísimo origen de la orden; esta pregunta debía haberles hecho cambiar el curso de las ideas y hacerles investigar con más sólidos fundamentos; mas nada ha bastado para hacerles desistir, y unos tras otros, más que nada por el plagio en que han incurrido, han dicho lo mismo. Tiempo es ya de que se haga otra cosa, y si en este punto nos del nemos más, buena disculpa tenemos; se encuentra tan envuelto en el misterio todo cuanto al Egipto se refiere, se sabe tan poco de aquella organización religiosa, se ha guardado tan grande reserva en todo lo que pertenece á los misterios y á las simbólicas ceremonias de aquel culto, que ninguna nación ha parecido tan á propósito para determinarla crea- dora y fomentadora de la masonería como aquella que alzara las pirámides y los templos que aún en ruinas hoy, todavía nos asombran, á pesar de lo que no deja de decirse lo mismo de cualquiera de aquellas cuya civilización se presenta á nosotros envuelta en la penumbra que el tiempo crea y que á desvanecer no alcanza el lente penetrante de la historia. Sin embargo, una somera consideración basta para hacer comprender cuán desea- bellada es esta idea, no ya sólo para suponer que en el extenso y dilatado valle que fertiliza el Nilo se alzaran templos masónicos pero que ni áun para pensar en que aquel pueblo soñara con el establecimiento de asociaciones,ni públicas ni secretas, cuyos fines fueran divulgar los conocimientos y preconizar la armonía y fraternidad que debe reinar entre todos los hombres. Al hacer el estudio de aquella nacionalidad, considerándola desde el punto de vista politico y social, hemos visto al más conside- rabie número de los individuos sometidos inconscientemente á la despótica autoridad de los sacerdotes, que constituían por sí solos una clase, una casta, que podríamos decir en la técnica acepción de esta palabra, inabordable para aquellos que no hablan tenido la fortuna de nacer en ella. Ellos lo podían todo y lo dominaban todo; celosos de su prestigio y autoridad, resistieron en más de una ocasión el poder civil, oponién- dole su inmediata relación con la divinidad, de que únicamente dependían, y logrando vencerlo por medio de la sugestión que supieron operar en la conciencia de aquel pueblo, falto de conocimientos, y al que cuidadan muy especialmente de no hacérse- los adquirir. Hemos visto en nuestro sumario estudio como las ignorantes masas de aquella sociedad envilecida por el embrutecimiento, cedían á la más ligera presión del que mandaba y como, á pesar del desnivel entre gobernantes y gobernados, jamás llegaron á sublevarse ni á intentar cosa que tendiera á la derogación de aquel poder que los avasallaba. Pasivos siempre, obedecían sumisos y nunca eran mandados en cosas que pudieran despertar su conciencia; el esfuerzo moral de los pueblos se revela no más que en las obras hijas de su inteligencia creadora; de esta clase, el pueblo egipcio no tiene ninguna, antes bien, al contrario, todas las que de él conservamos atestiguan su energia y su fuerza; en presencia de aquellos colosales monumentos es necesario conceder que fueron muy pocos los hombres y muchísimas las bestias de carga. En este pueblo, no obstante, es, como venimos diciendo, en el que algunos DE LA MASONERIA CXXV autores se han fijado más para hacer á la masonería hija directa de aquella sociedad, pero su sistema cae por la base ni ninguna de sus ideas son ni pueden ser admisi- bles. Ya que en el historiador Kaufïmann nos hemos fijado, por ser el que de más autoridad y crédito goza, analicemos su manera de proceder y nuestros lectores podrán convencerse sin esfuerzo de lo fundado de nuestra negativa. Involucrando lastimosamente dos ideas desde el principio, admite para la explica- ción del mito de Isis y Osiris, hipótesis que distan mucho de ser las primitivas y que desde luégo revelan la mano del hábil mitógrafo de un tiempo muy posterior. Se ve al mito recargado de una porción de detalles que acreditan una superior cultura, de- talles de un tiempo en que forzosamente ha tenido que desaparecer la sencillez primi- tiva nada que llevara al egipcio á ver en el rio de que tantos beneficios recibía, menos que un dios. La hipótesis admitida por Kauíïmann, da cabida ya al culto de los animales sagrados y los dioses tienen caracteres de la última época mitica; en ella vemos aparecer á An ubis con su cabeza de perro, divinidad que, como hemos dicho en nuestro precedente capitulo, no aparece en semejante forma sino cuando la religión degenera. El culto de Isis y Osiris gozó, efectivamente, de gran preponderancia en Egipto, mas no puede decirse que imperara por completo y hasta se podria afirmar que es inferior al de muchas otras divinidades, siendo muy justo hacer observar que perte- nece á las materiales, posteriores en mucho á las metafísicas, que son resultado de los temores porque los hombres primitivos se ven acosados. Lo único que en su favor tienen es que lograron un carácter absoluto de generalidad en Egipto, prueba más en apoyo de la interpretación que en su tratado da Plutarco. Osiris es el Nilo, Isis es la tierra; ambos elementos se unen y causan con su unión la dicha y el bienestar de aquel pueblo; por esto desde un confín al otro los adora y reverencia, por esto única- mente, por esto puede admitirse la frase de Kauíïmann, que los determina como la piedra angular de aquella mitologia. Un pueblo agricultor, un pueblo que vive sólo del fruto de los campos, ha de tener en gran respeto á lo que da lugar á que los rendimientos sean mayores y en esto no puede verse ninguna idea grande ó levan- tada, ninguna idea cuyos resultados sean ascender de lo material á lo inmaterial, de la tierra al cielo. Isis y Osiris son venerados en todo el Egipto, pero en la parte inferior adoraban y tenían por dios supremo á Ptha, siendo para ellos el más antiguo délos dioses; era el dios del fuego y este elemento tenia efectivamente por símbolo; las inscripciones que en su honor se conservan lo llaman «el padre de los padres de los dioses,» «el Señor del cielo,» «el rey de los dos mundos,» y en la lista de Manetón aparece como hablen- do reinado 9000 años antes que los otros. En Memfis tenia exagerado culto y suntuosos altares, de aquella poderosa ciudad era el dios supremo, y no obstante, no sucedía lo mismo en la inmediata población de Anón, donde el que de más preponderancia go- zaba era Ra, dios de la luz del sol, como Ptha lo era del fuego. Además los egipcios ad- mitian en su culto las divinidades femeninas, y entre ellas, reverenciadas también en alto grado, tenemos á Neith, cuyo nombre, según Plutarco, significa: «Procede de mi CXXVI HISTORIA GENERAL misma,» y que era tenida como la madre de todas las demás divinidades, y de cuyas grandes fiestas nos habla Herodoto; la diosa de Buto y Pcht, la de Bubasti, y en el alto Egipto vemos aparecer á Ammón, Atmón y Mentón, á Cuefy Mont, teniendo cada uno de ellos su culto determinado, sus sacerdotes y sus misterios. La manera de pro- ceder era, pues, la misma; la única diferencia que existia era la de que estas divini- dades tenían un culto particular, en tanto que Isis y Osiris eran venerados en todo Egipto. Una de las particularidades más notables de las antiguas religiones era la cele- bración de los misterios, que como la misma palabra indica, tanto quería decir como secreto, pues procede del vocablo griego que significa cerrar la boca. Estas ceremonias, acerca de las que se ban aventurado mil ideas y mil hipótesis, permanecen aún ignoradas, pues cuanto de ellas se dice puede no ser cierto, dado que se ignora por dónde se ha llegado al conocimiento de ello. Herodoto, que en su obra confiesa haber recibido la iniciación, declara en distintos pasajes de sus libros que no habla de lo ocurrido en las pruebas á que fuera sometido por haberlo jurado asi y por el grandísimo respeto que las cosas sagradas le inspiraban, y lo mismo ha- cen otras autoridades en la ciencia histórica, cuyo dicho hubiera sido de grandísima importancia en este asunto. Expondremos más adelante las formalidades del ritual, que pasan por ciertas, pero en este momento debemos considerar, más que nada, el fondo de la cuestión. Los misterios religiosos de la antigüedad no han constituido nunca cultos priva- dos; los dioses en cuyos templos se celebraban no eran propicios sólo á los que es- quivándose de la vista de los demás les rendían fervorosa adoración, eran adorados de todos y á todos atendían, pero para esto hacían falta intermediarios, cualquier indi- viduo no podia ponerse en relación inmediata con la divinidad, y precisamente en las condiciones en que esta mediación se realizaba, es en lo que el misterio consistia. Asi, pues, aquellas ceremonias de que infundadamente se supone arrancan algunas prác- ticas masónicas, tenían lo que entonces con sobrada verdad hubiera podido llamarse el carácter propio de las ceremonias del culto admitido. Mediante ellas, los hombres entre si no podían conseguir nada, ni los individuos que se congregaban para verifi- carias, esperaban lograr el alivio moral para sus semejantes, gracias á las fuerzas que reunían y á los medios que contaban poder emplear; nunca fueron sus fines esparcir la cultura y difundir los conocimientos, estrechando así lazos de fraternal unión entre todos los seres; antes al contrario, los misterios de la antigüedad implican sólo ven- tajas para los menos, y el objeto principal de los que á ellos se entregan no es otro que el de rehuir una extinción de diferencias entre las clases, gracias á la que todos pudieran llegar á tener iguales derechos é iguales deberes. Suponer que la masonería es una derivación de los antiguos misterios, es tan absurdo como suponer físicamente que la luz es no más que una emanación de las tinieblas, es querer suponer que la sociedad civil es un resultado de la organización sacerdotal; una y otra cosa son por completo y en absoluto independientes, no hay nada que las pueda relacionar ni nada que dó notas ó caracteres semejantes entre DE LA MASONERIA CXXVII ellas para poder establecer siquiera no fuera más que una remota comparación. Las religiones, en su base, en su constitución, antes del falseamiento que los hombres con ambiciosas miras puedan introducir en ellas, son hijas del temor del hombre ante fuerzas que desconoce y ante las que se confiesa impotente. Cuando esto sucede, el sér humano, que desde el comienzo ha podido comprender el bien y el mal, aunque sin investigar la causa hasta más tarde, eleva las manos al cielo, invoca á las poten- cias sobrenaturales de que cree depende todo, ó se dirige al objeto ó sér del que supo- ne emana su ventaja ó su desgracia. La masoneria, como en tiempo oportuno vere- mos, es desde su principio una aglomeración de hombres á los que unen comunes intereses, que procuran ensanchar por medios legales y lícitos la esfera de acción de que disponen y que luchan por conseguirlo sin tregua ni descanso, pero sin recurrir jamás á la fuerza. Como vemos, por este concepto no cabe admitir siquiera el más remoto parecido entre una institución y otra, y no sólo esto, sino que la diferencia se acentúa más y más cuando se considera que siempre fueron iguales los principios masónicos para todos los pueblos, mientras que muy pocos han sido los que durante su vida histórica han tenido la misma religión. La masoneria ha tenido y ha logrado, en parte, conseguir que los hombres fraternicen y aunen sus esfuerzos; las creencias religiosas han producido efectos contrarios, han sido causa de horrorosos disturbios y trastornos, de guerras sangrientas que han privado de la vida á millares y millares de hombres. Fijándonos ahora en ulteriores consecuencias, veremos también cuán esenciales son las diferencias que resultan en las alteraciones subsiguientes de una y otra insti- tución. La masoneria, como veremos detenidamente en su historia, modifica su credo, se adapta ó procura adaptarse á la manera de ser de los pueblos modernos, se atiene á las necesidades de cada época y procura, por cuantos medios están á su alcance, el mayor bien posible para sus asociados, y éstos pueden serlo todos los hom- bres, sin trabas, coacciones ni cortapisas; las puertas de los templos masónicos no se cierran para nadie, y una vez dentro de la orden, no hay misterios ningu- nos, hay sólo la necesaria jerarquia, imprescindible en toda sociedad bien orga- nizada. ¿Sucede lo mismo con cualquiera de las religiones que han dominado en la con- ciencia de los hombres? Ciertamente que no, y por cuanto nos ocupamos del Egipto y hay, digámoslo asi, verdadero empeño en hacer de aquel pais la cuna de la masone- ría, estudiemos detenidamente su desenvolvimiento religioso y veamos cuán pocos elementos tiene para poder ser comparado con el de la masoneria. Aparece primero, como hemos visto, el sencillo naturalismo, mas poco después, dado que un siglo es un soplo en la vida de los pueblos, se determinan algunos hom- bres, que sea gracias á la propia observación ayudada de una intuición más suspi- caz, ó sea por el comercio inmediato con otros pueblos cuyos conocimientos estén más adelantados, pueden dar explicaciones, empíricas las más de las veces, casi nunca racionales, de los fenómenos que á la mayoría espantan, pueden predecir otros y asignarles causas á cuya comprensión no alcanzan los ignorantes, y es muy natural. CXXVIII HISTORIA GENERAL dado todo esto, que haya en las sociedades primitivas seres privelegiados á los cuales se les mire con religioso temor, suponiéndoles en relación directa con la divinidad. El egoísmo ha sido, y áun lo es en nuestro tiempo, por desgracia, una de las causas más principales que han obligado á obrar á los hombres; sin ser fatalistas en la historia, creemos que sean muy pocos los hechos de trascendencia que puedan registrarse en cuyo fondo no se agite la ambición de un hombre y que puedan dejar de ser conside- rados como hijos del anhelo de bienestar, de gloria ó de riqueza de un hombre ó de una clase. Desde el punto de vista utilitario, este proceder se explica, por más que siempre repugne á la conciencia de los hombres honrados, y hay que confesar, pues de otra manera no se explica, que los sacerdotes egipcios lo mismo que los de otras muchas religiones, se han fijado siempre en la utilidad que para ellos resultaba de los actos que llevaban á cabo. Podían conseguir un aumento de autoridad, de poder ó de riqueza, no se paraban en más, ni otra cosa cualquiera les importaba; obraban y entonces con energía, con actividad, con firmeza si era necesario, y estos sacerdotes, estos iniciados, son á los M. Kauffmann supone como mantenedores de la maso- que neria en Egipto. Si tal fuera, habría que conceder que en aquel tiempo fué la socie- dad masónica lo contrario de lo que es hoy, y esto no es posible, dado que bien puede hallarse en nuestro tiempo sociedad equivalente á la que ellos constituyeron. Aquel sacerdote que, como hemos dicho, llegó á ser considerado por los que vivían á su alrededor como un sér privilegiado, comprendió que dado el provecho que de ello le resultaba, era necesario mantener á toda costa el prestigio conseguido; este prestigio, como decimos, era hijo de la ignorancia, luego ella sola había de ser su principal sostén y á este fin supieron conservarla entre el pueblo, que esperando de ellos la salud, la comodidad y las riquezas, les seguía ciegamente, sin pararse en nada. Las ofrendas depositadas en los templos acrecieron considerablemente sus me- dios y el temor que inspiraban por el respeto que imponían, bastó para aislarlos de las masas, para que las tuvieran siempre á respetuosa distancia. Esto es verdadera- mente tan arbitrario y tan falto de sentido que no se comprende ni se explica; los pue- lilos no permanecen siempre en un estado de salvajismo que les vede más tarde la comprensión de lo que antes les era inexplicable; los pueblos progresan siempre, obe- deciendo á una eterna ley que en ninguna época ha dejado de cumplirse; en las socie- dades se filtran los conocimientos como se filtra el agua á través de las rocas más duras, y este hecho, de realización patente, se cumplió también en Egipto, mas á me- dida que esto sucedía, los sacerdotes, celosos de su poder y de su prestigio, sobrecar- gaban el culto, complicaban el dogma, daban mayor y más imponente fausto á las ceremonias religiosas, y de esta manera, poco á poco se fueron encerrando en estrecho circulo, dentro del que se defendían como en inexpugnable fortaleza; sus baluartes no fueron otros que el secreto y los misterios, que á esto únicamente deben su aparecí- miento. Tuvieron que cuidar, de una manera eficaz, de que entre ellos no se deslizara alguno que cometiera la más horrenda de las traiciones, la de revelar que todo su po- dar, que todas sus relaciones con la divinidad, no consistían más que en el temor que hablan sabido infundir y en los conocimientos que poseían, aptos todos para ser tras- DE LA MASONERIA CXXIX mitidos á los demás hombres y analizados por ellos. Para cerciorarse de la fidelidad de aquellos á quienes admitían en su seno, no tenian más remedio que someterlos á pruebas y de este detalle han deducido muchos que fué la clase sacerdotal egipcia una perfecta masoneria. Difiere mucho el carácter de las pruebas establecidas por la so- ciedad masónica y es otro el fin que con ellas se ha propuesto conseguir la moderna sociedad, mas por cuanto nos encontramos sentando precedentes históricos, veamos la iniciación del antiguo Egipto para ver lo que más tarde se ha aprovechado. Etiopes ó no, está hoy fuera de toda duda que el desenvolvimiento religioso del Egipto se debe á los gimnosofistas, que tal vez, por cualquiera de las convulsiones que de la India hemos registrado, llegaron desde este pais á la Etiopia y es más claro aún que entre los de este pais y los de Meroe, existieron siempre grandes relaciones. El principal centro de iniciación del Egipto fué siempre Memfis,la antigua capital, donde se hallaba el Serapeum, templo tal vez el primero que se alzara en aquel pais. Alli acu- dian los favorecidos para la iniciación que habian de guardar el más profundo secreto acerca de cuanto vieran y oyeran, á fin de que nada pudiera trascender á los profa- nos, regla que como más adelante veremos, se trasmitió á los demás países, cediendo sólo al fundamento racional que hemos expuesto. Los misterios que alli se celebraban estaban divididos en mayores y menores. Los menores eran los de Isis y tenían lugar durante la primavera; los mayores comprendían los de Serapis y Osiris y tenian lugar, los primeros, en el solsticio de estio, los segundos en el equinoccio de otoño y en estos últimos era en los que podia solicitarse la iniciación. El aspirante tenia que acreditar, en primer término, hallarse puro de cuerpo y alma; lo primero se conseguía mediante la inmersión de la cabeza en las aguas del Nilo ó en las del mar en un día determinado; lo segundo, acreditando una vida ejem- piar y sin tacha. Una vez convenientemente preparado el aspirante, tenia que diri- girse en las altas horas de la noche á la gran pirámide, llevando una lámpara y todo cuanto fuera necesario para encenderla en un momento oportuno; alli se encontraba con uno de los que ya habian recibido la iniciación, subiendo en su compañía seis es- calones del gigantesco monumento, gracias á lo que se llegaba á una abertura que podría tener un metro cuadrado. En ella comenzaba una galería tan baja y estrecha que con la lámpara en la mano, tenía forzosamente que entrar arrastrando; después de muchas vueltas y revueltas llegaba, al fin, á un pozo de ancha boca, tan profundo que no alcanzaba la vista á su fondo y por el que necesariamente tenia que descender. La oscuridad que reinaba en aquel sitio era más que suficiente para que el neófito no distinguiera los escalones de piedra que habian de servirle; aquel que le servia de guia no se los indicaba jamás, y de este modo, muchas veces aterrorizado, desistia de su empeño y volvíase sin intentar la prueba. Si, por el contrario, se mantenia firme y sereno, si su ánimo no decaía, sino que insistía en realizar la prueba, comenzaba á decender y al sexto escalón se hallaba delante de la entrada de una galeria abierta en la roca y por la que seguia descendiendo en espiral un recorrido de cuarenta y cinco metros. En la extremidad se hallaba una puerta, la cual abría sin grande esfuerzo, pero que, al cerrarse, producía un sonido claro y metálico, cuyo eco se trasmitía por TOMO II XVII CXXX HISTORIA GENERAL aquellas elevadas bóvedas, anunciándose asi á los sacerdotes que un profano se aven- turaba en las pruebas necesarias para la iniciación. Desde aquel momento, los ministros subalternos del último grado comenzaban á prepararlo todo para recibirlo. Frente á la puerta de bronce que se habla cerrado tras él con tanto estrépito, hallaba el aspirante una fuerte reja de hierro, á través de la que vela una extensa galeria, adornada con arcadas que partían de uno á otro lado é ilu- minada con profusión de lámparas y antorchas, y al propio tiempo, percibía claras y distintas las voces de los sacerdotes y sacerdotisas de Isis que entonaban los himnos funerarios, acompañándose de melodiosos instrumentos, todo lo cual, en aquel sitio y dados aquellos solemnes momentos, contribuía á aumentar el terror del próximo á iniciarse. El guia que le acompañaba dejábalo algunos instantes sumido en las me- dilaciones que se le pudieran ocurrir, después de lo que arrancándolo á su éxtasis, le invitaba á sentarse junto á él en un banco de piedra y de nuevo le interrogaba acerca de su resolución. Si se manifestaba firme en el deseo de iniciarse, emprendía con su acompañante el paso de una galeria, cuyo techo se veía sujeto por enormes é imponentes arcadas. En el frontón de una de estas arcadas se podia leer la siguiente inscripción: «El mor- tal que recorra solo este camino, sin mirar ni volverse atrás, será purificado por el fuego, por el agua y por el aire, y si puede soportar el te-nor de la muerte, saldrá del seno de la tierra, volverá á ver la luz y tendrá derecho á preparar su alma á la reve- lación de los grandes misterios.» Después de hacerle notar la citada leyenda el acom- pañante, manifestaba al neófito que no podia seguir con él por más tiempo, que iban á comenzar para él, grandes, formidables peligros y que era necesario para afrontar- los un gran valor y una presencia de espíritu inalterable que si tenia la menor duda de que pudiera dejar de salir victorioso, debia retirarse, pues entonces aún era tiem- po, un momento después sería tarde. Si estas exhortaciones no quebrantaban la fe del que anhelaba la sagrada iniciación, su guía le exhortaba piadosamente, lo abrazaba con cariño y lo abandonaba inmediatamente. Esto no obstante, y sin que pudiera aper- cibirse de ello, según mandaba el ritual, lo seguia á cierta distancia para prestarle apoyo en el caso de que decayera su ánimo en alguna de las pruebas que tenia que atravesar, y para sacarlo, en este caso, de los subterráneos, después de encargarle en nombre de la diosa Isis, que guardara el más profundo secreto acerca de todo lo que acababa de ver y prohibirle terminantemente, que jamás, en su vida, se volviera á presentar solicitando la iniciación en ninguno de los doce templos del Egipto. Al quedar solo el aspirante, seguia, durante un espacio de más de ciento cuarenta metros, por la galeria en que se habla aventurado, en los lados de la que se hallaban estatuas colosales de basalto y de granito en la aptitud en que colocaban á las mo- mias esperando el dia de la nueva resurrección, y todo que lo podia ver, gracias á la débil claridad que esparcía la lámpara que llevaba en la mano. Llegaba, por último, á una puerta de hierro guardada por tres hombres armados de espadas que tenían la cabeza y la cara cubiertos con un casco en forma de chacal, uno de los que le dirigia las siguientes palabras: «No estamos aquí para impediros que paséis, continuad vues- í .';'S ~.·y^r^'^í-1>·^ " HISTORIA; GBffÍiflA,L > W -Tíiíiag íjjèvèdaSv ítnuí^ asiá ios f-Rcerdotes • ;'i« my profano so aven- .'$Tt F--A-^ ïfts pruebas neeesarW^^^ia iniciación. . , uqt^ei róoráento. los subaíternos det últínií . ^rado comenzaban á pj^ïraríí í ííxio pasa recibirlo. 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El guia que ie acompañaba dejábalo algunos instantf:s suitiido en las me?- i* ysí Je caso f|ue decayera su ánímó en algu?uí rie iás pruebas qüé tenia que y para sacarlo, en este cas», de los subterràneí>«; dibipucs de encarggirle en bi íbosa Isis, que guardara el más profundo sem^o acerca de todo lo" que Je bit.ág- ¥Or y prohibirle terminantemente, que Jaa á**, en su vida, se volviera á Jpo'.soHCiíaBdo; la iniciación en ninguno de ios Içmnk: del Egipto. - i. -iaF solo €3. aspirante, seguía^ durante, un espacio de iiiáe de ciento 'oparéñ .>r Icgaíérfa-on quése había ayeníurado, en iad^fis Je la que^ hallaban io.sáies de basalto y de granito en la apiVimi en ípm çídocabah a lap^.j ^hlo ef día dè la hueva j'esürrección, y iodo-quy fo podía ver, gracias a la esparcía lalámpará que liévaba en la poi^ü a guardada ptjf tríiSi hombres armad<>e iifqué tenían la "e '.í 5.ÓS con un casyO én fmma-de cin^ uím; Je los que le < .sMo estamos aquí para impediros.qcíe ^continuad vues- ., . kffesrSíy ; .. .">4? DE LA MASONERIA CXXXI tro camino si es que los dioses os han dado fuerza para ello, pero pensad en que si pasáis de esa puerta, será menester que lleguéis al fin sin retroceder y sin volver la cabeza. En el caso contrario, nos encontraréis en nuestro puesto para oponernos á vuestra retirada y no podréis salir jamás de estos lugares subterráneos.» Efectivamente, era cierta la última parte de este lacónico discurso, no era vana amenaza la que se hacia al neófito, y si éste, obligado por el miedo, se volvía atrás, cogíanlo aquellos guardias y era conducido á los departamentos inferiores del templo, donde quedaba encerrado para el resto de su vida, si bien esta resolución no era de todo punto rigurosa; podia llegar á ser oficial subalterno según sus méritos y contraer matrimonio con una de las hijas de los ministros de segundo orden, pero no llegaba á tener jamás relación alguna con los profanos y se le imponía la obligación de escri- bir á su familia una carta concebida en los siguientes términos: «El cielo ha castigado mi temeridad y estoy condenado á no volver á ver más el mundo; pero los dioses jus- tos me han concedido un retiro dulce y tranquilo; temed y venerad á los inmortales.» Desde aquel momento pasaba por muerto. Si nada atemorizaba al neófito y manifestaba, como hasta entonces, que su resolu- ción era firme, los guardias le dejaban libre el paso y era muy poco lo que habla an- dado cuando apercibía una luz muy viva cuya intensidad iba aumentando á medida que avanzaba. Aun no había andado cincuenta pasos cuando se encontraba en una sala cuyas dimensiones serian próximamente unos treinta metros cuadrados; en ambos lados se velan brillar materias inflamables, como ramas de árboles, bálsamos y betunes, y cuyo humo salla al exterior por agujeros perfectamente dispuestos al través de los muros, siéndole necesario al aspirante atravesar aquel horno cuyo foco iba á reunir- se sobre su cabeza. Pasado este peligro, cuando aún el neófito no podia haberse re- puesto en manera alguna del natural terror que le debia haber producido, se encon- traba con otro no menor. Inmediatamente después de aquella vasta hoguera, habla dispuesta una fuerte reja, cuyos barrotes se hablan puesto al rojo, gracias al intenso fuego prendido bajos ellos y cuyos espacios cuadrados, en forma de baldosas, apenas si dejaban trecho bastante para que el aspirante pudiera posar el pié, por lo que el cuidado para no abrasarse habla de ser grande, incompatible casi en aquella ocasión con la zozobra que habla de dominar al ánimo. Pasadas estas pruebas, en las que el elemento Igneo entraba por todo y de las que para salir airoso era menester tanta calma como resolución, le era menester al candidato emprender otras no menos te- rribles. No bien ponía el pié en el último espacio que dejaban en frío los enrojecidos hierros de la reja que dejamos mencionada, veia ante si un canal ancho y profundo, alimentado constantemente por las aguas del Nilo, el cual le cerraba el paso; era necesario que lo pasase á nado ó apoyándose en dos balaustradas que se extendían á lo largo y que sobre marcarle el camino, servían para que la corriente no lo pudie- ra arrastrar entre sus agitadas aguas. Sin manifestar el más ligero temor, sin que pu- diera titubear en lo más mínimo, el candidato se despojaba de sus vestiduras, hacia un envoltorio con ellas, amarrándoselas á la cabeza con el cinturón y teniendo cuida- CXXXII HISTORIA GENERAL do de sujetar á ellas la lámpara para que desvaneciera en parte la profunda oscuridad que allí reinaba, se lanzaba á las agitadas aguas; llegado á la orilla opuesta, se en- contraba bajo un elevado pórtico, cuyo piso móvil obedecía á un resorte oculto á la vista; á derecha y á izquierda se elevaban dos muros de bronce que servían de apoyo á los ejes de dos grandísimas ruedas y enfrente se veia una puerta de marfil guarne- cida de dos filetes de oro que servían para indicar que se abría hacia adentro. Inútil era que quisiera abrirse un paso, los macizos muros resistían á todo empuje y la puerta permanecía firme y fija como si con ellos formara una sola pieza; después de un momento de vana lucha se ofrecían á sus miradas dos brillantes anillas, y ansioso se abalanzaba á ellas, creyendo que al tirar cedería la entrada, mas su sorpresa y su terror debían ser horribles cuando, en vez del efecto apetecido, sentía que le faltaba el suelo bajo los piés, que las ruedas de los costados giraban con una vertiginosa ra- pidez y un ruido formidable, que lo envolvía la oscuridad más densa, y que un viento frío y violento, saliendo del abismo que tenia bajo si, le azotaba el rostro. Durante más de un minuto permanecía en aquella violentísima posición, suspendido de las anillas de que se había colgado, aterido de frío y ensordecido por el horrible ruido que movían aquellas terribles máquinas que se movían por fuerzas ocultas, temiendo á cada instante que le faltaran las fuerzas y cayera al abismo. Sin embargo, poco á poco el ruido iba cesando, la plancha del suelo subía y descendiendo las anillas de que estaba sujeto, desaparecían los peligros que momentos antes le habían alarmado tanto; entonces cedia la puerta, dejándole paso, y se encontraba ante un templo mag- nífico, resplandeciente de luz. La puerta porque entraba al santuario, se abría en el pedestal de la estatua de la trinidad egipcia, Isis, Osiris y Horus, grupo divino cuyos misterios le serian revelados más tarde si se mostraba digno de ello. En los muros se veían pintadas figuras sim- bólicas, entre las que campeaban una serpiente vomitando un huevo que representaba al universo conteniendo en si el germen de todas las cosas que se desenvuelven al calor del astro del día; la cruz invertida, representando la fuerza generatriz de la na- turaleza, tanto activa como pasiva; otra serpiente enrollada sobre sí misma y devo- rándose la cola, era la perfecta representación de la constante revolución del sol, y á más de estas que citamos como las principales, había otras todas de distintos simbo- lismos y en vista de las que se hubiera podido comprender perfectamente el concep- to que del mundo tenían los egipcios. En este lugar era recibido el neófito por los sa- cerdotes formados en dos filas; á la cabeza de éstos se hallaba el porta-antorchas llevando en la mano un vaso en forma de navio, del cual se elevaba una llama bri- liante, imagen del sol, que esparce su luz por todo el universo; seguía á éste el porta- altar, representación de la luna, y después, un tercer ministro con los atributos de Mercurio, la palma de de hojas de oro y el caduceo, que figuraba la voz divina, la vida universal. Entre los demás ministros había otro que llevaba una mano de justicia y un vaso en forma de pecho de mujer, símbolos que hacían referencia al jui- cío de los muertos y que recordaban la vía láctea, camino que las almas tenían que seguir necesariamente para llegar á su primitivo punto de partida, la luz increada; DE LA MASONERIA GXXXIII otro ministro llevaba el paño ó faja mística y otro, un vaso de agua, símbolo de las purificaciones que deben sufrir las almas antes de ser admitidas en la morada de los dioses. Un cuarto, era portador del amero sagrado á través del que se cernían las al- mas; otro estaba encargado del cvste, ó canastilla santa, imagen del órgano generador de la mujer, en la que reposaba el falo, signo de virilidad, emblemas ambos que figu- ran el doble poder fecundante de la naturaleza, y por fin, un último ministro llevaba en las manos un vaso llamado canope y cuya forma era la de un buevo alrededor del que se enroscaba una serpiente, imagen del universo, al que rodea el círculo del Zodíaco. Impresionado por la majestad de aquel templo, el neófito no podía menos que caer posternado en tierra con la cara contra el suelo; postura de la que lo levantaba el maestro de ceremonias para conducirlo junto al sumo sacerdote, que abrazándole, le felicitaba por el buen resultado conseguido, gracias á su valor y á su presencia de ánimo. En seguida le presentaba una copa conteniendo miel y leche mezclada y le decía: «Bebed este licor y os hará olvidar las falsas máximas del mundo,» é inmedia- tamente, haciéndole arrodillar ante la triple estatua, pronunciaba en alta voz la si- guíente oración, que repetían todos los asistentes dándose golpes al pecho: «Gran diosa Isis, ilumina con tus luces á este mortal, que ha pasado por tantos peligros y realizado tantos trabajos, y hazle triunfar aún de las pruebas del alma, á fin de que se haga digno por completo de ser iniciado en tus misterios.» Terminada la súplica el gran sacerdote hacía levantar al neófito y le presentaba otra copa conteniendo un bre- vaje amargo. «Bebed también de este licor, le decía, para que os recuerde las leccio- nes de sabiduría que vais á recibir de nosotros.» En este momento se dejaba oír una música armoniosa que servia de acompañamiento á los himnos que los sacerdotes entonaban en honor de la diosa Isis. Después de esto, todo quedaba concluido y con- ducian al neófito al departamento que le estaba destinado en las construcciones de- pendientes del templo y del que no debía salir sino cuando su iniciación estuviera terminada. Entonces daban comienzo las pruebas que podemos llamar morales, las cuales du- raban, por lo menos, ochenta y un días; después de veinticuatro horas de reposo, durante las que le estaba prohibido salir de la celda en que lo habían recluido, comenzaba una serie de ayunos graduales que terminaban por ser sumamente rigu- rosos, con lo que se tendía á purificar el cuerpo. Seguía inmediatamente después la purificación del alma, que se dividía en dos partes, la invocación y la instrucción. La primera consistia en asistir una hora por la mañana y otra por la tarde á los sacrifi- cios, y la instrucción, en tomar parte cada día en 'dos conferencias, de las que la pri- mera versaba sobre materias religiosas y la segunda sobre materias morales, y por último, para coronar todas estas pruebas, tenia que someterse á un silencio absoluto durante diez y ocho días. Durante todo este tiempo le estaba permitido pasear por los jardines del templo y escribir sus reflexiones, pero no podía, en modo alguno, comu- nicar sus pensamientos, ni áun por medio de signos, á los demás ministros del san- tuario que pudiera encontrar en su camino, responder á sus preguntas ni contestar, CXXXIV HISTORIA GENERAL aunque rio fuera más que con una sonrisa, á los saludos que las mujeres de estos mismos ministros le dirigieran al pasar. Era menester que fuera impasible y mudo como una estatua, á pesar de lo que, y con objeto de extremar la prueba, hacían todo lo posible porque hablara. Conversaban con él de las cosas que más le interesaban, recordándole las más ocultas acciones de su vida, precisamente aquellas de las que él tenia la seguridad de haberlas realizado sin testigos; lo despertaban de repente para comunicarle cualquier falsa noticia que le pudiera causar impresión, y á pesar de todo esto, la menor palabra que hubiera proferido se hubiera reputado que cometia un crimen, dando así lugar á que quedaran perdidos todos los trabajos que había hecho y sin resultado ninguno los peligros que había tenido que afrontar. Fácil es figurarse con cuánta alegría vería el neófito aproximarse el término de tan continuada tortura. La víspera del dia en que debía cesar, tres sacerdotes venían á anunciarle que á la mañana siguiente recogería el fruto de las penosas y duras prue- has que acababa de sufrir y que por su iniciación seria agregado á una sociedad de escogidos investidos de los más altos privilegios en esta vida y en la otra, y con efecto, al día siguiente le era devuelta la palabra. Se le conducía ante el colegio de sacerdo- tes, donde era interrogado de sus opiniones acerca de la divinidad, acerca de la mi- sión que la sociedad humana está llamada á cumplir aquí en la tierra y acerca de los principios de la moral individual, mas todo esto era simplemente una formalidad, pues habiendo sido instruido el neófito por los sacerdotes que le dirigían las preguntas, no podían menos de quedar satisfechos con sus contestaciones. Desde este momento co- menzaban para él los doce días de la manifestación. El primer dia, al salir el sol, era conducido ante la triple estatua de Isis, Osiris y Horus, ante la que le hacían arrodillar, invistiéndolo después con las doce estolas sagradas y el manto olimpico. En las primeras estaban bordadas las figuras de los doce signos del Zodíaco, y el último, por los emblemas que campeaban en él, se referia al cielo de los fijos, á la mansión de los justos y de las almas bienaventuradas. Después ceñían la cabeza del neófito con una corona de hojas de palmera y poníanle una antorcha en la mano; de este modo, vestido de sol, según la feliz expresión de Dupuy, pronunciaba un juramento concebido en estos ó parecidos términos: «Juro no revelar á ningún profano nada de lo que llegue á ver en estos santuarios, ni ninguno de los conocimientos que me sean comunicados; tomo por testigos de esto á los dioses del cielo, de la tierra y de los infiernos, é invoco su venganza si alguna vez soy tan des- graciado que llego á cometer perjurio.» Después de haber cumplido esta importante formalidad, era introducido el neófito en la parte más secreta del edificio sagrado, enseñándole el sacerdote que le acompañaba, el significado de cada uno de los sím- bolos que le estaba permitido conocer, haciéndole recorrer jardines embellecidos por encantos que pueden soñarlos sólo las imaginaciones más poéticas y de los que se decía que eran una muy imperfecta representación de los lugares divinos, que habí- taban las almas de los bienaventurados después de la muerte; le explicaba el origen de los dioses, la formación del mundo, las leyes que lo gobiernan, la caída de las almas y las pruebas mediante las que pueden esperar conseguir volver á su fuente DE LA MASONERIA CXXXV divina. Es justo señalar que los conocimientos que hacían adquirir al nuevo iniciado no se limitaban sólo á la teologia sino que comprendían también los referentes á la moral y á todas las ciencias. Cuando había recibido el complemento de las revelaciones á lasque podia aspirar, se disponía todo para la solemne procesión, que se llamaba el triunfo del iniciado. La víspera de este gran dia algunos padres del orden inferior, magníficamente vestidos y montados en caballos cuyas mantas tenían bordados gran número de geroglíficos, se dirigían ante el palacio del rey y proclamaban á són de trompa que al día siguiente seria conducido procesionalmente por la ciudad un nuevo iniciado, y el mismo anun- cío lo repetían en todos los barrios de la ciudad por donde debía pasar el cortejo sagrado y cuyos habitantes tapizaban desde aquel momento las fachadas de sus casas con guirnaldas de flores y telas de gran precio. Llegado el día de la ceremonia, ador- naban el interior del templo con todo lo más rico que el tesoro de los sacerdotes poseía, subiendo también de los subterráneos el tabernáculo de Isis, cubierto de un velo de gasa blanca sembrado de geroglíficos, medio oculto por otro velo de seda negra. Los pontífices ofrecían un sacrificio á la diosa, en tanto que las hijas de los sacerdotes, que sólo comparecían en público en las grandes solemnidades religiosas, entonaban melodiosos himnos y ejecutaban danzas sagradas al són de los instrumen- tos; inmediatamente después se ponía en marcha la procesión, á la cabeza de la que iban los heraldos que el día antes habían hecho la proclamación; sacerdotes del mis- mo orden seguían á pié en dos filas, extendiéndose á todo lo largo del cortejo; seguían luégo un gran grupo de sacerdotes, profetas y comastas, vestidos con una túnica de lino, cubierta con un ropaje negro, azul, rojo ó violeta, según las funciones que tenía que desempeñar cada uno y del que una capucha lo cubría casi por completo. A con- tinuación seguían varios ministros, de los que unos llevaban los libros de Hermes, otros la mesa isiaca, plancha de plata sobre la que estaban trazados algunos geroglí- fieos referentes á la diosa, y otros diferentes útiles de los que servían para lós sacrifi- cios; detrás seguían las sacerdotisas directoras, acompañadas de las hijas de los sacerdotes, que marchaban en cuatro filas dándose el brazo de dos en dos. Un coro de música ejecutado por los sacerdotes y sus hijos, precedia al tabernáculo de la diosa Isis, conducido en hombros por ocho de los ministros de su templo y ante el que ejecutaban danzas sagradas algunas jóvenes, acompañándose de crótalos y sistros; alrededor del citado tabernáculo ardía el incienso, quemándose en platillos de plata, de modo que las nubes de humo que de ellos se elevaban no dejaban ver apenas el cofrecillo misterioso. Detrás iba el sumo sacerdote, cubierta la cabeza con una mitra y llevando el bastón augural en la mano; vestía una túnica blanca cubierta por otra de color de púrpura, con adornos de armiño, y cuya larga cola sostenían dos de los más jóvenes sacerdotes. Después, y á gran distancia, venía un numeroso grupo de sacerdotes, llevando muchos de ellos los útiles y enseres que se empleaban en los sacrificios y en los misterios; una orquesta formada por tañedores de flauta y cróta- los, banderas en las que había bordados diversos emblemas sagrados; después seguían los iniciados de los demás templos de Egipto y los del extranjero vestidos con CXXXVl HISTORIA GENERAL DE LA MASONERIA una túnica de lino blanco que Ies llegaba á la rodilla, que era su traje habitual, el primero que habian vestido después de su iniciación y que no debian quitarse hasta que se les cayera á pedazos. Por último, aparecía el recién iniciado, cubierta la cara y la cabeza con un velo blanco que impedia se le pudiera ver, pero no tan tupido que no le fuera posible caminar por si sin necesidad de guia. Su túnica, blanca también, la llevaba ceñida á la cintura por medio de una faja de color violeta, con bordados y franjas de oro; á la izquierda, y de un tahalí, pendía una espada con empuñadura de acero muy brillante; en la mano llevaba una palma y su frente se veía ceñida por la corona que le habian puesto el día que prestara su juramento. A sus lados caminaban el másjoven y el más viejo de los sacerdotes, y por último, cerraba el cortejo el carro triunfal, arrastrado por cuatro caballos blancos, ricamente enjaezados, y que era el mismo que servia para pasear á los generales victoriosos por las distintas comarcas del Egipto. La multitud que se agolpaba en todas las calles del tránsito, aplaudia y vitoreaba con frenesi la aparición del iniciado, de todas partes le arrojaban flores y esparcían sobre su cabeza preciosas esencias, y de esta manera daba la vuelta á la ciudad hasta llegar al palacio del rey, que le esperaba rodeado de toda su corte. Allí subia á un ta- blado preparado al efecto, se arrodillaba y desenvainaba la espada como para ponerla á disposición del monarca, después de lo cual, desandando lo andado, volvía al tem- pío, llevando siempre en la mano la espada desnuda. Cuando el iniciado en los misterios de Isis y de Horus era juzgado digno de ello, se le admitía á los misterios de Serapis, los menos conocidos de todos los que en Egipto se celebraban, pues sólo se sabe de ellos lo que Apuleyo nos dice, y es bien poco, pues se limita á manifestar que se celebraban durante la noche, que era necesario prepa- rarse á ellos por medio de abstinencias y abluciones y que era condición sine qua non la de ser iniciado anteriormente en los misterios de Isis. Por último, el desideratum de la iniciación en Egipto eran los misterios de Osiris, de los que no puede decirse más de lo que hemos dicho de los de Serapis. CAPÍTULO XIII El Egipto.—Coatinuaciòn.—Los misterios.—Critica.—La iniciación y las pruebas.—Carácter de las primiti- vas pruebas masónicas.—Diferencias por razón de tiempo.—Efectos y resultados de las pruebas materia- les.—Razón de las pruebas en la iniciación egipcia.—Objeto de las masónicas. —Razones para dudar de la existencia real de las pruebas egipcias, tal como su relato ha llegado hasta nosotros.—Autoridad de Hero- doto.—Historiadores y sabios modernos que no dicen nada acerca de ellas.—Carácter primitivo del templo egipcio en relación con las creencias.—La iniciación egipcia no era puerta de entrada á ninguna sociedad secreta.-Carácter público de los colegios sacerdotales.—Errores cometidos por suponer lo contrario.— Diferencias esenciales entre los templos masónicos y los templos egipcios.—Formalidades del culto.— Prácticas puramente religiosas confundidas con solemnidades masónicas.—Degeneración del primitivo culto egipcio.—Medios de subsistencia de la clase sacerdotal.—Los funerales.—Explicación de los secretos galerías subterráneas de los templos.—Tesoros de los colegios sacerdotales.—Objetos, aihajas y esclavos. y —Dignidades y jerarquías egipcias.—Extensión de las mismas.—Diferencias que resultan entre éstas y la masónica.—Trajes sacerdotales.—Diferencias por razón de forma y por razón de fondo.—Decadencia del sacerdocio.—Prostitución del culto.—Agorería y charlatanismo.—Principales razones de estas altera- ciones. i^usTO es que nos detengamos en el análisis y critica de cuanto llevamos expuesto, pues es bien cierto no hemos hecho sino reseñar lo que se halla en las obras de los que no han perdonado medio para acreditar á la ma- sonería una antigüedad más respetable aún que la que hay que asignar á las mudas pirámides, tumbas de aquellos soberbios y fastuosos faraones. Desde luégo, é involucrado también con lo que aún nos queda que refutar del bis- toriador Kauffmann, se presentan tres cuestiones principales en los misterios que apa- recen como tan dignos de llamar la atención. ¿La existencia de estos misterios, con sus pruebas, su fasto y sus consecuencias, es real y positiva ó se debe sólo á exaltaciones de una imaginación desconocida? ¿La iniciación de estos misterios era segura puerta de entrada á una sociedad se- creta, constituida para determinados fines? TOMO II XVIII CXXXVIII HISTORIA GENERAL ¿Cumplían los colegios sacerdotales egipcios los fines que desde su aparecimiento realiza la masonería? Hé aquí tres preguntas de las que, cada una^ para ser contestada, necesitarla un libro, mas siendo nuestro espacio breve, responderemos sumariamente, previa una consideración oportuna á todas luces. La pompa y magnificencia, el aparato desplegado en aquellas pruebas, las forma- lidades de que se rodeaba á los misterios aquellos, no han podido menos de halagar á los que preciándose de formales y de buenos pensadores, viven de las apariencias, dejándose seducir de lo que más excita su admiración. Veremos como en un princi- pió, todas las pruebas organizadas para admitir á un neófito en el seno de la comuni- dad masónica, estaban reducidas á las que bastaban para acreditar que un hombre, sobre ser honrado, tenia condiciones para cooperar al bien de sus coasociados, coad- yuvando á los fines que se hablan propuesto; en aquel tiempo el conocimiento de la antigüedad no estaba tan generalizado, que el Oriente, con sus formalidades y su ritua- lismo, se lo pudiera proponer por norma sociedad ninguna. Débese esto, indudable- mente, á tiempos muy posteriores, y con efecto, ha habido un periodo en que las pruebas materiales para el ingreso en la orden llegaron á ser vana y pueril parodia de las empleadas en los misterios egipcios. A medida que desentrañando los sabios lo que aquello fuera, manifestaban los co- nocimientos adquiridos y éstos se vulgarizaban, no sólo hi masonería, sino que también las demás sociedades secretas que han existido, como que se imponían el deber de resucitar un pasado caduco ya, que dos mil años antes de nuestro tiempo era perfec- tamente natural y de todo punto explicable, pero que en nuestra época no podia me- nos de parecer ridiculo y risible. Llegará dia en que podamos acreditar que las pruebas materiales, tan defendidas por alguno como requisito indispensable para el ingreso en la sociedad masónica, han sido causa de la prevención con que se la ha mirado y causa también del desprestigio en que yace hoy. Bien puede y debe com- prenderse que los sacerdotes en Egipto las emplearan; ellos, á más de los sabios de aquel tiempo, eran los ambiciosos que deseaban constantemente dominar al pais. Por lo que á lo moral se refiere, teníanlo dominado gracias al temor que inspiraban, debido únicamente á las relaciones que se les suponían con las fuerzas sobrenaturales, y para que los que sucesivamente iban ingresando en su comunidad sostuvieran la tradición que se venia perpetuando en el tiempo, era menester que acreditaran grande presencia de ánimo y un valor al que nada ni nadie pudiera imponer; ambicionaban el poder en absoluto y para ello les era forzoso contar con hombres que no rctroce- dieran ante nada, hé aqui justificada su manera de proceder. Racionalmente pen- sando y conocidos los fines que la masonería se propone ¿ha debido hacer lo mismo? No se necesita realizar un violento esfuerzo de comprensión para responder que no. El masón no ha de luchar más que contra las corrientes del oscurantismo, y por te- rribles que éstas sean, cierto es que no se domeñan con la fuerza bruta y el arrojo que se acredita en pruebas como las que acabamos de referir; se vencen sólo con saber y con constancia, con la predicación y el ejemplo; el masón no ha de llegar á imponerse. DE LA MASONERIA CXXXIX ha de procurar sólo que los demás se le asimilen, y esto puede conseguirlo el hombre más pusilánime. El orgullo y la soberbia de no pocos, ha dado lugar á que al frente de la lista de los masones ilustres, donde tantos pomposos nombres suenan, se coloque el nombre inefable del Mártir sublime que espiró en el Gólgota, y el Cristo que con su palabra y sus beneficios, con su ejemplo y con su caridad, supo conseguir tantos prosélitos, no habla realizado pruebas de valor, que no manifestó jamás y que nunca fué necesario; vivió predicando la fraternidad humana y murió por ella, ejemplo grandísimo que todos nos debemos proponer. Cuando el afán de rodearlo todo de un aparato impropio, pero fastuoso, para que hiera á los sentidos, ha llevado á muchos á realzar las pruebas materiales, la gente, de suyo impresionable é inducida también por lo que lo desconocido atrae, ha visto en cada masón un hombre terrible dispuesto siempre á matar, un asesino jurado que no espera más que la orden, emanada muchas veces de un poder que desconoce, para levantar el puñal y privar de la vida á un semejante; el vulgo, y áun muchas de las personas ilustradas, han visto en la masonería un elemento perturbador que se arma- ba de fuerza para desquiciar á la sociedad, pues de otra manera no podía compren- derse tanto aparato ni tanta fuerza, nadie se podía explicar que para conseguir que un sér hiciera cuanto bien pudiera á sus semejantes, que para que un hombre estu- viera dispuesto á sacrificarse por sus hermanos, le fuera menester probar un valor semejante al desplegado por los argonautas ó digno sólo del que intentara renovar las hazañas de Hércules. Queriendo lograr un resultado se ha venido á dar en el extremo contrario, y vulga- rizado todo lo que á las pruebas se refiere, se ha caldo en el ridiculo más grande al ver que no podían ser consideradas sino como parodias. Continuando nuestro estudio en el orden que de antemano nos tenemos establecí- do, debemos responder á la primera pregunta que nos tenemos hecha, y sin querer acude á nuestra mente el recuerdo de aquella risa que agitaba los labios de los augu- res tan pronto como los que investigaban su destino volvían la espalda. Es tan fastuoso el aparato enumerado para las citadas pruebas de la iniciación egipcia, hay tanto detalle que desde la primera vista parece rebuscado, que lo prime- ro que ocurre es dudar de la existencia de ellas. Comprendemos que no basta aven- turar una simple conjetura, por lo que desde luégo vamos en busca de autoridades históricas que por si solas basten á dar carácter de certeza á la desconfianza que ma- nifestamos. Herodoto, el padre de la historia, que ha recorrido todas las comarcas del Egipto, él, que ha tenido intimidad con los sacerdotes aquellos de quienes sin rebozo se dice han sido los primeros masones, al hablar de los ritos de aquel pueblo, al enumerar las creencias religiosas que en él dominan, dice que no le es permitido ma- nifestar nada de lo que en aquellos misterios ocurría por el juramento que ha presta- do y por el respeto que las cosas santas le merecen. Esta opinión del que en sus obras avalúa los menores detalles y del que desciende á trivialidades que dada la altura en que hoy se encuentra la ciencia histórica, pare- CXL HISTORIA GENERAL cen impropias de todo punto, es más de extrañar en quien no profesaba aquel culto ni áun podia profesarlo, pues mal se avenia aquel grosero fetichismo que se advier- te en la religión egipcia con las ideas poéticas al par que grandes sobre cuyas alas se elevó el soberbio panteón helénico. Ya que no de los misterios mismos, ya que no de las ceremonias que dentro de los templos se llevaban á cabo, parece lo natural que algo hubiera dicho de las tan horribles pruebas á que eran sometidos los aspirantes y por las que él mismo hubiera tenido que pasar, dado que confiesa haber asistido á los misterios, pero guarda el mismo silencio y áun mayor si se quiere, pues no llega á mencionarlos siquiera. Motivo es este ya para guardar alguna prevención, mas como muy bien pudiera suceder que la omisión se debiera á desconocimiento ú olvido, re- gistramos todos los antiguos historiadores que se han ocupado del Egipto y hallamos el mismo vacio, la misma laguna. ¿De dónde ha salido, pues, esta fastuosa descripción de las pruebas? Esparcidas acá y allá, ideas aventuradas de una parte y otra, la han formado, llegando á darle cuerpo el afán que la imaginación siente por crearse lo que la excite y violente, y á su última forma la han llevado los que siguiendo opuesta senda que la que nosotros llevamos, no se han parado en nada y han querido á toda costa hallar antiquisimos precedentes á la masonería, motivándose de aqui una nueva causa de desprestigio para la sociedad que historiamos. En efecto, se hallan tan adelantados los estudios que á la antigua civilización egip- cia se pueden referir, que casi sin incurrir en exageración debe creerse que está re- construida; son tan preciosos los elementos aportados por Marietta, Dumichen, Mas- pero, Clément y otros, que se ve lo qué fuera aquel puehlo,'y sus miradas penetrantes, encendidas en un verdadero amor á la ciencia, han filtrado á través de las ruinas y han puesto piedra sobre piedra y ni áun asi puede verse nada que indique la existen- cia de templos en condiciones subterráneas tales que pudieran realizarse las pruebas en que nos ocupamos. Ya hemos dicho anteriormente que la primera forma del tem- pío egipcio, y lo mismo la primera forma de la tumba, tanto por las ideas que en él dominaban como por las facilidades que su construcción material ofrecía, fué la ca- verna, la simple abertura que se hacia en la roca, y llegó á ser tan persistente esta idea, dominó tanto al egipcio el afán de lo vago y misterioso, que áun en el apogeo de su cultura, en tiempos de Ransés II, esta forma primitiva vuelve á aparecer, y una gruta, una caverna no más, es el maravilloso speos de Ibsambul, construido en su tiempo y explicado por la concesión que Ptah, el dios del fuego, le hiciera, diciéndole: «Rey Ransés, yo te permito esculpir las montañas en estatuas altas, elevadas, eter- nas,» y aquel soberbio faraón hizo surgir cuatro veces su estatua en plena orilla del Nilo, haciéndola tallar en las informes y duras piedras que lo limitaban, en tanto que hábiles obreros abrían el templo por entre las mismas rocas. Y tanto es lo que estas ideas dominan, que allí donde se extiende la llanura sin alteraciones en el terreno, para construir un monumento cualquiera los egipcios levantan, primero, una monta- ña, que es lo que primeramente representan y significan las pirámides. En el periodo que media entre esta arquitectura primitiva y la vuelta á las prime- ras ideas en que los constructores se inspiraran, encontramos algunos templos, pero DE LA MASONERIA CXLI ninguno de ellos tiene, á juzgar por las descripciones que hallamos y por los estudios que modernos arqueólogos han hecho, condiciones para que se hubieran podido rea- lizar tal serie de pruebas, que al fin vendremos á ver no eran más que puras fantas- magorias y ñovelas. Por más que pueda aparecer harto atrevida la idea que aventu- es lo cierto que las citadas pruebas no resisten á un análisis racional, del cual ramos, no queden resentidas tanto ó más que lo están las que sirven hoy para ingreso en la sociedad masónica. Aquellas tan varias y dilatadas galerias, aquel canal largo y pro- fundo, aquellas máquinas giratorias cuyo continuado ruido atolondraba al neófito, la puerta de marfil y oro, la prolongada estancia en el templo, y en fin, las rigorosas pruebas morales, parecen ser partos felices de alguna imaginación calenturienta que se sentía falta de algo maravilloso para llenar un hueco. Por grande que sea el valor y la presencia de ánimo de un hombre, por fuerte que sea su decisión y por exaltado que sea el amor que una institución cualquiera le inspire, queremos se nos diga si es razonable que salga con vida de tan horrible subterráneo y si cabe que no sucumba abrasado en la ardiente reja que tiene que atravesar ó ahogado en las aguas de un canal al que tenia que lanzarse llevando la ropa en la cabeza y una luz en la mano. Nosotros no podemos negar, en modo alguno, que dadas aquellas instituciones se exigirían algunas pruebas para ingreso en las órdenes sacerdotales egipcias, mas hay tan grande refinamiento en las descripciones que de ellas se hacen, hay tal sutilidad de detalles que en verdad parece que se deben más á un deseo de inventar que al sentimiento de una existencia real y positiva. Nuestra segunda pregunta urge, si se quiere, más á nuestro asunto que esta pri- mera, á la que acabamos de contestar y acerca de la que ya hemos dicho alguna cosa en el curso de nuestro estudio. ¿La iniciación á estos misterios era segura puerta de entrada á una sociedad secreta constituida para determinados fines? En tesis general y á despecho de los que otra cosa pretendan, escribiendo con la imparcialidad que lo venimos haciendo desde que hemos cogido la pluma, nos vemos obligados á declarar, con la historia delante, que nunca hubo en Egipto sociedades secretas, antes al con- trario, la constituida, y para que era necesaria la iniciación mencionada, era pública, tan pública que sin temores ni coacciones de ningún género, sin ninguna de las cor- tapisas que en todo tiempo han puesto los poderes organizados á las sociedades se- cretas, la que muchos han tomado por base y precedente de la masonería en aquel pais, hacia ostentación de su poder y de su fuerza, queriendo y consiguiendo, al fin, tanto poder como el monarca mismo. Una simple ojeada histórica nos bastará para demostrar cumplidamente lo que decimos. Como en todos los pueblos, en el Egipto, primitivamente, todas las funciones del culto fueron desempeñadas por el jefe de la familia; mas cuando, como generalmente sucede en todos los pueblos politeístas, la religión se complica, hace falta, digámoslo asi, una clase que interprete y disponga lo que á los preceptos religiosos toca. Desde el mo- mento en que surge la clase sacerdotal, cuenta con elementos aptos y en gran número para engrandecerse y dominar, pues nada hay tan útil para conseguir estos resulta- dos como la sugestión de la conciencia de los fieles, que han de ver en el sacerdote el CXLIÍ HISTORIA GENERAL intermediario entre los dioses y los hombres. Esto, á lo que podemos llamar un pre- cepto general, se acentúa más en el Egipto, gracias al carácter de los individuos que componen la sociedad aquella, dotados de más condiciones, tal vez, que ningunos otros para dejarse dominar. Profunda extrañeza causa la aventurada idea de los que suponen la existencia de sociedades secretas, en un país como aquel, perfectamente regularizado y de tan gran apego á sus tradicionales costumbres que, áun boy dia, á pesar de los siglos transcurridos, pueden observarse; sin la deliberada intención de bailar un mito que sirviera á ideas concebidas de antemano, el aparecimiento de las sociedades secretas se hubiera dejado para que lo señalaran los pueblos cuándo pien- san y cuando los conocimientos adquiridos les hacen comprender que teniendo los seres iguales condiciones, siendo idéntico su origen y uno solo el fin á que todos han de llegar, no cabe que entre ellos existan tan esenciales diferencias como han estable- cido las convenciones arbitrarias de la sociedad. Cuando la historia nos manifiesta cómo aquel pueblo desventurado sirve no más que de máquina para la creación de fastuosos monumentos que atestiguan la grandeza y poderlo de aquellos soberbios faraones; cuando vemos en el libro maestro de la vida, que una tras otra, todas las generaciones estuvieron consagradas al servilismo de ignorantes bestias de carga, y que únicamente en los historiadores griegos hallamos consignado que aquel pueblo manifestó odio y mala voluntad á no pocos de los monarcas que erigieron pirámides, no podemos menos de sentir desdén hacia una aseveración cuyo resultado ha sido separar al criterio de la vía segura y recta que debe seguir para llegar al conocimiento de lo verdadero. La asociación sacerdotal egipcia no fué nunca una sociedad secreta y cuando be- mos enumerado las pruebas que para la iniciación se requerían y las solemnidades que tenían lugar después de la misma iniciación, babemos hecho notar y áun hemos detallado más lo que se refiere á la solemne procesión del iniciado, que prueba de bien claro modo basta qué punto era manifiesto el ritual religioso, pues únicamente á la religión se refería todo lo que los masones han querido aprovechar posterior- mente. Sí, todo aquel fausto, toda aquella opulencia y aparato, no tenían que ver nada con sociedad secreta alguna, eran simplemente las formalidades externas de aquel culto, y esto, todos las han tenido; obsérvense, sino, las formalidades requeridas para el ingreso en cualquier instituto religioso, basta en los mismos cuyo nacimiento se debe al cristianismo, y podrá observarse, que nunca faltan pruebas más ó menos ri- garosas, ayunos, preparaciones, etc. Entre aquéllas y éstas no hay más que una dife- rencia, surgida del distinto carácter de los principios que en tan separadas épocas dominan. En el Egipto, en los pueblos orientales, la clase sacerdotal tomaba sus me- didas con objeto de garantirse contra la vulgarización que un iniciado pudiera hacer de aquello que era la causa del gran poder que los sacerdotes ejercían, y á esto única- mente iba encaminada la preparación al sacerdocio, cuyos fines principales eran, como veremos, el culto á los dioses y el robustecimiento de la autoridad que hacia tiempo radicaba en la clase, gracias sólo al misterio en que se envolvía. Desde que la masonería existe, se ha entendido por tal la sociedad organizada con de la masoneria cxliii objeto de prestarse mutuo auxilio los afiliados á ella, no gracias á poderes ocultos y sobrenaturales, no encomendándose á fuerzas superiores cuyas manifestaciones son visibles en los efectos pero cuyas causas no parecen nunca sino mediante el trabajo que cada cual aportaba y que esperaban garantir con el secreto. Tal cosa, si bien se estudia, no pudo ocurrir nunca en los paises del antiguo Oriente, que encerrados en un fatalismo grosero, parecen tener negadas las eternas leyes del progreso; en aque- líos pueblos, divididos en castas ó en clases, que entre unos hombres y otros creaban insuperables vallas, no cabía admitir siquiera la idea de que germinara y se arraigara una sociedad cuyo lema ha sido siempre la fraternidad más pura y que siempre pre- dicó que alli donde luciera el sol, un hombre en otro hombre verla su hermano. Colo- cados en aquellas remotas épocas, falta áun mucho espacio que recorrer en la histo- ria para llegar al período en que se desarrollan tan elevados principios; en el Oriente, lo mismo que en Grecia y Roma, lo mismo aún que en los primeros siglos del cristià- nismo, la masonería no tiene campo en que desarrollarse, no tiene aún ideas que pue- dan incubarse, y por tanto serán vanos todos los esfuerzos que se hagan, como racio- nalmente venimos viendo. Si quisiéramos disculpar los errores esparcidos acerca de este particular, no po- driamos hacerlo; están, no sólo contra la historia, sino que también contra la razón. Tiempo es ya de que desaparezcan; nos hallamos en la época en que se vienen cum- pliendo los grandes ideales que se iniciaron en siglos anteriores, gozamos de los días en que la razón suprema, que nos identifica con Dios, nos permite llegar hasta las altísimas gradas de su trono, y no cabe ya velar, como hasta aquí, tras aparato de comedia, lo que puede lucir con justicia, porque es grande y digno de tenerse en apre- cío y estima, que no en miedo y odio. Consultando la historia con la imparcialidad que lo venimos haciendo, cúmplenos, para que las esenciales diferencias que existen entre los templos masónicos y los tem- píos egipcios queden más de manifiesto, decir algo de lo que á la organización de estos últimos se referia. No inventaremos fiestas de luces ni aparato ninguno que pueda servir de demostración para afirmar lo que puede desde luégo quedar destruí- do por el curioso lector que se aventure en la historia de aquel pueblo. Nos atendre- mos puramente á lo que de ella resulte, y asi por ningún concepto desmerecerá nues- tra obra el titulo que la hemos dado; veremos aquel culto en su desarrollo, que es lo que puede darnos perfecta idea de sus ceremonias; veremos cómo llega á su apogeo y cómo decae, terminando aquí nuestro estudio en lo que al Egipto se refiere, seguros de no haber faltado á la verdad, ni haber sido cegados en nuestros juicios por preven- cienes de ningún género. No hemos negado jamás que algunas prácticas de los ritos establecidos en las religiones que profesan los pueblos de la antigüedad, pueden haber dado forma á ciertas ceremonias establecidas en la institución que historiamos, pero procediendo con igual buena fe, jamás tampoco afirmaremos que, por loque al fondo se refieren, puedan tener conexión una y otra cosa. Está plenamente demostrado y es cuestión acerca de la que no puede caber la menor duda, por cuanto irrecusables testimonios históricos lo acreditan asi, que CXLIV HISTORIA GENERAL hasta el Imperio medio, ó sea hasta los años 3064 antes de Jesucristo, no hubo en Egipto ni culto, ni sacerdotes, ni ritos, estando por tanto limitadas las ceremonias externas del sentimiento religioso que abrigaban aquellos hombres á las que hemos apuntado, y de las que, como hemos dicho, son comunes á todos los pueblos. En aquella época, si los egipcios tributaban culto á alguna cosa, era á los muertos, que como es bien sabido, fueron siempre sus objetos más venerados; los templos, aunque rudimentarios, como puede comprenderse, eran las tumbas, y los guardianes de ellas los únicos sacerdotes, cuya obligación era vigilar y guardar la mansión eterna, cuidar de las ofrendas fúnebres, hacerlas respetar y celebrar los tradicionales funerales, que alcanzaban mayor magnificencia cuanto mayor era el número de encargados de sepulcros que para ello se reunían. Estos servicios fúnebres, como diriamos hoy, va- riaban según la importancia de cada cual y en lo que más podia comprobarse era en el túmulo mismo, que variaba desde el sencillo montón de tierra hasta la costosísima pirámide de Gizch, y según la mayor importancia del monumento, era más ó menos numerosa la guardia que estaba á su cuidado. La memoria de los antepasados excitaba tanto el carácter de aquel pueblo que para honrarlos no perdonaron medio y cada vez fueron más imponentes y fastuosas las ceremonias que celebraban en su honor, hasta el punto deque, heridas las imagi- naciones de aquellos soberbios monarcas, quisieron á todo trance, y lo consiguieron al fin, participar de ellas en vida, y de aqui que construyéndose á su vista las pirámi- des, monumentos dispuestos únicamente para conservarlos después de su muerte y nada más que para esto, se hicieron necesarios los guardianes de aquellas tumbas futuras, cuya importancia fué acreciendo poco á poco hasta llegar á ser considerable, dado que por única ocupación tenían que tributar honores gratos al monarca reinante, divinizado asi, y cuya imagen figuraba en los templos aquellos al lado de las de Isis, Osiris, Alimón y Horus. Progresando de este modo, hubo bien pronto sacerdotes, y dado que no es posible que subsista agrupación ninguna sin jefe que la dirija, al esta- blecimiento de la clase siguió inmediatamente después la institución del sumo sa- cerdote, jefe de aquella inmensa necrópolis, en el que algunos han querido ver nada menos que un venerable masónico. Confundiendo lastimosamente las cosas y los hechos por no orientarse bien en el punto de partida, se ven atribuidas á unas prácticas ceremonias que nada tienen que ver con otras, á las que forzosamente se las quiere asimilar, resultando de aqui erro- res que en el mayor número de los casos alcanzan ó pueden alcanzar suma impor- tanda. Cierto es que en determinadas ocasiones la corriente de aquel rio dios, tan venerado por todos los egipcios, se veia en extremo concurrido por barcas adornadas é iluminadas, que subían y bajaban; cierto que en ocasiones semejantes los aires se velan heridos por gritos é himnos, canciones y alabanzas, y que todos á porfía se em- peñaban por ver quién contribuía más al esplendor de la fiesta aquella. Pero ni eran masones los que la celebraban, ni se llamaba la fiesta de las luces, ni se celebraba sólo en determinadas épocas del año; era pura y simplemente una ceremonia religió- sa y en su desarrollo seguia las fases que la armonizaban con las creencias de aquel DE LA MASONERIA CXLV pueblo; se celebraba siempre que ocurría el fallecimiento de alguna persona impor- tante, y más acrecía su esplendor siempre que la momia del difunto tuviera que ser transportada por el Nilo á un lugar distante de aquel en que la muerte del personaje hubiera ocurrido. Hé aquí, pues, á lo que queda reducido todo lo que de la fiesta ma- sd/^tca egipcia apunta el historiador Kauffmann. El mayor consuelo que un egipcio podía abrigar durante su vida era el de que después de su muerte su momia fuera transportada á Abydos para que lo enterraran cerca de la tumba de Osiris, pues según la geografía mística de los egipcios, la referida necrópolis era el punto más próximo de los lugares en que habían de tener segunda vida. La realización de este deseo se hacia sumamente difícil, sobre todo para aquellos que habitaban en Memfis ó en Ele- fantina y morían alli. Entonces depositaban la momia en la necrópolis más próxi- ma y se enviaba á Memfis un voto, un recuerdo, como pura representación simbólica. Desde aquel tiempo, morir fué para los egipcios, figuradamente ha- blando, hacer «el viaje á Abydos,» por cuanto desde este punto debía partir el difunto para el amenti ó postrimer juicio. Como derivación de esto y aceptando como cierta en el transcurso del tiempo la locución tradicional, admitieron que el muerto comprendía dos partes, de las que la una permanecía inerte en el sar- cófago, en que cuidadosamente la depositaran, en tanto que la otra se trasladaba efectivamente á Abydos. Esta segunda parte era la que sufría el juicio y servia en la segunda mansión, tomaba el nombre de Ka y cuando la práctica más, que nada llegó á solidificar semejante creencia las dos partes de que el ser humano se compo- nian fueran incontestables, se admitieron sin ningún género de duda y Ka se tuvo en el concepto que del alma damos los modernos pero un alma especial que ni tenía ni puede tener punto alguno de contacto con el alma de los arcos vedicos que era el hombre verdadero teniendo el cuerpo como envoltura temporal, ni tampoco como el alma de délos Yranios que no podia pasar de la categoria de mecánico. Fuera la traslación real ó puramente simbólica, cuando el cortejo se disponía, era ocasión y motivo de fiestas y regocijos; tres grandes barcas con velas inmensas, cua- dradas y blancas, bien aferradas á los palos, servían de remolcadores á la momia, co- locada en una barca más pequeña cubierta en toda su extensión. Los que acompaña- ban la triste ceremonia exclamaban de continuo: «¡Al occidente, al occidente! ¡A la tierra de los justos!» y entonaban la siguiente súplica: «¡Oh, Osiris, juez de toda la vida, concédele una dulce brisa y que pueda vivir en el país de los buenos y de los justos!» En una y otra orilla se agolpaba una multitud contrita y respetuosa que aunaba sus preces á las del cortejo, por todas partes encendían luces y saludaban á la comitiva hasta que llegados al lugar en que habían de desembarcar, le tributaban las más señaladas pruebas de respeto y un carro especial, preparado al efecto, reci- bía la momia desde la barca en que había sido conducida. Durante todo el camino se repetían los mismos actos, seguían las luces encendidas y se derramaba leche, cere- monias con las que, si bien se mira, no sólo se expresaba el sentimiento causado por la pérdida de un sér sino que también se manifestaba de una manera clara y patente la creencia en la inmortalidad del alma y en la existencia de una nueva vida. TOMO II XIX CXLVI HISTORIA GENERAL En suma, no hay en todo esto más que una manifestación de creencias religiosas, pero nada que pueda revelar ni áun por asomo, símbolos de una sociedad secreta es- tablecida con ciertos y determinados fines. Países en los que el soberano es amo y señor, países en que los monarcas pueden, sin leyes que regulen su conducta, dedicar al pueblo en masa á la construcción de caprichosos monumentos, hijos de deseos que la soberbia sugiere, países en los que una clase sólo porque tiene más conocimientos ó no más que porque los inventa, se impone á las demás y las avasalla y las humilla por medio del terror, impidiéndoles hasta que puedan mejorar las condiciones mate- ríales de su vida; países en los que el pueblo no ya sólo físicamente, sino que también en lo moral, se somete ciego al que más puede, como la historia nos acredita sucedía en Egipto, no puede creerse que fueran aptos para establecer sociedades secretas que como la masonería, han tendido siempre á reformar los principios que cohibieran el desarrollo de la libertad humana. Si la mala fe ó la mala inteligencia pueden haber dado lugar á que otra cosa se crea y aplauda, menester es desecharla, pues si los misterios de Isis y Osiris no pue- den ser creídos en la forma que para la parte referente á sus pruebas nos han trans- mitido algunos soñadores, tampoco cabe creer, ni áun por un momento siquiera, en las afirmaciones hechas, equivocando los términos, como acabamos de ver y como seguiremos viendo. El culto á los muertos, limitado en un principio al momento en que la momia era trasladada á la necrópolis, se amplió más tarde, y los guardianes de las tumbas ó de los templos, que para el caso ambos términos son sinónimos, se apoderan de su des- empeño y van poco á poco, sin duda por conveniencia propia, quitándole su carácter primitivo. Donde más adquirieron los funerales el carácter especial de fiesta, fué en Tebas; allí el dolor se manifestaba chocando fuertemente las manos de una manera desordenada, desgarrándose los trajes, haciendo contorsiones con todo el cuerpo y lanzando en alta voz las más exageradas lamentaciones. Entonaban en especies de cánticos las alabanzas del difunto y mezclaban á ellas la enumeración de los puestos y empleos que desempeñara durante su vida y las distinciones de que en ella hubiera sido objeto. Las lamentaciones, las exaltaciones, el dolor que habla de manifestarse, todo, en una palabra, estaba determinado de antemano, y para lo que Kauffmann llama la fiesta masónica por excelencia del pueblo egipcio, para la fiesta de las luces, había alquiladores de barcas funerarias, todo lo que contribuía á hacer de los fuñera- les, una fiesta banal. No obstante, ocupándose del Egipto hay que conceder que los sacerdotes, estos primeros masones, según puerilmente afirman algunos, existían allí gracias á los funerales, pues la supresión de éstos hubiera destruido en aquel pais todo lo que se asemejaba á un culto. El pueblo acudía á las tumbas y á los templos en los días del aniversario de algún individuo de su familia ó de algún amigo, y sólo los faraones podían honrar á sus grandes antepasados convertidos en dioses; sin su intervención en los funerales y en las demás ceremonias fúnebres, sin su participación en el cui- dado de las tumbas, los sacerdotes no hubieran tenido nada que hacer, pero después DE LA MASONERIA CXLVII de haber sellado el sarcófago, después de haberlo hecho descender á la cripta fuñe- rariay haber tapiado el orificio de los pozos, se hacian sacrificios al muerto inmolán- dole algunas victimas; los funerales suntuosos no podían terminarse decorosamente sino por una inmolación de bueyes y un acumulamiento de provisiones de todas cía- ses, de los que muchas veces los asistentes^ reunidos en la tumba misma, formaban un festín comiendo de las provisiones de los dioses; los pobres ofrecían á los muertos sólo un poco de vino, incienso, y áun los más miserables agua sola, pero las ofrendas, las provisiones eran inevitables y de éstas vivia el cuerpo sacerdotal, enriqueciendo al propio tiempo su tesoro, y cada vez fué esto más en aumento, pues algunos farao- nes llegaron á ofrecer á los dioses, es decir, á los sacerdotes, hasta buen número de prisioneros, que ellos guardaron como esclavos para su servicio. Estos colegios sa- cerdotales, tenidos por algunos como los primeros institutos masónicos, ¿cabe seguir- los teniendo asi en vista de los principios que, según la historia verídica é imparcial, dominaban en ellos? Creemos que no, creemos que hacerlo en los tiempos que alean- zamos, seria un absurdo, pues no cabe afirmar como masones á los que viven á expensas de la ignorancia del pueblo y se sirven de hombres á los que deben tener como hermanos, como de esclavos, sumiéndolos en la abyección y en el embrutecí- miento. No puede creerse que sea exagerado nada de lo que decimos; Ransés II antes de partir á una campaña hizo innumerables ofrendas, y al dios, su padre, le dice en una inscripción: «He llenado tu mansión sagrada de prisioneros; te he construido un templo para millares de años; he hecho sacrificar ante ti, treinta mil bueyes y todos los deliciosos perfumes de los bosques.» Enriquecido el cuerpo sacerdotal, convertido en propietario de vastos dominios, le eran necesarios obreros que se los trabajaran, razón porque los soberanos después de cada victoria ofrecían á los sacerdotes prisio- neros reducidos á la triste condición de siervos. Una inscripción hallada en Haifa hace el siguiente elogio de Ransés II: «Ha colmado de bienes á los profetas y á los sacer dotes, llenando el tesoro de los dioses de hombres y mujeres de raza pura, escogidos entre los esclavos.» Cierto es que en muchas de las excavaciones practicadas en los emplazamientos de los antiguos templos, que más que tales debían llamarse lugares de tumbas, se han encontrado no pocos escondrijos y galerías subterráneas, pero las descripciones que de ellos nos hacen los autores que nos merecen entero crédito y á las cuales nos atenemos en un todo, no permiten admitir interpretaciones que nos pudieran intran- quilizar acerca de algunas de las afirmaciones que tenemos hechas, sino que, todo lo contrario, nos permiten afirmarla, una vez que nos revelan el objeto á que estaban destinadas; el sostenimiento del personal de los templos y las prácticas del culto, com- prendiendo los numerosos sacrificios de animales que se llevaban á cabo, exigia cier- tamente la explotación de grandes dominios y provocaban no pocas necesidades por parte de aquellos colegios sacerdotales, á los que aún hay muchos que miran de rodi- lias, pero más que todo les preocupaba el enriquecimiento seguro, la acumulación de bienes, que pudiera prevenir cualquier contingencia de esas á que siempre están suje- tas los poderes absolutos. A este fin, en ningún templo de aquellos faltaba su tesoro, no CXLVIII HISTORIA GENERAL lo al contenido toca^ sino por lo que se refiere al continente, y este tesoro se por que dividia en mil lugares secretos para los más, pues eran en su mayor número mechi- nales y estrechas galerías que se abrían disimuladamente en la fábrica de los muros y las cuales se cerraban por medio de artificios y resortes. Si el conocimiento de esto ba podido turbar la mente de aquellos que en todo ven misterios y secretos, grande debe ser ahora su desengaño, mas consuélense en la idea de que vale más lo cierto, que crea conocimientos verdaderos, que aquello en que únicamente logra divertirse la imaginación. El sacerdocio de cualquiera de las religiones positivas que basta nuestros dias se vienen disputando el imperio de la conciencia de la humanidad, manifiesta, cualquie- sea la época en que se le estudie, una sed inconmensurable de ra que riquezas; por mucho que todos ellos hayan predicado la espiritualidad más pura, por muchos y á grandes sean los encomios que han hecho del poco apego que debemos tener que los bienes de la tierra, es seguro que los han acaparado para si, siendo lo peor que no pocas veces lo han hecho privando de ellos á quienes más necesitados estaban. No han dedicado todo su tiempo, ciertamente, á la pura contemplación ni se han aban- donado de nunca en brazos de las divinidades á que adoraban, sino que han cuidado sus bienes materiales con atención tan severa como ponen en ello los avaros más re- calcitrantes. Tampoco en Egipto podia, por consiguiente, suceder otra cosa, y aquellos tenidos muchos como benéficos masones, montaron una rigurosa ad- sacerdotes, por ministración que prueba muy bien cuáles eran los fines principales que se hablan propuesto. El servicio de las ofrendas tenía sus oficiales y escribientes, su contabili- dad y registros exactamente llevados y tal administración tenia por titulo: «Pastos sagrados;» cada templo tenia su tesorero y eran muy pocas las fiestas que se celebra- ban que no tuvieran el obligado titulo de las ofrendas. Para mejor disimular, sin duda, cuáles eran los objetos que esperaban conseguir, asignaron á cada divinidad un culto especial, suponiéndole gustos particulares y prescribiéndolo asi en tablas murales para que los fieles pudieran imponerse de ello. El culto externo, propiamente hablando, era más que nada procesional y sin duda esto ba seducido también á los que antes que nosotros, y cada cual á su modo, han escrito historias de la orden masónica para hacer de una procesión, que tan comunes eran en el pueblo aquel, importantísimos detalles para la iniciación sacerdotal, que á esto, cuando más, podian referirse. En tales ceremonias los objetos principales del culto eran: las sillas ó naos^ especies de grandísimos tabernáculos portátiles de piedra ó de madera, y las barcas sagradas ó baris, que conducían solemnemente y que adoptaban en las manifestaciones del género de las que nos ocupan como puntos en torno á los que debían hacerse las manifestaciones rituales. En la construcción de estos objetos se empleaban las materias más preciosas y el tesoro de cualquier tem- pío contenia grandísimas riquezas en ^vasos de oro y plata, imágenes de dioses y fa- raones, copas de bronce, sujetas en la extremidad de palos primorosamente tallados que servían de incensarios, arquetas de todas clases conteniendo los más y preciosos perfumes, cucharas de marfil, de madera y de serpentina, cuchillos de sacrificador. DE LA MASONERIA ■ CXLIX vasos de libaciones, tallados en piedra, y además, un número considerable de objetos que prueban de una manera clara y palpable hasta qué punto los sacerdotes habían previsto todo lo que pudiera referirse á sus necesidades. Poco á poco, y á medida que los sacerdotes mismos complicaban el culto, el per- sonal de los templos se fué haciendo más numeroso; en una de las tablas votivas halladas en un templo, Ransés II dice á Ptah: «Te he dado en abundancia grande, sacerdotes y profetas, obreros, dominios y rebaños,» y hoy está por completo fuera de toda duda el orden riguroso establecido en aquella jerarquia, hasta el punto de que particularizada é individualizada, no cabe confundirla con ninguna otra, y por lo que á esto se refiere, ningún grado, ningún nombre ha rebasado los limites del antiguo Egipto para indicar una dignidad distinta de otra comarca. Está perfectamente admi- tida la existencia de la autoridad omnímoda del Sumo sacerdote, que se extendía hasta fuera del templo y que llegó á rivalizar en algunas ocasiones con la del mismo monarca, razón que, sin duda, explica por qué muchos de éstos tuvieron buen cuidado de hacerse Sumos sacerdotes de los templos de las capitales en que vivían. Además de esta autoridad suprema, contenia la jerarquia sacerdotal egipcia, los hierogramatas ó escribas sagrados; los archiprofetas, dedicados al santuario; los profetas, que sólo servían á una divinidad especial; los vigilantes generales, encargados del tesoro, del material, de la sala de los libros; los agregados, con funciones determinadas; los es- fragistas ó escribas de las victimas, cuyo principal cuidado era llevar la cuenta de los animales entregados; los hurocoforos, que recogían y presentaban las ofrendas; los libanoforos, que quemaban los perfumes; los espondistas, encargados de las libado- nes; los maestros de ceremonias, responsables de la ejecución de ritos; los flabeliferos, que en las procesiones estaban encargados de llevar grandes abanicos formados con plumas de avestruz; los decoradores, los músicos, los cantores y los embalsamadores, y además, aunque no formaban parte del cuerpo sacerdotal propiamente hablando, existían los literatos, matemáticos, artistas y los guerreros. Como se vé, no cabe abrigar la menor duda; esta jerarquia, como todo lo que hasta aqui llevamos visto del antiguo Egipto, no se referia más ni podia referirse tampoco á otra cosa que al culto religioso, que á las ceremonias del culto. No hay en ella cargo alguno que indique funciones encaminadas á procurar la civilización ni el mejora- miento de las demás clases, sólo se vé la subordinación más absoluta, encaminada á hacer subsistir un orden de cosas sin otro fundamento racional que el provecho de los menos, hechos fuertes, á costa de las privaciones de los desgraciados que tienen que mirarlos como á seres superiores. Para no omitir nada y desvirtuar todo parecido que arbitrariamente se haya que- rido establecer, diremos que aquella comunidad, acerca de cuyo carácter no puede caber la menor duda, oficiaba sólo en lo particular y referente al culto, sin tener par- ticipación alguna en las cosas que no se refirieran directamente á él y que en todo tenia tan marcadísimos caractéres que no cabia confundirla con ninguna de las demás asociaciones que subsistieran en el mismo país. El sacerdote egipcio era visto como autoridad, era mirado con extraordinario respeto, no ya por el sencillo hijo del pueblo. CL • HISTORIA GENERAL condenado al trabajo para toda su vida, sino que también por las eminencias del orden civil y áun por el monarca mismo; públicas en su mayor parte eran todas las ceremo- nias que se cumplían, públicas las ostentosas fiestas que realizaban y públicos los tem- píos suntuosos en que tenian albergue, dado todo lo cual, no podemos saber de dónde algunos han sacado motivo para considerarlos como formando una sociedad secreta, que áun siéndolo por todo lo que á su propia conveniencia se pudiera referir, no lo podia ser, en modo alguno, para formar un precedente á la sociedad que historiamos. Si en el fondo y por cuanto á la doctrina se puede referir no es posible hallar el parecido que han querido establecer algunos, lo mismo y aún más puede decirse si nos atenemos á detalles, á que, sin embargo, se debe conceder grande importancia. El egipcio, que por sus condiciones, por la clase á que perteneciera, por la aptitud de que para ello hubiera dado fehacientes pruebas, lograba ingresar en la clase sacerdo- tal, pertenecía á ella para siempre y no tenía más remedio que seguir en sus oficios sin poder atender á ningunos otros; aquellos votos y juramentos imprimian carácter, como lo hacen los que se pronuncian al ingresar en determinadas religiones, y sir- viéndonos de una frase que puede parecer exagerada, pero que es más gráfica, dire- mos que dejaban de ser hombres para cuanto con respecto á sus semejantes les pudiera imponer deberes. Atendían sólo á lo que directamente se les pudiera referir y con el carácter de intermediarios entre los dioses y los hombres, creían adquirir una naturaleza especial que les vedaba descender á los demás asuntos. En su soberbia, discurrían, altivos, envueltos en lujosos trajes, del que éischeuti les ceñía las caderas bajándoles hasta las rodillas, y el calasiris^ especie de túnica, cubría su cuerpo; los grandes sacerdotes llevaban á la espalda una pesada piel de pantera y todos, en ge- neral, ostentaban distintos collares de los que pendían signos simbólicos de los grados y atribuciones que hemos reseñado; sortijas y brazaletes, con los que adornaban su cuello, sus brazos y sus dedos; el calzado que gastaban era de papirus^ con larga punta vuelta hacia adelante y ceñido á la pierna por fuertes ligaduras, caracterizán- dose también los que pertenecían á esta primera clase del estado, por llevar la cabeza completamente afeitada. Donde quiera que uno de estos individuos se presentara podia decirse quién era, y cualquier extranjero que preguntara cuáles eran las funciones del que así vestía, bu- hiera obtenido una contestación categórica, pues harto conocidos eran en todas las comarcas, aquellas y demás sabían hasta los más incultos egipcios hasta dónde alean- zaba el poder de aquellas gentes á quien no tenían motivos sino para odiar. Compa- rece ahora esto y lo que con los masones de todos los tiempos ha sucedido y se apre- ciaran esenciales deferencias no surgidas por la distancia en el tiempo, sino por la diversidad de principios dominantes en el credo de una y otra asociación. Desde que en la historia aparece la masonería y como más adelante tendremos ocasión de ver en el curso de nuestro estudio, el masón ha sido un trabajador, y como tal ha podido serlo, lo mismo en el orden material que en el orden moral ó intelectual; la orden no le ha impuesto más vínculos que aquellos que lo ataban y costreñian fuertemente al aprecio del bien y á las prácticas de la virtud, lo ha dejado libre en la esfera de acción DE LA MASONERIA CLI en que pudiera desenvolver su actividad y no lo ha circunscrito jamás al desempeño de determinadas obligaciones, sino en el breve rato que permanece dentro del templo que los demás ignoran donde se encuentra; ban permanecido ocultos é ignorados pri- mero por la persecución de que ban sido objeto por parte de los poderes organizados que veían en ellos el secreto arríete dispuesto á destruir cuanto encontrara á su paso de absurdo y arbitrario, y segundo para que sus trabajos fueran más útiles y prove- cbosos. La masonería no se ba fundado nunca en verdades de las que llaman revela- das los teólogos, sin que por tanto baya tenido que permanecer estacionaria para sostener el carácter que según las primitivas predicaciones debiera tener asignado. Causas son estas que le ban vedado un período de rastrera decadencia semejante al que ban tenido las demás religiones positivas, pues no puede considerarse decadente á la masonería, porque el espíritu mezquino de ciertos hombres ingeridos en ella para desvirtuarla, la agiten y la tengan en un periodo de lucha, al par que de aban- dono. Esto caracteriza perfectamente á una sociedad, le da una nota individual y que la separa de cuantas pudieran algunos asimilarle en un deseo al que sólo la ignorancia les podria disculpar y mucho más la particularidad entre las agrupaciones que, te- niendo por fin propio la divinidad, han olvidado con harta y censurable frecuencia lo que á la tierra se refiere, lo que toca á los hombres. Hemos visto la marcha que en el tiempo ba llevado la agrupación egipcia basta llegar á su apogeo y haciendo compa- raciones al mismo tiempo hemos podido convencernos del poco fundamento de las aseveraciones sustentadas antes de nuestro estudio por aquellos que aún ignoramos cuál fuera el fin que se habían propuesto. Veamos ahora la decadencia del tan admi- rabie instituto que asombrara á tantos y más, y más nos convenceremos de que no cabe ni aún remotamente intentar el paralelo. Difícilmente puede comprenderse cómo durante tanto tiempo se halló entronizado en el Egipto un poder teocrático, abusivo desde todos puntos de vista, y más difícil aún comprender cómo aquel pueblo sufrió sin repeler tanta tirania, mas esto que á primera vista no puede parecer sino como un raro fenómeno que no tiene repetición en la historia de ningún pueblo, casi se explica teniendo en cuenta el carácter apático é indolente de los egipcios, que bien poco es lo que han hecho nunca por sacudir la dominación del más fuerte. En el largo periodo que acabamos de reseñar hemos teni- do ocasión de verlo de una manera clara y palpable, aquel país parece poblado de manias, los hombres no tienen voluntad, y sin discusión ninguna se someten siempre á lo que disponen aquellos que en sus creencias resultan superiores. Bien visto esto, no tiene absolutamente nada de extraño, pues en aquellas atrasadas épocas en que aún se desconoce el imperio y fuerza de la razón, no se discute jamás, y ni aún se piensa siquiera, la protesta se prepara muy paulatinamente, pues siendo su única ma- nifestación la fuerza, ésta no se aglomera sino muy poco á poco, pero estalla al fin, y esto sucedió en el Egipto. El poder de que tan orgullosos y soberbios se mostraban los sacerdotes, y cayó de sus manos á impulso de la clase de los guerreros acaudillados por Manes que es el CLII HISTORIA GENERAL primer monarca del orden civil que figura en la lista de Maneton pero el sacerdocio no se ha resignado jamás á perder lo que le es tan caro^ la preponderancia y las rique- zas. Cuando no pudieron seguir siendo árbitros de los destinos de aquel pueblo que hasta entonces se le habia mostrado tan sumiso mediante el carácter sagrado de que se habían investido, procuraron captárselo por otros medios apelando á herir aquellas sencillas imaginaciones gracias á lo maravilloso y sorprendente que podían conse- guir de los conocimientos científicos que poseían. Víéronse en la dura necesidad de concretarse al interior de los templos y allí hizo tal ostentación y gala de lo que tu- viera reservado hasta entonces, que el pueblo dividió su atención y conservando la religiosidad que hasta entonces habia sido su freno,, sacudió el yugo considerando que del poder civil tenía más legitimo representante, más áun asi, quedábales una cuerda que tocar harto sensible por cierto, cual es el amor que á lo maravilloso han manifestado todos los hombres. El geroglifico y el símbolo fueron los primeros signos con que procuraron ocultar misteriosamente los secretos de su ciencia consiguiendo, gracias al excesivo cuidado que ponían en ello, mas como aquellas fuentes de riqueza en que entonces ponían todas sus esperanzas habían mermado tanto que no permitían ya la opulencia de los días pasados, sintiéronse en la necesidad de abrirse otras y, como siempre, lo hiele- ron abusando de la ignorancia y credulidad del pueblo, que es lo que en el mayor número de los casos ha dado lugar á las groseras supersticiones que registra la his- toria. Aquella religión simple y severa de los primeros dias, á la que hemos visto llegar al más alto periodo de su desenvolvimiento, pero siempre como culto, nunca como sociedad cuyos fines principales fueran humanos, decayó poco á poco como tenia que suceder necesariamente. Estamos firmemente persuadidos de que sólo las sociedades en cuyos estatutos está prescrito el bien y la virtud con respecto á los semejantes, es donde cabe la eternización, por lo mismo que no hay ni puede haber repugnancia ni prohibición alguna para reformar estas relaciones con arreglo á las necesidades de las épocas y de los tiempos. Cuando una religión cambia es que su dogma se ha co- rrompido ó adulterado y entonces ni puede ser llamada ni tenida como religión, hay que verla como una sociedad de lucro pero de ese lucro que no autoriza ni puede au- torizar la ley. El sacerdote egipcio, que muchos pretenden fué el primer masón, cuando perdió el poder material gracias al que medrara tanto, cuando frente al que él había tenido se alzó otro poder fuerte y vigoroso que cada dia aumentaba sus fuerzas, recurrió á más repugnantes medios que lo eran los anteriormente empleados, probándose así cuales fueron siempre sus miras y sus deseos; cuando no pudo ganar lo que quería como intermediario entre los hombres y la divinidad se hizo interme- diario para con el destino y de sacerdote descendió á agorero, de agorero á mago, de mago á charlatán. Recurriendo de este modo á la adivinación para dar lugar á que los ingresos no disminuyeran, abusó notablemente de la sencilla credulidad del pueblo y supuso en cada uno de los doce signos del zodiaco una influencia que se determinaba en los DE LA MASONERIA CLIII nacidos bajo cualquiera de ellos. Cuando tampoco esto fué bastante recurrieron á nuevas supercherías y predije el porvenir atendiendo á las lineas que se formaban en las manos de los individuos, y de esta manera poco á poco aumentándose la corrup- ción entre ellos, llegaron á probar de una manera harto clara y manifiesta cuales habían sido siempre sus fines y sus tendencias, llegaron á probar que todo cuanto ha- bian hecho no había sido más que imponer trabas y coacciones al espíritu del pueblo para que careciendo éste de la debida instrucción no pudieran quedar nunca despres- tigiados á su vista. Esto es lo que la historia nos demuestra, esto es lo que resulta tras el detenido examen que venimos haciendo y que en modo alguno puede conducirnos á la afirma- ción de que existiera masonería en la extensa región que el Nilo fertiliza. La maso- neria ha hecho secreto de sus prácticas solo por las persecuciones de que ha sido ob- jeto y nunca porque en la absoluta reserva de sus prácticas estuvieran los medios de subsistencia para sus asociados: jamás ha restringido el acceso de nadie á su seno" sino que por el contrario, ha deseado que todos lleguen á él, y cuando considerando esto como imposible, ha proseguido, sin embargo, su obra civilizadora uno de los principales deberes que ha prescrito al masón juramentado ha sido el de que ha de ver un hermano en cualquier hombre de todo punto donde el sol alumbre. Tiempo era ya de que se destruyera el error en que hasta ahora se ha venido sos- teniendo generación tras generación, tiempo era ya de que los campos quedaran completamente deslindados tanto por lo que á una cosa se refiere como por lo que á la otra toca: en Egipto vemos solo una religión positiva con un sacerdocio perfecta- mente religioso, pero no se halla en ninguna de las épocas de la historia de aquel pueblo una sociedad secreta cuyos fines sean similares de los que en todo tiempo ha tenido y tiene la masonería. TOMO ïf CAPITULO XIV La masonería entre los hebreos.—Aseveraciones gratnitas é hipòtesis infundadas. —Liberación del pueblo he- breo.—Legislación mosaica.—Pretendido origen del simbolismo masónico en lás ceremonias del culto hebraico.—El templo de Salomón considerado como templo masónico.—El mito de Hiram.—Refutación de tan erróneas ideas.—La masonería entre los griegos.—Pretendida identidad de los misterios griegos con los de la institución masónica.—Errores que de ello se desprende.—Los romanos.—Opiniones aven- turadas.—Rectificaciones.-El cristianismo.—Nueva faz. TRO de los elementos en que se han fijado los historiadores de la orden que en todo han querido ver buenos asuntos de derivación, ha sido nada menos que el famoso templo de Jerusalén edificado por el rey profeta y destruido por el emperador romano que únicamente por ser un poco menos perverso que sus antecesores, pudo ser llamado las delicias del género humano. No así como se quiera, sino de una manera categórica y formal han sido muchos los que han afirmado que la institución masónica data de la construcción de aquel famoso monumento y la fábula inventada ha sido creída por muchos sólo en vir- tud de su palabra por cuanto prueba no han aducido ninguna. Sin anticiparnos y con objeto de no incurrir en el mismo defecto, procuraremos llevar nuestra institución sobre este punto siguiendo las huellas de los más afamados autores. En los siglos an- teriores al en que fué comenzada la grandiosa obra, el pueblo hebreo no habla podido brillar ni por sus condiciones artísticas ni por sus riquezas; aquella tierra de promi- sión que Dios les había concedido, no la hallaron alli sin nada que les impidiera to- mar posesión: tuvieron que luchar mucho por espacio de bastantes años y no fué poco lo que tardaron para poderse considerar tranquilos. Una vez aseguradas las viviendas de los hombres, pensaron en el templo de Dios y puede decirse que tardaron, más hubo justa compensación con el resarcimiento de la obra grandiosa que llevaron á cabo. Las descripciones que han llegado hasta nos- HISTORIA GENERAL DE LA MASONERIA CLV otros dejan estupefactos, parecen cuentos de hadas, narraciones entresacadas de las Mil y una noches, y aunque ciertamente en ello hay ó al menos debe haber no poca exageración, no es menos cierto que aún rebajando mucho, aquello debía parecer verdaderamente extraordinario. Setenta mil obreros ocupados únicamente en el aca- rreo de materiales; ochenta mil carpinteros dedicados á cortar la madera que había de servir para la construcción; treinta mil albañiles ocupados en colocar las piedras que ya encontraban dispuestas; esto por lo que toca á los preparativos que después, una vez terminado el templo, pudo verse perfectamente como habían estado á contri- bucíón todos los pueblos conocidos para llevar á cabo la ornamentación del Santua- rio. Anillos de oro para mantener las suntuosas colgaduras ricamente bordadas con que se cubría el tabernáculo, pesados candeleros del más preciado metal, maravillo- sas esculturas en cedro, palmas y flores de las más raras, todo en fin lo que constitu- ye á formar una maravilla. En esto nadie habia visto nada que no fuera lo que á nosotros mismos parece na- tural y corriente, esto es, ningún historiador había visto en aquella portentosa obra otra cosa que el esfuerzo de un pueblo de carácter esencialmente religioso para elevar al Todopoderoso un templo en que rendirle culto, mas llegó un día en que haciendo falta una nueva conjetura, en que deseándose basar una nueva idea se echó mano del templo de Jerusalén y muchos la hallaron buena para explicar el origen y los co- mienzos de la institución que historiamos, que quedaba de este modo reducida á la ca- tegoría de sociedad bebrea. Los términos son claros y precisos, así lo declaran mu- chos de los buenos autores y entre ellos copiamos á uno de los más importantes que dice así: «El origen masónico de este templo se revela en todas sus partes; todo está tomado de las edades precedentes, de los misterios de los antiguos: las magniflcen- cias de Tebas y de Menñs van á reproducirse en Judea á la gloria del Gran Arquitec- to del Universo. Todo en la construcción del templo se refiere al sistema del mundo representa el orden, la armonía, ofrece los cuadros. El sol, la luna, los planetas, el zodíaco, los diversos elementos, el tiempo, en fin, en el que todo se mueve y tienen los emblemas expuestos á las miradas de toda la nación, de aquella grande iniciada. El templo en sus detalles se asemeja ai del sol, los siete brazos del candelabro recuer- dan los siete planetas sobre cuya disposición está regulada la de los brazos; los doce toros bebiendo en el mar, de bronce tres á tres de modo que forman cuatro grupos que miran bacia los cuatro puntos cardinales son emblemas de los doce meses y de las cuatro estaciones componiendo el año inmutable del cual el bronce es la más propia imagen. En los cuatro lados de aquella base formada por los grupos, están esculpidos un león, un buey, un hombre y un buitre. Las dos grandes figuras de los querubines son los dos hemisferios y sus alas atestiguan la rapidez con que pasa el tiempo que circula en el zodíaco. Los ornamentos pontificales que llevaban los sacerdotes en las grandes ceremo- nias el uno representa la tierra, el otro el cielo, cuyo color ha tomado: el más impor- tante de todos al menos el que más ha trabajado la imaginación de los escritores, el racional está cargado de piedras preciosas figurando la Jerusalén celeste, son el sím- CLVI HISTORIA GENERAL bolo de la luz esparcida en el zodiaco y además las mismas piedras que adornan la estatua de Isis. La filiación es evidente; lo que Salomón levantó allí fué el templo de la iniciación, como también al mismo tiempo el monumento de la centralización política. Por un singular encadenamiento de hechos el monumento material debía sufrir ó pasar por las vicisitudes más extrañas y desaparecer de la faz de la tierra en tanto que el monumento intelectual que se referia al primero que le tomaba una nueva fecha, iba á afianzarse más y más cada dia.» La inventiva no puede ser mayor y es una verdadera lástima que no se haya apli- cado á un asunto en que su éxito quedara asegurado. En esta ocasión tropieza con dos dificultades que nunca podrá vencer; la primera y principal es que, como tantas veces hemos dicho á la Masonería, no hacen falta estas lucubraciones para mantener su prestigio, y la segunda que nada de lo dicho resulta cierto, una vez que se com- prueba lo expuesto con las fuentes originales. No hay ninguna más que la Biblia y para que sea completo el conocimiento, veamos lo que dice el libro de los Reyes en los versículos dedicados á la descripción del templo para analizarlos luégo con los mejores comentarios. I.° «Sucedió que al 424, año de la salida de los hijos de Israel de Egipto, el cuarto año del reinado de Salomón, en Israel, el mes de Lio (que es el segundo mes) comen- zó á ser construida una casa para el Señor. 2° La casa que Salomón construía para el Señor, tenía sesenta codos de largo y treinta codos de alta. 3.° Y delante del templo había un pórtico de veinte codos de ancho, según la medida de la anchura del templo y tenia diez codos delante de la fachada del templo. 4.° E hizo en el templo ventanas oblicuas. 5.° Y construyó en los muros del templo galerías al rededor entre los muros del edificio, al rededor del templo y del oráculo é hizo departamentos laterales todo al rededor. 6.° La galería que estaba encima tenia cinco codos de ancha y el tercer piso tenia siete codos de ancho. También puso postes al rededor en el exterior del edificio, de tal manera, que no estaban fijas al templo. 7.° Y cuando estuvo construida la casa fué con piedras cortadas y pulimentadas con lo que se hizo, y ni el martillo ni el hacha ni ningún otro instrumento de hierro se oyó en la casa mientras se construía. 8." La puerta de en medio de los departamentos laterales estaba al lado derecho de la casa y por una escalera se subía al piso superior y del medio al tercero. 9.° Y construyó la casa y la acabó; y revistió la casa con chapas de cedro. 10. Y construyó sobre toda la casa un piso de cinco codos de alto y cubrió la casa con madera de cedro. II. Y la palabra del Señor se dejó oír de Salomón, diciendo: 12. Tú me construyes esta casa, si procedes según mis preceptos, si cumples mis ÜE LA masonería CLVII leyes, si guardas todos mis mandamientos, procediendo según ellos, te confirmaré mi palabra que dije á David, tu padre. 13. Y habitaré en medio de los hijos de Israel y no abandonaré á Israel, mi pueblo. 14. Salomón edificó, pues, la casa y la terminó. 15. Y revistió los muros de la casa interiormente de chapas de cedro, desde el pavimento de la casa hasta lo alto de los muros. 16. Y levantó á veinte codos de la parte posterior del templo, una división con cedro desde el pavimento hasta lo alto y él hizo la parte interior del oráculo, el Santo de los santos. 17. El templo tenia, pues, cuarenta codos hasta la entrada del oráculo. 18. Y todo el edificio, interiormente, estaba revestido de cedro y las pinturas hechas con arte, adornadas con molduras y cinceladuras realzadas. Todo estaba revestido de cedro y las pinturas no podían verse por ninguna parte en las paredes. 19. Y había hecho el oráculo en medio de la casa, en la parte interior para colo- car allí el arco de la alianza del Señor. 20. El oráculo tenía veinte codos de largo y veinte codos de alto y él lo cubrió y lo revistió con oro del más puro; y también revistió de cedro el altar. 21. Cubrió también la casa delante del oráculo, de oro muy puro y fijó las lámi- nas con clavos de oro. 22. Nada habia en el templo que no estuviera cubierto de oro, y revistió también de oro todo el altar del oráculo. 23. E hizo en el oráculo dos querubines de madera de olivo de diez codos de alto. 24. Un ala del querubín tenía cinco codos y la otra ala del querubín cinco codos: tenían, pues, diez codos desde la extremidad de un ala á la extremidad de la otra. 25. El otro querubin tenia también diez codos; los dos querubines tenían la mis- ma dimensión y el mismo trabajo. 26. El primer querubin tenia, pues, una altura de diez codos y el segundo queru- bin otros tantos. 27. Y puso los querubines en medio del templo interior. Extendiendo las alas y un ala tocaba una pared y un ala del segundo querubin tocaba la otra pared y las otras alas se tocaban la una con la otra en medio del templo. 28. También revistió de oro los querubines. 29. Y esculpió al rededor de todo el templo molduras y cinceladuras variadas é hizo querubines, palmas y figuras diversas que estaban como en salida y salían del muro. 30. Y revistió de oro el pavimento de la casa al interior y al exterior. 31. Y á la entrada del oráculo hizo puertas pequeñas de madera de olivo y pos- tes en los cinco ángulos. 32. Y las dos puertas eran de madera de olivo. Y esculpió figuras de querubines y especies de palmas y bajos relieves muy preminentes y los cubrió de oro y cubrió de oro, tanto los querubines'como las palmas y los demás, CLVIIl HISTORIA GENERAL 33. Y á la entrada del templo puso postes cuadrangulares de madera de olivo. 34. Y dos puertas de madera de pino, uná de un lado y otra de otro; y cada puerta era doble y se abrían teniéndose la una á la otra. 35. Y esculpió querubines y palmas y cinceladuras muy prominentes y las cubrió con láminas de oro trabajadas con la escuadra y la regla. 36. Y construyó el atrio interior con tres filas de' piedras pulimentadas y una fila de madera de cedro. 37. La casa del Señor fué fundada el cuarto año en el mes de Lio. 38. Y al undécimo año en el mes de Bul (que es el octavo mes) la casa fué aca- bada con todos sus trabajos y todos sus utensilios. Y la construyó, pues, en siete años.» Esto ni una palabra más ó menos es lo que la Biblia dice en el tercer libro de los capitulo séptimo, describiendo el famosísimo templo y si atentamente se con- reyes, sidera hallamos nada que pueda justificar la aventurada opinión tantas veces emi- no tida de que aquel templo es la cuna de la masonería y que alli ha tomado también origen el ceremonial más ó menos ridiculos adoptado para sus ceremonias por la so- ciedad que historiamos. Dicho asi sin previa exposición de hechos, cualquiera puede inclinarse á creerlo más cuando se exponen los textos y se analizan las circunstancias por mucho que se quiera acudir á las sutilidades resulta que alli no hubo ni podía haber más que lo que es sobradamente sencillo y racional. Un pueblo que es en la antigüedad el único man- tenedor de la unidad de Dios, un pueblo que se ve libre de penosisima esclavitud y al favorecen todas las circunstancias que ellos que por ignorancia ó por fervor reli- gioso atribuyen siempre á la mediación divina, no podia menos que revelar su reco- nocimlento y lo hizo cuando se halló en posesión de la tierra que trabajosamente habían conquistado. Aquel Arca de la Alianza que para ellos lo simbolizaba todo, tendría en adelante un lugar digno en que ser custodiada y éste fué el templo de Jeru- salén. Desde el punto de vista en que debemos colocarnos, no debemos ni podemos ver otra cosa y si así no fuera por cuanto el fundamento racional de ellos es más grande, tendríamos que dar más crédito á los comentadores católicos que á los escritores ma- sónicos que nos han perseguido y que tan lastimosamente se han olvidado de lo que historiadores se debían. Los autores de las como mejores exegesis afirman que el templo construido, según el modelo del tabernáculo, era una representación del mis- mo tenia por tanto la misma significación simbólica. Quieren algunos, que lo mismo y el el tabernáculo, fueran representación del reino de Dios. El tabernáculo templo que convenia á un pueblo nómade y errante á un pueblo sin hogar pero que consigo lie- vaha su Dios. Otros sostienen la representación propia del templo es la del cielo, en el cual que han entrado el gran sacerdote Jesucristo en el dia de su ascensión, para comparecer levítico el dia de ante Dios é interceder por nosotros, como lo hacia el gran sacerdote la expiación. DE LA MASONERIA CLIX Quieren también que sea figura y profecía de la iglesia de Jesucristo, que es la idea de San Agustín. Beda el Venerable, dice que el tabernáculo representaba la Iglesia. Su frente y el templo, la Iglesia triunfante. Según San Juan Crisóstomo, el templo fué construido á imagen del mundo. Otros, pasando más minuciosa revista, acumulan interpretaciones más ó menos racionales siempre simbólicas, pero que excluyen siempre toda idea masónica. La forma cúbica dicen no responde á ninguna idea, pero parece responder á un principio elevado, por cuanto es la misma en el templo descrito por Ezequiel, é idén- tica también á la del templo descrito en el Apocalipsis. En todo lo referente á este templo se velan únicamente cuadrados ó rectángulos, con exclusión de toda otra for- ma, y como los lados de estos cuadrados están siempre orientados, hay que suponer que representan el cielo, única habitación de Dios. En las medidas el número diez es el que domina. Lo mismo había ocurrido con el tabernáculo, pero como el templo constituía un palacio y debía tener otras dimen- siones, sino siempre se encuentra el número diez, se encuentran sus múltiplos, prue- ba evidente de que era cálculo hecho -intencionalmente. El edificio tenia de ancho veinte codos, y de largo, sesenta. El Santa Santorum media veinte codos en todos sentidos; el Santo, cuarenta codos de largo y treinta de alto; el vestíbulo, veinte codos de ancho y diez de profundidad. Las galerías laterales tenía cada una cinco codos de alto, la mitad de diez, lo cual las determina como construcciones accesorias. Las bases son en número de diez; el mar de bronce tiene diez codos de diámetro y cinco de alto. En el Santo habia diez candelabros y diez mesas. Los comentadores católi- eos, después de esta enumeración que puede ser perfectamente casual, añaden que el número diez simboliza la alianza de Dios con su pueblo, ya indicada en los diez mandamientos que le dió en el Sinai. Compartiendo los honores del simbolismo con el número diez, señala también los exegistas católicos al número tres que es mucho más masónico desde todos puntos de vista. Aquel suntuoso edificio se componia de tres partes: el templo, propiamente hablando, tenia de largo tres veces su ancho; el Santo de los santos equivalia á un tercio de dicho largo; el Santo los dos tercios. Este número es tal vez el símbolo de la unidad, pero como han hecho notar algunos autores en el viejo testamento es el signo de la unidad verdadera y entera. El número diez, señal de la pluralidad, sim- boliza la perfección y el acabamiento, y el tres la unidad perfecta, y por consecuencia la naturaleza divina también. En verdad que racionalmente pensando resulta tan oscuro lo católico como lo anticatólico, y para que se vea que en cuanto á imaginación nada tienen que echarse en cara, seguiremos nuestro análisis. Los materiales, siguen diciendo los católicos comentadores de la Biblia, tenían también su representación. Habiendo terminado el periodo de los viajes en lugar de una movible tienda de campaña, construyeron un edificio sólido y estable en el cual entraron elementos bien diferentes de los que com- ponían el tabernáculo. Los muros no sólo fueron hechos de piedra, sino con piedras CLX HISTORIA GENERAL perfectamente talladas pulimentadas, porque se trataba de un palacio. En cuanto á y la carpintería, las planchas y las vigas, todas eran de las maderas más preciosas como el ciprés, el cedro y el olivo. Además, el templo, propiamente hablando, fué completamente revestido de oro al interior, y todos los objetos que en él se encentra- han eran de oro, no ocurriendo lo mismo con el véstibulo en que nada absolutamente nada era de este metal, sino de bronce. Tan rica decoración no puede decirse que tuviera por objetó imponerse á los sentidos y llamar la atención, pues justo es tener presente, añaden, que en el Santo sólo entraban los sacerdotes, y que el Santo de los santos se hallaba siempre completamente á oscuras, y que en él sólo penetraba el Sumo Sacerdote. Estas consideraciones han servido para que afirmen cada vez con mayor ahinco que tan estupenda ornamentación no podia menos que tener un signi- ficado simbólico, que explican diciendo que entre los hebreos el oro era símbolo de la luz, del sol y del cielo, para lo cual se apoyan en los versiculos del libro de Job que dicen algo que pudiera indicarlo. En la ciudad del Apocalipsis, que desciende del cielo, el tabernáculo de Dios es de oro puro y su lugar también de oro puro, limpio como el cristal. Dios habita, pues, la luz, es decir, en el cielo. Por consecuencia, dicen, el templo debia estar todo revestido de dorados al interior, para representar la imagen del cielo, la región de la luz. Además, según los que en todo ven simbolis- mo, el oro representa la fuerza, y la casa de Dios debía ser pura y santa. Continuando este estudio del simbolismo, que no deja de ser curioso, hallamos que los bajos relieves esculpidos en las murallas, los querubines, las palmeras y las flores eran el símbolo de la vida. Los querubines, según los autores de la exégesis católica, son seres imaginarios y son un compuesto de los atributos del león, del toro, del águila y del hombre, según los descubrimientos modernos permiten asegurarlo. Es la representación de cuanto hay más elevado en las criaturas, animales, en la vida creada. Por esto Eze- quiel llama á los querubines los Vivos y hasta el Vivo. En el Apocalipsis los cuatro animales rinden gloria al Dios criador. Símbolos de la vida criada, son desde este punto de vista testimonios de la majestad de Dios, cuyo trono rodean inmediatamen- te. Convenía, pues, que los querubines fueran representados en las murallas de la casa del Señor, el Dios vivo y creador. En la religión de Israel el dogma de Dios cria- dor y autor de la vida, es capital, y la distingue de las demás religiones de la anti- güedad. Esta es justamente la idea que los querubines representan, pues no podían ser sencillamente los signos de la presencia de Dios, pues de otra manera Ezequiel no los hubiera llamado vinos. Las palmas representan cuanto hay de más majestuoso en la vida vegetal. Su ra- maje siempre está verde y sus frutos eran considerados como el^alimento de los bien- aventurados. Por lo demás, la palma era probablemente el emblema de la Palestina donde crecia naturalmente. Por esto la palma se encuentra en las monedas de los macabeos lo cual indica que la Palestina era propiamente su patria, el pais de las palmeras. Las flores mezcladas á los querubines yá las palmeras no eran un simple motivo DE LA MASONERÍA CLXI de decoración, pues en la antigüedad todos los adornos de los templos tenían una sig- niñcación religiosa. En aquella época, como hoy, las flores debian representar la abun- dancia y la plenitud de la vida, lo cual daba al templo una significación más de man- sión de la vida. En esta ocasión no parece fuera de propósito hacer notar que el Dios vivo es también el Dios santo, y por consecuencia, que los símbolos de la vida son también símbolos de la santidad. Sin pasarnos ya á los objetos y á los utensilios del templo, haremos notar desde luégo, que Salomón hizo venir de Tiro un artista hábil porque no los encontraba en el pais. Este artista fué Hiram, que como hijo de madre israelita podia y debia com- prender mejor que ningún otro cuales eran las intenciones de Salomón y realizarlas. Esto nos revela desde luégo que Salomón quería hacer obras de arte y poner el arte al servicio de la religión. Analizando después lo que se refiere á la materia que sirvió para fabricar los ob- jetos del templo, vemos que todo lo que estaba destinado al interior era de oro en tanto que los objetos del vestíbulo eran de bronce. Hemos visto que el oro por su pu- limento y brillo era una representación de la luz del cielo. En cuanto al bronce, tiene alguna semejanza con el oro y era pues apropiado al vestíbulo, que era, por decirlo asi, una introducción al templo. Excepción hecha de las dos columnas del vestíbulo llamadas Jachin y Boaz, se encuentran en el templo de Salomón todos los objetos que estaban en el arca pero agrandados decorados, un poco cambiados en la forma, en mayor número, por ejemplo los candelabros y las mesas. Estas dos columnas son elementos de que se han aprovechado los simbolistas ma- sones y están en los templos masónicos lo mismo que se encontraban en el antiguo templo de los judíos. Los individuos de la orden que historiamos que lo conceden todo á la forma y nada al fondo, aquellos que como tantas veces hemos dicho creen que más méritos tiene una sociedad cuanto más remoto es su abolengo, insisten é in- sistirán siempre asegurando que el simbolismo de las columnas citadas es el mismo en el templo de Salomón que en el templo masónico y que fueron establecidas para que al rededor de ellas se agruparan los obreros de cada clase á percibir sus salarios. Ahora bien, desde que se ha comenzado á escribir de la Biblia que ha sido siglos an- tes que de la masonería, estas dos columnas han dado lugar á multitud de observa- ciones y comentarios. Comenzando por el lugar en que se hallaban debemos decir que no hay dos autores acordes. Sostienen unos que servían para mantener todo el pórtico ó cuando menos el frontón porque se entraba, pero esta opinión tropieza con que en el caso de ser cierta, las columnas hubieran tenido que ser de bronce y dado esto no podían haber sido hechas sino después de terminado el templo. Admitiendo esto, resultaría también que hubieran formado parte integrante del edificio y su des- cripción estaría comprendida en el capitulo VI, cosa que no sucede. De esta manera han seguido discutiendo sin acordar nada, por lo cual los más resueltos afirman que las dos mencionadas columnas eran de carácter monumental, lo cual está fuera de duda á juzgar por los nombres que han recibido. Tachín que era el nombre de la una signi- fica El fundará; Boaz que es el nombre de la segunda es una palabra compuesta de Bo, TOMO U CLXll HISTORIA GENERAL en él y \z fuerza ó lo que es lo mismo en Dios la fuerza. Las columnas pues no habian sido levantadas como algunos historiadores-masónicos quieren para que al rededor de ellas se agruparan los obreros, pues en este caso el número de columnas debía haber sido considerable; tenían una representación simbólica dentro de la religión hebraica; la una simbolizaba la solidez, la otra la fuerza, es decir la duración. El templo no era una construcción movible sino un ediflcio estable, destinado á durar de una manera per- manente sin ceder su lugar á otro ninguno. La solidez y la duración del templo eran la figura del reino de Dios en Israel, por cuanto el Señor había escogido el templo por habitación suya. No hay para qué pensar en que los mencionados nombres sean de hombres pues como hace notar Schrader el uso de dar nombres significativos ó sim- bólicos á las construcciones existia también entre los Babilonios; uno délos muros de circunvalación de Babilonia tenia el nombre de Ingour-Bil «gracioso es Belo y el otro Ni-mi-it-tgBü,» sublime es Belo. Las consideraciones expuestas dan lugar á que los comentaristas afirmen que las dos mencionadas columnas eran símbolo de alianza de Dios con su pueblo. El capitel de estas columnas tenía la forma de un lirio abierto, símbolo sin duda de la pureza y de la santidad, opinión que puede deducirse hasta el sentido etimológico por cuanto en hebreo la palabra lirio es schouchan derivado de schousch ser blanco. En las co- lumnas masqnicas el significado no es ya igual por cuanto el capital pertenece á un orden arquitectónico cualquiera y sobre los capiteles se encuentran las tres granadas simbólicas. Si las columnas del templo de Salomón son simbólicas, masónicamente hablando, ¿por qué han cambiados sus atributos? Y si nolo son, ¿por qué ló sostienen con tan desmesurado empeño? Continuando esta vana indagación simbólica, llegamos al traje sacerdotal del que también ciertos y ciertos masones han querido sacar partido. Los sacerdotes hebreos estaban vestidos de blanco, traje de Santidad. Pqede pensarse que el lirio era la ñor nacional de los israelitas, precisamente porque ella es el emblema de la santidad, idea fundamental de su religión. Esto es todo lo que encontramos acerca del templo en que algunos procediendo con suma ligereza han querido ver el origen de la masonería. Y no es solo en lo que dejamps expuesto y refutado en lo que los autores mencionados quieren ver masone- ría á toda costa, sino que hasta en detalles de mucha menor importancia se obstinan en hacer lo mismo. De aquí que pasen revista á que gran parte de la infiuencia en el desarrollo que posteriormente había de tener la masonería, se debe á que no todos los operarios empleados en la construcción del templo eran hebreos sino que muchos procedían de Tiro, afiliados á los misterios que desde hacia mucho tiempo habian pe- netrado en su patria á causa de las frecuentes relaciones establecidas entre ellas y ^ipto. Sostienen que reunidos ya en corporación habian edificado otros templos, dando asi el primer ejemplo para las grandes corporaciones de trabajadores que se encontraban en la Edad media. - Aseveraciones de esta naturaleza no necesitan comentarios, pues francamente, se necesita no tener ningún conocimiento de la historia para hacerla. Francamente, / DE LA MASONERIA CLXIII comprendemos que no todos los trabajadores podían ser hebreos, pues como los mismos comentadores bíblicos, dicen los individuos de aquel pueblo eran poco artis- tas, no porque le faltaran condiciones, sino porque en la época en que se comenzó á levantar el templo, esto es, cuando habla paz suficiente para que pudieran ejercerlos, sus tareas hablan sido tan diferentes, que necesitaban maestros. Por otra parte, aque- lias obras gigantescas de la antigüedad como las murallas de Babilonia, las Pirámides de Egipto y el templo de Salomón, necesitaban tantos brazos, que difícilmente podían encontrarse en el mismo pueblo. En nuestros dias, idénticos trabajos podrian reali- zarse con la quinta parte de los operarios, pero no hay que perder de vista el ahorro de fuerza humana que representan las máquinas aplicadas hoy á todo; ya se cortan mecánicamente las piedras y las maderas más grandes y duras; el hierro aplicado á las construcciones da un peso infinitamente menor, lo cual también contribuye á que la fatiga no sea tan grande; la extracción de las aguas y la ascención de los grandes volúmenes se operan con máquinas de grandísima fuerza que ahorran, no sólo hom- bres, sino también tiempo. En la época de las citadas grandes construcciones, nada de esto ocurría, había que buscar hombres para todo, y de aquí el que los egipcios para sus Pirámides emplearan al pueblo hebreo que tenían cautivo, que fué una de las causas de su exasperación, y que estos mismos hebreos al levantar su templo acudie- ran á asalariar á quienes podían ayudarle eficazmente. Vemos, pues, que de este sencillo hecho, nada puede dedicarse en favor de los que sostienen que fué el templo hebreo, la cuna de la Masonería. Por otra parte, los términos en que expresan esta creencia, implican una absurda contradicción, pues claramente manifiestan que la orden masónica existia ya; hacen suponer que en Tiro era cosa corriente por haberla adquirido de los egipcios y que ellos fueron los que la introdujeron en Israel constituyéndose en corporación, prece- dente de las que en la Edad media generalizaron la masonería en los pueblos moder- nos. Considerado atentamente este gratuito supuesto, se ve que nunca ha debido ser tomado en serio; ¿qué se hizo de la masonería hebráica después de terminado el tem- pío? ¿Qué rastro dejó? ¿A dónde fué importada? Los que á todo trance quieren mante- ner esta idea dirán que los romanos la tomaron de ellos tal vez por mediación de ellos, pero como ya sabemos que suponer el origen de la masonería romana en las corpo- raciones establecidas por Servio Julio y en esta época los romanos nada sabían ni de griegos ni de hebreos, la afirmación, no sólo cae por su base, sino que induce á creer que la orden que historiamos ha sido de generación espontánea en los pueblos en que han señalado su aparecimiento. Continuando la lucubración á quien valientemente han llamado muchos investiga- ción filosófica, hallamos que entrando en detalles dicen, que en la edificación del templo necesariamente tuvieran que ser divididos en grupos según las artes que culti- vahan, tallistas, carpinteros, picapedreros, etc., y estas clases á su vez en jerarquías como aprendiz, compañero y maestro que para reconocerse tuvieron desde luégo sus signos y palabras convencionales. Nada prueba que fueran necesarias palabras ó signos para reconocerse, y aún lo niega el perfecto conocimiento que tenemos de los CLXIV HISTORIA GENERAL trabajos de Ramsay que forzosamente quería hallarlo todo en la Biblia. Menos mal, si se hubiera mantenido en los límites que aquellos libros le prescribían, pero bien sabemos que en su mayor parte los rituales examinados son pueriles fábulas y nada más. Además, si en un pueblo de la antigüedad ba tenido origen esta asociación en que nos ocupamos, si en uno de aquellos pueblos no sólo tuvo origen, sino que recibió una forma perfecta, ¿por qué en los años y en los siglos siguientes se le han adicio- nado elementos tan extraños que hacen suponer todo lo contrario? Porque á las des- figuradas-tradiciones bíblicas de que han echado mano, han añadido elementos que pueden hacer creer que tuvo origen la masonería en las Cruzadas ó en las órdenes religioso-militares ó en la destrucción de los templarios ó en tanta y tanta cosa como han aglomerado para hacer comedia. De cada uno de estos elementos han querido cuando menos sacar algún grado, y los que en masonería podemos llamar judaizantes por inclinarse á ver el origen de la orden entre los judíos, sostienen primeramente que alli tuvo lugar la aparición del grado segundo, y lo explican de la manera siguiente: según la tradición del símbolo los compañeros no podían entrar en el interior del Santuario que estaba reservado á los maestros, y hoy mismo este grado se refiere á la construcción de los cinco grados exteriores. Cada uno de los útiles y de los materiales que emplearon, ha recibido una significación, y aquellas cinco gradas que debían atravesar necesariamente para lie- gar al peristilo, han llegado á ser una alegoría. Los materiales en bruto están exparcidos delante de los compañeros, y para tra- bajarlos les dan cinceles, martillo, palustre, regla, palanca, escuadra y compás. El cincel y el martillo que cortan, el palustre que ajusta, la regla que dirige, la palanca que levanta, la escuadra y el compás que determinan las proporciones; con ayuda de estos instrumentos se obtienen de la piedra bruta la piedra cúbica, y asi construyeron los escalones del templo. El primero de estos escalones se llama inteligencia; el se- gundo rectitud, el tercero valor, el cuarto prudencia, el quinto amor déla humanidad. Por esta gradación los compañeros llegaron hasta Pakin y Booz. Esto no hay ni que estudiarlo, ni que parar á considerarlo; ello solo revela la burda trama de un cuento inventado por quien tiene poquísima imaginación. Primero han supuesto que en el templo hebreo tuvo lugar el aparecimiento de la masonería por importación debida á los obreros que vinieron de Tiro; no dicen nada del primer grado y entran á explicar el segundo de una manera más absurda que complicada, aunque tampoco tiene nada de sencilla; dice primero que todos los operarios emplea- dos en la construcción y divididos en aprendices, compañeros y maestros, tenían sig- nos y palabras para entenderse, lo cual supone una generalización absoluta, y cuando tienen que explicar la aparición de un grado, se limitan puramente á los albañiles, ó mejor dicho, á los albañiles y picapedreros por cuanto los instrumentos citados sirven lo mismo á una profesión .que á la otra. ¿En qué consiste esto? Ya lo hemos dicho; en el afán de inventar fábulas cuando no se tiene fanta.sía para ello. De la explicación material dada, sentían necesidad de deducir algo espiritual y ele- vado para justificar, sin duda, que la masonería, como todo lo sobrenatural, bahía DE LA MASONERIA CLXV aparecido perfecta, esto es, que no es un perfeccionamiento como otros ,suponen. A este fin, hacen lo que podemos llamar traslación de sentido, y dicen: la prueba de compañero es la segunda que debe sufrir el iniciado antes de penetrar en el templo donde le será enseñado el mito de Hiran, es decir, el pensamiento de la iniciación: la primera condición es la inteligencia, porque la masonería no quiere soldados ciegos que caminen cuando se les diga ¡marcha! que hieran si se les dice ¡hiere! Todos sus adeptos tienen una misión que cumplir, pero es menester que la comprendan y que sepan bien por lo que se deben sacrificar. No es el fanatismo lo que se trata de desenvolver en ellos, sino el sentimiento del deber apoyado en la razón. La segunda condición que se les exige es la rectitud. Nada de sendas torcidas, nada de actos que la conciencia pueda reprobar: el fin es noble y grande; es menester marchar hacia él sin ningún fin preconcebido, sino noble y grandemente. Nada de capitulaciones con la conciencia, nada de restricciones mentales; sed equitativos, sed .rectos ó no vayáis adelante: la masonería no quiere triunfos comprados por medios ilícitos. Rectitud en la vida privada, rectitud en la vida pública; tal debe ser la regla del iniciado en todas las ocasiones, en todas las circunstancias. La tercera condición es el valor: ¿por qué disimular á los adeptos los peligros que pueden correr, los odios que se atraerán, las persecuciones que tendrán que afrontar? En la lucha viva, siempre sangrienta que algunas veces tendrán que sostener, el valor es indispensable: dejaran bastantes mártires en el camino. La prudencia es la cuarta condición que se les impone; si el valor es siempre ne- cesarlo, la prudencia no lo es menos, porque si hay derecho para jugarse el reposo, la fortuna, la vida, sin llegar al más alto grado de culpabilidad no se podría compro- meter el reposo, la vida y la fortuna de los demás hermanos. La masonería no quiere manifestaciones ruidosas, inútiles siempre y las más de las veces hijas de la pueril vanidad y necio orgullo: tiene necesidad de ese valor reflexivo que va siempre á un fin determinado, pero que no se arroja con la cabeza baja á locas empresas. Sembrad la idea, fecundarla siempre, sin tregua, sin descanso; cuando llegue el momento, le- vantáos para hacerla triunfar, ¡pero no toquéis la trompeta antes de tiempo! La quinta condición es el amor hacia la humanidad; este no es el comienzo del edificio, él es último de los cinco grados simbólicos que debe edificar. ¡Amor á la hu- manidad! Efectivamente, á ella debe dirigirse todo. ¡Atrás elegoismo! ¡atrás todo pen- samiento de personalidad! El masón debe sacrificarlo todo al bien general. Le han dicho en el momento de su iniciación, cuando vió brillar las espadas, que debía en- centrarse siempre dispuesto para volar al socorro de los hermanos, como á ellos los encontrarla él siempre dispuestos para socorrerle en el peligro; aquí le enseñan que todo sentimiento individual debe absorberse en él amor á la humanidad, que la feli- cidad de la humanidad es el fin constante de los esfuerzos del masón. Antes de pasar adelante, examinemos estas condiciones que se exigen á los ma- sones relacionándolas con el famoso templo que Salomón elevó al Dios de los hebreos. Desde luégo lo primero que salta ála vista es la falta absoluta de necesidad que había de relacionar una cosa con otra; inmediatamente después se comprende que falta de CLXVl HISTORIA GENERAL verdad la derivación masónica, no hay para qué pensar en la inutilidad que resulta. Sin embargo, como quiera que con y sin el templo de Salomón, estas condiciones ma- sónicas podian ser y son exigibles^ y como quiera que en ellas si bien bay algo bueno y ajustado á credo, no falta lo que no es justo es que lo bagamos notar. 1.° Condición: inteligencia. El enunciado permite hacer comprender que no se trata de la condición abstracta, sino de la comprensión del dogma masónico, porque según la autoridad indicada, la masonería no quiere soldados ciegos que marchen cuando se les diga ¡marcha! que hieran cuando se les diga ¡hiere! Efectivamente asi y no de otro modo debía ser, mas no resulta cierto por desgracia. Si la orden que historiamos tuviera su origen en el antiguo pueblo hebreo no hubiera sido asi, que aquel, como todos sabemos, era un pueblo en el que las categorías entraban por todo. Su origen es más moderno , pero esto no importa nada para los que siempre se pro- ponen especular y de aqui esa absurda división de grados, esa serie terrorífica de misterios que le dan gran semejanza con el jesuitismo, de aqui que ni las palabras ni los símbolos de un grado superior sean conocidos por el inferior, y si á éstos como es de ley toca decir ¡marcha! ó ¡hiere! los que no están instruidos en los misterios supe- riores porque según las constituciones no pneden estarlo, resultan soldados ciegos, realizan latan censurada prescripción jesuítica de que el inferior ha de estar con res- pecto al superior como un cadáver. Si tal como debia ser la masonería, se hubiera dedicado única y exclusivamente á allanar la senda del progreso y á animar á todos los hombres en el ejercicio de la virtud, no puede dudarse de que esta condición de inteligencia se hubiera realizado y que el único lema, la única palabra sagrada y de paso en todo y para todo hubiera sido ¡adelante! 2." condición: Rectitud. Desde luégo no puede menos que afirmarse; semejante condición es no solo exigible para los masones sino que también para los hombres honrados, pero si tanto la recomiendan los mismos prohombres de la masonería que admiten el escocismo y otros descabellados rituales, hay motivo para dudar de que semejante recomendación se haga de buena fe ó al menos que la rectitud se reco- miende sólo desde cierto punto de vista. Los triunfos de la masonería en la época presente se deben limitar á las conquistas del progreso, mas á estas tan apetecidas conquistas no se llega ciertamente manteniendo á la masonería en el estado en que censurable ignorancia ó punible mala intención la tienen, y si al par que la rectitud masónica exigen para ser masón lo mismo rectitud en la vida pública que rectitud en la vida privada, apenas si alcanzamos á comprender como son tolerados en el seno de la orden ciertos y ciertos prohombres que nada han hecho ni en su vida pública ni en su vida privada para que puedan ser calificados de rectos y que preci- sámente por estar calificados de prohombres es por lo que dan mayor escándalo; apenas si puede explicarse el que como no hace mucho tiempo ocurría en nuestra patria desempeñen los puestos más preeminentes de la masonería, hombres cuya conducta política estaba en abierta contradicción con los más elementales principios que consignan las constituciones masónicas. 3.° condicioni Valor. Comprendemos perfectamente que el valor moral fuera exi- DE LA MASONERIA CLXVIl gible dentro de la orden; pero dada la preconización que se hace del principfo de la fraternidad universal, el desgraciado que carezca de este valor podrá pertenecer á la masonería que se supone creada en el templo de Jerusalén? Nosotros afirmamos que sí, mas con arreglo á ciertas absurdas prescripciones resultaria que no. Prescindien- do de este punto de vista general que es esencialmente dogmático, ateniéndonos á lo que resulta de los conceptos estampados, no podemos menos de comprender por qué la institución masónica se ha conquistado tantos enemigos y por qué se le han diri- gido tantas censuras. Pregunta el autor á quien nos referimos ¿por qué disimular á los adeptos los peligros que puedan correr, los odios que levantaran y las persecució- nes que tal vez tengan que afrontar? ¡Error profundo! Probaremos en su dia que la masonería, cuando se ha mantenido dentro de los limites que tiene prescritos, no ha sufrido persecuciones de ningún género: cuando desgraciadamente se ha olvidado de los altos fines que tenía que cumplir, de la alta misión que tenia que realizar, y diri- gipa por bastardas ambiciones se ha lanzado por otras vias, entonces las autoridades políticas han abrigado sospechas de que en gran número de casos se han realizado, razón porque han tomado medidas coercitivas de lamentar siempre por los funestos resultados que han tenido, pero justificadas casi siempre, según veremos en el curso de nuestra obra. La masonería, ateniéndonos extrictamente á lo que debía ser, podia haber sido una sociedad que creciera y se desarrollara á la sombra de todas las per- sonas sensatas; mas por desgracia, la marcha que se le ha hecho seguir, ha sido y es aun abonada para todo lo contrario. Rodeada de ridiculo misterio, defendida por pruebas teatrales que no pueden tener justificativo ninguno á la luz de los conocí- mientes modernos, el mayor número de las gentes no han querido ni han podido creer lo que se dice acerca de ella y al querer extremar una propaganda hacen pre- guntas á las que no se sabe qué contestación dar. Si es una asociación filantrópico- moral, ¿por qué se oculta? Si sólo tiende á levantar templos á la virtud y á procurar el bien de todos los hombres, á quienes considera como hermanos, ¿á qué tanta es- pada y puñal, á qué esas pruebas que sólo se comprenderían entre hombres que fueran á luchar contra expertos y temidos enemigos? Y si los medios para realizar sus fines no pueden ser otros que la predicación y la enseñanza, ¿á qué ese valor exigido como condición, sin el cual no puede ingresar en la sociedad? Hemos dicho que semejantes preguntas no tienen contestación, mas en verdad que la tienen colocándose en el punto de vista en que como historiadores debemos colo- carnós. A los que tales preguntas hagan, puede decírseles que no se procede con engaño al colocar á la masonería en el número de las sociedades filantrópico-morales que mayor bien pueden hacer á la humanidad; nada se miente diciendo que es una orden encaminada á levantar templos á la virtud y cavar mazmorras al vicio, pero los medios han sido mal entendidos ó perversamente interpretados. Las absurdas de- rivaciones históricas que se han querido hacer, las fantasmagorías de los unos, la mala fe de los otros y el poco interés de los más, son causas de la decadencia lasti- mosa de una sociedad que nada tiene que ver con el templo de Salomón ni con nin- guna otra de las puerilidades inventadas para seducir tontos. CXVIII HISTORIA GENERAL DE LA MASONERIA 4.'condición; Pocas condiciones son efectivamente tan necesarias como la pru- dencia, en una sociedad como la masónica, la cual según dice el autor cuyas huellas seguimos, no quiere ni ostentaciones de ningún género, ni demostraciones vanidosas. Mas si después de hacer esta manifestación nos atenemos á lo que de los hechos resulta, el desengaño no puede ser mayor. Hoy desgraciadamente es casi una cues- tión dedujo el hablar de la masonería: hombres hay que sin serlo se vanaglorian de pertenecer á la orden y es doloroso ver como se habla de signos y se explica publica- mente lo que más secreto debia tenerse. ¿Esto es culpa de los que comienzan? ¿Puede atribuirse tamaña falta á los aprendices porque no comprenden el alcance de la res- ponsabilidad que contraen? ¿Puede decirse que tal manera de proceder sea propia de masones nuevos que deslumhrados sólo porque pueden llamar la atención, cometen faltas de las que no pueden ser responsables? No, por cierto, la culpa es de quien manda, de quien puede mandar; ellos son los que debían dar ejemplo y desgraciada- mente son los primeros que infringen la ley. Ellos son los primeros en ordenar pú- blicas ceremonias en que darse á conocer, ellos los que más le exhiben, ellos los más imprudentes en una palabra. Reducido todo á pura fantasmagoria, relacionado todo con ceremonias ajenas de todo punto á los más elementales principios consignados en su credo, no es de extra- ñar que muchas y muchas personas se extrañen de tanta absurda contradicción en- tre lo que hacen y lo que predican. De aqui el cada vez mayor desprestigio de la institución y la causa eficiente de su considerable decadencia. HISTORIA GENERAL DE LA MASONERIA \ CAPÍTULO PRIMERO Precedentes. —Esfuerzos realizados para determinar á la masonería como institución de la más remota an ti- güedad.—Medios contraproducentes empleados para esto.—Opiniones emitidas acerca de la existencia de la masonería en los pueblos del antiguo Oriente.—Tradición que la relaciona con el pueblo hebreo.— Opinion contraria deducida de fuentes históricas.-El templo de Salomon.—Hiram y Adonirám.—Carácter de cada uno de estos personajes según la Biblia. — Versículos del capítulo III del Libro de los Reyes que aclaran quién era Hiram, supuesto posteriormente como el primer maestro mason.—Necesidad de separar el concepto masónico del concepto religioso.—Definición de la masonería.—Deducciones que se despren- den de ella.—Las sociedades civiles como origen y base de la que historiamos.—Razones que explican este cambio de vía en la investigación histórica.—Diferencias que resultan en las instituciones por el distinto carácter de cada época.—Observaciones hechas en presencia del tecnicismo masónico.—Los Esenios.-~'&\i carácter, sus prácticas, sus creencias.—Errores cometidos al señalarlos como masones primitivos.—La antigua Roma.—Imposibilidad de que apareciera en ella la masonería tal como hoy se concibe.—Numa, rey de Roma.—Organización de las agrupaciones de artesanos.—Caractéres que les han asignado algunos.—Errada suposición por la que se ha llegado á afirmar que fueron ellas las que estable- cieron la frase «El Gran Arquitecto del Universo.«—Collegia fabrorum.—Inexactitudes cometidas.—Verdad histórica acerca de la organización de Numa.—Razones que le movieron á ello.—Degeneración poste- rior.—Medidas de César.—Imposibilidad de considerar á la masonería como derivación de los colegios romanos. RANDES han sido hasta nuestro tiempo los esfuerzos realizados para asignar á la masonería un antiquísimo origen, como si la condición de antigüedad fuera bastante por si sola para acreditara una institución, mas todo ha sido en vano; la institución masónica no necesitaba cierta- mente de tantos esfuerzos y es lo cierto que en ellos han consumido muchos hombres sus facultades y su tiempo dejando por llenar un espacio vacio que cada vez se hacía más necesario llenar. Unos tras otros, cuantos historiadores se han ocupado de la 20 HISTORIA GENERAL institución masónica, han recurrido al lamentable medio de tergiversar hechos para conseguir lo que de antemano se hablan propuesto, y esta razón es, sin duda, la que ha dado lugar á que hasta ahora, sean muy pocas las obras que se puedan señalar como verdaderas historias de la masonería. Al proponernos nosotros tan ruda tarea, reservamos para mejor ocasión exponer qué fueron y en qué consistieron los antiguos misterios y ritos de los cultos profesa- dos por pueblos cuyo recuerdo nos trasmite la historia, en los que no pocos han que- rido ver masonería, y desde luégo abordamos la cuestión de la manera franca y clara que debe hacerse para que resulte patente la verdad, mas antes de hacer tal cosa con- viene que desde luégo digamos lo que hoy se entiende por masonería, á fin de que en el curso de nuestro trabajo se vean más tarde las evoluciones que han sufrido las ideas y las variaciones que han tenido los propósitos. Cualquiera sabe lo qué es un camino, pero es sumamente aventurado lanzarse en uno de ellos, sin saber á dónde conduce é ignorando hasta qué punto será transitable ó qué espacio podrá ser recorrido dadas las fuerzas con que contamos; por esto ántes que historiar una sociedad acerca de la que se han emitido tan contradictorios juicios, hemos procurado conocerla y estudiarla, pero no superficialmente como tantos hiele- ron, sino á fondo y con conciencia perfecta de nuestro deber. Esto hecho, no ha podi- do ménos de admirarnos la facilidad con que muchos se han atrevido á decidir y más aún, la confusion sembrada por aquellos que, necesitando ideas, las han aprovechado del lugar donde las encontraran sin entrar en más detalladas averiguaciones. Queriendo los favorecedores que resultara con méritos bastantes para anteponerla á todo cuanto existe y ha existido, se han lanzado cegados por la fe y han encontrado á su modo elementos para darla como subsistente en todos los pueblos y en todas las épocas: en la India con su complicada filosofía y con su mitología tan extensa la afir- man y creen ver principios masónicos en el código de Maná y en las doctrinas braba- minicas, en las creaciones literarias de Valmiki y en los principios filosóficos de los ginnosofistas, y como si la teoría que constituye el fondo del credo masónico estuviera formado por ideas innatas, de esas que jamas abandonan álos hombres, las han he- cho presidir en todas partes, y tras haber afirmado plenamente que existieron en el pueblo que forma la cuna de nuestra raza, suponen que floreció también en Egipto; llaman primeros masones á los sacerdotes de Issis y Osiris, sostienen que los miste- ríos que se celebraban en honor de estas divinidades, eran fiestas masónicas, y aún en muchos de los detalles que en ellas se advierten, creen ver expresamente grados y símbolos que aún se conservan en la órden, sin omitir lo que á las pruebas se re- fiere y de las que afirman igualmente se han trasmitido, con las necesidades que las habían hecho nacer. Todas las razas la han conocido, y aunando elementos de todo punto heterogéneos han deducido que también entre los hebreos existió esta asociación, estableciendo como simbolismo para uno de los grados del rito que más se practica hoy, detalles que suponen acaecidos en la construcción de aquel famosísimo templo con que Salo- mon quiso honrar la memoria del Altísimo. La critica histórica, tan desarrollada hoy. DE LA MASONERÍA 21 no puede admitir suposiciones que resultan de todo punto gratuitas cuando se estudian en presencia de los monumentos que parece les han dado cuerpo, y déla misma ma- ñera que no es admisible que una institución que tan perfectamente encuadra en los tiempos modernos por la intima relación que sus principios tienen con cuanto exigen las necesidades de nuestra época, pueda hacerse provenir de los santuarios indios ó egipcios, ni de los templos de la Grecia, ni de los misterios de Tracia, Lemnos ó Eleu- sis, ni de aquellos que con su admirable estilo alababa Cicerón ó de los que con su punzante sátira ridiculizaban Apuleyo y Luciano, tampoco cabe suponer que tenga la institución que vamos á historiar nada que ver con una sociedad, con un pueblo á cuyo dogma y principios no puede alearse en modo alguno. Desde cierto punto de vista la misión del historiador es bien triste; la obra bistó- rica, cuando presiden en ella las condiciones que le son exigibles, la verdad y la im- parcialidad, es un formidable ariete que batiendo constantemente los sueños y las quimeras, destroza las ilusiones, y bien halagüeñas habrían de ser por cierto las de aquellos que procediendo tal vez con la mejor buena fe, creian y afirmaban que era la masonería una sociedad que se había venido perpetuando á traves del tiempo y que había estado reconocida por todos los pueblos, admitida por todos los demás cuerpos sociales. No pocos, temerosos de las afirmaciones hechas y comprendiendo cuánto aventu- raban de remontarse demasiado en las épocas que pasaron, acortaron las distancias, pero en buen número de casos los resultados obtenidos han sido contraproducentes por la falta de verdad que se nota en las afirmaciones de que parten. Las obras gigantescas del templo de Jerusalen, en cuanto á los operarios empleados en ella, se han relació- nado con los orígenes de la masonería, pero la Biblia que es la fuente de conocimien- tos más á propósito para todo lo que á este punto se pueda referir, nos da la prueba contraria. Según muchos autores el encargado de la dirección de aquellos trabajos fué Hiram, que algunos sustituyen con Adonirán; y el que dividió á los operarios en clases ó jerarquías, según lo que cada uno estaba obligado á hacer; él, maestro supe- rior digámoslo asi, trazó los planos y ordenó las labores, mas tres compañeros suyos celosos de su talento á la vez que del prestigio que iba alcanzando, tendiéronle una emboscada, y habiéndole sorprendido, le exigieron les comunicara la palabra simbó- lica gracias á la que se conocían entre si los maestros: negóse á hacer semejante re- velación, y entóneos le dieron muerte. Esta tradición bella en su fondo, hace suponer que ya en tiempo de Salomon, los albañiles formaban un gremio dentro del que habia clases separadas entre si, de las que para ascender á las superiores era necesario po- seer cierto grado de instrucción y buen caudal de conocimientos, asi como también que entre los individuos de cada una de ellas, existían palabras, fórmulas ó signos convencionales para poderse conocer, cosa inadmisible de todo punto y de la que la historia no dice una sola palabra. Pero aunque estos detalles fueran ciertos y estuvieran confirmados hasta el punto de hacerlos indiscutibles, aunque estuviera reconocido como verídico que los obreros que tomaron parte en la construcción del templo se habían dividido en grados deter- 22 HISTORIA GENERAL minados por los méritos de cada uno y no en clases, como parece; natural atendiendo al oficio ú ocupación que se les podia confiar, la leyenda masónica que se remonta á los tiempos de mayor esplendor del pueblo hebreo, cae por su base porque el Hiram de que se han servido los masones con sobrada ligereza, es un personaje fantástico; la historia no dice nada acerca de él, y la Biblia si bien habla de un Hiram no lo nom- bra ni como arquitecto, ni como organizador de trabajos, sino como un fundidor de metales que trabajó sólo en la ornamentación del templo cuando éstese hallaba total- mente terminado. En el capitulo sexto del libro tercero de los reyes lo hallamos con- signado asi por cuanto nos dice; «Envió también el rey Salomon é hizo venir de Tiro á Hiram, que era hijo de una mujer de Nephtali y su padre era de Tiro; trabajaba en bronce y era hombre muy sabio y entendido y lleno de industria para hacer toda clase de labores de cobre.» Esta declaración basta por si sola para que quede totalmente destruida toda presunción en favor del origen hebráico de la masonería. Lo mismo puede decirse de todas aquellas que puedan parecer, la asimilan á una secta ó á una religion cualquiera: no cabe confundir el secreto que guarda la maso- neria de nuestros tiempos á causa de las persecuciones de que ha sido objeto, con los misterios de religiones que fundadas únicamente en verdades reveladas han subsistí- do no más que el tiempo que fueron necesarias. La masonería no ha tenido ni tiene misterios, propiamente hablando, pues en nuestro tiempo sólo deben llamarse asi las instituciones sagradas propias de las religiones gentílicas y cuyo fin principal era la iniciación en ciertos principios religiosos: la órden que vamos á historiar puede per- fectamente definirse como M. Souast lo hace diciendo que es una institución filosó- tica y filantrópica que de una manera clara y manifiesta ó en secreto, ha llegado á todas las regiones de la tierra habitada, estableciéndose sólidamente en ellas. Con ayuda de símbolos y signos particulares, reúne á los hombres libres asegurándoles las ventajas de la asociación para el ejercicio de sus derechos y de sus deberes, ya sea con respecto á sus semejantes, ya para consigo mismo: su fin es el mejoramiento de las clases sociales, sus leyes las del progreso de la humanidad, pero haciendo abstrae- clon por completo de toda fe religiosa, y Esta definición bien clara, bien expresa en sus términos, cierra indudablemente la puerta á las aventuradas conjeturas que desde há mucho tiempo se vienen apuntando y que desgraciadamente se han arraigado, gracias á las torcidas intenciones de aque- líos que proponiéndose sólo medrar, han inventado cuentos y consejas seguros de con- seguir sus propósitos en atención á que lo que más encanta y seduce á la imaginación humana es lo maravilloso. Cambian los tiempos sin cesar, y no es poca fortuna la nuestra si nos ha tocado vivir en los que á todo se lleva el análisis y sobre todo se va haciendo luz, y si gracias á esto hay motivos más que sobrados para desechar todo lo que como origen de la masonería se suponga en las religiones positivas, lo mismo cabe hacer con ciertas instituciones civiles que no habiendo existido nunca se inventaron exprofeso con el sólo fin de hacer que de ellas tuviera orígej) la sociedad secreta de que tantos han hablado sin conocerla. , Hemos dicho sociedad secreta, y hoy la masonería no lo es ciertamente: en manos DE LA MASONERÍA 23 de todos y al alcance de todas las fortunas, se encuentran libros que al profano más alejado de cuanto al masonismo pueda referirse le ponen al corriente de cuanto se hace y se dice en los templos, que nadie ignora ya donde se hallan. Poco á poco se van deí- echando las antiguas y rancias ideas de los que dejándose llevar de predicaciones ah- surdas veian en el mason un sér perjudicial, un sér peligroso del que habla que librarse á toda costa, y gracias á lo más divulgados que se encuentran hoy todos los conocí- mientos, en nuestros dias se ve á un mason sin repugnancia y no se le considera como un sér al que hay que hacer objeto de la repulsion general. Cuando se ha conseguido esto, cuando se ha logrado, si bien después de grandes y considerables esfuerzos, que el mason sea considerado como un sér digno de la sociedad en que vive, no podían admitirse por más tiempo las aventuradas hipótesis que se hacían desde hace mucho tiempo acerca del origen histórico de la comunidad. Ya hemos dicho que excepción hecha de algunos fanáticos, pocos son los autores, aunque no faltan, que siguen sosteniendo que la masonería sea como una derivación de los antiguos misterios, mas es lo cierto que ai estudiar esta asociación, por dete- nido que fuera el trabajo que se llevara á cabo, se tropezaba con ciertas prácticas y formalidades asi como también con ciertas frases que hacían pensar en que muy bien pudiera ser cierto que si no en tOdo al ménos en parte, algo de las sociedades religió- sas de la antigüedad hubiera pasado á esta sociedad moderna, pero una sencilla con- sideración bastaba para que desde luégo quedara destruida esta suposición. La histo- ría sólo basta para hacer palpable que las sociedades que subsisten hoy, no pueden participar del carácter que tuvieron las de los tiempos pasados; se ha progresado mucho, la condición de los individuos ha variado no ya sólo dentro de la organización social, sino también dentro de la familia, y por tanto, ideas semejantes había que re- pelerlas siempre. Cuando atendemos á los fines que la masonería se propone, deduci- dos de la definición que acabamos de dar y que tan en armonía se encuentra con los más elevados principios del progreso moderno y recordamos luégo lo que fueron las nacionalidades antiguas, no podemos ménos que extrañar el absurdo que resulta de afirmar que en ellas existiera ya la masonería. Sociedad que en todo tiempo ha predicado la más intima union entre los hombres; sociedad que jamas se ha detenido en las vías del mejoramiento social; que no ha re- conocido traba alguna que impida á los hombres todos unirse y favorecerse; que ha llamado á sí lo mismo á unas razas que á otras, lo mismo á los individuos de los cli- mas fríos que á los de los climas cálidos, que ha acogido en su seno lo mismo al sabio que al ignorante y con igual amor al pobre que al rico, no cabía que pudiera subsistir en pueblos divididos en castas como la India, ó en clases como en el Egipto, porque en ellos el acceso á lo superior les estaba negado á los inferiores; no cabe tampoco que hubiera podido existir en pueblos como aquellos donde la religion era una derivación del miedo y en los que ni aún siquiera se tenia del alma humana el elevado concepto que merece. Por notable que sea el grado de civilización á que llegaran aquellos pue- blos, no cabe suponer ni ménos admitir que la masonería floreciera en ellos. La civi- lizacion que pudiera admitirse en cualquiera de los pueblos orientales, nunca bastó 24 HISTORIA GENERAL para mejorar la condición de los individuos y pudieron llegar las ciencias y las artes á grande altura, pero existieron siempre lamentables diferencias entre los hombres, tan absurdas como arbitrarias, determinadas siempre por los preceptos legales y tam- bien por los religiosos. Los ménos se han elevado siempre por la ignorancia de los más; de aqui que aque- líos por ilustrados que fueren, se hayan manifestado siempre contrarios á que la cul- tura se difunda, á que el fondo de sus doctrinas religiosas se vulgarice y precisamen- te todo lo contrario á esto es lo que la masonería se ha propuesto. Si de los pueblos orientales pasamos á los occidentales, hallamos lo mismo, con cortas diferencias; su Organización politica fué la misma, no sólo ántes del advenimiento del cristianismo, sino también mucho después, y es que una doctrina necesita bastante tiempo para es- parcirse y hacer caer en el olvido las que le precedieron. En presencia de estas consideraciones no cabe admitir el antiquísimo origen que se quiere asignar á la masonería, no cabe suponer como quieren algunos que sea casi tan antigua como el hombre, y mucho ménos que en determinadas épocas de su his- toria haya tenido en poco ni en mucho carácter religioso. Para determinar racional- mente pensando la fecha probable en que la sociedad masónica aparece, es necesario avanzar mucho en el tiempo, hasta llegar á los muy próximos al nuestro, y este ca- mino seguido ya por varios ántes que por nosotros, hubiera conducido ciertamente á buen término si los que lo emprendían se hubieran sentido animados de la buena fe que debe presidir en todo aquel que se impone la misión de hacer historia. Mas no ha sido asi por desgracia, y los que dando al olvido la India y el Egipto, la Caldea y el pueblo hebreo, asi como todo aquello que pudiera tener alguna conexión con las creencias religiosas, han emprendido otra via, se han dejado seducir por el afan de prestigio, se han deslumhrado ante aquello que sin causa bastaba para ilusionarlos y á esta causa no más se debe el lastimoso extravío en que han incurrido. Rebatidas todas las opiniones anteriores y que, como acabamos de ver, ninguna tenia fundamento, dejaron de fijarse los autores en prácticas que ántes de ellos aluci- naron á no pocos, omitieron señalar como orígenes los que eran sólo detalles adido- nados muy posteriormente, y colocándose desde otro punto de vista, atendieron con más detenimiento que hasta entónces se había hecho al tecnicismo que la masonería emplea para todo aquello que se le puede referir. Es efectivamente notable, y no deja de llamar la atención á muchos, el nombre que recibe el afiliado á la órden, pues como es sabido, mason no significa más que albañil, asi como también las frases re- tejar, plancha, y los atributos que le sirven como medios de representación, que todos conocen la escuadra, el compás y la plomada. Si se atiende estrictamente á lo que hoy sucede en las logias, esto no puede expli- carse de ninguna manera; para los que no conocen la masonería, esta sociedad es sólo una congregación de hombres desalmados quejaran realizar determinados fines, sin pararse para nada en los medios que tengan que emplear para llegar á ellos. De aqui que durante mucho tiempo no se cometiera un crimen, sin que en él se viera la mano oculta del mason, á quien la suerte habla designado para imponer un castigo ó para DE LA MASONERÍA 25 realizar aquella venganza, y que muchos espíritus pusilámines vieran constantemente suspendido sobre su cabeza el puñal masónico, y que á persecuciones de la sociedad atribuyeran todo lo malo que les ocurría, por más que este mal fuera resultado sólo de la casualidad ó de sus actos mismos, que es lo que más frecuentemente ocurre; para el que conoce la masonería, pero sin pertenecer á ella, y no es un católico fanáti- CO de los que para todo desean una excomunión, la masonería es una sociedad que cambiando de carácter y de credo, según las épocas, ha llegado á ser innecesaria en nuestro tiempo, y para los que pertenecen á ella, es la única asociación llamada á realizar el bien, practicar la virtud y perseguir el vicio. Esto y no más, resulta de la definición de Jouast, pero en ninguno de los casos apuntados se hallan justificativos del tecnicismo empleado en la órden, asi como tampoco de muchas de las formalida- des y símbolos que aún sostiene. Atentos á esto, no faltaron autores que se fijaron en hIIo , queriendo encontrar aqui motivos para explicar los orígenes. No iban descaminados los que tal hadan, como tendremos ocasión de ver, pero presidió en ellos también el afan que había dominado en los que querían que el maso- nismo fuera no más que una derivación de las antiguas religiones, y cegados por el deseo de que apareciera como una de las asociaciones más antiguas que se cono- cen en la historia, no tuvieron inconveniente en retroceder en ella hasta los primeros días de la orgullosa Roma. En efecto, teniendo que prescindir de cuanto pudiera tener relación con aquello que no podía referirse por cuestión de principios á los antiguos ritos, los que histo- riaban la masonería comprendieron que no les quedaba otro remedio sino recurrir á las sociedades civiles, para ver de hallar entre ellas una que, si no convenia exacta- mente con la masonería, pudiera al ménos servirle de precedente racional. Sin aban- donar por completo la idea de que la organización masónica databa del tiempo en que se construía el famoso templo de Jerusalen, cuyos operarios fueron los primeros en estar divididos en maestros, compañeros y aprendices, según afirman, sin prueba alguna, como acabamos de ver, se extendieron á ver sucesores de ellos en la tribu de los Esenios, de los que tan poco se sabe. Al hacer esto, incurrían precisamente en el extremo que más deseaban evitar, pues está generalmente reconocido que los ese- nios formaban únicamente una secta religiosa y si algo había entre ellos para que se pudiera establecer relación, eran los misterios de que rodeaban á sus iniciaciones y el formal y solemne juramento que hacían prestar á los adeptos de no revelar nada á los profanos; su religion más que con ninguna otra tenia gran semejanza con el sabeismo; adoraban al Sol procurando realizar fuera de su luz todos los actos que pudieran pa- recer impuros, y las ciencias á que más se aplicaron fueron las médicas, llevados del deseo de evitar el nefando contacto con los judíos, que eran los que entónces mejor las poseían. Ya hemos dicho que es muy poco, casi nada, lo que de estos sectarios se co- noce, debiéndose la ignorancia en que acerca de ellos vivimos, al especial cuidado que tenían de quemar sus libros al menor peligro que los pudiera amenazar; por otra parte, los esenios que se hablan mantenido viviendo alrededor del templo de Jerusa- len, desaparecieron completamente en el torbellino que con la conquista romana asoló 26 HISTORIA GENERAL devastó á la Judea. Las noticias que acerca de ellos se tienen y las únicas, por tanto, y en que se han apoyado los que pretenden sean los aborígenes de los masones, se de- ben al escritor y filósofo de origen judaico Filón de Alejandría, afiliado á la secta de de los cabalistas, muy afine déla que nos ocupa, así como también de los terapeutas la con todo lo que este historiador nos dice, apénas si se puede añadir Tebaida; mas ciertas particularidades que nada representan, cuales son nada á lo expuesto, si no son después de ser recibidos, gastaban un mandil blanco; que tenían la mayor sumí- que la sion y obediencia colocando para con sus jefes, cuyas observaciones escuchaban la mano derecha sobre el pecho un poco debajo de barbay jdejando caer el brazo iz- quierdo á lo largo del cuerpo. El afan de encontrar á todo trance lo que se busca, es una de las principales causas verdad esta, puede comprobarse en cualquiera de las ra- de extravio, y es una que mas del saber humano, pero más que en nada, ciertamente, en el mayor número de detalles las historias de la masonería que se han escrito hasta ahora; los más ligeros han sido aprovechados para justificar otros de los que se encuentran en la órden, sin comprénder en el mayor número de los casos no pueden señalarse estos como que con precedentes sino como plagios; el secreto que la masonería ha venido guardando con institutos de la respecto á todo lo que realizaba, ha servido para que la asimilen aún más antigüedad más opuestos al carácter de las sociedades modernas y lo que es extraño, ligerísimas formalidades externas han bastado para que se suponga es no más que una derivación délos esenios. Al llegar á este punto, el error ha sido mayor, no siendo tampoco uno por desgra- cia sino muchos. Han supuesto que terminadas las obras, que solas hubieran bastado inmortalizar el nombre de Salomon, aquellos operarios se entregaron á prácti- para cas puramente religiosas, conservando la organización que habían tenido durante todo el tiempo que habian durado los trabajos. Esta afirmación, que es como si dijé- razón ramos la base de que parten, carece por completo de fundamento y no hay una tribu ninguna que la apoye; los esenios fueron, digámoslo asi, judía que rehuyó aún siempre el contacto con todos aquellos que no pertenecieran á este pueblo, y no lo extremando más el rigor, llegaron á rehuirlo también con los que practicaran Teniendo que practicaban ellos, con los que no participaban de sus creencias. muy esto sabiendo á la construcción del templo concurrieron artifices de presente y que todos los conocidos hasta entóneos, se comprende bien claramente pueblos que tal afirmación no puede ser admitida en sana crítica, pues aquellos se dispersaron luégo, casi inmediatamente, miéntras que estos se congregaron mucho después. Los que atendiendo al simbolismo de la masonería se han fijado en ella para los orígenes, no han fijado su atención en el palpable error que resulta, y investigar persistiendo en esta via, han seguido las suposiciones, pero desde algun tiempo, justo más por nada, es confesarlo, se procede con mayor tacto. Comprendiendo que que por la época en que se vive, la adquisición del conocimiento se hace mucho más fácil, desistieron al fin de anteponer á todo el antiguo Oriente con sus misterios y sus cába- ó las, fijándose en la época romana para determinar el origen de la masonería, mejor DE LA MASONERÍA 27 dicho SU aparecimiento. Desde el punto de vista general nos hallamos con los mismos inconvenientes; el pueblo aquel, cuyas águilas hicieron presa con sus férreas garras en todas las comarcas del mundo conocido entonces, se avenía ciertamente ,muy mal con el espíritu de libertad.y de progreso que respira el credo masónico; en aque- lia sociedad, la esclavitud y la servidumbre eran instituciones consagradas por la ley, las diferencias entre nobles y plebeyos sostenidas por todos y la familia por su com- posición en absoluta dependencia del jefe que en los demás individuos, tenía sólo medios de adquirir. Seria en vano cuanto trabajo pusiéramos para hallar en la histo- ria romana una época á propósito para que en ella pudieran extenderse y arraigarse principios de trascendencia tan grande, como lo son los que dedos siglos destaparte han cambiado por completo la faz del mundo entero, é inútil también hallar ni en el esplendor, ni en la decadencia del pueblo-rey, nada que pudiera asimilarse ó com- pararse con una sociedad secreta. Cierto que también los romanos, co.piándolos de los griegos, tuvieron sus misterios, mas sobre ser iguales á los de los demás pueblos, sabemos todos que llegaron á convertirse en obscenas y repugnantes orgias de las que supieron sacar partido los cómicos y satíricos latinos, con objeto de reformar las corrompidas costumbres de aquel pueblo, que cayera tan bajo desde una altura tan considerable. Ademas, y como hemos dicho, se había abandonado la vía religiosa para la investigación de que tratamos, optando por la de las instituciones civiles, á fin de que si no resultaba el fondo al primer golpe de vista, resultara cuando ménos la forma. Por esto, fijáronse muchos en las corporaciones de arquitectos romanos estable- cidas por Numa en el año 715 ántes de nuestra Era. De suposición en suposición, afirman los que piensan de esta manera, que aquellas corporaciones eran al mismo tiempo hermandades para el arte y sociedades religiosas, cuyas relaciones con el Estado y el sacerdocio estaban determinadas con suma precisión por las leyes, y gozaban del privilegio exclusivo de construir los templos y los edificios públicos, teniendo una jurisdicción especial y hallándose exentas de toda clase de gravámenes y contribuciones. Estos colegios se reunían ordinariamente después de los trabajos del día en sus respectivas logias, donde se concertaban y distribuían los trabajos siendo tomadas las decisiones por mayoría de votos. Se dividían en tres clases: apren- dices, compañeros y maestros, y se obligaban por formales juramentos á prestarse toda clase de ayuda y de socorro. El presidente, que se elegía cada cinco años, toma- ba el nombre de magistri^ y cuantos trabajos se llevaban á cabo en logia, se hacían presidir de ceremonias religiosas, siendo muy de tener presente que como tales aso- ciaciones estaban compuestas de hombres de todos los países y por consecuencia de creencias diferentes, tuvieron que escogitar una fórmula general para designar al Sér Supremo, adoptando la de Supremo Arquitecto del Universo, que desde entónces se conserva, y considerando de este modo al universo como el más sublime de lós templos. Por lo que se refiere á la iniciación en esta sociedad privilegiada, parece que en los tiempos primitivos bastó-, cuando se trata del primero y segundo grado, con ciertas 28 HISTORIA GENERAL ceremonias religiosas después de las que se comunicaban los deberes que tenían que cumplir al aprendiz y al obrero, la explicación de ciertos símbolos ó signos que sir- vieran para reconocerse los unos á los otros, después de lo cual se exigia nuevamente el juramento. Para pasar al grado de maestro, tenía lugar una iniciación más solem- ne, pues entonces el aspirante estaba sometido á pruebas tomadas de los antiguos egipcios, y durante las cuales sufría un exámen serio y rigoroso de sus conocimien- tos y de sus principios. Gracias á la protección que estas asociaciones de constructores dispensaban á las creencias de los extranjeros, asi como también á sus actos y á sus instituciones, pudieron desenvolverse entre ellos doctrinas y máximas superiores al tiempo en que vivían, las cuales disimulaban gracias á símbolos y emblemas representantes del fondo de sus prácticas. Estos colegios, principalmente los que se dedicaban á los oficios necesarios de la arquitectura religiosa y civil, naval é hidráulica, se extendie- ron bien pronto desde Roma, donde habían nacido, á la Galla cisalpiña y más tarde á la Galia transalpina, llegando después al Oriente y á la Arabia, de donde pasaron á España, pues muchos de estos colegios, que ya en aquella época se llamaban herman- dades, iban en pos de las legiones romanas. Su principal misión era la de trazar los planos de todas las construcciones militares, como campamentos, caminos estratégi- eos, puentes, acueductos, arcos de triunfo, etc., dirigiendo también á los soldados en los trabajos de esta naturaleza en que tenían que tomar parte. Estos colegios subsis- tieron hasta la caída del imperio, manteniéndose en tanto con todo su vigor, pues la invasion de los pueblos llamados bárbaros, les redujo á la más minima expre- sion. Estas ideas, tomadas de uno de los autores mas serios con que cuenta la escuela francesa, presenta desde luégo un gravísimo inconveniente, cual es la falta de medios para relacionar lo que dice de los collegia fabrorum con lo que de la masonería ac- tual conocemos; pero aún por esto podríamos pasar si el referido relato fuera cierto en alguna de sus partes. Un hecho aislado puede muy fácilmente servir para probar cosa muy distinta de aquella que le ha dado origen, y nacimiento y efectivamente, considerando las sociedades de constructores romanos como hasta aquí las vienen presentando, podría admitirse que han sido la base de la masonería, más este resul- tado sólo se podria conseguir siguiendo un procedimiento especial, encaminado á hallarlo desde luégo. Es un punto acerca del que no cabe abrigar la menor duda, que Numa, uno de los primeros reyes de Roma, después de haber hecho lo mismo que todos los legisladores primitivos, esto es, después de haber fundado la propiedad en el suelo, estableciéndola en favor del mayor número de individuos, se ocupó de la organización de las jerar- quías, necesarias en cualquier órden politico y estableció los pontífices, encargados de mantener y dirigir la fe religiosa; los augures, llamados á asegurar las resoluciones de los hombres después de haber averiguado las de los dioses; los flaminios, sacerdotes encargados del servicio en los templos de los dioses superiores; las castas vírgenes de Vesta, los salios, que honraban á los dioses entonando himnos militares y danzando al DE LA MASONERÍA 29 son de. SUS instrumentos, y si esto hizo por cuanto se refiere al órden moral, no cabe más que suponer que igual arreglo baria en todos los demás. Con efecto: de la misma manera que instituyó y veló por la conservación de la je- rarquía sacerdotal, atendió al órden de las clases populares; mas en este otro, con el deseo de realizar una fusion completa entre los romanos y sabinos, fusion que aún no existia cuando fué elevado al trono. A este fin reunió en corporaciones ó gremios á todos los artesanos, dando iguales derechos á todos los individuos aunque pertenecie- ran á cualquiera de los distintos pueblos, que en modo alguno podían avenirse, más que por nada por ser unos los conquistados y otros los conquistadores. La industria que cada cual ejercía, era lo que servia de base para su clasificación, asi es que for- maban grupos separados los carpinteros, los tintoreros, albañiles, fundidores y todos los demás, resultando que aunados entre si por intereses comunes dieron bien pronto al olvido todas sus pasadas rencillas. Cada una de estas agrupaciones de artesanos formaba una república pequeña que cuidaba de sus fondos y medios de subsistencia, pudiendo elegir, por dos tercios de mayoría de votos, un representante ó sindico en- cargado de la administración de los intereses y de cuanto podía importar á la comu- nidad. Esta division, que en un principio diera admirables resultados prácticos, fué degenerando con el tiempo á medida que adquirieron carácter politico, y las agrupa- clones, que en un principio cuidaran sólo del mejor desempeño de sus respectivos ofi- cios, fueron escogidas por los agitadores públicos para alterar la paz del pueblo, ba- ciéndolo servir á sus designios. Atendiendo á esto, única y exclusivamente, fueron aumentando poco á poco en número, basta que constituyéndose al fin en un perpétuo motivo de trastorno fueron disueltos por Julio César según Suetonio nos declara. Esta, que es la verdad histórica, seaviene muy mal, como sin gran trabajóse com- prende-, con las declaraciones hechas por los que más circunspectos que sus predece- sores afirmaban, sin embargo, que la masonería databa de los tiempos deNumay que eran su primera manifestación las agrupaciones de albañiles que entónces se constitu- yeron. En parte podia ser admitida tal afirmación pero no podia subsistir sino conside- rando aisladamente la suposición hecha; los organizados no fueron sólo los albañiles ni los maestros constructores sino que igual sucedió con todos los oficios, que necesa- riamente habían de tener tecnicismos y prácticas distintas, pero que en el fondo res- pondían al mismo fin y participaban de iguales derechos de donde hay ciertamente razón para no explicarse por qué sólo uno de aquellos grupos pudo sostenerse y dar nacimiento más tarde a una sociedad potente y vigorosa miéntras que los demás desa- parecieron por completo. Lo sucedido en Roma lo mismo que en todos los pueblos de Europa durante la Edad Media, esqueles individuos de un mismo oficio se reúnen for- mando un gremio una sociedad que para existir había de tener necesariamente una or- ganizacion jerárquica que regulara las atribuciones de cada uno, y ademas, por efecto del carácter general de los pueblos primitivos no puede extrañar para nada que ántes de emprender las deliberaciones sobre los puntos aquellos que más les interesaban, ejecutaran algun acto religioso. Considerados aisladamente todos aquellos,grupos se ve de una manera patente que los efectos de la congregación no trascendían más que á 30 HISTORIA GENERAL DE LA MASONERÍA aquellos que puramente se referían al oficio, por lo que es de todo punto natur^il y no debe causar extrañeza alguna, la division introducida en ellos; no podían ejercitar las mismas faenas ni todos poseían iguales conocimientos en el arte, por esto los más aventajados, aquellos que llevaban más tiempo de práctica, eran maestros, los recien ingresados aprendices y los que sin llegar á los primeros excedían con mucho á los se- gundos, compañeros. Por rotunda que sea la afirmación del referido autor de quien hemos tomado las capitales ideas que han servido de apoyo á la errónea creencia de que la masonería data de aquellas antiguas hermandades que estableciera Numa, es lo cierto que no hallamos en parte ninguna un documento histórico que acredite el esta- blecimiento entre ellos de iniciaciones ni pruebas mediante las que un individuo pu- diera acreditar su reserva ó su valor; la iniciación estaba sólo en el comienzo de los trabajos, y si alguna prueba se exigía debía, ser sólo las que manifestaran que un in- dividno tenia aptitud ó capacidad para ascender del grado inferior al superior. El detalle que más hace desechar semejante origen para la masonería y que más pone de manifiesto el afan de ciertos historiadores por explicarlo todo con argumentos recogidos en la historia de la antigüedad, es el que se refiere al origen de la frase; «el Gran Arquitecto del Universo,» para designar al Supremo Hacedor de cuanto existe. Frase semejante, no puede admitirse más que en los tiempos en que domina la creen- cía monoteista, y por cierto que no son aquellos, en los que los pueblos sumidos en las mitologías más absurdas, no podían llegar á una concepción tan sublime. Romanos y latinos pudieron unirse gracias á los vínculos que establecen los intereses mate- ríales, pero èn modo alguno habían de sentirse separados por las creencias religiosas ni verse en la necesidad de arbitrar una fórmula para que desde este punto de vista pudieran vivir todos, por varias y distintas que fueran sus creencias. Es menester, pues, desechar cuanto se diga al origen de la masonería, como anterior al cristianismo; veamos ahora lo que podemos hallar en los siglos de nuestra era. CAPÍTULO II. Influencias determinadas por el cristianismo en la asociación masónica.—Elementos que le sirven de comple- mento.—Diferencias esenciales entre las religiones y el masonismo.—Falta de condiciones para el desar- rollo de la masonería en los primeroá siglos de nuestra era. —Caractéres generales y elementos que se agitan en ellos.—Reformas heredadas.—Sus efectos.—Instituciones y acontecimientos de este periodo determinados por algunos como origen y causa de la sociedad masónica.—Fuerza de la tradición.—Cómo se perpetúa en apoyo de la idea preconcebida, la hipótesis aventurada del templo de Salomon y de los colegios de Numa.—Opiniones emitidas en apoyo de la trasmisión de la órden.—Conceptos errados.— Fecha que fijan algunos historiadores al aparecimiento de la masonería.-Razones alegadas.—Insuficien- cia de ellas.—Pruebas históricas.—Los primeros monumentos ingleses no son obra de las sociedades de constructores.—Llamamientos hechos por los soberanos á los artistas extranjeros.-La logia de York. —Caractéres generales de la masonería en Inglaterra.—El rey Edwin.—Notas históricas. —Su reinado, su conversion al cristianismo.—Influencia de este paso en su gobierno.—Confusion á que ha dado lugar.— La religion cristiana.—Las cruzadas.—Causas á que obedecen.—Los Templarios.—Efecto contraprodu- cente de creer á la masonería causa eficiente de muchos acontecimientos históricos. —Organización de los Templarios.—Sus obligaciones y juramentos.—Elogios que merecieron en un principio.—Degeneración y ruina de la órden. NTES de llegar á la asociación, que verdaderamente puede considerarse como fuente y cuna de la masonería que conocemos hoy, conviene re- coger algunos precedentes que si bien carecen de valor histórico, no sucede lo mismo con ellos refiriéndolos á la tradición, que durante mucho tiempo ha merecido á todos entero crédito. Estudiado el credo masónico que hoy se reconoce, cualquiera se sentiria tentado de admitir que lo que más salta á la vista son influencias de la religion cristiana, de la moral y del espiritu caritativo que se advierte en todas las predicaciones que hiciera el sublime mártir del Gólgota. Pero hay que tener presente que en el fondo de la doctrina masónica, supuesto que arran- cara de las teorías cristianas, se advierte un complemento, digámoslo asi, y otros principios que aunque paralelos á los de aquella, nos conducen á fines más prácticos. 32 HISTORIA GENERAL El cristianismo, siguiendo la senda que ántes trazaran las religiones que le habían precedido, parte de verdades, reveladas y en todos los extremos á que llega, aconseja la caridad y la humildad más grande; tiene fe sólo en el natural desenvolvimiento de las ideas, no acude á la lucha jamas, trabaja y sufre y tarda siglos en llegar á ser una religion reconocida. La masoneria por el contrario se implanta desde luégo y una vez que ha de consignar sus principios, lucha con valor y con denuedo, busca la som- bra para poder avanzar con más rapidez, y como no tiene que sujetarse á dogma ninguno, cambia de senda cada vez que las circunstancias lo exigen y pone sus doc- trinas al nivel de las necesidades de las épocas que se van sucediendo en el tiempo. Asi, pues, hay que conceder desde luégo, que si la masonería tiene notas y carac- téres que la identifican con el cristianismo, son estos nada más que elementos com- ponentes que se aunan á ellos para contribuir á la constitución de la sociedad. La época histórica que sigue á los primeros siglos de nuestra era no tenia condiciones ningunas para que en ella se desarrollaran sociedades filantrópicas y filosóficas. Las crisis históricas en la sociedad son tan terribles como las crisis que en sus enferme- dades sufren los individuos; periodos terribles en los que no hay lugar más que á la duda y á la incertidumbre, pues nadie puede adivinar, ni prever, en qué vendrán á parar tantos disturbios y trastornos. Los gérmenes que aportara el cristianismo, sus nuevas doctrinas, sus sacrosantos principios, con los que tantos y tantos debían verse moral y materialmente redimidos, fueron una de las causas que más aceleraron la calda del ya decrépito imperio romano; pero en tanto que se derrumbaba por com- pleto, en tanto que las antiguas instituciones iban perdiendo poco á poco su fuerza para caer más tarde en el olvido, registra la historia un periodo muy semejante al caos primitivo; á las carcajadas salvajes del corrompido soldado romano, que ya en Farsalia volvía la cara para no ser herido en ella, se mezclaban los lamentos de los mártires y defensores de la nueva religion, que eran inhumanamente inmolados al pié de los dioses que comenzaban á irse, y aunque léjos, todavía se percibía ya como cosa semejante al rumor de las ondas que se estrellan contra las rocas y era el avance imponente de las tribus germánicas, que se acercaban trayendo también consigo principios é instituciones gracias á los que, y unidos á los que del mundo antiguo recogieran , habían de surgir las nacionalidades, emporios más tarde de las ciencias, de las artes y de las letras. Las ideas de libertad y de progreso se abren siempre paso á traves de cuantos obstáculos se les puedan oponer, y por extraña y rara que pueda parecer la coinci- dencia sucede que en todas las épocas surgen y aparecen hombres que anticipándose á su tiempo plantean reformas que excitan generalmente la atención. La historia ge- neral nos enseña como poco á poco fueron quebrantándose las absolutas diferencias que la sociedad romana estableciera en sus primeros días, pero de todas las reformas operadas, ninguna sorprende tanto como la que Claudio llevara á cabo, causa oca- sional de alteraciones en los pueblos que aún estaban sometidos; los libertos, los es- clavos que hal)ían dejado de serlo, pudieron encargarse del gobierno de las provin- cias, y éstos, más liberales que los antiguos ciudadanos, abrieron puerta á ideas que DE LA MASONERÍA 33 hasta entonces habían tenido que permanecer ocultas, y gracias á lo que los pueblos, que por más que.pueda parecer lo contrario, se avendrán con todo, ménos con el dolor que les causa perder su independencia, comenzaron á bullir, tanto recordando sus pasados días, como teniendo presente el escozor que les causaba, los malos trata- mientos de que hablan sido victimas por parte de procónsules y pretores. Las luchas intestinas que destrozaban el imperio romano á causa de la sucesión en el solio, las causas que acabamos de enumerar y el advenimiento de los bárbaros, alteraron la sociedad constituida, dando lugar á la formación de una nueva, mas cuanto en ella pudiera pensarse y decirse de masonería, seria absolutamente prema- turo: las sociedades que como las que historiamos tienen tendencias á regenerar las clases sociales, no pueden aparecer sino surgiendo de ellas, cuando las necesidades las reclamen, y en verdad que en la época que nos ocupa, lo que más se echaba de ménos, era la tranquilidad imprescindible para que cualquiera institución se arraigue. Si en la época anterior al cristianismo no hemos hallado elementos ningunos de los que la masonería se pueda derivar, durante los primeros siglos de la Edad Media nos sucede lo mismo, por más que aquellos que pretenden que esta sociedad ha exis- tido en todos los tiempos y en todos los pueblos, y aún lo que es más, que éstos la han heredado de unos en otros, se fijan en dos instituciones de aquella época para afirmar que tampoco entonces faltaron masones. Señalan á éstos en los templarios, orden de caballeros nacidos de las cruzadas y que muchos historiadores designan como repre- sentantes de la masonería occidental; mas ántes de llegar á este punto, aún nos que- dan por analizar algunos que llenan ciertamente el vacio que podria resultar en una obra histórica. Es sumamente fácil ver cosa distinta de lo que en realidad es, cuando preside á la investigación una idea que por nada quiere desecharse, y de aqui que se hayan aprovechado todos los elementos y detalles que la historia presentaba, para querer probar que hay masonería perfectamente establecida en los primeros siglos de la Edad Media. Para apoyar esto, justo es confesarlo, los autores no han recurrido á la tergiversación de los hechos, se han contentado con anticiparlos, revistiendo á cier- tos personajes reales de caractéres que no pudieron tener en modo alguno. Animados nosotros del deseo de hacer luz, en cuestión que tanto interesa, no podemos seguir tampoco las corrientes que se inician de este lado, ni admitir como verídicos los hechos que resultan como reales, gracias á una confusion lastimosa ; estamos conv-encidos de que la masonería que actualmente conocemos, debe su origen á ciertas agrupaciones de la Edad Media, que á ellas debe la organización elemental y el tecnicismo de que se sirve, pero ni aún así podemos pasar porque este fundamento histórico se haga de una época á la que no pertenece, y esta demostración es mucho más sencilla, mucho más fácil, dado que nos encontramos en un periodo en el que no cabe admitir suposi- ciones que, como las del antiguo Oriente, son, en su mayor parte, sueños y desvarios, sino analizar hechos que se han realizado, pero asignándoles el carácter que deban tener. Será en vano que para apartarnos de nuestro objetivo se nos muestre una tradi- cion consagrada por gran número de años. Será inútil que en su apoyo se nos citen 34 HISTORIA GENERAL autoridades que disfrutan de gran nombre y prestigio, nosotros no haremos más que oponer la historia fría, severa, imparcial y verídica. Los mismos que sostuvieron que la masonería había existido entre los hebreos y que sociedad masónica era la organi- zada durante la construcción del famoso templo judio, siguieron viéndola á traves de las edades, y ya hemos hecho notar cómo aprovechan para sostener esta emigración de la idea, las agrupaciones de artesanos que en Roma instituyera Numa, añadiendo lo que en ningún documento histórico pueden haber encontrado. Necesariamente los que hablan emprendido este procedimiento no podían abandonarlo, y en verdad, que ya no tenían razón para hacerlo, por cuanto lo más difícil estaba hecho. Relacionar íntimamente principios de distintas religiones, aliar caractéres de pueblos de raza di- versa, de índole tan varia, era lo verdaderamente difícil, y tal cosa la habían conse- guido, si bien no estuviera llamada á subsistir más tiempo que el que tardaran en fijarse en ella los hombres desinteresados y de buena fe, para los que las apariencias es lo de ménos. Cuando convencidos de que en ninguna de las religiones positivas de la antigüedad había de encontrarse nada con lo que pudieran alcanzar sus propósitos, cambiaron de vía, y dejando el campo religioso se aventuraron en el de las institució- nes públicas, sin que fueran más felices los resultados, pues no se explica cómo en el trascurso del tiempo puede una comunidad que nunca ha tenido carácter privado, llegar á convertirse en sociedad secreta, y ménos aún cómo pudo prescindir de su carácter puramente práctico para ser meramente propagandista. Sin pararse en ninguna de estas observaciones, que parece debían ocurrirse desde luégo, siguióse sosteniendo la opinion de que los constructores del templo de Salomon fueron masones, y que los continuadores de éstos, en el órden del tiempo, fueron aque- líos que componían los collegia fabrorum, y como quiera que también se hacía caso omiso de la disolución que de ellos hiciera César en los primeros tiempos de su dicta- dura, se supuso que habían llegado á extenderse por las provincias del imperio, mas entiéndase que al hablar asi se referían sólo á las sociedades de constructores. Desti- tuidas de fundamento una opinion y otra, parecía lo natural que abandonando toda idea de precedentes, se colocaran en la época á propósito para hacer real el aparecí- miento de la órden; parecía lo regular que comprendieran que no había motivo nin- guno para afirmar la persistencia de la sociedad de constructores; sin que nada más se volviera á decir de los otros colegios que tenian igual razón de ser, pero no lo hicieron asi, y afirmando que en los siglos que siguen inmediatamente después de la muerte de Nuestro Señor Jesucristo habla permanecido oculta, y si no oculta, al ménos ignorada, la hacen aparecer de nuevo en los siglos vii y viii, siempre con el carácter que primi- tivamente tuviera. Todos los autores que se han ocupado de la historia de la masonería y que desechan las suposiciones del carácter religioso, se fijan en las compañías de albañiles, llamé- moslos asi, y atribuyen al poder de la colectividad la erección de muchos suntuosos monumentos que datando de aquella época, subsisten aún para admiración de todos. No rechazamos nosotros semejante idea, ántes al contrario, la aceptamos y volvere- mos á ella en el lugar oportuno ; lo que no podemos admitir es la fecha ni la inñuen- DE LA MASONERÍA 35 cia que por entonces habían de ejercer en ella acontecimientos que alteraron grande- mente á la Europa toda. La época determinada por los autores á que nos estamos refiriendo, no era ni podia ser á propósito; para que las revoluciones estallen, son ne- cesarlas causas que las motiven, y lo mismo sucede con todo lo que en parte cambie ó tiende á cambiar un órden establecido. Durante los siglos vii y viii no había causa que diera lugar á la masonería, teniendo que reputarla como efecto : en el órden ma- terial todo era rudimentario, los ánimos estaban preocupados de sobra para que nadie pensara en asociarse á fin de elevar construcciones y establecer ese comercio intelec- tual que llegó á ser más tarde el alma de la masonería; en el órden moral todavía el feudalismo no se ha entronizado, ni los señores han hecho crujir el látigo autorizado por aquellas instituciones; aún no son palpables y manifiestas las diferencias y distin- clones entre las personas, y éstas son verdaderamente causas que pueden exigir una reforma, causas que pueden despertar á los pueblos del letargo en que yacen, condu- ciéndolos al establecimiento de sociedades cuyos fines fueron buenos y elevados sus propósitos y que tuvieron en un principio carácter secreto, pues jamas las reformas se han manifestado claramente desde su principio, dado que suponiendo siempre una alteración del órden anteriormente establecido, incurrían en pena y habían de ser objeto de serias persecuciones. Los que anticipándose al tiempo, y sin desechar las hipótesis de los masones he- breos y de los masones romanos, los admiten como precedentes, y sustentan al propio tiempo la idea de las agrupaciones de constructores en la Edad Media, afirman, que descuellan estas en Inglaterra, por los años 856. Suponen que ántes existieron socie- dades juradas, cuyo cometido fué la construcción de muchos edificios, asi públicos como privados, pero que á partir de la referida fecha es cuando verdaderamente puede decirse que se estableció la masonería en perfecta relación con las sociedades del mismo carácter que existían en Francia, y á las que reconocen idénticos fines. Esta identidad de carácter no puede establecerse más que en presencia de las construcció- nes que artistas franceses de aquella época fueron á levantar en la Gran Bretaña ,y está suficientemente probado, que todas las grandes construcciones alzadas allí, son obras de artistas extranjeros, llamados por los soberanos reinantes, lo cual quita toda la fuerza á la afirmación hecha de que las sociedades obraran por si y ante si. La arquitectura inglesa como arte, data sólo del siglo vi, en cuya época el monje Agus- tin introdujo el estilo romano; al siglo vii pertenecen el monasterio de Wiremouth y la catedral de Hexham, cuya ornamentación extraña, por la confusion de figuras fan- tásticas mezcladas con animales fabulosos y raros símbolos, más de todos los poste- rieres á estos es bien conocido el origen; para construir la cripta de la iglesia de Can- torbery, Alfredo el Grande llamó á un francés, Crymbaud, y Eduardo el confesor, que había vivido bastante tiempo en Francia ántes de su elevación al trono, llevó consigo artífices que comenzaron los trabajos de la célebre abadía de Westminster. Datos históricos son estos que prueban de una manera palpable que en la época á que mu- chos se refieren, aún no se habían formalizado las agrupaciones que más tarde re- correrían la Europa sembrándola con sus trabajos, y estableciendo en todas partes :36 HISTORIA GENERAL relaciones y lazos fraternales, gracias á los que en todos los pueblos podrían recono- cerse los afiliados, y exigirse mutuamente lo que nunca deben negarse los hombres: apoyo para el trabajo. Persistiendo siempre en esta via, los que por ella se hablan aventurado, sostienen que las corporaciones siguieron desarrollándose, y que poco después, convertidas en verdadera masonería, tuvieron el apoyo de principes y reyes que se pusieron al frente de ella, datando la institución de la gran logia de Yorck, del año 926, cuyo gran maes- tre fuera el rey Edwin, al que muchos tienen como el primer poder masónico histórica- mente conocido. Merece especial atención este punto, por cuanto ya no se procede por suposiciones aventuradas acerca de las que pueda quedar siempre la duda, se exponen hechos que por el carácter de que están revestidos, no hay más remedio que admitirlos porque asi están consignados en el gran libro maestro de la vida, ó negar- los como apócrifos y desprovistos de todo valor. Sostenemos desde luégo que el error no es hijo de la mala fe ni de la ignorancia: la primera no hubiera conducido á nada, y en cuanto á la segunda, no nos atrevemos á suponerla en quienes tienen dadas bar- tas pruebas de saber y de valer. El error que apuntamos, es más que nada, hijo de lo que venimos reprochando desde un principio, del insensato afan que muchos mani- flestan por probar á todo trance que la masonería es tan antigua como el hombre. Cuando nuestros designios fueran excitar la atención de las gentes que sólo leyeran nuestra obra, podríamos aventurarnos á seguir idéntico camino, mas habiéndonos propuesto trascribir sólo lo que en realidad merezca ser tenido como historia, hemos de desechar toda suposición que tienda no más que á engendrar quimeras, y á este fin, veamos con detenimiento lo que en realidad resulta. La afirmación hecha es de que las sociedades de constructores, de las que inmedia- tamente deriva la masonería, tenían una organización perfecta, asi como también una vida independiente al comenzar el siglo vii, cosa que como hemos visto carece de todo fundamento, pues entónces no existen siquiera, y como segunda parte de esta afirma- cion tenemos la de que un rey anglo-sajon, se puso al frente de ella, imprimiéndole un carácter ^filantrópico y benéfico para el pueblo en general, que poco á poco se ha- bia de ir trasformando para venir á ser lo que todos conocemos. Muy poco debe lia- mar la atención que los historiadores, en su mayor número, hayan recurrido á Inglaterra pidiéndole origen y cuna para una institución de la que eran fanáticos; sin que pueda caber la menor duda acerca de ello, en el reino unido de la Gran Bretaña es donde siempre, desde que la masonería se conoce, ha tenido la institución el ca- rácter serio y formal que sería de desear tuviera en todas partes; alli han sido siempre verdades, las consignadas en su credo, alli siempre ha tenido la órden un fin práctico y se ha prescindido del aparato y de las solemnidades triviales que en los demás paí- ses han dado lugar al desprestigio natural á que habla de llegar una sociedad cuyos mayores méritos consistían en la imposición que, gracias á las pruebas y ceremonias, se llevaba al ánimo de los adeptos; y es tan cierto lo que decimos, que no hay ningu- na obra de autor inglés, que no deje de censurar las pruebas, las iniciaciones y los ritos de la masonería en los países latinos. Es lo cierto que tal vez inducidos por esto. DE LA MASONERÍA 37 recurrieron á la historia de aquel pais buscando apoyo, y no hallaron ningún perso- naje tan á propósito como el rey Edwin; cierto, ninguno tan á propósito para afirmar que él fuera el primero que con sus disposiciones reformara las costumbres sangui- narias de los incivilizados anglo-sajones, mas para que nos podamos explicar tal cosa hay que dejar á un lado la masonería, que no adquiere carácter de sociedad benéfica y protectora hasta días muy próximos á los en que vivimos, y buscar paralaconduc- ta de aquel monarca, un fundamento más en armonía con el tiempo en que floreció. Edwin, según la historia, es un rey angío-sajon que florece de los años 596 á 633. Su padre, el rey Aella, fundador del reino de Deira, murió cuando apénas contaba él tres años, y aprovechándose de esta minoridad, Edilfrido, rey de Bernicia y cuñado de Edwin, se apoderó de sus estados, y lo buscó para darle muerte, quedando asi único dueño y señor absoluto de un reino que acrecería al suyo; mas tuvo el infante decidí- dos servidores que lo protegieran contra tan sanguinario usurpador, y derrotado al fin, fué muerto en un combate contra el cuarto soberano de Bretaña, que tomaban en- tónces el nombre de bretwalda; después de esto, Edwin, aunque adolescente todavía, fué puesto en posesión del Deira, al que añadió la Bernicia, formando de los dos esta- dos el reino de Nortumbria, y tomando después de la muerte de Redwal, el ambicionado titulo de bretwalda. En 625, contrajo matrimonio con Edilberga, hija del rey de Kent, condado actual de la Inglaterra, fundado en 455 por el sajón Hengist, y cuya capital ha sido siempre Cantorbery; cristiana la jóven esposa, supo inducir á su marido á la conversion, y con efecto, aunque no sin repugnancia, Edwin recibió el bautismo, con lo que no poco ganó la religion del Crucificado, pues gran parte del pueblo siguió bien pronto el ejemplo del soberano. Los demás reyes, no pudieron ver con calma el acrecentamiento de poder que habla, conseguido, y humillados al verse reducidos á tenerle-que pagar tributo, levantaron pendones contra él, lo derrotaron y murió en la llanura de Hatfield. Las máximas de la religion que abrazara por iniciativa de su esposa, que distaban tanto de ser las mismas, que las de aquella que ántes profesara, cuya moral no podia ser ni tan depurada ni tan caritativa, dieron lugar á una reforma notable en las eos- tumbres, influyendo no poco en el ánimo de hacerjusticia y proporcionar á sus súbdi- tos los mayores beneficios posibles, que bien pronto excitó la atención de todo aquel reino, que mucho se diferenciaba de los demás que con él coexistían. Esta diferen- cía surgida por los distintos principios religiosos, esta diferencia gracias á la que se huinanizaron las costumbres, surgiendo asi un estado que salvo la distancia en el tiempo, y en los detalles de la organización política, puede tenerse como civilizado, es á nuestro modo de ver, la que ha dado lugar á que se le considere como primitivo asiento de la masonería, y más aún, si Edwin, en las reformas que llevara á cabo se cuidó de agrupar á los artesanos atendiendo á los oficios que desempeñaran y prote- giéndolos, á fin de que las artes alcanzaran mayor desarrollo, nada de particular tie- ne que muchos autores se hayan fijado en él, señalándolo como el primer gran maes- tre, cosa que pudieron hacer también con el rey romano, Numa; mas para que fuera cierto, para que tal calificativo pudiera tener algun fundamento, era de todo punto 38 HISTORIA GENERAL necesario, por lo ménos, que no aparecieran como reformadores en sus reinos, que es lo carácter determi- que en realidad resulta, sino como fundadores de un grupo con nado, cosa que no hallamos confirmada en parte ninguna. Asi, pues, reasumiendo, lo único que podemos ver en Edwin es el monarca que en Inglaierra introdujo primero el cristianismo, y nada puede sorprendeqque su reinado se señalara entre todos los de su época por la humanidad y por'lo morigerado de las costumbres, cuando tales frutos eran resultado inmediato de una religion que tan alta ha sido siempre más lo habia de quedar comparada con las que por entónces y que florecían. Es menester atender, sin olvidar nada, á cuanto la historia general nos trascribe de aquel tiempo para comprender hasta qué punto era imposible el establecimiento de sociedades particulares: agitados los ánimos incesantemente, se veia bien claro que la causa principal de ellos era la falta de principios sólidos que determinaran la posición de cada uno de aquellos principes y soberanos que se hablan erigido por la fuerza; las naciones que hoy componen la Europa civilizada, se hallaban divididas y sub-dividi- das, en á su de y el que imperaba en una de aquellas fracciones no dejaba paz vecino, y aqui una serie de luchas continuas en medio de las que no se velan descollar más que los principios de la religion cristiana, que cada vez se extendía más, y que llegó á ser gracias á sus representantes, la mediadora entre unos bandos y otros, asi como tam- bien la que durante siglos humanizó las costumbres con sus caritativas predicaciones y la única que procuró poner término á tantas y tan sangrientas disensiones. Gracias á este papel que desempeñaba, su prestigio se fué acreciendo de dia en dia, hasta lie- gar á dominar por completo, délo que procediendo con la imparcialidad que se debe no hay porqué deducir ninguna acusación, ántes al contrario, es menester atender á los resultados que consigue y aplaudirlos por ser ella, únicamente ella, el lazo que tiende á unir los hombres al- que sin profesarla no reconocían traba ni impedimento guno tratándose de satisfacer sus ambiciones, sus pasiones, y que una vez convertidos se amorigeran y se aquietan, comenzando á ver en los demás, semejantes suyos. Es lo cierto, que en medio de aquel cáos no se'distinguía luz alguna más que la que acabamos de señalar; cuantos beneficios humanitarios descuellan en aquel periodo hay que atribuirlos á los predicadores de la religion que, pocoá poco, se iban apoderando del ánimo de todos, y ellos no pueden ser considerados como masones, pues bien claro y determinado tienen su carácter en la historia. Por entónces no hay que pensar siquiera en el establecimiento de la masonería, no hay que soñar con que los espíritus se reposaran para formar agrupaciones dentro de las que, los hombres de distintas razas, de distintos países, fueran iguales, por cuanto estaban tan separados y distantes entre si, lo estuvieron en la antigüedad. Sin embarco, hay un acontecimiento como histórico en aquel tiempo en el cual los hombres se mueven acordes, como si obede- el cieran á un resorte, como si se sintieran animados por un sólo espíritu, y es queen referido acontecimiento predomina la idea religiosa, pero la idea religiosa pura, sin que en ella haya caldo aún sombra 'ninguna, y movidos por ella los hombres se lanzan como un torrente sin que nada los detenga, mostrando asi, al propio tiempo, que á lo DE LA MASONERÍA 39 Único que están dispuestos, que lo único que saben hacer, es aún luchar no habían y perdido los combatir, pues hábitos, gracias á los que se establecieron pendencia. con inde- La voz de un monje, inflamando el espíritu de religioso que dominaba en los aquel tiempo, fué hombres bastante para que abandonándolo todo marcharan á es en vano que tratemos de Oriente, y asignar á este movimiento general, otra causa que en realidad tiene; las Cruzadas que la surgen del constante deseo de la agitación y de la lucha, que se halla satisfecho desde que encuentra ocasión en cialmente que en la primera, saciarse, y espe- no se vé más que el ardimiento de las masas pqr la fe se al lugar donde que la empujan guerra y las proezas las llaman. se alrededor Hombres, mujeres y niños agrupan de los estandartes y emprenden una aún siquiera marcha, cuya duración ni pueden determinar, sin saber los peligros que van á correr y sin nada lo evaluar para que aquella campaña representa; movidos asi, marchan sin orden inconscientemente, ni concierto digámoslo para sufrir una total derrota de los turcos á lies ayudan los rigores de aquel quie- clima al que los occidentales no están No acostumbrados por esto se desaniman, persisten en su empeño del y verdadero aguardan el arrivo ejército, pacientes que llega al fin compuesto de todas las clases mienzan la sociales: lucha reco- y vencen al fin, mas de los que fueron son pocos los hambre, las vuelven: fatigas, que el las epidemias y la guerra, han sido terribles azotes mermado, que los han pero en tanto tuvieron que hacer, ninguno ha vuelto la sistido con empeño, espalda, han y en decision per- tan firme influyó únicamente el masonería la no aportó espíritu elemento religioso; alguno, como pretenden varios sociedad no existía autores, porque esta aún, y puede añadirse, sin temor de incurrir en áun habiendo existido exageración, no hubiera que contribuido en manera alguna á tan vimiento, grandioso mo- porque su credo no habló jamas á la pasión, que fué lo excitado Se encuentra entónces. esto tan evidenciado, que el mayor número de autores dido han ya de reputará las prescin- cruzadas como un resultado de la como efecto. masonería, tenerla un Siendo para de tanta importancia y trascendencia el hecho no podían que nos desaprovecharlo ocupa aquellos que en todo quieren ver titucion precedentes la ins- que historiamos, para y á este fin se fijaron en los Acerca de templarios. ellos, dice un reputado autor de la historia de la de luchar valientemente masonería, que después en pro de los principios que constituían su ner constante lucha instituto, y soste- contra los musulmanes, acrecieron tanto su familia no ilustre valor, que hubo que no deseara tener un representante entre mas como el principal ellos, que durante mucho objeto tiempo parecen haberse pado de propuesto los se han ocu- esta clase que de asuntos, es afirmar que no ha existido nada deba á la no se masonería, grande que bien pronto quedó sentado que lo que en realidad órden de los constituía la templarios no era más que una fracción como su iniciación masónica, y que tal tenían con las correspondientes pruebas, sus formalidades ritos misteriosas y sus especiales. Tales afirmaciones no pueden ha reputarse serias, la hecho hoy historia luz que acerca de asuntos envueltos por mucho todo tiempo en el es de punto misterio, censurable y la conducta de aquellos que, olvidándose lo que se deben al 40 HISTORIA GENERAL llamarse historiadores, lo han aprovechado todo para conseguir una narración que recreo su la masonería no encante á los que desean sólo expansion y para espiritu; su bondad necesitaba ciertamente de aparato alguno para excitar la atención por y no hacer prosélitos con lo elevado de sus fines. La mayor duración de una sociedad servir para probar que es buena, y seguramente que habrá de quedar podrá nunca desprestigiada desde que en su apoyo se aduzcan pruebas que la recomendarían fueran son causa de ciertamente como buena en el momento en que reales, pero que conocimiento que se despierte la incredulidad, luégo que poco á poco se adquiere el de que no era cierto nada de lo dicho. han sido Los resultados conseguidos, gracias á este procedimiento que censuramos, basta el punto de que á él se debe el desprestigia en que la sociedad se lastimosos, encuentra; no podia ser de otro modo, dado que basta no hace mucho tiempo se sos- antiquísima, resultado de las prácticas reli- tuvo que era la masonería una sociedad giosas de los pueblos de Oriente. Cuando la ciencia ha abierto campo á las más dete- al alcance de todos, no ha quedado, nidas investigaciones y los frutos de ella han llegado uno que persista en la creencia que podemos llamar fastuosa. La Biblia, con sus textos expresos, acerca de los que no cabe interpretación alguna, nos manifiesta que todo lo se babia inventado acercado la cons- debe relegarse á la categoría de mito que tenido maestro arquitecto, cuando era tracción del templo y del personaje Hiram, por de sólo un fundidor de metales, la historia, por su parte, nos dice cuál fuera el designio gremios, como no uno, sino muchos, subsistieron con los iguales Numa al organizar y derechos preeminencias, basta el tiempo de César, desapareciendo luégo; en los pri- y la Edad Media no se baila nada tampoco, asi es que, cayendo una meros siglos de á una las ilusiones, trocándose en desengaños, que es lo peor, lo mismo los masones por qué se hablan que los que nolo son, tenían sobrados motivos para preguntarse invenciones desprovistas de fundamento. La verdad es que nosotros hecho tantas á comprender, y que ménos aún se entiende cómo habiéndose tampoco lo alcanzamos laórden délos tem- separado ya del campo religioso se vuelve á él buscando apoyo en piarlos. de los templarios fué fundada en 1118 por Hugo de Nains, Godofredo de Laórden de Godofredo de Saint-Amer y siete caballeros más de los que fueron en compañía principal fin al constituirse, velar por la conservación del templo y Bouillon, y fué su recorrerlos caminos con objeto de proteger á los peregrinos que se dirigíaná los San- siendo victimas por parte de los musulmanes. tos Lugares délos ataques de que venían autores sostienen que el aparecí- Extraña sobremanera pensar que los mismos que ó debe su de la masonería data del siglo vi vii, sean los que se miento que sostengan caballeros del templo. De las dos opiniones, una sólo podia ser cierta; fundación á los hemos visto basta qué punto carece de fundamento, y aún en el supues- la primera ya lo único puede concederse es que to de fuera que que en alguna de sus partes cierto, mismo nom- aquel tiempo la masonería estaba reducida á ser únicamente lo que su en de constructores, y mal se aviene con sociedad que representantes de bre indica, una de su fe religiosa éstos en Oriente fueran aquellos caballeros que llegaron alli llevados DE LA MASONERÍA 41 y que nunca hicieron masque cümplir con los deberes que se habian impuesto; el favorecimiento de los cristianos. Considerando aisladamente el punto, haciendo caso omiso de cuanto acerca de los orígenes se ha dicho, y fijándonos tan sólo en los templarios, basta una simple ojeada histórica para negar todo valor á la opinion de que fueran ellos los que la hicieran sur- gir. Laórden del Templo no puede, no debe ser considerada más que como una órden monástica, á pesar de la degeneración que más tarde sufriera. Establecidos primera- mente en el palacio que les cediera el rey de Jerusalen, Balduino II, (1118) y confir- mados más tarde por el concilio de Troyes, el caballero Hugues recorrió luégo la Fran- cia, Italia y España, puntos de los que creo recogió cuantiosas donaciones, haciendo al propio tiempo numerosos prosélitos que partieron con él á Palestina. La órden, según su primitiva organización, quedó dividida en cuatro clases: los caballeros, los escuderos, los hermanos laicos y los sacerdotes encargados del ejercicio del culto. Sus principales dignidades eran^las del gran maestre, los preceptores, visitadores y oficia- les, divisiones todas perfectamente claras y explicadas, que en modo alguno inducen á confusion con las de ningún otro instituto y que impiden el que á éste se le pueda asignar otro carácter que el religioso. Las obligaciones que tenian que cumplir los templarios, y el juramento que pres- taban, determinan más y más su carácter, alejando toda sospecha de que ni en un principio fueran, digámoslo asi, una nueva faz de la masonería. Los que ingresa- ban en aquella órden tenian la obligación de asistir á la misa tres veces por semana, hacer abstinencia los lunes y los viernes, observar tres grandes ayunos, adorar la cruz solemnemente tres veces al año, y dar limosna tres veces por semana, prescripciones que la identifican con cualquiera de las órdenes monásticas que florecieron en la Edad Media, teniendo ademas como muchas de ellas la profesión de los tres votos de pobre- za, castidad y obediencia. Su juramento, puramente cristiano y sobre esto esencialmen- te ortodoxo, se hallaba concebido en los términos siguientes; «Juro consagrar todos mis esfuerzos y mi vida á la defensa de las creencias en la unidad de Dios y de los misterios de la fe, estando sumiso y obediente al gran maestre de la órden. Cuando sea necesario atravesaré los mares para ir á combatir dando ayuda contra los reyes y principes infieles y jamas huiré ante tres enemigos, sino que los combatiré sólo.» Estos términos especiales abarcan los extremos á que obedeció la formación de los templarios; de un lado eran guerreros, de otro religiosos, sin que pueda buscarse más y cumplieron en un principio tan perfectamente los fines que se habían propuesto y distaban tanto de constituir una sociedad ó secta especial, que si lo dicho no bastara para probar nuestro aserto, creemos baste el elogio que de ellos hace San Bernardo en los términos siguien- tes: «Viven sin tener nada propio, ni aún su voluntad: vestidos con suma sencillez y cubiertos de polvo, tienen el rostro quemado por el sol y la mirada altiva y fiera; cuando se aproxima la hora del combate se arman con la fe por dentro y con el hierro por fuera, siendo las armas sus únicos adornos, sirviéndose de ellas con gran valor, sin temer el nú- mero ni las fuerzas de los bárbaros: toda su confianza está en el Dios de los ejércitos, y combatiendo por su causa buscan una victoria cierta ó una muerte santa y gloriosa.» 42 HISTORIA GENERAL DE LA MASONERÍA Si declaraciones semejantes quitan todo valor á la opinion de que los templarios fueran los primeros masones, asi como también á la de que los masones fueran los que constituyeran la órden del templo, más no podemos apoyar en la historia para sostener nuestro aserto, pues no siempre se conservaron dignos de los elogios que les tributaron San Bernardo y otras autoridades; entibiado el celo que les llevara á la asocia- cion, habiendo acrecido sus riquezas gracias á las donaciones que se les hacían y te- niendo hacer, especialmente los que se hallaban en conventos muy distantes poco que del punto aquel en que únicamente podían cumplir su misión, no tiene nada de partíeu- lar que su disciplina se relajara y que poco á poco dieran pasto á la murmuración con muchos de los actos que ejecutaban. Esta acusación es la misma que pesa sobre las demás órdenes monásticas; la única diferencia que entre ellas existe es la de que la del templo se anticipa y presenta un caudal suficiente para excitar la codicia de Felipe el Hermoso de Francia, que es quien la destruye. Los actos imputados á los templarios, en que se fundó la acusación que les lie- vara á perecer en horrible patíbulo en 1307, no estaban probados ni han podido pro- barse, y sobran razones para afirmar que, aunque la órden no dejara de adolecer de defectos, estos no hablan de ser generales, y que son calumnias conducentes á obtener el resultado que se obtuvo la de que eran herejes, de que adoraban á un ídolo llamado Bafomet y que en la iniciación renegaban de Cristo. Estos ligeros apuntes nos eran necesarios para preparar franco camino á nuestra obra; había que deshacer las muchas suposiciones aventuradas acerca del origen de la masonería; era menester deslindar los campos para al llegar á la época del verda- dero aparecimiento de la masonería, evitar toda confusion con instituciones aparecí- das en anteriormente, cada una de las que tiene lugar determinado y carácter distinto la historia. CAPÍTULO III. Religion y masonería.—Sus conceptos y diferencias.—Tradición inglesa acerca de la masonería.—El docu- mento de HalliwelL—Su historia y crítica.—Inexactitudes y anacronismos en que incurre.—Razón y refutación de ellos.—Las corporaciones de la Edad Media como fuente de la masonería.—Fecha probable del aparecimiento de la órden.—San Alban y Edwin.—Anacronismo en que incurren los que suponen á este rey anglo-sajon, hijo de Athelstan.—Causa del error de suponerles favorecedores déla masonería.— Elementos masónicos que pueden desprenderse de la tradición inglesa.—Faltas que en él se advierten acerca de las pruebas y formalidades externas.—Razón que explica este hecho.—Las comunidades.—Sus precedentes históricos.—Influencia que determina en ellas el espíritu germánico.—Primitivo carácter de ellas.—Puntos en que coincide la masonería actual con las primitivas agrupaciones de constructores.— El arte románico en la primera mitad de la Edad Media.—El estilo gótico.—Influencias de la vida mo- nástica en la organización de las corporaciones laicas.—El monaquismo.—Su carácter primitivo.— Opinion de Tertuliano acerca de él.—Diferencias entre el monaquismo cristiano y el ascetismo de las religiones anteriores.—Los templos.—Sus caractéres determinados por las ideas que implican.—Los monjes como primeros arquitectos de iglesias y abadías.—Elementos auxiliares de que echan mano.— El pueblo. RANGA ya la vía que debemos seguir en nuestro estudio, no hay ni puede haber el temor de que se involucren materias harto difíciles de aunar, como son la religion y la masonería. Los que hasta aqui han venido haciendo tal cosa, no se fijaban ó se fijaban muy poco en la enorme distancia que separa una de la otra cosa; no quisieron considerar nunca que cabe perfectamente religion sin masonería y masonería sin religion, pues á cada una de estas asociaciones', considerándolas como tales, es posible que un hombre aplique sus facultades y aún es más, puede muy bien ser religioso y ser mason; pues hoy que los campos están perfectamente definidos, hoy que el credo masónico se conoce per- fectamente y no es posible admitir, como ántes, que contenga la inmoralidad más pequeña, no pueden subsistir las excomuniones y anatemas que cayeron sobre la órden de que nos ocupamos. 44 , HISTORIA GENERAL Religion, en el riguroso sentido que esta palabra tiene, no es más que el vinculo que une á los hombres con Dios; mas definiéndola asi, queda harto incompleto el concepto, pues ni puede abarcar á todas las que han existido ni puede comprender todas las doctrinas. Desechando desde luégo las hipótesis aventuradas por muchos de que las religiones no son más que las obras debidas al estudio de los legisladores ó al artificio de los sacerdotes, hemos de admitir algo más grande, más elevado, pues no aparece en la historia pueblo alguno, ni secta tampoco, en la que no hallemos establecido un culto, que muchas veces hay que buscar con suma atención, pues no se advierte claramente, gracias á la forma rudimentaria que aún tiene. Esta senci- llisima Observación, á la que nada hay que oponer dado lo que la historia nos refiere, nos lleva á concluir que el sentimiento religioso es una necesidad de los humanos, un sentimiento innato en ellos del que no pueden prescindir, sin que tra- temos por lo pronto de referirlo á nada, sino que únicamente comprobamos su exis- tencia; y dando más lato concepto, diremos que es la religion el lazo que une á los hombres con lo superior que eleva su espíritu impresionándolo. Como desde luégo se comprende, la masonería no es ésto, ni como institución podia serlo, por cuanto no establece relaciones con lo superior y eterno, sino en cuanto es imprescindible, dado que no se puede concebir hombre ninguno sin creencias religiosas; el fin principal de la masonería, es y ha sido siempre, estrechar las relaciones entre unos hombres y otros, procurar que entre si se presten incondicional apoyo y agruparlos con princi- pios dentro de los que no caben distinciones de raza, ni de idiomas, ni de creencias; ésto, dado el origen de la masonería, nunca debió buscarse en ninguna de las religiones que han existido y ya que desgraciadamente se hizo, justo es enmendar el yerro dando á los orígenes el fundamento histórico que deben tener. Por lo que en los capítulos anteriores dejamos apuntado, se comprenderá que si no admitimos en ninguna de las religiones conocidas, principios ni dogmas á cuya sombra haya podido desarrollarse la masonería, los vemos de bien claro modo en las corporaciones perfectamente organizadas qué durante la Edad Media regularon el movimiento progresivo de la época aquella. De este punto principal é indiscutible ya, parten los historiadores formales que la masonería tiene hoy, y constantes en nuestro propósito de no abandonar el órden lógico y racional que nos hemos propuesto desde el principio, y para que se vea como sólo los esfuerzos violentos de algunas imagina- dones, son los que han desviado á las corrientes del cauce por donde debieron ir, será justo que demos á conocer la antigua tradición inglesa consignada en el docu- mento hallado por Halliwell en la antigua biblioteca real de Lóndres, que vió la luz pública en 1840 y que comprende ó abarca los extremos de que nunca se debieron apartar. La forma clara y sencilla de este documento revela su respetable antigüedad, y harto bien disculpa esta razón los errores en que incurre, nunca de tanta trascen- dencia como los que con mucho ménos motivo se han lanzado después, hijos de una época en que jamas debieron ser engendrados. Revela al propio tiempo una sencilla fe que prueba cuanto hemos dicho anteriormente; que son particulares los principios masónicos y que se aunan perfectamente con los de cualquier otro credo, cuya base DE LA MASONERÍA 45 sea la moral y su fin el perfeccionamiento humano. El documento en cuestión está concebido en los términos siguientes; «Que el soberano poder del Dios eterno, proteja nuestros comienzos y que nos dé su gracia para gobernarnos de tal manera que en esta vida podamos conformarnos á sus deseos y después de nuestra muerte conseguir la vida eterna. »¡Queridos hermanos y compañeros! Nuestros propósitos son de contaros cómo y de qué manera ha comenzado este arte superior y cómo fué protegido por grandes reyes y príncipes eminentes y muchos otros personajes importantes. Queremos también dar á conocer á aquellos que lo deseen los deberes que todo fiel mason está obligado á cumplir en conciencia. »Existen siete ciencias libres, la gramática, la dialéctica, la retórica, la aritmética, la geometria, la música y la astronomia y todas están fundadas en una ciencia, á saber, la geometría, por medio de la cual el hombre aprende á medir y á pesar, cosas necesarias en todas las corporaciones. »E1 principio de todas las ciencias fué descubierto por los dos hijos de Lamech: Jabal, el mayor, descubrió la geometria y Tubal-Cain el arte de forjar y construir y el resultado de sus descubrimientos lo inscribieron en dos pilares de piedra, de modo que no pudiera borrarse y que se hallara después del diluvio. Hermes encontró uno, estudió las indicaciones que en él habla y enseñó después á los demás lo que habla aprendido. Después de la construcción de la torre de Babel, la masonería comenzó á ganar mucho, especialmente en importancia, y el rey Nemrod envió treinta masones en aquella dirección, haciéndoles especiales advertencias: sed fieles los unos para con los otros, amáos sinceramente y servid con fidelidad á los que tengan po- der sobre vosotros, á fin de que á mi, vuestro rey, y á todos vosotros, os hagan honor. »En fin, cuando Abraham llegó con su mujer á Egipto, enseñaron á los habitantes de aquella region las siete ciencias, obteniendo un discípulo muy aventajado que se llamó Euclides, el cual se distinguió muy particularmente en estos estudios. Euclides se hizo maestro en las siete ciencias; enseñó la geometría y consignó una regla en los términos siguientes: en primer lugar, debían ser fieles al rey y al pais á que pertene- cían; después debian amarse entre si y ser fieles y cuidadosos los unos para con los otros, debiendo darse el nombre de hermanos ó de compañeros; el más sabio de entre ellos, debía ser escogido como maestro, siéndoles prohibido dejarse llevar en su elección ni por la amistad ni por las cualidades de su nacimiento ó de riqueza, sino que debian procurar atender sólo á que el más capaz fuera el elegido, y todos se obligaban por los más solemnes juramentos á guardar estos principios. »Mucho tiempo después, el rey David emprendió la construcción de un templo en Jerusalen, que se llamó el templo del Señor. Quería mucho á los masones, y les tras- mitió los reglamentos y principios que Euclides le había enseñado. Después de la muerte de David, Salomon acabó la construcción del templo, envió masones á los demás países y reunió cuarenta mil trabajadores en piedra que todos fueron llamados masones. De entre todos, escogió tres mil que fueron llamados directores y maestros de los trabajos. 46 HISTORIA GENERAL »Habia en otro país un rey llamado Iram (Hiram) el cual proporcionó á Salomon las maderas necesarias para construir el templo. Salomon confirmó los usos y regla- mentos que su padre habla establecido entre los masones, de modo que el arte de la masonería quedó sólidamente establecido en Jerusalen y en muchos otros países. Individuos inteligentes de estas asociaciones viajaron por el extranjero, tanto para instruirse, como para enseñar, y de este modo un excelente mason Ninus (Mannon) Gracus, vino á Francia, estableciendo la masonería en este país. »Inglaterra permaneció privada de los beneficios de esta institución hasta el tiem- po de San Albain, época en la que el rey de Inglaterra, que era pagano, rodeó con una muralla la ciudad de San Albano; á este santo fué confiada la dirección de los traba- jos. Dió á los masones buen salario y obtuvo del rey para ellos carta de franquicias, que les permitían tener asambleas generales, contribuyó á que se aumentara el nú- mero de los asociados y les dictó reglamentos. »Poco después de la muerte de San Albain, muchas naciones extranjeras hicieron la guerra á Inglaterra, de modo que estos reglamentos fueron perdiendo poco á poco su vigor, hasta el tiempo del rey Athelstan. Fué éste un principe eminente; pacificó su reino y ordenó la construcción de muchas abadías, muchas ciudades y otros grandes trabajos, pues quería y amaba mucho á los masones; pero su hijo Edwin, muy hábil en la ciencia geométrica, los favoreció aún más. Fué recibido mason y obtuvo de su padre el rey una carta de franquicia y la autorización de convocar cada año á todos los masones en asamblea general en un lugar á propósito, á fin de comunicarse reci- procamente las faltas que pudieran haber cometido, y las trasgresiones de que se bu- hieran hecho culpables, para castigarlas. El mismo presidió una de estas asambleas en Yorck, recibió á nuevos masones, les dió reglamentos y estableció costumbres. Cuando la asamblea estuvo reunida, invitó á todos los masones, lo mismo á los que acababan de ingresar en la órden, que á los que eran ya antiguos, para que dieran parte á sus compañeros de cuanto pudieran conocer de los usos y obligaciones im- puestas á los masones residentes en el extranjero ó en cualquier otra parte del reino. Cuando para responder á este llamamiento se daban por escrito las contestaciones, se hallaban las unas en francés, otras en griego, algunas en inglés, no pocas en las demás lenguas, que fueron reconocidas completamente idénticas en cuanto al fin que se hablan propuesto; después las reunió en un libro que indicaba igualmente cómo se habla hecho aquel descubrimiento. Recomendó y ordenó que aquel libro fuera leído y comentado siempre que se recibiera á un nuevo mason y ántes de hacerle conocer las obligaciones que se le imponían. Desde aquel día hasta la época actual se han conservado los usos y prácticas de los masones en la misma forma, dado el limite del poder humano. »En distintas asambleas se han dictado varias leyes y ordenanzas reconocidas como necesarias ó útiles, según confesiones de los más distinguidos maestros y de los compañeros más notables.» Este curioso é importantísimo documento, representa la tradición masónica, es el puton de partida para la verdadera historia y nada tiene de particular ni de extraño DE LA MASONERÍA 47 que así lo reconozcamos. De una tradición parte la historia del mundo, un mito es el punto de arranque en la historia del mayor número de los antiguos pueblos y una tradición ha consignado de ésta ó de otra manera el aparecimiento del hombre sobre la tierra. Ciertamente lo narrado en el documento trascrito no puede elevarse ni se elevará jamas á la categoria de historia siquiera fuese sólo atendiendo á la intermina- ble serie de anacronismos que en él se encuentran. Consignar quedos personajes bit)! i- eos fueron los que realizaran el descubrimiento de las siete ciencias y que éstas fue- ron ya conocidas por completo en aquella remota época, relacionar tantos y tan diversos pueblos, hacer á Euclides contemporáneo de Abraham, de quien recibiera la enseñanza de la geometria; suponer que David y Salomon fueran masones y dejar lugar á que dejando atrás siglos y siglos aparezca la masonería en Francia, para que después llegue á implantarse en Inglaterra, revela un total desconocimiento de la bis- toria, pero igual cosa sucede con respecto á la misma ciencia y aún con respecto á mu- chas otras, con no pocas tradiciones tenidas hasta no hace mucho como articulos de fe y con otras varias que aún como tales se tienen. Falto de verdad el documento, desprovisto de razón y de cálculo, inadmisible por todo lo que á su forma se puede referir, se advierte en él un pensamiento mucho más propio y más lógico que en todos los que se han lanzado para construir sobre ellos las varias historias que existen de la masonería. Disculpable es, desde todos puntos de vista la confusion lamentable queen él reina, y dada la época en que fué redactado, asi como también que sus autores aprovecharan las ideas que corrian por entóneos acerca del origen de las corporaciones: poco ó nada puede llamar la atención esto, y ménos aún que en no corto espacio de tiempo se haya tenido como fuente histórica al citado documento; muchos siglos han sido menester para que caiga en descrédito la tradición que, inventada por los romanos en su orgullo, queriéndose hacer deseen- dientes de dioses, afirmaba ser hijos de los imaginarios Rómulo y Remo, amaman- tados por una loba; y áun historiadores que con su talento han elevado monumentos á la historia patria, comenzaban su obra afirmando que un golpe de Hércules bastó para abrir el estrecho en que se forma proceloso piélago al chocar dos mares. Asi, pues, prescindiendo de los errores y atendiendo el fondo, se ve bien clara y palpable- mente que la idea que domina es la de que la masonería procede directamente de las corporaciones de constructores que, agremiados en la Edad Media, fueron los que le- vantaron tanto grandioso monumento como existe, y más nos apoyamos en ésto por cuanto en todas las partes en que se habla de masones y masonería, donde no hemos cambiado la frase, se entiende que habla de albafiiles ó constructores y del arte que éstos ejercen, salvo que en ellos deja entrever un fin más noble y elevado que el que los hombres pueden proponerse cuando su único móvil es el trabajo material. Persistiendo en las ideas que venian sirviendo de base á todo cuanto acerca de la masonería se habla dicho hasta entóneos, admite que la órden adquirió primero des- arrollo en el continente, pasando luégo á las Islas Británicas, importada por los constructores que en cuadrillas recorrían la Europa entera buscando trabajo, y en este punto sólo encontramos una antelación en el tiempo que ya hemos señalado. San 48 HISTORIA GENERAL Albain está considerado como el primer mártir que la religion cristiana tuvo en Ingla- terra, y pereció hacia el ano 302 de nuestra era, en la que la masonería no había aparecido aún y en la que tampoco habla elementos que la pudieran hacer surgir. Acerca de la vida-de este santo es muy poco lo que se sabe y creemos sea pura in- vención lo de que se le encargara de dirigir los trabajos para murar la población que lleva su nombre, debido á un monasterio que en honor del mártir se alzara algun tiempo después. La solución de continuidad que el autor deja hasta el rey Athelstan, se explica sencillamente con la razón que alega, pues fijándose única y exclusiva- mente en el arte de construir, se comprende que no es tiempo á propósito el que se consumió en guerras que no podían dejar tregua para las manifestaciones del arte, pero afirma el desarrollo de la institución en este reinado sin duda por la confusion á que se presta lo que en realidad fué y el deseo de señalarle otras causas, como ya he- mos tenido lugar de ver al ocuparnos de Edwin, tenido como primer gran maestre mason en el reino unido de la Gran Bretaña; pero si con respecto á este último no cabia disculpa por florecer en época en que como volvemos á decir no había elemen- tos para que florecieran sociedades del carácter que la masonería tiene, no podemos decir lo mismo con respecto al rey Athelstan, pues cuando éste sube al trono ya las corporaciones están perfectamente organizadas y realizan obras de importancia con- siderable. Esta indicación basta para hacer comprender otro lapsus del documento en cuestión que como puede verse dice asi hablando de Athelstan: «Fué éste un princi- pe eminente; pacificó su reino y ordenó la construcción de muchas abadías, muchas ciudades y otros grandes trabajos, pues quería y amaba mucho á los masones; pero su hijo Edwin, muy hábil en la ciencia geométrica, etc.» Edwin, rey anglo-sajon, fio- rece, como hemos dicho, por los años de 596 á 639 y Athelstan, nieto de Alfredo el Grande, reinó en los de 895 á 941. Fué efectivamente un gran monarca para su tiem- po, al que rindieron tributo los principales jefes daneses y por quien fué derrotado el rey de Escocia; favoreció al clero autorizando la construcción de muchos monasterios, dió sabias y oportunas leyes, y esta conducta apta para el desarrollo moral de una nación fué sin duda la que dió lugar á que se le reputara como mason del mismo mo- do que con Edwin sucedió, gracias á su conversion al cristianismo y á lo más bu- mano de sus costumbres. De intento hemos analizado con suma atención y cuidado esta tradición, en la que hallamos lo mismo que puede encontrarse en todas las que participan de su carácter: anacronismos, faltas y errores que disculpa el tiempo, confusiones á que da lugar una ignorancia, no mal intencionada, malas inteligencias, hijas más que de otra cosa de la impresión que en el ánimo marcan las ideas que se aventuran sin el detenido análisis que de ellas puede hacer la critica, que no aparece sino muy posteriormente; pero á pesar de estos defectos que la hacen desechar en absoluto, se observa en ella un ele- mento que falta por completo en las demás consejas que se hablan inventado para explicar el origen de esta institución: en ella hay un fundamento racional, palpable y abre puertas á la idea más admisible de que nuestra órden es originaria de aquellas corporaciones que asociándose para el trabajo dispensaban grandísima protección á DE LA MASONERÍA 49 SUS individuos, fueran ó no fueran todos del mismo pais. En el documento que nos ocupa no se halla nada que dé lugar á confusion entre la religion y la masonería, ni se dice nada de sacerdotes, ni de cuerpos sacerdotales, ni se habla de misterios, ni de pruebas, ni de aparatosas formalidades, que más son hijas del afan de impresionar á los sentidos que de obtener prácticos resultados conducentes al bien y es que creemos y es- tamos firmemente persuadidos que tales pruebas y solemnidades, que misterios que posteriormente han servido para desprestigiar al cuerpo masónico, no tienen razón de ser, ni se explican en modo alguno y que en realidad no son más que aditamentos vanales, con los que se ha querido captar la voluntad de los que aman verse como séres de otra sociedad y de otro tiempo. Bien claro y patente se encuentra consignado en el documento que Halliwell pu- blicara, que en un principio la recepción de un mason no consistia más que en la lectura que se le hacía de las obligaciones que tenía que cumplir y en el juramento que tenia que prestar de ser fiel á la institución de que entraba á formar parte, y en manera alguna se nos puede objetar porque aprovechemos este detalle rechazando los demás, pues hemos hecho notar que si bien en la forma carece de fundamento, su fondo deja entrever la verdad. Por cuanto tenemos ya expedito el camino, una vez admitido que es la masonería una derivación de las corporaciones de la Edad Media, veamos qué fueron éstas, la Organización que tuvieron y el desarrollo que alcanzaron. Fueron las corporaciones en la Edad Media, asociaciones de individuos que desempeñaban el mismo oficio, unidos- reciprocamente por ciertos deberes y determinadas obligaciones. Por mucho que se haya decantado su organización, es lo cierto que resulta bien tiránica, por cuanto den- tro de ella la libertad individual estaba cohibida por aquel penoso y cerrado escala- fon establecido en cada una; mas juzgadas con arreglo al criterio que hay que arbitrar siempre que de aquel tiempo nos ocupemos, es menester conceder que representan un considerable progreso, dado que son pruebas fehacientes de la union establecida en- tre ciertos hombres, para conseguir el mayor perfeccionamiento y cultura, cosa que entónces no hubieran podido lograr aisladamente. Adhiriéndonos nosotros á la opinion del sabio Mr. Bochmer, hemos de confesar que aún no está suficientemente determinado el origen de las comunidades, pues si bien hay muchos que se inclinan á verlas como un resultado de la situación de las masas, es lo cierto que á la investí- gacion de ésto son aún muy pocos los que se han dedicado, faltando por com- pleto una historia detallada del trabajo y de los obreros, que es lo que nos podría abrir puertas para conocer importantísimos puntos en cualquiera de las ramas del saber humano. Mas siéndonos necesario exponer, siquiera someramente, lo que á su origen se refiere, justo es que nos fijemos, á fin de que nuestra conclusion sea más clara, en todo lo que ocurría en la antigüedad con respecto á los oficios y artes ma- nuales, sin que esta necesidad nos obligue á remontarnos al Egipto ni á la Asirla ni á la Persia; bastará que nos fijemos sólo, en Grecia y Roma, naciones que tanto brillo han dado á las bellas artes y á las ciencias, pero que tuvieron reducido el trabaje á la más miserable de las condiciones; y es que el honor que al trabajo se debe, no puede 50 HISTORIA GENERAL concederse más que en los pueblos libres, razón porque no comienza á manifestarse sino cuando á los principios del antiguo derecho se juntan los nuevos elementos que aportan en su invasion las tribus germánicas. Esto no obstante, y como ya hemos manifestado, existieron en Roma colegios y corporaciones que tuvieron al fin que ser disueltas, pues mezclándose en los asuntos políticos se convirtieron en instrumento de los perturbadores; es cosa extraña ver en la historia cómo degeneran todas las asociaciones, cómo se falsea su credo y hasta cómo llegan á incurrir en aquello que precisamente quieren evitar. Siguiendo nuestra marcha histórica, hallamos que en las antiguas Gallas romanas existieron también, siendo conocidas alli con el nombre de collegia opificum. En Italia, y muy especialmen- te en las ciudades de la Lombardia, se encuentran establecidas las corporaciones, que se organizan y fomentan gracias á la protección que les dispensan los principes, no por el bien directo é inmediato de ellas, como á primera vista pudiera creerse, sino porque en la lucha tenaz y constante que se veian obligados á sostener con la nobleza, dispu- tadora siempre de la unidad del poder, querían crear una clase media que les ayudara y que les prestara apoyo, siendo más de tener presente que cuanto pueda decirse de las corporaciones en este reino, coincide perfectamente con las constituciones muni- cipales. Observación que puede hacerse extensiva á la Alemania misma, pais en el que las más antiguas comunidades de artesanos datan del siglo xii, en los años próximos ya á aquel que tenido por un siglo de barbarie, ha producido obras del espíritu que asombran por su grandeza, cualesquiera que sea el punto de vista de que se las mire. De entre éstas son las más antiguas la de albafiiles, establecida en Hamburgo en 1152, coetánea con muchas otras de distintos oficios que por aquella época formaron lo que más modernamente se ha llamado gremio. En Inglaterra las corporaciones se formaron del mismo modo y por la misma época que en Alemania, si bien con la no- table diferencia de que en ellas campeaba más que en ningunas otras el espíritu demo- orático, que es bastante para explicar algunas particularidades en que ya nos hemos detenido; pero como decimos, las corporaciones son, verdaderamente, uno de los ras- gos característicos del espíritu germánico, y entre ellos nacieron, no por las miras de subordinación y dependencia que presidian á las de los romanos, sino por las alianzas y garantías reciprocas entre iguales, ambiciosos todos de libertad é independencia, y ésto entre las tribus germánicas tiene antiquísimos precedentes, pues ya en tiempo inmemorial tenían ellos sus gildcts^ sus banquetes y sus asociaciones independientes del pueblo y de la tribu. Las artes, la industria y el comercio estaban muy abandona- das entóneos, no había ni medios ni elementos para que se desarrollaran, y hay que conceder que aunque primitivamente, el objeto principal de las corporaciones fuera otro, éstas imprimieron un carácter especial en todas las manifestaciones que poco á poco iban apareciendo y secundaron con su fraternidad el instinto de mutua defensa que llevó á los hombres del mismo oficio á protegerse y á permanecer unidos, apro- vechando las franquicias concedidas por los últimos emperadores romanos y las que vino á implantar el cristianismo, y poco á poco, de los hombres del trabajo fué sur- giendo la clase media, que elevándose en jerarquia, gracias á sus méritos propios,, DE LA MASONERÍA 51 borró al fin una de las distinciones más arbitrarias que han existido en la sociedad humana, pues si bien es cierto que la organización germánica tuvo al trabajo bajo omi- noso yugo, no lo es ménos que el siervo suplantó al esclavo y que la situación de aquel fué cien veces preferible á la de éste. En medio de la confusion y délos conflictos que incesantemente agitaban á la sociedad de la Edad Media, los mercaderes y artesanos sintieron imperiosa necesidad de reunirse, mas á este fundado y racional deseo presidió y determinó influencia considerable el carácter de la época aquella, y unos y otros al asociarse lo hicieron por profesión, invocando á la Virgen y á los santos para poderse sostener mutuamente contra las exacciones y las violencias de aquellos seño- res, que hasta en el aire que se podia respirar pusieran feudo, asi como también con- tra las que ejercía el clero, que ya por entónces comenzaba á olvidarse de la misión bondadosa y caritativa que le estaba confiada; las corporaciones de artesanos compo- nian las fuerzas militares de las ciudades cuando tuvieron que luchar, y como en aquel tiempo todo era privilegio y monopolio, como las libertades, de todo punto indiscuti- bles artesa- por razón y por derecho, se discutían y se cohibían, las corporaciones de nos, siguiendo el ejemplo de los demás cuerpos, tuvieron necesidad de que sus dere- ^ chos se consignaran en cartas, y para ejercer libremente sus oficios no pocas veces tuvieron que adquirirlas á precios exorbitantes. Hé aquí un hecho histórico que pie- namente justiflca alguna de las afirmaciones lanzadas acerca del inmediato papel que en la constitución de la masonería desempeñan algunos monarcas; no es que ellos entraran á formar parte de la órden, ni tampoco que la protegieran en el riguroso sen- tido que debe darse á esta palabra, sino que alguno de ellos otorgó la carta, y aunque de cierto modo y por más que en pago tuvieran que dar fuertes sumas, siempre repre- sentaba favor el otorgarla cuando tan poco inclinado se estaba á ello. Entiéndase que al hablar de este modo nos referimos solamente á la corporación de que es originaria la masonería; á la sociedad de constructores ó albañiles, organizados primero con el fin de conseguir no más que el trabajo material, precedente histórico de grandísima importancia en nuestra obra, y que entre ambos puede desde luégo establecerse la más completa relación, pues lo mismo aquellas sociedades de carácter público fines conocidos que existieron en la Edad Media, que la órden secreta y que historiamos hoy, convienen en puntos tan importantes como son los siguientes; la division en maestros, compañeros y aprendices; la dirección de la sociedad confiada á cierto número de jefes; la exclusion de la comunidad de toda persona que no hubiera recibido la iniciación; los privilegios de los hijos de los maestros; las condiciones de afiliación á la sociedad; la igualdad fraternal entre los miembros de las compañías y de las sociedades; los socorros mutuos; la jurisdicción particular y la forma de losjui- dos; la apertura y clausura de las asambleas; la liturgia en las recepciones de la aso- ciacion (muy semejante en los puntos esenciales;) los usos, y costumbres admitidos en las recepciones de los masones; el exámen de los compañeros extranjeros, y otros muchos que serla prolijo enumerar y que suprimimos por ser bastantes estos puntos de relación y el tecnicismo que la órden emplea. Uno de los principales caractéres porque puede ser determinada y particularizarse 52 HISTORIA GENERAL aquella antigua corporación, á la que se deben obras tan grandes, es, sin que pueda caber la menor duda, la vida nómada de los individuos que la componían; hoy aquí, mañana en otro punto, distribuidos en cuadrillas, recorrían la Europa entera, fiján- dose en los puntos á que eran llamados, sólo el tiempo necesario para ultimar los trabajos que se les confiaran; por esto sin duda gozó de más libertad que ninguna otra de las que hemos hablado anteriormente, y que debían arrastrar la penosa vida que les permitía la irracional legislación del feudalismo. Tal vez en estas franquicias de que gozaron, hubieron de determinar no poca influencia, la consideración de los espe- cíales méritos que concurrían en aquellos hombres que sabían labrar la piedra, deter- minarla asientos, superponerlas y elevar grandiosas construcciones, ora para el culto del Dios, único reconocido por la religion cristiana, organizada ya, ora para el abrigo, comodidad y recreo de principes y particulares. Más de una vez hemos hecho notar que en el órden general de la vida, no se desaprovecha ningún principio de los que anteriormente subsistieran, sino que estos se elevan, digámoslo asi, con los que comien- zan á descollar, empalmando al fin y formando un todo armónico para la vida en ade- lante. El germano primitivo, no necesitaba, ciertamente, de las construcciones para vivir; estaba acostumbrado á la choza que le daba abrigo en la selva, la cual abando- naba sin sentimiento aun que Jamas tuviera que volver á ella, siempre que asi lo exi- giera la necesidad. Poco á poco, cuando la agitación que promoviera su venida á nuestras regiones, se fué calmando, cuando comenzaron á ser sensibles en la antigua sociedad los principios que aportaran, al mismo tiempo, que con las prácticas que encontraron, comenzaron á dulcificarse y á humanizarse sus costumbres, gustaron de la morada fija y del templo cubierto, de las obras de arte y de la suntuosa orna- mentación; entóneos los papas y los emperadores, fueron los que más contribuyeron á introducir las antiguas formas romanas,.imitando y aceptando las creaciones que tenían ante la vista. Este carácter servil del arte en la primera mitad de la Edad Me- dia, es imputable á todas las naciones constituidas hasta entóneos, pues únicamente en Italia es donde los ostrogodos, aportan algun elemente nuevo que pueda partícula- rizar á.sus producciones. El progreso tenia que ser necesariamente muy lento, dadas las condiciones de la época; las artes no pueden desarrollarse ni florecer, sino cuando hay medios para ello y no se proporcionan ciertamente en un período de guerra, turbulencias y de- sastres, así es que las primeras manifestaciones del espíritu germánico, no se desen- vuelven, en realidad, sino después de la calda del imperio carlovingio, cuando de nuevo se disgregan los pueblos y se echan los sólidos cimientos sobre que, más tarde, se alzan potentes las nacionalidades, cada una con su carácter, su indole y sus costumbres, sustituyendo así el espíritu de la individualidad, al de la unidad que ha- bia venido dominando hasta entóneos. Este individualismo que por todas partes comenzaba á descollar, esta disgregación de los elementos que hasta entóneos habían compuesto un todo, que al fraccionarse daba lugar á más particulares unidades, todas completas, todas hábiles parales fines de la vida en común, hacia necesaria, como se comprende, la existencia de asociacio- DE LA MASONERÍA 53 nes libres, sin que se particularizaran al principio las de los artesanos, que siendo todos pertenecientes á la masa general del pueblo, parte la ménos culta de la sociedad en todo tiempo, no podian ser los que dieran la norma de una organización útil y con- veniente para todos. El saber y la cultura, se habla replegado casi por completo en la Iglesia, por razones fáciles de comprender y que están al alcance de todos, y los hombres que pertenecían al seno de la comunión católica, fueron los primeros que organizaron asociaciones particulares, que se rigieron desde luégo por leyes especia- les de cuyos beneficios podian participar ellos sólos. El convento, la vida monacal es la primera manifestación del individualismo dentro de la vida particular de las na- cionalidades. Asociados para fines puramente religiosos, extendieron más tarde su actividad á otra esfera de acción, pero siempre formando un núcleo, formando una sociedad con perfecta organización para que pudiera subsistir, y dentro de la que habla su órden, su jerarquia y sus preeminencias, concedidas en un principio á la edad, más tarde á la edad y al saber, y por último al favor ó la influencia, y lo que es aún más raro, alguna vez á la fuerza. Más tarde las necesidades de la vida, el carácter especial de ciertas personalida- des, los intereses que paulatinamente se iban desarrollando, dieron lugar al aparecí- miento de nuevas agrupaciones, con carácter to lilimente distinto de las anteriores, con las que en verdad formaban extraño y sorprendente contraste. Dadas aquellas al estudio y á la meditación, no se excedían jamas de los fines consignados en su instituto; las que nuevamente aparecían eran todo lo contrario, la agitación, el movi- miento y la lucha, pues esto es lo que con más perfección caracteriza á las sociedades caballerescas en la Edad Media: radican en un punto, pero á ellas vienen individuos de todas partes, y juntos bajo una misma bandera, obedeciendo á un jefe, están dis- puestos á partir, cualquiera que sea el punto á que les conduzcan, cualquiera que sea el fin que hayan de conseguir. Durante mucho tiempo, la historia de la Edad Media está absorvida por estos dos elementos principales de la sociedad que en ella vive: de un lado las órdenes monásticas, dominando á la conciencia con el espíritu religioso, haciéndose árbitras de todo, é impulsándolo con la dirección que más les conviene; de otro, la caballería con su ánimo turbulento, su audacia y su ambición, sirviendo de instrumento casi siempre, y alterándolo todo, y en medio de ambos, sufriendo cons- tantemente los choques de uno y otro, se hallaban las masas, sujetas á la voluntad del que más pudiera. Cuando la angustiada situación de ellas se hace insostenible, es cuando surgen las corporaciones de artesanos, de las que ya hemos hablado desde el punto de vista general; más como puede suponerse desde luégo, no es posible que emprendieran la lucha, paralelamente á las que llevaban ya largo tiempo de existencia, que sobre la vida material, le aventajaban en el progreso moral que pudieran haber realizado. Efectivamente, aún en el terreno mismo á que iban á aplicar su actividad, tenian que hallar bastante progreso realizado, pues constituidos primero los monasterios, re fugiocomo hemos dicho de la cultura y del saber que bula de las contiendas que lo al- teraban todo, los monjes desarrollaron sus facultades, pues, en la constitución primiti- 54 HISTORIA GENERAL va de ellos, no podría encontrarse nunca ni el ascetismo que enerva las fuerzas, ni la desmoralización que últimamente fué causa principal del desprecio con que se les tra- tara. Contra lo que algunos suponen, el monaquismo no es una invención que se deba á las prácticas de la religion cristiana: existió en los antiguos pueblos en medio de aquel caos de religiones, y alcanzó en ellos gran preponderancia á pesar de ser casi su único propósito la meditación en el más absoluto aislamiento, carácter dife- rencial que lo separa del monaquismo de Occidente; nuestra Iglesia primitiva no tuvo en su seno á esos hombres inútiles que huyen del trato de sus semejantes y ocul- tándose en los desiertos esterilizan sus fuerzas, y el mismo Tertuliano, dirigiéndose á los gentiles les dice: «Nosotros no somos brahmanes ni solitarios déla India; no nos retiramos á los bosques, sino que vivimos en vuestra compafiia en este mundo; fre- cuentamos vuestros mercados, vuestras plazas públicas, traficamos y navegamos con vosotros, trabajamos por la sociedad y mezclamos nuestra industria con la vuestra.» Esta actividad que el célebre escritor eclesiástico ponderaba tanto, tuvo sus manifes- taciones en las artes y muy especialmente, en el árte de construir, hasta el punto de que sin reserva alguna podemos afirmar, que los monjes de la primera mitad de la Edad Media fueron, sin que quepa dudarlo, los predecesores de los constructores cé- leb "es que habrán de señalarse algun tiempo después, y ellos son los que dan base al arte que se conoce en la historia con el nombre de cristiano, muy especial- mente en la arquitectura que es la manifestación en que rríás se reflejan los partícula- res car ictéres de cada religion. En la India, donde la religion implica un concepto esencialmente panteista, asi como tambiei. la idea capital de las fuerzas que residen en la naturaleza, los templos son vagos, inmensos y hasta inacabados, abierto en las duras rocas ó ahondado en las profun lidades de la tierra, y pasa asi á traves de todo el tiempo sin que nada lo altere, lo ref .irme ó llegue á circunscribirlo en términos más precisos. En Egipto que en todo y sobre todo, domina la idea de la muerte, el templo, más que templo parece un sepulcro, y aunque abiertos los más bajo el suelo, dejan ver al exterior formas gigan- tes, grandísimas columnas y adornos incomprensibles para los más; entre los hebreos la ai-quitectura religiosa, tiene un carácter familiar, y aquel templo suntuosísimo, supuesto por algunos como obra de los masones, es á la vez lugar de reunion para el pueblo, habitación de los levitas y sitio de secreta adoración para el supremo sa- cerdi de. L'is griegos, que aceptaron en un principio los dioses del Egipto, procuraron hu- manijarlos más tarde, por lo que después de haberles hecho tomar las formas y las aptitr.des del hombre, dieron después á sus templos, las dimensiones de sus habita- cioneu, desplegando sólo una gran riqueza de ornamentación, una más esquisita ele- gancia en las lineas y una finura de detalles más pura; por regla general los monu- mentes religiosos de la Grecia, son de reducidas proporciones, campeando en pilos más que nada la imponente majestad de su exterior suntuoso, donde se armonizan la bellez i y gracia, resultando asi justa la opinion del.célebre Lamennais cuando decía, «que el arte griego no expresaba ni lo vago, ni lo infinito de Dios, ni la inmensidad de DE LA MASONERÍA 55 la naturaleza, por serles extraños los poderosos efectos que emanan de estas dos fuen- tes; encantan por la calma llena de dulzura y melancolía, por un no sé qué de acabado, puro y suave, pero sin que jamas consiga elevar al hombre por encima de la tierra, ni aún por encima de si mismo, sujeto, como ha de permanecer, á su contemplación; en ellos no hay nada que arrastre á los espacios imaginarios de los sueños, nada que despierte las aspiraciones hacia términos desconocidos, ni á las profundidades del misterio, ni á las alegrías de los mundos invisibles, ni á sus profundas tristezas.» Los romanos nunca tuvieron una concepción religiosa filosófica, y cuando en el tiempo de su mayor esplendor se aprovecharon de las que hablan elaborado los griegos, aceptaron también, por una razón natural, las formas de sus templos; mas cuando quisieron añadirles algo que fuera revelación de su propia individualidad, algo que acreditara su iniciativa, se limitaron á exagerarla ornamentación recargán- dola aun á costa de la armonía: por esto introdujeron 6 aumentaron al ménos el em- pleo de las arcadas cuyos resultados son hacer pesadas las proporciones interiores de los templos, pero que elevándose más tarde habían de dar por resultado las bóvedas y las cúpulas, uno de los más considerables elementos de grandeza y majestad que particularizan á la arquitectura cristiana. Al cristianismo le estaba reservado el dar nacimiento á las formas más variadas, más ricas y más originales de la arquitectura, y estas construcciones imitadas de las antiguas basilicas romanas, estas construcciones que recorren todos los órdenes y abarcan todas las clases sin perder nunca el sello distintivo que las particulariza, fue- ron elevadas en un principio por los monjes; ellos en el ardimiento que les despertaba el espíritu religioso, fueron los primeros en concebir la idea, trazar los planos y diri- gir los trabajos, no siendo pocas las obras que se deben á sus propias fuerzas sin que tomaran en ellas parte, ningún otro elemento ageno á la comunidad que constituían. Este movimiento, que es sin disputa uno de los más considerables que en la historia se conocen, tiene exacta y fiel comprobación, lo mismo en Alemania que en Francia y más tarde, áun en Italia y en España, países donde abundan monumentos de ines- timable valor, debidos á las corporaciones religiosas. Por mucho que á éstas se las haya querido calumniar y perseguir atendiendo sólo á su último periodo, es lo cierto que si se estudia lo que fueron al principio de su constitución, no quedan motivos más que para enaltecerlas y alabarlas; á despecho de cuantos siempre se manifiestan regocijados al hablar mal de las comunidades que surgieran ála sombra del cristianis- mo, nosotros, que ante todo nos hemos dispuesto á ser imparciales, no podemos ménos de hacerles cuanta justicia merecen, dado que tal vez no sean de los elementos de menor consideración que han infinido para hacer surgir las demás corporaciones. En un tiempo los conventos no sólo fueron los centros reconocidos de la actividad in- dustrial, sino que aplicando sus fuerzas á cuanto pudiera ser útil y provechoso,,las emplearon en labrar la tierra, para obtener beneficios que alcanzaban á todos y dan- do lugar de este modo á que campos yermos y prados incultos se tornaran en fértiles oasis; á que las inmensas llanuras que hasta entónces no habían servido más que para lugar de sangrientas escenas y batallas, se trocaran en frondosos prados que 56 HISTORIA GENERAL DE LA MASONERÍA con el tiempo llegarían á ser causa de la imponente y perjudicial riqueza que llegaron á atesorar pero que al principio fueron las que dieron alivios y consuelos á muchos, que de otra manera no hubieran podido vivir. Por las razones que dejamos enumeradas no cabe dudar que el arte de construir fué desempeñado en un principio casi exclusivamente por los monjes, con especiali- dad por los benedictinos y más tarde por los cistercienses, hechos que prueban sufl- cientemente las obras de Fessler y Fallou. Los conventos tales como han existido en nuestro tiempo, en la forma y con las costumbres que los hemos alcanzado, erancier- tamente lugares de perversion, focos de inmoralidad que para nada bueno servían, por lo que la justicia humana, que siempre tarde ó temprano se maniflesta con mayor ó menor saña, los ha hecho desaparecer; pero al principio eran todo lo contrario, ca- da convento era, propiamente hablando, un centro de producción, pues lo que más les ocupaba no eran las prácticas religiosas, sino los estudios superiores, las lenguas, la filosofia, la teologia, ocupándose también y activamente en la agricultura y en todos los demás oficios. Cada uno de los asilados en ellos se creaba el deber de embellecer y fomentar su iglesia, fundando nuevos monasterios y reparando los viejos, atendien- do á la conservación de las obras que les estaban confiadas y cuidando de su admi- nistracion; de modo que el ejercicio del arte de construir, que en aquella época comprendía no sólo la arquitectura, sino que también la escultura, la pintura, la carpintería y el tallado de piedras, era para ellos una de las obligaciones que tenían que cumplir. Pero ellos no podían atender á todo por grandes que fueran sus deseos y porconsi- derablesque fueran los esfuerzos que realizaran; aunque entre unos conventos y otros existieran vínculos que los pusieran en contacto para ayudarse y favorecerse, muchas de las obras comenzadas no hubieran llegado á su terminación sin el auxilio que las demás clases sociales les prestaban. Los potentados, los que disponían de medios su- ficientes de fortuna, hacíanles cuantiosas donaciones metálicas y cuando para muchos llegaba la fatal última hora, espantados con razón ó sin razón de la vida que habían llevado, querían comprar la gloria eterna, desposeyendoálosque justamente debían pasar á disfrutar lo que tuvieran, establecían como herederos á los conventos, que no tardaron mucho en tener sus arcas bien repletas; el dinero sólo, nunca da nada de sí y los más grandes capitales del mundo, no bastarían para levantar la obra más insig- nificante sin el concurso de otros elementos poderosos, entre los que el primer lugar debe ocuparlo el trabajo y éste ha residido siempre en las masas, en el pueblo abyec- to y envilecido entóneos por el estado en que lo hadan vivir. Mas hay estados que no pueden perpetuarse durante mucho tiempo, las necesidades de la vida los hacen des- aparecer, avivan la conciencia y despiertan al espíritu, abren nuevos horizontes y ensanchan la esfera de acción, y este fenómeno se opera durante la Edad Media en aquellas masas inconscientes de las que en tiempos posteriores surgiera el elemento de mayor grandeza en los pueblos modernos; la clase media. CAPÍTULO IV. El arte de construir desempeñado por individuos de las clases populares.—Razón que explica la jerarquía establecida en la sociedad de constructores, que más tarde ha pasado á la masonería.—Caractéres de la enseñanza masónica en los primeros tiempos.—Influencias déla época. — Las logias.—Explicación de esta palabra y sus equivalencias eu los distintos idiomas.—Información primitiva.—Influencia adquirida por algunos.—Las grandes logias, y especialmente la de Estrasburgo.—Carácter y preeminencias de esta última y razón que la explica.—Cambio de la denominación de «Hermanos de San Juan» con que los cons- tructores habían sido conocidos, por la de «libres masones.»—La catedral de Estrasburgo.—Importancia que tiene en la historia de la masonería la edificación de este monumento.—Existencia anterior de las cor- poraciones masónicas.—Pruebas históricas.—El conde palatino de Seheuren y la abadía de San Emeran en Rogensburg.—Organización de las logias primitivas.—Opiniones emitidas acerca de ellas.—Las logias modernas.—Sus caractéres, construcción y símbolos.—Formalidades externas.—Dignidades que las com- ponen.—Explicación de cada uno de estos puntos. I s lo más probable y lo más racional, admitir que el número de opera- rios recibidos para trabajar en compañia de los monjes, fueran adqui- riendo poco á poco conocimientos en aquel arte, que después babia de engendrar una sociedad potente y vigorosa, dedicada á la edificación moral de los que á ella pertenecieran y deseosa de extender sus beneficios á cuantos hombres viven esparcidos por la superficie de la tierra. Difundido el conocimiento del arte de la arquitectura entre individuos que no per- tenecían á ninguna comunidad religiosa, sino que formaban parte del estado llano, cada uno pensó en imprimir á las manifestaciones que de su arte resultaran, un sello, una señal por medio de la que pudieran ser reconocidas, cosa que siempre se observa entre los que se agrupan con un fin determinado. El trabajo y el ingenio aunados, consiguieron el triunfo, y de los esfuerzos realizados primeramente por las corpora- clones resultó el arte gótico, ese arte donde la esbeltez y la sencillez de la forma con- vienen para que resulte un todo elegantemente armónico. Tal estilo que poco á poco 58 HISTORIA GENERAL se fué extendiendo por toda Europa, se conservó en toda su pureza por el cuidado especial que cada uno ponía en trasmitir lo mismo que había aprendido y que era, digámoslo asi, un lugar común en el que todos los asociados podían convenir. Nacido en las poblaciones del norte de Francia, aprendiéronlo allí obreros de distintas nació- nalidades, que lo importaron primeramente en Inglaterra, luégo en Alemania y por último, aunque en menor proporción, á los países que forman la Europa meridional. Por más que nunca hayamos sido partidarios en absoluto de la critica alemana, que todo lo hace consistir y depender de Alemania, hay que conceder que en ninguna parte como en este país adquirió el arte gótico un desarrollo tan considerable y que tal vez y únicamente por esto ha recibido el nombre que lleva, no justificado nunca si se atiende al punto en que apareció por vez primera en elegante y sencillo monumen- to de este género. Construir, elevar un monumento, desempeñar cada una de las operaciones que en él son necesarias, formar parte de los operarios que por cuadrillas se dedicaban á tallar las piedras que en bruto salían de las canteras, ó á buscarles sólidos asientos en la obra, ó á cerrar los arcos, ó apretarlas bóvedas, había de ser objeto de una ense- fianza especial, y dentro de ellos tenia necesariamente que establecerse una grada- clon ó jerarquía que estableciera la capacidad de cada uno, determinando para lo que servía, en el órden de los trabajos. En aquellos tiempos en quede nada habia escuela, ni de nada aún se habia establecido facultad, esta enseñanza tenía que ser práctica, no podia darse ni recibirse más que al pié délas obras, donde al propio tiempo se dalia cuenta también de los trabajos. Mas esta enseñanza, ademas del carácter de práctica que por necesidad tenia, po- seia otro que no perdió en mucho tiempo y que contribuyó á darle más que nada el carácter de su florecimiento. Bien es sabido lo que más particulariza á la Edad Media; la sombra y el misterio; sombras que lo circundaban todo, por el estado de alteración reinante; misterio de que todo tenia que rodearse para que cualquier cosa saliera á luz. No sostendremos nosotros que el misterio con que se envolvía al arte de construir fuera debido únicamente al afan de evitar el prejuicio y la prevención con que entón- ees era mirado todo aquello que no se entendía, ni es tan grande nuestro fanatismo masónico que nos obligue á pensar que tuvieron que proceder asi para evitar perse- cúciones que históricamente no se encuentran consignadas en parte ninguna; cree- mos por el contrario que no influyó poco en este misterio el cuidado que la ignorancia general despierta en aquel que sabe algo; con efecto, nadie tan reservado ni tan mis- terioso como el que sólo sabe una cosa, y se explica que asi sea, porque aquello sólo constituye su único patrimonio, la vulgarización del conocimiento dará lugar á la competencia y la competencia es causa de ruina. Esta gradación no es frecuente en nuestro tiempo, en el que se han abierto muchas puertas al trabajo, siendo relativa- mente fácil la vida material; pero trasladémonos á la primera mitad de la Edad Media y veremos cuán distinto resulta el cuadro. La industria es rudimentaria, la produc- clon escasa, el trabajo duro, las necesidades muchas y los medios para satisfacerlas muy pocos; de aqui que el que contara con algunos elementos de vida hiciera reserva DE LA MASONERÍA 59 de ellos y procurara fueran los ménos los que entrasen á la participación de los be- neflcios que su trabajo les reportara. A nuestro modo de ver la reserva, el secreto establecido para trasmitir los cono- cimientos que ya por entonces componían el arte de construir, no es otro ni puede tener más fundamento racional que lo explique. Si estos conocimientos hubieren es- tado generalizados como se encuentran hoy, si en todos los países hubiera habido maestros constructores, seguramente que la masonería no hubiera existido ó al mé- nos no se hubiera desarrollado paulatinamente de evolución en evolución, hasta llegar al extremo en que se encuentra en nuestros días. Admitida esta enseñanza secreta, que está reconocida por todos como la primera entre los masones, hubo de sentirse ne- cesidad desde luégo de arbitrar un lugar, un sitio donde pudiera darse y en el que pudiera ser recibida, y en este punto aparece la logia, palabra de cuyo sentido arqui- tectural hemos de prescindir para ocuparnos del que tiene en el sentido masónico. Logia, masónicamente hablando, es el lugar donde trabajan los masones de los tres primeros grados ó sean los compañeros, los aprendices y los maestros; este nom- bre, traducción directa del inglés lodge y sinónimo del aleman lauhutte, significa no más que una construcción provisional hecha de materiales ligeros y sin cuidado nin- guno, como son las que se arman próximas á las grandes obras y sirven para vigilar- las y guardar en ellas los pertrechos necesarios. Si atendemos al órden de las cons- tracciones de la Edad Media, alzadas gran número de ellas ó cuando ménos distantes de las poblaciones, y consideramos de otro que á tales trabajos concurrían obreros de todas las nacionalidades que allí donde fueran á desplegar su actividad, sus conocí- mientes y sus facultades, tenían que encontrarse sin hogar y sin patria, se compren- derá como necesariamente, aún ántes que abrir las zanjas para los cimientos de la fu- tura catedral ó abadia, tenían que reunirse y construir modestos y transitorios abrigos en los que pudieran guarecerse y hallar el reposo necesario. Esta serie de barracas, como llamaríamos hoy, han sido en muchos puntos base de poblaciones que surgie- ron más tarde, cosa no extraña si se atiende á lo que por entóneos sucedía; las obras eran largas y penosas; el trabajador no podía permanecer aislado todo el tiempo que duraran, y en tal estado trasladábase al lugar de su trabajo con su mujer y con los hijos, con su familia entera, que vivía allí años y años, creciendo y aumentándose, haciendo de aquellos sitios lugares de alegria y de duelo, siendo aquellos campos tes- figos de la aparición de nuevos individuos que acrecían la colonia y aquella tierra, la que contenia los restos de muchos séres queridos, de todos los que hubieran muerto en tanto. Causas son éstas, bien se sabe, que despiertan las afecciones y que dan lu- gar á que nos arraiguemos en lugares determinados. Mas abandonando este órden de consideraciones para volver á las logias, diremos que fueron también en un prin- cipio los lugares en que los constructores, de que más tarde hablan de salir los maso- nes, tuvieron sus reuniones, tanto para acordar lo referente á la continuación de la obra, como para decidir del bien común, como para trasmitirse las enseñanzas nece- sarias. Cuando las obras duraban un considerable número de años y numerosas com- pañias de obreros trabajaban allí, acrecía la importancia de ellas, pues eran las que 60 historia general más elementos suministraban á otras construcciones comenzadas ó en proyecto, y ya desde entonces y por la causa que apuntamos, recibieron aquellas el nombre de grandes logias que más de una vez llegaron á tener jurisdicción sobre las demás á causa de considerarlas como dependencia de donde habian salido los individuos que la componían; en los primeros tiempos de la asociación, sólo cuatro merecieron este dictado, á saber; la de Strasburgo, la de Colonia, la de Viena y la de Berna, siendo la primera la que parece haber disfrutado de mayor importancia, la que desempeñaba el papel de tribunal de alzada para entender de las decisiones que tomaran las demás. Esta gran logia de Strasburgo se señala también en la historia masónica por un acón- tecimiento que en realidad no deja de tener importancia. Al aparecer las corporaciones en que se agrupaban para el libre ejercicio de sus profesiones todos los hombres que tenían el mismo oficio, pesaba sobre la sociedad entera la férula de la Iglesia Católica, y nunca como entóneos estuvo vivo y latente el espíritu religioso por el que ciegos los hombres, no comprendían que sin él pudiera hacerse cosa ninguna, de donde resulta que á todo lo hacían presidir. De otra parte, los monumentos principales en que las corporaciones de constructores se empleaban eran iglesias, monasterios y abadías, dedicados al culto de Dios ó de algun santo, bajo cuya advocación se ponían; y de aquí que ellos mismos, que la asociación entera tomara á San Juan Bautista por patron, por celebrarse su fiesta en el solsticio de ve- rano, el 24 de Junio, dia el más largo del año, cual quisieran que lo fueran todos aquellos que viven del trabajo. Durante mucho tiempo, los constructores fueron cono- cidos por esta razón con el nombre de hermanos de San Juan, y asi lo seguían siendo al principiarse las obras de la catedral de Strasburgo, durante las que tomaron el de Confederación general de los masones de Alemania. Desde el punto de vista en que nos colocamos, la construcción de la soberbia cate- dral de Strasburgo tiene en la Historia general de la Masonería grandísima impor- tancia, hasta el punto de que, como muchos afirman, de sus obras data el origen de la asociación masónica, extremo al que nos inclinamos, por cuanto aún en nuestro tiempo la supremacia de la gran logia de Strasburgo está reconocida en toda la Ale- mania, asi como en los pasados tiempos la corporación de constructores de dicha ciudad, estuvo á la cabeza de todas las demás que por entónces existían. Mas atentos á nuestra investigación y deseosos de aclarar cuanto sea posible lo que al establecí- miento de la órden se refiere, debemos confesar que ántes de que de la obra de este suntuoso monumento se encargaran las corporaciones, ántes que alrededor de ella se estableciera logia alguna que pudiera dictar disposiciones y determinar influencias, ya los constructores se habian reunido y ya hacía tiempo que entre ellos dominaba la idea de la enseñanza secreta y de la protección mutua. Ateniéndonos á la edificación de la indicada catedral, las lógias no hubieran podido crearse sino después del año 1200. Las primitivas obras del monumento que nos ocupa se debieron á la munificen- cía de los reyes Pepino y Garlomagno, en cuya época, como queda suficientemente probado, no existían las corporaciones; deteriorada en el trascurso del tiempo, aten- dió á su reedificación, en 1007, el obispo Verner, pero quedó nuevamente destruida wwrsF-"' •«!:> . &í HISÍCmiA GENERAf. lïífe suministraban á otras construcíocrres comenzadas ó en proyecto, y % % entónc/es y por la causa que apuntamos, i\ v jldrj'ón aquellas el nombre de í¿o.-ííi-át;S logias que más de una vez llegaron á tetiw jrsrisdieí kui sobre las demás à . f:a\:sa de considerarlas como d "pendencia de df>ud, habían síxÍMo los individuos que te, componían; en los primeros tiempos de la sólo cuatro merecieron este dictado, á saber; la de Strasburgo, la do Colonia, la fc- V'^um y la de Berna, siendo la y'" primera laque parece Haber disfrutado de mayor noín.rcíncia, la que desempeñaba el papel de tribunal de alzada para entender de las dec coco es que tomaran las demás. Esta •■Cv gran logia de Strasburgo se señaiatambien en la historia iaasónica por un acón- - 'óÇ .çy tecimienío que en realidad no deja de tener importancia. AI aparecer las corporaciones en que se agrupaban para el libre ejercicio de Sus profesiones todos los hombres que tenían el mismo oficio, pesaba sobre la sociedad entera la férula de la Iglesia Católica, y nunca como entónces estuvo vivo y latente ei •;spú díi !! que ciegos los hombres, no comprendían que sin él pudiera liHc- . -ç !■«"-c '-4'que á todo lo hacían presidir. De otra parte, krf poicv «V» qt?:- àstí» :s h- .oucs d© constructoPBS se empleaban mAt^eTe^ios y dcïiicaíios àl culto de Dios ó de algun saníf^. b*à.íO cayo ;v ípm ebós mtsmí.:., que 1» asociación entera ív. i- u. o , , ; u,;s;¡ uíTt^íiíta'ürs»' su. nesta en el solsticio de ve- rw>- -»■> r.; ijñ Ja-to, i-ibi cr mas bifgo'del año. cual quisieran que lo fueran todi.'S aquellos que viven del trabajo; Duranío mucho tiempo, los constructores fueron cono- cidos por esta razón con el nombre do hermanos de San Juan, y así lo seguían siendo al principiarse las obras de la cAtedrai de Strasburgo, durante las que tomaron os do Confederación general de loé masones de Alemania. Desde el punto de vista en que nos colocamos, la construcción de la soberbia cate - dral de Strasburgo tiene en la Historia general oe ía Masonería grandísima impor- tancíR, hasta ei pimío de que, como,muchos afirman, de .susobrasdatael origen de Í'.í .ásuCfacíon masónica, exíMmo : al que nos inclinamos, por cuanto aún en nu» >-iro :i tipm|?o la supreniacia de (R gran logia de Strasburgo esoá recóncicida en toda la .%le- ' mi^ii como én ios pa^ffes tiempos la corporación tie -constructores, de do-bc) cictligi, i'Ctuvo á ia cabeza de í^íhis las demas que por oníoncos civistian. Mas atentos á n«^i^4ojjv€stigacion y deseóos dé-aclarar cnanto sea posible lo que al ostaíiiífeie> Wórde.i; se refiere, debemos confesar que átdos dé que de la obra de i»tt? nonHmento se encat-gar.-m las Corporaciones, que alrededor de elio # .logia álgima que pucdera dictar dispi:,o!Giones y determinar influeFK.4y% ^ (ioBsi^?áí>n>s se'habían rounid^y ya hacia ' ícnipo que: entre ellos dominaba M y > de iá è}ïs-.OaRi?ei y dé la prcáeccion ni'.;n:a. Ateniéndonos á la edifica ■ql' ■: - V.leudatas iógias no hubieran jw-li'io crearse sino-después del C ió; : . Hmiílvu:; lAfástiel roonumento que nos ocupase debieron á.lamünifiíSSfeíi 1 10%^. ■ fcisa^ifKigno.- on cuya época, como queda'^'u.ficientem<=j'c á i' -■. - ,;^ifán]d4^-í¿5í )Orrsc^^, deteriorada pn el ií-ascursó déítiernpo, aiert-- dife n, en Yerner, "pefó quedó nuevái^te 'áeétruida DE LA MASONERÍA. 61 por un incendio al finalizar el siglo xii. Emprendida de nuevo la reedificación, no se terminaron las obras de las bóvedas hasta 1275, siendo entónces encargado de las obras de la nave, por orden del obispo Conrado de Lichtemberg, Ervvin de Steine- bach, uno de los más célebres arquitectos de aquella época. Estos datos cronológicos son los que nos sirven para probar que, en el supuesto de que no existieran las logias ántes de las obras de la catedral de Strasburgo, tienen que ser posteriores al año 1002, ó cuando más datar su establecimiento de veinte años ántes de esta fecha, opinion que no puede admitirse, dado que la órden masónica tendrá que reconocer siempre como fundador de las logias al conde palatino de Seheuren, Guillermo de Hirschau, prior de la abadia de este punto, que se edificó en los años de 1080 á 1091, y que ya ántes habla presidido y áun dirigido las obras de la iglesia de San Emeran en Ro- gensburg. Tanto para una construcción como para la otra, había convocado á opera- rios de todas las artes y oficios, á los que agregó al convento, considerándolos como hermanos legos, procurando que adquirieran alli la educación é ilustración necesarias para que en adelante pudieran valerse por si mismos. Comprendiendo que la vida que habían llevado no era la más á propósito para que los resultados fueran los que él de- seaba conseguir, los sometió áun reglamento y á unos estatutos, cuyo principio funda- mental era mantener entre ellos una concordia fraternal, atendiendo á que el concurso de la acción y la combinación de las fuerzas convergentes al mismo fin, son elemen- tos sin los que no puede llegarse á la realización de una obra grande, por vehemen- tes que sean los deseos de cada uno de los que se propongan llevarla á feliz término. Más adelante siguieron desarrollándose las logias y aumentando cada vez más en número, hasta que en el siglo xiii se extienden por toda Europa, teniendo ya cada una sus signos y palabras de reconocimiento entre los que á ellas pertenecían, y que ex- teriormente estaban ligados por las obligaciones que les imponían los reglamentos acordados por ellos mismos. Grandes y muy reñidas han sido las discusiones que se han suscitado á propósito de la naturaleza y primitiva organización de las logias, asi como también acerca de los conocimientos que poseían y de la enseñanza que daban. Nos parece muy oportuno recordar en este punto que en las discusiones de asuntos masónicos han mediado siempre ánimos impresionados y predispuestos en favor ó en contra de antemano, dándose lugar con esto á que las ideas hayan sido aventura- das y que haya sido menester proceder con sumo tacto y acierto para no caer en nin- guno de los extremos que censuramos altamente y por igual. Dejándose llevar los unos de prevenciones contrarias á la órden que si bien se mira no tenían más funda- mento que el temor que les inspiraran los tenebrosos relatos á que dieran lugar, han negado que la masoneria tuviera algo de bueno y recomendable, afirmando que por el contrario desde que aparece la idea se ha propuesto siempre lo más malo y se ha obligado á lo más infame é indigno cuantos se adhirieran á ella. Por el contrario, los masones, heridos por estas aseveraciones exageradas, se han propuesto no sólo des- mentirlas á todo trance, sino probar que no ha existido nada bueno, ni prudente, ni aceptable que no se deba á la masonería; que esta institución ha determinado gran- dísima influencia en todas las esferas, que ha sido la causa de todo el progreso que 62 historia general advertimos y el más poderoso elemento para la emancipación de los pueblos y el afianzamiento de sus libertades. Buscamos nosotros el justo medio para no incurrir en exageraciones, y en verdad que nada más fácil y sencillo, al ménos en el punto que ahora nos ocupa. En las logias primitivas, dicen unos, lo único que se descubre es que son únicamente lugares de reunion de individuos constituidos en corporación, en cuyos reglamentos no se advierte la mayor severidad; concepto que se aleja mu- clio del que aventuran los que creen eran conventículos depositarios de las más gran- des y trascendentales verdades y secretos del mundo. Es lo cierto, y en esto no puede caber la menor duda, que durante la Edad Media no es posible ver en las logias la reunion de adeptos ocupados en la investigación en los principios sublimes del bien, ni de la confraternidad universal, pero que tampoco puede verse en ellos únicamente la aglomeración de obreros faltos de inteligencia ó vulgares, por cuanto en contra de esto hablan las magnificas obras levantadas por ellos, con lasque ciertamente se acreditan conocimientos superiores y un ordenen el espíritu interior que los animaba que no puede ser resultado más que de una moral elevada y de una religion práctica. El carácter primitivo de las logias de que nos venimos ocupando, se ha perpetuado en el tiempo hasta nuestros días y el primitivo taller de los operarios no ha perdido de su carácter, más que por cuanto los trabajos de hoy tienden, más que á nada á la edificación del espíritu. Las logias modernas, los templos masónicos tal como hoy los conocemos, prueban palpablemente por su construcción, por su decorado y por sus símbolos, que son originarios de los antiguos lugares de reunion, dispuestos por los maestros, compañeros y aprendices de constructores, entre los que naciera la idea, allá en la Edad Media, y aún lo que es más, la órden ha conservado en todos los países, un teorismo que revela ser fundado el origen que la asignamos, sin más diferencia que la mayor cultura establecida por razón del tiempo. Lo mismo que en aquellos remotos días en que comenzaran á organizarse, la logia de hoy ha de tener como principal condición la de resguardar los trabajos masónicos de las miradas de los profanos; su forma es la de un rectángulo cuya puerta colocada en uno de los lados más cortos se hade considerar orientada al oeste; á la derecha de esta puerta se alza una columna que se llama la columna B y á la izquierda otra que recibe el nom- bre de columna J, de modo que la primera se encuentra al mediodía y la segunda al norte, y las letras que las señalan, son las iniciales de las palabras sagradas en los grados de compañero y aprendiz equivalentes á Jakin y Booz, que según la tradición fueron los nombres que Hiran diera á las que había fundido para el templo de Jerusalen. El sitio de honor en una logia es el Oriente, el cual lo ocupa el venerable maestro, sentado ante una mesa que recibe el nombre de altar, teniendo á la derecha la imágen del Sol y á su izquierda la de la Luna, encontrándose este sitio levantado del suelo por tres escalones, y en el que, á más del venerable, toman asiento el secretario y el orador del taller, que asi se llama también la logia. Los individuos que pertenecen á ella, se encuentran sentados en una ó varias filas á los lados de ambas columnas; los aprendices en la columna J, los compañeros en la columna B, y los maestros indis- tintamente en una ó en otra. Inmediatos á las columnas que dan nombre á los lados DE LA MASONERÍA 63 norte y sur, se encuentran los vigilantes sentados como el venerable ante una mesa y teniendo también malletes como él. El techo del templo, representa la bóveda celeste y está pintado de azul y tachonado de estrellas, siendo sostenido por diez columnas colocadas con intervalos iguales, asi como también por las que llevan las letras J y B, simbolizando los doce meses del año y las doce horas del dia y de la noche; los espacios que quedan libres entre las columnas, se bailan adornados por atributos masónicos, y la puerta, que es de dos hojas, está guardada por un hermano que recibe el nombre de guarda-templo. Como se ve por esta descripción, el templo masónico, como se llama hoy á la logia, ha cambiado mucho de aspecto, pero conserva su forma y en el fondo responde per- fectamente á la idea concebida en un principio. Este cambio se explica perfectamente, atendiendo á la trasformacion operada en laórden, que poco á poco ha ido perdiendo el carácter con que apareciera en la historia, según veremos en el curso de nuestro estudio, hasta llegar á ser la asamblea de hombres doctos y cultos cuyo principal fin ha sido siempre conseguir el bien, pero por lo demás, lo mismo en las ceremonias que en el lenguaje revelan los masones su ascendencia y hacen comprender desde luégo, que sólo el calificativo es lo que no conviene á los usos actuales. Descritas las logias, en cuanto á 'lo material diremos en prueba de nuestros asertos, cuanto á ellas se refiere y son en primer término, las dignidades que se hallan á la cabeza de cada cuadro lógico, llamadas; venerable, 1.° y 2.° vigilante, secretario, orador, teso- rero y experto. Preside y dirige los trabajos el primero, representante del arquitecto que un principio se hallaba al frente de los trabajos; los dos segundos vigilan á los hermanos que ocupan una y otro columna, siendo ellos del grado de maestro; el orador en logia es el representante de la ley masónica, el que ha de dar conclusiones sobre todo y el que ha de emitir dictámen acerca de los asuntos que en la tenida se discutan; el secretario protocoliza y archiva los documentos que al taller se puedan referir; es una degeneración del concienzudo cronista de los pasados tiempos que día por dia anotaba en el cuidado libro el progreso de los trabajos y los méritos de cada uno de los obreros. Sigue el tesorero, depositario en un principio de los fondos de la comunidad, con los que se atendía al sostenimiento de las necesidades que pudieran sufrir los individuos pertenecientes á la comunidad y que hoy desempeña las mismas funciones aunque de una manera más restringuida. El experto tiene por obligación cuidar de la puerta, procurar que no se franquee á nadie que no sea de la órden y sin duda ninguna, esta personalidad y la del venerable, son las más antiguas en la órden; la primera está presupuesta por la inmediata necesidad que bay de que una persona sola, sea la que dirija y la que mande; la segunda por el secreto que presidió siempre á las tenidas de los hermanos. Los demás cargos, como fácilmente se comprende, han nacido de las necesidades posteriores, los unos, del simbolismo adoptado más tarde, los otros, pues no pueden datar de la misma fecha, supongamos el de orador y el de vigilante. Si la forma del moderno taller masónico y las dignidades que en él actúan revelan la antigüedad y el origen que le hemos asignado, no lo acreditan ménos las formali- dades que dentro de él se llevan á cabo y el lenguaje que allí se emplea, como nos 64 HISTORIA GENERAL podremos convencer por la siguiente trascripción que hacemos de la apertura del rito francés. Ocupados los sitios por las dignidades, el venerable da un golpe de mallete, que es inmediatamente contestado por el primero y segundo vigilantes, diciendo luégo; —Hermano primer vigilante, ¿cuál es el primer deber de un vigilante en logia? El interrogado contesta: —Asegurarse de si los trabajos están á cubierto. Obtenida esta contestación, ordena el venerable al segundo vigilante que se asegure de si efectivamente lo están, y obtenida contestación afirmativa, vuelve á preguntar; —¿Cuál es el segundo deber de un vigilante en logia? El primer vigilante.—Asegurarse de que todos los hermanos presentes, son miembros de la logia y están decorados de sus insignias. El Venerable. —Pues aseguráos de que lo son, hermanos 1.° y 2." vigilantes. Los masones, que basta entonces han estado sentados, se ponen de pié é inspec- cionados que han sido uno por uno en el grado de aprendiz, que' es en el que se examina el segundo vigilante, dice: —Hermano primer vigilante, los hermanos de la columna del norte son masones, están de pié y á la orden. El primer vigilante. —Venerable maestro, los hermanos que decoran ambas columnas son masones y están de pié y á la orden. El Venerable.—Lo mismo sucede en el Oriente. Y aflade luégo: Hermano primer vigilante, ¿á qué hora abren los masones sus trabajos? El primer vigilante.—Al medio dia, venerable maestro. El Venerable. —¿Qué hora es, hermano primer vigilante? El primer vigilante.—Medio dia en punto. El Venerable.—Por cuanto es medio dia y á esta hora abren los masones sus trabajos, unios á mi hermanos primero y segundo vigilante, para ayudarme á abrir los trabajos de esta respetable logia en el grado de aprendiz, con los signos y formas acostumbradas. Inmediatamente da comienzo la tanda, siguiéndose en ella un orden riguroso que detallaremos en su dia, pues al presente ha sido nuestro objeto sólo ocuparnos de la logia en si con sus atributos y formalidades. Teniendo presente todo cuanto acerca de ellas hemos dicho, visto lo que en ellas es de esencia, casi no alcanzamos á compren- der por qué muchos autores de historias de la masonería se han perdido en lucubra- clones, llegando á afirmar que la institución procede de las religiones de los antiguos pueblos, cosa imposible siquiera de tenerse en cuenta, cuando se observa que ni por los principios consignados en ellas, ni por la organización política que aquellos tuvie- ran, pueda surgir una institución de carácter tan libre, tan moral y tan innovador como la que nos ocupa. Antes al contrario, en vista de todo cuanto dejamos apuntado, no cabe dudar siquiera un momento de que aparece en la Edad Media y que tiene por única base las corporaciones de constructores que florecen entónces, punto de donde hemos comenzado y desde el que continuaremos nuestra investigación. CAPÍTULO V. Las logias como elementos de la masonería primitiva.—Sus caractéres.—Las Güdas. —Significación de esta palabra.—Fines y tendencias de estas agrupaciones.—Época de su aparecimiento.—Caractéres conque se presentan.—Su origen germánico.—Su organización.—Circunstancias exigidas en los individuos para ser admitidos en ellas.—Union de las logias y las Gildas.—Importancia que tiene la ciudad de Colonia en la historia de la masonería.—Alberto el Grande.—Su saber.—Sus reformas en la institución y en el arte.—Heidslofl".—Sus estudios.—El simbolismo en la masonería.—Su fin y objeto.—Causas generadoras que lo hacen aparecer.—Extension deia orden masónica.—Decadencia de la primitiva organización.— Primeras reformas.—José Dotzinga.—Primer congreso masónico en Rati sbona.—Estatutos discutidos en él.—Principales acuerdos.—Asambleas celebradas en Spira en 1464 y 1469.—Franquicias é inmunidades acordadas á los masones por algunos soberanos.—Verdadero sentido de estos privilegios.—Maximiliano I. —Su carácter.—Opinion de Maquiavelo acerca de este principe.—Primera escisión entre las.logias.—Pre- cedentes de los tres primeros grados de la masonería moderna.—Diferencias entre los usos de entónces y los de ahora por razón de época.—Fundamento racional de los tres grados dichos. UANDO vemos establecida en la historia una asociación con reglamen- tos y constituciones escritas, cuando investigando lo que puede haber ocurrido en el tiempo, tropiezan nuestros ojos con una institución per- fectamente organizada, cabe afirmar sin género alguno de duda, que su aparición se remonta á más lejanos días de aquellos en que aparece, y es que en los cuerpos sociafiis sucede lo mismo que con las tradiciones; pasan muchas reformas y sufren considera- bles alteraciones, ántes de que se consignen definitivamente. Por esto hemos de su- poner que las corporaciones de artesanos que florecen en la Edad Media, luégo que los monjes se abandonan, ó cuando los laicos de las clases populares se instruyen, debieron existir mucho ántes de la fecha que hemos señalado, pero sólo desde ésta podemos comenzar á hacer historia, pues querer remontarnos en el tiempo, seria aventurar suposiciones que en su mayor número aparecerían desprovistas de funda- mento. Partiendo, pues, de la época en que las hallamos con vida propia y deter- 9 66 HISTORIA GENERAL minada, hemos dicho cuanto á las logias primitivas se puede referir, buscando acertadas equivalencias entre la primitiva organización y la que actualmente tienen; entre lo que entonces representaran y representan hoy, consiguiendo asi detallar un elemento de grandísima importancia. Pero la logia, tal como entonces se encuentra organizada, es sólo un elemento ma- terial de la masoneria existente, y por tanto, hace falta otro que complete el pensa- miento dominante para que juntos den, sino el concepto que generalmente tenemos formado, al ménos una vía segura para que recorriéndola á grandes pasos, pueda llegarse rápidamente al fin que deseamos. Este elemento que se echa de ménos, enu- merando sólo las logias, existe perfectamente determinado en una sociedad más par- ticular que dentro de ellas vive, agrupación que por el fln propuesto difiere esencial- mente de la primera, y que las dos unidas revelan ya en aquel tiempo la existencia de la órden masónica, tal como debe entenderse. La logia era la cátedra, digámoslo así; dentro de ella el bracero inexperto que tuviera amor al trabajo, podia adquirir la ilus- tracion y los conocimientos necesarios para en adelante mejorar su posición ; aplicán- dose bajo la dirección de los maestros y siguiendo el ejemplo de los compañeros, el aprendiz que ántes de su educación no podia ser considerado más que como máqui- na, podría comenzar á labrar la piedra bruta y elevarse luégo á más delicados traba- jos en los que patentizara no sólo su fuerza, sino que también su inteligencia. Con esto no sólo conseguía el mejoramiento de su condición social, sino que tenia una segura y positiva garantía para dar como asegurada su subsistencia: el secreto que presidia á la enseñanza era causa de que los conocimientos no se vulgarizaran, siendo asi pocos los que podían establecer una competencia que tampoco cabia pudiera existir entre ellos, á una misma obra concurrían varios, y todos se conocían y se amaban pues desde la anterior; ademas por aquella época, como es sabido, se despertó gran afición á las construcciones; todo eran obras, y pertenecer ó haber pertenecido á una logia acreditada por los trabajos que hubiera realizado, era una recomendación que nunca se olvidaba se tenia presente siempre para atraerlos á las que se iban á comenzar. y Mas, volvemos á repetirlo, la logia en esta forma era un apoyo material, y partiendo sólo de aquella primitiva organización, lo mismo cualquiera corporación que la de los constructores, hubiera podido dar nacimiento á la institución masónica, á la que nose hubiera podido asignar otro carácter que el que en la actualidad tienen las sociedades benéficas de mutuos. Sin embargo, ellos hicieron más, y no contentos con la socorros enseñanza que hacían adquirir á independiente de ella, establecieron \o?> gildas, pala- bra que no tiene equivalente en nuestro idioma, y que en aleman significa propiamen- te, sociedad establecida para ayudar y socorrer á los hermanos juramentados. Estas sociedades eran positivamente las únicas dentro de las que los individuos podían con- tar con los beneficios de una protección sin limite, y no ha podido aún determinarse á históricamente, si su aparecimiento como cuerpos separados es anterior ó posterior las corporaciones, sólo se sabe que en una época fueron compatibles ambas para los mismos individuos, y que la segunda tuvo una existencia bien clara y detallada den- tro de la de los constructores. Lo más posible es que los gildas fueran en un princi- DE LA MASONERÍA 67 pió, agrupaciones de defensa establecidas para cohibir los abusos de los grandes po- seedores de bienes, esto es, sociedades que nacieron para prevenir desmanes que cometian los que disponían y abusaban de la fuerza. El instinto de su conservación, unido al de la propia defensa, es sin duda uno de los móviles más poderosos que han llevado á los hombres á la sociedad, pero esto en cuanto todos sean hombres. Por des- gracia ha habido tiempos en los que esto no ha sido una verdad; los hombres se han dividido en dos clases, y miéntras los unos eran señores absolutos, los demás no pasan del tristísimo papel de victimas, siendo siempre objeto de crueles vejaciones y atropellos cuyo relato espanta; fácilmente se comprende que un estado semejante, puede sólo sobrevenir por efecto de sorpresas realizadas en ánimos ignorantes, pero cuando esta ignorancia decae, cuando la cultura se abre paso, entóneos viene una reacción de todo punto justa, reacción que desde luégo no se manifiesta porque carece de fuerzas para ello; tiene por necesidad que llevar á cabo sus trabajos en la sombra y en el misterio, tiene que poner enjuego armas que sólo se califican de prohibidas cuando se ignora ó quiere ignorarse el tiempo en que salieron á luz. Las gildas , asociaciones de los individuos aislados, fueron una necesidad en la época que aparecieron, y cuando á las ciudades comenzaron á concurrir masas de hombres libres, celosos de la dignidad que se les negaba, cuando el comercio adquirió gran desenvolvimiento y los hijos de un pais pudieron estrechar sus relaciones con los de otro, cuando, en fin, se perfec- clonaron los oficios y fueron poco á poco saliendo del miserable estado en que hasta entónces hablan vivido, los gildas tuvieron existencia dentro de las poblaciones, y cada profesión se asoció en la suya, hasta que al fin unificándose adquirieron fuerza y poder. Los germanos primitivos hablan designado asi á sus fiestas, y fiestas eran para ellos la reunion de todos los individuos de la misma familia, dispuestos siempre á la defensa de los intereses comunes, animados todos de los mismos deseos é inspi- rándose constantemente en las mismas afecciones. Este precedente germánico, puede comprobarse en toda la historia del siglo xiii; todas las ciudades alemanas ñorecientes entónces, conservan tradiciones acerca de ellas y aún de algunas se han salvado los estatutos que prueban con cada uno de sus articules, hasta qué punto eran firmes los propósitos que los animaban á todos y los buenos fines que se habían propuesto. Presididas por un individuo investido de plenos poderes, sólo se admitía á un nuevo individuo cuando se había examinado atenta- mente su conducta anterior, cuando se adquiria plena certeza de que sabria cum- plir con las obligaciones que voluntariamente se imponía y cuando habla prestado fianza, pues justo es que se la exigieran los que se comprometían á socorrerlo y á favorecerlo, y que quedaban en sus manos haciéndole participe de sus trabajos. La admisión de los hijos de los que formaban estos cuerpos, era un hecho, y en este punto y en otros muchos, convenían tan perfectamente, que bien pronto no hubo logia que no se confundiera con la gilda, y más tuvo que suceder esto y reasumirse el carácter y las tendencias de ambas en una sóla, cuando las corporaciones esta- blecieron su asiento en las ciudades dejando de ser lo que primitivamente fueran cuando únicamente tuvieron por punto de reunion la barraca alzada al pié de la obra. 68 historia general La union de ambas corporaciones que hasta entonces habian vivido separadas, dió por resultado que al constituirse la asociación de los constructores, dominara en ellas un solo carácter, mixto por decirlo asi, pero que poco después fué la unidad absoluta. Los más grandes monumentos que se alzaron durante la Edad Media, especial- mente aquellos en que domina el arte germánico ó gótico, puede decirse que son obras de aquellas agrupaciones formidables nacidas como hemos dicho del natural deseo de defensa, asi como también del amor al trabajo. De estas agrupaciones que suponemos origen y base de la posterior institución masónica, que ni aún el nombre ha perdido en el transcurso del tiempo, se conservan tradiciones de considerable importancia, pero el primer documento á que podemos dar valor histórico, data sólo del año 1459 ó sea de la segunda mitad del siglo xv. Menester es tener en cuenta, que al decir sociedades de constructores, picapedreros ó al bañiles, empleamos los tér- minos en el lato sentido que entónces tenian, cuando en estas clases estaban incluidos todos aquellos que tomaban parte en la edificación, lo mismo el que la dirigia, que el que tallaba la piedra, lo mismo el que la colocaba en obra, que el que cuidaba de la ornamentación interior, igual el que pintaba que el que construía las piezas de madera. La sola vista de aquellas obras gigantes hace que sin querer se piense en una sociedad perfectamente organizada, sociedad cuyos individuos obedezcan todos y ciegamente á iguales principios y reglas y cuyas tradiciones se perpetúen de año en año, de siglo en siglo, para llegar á la feliz terminación. Atentos á esto, ninguna población tiene tantos -derechos como Colonia para presentarse como primer lugar en el que los masones se congregaron, y no faltan tradiciones que asi lo hagan, muchas de las que van asociadas á uno de los nombres que más interés despiertan en la Edad Media, á uno de los genios portentosos que entónces brillan; á Alberto Magno, personalidad que desde este punto de vista tiene grandísima impor- tancia en la Historia de la Masonería , importancia real cuyos méritos acrecen por su portentoso saber, del que nadie ha podido dudar. Nacido en 1193 en Lawingen, población de la Suabia, estudió las ciencias en la tan celebrada escuela de Padua, ingresando en la órden de los dominicanos hacia el año 1222; en Ratisbona y en Estrasburgo, en Colonia y más tarde en París, explicó la filosofía y la teología, asombrando á todos con la profundidad de su saber y lo extenso de sus conocimientos. Volvió nuevamente á Colonia, para continuar á la sombra del cláustro que tan querido le era, las formales investigaciones á que con gusto se dedicara desde sus más tiernos años, mereciendo al fin ser elegido provin- cial de su órden en el año 1254; llamado á Roma algun tiempo después por el papa Alejandro IV, fué electo obispo de Ratisbona dos años más tarde, pero poco después hizo dimisión de puesto tan honorífico para volver á sus estudios, que no abandonó ya sino muy poco ántes de su muerte. Vida tan laboriosa y talento tan notable, alean- zaron un tiempo que, como no podia ser ménos, le imprimió su huella, por lo que tuvo que participar en los errores tan en voga entónces, acerca de la alquimia, de las ciencias ocultas y de la trasmutación de los metales. Las inculpaciones que por cual- DE LA MASONERÍA 69 quiera de estos conceptos se hagan á un hombre de aquella edad, no pueden alean- zarle para desprestigiarlo, pues parece qne aquellos miasmas estaban diluidos en la atmósfera y atacaban á todos, y lo mismo al que se proponía el bien material, que al que se fijaba sólo en las especulaciones cientificas, los hadan victimas, prueba de lo que tendríamos, áundescartando á Alberto el Grande, en muchos genios contemporá- neos suyos, en el mismo Santo Tomás de Aquino de quien fué maestro. Ademas, poco importa que en el estudio que de un hombre se haga, se encuentren varios puntos oscuros; nada puede significar que la mente humana se extravie en cualquiera de las ramas de la ciencia á que se dedica, si con lo demás hay suficiente para labrarle preciados timbres de gloria y ciertamente los merece por su actividad y por el grandísimo impulso que dió al arte, que entónces era digno de ocupar el primer puesto. El célebre arquitecto aleman Cárlos Alejandro Heideloff, uno de los hombres á que la ciencia masónica debe más y cuya vida entera la consumió en la investiga- clon de todo lo que pudiera referirse al arte germánico, no pudo ménos de tropezar con el hecho evidentísimo, que lo mismo en el aparecimiento que en el desarrollo de este género, determinaron todo su valer las sociedades de constructores. Completadas sus investigaciones, publicó en 1844, su célebre obra titulada: Las logias en la Edad Media, si bien las considera sólo desde el punto de vista material, esto es, cuando aún no hablan dejado de ser lo que con propiedad puede ser llamado el taller teórico, mas hay en ella algo que se desprende de investigaciones tan erudi- tas y que nos deja ver parte de un formularismo que tanto extraña hoy á ciertas personas. Ocupándose del puesto importante que también merece en el arte de construir Al- berto el Grande, dice el celebrado autor: «Supo dar una nueva vida al simbólico len- guaje de los antiguos, que desde tanto tiempo hacía se encontraba durmiendo pro- fundo sueño, y lo adaptó al arte de construir, al que hizo bien pronto innumerables servicios; estos servicios eran aún más de tener en cuenta por cuanto había prohibido á las sociedades de masones consignar por escrito los principios que Alberto habla introducido en el arte de construir, principios que con objeto de que nadie los pudiera profanar, debian permanecer en el más absoluto secreto. Por esto, para que la regla pudiera ser mejor observada, se arbitró el uso de los símbolos, símbolos que por su grandísima utilidad eran tenidos en grande estima, siendo muj- apreciado el talento de los que los entendían y comprendían. También los símbolos servían de re- gla y de nivel en el arte de construir, haciendo más fácil el trabajo de aquellos-que estaban impuestos de ellos, pues casi inmediatamente los ponían al corriente acerca del fin y de la dirección que debian imprimirles, siendo los trabajos en suma dirigidos por medio de este lenguaje especial. El espíritu de aquella enseñanza secreta, estaba llamado á determinar una influencia grandísima y eminentemente favorable en las logias, pues no era admitido ningún aprendiz sin que se viera en él áun sugeto dotado de ciertas aptitudes y que poseyera ya algunos 'conocimientos, y estas primeras dis- posiciones lo ponían en estado de adquirir con más facilidad la inteligencia de aquel 70 HISTORIA GENERAL lenguaje simbólico, cosa sumamente difícil si se hubiera tratado de incultos obreros. La consideración de que disfrutaban generalmente y que despertaba en ellos el senti- miento de la dignidad, les vedaba el iniciar á los profanos en los misterios de aquel reservado lenguaje. Por otra parte, les servia también de medio de comunicación á falta de escritura, pues este arte, gracias al que nuestros pensamientos pueden llegar á los últimos confines de la tierra, estaba aún poco conocido en aquella época ó al ménos eran pocos los que lo poseían entónces. En aquel tiempo, cuando la ignorancia se palpaba, según la felicisima expresión de un escritor contemporáneo, los masones casi no hubieran podido aprender á escribir, no disponiendo ni de medios, ni de tiempo, ni de ocasiones aptas para ello, en tanto que poco á poco se familiarizaban sin gran trabajo con el sentido de los símbolos, por cuanto sus diarias ocupaciones se los hacia tener constantemente á la vista y por cuanto durante el trabajo mismo las observaciones y correcciones de sus propios compañeros, más adelantados que ellos, contribuían á su progreso intelectual.» Como á primera vista puede comprenderse, tienen estas manifestaciones grandi- sima importancia por dos razones principalmente; la primera porque nos dan el punto de partida para la ulterior investigación de las causas que han motivado la introduc- clon del lenguaje simbólico en la masonería; la segunda porque ya nos es dable mirar á este simbolismo como una tradición perfectamente fundada dentro de la órden, pun- tos que como sabemos han sido objeto de constantes investigaciones é interpretació- nes no siempre oportunas y nunca favorables. Uno de los fenómenos que más pueden sorprender al observador que se dedique al estudio de la Edad Media, es el afan que los hombres de entónces ponían en rodear cuanto hicieran, del más impenetrable misterio; cosa que fácilmente se explica, atendiendo á que estaba perseguido y seve- ramente penado todo aquello que se apartara, fuera en el fondo, fuera en la forma, de lo que los poderes organizados hasta entónces reputaban como bueno y legitimo. De aquí que por entónces las ciencias marcharan tan paulatinamente y los que á ellas se dedicaban tuvieran que arbitrar signos convencionales, mediante los que pudieran entre sí entenderse, evitando que se vulgarizaran sus cálculos y que las miradas aten- tas que pudieran perseguirlos cayeran sobre ellos y fueran á destrozar todas sus fun- dadas ó soñadas esperanzas. En ninguna de las instituciones que representan mayor ó menor progreso para el espíritu humano y que comienzan á florecer en aquella época, puede dejarse de ad- vertir esto que señalamos, y ménos aún podia advertirse la falta en el arte de cons- truir, luégo que en él aparece reformando Alberto Magno, hombre tan imbuido en las sutilidades de su época y que tanto empeño manifestara por la alquimia y demás ciencias ocultas, en las que sin duda debió inspirarse para arbitrar el lenguaje sim- bólico que tan infundadamente suponen varios era debido al antiquísimo origen asíg- nado á la masonería como sociedad eminentemente moral. No queremos decir con esto que Alberto el Grande los inventara: versado en el conocimiento de la antigüe- dad, no puede extrañar absolutamente nada que rebuscara en ella, hallando al fin representaciones adecuadas para las nuevas ideas que comenzaban á desarrollarse, y DE LA MASONERÍA 71 asi se comprende cómo y por qué en una institución relativamente moderna, se halla un tecnicismo que hasta á su fondo puede señalársele el más remoto abolengo. Pretenden muchos, apoyándose en documentos que nos merecen entero crédito, que el mismo Alberto el Grande fué el que trazó los planos de la catedral de Colonia, y si bien en esto fuera posible ver un tanto de exageración, casi no es dable dudar de que, directa ó indirectamente tuviera alguna participación en tan suntuosa obra, y lo que es aún más que como partidario de todos los adelantos y de cuanto pudiera simboli- zar ciencia y progreso, formara parte de las gildas, que ya tenian en su tiempo con- siderable desarrollo, como acabamos de ver. Como individuo de ellas, que es como desde luégo lo afirmamos, modificó las constituciones de la corporación introduciendo nuevas reglas y preceptos encaminados á completar el pensamiento y consiguiendo asi que su esfera de acción fuera más extensa y más amplia que hasta entónces lo ha- bia sido. En tanto que de la organización que estudiamos formaron parte sólo los obreros que á más de con el trabajo práctico en la construcción, desearan completar sus conocimientos con la enseñanza teórica que recibieran en las logias, hay que comprender que como fines habian de proponerse el mejor beneficio material que pudiera conseguirse. Pero luégo que se aunan las logias y las gildas, luégo que refun- didas dejan de formar parte integrante de las obras y que las corporaciones toman por decirlo asi domicilio propio dentro de las ciudades y que de ellas pasan á formar parte individuos de todas las clases sociales, sus miras tienen que ensancharse, y más tenia que suceder esto, cuando entre los individuos á que nos referimos los habia de alma tan grande y de tan soberano talento como Alberto Magno. Hemos negado y negamos en absolnto no ya que la institución masónica debiera su origen á ninguna otra de la antigüedad, pero hasta que trasmigraran á ella ideas agenas al fin que necesariamente se tenia que proponer, mas es justo tener presente que ninguna asociación aparece aislada en el espacio y que necesariamente, á lo ménos en la forma ha de presentar señales que le quedarán indelebles de aquello con que fuera coetánea, de aquello que juntamente con sus principios bu- biera podido impresionar el ánimo de los demás. Como hemos dicho, en todas las artes y en todas las ciencias desempeñaba por entónces grandísimo papel lo simbó- lico y lo mismo en la arquitectura que en la literatura tiene grandísima predominan- cia: las catedrales que entónces se alzaban, lo mismo que los poemas épicos que por entónces se escribían, tienen con efecto un complicado simbolismo que poco á poco va perdiendo su espiritualidad hasta descender á la alegoría, de cuya significación nadie puede dudar. En el fondo de cuanto por entónces existe no falta ni funda- mento racional, ni verdad histórica, pero una cosa y otra aparecen como envueltas en una nebulosa; esto ocurre con los evangelios apócrifos, con los libros talmúdicos y con otra multitud de obras que por efecto ya de la influencia que reciben de la ima- ginacion popular, ya de la necesidad de presentarse en enigmas, ocultan su verdad sin que por esto se las pueda acusar de carecer de ella. Al símbolo, á la alegoría hay que atender con gran cuidado, pues bajo él late, sin que pueda dudarse, una verdad y esto ocurre con la masonería lo mismo que con muchas instituciones ha ocurrido. 72 HISTORIA GENERAL pues cuando en la remota época en que vivía Pitágoras, decía á sus discípulos: «No os comáis las habas,» más que nada lo que quería decirles era que no traficaran con sus derechos como electores, pues bien sabido es que entonces se votaba con habas. Ademas de las simbólicas, el espíritu místico que sobre todo extendieron las cruza- das, no pudo dejar de influir en la masonería, ni tampoco la cultura arábigo-judía, tan floreciente en aquellos tiempos. Aúnense todos estos elementos y se verá como el carácter de la masonería, tan incomprensible á primera vista, se aclara y aparece con fundamentos. No tanto las franquicias y derechos que les fueran acordadas y que en principio naturalmente hablan de ser muy pocas, sino los beneficios que de la asociación re- saltaban, fueron causa de que el número de los individuos pertenecientes á la socie- dad masónica se acreciera considerablemente, adquiriendo asi cada una de las logias que al principio hemos enumerado, proporciones que les daban vigor y fuerza que posteriormente- ninguna ha tenido. Concretadas única y exclusivamente á los limi- tes dentro de que habían nacido, por más que su utilidad fuera de todos y para todos reconocida, hubieran tardado ciertamente mucho tiempo en adquirir el considerable desarrollo en que se las observa pocos siglos después. Cierto que las asociaciones de que nos ocupamos donde más se extienden es en Alemania, pero la afición latente entónces por los grandes edificios y por las suntuosas construcciones, dieron lugar á que los maestros y los más distinguidos compañeros de las logias alemanas, fueran llamados á Italia, Francia é Inglaterra y más aún, cuando fué conocida la magnificen- cia de la catedral de Estrasburgo, obra que, como hemos dicho, se debe á nuestros aborígenes en la órden, y está perfectamente probado con documento auténtico que en 27 de Junio de 1481 el duque de Milan escribió á los magistrados de aquella ciudad, para que se sirvieran enviarle un maestro mason capaz de dirigir los traba- jos de la catedral, que él habla mandado construir. Cuando en la época actual se observa el estado decadente de la institución y los trastornos que en ella introducen espíritus siempre perturbadores, hay que suponer una de dos cosas; ó el fin de la masonería está perfectamente cumplido en la historia y la órden debe desaparecer, no para caer en desdeñoso olvido, sino para vivir en el recuerdo como tantas otras instituciones, ó es menester que surja un genio poderoso que imprimiéndola nuevo impulso la lance en via que aun no ha recorrido. Lo primero no es admisible en modo alguno y para convencernos de que es una verdad lo que aventuramos, basta mirar á nuestra imperfecta organización social, basta con- siderar hasta qué punto los hombres se encuentran desunidos y como hacen falta centros ó asociaciones en las que se confundan en una igualdad, en una fraternidad que sin destruir las clases, pues apetecer esto serla absurdo, les permita aunar sus esfuerzos y cooperar no sólo al iúen común, que esto seria demasiado poco, sino que también á extenderlos á todos los demás hombres que pueblan la tierra. La masone- ría primitiva, inspirándose en la conveniencia material, logró reuniren su seno á todos los individuos que profesaban el mismo arte con objeto de favorecerse y prote- gerse, para conseguir los mayores bienes posibles; poco á poco, como vere- DE LA MASONERÍA 73 mes en el curso de nuestro estudio, las trabas que más que por nada, por el carácter de la época había impuesto, fueron desapareciendo, la condición de arquitecto, alba- ñil ó peon, como diriamos hoy, dejóse de tomar en cuenta y como por otra parte las tendencias tenían que ser distintas, luégo que hubo pasado el tiempo de las cons- tracciones, la sociedad se compuso de hombres libres, de hombres deseosos de practicar el bien y asi ha seguido, mas hoy las relaciones se han estrechado ya na- turalmente, y la masonería necesita proponerse otros fines que los que hasta aquí ha tenido; por esto nos inclinamos á la segunda opinion, esto es, que lo que hace faita en la órden es un reformador, sino quiere desaparecer envuelta en el movimiento que destruye á todo lo que no es de la época. Cada uno de sus periodos históricos lo ha tenido y no deja de aparecer ni aún en su época primitiva, pues fácil es comprender que aquella prosperidad de que en un principio gozaran, no había de durar siempre, ni aún mucho tiempo; las asociado- nes de constructores , en un principio tuvieron que permanecer fuertemente unidas, pues había lazos poderosos que obligaran á ello á sus individuos y estos lazos no eran otros que los que resultaban del trabajo, de la ocupación constante á que habían de tener como beneficio inmediato de su agregación, que cada vez se hacia más extensa. Al comenzar el siglo trece, tan calumniado y tan injustamente acusado de barbarie, siglo en el que se revela el genio de una manera tan portentosa como lo acreditan la catedral de Colonia y las Partidas de nuestro Alfonso el Sábio, la Comedia del Dante y la Summa de Santo Tomás, las logias habían acrecido en número, existiendo varias de ellas en Magdeburgo, Lubeck, Brema, Colonia y otros muchos puntos, de los que como ya hemos mencionado se fueron extendiendo á otras partes de Europa, á me- dida que el espíritu monástico decaía, perdiendo aquellas condiciones que tanto le alabara Tertuliano y que con efecto lo hacían tan recomendable. Mas la prosperidad masónica no duró mucho tampoco y de su primera decadencia hay dos causas prin- cipales que nos pueden dar razón: una es que las construcciones fueron acabándose poco á poco y otra el que siendo ya las logias agrupaciones no sólo de constructores, sino también de todos los hombres libres, se introdujo en ellas la perturbación, desor- donándolas al cabo. Fueron tan graves las alteraciones ocurridas, que los hombres de buena fe que pertenecian á ellas y que sabían basta qué punto eran convenientes, acordaron reunir- se para establecer algunas reformas gracias á las que pudiera conservarse un institu- to del que tantos beneficios se habían conseguido, lo mismo para las artes que para la humanidad. Ya en 1449, José Dotzinger, de Worms, que había sucedido á Juan Kültz como maestro arquitecto de la catedral de Estrasburgo, había intentado arbi- trar una nueva vía para que la sociedad masónica no se desmoronase, pero todos sus esfuerzos fueron vanos en un principio, hasta que al fin, en 1452, logró reunir en un solo cuerpo á todos los masones de Alemania, siendo el primero que concretamente les diera signos y palabras convencionales para que en cualquier caso pudieran reco- nocerse, evitándose asi la ingerencia de elementos extraños que no sin torcidas in- tenciones habían conseguido introducirse entre los hermanos, sembrando la discordia 10 74 HISTORIA GENERAL y procurando la desunión; más tarde aún, en 25 de Abril de 1459 logró reunirlos en un congreso en Ratisbona con objeto de discutir y de que quedaran establecidos los estatutos generales por qué tenia que regirse la comunidad, cosa que consiguió tam- bien este hombre, mason preclaro digno de la más alta estima, y precisamente por uno de los articules de estos estatutos, lo mismo José Dotzinger que sus sucesores en el titulo de mason arquitecto de la catedral de Estrasburgo, son reconocidos como grandes maestros perpetuos de las corporaciones libres de Alemania, prescripciones que fueron confirmadas también en las asambleas de las logias, que se reunieron en Spira en 9 de Abril de 1464 y 25 de Abril de 1469, en las que se confirmaron así mismo las constituciones establecidas anteriormente. En la época á que nos estamos refiriendo, no había instituto ni comunidad alguna que no gozara de franquicias é inmunidades; todas ó al ménos la mayor parte go- zaban de privilegios otorgados por cartas reales, sin que esto pueda causar la menor extrafieza, pues tiempo era aquel en que del otorgamiento de estas cartas se conse- guian los mayores rendimientos para la corona y en que tal vez por esta misma razón se descuidaba todo lo que parecía, debia cohibirlas y se constreñía eficaz y rudamen- te á cualquier corporación para que las adquiriera. Estas cartas de privilegios fueron causas posteriores de excisiones y trastornos considerables; muchas clases sociales supieron abusar de ellas en el trascurso del tiempo y se convirtieron en abominables juderías que eximiéndose de toda carga y gravámen dejábanlas caer sobre los hombres más débiles, motivándose asi un dese- quilibrio al que se dében las dos revoluciones más grandes que registra la historia moderna; pero como en un principio representaban un tributo, como eran digámoslo asi, el medio para cobrar una contribución, todos estaban obligados y de aqui que la masoneria tuviera también que hacerse de la suya para poder subsistir. Es errada la opinion de muchos que dejándose llevar de una buena fe, discutible en muchos casos, sostienen que pontífices y reyes, principes y emperadores, favorecieron en un princi- pió á la institución que historiamos: esta opinion se debe más que á nada, á la lasti- mosa confusion nacida por la mala inteligencia de las palabras. En primer lugar hay que atender á lo que por entónces se llamaban privilegios y qué era en lo que consistían; un somero estudio nos hará comprender que no existían tales privilegios, al ménos en la acepción que á tal palabra damos hoy ; pri- vilegio, en nuestro tiempo, es la facultad que se concede al individuo de una clase ó de una corporación, para que pueda hacer lo que los demás de la misma tienen pro- hibido, pero entónces no era asi como se entendía, entónces el privilegio consistía únicamente en la concesión de que un hombre hiciera lo que podía hacer por estar en sus facultades, por lo que aquellas cartas más que nada eran un reconocimiento de las profesiones á que los hombres se dedicaban. Esto de un lado, de otro tenemos que como acabamos de ver las corporaciones de constructores no habian ensanchado sus miras procurando reformas en el órden social, sino que permanecían fijos en su fin capital y si en algo se excedían era meramente en lo que pudiera tender al auxilio de los congregados que no eran en su totalidad ni arquitectos, ni albafliles en ningu- DE LA MASONERÍA 75 no de los grados que con respecto al trabajo estaban divididos, sino que ya habían ingresado muchos cuyo título principal era el de hombres libres, por lo que los favore- cidos con aquellos privilegios, que no lo eran, no puede creerse fuera la institución masónica, como lo entendemos hoy, sino la masonería de entónces, que hallándose en su primera etapa, era más que nada una sociedad de socorros mutuos. Después de los congresos masónicos que se celebraron en Spira y de que ya he- mos hecho mención , cuando estuvieron acordados los estatutos y reglamentos por que en adelante se habla de regir la comunidad, uno de los arquitectos que habían concurrido á ellos, llamado Conrado Wagt, consiguió del emperador Maximiliano I que los reconociera y diera validez. Ningún principe más á propósito que éste para ser señalado como favorecedor de la órden, pero cuando se atiende á las condiciones especiales de su carácter y á las circunstancias que rodearon á su reinado se com- prende que también, con respecto á las personas, bubo la confusion lamentable que con las cosas hemos señalado, sin que sea esta la primera vez que tal cosa ocurre en la historia de la masonería. En los tiempos más tenebrosos de la Edad Media se cree que es mason y de los más entusiastas, al que introduce el cristianismo en Inglaterra y al primer monarca de aquella nación que abrazó la fe del Crucificado, arrastrando con su ejemplo al mayor número de subditos y nada de particular tiene que así opi- nen los que más que en nada se fijan en el espíritu humanitario de la órden masónica y que á ésta atribuyan el cambio que en las costumbres se iba á introducir con las nuevas creencias. En los albores del Renacimiento, se cree que es mason y protector de la masonería, á uno de los principes más ilustres de Alemania porque concede cartas de las que seguiremos llamando de privilegios, á la asociación de constructo- res, en cuyo seno laten ya los grandes principios que desarrollará en su dia; mas hay necesidad de fijarse en el carácter y en las condiciones que concurren en este prlnci- pe, para comprender cuán distante de su ánimo debía hallarse el conseguir el resul- tado porque no pocos le encomian. Encargado del gobierno de su pais en una época de luchas y de trastornos, sos- tuvo grandes guerras en las que consumió considerables caudales, sin que por esto fuera afortunado en sus empresas; dominábale la pasión del lujo y á ella lo sacrifi- caba todo, siendo á esto más que á nada á lo que debe el severo retrato que de él hiciera el politico florentino, el terrible Maquiavelo, en los siguientes términos: «Creo que no existe ni ha existido jamas principe más disipador, lo que da lugar á que siempre se halle necesitado y á que cualquiera que sea la situación en que se en- cuentre le sea menester dinero, pues nunca tiene bastante. Su carácter es por demás inconstante; la cosa que hoy desea, mañana no la quiere; no quiere tomar consejo de nadie y cree lo que cualquiera le dice; desea lo que no puede conseguir y se hastia de lo que puede tener, y de aquí ese sinnúmero de resoluciones contrarias que toma á cada instante. Por otra parte, su genio es extremadamente belicoso; sabe guiar y sos- tener en órden á un ejército, cuidando severamente de la disciplina y de la justicia. Sabe soportar como nadie las más penosas fatigas; valeroso en Isos combates, no de- merece como general, dado á lo que en estos tiempos estamos acostumbrados. En 76 HISTORIA GENERAL SUS audiencias se muestra sumamente afable, pero no las da más que cuando le con- viene: no es aficionado á que los embajadores le vayan á hacer la corte, á ménos que él no los mande llamar; gusta mucho del secreto y vive en una agitación continua de cuerpo y espiritu, pero con mucha frecuencia deshace por la noche lo que ha hecho por la mañana.» Es sumamente fácil comprender que con estas condiciones de ca- rácter no cabla que un príncipe fuera dado al establecimiento de sociedades que tu- vieran que regirse eternamente por principios fijos, y dadas las primeras condiciones que enumera el autor de El Príncipe, á lo que más habla de atender era á que los rendimientos fueran cada vez mayores, por lo que poco reacio habla de manifestarse en otorgar cartas de privilegio. Como no queremos que ninguna de nuestras afirmaciones nos lleven á extremos, que siempre son censurables en aquellos que, como nosotros, manifiestan que de los únicos propósitos que se encuentran animados son de los de hacer historia, no nega- mos en absoluto que este principe, á quien tanto debe su pais, dejara de favorecer á la asociación de constructores, y lo que es más, á fijar en ella sus ojos como una de las que más esplendor y gloria pueden hacer adquirir á un reinado, pues nunca care- cieron de ella aquellos en que las artes y las industrias estuvieron favorecidas. Redu- cidos los principios del arte de construir al secreto en que los tuvieron los antiguos indios y egipcios, concretada la enseñanza de ellos á la logia, á la barraca alzada al pié de la obra y existiendo entre todos los que componían aquellas corporaciones la más sólida union y correspondencia, no cabla más que la trasmisión de los conoci- mientos, y esto es precisamente lo que más tenia que favorecerse, para lo que hadan falta en primer término obras y edificaciones. No parece que se olvidara de ésto el emperador Maximiliano I, y de la misma manera que á él se debe la institución de la corte imperial y del consejo áulico, débese también el considerable impulso que reci- hieran por entónces las ciencias y las artes, á que en su juventud habla sido tan afi- cionado. Mas hay que fijarse bien y distinguir entre lo que la historia nos revela y las afirmaciones hechas por los historiadores de la masonería, para comprender el ca- rácter de aquella protección, que no tiene titules algunos para que muchos se enva- nezcan. Fueran en un sentido ó en otro, los privilegios que Maximiliano I concediera á las corporaciones de constructores, fueron confirmados por algunos otros emperadores, enlazándose asi las más particulares concesiones que los magistrados de Estrasburgo hicieran á las logias en el año 1401, con las generales que posteriormente les acor- dara el poder real, con lo que es bien cierto que se determinaron como una sociedad particular de carácter público, cuyas decisiones podian llegar á conocimiento de todos, estando autorizados para juzgar y determinar de sus asuntos con completa independencia, teniendo establecida una jerarquia para la administración de todos los asuntos que en ellas ocurrieran y que no podian ser ventilados sino por ellas mis- mas. Reconocieron como juez supremo de la sociedad á los jefes de las grandes logias ya mencionadas, estando reservado al de la de Estrasburgo conocer de los asuntos en última instancia. En estos primeros tiempos de la institución y en el pais mismo DE LA MASONERÍA 77 en que puede decirse que estaba naciendo, surgió una excision, primer precedente de las irregularidades masónicas que después han abundado tanto. Cuando en aque- líos congresos se trataba de las condiciones que á la sociedad en general debían regu- lar, cuando los acuerdos que se tomaran en ellos tenían que ser cumplimentados por todos los individuos que se hallaran afiliados, parece lo regular que se hubiera pro- curado la concurrencia de representantes de todas las logias; mas no fué asi, y sea debido á un olvido, sea que aún se les considerara de muy poca importancia, es lo cierto que dejaron de ser invitadas las logias de Magdeburgo, Halberstad, Hildesheim y muchas otras de la Baja Sajonia, compuestas, en su mayor número., no de indivi- duos de la sociedad de constructores, sino de hombres libres que comenzaban á ini- ciar las reformas que con el tiempo hablan de colocar á la masonería á la altura en que la conocemos hoy, y los que justamente resentidos no quisieron afiliarse á la de- pendencia de la reconocida como suprema, sino que por el contrario se reunieron por si, acordando una constitución que se otorgó en Torgan el 25 de Setiembre de 1462, pero que nunca fué reconocida con fuerza legal. En estos comienzos se ven ya muchas de las formalidades que aún conserva la órden aunque revestidas de otro carácter, diferencia que se explica perfectamente atendiendo á que entónces los principios dominantes no aparecían tan evidenciados como ahora, y todo lo cual nos sirve como de irrevocable prueba para afirmar una vez más, que la masonería procede únicamente de las corporaciones de constructo- res, por más que el ánimo de muchos se subleve ante una opinion que tan humilde origen le asigna. A estos les recordaremos que la grandeza en el aparecimiento, no representa ni puede significar nada; la verdadera grandeza, la única que en realidad debe tenerse en cuenta, es la que lo mismo los hombres que las instituciones, adquie- ren por los actos que llevan á cabo. Atendiendo al legítimo é innegable precedente que la institución tiene, nunca debió recargarse con tan considerable número de grado como hoy ostenta; y atendiendo á los fines que principalmente debe proponerse y al carácter que jamas debió perder, nunca debió hacerse de los retumbantes nombres que para cada uno de ellos tiene, y con los que más que otra cosa, parece haberse propuesto seducir, tristeza da decirlo, por la oscuridad que esparce con lo maravi- lioso á que uno se figura abre puertas, y sin embargo nada más distante de la verdad que esto. Cuestiones son estas en que nos habremos de detener más adelante; siguien- do ahora el método prescrito y procurando dejar plenamente probado lo que tiene justificativos, diremos que los tres primeros grados que la masonería conserva hoy datan sin ningún género de duda de los tiempos aquellos en que la institución atendía más á lo material que á lo moral, más á los intereses particulares de los congregados que á los generales de la humanidad, como se propuso luégo; y lo mismo que con respecto á los grados, decimos con referencia á otras muchas formalidades que sub- sisten todavía. En efecto, las asociaciones de masones libres estaban divididas en maestros, compañeros y aprendices, formando una jurisdicción completamente dis- tinta de la de los demás masones (albañiles en la recta acepción de la palabra). Para ingresar en la corporación lo mismo que para pasar de un grado á otro, era necesa- 78 HISTORIA GENERAL rio ser presentado por un maestro que sirviera de padrino al neófito y que respon- diera de su capacidad y de sus buenas costumbres, y á más de esto un individuo que tuviera el grado de compañero, para pasar al de maestro tenia que acreditar que lo habla sido durante cinco años; una vez admitido dentro de la sociedad el mason, juraba no divulgar jamas ni por causa alguna, aunque viera en peligro su vida, los signos y palabras mediante las que los individuos de la corporación se reconocían como hermanos, asi como tampoco los estatutos y secretos del oficio que la sociedad enseñaba á sus individuos; todos estos debían observar los reglamentos, los preceptos de la religion y ser de costumbres irreprochables, pues sin estos requisitos eran expul- sados. Lo mismo los compañeros que los maestros pagaban al tiempo de ser recibí- dos cierta cantidad, que ingresaba en la caja de la logia para atender á las necesida- des de los hermanos enfermos. Volveremos á decirlo, excepción hecha de lo que pueda referirse á lo inmediata- mente material, á lo que únicamento se refiere al arte que ejercían el mayor número de individuos que componían las logias de entónces, todos los demás preceptos se con- servan en la orden como la conocemos hoy, si bien su carácter varía como pasamos á ver según lo modernamente establecido, donde lo que más domina es el sim- bolismo. La instrucción y la enseñanza que pueden ser causa de la elevación del hombre, la manifestación de los elevadisimos deberes que como sér tiene que cumplir con res- pecto á sus semejantes y la exposición de estas mismas relaciones, son los objetos que tiene que realizar y que se propone cumplir la masonería en nuestro tiempo, uti- tizando para llegar á su realización los medios siempre morales, nunca reprobados que estén á su alcance. Inspirándose en lo que siempre fuera tiende la asociación á elevar al hombre y ciertamente lo consigue enseñando al civilizado que es hermano del que vaga en las llanuras salvajes, cualquiera que sea su color, y procurando que éste entre en la comunidad de los séres que viven; ántes la enseñanza de un arte que permanecía en el misterio los absorvia por completo, ahora es una enseñanza moral la que le procura, pero en ella sigue siempre los mismos trámites. Cuando la logia no era aún el templo masónico en el sentido que esta frase se entiende hoy, tomismo los del primer grado que los del grado superior, se reunían en un lugar común, si bien como es fácil comprender no lo hacian al mismo tiempo, pues lo que acordaban los maestros no podia ser escuchado por nadie y lo que á los compañeros enseñaban no podia ser oído por los que permanecían aún en el grado de aprendiz. Esta racional separación, de todo punto necesaria para hacer subsistir también el órden jerárquico de una sociedad que cuenta con tantos miles de individuos, subsiste hoy de igual modo y en templos distintos se reúnen los hermanos de diferentes grados que tiene cada uno para si palabras, signos y toques mediante los que puedan reconocerse. A medida que aquellos primeros masones, llevados de las necesidades que se ex- perimentaban, eran llamados á distintos paises, tenian que viajar y tratar con gentes diversas, sus costumbres iban perdiendo la rusticidad primitiva, y los conocimientos que en ellos se aumentaban abrian á su inteligencia nuevas vias para lanzarse al fin. • "í'v^/r.-'.vj-^ u i MH, '^V -r^W: \ -J- fK /# ". r- f ...• Vt ^3^ , s'x i ç le- A , í <.. *■ lUx ^ ^-iiX . ;'^ v-1 >1: ^ ' Àf .,., -'---«'.kíkfc.'v'-.'vv -v.. tí > ■ x-..'y,íí.c- 4^ ^ i'^ li-c eJ , ; v > ^ -k ^j-'·» >1 v v ^ f a. xf ... i-'i ^ * tí-ax' • ^ r xí -» ^ X' H¿ •< ^í v "íx- xí • , w -«'! i <■' í4-x j. 1 'A x ií *■ 1 ^ , ,r \ ^ ' :m utr 5- ' ''"^V ^ í. ,1^1; ~ >- . ?'••'<•' •■•.'. ■ , .f ••-. !.'; í ,x-; 4 iX-y V X \ S^\fUl ' vj -m'' x ■ ■ ■ .feu , "iá'' ^ \ 1 """''■;^#">5fí .. íi^ .;.ïv^- ,:ir...vv -v é- ,11' ■ i>rs'> ^*^1,' ■ »•». } i,x j ,'tí í'í?^ ^ i-^"» '' · ^ í <%4# - ■ "ífrl ^ %í" x '*'···'^ïm3S >í>-( •' iít:xv-*c ' f f" í ' •■'..¿x-x .r-é^'. , x , .,.-='.í..í:4...^;,Í■I^^^^wxs^x....,., .■ ...... . .,....,, ...-.^...p,-. 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Side al sér destsl^ykjiO-dC'todps iosj^y,<|(plSwohá.<,pWo cuya adquis^üu desea, y el que en (al situación sO encuentra, - comparece en el templo con una venda en io-: ojí;-. xc'fial i.rjdefectible de la absoluta oscuridad en 'que se baila aquel xíue aún hx u,grasado en la corporación; no va ni completamente vestido,'ni desnudo, ■pora india»' asi '-- inocencia, y ántes do entrar al lugar en que sus hermanos están - congregados, se le despoja de su dinero y alhajas, que son consideradas corno ropre- ^jntacioner- del'Vicio'. En este estado-recibe la inicinciOri que es el paio que.lq.sepa- .raba entre oi inundo profano y el masóidco en que ya á tener tuieva vida; paí;a saber si es digno de ella, se han practicado pruebas, se ha aéquii-ido sí coivvcncimtenfc de que es nombre animado de las nrás recías iniencianes y ha sido menester que dos masones recibidos lo presenten y lo apadrinen, forihalidades -.idas que subsx.t'au en las práOíu iís antiguas, cuando aún are- rumente ex; :xi:^,xLi|idiv5duo se le consl(í^'a íU:-x-.- , X .é'-í. como opor-aríq v íod^í fes palanr^ y p;'^|u-ntí< - de nono(>imien!f^y va á adquirirlos, va a b, : . „,: ..ncion de sus fucv/.;vs park u^a obra grande, inmensa,- digna dx laímayik^i-^^^. q - - • x' '' - • .. - , Giiand- su-educacion y su ilustración íS-^^^radb se hallan terre- -¡das, cuando por fe aptitud que revela lo acredita ashy m? ha faltado-en nada á Jos ju-ra mentes que prestara en el'aciode su solemne inicíacic-r puede pasar á otro, puede llegar á de- semcenar tercas más elevadas; recibe .cntóaces para poderse conocer con sus.herma- no; ícva-- i'xhihras y signos, se encarga de más cómpUcedox tpuLajos en los que Uí" r acer mayor aplicación de x\: ivdeligcncia tpie de xus fuerzas íkicas. Kqui- v&xxm!,: pxríxcto de loqup el compauer- -i' .m en ios prer.xv'ox dcmpos,.el-mandil con , cf- "-'1 'i"X j'HVi; 1 a que ha sido diligente y fei-nr-i.-so, su ocupación no es yn mover la pie—' íx'íx bxxfe X ;xr mero auxiliar eu fes tm-eas: se le ha uext-uex' en el uso ue los insíru- X X,: - fe ha Xicsonado á conoíxx' á.s maferiales que pueden servir en fe febric DE LA MASONERÍA 79 Siempre presidió en ellos la idea del socorro y del auxilio al que perteneciera á la co- munidad, y esta fué la base del mayor ensanche que tuvo el principio de la fraterni- dad preconizado hoy; las tendencias que entonces los llevaban al cumplimiento de un fin concreto y reducido se ampliaron para encaminarlos á uno más grande y general, y de la sociedad que fuera primero escuela del arte de construir, surgió al fin la escuela de moral y rectos principios, dentro de la que todos los hombres son hombres y sólo puede establecer entre ellos diferencias la virtud y el saber, los méritos que por si mismo consigue, pero su organización es la misma. La falta de conocimientos en el arte era la causa que un principio estableciera la diferencia entre los asociados, y por la misma razón hoy haciendo subsistir la tradición existen aprendices compañeros y maestros; los signos y representaciones emblemáticas cuyo aparecimiento hemos se- ñalado no podian faltar, máxime cuando por razón de las persecuciones de que ha sido objeto y de las que haremos mención, tenia que envolverse en el misterio. Obedeciendo á todas estas razones y clasificándose á los hombres dentro de la ór- den por razón de sus conocimientos, el primer grado establecido es el de aprendiz, que corresponde al sér desprovisto de todos los conocimientos, pero cuya adquisición desea, y el que en tal situación se encuentra, comparece en el templo con una venda en los ojos, señal indefectible de la absoluta oscuridad en que se halla aquel que aún no ha ingresado en la corporación; no va ni completamente vestido, ni desnudo, para indicar así la inocencia, y ántes de entrar al lugar en que sus hermanos están congregados, se le despoja de su dinero y alhajas, que son consideradas como repre- sentaciones del vicio. En este estado recibe la iniciación que es el paso que lo sepa- raba entre el mundo profano y el masónico en que va á tener nueva vida; para saber si es digno de ella, se han practicado pruebas, se ha adquirido el convencimiento de que es hombre animado de las más rectas intenciones y ha sido menester que dos masones recibidos lo presenten y lo apadrinen, formalidades todas que subsistían en las prácticas antiguas, cuando aún eran puramente materiales los fines que se habian propuesto, que es en lo que principalmente consisten las diferencias que pueden esta- blecerse hoy. Por lo demás, todo es exactamente igual: al individuo se le considera como operario y todas las palabras y preguntas que se le dirigen lo revelan asi; carece de conocimientos y va á adquirirlos, va á hacer aplicación de sus fuerzas para una obra grande, inmensa, digna de la mayor estima. Cuando su educación y su ilustración en este grado se hallan terminadas, cuando por la aptitud que revela lo acredita asi y no ha faltado en nada á los juramentos que prestara en el acto de su solemne iniciación, puede pasar á otro, puede llegar á de- sempeñar tareas más elevadas; recibe entónces para poderse conocer con sus herma- nos nuevas palabras y signos, se encarga de más complicados trabajos en los que tiene que hacer mayor aplicación de su inteligencia que de sus fuerzas físicas. Equi- valente perfecto de lo que el compañero fuera en los primeros tiempos, el mandil con cartera revela que ha sido diligente y laborioso, su ocupación no es ya mover la pie- dra bruta y ser mero auxiliar en las tareas: se le ha instruido en el uso de los instru- mentos y se le ha enseñado á conocer los materiales que pueden servir en la fàbrica, 80 HISTORIA GENERAL DE LA MASONERÍA por lo que para é! comienza una vida de estimulo y de esperanzas. Compárese esta derivación con lo que es el oficial en una construcción y se verá como lo que natural- mente tenia que ser, se ha convertido en el símbolo de un grado de la moderna maso- neria, y si de éste pasamos al de maestro hallaremos lo mismo, con la diferencia de que los emblemas del primero y segundo grado son fundados, tienen una razón clara y palpable que los explique, en tanto que para el acceso al tercero se han echado los redactores del ritual en brazos de una idea no sólo falta de verdad bistórica, sino que también falta de sentido. Acabamos de ver cómo la derivación de lo que la sociedad fuera á lo que es hoy, quedaba perfectamente establecida y cómo por ningún detalle podia desconocerse su origen ; mas en este tercer grado la masonería moderna, adulterando la tradición ha recurrido á la fabulosa historia de los masones en la construcción del templo de Je- rusalen y lo mismo en la iniciación que en las formalidades , que observa, lo mismo en sus preliminares que en la indicación que hace de los fines que tiene que cumplir, ha representado la fábula de Iram ó Adoniran acechado por los compañeros para arran- carle el secreto de su grado, que guarda áun afrontando la muerte que le dan los que más debían quererle y respetarle los que más tenían que manifestarle sincero , agra- decimiento, pero á los que enloquece la ambición y el deseo de medrar. Salvo esta impropia representación arbitrada sin duda en el deseo de , conseguir lo que ya hemos indicado, y de la que nos tendremos que ocupar con más deteni- miento al hablar del órden de los grados simbólicos, la equivalencia es también direc- ta sucediendo lo mismo con las funciones. En realidad con este grado debía termi- nar la jerarquía masónica de nuestro tiempo, como terminaba la de la corporación á que debe su origen. SI llevados del afan de representaciones místicas se han extendi- do y la Organización varia, como veremos en cada uno de los dos ritos que actual- , mente se conocen no puede deducirse en vista de ello que la necesidad sea la que , tales modificaciones ha introducido, pues en realidad ninguna habla. Bastó la redu- cida jerarquía que en un principio se conociera, para hacer surgir de la tierra monu- mentos que nos asombran; bastó para que como uno solo se movieran todos aquellos individuos para que se socorrieran y auxiliaran, para que todos los hombres libres hallaran calor y abrigo en la comunidad que habían formado y hubiera bastado cier- tamente para que se realizaran los fines morales que más tarde se propuso y con los que hubiera estado más en armonía que lo está la esplendorosa, pero vana, que hoy tiene. CAPÍTULO VI. PrimitÍTa organización de las corporaciones.—Admisión de los extraños al arte y carácter de que disfrutaban. —Deberes de los individuos.—Asambleas de las logias.—Equivalencia de las antiguas prácticas con lo establecido en nuestro tiempo.—Requisitos exigidos á los individuos para su ingreso en la asociación.— Importancia dada á la condición de las personas.—Razones que obligaron á ello.—Signos y marcas admitidos en la masonería.—Simbolismo antiguo.—Su razón de ser y sus justificativos.—Impropiedad de ciertas frases y preguntas introducidas en la instrucción de los grados simbólicos.-Razones que han llevado á ello.—Influencias de la càbala.—Números sagrados.—Relación que existe entre el espíritu de la masonería y las obras que á ella se deben. — Carácter que adquiere la institución, gracias al progreso que se inicia en el siglo xv.—Primeros anatemas.—Concilios de Rúan y de Aviflon.—Disidencia y disolución de las corporaciones en Alemania. ONTiNUANDo Ducstra investigación histórica, y fijas nuestras miradas en la primera manifestación que tuviera la masonería en aquellos nebulo- sos siglos que componen la Edad Media, urge determinar la constitu- clon primera de la corporación á que debe su nacimiento. Nada tan sencillo como esto, y nada tan elemental: donde quiera que un maestro del arte de construir em- prendía una obra, tenían que aglomerarse gran número de compañeros y aprendices, con los que formaba asociación, siendo recibidos también los que lo desearan, áun no perteneciendo al oficio, pero siempre que tuvieran las condiciones exigidas y se some- tieran á las leyes ó estatutos que tenían reconocidos. Es lo más probable y en este pun- to se bailan acordes el mayor número de los que ban tratado esta cuestión , que en aquella época estuvieran divididas las atribuciones y que en tanto que los que cono- clan el arte se dedicaban á su ejercicio, los que no pertenecían á él se ocuparon de la parte económica, de la administración de justicia y de cuantos asuntos pudieran ocur- rir que no fueran referentes á la edificación; detalle, es, éste, que conviene tenerlo ñiuy presente, por cuanto nos revela que casi en la formación de la sociedad tenían 82 HISTORIA. GENERAL parte en ella, no sólo los que en realidad debían tenerla atendiendo á la calificación, sino que también aquellos que pertenecían á otras profesiones y que no por pertene- cer á la comunidad las abandonaban, seguro indicio como venimos repitiendo de que sus fines no eran sólo cuidar de que los principios en que por entóneos reposaba el arte de construir permanecieran secretos entre los individuos afiliados. Al frente de cada una de aquellas asociaciones ó logias se hallaba, según lo deter- minado por los más antiguos reglamentos, un jefe que era de libre elección entre los individuos que mayores méritos reunieran , y que era el encargado de dirimir todas las diferencias que ocurrieran y los demás asociados gozaban sin distinción alguna de los privilegios comunes siendo sólo distintas las obligaciones, en atención á los gra- dos; los compañeros tenían obligación de enseñará sus hermanos aprendices todo lo que con respecto al arte hubieran aprendido. Cada mes tenía lugar una reunion en la se discutían los asuntos propios de la comunidad y en la que se juzgaba á todos que aquellos cualquier causa hubieran delinquido y que siempre terminaba con que por un banquete. Terminado el tiempo del aprendizaje y habiendo hecho sus viajes^ po- dian pedir los aprendices el ingreso en la logia y lo conseguían siempre que su con- ducta hubiera sido irreprochable y previo el pago de cierta entrada que seguia al ju- ramento solemne de obediencia y secreto. Estas asambleas generales se componían de los individuos de todas las logias y concurrían de todos los puntos para acordar la marcha que la comunidad en masa debía seguir. De intento hemos subrayado la frase habiendo hecho sus viajes, pues necesita una aclaración para que responda al sentido que en la masonería moderna tiene, dado que aún se conserva en ella. Cuando en la órden se ingresaba por el grado de aprendiz y éstos debian hacer lo mismo que hacen hoy los de cualquier profesión ú oficio , eran los buenos maestros en el arte de construir, razón porque se veían solicitados de pocos unos puntos y otros; en estos viajes eran acompañados por muchos que ambicionaban justamente un ascenso y tales excursiones eran tomadas en cuenta como méritos para pasar del grado inferior al inmediato superior, pues á más de los mayores conocí- mientos que revelaba haber adquirido con ellos y la afición que hacia el arte profesa- ha, eran señal de la mayor cultura que da el trato con personas de distintas costum- todo á la bres, idiomas y condiciones. La masonería moderna que lo ha concretado esfera moral, la masonería moderna que más que á otra cosa atiende al desarrollo de las facultades intelectuales y que más que hombres fuertes quiere hombres pensado- ha hecho preceder la iniciación de tres viajes simbólicos, cada uno de los res que , tiene su significación por el lugar en que se colocan los obstáculos y por las conside- raciones que pueden despertar en el ánimo de los neófitos. Hay punto esencial en el que difiere el carácter de la masonería tal como en sus un primeros tiempos se concebia y como se concibe hoy; en el referente á la condición ser ménos el la de las personas para el acceso á ella, y es que como no podia tiempo, época, determinó influencias que poco á poco fueron desvaneciéndose hasta desapare- se cer por completo. El mayor número de los estatutos por que reglan las logias en- tónces, prescribían que cualquiera que quisiera ingresar en la órden tuviera que dar DE LA MASONERÍA 83 pruebas de su buena conducta como ya hemos manifestado, pero ademas tenia que como es sa- probar la legitimidad de su nacimiento y su honrada ascendencia, pues, bido, existian entonces muchas profesiones que incapacitaban para el ejercicio de buen número de derechos; la masonería que desde su aparecimiento consideró como hermanos á todos los que pertenecían á ella, no pudo eximirse de tales preocupado- sólo al desempeñaba una de estas profesiones, pero ni áun á sus hijos, les nes y no que abría las puertas de las logias. A los ojos de muchos, este detalle bastarla para que la hicieran blanco de amargas censuras, mas una sola consideración bastará sin duda para deshacer cuantas se le hayan dirigido y pudieran dirigírsele por la referida cau- sa. La Iglesia cristiana, fundada por Aquél que á todos abriera los brazos, que á todos los llamaba asi y que jamas estableció entre los hombres más diferencias que las que obras podían establecer ha impedido el ejercicio de los distintos ministerios sus que , dentro de ella pueden desempeñarse, precisamente á los mismos que rechazaba la masonería. Volvemos á repetirlo, no depende esto de los principios consignados ni de los fines que se propusieran conseguir, depende de las instituciones generales que do- minan en el tiempo en que otras particulares se comienzan á determinar. Otros estatutos prescribían como condición expresa para la admisión la de haber nacido libre, pues ni podia tener en su seno hombres reducidos á la esclavitud ni ha- los siervos pertenecer á una sociedad cuyos individuos ignoraban el tiempo que bian de tan triste estado permanecer en un punto y no es que á los séres reducidos á los mirara con el desden profundo que los señores acostumbraban, sino que precisa- mente la defensa de aquellos, hacían falta los que no se encontraran en su triste para situación. Otra de las más notables particularidades que hallamos y que sirven de prueba fehaciente á la idea emitida del gran desarrollo que iba adquiriendo la masonería, áun entre aquellos que no pertenecían al arte de construir; así como también del carácter público que la institución tenia por entónces, es el uso de los signos y atributos que cada cual podia ostentar. Como todo el mundo sabe, los de laórden en general fueron siempre y aún se conservan, la escuadra, el compás y el nivel; signos que indican ó representan los atributos del trabajo á que muchos primeros hermanos se dedicaron, nada, absolutamente, tienen que ver con lo referente á la construcción del tem- y que pío de Salomon, que es de donde se han tomado las principales fábulas, que sirven para historia de los grados simbólicos en la masonería actual. Pero además de estos y como representación de que pertenecían á las corporaciones, cada uno de aquellos masones libres se destinaba un signo especial, que es á lo que se debe el tan conocido en la órden muchas y acerca del que se han aventurado suposiciones todas desprovistas de sentido, por cuanto este signo no es más que la marca que ponia en sus libros el editor de Estrasburgo, Juan Grieninge, que floreció por los años de 1525, cuando aún la corporación se hallaba en su mayor auge, requisito que se le imponía á todo el que solicitaba la admisión. 84 HISTORIA GENERAL La simbólica de aquellos tiempos era mucho más sencilla, más racional y á la vez más práctica que la que hoy se emplea: el hermano que hahia propuesto al candidato lo tomaba bajo su dirección inmediata, y el dia designado de antemano para ello, lo conducía al lugar que los masones tenían escogido para reunirse; preparado pre- ventivamente, según las órdenes del venerable, que entónces se designaba sólo con el califlcativo de maestro, allí sin espadas ni arma alguna (por cuanto lugar semejan- te debióse tener siempre como de paz y concordia), una vez sentados los hermanos, el venerable abría la sesión dando conocimiento de que se habían reunido para la admisión de un hermano é inmediatamente enviaba á uno de los miembros para que lo fuera á preparar. Este, siguiendo una tradición conservada de los misterios de la antigüedad más remota, le encarecía la necesidad de que se presentara como quien suplica y en esta forma era conducido ante la puerta del templo, que se abría ante él después de tres vigorosos golpes. El venerable le ordenaba que se arrodillara, en tanto que él recitaba una oración: daba después el candidato tres vueltas alrededor de la sala; llevábanlo de nuevo junto á la puerta, en la que formaba con los piés una escuadra y avanzaba de esta manera, hasta hallarse cerca del venerable: entre éste y el neófito se encontraba una mesa en la que estaban colocados, el libro de los Evan- gelios abierto, la escuadra y el compás, sobre los que extendía la mano para prestar el juramento de fidelidad y sumisión á las leyes de la corporación. La manera partí- cular de estrecharse la mano para darse á conocer entre ellos, era la misma que se acostumbra hoy, según nos manifiestan Fallou y Winzer. En presencia de tan autorizadas declaraciones, que por la verdad histórica no han podido ser impugnadas, caen por su base todas las hechas al mismo fin y no se com- prende qué móviles son los que han impulsado á los redactores de los ritos francés y escocés para consignar en el catecismo de los grados, frases y preguntas con las que á toda costa parecen empeñados en afirmarles un origen hebráico. Cada uno de los atributos que en la logia se han descrito tienen perfecta explicación, sin remontarnos á más allá del origen de las corporaciones; todos los símbolos que la masonería em- plea, se comprenden en presencia de los usos y costumbres de aquellos constructores que le han dado origen y así pues no hay para qué recurrir, por ejemplo, á preguntas como las siguientes,' que tiene hoy la órden en la instrucción del grado de maestro: P. ¿En qué descansa vuestra Logia ? R. En tres grandes columnas, cuyos nombres son: Sabiduría, Fuerza y Belleza. P. ¿Que representan esas tres columnas? R. Tres grandes maestros, á saber: Salomon, rey de Israel, H., rey de Tiro y A., hijo de la viuda de Dam. P. ¿Estaban esos tres grandes maestros interesados en la construcción del Templo? R. Si, lo estaban, venerable maestro. P. ¿A qué se habían obligado ? R. S., á dar las provisiones y dinero que fuera necesario para el pago de losope- rarios; H., rey de Tiro, á proporcionar los materiales; é H., á dirigir los trabajos de aquel magnífico edificio. DE LA MASONERÍA 85 O estas otras que se hallan en el catecismo del grado quinto, que recibe en la ac- tualidad el enunciado de Maestro perfecto: P. ¿Cuál fué la mira de Salomon al crear este grado? R. Excitar á los hermanos á una pesquisa activa, con objeto de descubrir á los asesinos del Respetable Hiram Abi. Sus nombres eran ignorados, pero se sospechaba que estaban entre los obreros. Salomon hizo un exámen escrupuloso entre éstos y no encontró más que tres, no siendo este el número exacto de los que se suponian culpables. O las no ménos notables que se hallan en la iniciación del grado décimo cuyo titu- lo es Ilustre elegido de los quince: P. ¿Por quién y en dónde habéis sido recibido? R. Por Salomon en persona y en su sala de audiencia. P. ¿Cuándo y en qué ocasión os recibió ? R. Cuando me envió con mis compañeros en busca de los otros dos asesinos del venerable Hiram. P. ¿Os guiaba sólo vuestro celo? R. Si, ilustrisimo maestro; y si Salomon no me hubiera elegido hubiera ido del mismo modo, para mostrar mi empeño en vengar la muerte de nuestro muy respeta- ble maestro. P. Luégo, ¿sentisteis gran regocijo cuando visteis la ejecución de los malvados? R. Las tres cabezas que veis en mi banda lo atestiguan. P. ¿Qué significan esas tres cabezas ? R. Las cabezas de los tres asesinos de Hiram. De esta manera podríamos multiplicar las citas de cuanto se ha hecho por asignar á la masonería un origen que no puede ser cierto por dos razones capitales: la prime- ra, porque no conocemos la institución á que debe su origen; la segunda porque aun- que no fuera asi, cuanto se dice acerca de las antigüedades judáicas como precedente carece de fundamento y es una pura fábula. No puede negarse que en el trascurso del tiempo, las influencias de la càbala y de la cultura judáica, que tan gran desenvolvimiento alcanzara en la Edad Media, tuvie- ron que dejarse sentir en la órden introduciéndose en ella, gracias á esto, muchas frases y términos que sólo se explican por esta razón, mas cuanto se asegure para la explicación de los símbolos que no tenga su fundamento en la organización de las corporaciones de constructores, tiene que ser desechado en absoluto. Ademas de las formalidades que hemos señalado para la admisión de un neófito, luégo que ésta tenia lugar, recibía dentro de la logia la enseñanza de la arquitectura, asi como también la de la ciencia mistica de los números; aquellas sistemáticas com- binaciones basadas únicamente en el empirismo, pero de las que á fuerza de práctica habían logrado algunos resultados. Los números emblemáticos sagrados para ellos eran el 3, 5, 7 y 9 que aún tienen valor en la órden, asi como también los colores oro, azul y blanco que formaban el emblema de la sociedad secreta. La distribución que actualmente se observa en los individuos de una logia, data también de entónces, y se explica perfectamente, pues era la misma que observaban dentro de la iglesia; como 86 HISTORIA GENERAL los sacerdotes, los maestros en la logia se colocaban á la izquierda; el presidente ocu- paba la derecha mirando hacia la izquierda y estas autoridades representaban los pi- lares de la logia, la sabiduría, la fuerza y la belleza, siendo á la vez representación de la corporación y de su actividad, y como si aún fueran pocas las equivalencias halladas, como si faltaran pruebas para acreditar cuanto venimos diciendo, pasando de lo material á lo moral, encontramos justificado también todo aquello en que la ma- sonería puede fundar sus honrados títulos y sus elevados propósitos. Los constructores no fueron los primeros que simbolizaron sus útiles de trabajo, si bien puede asegurarse que ántes de ellos ninguna corporación les habla atribuido una importancia real, estableciendo entre ellos y la obra espiritual relaciones directas, y es que en ninguna de aquellas comunidades que se organizaron precedia como en la que nos ocupa una vocación santa; la elevación de un templo á Dios no sólo perpetuaba el nombre del arquitecto que lo había dirigido, sino que contribuía á glorificar la prác- tica de la virtud y de los ejercicios piadosos, condiciones todas latentes aún en el credo de la masonería moderna, pero que quieren referirse, por los partidarios de la vana ostentación, á templos más antiguos en los que si por su forma son lugares de recogimiento para el espíritu, no lo son por las ideas que implican. La comunidad de miras que existía entre todos los reunidos en corporación, los lazos fraternales que los unían, sus fines morales y el espirita religioso que envolvía, digámoslo asi, á las sociedades, resalta en todas sus obras y phede apreciarse en to- dos los detalles; muchas de las figuras y representaciones de la ornamentación que á primera vista parecen significar nada, son alegorías de cuanto dejamos indicado, las cuales hay que ver desde el elevado punto de vista que necesitan ciertas cosas para ser bien juzgadas, pues razones hay en presencia de las que pudieran ser causa de acerbas censuras. No son pocos los que, dominados por un espíritu timorato, miran con prevención inusitada á las corporaciones por los anatemas y censarás con que la Iglesia católica las persiguió desde muy poco después de su aparecimiento. Es de todo punto nece- sario tener presente que las corporaciones florecen en un periodo en el que en todo y sobre todo domina la voz de la Iglesia, imponiendo sus doctrinas y consignando sus dogmas, hasta el punto de que tal período puede ser señalado como el más floreciente de la ortodoxia; el papado disfrutaba entónces de una fuerza incontrarestable y era dueño y árbitro de pueblos y reyes, pero también en aquella época tenía que luchar con- tra un gran número de sectas heréticas cuyos individuos, resueltos y activos, recorrían sin descanso la Europa entera buscando prosélitos y hallándolos no sólo entre los nobles, los ciudadanos, los comerciantes y entre los demás estados de la vida civil, sino que también entre los monjes y los obispos; fué aquel el tiempo en que la razón oprimida por las coacciones de que era objeto, comenzaba á removerse para sacudir el yugo, pues áun en medio de la espantosa lobreguez en que vivia comenzaban á vis- lumbrarse ya las luces refulgentes que aumentando de intensidad cada dia, habían de conducirnos al punto en que hoy nos hallamos, que no es ciertamente punto de des- tino, sino estación de tránsito. DE LA MASONERÍA 87 Aquel progreso iniciado en medio de fuerza tan considerable que lo pudiera cohi- bir, no retrocedió ni ante los entredichos, ni ante las excomunicaciones, ni lograron cortar su vuelo las llamas de las hogueras encendidas por el brazo eclesiástico para calcinar á los que osaban levantar la voz predicando reformas. Está probado que nin- guna doctrina se arraiga tanto ni tan pronto, como aquella que ha sido consagrada con la sangre de mártires, y esto tiene una confirmación más en el movimiento progresivo que se inicia en el siglo xv; las persecuciones no pudieron contrarrestarlo en modo alguno, ántes al contrario lo fomentaron, y naturalmente los constructores alemanes de aquel tiempo, los masones primitivos que uno de los objetos que se propusieran al constituirse en corporación fué la defensa contraías vejaciones que estaban expuestos á sufrir los que no hablan nacido señores, no podían quedarse atrás, no podian per- manecer extraños al movimiento innovador, tomaron parte en él y esto nos explica suficientemente varias de las representaciones que se hallan en monumentos erigidos por ellos, como son el cortejo formado en la galería superior de la catedral de Stras- burgo por un cerdo y un cordero llevando como reliquia una zorra dormida, delante de los que caminaban un oso y un lobo, llevando el uno una cruz y el otro un cirio encendido, asi como también la pintura del altar mayor de la misma catedral que re- presentaba un asno diciendo misa, y otras muchas que podrían enumerarse de las iglesias de San Sebaldo, en Nuremberg, de la de Würzburgo, de la de Deberán, en Maklemburgo, en la catedral de Berna y varias otras en que tomaron parte las corpo- raciones masónicas desde los años 1256 á 1350, según la cronologia de Rebold. Las mismas profesiones que ejercían, los ponían en contacto con toda clase de per- senas, les daba á conocer el estado de la Iglesia y les hacía comprender la desmora- lizacion del clero, que ya se hacia notable, al propio tiempo que gracias á las corre- rías que tenían que hacer por toda Europa, podian establecer comparaciones y acre- cer su cultura y su ilustración. Motivos más que sobrados eran éstos para que sin temor alguno se lanzaran en la senda del progreso, y sobraba con esto para que atrageran sobre si las iras de cuantos no podian vivir más que á la sombra de la ig- norancia de las masas populares, de aquellos que en todo tiempo han procurado cohi- birla difusión de los conocimientos, pues el dia que éstos se vulgarizaran su poder caería irremisiblemente por tierra. De aquí que ya en el periodo que historiamos las corporaciones sufrieran anatema del concilio que bajo la presidencia de Gauthier de Constanza se celebrara en Rúan en 1189 y del que tuviera lugar en Aviñon en 1326 y del que el cánon XXXVII declara que los individuos de la corporación se reúnen una vez al año, que se comprometen por juramento solemne á practicar la caridad y á socorrerse mutuamente, que emplean signos para reconocerse y que eligen un presi- dente al que juran obediencia. Por más que pueda parecer extraño, una de las causas que más contribuyeron á quebrantar el antiguo espíritu de las corporaciones en Alemania, fué la Reforma que predicara Martin Rutero, y esta causa puede ser considerada lo mismo desde el punto de vista moral que desde el material, dado que en un sentido y en otro habían traba- jado aquellos hombres que buscaran el apoyo de la comunidad, para poder hacer 88 HISTORIA GENERAL frente á las violentas coacciones que impedían el libre vuelo de su razón. La reforma abrió anchas vias para la predicación de los principios masónicos, y gracias á ella las trabas fueron menores y en más corto número, por lo que las corporaciones no tuvie- ron necesidad de velarsè como hasta entóneos lo hablan hecho, por cuanto el movi- miento iniciado hacia tanto tiempo, se comenzaba á generalizar. Por otra parte, lo que mayores lazos había tendido entre todos los hombres aquellos que componían las corporaciones, era el trabajo común á que estaban dedicados; este trabajo comen- zaba á faltar para los que hasta qntónces hablan sido los únicos en desempeñarlos, y es que ya por aquella época, cuando todos los conocimientos se comenzaban á gene- ralizar, no podían permanecer en secreto los que se referían al arte de construir, asi como también comenzaba á decaer la considerable afición que hasta entónces se ha- bia venido observando por los suntuosos monumentos consagrados al culto. Gonside- rando á la Reforma con la imparcialidad debida, no hay más remedio que conceder que atacó más á la forma que al fondo, más á lo puramente externo que á las muchas cuestiones que subsistían entónces y aún subsisten hoy, fundadas en aseveraciones que debieron llamar más la atención. Fijos en esto y atentos á lo mal parado que por entónces quedara el culto católico, que tanto con las obras que por él se realizaran había contribuido al esplendor de las corporaciones, fácil es comprender que la base principal sobre que se habían apoyado hasta entónces faltó y que naturalmente co- menzaron á relajarse. Mas no fué ésta la única causa que contribuyó á ello, y necesario es confesarlo aunque sea con grandísimo sentimiento: la naturaleza humana con todo lo que tiene contrario á la union de todos los séres; la naturaleza humana con todas sus tenden- cías al individualismo egoísta, que se revela y manifiesta en cualquier hecho histórico de los que pueden estudiarse, ha resaltado siempre constituyendo una valla gigan- tesca á la masonería, que nunca ha podido ser revasada; aunque la idea pueda sea más parecer anticipada, justo es que la aventuremos, siquiera no que para que se vayan acostumbrando á ella los que infundadamente opinan lo contrario. El santo recto fin que la masonería ha preconizado siempre, no lo ha podido ver realizado y jamas; á su cumplimiento se han opuesto éstas ó las otras pasiones excitadas por las tendencias de causas á primera vista pueden parecer naturales, cuales son que raza, de amor patrio, las disensiones internacionales y otras muchas; pero es lo peor que no han sido sólo éstas las que han dado lugar á que el credo masónico deje de ser verdad en la práctica, sino que con harta y dolorosa frecuencia se han opuesto á ello las ambiciosas miras de aquellos que sólo atienden á su bien, intereses mezqui- nos y diferencias personales, que nunca debieran asomar siquiera cuando los infere- ses generales y el bien común estaban por medio. Si el espíritu masónico hubiera sido fuerte y vigoroso en todos los individuos com- ponentes de la asociación, con seguridad que, si no en todo, al ménos en una parte muy considerable, se hubiera podido realizar el fin propuesto; mas no ha sido asi, como decimos, y comienzan á presentarse buenas pruebas de ello áun en el momento en que la órden no ha llegado á tener el carácter esencialmente moral que tuvo más DE LA MASONERÍA 89 tarde y que en nuestros tiempos tiene. Hemos visto cómo por la mayor consideración é importancia que adquiriera gracias á sus trabajos, la de Estrasburgo llegó á ser considerada como gran logia, á tener supremacia sobre todas las demás de Alemania y considerarse á su presidente como juez árbitro de todas las diferencias que pudie- ran ocurrir, ya ejitre individuos, ya entre las demás logias formalmente constituidas; pero esto siguió siendo asi en tanto que una cuestión política, que una cuestión pura- mente territorial no vino á oponerse á ello. Población que en la historia registra gran- des acontecimientos, Estrasburgo ha pasado sucesivamente por distintas dominacio- nes, mas considerándola sólo desde la época en que se determina como sede masó- nica, la vemos en el siglo xv sostener empeñada lucha contra Cárlos el Temerario. En el siglo xvi esta poldacion en la que la masonería había trabajado tanto en favor de todo lo que fuera libertad y progreso, acogió con verdadero júbilo todo lo referente á la Reforma iniciada por Lutero, formando parte de la liga de Smalkalda y enviando poderosos auxilios á Mauricio de Sajonia contra las fuerzas de Cárlos V que lo com- batían. Divididas sus autoridades entre católicos y luteranos, tuvieron sin embargo el buen acuerdo de marchar aunados en todo aquello que pudiera ser de interés general para la ciudad, hasta que separados en 1592, cada uno de les partidos eligió un mar- grave, dándose ocasión con esto á una lucha interna que ofrecía serios peligros y que indudablemente los hubiera traído si el soberano de Alemania no les ordenara depo- ner las armas y someter sus cuestiones al arbitraje de seis principes elegidos por mitades entre los individuos de aquella jerarquía que pertenecían á una y otra reli- gion. Durante el siglo xvii Estrasburgo sirvió muchas veces de paso al ejército im- perial y no pocas su territorio se vió amenazado por los reyes de Francia en las diversas guerras que sostuvieron éstos contra los emperadores de Alemania; pero nunca habla dejado de pertenecer á la corona de ésta, hasta que en 1681 y en plena paz, Luis XIV, fundándose en una decision del consejo de Metz que declaraba anexionados á la corona de Francia todos los feudos que se habian separado de los tres obispados, consiguió hacerse con inteligencias secretas en la plaza y envió al ge- neral Montelar con 30,000 hombres para que se apoderara de ella. Este sorprendió á la ciudad sin defensa alguna en la noche del 27 al 28 de Setiembre, atacó el reducto que se encontraba más próximo al Rhin, se apoderó del puente y entró sin derrama- miento de sangre en la población, cuyas autoridades tuvieron buen cuidado de dejar sin pólvora los cañones de las baterías; Luis XIV entró en Estrasburgo el 23 de Octu- bre siguiente, y acto continuo se dirigió á la catedral, donde de nuevo dió posesión al obispo, que á causa de los trastornos anteriores tenia su residencia en Molsheim desde hacia ciento cincuenta años. Los principes que estaban interesados en evitar aquellas desmembraciones protestaron en vano contra la ocupación, alegando que se había violado la capitulación firmada en Nimegue en 5 de Febrero de 1675; mas la Francia no hizo caso alguno y siguió poseyéndola de hecho hasta que el acto come- tido se reconoció por el tratado de Ryswick. El cambio de soberanía que se operara en la población que hasta entónces había venido siendo el centro oficial de la masonería alemana; la nota de traidores con que 12 90 HISTORIA GENERAL fueron señalados la mayoría de sus habitantes, por la escasa resistencia hecha á la ocupación francesa y el agrado con que la sufrían, y más que nada el natural despe- cho de los principes alemanes, interesados en conservar tan importante población y en que no se acreciera la soberbia arrogancia del monarca francés, fué causa de que de la misma manera que se habían dividido los ánimos en todas las cuestiones gene- rales de la vida, se dividiera también la masonería. No existe detalle ni documento alguno merced al cual pueda probarse que las causas de esta primera division fue- ran masónicas, y mal lo podían ser dada la supremacía de que venía disfrutando la gran logia de Estrasburgo. Si como algunos han llegado á pensar la escisión hubiera surgido á causa de nuevas inteligencias en los principios ó de reformas inicia- das en las constituciones ó en los reglamentos, es casi seguro que de ella hubiera partido la declaración de irregularidad contra los que las hubieran iniciado ó contra los que manifestaran deseos de separarse de la linea de conducta que indicara ella. Pero nada de esto sucedió; los principios masónicos seguían desenvolviéndose paula- tinamente; las constituciones seguían disfrutando del prestigio á que su sanción les hacía acreedoras y ningún individuo alzó la voz en son de protesta contra lo que universalmente estaba reconocido por todos. No pueden señalarse, pues, más causas que las que acabamos de indicar; la idea de patria se antepuso á todas y los masones alemanes, esparcidos por todo el territorio dependiente del emperador, no pudieron ver con buenos ojos que la única autoridad que como tal tenían era dependiente del rey de Francia. En realidad no puede causar extrañeza esta manera de pensar: el principio masó- nico por el que en cualquier parte donde el sol luzca, el hombre ha de ver su patria y considerar en los demás séres á sus hermanos, no puede llegar á su perfecto y abso- luto desarrollo en tanto que ciertas ramas del saber humano permanezcan tan atrasa- das y subsistan ciertas preocupaciones sociales, nefanda herencia que nos han legado las generaciones anteriores, y si esta consideración tiene hoy mismo fuerza conside- rabie y su verdad puede comprobarse con cien y cien hechos , mayor aún había de ser la que entónces tuviera y ella sola fué la que dió motivo al acuerdo firmado en 16 de Marzo de 1707 por el que las logias alemanas quedaban exentas de la sumisión que hasta entónces habían tenido á la gran logia de Estrasburgo. Esta determinación fué de fatales resultados para la masonería: hasta entónces ha- bía existido un poder regulador caracterizando el principio de autoridad que desde luégo quedaba destruido y este mismo principio de autoridad quedaba sin prestigio alguno. Por si sola la gran logia de Estrasburgo no podía crear masonería y las cor- poraciones en Francia no se habían inspirado nunca de los principios dominantes en las alemanas para que de ellas pudiera surgir una asociación como la que historiamos por lo cual quedó aislada durante un buen número de años. La independencia en que habían quedado las logias alemanas no era favorable tampoco al acrecimiento nece- sario sino que por el contrario había de producir rivalidades sin cuento y excisiones por todos los asuntos; convencidos de ésto los muchos hombres de buena fe que en ellas abundaban acordaron la creación de una gran logia , pero este pensamiento no DE LA MASONERÍA 91 llegó á realizarse á pesar de los esfuerzos que se hicieron por lo que continuaron los abusos cada vez en maj^or escala, y amenazando llegar á una total disolución, que al fin pudo evitarse abandonando el pensamiento de unificar los elementos masónicos y dejando á cada logia el órden y dirección de sus asuntos, como lo hicieron en adelan- te todas aquellas que no convencidas de los males que el cisma habia de producir, dejaron de volver á la obediencia de la gran logia de Estrasburgo. CAPÍTULO VIL Marcha anormal del desarrollo masónico en Europa.—Escaso desenTolvimiento que alcanza en esta época la órden en Italia, Francia y España.—La masonería en Inglaterra.—La civilización romana en las islas Británicas.—Decadencia á causa de las irrupciones de los bárbaros.—Renacimiento.—Alfredo el Grande.— Sus empresas guerreras y civiles.—Opinion errada de los que suponen la introducción de la masonería en Inglaterra durante este reinado.—Las primeras construcciones.—Inlluencia del clero.—Elementos masó- nicos.—Opinion de Hebert.—Primeras corporaciones.—Formalidades externas de aquellas logias primi- tivas.—Perfecta correspondencia con las observadas hoy.—Razón de su subsistencia.—Época en que por primera vez aparece en los documentos el titulo de Freemason. —Situación de la masonería durante el reinado de Eduardo I.—Persecuciones.—El cardenal de Beaufort, obispo de Winchester. —Suinfluencia en contra de los masones.—Bill de 1425.—Ideas que acerca de esta disposición se han emitido en prtí y en contra.—Perfecta equivalencia entre las disposiciones inglesas y alemanas.—Causas de esto.—Cuestiones á que han dado lugar. —El más antiguo reglamento masónico de Inglaterra.—Opiniones de Ibalswell y de Kloss.—Juicio acerca de este reglamento. o cabe dudar en modo alguno que los orígenes de la asociación ma- sónica se deben á la Alemania y con efecto, acabamos de ver en los precedentes capítulos, cómo en esta nacionalidad surgen los prime- ros elementos que la constituyen en un principio con carácter material, como dedicada puramente al arte de construir para que más tarde adquiera el que en la ac- tualidad tiene. Se halla tan fuera de duda esta cuestión y están todos los autores tan conformes en el origen asignado que no nos detendremos nosotros en ella, pero hay un fenómeno que llama la atención desde luégo y en el que conviene fijarse á fin de hallar explicación á no pocos hechos que se registran en la Historia General de la Masonería. Este fenómeno , que más adquiere el carácter de tal, en presencia de lo que mu- chos afirman, consiste únicamente en lo poco normal de la marcha que la asociación ha llevado y en lo que pudiéramos llamar elección de terreno á propósito para el des- HISTORIA GENERAL DE LA MASONERÍA 93 arrollo de sus principios. Hemos visto como se determinan las primeras logias en Alemania, como poco á poco, derivándose de una principal se van organizando otras, como los individuos que las componen dominados de los mismos sentimientos se pro- ponen el bien, el mutuo auxilio y el trabajo; después hemos hecho observar como constituyéndose la masonería en paralela del progreso avanza siempre y toma parte en todo movimiento que tienda á conseguir la emancipación del pensamiento y cómo en fin, generalizando su carácter, adquiere cartas de privilegios y "patentes de establecimiento de principes y soberanos. Enclavada Alemania en el centro del con- tinenteeuropeo, parecía lo natural que su influencia se dejara sentir inmediatamente en las naciones circunvecinas y que en ellas se advirtieran ántes que en otras más distantes los trabajos de las logias y los beneficios de los principios elevados por que se regían. No fué asi; por más que en Italia se advierta gran gusto por las construe- clones, gran amor á los suntuosos monumentos en que papas y principes quieren ha- cer persistir su memoria, es lo cierto que éstos se alzan pero sin que tras ellos quede el recuerdo de los hombres que se reunieron para levantarlos, sin que pueda atestiguar- se que permanecieron reunidos para después cumplir otros fines. Cuando en Italia aparece la masonería tiene ya un carácter perfectamente claro y definido; no ha na- cido allí debida á sus propias fuerzas sino que está formada por elementos ajenos que ha ido á recoger en las demás naciones. No puede objetarse á la afirmación hecha, que la Italia ha permanecido siempre bajo la férula pontificia y que sólo muy tarde han podido asomar la cabeza allí las instituciones liberales, pues en la fe- cha de su aparecimiento ningún obstáculo pudo encontrar para desarrollarse libre- mente dado el carácter que tenía y más tarde hubiera podido subsistir siguiendo la marcha que en otros países ha llevado. En Francia sucede próximamente lo mismo; las agrupaciones de constructores y los cuerpos de oficio, se atienen casi exclusivamente al fin primero que las hiciera na- cer, y si alguna vez se las ve tomando parte en las asonadas y motines populares, no es como algunos creen que fueran á ellos llevados del amor al progreso y del afan por la libertad; es que perteneciendo casi todos sus individuos al pueblo nada más na- tural que en las agitaciones políticas cada cual procurara estar al lado del que tenia el mismo oficio ó profesión. Más estériles serian aún los esfuerzos que se realizaran para hallar en España gér- menes de la masonería: en nuestro pais durante aquel tiempo y aun muchos siglos después todo se encuentra absorvido por el clero; éste constituye la asociación más potente, más poderosa, lo domina todo y todo lo gobierna sin que pueda presentarse por ejemplo cosa alguna en que no haya ejercido influencia directa y tenga el sello característico que lo acredite así. De lo dicho puede deducirse únicamente una con- elusion y es la de que la raza latina mostraba ser poco á propósito para constituir desde principios la asociación que historiamos y más hay que afirmarse en tal idea cuando se observa que nacida la institución en Alemania donde inmediatamente ad- quiere desarrollo, es en un pais del que sus habitantes no pertenecen á la misma raza y donde por tanto las implantaciones tienen que arraigar con suma facilidad. Después 94 HISTORIA GENERAL de la antigua Germania la sociedad masónica donde más pronto aparece y donde más pronto se fomenta obedeciendo á los mismos principios, siguiendo las mismas reglas y proponiéndose los mismos fines, es en Inglaterra, como pasamos á ver. La civilización romana dejó grandes y profundas huellas en todo el territorio de las islas Británicas, mas alli lo mismo que en el resto del continente desaparecieron casi por completo, borradas por las constantes correrlas de los bárbaros del norte. Cierto que lo que pudo conservarse á pesar de los instintos destructores unidos á los elementos que ellos aportaban fué causa de un período de cultura más fio- reciente si se quiere que el anterior, pero hay que conceder que tal cosa no sobreviene sino cuando el cristianismo generalizado ya consigue dominar con sus caritativos prin- cipios á las feroces tribus invasoras, y cuando á fuerza de predicaciones, logra dulcifi- car aquellas costumbres que no podían ser comparadas con las de ningún pueblo de los que entónces tenían ya historia propia. A partir de la fecha en que esto sucede es cuando en Inglaterra comienza á descollar la nueva civilización, y cuando por decirlo así se comienza á levantar todo lo que las guerras anteriores habían derribado. Muy principalmente el movimiento iniciado en favor de la general cultura, se debe á Alfredo el Grande, monarca anglo-sajon nacido en 849 y coronado en 871. Por esta fecha áun ocupan los jefes daneses la mayor parte de la Inglaterra, los cuales vencie- ron á Alfredo en las primeras batallas por lo que se vió obligado á andar errante y á refugiarse entre unos pastores; á pesar del poco éxito de sus primeras campañas y de la desanimación que se habla apoderado de los sajones, logró reunir un nuevo ejér- cito y disfrazado de artesano consiguió introducirse en un campamento de daneses, sorprendiendo asi sus planes y propósitos que le sirvieron grandemente después para destrozarles en una batalla decisiva: se apoderó inmediatamente de Lóndres, recon- quistó sus estados y aunque durante un período de más de diez años, tuvo que luchar constantemente contra las invasiones danesas y combatir al famoso Hasting, logró dejar libre á su país en 901, fecha de su muerte. Monarca que en no poco se anticipó á su tiempo supo llevar á cabo grandes reformas, siendo á un tiempo guerrero y legislador: separó el poder judicial de los mandos militares que ántes lo tenían absor- vido, reformó la organización bárbara de justicia, dió leyes civiles y criminales y siendo al propio tiempo admirador de las letras y de las artes, procuró que ambas se fomentaran, contribuyendo no poco á ello con la creación de la célebre universidad de Oxford. Fácil es comprender, dado lo que dejamos dicho que también el arte de construir tenia que entrar en un periodo de considerable desarrollo, y asi fué en efecto, mas como no existían en el pais elementos propios para que las formas se armonizaran dando por resultado el aparecimiento de géneros definidos, como los que se ostentaban en el continente, tuvo que recurrir á él pidiendo fueran á su nación algunos de aquellos hábiles maestros que tanto tiempo hacia llamaban ya la atención. Esta razón, es la única que en su apoyo tienen los autores que sostienen que la época del reinado de Alfredo el Grande, debe ser determinada como la de la intro- duccion de la masonería en Inglaterra, pero para que tal idea deje de subsistir basta DE LA MASONERÍA 95 una sencillísima objeción; no es lo mismo, ciertamente, afirmar que en un pais hay masones que sostener que hay masonería, y si bien con lo primero nos hallamos con- forme por lo que á Inglaterra toca en el periodo en que nos ocupamos^ pues la histo- ria misma confiesa que fueron llamados por los monarcas para dirigir las construe- clones que comenzaban á levantarse, no podemos hacerlo ninguno por lo que á lo segundo toca por cuanto habla de pasar mucho tiempo ántes de que los maestros masones primitivos pudieran congregar logias y reunirse para comenzar la enseñanza del arte, que es base y fundamento de la asociación masónica. Poco á poco, como necesariamente tienen que operarse todas las reformas para que sean estables, se fueron aportando los elementos necesarios para el plantea- miento de la institución, si bien los precedentes en Inglaterra siguen la misma marcha que en Alemania hablan tenido. Asi, pues, las primeras obras levantadas se deben á la iniciativa del clero: los monjes que pasaban para predicar el cristianismo, eran los que tomaban á su cuidado la erección de las iglesias y demás edificios destinados al culto. Entre los monjes más hábiles en el arte de construir, cuyos nombres nos ha trasmitido la historia, se cuentan Dunstau, arzobispo de Cantorbery, Oswald, obispo de Worchester, y Ethelbald obispo de Winchester. De la misma manera que el desen- volvimiento de la primitiva masonería tiene el mismo proceso en unas partes que en otras, esto es, de la misma manera que la vemos aparecer constituyéndose como sociedad laica á semejanza de las que los monjes tenían formadas en sus conventos, no encontramos detalles algunos por los que se pueda afirmar como quieren autores tan respetables tales que Schaw, Lote, Hylmez y otros, que los primeros pasos en el reino unido de la gran Bretaña, fueron única y exclusivamente á los alemanes, sino que es lo más posible que al desarrollo contribuyeran sólo los ingleses guiados en sus trabajos por aquellos primeros maestros masones que vinieron de Alemania. Es lo cierto y con toda seguridad no se puede afirmar otra cosa, que en Inglaterra no existe masonería propiamente hablando ántes del año 1350; constituidos en corporación y aprovechando las tradiciones germánicas, los principios que los congregaran fueron los mismos y también desde el comienzo arbitraron signos y frases especiales para poderse reconocer entre si, mas es muy de tener en cuenta que las corporaciones inglésas no gozaron nunca de una libertad tan grande como la que hablan tenido y tenían las corporaciones alemanas, pues estaban sometidas á la inmediata vigilancia de la policia, siendo los únicos derechos que se le acordaron los de poderse reunir en asambleas, elegir sus presidentes y celebrar banquetes. A nuestro modo de ver, ningún autor ha dado un concepto tan exacto de la primi- tiva sociedad masónica inglesa como Herbert, que en su historia de las doce grandes sociedades libres dice á propósito de ella: Hablan fundamentado en un principio de solaridad general no solamente iguales derechos, sino que también desde el momento en que eran hermanos efectivos, su parte en todas las ventajas, derechos de propie- dad y privilegios de semejantes corporaciones. En caso necesario cualquiera de ellos podia reclamar auxilios y socorros de los fondos comunes. Los privilegios que po- seian por sus asambleas generales consistían en el derecho de celebrar una vez por 96 HISTORIA GENERAL año la reunion de su gilda, de celebrar allí sus misterios, de escojer el número sufi- dente y legal de sus funcionarios entre los más instruidos y de poder mejorar y discu- tir los negocios de su corporación. Excepción hecha de la vigilancia externa á que estaban sometidos y que tan tris- tes frases ha arrancado á todos los autores de la masonería, en Inglaterra vemos que con muy poca diferencia sus reglas eran las mismas que las de las logias alemanas, la frase de Herbert de que podían celebrar sus misterios no debe entenderse en pues el sentido que muchos quieren, atribuyéndoles el ejercicio de un culto ó algo pare- cido, sino á la secreta enseñanza que hacian de los principios en que por entonces estaba basado el arte de construir. Las formalidades del ritual eran también muy se- mejantes á las germánicas, y como éstas las logias inglesas se alzaron siempre allí en el lugar en que comenzaba á levantarse una construcción. Antes de la salida del sol todos los trabajadores afiliados á ellas se reunian en semicírculo alrededor del maestro, que se colocaba al Oriente : hacian una corta oración, y después de esto le indicaban la tarea que tenia que realizar durante el dia y la manera cómo debia lie- varia á cabo. Por la noche volvían á reunirse nuevamente, hacian el rezo é inmedia- tamente después cada obrero recibía su salario ganado durante el dia. Para estas reuniones no había lugar determinado, no había construcciones especiales, sino que cualquier local servia para ello: si el tiempo era malo refugiábanse bajo cualquier pórtico, bajo cualquiera de los techos que se estaban construyendo; si el tiempo era bueno las reuniones se tenían al aire libre, prefiriendo siempre algun lugar despejado como ha sub- para poder observar si los espiaba álguien, cuidado que, ya sabemos, sistido desde el principio. Antes de comenzar las deliberaciones, los hermanos ingle- ses colocaban centinelas, á fin de impedir que nadie pudiera escucharlos, asi como también algun profano pudiera deslizarse entre ellos y hacerse dueño de sus con- que fidencias. Esto era más fácil hacer siempre que los trabajos se realizaban en lugar cubierto; mas cuando se efectuaban al aire libre era necesario redoblar la vigilancia y multiplicar la atención. Estas costumbres nos explican- por qué el castigo impuesto al se sorprendía escuchando era colocarlo debajo de una canal que y dejarle caer sobre la cabeza agua gota á gota hasta que le saliera por los piés, y de aquí también la frase «To rain», llueve, proferida siempre que, por aproximarse cualquier persona, teñían que suspenderse las deliberaciones. Atentos á las formalidades indicadas, puede verse como poco á poco se van com- pletando las indicaciones que hoy se llenan en la órden, y como perfectamente res- ponden la unas á las otras. No hay más que una diferencia, y es la de que entónces, en los comienzos de la institución, el lenguaje era natural, su sentido recto siempre, de aquí la perfecta claridad que tenía que resultar necesariamente: en nuestros días y los fines principales subsisten, pero han cambiado los medios; se ha querido conser- var el lenguaje, pero su sentido tiene que ser figurado. Una vez conocidas las forma- lidades y frases empleadas para la apertura de trabajos en aquellos remotos tiempos, veamos, para poder establecer mejor la comparación, las que se usan hoy en la aper- tura de una logia en grado de aprendiz del rito escocés; reunidos los hermanos en el de la masonería 97 templo, que, como ya hemos indicado, representa por medio de símbolos á la natura- leza, el venerable, después de dar un golpe para llamar la atención, empieza: Venerable.—Hermano primer vigilante: ¿cuál es vuestro primer deber en logia? Primer vigilante .—Ver si estamos á cubierto de la indiscreción de los profanos, venerable maestro. Venerable .—Aseguraos si lo estamos. Para cumplir esta formalidad, el primer vigilante envía al segundo diácono para que recorra el vestíbulo de templo, acompañado del guarda templo, quienes, después de haber cumplido sus funciones, lo participan al primer vigilante, y se reanuda la ceremonia, diciendo el Primer vigilante .—Estamos á cubierto, venerable maestro. Venerable .—¿Cuál es vuestro segundo deber? Primer vigilante .—Ver si todos los hermanos presentes son aprendices masones. Venerable .—Aseguraos de ello en union del hermano segundo vigilante. Una vez que han adquirido la seguridad de ello, dice: Segundo vigilante .—Todos los hermanos que decoran mi columna son aprendí- ees masones regulares, venerable maestro. Primer vigilante .—Lo mismo ocurre en la mía. Venerable .—Hermano segundo diácono: ¿cuál es vuestro lugar en la logia? Segundo diácono .—Detras, á la derecha del primer vigilante, si me fuera per- mitido. Venerable .—¿Para qué, hermano mío? Segundo diácono .—Para llevar sus órdenes al segundo vigilante y ver si todos los hermanos están al órden. Venerable .—¿Qué lugar ocupa el primer vigilante en logia? Segundo diácono .—Detras, á la derecha del venerable maestro, si le fuera per- mitido. Venerable (dirigiéndose al primer diácono).—¿Para qué, hermano mió? Primer diácono .—Para conducir vuestras órdenes al primer vigilante y demás dignidades y oficiales del taller, á fin de que los trabajos se efectúen con prontitud y órden. Venerable .—¿Qué lugar ocupa el segundo vigilante en logia? Primer diácono .—El Sur, venerable maestro. Venerable (dirigiéndose al segundo vigilante).—¿Para qué, hermano mío? Segundo vigilante .—Para observar al sol en su meridiano, conducir á los obreros de sus trabajos á la recreación y traerlos de ésta á los trabajos, para que el venerable maestro saque honra y provecho. Venerable .—¿Cuál es el lugar del primer vigilante en logia? Segundo vigilante .—Al Occidente, veneratile maestro. Venerable (dirigiéndose al primer vigilante).—¿Por qué os colocáis en ese lugar, hermano mío? Primer vigilante .—Como en esta parte del mundo termina el sol su carrera, el 13 98 historia general primer vigilante se sienta aqui, para ayudar al venerable maestro á abrir y cerrar la logia^ pagar los obreros y despedirlos contentos y satisfechos, y dar una amena acó- gida á los visitadores. Venerable .—¿En qué lugar se coloca el venerable en logia? Primer vigilante .—Al Oriente, venerable maestro. Venerable .—¿Para qué, hermano mío? Primer vigilante .—Como en esta parte del mundo comienza el sol su carrera para abrir el dia, asi el venerable maestro toma este lugar para abrir la logia, presidir nues- tras tareas, darnos consejos é ilustrarnos con sus luces y conocimientos. Venerable (dando un golpe con el mallete).—De pié y al orden, hermanos mios. ¿Cuánto tiempo debemos trabajar en el grado de aprendiz, hermano primer vigilante? Primer vigilante .—Desde medio día hasta media noche. Venerable .—¿Qué hora es, hermano primer vigilante? Primer vigilante .—Medio dia en punto, venerable maestro. Venerable .—¿Qué edad teneis, hermano segundo vigilante? Segundo vigilante .—Tres años, venerable maestro. Venerable .—Pues en virtud de la hora y de la edad invitad á los hermanos que decoran vuestras columnas á que se unan á mí y á vosotros para abrir los trabajos de esta respetable logia en el grado primero del rito escocés antiguo y aceptado. Como vemos, la semejanza no puede ser más completa, y una á una todas las for- malidades, asi como también todas las palabras, acreditan el gran respeto en que la orden ha tenido siempre á la tradición. La excesiva importancia en que se la hate- nido y se la tiene, no es pequeña parte en las diatribas con que al masonismo han perseguido sus detractores y enemigos, alegando en primer término que ninguna tenía razón de ser como si fuera la única que en el ejercicio de su culto conservara un simbolismo de lo que en un principio las llevara á constituirse. Ciertamente, si se es- tudian y analizan á la luz del dia, hay que desecharlas en absoluto por cuanto no lie- nan indicación alguna en armonía con el espíritu moderno; mas cuando se atienden á las causáfe generadoras que la han hecho aparecer, cuando se estudia su desenvol- vimiento y marcha progresiva, cuando se ve en la historia que, pugnando siempre contra la ignorancia y contra el absolutismo, ha tenido que recatarse constantemente para poder llegar á la realización de sus fines, se comprende que haya arbitrado for- mas de lenguaje que encubran sus verdaderos propósitos, y más de aplaudir es que estas formas extrañas que muchos no comprenden, sean las que en un principio tu- vieran establecidas con justa causa y con motivo propio. Esta manera de expresarnos alcanza y no en poca parte á los que perteneciendo á la órden, pero desconociendo su formularismo, se empeñan en explicarlo por quimeras que no pueden satisfacer en modo alguno y que no sirven más que para aumentar la saña y el encono con que de antiguo viene siendo perseguida. Para que ningún detalle falte á la semejanza que venimos señalando, la oración que hacían los masones primitivos ántes de dar comienzo á sus trabajos, tiene per- fecto equivalente en la sociedad modernamente constituida, prueba de que ni áun si- DE LA MASONERÍA 99 quiera se ha querido perder el recuerdo de aquel espíritu religioso que presidia á todo, en la época en que aparece la masonería. Ningún documento hace mención concreta- mente de los términos en que la súplica estaba concebida; mas hay que creer que respiraba en ella el más acendrado cristianismo, la más firme creencia en Dios como hoy sucede, pues jamas una sociedad como la masónica, ha vivido en el ateísmo que algunos le suponen. Por más que como vamos viendo la sociedad existiera ya perfectamente organizada en remotos tiempos y que en ellos existieran elementos de tanta consideración que áun subsisten y que tendrán de subsistir siempre, para la historia de aquel primer periodo hay gran escasez de documentos y se encuentra muy adelantada la órden, cuando por primera vez suena el titulo de freemason en Inglaterra. Antes y cuando todavía el idioma corriente era el latin, en 1077, los individuos de la sociedad que aún no habla efectuado la evolución primera, recibían el nombre de cementarius que no indica más que la ocupación á que estaban dedicados; más tarde, en 1212, se baílala expresión scultores lapidum liberoriim de la que no poco ha llegado hasta nosotros, pues áun en los rituales modernos se habla de trazar planchas y de desbastar la pie- dra dura, y en 1350 es como, según indicamos, aparece por primera vez el titulo de freemason en un acta del parlamento emanada en dicho año, que corresponde al vigésimo quinto del reinado de Eduardo 1, monarca severo y justo, cuyos actos de justicia celebra y celebrará siempre la historia de Inglaterra; distinguióse más que por nada por el deseo de que en la participación de los derechos, asi como en la distribución de las cargas, reinara la más perfecta igualdad entre todos sus súbditos, y de su tiempo, es el único monarca que no eximió al clero del pago'de tributos. En esta primera ordenanza á que nos estamos refiriendo, lo mismo que en otras muchas que aparecieron hasta el siglo xvii, los masones, que como hemos visto te- nian ya que cumplir más elevados fines que los que realizaban como dependientes de su oficio, eran considerados como los operarios de los demás oficios, y por tanto dado que la situación de ellos era por demás aflictiva, tuvo que serlo también la suya, pues más que nada aparecían como siervos de la gleba. Cuando los monjes tomaron á su cuidado la erección de los monumentos religiosos, los masones los acompañaron por todas partes, pero no dejaron de influir para contrarestar el ascendiente que como sociedad secreta iban adquiriendo; y con efecto, poco tiempo después fueron apare- ciendo prohüáciones, á fin de que no pudieran celebrar ni capítulos, ni asambleas, para hacer desaparecer sus constituciones y reglamentos, para impedir el juramento que prestaban, medidas de rigor que se fueron aumentando cada vez más. Esto revela claramente el poco fundamento de las versiones emitidas acerca de la protección que los reyes, principes y soberanos les dispensaran, y hasta qué punto no es ni puede ser cierto que entre ellos escogitaran sus venerables y grandes maestros, sino que por el contrario las autoridades civiles y los representantes de la ley, los consideraban como animados de un espíritu de oposición y con deseos de entronizar algo contrario á lo existente que les proporcionara mayores ventajas y comodidades, por lo que cada vez 100 HISTORIA GENERAL tuvo que aumentarse más el secreto de que rodeaban á sus prácticas y formalidades. Aun llegó á más la persecución desplegada contra ellos, pues en 1389, no inspirando confianza alg^una las protestas que hablan hecho, quedó acordado que ciertas auto- ridades locales concurrieran á las asambleas que cada trimestre celebraban, para fis- calizar los actos y acuerdos que alli tuvieran lugar. Muchos autores, animados de un deseo que ya más de una vez hemos censurado, ven en estas disposiciones titules de favor y gloria para la masonería, pero tal manera de pensar no es seria ni adecuada al objeto que se debian haber propuesto: el gobierno inglés de aquella época se mani- festaba inquieto por las razones que hemos expuesto, y no poco había de influir en las persecuciones de que fué objeto el clero, que vela por su parte la poca importan- cia que la sociedad masónica daba á la persecución de las herejías que por entóneos éralo que más preocupaba á la Iglesia generalizada. Las acusaciones que hasta entóneos se hablan dirigido contra la masonería, no eran claras ni determinadas ni concretas y en ellas se advierte sólo la prevención con que la sociedad era mirada: las tormentas se forman poco á poco y no estallan sino cuando las nubes se han aglomerado. Esto sucede á la masonería en el periodo que sumariamente venimos historiando; mas llegó un dia en que los trabajos de sus con- trarios se manifestaron bien á las claras, debiéndose el primero de estos al cardenal de Beaufort. Muchos historiadores han confundido lastimosamente á este personaje con el duque del mismo título, al cual es completamente extraño, lo mismo que á todos los demás individuos de tan egregia familia, que tanto se distinguió en la lucha contra la casa de Yorck. Enrique de Beaufort que es á quien verdaderamente nos debemos referir, fué primero arzobispo de Lincoln y después de Winchester, ocupó en cuatro ocasiones diferentes el puesto de gran canciller de Inglaterra y por último fué elevado á la dignidad cardenalicia por el papa Martin I, que le dió el encargo de predicar en Bohemia la guerra contra los husitas y posteriormente le confió algunas misiones de señalada importancia; fué uno de los jueces de Juana de Arco, coronó en París en 1430 á Enrique VI rey de Francia, y murió en Winchester seis semanas después de haber hecho asesinar á su sobrino el duque de Glocester. Poco dicen estos antecedentes en favor del liberalismo del cardenal y mucho acerca de la prevención con que cierta- mente tenia que mirar á una asociación cuyas tendencias eran de todo punto contra- rías al espíritu de que él estaba animado y bien pronto lo manifestó asi. En 1425, desempeñando el cargo de tutor cerca del rey Enrique IV, que áun se hallaba en la minoridad, le indujo á firmar un bill contra la sociedad masónica que traducido del Acta latomoruni dice asi en su parte más esencial: «Atendiendo á que por las con- gregaciones y confederaciones que cada año tienen ellos (los masones) en sus asam- bleas generales, se altera el buen órden y que el efecto de los estatutos de los obreros está públicamente interrumpido, en contradicción con la ley y con perjuicio de nuestros estados, nuestro soberano y rey queriendo poner un remedio á este mal, ha dispuesto accediendo á lo solicitado por los ayuntamientos en que mayores trastornos han ocurrido, que en lo sucesivo no se celebren tales capítulos y congregaciones y que si por cualquier pretexto fuera contravenida esta disposición, sean juzgados como DE LA MASONERÍA 101 culpables de felonía y que los masones sean presos y castigados con una multa que variará según la voluntad del rey.» Contra lo que este bill declara, han pretendido muchos que nunca llegó á estar en vigor la dura medida represiva acordada contra los masones y alegan que en el diario latino de William Mollart, prior de Cantorbery se halla registrado que en el año 1429 siendo aún menor el rey Enrique, celebró tenida una logia en Cantorbery bajo el patrocinio del arzobispo Enrique Chicheley á la que asistieron Tomás Stapylton como maestro venerable; Juan Morris, vigilante, quince compañeros y tres aprendices; pero este hecho que no tiene en su apoyo más que la declaración en que se le hace constar, no puede ser bastante en modo alguno para que se afirme que el bill no llegara á tener fuerza ejecutiva y únicamente significaría que á pesar de las medidas tomadas contra la asociación, ésta resistia á todo y seguia, aunque en gran reserva, celebrando las tenidas á que les dejaba lugar la constante vigilancia de la autoridad civil. Como si esto no fuera poco otros han supuesto que algunos años después en 1434 el mismo rey Enrique se hizo iniciar en la órden y para probar esto se han servido de un inter- rogatorio que este principe hiciera sufrir á un mason acerca de los principios de la masonería. Según afirman, este documento fué descubierto en la biblioteca de Oxford por Juan Locke en 1696 y copiado por el famoso anticuario Seyland obedeciendo las órdenes del rey Enrique VIH, pero es lo cierto que este documento no tiene carácter alguno de autenticidad; la primera vez que vió la luz pública fué en Alemania á mediados del siglo pasado, pero es lo cierto que Halliwell, que tanto ha hecho por lo que propiamente podemos llamar arqueología masónica, lo ha buscado en vano en la biblioteca y hasta en sus más antiguos catálogos. Conviene, con objeto de no anticipar demasiado los hechos, dejar consignada una Observación de la mayor importancia, cual es la de que luégo que por los hombres ansiosos de libertad y deseosos de sacudir las trabas que oprimían al espíritu se ge- neralizaron los principios masónicos y fueron conocidos los fines que se proponía la asociación, después que los masones primitivos hubieron hecho los viajes á que su arte los obligaba, las constituciones y estatutos se fueron generalizando y no pasó mucho tiempo sin que pudiera afirmarse la más perfecta igualdad entre los de Alemania é Inglaterr.i. En este punto se presenta una cuestión sumamente fácil de orillar dadas las considerables pruebas que esta misma unidad nos suministra. La cuestión á que nos referimos no es otra que la de la antigüedad, disputada en la órden por cada una de las naciones citadas. En esto como en todo se advierte la predominancia que al carácter de nacionali- dad se ha dado siempre, y en tanto que los autores alemanes sostienen que la asocia- cion masónica es originariamente germánica, los ingleses les disputan la gloria de haber sido los primeros que, agrupados con un fin puramente material, concibieran la idea de perpetuar la asociación, áun después de que para el mayor número de las gentes no tenia razón de ser, surgiendo de aquí en los posteriores tiempos la masone- ría extendida por toda la superficie de la tierra. La critica no puede titubear en nues- tros dias y la cuestión está resueltamente fuera de toda duda; no hay siquiera que 102 historia general pensar en las razones alegadas por una parte y otra; no hay más que atender á la le- gislacion de este antiguo cuerpo, y hasta los más incrédulos podrán convencerse de que á más del carácter de unidad, este mismo prueba que los más antiguos masones son los de Alemania, donde primeramente aparece la sociedad. La prueba eficiente de esto la tenemos en que los reglamentos y estatutos de los antiguos talleres alema- nes, son los que pasan á regularizar los actos de la masonería inglesa, sin más dife- rencia que la alteración en ciertos detalles y en el orden de algunos artículos. Pero aún hay más; todos sabemos que las legislaciones de las sociedades particulares no revelan los caractéres de la legislación general del país en que aparecen, acreditando la altura, el estado político y la libertad política de que se disfruta; pues bien, todo esto queda perfectamente evidenciado en la legislación germánica de la masonería, sin que pueda decirse lo mismo de la inglesa, de la que, como diriamos sirviéndonos de una frase harto trillada, se anticipa á su tiempo; pero esta anticipación tiene una causa bien manifiesta, como dejamos expuesto, y es que se inspira no en el estado del país en que aparece, sino en los conocimientos adquiridos en una nación en que lleva largos años deexistencia. El más antiguo reglamento masónico que se conoce,, por el cual se pueda formar idea de la masonería en Inglaterra, es el que publicara el anticuario Halliwell, de quien ya hemos citado otro importante documento; este manuscrito concienzuda- mente descrito en la importante obra The early history of freemanonry in En- gland^ suponen algunos debió ser trazado en la segunda mitad del siglo xiv; pero Klos afirma, apoyándose para ello en los estatutos del parlamento, que su redacción no debe remontarse á más allá de los años 1427 á 1441. En la imposibilidad de tras- cribirlo integro por su mucha extension, nos limitamos á dar un resumen para poder hacer luégo el detenido exámen que merece, no sólo de sus formas, sino del progreso que revela en la órden misma. Artículo Primero .—El primer articulo de la geometria: el maestro mason debe ser firme, constante, leal y verídico, no dando jamas lugar á que tenga que arrepen- tirse de lo que ha hecho. Que se encuentre también libre del reproche de favorecer á un partido determinado; que en todo sea justo y equitativo para que nadie deje de darle la razón. En cualquier parte que estés ó á cualquier sitio que vayas, tu valor y mérito acrecerán. Art. 11. —El segundo articulo de la buena masonería va á ser indicado en los tér- minos que siguen: todos los maestros tienen obligación de asistir á las asambleas ge- nerales. El venerable designará entónces á cada uno el sitio en que deben tener lugar. No debe abstenerse de asistir bajo ningún pretexto y sólo cuando le asista una razón legitima. Art. 111. —El articulo tercero indica lo que sigue: el maestro no recibirá ningún aprendiz que no esté dispuesto á serio lo ménos dúlzante siete años, pues de esto de- de la masonería 103 pende el éxito. En ménos tiempo no puede ^quedar instruido. Ser útil á su maestro y á sí mismo es lo que la sana razón hace comprender á cada uno. Art . IV.—El articulo cuarto se limita á prescribir que el maestro se abstenga de tomar por aprendiz á un hombre que no sea libre, asi como tampoco á aquellos en quienes advierta un móvil interesado, pues el señor á cuyo servicio se encuentre puede llamarlo en cualquier ocasión al sitio en que se baile. Ademas si un siervo forma parte del oflcio puede subvenir daño para todos. A fln de asegurar la justicia y la equidad es menester que el aprendiz sea de buena raza. Art . V.—El articulo quinto dice formalmente y con razón, que el aprendiz debe ser sano y robusto, de una constitución fuerte; no debe ser admitido un aprendiz del cual tenga que avergonzarse el maestro. Art . VI.—Prescribe que el maestro no debe jamas abusar de la confianza en él depositada y atenerse rigurosamente á lo que cada uno merezca. Art. vil—El séptimo articulo determina que jamas el maestro debe, cediendo al miedo, tener en la corporación al que no sea digno de ello, como son el que baya ro- bado, estafado ó asesinado: éste no debe confiar en ninguna protección ni amparo, lo mismo que todo aquel que por cualquier causa merezca la nota de infamia, pues ésta recaerá ciertamente sobre la corporación. . Art . VIII.—El articulo octavo prescribe los deberes del maestro: si en la corpora- clon se bailara un hombre que no sea lo que debe ser, debe reemplazarlo por otro más á propósito, porque la negligencia de uno puede comprometer á todos. Art. IX.—El articulo noveno prescribe formalmente que el maestro debe ser sabio y capaz, que no pueda emprender un trabajo sin estar seguro de que puede acabarlo. Art . X.—El décimo articulo está destinado á hacer la separación de todos los de la comunidad, pequeños y grandes. Que ningún maestro esté en oposición con los de- mas; deben vivir entre si como hermanos, debiendo no solicitar nunca la plaza que los demás Ocupen, sino en el caso en que el trabajo que le hubieran confiado amena- zara no llegar á buen fin. Art . XI.—El undécimo articulo, hay que convenir en que es no sólo bueno sino franco, pues prescribe que ningún mason debe trabajar durante la noche, á ménos que no arbitre medios para asegurar el perfeccionamiento de su arte. Art . XII.—El articulo duodécimo ordena que todo individuo, cualquiera que sea, no destruya el trabajo de los compañeros, sino que por el contrario lo proteja contra 104 historia general toda agresión hostil. Sus órdenes deben ser comunicadas con prudencia y con las mejores maneras. Tu puedes mandar si tienes aptitud para ello, pero que entre vos- otros no se manifieste escisión ninguna. Art. XIII.—El artículo décimo tercero prescribe al maestro que tenga un disci- pulo, le enseñe todo lo concerniente á su estado y las reglas del arte, á fin de que po- sea conocimientos profundos en su profesión, cualquiera que sea el punto á donde se dirija. Art. XIV.—El décimo cuarto articulo indica cómo debe proceder el maestro; no debe aceptar ningún aprendiz sino en el caso que tenga lugar para aplicarlo á trabajo conveniente. Art. XV.—El artículo décimo quinto y último da materia de reflexion al maestro; ordénale que forme al aprendiz de tal manera que sienta vergüenza de levantar un falso testimonio; que no tolere que los compañeros tengan vicio ninguno, pues esto no puede sino contribuir al desprestigio de la órden, y que se guarde de inducirlos á un perjurio, por grandes que sean las ventajas que de ello le puedan resultar, pues de lo contrario la vergüenza y el deshonor recaerán sobre la comunidad, asi como sobre él la infamia y el desprecio. Ademas de estos artículos, en que, como se ve, permanecen perfectamente unidas las nociones que se pueden referir al arte que ejercían y las que al desarrollo moral de la institución tocan, y en las que desde luégo se observan los principios de sana moral, rectitud y justicia queen la masonería han presidido siempre, el citado docu- mento contiene quince puntos amplificativos, con el título de Plures Constitutiones, que vamos también á extractar por la grandísima importancia que á nuestro objeto tienen. Estas ordenanzas, más extensas que los preceptos que acabamos de mencio- son más explícitas en todo cuanto á lo que al masonismo actual se nar, refiere, y el primero dice; Que aquellos que conocen el arte y lo ejercen deben honrar á Dios y á la Iglesia, asi como también al maestro bajo cuya dirección se encuentran, en cualquier parte bailen; ademas prescribe de bien claro modo el amor entre todos los con- en que se gregados. El segundo punto prescribe la aplicación al trabajo, el tercero la discreción. «Los consejos del maestro debe tenerlos secretos basta para los compañeros, no contando á nadie los secretos del taller, ni nada tampoco de lo que ocurra en las logias. Lo que discuta en las salas de las corporaciones lo debe respetar, sin hacer nunca trai- se cion.» En el cuarto punto recomienda no obrar nunca contra los intereses de la socie- dad. El quinto, del reconocimiento de los méritos que á cada uno se le deban; el sexto recomienda la fraternidad, el séptimo una vida honrada y laboriosa, el octavo la fide- lidad entre compañeros y el respeto para con los maestros; el noveno se ocupa de las DE LA MASONERÍA 105 obligaciones del intendente y del tesorero; el décimo de los castigos reservados á los calumniadores; el undécimo ordena dar pronto y eficaz auxilio al que tenga necesi- dad de ello; el duodécimo se refiere á las asambleas; el décimo tercero, prohibe ocul- tar y recelar; el décimo cuarto indica las fórmulas del juramento, y el décimo quinto contiene las penas impuestas á las infracciones de la ley. Si nos fijamos detenidamente en cada uno de estos puntos, bases principales todos ellos de los posteriores estatutos, que áun en nuestros días rigen dentro de la asocia- cion masónica, la primera consideración que ocurre no puede ser otra que la de la- mentar el enunciado de muchos, en los que seguramente nose alcanza á comprender qué fin se habían propuesto. Si no las obras elementales, al ménos casi "todas las de los autores extranjeros que se han ocupado de esta espinosa materia en que nos ab- sorbemos, han mencionado los elementales principios en que descansan las actuales constituciones, y ninguno de ellos justifica, no ya el carácter que á la sociedad han querido asignar los individuos ajenos á ella, pero ni áun siquiera aquel con el que quieren presentarla los que están afiliados. Compréndese desde luégo el plan que los primeros se han propuesto, desentendiéndose de lo que la historia real y verdadera nos trasmite; mas no se alcanza á comprender qué es lo que los segundos han que- rido obtener; fuera lo que fuera, hay necesidad de confesarlo, áun á trueque de que se nos censure de incurrir en repeticiones; lo único que han logrado es de una parte arrancar sonrisas de incredulidad y de desden; de otra excitar la prevención, la des- confianza y el odio. Por rehabilitar á la institución de las censuras que injustamente se le dirigen llevamos tan laboriosa marcha, pues de primera necesidad son en una obra de esta naturaleza, los documentos históricos que estamos analizando. 14 CAPÍTULO VIH. Carlos Cristiano Federico Krause.—Su importancia en la masonería.—Sus obras.—La Constitución de York. —Su texto.—Su carácter y valor. —Certiticacion de Stonehouse. — Exámen hecho de este antiquísimo documento.—Pruebas en pro de su autenticidad.—Exámen de Kloss.—Pruebas en contra de la Coustitu- clon de York.—Exámen hecho de este documento por la comisión nombrada por la Gran Logia de Berlin. —Investigaciones aducidas. — Exámen de archivos y bibliotecas.—Conclusiones sentadas.—Análisis de ellas. NO de los hombres á quienes indudablemente debe más la masonería moderna es sin disputa áCárlos Cristiano Federico Krause, filósofo pro- fundo, napido en Eisemberg en 1781, y á quien la Alemania venera. De- dicado durante toda su vida al servicio de la humanidad, no abandonó jamas el estudio ni las serias investigaciones de que se pudiera conseguir algun re- sultado. Por esto entre el considerable número de sus obras hallamos buen número de ellas que se refieren á la masonería, y entre las que merece especial mención la que titula Los tres documentos más antiguos de la masonería, publicada en Dresde en 1813. De estos tres documentos el que más merece fijar nuestra atención es el que lleva el enunciado de La antigua Constitución de Yorck, adoptada en el año 926, ó Constitución legal de las logias masónicas en Inglaterra. Hizo esta publicación, según el original, que se conserva, en la gran logia de Yorck, traducida en latin por un in- glés, y de este idioma al aleman por V. Schneider de Altemburgo en 1808, para que al fin viera la luz con las notas explicativas que le puso el referido Krause. Este documento, importantísimo desde todos puntos de vista, y el que vamos á dar integro al conocimiento de nuestros lectores, ha encontrado la severa oposición y de Kloss, que no le concede ni antigüedad ni autenticidad, alegando razones que dare- mos á conocer. En su conjunto se compone de tres partes, un preámbulo en forma de Oración, una sumarisima historia del arte de construir, y por último los estatutos de tan celebrada logia, que á la letra dicen asi: Artículo primero .—Vuestro primer deber es honrar á Dios y observar las leyes > 1 ' Tr...Cj^. j ^,t ' ^ j„ Mjif'' ,^"0! , 'KX: *•"" ^ • ' • V •• •".•■'• •• -..í v—•·I· -. •..'. .... ,..-••• V ./'* V- ,■<'^-¿·^ t i- .t'í M ^ , W ^"".tv".-"->'' ,tx '■;·V.ííA·í.·, i.'"-!; ¿■ÍV; ;'■';'; Sjfc :'■■ \'s-.: ■ ^ L '• ' •■ ; T'^'-S-Í-^¿'•"^»-«.Í"'»Í.''*}·--VÍ -'ï. ··F'",\"·'i%i'^.í i'■" "s -o •'•v' :>'/?-• '' ^ ' í'-'' ï S t- • ••, v r¿ •-'X4 Vv-.^yry' tí 'V-." I I; 'íÏV- " ? -^V- >.! r ^ -V^/ V -Í ■■ ■• . 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II.—Seréis fiel á vuestro rey y jamas le haréis traición; en cualquier parte en que os encontréis os someteréis lealmente á su autoridad. Guardaos de cometer el crimen de alta traición, y si descubrís algun complot, denunciadlo inmediatamente al rey. Art. III.—Os encontraréis siempre dispuestos á prestar el servicio que cada uno necesite, y en tanto sea posible debéis permanecer unidos por los lazos de una sólida y franca amistad; no veáis inconveniente á esto en las diferencias de religion ó de opiniones. Art. IV.—Los unos con respecto de los otros debéis seros principalmente fieles, comunicaros vuestros conocimientos en materia de arte y ayudaros mutuamente, no calumniaros, y obrad con vuestros hermanos como desearíais que obraran con vos- otros mismos. Si sucediera que un hermano faltara á sus deberes con respecto á un hermano ó con respecto á cualquiera otra persona, ó se hiciera culpable de cualquier otra falta, todos deben ayudar á reparar el mal y á corregirse ellos mismos atendien- do al ejemplo. Art. V.—Deberéis también conformaros exactamente á las decisiones y disposi- cienes tomadas en las logias y no confiar á nadie que no sea miembro de la corpora- cion, sus signos particulares. Art. VI.—Que todos se abstengan cuidadosamente de cualquier deslealtad, pues el honor y la fidelidad son indispensables para el sostenimiento de la comunidad, y una buena reputación es un gran tesoro. Es necesario también no perder de vista el interés del maestro bajo cuya dirección se trabaja y terminar perfectamente la tarea que les tuvieran encomendada. D Art. vil—Es necesario pagar con integridad todo lo que debáis, y sobre todo no contraer deudas que puedan comprometer el honor de la comunidad. Art. VIH.—Considerad detenidamente que ningún maestro debe emprender un trabajo si no tiene la absoluta seguridad de llevarlo á feliz término, pues de lo contra- rio seria un grandísimo desprestigio para el arte y para la asociación. Ademas, cada maestro debe estipular un salario conveniente que le permita vivir y pagar á sus obre- ros de una manera decorosa. Art . IX.—Ninguno debe procurar suplantar á otro; es necesario dejar á cada uno 108 historia general el trabajo que haya podido procurarse^ á ménos que no se haya reconocido incapaz de ejecutarlo y lo manifieste asi claramente. Art . X.—Ademas, ningún maestro podrá admitir á un aprendiz sin que adquiera la seguridad de que voluntariamente permanecerá en este estado lo ménos durante siete años, y áun asi no lo podrá recibir sin consultar la opinion de los demás herma- nos masones. Art. XI.—Para que un maestro ó un compañero pueda presentar á una persona á fin de que sea recibida en la comunidad, para que disfrute de los derechos que ha de conseguir^ es menester que acredite el individuo que ha nacido libre, que su reputa- cion no tiene mancha ninguna, que posee aptitud y capacidad, y que todos sus miem- hros están sanos. Art. Xll.—Se recomienda eficazmente á los hermanos que no critiquen ni mur- muren de los trabajos de los demás, si no saben ejecutarlos mejor que aquel á quien reprenden. Art. XIII.—Todo maestro debe someterse á las observaciones que le haga el maes- tro superior, y de la misma manera los compañeros deben atemperarse á las que les dirijan sus maestros y obrar en consecuencia. Art. XIV.—Todos los masones deben obedecer á sus superiores y estar dispuestos á hacer cuanto les manden éstos. Art. XV.—Ademas, todos los masones deben acoger de la mejor manera á sus hermanos que vengan del continente y hagan los signos de reconocimiento. Después debe tener cuidado de ellos, como le está prescrito; "debe también proporcionar so- corro á sus hermanos desgraciados, tan pronto como tenga conocimiento de sus nece- sidades. Art. XVI.—Ni los maestros ni los compañeros pueden dar entrada en la logia á ninguno que no haya sido recibido mason, para aprender el arte de la forma, ó ense- liarle á trabajar la piedra, ó enseñarle, por último, el compás ó la escuadra é indicarle sus usos. Estas son las obligaciones que es bueno y útil tener presente y observar. Cuanto se reconozca en adelante que es también bueno y útil debe ser anotado por los supe- rieres, que darán conocimiento de ello inmediatamente para que todos los hermanos puedan quedar instruidos de las nuevas prescripciones.» Vemos como poco á poco, completándose los documentos que quedan anotados, va desapareciendo el carácter exclusivamente material que en un principio tuviera la DE LA MASONERÍA 109 asociación, para adquirir el de verdadera fraternidad que en nuestro tiempo tiene. Cierto que tanto en los estatutos y ordenanzas que hemos mencionado como en esta célebre Constitución de Yorck, no se advierte el carácter de independencia politica y religiosa que más tarde ha adquirido; pero es muy de tener en cuenta que^ como con otro motivo hemos dicho, las sociedades particulares acreditan con su legislación cuál es el carácter de la general del pais en que aparecen, y es menester no perder de vista la época á que nos estamos refiriendo. No cabe dudar que siempre, en todo y para todo, la masonería ha venido á llenar una necesidad, pero la de carácter más inme- diato, la más urgente; y si nos fijamos en cuál era ésta en el tienipoen que se publicó la Constitución de Yorck, creemos que no puede señalarse una más grande que la de amparar el trabajo, proteger al operario de las vejaciones que tenia que sufrir, dada la organización politica, y formar un núcleo de defensa contra las agrupaciones for- madas tácitamente por el compañerismo en la guerra ó por los méritos de los ante- pasados, que es á lo que siempre atendió preferentemente la nobleza. Los documentos que venimos citando y más que ninguno otro la constitución que integra hemos traducido son á nuestro modo de ver los principales fundamentos de la masonería actual, y á fin de que cuanto se refiere á este importantísimo documento que con religioso respeto guarda la logia que lleva su nombre, quede claro y perfec- tamente determinado, vamosá exponerlo que acerca de él han dicho dos autoridades masónicas de tanta valia como el filósofo Krause y el erudito Kloss. El ilustre filósofo cuyo sistema ha sido impugnado con tanto ensañamiento, sobre todo en nuestro país, sostiene como ya hemos apuntado que la constitución en que nos ocupamos es sobre auténtica, el documento más antiguo que puede registrarse en la historia general de la masonería, y en apoyo de su opinion cita el testimonio de P. Stonehouse de Yorck que ya lo habia manifestado asi, el de Anderson que en su libro de las constituciones le dá idéntico carácter y fuerza de tal y el de Preston que en sus Ilustrations on Freemasonry afirma su existencia. Ademas se afirma en su tésis en vista del discurso pronunciado por el último gran vigilante de la logia de Yorck en 27 de Diciembre de 1726 y más que nada se afirma en la opinion emitida en vista de su contenido mismo, al que dedica las siguientes notables frases. Desde el punto de vista de su contenido y de su forma está enteramente conforme con el espíritu de su tiempo; es el estilo y manera del siglo undécimo lo que encontramos en ella. Su comienzo cristo-evangélico, la falta de toda doctrina de la Iglesia romana y generalmente de todo dogma de una iglesia cualquiera, el espirita del cristianismo oriental que se manifiesta en ella, todo contribuye á borrar las dudas que se puedan tener con respecto á sus autores pues áun se encuentran durante dicho siglo en Ingla- terra, en Irlanda y en Escocia, algunos doctores de la Iglesia con el nombre» de kuldeos, de los que la manera de pensar y las miras que se proponían están en un todo de acuerdo con el espiritu de la constitución de Yorck. Los testimonios y fundamentos que al carácter de antigüedad y autenticidad expone Krause, para hacer valer el documento á que tanto cuidado dedicara, parecen incontrovertibles desde luégo, mas por nuestra cuenta y ántes de pasar á hacer 110 HISTORIA GENERAL mención de la impugnación de Kloss, debemos hacer una ligera observación para mayor esclarecimiento. Krause afirma, como venimos viendo, que la constitución de Yorck data del siglo x, por más que en otros pasajes de sus obras masónicas deja entrar la posibilidad de que su aparición ñuctuara en el espacio comprendido entre el último tercio del siglo décimo y el primero del undécimo, y en comprobación de la verdad por él creída, alega que los kuldeos existían en dicha época en Inglaterra, Escocia é Irlanda. Gran respeto y casi veneración nos merecen las palabras del sabio profundo, pero mayor es áun el que concedemos á la verdad histórica y ésta nos revela que únicamente existieron kuldeos, sacerdotes lilerales, en Escocia, y esto mucho ántes del siglo noveno, sin que más tarde vuelva á hallarse con referencia á personalidades determinadas. Hecha esta observación, que por demás sabemos no puede probar absolutamente nada, pues se baria consistir la duda en el empleo de una palabra que sin esfuerzo alguno puede quedar justificada, veamos la impugnación de Kloss el que desde luégo niega la importancia atribuida al documento, fijándose en que en el discurso pronun- ciado en Yorck el 27 de Diciembre de 1726 no se hace mención alguna de muchos puntos importantes y esenciales de la constitución, circunstancia que muy bien se puede explicar y que no es bastante á constituir un fundado motivo de duda, pues con efecto lo mismo puede probar una cosa que la otra si el gran vigilante de la logia se ocupó realmente de ella. El segundo motivo que alega en pro-de la impugnación que viene haciendo, es el de que existe añadida una redacción más moderna á la constitución que se presentara al rey Guillermo III en 1634 y que en la de Yorck se observa la falta de los artículos que existen en las demás ordenanzas antiguas, y que tan con- formes son al espíritu de la época, especialmente de los que prescriben el respeto á la castidad conyugal y prohiben robar y sospechar, y por último que ésta sola y en contraposición con lodos los demás manuscritos, establece una marcadísima distin- clon entre los grados de maestro y compañero. De todas estas razones las que tienen más fundamento y merecen fijar más la atención, son las dos últimas si bien pudiera pensarse que la omisión señalada en la primera, obedecía á que esta constitución tuviera algun complemento y la determinación de la segunda á nuevas necesidades de la época no sentidas anteriormente. Kloss, hace notar con grandísima oportunidad, el escrupuloso cuidado con que se han omitido todos los artículos referentes á la inmoralidad y de los que la redacción de Preston, después el manuscrito de Harley y por último el de William nos ofrecen la prueba, basta para despertar dudas acerca la antigüedad de la constitución de Yorck, pues es claro y bien notorio por lo que nosotros mismos dejamos expuesto, los artículos omitidos datan de una época antiquísima, en tanto que más tarde que cuando los hombres mejor educados y con mayor cultura pertenecientes á todas las clases de la sociedad, ingresaron en la corporación y debieron hacer reformas, com- prenderían que era de todo punto indigno para ellos, que tuvieran que hacérseles prescripciones de esta naturaleza y fundándose en ésto, lo más probable es que pro- pusieran la supresión de ellas nos llevan y que asi quedara acordado. Estas razones de la masonería 111 á suponer que el erudito autor de la Verdadera significación de la Masonería tiene razoD;, pero sin anticiparnos á criticar, sigamos atentamente el estudio de los demás puntos que la polémica comprende. El testimonio de Stonehouse en que se apoyaba Krause, es de todo punto sencillo pues sólo dice lo siguiente. «Este manuscrito en pergamino, redactado en el antiguo idioma del pais y conservado en la gran sociedad masónica de nuestra población^ se encuentra en un todo conforme con el que contiene la precedente traducción latina. Lo cual certificó. YorckddeEnero de 1806. Sonehouse.» Esta certificación no merece entero crédito á Kloss^ pues afirma que la version debió ser hecha mucho ántes de 1806 y que para hacerla se debia haber tenido presente un manuscrito más antiguo que el libro de las constituciones de Anderson, por cuanto ambos hablan de los noaquides ó sea de los siete preceptos que según algunos rabinos diera Noé á sus hijos. Lo más extraño que en esta discusión resalta^ es que el libro de las constitució- nes de Anderson contiene rasgos y detalles que no se encuentran más que en el documento de Yorck, lo cual hace decir á Kloss que en vista de las particularidades en que coinciden de una manera tan aparente y que sólo se encuentran en Anderson y en el documento de Krause, debe pensarse que el primero ha empleado un manus- crito igual al de este último ó cuando ménos sumamente parecido. En vista de las pruebas aducidas y de la poca conformidad que resulta de los diversos elementos que se han querido aportar .para afirmar la remota antigüedad de la constitución de Yorck, no hay otro remedio que negarla, siendo muy de tener pre- sente que el referirla á época mucho más reciente, no implica á nuestro modo de ver que su importancia decrezca, sino que confirma lo que ya en más de una ocasión hemos dicho, que erradamente se ha supuesto que una sociedad es tanto más buena cuantos más años de existencia cuente. Esto no obstante como una de las cuestiones de más importancia en la Historia Ge- neral de la masonería, es la relativa á su origen y fecha de su aparecimiento y como acerca de este punto se han emitido tantas y tan contradictorias opiniones, que bien puede calificarse de caos lo que con respecto á ella existe, ios masones desinteresados y amantes de la institución, aquellos que jamas han perdido la fe y los que siempre han propuesto únicamente devolverle el esplendor que siempre debió tener, no han descansado omitiendo pararse en gastos y sacrificios de ninguna clase. El conocí- miento de la constitución de Yorck habla excitado profundamente la atención de la masonería inglesa, y era motivo para que en todos los tonos repitieran los autores de aquel pais que poseían el documento más antiguo que á la órden podia referirse: la publicación que de ella hiciera Krause en Alemania excitó el interés y más y más vino á aumentarlo la discusión que como hemos visto no aclaraba suficientemente todos los puntos, que era en verdad lo que más falta hacia. A este fin en 1864, las logias alemanas enviaron á Inglaterra una comisión de hábiles é instruidos masones, para que estudiando detenidamante lo que á la .cuestión se pudiera referir, y apreciando todos los detalles con la más grande nimiedad emitie- ran un informe detallado acerca del documento objeto de la polémica y de los demás 112 HISTORIA GENERAL puntos tratados en ella. Partieron en efecto y la masonería universal los deberá tener siempre como acreedores de los más sinceros elogios: hecho un estudio á conciencia, no pudieron hallar sino pruebas negativas, gracias á todo lo que, hoy sabemos el valor que hay que dar á la constitución de Yorck tenida por tan antigua. En primer lugar el documento original, al que con tanto empeño se habían venido refiriendo, no existia; este fué el resultado conseguido por las hábiles y detenidas pes- quisas practicadas en bibliotecas y archivos, y no sólo de esto sino del concienzudo estudio de los más antiguos catálogos y anotaciones que se conservaban. Ademas, y gracias á las investigaciones aquellas, pudieron añadirse las siguientes pruebas con- trarias á la antigüedad y autenticidad del documento á más de las que Kloss habla aducido: Primero: Que hasta entónces (1864) no ha podido encontrarse el original exacto del que Krause habla hecho la traducción publicada en Los t/-es documentos más antiguos de la masonería. Segundo: que de la referida constitución, no se habla para nada en los registros de los arquitectos de la catedral de Yorck, publicados en Durban el año 1859, por la Surtce's Society, asi como tampoco de ninguna asamblea general de masones, ni de estatutos ó reglamentos proyectados en los reinados de Edwin ó de Athelstan. Tercero: que el célebre arqueólogo é historiador Guillermo Drake, individuo de la órden, nacido en Yoi'ck en 1687, y muerto en 1760, no hace en su discurso de 1726 ni en su erudita y sabia obra, Eborucum, ó historia y antigüeda- des de la ciudad de Yorck, publicada en 1736, alusión ninguna á la constitución citada ni a otro documento que pueda tenerse como el original del que Krause publicara. Cuarto: que tampoco se encuentra alusión alguna á este documento ni en las actas de 1761, levantadas con moiivo de la reapertura de la logia de Yorck, ni en la protesta levantada con motivo de la abrogación que de podei'es quería hacer para si la gran logia de Lóndres. Quinto: que la constitución de que se trata, no se halla enumerada en el inventario que en 1777 se hizo de los documentos existentes en la gran logia el cual conserva todavía. Sexto: que una de las grandes,logias en Berlin, tomó hace se unos veinticuatro años informes en Yorck, acerca del documento publicado por Krause, y que el tesorero grado noveno, hizo infructuosas investigaciones en la biblioteca de la catedral, asi como también cerca de dos de los más reputados arqueólogos de la población, los cuales negaron rotundamente la existencia del referido documento. Séptimo: Mister Stonehouse, que es quien ha certificado acerca de la traducción V que latina es completamente desconocido en Yorck. Octavo: que no ha existido en dicha población sociedad alguna arquitectónica por los años de l806, y que aunque las palabras Summa Societas architectonica, quisieran indicar solamente «gran logia» dicha fecha existia ninguna en Yorck. Noveno: que todas las tampoco por antiguas constituciones conocidas hasta la fecha, están conformes en cuanto á su espíritu y suministran de esta manera un testimonio indirecto contra el documento de que nos ocupamos. Comp desde luégo se comprende, la cuestión no puede ser más grave, dado que pruebas de tan grande importancia, se impugna un documento publicado como con auténtico por un mason serio y formal, gran filósofo de tan severa crítica como el DK LA MASONEI\ÍA 113 ilustre Krause, según ei que^ existirían documentos masónicos escritos datando de 926. Nada más halagüeño que esto para los que en la antigüedad ven una prueba del gran valor de la institución^ y nosotros mismos la aceptaríamos sin duda alguna^ dada la reputada autoridad de quien la afirmación procede, pero ántes que nuestro amor y que nuestros buenos deseos, ántes que el respeto mismo que nos merece el autor de los Mandamientos de la humanidad^ ántes que cuanto se nos pueda oponer, está por nosotros la verdad, la historia y la imparcialidad que desde el principio nos hemos propuesto, elementos de primera necesidad en una obra que se dispone para dejar en claro trascendentales cuestiones que hasta aqui vienen sumidas en la confu- sion más grande. Bien quisiéramos poder afirmar, que la constituida por nuestros primeros padres en el paraíso, fué una sociedad masónica, y ojalá nos fuera dado probar, como algu- nos infructuosamente han intentado, que á traves de los siglos y de los años, á traves de los pueblos y de las razas, se han venido desarrollando paulatinamente los princi- pios masónicos, hasta conseguir el desenvolvimiento que hoy tienen, pero esto sobre ser imposible seria de todo punto inútil. Desde todos puntos de vista que la cuestión se analice, el asunto objeto de la controversia en que nos estamos ocupando, tenia mas visos de verosimilitud que ningún otro; durante mucho tiempo se vino conce- diendo entero crédito á la idea de que en la remota fecha del reinado de Edwin, se había dado la primera constitución masónica en Inglaterra, lo cual á primera vista lo único que podia ofrecer de extraño era lo atrasado de la fecha, pero por lo demás no implicaba ninguna idea violenta, ni un deseo no justificado y más que nada como ya hemos dicho, y no nos cansaremos de repetir, la manifestación partía de un hombre con respecto al que se estaba obligado por un respeto debido. Sin embargo después de la polémica directa en la que Kloss dejara tan mal parada la antigüedad y la auten- ticidad del documento, vemos que las pruebas negativas aducidas no dejan lugar á la menor duda. La investigación llevada á cabo por los individuos que para ello comisionaron las grandes logias alemanas, ávidas por saber lo que de verdad habla en este punto, fué detallada y minuciosa y acerca de sus conclusiones no es posible abrigar ni la más remota duda. Si todos los trabajos referentes á la masonería se hubieran llevado á cabo con el mismo órden y con la misma imparcialidad, si en ellos hubiera presidido siempre el deseo de poner en claro las cuestiones sin abrigar ninguna idea preconce- bida, puede decirse que no hubiera llegado á ser la órden pávulo de la general maledicencia ni objeto de espanto para los crédulos que han dado entera fe á las lu- cubraciones inventadas. No es posible para nosotros contenernos ante ninguna con- sideración, y si bien sentimos que el derrotado sea Krause, no hay otro remedio sino confesar que así queda á la luz de la historia. Lo creemos tan sincero y tan formal que no es posible admitamos que él sea el inventor del documento impugnado; cree- mos más bien que su buena fe ha sido sorprendida y es lo triste en este caso que no haya dicho por quién, á fin de que pudiéramos dejarlo exento de toda culpa, pues no podemos relevarnos de declarar que el documento conocido con el nombre de Consti- 15 114 HISTORIA GENERAL tucioa de Yorck, en que hasta aqui se han apoyado muchos para probar la remota an- tigüedad de la institución, es completamente falso. El exámen minucioso hecho de archivos y bibliotecas, el concienzudo estudio que ha practicado en los catálogos que han venido siendo sus ñeles inventarios desde se que unos y otros se establecieron no han podido dar luz alguna y todos los esfuer- , zos han sido vanos para hallar el documento original de que se hiciera la traducción latina que más tarde aprovechó Krause: esta declaración no puede ser impugnada en modo alguno cuanto las pruebas del proceso quedaban subsistentes y la confron- por tacion podia llevarla á cabo cualquiera, por más que sumo cuidado habían de poner en ella los que la hicieron, tratándose como se trataba de asunto de la mayor impor- tanda y trascendencia y en el que estaba por medio una de las primeras autoridades masónicas de Alemania. No ha faltado quien con un empeño digno de aplauso por la buena fe con que se concebia, ha sostenido sin embargo la tésis alegando que un do- cumento sus- es sumamente fácil y sencillo que se extravie, no ya porque lo hayan traído de la biblioteca, sino porque muy bien puede suceder que perdiendo su sitio se encuentre revuelto con los miles y miles de que los archivos de cualquier ciudad es- tán atestados; nosotros, que no negamos por sistema, nos vemos obligados á conceder que la primera prueba negativa asentada por la comisión de masones alemanes que- da destruida con esta objeción. Cabe perfectamente que un documento se haya perdi- do por incuria, mala fe ó descuido punible, pero se trata de uno de aquellos que no posible de modo alguno lo consideremos aislado; si la Constitución de es Yorck hu- biera existido en la forma que hoy está publicada, pero se hubiera perdido ántes de sacar copia alguna, seguramente que quedarían considerables elementos para afir- mar su existencia aunque del texto literal nada se conociera. Estos elementos se- rían principalmente las referencias que de ella se encontrarían en otros documentos y ningunos tan autorizados para ello como los registros de los arquitectos de la socie- dad de Yorck, que se conservan íntegros y que han sido publicados no hace mucho tiempo, en los que no se halla la más ligera mención. Para que no pudiera quedar ni áun la menor duda acerca de la negativa opuesta á la autenticidad de la constitución citada se acudió á la obra monumental de Drake, Ehracorum^ repertorio el más completo acerca de las particularidades arqueológicas de la ciudad de Yorck y nada pudo encontrarse tampoco siendo más de tener en , cuenta que perteneciendo el autor á la órden, no hubiera omitido nada de loque para prestigio de ella hubiera podido encontrar en todo lo que estudió, asi como tampoco en las actas levantadas cuando nuevamente volvió á abrirse la gran logia de Yorck; en dichas actas se hace una historia detallada de todas las vicisitudes porque habia pasado aquel alto cuerpo masónico, remontándose á fechas bastante remotas por lo que parecía de todo punto probable que no se omitiera consignar un dato tan impor- tante como el que estamos analizando, máxime cuando de él dependía el asegurar la preeminencia sobre las demás logias inglesas, que tendrían que concedérsela por ra- zon de su antigüedad y que no sólo no ha sido asi, sino que más tarde la de Lóndres ha querido para si lo que siempre y de hecho le hubiera sido negado, de haber exis- DE LA MASONERÍA 115 tido la constitución otorgada en los tiempos de Edwin. Nunca los masones de Alema- nia se descuidaron en conseguir y averiguar cuanto de cierto hubiera acerca de la orden que historiamos y á este fin dando pruebas de una actividad que siempre pre- sentaremos como modelo de una buena fe por todos envidiable; en distintas oca- siones ha practicado minuciosas diligencias con objeto de poder inventariar todos los documentos queá la sociedad masónica se refirieran. Antes que enviarla comisión cu- yas pruebas negativas venimos examinando, la gran logia de Berlin, obrando particu- lamiente se puso en comunicación con el tesorero de la logia de Yorck que por en- , tónces lo era el hermano Kowlin, y éste, con un laudable Interes practicó las más activas diligencias para decir cuanto le fuera posible mas todo fué en vano; el , origi- nal de que Krause copiara el documento publicado no parecía, ni áun pareció tam- poco á pesar del concienzudo trabajo practicado por los dos mejores arqueólogos de la población. Pero á nuestro modo de ver las pruebas más concluyentes son las dos últimas, pues no dejan lugar á la menor duda. El documento de que tratamos podía haberse perdido, podría haberse procurado con ésta ó con la otra intención que se perdiera su rastro ; olvido sobre olvido podrían ser causa de que ni Drake ni las actas de re- apertura de la gran logia mencionaran la celebrada constitución é inadvertencias ó poco acierto ser la causa de que ni Kowlin ni ninguno de los arqueólogos dedicados á la investigación, dieran con la deseada prueba tanto tiempo acariciada, de que en 926 existía ya la masonería perfectamente constituida ; por todo esto podría pasarse aunque todo resultaria sumamente violento, mas, ya sabemos que la autenticidad de la constitución de Yorck se bacía consistir en la certificación librada por mister Sto- nebouse de que la traducción que de ella publicara Krause estaba en un todo confor- me con el original. Ahora bien el documento no parecía lo cual era ya una , , prueba de primera fuerza que venia á quedar completamente sancionada con la expresa y terminante declaración de que nadie ni en Yorck ni fuera de , Yorck, conoce al refe- rido Stonebouse. En este punto no cabe ya abrigar sospecha alguna y ménos aún cuando el certificador se bacía pasar por miembro de la Sanirna societas arquitecto- nica que nadie conocía establecida en la fecha á que se hace refei'encia. En vista de todo lo que dejamos apuntado, y de las fuertes pruebas aducidas, no hay más remedio que declarar que la célebre constitución de Yorck que muchos su- ponían con orgullo expedida en 926, es un documento apócrifo y que en modo al- guno puede adquirir carácter de elemento esencial para una historia de la masonería. CAPITULO IX. Eduardo III de Inglaterra.—Su carácter.—Beneficios conseguidos durante su reinado.—Protección que dis- pensó á la masonería.—Autoridad de Preston.—Su Yida y sus obras.—Tomás Payne.—Su obra.—Publi- cacion del importante documento-prueba de los beneficios que la órden masónica debe al monarca inglés. —Autoridades en prueba de su autenticidad.—Situación de la masonería en esta época.—Nombramientos de diputados hechos por el rey Eduardo III para vigilar los trabajos de las logias.—Opinion emitida por algunos autores de que en el reinado de este monarca es cuando tiene lugar el aparecimiento de la órden. —La masonería durante el reinado de Enrique VI.—Causas que dieron lugar al aparecimiento del bill publicado durante su minoridad.—Investigación histórica.—Resultados que tuvo para la masonería la contienda entre el regente de Inglaterra y el cardenal de Beaufort.—Manifestación equivocada del histo- riador de la órden Mr. Rebold.—Disposiciones contrarias á la masonería dictadas durante el reinado de Enrique VI.-Confusion de la asociación masónica con otras sociedades secretas. QUiVALENTE á Eurlquo el Pajarero de Alemania , principe ilustre que supo á más de conservar y ampliar sus estados, dotarlos de sabias le- yes, disminuir los privilegios feudales y dar franquicias y derechos para favorecer el progreso de las artes y de las ciencias; es en Inglaterra Eduar- do III de quien antes de ahora hemos tenido ocasión de hacer algunas indicaciones, monarca que fuera por su mayor aptitud, fuera por las mejores condiciones en que hallara á su reino, supo dar mayor extension á las reformas, preparando de esta ma- ñera anchas vias para el desenvolvimiento de las libertades necesarias para la eman- cipacion del espíritu humano. Las manifestaciones artísticas que por aquel tiempo tenían que excitar más pro- fundamente "la atención de todos, eran sin duda las de los constructores ó masones como ya se llamaban; acreditaban desde luego una gran unidad y un órden perfecto, resaltaba en ellas la intima union de todos los que á su alzamiento contribuían y ne- cosariamente se tenia que conceder que era la de mejor organización de cuantas por entóneos funcionaban. No pudo desconocer ésto el monarca ingles y atento sólo á las HISTORIA GENERAL DE LA MASONERÍA 117 manifestaciones externas que producía, comenzó á dispensarle protección y favorecer su acrecentamiento no sin que antes de hacerlo procediera al atento y detenido exá- men de los principios á que la franc-masoneria obedecía. Con respecto á este partien- lar son de todo punto curiosas las noticias que da el ilustre mason sir Guillermo Pres- ton, nacido en Edimburgo en 1742 y muerto en 1818. Corrector primero en una imprenta y dueño de ella después, llegó á ser venerable de la célebre logia «La Anti- güedad» y en bien de ella escribió: Aclaraciones acerca de la Masonería^ obra publi- cada en Lóndres en 1772 y reimpresa muchas veces más tarde; al ocuparse en ella del punto histórico de que tratamos ahora, dice : «Un antiguo documento hallado en los archivos de la sociedad nos maniflesta lo siguiente: Bajo el reinado glorioso de Eduardo III, cuando el número de las logias tomó un considerable incremento, el muy respetable maestro y los compañeros acordaron, con la aprobación de los lores del Reino, pues ya en aquella época muchos grandes personajes pertenecían á la socie- dad, que en adelante en la recepción de un hermano (pues este titulo se usaba ya para todos los individuos pertenecientes á la órden) se leyeran por el venerable las anti- guas leyes fundamentales. »Que los que debieran pasar á maestros masones ó á otro cualquier trabajo ten- drian que sufrir las pruebas á fin de asegurarse de que poseían los conocimientos ne- cesarios para desempeñar los cargos que les fueran conflados, de modo que nunca por culpa suya quedara el arte deshonrado y si siempre con'la consideración que merece.» Estos principios fundamentales claramente consignados, se completan con los que se hallan expuestos en un antiquísimo documento que publicara gracias á una copia exacta que poseía el célebre publicista inglés Tomás Payne en su obra Ensayo sobre el origen de la masonería^ que vió la luz en Lóndres el año 1810, algunos después del fallecimiento del autor. Antes de trascribirlos diremos que este documento puede merecer completo crédito, pues sin reserva alguna lo incluyó Anderson en el libro de las Constituciones irlandesas del año 1730. Ademas el ilustre Klos, que como sabe- mos ha analizado y examinado con gran atención y detenimiento todo lo que á las pruebas escritas de la masonería, ha dicho de la que nos ocupa: «Está completamente autorizada la opinion que formó Preston y deben ser consideradas como perfecta- mente auténticas.» La redacción de los principios que juntamente con los anteriores deben tenerse como los más antiguos, y que debieron ser los que ocuparon la atención de Eduardo tercero es la siguiente: « Cuando el veneratile y los inspectores se reúnan en una lo- gia es menester, cuando esto sea necesario, que el sheriff del condado ó el alcalde de la ciudad principal ó los aldermanes de la población en que tenga lugar la asamblea, sean hechos compañeros y adjuntos al maestro para secundarlo en su defensa contra los rebeldes, y para que no sufran ataque alguno los derechos del Estado.—Cuan- do un aprendiz solicite su admisión en la sociedad deberá prometer ante todo no ro- bar, ni acechar y trabajar honradamente para ganar su salario; amar á sus compa- ñeros como á si mismo y ser fiel al Rey, al Estado y á la logia.—En cada una de estas 118 HISTORIA GENERAL asambleas se practicarán informaciones para averiguar si algun maestro ó compañe- i'o ha cometido falta con respecto á cualquiera de los artículos aprobados^ y si en vis- ta de ello fuera declarado culpable y el rebelde se negara á comparecer ante la logia, ésta ordenarà que renuncie á sus derechos de mason y que se dicte prohibición para que en adelante pueda participar de sus beneficios; si se negara á someterse á es- te acuerdo el sheriff del condado lo reducirá á prisión y pondrá todo lo que posea en poder del rey, hasta tanto que éste le conceda gracia y mande que sea puesto en liber- tad. Por que estas asambleas se han establecido principalmente con objeto de que en todo lo que concierne á nuestra profesión el más pequeño sea servido tan bien y tan fielmente como el más grande en todo el reino de Inglaterra. Amen (así sea.)» En todo lo que hasta aqui venimos viendo, queda perfectamente determinado, que la sociedad masónica en la época á que nos referimos, era una institución de carácter público amparada y protegida por las leyes sancionada por las Constituciones del , Estado y hasta si se quiere bajo la inmediata inspección y vigilancia de las autorida- des locales; pero es menester no perder de vista que si bien por entónces se advertían ya tendencias elevadisimas y principios en los que clara y manifiestamente resal- taban los deseos de una igualdad práctica todavía con ellos no se hacía , propaganda contraria á las instituciones consagradas, ni en apariencia eran los asociados más que hombres de trabajo, hombres agrupados para proporcionar la mayor suma de beneficios, dentro del órden legal, cosa que en ningún tiempo ha sido contraria ni áun al espíritu más rigoroso de las leyes. Cierto que las condiciones para la admisión se habían ampliado, cierto que ya éste ó el otro con lo para ser contado como hermano no era menester ejercer arte, que se manifiesta el carácter de generalización que siempre tuvo, pero había que probar de una manera mucho más minuciosa que hoy se hace, que el solicitante era hombre ])robo y honrado, de los que había sido bueno siempre y que estaba animado mejores deseos para el trabajo. Atento á esto y á las grandes ventajas que la organización de las logias propor- cionaban á las artes, Eduardo III no sólo se ocupó del análisis y estudio de los prin- cipios porque la masonería se venia rigiendo, sino que se dispuso á favorecerla y protegerla, siendo su primera disposición nombrar cinco diputados con encargo de inspeccionar todos los trabajos que ejecutaran. Fueron éstos Juan Spaule, el ilustre Guillermo de Wykcham, prelado eminente que había nacido en Hampoliere en 1324 que murió en 1404. Hijo de una familia pobre, hizo los estudios en la escuela de y Winchester, gracias á la protección que le dispensaba el señor de su condado natal, quien ademas lo recomendó muy eficazmente al obispo de este punto; merced á esta entrar la corte, en la obtuvo en 1356 la plaza de inspector de protección pudo en que las construcciones reales en el parque de Windsor; gracias á él, Eduardo III hizo de- moler y reconstruir gran parte de aquel edificio. Wykcham dirigió sólo aquellos tra- bajos, así como también la construcción del castillo de Queeborugh, en la isla de Shappy. Después de recibir las sagradas órdenes, desempeñó muchos elevados pues- tos en la jerarquia eclesiástica hasta el año 1366, en que fué nombrado obispo de Win- DE DA MASONERÍA 119 Chester, siendo entre tanto empleado por el rey en muchas comisiones importantes y delicadas de las que una, no la menor, fué la que nos ocupa y que nos hace suponer que tan elevado personaje pertenecía á la orden desde algun tiempo ántes; el tercero de los diputados que nombrara el monarca, fué Rob de Baruham, hombre ilustrado que contribuyó no poco á las reformas legislativas; el cuarto Enrique Yeuele ó Revele, arquitecto de la casa real, y »el quinto y último Simon Langham, prelado nacido en 1310, muerto en 1376. En el año 1335, ingresó en el convento de San Pedro en Westminster, del que quince años más tarde ocupó el puesto de abad; las reformas notables que llevó á cabo y los nuevos reglamentos que redactó llamaron la atención del rey que lo nombró primero lord tesorero, y después obispo de Ely, canciller y por último, arzobispo de Cantorbery. La importancia de los personajes citados y el carácter de que cada uno estaba in- vestido, prueba de bien claro modo que la institución masónica en el tiempo á que nos estamos refiriendo, no tenía aparentemente ningún otro fin más que el de contribuir ai mejoramiento de los individuos que la formaban, pero es justo tener presente que como ya en distintas ocasiones hemos hecho notar, comenzaban á despertarse ideas para el fomento de las que buscaban el secreto, comenzaban á germinar los principios que son hoy base de la comunidad y que seguramente la tendrían á grande altura si tuvieran cumplida observancia. Más que nada, es lo cierto que considerada la órden desde el punto de vista de carácter material que en un principio tuviera, la época de su mayor acrecimiento es el reinado de Eduardo III, y esto ha llevado á no pocos autores á afirmar que por entónces es cuando la sociedad aparece y afirman más, pues llegan á determinar que su constitución data de una reunion que se tuviera ántes de comenzar las obras de la célebre abadia de Windsor. Uno de los más firmes mantenedores de esta hipótesis, es el célebre arquitecto inglés Wyalt Papworth, asi también Preston, el cual declara que nunca como entónces fueron numerosas las logias en Inglaterra, teniendo ya per- fectamente establecidos los signos mediante que se podrían reconocer para socorrerse en caso de necesidad, pues unos estatutos de los años 1360 á 1361 declaran que todas las asociaciones y convenciones secretas de masones, y todas las reuniones, capítulos, reglamentos y juramentos anteriores quedaban derogados. En vista de todo esto, dice Papworth: «De todo lo expuesto resulta como cierto que las asociaciones ó gildas de masones han existido ántes de la segunda mitad del siglo xiv, pero lo que por el contrario resulta muy dudoso, es si la logia de Lóndres tenia relaciones con las demás ciudades, y si existia una superior que diera instrucciones para dirigir los trabajos de una manera sistemática.» El referido autor se decide por negar en absoluto este órden jerárquico, que de haber existido sería menester afirmar que la órden contaba ya muchos siglos de existencia, pues no puede tardarse ménos en regularizar per- fectamente la marcha que hasta mucho después no ha logrado tener la aso- ciacion. Extraña por más de un concepto, que después de las franquicias y derechos que Eduardo III concediera, Enrique IV ó mejor dicho sus curadores, por cuanto todavía 120 HISTORIA OENERAI. el monarca se hallaba en la minoridad, dieran el bill de que ya hemos hablado y en el que bajo penas sumamente severas se prohibían las reuniones que basta entonces sin cuidado alguno hablan venido celebrando los individuos pertenecientes á la ma- sonería. En vano ha sido que se practiquen amplias y minuciosas investigaciones, para lograr averiguar las causas que dieron motivo á la citada disposiciones y algunos autores, sin duda por no dejar sin solución un punto que tiene verdadera importancia en la historia de la orden, han supuesto que fué motivada por la parte que tomaban los masones en las luchas políticas más reñidas entonces que ahora, pues todo abso- lutamente todo dependía del favoritismo, Esta razón puede seducir á primera vista y sirve admirablemente para salir del paso en un asunto de difícil solución, pero no es admisible en modo alguno ni se puede aceptar comparando la disposición á que alu- dimos y los precedentes estatutos que dictara el parlamento, trabajo que con sumo acierto ha llevado á cabo el erudito Kloss. Desde luego tenemos un estatuto de 1361 el mismo cita Papwortb, para probar la falta de comunidad de relaciones entre la que logia de Londres y las demás del reino, que implican en cierto modo una prohibición fundándose en que constituyen una trasgresion de los reglamentos, motivo que es el mismo que se invoca en la ordenanza de 1425 en los términos bien claros de: «Como las asambleas anuales y todas las demás asambleas interrumpen el fin de las asocia- ciones de trabajadores comprometiendo los resultados, como son contrarias á los reglamentos y causan gran perjuicio á los municipios, etc.» Estas palabras induda- blemente pueden ser objeto de comentarios é interpretaciones pero no hay que llegar á ellos considerando el autocrático y suspicaz carácter del que las dictó. Conviene no olvidar que por más que la citada ordenanza fuera dictada como me- dida de verdadero rigor y por más que en su parte dispositiva dictara la penalidad de una manera tan lata que en todas y en cualquiera podía incurrir el que la con- traviniera, nunca obtuvo el vigor que le quisieron dar y la sociedad siguió progre- sando bajo el patronato del obispo de Chichely, desarrollando sus principios, estre- chando los vínculos que ya tenia tendidos y preparándose para operar la evolución que la habla de tornar en comunión de hombres libres, dispuestos á la defensa de los más sagrados derechos. En apoyo de lo que decimos tenemos la autoridad del severo Preston, el cual declara que á pesar de la severidad de la prohibición que al rey le hiciera firmar el cardenal de Beaufort, se establecieron no pocas| logias en distintos puntos del Reino Unido de la Gran Bretaña. Las tradiciones masónicas no nos dan explicación alguna acerca de este hecho, mas nada tiene de particular cuando por entónces la comunidad no tenia ni secretarios, ni archivos, ni aún siquiera medios de perpetuar la memoria de los asuntos que ocurrieran. Este punto no pode- mos abandonarlo sin que lo tratemos suficientemente, pues es, digámoslo asi, la bis- toria de la primera persecución masónica en Inglaterra; mas está tan intimamente la historia profana, á ella tenemos que acudir para ver si hallamos la ligado con que clave del enigma. Para esta averiguación seguiremos también á Preston y á Schmie- der, que son á nuestro modo de ver los que mejor la han hecho. Aun no habla cumplido Enrique VI ocho meses cuando murió en 1422 su padre, DK LA MASONHRÍA 121 dejándole en herencia el reino de Inglaterra y el de Francia, habia hasta el Loira. que Dejóle conquistado por tutores á su muerte al duque de Francia, al hermano Bedford, como regente de y de éste, Humphry, duque de Glocester, como glaterra, de y confló In- la dirección regente de la educación del jóven ambos, al cardenal principe al que era tío de de Beaufort, de quien aunque muy á la principales datos ligera hemos dado biográficos. ya los Intrigante y pretencioso el derarse de la tutela cardenal, ambicionaba apo- para llegar á ser el único favorito cuando el rey se ciñera la roña; era inmensamente co- rico y fueron siempre las riquezas razón poderoso por que nunca dejó de inspirar instrumento, serios temores, dado que que no le faltaban públicamente se sabia gran número de hombres dispuestos á secundar sus una parte y de De otra, como planes. en casos semejantes acontece, se formaron partieron intrigas contestaciones que hacían temer y por desenlace una camente guerra de la tendría civil, úni- que salir que perdiendo la nación; el turbulento depender la realización prelado hacer de todos quiso sus planes de la sorpresa, y con se presentó una ante los efecto, mañana fuertes de Lóndres seguido de fieros gran número de y campesinos reclutados arqueros, caba- con premura, para bienio apoderarse hacia violentamente del conque tiempo soñaba. Contra go- todo lo que con habia podia esperarse dado el que operado al mismo sigilo tiempo que la rapidez con preparativos llevara de que á cabo aquella los aventuradísima expedición, cuyo éxito creia el regente estaba sobre seguro, halló aviso que y que muy breves momentos le á bastaron se afrontar el ataque. para Ademas de los disponer- elementos naturales de tenia defensa gente con el que contar, que re- Humphry había todos protegido y favorecido á las los individuos clases obreras pertenecientes á ellas y se ayuda. agruparon á su alrededor para prestarle La verdad de los hechos que consignamos ha sido causa de tros antecesores muchos emitan que de la nues- errónea opinion de que el tutor á de la sociedad Enrique VI masónica, extremo pertenecía que no se halla en Humphry tenía probado sólo ningún documento. en su favor el gran amor cios que profesaba á las artes que los por todas partes y benefi- habia derramado; era un mos hoy, gobernante como y desde este popular, diría- punto de vista no le hacia falta en la órden modo en el concepto de alguno á hermano pertenecer para que la órden lo sus bienhechores. considerara como á Afortunadamente uno de no habían llegado todavía los sos en que la masonería, tiempos calamito- para aparecer fuerte é personajes diera renombrados importante, títulos de honor á que ni saben lo qué es una fundamentales logia, ni conocen principios siquiera los en que la masonería descansa. virtieron Masones al fueron los regente de la ad- forma que en que se denal, aproximaba sobre Lóndres y ellos, el así belicoso car- como también todos los demás res, tomaron que pertenecían á las las clases armas y cerraron las popula- puertas de la para que ningún capital, traidor guardándolas fielmente pudiera salir y comunicar con el amaneció, la ciudad campo entera enemigo. Cuando tenia un decir aspecto de calma lo tal, que nadie que hubiera ocurría; mas tan pronto podido como los avanzar, fueron partidarios del de Beaufort atacados intentaron por todas partes, generalizándose un conflicto sangriento si 16 122 HISTORIA GENERAL entre los que luchaban no se hubiera interpuesto Chichely^ arzobispo de Cantorbery protector de los masones, que logró, gracias á sus poderosas razones, calmar gran los ánimos y que la cuestión quedara sometida al arbitraje del duque de Bedford, que decidiria lo más conveniente. como En el mismo dia al y sin perder un momento, el cardenal escribió propuesto árbitro, interesándolo en su causa y procurando desvirtuar de antemano las acusa- necesariamente se le tenían que dirigir, y hasta llegó á emitir la clones injuriosa que especie de que Humphry tendía á secuestrar al jóven rey, para hacerse dueño abso- un momento é inme- luto del gobierno. Asustado el duque de Bedford, no se detuvo diatamente se trasladó al lugar de la acción, comenzando por restablecer la tranqui- los ánimos, se encontraban aún muy excitados. El cardenal lidad y apaciguar que manejar hábilmente la intriga; alejó á los principales que le hubieran podido supo declaró que sus intenciones no eran otras que penetrar pacificamente en la acusar y ciudad seguido de la escolta derecho propio lo acompañaba, pero que habia que por sido atacado violentamente por los masones, que sin duda tenían el propósito de ase- él tuvieran ningún resentimiento personal, sino el sinario, con por sagra- no porque do carácter de que se hallaba investido. Añadió ademas que desde hacía mucho de la aquella asociación ilegal perversa tendia á destruir la fe y los derechos y Iglesia Humphry favorecía abiertamente á los masones y gracias á esta protec- y que como de los cion podían ellos prosperar y hacer imposiciones en el ánimo demás, por estas siempre estaban dispuestos á ser instrumentos de sus venganzas y de sus causas en asambleas y odios; criminal que sus hazañas se preparaban con premeditación sociedades secretas y que ellos serían seguramente el medio que habria de emplear propio bien quisiera trastornar la constitución del el regente el día por su pais; que lo hablan hecho objeto tan injustificadamente, no era más la agresión de que que que prueba valorar los medios de ataque y los elementos de defensa, y que des- una para de todo aquello no había más remedio que temerlo todo, por lo cual se hacia pues enseguida medidas eficaces que cortaran el mal de raíz. necesario tomar Véase por estos ligeros detalles que apuntamos cuán antiguas son las inculpado- fiel relación nes calumniosas que se han dirigido á la masonería, y por la exacta y de los hechos el poco fundamento que tenían. Asi puede decirse que ha sido siempre; reservándonos el hacer la critica en lugar oportuno, sigamos presentando lo que mas la historia arroja para justificar el bill de 1452 y que al propio tiempo nos explicará el vigor tuvo, á pesar de los rigorosos términos en que está redactado. poco que El expediente á que Beaufort recurrió tuvo para él admirables resultados, pues gracias á sus injuriosas insinuaciones consiguió desvirtuar las verdaderas causas que ocasionado la agitación aquella, alejando al propio tiempo todas las sospechas qabian respecto á él pudieran ocurrir y que ademas que con comprendía no habían de ser cuantos eran conocedores de sus miras am- pocas, dado el concepto en que lo tenían biciosas y de sus dañados propósitos. No obstante el aparente crédito que á sus pala- bras se daba, los más sabían á qué atenerse y comprendieron que el fin que se pro- habían dado ponía era únicamente dejar en la oscuridad los motivos verdaderos que DE LA MASONERÍA 123 lugar al motín; pero fué tal la habilidad que desplegara en esta segunda maquinación, que el representante del poder real á quien la cuestión se había sometido en arbitraje, llegó á dudar de su propio hermano, si bien es cierto, como muchos historiadores afirman, que tampoco éste carecía de ambición y no podía ménos de sentir celos por cualquiera de los disturbios que pudieran ocurrir, dado que el ausente seria quien perdiera más y por cuanto el pronto y eficaz auxilio con que Humphry había podido contar organizando de este modo una repentina defensa, sin la que seguramente se hubiera visto privado del poder, le revelaba un partido de descontentos, un elemento favorecedor en primer término del regente en Inglaterra, con el que podía contar siempre para la realización de cualquier designio. En vista de esto el duque, que como hemos dicho había venido precipitadamente de Francia para dirimir la cuestión, comprendió que el mejor partido que podía tomar era dividir las huestes, alejar á no pocas personalidades y quebrantar la in- fluencia de otros, equilibrando asi las fuerzas de los tres, que en último extremo po- dian llegar á ganar ó á perder, para estar exento'de ser de los de este último número. Con objeto de poder llevar sus miras á debido cumplimiento, comenzó por reinte- grar á su hermano de todos los derechos y preeminencias que como regente tenia, pero declaró abierta y manifiestamente que desaprobaba aquel armamento arbitrario que se habia hecho de las clases populares, con lo que ciertamente no se podia con- seguir más que desmoralizarlas, por lo que acudió al parlamento en súplica de que se adhiriera á su manifestación y de que dictara medidas conducentes á impedir que en lo sucesivo se repitieran actos de aquella naturaleza. Este resultado causó la sa- tisfaccion más grande al belicoso cardenal, quien por su parte puso en juego su in- fluencia y sus riquezas con objeto de conseguir que las disposiciones dictadas fueran lo más severas posibles. Encontrábanse, pues, los miembros de la asamblea obliga- dos por ambos lados; de una parte unos por sentimiento propio y no pocos cediendo á las influencias que sobre ellos pesaban, querían dictar las medidas que tanto el duque como el cardenal pedían; de otro no dejaban de abrigar la sospecha de que fuera cierta y verdadera la inculpación que, aunque de una manera tácita, se hacia á Humphry, temiendo por tanto incurrir en el descontento de éste y aún en lo que era peor, en el de las masas populares; ademas los unos desconfiaban de los otros, cada cual creía ver en el que tenia al lado un partidario de los alborotadores, un afiliado á las socie- dades secretas aquellas de que tanto se hablaba por aquellos días, y todas estas incer- tidumbres y alternativas, todos aquellos sobresaltos y temores, dieron por resultado que acaeciera un hecho ridiculo, tal vez como ninguno de los que registra la historia de Inglaterra: el día designado para tomar los tan deseados como temidos acuerdos fué tan grande el temor de todos los individuos del parlamento, que cada uno acudió acompañado de sus deudos, amigos y servidumbre, que permanecieron tras ellos ar- mados de palos y preparados á todo evento. Nada ocurrió de lo que infundada- mente temían: las deliberaciones se llevaron en paz, el bill quedó decretado y todos se retiraron á sus casas tranquilamente; pero la sesión aquella quedó calificada con el irrisorio nombre de «sesión de los palos.» 124 HISTORIA GENERAL Terminado el ruidoso incidente que habia dado lugar á tantas murmuraciones, el duque de Glocester entró nuevamente de lleno en "sus funciones, y aunque comprendía todo lo que tenia de injusta y arbitraria la medida de que nos ocupamos^ aunque su rectitud y probidad no podian estar conformes con la parte dispositiva del referido bill, que dejaba ábiertas las puertas á las arbitrariedades y vejaciones que quisieran cometer los gobernantes, no se atrevió á derogarla, pues tal paso hubiera sido antipá- tico y contraproducente y con él hubiera conseguido sóío que se elevaran á realidades las sospechas que muchos tenían concebidas y que su enemigo adquiriera mayores fuerzas con que intentar una nueva sublevación, en la que por su causa le hubieran seguido más que en la ocasión primera. Queriendo conciliario todo, sin embargo, dejó vigente el bill decretado por el parlamento, pero no se cuidó para nada de exigir su ejecución, como hubiera estado en su derecho, por lo que los masones siguieimn disfrutando la misma libertad que hasta entónces, y áun mayor si se quiere, pues el arzobispo de Cantorbery, á quien temia y respetaba el prelado de Winchester, se de- claró su protector. Se trató sólo de evitar cualquier cuestión pública y á este fin, ce- diendo más á la propia conveniencia que al deseo de acatar las leyes, que no podían merecer respeto alguno dada su notoria injusticia, se convino en suprimir las asam- bleas generales que hasta entónces se hablan venido celebrando. Así está fielmente comprobado y asi lo exponen los más afamados historiadores de la masonería ingle- sa, desvirtuando por completo las opiniones del autor francés Manuel Rebold, quien sin que se sepa de dónde ha podido adquirir el conocimiento, ofrece en su Historia General de la Francmasoneria el siguiente dato cronológico: «1425.—El parlamento ingles decreta un bill por el que quedan suprimidas las asambleas de los francmasones. En 1427 durante la noche de San Juan, tuvo lugar en York una gran asamblea que protestó de semejante disposición, pero sus quejas no fueron escuchadas.—Las actas manuscritas en lengua latina, en las que están inserí- tos los nombres de los maestros, vigilantes y obreros de las logias reunidas, se en- cuentran en la Biblioteca de Oxford fechadas en 1429.» Excusamos repetir que no se hallan en ninguna parte datos que nos hagan afir- mar la celebración de la asamblea citada, y puede afirmarse después de las serias investigaciones practicadas, que en la biblioteca de la universidad de Oxford no se ha- lian las actas á que Rebold hace referencia. Refiriéndonos pues, al hecho que viene ocupándonos principalmente, hay que con- ceder, desde luégo, que los principios masónicos comenzaban á extenderse ya en la época de la conspiración del cardenal de Beaufort, sin estar puramente concretados á las prácticas de un arte cualquiera: la union y el intimo comercio de unos hombres con otros, aquellas reuniones celebradas temporalmente, y más que nada, los benefi- cios que para todos se conseguían, contribuyeron á difundir la cultura, y á que los conocimientos se aumentaran, hicieron surgir la idea de que dentro de la sociedad ca- bian todos los hombres, aunque no tuvieran las mismas ocupaciones y poco á poco fueron ensanchándose las vallas que en un principio la tenían limitada. Pero de esto á que el regente de Inglaterra Humphry, perteneciera á la comunidad y á que ésta DE LA MASONERÍA 125 conspirara ya por alcanzar preeminencia política, hay grandísima distancia que no puede llenarse en modo alguno con las aventuradas opiniones que se han emitido. De cien y cien acontecimientos históricos sabemos que se ha culpado á otras asocia- clones sin que pueda existir menor motivo para ello; en la Edad Media no habia tras- torno, ni desgracia, ni peste que no se atribuyera á la presencia de los desventurados hijos de Israel, por cuya razón los perseguían de una manera despiadada; en nuestra época hemos presenciado como de epidemias resultantes de la infección del aire, se acusó á los institutos religiosos, consintiéndose por esta razón no pocos atropellos: ni en un caso ni en otro tenían razón los que tales cosas propalaban, mas hay que ver cuando no fundamento sólido y racional, causa eficiente para el desahogo de odio y. cólera mal comprimida. El rencor, hacia tiempoque se venía abrigando; la tempestad rugia desde hacia años, no faltaba más que el pretexto y cuando hay gran deseo, el pretexto se ofrece pronto. Una cosa muy semejante á ésta hemos de ver en casi todas las persecuciones de que han sido objeto los masones, y que está suficientemente probada en la primera que tuvieron que sufrir en Inglaterra: la ambición y las malas pasiones, han sido siempre las causas productoras de los trastornos que las nacionalidades registran en su historia, y en la lucha á que diera lugar el cardenal de Beaufort, no podemos ver otra cosa. Habiéndole fracasado por completo todos sus planes y maquinaciones, viéndose expuesto á perder cuanto tenia, causas que le hacían experimentar hondo despecho, no tuvo más remedio que procurar desahogar su cólera, haciendo desear- gar la justicia que únicamente debía anonadarlo á él, sóbrelos que con su valor y arrojo, con su órden y buen acierto habían hecho fracasar sus planes. Hé aquí por qué señaló á los masones como perturbadores de la tranquilidad pública, y los pre- sentó al parlamento como atentadores de la fe i^eligiosa y de los derechos de la Igle- sia, suponiéndolos confabulados en sociedades secretas que conspiraban constante- mente contra los buenos principios; sus pretensiones hallaron eco principalmente por dos razones, primera por el apoyo que le prestara el duque de Bedfort, regente de Francia y arbitro en la cuestión, que más que nada deseaba privar á su hermano de aquel fuerte apoyo que tenia en las clases populares organizadas, elemento de gran- disima importancia con el que el dia que hubiera querido, habría introducido refor- mas en la constitución y se hubiera apoderado del gobierno, y segunda por el miedo que siempre despierta lo desconocido en lo que siempre se ha supuesto lo peor y no es de ahora, no precisamente de nuestro tiempo, sino rancio achaque ya el de estre- mecerse al oir hablar de sociedad secreta, creyendo los más que sólo es posible que varios individuos se reúnan á espaldas de la ley, para fraguar el mal y contribuir á pérdidas y perjuicios. Ademas desde muy remota fecha se ha incurrido en otro grave error, ó por mejor decir se ha seguido un camino fácil que evitaba todo trabajo á los que querían hablar de la cuestión sin haberla estudiado, y éste es el de confundir á la masonería con to- das las demás sociedades secretas que han existido. De aquí no pocas inculpaciones y calumnias, de aquí gran parte de la prevención con que á la órden se mira. Los ré- 126 HISTORIA GENERAI. DE LA MASONERÍA probos y los malvados se han asociado también para la mejor realización de sus fines y lo mismo han hecho los turbulentos y descontentadizos: de estas sociedades debían existir ya en los primeros años del reinado de Enrique VI, y con ellas debió confun- dirse también á la masonería. Buena prueba de que es cierto lo que decimos es la ley publicada contra ciertas agrupaciones el año 1437, décimo quinto del reinado de aquel monarca y que á la letra dice asi: «Atendiendo áque los maestros, inspectores y otros individuos de XdiSgildas^ hermandades y otras corporaciones establecidas en distintos puntos del reino, toman entre sí, á cubierto de los privilegios que les fueron concedí- dos por cartas de franquicias y patentes otorgadas á ellos por nuestros reales predece- disposiciones contrarias á las leyes del pais; por este motivo y también sores, ¡porque ocurren hechos cuyo conocimiento, castigo y enmienda, corresponde exclusivamente al rey, á los lores y á otras personas que tengan atribuciones para ello en defecto de los que nuestro Señor Soberano, el rey y los demás están cohibidos en el ejercicio de sus libertades y de sus derechos, por último á causa de que en estas asambleas no autorizadas se toman con frecuencia medidas ventajosas todas para aquellos ¡que las decretan, pero muy perjudiciales para los intereses de los demás, acordamos que en adelante dejen de celebrarse las referidas asambleas bajo las penas más severas, y y que se forme expediente para revisar todas las cartas de privilegios y patentes acor- dadas.» Los términos en que esta ley se encuentra redactada, revelan de una manera clara y palpable, la existencia desociedades queabrogándose facultades quenotenian, toma- han medidas contrarias á los intereses generales, y hasta quién sabe si ya en aquella época alguna de ellas administraba justicia de la repugnante manera que han pensa- do muchos lo hacia la masonería, institución de la que habian copiado ciertas for- malidades externas, como parecen probarlo los términos en que se cohiben excesos de la misma naturaleza por otra disposición legal del año 1495, la cual dice: «Ha sido redactada para castigar las reuniones ilegales, las coaliciones, y generalmente todos aquellos que siendo contrarios á las leyes, se reconocen por signos y toques (Signes and tokyns). CAPÍTULO X. Situación de la masonería al advenimiento de Enrique VI.—Opinion de Preston.—El interrogatorio.—Yecha. de su aparecimiento.—Su publicación, por Krausse.—Historia inventada para explicar su existencia.— Contenido de este documento.—Dudas de Fessier.—Federico Luis Keller y üottliold Efrain Lessing.—Su vida, sus escritos y su importancia masdnica.—Primera impugnación de Lessing al interrogatorio.— Pruebas eu contra, deducidas de su redacción y estilo. —Opinion de Keller y declaración del mismo acerca del autor de este documento.—Alteraciones y disturbios en Inglaterra durante este período.—Perjuicios quede ello se siguen á la masonería.—Reinados de Enrique Vil y Enrique VIH.—Continuación déla lucha. —Carácter de este último monarca.—Disensiones religiosas. OS datos que anteriormente dejamos apuntados y las condiciones genera- les del lugar y de la época, son á nuestro modo de ver elementos más que suficientes para negar en absoluto la afirmación hecha por algunos auto- res de que después de empuñar las riendas del gobierno Enrique VI siguió dispensando grandisima protección á la sociedad masónica, y no sólo esto, sino que también como Preston afirman que entrara á formar parte de ella en 1442, encargan- dose de la presidencia de las logias en calidad de gran maestre. En aquel tiempo las logias se hallaban entregadas á sus propias fuerzas siendo este tal vez el mérito más sobresaliente que la masonería puede alegar en pro del valor y solidez de sus principios, pues en tanto anduvo en los primeros pasos, en tanto tuvo que luchar con las insuperables dificultades con que toda sociedad tropieza en sus comienzos, en tanto que tuvo que afrontar de lleno la preocupación que en las gentes hacían'nacer las injuriosas imputaciones que se le hacían, no disfrutó más que de la indirecta protección de algunos espíritus elevados que velan en el credo de la naciente órden, elementos suficientes para estrechar los vínculos de la gran comunidad humana. Esto no obstante, ha sido formal y acendrado el empeño de los que contra toda 1"2S HISTORIA GENERAL prueba histórica, han querido sostener que principes y reyes pertenecieron á la órden desde el principio, y no hallando-fundamentos en que apoyarse, no han tenido inconveniente en inventar documentos con los que, seducidos los más, les han con- cedido entero crédito, hasta que depurados por el detenido estudio que de ellos se ha hecho, han caído en el más grande desprestigio. Ya hemos visto lo ocurrido con la tan célebre constitución de Yorck, y lo mismo sucede con el documento cono- cido con el enunciado El Interrogatorio^ que- tanto ha llamado la atención, y cuya única base es la ya referida afirmación de que el soberano de Inglaterra Enrique VI, formaba parte de la comunidad. Publicado primeramente en Inglaterra en 1753' en uno de los periódicos más notables con que cuenta la masonería, precedíalo la decía- ración de que había aparecido por primera vez en 1748 en Francfort sobre el Mein, pero esta pretensión quedó inmediatamente desvirtuada, pues no se halló ejemplar alguno de este impreso, siendo también muy poco probable que un documento de esta importancia y naturaleza pasara de Alemania á Inglaterra. Sin embargo, des- lumbrados muchos por el valer que á la institución pudiera hacer conseguir, no tuvie- ron inconveniente alguno en insertarla en el libro de las constituciones de la gran logia en Inglaterra y en otras muchas obras masónicas de gran importancia como son las de Preston y Anderson. De la misma manera que Krause había sido el primero que en Alemania diera á conocer la constitución de Yorck, con la que desgraciadamente quedara tan mal parado, él fué también quien primeramente revelara á los,masones alemanes la existencia del documento en cuestión, acompañado de amplias y detenidas expli- caciones. En la obra del profundo filósofo, gloria de su patria, aparece con el titulo siguiente: «El más antiguo articulo acerca del origen, carácter y fin de la socie- dad los franc-masones, según un manuscrito del rey Enrique VI, página 22, conser- vado en la biblioteca Bodleiana de Oxford desde el año 1696, y designado en otras partes con el titulo de Interrogatorio ó exámen de los francmasones. La historia inventada ó mejor dicho, la novela improvisada para justificar la apari- clon de este documento es la siguiente: el manuscrito del rey sin que se sepa la causa, fué encontrado en la biblioteca de un convento, donde había permanecido ignorado un considerable número de años hasta 1536, en que habiendo confiscado Enri- que VIII los bienes de todos los conventos, encargó á un sabio paleógrafo y anticuario llamado Juan Seyland, el estudiar todos los archivos para recoger cuantos documen- tos pudieran tener alguna importancia. Cumplimentado el encargo del rey, Seyland halló el manuscrito de que nos ocupamos, lo copió á causa del mal estado en que se encontraba, y lo incorporó á la biblioteca de Oxford, donde permaneció sin que nadie hiciera mención de él hasta el año 1636. Según los improvisadores, la primera copia que salió á luz, se debe al célebre filósofo ingles Juan Locke, que la remitió al conde de Pembrocke. La carta que precede á la referida copia, está acompañada de algunas observaciones, y lleva el titulo siguiente: «Algunas preguntas con sus respuestas con- venientes al secreto de francmasonería, escritas de mano del rey Enrique VI, y fiel- mente copiadas por mi, Juan Seyland, anticuario, de órden de su alteza.» de la masonería 129 Para que nuestros lectores puedan formar una idea^ damos á continuación un ex- tracto, sirviéndonos para su traducción del texto que publicara Krause, y trasladando sólo las preguntas que tienen importancia para nuestra obra. Segunda pregunta . ¿Dónde habia comenzado la ciencia de la franc-masoneria? CONTESTACION. Comenzó con los primeros hombres en Oriente y fué transportada después al Occidente, donde se convirtió en ayuda y consuelo para los incultos y para los abandonados. Quinta pregunta . ¿Cómo los masones conservaban su secreto? CONTESTACION. Quo los masoues no hablan conservado particularmente sus se- cretos, que no podían ser de ninguna utilidad sin la enseñanza que se suministra en las logias, que dan la inteligencia de ellos y la de aquellos que tienen por objéto unir más estrechamente á los hermanos entre si por la utilidad y beneficios que resultan de la comunidad. Sexta pregunta . ¿Cuáles son las ciencias que los masones han enseñado á los hombres desde que la órden está establecida? CONTESTACION. La agricultura, el arte de construir, la astronomia, la política y la religion. Octava pregunta . ¿Qué es lo que los masones ocultan? CONTESTACION. Ocultan el arte de descubrir nuevas ciencias, el arte de guardar los secretos y por último los medios de hacerse buenos y perfectos sin que en ello influya ni el miedo, ni la esperanza y en fin el lenguaje propio de los francmasones. Décima pregunta . ¿Todos los masones son más instruidos que los demás hom- bres? CONTESTACION. Seguramente que no; ellos sólo tienen más derechos y más oca- siones para adquirir conocimientos, pero á muchos de entre ellos les falta aptitud y á un gran número la aplicación necesaria para la adquisición de cualquier ciencia. Undécima pregunta. ¿Los masones son mejores que los demás hombres? CONTESTACION. Alguiios masoues son ménos virtuosos que lo son los demás, pero por regla general son mucho mejores que lo hubieran sido si no hubieran ingresado en la órden, la cual ha contribuido al mejoramiento de sus costumbres. Duodécima pregunta. ¿Los masones se aman los unos á los otros, hasta el punto que se afirma ? Contestación . Ciertamente que no puede ser de otra manera pues los hombres buenos y leales que se conocen como tales se aman tanto más, cuanto su virtud es más grande y más se consolida el mutuo cariño gracias á los lazos que entre si establecen. Como ya hemos apuntado algunos autores han dado entero crédito á este docu- mento. Fessler, sin embargo, manifestaba alguna duda que exponía declarando las que formas del lenguaje en que estaba redactado manifiestan ser de una época bastan- te anterior al año en que su aparecimiento se señala y que indudablemente la division en preguntas y respuestas, acredita un plan preconcebido y no deja de ofrecer como la simple lectura manifiesta, extrañas particularidades. No se fija, ó al ménos nada dice, acerca de los términos supersticiosos que contienen, los cuales constituyen 17 130 HISTORIA GENERAL grandísimo anacronismo^ para convencerse de lo que no hay más que comparar un llevamos en éste reinado registrados y con los anteriores documentos que del mismo sin fln, se decide incurriendo en una lamentable contradicción consigo mismo, pues decir abiertamente que sea falso, declara que tal vez el tiempo venga aprobar su falta de autenticidad. Krause por el contrario, sin detenerse en consideración alguna, de- clara completamente digno de fe al documento en cuestión por más que como pasa- de Yorck. mos á ver, merezca sólo la que la Constitución Dos masones ilustres se han ocupado principalmente de su estudio y son de tanta historia general de la masonería, y tanto lo que en importancia sus nombres en la bien de ella han hecho Lessing y Keller, que no podemos pasar adelante sin ocupar- nos de ellos dándolos á conocer en el rango que merecen. nació en Zurich, canton importantísimo de la Federico Luis Keller von Steinbock, Suiza en 1799. Después de consumir los años de su juventud en el asiduo estudio de recibir doctor en la las más arduas y trascendentales cuestiones del derecho, se hizo Universidad de Goetinga, ocupando poco tiempo después una plaza en el profesorado. Sucesivamente desempeñó las funciones de juez y presidente del tribunal superior diputado su canton natal, cerca de la consejo, por dieta, en la que miembro del gran tomó parte en la redacción de muchas importantísimas leyes. Después de la revolu- únicamente azares cion de 1839 perdió toda la influencia que en su canton tenia, por de la política tornadiza como la suerte y dependiente en el mayor número de los casos de los hombres. En vista de ello y por el natural sentimiento de la caprichosa voluntad marchó á desempeñar en Halle una cátedra de derecho que ésto tenía que causarle, abandonándola en 1847, para ir á desempeñar la de derecho romano en la universi- causa de el rey de dad de Berlin. Su inmenso talento y su vasto saber, fueron que Prusia lo nombrara consejero intimo de justicia, llegando después á miembro de la Berlin del parlamento de Erfurt, en cuyas funciones le de sorprèn- segunda cámara y dió la muerte, acaecida en este último punto en el año 1860. de Amante del estudio é incansable en la investigación, Keller, dedicó gran parte muchas de las cuestiones masónicas que áun quedan por es- su tiempo al estudio de Critik Geschichte, será siempre una de las fuentes de conocimiento de clarecer y su jamas se le ad ■ saber de ellas. Severo é imparcial, que se pueda echar mano para ni de vierte ni aún el remoto deseo de tergiversar un hecho ni de suplantar una fecha sincero ha comprendido lo que la órden era y lo ha alterar un acontecimiento; mason á su de que expuesto á conciencia y no en pocas cuestiones recurrimos obra, seguros nos dará la clave para desentrañar el misterio con que tropezamos. importancia literaria asi como también masónica, es el ilustre publicista De mayor nacido en Kamens el año 1729. Hijo de un Efrain Lessing, pastor pro- aleman Gotthold bienes de fortuna, ingresó en el colegio de Meissen; donde reci- testante, sin asi como también de grande bió una educación gratuita. Dotado de viva inteligencia á las amor al trabajo hizo rápidos progresos aplicándose con igual aprovechamiento á las ciencias. Profundo critico y hábil polemista puede decirse que su vida letras que lo cual entera la pasó en el duro y terrible combate de la inteligencia, con todo gana- Hl^TOHiA «KJÍERál. ,:=^ _ anae^onisuipi j>ftraX'br>veneef;se de to tjue no Hay más que c-ompaV'íir í.rT|·raodi;-imo íes anteiàorés docupienios que (lei.mismo reia-adp Hevanios r-egístrados y. -ü.' este COM fin, sé íMí.'ide íiicatTieadQ eu pija iaineníable coatradiceioíbeonsigo-niismo, pues si» abi'eVtemente que se;rviafe>-, decíafa que tal vez el ttenipo venga á pi'.^ap su (áJiá úa- do áuten.tieidad/ Kráuse per el conii'ark», sin detenerse ,en consideración alguna, t'onio-na'-a ciaiia conjpléláKiente digno de fe alaí'>c.umeni<:) en cuéstion por ipás qu& tnds-á vérpmerezcaaóio ja qde la;Constitución dé : JDos masones ilustres se ban ocupado priiíoipalmeote Ui.inHuencia «aonaí tenia, únicamente pop s.ïr-f'," Gíon de iildtl perdió íoda qur-mi ' 1 deja poli tipa tornadizacómolasueide ydepeiidicnie en ei mayoriuirnerp dg-k^-ídí tdprichosa'vojurdad de los hombres. En vista de ello y por. el natural sentí ; dé ja causarle^ marchó é desempeñar en.Halle una' cátedra de i-tidv. qrfeiésto teftla que abandonándola en 1847, para Ir á desempeñad la de derecho romano en Ja ucbictsfst, fueibn causa de üué m tsa^d.; r ■ ::í-' dad de fierlin. Su inmenso talento y .an; vasto saber, y , i-*.. Prusia i.ojiornbríim consejero intimo de josticia, Uégandu después á raicnibr Berlín del parlamento de líriurt, en cuyas funciones Je ía»c/- i segunda cámara^de y ' ■ ÍJ - .■dio la muéidei acaecida en este úitimo punto en ei-ano 1860.' Keller,- dedicó gi-an partr Ornante dei estudio é incansable en la investígacjon, ' ai estudio tic raúéhas de tes cue.stioneá masónicas áun quedan<-^7 -' que, •SU jrempo Í?ece/¿ícáán- será siempre una délas fuentes de conociin|eí.„„> sf#. ciá«Mier y suJC/'/ííA: que'se pueda echar .íriána parte saber dé -ellas. Severo, -.é. ímparcia]^ .jámas .Sí ■ de Replantar ; un hecho nt ■^vierte ni aún çl rembfó fiesea \je térgivcrsáp ' alterar uniacovitéc4mÍGn>o; masen sincero.ha .eoínprendidiéio que; la órdaai era ï á-su .yxpuesto'i, éonteencia y no en pocas euestíonés- recuh nrnrs Óbíu, sí^ur^je ■ - i . darálacia>^.paradégenífañarel'ntistteríocijn>qué tmpe^anaos.: ur'vor importancia iiterariaasi cqmo tamhicíi masónica, es el ilpstre'pmníc^^^ oohold Effa)h>Eessihg,;nacldoea Kamen..sel¿fío.l72P;'H dèümpasktí fortoná, iTigresÓ -en . eí çcíJegio .de-, Meisson ;- ése; C^^ ig.iml;áprovetdiamtenfC;áa^ ' 'iehtes our à ■pr.-ítl.vndodfácieó ydt'ábij-,íte.letidtaía pued6rdecít%quem>rV-í^^^^ - i;-/ ■biitiaiabú.» ei. ^ .■.■ibfel-omhhK DE LA MASONERÍA 131 ron grandemente sus contemporáneos y hemos también ganado mucho los que hemos venido después al escabroso terreno de la critica y de la historia; mas él perdió; su sin igual franqueza que en el mayor número de los casos tocaba con la dureza, le conquis- taren no pocas enemistades y odios, le enajenaron no pocas voluntades y por esto su vida fué un tejido de desdichas y miseria: ocupando humildisimos puestos que apénas si le permitían vivir, luchando de continuo contra la ingratitud y la envidia, apenas si se puede comprender como produjo tan notables obras, glorias de la literatura ale- mana y tan profundas y hábiles monografías acerca de las ciencias sociales. Espíritu atrevido, alma gigante, tenía aún poca libertad para expresar lo que sen- tía y no pocas veces, sino abiertas persecuciones, tuvo que sufrir trabas y restricciones de aquellos que por él debían considerarse favorecidos. Mycho y bueno podríamos decir acerca de sus producciones literarias con las que se abre el segundo periodo de oro de la literatura y con las que se consiguió deshacer á sus compatriotas de las in- fluencias extranjeras, especialmente francesas, á que por completo estaban supedita- dos: grande honor merece seguramente por su elevada critica manifestada en el Lao- conte y en sus Cartas acerca de la literatura y del arte, mas no es ésta ocasión oportuna; por lo tanto aunque con sentimiento prescindimos de hacer el detenido exá- men que ciertamente rectuieren, pasando desde luégo á ocuparnos de sus Conferencias á los franc-masones, cine es lo que más de cerca nos toca. Encargado el autor á que nos estamos reñríendo de la conservación y custodia de la biblioteca de Wolfensbutel, supo sacar partido de los tesoros de erudición que le estaban conñados y sucesivamente fué publicando notabilísimas disertaciones de cuya importancia puede juzgarse por los títulos de algunas de ellas de las que son los prin- cipales: De las declaraciones en el pulpito contra la razón, De los designios de Jesús y de sus discípulos, pero la que más llamó la atención por la originalidad desplegada en ella, son las conferencias á que nos hemos referido, poco conocidas desgraciadamente del mayor número de los masones. Despreocupado hasta el punto que puede serlo un profundo pensador, domina en ellas la razón; aplica á la masonería el sistema que ya en su tiempo aplicaban á la filosofia de la historia sus compatriotas y declara que la franc-masoneria es eterna lo mismo que el cristianismo y que es por tanto anterior á todas las logias de franc-masones, existiendo aún ántes de la crearion de éstas. Se ocupa no tanto de lo qué la masonería era en su tiempo, sino de lo que debia ser y según el renombrado autor, sus principios aplicados en el modo y forma que lo debían ser, darían por resultado inevitable la desaparición de todas las distinciones de casta, de nacionalidad, de religion, que se perderían en el seno de una fraternidad universal, destinada á remediar todos los males que se tocan en las sociedades humanas, pero sin agitarlas, sin producir esas violentas convulsiones que resultarían del plantea- miento de otros principios preconizados por otras comuniones que en lo que ménos se fijan, por nuestro mal, es en el mejoramiento de lo que moralmente nos atañe. A pesar de la libei'tad de que siempre para exponer sus pensamientos han disfru- tado los masones alemanes, las Confei'encias de Lessing no pudieron publicarse sin que tropezaran con ciertos inconvenientes. Había dedicado las tres primeras al duque 132 HISTORIA GENERAL Fernando de Brllns^^ick^ que era por entonces gran maestre de la masonería alema- na, y le decía en el prefacio estas elocuentes palabras: «¡Yo también be ido á la fuente de la verdad y he bebido! De la manera profunda que lo he hecho puede juzgar muy bien, sólo aquel de quien espero el permiso de beber aún más profundamente. Hace mucho tiempo que el pueblo se abrasa de sed y se muere de ella.» Desgraciadamente no obtuvo el permiso que solicitaba; sin duda el temor de que fuera demasiado lejos, de que bebiera demasiado profundamente, fueron causado que el duque no cediera y ordenó al célebre publicista se detuviera en el camino que ha- bia emprendido, ya que volver atras le era imposible; mas el buen deseo del autor era tan grande, que dos años más tarde aparecieron dos nuevas conferencias, en defensa de cuyo hecho alegó Lessing que no tenia en él participación alguna y que se debía á papeles que le hablan quitado contra su voluntad. Fuera creída la disculpa ó no, el autor de las conferencias no perdió la confianza de su protector, que le siguió encar- gando trabajos de suma utilidad é importancia. Lessing fué el primero que declaró apócrifo el Interrof/atorio, diciendo que no era más que polvo, y áun llegó á calificar dura y ágriamente á los que tanto crédito le hablan concedido; y efectivamente, las investigaciones que posteriormente se han he- cbo han puesto de manifiesto la razón que tenía el eminente critico. Estas razones las alegó Keller, de la misma manera que la comisión enviada por la gran logia de Berlin expusiera con igual motivo las que podían referirse á la constitución de Yorck. Fiján- dose ántes que en ninguna en la octava pregunta, hay más de un motivo para afirmar que la redacción del documento en que nos ocupamos es de fecha muy posterior á la indicada y que su destino es abrir las puertas á los altos grados que sin razón ni mo- tivo alguno se introdujeron en la masonería y que sirvieron sólo para que se le baya hecho adquirir un carácter fantasmagórico é impropio que en más de una ocasión ha dado lugar á sangriento ridículo. En ninguna parte la masonería ha conservado su carácter severo á traves del tiempo como en Inglaterra; allí, en aquella nación fría y pensadora, se ha conservado de la tradición sólo lo que podia servir para revelar su origen y no se han introducido en las prácticas del ritual tanta pueril ceremonia como sirve de fastuoso ornato á las tenidas de la masonería latina. En cambio alli se tra- baja activamente y con buena dirección procurando el bien de los individuos asocia- dos á la órden y difundiendo por todas partes el conocimiento de la verdad y de los sanos principios, mediante los que un dia, como lo deseaba ya el venerable Lessing, las sociedades humanas, sin experimentar convulsiones ningunas, puedan reunirse en fraternal abrazo. Keller, á más de la impugnación que hace por el contenido del documento, declara que su autor debe ser Dermott, autor también del ritual compuesto para los antiguos masones, de donde arrancan los adornos y bisutería con que áun en nuestro tiempo no son pocos los que se adornan. Atento á las demás cuestiones, declara: 1." que si los masones de aquella época hubieran poseído los secretos de las ciencias ocultas, el sabio naturalista y anticuario Elias Ashende, nacido en 1617 y muerto en 1692, que DE LA MASONERÍA 133 tanto amor y tanta aflcion manifostára durante toda su vida por la'alquimia^ hubiera frecuentado las logias con gran asiduidad^ lo cual no ocurre, sino precisamente todo lo contrario, pues del detenido y escrupuloso exámen que se ha hecho de las'actas re- sulta que fué á ellas sólo una vez y ésta bastantes años después de haberse iniciado, de modo que ni aun siquiera puede decirse que la curiosidad, en aquello que tanto Ínteres parecía inspirarle, fuera causa del deseo en adquirir derecho para frecuentar los talleres; 2." que mal se aviene la forma del interrogatorio y la participación que en él se da al rey Enrique VI con el carácter do las disposiciones que se dictaran en contra de la masonería durante su reinado; 3." que del exámen hecho de las obras y de los documentos que se pueden referir al filósofo I.ocke, no se deduce nada que pueda comprobar perteneció á la órden, y no siendo asi no puede comprenderse su intei'és en sacar la copia del interrogatorio, anotarla y remitirla como un medio de propaganda; 4.° que el biógrafo de Leyland hace notar expresamente que este acta no es mencionada en ninguno de los escritos del ilustre paleógrafo; y 5.° que ni en mu- cho ni en nada concuerda con el documento de Haliwell y que han sido vanos todos los esfuerzos que se han realizado para hallar el original en la biblioteca de Oxford, con lo que quedan totalmente destruidos, no sólo los hechos que con él se hahian afirmado, sino que también todas las ilusiones que se hablan concebido. Por fortuna nos ha tocado vivir en un tiempo en el que las afirmaciones todas tienen que ser racionalmente demostradas, y si esto sucede con la opinion que un autor aventura, más aun tiene que hacerse con documentos de los que se habla como de piezas conocidas; la crítica analiza hoy con extrema escrupulosidad los menores detalles, no fia en las aseveraciones de nadie por autorizado que pueda parecer, y gracias á este severisimo criterio han podido desentrañarse cuestiones tan arduas y tan interesantes como las que venimos tratando. Al periodo que acabamos de historiar sucede en Inglaterra uno de perturbaciones y trastornos tan grande, que es imposible de todo punto determinar la acción que en él tuviera ó pudiera tener la masonería. Esta confusion podria llegar á ser sospechosa si fuera nuestra, pero en tal punto no hacemos más que repetir palabra por palabra lo que han dicho acreditadísimos autores, lo mismo adversos que favorables á la ins- titucion. Puede afirmarse que el reinado de Enrique VI, monarca al que tan sin razón han supuesto muchos como favorecedor de la órden, fué fatal para Inglaterra. Senci- lio por naturaleza y débil hasta un punto inconcebible, sobrábale razón al eminente / dramático Shakespeare para pintarlo como un principe afeminado y cobarde al que sin gran esfuerzo se le hacia sufrir la dominación de cualquiera. Entregado por com- pleto á los caprichos de su esposa, quiso ser ella la única que gobernara y á este fin no escatimó medios ningunos para deshacerse del duque de Glocester, que había sido hasta entóneos el favorito del rey. La muerte de éste atribuida al duque Lulffolk y las alteraciones que con este motivo tuvieron que operarse en el gobierno, fueron causa de los profundos disturbios que ocurrieron en la nación, acerca de los que debemos decir alguna cosa, siquiera sea breve, con objeto de no truncar la historia que veni- mos haciendo. 134 HISTORIA GENERAL Agitados los ánimos y despertada la ambición de muchos individuos de la familia realj todos pusieron enjuego los medios que tenian á su alcance para conseguir el mejor resultado en provecho propio: el rey por nada salla de la atonia en que estaba sumido y comprendiendo la reina que el giro que las cuestiones habian tomado era una carga muy superior á sus fuerzas, llamó al gobierno al duque de Yorek, que no tardó mucho en dominarlos haciéndose nombrar por el parlamento protector del rei- no y defensor de la Iglesia. Repuesto un tanto el rey de aquella debilidad física, causa principal, sin duda, del gran abatimiento de su espíritu, hizo dejar sin efecto aquel nombramiento que en realidad, representaba para él la mayor de las afrentas, pues equivalia á declararlo incapacitado para el desempeño de las funciones que le estaban encomendadas. Confió nuevamente el poder á Somerset y Ricardo de Yorck, que ántes había alterado el órden, sumiendo á la nación en una guerra civil, apareció otra vez con un ejército dándose entónces comienzo á la famosa guerra conocida en la bis- toria con el nombre de las dos rosas, por tener como divisa, una blanca los Mortimer y una encarnada los de Lancáster, guerra que según varios historiadores costó la vida á más de un millón de personas. Emprendida con igual furor por ambas partes, las batallas puede decirse que se sucedían casi sin interrupción, y en una de las pri- meras, en la de San Albano dada en 1445, fué muerto Somerset y herido y hecho pri- sionero el mismo Enrique VI. Ricardo de Yorck contaba con numerosos é importan- tes personajes que sin inconveniente alguno lo nombraron lord protector, añadiendo que de esta investidura no podria ser desposeído sin el consentimiento de los pares, pero tan pronto como el rey se hubo curado de sus heridas, se presentó en la cámara y lo hizo destituir, con lo cual continuaron las hostilidades, cada vez con mayor brio. Nuevamente cae prisionero el infortunado monarca en la batalla de Northampton, y entónces, deseando asegurar más fuertemente el derecho que con las armas habla conseguido, Ricardo, hizo declarar al voluble y tornadizo parlamento que á él le cor- respondía por ley la corona de Inglaterra, pero que por cuanto la disfrutaba Enrique, se limitaria á sucederle cuando ocurriera su fallecimiento, continuando desde entón- ees en el trono la casa de Yorck. En tanto ocurrian tan considerables disturbios, la reina Margarita habla huido á Escocia, donde logró levantar un ejército que sólo cobraba con las maldades que podia realizar: siguió la lucha y Ricardo murió en el campo de batalla, pero siguió sosteniendo sus pretensiones su hijo Eduardo, quien buscó apoyo en Warwich, barón feudal que por sus hazañas anteriores habla merecido el sobrenombre de hacedor de reyes. Gracias al eficaz auxilio de éste, logró penetrar en Lóndres, siendo proclama- do rey por la población entera, aun que no reconocido por el parlamento, con lo cual quedó enarbolada la rosa blanca, enseña como hemos dicho de los Mortimer. Enrique VI con toda su familia se habla retirado al norte desde donde siguió avanzando encuentros y haciendo correr abundantemente la sangre en los repetidos que tuvo que sostener contraías fuerzas de Warwich, que favorecía al usurpador. No creemos que la historia pueda registrar campañas tan sangrientas como aquellas, verdad es que revestían todos los caracteres que hacen tan odiosas á las discordias DK LA MASONERÍA 135 civiles: para ios heridos en la batalla no había compasión alguna; al prisionero no se le concedía cuartel, y no era sólo ('•sto sino que el reino entero se resentía profun- darnente de aquellas disensiones, estando siempre á merced del triunfador que á su antojo y capricho alteraba las disposiciones legales sustituyéndolas por aquellas que más podían favorecer su causa, error grandísimo de suma trascendencia y alcance, dado que no era posible subsistieran más tiempo que el que durara en el poder quien las había dictado. Cuando por segunda vez la casa de Yorck ocupó el trono, Eduardo obligo al parlamento á que declarara nulo todo lo que había hecho en los tres últimos años, asi como también á que desterrara á toda la familia real: Enrique VI pudo per- manecer oculto un año, mas al cabo de este tiempo fué reducido á prisión y encerrado en la torre de Lóndres; su esposa logró huir después de mil comprometidos inciden- tes que más de una vez pusieron su vida en peligro. Nada se habia conseguido aún, á pesar de tanta sangre vertida. Warwich ó mejor dicho el hacedor de reyes como le llamaban, no pudo permanecer mucho tiempo en armonía con el rey Eduardo, mucho menos, desde que por incitaciones cautelosas de algunos ñeles á la dinastía caída, volvieron á ocupar su puesto algunos antiguos ser- vidores: sublevóse al fin y más por despecho que por otra cosa, fingió defender al rey pero bien pronto se comprendieron cuáles eran sus deseos: unido con el duque de Cía- rence, volvió las armas y repuso á Enrique VI en el trono, para que le sirviera de ins- trumento, pues él por voluntad propia se habia declarado protector. Sin desanimarse Eduardo volvió á la campaña, y uniéndose áél entónces el duque de Clarence herma- no suyo, que si ántes se habia sublevado fué sólo con la esperanza de ceñir la corona, redobló sus esfuerzos logrando mataren la batalla de Barnet á Warwich, con lo que puede decirse quedó decidida su suerte: poco después volvía á Lóndres ocupando el trono y el mismo dia moria asesinado en la prisión el desventurado Enrique VI, que tanto bien auguraba para la órden. Excusado nos parece insistir en nuestras negativas: no cabe en manera alguna suponer que un periodo de tanta agitación y trastorno sea apto para el desarrollo de instituciones que como la que historiamos dependen en sus comienzos más que nada de la mejor condicionalidad para el trabajo. Alteradas profundamente los institució- nes civiles, arrasados los campos de continuo, preocupados los ánimos por aquella incesante lucha no era posible que Inglaterra adelantara un solo paso en ninguna de las ramas del saber Humano, y aunque hubiera sido sino fácil, posible al ménos, el adelanto de cualquiera de ellas, no pueden contarse en este número las artes que pros- peran sólo en la calma absoluta de las naciones y délos pueblos. La masonería en su primera etapa la creemos refugiada tras el baluarte que se forma con el arte grandio- so de las construcciones que lleva á cabo y mal podía continuar su lenta organización en un período de destrucciones horribles. Esto que decimos atentos á los caractéres generales, se vé de un modo más claro y manifiesto, si nos fijamos en las partícula- res notas de aquel monarca, al que tan sin razón han supuesto algunos historiadores déla órden como defensor decidido de la masonería. No cabia que fuera asi; no podia serlo en modo alguno: todos los historiadores de Inglaterra nos presentan al referido 136 HISTORIA GENERAL monarca como un hombre de pasiones pequeñas, abatido de espíritu, sin energía y sin voluntad condiciones de las que nada bueno puede esperarse, y ménos aún apoyo á una institución cuyo más insignificante principio por su grandeza no podía hacer mella en aquel corazón desprovisto siempre de buenos sentimientos. Como regis ad exemplar totas componitur orbis, era necesario que todo se ha- liara en perfecta armonía y ya hemos visto cómo procedia siempre aquel parlamento, dispuesto á ceder siempre á la presión del más fuerte, y el cual á pesar de todas las violaciones cometidas, no elevó nunca ni siquiera una protesta que pusiera á salvo su honor ni su dignidad. Súmese todo y podrá comprenderse perfectamente cuán poco fundamento tienen las observaciones que hemos impugnado; la masonería en Ingla- terra durante todo aquel periodo, tuvo necesariamente que permanecer retraída, su acción fué nula y su influencia desconocida, pues si algunos individuos de la orden llegaron á tomar partido por éste ó por el otro bando, esto no quiere decir que allí estuviera la órden. Como institución particular, la masonería tiene que vivir dentro del conjunto que nos presenta la historia general de ios pueblos; por ésto para apreciar su paulatino desarrollo, no hay más remedio que seguir paso á paso, el análisis emprendido. Ya hemos visto el estado en que Inglaterra quedara á la muerte de Enrique VI, y desgra- ciadamente no mejora al advenimiento del sanguinario usurpador Eduardo IV, lo que equivale á decir que tampoco en los años de su gobierno, hemos de poder encontrar elementos á propósito para el desarrollo de la órden. Tras tanta lucha y tanta sangre derramada, Inglaterra no podia ménos que ambicionar la paz, pero la ambición de Eduardo era grande, y no satisfecho con lo que dentro del pais habia conseguido, soñó con conquistar la Francia, absurdas pretensiones con que lo encariñaban los barones que estaban á su alrededor, y que aun no se habían podido despojar por completo del carácter feudal que tuvieran en épocas anteriores; acostumbrados á la guerra, con la que habian hecho no pocos pingües fortunas, comprendían que no les era conveniente descansar máxime cuando ni sabían hacer otra cosa, ni podían disponer de otros me- dios con que acrecentar su capital. Las pretensiones del monarca ingles supo desha- cerlas con su habilidosa política Luis XI de Francia, que se mantuvo en tregua; en tanto Eduardo, aflcionado á los placeres, gloton y sibarita llevaba una vida de molicie en la que perdió la existencia, sucediéndole su hijo del mismo nombre, sobre el que determinaba gran autoridad el duque de Glocester, que bien pronto abusó de ella en provecho propio. Verdugos y asesinos pagados tuvieron mucho que hacer; se llamó pomposamente vengador del pueblo, é hizo matar al hermano de la reina y á otros partidarios suyos que se manifestaban contrarios á ciertas medidas; procesó por adul- terio y hechicería, á Juana Sorel, hermosa mujer que no había permanecido fuerte ante las promesas de Eduardo IV, haciéndola condenar al flii con lo que dió comienzo un proceso más ruidoso todavía, pues de deducción forzada en deducción violenta, hizo declarar hijos ilegítimos al rey y á un hermano suyo, incapacitándolos asi de ocupar el trono, por lo que se hizo proclamar soberano, ciñéndose la corona con el nombre de Ricardo III. DE DA MASONERÍA 137 No olvidó el usurpador que siempre el pueblo ingles habla de tener presente los crímenes que habla cometido en todo para llegar á la elevada posición en que se habla entronizado^ y deseoso al menos de tener un partido^ fué pródigo en gracias y favores que nada le costabaiq por cuanto todo tenia que pesar sobre la nación tan castigada y esquilmada. Con objeto de que nadie pudiera alegar derechos á la corona, determinó casarse, y con efecto realizó su matrimonio con la hija de Eduardo IV, mas cuantas medidas tomaba con el sólo objeto de vivir tranquilo y asegurar la corona á sus descendientes, fueron inútiles de todo punto. Los descendientes de los monarcas anterioi'es, desposeídos y vilmente saci'iíicados, no podían dar al olvido las afrentas recibidas, ni podian tampoco desentenderse de los remotos derechos que tenían á la corona, que ciertamente era lo que más había de ser causa de que se agitaran y lu- charan para conseguirla. Poco tiempo llevaba de reinado Ricardo, cuando efectiva- mente, Enrique de Tudor, descendiente bastardo de Eduardo III, que vivia en la Bre- taña continental, perfectamente custodiado, huyó presentándose algun tiempo después al frente de un numeroso y bien pertrechado ejército, para conquistar lo que según él le pertenecía de derecho. En la batalla de Boswort, logró derrotar y dar muerte á Ricardo, y arrebatando asi la corona de sus sienes, se la ciñó como último deseen- diente varón de la casa de los Lancáster. Parecía escrito que los disturbios no habían de tener fin en Inglaterra; se habían exacerbado tanto las pasiones, y se hablan adquirido tales ánimos tan belicosos, que no podian parar ni permitirse descanso. No bien había subido al trono Enrique VII, procuró afianzarse en el solio, casándose con Isabel, pero casi inmediatamente los secuaces de la casa de Yorck, se comenzaron á agitar alegando que el rey despre- ciaba á su esposa y perseguia á la madre de ésta, porque aquella union la habla cele- brado sólo con miras interesadas y por pura conveniencia, y no cesando en sus recia- inaciones, subleváronse al fin proclamando rey al conde de Warwick, hijo del duque de Clarence, que desempeñaba el puesto de virey de Irlanda. Este se encontraba encerrado en la Torre de Lóndres, sepulcro de muchos queen Inglaterra se han hecho temer por la política, y usurpando su estado civil, se- presentó para ponerse al frente de la campaña, un impostor llamado Roberto Simnel, que tal vez hubiera podido llevar demasiado alto sus pretensiones si el i'ey no hubiera sacado de la prisión al ver- dadero Warwick, con lo que sus partidarios quedaron completamente burlados. De una casa y de otra, de las dos que alegaban derechos á la corona, aparecieron pre- tendientes supuestos siempre, uno de los que fingiéndose hijo de Ricardo, logró subir al trono, siendo aclamado en Irlanda y apoyado en Francia por Margarita de Bor- goña, y por Favo de Escocia, que en su favor llevó un ejército á Inglaterra, pero fué grande su desgracia, pues abandonado luégo por los que más apoyo le prestaran en un principio, fué llevado á Lóndres y ahorcado, quedando aún la duda histórica de si era un impostor ó un pretendiente con legítimos derechos. Siguió, pues, reinando Enrique VII, del que también han pretendido algunos que presidió la gian logia en calidad de venerable. Este hecho lo enuncian muchos, es cierto, pero sin aducir prueba alguna por lo que desde luégo y sin reserva de nin- 18 138 HISTORIA GENERAL guna clase, lo negamos en absoluto. Hemos hecho notar y salta á la vista sin grande esfuerzo, que si después de las violent.as convulsiones políticas (jue agitaron á Ingla- terra, subsistió ó pudo subsistir la masonería, su acción tenia necesariamente que ser casi nula y su influencia ninguna; aún después del periodo desastroso que nos sugirió estas consideraciones hemos visto como siguen batallando sin que se pueda solidificar absolutamente nada, razón para que el estado de la institución empeorara sin que comprendamos qué causas le podían haber hecho ascender hasta el punto de tener un monarca por veneralile. El afan de rodearla de esplendor y hacerle adquirir prestigio sólo por lo que á la forma se reñere, ha llevado á muchos á semejante idea, pero el estudio sumario de la historia general, no puede dejar lugar á la menor duda. Vale más expresarse con la imparcial franqueza que lo hacemos nosotros á soñar ilusiones que han de desva- necerse al primer embate de la critica, vale más exponer áun aquellos hechos que á primera vista puede parecer que nos perjudican á enunciar datos sin fundamento nin- guno,que induzcan á creer que también carecen de él hasta aquellos que pueden tenerlo. No basta ni puede bastar que se diga que un monarca como Enrique VII presidió la logia; este hecho seria tan culminante en la historia de la institución gran masónica, que seguramente lo podríamos ver registrado en una infinidad de documentos, y por el contrario, falta en todos. Si la historia de la órden pudiera ser considerada aisla- damente, tal vez no insistiéramos, mas tiene que seguir forzosamente una paralela y responder á las exigencias generales, y atentos á éstas no hay sino negar toda influencia masónica al monarca ingles, que por sus circunstancias de carácter y por las especiales condiciones de su reinado, no sólo no favoreció á la institución, sino que tampoco la pudo favorecer. Deseoso de consolidar las instituciones tan hondamente perturbadas no , podía concurrir al fomento de las asociaciones particulares que ántes habían sido causa al ménos de sospechas de perturbación del órden. En verdad que por entónces se nece- sitaba una mano severa y fuerte que cohibiera toda agitación, y á esto se dedicó muy Enrique VII, si bien en su deseo extremó no pocas veces las medidas especialmente violentas y las disposiciones absurdas. En su reinado volvieron á parecer las preten- siones feudales, y nuevamente se establecieron feudos que hacía mucho tiempo habían quedado abolidos. Nada hay, pues, que justifique las pretensiones de nuestros prede- cesores, y nosotros, resueltos á ser fieles, no podemos ménos que declarar faltan datos afirmar otra cosa la más lastimosa decadencia de la masonería in- para que glesa en aquel periodo. No le esperaba mejor situación en los tiempos subsiguientes, cosa que también ma- Per- nifiestan desconocer los autores indole. que nos han precedido en trabajos de esta sistiendo en su afan de rodear con aparatosa ostentación todo cuanto á la órden pueda referirse, manifiestan á partir del periodo que venimos estudiando, la masonería que, camina de gloria en gloria, teniendo siempre á su frente monarcas, dignidades y po- tentados: sin embargo, nada más distante de la verdad, según se va viendo. Para hacer la critica de las instituciones que han vivido al traves del tiempo, y que han sub- DE LA MASONERÍA 139 sistido en todos los periodos, hay que desposeerse de toda pasión y hacer caso omiso de las reglas de critica que aplicaríamos à las instituciones que nos son contemporáneas. Si fijándonos en lo que hoy es la masonería, quisiéramos deducir lo que ha sido en tiempos anteriores, incurriríamos en los mismos errores que censuramos, procu- rando desvirtuar. Sociedad formada en un principio por elementos meramente popu- lares, la protección no podía ser encaminada sino á aquello de que, resultando ven- tajas indirectas, pudiera favorecer á los que la otorgaban. Ninguna podían conseguir ni los monarcas ni los nobles ingleses, dado el periodo de agitación y de trastornos que hemos mencionado. Pasando por alto los mil incidentes ocurridos durante el reí- nado de Enrique VII, y que más y más vendrían á corroborar ¡las opiniones que hemos emitido; haciendo caso omiso del mayor número de condiciones contrarias que en este tiempo conspiran contra la orden, pasamos á ver si en algo mejoran du- rante el reinado de Enrique VIII, de quien ha dicho un autor, que inmediata partici- pación tuviera en ella, que en repetidas ocasiones nombrara delegados para que en su nombre desempeñaran los primeros puestos masónicos, siquier poco después las intrigas y falacias de la córte los llevara á caer en las profundidades de los calabozos, desde donde no volvieron á ver la luz del sol, 6 en manos del verdugo para que fueran públicamente decapitados. Faltos de prueba para acreditar esta afirmación, que re- sulta así de todo punto gratuita, no hay otro remedio para aquilatar la verdad de este hecho, que recurrir á la historia general, como lo venimos haciendo, para estudiar si por el carácter del monarca referido, ó por las condiciones concurrentes en su reina- do, puede ser cierta la protección que afirman varios dispensó á la masonería. Es de- masiado conocida la figura histórica de este monarca, que á tan hondas perturbacio- nes político-religiosas diera lugar en breve espacio. Si por los primeros años del reinado de un monarca pudiera deducirse lo que han de ser los últimos, con seguridad que ninguno habría sido tan bueno para Inglaterra como el de Enrique VIII. Dotado de un carácter activo y de un amor al estudio que no es posible señalar en otros muchos reyes, todo parecía augurar que durante su domi- nación habían de desaparecer todas las causas que en tan lamentable estado tenían al país; hábil polemista, combatió primeramente la Refoi-nia escribiendo obras que merecieron el aplauso de los teólogos y de los pontífices; mas bien pronto las buenas condiciones que en él señalaban todos, desaparecieron para dar lugar al aparecimiento de las que habían de ser causa de su afrenta. Veleidoso é inconstante como pocos hombres, cansóse de su primera mujer y solicitó de la corte pontificia la anulación de aquel matrimonio, del que á todas luces parecía debía estar satisfecho. Semejante pretension fué el punto de partida páralos disturbios posteriores: temeroso Cíe- mente VII de incurrir en el desagrado del emperador Cárlos V, hermano de la reina próxima á ser repudiada, no quiso decidir, y dió encai'go de hacerlo al cardenal de Wolsey, el cual, encontrando el caso absurdo, lo dirimió de una manera contraria á las esperanzas que el monarca había concebido. Instigado éste por Ana Bolena, de- puso al cardenal, y lo mismo hizo, por idéntica causa, con el eminente Tomás Moro, á quien escogiera para el cargo de favorito. 140 HISTORIA GENERAL Durante años siguió agitándose esta cuestión, y vanos fueron cuantos esfuerzos se realizaron para apartar al rey de la idea de aquel repudio, que no siendo justificado, no podía dar lugar á nada bueno; el Pontífice, firme en su primer acuerdo, no quiso acceder á los deseos, y despechado entónces Enrique, siguió los consejos de Tomás Cromwell, según el cual debía poner término á todas aquellas dificultades, erigiéndose en cabeza de su Iglesia. El primer acto que como tal llevó á cabo, fué el de amenazar á todos los eclesiásticos con que serian acusados si manifestaban haber reconocido á Wolsey como legado pontificio, y tal carácter de rigor se desplegó en esta medida, que atemorizado el clero, no tuvo inconveniente en reconocer al monarca como primer protector, y único y supremo señor, y jefe superior de la Iglesia, en cuanto lo permi- tiera la ley de Cristo. Una vez dado el primer paso en la pendiente, era imposible detenerse, y Enrique avanzó mucho más deprisa que todo lo que podia pensarse; erigido en pontífice agitó tanto la cuestión religiosa, y se manifestó tan contrario al pontífice, que tuvo éste que excomulgarlo, pero de todo ello se le importaba bien poco al monarca, que á fuerza de severisimas penas, consiguió verse acatado lo mism.o en el orden civil que en el reli- gloso. Sus exacciones y tiranías, fueron extraordinarias; sin más regulador que su capricho, sin más norma de conducta que su despótica voluntad, nadie osaba contra- decirle, y poco á poco fué sacrificando á cuantos hombres ilustres se oponían á sus deseos. Inconstante lo mismo con los hombres que con las mujeres, es harto sabida para que. nosotros nos detengamos á examinarla, la serie de absurdos matrimonios que contrajo, asi como también las anulaciones que de ellos arrancó al parlamento, sembrando por doquier enemistades y odios, y embrollando cuanto se pudiera referir á la sucesión en el trono. Distraído con las polémicas religiosas, en favor del papa primero, cuando no habla tenido pretensiones de que su matrimonio con Catalina de Aragón se anulara, yen contra del pontificé luégo que éste hubo negado el asentimiento á semejantes pretensiones, no se advierten durante el reinado de Enrique Vlll disposiciones que tiendan al mejoramiento de las clases en general, ni se observa corriente al- guna en pro del pueblo ni de las clases trabajadoras: todas las dictadas durante aquel reinado de infausta memoria, son debidas sólo al capricho, á la impresión del mo- mento, sin que en ninguna se pueda advertir fundamento racional que las explique; fueron hechas sólo para satisfacer un deseo que una vez logrado, no podia dejarlas subsistir. Fácilmente podrá ser comprendido ahora por qué negamos en absoluto que el referido monarca pudiera tener ni directa ni indirectamente parte en la asocia- cion masónica : si la consideramos desde el punto de vista material, del cual según afirman muchos, no habla salido todavía, hay que conceder que, ni el rey, ni sus fa- voritos, ni ningún magnate de la corte, podían ocuparse de ella, teniendo que hacerlo de asuntos de mayor importancia siquier éstos fueron sólo los , que contribuían á perturbar el pais, y si la consideramos como asociación de ca- rácter moral, es necesario conceder que ménos debían poderse fijar en ella, y que si se hubieran fijado, más habria sido para perseguirla que para otra cosa, dado que toda DE LA MASONERÍA 141 moralidad estaba rerddacon los acontecimientos que se desarrollaron en aquel reinado. Aun puede decirse que el período de la nulificación de la orden se perpetúa duran- el reinado de Isabel, la doncella, como á pesar de sus escándalos la llaman algunos historiadores ingleses, y comienza á salir de su abatimiento, reanuda, digámoslo asi, sus tradiciones luégo que apaciguadas por completo las turbulencias de los antiguos tiempos sube al trono de la Gran Bretaña, Jacobo I, hijo de María Stuardo. Antes de llegar á regir en absoluto los destinos de su patria, había desempeñado el puesto de regente de Escocia, en el que diera suficientes pruebas de su elevado y noble carácter, asi como también del amor que profesaba á las artes, garantia casi segura para la asociación masónica que comenzaba á desarrollar el credo que nos ha dejado, cubrien- do cuanto pudiera alarmar con los beneficios que de las construcciones resultaban. Coincide con este tiempo la reforma introducida en la arquitectura, ó mejor dicho, el decaimiento del complicado género gótico, al que se deben esas suntuosas maravillas que áun hoy nos seducen con sus primores y gracias al que la asociación masónica ha- bía podido justificar la union de sus individuos, el largo aprendizaje, el intervalo en el grado de compañero, con las muchas veces invencibles dificultades que presentaban aquellas construcciones, en un tiempo en que las ciencias no habían prestado su valió- so concurso en el arte de construir. Mas poco podia importar esto; aquellos hombres agrupados desde hacia mucho tiempo, comprendían que no era por el desempeño del mismo oficio por lo que se reunían, contrayendo indisoluble lazo: entre ellos existían ya más poderosos vínculos y por escasa que hubiese sido la influencia determinada por la masonería durante los reinados de Enrique VI, Enrique VII y Enrique VIII, puede asegurarse que alguna tuvo que ser, sin que esté en nuestro ánimo aventurar la des- cabellada hipótesis de que en aquellas crueles luchas, que á tantos hombres costaron la vida, pudiera desempeñar éste ó el otro papel: creemos que ajena por completo á todo espíritu de partido, desprovista de toda pasión religiosa' y lo que es más falta de fuerzas suficientes, ni debió tomar, ni tomó, en efecto, participación alguna en aque- lias discordias civiles, pero justo es conceder, que la intima union existente entre los individuos que la componían, debió servirles de no poco y basta afirmaríamos que mu- chos de los patéticos incidentes que acaecieron en aquellas campañas, fueron debidos al reconocimiento que se hicieron, como hermanos, muchos de aquellos que llevando las armas á la fuerza, no podían olvidar que habían trabajado en la misma logia y que se habían jurado protección y ayuda. CAPÍTULO XL Reformas masónicas. — Iñigo Jones.—Sus viajes y su Mecenas.—Afiliación á la órden de distinguidos y eleva- dos personajes.—Nueva organización de las logias.—La masonería en Escocia.—Su estado de desmoi'ali- zacion en la segunda mitad del siglo xvi y primera del xvii.—Protectorado del barón de Roslin.—La logia de Kilwinning.—Sus asambleas.—Sus pretensiones.—Competencia con la logia de Edimburgo.-Docu- de mentos alegados.—Su insuliciencia.—Renuncia su protectorado el barón de Roslin.—Andrés Miguel Ramsay.—Su vida.—Su afección por los Estuardos.—Medios que arbitra en defensa de esta causa. —Su re- forma masónica.—Análisis é impugnación.—Esparcimiento de sus doctrinas.—Perniciosos resultados que de ello resultan para la masonería.—.Aprovechamiento de esta reforma por la logia de Kilwinning.—El término «herodom.»—Su etimologíaé historia.—Relación que quiso hacerse éntrela masonería la órden del Templo.—Refutación. UJETA á las cïlteraciones que con el arte de construir se observaran, la asociación masónica tuvo que sufrir una reforma de no escasa consi- deracion cuando, de vuelta del viaje que por Europa hiciera, llegó á Iñigo Jones, implantando en su patria cuanto de Italia le había lia- Inglaterra mado la atención en lo que poderosamente le ayudaba su Mecenas el conde de , y Pembrocke. Llegaron, pues, á Inglaterra arquitectos italianos, y admirando, como no podia ser ménos, la formación de las logias y los trabajos que, gracias á ellas, se habian podido llevar á cabo, introdujeron ciertas reformas que, en apariencia al mé- nos, las hicieron parecer á las academias de arquitectura, que tanto nombre tenían ya en la península italiana. Iñigo Jones comprendió desde luego que, dado el periodo darle de decadencia porque acababa de pasar la masonería, era menester impulsarla y nuevo vigor y fuerza; á este fin, y para asegurar el progreso y desenvolvimiento, se decidió las asambleas masónicas que hasta entónces se venían celebrando sólo que una vez al año, tendrían lugar en adelanto cada tres mescjs, costumbre que se ha per- petuado casi hasta nuestros días, sin más modificación que la de cambiar las fechas se- primeramente establecidas, que eran 25 de Marzo 24 de Junio y 27 de Diciembre, , siones solemnes los individuos que se verificaban con asistencia de todos pcadenecien- HISTORIA GKNKHAL DI-; LA MASONERÍA 143 tes á la órdeii, y que se proloiigabaiq compreiRliiTido al mismo tiempo las tenidas de banquete establecidas desde tiempo inmemorial. A partir de la reforma en que nos ocupamos, es cuando verdaderamente la maso- neria comienza á adquirir gran influencia en toda Europa, viéndose ingresar en ella individuos do elevada jerarquía que, atraídos en un principio por lo aparente, seduci- dos por su amor al arte, acabaron poco á poco con los principios sustentados y co- menzaron á disfrutar de los señalados beneficios que la orden reportaba. Las refor- mas introducidas dieron lugar, digámoslo asi, á reformas en el personal que no po- dian ménos de verificarse luégo que para el desempeño de las funciones que habían de encomendarse á los individuos que la componían, hacia falta mayor instrucción y más extensos conocimientos: no se entienda, por esto, que fueran excluidos de la aso- ciacion los que no llenaban las condiciones por entonces exigidas; ántes, al contrario, siguieron disfrutando de una protección cada vez mayor, pues asi tenia que ser, dado el aumento que la orden había tenido en poco tiempo, á lo que contribuyeron también las poderosas causas que por entonces favorecieran el progreso y la general cultura. El estudio más detenido que se comenzó á hacer por entónces de las clásicas obras que la docta antigüedad había legado, hizo ver bajo un nuevo aspecto las ciencias filosóficas, y fueron éstas desarrollándose poco á poco y encauzando hábilmente el es- tudio de las demás ramas del saber humano, que se extendían también gracias á la mayor libertad aportada por la reforma, y la imprenta, ese maravilloso descubrimiento que por sí solo bastará á que el siglo en que aparece sea el más glorioso de los que se registran en los extensos anales de la historia, difundía los conocimientos hacién- dolos llegar á todos, vulgarizando las ciencias y ampliando la esfera de acción de mu- chosséres que en otras condiciones hubieran vivido siempre en el más absoluto oscu- rantismo. Haciéndonos eco de las magnificas frases del ilustre Lessing, no podemos ménos de conceder que, atendiendo al fondo de la cuestión principal de que la maso- neria se ocupa, estudiando lo que, propiamente hablando, puede y debe llamarse filo- sofia de la masonería, la institución masónica ha existido siempre, y, lo que es más, no podrá dejar de existir: en el corazón de todos los buenos existen comunes senti- mientes, existen tendencias al fin, gracias á las que nos reconocemos como herma- nos; mas justo es confesar que la manifestación de ésto se hace imposible individual- mente; es menester que para realizar este fin, que nos parece prescrito en la vida, nos reunamos y nos c.ongreguemos, y esto ha sucedido con la masonería, que desde el punto de vista moral, puede ser definida, diciendo que es la manifestación del senti- miento común de sociedad y mutuo auxilio que domina á los hombres. Tuvo nací- miento en la agrupación de masones ó albañiies que, reunidos primeramente con ob- jeto de fomentar el arte que cultivaban, paulatinamente se fué ensanchando su credo hasta poder tratar las cuestiones más arduas y los principios más difíciles. Sólo una asociación de artesanos podia llegar á este resultado: el desenvolvimiento conseguido es natural, lógico y progresivo: asociados para explotar el arte de construir, la asocia- cion hace patrimonio para si de sus conocimientos, cuidando de que no se vulgari- cen: no los trasmite á otros ciudadanos sino después que por justos títulos puede con- 144 HISTORIA GENERAL siderarlos {•oiuo hermanos, y áuii así no lo hace en masa, sino en detalle, grado á grado, para que la s(íguridad scai mayor y los resultados más prácticos. Esto^ como venimos viendo e.n el curso de. nuestro estudio, no ocurre en una nación sola, sino en varias al mismo tiempo, y, naturalmente, en todas ellas á los ojos de los individuos afiliados, los que tenían idénticos conocimientos hablan de ser considerados de igual á manera, cualquiera que fuese el pais á que pertenecieran, con lo que se comienzan desvanece)' esás deferencias arbitrai'ias establecidas sólo por los sangi'ientos dei'echos de la gueri'a enti-e pueblo y pueblo, enti'e nación y nación. Las tendencias estas no pudiei'on ser expuestas dui·iuite mucho tiempo de una manera clara y manifiesta por considei'aciones de todo punto natui-ales, pero ya he- mos manifestado en capítulos anteriores los símbolos y representaciones que hablan arbitrado para satisfacer sus deseos. Al llegar al periodo que historiamos, pudieron expresarse libremente todos los anhelos; hablan desaparecido cuantas cortapisas existiei'an anteriormente, y nada podia impedirles hablar en adelante de sus opiniones liber:ües en materia do religion, ni expresarse con absoluta independencia en cuanto se pudiera referir á los dogmas y prescripciones de la Iglesia catòlica romana, que hasta entónces puede decirse que lo habla absorbido todo por completo. No dejaba de animarlos la detallada enumeración que podían hacer de los censurables vicios de que estaba plagada la corte romana, ni dejaba de atraer á los demás el pai'alelo que se podia establecer entre la vida pervertida y relajadas costumbres de monjas y frai- les, con la austeridad al par que con la grandeza de los principios consignados en las constituciones masónicas. Los unos, harto olvidadizos, parecían desconocer en abso- luto los principios á que se habían consagrado, y haciendo de los conventos lugai'es de sibaritismo y vicios, convertían lo que debía sei' mansion de recogimiento y saiiti- dad, en lugares de pei'version y escándalo; para nada recordaban la misión que trajera á la tierra el que vino á morir por todos; parecía perdido el eco de sus divinas pala- bras, y engreídos con sus cuantiosas posesiones y con las riquezas de que podían dis- poner, procui-aban sin ningún recato hacerse semejantes á los señores feudales, si bien siempre resultaban mucho más despreciables: el señor feudal tenia que conquistarlo todo para alcanzar la menor cosa; tenia que hacer la mayor exposición de su persona, y hay en esta manera de ser algo que justifique su violento feroz y arbitrario carác- , tcr, pues con saña verdadera se defiende todo aquello que ha. costado mucho trabajo conseguir: el señor feudal tenia que haber dado fehacientes pruebas de su coraje y de su valor, con las que los demás tenían que manifestarse intimidados, pero el monje, el fraile, no procedían de la misma manera; abusaba escudado (ion el cai'ácter sagrado de que se hallaba revestido; abusaba, gracias al dominio que ejercía en la conciencia de los fieles, y de este modo eran grandes las prerogativas con que insultaba,, digá- moslo asi, á las clases populares, que velan consumirse los mejores frutos de su tra- bajo en la alimentación de gentes que no les reportaba beneficio alguno. El mason, por el contrario, se presentaba como hombre activo y trabajador, aseguraba su bien- estar con el sudor de su frente, preconizaba las excelencias de la fraternidad como medio poderosísimo de conseguir los mejores resultados; sanos y elevados eran sus DE LA MASONERÍA 145 principios , sevei-as sus disciplinas, y esta sociedad, á la que nadie hubiera podido de- terminar en el principio, el brillante camino que tenia que recorrer, se lanzó, luégo que las circunstancias vinieron á favorecer su desarrollo, por una senda sembrada de peligros, es cierto, pero por la única que podia llegarse á la liberación del espíritu humano. Una vez regularizada la oi'ganizacion de las logias y ampliado el credo, comenzó á suceder lo que por el mismo tiempo ocurriera en Alemania según hemos visto, y es que fueron admitidos en la órden individuos no pertenecientes á las clases trabajado- ras, ni ménos á la particular dedicada al aide de construir. La fecha de esta alteración no puede establecerse exactamente, sino por aproximación , fijándola salvo error, en los últimos años del siglo xvi ó principios del xvii, siendo en este concepto los prime- ros que pueden citarse Tomás Bosswel, nombrado en 1600 inspector de la logia de Santa Maria de Edimburgo, la más antigua de las establecidas en Escocia, de la que también en 1641 fué nombrado gran maestro Roberto Moray que en la vida pública desempeñaba el cargo, de mariscal, aposentador general de los ejércitos escoceses. Iguales iniciaciones pueden enumerar las logias inglesas, en las que no dejaron de ingresar ricos y notables personajes, mucho más cuando como Preston afirma, se pu- so á la cabeza de la órden el conde de Pembroke. Desde el punto de vista material el ingreso de estas notabilidades no reportaba directas ventajas á la institución, pero fá- cil es comprender la importancia que adquiría, máxime porque fué un medio para que saliera de la oscuridad en que hasta entonces se había encontrado. Dividida la Inglaterra en dos reinos, es menester también considerar á la masone- ría dividida en dos ramas principales, una la que venimos exponiendo hasta aquí, otra la que particularmente se refiere á la Escocia y que no deja de tener grandísima importancia en la historia general de la órden. El comienzo de la institución en este reino se pierde como en todas partes en las nebulosidades de la tradición, en las quime- ras que crea el misterio de lo desconocido. A partir del siglo xv es cuando únicamen- te se tienen datos precisos acerca de ella, y éstos son en vei'dad bien desconsoladores, porque en presencia de lo que afirman las autoridades más reconocidas, habían per- dído los masones escoceses el derecho de elegir por si los representantes de sus talle- res. Bien es cierto que ninguno de los electos era ajeno á la órden, pero la elección tenia que recaer precisamente en algunos de los individuos que el rey presentara y de los que no podían en modo alguno separarse. Esta elección como fácilmente se com- prende, nunca podía ser favorable al desarrollo de una agrupación que más que nada necesita de libertad y absoluta independencia por cuanto en buen número de casos tiene que luchar contra las arbitrariedades que la fuerza impone, así como tam- bien contra los errores que la opinion sanciona. Unidas las dos coronas, y cuando el rey Jacobo I de Inglaterra parecía ocuparse ménos de la masonería fué cuando los ín- díviduos que la componían nombraron por sí como juez de ellos á William Sinclair of Roslin, según resulta de dos documentos que para el esclarecimiento de estas cues- tiones aporta Laurie en su notable History of S. M, and the Grand Lodge of Scot- land; el primero de estos documentos dá lugar á una contradicción con lo anterior- 19 146 HISTORIA GENERAL mente sentado, pues declara que el nombramiento de Sinclair fué hecho por William Lhaw que sin duda tendria del monarca poderes especiales para ello, y el segundo se afirma en lo mismo no pudiendo ser de otra manera dado que no es más que una co- pia del primero. La Guia, del compañero y el ritualista Calcot, declaran que William Sinclair, conde de Arkney, Caithness, baron de Roslin, recibió del rey Jacobo II el y decreto en que le conferia el cargo de que dejamos hecho mención en 1441. Tan seña- lado señor que ya con el gusto la magnificencia que desplegara en las obras de su y palacio habla dado señaladas pruebas de su gran afición á las artes, animó con su presencia las logias: la sociedad comenzó á fomentarse y los masones á difundir los beneficios resultantes de aquella fraternidad. Otros documentos prueban que el cargo conferido al barón de Roslin fué hereditario como un anejo á su alta categoría y co- mo conocimiento de los grandes méritos que concurrían en él, de los que no es el me- nor la erección de la ya arru-iiiada capilla que llevaba su nombre'y que sin disputa era uno de los monumentos más maravillosos que produjera el arte gótico compren- dido y explotado en un principio sólo por la asociación masónica. La capilla de Ros- lin, obra de la sociedad francmasónica ha merecido que un escritor tan competente en la materia como M. Rritton, la declare obra maestra en su género. Procediendo con órden es justo confesar que en la segunda mitad del siglo xvi la masonería tam- escocesa se encontraba en la más lamentable decadencia, asi como bien que ninguno de sus individuos merecía señalada mención. Ellos mismos se con- fiesan singular franqueza como hombres de conducta desordenada, á la que no con procuraban poner enmienda alguna, manifiestan que la mayor parte de las luces de vién- las logias encargadas de la redacción de documentos, no sabían leer ni, escribir, dose obligados á hacer firmar los diplomas que hablan de expedir por un notario, ra- zones que puede afirmarse que no había de merecer consideración alguna y que por disculpa en alto grado la extrema vigilancia ejercida sobre ella por las autoridades de de dis- todos los órdenes, afrenta, porque así puede llamarse, que han tratado algunos culpar, suponiendo que los trabajos que realizaban en pro de la libertad y de la igual- dad eran los que daban lugar al cuidado que inspiraban. Ademas de esta hipótesis aventurada en pro de la masonería escocesa, Laurie, que los años cele- es sin disputa el que más ha trabajado en su favor, sostiene que todos braban asambleas en Kilwinning y Anderson, añade, que tenían lugar también en Aberdeen, mas cuanto á esto se refiere es puramente tradicional en el Stirling y en y análisis de esta cuestión, seguiremos al ilustre y erudito Kloss, que como sabemos es nos en la masonería una autoridad de la más grande importancia. Probado está, y creemos dispensados por tanto de aportar prueba alguna, que no existe una tradición deje de tener en su arranque un punto histórico, pero eso no es más que en que arranque, como acabamos de decir; después sus inventores arbitran los medios su é inexactitudes que que creen más conducentes á su fin y de aquí, los anacronismos se pueden hallar en todas ellas. Siguiendo en esto la regla general, y asi sin separarse un punto, las tradiciones masónicas que hasta nuestro tiempo han venido sirviendo exclusivamente para dar conocimiento de lo que la asociación fuera, no han tenido DE LA MASONERÍA 147 en realidad ninguna razón de ser y una á una^ poco á poco se han ido relegando ya que no al olvido, si á la categoria de las cosas pasadas de moda. No podia ser de otra manera en vista del desconocimiento de todo lo accesorio que revelaban. Ya hemos visto lo ocurrido con la nueva tradición de York, en virtud de la cual la masonería inglesa ha pretendido que sus orígenes databan del año 926; el mason aleman ó me- jor dicho, el trabajador en piedra de aquel país, quiere que la sociedad en que apren- diera su arte fuera creada en 876 ó sea en la época misma en que puede considerarse á la sociedad^ contribuyendo á la erección de la catedral de Magdeburgo y procedien- do de igual manera el mason escoces sostiene, que en su país tuvo origen la sociedad masónica con la fundación de Kilwinning, siendo lo más lamentable que autores que sin ello merecerían entera fe, cierran los ojos á la evidencia y afirman tan aventuradas suposiciones, cuando nada existe que nos pueda inducir á concederles entero eré- dito. Si fijándose en la antigüedad, es en lo que han querido apoyarse, cualquiera antigua crónica los podria haber convencido de lo contrario, y sin ellas hoy, gracias á los adelantos de la ciencia, lo podemos hacer nosotros. La historia nos revela que Kilwinning fué fundada en el siglo viii por un santo llamado Winning que en aquel tiempo fundara una celda (kil). En 1107 Hugo de Moreville, lord de Cuningham, fundó una abadía dedicada al referido santo, destruida algun tiempo después de la Reforma y cuyas ruinas pueden verse aún en nuestros días. Algunos individuos de la francma- sonería, que habían venido del continente para construir el referido monumento, fun- daron allí la primera logia. Este dato deducido de la antigüedad, de la construcción religiosa mencionada, no puede hacer fe en manera alguna, pues muchos puntos de Escocia podrían pretender el mismo derecho por igual causa, entre ellos Aberdeen y Dunsinan. Anderson mira con gran prevención la opinion citada, Calcolt la detalla con suma proligidad, pero advirtiéndose desdOjluégo el caràcter tradicional, mas con- tra todas las enunciadas pretensiones puede oponerse una razón de la mayor fuerza, idéntica en un todo, á la que apuntamos de la logia de York, y es que si Kilwinning hubiera tenido documentos para acreditar sus pretensiones, no hubiera omitido en modo alguno presentarlos en 1743, cuando le fué disputada. El mismo Laurie, histo- riador que tanto la ha defendido, dice con respeto á ella; «Los archivos de la capilla de Santa María, que es la logia de Edimburgo, la más antigua, no alcanzan á más allá de 1598, y como no hacen mención de los trabajos ordinarios de la logia, no dan reseña alguna acerca de los usos ni de la situación de la sociedad en aquella época,» y más adelante, dando cuenta de las cuestiones habidas con objeto de determinar la antigüedad para el arreglo de las logias madres, dice: «Se dió lectura de una plancha de la logia de Kilwinning, en la que se quejaba de no ocupar el segundo lugar en la matricula, en tanto que en su calidad de logia madre de Escocia, tenía derecho á la primera. La gran logia acordó, que no habiendo aportado documento alguno la logia de Kilwinning, que sirviera para probar la pretension con que concurría, de ser la más antigua de Inglaterra, y que la logia de Santa María, había presentado todos los suyos desde el año 1598, esta última poseía el incontestable derecho de conservar el primer lugar en la matrícula. La conducta de la gran logia en esta circunstancia. 148 HISTORIA GENERAL añade, no está en manera alguna en contradicción con lo que se ha dicho, respecto de la logia de Kilwinning en la general historia de la masonería. Estaba generalmente reconocido y admitido que Kilwinning, era el lugar de nacimiento de la masonería en Escocia; no obstante los documentos de la logia originaria se habían perdido, la logia ' de aquel tiempo no podía establecer de una manera fija que fuera la primera en esta- blecer las prácticas de la masonería en Escocia. En vista de esto, creemos que no hay para qué decir el poco valor que debe mere- cer cuanto á los grados y á la masonería escocesa se refiere, y la ceguedad con que han procedido autores que estaban en el deber de analizar y estudiar concienzuda- mente sus observaciones, cortando de raíz los abusos que se han introducido con la pretendida antigüedad asignada á la masonería escocesa, todo lo cual hay que refe- rirlo forzosamente á la categoría de fábula. No ya de uno ó de varios de los sistemas masónicos que se refieren á Escocia, sino de todos, absolutamente de todos los que en este pais se han supuesto nacidos, puede decirse, que nada tienen que ver con aquel pais honrado y hospitalario; con los supuestos enunciados de sociedad secreta, de sociedad misteriosa, los embaucadores, los amigos de explotar á sus semejantes y entusiastas de lo maravilloso siquier esto no resulte más que del falso oropel y del talco prodigado á voluntad, han inventado cuentos, tradiciones y consejos sin funda- mento alguno, para conseguir efímeros resultados, pues gracias á las luces del siglo en que vivimos, no es posible ya que subsistan las extrañas aberraciones y fantasias que durante tanto tiempo han venido sirviendo para desprestigiar á una sociedad se- ría, formal y digna, que en nada ni por nada tiene para que rodearse de risibles mis- terios que en realidad merecen el dictado de juegos de muchachos crecidos, que les ha dado un notable é ilustre escritor. Necesario era ya investigar en la historia lo que - esto ha sido y aplicarle severa é imparcial critica, y esto es lo que vamos á hacer cumpliendo con la honrosa, misión que nos hemos impuesto, y para lo que ya teñe- mos sobrados datos. En Escocia, lo mismo que en Inglaterra, lo mismo que en Alemania y en otras na- ciones de Europa, aparecieran más tarde ó más temprano, existieron desde remota fe- cha las agrupaciones de artesanos, de trabajadores dedicados al arte de construir que agrupados en logia, se procuraban el mayor número de beneficios, no siendo escasos los que reportaban á las demás clases sociales, sin duda por lo que merecieron de al- gunos reyes y principes, cartas de privilegios, caso no raro por cuanto es bien sabido qpe por entonces otros gremios las consiguieron también, y ya hemos apuntado que si de éstas concesiones resultaban beneficios, para aquellos que podían disfrutar de ellas, no eran menores las conseguidas por los otorgantes, que en ello tenían una se- gura fuente de riqueza que en el mayor número de los casos, servia más que para otra cosa para destruir en guerras y saqueos brutales y devastadores, lo que los mismos gremios habían levantado. A estos derechos y franquicias concedidos como vemos no en amor de tal ó cual profesión, como algunos han supuesto, para sacar partido en honra de la masonería, sino guiados por el ínteres, se debió según hemos visto el dictado que merecieron los primitivos asociados de la órden conocidos con el DE LA MASONERÍA 149 nombre áe freemason que vale tanto como mason libre, mason franco. Al ocuparnos de los orígenes de la masonería en Escocía, hemos mencionado los dos documentos gracias á los que se puede afirmar que desde que en aquella parte de la Inglaterra de hoy, se estableció la órden el protectorado de ella lo tuvieron los lores de Roslin: am- bos documentos ademas de hallarse trascritos en muchas obras masónicas, fueron publicados por el benedictino escoces. Hay en su trabajo acerca de la nobleza de mu- chas principales familias de Escocia, siendo en él piezas de convicción para probar la alta importancia y elevadas funciones que desempeñaran los señores de Sinclair. Asi pues, para evitarnos toda divagación que pudiera llevarnos á la repetición de pruebas, para afirmaciones acerca de las que no puede caber ya la menor duda, diremos que no cabe remontar el origen de la masonería en Escocia á más allá de la fecha en que por las indicadas cartas se concedió el protectorado de la sociedad á los individuos de aquella noble familia. El primero de los citados documentos implica gran importan- cía para nuestra historia, pues al par que el reconocimiento de los expresados dere- chos, contiene la declaración de los grandes perjuicios que podían resultar de enco- mendarlos á personas no eficaces y los mayores que resultaban aún de estar abando- nado el expresado cargo, con lo que eran frecuentes las injusticias disensiones y usurpaciones que habían tenido lugar, corroboración de cuanto hemos manifestado anteriormente y que explica de bien clara manera cómo podia hallarse la masonería án- tes de la otorgacion que firman William Shan, master of Wor/e (director de trabajos) que sin duda como algunos autores pretenden, habría recibido poderes para hacerlo del rey Jacobo II: Tomás Weir, mason reconocido de la logia de Santa María de Edimburgo; Tomás Robertson, vigilante (wuardimer), de la logia de Dunferlyne y los llamados Laintandré y Baillie por las logias de Haddington. El segundo documen- to es como hemos dicho una reproducción del primero destruido en un incendio del castillo de Roslin: consigna el reconocimiento de iguales derechos en los individuos de la misma familia, y figuran al pié como firmantes masones de Dundee, de Edim- burgo, de Glascow, de Ayre, de Stirlinh y Dumferlyne prueba de la mayor importan- cia y acrecentamiento que la órden había tenido desde la expedición del primero hasta la del segundo que lleva la fecha de 1640, pero es de todo punto necesario ad- vertir que tales privilegios no aparecen concedidos para una clase particular y deter- minada sino que habla en términos generales de las clases obreras, por lo que en el último figuran no pocos que rectamente hablando y ateniéndonos al primer sentido de la palabra, no pueden merecer el título de masones, por lo que en Escocia según hemos dicho más tuvo la masonería el carácter de gremio que de otra cosa. Anticipando un poco los hechos á reserva de esclarecerlos más tarde, diremos que las logias organizadas en Escocia no conocieron la masonería filantrópica y filosófica que es como podemos llamar á la segunda faz de la institución, sino después que en 1717 se hubo operado la transformación en la gran logia de Lóndres, dando lugar á esencialisimas modificaciones en la masonería de los tres reinos. Diez y nueve años más tarde ó sea en 1736, fué cuando sintiéndose por todas partes la gran necesidad de la reforma ó como los mismos ingleses dicen de la trasformacion de la masonería 150 HISTORIA GENERAL especulativa^ fué cuando los individuos pertenecientes á la operativa en masonería des- orden se reunieron para constituir una gran logia sumamente necesaria ya, pues William de 1695, se puede decir, que la masonería no había trabajado en aquel pais. Sinclair que era entónces el jefe de la familia Roslin, renunció expresamente al dere- ^ los habían venido teniendo, mas tales fueron los beneficios cho hereditario que suyos favores recibieran, que unánimemente fué elegido venerable de aquella logia y que madre, en precedentes no había absolutamente nada de maravilloso y en los cuyos terri- que tampoco se puede señalar cosa alguna que trasciende á misterio ó á prueba ble atraiga á la memoria la idea de pasados ritos ó lucubraciones de ritual ejer- que cidas en religiones dadas por completo al olvido. Nada hay hasta ahora que nos dé conocimiento de lo que se llama en masonería bien sencillo y claro es cuanto á la historia de la ór- rito escoces y grados escoceses; den se refiere y corren sus hechos pareja con los que de los demás países hemos enu- tiene merado. La masonería en Escocia aparece lo mismo que en las demás partes, idénticos caractéres, obedece al mismo fin y se propuso siempre obtener iguales re- ha nacido, la profusa fantasmagoría con que ofuscando saltados. ¿De dónde pues, los sentidos tratan de seducirnos? Vamos á verlo, pero antes séanos permitido pre- autor del artificio. sentar una figura histórica á la que veremos más tarde como Andres Miguel de Ramsay, nacido en Escocia el año 1686 fué llevado á Francia , bien edad, en este país se educó y se ilustró hasta el punto de ocupar de temprana y puesto señalado en la historia de la literatura francesa. Preceptor en la casa de un una familia elevada, su espíritu atrevido se lanzó bien pronto en las especulaciones teológicas, cuya solución no le parecía clara, embrollándose en sutilidades y distingos grandemente se prestaba su carácter. La indole de estos estudios artificiosos, á los que eminentes teólogos extranjeros, especialmente con le hizo entrar en relaciones con los ingleses y holandeses, hasta que después de muchas divagaciones y gracias á la influencia de Fenelon que era su amigo se convirtió al catolicismo. Gracias á su pro- fundo saber, injusticia notoria seria negarlo y á las valiosas relaciones que había que adquirido después de su conversion, fué preceptor de muchos principes ilustres, entre ellos del célebre Turena. En 1724, hallándose sin ocupación en París, fué llamado á Roma para desempeñar el puesto en que hasta entónces se habla distinguido tanto, cerca del hijo de Jacobo III, pretendiente al trono de Inglaterra, en cuya casa, fuera gratitud, fuera porque asi lo sintiera, se manifestó de su partido consagrándose á por la defensa de aquella tan arruinada causa. Esto no obstante y sin que se haya podido un salvo conducto gra- averiguar las razones que á ello le movieran, solicitó y obtuvo cías al que pudo volver á visitar la Escocia, su pais natal. Permaneció allí algunos viviendo la del conde de Argyles y sin duda desde esta fecha data el años en casa amor que profesara á la órden masónica y que no le abandonó ni aún el último mo- si á la de- mento de vida. Grande sería este hombre masónicamente considerado su fensa de la órden y á su acrecentamiento hubiera ido sin miras preconcebidas, y si en de hacerla servir á particulares fines, se hubiera limitado á encauzar la tra- vez querer dicion, cohibiendo los abusos y cerrando la puerta á fatales ingerencias. Desgraciada- DE LA MASONERÍA 151 mente no fué asi, y sus primeros pasos revelaron desde luégo la vía fatal en que se ha- bialanzado. Vuelto de Escocia á Francia, fué en este pais donde realizó ó mejor dicho donde pretendió realizar la reforma. Desde 1828 pudo advertirse en Francia una masonería caballeresca de grande parecido con la órden del Temple^, que pretendía á toda luces ser originaria en linea recta de las cruzadas y mucho más pura, más formal y más seria que la masonería inglesa, que es la que desde 1721 se había implantado en Fran- cia gracias al mayor comercio intelectual que por entónces existia entre ambos paisas. El fundador de esta secta, que así y no de otra manera podemos llamarla, es el men- cionado barón de Ramsay, ardiente jacobista y preceptor como hemos dicho de Cár- los Eduardo Stuardo, cuya vida se consumió en intrigas, maquinaciones y cábalas en favor de su discípulo. El historiador Fouast, que ha examinado müy detenidamente la reforma implantada por Ramsay, dice que éste añadió en la jerarquia masónica limitada hasta entónces por el grado de maestro, un escoces, un novicio, un caballe- ro del templo y un real arco. Procurando aunar las tradiciones unas con otras por más que separadamente nada tuvieran que ver con la masonería y por más que entre si carecieran de todo punto de contacto, quiso referir el templo de Salomon al templo de Jerusalen é instituyó un grado ilustre, con el que al propio tiempo realzara el carác- ter sumamente sencillo que los grados masónicos habían tenido hasta, entónces. Tan aferrada estaba en él semejante idea ó tal partido pensaba adquirir con su implanta- cion, que nos parece de todo punto curioso trasladar aquí un fragmento del discurso que en pro de su tésis pronunciara en una tenida solemne celebrada en 1738. «El nom- bre de francmasón no debe en modo alguno tomarse en un sentido literal, grosero y material como si nuestros primeros fundadores hubieran sido puramente unos obre- ros en piedra ó en mármol, ó genios puramente curiosos con amor al cultivo de las artes. Eran no sólo hábiles arquitectos que querían consagrar sus facultades y sus bienes á la construcción de templos exteriores, sino que también principes religiosos y guerreros que querían edificar, iluminar y proteger los templos vivos del Señor. Esto es lo que voy á demostraros. Desde el tiempo de las guerras santas habidas en Pales- tina, muchos principes, señores y ciudadanos entraron en sociedad haciendo votos de restablecer los templos del cristianismo en la Tierra Santa y se comprometieron por juramento á emplear sus facultades y sus bienes en volver la arquitectura á su primera institución. Acordaron muchos signos y palabras simbólicas tomadas del lenguaje reli- gloso para conocerse entre si y distinguirse de los sarracenos. Sólo se comunicaban estas palabras y signos á los que se comprometían solemnemente, muchas veces al pié délos altares, á no revelarlas jamas á nadie: esta sagrada forma, no era pues un jura- mento execrable como algunos afirman, sino un lazo respetable para unir á los hombres de todas las naciones en una intima fraternidad. Algun tiempo después, nuestra órden se unió intimamente con la de los caballeros de San Juan de Jerusalen, y desde entónces y en todos los países las logias tomaron el nombre de logias de San Juan. Esta socie- dad se formó á semejanza de la de los israelitas cuando reconstruyeron el templo; en. tanto que con la una mano manejaban el palustre, teniancon la otra la espada, según 152 HISTORIA GENERAL puede leerse en el libro de Esdra, cap. IV, v. 16. Los reyes, los principes, los señores al volver de Palestina, cada uno en su país establecieron diferentes logias y datando de las últimas cruzadas se conservan muchas en Alemania, Italia, Francia, España, In- glaterra y Escocia á causa de la intima alianza que hubo entonces entre estas dos na- ciones...» Como puede verse, los errores cometidos en tan breves frases no son ni pocos en , número, ni de escasa importancia, bastando para convencernos de ello lo que con su- flcientes pruebas dejamos establecido, pero acerca de Ramsay añade el ya citado Mr. Jouast: «Era versado en las ciencias teológicas, siéndole fácil, per consiguiente, acomodar las leyendas bíblicas á las cartillas y rituales de los grados que había esta- blecido. Siendo escoces Ramsay, pudo él no creerlo, pero se empeñó en hacer creer á los demás que sus lucubraciones procedían de Escocia; les dió un origen ilustre, reía- clonándolas con las cruzadas, lo cual daba lugar á que sus grados fueran más agra- dables á la vanidad de los adeptos, que la sencilla francmasonería originaria de la gran logia de Lóndres, y por la que la distinguió de ésta dándole el nombre de masonería escocesa. Este es, prosigue el mencionado historiador, el origen más racional del escocismo en masonería. Más tarde, cuando esta secta que, más que á nada, atendía puramente á las formalidades externas, se fué extendiendo con gran éxito por Eran- cía y por otras naciones, Escocia, que veía su nombre anexo á la sociedad que tan considerable número de prosélitos hacía, no dejó de revindicarla, y fué entónces cuando se agitó la cuestión de la antigüedad de la logia de Kilvinning, que, como he- mos visto, quedó postergada en la asamblea general al puesto que realmente debía tener. Esto, no obstante, debe entenderse que la masonería seria y formal de la nación aquella, no admitió la ñccion ni sufrió la imposición que se le quería hacer de rituales aparatosos que no conducían á nada bueno ni á nada práctico, y que ademas rompían con las reglas tradicionales que desde antiguo se venían observando. La importanti- sima logia de Edimburgo protestó de ello severamente, pero ésta, á pesar de los grandes trabajos que había realizado, nunca logró someter á su obediencia á las demás logias que trabajaban en el país, si bien todas ellas le concedían supremacía. Esto sucedió asi hasta la fatal aparición del escocismo, pues éste fué el pretexto de que se amparara la insignificante logia .de Kilvinning para erigirse en autoridad, sa- tisfaciendo así el vehemente anhelo que desde 1717 venía manifestando por ocupar el primer lugar en la matricula. Insistiendo en pretensiones que, como venimos viendo, no son dignas más que de censura, continuó alegando, sin prueba, que era la logia más antigua de Es- aunque cocía, pues existia ya desde el tiempo de Roberto Bruce, que había aceptado el pro- tectorado de los masones desde 1598^ en recompensa de los servicios que les habían prestado en una batalla contra los ingleses, y que este protectorado había sido conti- nuádo por los reyes de Escocia. Como se ve, este afan no es nuevo en nuestro tiempo, en el que por todos conceptos se alega infundadamente que en cualquier época histó- rica que se estudie, la masonería ha desempeñado importantísimo papel. Comprende- mos que en el siglo actual, en que se han reconocido como inscritos á la órden per- DE LA MASONERÍA 153 sonajes importantisimos de todas las ciases, pudiera tener aigun fundamento seme- jante idea, pero es imposible suponer lo mismo en una época en que la sociedad estaba en su primer periodo, y menos aún en un pais en que se encontraba tan desmoralizada, como hemos visto, antes del protectorado de Sinclair. Artesanos en su totalidad, era reducidisimo el número de ellos, y si moralmente, dada su escasa ilustración, les era imposible hacer nada, menos podrían realizar materialmente, y no se alcanza á com- prender qué podia hacer en una l)atalla un puñado de hombres sin costumbre en el manejo de las armas, y más dedicados á pacificas ocupaciones. Esta consideración debió ser tomada en cuenta también, por cuanto una y otra vez, siempre que lo inten- taron, fueron rechazadas sus pretensiones; pero por extraño que pueda parecer den- tro de la masonería, y con más vigor y fuerza que en cualquiera otra sociedad, se ha manifestado la ambición que de continuo roe el corazón humano, y que es, sin dispu- ta, la pasión que hace cometer más desaciertos á los hombres. La masonería desde su primera metamórfosis se ha visto dividida y subdividida, minada y agitada por con- trarios pareceres resultantes de encontradas miras, nunca con respecto á la cuestión de fondo, sino siempre por fútiles cuestiones de forma ó por exageradas de pretensiones algunas personalidades que, ciegas en su orgullo, han atendido siempre más al bien particular que al bien general. Este defecto lamentable lo revela ántes que nin- guna otra logia en Europa, la de Kilvinning; sus lucen no se pararon á considerar que en aquellos críticos momentos toda division, todo cisma tenia que ser altamente per- judicial; no consideraron que todas sus infundadas pretensiones, áun en el caso las que hubieran podido probar, á nada conducian, y ajenándose de los principios que sustentaba el credo, sin querer dar oídos á las justas amonestaciones con que se les recordábala obediencia que debia haber por parte de cada uno y todos los individuos á fin de que pudieran realizarse los altísimos fines que se hablan propuesto, el negaron acatamiento que justamente debían á la gran logia de Edimburgo, que en la asam- blea general habla probado su prioridad, y se constituyó en logia independiente con el titulo de Real logia madre. No pararon aqui las maquinaciones emprendidas en su despecho, sino que, avanzando siemfjre en el mal camino por que se habla quiso lanzado, extender la esfera de acción en que luchaba, y al efecto, dejando una tacion represen- en Kilvinning, alzó columnas en Edimburgo mismo, para poder combatir con ventajas contra la Gran logia, á la que hasta entónces ninguna habla negado recono- cimiento. Aceptando las mistificaciones que Ramsay, en su amor á lo habla maravilloso, importado, y sorda á la severa réplica que en contra de ellas diera también la Gran logia de Lóndres, constituyó un rito , precisamente el mismo que habla existido ya en Francia y que sacó de un completo periodo de decadencia, generalizándolo de iJuevo, pues, gracias á este influjo, en 1786 volvió á aparecer en Rúan un tulo gran capi- masónico de la órden de Herodom de Kilvinning, que es el enunciado con se diera que á conOcer. Si queremos averiguar lo que este titulo significa, hallaremos fútiles que por satisfacer deseos, alearon á una institución tan seria las más inverosímiles tradiciones: Herodom es el nombre legendario de una montaña próxima á Kilvinning; en este sitio, 20 154 HISTORIA GENERAL según la leyenda, es donde por primera vez se reuniera la logia fundada por Jacobo Steward, ascendiente, según Ramsay, de la familia real de los Estuardos, pero acerca del que la historia no dice una palabra; logia que, según la fantasía de los que la han inventado, tuvo siempre grados y dignidades superiores á las de las demás posterior- mente establecidas, los cuales ha comunicado después á los distintos talleres masóni- COS. Acerca de la etimología de tal nombre es mucho lo que se ha hablado sin llegar á un acuerdo decisivo, y la admitida hasta hoy revela más que otra cosa el cuidado que se ha puesto en anudar todos los cabos con objeto de deslumhrar mejor, pero se advierte desde luego lo falso de la ui dimhre. Preston opina que el referido nombre se deriva de la palabra Harod^ porque el venerable de este rito representa á Heredes el Grande, que fué quien mandó construir el último templo de Jerusalen; por el contra- rio, los que atribuyen, con justísima razón, el origen de esta masonei'ia á los partida- rios de los Estuardos, ó á los jesuítas, que también se ha pensado en ellos, proponen la palabra latina A«?rc«, heredero, que en el genitivo del plural hace hcereduui^ por- lierederos del trono de que, como afirmaban los Estuardos, eran los legítimos Ingía- terra. La sutilidad no puede ser mayor, y nosotros, en el temor de incurrir en el mis- mo defecto, omitimos aventurar hipótesis ninguna, contentándonos con exponer al juicio de nuestros lectores los absurdos tan sin motivo inventados. Aún amor no era bastante esto y los sostenedores de tantos , despropósitos en su por lo maravilloso, quisieron más, que no sirvió para otra cosa que para aumentar la confusion. Relacionando á la masonería con la órden de los Templarios, supusieron que no pocos de éstos, huyendo de la persecución que en contra de ellos se hacia, se de los refugiaron en las logias escocesas, y en cambio del benéfico asilo que recibían individuos que las componían, les revelaron los secretos de la órden del Templo. Tanto vale esto como afirmar el aventurado supuesto de que los templarios se halla- han constituidos en sociedad secreta, y que celebraban los misterios y ritos que figu- ran en más de una de las actas de acusación que en contra de ellos se levantaron. No es nuestra misión ahora el tan controvertido punto, pero es justo manifestar que son falsas y ridiculas las pretensiones de los acérrimos partidarios del escocismo: en Es- cocia, lo mismo que en otros muchos países, existia legalmente constituida la órden del Templo, y allí, como en otras partes, fué declarada disuelta, aunque sin perse- refu- guirlos de ninguna manera. No tuvieron ellos, por consiguiente, necesidad de giarse en las logias masónicas, en las que, por otra parte, no podían hallar motivo alguno de atracción. Los templarios pertenecían, como históricamente se sabe, á la más elevada nobleza; eran perfectos caballeros y cumplidos guerreros, que mal po- los dían avenirse con los artesanos, y á esta clase pertenecían, en su mayor parte, que por entóneos constituían el cuerpo masónico. Antes de pasará la exposición del ritual, símbolo y ceremonias de los grados que Ramsay introdujera, es justo que lo manifestemos: el escocismo es uná pura ficción, la una novela que en ninguno de sus puntos ó detalles deja de estar desmentida por historia; el escocismo no es otra cosa que la institución de los grados elevados que se supone superior á la rnasoneiía simbólica, y que ha dado lugar en la órden, tormal y DE LA MASONERIA 155 severa , á la vanidad, á los errores y á las divisiones, pues, gracias á su aparatosa ostentación, se ha perdido la tradición de lo que fuera en un principio; se ha alterado la verdad histórica y se ha dado lugar áno pocas cuestiones que á la sociedad no han dado provecho alguno, y álos enemigos de ella han proporcionado formidables ar- mas. Las consecuencias de estas invenciones han sido funestas, pues si bien es cierto que muchas de las reformas que se han procurado introducir no han arraigado, no lo es ménos que, á semejanza de lo hecho por el soñador Ramsay, se han procurado inventar ritos, hacer cábalas y desvirtuar lo que por todos conceptos es digno de la mayor consideración y respeto. La masonería, que jamas ha renegado de la tradición, y que siempre ha permane- cido flel á los principios que le sirvieran de base, no ha sentido jamas necesidad de joyas para adornarse, ni de altos dignatarios con pomposos nombres: en la sencillez primitiva, preconizando las excelencias del trabajo y el amor á la virtud, se ha exten- dido por el universo entero, ha subsistido y subsistirá siempre, pues, como Lessing ha dicho, el lazo de union es más poderoso que la union misma. CAPÍTULO XII. El rito escoces.—Grados introducidos por Ramsay.—Orden jerárquico.—Grado 13 del ritual corriente.—iíeaí Arco. —Su logia d templo.—Sus señales, toques y palabras.—Títulos de sus luces y atiliados.—Lugares de su colocación.—Ceremonias de apertura y oración.—Semejanza entre estas prácticas y la liturgia judaica. —Catecismo.—Historia inventada para explicar este grado.—Papel que en ella se hace desempeñar á Enoch á Salomon, al rey de Tiro y á Lohaben, Stolkin y Adoniram.—Número de individuos de que en un , principio constó este grado.—Razón de ello.—Pretensiones de los demás maestros.—Errores, inexactitu- des y anacronismos de esta historia.—Pruebas en favor de nuestro aserto, tomadas de la Biblia y de los autores profanos. XAMiNADO el rito escoces por lo que á su orden jerárquico se refiere se halla un número excesivo de grados, pues de todo el mundo es sabido que cuenta esta masonería con treinta y tres. Sin embargo , no todos fueron instituidos por Ramsay, el cual, según ya liemos manifestado, estableció sólo los de Real Arco, Comendador del Templo y Gran PLscoces de San Andres, que en las liturgias ocupan los lugares 13.°, 27.° y 29.°; los anteriores, posteriores é interme- dios ban sido inventados é introducidos posteriormente, y los analizaremos en los lu- gares oportunos, limitándonos por ahora á la exposición detallada de éstos, los más caracteristicos del escocismo, y de los que nada omitiremos, con objeto de que pueda verse la justicia con que hemos censurado su introducción en la orden. Según los rituales de Ramsay, la logia debe reunirse en un paraje subterráneo y abovedado, sin puertas ni ventanas, debiéndose pasar al interior por una entrada abierta en la parte superior de la bóveda, que estará sostenida por nueve arcos, en cada uno de los que debe hallarse inscrito uno de los distintos nombres con queen la Biblia se designad Dios, y que son por el órden qued'ebe colocarse: Job, Jiho, Juhee, Hoyah, El-Gilbou, Adonai, Jacchiciat, Elohah y Elzebot. Esta costosísima construe- cion dudamos los que se haya llevado á cabo nunca para que celebren sus reuniones * t ■■^;í * CAPITULO XII. iii i ^í- uMí- • - <<1'-: por f<;(iii■.,ií-m v U'.ialíras.—Títulos de susjuces y aÜllados.—íf^.i¿| SU r.ol'X-ftOlKiií—*■ ríV^ ■ .iiutl*© 6StUS V la . r ■■5ÍT':, ■'VUÍtpjHr>Sa p^rAiitÍlí3.S ■■ .--CatectóTOO.—S.fï^ V.' eaO' ^-iado —f'ape! que en ella se hace desent^^ Knocfi á SaSoíuai;. ;. -oy rrtf f>r:'0 i ' ::^:-:··;í':ï·s j Vi^-uiraft). —Núíïierode individuos de qdreg iifs . IH-'OC'i^ideoxistd este grado,—HaiZío; í.o io.s dema-s maestros.-—Errores, inex.aetitn- o V anacionumos deesU historia.—Prueba.® cu fe&r de uaeslru asorí:. toma'ias de lá Biblia y de los - - -i ; proíftn^s. r r im- ' ' " ' - • " xaminaoo el rito escoces por lo que. á su ónieu jerárquico .se reM.-^re. se ■li' iialia uti uúnieco excesivo de grados, pues de. todo el mundo -s -arúdo C ' que riicnta esta masoneria con treinta y tres. Sin embargí.i. no t ^ . fii'o'on.instituidos pt>í- Ramsay, el'cual, según ya hemos 'manifestado, e^li^idedo sñfr '■ h'etd Aruc, í-.^mendador del Templo y'-Oran Escocp-sdc San .And ros, uncen lab ftítiqp^s; ocupan lugares •27.- y-29.^- los anieriores, posteriores é intera-e- cios han sido Inventados c introducidos posteriormente, y los analizaremos en les Ui- gares opoíiccuíS, Itrnilándonos pór ahora á la'exposieion detallada de éstos, los im» r;iv..ieíér}.4iic. -s del escocismo, y de los que nada omitiremos, con. Objeto de ene ■ •■ vórs" ib Jii.siirln con que hemos censurado su introducción en la énieii. u-.-H it.«s'ríf.ufdvs de Hárnsay, la logia debe reunirse en un paraje subterráiieo y. interior una eníráda: , -v sin puerUts.ni vcníanas, debiéndose pasuí' ai por --a parte superieT'de la~bóveda, que-esíciiá sostenida por nueve arcos ,: cu ., _éí''? VwAÍ' àÍ5f ' - riue debe hallaise inscrito uno de' los distintos nombres con qneea la. Biu'cá^^ií'v ' i. .f;, y que Son por cd órden que debe colocarse; Job, lihe. Jubaw floyahSÉ.,.. ■•»-i.;., .íHiielíiciat.,,F.iohab.y Elzeboi.' Esta costosisima constrn*:- : . cioe dúdaMio_x£í'A, ■ ; n-Yaiio Acabo nunca para que celé)tren sus reuniones lo-s } 'r- |i w ; .-«Eii..; I.'- if¡> " ' r- ■ í jfv S HISTORIA GENERAI. DE LA MASONERÍA 157 individuos que alcanzan el grado trece, y que, según la liturgia, representaría nada ménos que la sala de audiencia de Salomon, debiendo ser su decorado encarnado y blanco-. Dentro de ella debe haber nueve luces; tres al Oriente, tres al Sur y tres al Occidente. En el punto medio del taller se halla un altar triangular de madera pintada de blanco, y construido de manera que dentro de él se puedan colocar algunas luces; en la parte superior se colocará un transparente doi^ado de forma triangular, en el que, con caracteres hebráicos, estará escrito Jehovah. Constituida esta logia recibe los nombres de Capitulo ó Logia Real, y tiene cinco oficiales: el que la preside representa á Salomon, y su titulo es de Tres oecespoderoso gran nmestro. Se sienta al Oriente, teniendo ceiiida una corona real y sujetando en las manos un cetro, símbolos con que tal vez, más que al hijo de David, soiiara Ram- say con representar al pretendiente de la corona de Inglaterra. El primer vigilante re- cibe el titulo de Gran Vigilante, y representa á Hiram, rey de Tiroj; su puesto está á la izquierda del que representa á Salomon, y lleva también corona y cetro. El segundo vigilante recibe el nombre de Gran Inspector, se sienta en la parte de Occidente y re- presenta á Adoniram. Este conserva su sombrero y mantiene en la mano una espada desnuda. El Gran tesorero, que representa á Johaben, se coloca al Norte; el Gran Se- cretario, que representa á Stolkin, tiene su asiento al Sur y ambos permanecen cu- biertos. Hecha la escena, que, como vemos, es suntuosa, tal vez en demasía, enumeraremos los trajes que seguramente se hallan en relación con ella, para pasar inmediatamente á las fórmulas de apertura y al catecismo de este grado. El Tres veces poderoso|gran maes- tro viste una túnica de color amarillo, medio oculta por un manto de seda azul, y cruza su pecho de izquierda á derecha una cinta ancha de color de púrpura, de la que pende un triángulo de oro. El Gran Vigilante lleva una túnica roja y el manto amarillo, siendo la banda y la joya exactamente iguales á las del venerable: lo mismo sucede con el Gran Inspector, sin más diferencia que la de ser blanca su túnica. El Gran Tesorero viste del mismo modo, y lleva ademas pendiente de una cinta blanca, sujeta al boton de la túnica, una llave de oro, sobre la que están grabadas las letras I.*. 0.\ L.\ V.-. I.'., iniciales de la frase In Ore^ Leonis^ Verbwn inventí. El secretario lleva la misma tú- nica, banda y joyas. Los domas individuos pertenecientes al taller , pero que no des- empeñan cargo, llevan sólo la banda color de púrpura, de la que pende una joya con- sistente en una medalla de oro, á cuyo alrededor están grabadas las letras R. S. R. S. T. V. S. R. 1. A. J. S. A. M. 2995, que quieren decir: Regnante Salonione, rege sapíen- tíssínio, thesaurwn pretcosissímu/n sub rtiínis inveníerunt Adonira/n, Johaben y Stol kin: Anno inundi 2995. Que vale tanto como: En el reinado de Salomon, el más sabio de todos los reyes, hallaron bajo las ruinas preciosísimo tesoro Adoniram, Johaben y Stolkin; año 2995 de la creación del mundo. Ocupando el centro del mismo lado de la medalla se ve grabada una fosa, á cuyo fondo miran dos personas, la una frente á la otra, con las cabezas unidas, que ayudan á una tercera á descender al fondo por me- dio de una soga. En el reverso de la medalla se ve un triángulo circundado de rayos, y en el centro el nombre de Dios en caracteres hebráicos. El mandil es de terciopelo 158 HISTORIA GENERAL rojo, en cuyo centro se ve un triángulo bordado en oro y circundado de rayos. La signiflcacion de este simbolismo es bien clara: se ha tergiversado la significa- cion de los textos de la Biblia buscando una leyenda, buscando una tradición que pue- da servir á los fines que Ramsay la destinaba, y que no eran otros, según anterior- mente hemos visto, que dar realce á los ritos que en la orden se usaban, aliar las nuevas prácticas propias de la institución con oti-as antiguas de muy diversa indole, para que resultara un todo en cuya investigación de orígenes se perdiera la imagina- cion, quedando suspensa y en dudas. Posible es que tal resultado se hubiera podido conseguir si al propio tiempo que se establecían tan pueriles prácticas se hubieran quemado todos los libros y se hubiera prohibido la confección de otros nuevos, pues no habiendo sucedido asi, la verdad ha quedado palpable bien pronto, y si bien es cierto que no han faltado masones y no masones que crean de buena fe la artificiosa invención que da á la masonería tan remoto ascendiente, es justo que manifestemos que van acabándose, por fortuna, y que no ha de pasar mucho tiempo en que se den al olvido los útiles que más sirven para representaciones teatrales de aparato, que para prácticas de una sociedad que, después de su transformación, se propuso abrir ma^- morras al vicio y elevar templos á la virtud. Curioso, como todo lo que venimos señalando, es el ritual de apertura y el cate- cismo de este grado, que no omitiremos en gracia á la extrañeza que naturalmente tiene que producir. Congregados los individuos pertenecientes al taller, y ocupados por las luces los asientos que le corresponden, el Tres veces poderoso da con el mallete nueve golpes sobre la mesa ó altar, que son repetidos por el rey de Tiro ó Gran Vigi- lante. Al escucharlos el Gran Inspector dice : —A la orden, hermanos.—Y todos los presentes se agi'upan alrededor del altar, excepto Salomon (Venerable), rey de Tiro (primer vigilante) y Gran Inspector, los que alternativamente pronuncian la oración siguiente, que en cada intermedio interrum- pirá una armonia muy dulce. Tres veces poderoso.—Grande es el Señor en Sion: la tierra toda lo alabe: su nom- bre es grande y terrible, y Él es santo. Primer Gran Vigilante.—Ensalzad al Señor, nuestro Dios, y adoradle en su santo templo, porque Dios nuestro Señor es santo. Segundo Gran Vigilante.—Se oyó su voz al traves de las columnas de nubes y de fuego, y brotaron del abismo tesoros desconocidos. Tres veces poderoso.—Bendecid al Señor y su santo nombre, porque el Señor es eterno ahora y siempre. Primer Gran Vigilante.—¿Cuál es el hombre que puede igualar su poder y ser su- perior á su gloria? Segundo Gran Vigilante.—Somos de ayer y nada conocemos, y como la sombra es nuestra vida, que huye de nosotros. Tres veces poderoso. —No es dado al hombre comprender sus perfecciones, porque Él se halla elevado más alto que los cielos y mucho más distante que el mismo fondo del abismo. de la masonería 159 Primer Gran Vif/ílante.—Sus ojos do abandonan al lioinbn^ (ui su camino^ y ve su pensamiento y obsei'va sus acciones. Segrindo Gran Vigilante.—Deja, Señoe, (|ue tus obras se muestren á tus siervos y tu gloi'ia se ostente á los hijos de los homl)res. Tres oeces poderoso.—Tu belleza, Señor, descienda hasta nosotros, y hermosas y perfectas pai'ezcan nuestras obras. Primer Gran Vigilante.—Elevaré mis cantos al Señor y también mis preces mién- tras yo exista. Segundo Gran Vigilante. —Meditaré soia-eÉl con regocijo y alegrará mi espíritu al Señor. Tres veces poderoso. —Proteged, Señor, al justo y sostened al bueno pai'a que sea tranquilo el término desusdias, por que Tú lias dicho. Señor, que el justo de la tierra habitará contigo, que tus ojos jamas le aiiandonarán, que trabajará en tu nombre y te servirá por siempre. »Tributemos gracias al Señor, por habernos revelado los tesoros de su sabiduría y las ocultas riquezas de su inmenso poder.» Después de recitada esta oración, que por su corte y estructura parece estar hecha á semejanza de los salmos hebráicos, y que por la música que los debe acompañar es igual en un todo á lo que la Iglesia entona, y los que verdaderamente harían adquirir á la logia un carácter de imponente respeto, si alguna vez por desgracia la masonería hubiera empleado los fondos que debe destinar al auxilio de las necesidades, á llevar á la práctica las lucubraciones de imaginaciones acaloradas, Salomon, el rey de Tiro y el Gran Inspector se unen á los demás hermanos y todos doblan la rodilla izquierda ante el altar y pronuncian la siguiente oración, cuyos términos no son exactamente iguales en todos los rituales, pero cuyo fondo es siempre el mismo: «Poderoso Soberano y Gran Arquitecto del Universo, Vos que penetráis en lo más recóndito de nue'.stros corazones, acercadnos á Vos para que mejor podamos adoraros llenos de vuestro santo amor. Pueda el sello misterioso imprimir en nuestra inteligen- cia y en nuestros corazones el verdadero conocimiento de vuestra esencia y poder inefable, asi como hemos preservado el acuerdo de vuestro santo nombre, conservar también y por siempre en nosotros el fuego sagrado de vuestro santo temor, principio de toda sabiduría, y grabarle profundamente en nuestro sér. Permitid que todos nues tros pensamientos se consagren á la grande obra de nuestra perfección, como recorn- pensa merecida de nuestros trabajos, y que la union y la caridad presidan en nuestras asambleas, para poder ofreceros una perfecta semejanza con la morada de vuestros escogidos que gozan de vuestro reino para siempre. Fortalecednos con vuestro espiri- tu para que podamos apartarnos del mal y encaminadnos al bien, que todos nuestros pasos sean para gloria y provecho de auestra aspiración y que un grato perfume se desprenda del altar de nuestros corazones y suba hacia vos. ¡Oh! Jehová, nuestro Dios. Bendecidnos, Señor; haced que prospere la obra de nuestras manos; y que sien- do vuestra justicia nuestra guía, podamos encontraros al término de nuestra vida!» Siguiendo el detallado análisis que venimos haciendo debemos pregunlarnos: ¿.P>.es- 160 historia general ponde esta oración ni cualquiera otra semejante á la idea que hay formada de la ma- sonería? ¿Es necesaria súplica semejante en capítulos que se propongan los fines que la orden trabaja por conseguir? Ciertamente que no; en manera alguna deseamos que esta manera de expresarnos haga ó pueda hacer entender que nuestra censura va encaminada á la elevación que se hace á Dios del espíritu^ y mucho ménos á la súpli- ca de atención y ayuda que se le hace. No, lo que deseamos que quede patentizado de una manera palpable es la violenta confusion que se ha establecido en el afan de dar á la masonería apariencias que no tiene ni puede tener; !o que queremos revelar es que deseando conseguir ciertos y determinados fines, no tuvieron inconveniente los que lo pretendían en recargar las ceremonias con prácticas que huelgan, con prácticas innecesarias que no pueden llevar más que á un gasto superfino de tiempo. Terminada la oración y ocupados los puestos respectivos por aquellos á quienes corresponde, sigue el exámen, que se hace con arreglo á los términos del siguiente catecismo: Pregunta . ¿Dónde estáis? Respuesta . En el centro del lugar más sagrado de la tierra. P. ¿Cómo lográsteis entrar en este lugar sagrado? R. Con ayuda de la Divina providencia. P. Explleadme tal rnisterio. R. Hallábame en las antiquísimas ruinas de Enoch y penetré los nueve arcos subterráneos que allí habla y al fin encontré la palabra Jehová que habia prometido á los patriarcas. P. ¿Qué significa la palabra Jehová? R. El nombre grande y misterioso que Enoch grabó sobre la plancha de oro muy luminosa. P. ¿Quién sois? R. Soy lo que soy y lo que seré. P. ¿Conocéis la verdadera pronunciación del nombre del S.'. A.-. D.-. U.-.? R. Es una palabra sagrada, solemne, conocida de los grandes electos, perfectos y sublimes maestros. P. ¿Cuál es vuestro carácter? R. El de caballero del Arco Real. P. ¿Cómo aleanzásteis ese favor? R. Para recompensar mi celo, favor y constancia, Salomon y el rey de Tiro me concedieron este grado, asi como Johaben, Stolkin y Adoniram. P. Dadme la señal, la palabra y el tocamiento. R. La primera señal es de admiración (consiste en alzar las manos hacia el cielo inclinando la cabeza hacia el lado izquierdo y poniendo la rodilla izquierda en tierra); la segunda es de adoración (consiste en ponerse de rodillas con la mano derecha en la espalda y la izquierda en la cabeza, teniendo la palma hacia el cielo). El tocamiento consiste en coger al hermano por debajo de los brazos como para ayudarle á ponerse de la masonería 161 de pié, diciendo al propio tiempo H.'. K.l y pronunciando la palabra cuyas iniciales hebráicas son H.l H.-. P. ¿Qué significa esa palabra? R. Jefe de la humanidad unida , frase pronunciada por Adoniram al ver á su compañero Johaben arrodillado después del descubrimiento que hicieron del delta de Enoch, él, Stolkin y Johaben. P. ¿Tenéis otro deseo? R. Recibir el sublime grado masónico de perfección. Los términos en que tiene lugar la clausura del taller son tan retumliantes como los que ya dejamos citados, según pasamos á ver. Tres veces poderoso. —¿Qué hora es, hermano inspector? Primer gran vigilante.—Va á anochecer. Tres veces poderoso.—Anunciad á los hermanos que va á cerrarse este capitulo por el número más perfecto y misterioso. (Inmediatamente después de pronunciadas estas palabras, los congregados se reúnen alrededor del altar, excepto Salomon, el rey de Tiro y el Gran Inspector ó segundo vigilante, los cuales pronuncian alternativamente las siguientes exhortaciones, entre las que se escucha igual música que la empleada en la apertura de trabajos): Tres veces poderoso.—Grande es el Señor en Sion; la tierra toda le alabe; su nom- bres es grande y terrible y Él es santo. Primer Gran Vigilante.—Ensalzad al Señor, nuestro Dios, y adorémosle en su santo templo, porque Dios, nuestro Señor, es santo. Gran Inspector.—Se oyó su voz por entre las nubes y el fuego, y del abismo bro- taron tesoros desconocidos. Tres veces poder'oso.—Bendecid al Señor y su santo nombre, porque el Señor es eterno ahora y siempre. Primer Gran Vigilante.—¿Cuál es el hombre que puede igualar su poder y ser su- perior á su gloria? Gran inspector.—Somos de ayer y nada conocemos y sombra es nuestra vida que huye de nosotros. Tres veces poderoso.—No es dado al hombre comprender sus perfecciones, porque El está más alto que los cielos y más profundo que el mismo fondo del abismo. Primer Gran Vigilante.—Sus ojos no abandonan al hombre en su capiino; y ve su pensamiento y observa sus acciones. Gran Inspector.—Deja, Señor, que tus obras se muestren á tus siervos y tu gloria se ostente á los hijos de los hombres. Tres veces poderoso.—Tu belleza. Señor, descienda hasta nosotros y hermosas y perfectas parezcan nuestras obras. Primer Gran Vigilante.—Elevaré mis cantos al Señor y también mis preces mién- tras exista. Gran Inspector.—Meditaré acerca de Él con regocijo y alegrará mi espirita el Señor. 21 162 HISTORIA GENERAL Tres veces poderoso. —Proteged, Señor^ al justo y sostened al bueno para que sea apacible el término de sus dias; porque Tú has dicho, Señor, que el justo de la tierra habitará contigo^ que tus ojos jamas le abandonarán y que trabajará en vuestro nom- bre y os servirá por siempre. Después de concluidas las exhortaciones, se reúnen á los demás hermanos y pro- nuncian igual oración que al comenzai' practicando iguales ceremonias, y se retiran. Hemos expuesto, si bien sumariamente y abreviando^, cuanto en este grado nos parecía del todo inútil las formalidades cuya signiflcacion apénas si se alcanza á com- prender. A primera vista se observa desde luego que las tradiciones bíblicas juegan importantisimo, papel y creeríamos dejar incompleto nuestro trabajo sino expusiéra- mos la fabulosa historia inventada para darle justificativo^ la cual puede ser apreciada en su verdadero valor dado lo que ya dejamos expuesto en los capítulos precedentes acerca del verdadero origen de la asociación. Olvidándose de que harto fácil era poner la verdad en su lugar, los partidarios de la incomprensible idea de que la masonería era tan antigua como el mundo, y los sos- tenedores de sus méritos y merecimientos, fundándose en ello, han hecho extensas divagaciones, cogiendo acá y allá términos con que ui-dir lo conveniente á sus propó- sitos. A este fin, dice Ramsay, probando sus conocimientos de los libros del Antiguo Testamento, que Enoch, hijo de Jafet y sexto descendiente de Adán, supo conservarse siempre puro y en el más santo temor de Dios. Como prueba de afecto, el Hacedor Supremo, á quien adoraba, se le presentó en sueño, y le habló de esta manera: «Por cuanto deseas saber mi nombre, presta atención y te será revelado.» Inmediatamente después le pareció ver ante si una montaña que se elevaba hasta el cielo, á cuya cumbre fué llevado Enoch, viendo allí una plancha de oro, formando un triángulo, bruñida refulgentemente y en cuya cara superior estaba escrito con caracteres he- breos el nombre del Altísimo, prohibiéndosele absolutamente que lo pronunciara. Hallándose contemplándolo, sintió repentinamente que descendía á lo más profundo de la tierra, atravesando nueve arcos, y en el noveno, que era el más hondamente levantado y el que más lucia, vió una plancha exactamente igual á la que había con- templado en la cumbre de la montaña. Tomando Enoch este sueño por una inspira- cion del Altísimo recuerdo de tan milagrosa vision, deseó construir en el y para mismo sitio un templo formado de nueve arcos superpuestos los unos á los otros y en el que se aflorara y reverenciara al único y eterno Dios. Este templo fué cons- fruido en Canaan, la tierra santa de más tarde, por Matusalén, hijo de Enoch, sin tuviera conocimineto de nada de lo que á su padre había ocurrido. que Queriendo aquel patriarca, sin embargo, que quedara un imperecedero recuerdo de la vision que había tenido, mandó construir una plancha triangular de oro, cada uno de cuyos lados tenía un codo de longitud, y la ajustó luégo á una ágata de la misma forma, grabando sobre ella iguales caracteres que habla visto por indicación de Dios en aquella que le mostrara en la cúspide de la montaña, y todo levantado en en el un pedestal triangular de mármol blanco lo hizo poner en el noveno arco ó sea último y más hondo de aquel templo. DE LA MASONERÍA 163 Una vez terminado el santuario que se dedicaba al culto del único y soberano Dios, creador de cuanto existe, Enoch recibió del Altísimo el siguiente mandamiento: «Cons- truid una puerta de piedra con un anillo de hierro para que se pueda alzar; colocadla sobre la abertura del primer arco para que debajo de ellos queden preservados de la destrucción universal las joyas preciosas que deben ser depositadas.» Asi lo hizo y sólo él conocía el nombre de Dios y el precioso tesoro. Temeroso Enoch que pudieran perderse y desaparecer los conocimientos de las ciencias y de las artes creadas ya y deseando que no sucediera asi, para que la pos- teridad pudiera aprovecharse de ellos, construyó dos enormes pilares y los asentó en la cumbre de la montaña más alta; uno de bronce para que pudiera resistir al agua, si con este elemento se realizaba la destrucción del mundo, otro de piedra para que resistiera al fuego. En la columna de mármol trazó un gerogliñco indi- cando que en aquel sitio había oculto un preciosísimo tesoro bajo los arcos subter- ráneos que había dedicado á Dios y en la columna de bronce grabó los primeros principios en que descansan las artes liberales y principalmente lás de la maso- neria. Noé, hijo de Lamech, nieto de Matusalén, fué bueno y piadoso en medio de la espantosa corrupción que se habia apoderado de los hombres; cuando por esta causa Diosen su infinito poder acordó destruir el mundo y que todos los hombres perecie- ran, acordándose del que á pesar de todo le habia permanecido fiel, lo llamó y le dijo: «Castigaré los pecados de los hombres con un diluvio universal. Construye un arca capaz de contenerte á ti y á toda tu familia, asi como también á un par de cria- turas de todas las que viven sobre la tierra y sólo esos serán los que puedan salvarse de la destrucción general que borrará las iniquidades de los hombres.» Dios entregó á Noé los planos de aquella arca en que'podria salvarse el justo, y en su construcción empleó cien años, teniendo ya seiscientos años de edad cuando la vió terminada, y noventa y nueve su hijo Seth. El día designado penetró en el arca, siguiendo en un todo las instrucciones que de Dios habia recibido. El diluvio universal tuvo lugar el año de la creación del mundo 1656. La columna de mármol que Enoch levantara fué destruida en aquella uni- versal ruina, mas la de bronce resistió el embate de las aguas, y gracias á ésto pu- dieron salvarse los principios en que están fundadas las artes liberales y la masonería que data desde entónces y que ha llegado hasta nosotros. La Sagrada Escritura, continúa diciendo el historiador del grado del Real Arco, nos manifiesta todo lo ocurrido en los tiempos posteriores al diluvio hasta la cautivi- dad de los israelitas en Egipto, de donde fueron sacados por Moisés. Se sabe también por documentos depositadas en los archivos de Escocia que durante un combate se perdió el Arca Santa, la cual fué descubierta nuevamente gracias á los rugidos de un león que vino á echarse á los piés de los israelitas, después de haber matado á mu- chos egipcios, y cuya llave dejó caer de la boca la ya sumisa fiera al acercarse el Sumo Sacerdote. La misma historia nos informa de todo lo ocurrido á los israelitas hasta que llegaron á la tieréa que Dios les tenia prometida, de los hechos que tuvieron lugar 164 HISTORIA GENERAL hasta que la Providencia puso el cetro en manos de David^ que aunque en la firme re- solución de erigir un templo en que para siempre fuera honrada la memoria del Alti- simo, nunca pudo empezárlo, pues tal gloria parecía reservada para su hijo: Salo- mon, el más sabio de todos los principes que han existido en la tierra, tenia presente la promesa que Dios habia hecho á Moisés de que con el tiempo alguno de sus des- cendientes descubrirla su nombre sagrado, é inspirado por su sabiduría juzgó que ésto no podria cumplirse en tanto que no fuera elevado y consagrado un templo á Dios para que en él quedara depositado tan precioso tesoro. En el cuarto año del reinado de Salomon, se comenzó á levantar el templo, con arreglo ál plano que el mismo Da- vid diera, semejante en un todo al Arca de la Alianza, y la obra se llevó á cabo por los individuos de la órden masónica que estaban congregados ya en comunidad. En la parte inferior del templo, hizo construir Salomon una bóveda, á la cual llamó secreta, en ella erigió un pilar de blanco mármol para sostener el Arca, dándole por esto el y nombre de pilar de la belleza por la hermosura de lo que sosténía. Desde este punto á su palacio bahía un largo y estrecho conducto que ponia en comunicación ambos recintos, á traves de nueve arcos sucesivos por el que sigilosamente acostumb'raba á retirarse el principe sapientísimo en compañía del rey de Tiro y de Adoniram, siem- pre que tenían que tratar de algun importante asunto. Ningún otro mortal podía basta entóneos participar de honra tan señalada: la muerte de Hiram rompió por algun tiempo la tradición, y como se hacia necesario buscar tres hombres, reuniéronse algunos intendentes del edificio. Caballeros^ Ele- giclos y Grandes Mjxestros Arquitectos que conocían el lugar secreto en que el rey se reunia con sus otros dos acompañantes, y solicitaron de Salomon la honra de ser ad- mitidos. El monarca les contestó: «Hermanos míos, no os lo puedo conceder todavía: Dios permitirá que algun día conozcáis el secreto que deseáis.» En tanto que Salomon permanecia indeciso acerca de las personas que escogería determinó construir un templo para la administración de justicia en el mismo sitio en se hallaba el antiguo santuario de Enoch, para lo que mandó que fueran levan- que tadas las columnas y removidos los escombros, y ordenó á Adoniram, Jobaben y Stolkim que hicieran la medición del terreno y pusieran los cimientos del nuevo edi- ficio. Al comenzar á romper las columnas, descubrieron un gran anillo de hierro su- jeto á una piedra cuadrada de bastante magnitud; levantáronla con grandes esfuerzos •y trabajos, y hallaron que daba entrada á una profunda caverna de cuyo interior nada se podía ver, á causa de las profundas tinieblas que allí reinaban. Jobaben se maní- festó dispuesto á descender sin ató pararse en nada, y, admitida su preposición, se le por la cintura, y para facilitar su ascención dejó advertido que cuando él agitara violen- lamente la cuerda lo sacaran enseguida. Descendió, en efecto, y poco después se ha- liaba en una arqueada bóveda en cuyo centro babia un anillo exactamente igual al que había visto en la parte superior; lo levantó, y hallándose en el comienzo de una aber- tura secreta, bajó por ella llegando á un tercer piso. Como estuviera ya fatigado, agitó la cuerda y lo subieron; informó ásus compañeros de todo cuanto babia visto, maní- testándoles que á su juicio debían existir otras habitaciones á mayor profundidad. de la masonería 165 Propuso entonces Stolkirn que lo descendieran á él, y al llegar al tercer piso en que Johaben habia estado, bailó efectivamente otro anillo como los precedentes y siguió bajando basta el sexto, en cuyo punto experimentó igual fatiga que su compañero ba- bia sentido^ y como al propio tiempo observara que la antorcha con que se alumbraba se iba extinguiendo, indicó que lo subieran y asi lo bicieron sus compañeros que lo aguardaban arriba. Contó cuanto en el interior babia visto y á su vez propuso entónces Adoniram des- cender el, lo cual efectuó llevando una antorcba en la mano. Cuando llegó al noveno la antorcba arco, ó lo que es lo mismo al arco noveno, sintió que se le apagaba y que al propio tiempo se despi'endia cantidad de piedra y mezcla; á pesar de la oscuridad, descubrió en medio de un aposento un pedestal triangular de alabastro blanco, bueco, profusamente iluminado interiormente por un fuego inextinguible, sobre el que, in- crustado en una ágata babia una plancha de oro esmaltada de piedras preciosas que brillaban refulgentemente, y en el centro de la que se veían grabados los caracteres hebreos del nombre de Dios, tal como lo había puesto el patriarca Enoch. Adoniram se arrodilló inmediatamente é indicó á sus compañeros que le subieran. Dió cuenta á sus compañeros de todo lo que babia visto, y deseando los tres cerciorarse bien, acor- daron bajai' juntos, sirviéndose de una escala de cuerdas que al efecto habían cons- truido. Cuando llegaron al término de la bajada, Johaben y Stolkim se sintieron llenos de admiración y se arrodillaron del mismo modo que Adoniram lo babia hecho; levanta- ron las manos hacia el cielo dando gracias á Dios por su infinita misericordia, y más particularmente por haber hecho tan prodigioso descubrimiento. Adoniram y Stolkim se levaptaron por si sólos, pero viendo que Fobaben seguia postrado aún, pasáronlas manos por debajo de sus hombros y lo ayudaron á ponerse de pié, pronunciando Adoniram las palabras hebreas Hamalek Kheblim que traducidas literalmente signi- fican Jefe de la hermandad. Examinaron después la plancha con mayor detención, y distinguiendo que babia grabados además sobre ella algunos caracteres cuya signifi- cacion no alcanzaban á comprender, acordaron llevarla á Salomon y al rey de Tiro para que ellos la descifraran. Cuando hubieron sacado aquel preciosísimo tesoro, cerraron perfectamente las en- tradas, dejándolas en el mismo estado en que se hallaban ántesdesu descubrimiento, y se dirigieron al palacio del principe sapientísimo, á quien encontraron acompañado del rey de Tiro; presentaron á ambos lo que hablan hallado. Tan luégo como Salo- mon vió la piedra y lo que sobre ella babia grabado, exclamó, dirigiéndose al rey de Tiro:—«Ved, hermano, el verdadero nombre de Dios eterno. Dios único y todo pode- del Grande Arquitecto del universo.»—Él é Hiram cayeron de rodillas, alzaron roso, las manos al cielo y dieron gracias al Señor por todas sus misericordias, y en partí- cular porque de nuevo les babia permitido ver su inefable nombre. Levantáronse y Salomon preguntó á los tres compañeros cómo hablan encontrado tan maravillosa piedra, y entónces ellos narraron todo lo que babia sucedido. Salomon, despues.de reflexionar un instante dijo al rey de , Tiro:—«Recuerdo, hermano mío, haber oído á 166 HISTORIA GENERAL mi padre David una tradición relativa á que, habiendo sido el patriarca Enoch inspi- rado por un sueño, durante el cual vió este nombre inefable, y sabiendo que el mundo iba á ser destruido poco después por un diluvio, hizo una bóveda semejante á la que ha sido descubierta, y en ella depositó un triángulo de oro incrustado en una losa de ágata, sobre el que grabó el inefable nombre de Dios; para indicar el sitio en que se hallaba levantó una columna de granito, la cual quedó destruida por las aguas del di- luvio. Ningún mortal pudo descubrirlo por esta causa, pero seguramente queda des- cubierto desde ahora, y podemos mostrar al mundo á los que por sus grandes méritos se han hecho dignos de hallarlo, pues sin duda es la verdadera palabra del Mason, y el primitivo nombre del Grande Arquitecto del universo, sólo conocido por nosotros y por nuestro difunto hermano Hiram Ahí.» Dirigiéndose luégo á los tres compañeros que hablan tenido la fortuna de hacer aquel portentoso descubrimiento, les dijo:—«Hermanos, el Grande Arquitecto del uni- verso os ha concedido un favor señaladísimo al escogeros para que fuérais quienes descubriérais los tesoros preciosos de la masonería. Yo tengo un lugar en el que de- positaré este tesoro, os enseñaré la pronunciación de esta gran palabra y el profundo misterio que encierra.» Desde entónces quedaron Jijadas por Scdomon las señales, toques y palabras de éste grado. La señal es símbolo de loque hicieron los tres compañeros cuando descu- brieron el luminoso pedestal y la ágata; el toque es representación de lo que hicieron Adoniram y Stolkin para ayudar á levantar áJoabel al ver que no podia levantarse: el rey Salomon añadió:—«La palabra sagrada de este grado será el gran nombre inefa- ble, perojamas se pronunciará en él. Yo la recibí oralmente de mi padre David y la comuniqué á mi hermano el rey de Tiro y á Hiram Abi, y acordamos no comunicarla jamas sino cuando los tres estuviéramos presentes: el ilustre hermano Hiram prefirió morir ántes de pronunciarla, y habiéndose perdido la verdadera pronunciación de la palabra inefable en el trayecto del tiempo y hallándose sustituyéndola la palabra Adonai, se ha presentado una vez más á nuestros ojos, creyéndonos autorizados para comunicarla, si bien no se hará sino deletreándola y con la mayor circuns- peccion.» Los dos reyes, seguidos de los tres compañeros, descendieron con el tesoro por la via oculta á traves de nueve arcos, hasta llegar á la bóveda secreta: alli trabajaron juntos con los brazos desnudos é incrustaron la plancha de oro so' re el pedestal de la columna de la Hermosura, habiéndose juzgado muy felices por haberse empleado en tan gloriosa obra. Cuando estuvo terminada se postraron ante el Grande Arquitecto del universo elevando preces, adoraciones y homenajes por el favor con que los col- maba, y cambiaron el nombre de bóveda secreta por el de bóveda sagrada. El grado de Grande Electo, Perfecto y Sublime Mason quedó creado y estable- cido; los dos reyes y Adoniram, Johaben y Stolkin fueron los cinco primeros que reci- bieron el grado de perfección, explicando ambos reyes á sus nuevos hermanos la pa- labra inefable, grabada en la plancha de oro, que era y es el nombre de la Omnipo- tencia divina, cuya pronunciación ha sufrido mucho y ha sido altamente corrompida, DK LA MASONERÍA 167 y ensenándole su verdadera naturaleza y divinos atributos. Esta palabra misteriosa se cubre con tres palabras sagradas, tres señales, tres toques y tres palabras de pase ántes de llegar á la verdadera, ó sea al nombre inefable. Los maestros recien elegidos, prestaron una obligación solemne ante Dios de no pronunciar jamas abiertamente la palabra sagrada, y de no admitir á este grado su- blime á ningún mason que no hubiera dado pruebas de amor sincero á la institución, y de usar siempre la misma ceremonia para conmemorar el hallazgo de tan,sublime nombre. El número de grandes y sublimes elegidos estuvo limitado en su principio á tres, por más que, según acabamos de ver, eran cinco los iniciados; Salomon , Hiram, rey de Tiro, Johaben, Stolkin y Adoniram, y asi continuó hasta que el templo estuvo per- fectamente terminado y se practicaron las ceremonias de la consagración. Después Salomon, en premio á los servicios que habian prestado, inició en los misterios de este grado sublime á los doce grandes maestros que con suma fidelidad habian presi- dido el gobierno de las doce tribus desde la muerte de Hiram, otro gran maestro ar- quitecto; á los nueve más ilustres y elegidos de los quince (grado décimo de la misma masonería), y á Zerbal, que sucedió á Hiram como gran maestro arquitecto, todos hermanos masones muy distinguidos por sus talentos y virtudes, á quienes-confirió primero el grado de Real Arco y luégo el de perfección, dándoles el titulo de Grandes Electos, Perfectos y Sublimes Masones, y enseñándoles á cada uno los especiales debe- res que tenían que cumplir. Los nueve caballeros de Arco Real ocupaban los nueve' arcos que conducían á la bóveda sagrada. Los más ancianos se quedaron en el arco inmediato á la bóveda, y asi sucesivamente tomaron sus puestos, quedando el másjóven en el primer arco que estaba próximo á la sala privada de Salomon. Se tenia muy especial cuidado en no permitir que pasara nadie sin que probara su aptitud, dando las palabras de pase de cada arco : el hermano quedaba la palabra sagrada dentro de la bóveda, tenia que dar otra palabra de pase. Queda dicho ya, prosigue, de qué modo se aumentó hasta veintisiete el número de los grandes electos, que es el cubo de tres, y qué eran los dos reyes, los tres caba- fieros del Arco Real, los doce jefes de las doce tribus, los nueve grandes maestros ele- gidos y un gran maestro arquitecto. Por aquella época vivían también otros tres mil quinientos sesenta y ocho rnaes- tros, que habían trabajado en la construcción del templo, los cuales comenzaron á manifestarse celosos en extremo por la preeminencia que se había dado á los veinti- cinco hermanos," pues con harta frecuencia los veían pasar á los aposentos del rey, cuya entrada no leg estaba permitida á ellos. Un día enviaron varios representantes á Salomon, suplicándole que les concedier-i igual honor: oyólos el rey con la mayor bondad y atención, pero les manifestó que los veinticinco maestros merecían tan se- ñaladas pre rogativas y las consideraciones que les habían conferido por su amor é inviolable fidelidad á los trabajos que se les habían confiado.—«Id en paz, añadió; vuestra hora no ha llegado todavía: continuad desempeñando vuestros deberes como 168 HISTORIA GENERAL masones, y Dios permitirá que á su debido tiempo recibáis el precio de vuestras obras.» Uno de los comisionados que babian comparecido ante el sapientísimo monarca no quedó satisfecho con la respuesta recibida, y se volvió á sus compañeros diciendo: «¿.Para qué queremos otro grado superior? Sallemos que se ha cambiado la palabra, podemos trabajar como maestros y-recibir la paga correspondiente.» Esto no pudo ménos de mortificar á Salomon pero no lo manifestó, sino que por el contrario se ex- presó de esta manera; Los antiguos maestros á quienes he elevado al grado de perfec- clon, han recibido particularmente este favor de mi: han trabajado con ahinco y constancia en las antiguas ruinas, y aunque la empresa era difícil y se presentaba sembrada de obstáculos, penetraron en las entrañas de la tierra de donde sacaron un preciosísimo tesoro, para enriquecer y hermosear el templo de Dios vivo. Id con Dios: haced como esos hermanos han hecho; que vuestros servicios en la causa de la ma- sonería sean tan importantes y vuestro celo y devoción tan grandes como los de ellos, y os recompensaré debidamente.» Después'de tan elevada réplica, salieron los comisionados para ir á comunicar el resultado á los maestros que se reunieron para escucharles. Muchos de ellos queda- ron satisfechos con la contestación y reconocieron la justicia del acto, pero un peque- ño número quedó disgustado de aquella negativa y determinó marchar á las antiguas ruinas, registrar debajo de la tierra, esperando encontrar los méritos necesarios para conseguir lo que deseaban. Con este objeto unos veinte partieron á la mañana siguien- te con dirección á las predicbas ruinas; descubrieron el primer anillo de hierro gra- cías al que levantaron la piedra cuadrada que cubría, la boca del subterráneo y se hallaron en la entrada de los arcos; inmediatamente aguijoneados por la ambición que los dominaba prepararon una escala de cuerda y bajaron con antorchas encendidas; mas no bien hubo llegado el último cuando se escuchó una gran detonación, en todos los alrededores tembló la tierra, llegando el ruido hasta la ciudad; los arcos se derri- barón sepultando á los ilusos. Se supone que habiendo tocado al noveno arco y en- centrado el pedestal luminoso creyeron que contenia riquezas inmensas y lo hicieron pedazos; que la luz que contenia se extendió por toda la bóveda produciendo la ex- plosion, causa de la muerte de todos ellos. Tan terrible acontecimiento llegó á oídos de Salomon y envió á Johaben, Stolkin y Adoniram para que se enteraran más minuciosamente de lo ocurrido al romper el día, quedando sumamente extrañados al ver el distinto aspecto que ofrecía aquel lugar. Nada de los nueve arcos habla permanecido intacto; sólo se velan escombros y no podía averiguarse si alguien se pudo librar de la destrucción. Examinado con cuidado todo aquel lugar, no encontraron cosa alguna de importancia, sino varios pedazos de mármol sobre los que habla grabados algunos geroglificos. Se los llevaron á Salo- mon al que i'efirieron cuanto habían visto. , Interrogadas algunas personas versadas en el conocimiento de los geroglificos, persuadiéronse de que aquellos restos eran de la columna de mármol que Enoch habla levantado, y que las ruinas en que se habían encontrado tantos tesoros, eran pertenecientes al templo que había DE LA MASONERÍA 169 consagrado á Dios ántes del diluvio, Salomon hizo unir cuidadosamente los f)edazosy los depositó en la bóveda sagrada; hizo limpiar y rellenar el lugar, en que cons- truyó más adelante el templo proyectado. Tal es la historia de este grado^ y menester es que consideréis sobre la grandeza de sus misterios; aun no habéis llegado al término de nuestra sabiduria, la cual sólo podéis alcanzar con vuestro celo, fervor y perseverancia.» En verdad que son bien pocos los conocimientos que se necesitan para apreciarlos errores, inexactitudes y anacronismos de esta historia, inventada por « Ramsay, el que en esta ocasión no puede calificarse, como muchos quieren, de armónizador de las tradiciones biblicas con los principios de la masonería. Desde luégoy sin gran pene- tracion se advierte lo innecesario de su aparecimiento, con el cual sólo se ha dado lugar á que los detractores de la órden tengan más de un motivo para dudar de cuanta verdad quiera y pueda alegar en su defensa. ¿Cómo no vivir prevenido en contra de los asertos masónicos, cuando no sólo se arbitra en su defensa lo que pueda con ellos tener alguna relación sino que se inventa lo que se quiere y se desvirtúa lo ya tan conocido sólo para conseguir este fin? ¿Cómo no dudar de la exactitud de cuan- tas afirmaciones pueden hacerse, cuando se dan torcidas interpretaciones paralo que es superfluo á todas luces? Estas consideraciones no los han podido detener en nada y procediendo con igual ligereza que la que se emplea en la redacción de cuentos cuyo sólo objeto sea entretener á los niños, se han fraguado fabulosas historias cuyos tér- minos no sólo no lo son sino que ni hubieran podido ser cierto. Persiguiendo un ideal que no tiene más valor que la quimera sugerida por un sueño, la masonería escocesa ha seguido sus propias inspiraciónes, ha amalgamado elementos contrarios, ha zür- cido de mala manera asuntos de todo punto heterogéneos, con lo cual ha logrado sólo que la órden aparezca como el monstruo que describe Horacio, ó en el abigarra- miento que resultaría en el salon donde sin órden ni concierto se aglomeraran obje- tos de todas clases y de todas las épocas. La historia del grado que acabamos de exponer no necesita impugnación, por cuanto ella misma se impugna, mas justo es que digamos algo acerca de sus princi- pales puntos para que se vea el desatino con que se ha procedido. Con objeto de que la ascendencia fuera lo más remota posible, fijáronse en Enoch para dar comienzo á ella; Enoch es sin disputa uno de los personajes bíblicos en que más se ha ejercitado la imaginación de los pueblos orientales, y sin embargo, ninguno de ellos se atrevió á suponer lo que ha supuesto esta moderna masonería; para nada se habla de él como fundador de un templo ni como poseedor de conocimientos, en ciencias y artes que no existían, que grabara en pilares de mármol y bronce para que no pudieran perder- se. A Enoch únicamente se le ha atribuido un libro cuya autenticidad ha sido muy puesta en duda á pesar de las referencias que á él parecen encontrarse, tanto en el Viejo como en el Nuevo Testamento, pero en ninguna de las partes de este libro se halla nada tampoco que pueda servir de fundamento ó apoyo á las inventadas versio- nes fantástico-masónicas. Este libro perfectamente conocido hoy gracias á las versio- nes hechas del códice etiope, que en los últimos años del pasado siglo trajera el céle- 22 170 HISTORIA GENERAL bre viajero Brucé y que en la actualidad se halla depositado en la biblioteca de Oxford, tiene distintas divisiones, de las que enumeraremos las más principales á fin de que quede patente que para nada se habla de la maravillosa construcción de aquellos arcos, atestiguada, según el autor de la historia del grado, alega, por docinmnto» exia- tentes en la biblioteca Boáleiana. Después de una introducción en la que hablaba el Profeta, describe la aparición del Señor, que viene ¿juzgar á los buenos y á los malos; habla después del amor de los ángeles con las hijas de los hombres y la destrucción de los frutos que de él resul- taron; en tercer capitulo intercede Enoch por los culpables á los que habia sido en- viado para anunciarles su castigo; ve en sueños al Señor, y éste le manifiesta que no le es posible conceder el perdón. En la cuarta y quinta parte, hace una descripción de fantásticos viajes, en los que abundan ideas muy semejantes á las que se pueden observar en el Apocalipsis, diciendo por último, que toda la sabiduría que poseía Enoch, que era muy grande, la comunicó á los habitantes del mundo en ciento tres parábolas, de las que el libro sólo contiene tres; la primera, comienza por una pre- dicción del castigo que inevitablemente tendrán que sufrir los malvados; después aparece Enoch, trasladado al cielo, desde donde considera los astros y las constela- clones; en la segunda, hace una mención bien clara de la venida del Mesías, tal como los judíos la esperan, y contiene ademas muchas alegorías casi ininteligibles, y en la tercera, habla puramente de los santos y de los escogidos. Como vemos, no hay absolutamente nada que nos pueda hacer venir en conocimiento de dónde ha salido la historia del templo de los arcos, ni de la revelación al patriarca del nombre de Dios por Dios mismo, ni de su inscripción en la plancha de oro, y el cuidado con que ésta fuera guardada para preservarla del diluvio que según la Biblia, sólo fué anun- ciado á Noé. Igual inexactitud los que con respecto á este detalle se puede señalar con todos que siguen hasta la aparición de Salomon en tan fantástica historia; de la misma ma- ñera que el patriarca Enoch se ha prestado á no pocas tradiciones y consejas, al hijo de David, sucede otro tanto y su nombre no deja de aparecer en ninguno de los libros orientales que, como sabemos abundan en maravillosas historias que revelan su exuberante fantasia; sabido se está y ya en otra ocasión hemos hablado de ello, que el famoso templo fué construido para adorar y venerar al único Dios, al que no siem- pre fueron fieles los hebreos; no buho otro propósito ni en ninguna de las descrip- clones que se conservan, lo mismo de autores sagrados, que de profanos, hay nada que pueda hacer creer en la existencia de bóvedas secretas ni sagradas. El concepto de sabiduría en que á Salomon se tiene ha inducido á los falsarios á poner al abrigo de su nombre una porción de libros y escritos, acerca de los que, la Biblia no dice una palabra. Mas áun admitiéndolos todos como ciertos y verdaderos, aun supo- niendo de lo que todos fueran originales, nada hallaríamos en virtud que pudiera afirmarse que Salomon tuviera ó pudiera tener participación alguna en la maso- neria de Tiro y ménos aún la intima relación con el rey que aparece en este grado. Entre los escritos apócrifos que se atribuyen al monarca que á pesar de su sabiduría DE LA MASONERÍA 171 tuvo en sus harenes hasta mil mujeres, y adoró á todas las divinidades de los idóla- tras desde Moloch hasta Astartes, figuran las cartas que tuvo que dirigir á Vafra, rey de Egipto, y á los reyes de Tiro^ de Sidon y de Fenicia, pidiéndoles obreros y mate- ríales para la'construcción del templo, y en las mismas compilaciones obran las res- puestas tomadas por Fabricio de uno de los libros de Ensebio, en las que estos soberanos prometen hacerle el envio pero nunca le ofrecen visitas que no llegaron á realizar, por cuanto en ningún documento aparecen mencionadas; aun hay más, el historiador Josefo; que es el que más se extiende acerca de las relaciones de estos monarcas, dice sólo que el de Tiro remitió á Salomon libros enigm i ticos para probar si efectivamente poseía la sabiduría que todos le afirmaban y que el rey judio descifró perfectamente. Véase también en este punto, cuán burda aparece la inventiva de los mantenedores de la masonería escocesa, y con cuánto motivo los que siquiera han leído un poco se burlan y se adhieren á una institución que por sus propios elemen- tos es de todo punto racional y hasta necesaria. Estudiada en sus elementos como nosotros venimos haciendo, no se comprende cómo ni por qué ni siquiera un momento han podido subsistir fábulas de esta natu- raleza, pues puramente el carácter de tales, merecen invenciones tan desprovistas de sentido como la que acabamos de señalar. Ya en otro lugar de nuestra obra, ocupán- denos de la version admitida por muchos de que la masonería debía su origen á la erección del famosísimo templo de Jerusalen, pusimos de manifiesto con citas de la misma Biblia, quienes eran^Hiram y Adoniram, á los que tan importante papel hacen desempeñar los redactores del grado trece; después de lo que hemos manifestado acerca de Enoch, no cabe pensar siquiera en el templo de los nueve arcos, ni en la bóveda sagrada ni en el triángulo de oro, quedando de manifiesto por tanto que es todo ello una pura convención á la que únicamente por favorecer, podemos suponer que se arbitrara con objeto de añadir méritos á la sociedad, con el fin de que hom- bres vanales, de esos que sólo viven de las apariencias, entraran á engrosar las filas sin desdeñarse, pues por más que analizándolo filosóficamente resulte ridiculo, es lo cierto que abundan aquellos séres que hubieran mirado con malos ojos el que se les considerara como sucesores de pobres, incultos é ignorantes albañiles, por más que los fines que éstos se propusieran fueran los más dignos y levantados, y que por el contrario habían de tener á gala verse con una ascendencia tan remota y tan noble al propio tiempo como la del hijo del santo rey David. Más esto no es lo peor; mucho más malo creemos el que no contentos con aportar estos elementos bíblicos, han divagado también por la historia profana, y han apro- vechado cuantas narraciones podian servirles á su objeto, de lo que ha resultado fatal- mente una mezcla absurda, una confusion en la que persistiendo muchos fanáticos las han puesto de relieve de una manera tal, que todos se han fijado en ellas para escarnecerla y vituperarla. Y no es sólo para con los profanos en donde se ha advertido el mal sino que también con los iniciados, pues al llegar éstos al conocí- miento de tales prácticas, no han podido ménos de comprender los profundos errores que entrañaban. CAPITULO XIII. Los grados números 27, 28 y 29 del ritual escoces.—Decoracjou de sus templos.—Trajes.—Palabras y señales. —Ceremonias de apertura.—Ingerencia absoluta hecha en el penal último de la Astrologia y de la Alqui- mia.—Crítica.—Formularismo de iniciación en el grado 28.—Errores que implica.—El grado 29 tí üran escoces de San .\ndres.—Infundada atirmacion acerca de su origen.—Títulos de las dignidades y ortcia- les de este grado.—Razón que puede explicar el aparecimiento de estos grados.—Juicio acerca de ellos.— Prosecución del desarrollo de la masonería en la Gran Bretaña.—Carácter de la tírden en aquel periodo.— La Revolución inglesa.—Actitud de la masoneria durante ella.—Separación que por enttínces existia entre la masoneria y la política.—Decaimiento de la asociación á consecuencia de las agitaciones civiles de In- glaterra.—Opinion del doctor Krup de Oxford.—Critica de la carta en que la formula.—Plot.—Su saña contra la tírden.—Sus opiniones.—Sus juicios y sus obras. ROSiGUiENDO 611 el cxámeii que hacemos de los grados primeramente ^ introducidos por la masoneria escocesa, y en los que con el objeto ya indicado, se ha amalgamado é involucrado todo, tenemos aún que ha- W cernos cargo de los que en el ritual corriente aparecen con los números veintisiete^ veintiocho y veintinueve. El primero de ellos tiene el enunciado de Soberano Comendador del Templo de Jerusalen y la logia en que su capitulo se reúne'tiene colgaduras encarnadas y colum- nas negras en cada una de las que debe colocarse un candelabro. El dosel bajo que se sienta el venerable y el paño que cubre la mesa altar son también encarnados con lágrimas negras. En el centro del taller hay una lámpara con veintisiete luces dis- puestas en el orden siguiente: doce en la hilera inferior, nueve en la de enmedio y seis una en la primera. Ademas de estas veintisiete hay otras tantas colocadas sobre mesa redonda alrededor de la que se sientan los comendadores cuando se abren los trabajos. No menos pomposos que los registrados anteriormente son los títulos que se dan á todo lo perteneciente á este capitulo, y que por su mismo tecnicismo es una contra- dicción con la fraternidad preconizada por la institución^ lo que con arreglo á la tra- HISTORIA GENERAL DE LA MASONERÍA 173 dicion y á las primeras costumbres no podia ni debía llamarse más que taller, recibe en este grado el nombre de corte; su venerable^ Todo poderoso, y áun en muchos orientes ser le añade los de muy ilustre y muy valeroso. Los vigilantes se llaman Muy Soberanos comendadores y los demás individuos Soberanos comendadores. Las señales son dos; una de reconocimiento y otra de orden. La primera consiste en hacer la señal de la cruz en la frente de un hermano con el dedo pulgar de la mano derecha teniendo cerrados los otros dedos; el así investigado responde á la señal besando la frente del que se la ha hecho. Estas señales sólo se dan en corte abierta; una vez cer- rada 6 fuera de ella, en lugar de besar la frente la señal queda reducida á poner sobre la boca los dos primeros dedos de la mano derecha, cerrando los demás y volviendo hacia fuera la palma de la mano. La segunda señal ó sea la de orden, consiste hallán- dose la corte abierta en tender la mano derecha sobre la mesa redonda, formando una escuadra con el pulgar separado; y estando de pié se coloca la mano derecha debajo del pecho izquierdo formando también una escuadra. El toque para el recono- cimiento consiste en dar tres golpes suaves en el hombro del reconocido, el que por i-espuesta coge la mano del hermano á la que da tres ligei'os apretones diciendo al propio tiempo: Señor, las horas de trabajo para este grado son las diez para la aper- tura y las cuatro para la clausura. El traje, que sólo un potentado podria gastarlo, acredita también el afan de llamar la atención y deslumhra. El Todopoderoso viste una túnica blanca sobre la que lleva un manto de caballero forrado con piel de armiño; su cabeza está ceñida por una corona de puntas; el mandil es encarnado, ribeteado de negro. Como distintivo lleva en la solapa una cruz teutónica rodeada por una corona de» laurel y debajo una llave, adornos todos que han de ir pintados ó bordados en negro; la banda es blanca ribeteada de encarnado puesta al cuello de la cual pende la joya; á uno y otro lado de ésta se bordan con encarnado, cuatro cruces de comendadores los que á su vez usan una banda encarnada ribeteada de negro puesta de derecha á izquierda y de la que pende la cruz de comendador hecha de oro esmaltado. La joya es un triángulo en el que está grabado el nombre Jehová. La fórmula de apertura es la siguiente: El Todopoderoso da tres golpes con el plano de la espada, al escachar los que, todos los hermanos se ponen de pié y lo saludan. El Todopoderoso dice al Soberano primer vigilante: —Ved si esta córte se halla bien guardada y los centinelas en sus puestos res- pectivos. Después de asegurarse de ello contesta: Primer vigilante.—Estamos cubiertos. Todopoderoso. El Todopoderoso. —¿Sois Soberano comendador del templo? Primer vigilante.—Lo soy. Todopoderoso. —¿Dónde fuisteis hecho Soberano comendador? Primer vigilante.—En el campo de batalla cuando bati al infiel Saladino durante el día y alimenté á los hermanos heridos durante la noche; y cuando aprendí que la 174 historia general muerte más gloriosa es la del soldado de la cruz que muere cumpliendo con su deber. Todopoderoso. —¿Qué hora es? Primer vigilante.—Las diez. El Todopoderoso hace entonces toda la bateria, que consiste en dar veintisiete golpes con el plano de la espada, doce, una pausa, después otros doce y tras nueva pausa, los tres restantes y dice: —Esta corte está abierta. La clausura se lleva á cabo practicando las mismas formalidades que para abrir, sin más alteración que la hora, que debe decirse son las cuatro. El segundo de estos tres grados que pasamos á exponer ocupa en el orden de ritual el número veintiocho é implica si se quiere mayores absurdos que los ante- riores. Según lo prescrito, para la logia no hay colgadura particular y en los lienzos de las paredes que las forman pueden pintarse caminos, montañas, selvas y cuanto tienda á representar la naturaleza salvaje ó cultivada. El local estará únicamente iluminado por la luz de un sol transparente colocado sobre la cabeza del presidente, sol que debe hallarse en un triángulo inscrito en un circulo. En cada uno de los ángulos de este triángulo, se pone una S, unas veces con la cifra latina, otras con el carácter hebráico que representa á esta letra y la cual se traduce en las palabras Stela, Sedet, Soli ó por las de Saber, Sabiduría, Santidad. Los títulos en este grado no pueden tender á mayor confusion: el venerable toma el nombre áeAdan, padre de todos los hombres, y en ella sólo hay un vigilante que es al propio tiempo introd uctor y preparador de los recipiendarios: recibe el nombre de hermano de la verdad y en este concepto es orador nato del consejo. Los individuos iniciados en este grado reciben el nombre angelical de querubines, de los que no puede haber más que siete para formar un Consejo. El número fijo de los siete queru- bines está determinado por el de los ángeles que conducen los siete planetas conocidos de los antiguos y cuyos nombres son los siguientes: Micael (pauper Dei) gobierna á Saturno. Gabriel (vir Del) á Júpiter. Uriel (eguis Del) á Marte. Zafriel (oriens Deus) al Sol. Hamabiel (Indulgentia Deus) á Vénus. Rafael (Medicina Deus) á Mercurio. Zafiel (mirans Deus) á la Luna. Las señales admitidas consisten en colocar la mano derecha de plano sobre el co- razón separado el pulgar para formar escuadra y á ella se coloca levantando la mano derecha para indicar al cielo con el índice y por toque apretar ligeramente la mano del hermano que reconoce. Por traje Adán lleva una túnica encarnada cubierta con un manto de color de au- rora; en la mano lleva un cetro en cuyo extremo hay un globo de oro. La joya es un sol de oro suspendido al cuello por una cadena del mismo metal, en cuyo reversó se ve un globo grabado. Los querubines usan una banda blanca al cuello déla que pende DE LA MASONERÍA 175 por joya un triángulo radiante de oro con un ojo en medio. Estos individuos de la ór- den no usan mandil, y los recipiendarios para entrar en logia van cubiertos con un velo. La fórmula de apertura es la siguiente: Adán. —¿Qué hora es en la tierra? Hermano de la Verdad. —Para los profanos es de noche, pero en este consejo el sol está en su meridiano. Adán.—Aprovechemos, querido hermano, la bondad de este planeta supremo que alumbrándonos y conduciéndonos por el camino de la verdad, nos ensena que la ley grabada por el Eterno en nuestros corazones es la única por cuyo medio podemos llegar al conocimiento de la verdad única. Inmediatamente se hacen los signos prescritos y se declaran abiertos los trabajos, Para las recepciones en este grado se emplean las fórmulas siguientes: Hermano de la Verdad.—¿Qué deseáis? Candidato. —Salir de la ociosidad, contemplar la ley verdadera y conocer la verdad única. Hermano de la Verdad. —¿Qué más deseáis? Candidato.—Quedar despojado de toda vanidad y fanatismo, errores en que han incurrido los hombres con su orgullo y su sed de riquezas mundanas. Hermano de la Verdad.—Introducid al candidato al centro de la logia. (El herma- no Verdad abre la puerta, lo toma de la mano y lo conduce al centro del templo, donde se hallará el cuadro del consejo cubierto con un paño negro). Adán.—¿Persistís, hermano mió, en llegar al colmo de la verdad? Candidato. —Persisto. Adán.—Hermano Verdad, por cuanto el hermano persiste, acercáos con él al san- tuario para que preste la obligación solemne que ha de ligarle para siempre á nues- tros misterios. El candidato se arrodilla poniendo sus manos entre las de Adán que las coloca so- hrela Biblia pronunciando asi su obligación y juramento. Adán.—Hijo mió, puesto que por medio de vuestros trabajos en el arte real os ha- béis hecho digno de conocer la verdad, es preciso enseñárosla tal cual es. Consultad vuestro corazón y ved si está en estado de obedecerla en cuanto os prescriba. Si es así, según yo lo deseo, me persuadiré de que ha penetrado en vos y que recibiréis impresiones que os son desconocidas y que no tardarán en haceros patentes. Pero cuidado no vengáis á profanar su santuario por un mero espíritu de curiosidad, ni vayais á aumentar el número de los profanos que la han maltratado por tanto tiempo, hasta obligarla á no presentarse en la tierra sino cubierta de un velo espeso al traves del que apénas si se descubre. Oculta su gloria, no aparecerá sino al verdadero y libre mason, es decir, á los fieles estirpadores de la superstición y de la mentira. Espero, hermano mío, que llegaréis á ser uno de sus más ardientes defensores. Las pruebas por que acabais de pasar no me dejan duda ninguna de cuanto debo esperar de vos, y para que nada os quede por saber instruyo al hermano Verdad á fin de que os ense- ñe lo necesario. 176 HISTORIA GENERAL Al concluir esta plática se descubren los ojos al candidato y se le muestra el cua- dro del consejo sin explicarle nada. La fórmula para la clausura es como sigue: Adán.—¿Qué hora es? Hermano de la Verdad.—La hora en que siempre siguen los hombres el error; que pocos son los que le combaten y pocos los que llegan al lugar santo. Adán. —Marchemos por el camino que nos enseña, que la ley grabada por el Eterno en nuestros corazones puede conducirnos al conocimiento de la verdad. Por último, el grado que en los rituales modernos y corrientes aparece con el nú- mero veintinueve es el primero de los fundados por Ramsay, y el titulo que lleva es el Gran escoces de San Andres ó patriarca de las cruzadas. No les bastaba hatier involucrado artiflcialmente las narraciones bíblicas, no se manifestaban aún conforme con las arbitrarias á que habian dado lugar, sino qiíe amparándose de he- chos históricos, que están perfectamente explicados por el espíritu de los pueblos en la época que acaecieron, no tienen absolutamente nada que ver ni con ésta ni con la otra asociación. Procediendo en este grado del mismo modo que en los anteriores hemos hecho, reservaremos hacer al final la critica, exponiendo ántes sus formalida- des y prácticas. Las colgaduras en que este capitulo se reúne han de ser de color carmesí suspen- didas de columnas blancas. El tapizado de los asientos que ocupan el venerable y los vigilantes han de ser del mismo color con adornos dorados, y el de los bancos en que se sientan los caballeros, azul oscuro. En cada esquina de la sala habrá una cruz de San Andres (órden militar instituida por Jacobo V, rey de Escocia, en 1534) con nueve luces en grupos de tres, frente á cada una. Ademas habrá otras nueve también en grupos de tres al Oriente, Occidente y Luz, ó sea en los costados del altar que se debe colocar en el centro. Igualmente habrá otras nueve luces enfrente de los cuatro pri- meros oficiales, formando todas un total de ochenta y una. La logia de este grado recibe el nombre de Capitulo. Su presidente se llama Ve- nerable gran Maestre, el primer vigilante Prelado; el segundo Senescal; el cuarto oficial Gran. Alguacil; el primer diácono Gran preceptor; el segundo diácono Gran mariscal; el tesorero Gran limosnero; el secretario Gran notario, y los demás, caba- fieros Grandes Cruces. Un guardia vigila la puerta interior del templo y un centinela la puerta exterior. El Gran Maestro se sienta al Oriente; el Gran Prelado al Occidente; el Gran Senescal al Occidente y el Gran Alguacil al Norte. La entrada se realiza por el plano de la cruz de Jerusalen, dando tres pasos de aprendiz, tres de compañero y tres de maestro, y la edad que dentro de la órden rna- nifiesta tener cada hermano es el cuadrado de nueve, ó sean ochenta y un años, nú- mero igual al de las luces que alumbran el santuario-. Los golpes de la batería son nueve, dando primero dos; tras una pausa tres y por último, cuatro. El tiempo que duran los trabajos de este capitulo se anuncia diciendo en la apertura que es Medio lleno, y para la clausura la entrada de la noche. Según venimos viendo, la razón única que puede explicarnos el establecimiento de nt; l.A MASONERÍA 177 estos grados no puede ser otra que la de halagar la vanidad de aquellos que están en la errónea creencia de que las humildes clases sociales, no pueden haber estatuido nada. Seguramente muchos de los que asi piensan, todos, por decirlo asi, hubieran dejado de formar parte de esta asociación si se les hubiera dicho que fueron sus fun- dadores pobres y oscuros hijos del trabajo; que la causa de su establecimiento no fué otra que el deseo de defenderse contra las vejaciones que venian sufriendo de los fuei'tes y que más tarde ampliaron su benéfico instituto al bien de los demás hom- bres, á los que reputaban como hermanos, y cuya emancipación en todos sentidos deseaban; entónces, seguramente se hubieran desdeñado de formar parte de ella; para encariñarlos fué necesario que una imaginación soñadora y ambiciosa, que un hombre con determinadas miras y apto sólo á servir una causa, con tal apasiona- miento que hasta la verdad le sacrificaba, desplegara ante sus ojos fastuoso panora- ma é hiciera ver el maravilloso papel que la sociedad de (jue iban á formar parte habia desempeñado en la historia antigua, la influencia que habia tenido en los gran- des movimientos de la Edad Media, y no sólo esto, imcomprensible para muchos, sino que vieran aparato y fausto, que quedaran halagados con las joyas y distintivos. El sencillo mandil, el mazo, la escuadra y el compás, no podian bastar para esto; hacia falta algo más y se recurrió á todo aquello que pudiera engrandecer, y de aqui las grandes cruces, los magníficos collares y los vistosos trajes que reunidos, más que el vestuario de una sociedad benéfica, más que el vestuario de una órden seria y for- mal que se ha propuesto realizar el bien en todas las esferas, se le podi-ia confundir con el guardaropa de un teatro ó con el monten de prendas con que se hubiera ador- nado una alegre mascarada. Esta es la verdad y faltaríamos abiertamente á nuestro deber, no ya ocultándola, pero hasta si quisiéramos velarla con ligera cubierta para que no apareciera con toda la desnudez que exige. La mala fe es tal vez lo que ménos daño ha causado á la ma- sonería, pues no podemos suponer que se hayan inspirado en ella todos los que le han causado perjuicio; los más han dado lugar á ello con su pasividad, con su afan de disculpar, y digámoslo para siempre, con su falta de valor para manifestar senci- llámente lo que creían y pensaban. Sin duda alguna, cabe admitir que muchos han guardado silencio con el buen deseo de evitar divisiones y aminorar el cisma, pero tal sistema se ha patentizado que es el peor que pudieran arbiti'ar, pues ninguno les hu- hiera dado resultados tan perniciosos. Desde que asoman en la masonería los prime- ros síntomas de esto que desde el principio venimos ya censurando, los hombres de autoridad y de prestigio debieron manifestar claramente la verdad y con ello se ha- bria evitado el ridiculo y el desprestigio, asi como también mayores males que pode- mos reasumir en el censurable abuso cometido por muchas autoridades masónicas. Tanto ha sido lo que por el aparato y por las formalidades externas se ha hablado de la masonería, que hoy puede afirmarse que el mayor número de los profanos que solicitan su filiación á la órden, lo hacen por curiosidad, y dígase lo que se quiera hay que confesar que en nuestro tiempo el mayor número de los iniciados no pertenecen á las clases obreras, á las que por su falta de ilustración pudiera hacerse creer cual- 178 lllSTOKlA GKKliKAL quier cosa; la mayor parte de los masones que ingresan en las logias son hombres conocedores que apénas dan los primeros pasos comprenden que nada de lo que allí ven es formal y serio, asi como también que nada de ello se encuentra en armenia con el credo preconizado, y ésto les hace volver las espaldas, siendo lo inmediato que al salir manifiesten lo que han visto, de lo que en verdad no resulta honra alguna para la masonería. Igualmente vistoso que el de los grados anteriores es el traje de los caballeros de este capitulo, consistente en una túnica de color carmesí ajustada á la cintura por un cingulo color de grana. El collar es verde ribeteado de carmesí, del cual va suspen- dida la joya. El pecho lo cruza de derecha á izquierda una banda blanca con franjas doradas. Al lado izquierdo del pecho sobre la túnica debe estar bordada la gran cruz de San Andres. La joya se compone de dos triángulos agudos entrelazados y forma- dos por los arcos de círculos grandes hechos de oro, los cuales encierran en su centro compases vueltos hacia arriba y abiertos á los veinticinco grados; esta joya va pen- diente de uno de los extremos de la cruz de San Andres coronada por un yelmo dé caballero. En el centro de la cruz estará la letra P. en medio de un triángulo equilá- tero y también en la sortija de este grado formada per una serpiente alada. Entre los dos lados inferiores de la cruz está suspendida una llave y en los otros extremos de la misma las letras b. d. m. n . que son las iniciales de la palabra sagrada. Las formalidades de la apertura de trabajos en este grado son las siguientes: El Gran Maestro da tres golpes de mallete sobre la mesa de altar y dice: —Grandes caballeros, voy á abrir esta logia de caballeros escoceses de San Andres. Tened la bondad de vestiros y armaros, ocupando los oficiales sus puestos respectivos. Una vez hecho esto el maestro continúa diciendo: —Gran Caballero Alguacil, ¿son caballeros escoceses de San Andres todoè los aqui reunidos? EL Gran Alguacil.—Venerable gran maestro, todos los presentes han visto al Sultán de los sarracenos sentado en su trono. Gran Maestro.—Daréis las órdenes para que estén guardadas todas las avenidas y que nadie nos interrumpa. Ctran Alguacil.—Gran caballero primer Vigilante, informad al capitán de guai'- dias que el venerable gran iMaestre va á abrir este capitulo para que prevenga á los guardas qúe estén en sus puestos y nadie nos interrumpa. El Vigilante, obedeciendo la ói'den recibida, sale á comunicarla á los que han de estar encai^gados de su cumplimiento, y al volver dice: Gran Alguacil.—Venerable Gran Maestre, las avenidas están cubiertas y podemos estar segui-os de no ser inteiTumpidos. Gran Maestre.—Caballero Gran Sacerdote ¿cuál era la primitiva ocupación de esta órden? Grcm Sacerdote.—Reedificar las iglesias de la Tierra Santa, destruidas por los sa- nácenos á semejanza de nuestros hermanos, que antiguamente reedificaron el Templó con la espada en una mano y la trulla en la otra. DK LA MASONERÍA 179 Gran Maestre. —¿A qué nos dedicamos al presente? Gran Sacerdote.—A la práctica incesante de la caridad y filantropía; á propagar los principios de tolerancia universal y á extirpar los odios y antipatias. . Gtxai Maestre.—Gran Caballero y Preceptor, ¿cuál es el primer deber de un ver- dadero caballero? Gran Preceptor.—Reverencial- y obedecerá la divinidad excelsa, por cuyo nombre inefable expresamos tal respeto en este grado. Giran Maestre.—Gran Mayordomo, ¿cuál es el segundo deber de un verdadero ca- bidlero? Gran Mayordomo. —No olvidar lo sagrado que nos es la verdad y el horror y justo desprecio que deben inspirarnos la hipocresía, e! artificio y la traición de unos hom- bres para con otros. Gran Mctestre.—Gi'í\\\ Caballero y Senescal, ¿cuál es el tercer deber de un verda- dero caballero? Gran Senescal. —Proteger la vii'tud y la inocencia contra la violencia, las injurias, el engaño y la difamación. Gran Maesti e. —Gran Caballero y Sacerdote, ¿cuál es el cuarto deber de un ver- dadero caballero? Gran Sacerdote. —No (^esar de combatir por la verdad, por la justicia y por la li- hartad del pensamiento, de la palabra y la conciencia, contra el error, la iniquidad, el fanatismo y la intolerancia, i-ecobrando cada vez más vigor paraentrai- en la lid con más empeño. Gran Maestre.—Caballei-os Grandes Cruces: habéis oído los deberes que vuestro carácter de Caballeros os impone. Que cada uno de vosotros renueve la solemne obli- gacion que contrajo al penetrar aquí, tratando de cumplirla con toda fidelidad. El Gran Maestre continúa: ¡Cuidad de no faltar á ella! Gran Caballero limosnero, ¿sabéis si algun caballero pobre ó enfermo, alguna viuda ó huérfano de algun hermano ó alguna otra persona que reclame nuestra simpatia, necesita de ayuda ó socorro? ' Gran Limosnero.—No, venei-able Gran Maestro. Venerable Gran Maestro.—En tal caso procedamos á abrii' este capitulo supuesto que la luna avanza en su carrera y la vida es corta para el trabajo que nos Ocupa. Ca- baberos Grandes Cruces, el signo. Todos los hermanos congregados hacen la señal. En seguida el gran centinela dá un golpe que repiten el Gran Sacerdote y el Venerable Gran Maestro, declarando éste último abierto el capitulo. Después de tratar los asuntos que convienen á la orden en general y al capitulo de caballeros en particular, se procede á la clausui'a, la cual se lleva á efecto en los tér- minos siguientes: Venerable Gran Maestro.—Gran Caballero y Sacerdote, ¿qué hora es? Gran Sacerdote.—"Wnerable Gi'an Maestro, del mismo modo y con paso rápido se acerca la noche de la muerte y la hora del juicio final. ' 180 HISTORIA OEXKRAL Venerable Gran Maestro—Grm-i Caballero y limosnero, à,queda por hacer alguna obra buena á que debamos atender? Gran Limosnero.—Ninguna, Venerable Gran Maestre. Gran Maestre.—Caballero Gran Mayordomo, ¿de dónde habéis venido como Caba- llero Escoces de San Andrés? Gran Mayordomo.—De la tierra Santa, donde el islamismo y la barbarie reinan todavia. Gran Maestre.—Del mismo modo reinan en el mundo la maldad y el error, de los cuales sólo la verdad y los Caballeros pueden salir victoriosos. No obstante, el dia si- gue á la noche y ningún buen Mason debe desesperar del triunfo definitivo de nues- tros principios. Gran Maestre.—Caballero Gran Senescal, ¿cuál es la edad de un Caballero Es- coces? Gran Senescal.—Ochenta y un años. Gran Maestre.—Caballero Gran Sacerdote, ¿qué nos queda por hacer? Gran Sacerdote.—Cumplir con nuestros deberes en todas ocasiones y combatir el mal y el error. Gran Maestre.—¡Bien, hermano mió! Tal es nuestro deber. En el nombre de Dios y de San Andres voy á cerrar este capitulo. Caballeros, (hace la señal que repiten to- dos. El Gran Senescal toca; el Gran Sacerdote y el Maestre dicen: Caballeros, el capi- tulo está cerrado. Id en paz y Dios y los ángeles os guarden! La historia en que este grado está fundada es como ya hemos manifestado una violenta demostración de la parte activa que también en las cruzadas quiso dar Ram- say á la institución masónica. Ya en algunos pasajes de nuestra obra, hemos procu- rado demostrar el manifiesto error de esta pretension, falta en absoluto de todo funda- mentó, pero haremos notar aqui, siquiera sea muy ligeramente, los anacronismos y defectos que resultan de una tésis que sentada con el solo fin de atraerse á los hom- bres que tienen empeño en disfrutar con los méritos que realizaron sus antepasados, ha producido á la orden males sin cuento. Al exponer el formularismo y ritual del grado real Arco llamamos la atención de nuestros lectores acerca de las infundadas invenciones á que se vieron obligados á recurrir los que á toda costa querían poner en relación la masonería moderna, con el antiguo pueblo hebreo. No ménos infundadas, y hasta más ridiculas si se quiere, son las que se han hecho para asentar que á traves de todos los acontecimientos se ha venido perpetuando la institución sin perder nada de- su carácter. Esta afirmación implica desde ku'go un error que salta á primera vista y es él del carácter igual y uni- forme que quiere asignársele sin tener en cuenta para nada las necesarias modifica- clones que el tiempo le ha tenido que hacer experimentar. Afirmada la existencia de la masonería en la remota época que precedió al diluvio, vemos como Ramsay la hace discurrir por el pueblo hebreo, para traerla más tarde á las instituciones cristianas ó por mejor decir á los acontecimientos que más que á ninguna causa debemos atribuir á la exaltación producida en los ánimos por la religion del Crucificado. En el afan de DE I.A MASONERÍA 181 asignarle remoto origen parecía más natural que hubieran recurrido los escocistas á la India ó al Egipto cuyas religiones se prestan más al misterio^ tienen más detalles de los que puedan deducirse esas prácticas con las que se ha querido dar cierto ca- rácter á la masonería, pero las particularidades de las religiones de estos pueblos no estaban aún conocidas para que de ellas pudieran sacar el partido que apetecían y bé aqui porque se puso á contribución solamente la historia sagrada, que por otra parte ofrecía la ventaja de ser la que más despertaba el sentimiento de los pueblos en que se quería obtener mayor número de prosélitos. Conseguido, al menos aparentemente, que la sociedad tuviera un aspecto religioso en armonía con los deseos dominantes en la época en que se introdujeron estos fata- les elementos, y comprendiendb los que tal bacian que para intentar la realización de los propósitos que tenían en la mente, les hacia falta otra clase de personas que las paciñcas y timoratas, que se dejaran imponer sólo por el sentimiento religioso, acu- dieron á las cruzadas, fuentes de tantas proezas como la iiistoria nos relata, y origen de tanto titulo de nobleza legitimo 6 falsificado, como de continuo nos quieren des- lumbrar con sus cuarteles. Los trabajos que tuvieron que realizar los que movidos de su fe religiosa se lanzaron á tierras desconocidas abandonando sus casas y sus fami- lias, les importó bien poco, y para nada, en el aientido foimularismo masónico, pusie- ron algo que perpetúo el i-ccuerdo de aquellas gloriosas batallas ni de las victimas que el sol ardiente de aquellos abrasados arenales, la peste y el hambre causaron en las filas de aquellos alucinados'. Hacer mención de esto, no hubiera representado nada; era forzoso alaixlear de grandeza y gloria, conseguir dos giac.ias á la inñuencia masó- nica, y para esto nada tan ;i propósito como la, orden de los templarios con sus perse- cuciones y con las leyendas que sobre ella se han forjado. P(a' esto en el grado veintisiete vemos una reproducion casi exacta de lo que aquella orden fuera en sus títulos y enun- ciados; los individuos pertenecientes al elevado capitulo, prescinden del dulce dictado de hermanoi^, que la verdadera masonería quiere para todos los hombres; olvidan su humilde origen, no quieren recordar para nada los tiempos aquellos en que reunidos en miserables cabanas procuraban á una, todos, el bien mutuo, procuran borrar el recuerdo de una pasada miseria que los debia enorgullecer, y no aplican al lugar de sus reuniones el dictado masónico de taller ó el más moderno y más fácil de justificar de templo, sino que usan el pomposo de corte, y con una de estas se esfuerzan en poner en relación los trajes y el aparato que desplegan, sacrificando asi riquezas que únicamente deben emplearse en remediar males y aliviar miserias, en difundir la cultura y en romper las trabas con que áun duramente quieren algunos tener sujeto al espíritu humano. Estas consideraciones que á cualquiera ocurren, son bastantes por si solas, para que se comprenda cuán ajeno es ai espíritu de la masonería verdadera y formal este grado inventado sin necesidad alguna. Pero áun hay más, áun podemos dar mayor prueba del poco acierto revelado por los que lo introdujeran, y esta prueba la halla- mos en el formularismo empleado. En la respuesta dada por el que desempeña el cargo de primer vigilante, confiesa que fué hecho soberano comendador en el campo 182 HISTORIA GENERAL de batalla donde combatió al infiel Saladino^ durante el dia, y alimento á los hermanos durante la noche, y cuando aprendió que la muerte más gloriosa es la del soldado de la cruz que muere cumpliendo con su deber. Kste concepto, en modo alguno puede ser aplicado á ninguna individualidad masó- nica; los cruzados, generalmente hablando, combatieron todos, y ála fundación de las órdenes que se establecieron después de aquellos actos gloriosos, no se llegó sino cuando estuvieron cumplidos los fines que se proponían alcanzaie La órden del Tem- ple no pudo ins|ituirse sino cuando el templo estuvo en poder de los cristianos, y bien sabidas son las obligaciones que se impusieron aquellos caballeros, muy distantes todas de las masónicas, en las que jamas puede ent rar para nada la confesión de sol- dado de la cruz. Este calificativo cuadra perfectamente con aquellos que bajo el estan- darte en que estaba grabada, combatieron por reconquistar los Santos Lugares, los cuales nunca formaron sociedad scícreta ni pudioi'an admitir en su seno más que á los que proñísaban la i'eligion en alas de, la que fueron á tan distantes regiones. Es tan conocida la historia de los templarios, sus vicisitudes y las causas que dieron lugar á su disolución, que nos parece de todo punto inútil insistir en ella para esta- blecer distinciones que están al alcance de. todos, pero podemos hacer una conside- ración para terminar: cuando la disolución de la órden del Temple, la masoneria. propiamente hablando, no existia, y después la (trden misma ha subsistido en aquellos países en que nada tuvieron los soberanos que alegar en contra de los caballeros, como sucedió en Inglaterra, donde hoy (Existen templarios independiente- mente de los masones. Aún no estaban satisfechos y quisieron también dar participación á los elementos que pudieran proporcionarse de la magia y de la astrologia, pero sin separarse en nada de la tradición bíblica; de aquí el aparato desplegado en el grado veintiocho, y la intrusion que se hace, en su virtud, de los planetas y de los querubines, asi como también la extraña y rara mezcla que resulta de esto con el nombre que recibe el ve- nerable, y de los que no sabemos ni creemos que se pueda saber lo que se ha querido ó se quiere conseguir. Una por una podríamos ir analizando todas las palabras empleadas, y una por una quedarían faltas de sentido, im.propias y ajenas de todo punto al verdadero credo masónico, mas esto nos llevaría mucho tiempo y mucho espacio que no podemos desperdiciar, cuando es tanto el camino que nos queda que recorrer. Abrimos un paréntesis y hemos querido, manifestar hasta qué punto el afan de medrar y el mal entendido amor propio, llevó á ciertos hombres á fraguar grados y fórmulas que nada absolutamente tienen que ver con la órden desde el punto de vista que debe ser consi- derada y desde el que nosotros la estudiamos. Prescindiendo ya de la mistificación hecha por el escocismo y continuando nuestro estudio acerca del desaiM'ollo y progreso de la masoneria en Inglaterra, nos parece justo señalar un fenómeno que no dejará de parecer rai'O á todos aquellos que conci- ben á la órden como favorecida desde remota fecha por los poderes civiles. En cual- quier nación, para probar que lo cierto es precisamente todo lo contrario, hallariamos t)E l.A masonería 183 mayoi'es dificultades, mas en Inglaterra, en la nación en que más pura y severamente se ha conservado todo lo que á las verdades masónicas se refiere, abundan fáciles y claras demostraciones de que jamas el poder civil la protegió sino que por el contrario parece que siempre tuvo que considerarla hostilmente. Después del sangriento periodo que hemos historiado, después de aquellas luchas que por lo continuadas y tenaces parecia que nunca habian de tener fin, la Gran Bre- taña se reposa, mas este intervalo de quietud en la vida de aquel pueblo, más que des- canso de las pasadas fatigas, parece preparación y reparación de fuerzas para lanzar- se de nuevo en perturbaciones y trastornos. Es de todo punto natural como ya dejamos probado, que en aquel período la masonería inglesa, que fuera el que fuera su grado de progreso reposaba en el arte de construir todavía, no pasaba adelante, no podia llevar á cabo acto alguno que diera lugar siquiera á que se la reconociese como so- ciedad en acción. La órden masónica por más que en contra se pueda haber dicho, ha sido siempre pacifica y tranquila; si alguna lucha ha provocado y ha parecido dis- puesta á aceptar, ha sido sólo la de la inteligencia, única que puede dar por resultado el mejoramiento de las clases sociales y la intima union entre todos los hombres. Su- poner como han querido algunos que en los tiempos de que nos estamos ocupando la masonería tomaba parte en las disensiones políticas de los países en que florecía ya, es desconocer por completo lo que era: no sólo no tomó parte ni por una ni por otra de las casas que se disputaban la corona, sino que tampoco la pudo tomar. ¿De qué fuer- zas disponía para ello? ¿Qué elementos tenia á su alcance? ¿Cuáles eran sus tendencias? Las contestaciones á estas sencillas preguntas bastan para revelar el error, peroáun lo manifiesta más el que cuando los ánimos se aquietan, cuando á la espantosa borrasca que ha asolado el pais sucede la calma bienhechora, indispensable para el progreso^ la masonería nada ha adelantado absolutamente y ni áun siquiera se encuentra en el estado en que ántes se hallaba, sino que por el contrario, ha perdido fuerza y valor; se estacionó al comenzar aquel turbulento periodo y al reaparecer se vió ésto palpa- blemente, por lo cual se hizo necesaria la reforma de Jone, cuyos elementos no iban encaminados más que al mejoramiento de las clases trabajadoras, al progreso mate- rial del arte de construir. Posteriormente no hay por parle de la masonería inglesa, acto externo alguno que revele su importancia y acrecimiento; todos los autores guardan silencio limitándose los que más detallan á enumerar los nombres de los grandes maestros y á señalar la construcción de algun edificio como obra de los masones, lo cual prueba manifies- lamente que áun los individuos de la asociación no habian abandonado el ejercicio del arte á que deben su nombre, por más que á ella pertenecieran ya individuos que no ejercían el oficio y de los que ya hemos mencionado algunos. Esto último es en lo que realmente consiste el adelanto que puede atribuirse á la masonería, pues in- gresaban en ella hombres inteligentes é instruidos, cuyas facultades no podían apli- carse al ejercicio á que estaban consagrados sino que habian de intentar algo nuevo, algo que significará perfectamente su ingreso en la corporación. Poco tiempo después fué cohibida de nuevo su marcha, parecia escrito que ésta tenia que truncarse á cada Í84 HISTORIA GEXERAL paso, que habia de estar sujeta á los cambios políticos que en aquel país se operaran. La reforma que se iniciara durante el reinado de Enrique VIII, siguió desarrollan- dose y mezclándose sus acontecimientos con los demás asuntos de la \dda pública; esto, fácil es comprenderlo, complicaba la marcha de la política, lo cual vino á bacer- se más y más difícil, cuando después de las dilapidaciones y los gastos de la corte, planteáronse las cuestiones económicas en un país que como aquel carecía de recur- sos. Preñadas nubes se aglomeraban en el horizonte y cubrieron por completo el cielo de la tranquilidad de que transitoriamente disfrutaba Inglaterra, reinando el infortu- nado Cárlos I que con el suplicio, pagó no sólo sus culpas sino que también las de sus antecesores. Durante todo aquel tiempo los ánimos inquietos no podían fijarse más que en aquello que era objeto de la preocupación general; la continua agitación del espíritu mantenía la tirantez en las clases, y el pueblo, que en casos semejantes es el que más sufre, se mantenía en espectativa ante las luchas de la corte y el parlamento y también ante la equívoca actitud de la nobleza. Los hechos ocuridos durante los preliminares de aquella revolución que fortuita- mente tuvo á Cromwell á la cabeza, son perfectamente conocidos y han sido estudiados y analizados con tal minuciosidad por los historiadores generales y particulares, que no cabe pensar siquiera en que les pueda ser asignada ni por remota causa, una infiuen- cia masónica. Hacerlo nosotros sería incurrir en exageraciones y ligerezas que somos los primeros en vituperar; la masonería no tuvo parte alguna en el movimiento re- volucionario ingles y fácil es probarlo teniendo en cuenta la serie de ideas que allí se agitan, ajenas todas á la institución que por otra parte no hubiera podido oponer fuerza alguna á cualquiera de los muchos bandos que se agitaban. Más disculpable es sin embargo, que se le suponga participación en los movimien- tos liberales que tienden á favorecer la situación del pueblo, que no en los retrógados que procuran entronizar de nuevo aquello que fué causa de su desventura. Decimos esto, porque no han faltado autores que han supuesto influencias directas en la maso- neria en el tiempo posterior á Gronwell. Gessler y aun Schroder sostienen la aventu- rada idea de que después de la ejecución de Carlos I, la nobleza se había hecho reci- bir en la órden para poder trabajar dentro de ella y con mayor seguridad que en ninguna otra parte por el establecimiento de aquella mónarquía que tantas desven- turas habia causado. Ni en la historia general ni en la particular de aquel tiempo, ni en ninguna obra masónica hallamos tampoco hecho alguno que pueda servir de apoyo á tésis semejante, ni áun que pueda inclinar á pensar que hay razón para su- ponerlo teniendo en nuestro apoyo y para este asunto las razones que ya hemos ale- gado en otras ocasiones. Los partidos realistas siempre que se han visto atacados, han hallado medios para defenderse y para defenderse bien, han contado con las podero- sas raíces que afianzan las instituciones en los pueblos cuando data de siglos su im- plantación, han dispuesto de fuertes capitales y más que nada han podido contar con fuerzas organizadas; por otra parte, es justo confesarlo, en estos partidos, aunque mal sentido, el honor es una cuestión de principios por la que están ligados, cuestión que los une por orgullo, vanidad ó amor propio y que los hace defender siempre la DE t.A MASONERÍA 185 misma causa aunque sea perjudicial y mala, porque á ello los lleva una cuestión de clase; de aquí que como decimos en las grandes crisis por que la institución monár- quica ha pasado en el siglo anterior y en el presente, miéntras el pueblo se ha fijado sólo en lo que halaga los sentidos y ha consumido puerilmente su tiempo en inútiles algaradas, miéntras las masas se han ensañado en verter sangre, con laque nada po- dia fertilizarse y con la que nada se podia ahogar, miéntras han dado lugar á que las revoluciones se asemejen fielmente á las enfermedades que agitan al individuo y que puedan ser comparadas á Saturno que devoraba á sus hijos, ellos los realistas, se han unido como un solo hombre, han trabajado con fe y con constancia en pro de la causa que defendían y que por entonces llevaba la peor parte y casi siempre han conseguí- do triunfar. Cierto que para ésto han conspirado, se han reunido secretamente, han organizado sociedades clandestinas; pero en manera alguna cabe confundir á cual- quiera de estas con la masonería. Una sociedad de conspiradores cualquiera que sea el fin que se proponga, cualquiera que sean sus fórmulas y signos de reconocimiento, no puede haber sido formada sino por efecto de las circunstancias y su duración no puede ser más que laquelas mismas circunstancias le permitan, susfines perfectamente determinados, nunca pueden permitirles cambiar de via ni alejarse jamas del obje- tivo que han de reconocer como meta; cuando para ella llegue el momento decisivo se lanzará á la lucha y si sucumbe desaparecerá justamente por tener que reconocerse en sus individuos perturbadores de la tranquilidad pública; si vence desaparecerá también, pues la continuación de sus trabajos no tendrá ya razón de ser. Esto que decinios permite apreciar diferencias esenciales entre la masonería y las demás sociedades secretas que han existido tanto, de carácter politico como de carácter religioso; la institución masónica, filosóficamente hablando, nació porque tenia que nacer y sus trabajos no dependen de este ó del otro acontecimiento, dependen única- mente de la situación de los hombres en sociedad y con respecto á esto siempre cabe mejoramiento y perfección; ha existido ántes que ninguna de las convulsiones que los pueblos han sufrido en la época presente y ha seguido su vida normal y su marcha pro- gresiva cuando aquellas se han calmado, pues el resultado de ellas, cualquiera que fuera, no podía formar parte integrante de su misión. Asi, pues, admitiendo, porque ningún inconveniente hay en ello, que la causa de la monarquia caida en Inglaterra, tuviera partidarios que, como más tarde en Francia, trabajaran en la sombra y en el misterio, admitiendo que éstos se agruparan en sociedades que para reconocerse esta- blecieran signos y palabras como.en épocas más remotas lo hicieran aquellos que con sus actos han hecho célebres las vísperas de Sicilia y como también los arbitraran los verdugos de la noche de San Bartolomé, no cabe en modo alguno que puedan ser ni aún remotamente confundidos con los masones. No existe, lo volvemos á repetir, documento alguno que apoye el aserto de Gessler según el que sólo por la participa- cion que en la política tuviera la masonería después del suplicio de Cáiios I de Ingla- terra se hizo más rigorosa la fórmula del juramento, asi como también 'cambiado el ceremonial y establecida la diferencia entre compañeros y maestros. Afirmaciones de esta naturaleza no pueden tener fundamento racional fuera de la verdadera masone- l86 H1¿TÜUÍA GtNElíAL ria; nobles que conspiran, podrán dividirse en soldados capitanes y generales pero nunca en compañeros, aprendices y maestros; nobles que conspiran, podrán jurar mo- rir por la causa á que se han consagrado pero nunca extenderse á los demás térmi- nos que abarca el siempre rigoroso juramento masónico que ya conocemos. En lo que verdaderamente están conformes todos los autores, es en afirmar que en aquella época calamitosa de miserias y de trastornos no era posible que pudiera exis- tir la masonería con la fuerza y vigor necesarias, para cumplir su misión ni que exis- tiera una red de logias dependientes de una sola, que masónicamente gobernara á la nación entera; las asambleas se celebraban muy de tarde en tarde y siempre con es- casa concurrencia; el arte de construir habia dccaido notablemente, y para qué ocul- tarlo, casi nadie se acordaba ya de la masonería. Si nuestras palabras pudieran dar lugar á cualquier duda, prescinda el lector de ellas, conserve sólo nuestra opinion y con seguridad que ha de quedar más vigorizada, con el acta siguiente que tomamos de la obra del ilustre Preston, en la que aparece como una carta del Dr. Knipe de Oxford, en la que se lee lo siguiente : «Es imposible dudar de la habilidad de los ma- sones que siempre, áun en los tiempos de mayor barbarie fué notable: el admirable cariño de los unos hacia los otros, su solicitud en rendirse mutuos servicios por dife- rente que fuera la posición de cada^uno de ellos y la inviolable fidelidad en guardarse los secretos, no los han expuesto en las épocas de ignorancia, de trastornos y de per- secuciones en las que tantos acontecimientos divei-sos han tenido lugár, á sufrir los cambios de los diferentes partidos, ni á sufrir las modificaciones introducidas en el reino. Haré notar de paso, que los masones de todos los tiempos han sido siempre leales, aún en las calamitosas épocas en que la fuerza habia reemplazado al derecho y en las que los traidores castigaban como culpables de traición á los que hablan per- manecido fieles, todo lo que, como es sumamente fácil de comprender, les exponía á sufrir grandes persecuciones. Asi, pues, en el tercer año del reinado de Enrique VI el parlamento publicó un bíU por el que se ordenaba la disolución de la comunidad de los franc-masones y se les prohibia bajo severas penas, reunirse en capitúlos, en lo- gias ó en cualquier otra asamblea regular. A pesar de este bill la masonería siguió pro- gresando y no sólo esto, sino que durante el reinado del citado monarca, muchos no- bles señores se afiliaion á ella. En los tiempos de agitaciones y trastornos que siguie- ron los masones, fueron generalmente designados con el nombre de yorkistas, y muchos suponen que este nombre lo debieron en parte también á la benevolencia con que los trató siempre Eduardo IV, y el sabio Enrique Mil, que se presentaba como gran amigo de los masones y que halló medios para introducir en las filas de lacomu- nidad á gran número de las personas importantes que formaban su séquito, de modo que en cada logia se enconti-aban siempre algunos espías que provocaban por parte del rey medidas de rigor, las cuales nunca tuvieron suficiente justificativo y que con- tribuyeron á que se hicieran enemigos suyos, los que al principio hablan manifestado ser sus favorecedores, escollo que el ejemplo de algunos de sus predecesores debió ha- cerle evitar. Como esta sociedad es tan antigua que parece remontarse á más allá de la fecha con que aparecen los primeros documentos, no es extraño que en su historia DV; LA MASONERÍA 187 aparezcan gran número de débiles y traidores, y á mi modo de ver un escritor serio y verídico hubiera empleado mejor su tiempo dedicándose á esclarecer la historia de San Alban y la de la muerte del principe Edwin y no consagrándose á desacreditar á una sociedad de la que ignora los orígenes y las diversas peripecias.» Evidentemente en las últimas lineas de la carta del Dr. Knipe que hemos trascrito^ hay una alusión manifiesta cuyo fundamento, vamos á dar á conocer reservando nues- tra apreciación para más tarde. La masonería ha tenido en todo tiempo constantes y acérrimos partidarios, asi como también enconados detractores, mas contra todo lo que pueda pensarse existe entre ellos una notabilisima diferencia y es la de que casi siempre el defensor procede ciegamente sin fundamentar sus razones, miéntras que el adversario, más cauteloso, estudia y analiza con más detención, pesa las razones, acude á las fuentes y opone pruebas, que son las que en el mayor número de los casos nos llevan á estudiar, cuando esto se debía hacer previamente. En el número de los que con más saña y encono han atacado á la institución masónica, puede y debe contarse á Roberto Plott, naturalista ingles nacido en Sutton-Baron en 1640 y muerto en la misma población el año 1696. En 1677 ingresó como miembro en la sociedad real de Lóndres, siendo des^jues nombrado sucesivamente conservador del museo de Ashmo- le, profesor de quimica en Lóndres, historiador del rey Jacobo 11 y archivero de la córte de honor. Hombre activo é inteligente, cultivó con grandísimo éxito el estu- dio de las ciencias naturales sin olvidar el de la historia, en cuya rama realizó no pocos progresos. Sin ser mason, se aplicó al conocimiento de la órden y suficientemen- te ha acreditado en su historia del condado de Strafford que tenia acerca de ella mejores datos que muchos masones si bien al exponerlos, más que al cronista severo é imparcial se advierte al enemigo, especialmente al atacar el articulado de las más antiguas constituciones que se conocen. Hablando de las prácticas masónicas vulgari- zadas en su tiempo dice en la página 316 y siguientes de su obra citada.» Entre otras costumbres, la de hacerse recibir en la sociedad de lo^ franc-masones, parece más ge- neralmente'practicada por los habitantes de las llanuras de este condado que por los de otras partes, por más que semejante uso pueda considerarse extendido á la nación entera, pues conozco no pocas personas que ocupan rango preferente y primeros pues- tos en la sociedad, que no se desdeñan de ser miembros de esta institución. Es locier- to que no había motivo alguno para manifestar desden ó desprecio hacia esta socie- dad, si realmente poseyera la antigüedad de origen y cierta consideración que le atri- huye un gran volúmen en pergamino, cuidadosamente conservado por sus individuos, el cual contiene la historia y los reglamentos del oficio de los masones. Esta historia deriva no solamente de la Sagrada Escritura, sino que también de la historia profana y refiere que la masonería fué introducida en Inglaterra por San Anfibalo y comuni- cada en primer término á San Alban que estableciendo las reglas fué nombrado teso- rero é inspector de las construcciones del rey y dió á los masones constituciones y reglamentos, según los principios que Anfibalo le había enseñado. Estas mismas fueron confirmadas más tarde por el rey Athelstan,71el que el hijo menor-Edwin, que quería mucho á los masones, adoptó los reglamentos, aprendió sus usos y obtuvo para 188 HISTORIA OICXKUAI. DT. LA MASONERÍA. ellos una carta de franquicias de su padre. Después dictó disposiciones para que todos se reunieran en Yorck y llevasen alli cuantos libros trataran de su oficio; com- pulsó todos aquellos escritos y se sirvió de ellos para establecer las leyes y los regla- meatos de la sociedad, de modo que apareciera más en armonía con el tiempo; estas, leyes fueron escritas en parte en el pergamino de que ya hemos hecho mención. De esta manera quedó organizada la masonería en Inglaterra. Ademas se dice que aque- lias leyes y reglamentos fueron comunicadas después al rey Enrique VI y á su conse- jo y que fueron confirmadas por los maestros y compañeros de tan honroso oficio. »Cuando uno cualquiera es admitido en esta sociedad, celebran una asamblea ó logia (nombre que ea distintos lugares dan á sus reuniones) la cual debe estar com- puesta por lo ménos de cinco ó seis miembros de los más antiguos, á los que el candi- dato debe ofrecer guantes, asi como también á sus mujeres independientemente de un banquete al que las debe invitar.;Al terminar este, se procede á la recepción, que con- siste principalmente en la comunicación de ciertos signos secretos por medio de los que se reconocen entre sí, cualquiera que sea el lugar en que se encuentren y están seguros de hallar amparo y ayuda en cualquier pais á que sus trabajos los conduzcan, pues cuando llega uno de ellos, aunque no tenga conocido alguno, si hace á un miembro de la sociedad los signos convenidos, este está obligado á acercársele enseguida, cual- quiera que sea la reunion ó el lugar en que se encuentre, lo mismo en ,lo alto de un campanario (sea el que sea el daño ó el peligro que de ello le puede resultar); se infer- mará de lo que desea y empleará todo su poder en conseguirselo, asi, pues, cuando desee trabajo está obligado á encontrárselo y si esto no fuera posible, proporcionarle los medios de esperar á que se presente. Esto es lo que dispone uno de los artículos. Otro ordena que deban á sus maestros los mejores consejos y que éstos deban ser in- formados por ellos acerca de la buena ó insuficiente calidad de los materiales que emplean: si llegara á suceder que los maestros cometieran alguna falta, que perjudicara la ejecución de los trabajos, están obligados á hacerle con respecto á ésto respetuosas observaciones para que la masonería no quede deshonrada; y muchos otros artículos generalmente conocidos y que he tenido lugar de creer más malos que estos, tal vez peores que la misma historia de la masonería, pues no conozco ninguna que sea tan falsa ni tan incoherente.» Después de estas pocas fundadas manifestaciones, pues Plot no podía hablar más que de lo vulgarizado y acerca de lo que emite su opinion conforme sólo con las mani- festaciones externas, prosigue su análisis y ataca la tradición de Edwin lo cual queda suficientemente discutido ya por nosotros, mas fijándonos en las principales declara- clones que hace, nos vemos obligados á manifestar que si bien se conoce que estudió la materia é investigó los orígenes de la asociación, lo hizo sólo con el deliberado in- tentó de zaherir y calumniar á la órden. Desde este punto de vista es admirable él paralelo que se puede establecer entro la obya del profesor de química de la Univer- sidad de Oxford y la de Anderson; ambos han estudiado en las mismas fuentes y sin embargo los resultados no pueden ser más distintos, CAPÍTULO XIV. Estado de Inglaterra, en el periodo siguiente á la revolución.—La restauración. — Cárlos II.—Carácter de su reinado.—Bayle.—Sus trabajos.—Movimiento político y científico.—Influencia del carácter de la época y de las obras que aparecen en el simbolismo masónico.—Bacon.—Su Nueva Atlantida.—Deseo que con ella se propusiera conseguir.—El grado masónico de Rosa Cruz.—Explicación histórica que acerca de él dan los rituales.—Sus templos, trajes, ceremonias, discursos y fórmulas.—Juicio acercada ello.—Enablemas de este grado.—La rosa y la cruz.—Explicaciones con que masónicamente se quiere justificar á la cruz como símbolo de la órden.—Crítica y juicio acerca de esta explicación .—Errores cometidos en ella.—Au- toridadesen prueba de nuestro aserto.—La cruz como instrumento de suplicio en los pueblos de la anti- güedad.—Reformas intentadas en la masonería.—Reglamento de 1663.—Crítica acerca del mismo. NDOSE estrictamente el desenvolvimiento de la masonería á la marcha eral de los acontecimientos en el pais en que nos ocupamos, luégoque mas tanta perturbación vino la calma, la órden se lanzó en nuevas vías, si bien para reponerse tuvo que andar de nuevo el terreno que perdiera en el periodo en que sus trabajos resultaron nulos. Después de la revolución el espíritu de la nación inglesa sacudió sus alas y comenzó por desechar las antiguas supersticiones que cual pesadas planchas de plomo lo hablan tenido cohibido; Cromwell atacando la dig- nidad real hasta el punto de hacer rodar la cabeza del monarca en afrentoso patíbulo; Cromwell atacando y disolviendo aquel pervertido parlamento, que era más que nada juguete de lacórte é instrumento ciego de sus caprichos, reveló al pueblo ingles que nada habla sobre la superficie de la tierra que dejara de ser justiciable y que las insti- tuciones que se decían de carácter divino, y para las que por esta razón nadie se habla ocupado de formar tribunales, podian comparecer ante el del pueblo, cuyos fallos nunca dejan de ser sangrientos. Estas liberales conclusiones, que el revolucionario lie- vara á la política llevólas á las ciencias el ilustre Bacon, quien con una audacia nunca bien alabada implantó la critica racional que no permite la dura y arbitraria imposi- cion al espíritu. 190 HISTORIA GENERAT. Por más que el reinado de Cárlos II adolezca de gravísimos defectos^ y ocurra en él lo que en muchas de las dinástías inglesas^ en que casi siempre las cuestiones reli- giosas han sido fuente de considerable número de disgustos, es lo cierto que en él se opera un movimiento progresivo de grandísima significación, al que el mismo rey con- tribuye formando la Sociedad real de Lóndi*es, cuerpo distinguidísimo cuyo espíritu liberal se ha manifestado en no pocas ocasiones. Su principal misión era extender el conocimiento de las ciencias, oponiendo la verdad pura á las mentidas afirmaciones de los alquimistas y astrólogos que tan grande confusion habían sembrado. Por otra parte Bayle, con su refinado escepticismo, trabajó considerablemente toda su vida en pro de la liberación de las ciencias, consiguiendo al fin que todas fuesen llevadas al severo y rudo exámen, áun aquellas con respecto á las que se creia haber dicho la úl- tima palabra, desde hacia mucho tiempo. Todo esto contribuyó muy eficazmente á las reformas legislativas que tuvieron lugar durante aquel reinado, en el que tras tanto luchar puede decirse que quedó asegurada la libertad individual. Naturalmente y como ya hemos apuntado, este gran movimiento politico y cienti- fico no pudo menos de influir directamente en el progreso de la sociedad masónica, contribuyendo poderosamente á la más grande y elevada transformación que se ha operado en la masonería. Hasta entónces puede decirse que el mason habla conside- rado como hermano al mason que como él había ingresado en la órden, sufriendo las pruebas necesarias y pasando por los trámites prescritos. Sólo á éste procuraba auxilio y amparo abriéndole las puertas del trabajo, que cada vez tenia que ser de mayor precio, merced al aumento que sufría el caudal de sus conocimientos. Limitada su esfera de acción al número de individuos que componían la órden, los resultados no podían ser grandes ni extenderse con rapidez, más cuando ampliado su credo comprendió que no sólo aquellos que profesaban un arte determinado eran dignos de ayuda sino que bien la merecían cuantos contribuyeran ó pudieran.contribuir al enal- tecimiento de la dignidad humana, cuando merced á las reformas políticas y á la afi- Ilación de aquellos que nunca habían formado parte en el gremio de los albafiiles se introdujeron nuevos elementos y de estos resultó palpable que todos los hombres que pueblan la tierra y son alumbrados por el sol pertenecen á una familia misma, tienen iguales facultades y son acreedores á los mismos derechos, entónces de sociedad par- ticular se convirtió en sociedad general, abrió sus puertas de par en par y llamó á si á todos los hombres, para que contribuyeran á realizai' la gran misión civilizadora que siempre se ha propuesto. La verdad de esto la hallamos probada en muchos documentos literarios del siglo décimoséptimo y estudiados á fondo en ellos podrían encontrarse las fuentes de mu- chos usos y símbolos masónicos, razón más en apoyo de lo que tantas veces he ma- nifestado acerca de lo inútil y contraproducente que es para ello recurrir á las anti- guas tradiciones de los pueblos, ni á las prácticas de las vetustas religiones que mucho tiempo hacía habían caído en desuso. Como tocante á los orígenes y símbolos se ha dicho tanto, poco nos parecerá cuanto aun pueda decirse de ello, siempre que sea para esclai'ecerlos y afirmarlos. Muchos elementos de los que hoy llaman grandemente la DÉ La masonería 191 atención^ se encuentran esparcidos en obras de aquella época que bueno será dar á conocer para que nuestra opinion sea más fuerte. El deseo de la formación de una so- ciedad dentro de la que cupieran todos los hombres y en el seno de la que pudieran hacer un aprovechamiento general de fuerzas, le había sido sugerido á muchos hom- bres; más por aquel tiempo una manifestación semejante fué hecha por el ilustre Ba- con, el que en su Niieoa Atlántida expuso tal deseo, paralelo en un todo con el que después se propuso cumplir la masonería. La Nova Atlantis, que el profundo filósofo ingles dejara por terminar desgraciadamente, es una novela científica semejante á la República de Platón, á la Ciadacl del Sol, á la Utopia^ tantas otras como han servido á sus autores para manifestar sus aspiraciones en la filosofía, en* la moral y en la re- ligion. En la obra de Bacon se advierte el vehemente deseo que ya manifestara en algunas otras de sus producciones, hijo no más que de lo mucho que le preocupaba el mal aprovechamiento de los esfuerzos intelectuales que la humanidad hacia, de la anar- quia científica que consume tantas fuerzas sin provecho, por lo que anhelaba organi- zar una sociedad universal, que produjera un cambio seguro y fecundo de cuantos progresos y descubrimientos hiciera el entendimiento humano. El marco en que el filósofo ha encerrado su pensamiento, es exactamente el mismo que sirviera á sus predecesores en la confección de utopias. Unos navegantes impelidos por los vientos á regiones del extenso océano, que áun no se han explorado, llegan á la orilla de una isla desconocida en la que encuentran una ciudad y un puerto: esta es la nueva At- lántida, que entre sus habitantes recibe el nombre de Besalem. Los náufragos son hospedados en una casa dispuesta siempre para los extranjeros y advierten que los poseedores de aquellas riquísimas comarcas disfrutan de una felicidad ideal como siempre acontece en obras semejantes. Son cristianos y han sido convertidos á esta religion veinte años ántes, no por misioneros y predicadores como pudiera suponerse, sino gracias á un milagro que les ha permitido conocer los libros del antiguo y nuevo testamento. Sus instituciones, sus ciencias, su civilización, en una palabra, la deben á una Sociedad formada entre ellos que recibe el titulo de Instituto de Salomon destina- do cd estudio de los obras de la divinidad. Uno de los miembros de esta sociedad describe minuciosamente el reglamento por que se rigen y demuestra con gran nú- mero de datos, como gracias á una division metódica del trabajo se llega á una produc- cion más considerable y más regular de la riqueza científica. Doce de los individuos que pertenecen á ella y que tienen el nombre de comerciantes de lu.: viajan secreta- mente por las naciones extranjeras, recogiendo máquinas é instrumentos, modelos y cuantas observaciones puedan contribuir en modo alguno á la realización de los fines que se l}an propuesto conseguir: tres otros, que reciben el nombre de plagiarios ano- tan en libros convenientemente dispuestos cuantas experiencias útiles pueden hallar, al mismo tiempo que otros tres que se llaman colectores tienen el encargo de anotar todas las prácticas que de las artes mecánicas y liberales puedan ser útiles á la aso- ciacion; tres más intentan de continuo nuevos experimentos y se llaman trabajadores; una sección compuesta do igual número dejndividuos, clasifican en cuadros dispues- 102 HlSTOHlA GKiXERAt, tos metódioamente todas las observaciones y experimentos que tres evergetes ó bien- hechores comparan entre si y procuran aplicar á la utilidad social ó al descubrimiento de nuevas luces, que permitan proseguir las investigaciones. Ademas dentro de aquella asociación, existían individuos llamados lámparas, los cuales en esferas más superio- res procuran hallar nuevas vias por las que se llegue á más elevados resultados, te- niendo además notarios que registraban los resultados obtenidos por los precedentes y por último intérpretes de la naturaleza, cuya misión era estudiar todas las observa- ciones y deducir las consecuencias generales, contando taminen con un l)uen número de educandos y novicios llamados á perpetuar la sociedad. Como á primera ^ista queda de maniflesto, el motivo que sugiriera al autor la obra cuyo argumento acabamos de exponer, era real, estaba y áun está en la concien- cia de todos; la humanidad disgregada y dividida, gasta inútilmente un caudal consi- derable de fuerzas que si se aúnaran podrian ser generadoras de plausibles adelantos. Bacon, espíritu atrevido al par que observador, expuso un plan, que de plantearse darla opimos resultados, pero que siempre tropezará en la práctica con la indole es- pedal de la naturaleza humana, que no puede ménos que llevar á todo su emulación y sus malas pasiones. Esto no hay más que un medio de contrarestarlo y es el que la masonería viene empleando desde la época en que llevara á cabo su primera transfór- macion, consistente no más que en preparar, digámoslo así, un campo neutral, un terre- no al cual vayan los hombres convencidos de que todos pueden y deben participar de iguales derechos. Conviene señalar que el espíritu de la nueva Atlántida resalta en la organización masónica y que muchos de los propósitos que la órden intenta cum- plir, se hallan en la obra de aquel pensador, que de haber aparecido años más tarde hubiera podido hacer creer que se había inspirado en la organización de la maso- neria. Tanto es asi, que posteriormente ha habido muchos autores que suponen que el ori- gen de la órden se remonta á tiempos fabulosos en que existieron sociedades organiza- das á la manera de la que encuentran los náufragos de Bacon en las regiones inexplo- radas del océano. Además de esta obra podemos enumerar corioo respirando acentos masónicos la Verdadera historia de la condenación de los Templarios, àe\ historiador francés Pedro Dupuy, nacido en 1582 y muerto en 1657, obra importantísima que des- pertó el más grande ínteres y llamó la atención acerca de esta órden, C|^ue tan contra- dicterios juicios había merecido de una y otra parte. Ademas haijia aparecido en 1592 el Tratado de los Templarios, en el que los caballeros de aquella órden religiosa, apa- recen como ligados por secretos juraméntos y formando una sociedad clandestina; en 1691 la Historia Templarium del sabio profesor Nicolás Gurtler, filólogo é historiador aleman nacido en Baden en 1654 y muerto en Francker en 1711, hombre ilustre que con sin igual aprovechamiento habia explicado la filosofía, la historia y la elocuencia en Herborn, Hanau, Brem, Deventer y Francker, adquiriendo la reputación de ser uno de los más hábiles teólogos de su tiempo y por último en este órden de publica- ciones no dejó de ser de gran utilidad para la nueva organización que la masonería estaba recibiendo, la Historia de las religiones xi ordenes militares de la Iglesia y de DE LA MASONERÍA 193 las Órdenes de cahalleria^ publicada en 1698 poi' el teólogo francés, rector de la Uni- versidad de París, Godofredo Hermant, De estas obras y otras muchas que aparecieron acerca de las mismas materias, tomáronse no pocas de las adiciones que en la orden aparecen y que presentan tan vario carácter comparadas con las que sirven de fundamentos generales. Justo es tener presente que si los conocimientos de los institutos caballerescos sirvieron al fin que indicamos, no dejaron de hacerlo también aunque en otro sentido los estudios que ya por entonces se hacia de la antigüedad y cuyas revelaciones han prestado no poco del falso oropel con que algunos se i-evisten. Los misterios de las antiguas religiones habian llamado siempre considerablemente la atención y no es extraño que los nue- vos estudios que se practicaban, vinieran á echar leña al fuego y á encariñar á los que se seducen con todo lo maravilloso, con ideas que no habian desaparecido en el tras- curso del tiempo. Pedro Valeriani habia publicado sus obras Los Geroglijicos ó sig- nos sagrados del Egipto y Meursii Eleusinía que no dejaron tampoco de ser puestas á contribución por aquellos que no podían considerar perfecta á la órden, en tanto que no le hicieran participar del carácter de todos los pueblos y de todas épocas. Otro elemento de no menor importancia, para todo lo que á la órden se refiere son los debidos á los Rosa Cruces y como no 'queremos pasar adelante sin dejar tras nosotros nada falto de prueba y de suficiente demostración, vamos á exponer suma- riamente este grado para analizarlo luégo y ver si con efecto tienela importancia gran- disima que le han dado autores tan notables como Bulhe y Andreace. El grado de Rosa Cruz, ocupa en el ritual corriente el número 18 y suponen los formularistas que fué establecido en Palestina por el mismo Godofredo de Bouillon, hacia los años de 1390. La necesidad que á ello le obligara, fué el mal estado de los ejércitos cristianos que habian ido á recuperar los lugares santos. Según el rito, el verdadero nombre es el de Rosa Cruz y los que más que á nada han atendido al for- mularismo, tienen buen cuidado de hacer observar que no debe confundirse con el de Rosa-Crucian, establecido por los alquimistas en la Edad media. Los masones funda- dores de este grado, acuñaron medallas en las que grabaron una rosa sobre una cruz, siguiendo en esto la denominación que se habian impuesto y como emblema ademas del Evangelio que compara á Jesucristo con una rosa. Este grado masónico recibe también el enunciado de Caballero del ciguila ó del pelicano, aves que también apa- recen en las joyas y que según afirman son el emblema del Hijo de Dios derramando su sangre por salvar á los hombres. Como si áun no fueran bastantes estos nombres reciben también el de Caballeros libres de Harodon, relacionando con ellos las tradi- clones inventadas con respeto á esta montaña de Escocia, de que ya nos hemos ocu- pado y en la que suponen celebraron su primer capitulo los caballeros de este grado, afirmando también que áun vive alli el Soberapo Gran Maestre, que habita un anti- quisimo castillo propiedad de ellos. Del conocimiento del lugar en que se halla este castillo y del nombre de la alta dignidad que en él reside, hacen uno de los más gran- des secretos de la Masonería. Como vemos, semejante historia queda completamente desvirtuada, luégo que la 194 HISTORIA. GENERAL verdad acerca de los puntos que contiene nos es conocida; ademas y para que se vea que este grado, como ninguno de los demás que pertenecen á la masonería escocesa, deja de responder al fin que se propusieron los individuos de la escuela de Ramsay, vamos á exponer sus formalidades. A él pertenece la logia más complicada y más costosa: su templo está compuesto de tres piezas. En la primera, colgada de negro y salpicada con lágrimas blancas, hay treinta y tres luces de cera amarilla, en tres can- delabros de once brazos cada uno, cuyas luces aparecen cubiertas desde el principio hasta el momento indicado en el ritual. En esta primera division hay tres columnas, una al Oriente, una al Sur y otra al Occidente; la altura de cada una de ellas será de cinco ó seis piés y en la parte superior de sus capitales habrá escritas en transparen- tes convenientemente dispuestos, la palabra Fe en la primera; en la segunda Esperan- za y Caridad en la tercera. El dosel y el altar deben estar tapizados de negro con fle- eos blancos: sobre el altar deben colocarse dos grandes velas de cera amarilla y en- medio de ellas una calavera. En la parte del Oriente y en un cuadro transparente hay pintadas tres cruces y en el centro de la de enmedio la rosa simbólica, rodeada de una corona de espinas. Tanto el altar como este transparente deben estar cubiertos con una cortina negra, que se descorrerá en el curso de la tenida. Delante de esta cortina y en la parte inferior de los escalones del 'altar, hay una mesa cubierta de negro sobre la que se coloca el libro de la sabiduría, un compás, una escuadra, un triángulo, una banda negra y un traje de Roja Cruz destinado al recipiendario. En las tenidas en que va á llevarse á cabo la recepción de un hermano, en este ele- vado capitulo, el muy sabio y poderoso maestro se sienta enfrente de esta mesa; el 1.° y 2." vigilante se sientan en el occidente y el secretario al oriente, al pié de las gradas. La segunda pieza en que está dividido el templo de este grado, representa el infler- no con todos sus horrores. La tercera debe estar tapizada de encarnado y brillante- mente iluminada mediante treinta y tres luces, agrupadas en la misma forma que las de la primera. Debajo del dosel hay una cruz ansada rodeada de una serpiente, en cu- yo centro hay grabada la cifra I. N. R. I. El altar debe hallarse suntuosamente deco- rado, con luces trasparentes y sobre él se colocarán una Biblia, la escuadra, el compás y una cruz de oro. El capitulo se abre en la primera pieza y se cierra en la tercera. Una vez dispuesto todo en la forma que dejamos apuntado, y vestidos los hermanos' con el traje en que aparecen en nuestra lámina, se procede á la apertura, en la que se observan las siguientes formalidades. El muy sabio y poderoso maestro, que es el titu- lo que recibe el venerable, da un golpe sobre el altar y después que lo han repetido ambos vigilantes, dice: —Respetables hermanos cruces, ayudadme á abrir el capitulo. Ambos vigilantes repiten:—Respetables hermanos cruces, ayudemos al muy sabio á abrir el capitulo. Muy sabio.—Excelentísimo hermano, primer vigilante. ¿Cuál es vuestro primer deber y cuidado? Primer vigilante.—Ver, muy sabio, si el capítulo está á cubierto DE LA MASONERÍA 195 Muy sabio.—Vedlo vosotros, oxcelentisimos hermanos vigilantes. Los vigilantes cumplen esta orden y después de dar cuenta,, pregunta el muy sabio venerable: ¿Cuál es vuestro segundo deber, excelentísimo primer vigilante? Primer vigilante. —Versi todos los que se hallan presentes son caballeros Rosas- cruces. Muy sabio.—Aseguraos también de ello. Los vigilantes se acercan á los hermanos que decoran sus columnas y toman de ellos la señal, el toque y la palabra. Inmediatamente que acaban^ la cambian entre si y dice: Primer vigilante.— los hermanos aqui presentes^ son caballeros Rosas- cruces. Muy sabio.—Excmo. hermano primer vigilante, ¿qué hora es? Primer vigilante. —La hora del capitulo de Rosas-cruces. Muy sabio.—¿Cuál es la hora de este capitulo? Primer vigilante.—El momento en que el velo del templo se desgarra, en que las tinieblas y la consternación se esparcen sobre la superficie de la tierra, en que la luna se oscurece, en que desaparece la estrella refulgente, en que los instrumentos de la masonería se despedazan, en que la piedra cúbica suda sangre y agua y en que la pa- labra se ha perdido. Muy sabio.—Puesto que la masonería sufre tal tribulación, empleemos todos nues- tros esfuerzos y nuestros trabajos en recobrar la palabra perdida y á fin de conseguir- la, abramos el capitulo de Rosas-cruces.. Ambos vigilantes dicen en sus columnas: Respetables hermanos: el muy sabio va á abrir el capitulo, unios áél. Una vez dados los toques que son siete, seis primero y el restante tras una pausa, el muy sabio dice: —Respetables y queridos hermanos, el capitulo de Rosas-cruces está abierto. Celebrado el capitulo, se procede á la clausura que se lleva á cabo con las forma- lidades siguientes: Muy sabio.—Al orden, hermanos mios, cruces respetables y perfectos maestros, excelentísimo y perfecto hermano primer vigilante, ¿qué hora es? Primer vigilante.—La hora del perfecto mason. Muy sabio.—¿Cuál es la hora del perfecto mason? Primer vigilante.—La hora en que la palabra fué hallada y la piedra cúbica se trasformó en rosa mistica, en que la estrella refulgente ha vuelto á aparecer en todo su esplendor y nuestros instrumentos han tomado su fuerza primitiva, en que la luz se ha restituido á nuestra vista con toda su brillantez, en que las tinieblas se han di- sipado y la nueva ley masónica debe ya reinar en nuestros trabajos. Muy sabio.—Sigamos esa ley, pues ella es la consecuencia de todas las maravillas que hemos visto. Excelentisimos y perfectos hermanos vigilantes, anunciad que-el ca- pitulo.va á cerrarse. Los vigilantes lo anuncian asi, é inmediatamente el muy sabio venerable pasa á ha- 19B HISTORIA GENERAL cer la reverencia á la cruz, quedándose á la cabeza del altar para que los demás cru- ces hagan lo mismo y se forme una linea al Sur. Colocados de esta manera^ el muy sabio saluda, da al oido la palabra y el que la recibe hace otro tanto con el que tiene al lado, hasta que concluyen todos los cruces. Terminada esta ceremonia, todos hacen una nueva ceremonia ante la cruz y vuelven á sus sitios. El muy sabio dice: Caballeros, cumplamos nuestro deber. Hace el signo, toca la bateria y concluye diciendo: Hei-manos, el capitulo está cerrado. Estas palabras las repiten ambos vigilantes, haciendo todos lo mismo y pronunciando tres veces seguidas la palabra Hoschea (Salvador) que es el grito de aclamación. Si pomposas son estas ceremonias, en cuyas preguntas y respuestas no se ve abso- latamente nada que pueda dar idea del fundamento racional que debió presidir á la constitución de la sociedad masónica, ménos aún se advierte en ninguna de las partes en que está dividida la recepción de un Rosa-cruz y que trasladaremos aquí para que se vea hasta qué punto ha llegado el extravio. En la parte primera y para determinar las formalidades que deben llevarse á cabo, dice el más acreditado de los rituales y el que se halla en manos de todos, que Salomon elevó á la divinidad un templo en Jeru- salen para que allí todos los moi'tales le rindieran el culto que le debemos. Hahia re- cibido toda su sabiduría de Gabaon. pero más tarde sus extravies le ofuscaron el en- tendimiento y eclipsaron su gloria. El pueblo de Israel, que hasta entónces habla sido flel al digno ejemplo de su rey, aprovechó la ausencia del profeta en el Sinai, para también entregai"seá la idolatria; son tan poco duraderas las cosas de este mundo, que parece que un hecho semejante se presenta á nuestra consideración para hacernos desconfiar de nuestras propias fuerzas. Escrito está «que toda sabiduría es necesidad delante de Dios, que sorprende al sabio en cadauno de sus designios» ó como él mis- mo ha dicho: «¿No son vanos acaso, todos los pensamientos de los hombres?» «Feliz el que encuentra la sabiduría y está dotado de inteligencia, porque estas son de más valor que el oro, la plata y las piedras preciosas, pues larga vida, honores y riquezas aguardan á aquellos que las poseen, porque nada es comparable á ellas; ale- gres sei án sus dias y de paz sus caminos, porque árbol de vida son para el mortal que escudado con su sombra no se separa de ellas.» El pueblo de Israel no sólo se entregó á todo género de excesos, sino que profanó el templo de Dios, ofreciendo en él sacrificios de victimas humanas al idolo Moloch y el incienso que sólo debía á Jehovah. Adoró también al idolo Astaró de los sidonios, imitó todas las abominaciones de los amoneos y destinó á usos profanos el trono de la divi- nidad, destruyendo de este modo hasta los restos de su pasada gloria. Bethel fué profa- nada con las predicaciones execrables de Efraim los dioses de Samaria y de Damasco y la serie de falsas divinidades que recibieron en Egipto una adoración impía impi- dieron que los israelitas se entregasen á la contemplación, fuente única de verdadera sabiduría. Pueden las emanaciones que se elevan de la tierra brillar á la luz del sol y fascinar por un momento, pero luégo desaparecen los rayos de este astro, la oscuridad sucede al esplendor y la escena cambia por completo. ¡Oh! ¡Mentidas fantasmas y seductoras ilusiones de la vida! Apartaos de nosotros, porque no sois más que apa- t)E LA MASONERÍA 197 riendas engañosas que extraviáis al incierto caminante. Retiraos, falsos profetas, per- versos oráculos y encarnizados y fanáticos impostores, porque el Todopoderoso desde su trono, sobre las nubes del cielo, ba triunfado de todos vuestros sacrilegos proyectos, pues brilló el sol de su justicia y disipó vuestras iniquidades. «Aquella sabiduría que no concibió ni áun el mismo Salamon, en medio de toda su gloria, ha vuelto á apare- cer sobre la tierra, según el mismo Dios que nos ha dicho; que el Verbo se hizo hom- bre para habitar entre nosotros; que tentado por la carne saldría victorioso del pecado y que seria humillado aunque Dios fuera exaltado sobre todas las naciones. Cesen nuestros lamentos sobre las desgracias del Edén y de Sion, pues ya no afli- girán á nuestro espíritu ni servirán de rèmora á nuestros deseos. El genio del mal, nuestro enemigo, ha sido vencido y encadenado para siempre en su maldecido jmpe- rio. Edén, precioso jardín y visible paraíso, morada] de nuestros primeros padres, tú serás la imágen imperfecta de los resplandores divinos de los cielos y de aquella vida mística que reserva el Eterno á los que le aman, comprendiendo ahora la suerte ven- turosa que por Dios nos estaba preparada desde ántes he la creación. ¿Hubieran osado crucificarle los príncipes de la tierra, si lo hubieran conocido? Escrito está: los ojos no han visto, ni entendido los oídos, ni penetrado el corazón, las cosas que tiene Dios reservadas á sus elegidos. Por la Fe esperamos confiados en cosas que no han visto ni palpado nuestros sen- tidos. Ella nos enseña que el mundo fué formado por la palabra de Dios; que Enoch fué trasladado en cuerpo y alma, y que no murió, y que Abraham por órden del Señor ofreció en holocausto á Isaac su único hijo. Por la Esperanza aguardamos la futura inmortalidad de nuestras almas después de esta vida, de la cual tenemos la evidencia aunque no la hayamos visto, porque si nos llegáramos á convencer por la vista, ya no seria esta virtud lo que es. Aun cuando hablara el lenguaje de los ángeles y el de los hombres, si no tengo ca- ridad seré como un metal sonante y un ruido desapacible. Aun cuando tuviera el don de profecia y pudiera penetrar todos los misterios, poseer el conocimiento de todas las cosas y sentir una fé tan grande capaz de trasportar una montaña de un "lugar á otro, sino tengo Caridad nada soy. Aun cuando hubiera distribuido mi hacienda entre los pobres y entregado mi cuer- po para ser quemado, sino tengo caridad de nada me servirá todo esto. La caridad es paciente, dulce, benéfica: noes envidiosa, ni temeraria, ni precipi- tada, ni orgullosa. No es desdeñosa, ni atiende sólo á sus propios intereses: no se enoja, ni molesta por nada, ni de nadie sospecha injustamente. No se goza en la injusticia, sino en la verdad. Todo lo sobrelleva, lo espera, lo cree y lo sufre todo. La Caridad jamas tendrá fin; si bien las profesias pasarán, las lenguas cesarán de existir, y las ciencias serán olvidadas. La Fe la Esperanza y la Caridad , subsistirán siempre, pero la Caridad es superior á todas. El Señor dice: «Asi como mi padre me ama, también os amaré.» Y después 198 HISTORIA GENERAL añade; «Amaos los unos á los otros, según os he ordenado por un nuevo manda- miento.» Segunda parte. —Oye, Señor, mi ruego y atiende á mi oración, pues también soy un viajero como lo fueron mis hermanos. Permite que mis fuerzas renazcan otra vez y emprenda la jornada de la cual no lie de volver. Antes que la tierra y el mundo fue- ran hechos, eras. Señor, eterno por los siglos de los siglos. Te veo en todas partes de Oriente hasta Occidente, del Norte al Mediodía. ¿Cómo escapar de ti ni huir de tu pre- senda? Me elevo hacia los cielos y te contemplo allí, desciendo á los abismos y allí estás. Recorro cual la brisa el mar y los confines y tu aliento me guia y me sostiene tu mano. Me oculto de tu vista en medio de la noche, mas todo resplandece y brilla ante tu faz. Amparas al humilde que se acoge á ti: es mi vida azarosa, mas tú me ayu- darás. Venció á mis enemigos un rayo de tu gloria, porque concedes gracia á todos aquellos que te aman. No te alejes de mi. Señor, sin haberme levantado, porque grandes son mis culpas y muchas mis ofensas. Purifica mi alma y que tu nombre ensalce. Del hombre son los dias pocos y angustiados.» »Y oi una voz del cielo que decía: Bienaventurados los que mueren en el Señor, porque abandonaron á la tierra y sus obras serán recompensadas. ¿Cuál es, oh muerte, éntónces vuestro triunfo? Yo soy la resurrección y la vida, dice el Señor, y aquellos que creen en mi por siempre vivirán. Tercera parte.—Habiendo nacido Jesús en Belen de Judea, en tiempos del rey Heredes, llegaron tres magos á Jerusalen preguntando: ¿En dónde está el rey de los judíos? porque decían «hemos visto su estrella en el Oriente y venimos á adorarle.» Felipe dijo en aquellos diasá Nataniel: hemos encontrado á aquel de quien está es- crito en la ley de Moisés y predicho por los profetas que había de llamarse Jesús de Nazaret, hijo de José. Y Nataniel contestó: ¿Puede venirnos de Judea algo de bueno? Felipe añadió entónces: «Ven y vé.» »Un ángel apareció y reanimóle. »No se apartará el cetro de Judá, ni de él saldrá ningún legislador, hasta que Siloh venga y el pueblo se congregue para oírle.» Jamas censuraremos que una sociedad cuyos fines sean buenos y honrados sus propósitos, ponga en manos de Dios que nos ha creado la confianza en que los indi- viduos serán iluminados para el mejor éxito en sus decisiones; nunca podrá causarnos extrañeza que ántes de dar comienzo cualquier acto, se eleve el espíritu y murmuren los labios una oración que implique al mismo tiempo agradecimiento y deseos; el bombre, débil por naturaleza, sabe cuando no está cegado por la soberbia, que sus fuerzas son escasas y que nunca le bastarán las que posea para realizar actos per- fectos. No podria sorprendernos ninguna invocación que la masoneria tuviera estable- cida, pues de antemano sabemos que esta sociedad descansa en el principio de la existencia de Dios tal vez con mayor seguridad que en ningún otro, hasta el punto de ser la única creencia común que se supone en todos los afiliados. Los dogmas asen- tados por las distintas religiones qué se disputan el imperio del hombre, importarán / DE I.A MASONERÍA 199 muy poco dentro de la orden; ningún hermano tomará en consideración los que otro hermano acate, pero todos á una sostendrán la existencia de Dios, pues éste será el único que le habrán exigido profesar, para que las puertas de los templos masónicos le queden abiertas. Sociedad que ha de hacer prácticos sus principios ántes que nada, no concebimos como algunos, ajenándose de su credo, han establecido formularismos largos y difusos que no sirven más que para hacer perder el tiempo. Disculparíamos que algunos grados de no inmediata necesidad hubieran sido establecidos, si al fin reconocieran alguna y que estos mismos grados Imbieran llegado hasta nosotros exornados con formalidades fastuosas, si se encontraran en el órden de la razón y se les pudiera hallar algun fundamento. Al exponer á nuestros lectores las solemnidades de que se acompaña la recepción de un rosa-cruz, más que nada nos hemos propuesto mani- festar hasta qué punto ha llegado el extravio de algunos hombres, cegados poi' ideas que no se alcanzan. Encontramos en primer término una oración que, justo es decirlo, nos parece y parecerá risible á todo el mundo; no puede comprenderse qué relación puede tener la Sagrada Escritura desfigurada, con que comienza la primera parte, y la especie de salmo con que termina. jQuién es ese Gal)aon del que Salomon heredó la sabiduría? ¿Es posterior á la época del hijo de David la redacción de la ley en el Sinaí? ¿Qué tienen que ver la corrupción y la idolatria del pueblo de Israel, con la masonería? Preguntas son éstas cuyas contestaciones están en el ánimo de todos sin que ninguna pueda favorecer, ni al grado, ni á la órden, ni á la persona que lo inventó. No es la fe una virtud que tan alto pue.sto merezca dentro de una sociedad que tiene la razón por lema, pero aún siendo asi, aunque la masonería jamas se hubiera separado del credo católico, apostólico, romano, seguro es que para enaltecerla pudieran hallarse ejemplos más dignos, más nobles y más elevados que los que el ritualista nos pre- senta. La esperanza, sí bien se mira, no es una virtud, es una condición de la natura- leza humana; todos los hombres la tienen y ninguno la pierde, porque sin ella la vida seria materialmente imposible, y en cuanto á la caridad, única que forma parte esen- cial de la institución masónica, no cabe que un mason se limite á decir de ella las vulgaridades que son conocidas de todos, cabe que nosotros deduzcamos su valor de consideraciones más altas, cuales son todas aquellas que se desprenden de la condición de hermanos que la órden nos asigna. La segunda parte, más que nada parece un salmo, de los que con tanto gusto se recitan de continuo en la iglesia luterana y la tercera no nos atrevemos á decir lo que sea. Expuesta queda y nuestros lectores podrán calificarla: nosotros sentimos única- mente que aparezca en el ritual para contribuir á su desprestigio. Después de la oración expuesta y analizada, sigue la insh-uccion que hace el vene- rabie al neófito y que está concebida en los siguientes términos: «Ale congratulo, her- mano mió, de conferiros el grado de Soberano Príncipe Rosa Cruz, por el cual habéis adquirido el titulo de Perfecto mason. Habréis observado, no sin gran satisfacción, que os'hemos cumplido la promesa de comunicaros los Alisterios de la masonería, á cuyo 200 historia general fin nos vamos aproximando. Es mi deber, por otra parte, recordaros el favor que os acabo de dispensar^ para que os hagais digno de él tratando de ser lo más perfecto posible y de estudiar cuanto podáis, para que seáis útil á vos y á vuestros hermanos. Permita el cielo que nos ayudéis largo tiempo en nuestros trabajos, pues tales son nuestros deseos y esperamos nos recordéis vuestra tierna amistad, debiendo estar seguro de la nuestra. Por la prueba que acabamos de daros y para que podamos lograr nuestros deseos, arrodillémonos y digamos la siguiente oración;—Dignaos Soberano y Grande Arquitecto del Universo, colmar de bondades á esta asamblea. Bendecidla, Señor, y que ántes perezca que infringir ninguna de vuestras santas leyes. Humildemente os pedimos que separéis de nosotros á los profanos y á los impíos, y permitid. Señor, que sólo aquellos de entre nosotros que se hayan justificado, se con- sagren á la obra de perfección que hemos empezado y que podamos distinguir á los justos de los malvados; de este modo unidos por el lazo verdadero del amor fraternal, podremos cimentar eternamente las bases de nuestras asambleas, que son la paz, la benevolencia y la caridad. Sed, pues. Señor, nuestro rey Eterno, inmortal é invisible, nuestro sólo Sabio y verdadero Dios y nuestro honor y nuestra gloria por los siglos de los siglos. Como todos los demás grados, éste tiene también su catecismo, que como vamos á ver responde perfectamente á las ideas que dejamos apuntadas. El diálogo lo sostiene el Muy Sabio y Poderoso Maestro y uno de los hermanos del capitulo. Pregunta . Muy excelente hermano: ¿Sois Rosa Cruz y maestro en la perfecta arquitectura? Respuesta Muy Sabio y Poderoso Maestro: tengo esa felicidad y lo soy en el nom- . bre del Gran Jehová. P. ¿Qué significa qsa palabra? R. El nombre inmutable entre los judíos ó sea la inmortalidad de Dios, cuya pri- mera letra es también la inicial de Jesús, Je, que significa lo pasado, Ho, lo presente, y Vah lo futuro. Este nombre no se puede tributar sino á Dios, que ha sido, es y será. P. ¿Dónde fuisteis recibido? R. En un capítulo donde reina la virtud, la decencia y la humanidad. P. ¿Quién os ha recibido? R. El más humilde de todos. P. ¿Cómo habéis sido recibido? R. Por el agua saludable que mana del mar y tiene su nacimiento en el rio Jordan, emblema y figura sagrada del agua espiritual del bautismo. P. ¿Cómo os habéis presentado en el capitulo? R. Libre de todos mis sentidos y de mi propia voluntad. P. ¿Qué visteis cuando fuisteis introducido? R. Mi alma se conmovió ante el misterio inefable que allí vió: la humildad, la si- tuacion de mis hermanos y el silencio que reinaba, me hizo concebir la idea de lo que iba á aprender. DE LA MASONERÍA 201 P. ¿Qué hicieron de vos en seguida? R. Me hicieron viajar para aprender las tres sendas de nuestro nuevo edificio^ Fe, Esperanza y Caridad. En seguida me condujeron á ios piés de Aquel ante quien todo se humilla. Alli los caballeros me unieron á ellos revistiéndome de sus insignias después de haberme hecho prestar un juramento solemne que hice con el mayor res- peto y sumisión que me fué posible, y con la firme resolución de observar rigurosa- mente todo lo que prometi. P. ¿Habéis estado desnudo? R. Si, Muy Sabio y Poderoso Rosa Cruz, por la imperfección natural. P. ¿Cómo fuisteis recibido? R. Por la triple alianza de la sangre de la que llevo señal (enseña la banda). P. ¿Cuáles son las tres alianzas? R. La primera, es la del Eterno con Abraham por la circuncisión. La segunda, la que hizo con su pueblo én el desierto sobre el monte Sinai, donde Moisés derramó sobre el altar la mitad de la sangre de las victimas con agua por el testimonio de Dios y la otra mitad sobre los hombres con una rama de hisopo por testimonio del pueblo, y la tercera es la que hizo con los fieles por la muerte de Jesús. P. ¿Por qué fué preciso figurarla con la sangre? R. Porque no pudiendo la ley figurarse sino por medio de la sangre, los pecados no habrían sido perdonados sin la efusión de la del Salvador. P. ¿Qué hicieron de vos en seguida? R. Después de haberme revestido con las insignias del dolor, de la tristeza y del arrepentimiento, todos los caballeros y yo, hicimos un viaje que nos volvió la alegría después de haber recorrido caminos escabrosos y oscuros. P. ¿Qué es un francmasón? R. Es un hombre justo y perfecto cristiano, celoso y amigo de las ciencias. P. ¿De dónde viene el nombre de mason? R. De las cruzadas bajo Godofredo de Rouillon, que fué el primer motor de nues- tra órden. P. ¿Qué representa la escuadra y el compás? R. La union del Antiguo y Nuevo Testamento, éntrelos cuales ningún mason pue- de equivocarse ni errar. P. ¿Por qué reverenciamos tanto á Hiram? R. Porque es la segunda persona de la Trinidad que se hizo hombre por nosotros y reedificó la Iglesia sobre las ruinas del templo de Salomon. P. ¿Qué significan las diez urnas? R. Los diez mandamientos. Son también símbolo de la penitencia que nos lava de nuestras imperfecciones. P. ¿Qué representa el altar de los sacrificios? R. El emblema del sacrificio del Salvador. P. ¿Qué significa el altar de los perfumes? R. Un corazón puro ofreciéndose siempre á Dios. 26 É02 HISTORIA GENEHAL P. ¿Qué representa el candelero de siete luces? R. Los siete sacramentos ó los dones del Espíritu Santo. P. ¿Qué representa el santuario? R. Nuestros corazones encerrando los misterios de la ley. P. ¿Qué contiene el arca de la alianza? R. Las tablas de la Ley, lavara de Aaron y la urna llena de maná. P. ¿Qué significan todas estas cosas? R. Los principales misterios de la religion. Los mandamientos de Dios se hallan grabados sobre las tablas de la Ley; la vara de Aaron figura el misterio de la reden- clon y la urna llena de maná un corazón lleno de la gracia de Dios. P. ¿Qué más tenéis en el santuario? R. El triple triángulo representando la gloria del Eterno y que es también el em- blema del misterio de la Trinidad. P. ¿Cuál es el punto perfecto del triángulo? R. Es la segunda persona de la Trinidad que se hizo hombre, porque en ella se reunieron las perfecciones de la primera y tercera. Es también nuestro principio nuestro medio y nuestro fin. P. ¿Cómo se acabaron nuestros trabajos? R. El Muy Soberano y Poderoso Maestro, y todos los caballeros, cruces me cons- tituyeron caballero principe mason, me revistieron en seguida con la gran banda de la órden y su venera de la que me dieron explicaciones; y después de haberme dado á conocer á todos nuestros caballeros cruces, tomé asiento y lugar en el capitulo hacia el Qriente. P. ¿Qué hizo en seguida el Muy Soberano y Poderoso Maestro? R. Una exhortación sobre las virtudes de la órden las ventajas que resultan á aquellos que las observan rígidamente. Hizo después una explicación de nuestros misterios y trató de los asuntos del capitulo, convocó para el siguiente y después de haber pensado en los pobres, en los desgraciados y en las necesidades de los enfer- mos y en el bien general de la órden, cerró el capitulo con las ceremonias de estilo. A pesar de que este interrogatorio nos revela de bien claro modo lo que se propu- sieron los que establecieron este grado, no se alcanza bien, por las personas no ver- sadas en achaque de masonería, lo que pueden representar cuantos símbolos se han aunado en este grado de Caballero Rosa Cruz. En verdad, que esto no puede extrañar ni sorprender á nadie, pues en híbrido maridaje vemos revueltos y amontonados el Nuevo y el Antiguo Testamento con las cruzadas, los útiles que sirvieron primero de distintivo en la órden y los que más tarde ó anteriormente han significado otra cosa, razones que han movido á hacer una compensada explicación de todos ellos que so- metemos al juicio de nuestros lectores. La cruz fué considerada siempre como símbolo sagrado. Asi lo atestigua la más remota antigüedad. Los monumentos durables de Egipto, Siria, Indostan, Persia y las torres budistas de Irlanda son una prueba. Los druidas daban esta forma á un roble que consagraban luégo y también la adoptaban en la construcción de sus templos. de la masonería 203 Los cuatro extremos de dicha figura simbólica, inclinados á las cuatro partes del mun- do, hacen de ella el símbolo verdadero de la naturaleza universal. Cristna espiró en una actitud cruciforme y traspasado de saetas. Asi era como los mejicanos lo reve- rendaban. No obstante, la idea que expresa la cruz en este grado es la misma de los antiguos egipcios. Aparece Thoth ó Phto, representado en los monumentos antiguos llevando en la mano una cruz ansada ó Aukh. La vemos en esta forma en el doble cuadi^o de Shufn y Nho Shufu arquitecto de las más grandes y elevadas pirámides de Waddi Megara en la peninsula de Sinai. Era un geroglifico que significaba vida; y con un triángulo al frente, cosa ó vida creada siendo para nosotros también símbolo de esa vida que emana de la divinidad que es eterna y que esperamos alcanzar mediante nuestra fe y la bondad sin limites del Creador. Consagraban antiguamente ,1a rosa á la aurora y al sol. Era símbolo del alba, de la resurrección de la luz ó renovación de la vida y en tal concepto de la primera auro- ra de la creación y en particular de la resurrección periódica y general. Así es, que si unimos los dos signos anteriores, el de la cruz y el de la rosa, emblema del grado diez y ocho del rito antiguo escoces aceptado, formaremos un símbolo ó gereglifico cuya traducción es esta, «el alma de la vida eterna» lo cual vislumbra nuestra vista y en ella esperan todas las naciones por los méritos de un redentor. El pelícano que alimenta sus hijuelos, es un emblema de la abundancia que nos prodiga la naturaleza de la magnificencia del Redentor hacia el caído de la gracia y de la humanidad y caridad que debe distinguir á un caballero de este grado. El águila es el signo viviente del dios egipcio Mendes ó Menthra, á quien Sesostris- Ransés confundía con Amon-Res, el dios de Teba y del alto Egipto y simbolo del Sol, pues la palabra Re significa Sol ó Rey. Los compases adornados con una corona en la parte superior indican que no obstante el rango elevado de un Rosa Cruz, será equitativo é imparcial en su con- ducta. Varias son las intei'pretaciones que se dan á la palabra Inri que aparece inscrita en la cruz colocada más arriba del asiento del maestro. El iniciado cristiano traduce reverentemente dicha inscripción refiriéndose á la cruz en que murió Jesucristo: Jesús Nazareno, rey de los judíos. Los sabios de la antigüedad velan en esa inscripción la revelación de un gran misterio ó secreto de la naturaleza ó sea la regeneración uní- versal, interpretada de esta manera: Igne^ natura renovatur integra; (el fuego renue- va á la naturaleza entera). Los masones alquimistas ó herméticos formaban con ella este aforismo: Igne nitrwn roxis invenítur; acusándose á los jesuítas de haber hecho de ella la aplicacjon de esta sentencia criminal: Justum necare reges impíos. Las cuatro letras mencionadas son las iniciales de las cuatro palabras hebreas que repre- sentan los cuatro elementos y son las siguientes: Yammin., los mares ó el agua; Mour., el fuego; Ronach.^ el aire y Yebechcah., la tierra habitable ó seca. Según nosotros esta es la acepción más general y en que debe tomarse aquella inscripción. En el lenguaje geroglifico de los egipcios, la cruz ansada significa vida y 204 HISTORIA GENERAL es parte del tipo que representa la palabra Euh, existente; Re, el Sol ó el Rey, Euh-re, el rey que existe ó Dios de la naturaleza. Del mismo modo nos representan á la deidad eterna, la cual es toda luz y vida; y si unimos los dos grandes símbolos, la cruz y el circulo con un punto en el centro, dirán: vida eterna, Dios y naturaleza. La cruz ansada rodeada de una serpiente en forma circular, simboliza la eternidad y la inmortalidad. La batería (consiste en siete golpes: seis primero y el restante tras una pausa) se refiere á los siete dias ó periodos que Dios empleó en la creación del mundo y aquel en que descansó. Las treinta y tres luces, divididas en grupos de once, simbolizan los números sa- grados tres y cinco, pues treinta y tres es igual á tres más tres más cinco multiplicado por tres. La fiesta principal de este grado celebrada el Jueves Santo es conmemorativa de la pascua de los judíos, la cual les estaba mandado que la observasen en los términos siguientes: «El diez de este mes (del primero del año judio) cada hombre tomará un cordero, es decir, uno de estos animales en cada casa; y en el caso de que alguno no pudiere el vecino más inmediato lo hará por él. Vuestro cordero será de un año ó ménos, macho y no hembra y estará sano y sin licia alguna. Lo trataréis de conservar con el mayor cuidado hasta el quince de dicho mes, en que toda la congregación de Israel durante la misma noche comerán de su carne asada sin que quede resto de ella al amanecer y sin romper ninguno de sus huesos, que reduciréis á ceniza en las primeras horas de la mañana del día siguiente. De este modo comeréis: ceñido vuestro talle y calzados vuestros piés y el cayado en vuestra mano; os daréis prisa en comer de él siendo esta la pascua del Señor, la cual no olvidaréis y trataréis de trasmitir á las nuevas generaciones: cuya fiesta queda establecida como precepto entre vosotros para siempre.» Esta fiesta y el pan y el vino que usamos en las reuniones de este grado son para nosotros, símbolos de union y amor fraternal y del perfecto acuerdo y armonía que debe reinar entre los hermanos y Rosas Cruces. Es, pues, el objeto de este grado conservar el recuerdo y testimonio del triunfo de la verdad, sobre la falsedad y la impostura; de la libertad, sobre la tirania; de la luz, sobre las tinieblas; de la vida, sobre la muerte y del bien sobre el mal. La gran verdad que en él se aprende es la siguiente: que á pesar de la existencia del mal. Dios es in- finitamente sabio, justo y bueno; que afinque por ser limitada nuestra razón procede- mos de un modo incierto en la vida, siendo hechuras de El obramos conforme á su propia justicia y son meritorias nuestras obras; que todas nuestra^ miserias é infor- tunios son pequeñas gotas (jue se confunden en el torrente de los siglos guiado por El á un resultado grande y magnifico; que á un tiempo dado ha de redimir y regenerar al mundo y que el principio, poder y existencia del mal terminarán entónces, llegán- dose á este fin por los medios é instrumentos que escoja su voluntad, bien sea por los méritos del Redentor, que ya ha vivido entre nosotros, ó de un Mesias que veremos DR LA MASONERÍA 205 aparecer por su propia encarnación ó por un profeta inspirado^ sobre lo cual no del)e- mos cuestionar ni decir nada, dejando á cada hombre sus creencias. Complemento de cuanto con las formalidades del ritual de este grado se quiere sostener y confirmación de los errores en que abunda, es la plática ó discurso que trasladamos á continuación, con objeto de que nuestra critica pueda ser más fundada. Dice asi: Cuando los sarracenos se apoderaron de la Palestina, con el designio de pro- fanar aquellos Santos Lugares, pareció necesario á los cristianos vindicar tamaña ofensa. Uniéronse los caballeros y salieron en dirección de aquellas playas terribles, las cuales fueron después tan funestas á los cruzados. Los estragos de la guerra, los de un clima abrasador y el fanatismo destructor de los hijos de la media luna, acaba- ron por abatir el número y valor de los cristianos, que pocos y desarmados buscaron su salvación en medio de sus enemigos. Vivian disfrazados entre éstos para escapar con la vida; pero una vez descul)iertos, su desgracia era inevitable. Fué la situación tan cruel para los cruzados que Godofredo de Bouillon determinó en Palestina á fines del siglo XIII, poner la religion de Jesús á cubierto de los ataques de sus enemigos y recurrió al medio fácil y propio de establecer símbolos y emblemas, logrando con tal objeto estimular de este modo la piedad de los cristianos, al mismo tiempo que los libraba del furor y asechanzas de sus perseguidores. Sirvió de enigma y emblema el templo de Salomon, imágen á no dudarlo de la religion de Jesús. La reedificación del uno era la santificación de la otra. Desde entónces tituláronse arquitectos ios maso- lies como arquitectos de la nueva obra, la cual se propusieron llevar á cabo con todo el celo y magnificencia posible. »Razon es esta C£ue convence de que unos mismos son los misterios de la religion de Cristo y de la nuestra; con la sola diferencia de que unas veces se ostenta bajo la forma de una pompa mundana, y ésta es la religion católica, y otras sin galas ni atavíos, y sólo con el sello de pureza y simplicidad del Divino Maestro, y esta es la masonería. Fueron los cruzados de Palestina, constituidos ya en ma- sones regulares, tan escrupulosos en guardar sus secretos y juramentos, como en la elección de aquellos á quienes debían hacer depositarios de sus misterios, limitándose á dar tan sólo al novel iniciado la instrucción simbólica de cada grado, sin añadir explicación alguna. »A ejemplo del Grande Arquitecto del universo, que dividió en seis dias ó plazos la obra de la creación, y descansó el séptimo, los masones de esta nueva órden distribuyeron sus trabajos en siete secciones ó grados, suponiendo haber durado siete años la construcción del templo de Salomon. »Tambien forman los grados que constituyen el total de la masonería emble- mas alusivos al .tiempo que se supone haber empleado el Supremo Hacedor en la construcción, del mundo, no méiios que al progreso cierto y gradual de la razón del hombre. Es, pues, el primer grado de la masonería imágen del caos y de los cuatro primeros días que siguieron á la creación, y en que el candidato representa que sale de un lugar de confusion y tinieblas, y no está ni desnudo ni vestido, al hombre salvaje en el instante memorable en que tuvo lugar la transformácion de la 206 HISTORIA GENERAL nada y apareció la luz, y en que el espíritu de Dios sobre las aguas dijo : «Haya luz y hubo luz,» según el texto hebreo, luz que en el curso de la recepción comunica el venerable de la logia al recipiendario. El segundo dia, en el cual Dios creó un gran cuerpo luminoso, distinto de las tinieblas, está representado por el momento en que el maestro hace acercar al recipiendario, le prescribe la regla de conducta que debe observar en adelante y le hace renunciar á los errores y preocupaciones del mundo profano. Los viajes que entónces hace simbolizan el desvio de las pasiones y progresos del neófito en el camino de la virtud. El tercer dia separó Dios la luz de las tinieblas, creando el sol y los demás astros del firmamento; del mismo modo el venerable de la logia comunica al recipiendario los signos y palabras características de un aprendiz mason, por medio de las cuales se hace reconocer de sus hermanos. El cuarto dia hizo á la tierra producir plantas, árboles y frutos; asi como al neófito se le explica simbólicamente el trazado de la logia, sin demostrársele por entero el sentido de sus alegorías, pues que esto ya es un beneficio que recibe, si bien ele- mental, como todas las cosas en su principio ú origen. En los dias siguientes completó Dios su obra fijando sus leyes invariables y eternas; también terminad neófito en los grados posteriores su educación masónica. Es el segundo grado emblema del deber penoso, pero necesario, que impuso Dios al hombre después de haberlo creado. Le habla formado á su imágen y semejanza, le habla dotado de sabiduría y colocado en la tierra como en un lugar de delicias; pero arrastrado por las pasiones, prevaricó, perdió la gracia y le fué ya necesario vivir á expensas de un trabajo forzado y doloroso. El lugar de su destierro, morada ántes de goces y felicidad, le ofreció después recursos inagotables de subsistencia. Vió que la tierra le brindaba el gormen de riquezas desconocidas, y se consagró á extraerlas y aplicarlas á las muchas necesidades de la vida, según las que él se creaba. Tal es el origen y emblema del segundo grado. El hombre, caído de su inocencia primitiva, se regenera por el trabajo y prepara la abundancia y la civilización á las generaciones que le suceden, imitando con esto el ejemplo del Eterno, que el quinto dia pobló la tierra de animales de toda especie, los cuales habían de ser tan necesarios al progreso y vida de aquel. Habla el sexto día concluido el Señor su obra y el séptimo descansó. Al llegar el iniciado al término de su alegoría simbólica, reposa de su trabajo á semejanza del Eterno. Es el tercer grado de la masonería la expresión de un momento supremo de satisfacción, en que el maestro descansa debajo de una rama de acacia, pasando en este grado el recipiendario de la escuadra al compás, ó, lo que es lo mismo, enseñán- dosele la conducta que ha de observar en'todas las situaciones de la vida, pues en él se le recuerda que en el sexto dia de la creación Dios formó al hombre, revelándole su destino sobre la tierra y su voluntad divina. Se os ha enseñado en el primero y segundo grado á trabajar, como los masones que fueron empleados en la construcción del templo de Salomon, obra perfecta de t)e La masonería 207 arquitectura, imágen del universo, que debéis imitar cuando elevéis los vuestros á la virtud. Dichos trabajos son los siguientes: habéis empezado á desvastar y á pulir la piedra bruta, emblema del hombre salvaje instruido en sus deberes y derechos, y devuelto á la sociedad como un hombre útil. Se os enseñó después á serviros de la escuadra, con la cual debéis medir vuestras acciones como hombres virtuosos. Os enseñó el nivel la union, igualdad y justicia que debéis á vuestros hermanos, y á no aspirar á ser más que ellos, si no es la virtud vuestro estimulo. Debéis haber com- prendido que la regla de conducta que se os prescribe en este momento, os estal)a trazada de antemano. Habéis reconocido la J.-. y la B.'. como emblemas de sabiduría y belleza; proba- doos los ornamentos del templo de Salomon, que todo tiene en el universo relación con el hombre, el cual á la vez debe proporcionar á la sociedad aquellas delicias que for- man su encanto. Las columnas que sostienen los templos masónicos os recuerdan, como ya sabéis, que en vos debe haber sabiduría en la empresa, fuerza en la ejecución y belleza en los ornamentos. Habéis sido testigo en el grado de maestro de la muerte aparente de Hiram, la cual habéis representado en él; porque en este grado suponemos que muere el maestro para los vicios y renace á la virtud, como también en'la iniciación antigua se daba al hombre una lección saludable por medio de la misma alegoría de la muerte y resurrección aparente del astro del día, en las dos estaciones de invierno y prima- vera. Los falsos hermanos que hieren á Hiram son tres de los vicios más perjudiciales al hombre, los cuales les hacen desmerecer á los ojos de sus semejantes; tales son también los tres signos inferiores ó de invierno, en cuyo tiempo aparece el sol ménos animado y resplandeciente. No seria, con todo, exacta la idea que queremos expresar por medio de la muerte aparente de Hiram, si no continuáramos la alegoría de este grado, ó sea la historia de la moral, prescrita al hombre desde el principio del mundo hasta nuestros días. Hiram es entre nosotros el tipo práctico y verdadero de todas las bondades que ha dispensado al hombre el Grande Arquitecto del universo, y en este concepto es em- blema de Jesucristo, segunda persona después del Padre y ejemplo y complemento de toda moral sublime. Los tres golpes que hacen vacilar, caer y morir á Hiram, son las tres sentencias dadas á Hiram contra Jesús por Anas, Caifas y Pilátos, y también los tres padecimientos por los cuales pasó en casa del último: tales fueron los azotes, bofetadas y corona de espinas con que le afrentaron. Los hermanos que rodean al recipiendario dentro del .sepulcro, representan á sus discípulos en una circunstancia análoga. La palabra de maestro, que, según la tradición, se perdió con la muerte de Hiram, hace referencia á la exclamación del Salvador, la cual los judíos no comprendieron: «Elos, Elos, Lama Bachtana: Padre, Padre: ¿porqué me abandonas?» sustituyéndose por respecto á dicha exclamación tres palabras árabes, que forman también las del maestro, y son: M.'. B.'. N.'., cuya traducción es: «El hijo de la viuda ha muerto.» 208 DE LA MASONERIA Estas palabras nos recuerdan al Cristo hijo de Virgen, esposa de Dios. Los tres com- pañeros ó falsos hermanos son en este grado emblema de los judíos que acompañaron á Júdas Iscariote y prendieron á Jesús. El color rojo de las logias escocesas simboliza la sangre derramada por el Salvador. La rama de acacia nos recuerda que era de este árbol la cruz en que murió. La tierra que cubre al supuesto cadáver de Hiram, el santo sepulcro; y los hermanos enviados en solicitud del cuerpo mutilado de su maestro, los discípulos de Jesús, que buscan el de éste para embalsamarlo. El mandil blanco de piel, el sudario en que fué envuelto Jesús. La piedra que cu- bria el sepulcro, y que levantaron los ángeles, el manto que envuelve al recipiendario y que éste abandona al sacarle de la tumba, y el signo de horror que hacen los her- manos al descubrirlo alli, el espanto que los guardias manifestaron con la resurrec- cion de Jesús. La nueva anunciada por algunos discípulos á sus compañeros de tan feliz acompañamiento, el aviso que dieron los maestros á Salomon del descubrimiento de la muerte de Hiram. Poco tiempo después de esto, dió aquel rey á los maestros la palabra que es desde entóneos la sagrada de dicho grado simbólico, la cual por algun tiempo se creyó perdida. Los maestros la recibieron y la han extendido por el mundo, del mismo modo que los Apóstoles predicaron el Evangelio por toda la tierra después de ser inspirados por el Espíritu Santo. Es por tal razón que este grado, considerado por los masones escoceses como el complemento de la perfección, sirve de lazo entre las creencias antiguas y modernas y de expresión al sentimiento moral y filosófico que haría del hombre un sér perfecto, á no ser casi siempre extraviado por las pasiones. Todos nuestros misterios son los mismos que los de la Iglesia católica. Nos llama- mos hermanos porque todos los hombres lo son en Jesucristo, bastando recordar aquel sublime precepto: «Amaos los unos á los otros», para no olvidar que de tal es el dictado con que debíamos conocer á los hombres en general. Toca, pues, á los masones de este grado comprender cuán cierto es que su moral es la predicada por la nueva ley y que sus emblemas son el conjunto de los monu- mentos que atestiguan las creencias antiguas y la fe moderna, sostenidas ambas por la alianza no interrumpida del Creador con el hombre desde Abrahan hasta Jesu- cristo.» Si nuestro intento fuera sólo hacer una obra expositiva, daríamos por terminada nuestra tarea con respecto á este grado; mas cuando desde el principio hemos mani- festado que eran nuestros designios dejar á salvo la institución de las prevenciones que pudieran resultar contra ella, en vista de ciertas prácticas y explicaciones por de- mas extrañas, estamos en el deber de aclarar ciertos conceptos, aunque sin salimos del plan trazado. Nada debemos añadir con respecto á la historia inventada para j ustificar la intro- duccion de este grado en la masonería, pues harto demostrado tenemos ya que nin- guna relación existe entre la masonería y las Cruzadas, y áun, lo que es más, que ninguna pudo existir. Difícilmente se alcanza, como algunos han sostenido, queGodo- fredo de Bouillon fuera el que en Palestina instituyera este grado, pues tal aseveración DE LA MASONERÍA 209 implica desde luégo un error de concepto. Como ya sabemos, no han faltado autores que sostengan que la orden, generalmente hablando, data de la época en que tuvieron lugar aquellas guerras santas, y áun, lo que es más, que fué establecida con motivo de las mismas. Esta opinion, que ya sabemos es errada, podía, sin embargo, presen- tar á primera vista algun fundamento; pero no cabe en modo alguno suponer que aquellos guerreros establecieran grados determinados, como con el de Rosa Cruz pre- tenden. Es, pues, menester desechar toda preocupación y ver en el pomposo titulo de soberano principe Rosa Cruz una de tantas invenciones como el ritualismo escoces ha introducido con objeto de seducir á los incautos. Pero áun esto mismo lo ha hecho con tan poco acierto, que no parece sino que sus flnes eran lograr lo contrario de aquello que manifiesta ser su deseo conseguir. En presencia de la explicación que hace de los símbolos usados por los Rosa-Cruces, no puede creerse otra cosa, y difi- Gilmente se hallarán tantos errores en tan breves lineas. El redactor de la precitada explicación afirma y áun quiere probar que la cruz fué siempre un símbolo sagrado, lo cual es nada ménos que desconocer todo lo que al referido emblema toca. Nunca en concepto de tal lo tuvieron, como dice, ni los egip- cios, ni los asirlos, ni mucho ménos los hebreos: la cruz en la antigüedad, la cruz ántes de que en ella espirara Aquel que entre cruentísimos dolores dió su vida por la regeneración del linaje humano, fué tan sólo un instrumento de suplicio, pero del su- plicio más refinado y cruel, pues es precisamente en el que más se prolonga la agonia del infeliz condenado. Cierto es que donde primero aparece es en Oriente, y áun en aquellas regiones es empleado en nuestros días, como sucede en el Japón. Los anti- guos lo conocieron desde muy remota fecha: que entre los persas era empleado lo prueba suficientemente el siguiente pasaje del padre de la historia (1): «Policrates, sin fijar para nada su atención en los consejos que le daban, se embarcó para ir al en- cuentro de Oretes con muchos de sus amigos, entre ellos el médico Democedo, hijo de Califon, de la ciudad de Cretona, y el hombre más notable de su profesión en .aquel tiempo. Llegado á Magnesia, pereció de una manera miserable é indigna de su rango y de la grandeza de su alma. En efecto: de todos los tiranos que han reinado en las ciudades griegas no ha habido ninguno que en magnificencia pudiera aventajar á Policrates, si se exceptúa el de Siracusa. Oretes le hizo perecer de una manera horri- ble, como fué hacerle desollar vivo y clavarle después en cruz.» También los escitas la conocieron, pero no como símbolo sagrado, según pretende el autor de la precitada explicación, sino como afrentoso y cruelísimo suplicio, según nos manifiesta el siguiente pasaje del historiador Diodoro de Sicilia (2): «Después de estos acontecimientos, la Escitia se entregó á la anarquía; el gobierno fué desempe- nado por mujeres que se distinguieron por su valor, pues entre aquellas naciones las mujeres se acostumbran á las fatigas de la guerra como los hombres, ante los que no ceden en valor. Asi es que muchas de aquellas mujeres se han hecho célebres por sus (1) Herodoto, III, 125. (2) II, 44. 27 210 HISTORIA GENERAL hazañas, no sólo entre los escitas, sino que también en las regiones vecinas. Ciro, rey de Persia, más poderoso que ningún otro rey de su tiempo, habiéndose dqàgido con- tra los escitas con un ejército formidable fué derrotado, hecho prisionero y condenado á ser clavado en una cruz por la reina de aquel pais.» De este género de crucifixion habla la Biblia en el libro de Esdras, VI, 11, y en el de Ester, VII, 9. Es lo más probable que de los persas lo tomaron los griegos que lo usaron también. Entre los egipcios nada hallamos que nos pueda inducir á creer que fuera tampoco símbolo glorioso, sino exactamente lo mismo que en los demás pueblos que venimos examinando, pues el historiador Tucidides (1) asi lo manifiesta claramente. Las autoridades que dejamos mencionadas sirven á la vez para probar que el in- dicado suplicio no es de origen hebráico como algunos han pretendido sin funda- mento, sino que ellos lo tomaron á su vez de una nación extranjera; una prueba más puede aducirse y es la de que el idioma hebreo no tiene una palabra que exprese la cosa tal como ella es, sino que para indicarla se sirve del término Ahalah, que no significa más que colgado, y áun en muchos escritos rabinicos Nuestro Señor Jesu- cristo es señalado por el adjetivo Thalwi^ el colgado. El Evangelio nos hace una pin- tura exacta de todos los preliminares del suplicio, la cual concuerda perfectamente con lo que acerca de él nos dicen los antiguos autores, probándose de esta manera que en la pasión del Salvador no se extremó el rigor, sino que se siguieron en ella los trámites prescritos á tan horrible pena. El condenado á ella tenia que sufrir ántes la de azotes. Quinto Curcio (2) nos dice: «Aunque Alejandro temia que los bárbaros, co- nociendo las escasas fuerzas de que disponía, hicieran un esfuerzo y lo derrotaran, confió en su suerte, é indignado como estaba por la insolencia de Arimazo, le respon- dió que no quería aceptar condición alguna. Arimazo, sin esperanza más que sin fortuna, bajó al campamento con sus parientes y con los hombres más distinguidos de su comarca, pero todos según las órdenes del rey fueron azotados y crucificados al pié de la montaña»; y este suplicio siempre se llevaba ácabo fuera de las poblaciones. Siempre se clavaban las manos, y algunos autores pretenden que los piés sólo se amarraban con una cuerda, investigando otros también, si cuando- se clavaban los piés se hacia con un clavo solo ó con dos, cuestión que áun no ha sido resuelta. Sólo se sabe que los egipcios que, como los cartagineses, empleaban la crucifixion, se limita- ban á sujetar á la cruz los piés y las manos por medio de cuerdas. La muerte sobre- venia después de atroces y crueles sufrimientos, causados sobre todo por la forzada inmovilidad en que habla de permanecer el cuerpo y por la terrible tension de los músculos, á lo que áun tenia que añadirse la sed y el hambre. Este tormento se pro- longaba durante tres dias, si bien los romanos tenían por costumbre dejar expuesto el cuerpo del condenado para que fuese pasto de las aves de rapiña, como lo mani- fiesta Horacio en una de sus odas, en que queriendo manifestar á un esclavo que no (1) I, 30. (2) Alejandro, VII, 11. DK LA MASONERÍA 211 sufriría el tormento, le dice: Non paces in cruce corvos, no serás pasto de los cuervos en la cruz.. Los judíos, por el contrario, descendían los cuerpos de los ajusticiados en esta forma con objeto de enterrarlos, pero después de haberles roto las articulaciones, y si al tiempo de llevar á cabo esto áun quedaba al condenado algun aliento, llevaban la crueldad hasta el extremo de darle á beber vino con el que se fortificara un poco. Este suplicio bárbaro fué abolido por Constantino, sin que después se haya visto aplicar sino en casos muy excepcionales, como, por ejemplo, el de Berthold, asesino de Cár- los el Bueno, mandado crucificar por Luis el Gordo, y el de algunos heresiarcas que sufrieron la misma pena con la cabeza hacia abajo. Asi, pues, debemos concluir que la cruz es un símbolo sagrado sólo por el hecho de que en ella murió el Redentor, y sólo pudo dársele este carácter cuando ex- tendida la religion cristiana la tomó como uno de sus más significativos emblemas, teniendo que ser desechado todo lo que con respecto á ella dice el autor de la explica- cion que rebatimos. Crishna nunca ha sido reverenciado por los mejicanos, como Casard asegura, ni la octava encarnación de Vichnú fué crucificado, sino muerto de un flechazo que le dispararon por error. Crus ansata ó ansacla, como nosotros hemos dicho, no significa más que cruz con abrazadera, con asa para poderla colgar, y ni Thoth ni Phta, dioses de la mitologia egipcia la tienen: el primero, cuyos caracteres áun no están bien definidos, tiene por atributos el disco, la luna creciente y la barca sagrada, y el segundo, ó sea el dios del fuego entre los egipcios, aparece siempre representado teniendo en una mano un cetro augural y en la otra un martillo. Sería sumamente largo el que una por una fuéramos rebatiendo ahora todas las ideas, todos los conceptos que han sido expuestos, tanto en la explicación de los sim- bolos, como en el discurso que hemos trascrito. Por otra parte, semejantes interpre- taciones son tan aventuradas que no vale la pena de que molestemos á nuestros lee- tores, cuando la simple lectura que hayan hecho podrá darles á conocer hasta qué punto son infundadas las versiones apuntadas. Sin embargo, era de todo punto necesario dejar expuestos y aclarados ciertos y determinados conceptos, porque, según ya dijimos, no han faltado autores que, dando al grado en que nos ocupamos una importancia que ni tiene ni la puede tener en rea- lidad, afirman que es uno de los más importantes de la órden y el único del que ha derivado todo. J. G. Buhle, seducido por las apariencias y sin que en su ánimo pu- diera pesar ninguna otra consideración, por cuanto no pertenecía á la masonería, dice «que la órden, hasta el grado de" xnaestro, nada contiene, absolutamente nada de esencial, ni en sus principios, ni en sus ideas, ni en sus máximas, ni en su simbo- lismo, ni en su ritual, que no se halle suficientemente explicado en el grado de Rosa Cruz y en otros escritos posteriores á la Confessio ordínis R.\ Cr . Por todo lo que venimos exponiendo, hay que conceder que, después del período que hemos historiado, la masonería se hallaba en el más grande y completo estado de decadencia. Lo único, puede decirse, que ganó la órden en todo él, fué la admi- 212 historia general sion de los hermanos aceptados ó sean aquellos que no pertenecían al arte de cons- truir y los que, gracias á su más esmerada educación y á su mayor cultura, adquirie- ron preponderancia sobre los demás individuos que pertenecían á la comunidad. No dejaron de hacer investigaciones en los antiguos archivos en que se habían recogido los primitivos documentos; otro tanto hicieron en las bibliotecas y archivos particu- lares, y de este modo, conservando siempre las primitivas tradiciones, dieron nuevo impulso á la asociación, redactando el reglamento de 1663, documento de la mayor importancia en la historia general de la masonería, y el que trascribimos para mayor ilustración, traduciéndolo del texto de Harley, que es sin duda alguna el que mayor fe nos debe merecer. Artículo primero . —Ninguna persona, cualquiera que sea la posición que ocupe, puede ser recibida entre los franc masones, sino existe una logia compuesta de cinco hermanos, de los que uno sea maestro ó inspector del distrito ó circunscripción, y de los que otro forme parte del oficio de los franc masones. Artículo 2.°.—No será admitida en la corporación ninguna persona que no se halle sana de cuerpo, que no sea de buen nacimiento y reputación y que deje de estar sometida á las leyes del pais. Artículo 3.°.—Toda persona que quiera ser recibida entre los francmasones no podrá ser admitida en una logia cualquiera, ántes de haber conseguido un certificado del maestro de la circunscripción ó del distrito en el que se hallen establecidas logias, certificado que el dicho maestro copiará en pergamino para ser fijado á un cuadro destinado al efecto, á fin de dar aviso de todas estas admisiones en la asamblea gene- ral más próxima.- Artículo 4.°. —Toda persona admitida entre los francmasones debe llevar al maestro una nota que indique la fecha de su admisión, para que sea inscrita según su rango de antigüedad y que por este medio todos los individuos de la corporación se conozcan perfectamente entre si. Artículo 5.°.—Dicha sociedad ó corporación será dirigida por un maestro. Los inspectores serán nombrados en las asambleas generales que se celebren todos los años. Artículo 6.°.—No será recibida en la sociedad ninguna persona ni le podrán ser comunicados los secretos ántes que haya prestado el juramento de discreción según la siguiente fórmula: Yo... Fulano... prometo y declaro en presencia de Dios todopoderoso y de mis compañeros y hermanos aquí presentes, que jamas en ningún tiempo ni en ningunas circunstancias, sean las que sean, cualquiera que sea el artificio que con este fin se emplee, publicaré, descubriré ó denunciaré directa ni indirectamente ninguno de los DE LA MASONERÍA 213 secretos privilegios ó deliberaciones de la hermandad ó sociedad francmasónica de que se me haya dado conocimiento ó que se me enseñe en adelante. Que Dios y el santo contenido de este libro me ayuden. Los pocos articulos de que este reglamento consta, son tan claros al par que tan racionales que nada hay en ellos que pueda llamar la atención á los que tengan cono- cimiento de ellos sin ninguna enseñanza previa. Revela desde luégo la precitada ordenanza ser la ley de admisión en una sociedad de la que todos los individuos se han propuesto realizar el hien^ sin recurrir á medios extraordinarios que hagan nece- sarias extrañas formalidades y ritos magnificos que deslumhren. Desposeyéndonos de toda pasión como siempre hacemos, es nuestro deber confesar que la reputación de la masonería en nuestra época sería otra, si en vez de separarse de las tradiciones primitivas que podrían acreditarla^ los que se han ocupado en hacer reformas se hubieran atenido á la linea de conducta observada por aquellos hermanos, esto es, si siempre se hubieran limitado á hacer masonería desechando todo pensamiento que tendiera á otro fin. Las formalidades prescritas en 1663 para la admisión de un hermano en la socie- dad francmasónica, tienen todas perfecto justificativo y son más de encomiar en aquel tiempo en que las disensiones religiosas eran más fuertes y en el que sohreexci- tados los espíritus era mayor la facilidad de hacer sufrir persecuciones. Sobre las ya conocidas y establecidas por reglamentos anteriores, sólo añadieron la indicada en el articulo 3.° referente al certificado que habían de presentar los individuos para que pudieran ser reconocidos y pudiera practicarse información de su conducta, pero no hay en ellas nada que haga alusiones á pruebas ni á ceremonia-s de iniciación que tan prolijas y vanas son en nuestros días. Pudiera chocar el que se halle prescrito en el articulo segundo que no puedan ser recibidos los que no sean de buenas familias y aquellos que no estén sometidos á las leyes del pais; mas estas disposiciones que si bien se miran no hacen más que renovar las Ciue ya existían, están justificadas por el tiempo aquel en que aún no se conocían las reformas introducidas por el derecho moderno y en el que la masonería no había adquirido el carácter de universalidad que hoy tiene. Extrañeza y no poca ha de causar hacer una comparación entre las disposiciones indicadas y las que en el transcurso del tiempo se han dictado con el mismo fin: la crítica imparcial tiene que ser severa, y fuerza nos es trasladarlas aquí para que nuestros lectores queden plenamente convencidos de la verdad de nuestro aserto y puedan apreciar hasta qué punto la masonería se ha apartado de su verdadero é histórico carácter. Desde luégo á las dignidades que el reglamento de 1663 exigia para la constitución de una logia, ha sido necesario añadir dos por causa de las ceremonias de la inicia- cien; el preparador y hermano terrible. Del primero de éstos dicen los actuales esta- tutos del rito escoces en sus artículos 155 á 158: «El experto preparador conduce á los iniciados con la debida cautela al cuarto de reflexiones; los prepara en términos generales para la carrera que van á emprender. 214 HISTORIA GENERAL DE LA MASONERÍA dispone su espíritu á meditar sobre los objetos que los rodean, les entrega las preguntas según el rito, se lleva sus respuestas escritas y firmadas por ellos y las presenta á la logia. »Cuando manda el venerable que se proceda á la iniciación, el preparador vuelve y despoja al iniciando de todo metal, procurando que no sufra pérdida alguna y luégo le dispone en la forma prescrita por el rito para presentarlo en la puerta del templo. »A1 entrar en el templo el preparador entrega el iniciando al hermano terrible en logia escocesa ó á los dos vigilantes si la logia es reformada; luégo con su asistencia los ayuda en sus viajes. »E1 preparador se sienta en logia á la derecha del segundo vigilante.» Acerca del hermano terrible dicen los mismos estatutos en los artículos 159 y 161: «Llámase terrible aquel hermano en cuyas manos el preparador ó los vigilantes abandonan al iniciado después de la entrada al templo, sin que se separe de él ya más hasta que se le dá la luz. El es quien lo guia en los viajes, lo presenta al tribunal, le quita la venda, lo vuelve á conducir al vestíbulo, le hace tomar su vestido, le restitu- ye sus metales de que le habian despojado, lo vuelve á llevar al templo y lo entrega á los maestros de ceremonias al tiempo de la proclamación. »E1 terrible conviene con el venerable en el número y cualidad de pruebas que han de sufrir los iniciandos y dispone las máquinas é instrumentos necesarios al efecto. »E1 lugar del hermano terrible en logia, es á poca distancia del guarda-templo.» Las prácticas sencillas que hallamos consignadas en el reglamento ingles de 1663, que más tarde fué aceptado por todas las logias madres alemanas, y que en su sim- plicidad contiene cuanto era necesario, fueron alteradas también adquiriendo el ca- rácter prolijo y difuso que tiene todo cuanto á la orden se refiere en los tiempos mo- demos. Aplazamos el conocimiento de ellas para el oportuno momento en que nos ha de ser necesaria la traslación á nuestra obra de las ordenanzas, ritos y leyes de la ac- tual masonería. CAPÍTULO XV. La masonería en Inglaterra.—Continuación.—El incendio de Lóndres.—Sus consecuencias.—Actitud de la masonería.—Hombres que se distinguen en aquel momento.—Ahsmole y Wise.—Importancia de ambos. —Esfuerzos realizados en pro de. la órden masónica.—Resultados que consiguieron.—Reuniones de las asambleas generales y particulares.—Jacobo II.—Sus antecedentes.—Su gobierno.—Su Actitud con res- pecto á la cuestión religiosa.—Efectos de su política.—Descontento general de la nación.—Sus resultados. —Favor del monarca ingles hacia la tírden.—Trabajos y maquinaciones del partido contrario.—Amplia- clon para el ingreso en la masonería.—La sociedad alemana de los Rosa Cruces.—Confusion que han hecho algunos entre la citada sociedad y el grado masónico número 18.—Fundador de aquella sociedad.—Sus propósitos, tendencias y desarrollo.—Pretensiones de los sectarios.—Creencias vulgares acerca de ellos y opiniones emitidas por varios autores.—Razones que prueban como la sociedad de los Rosa Cruces no pue- de haber influido para nada en la asociación masónica.—Nueva decadencia de la órden en los últimos años de Jacobo II. OR cuanto desde el principio venimos afirmando que donde con más for- malidad y mejores deseos se ha atendido ai desenvolvimiento de la institución masónica ha sido en Inglaterra, nos parece conveniente seguir T f historiando lo que á ella se refiere en aquel país para determinar luégo lo que en los demás puede haber ocurrido. Establecido y sancionado el reglamento que hemos hecho conocer, el cual acredi- ta de una manera fehaciente que aquellos que los i^edactaban procuraban sostener á todo trance la primitiva tradición que siempre debió ser la base de toda ulterior re- forma, la sociedad siguió avanzando lentamente, si bien sus progresos no podían ser de consideración por no existir causas para ello. Un acontecimiento de todo punto fortuito vino á ser para la masonería razón de movimiento y motivo de ostentación: en 1666 Lóndres sufrió un horroroso incendio que en cinco días devastó casi por com- pleto más de cien iglesias y trece mil casas. Triste y desconsolador era el aspecto de la población, que no podia ménos de resentirse ántes de esto de los efectos product- 216 HISTORIA GENERAL dos en la nación inglesa por las guerras en que se hablan ensañado los partidos po- liticos. Miles y miles de familias se hallaban sin abrigo y sin bogar; pululaban desvalidos por las calles y fácil era preveer que tenían que morir en la indigencia si el auxilio les había de venir sólo del gobierno ó de las empresas particulares. Era entónces venera- ble de la masonería inglesa Tomás Savoye, conde de Rivers, el cual en vista de la po- ca animación que se observaba en los talleres masónicos se había limitado á obser- var una actitud qDasiva„ dada la cual era seguro que la sociedad no podría realizar jamas adelanto alguno. El acontecimiento que acabamos de señalar fué causa de que en el seno de la ma- sonería se agitaran dos hombres de grandísima importancia^ y que con sus esfuerzos y trabajos en pro del bien común, dieron lugar á que la sociedad saliera de la postra- cion en que yacía. Fué el uno Asbmole, que iniciado desde mucho tiempo ántes, había estado retrai- do sin tomar parte alguna, directa ó indirecta, en los trabajos que la corporación realizaba. Desde el momento en que entraron á formar parte del instituto masónico individuos que nunca habian profesado el arte de construir, sino que ingresaban para cultivar los paternales principios que tan intimamente ligaban á los asociados, pocos pueden señalarse de tanto valimiento y de tan extraordinario mérito como el que cita- mos. No han faltado autores que en el afan de negarlo todo^ ó al menos de ponerlo to- do en duda, han rechazado el aserto de que el sabio profesor fuera mason y que como tal tomara parte en las deliberaciones de la órden, pero punto es éste acerca del cual no cabe abrigar la menor duda. El mismo lo confiesa en su diario en términos bien claros y que al propio tiempo explican la razón que puede haber dado lugar á la duda emitida, dice: «Era el más antiguo de los miembros, habian pasado treinta y cinco años desde mi iniciación y á mi lado se encontraban Tomás Wise^ maestro de la so- ciedad de francmasones de Lóndres y siete otros antiguos francmasones. Si grande es la importancia de éste en la historia general de la masonería^ mayor si áun cabe, la de Cristóbal Wren, que en la época en es, que nos ocupamos hizo i'ea- lizar á la órden progresos extraordinarios, si bien es cierto que las circunstancias no dejaron de contribuir á ello. Este hombre notable había nacido en East-Knoyle el año 1632, revelando desde su más tierna infancia prodigiosa actitud para el cultivo de las ciencias físicas y matemáticas, contaba sólo trece años de edad cuando, según di- cen, logró construir un planetario mecánico de suma exactitud; hizo sus estudios en la célebre universidad de Oxford, de la que salió después de recibir sus grados en 1653. En 1658 fué nombrado profesor de astronomia de la universidad de Greshan y sin abandonar los estudios por que tanta predilección manifestaba, logró, gracias á la memoria que redactara en contestación á Pascal, ser considerado como uno de los primeros geómetras de su época; dicha Memoria disertaba acerca de las cuestiones más difíciles en que por entónces se absorvía el mundo científico, cuales eran la rec- tificacion del ciclóide, la determinación de un centro de gravedad y la cubicación de los volúmenes á que da lugar. La demostración de tan profundos conocimientos le DE LA MASONERÍA 217 valió ser ascendido á pi'ofesor de matemáticas de la universidad de Oxford por los años de 1660 y .su admisión poco tiempo después en la sociedad real de Londres, déla que desde entonces fué uno de los miembros más activos; en las actas de esta socie- dad se hallan efectivamente pruebas de su genio; él fué también el que dió exacta so- lucion al problema del choque de los cuerpos, en que tanto se había equivocado Des- cartes. En el año 1665 Wren hizo un viaje á Paris con objeto de aumentar sus conocimien- tos en las bellas artes; volvió á Lóndres al año siguiente, encontrando profundamente alterada la paz de aquella población^ de la que una tercera parte habla sido pasto de las llamas. Ancho y vasto campo presentaba aquella desgracia al ejercicio de su acti- vidad y á la aplicación de sus conocimientos. Dedicóse á los trabajos que eran entón- ees de primera necesidad y dió en primer término un plano para la recoitstruccion de la casa ayuntamiento; en 1668 obtuvo el título de arquitecto del rey y dirigió oficial- mente la reconstrucción de la catedral de San Pablo, en la que empleó treinta y cinco años, así como también un gran número de iglesias, edificios particulares, el palacio Real y el palacio episcopal de Winchester, el hospital de Chelsea y otros muchos mo- numentos que harán imperecedera su gloria. Hombre de irreprochables costumbres, supo aunar indiscutibles méritos, que hicieron de su personalidad una de las más no- tables de su época. Según Anderson, la rapidez con que aquellos trabajos se efectuaron se debe en gran parte á la union y actividad que reinó entre los masones; éstos que, aunque en escaso número, se reunían aún en logias, hallaron lo que, como tantas veces hemos dicho, constituía el primero y principal lazo de union entre los afiliados á la órden en su primera época. Cuando todavía los sanos y rectos principios de la moral cristiana no tenían decididos cultivadores que los llevaran á la práctica, cuando cualquier agru- pación de hombres que se formara tenía que atender en primer término á la propia y particular defensa de cada uno, salta á la vista que la estrecha union reconocida por todos se debía principalmente al trabajo, y bien hemos visto que en aquellos calami- tesos tiempos por que pasó Inglaterra, en los que se devastaba en continuas guerras civiles, la masonería, en el recto sentido de la palabra, la órden ampliada con la ad- misión de los que se llamaron masones adeptos, decayó del prestigio que justamente había sabido rodearse. Con motivo del hecho que acabamos de indicar, las reuniones de las asambleas generales y particulares volvieron á estar en vigor, y tanto es que este nuevo comien- zo de actividad se debe á la necesidad de las obras que tuvieron que realizarse, que aquel que por su genio y conocimientos debió ser reconocido como jefe de ellas por las autoridades, que las mandaban hacer, ingresó en la órden, ofreciéndose con ello el primer caso de un individuo liecho mason de grado superior, sin pasar por los trámites prescritos en las leyes y reglamentos masónicos. Esta afirmación nuestra no la hace- mos en modo alguno con la pretension de que sea creída como articulo de fe, sino que es un resultado de la particular investigación hecha con este objeto y de laque hemos conseguido averiguar la fecha en que fué nombrado gran maestre, pero no aquella ?8 218 HISTORIA GENERAL en que fué iniciado, ni los años durante los que fué aprendiz, compañero ó maestro. Según afirman i'eputados historiadores de la masonería, Cristobal Wren fué nom- brado gran maestre en el año de 1685, pero esta fecha no puede ser admitida, por cuanto su primer acto en el ejercicio de las funciones de aquel elevado cargo se halla consignado en actas de 1691, y áun hay quien afirma que, en defecto de un represen- tante de alto rango que con su nombre honrara la asociación y fuera para ella una garantia, lo eligieron transitoriamente, pues es bien sabido que cuando se constituyó la gran logia de Londres, en la enumeración de los cargos se prescindió de él por com- pleto, sin que hallemos reclamación alguna en su nombre, á pesar de haber sobrevi- vido al acto que señalamos. Inmediatamente después de quedar constituida aquella gran logia regular, los tra- bajos masónicos se normalizaron, pero bien poco pudo durar la esperanza que abri- aún garan algunos de que habia sonado la época de la regeneración masónica, pues los trabajos preliminares no estaban terminados cuando se advirtieron excisiones entre los obreros, que vinieron á ser rèmora á su continuación. Ademas, y para colmo de desdicha, las luchas políticas que en modo alguno se habían terminado, sino en las que los partidos políticos parecían haberse dado alguna tregua, se reanimaron con saña y fueron de nuevo impedimento á la reconstitución de una sociedad de laque antes hubieran podido esperarse preciados frutos. El reinado de Jacobo II, hijo menor del desgraciado Cárlos I, no fué ni más tranquilo ni más honroso para la nación que el de su hermano Cárlos II, al que sucedió, contando ya cincuenta y dos años; parece escrito que la principal causa de las alteraciones en Inglaterra ha de ser la cuestión religiosa, y en efecto, ésta, que lo habia sido de las disensiones que anteriormente hemos apuntado, lo fué también de las que nos vemos obligados á reseñar. Perteneciente á la religion católica Jacobo II, presentaba grave motivo de disgusto al pueblo ingles, que tanta sangre habia vertido por el luteranismo, pero m '^s moral que su hermano, más franco, más leal, pero sobre todo las condiciones de valentia y arrojo que habia probado en las guerras marítimas contra los holandeses, fueron mo- tivo bastante para que sus subditos lo acogieran desde el principio con cariñosa benevolencia, que se aumentó luégo que prometió respetar las leyes y la religion, dando lugar con estos actos á que el pueblo brindara por su salud y á que el parla- mentóse manifestara extremadamente complaciente con él. Bien poco duró esto; antojadiza y poco constante ha sido siempre la voluntad de los reyes, y el que se ma- nifestó los primeros años de su reinado como monarca dispuesto á concluir del todo en con las luchas que desde hacia mucho tiempo tenían destrozada ála nación, se olvidó re- bien pronto de sus propósitos y exigió derechos arbitrarios, recibió indecorosas compensas de la Francia, escandalizó oyendo misa públicamente y alarmó los ánimos de los sectarios de la reforma haciendo conocer su designio de poner en libertad á los negado á prestar juramento, de hacer que, libre la conciencia, cada que se habían y cual profesara el culto que mejor le pareciera. Tales actos causaron no poco disgusto, que se reveló primero con la sublevación deMoumonth, que logró ser ahogada, consiguiendo el rey la victoria, que no dejó ÜE LA MASONERÍA 219 de engreírle más y más, encariñándose con los propósitos que había manifestado. Tanto es asi que sus victorias le engrieron, que, rompiendo de frente con las con- quistas que á costa de tanta sangre habia conseguido el pueblo ingles, sostuvieron sus partidarios que ct rey de Dios ley del rey; aquel parlamento, que no siempre dió prue- bas de la necesaria habilidad, manifestóse entónces también conforme con el carácter que por desgracia tenia acreditado, y asintió humildemente al enunciado sofisma de tan fatales consecuencias políticas, pues tanto valia como permitir que sin su acuerdo se ejecutoriasen las decisiones reales. Los católicos, que basta entónces habían tenido que permanecer ocultos para ejercer sus prácticas religiosas, pudieron hacerlas ya á la luz del día bien á despecho de los protestantes, que jamas pudieran pensar que fue- ran ultrajados sentimientos que con tanto valor habían defendido. Los jesuítas, que ya por entónces estaban tachados de hábiles maquínadores y sútiles conspiradores, pudieron abrir nuevamente sus colegios y se autorizó á los individuos de todas las órdenes monásticas para que pudieran vestir sus hábitos en el desempeño de las fun- clones del culto; se ve, como las tendencias en pro de todo aquello por que se habia combatido, no podían ser más manifiestas. Persistiendo en aquella fatal via, nombró un tribunal compuesto de cuatro obispos católicos para que entendieran de todos los delitos eclesiásticos ; entabló relaciones diplomáticas con la corte de Roma y recibió, á pesar de estar terminantemente prohilñdo por las leyes inglesas, el nuncio que le envió el Pontífice. No faltaron sabios y prudentes consejeros, mas éstos recibieron el pago que acos- tumbran tener los que por un concepto ú otro se oponen á la despótica voluntad de los monarcas; el arzobispo de Cantorbery, que reclamara contra las disposiciones que cohibían á la iglesia anglicana, fué reducido á prisión con gran escándalo de todos, y perseguidos cuantos de cualquier manera se oponían á la ley de tole- rancia. Por entónces ocupaba el solio pontificio Inocente XI, pontífice nacido en Couse en 1611 y que habia sido electo en 1676. Habia sido militar antes de recibir las órde- nes sagradas; tenía perfecto conocimiento del mundo y del corazón humano, costum- bres puras que degeneraban en muchos casos en austeras, y que inició desde luégo su pontificado estableciendo reformas lo mismo en lo eclesiástico que en lo civil. Liberal hasta el punto que podia serlo en aquel tiempo, se señaló, sobre todo, su reinado por las cuestiones tenidas con Francia acerca de la franquicia de los embajadores en Ro- ma; después por el derecho de regalia, y más tarde, en fin, por la famosa declaración del clero de Francia, que consagraba las libertades galicanas y oponía á la infalibili- dad del pontífice los cánones y los concilios, decidiendo que el soberano pontífice no tiene derecho alguno acercado lo temporal, perteneciente á los reyes, y que, por tanto, no puede eximir á los subditos del juramento de fidelidad que les prestan. Este Papa, á pesar de lo favorables que eran á la iglesia católica las determinaciones to- madas por el monarca ingles, comprendió que no podía ménos de dar lugar á quere- lias y disturbios nada convenientes, razón porque le aconsejó que desistiera de come- ter tales imprudencias. 220 HISTORIA GENERAL No paró su atención en tan prudentes observaciones^ sino que por el contrario, con- tinuó cada vez más firme en su propósito de establecer como ley única su absoluta voluntad. Aquellas alteraciones no podían dar estabilidad á su trono y á ello estaba atento el principe de Orange, hijo de María Enriqueta^ nieto de Cárlos I y casado con una hija de Jacobo II. Había favorecido la restauración de los Estuardos y en él en- contraban celoso protector todos los descontentos á causa de las determinaciones de su suegro; compadecía públicamente á los protestantes llamándolos injustamente per- seguidos y esto unido á la enemistad que bien á las claras sostenía con Luís XV, fueron títulos para que en muy poco tiempo el pueblo ingles se inclinara á su favor. En la vida de las naciones lo mismo que en la vida de las sociedades, se dan primero las causas de descontento pero jamas sobreviene la division sin una personalidad que capitanee á la primera fracción. A pesar de sus tendencias y de los encumbrados de- seos que alimentaba en su pecho, habia permanecido en silencio hasta que habiéndole manifestado el rey el deseo de que se adhiriera á la ley que excluía de los dominios ingleses el ejercicio del culto de cualquiera religion que no fuera la anglicana, creyó que habia llegado el momento de hacer pública manifestación de sus tendencias y dió comienzo á ello, declarándose abierta y decididamente favorecedor de los protestantes y auxiliado, como suele suceder en tales casos, más por los elementos que sus enemi- gos le facilitaban con sus errores, que con los medios que por si propio pudo arbitrar y con las dotes naturales que poseía, logró proveerse de dinero en abundancia para pagar numerosa hueste el día que la quisiera. Tarde llegó á ver Jacobo II los progresos que en su contra realizaban los enemigos; cuando quiso poner remedio no era tiempo y todo cuanto intentó sirvió más que para nada, para revelar el temor de que estaba poseído; se limitó á hacer promesas pero sus actos revelaban que no se separaba un punto de la senda fatal por que se habia lanzado. Vahemos dicho que merced al trabajo que hallaran en la reconstrucción de los muchos edificios que habían sido pasto de las llamas, la sociedad de los francma- sones habia reanudado sus trabajos vigorizando los estatutos y reglamentos que tanto se hablan dado al olvido. Pero cuando esto sucedía y como si fatalmente estuviera prescrito que la marcha de la sociedad había de encontrar á cada paso obstáculos vio- lentos, no el rey, pero si algunos de los que formaban su séquito y de los que más le influían en contra del protestantismo, fijaron sus miradas en la masonería y advir- tiendo, como no podía ser ménos, las tendencias liberales de esta asociación, dieron motivo á que se interrumpieran de nuevo los lazos que entre si habían logrado ya tender los obreros. Considerando atenta y separadamente todas las causas que en las distintas épocas pueden haber dado lugar á persecuciones más ó ménos violentas, justo es que seña- lemos que en su mayor número han dependido de los celos despertados en lbs poderes civiles, pero á fuer de historiadores imparciales debemos consignar que en más de una ocasión los mismos masones han contribuido á su propio mal, realizando actos que, buenos en el fondo, los hacían sin embargo sospechosos. Apénas hablan logrado reu- nirse de nuevo al amparo de los principios que formaban el fondo de su credo, recien DE LA MASONERÍA 22 constituida la logia de San Pablo^ comenzó á apuntar el deseo de la fantasmagoría que ya tantas veces hemos censurado y comenzaran á practicarse ritos que no podian dejar de llamar la atención. En medio de aquellos disturbios políticos que hacían im- posible de todo punto un progreso ó desarrollo normal^ los masones parece que de- bian haber atendido más al objeto principal de su instituto^ que á las formalidades externas y á las luchas entabladas entre distintos poderes de la ói-den. Durante mucho tiempo la órden no habla tenido en Lóndres gran maestre; hacía quince años que no se celebraba ninguna de las solemnidades masónicas en las que la voz de los oradores eleva el ánimo y despierta la conciencia recordando los princi- pios y los deberes^ avivando el celo y estableciendo nuevos lazos que cada vez unían más estrechamente á los individuos afiliados; sólo cuatro eran las logias existentes en la capital dsl reino unido de la Gran Bretaña y éstas obedecían á la constitución dada por la gran logia de York, después que ésta obtuvo la primacía que con tanto empeño le disputara la de Kilwinning. Guando por las razones que hemos expuesto desapare- ció la tibieza en que habían permanecido los individuos, atendiendo á la importancia de la población, al considerable número que formaban y tal vez a la necesidad de la mayor proximidad de supremos poderes, pensaron constituirse en gran logia, deseo que no podía ser en manera alguna del agrado de los que constituían la de York. Sin embargo este paso trascendental no se dió desde luégo, y pasaron los revueltos y agitados reinados de Guillermo III y de la reina Ana, sin que la masonería, según el mismo Preston confiesa, hiciera progreso alguno. Antes al contrario decayó notable- mente hasta el punto que reducido el número de los hermanos, y comprendiendo que al paso que se iba no pasaría mucho tiempo sin que las logias quedaran desiertas, los pocos que quedaban acordaron tomar una determinación para evitar tan grave mal, la cual fué redactada y publicada en los términos siguientes: «En adelante los privile- gios de la masonería no estarán reservados sólo á los obreros constructores, como viene sucediendo hasta aquí, sino que se extenderán á toda clase de personas, cual- quiera que sea el estado á que pertenezcan y que quieran formar parte de ella, siempre que estén debidamente presentadas, que sea autorizada su admisión, y que se hayan iniciado de una manera regular.» A partir de esta época, luégo que las causas determinantes de las anteriores altera- clones hubieron desaparecido, la masonería, si bien muy poco á poco, comenzó á extenderse á vigorizarse y á adquirir los caracteres que tan recomendable la hicieron. Al comenzar el siglo xvm, los restos de las antiguas logias de construcción llevaban una vida harto trabajosa; los obreros, una vez terminados sus trabajos se hablan dis- persado y los talleres quedaron desiertos, pero causas que de todo punto no han podido determinarse, influyeron en la revivificación que vamos á historiar. No pocos autores la achacan á la sociedad de los Rosas Cruces no en la acepción que este término tiene masónicamente hablando, sino por la sociedad que, formada de cultivadores de las ciencias ocultas, apareció en Francia y Alemania durante el siglo xvii. La Rosa y la Cruz, forman como hemos dicho los elementos simbólicos de un gra- do masónico de los introducidos por Raansy, y nos es necesario hacer esta aclaración 222 HISTORIA GENERAL para evitar la confusion que pudiera resultar. Los Rosas Cruces á que nos vamos á re' ' ferir deben su nombre á Cristiano Rosenkreus^ individuo cuya existencia histórica no ha podido ser determinada, por lo que hay más de un motivo para suponer que sea un personaje imaginario y al que se cree fundador de la secta indicada y que no pocos creen ha determinado grandisirna influencia en la masonería, razón porque nos ocupamos de ella. El carácter de esta asociación fué siempre misterioso, sin que ni aun en nuestra época lo haya dejado de ser: cuando pasaba por ser poderosa nada se sabia acerca de ella y ménos áun se conoce hoy que ha desaparecido, á pesar de las hábiles y dete- nidas investigaciones que ha practicado nuestro siglo con respecto á toda clase de misterios. Parece, según afirman, que uno de los artículos de sus estatutos prescribía que acerca de la sociedad y de las prácticas que ejercía, se habían de guardar el más profundo secreto durante ciento veinte años; ha pasado este plazo, ha transcurrido con el doble, y sin embargo no se han disipado las tinieblas ni la sociedad ha salido del misterio. Los Rosa Cruces afirmaban que eran invisibles y si desde el punto de vista material esta aseveración no puede ménos de dar lugar á risa despiadada, es lo cierto que invisibles y mucho lo eran moralmente considerados; afirma René Descartes que excitada vivamente su curiosidad por esta secta y sus misterios, practicó en Alemania las más activas investigaciones y el más escrupuloso registro en el tiempo que todos hablaban de ellos sin que consiguiera encontrar una persona que le confesara pertene- cer á la indicada secta. Por esto cuanto acerca de ellos se ha dicho son puras conjetu- ras y el trabajo de los eruditos que se han ocupado de estas cuestiones se ha tenido que limitar á recoger lo que se ha dicho de una parte y de otra, á deducir conclusio- nes de relatos de muy distinta índole, llegando á determinar que la misteriosa asocia- clon de los Rosa Cruces era á la vez cabalística, alquimista y teosòfica, pero que se hacían pasar como alquimistas y magos tal vez sólo para ocultar su atrevimiento de libres-pensadores, que en aquel tiempo les hubiera costado bien caro. Acerca de la for- macion de esta sociedad la leyenda más admitida es la que circulaba á mediados del siglo XVII y es la siguiente: Hacia fines del siglo xiv un aloman llamado Cristiano Rosenkreus, que por entón- ees contaba veinte años, ávido de saber y deseoso de adquirir los conocimientos de que en Oriente había escuela y no en ninguna olra parte, se encaminó hacia Damasco y re- cibió allí lecciones de afamados filósofos, que le enseñaron cosas extraordinarias. Hizo ante ellos lo que llamaríamos hoy una confesión general, les refirió los más íntimos acontecimientos de su vida pasada, y con gran sorpresa por su parte, dijéronle que no les cabla la menor duda- de que él era el autor á quien esperaban desde hacía mucho tiempo y el que según predicciones recibidas, había de llevar á cabo una reforma ge- neral en el mundo. En esta convicción no tuvieron inconveniente alguno en comuni- carie una parte de los secretos que poseían desde hacia mucho tiempo y con los que se había de poner en disposición de realizar los altos ñnes que le estaban encomen- dados. Según la tradición á que nos atenemos, después de permanecer muchos años DE EA MASONERÍA 223 entre aquellos iluminados, el futuro reformador pasó á Marruecos, donde residió otra temporada, y fué de alli á Fez, sirviéndole estos viajes para adquir extensos conocí- mientes en la cabala. Considerándose apto ya para comenzar á cumplir la misión que le hablan encomendado, dejó las costas africanas, y se trasladó á España, donde quería hechar los primeros cimientos de la trascendental obra con que soñaba. Rara vez, ó mejor dicho nunca, han encontrado amparo en nuestro pais los refor- madores de cualquier género que hayan sido: bien probado tenemos esto en nuestra historia yáun lo que es más, que siempre, cuando pudieron, nuestros antepasados cohi- bieron al genio, obligándole á dejar el suelo en que había nacido y trasladarse á en- grandecer la historia de otras naciones. El apego que en todo tiempo se reveló entre nosotros hacia lo tradicional y rutinario ha sido una rèmora de tal magnitud, que áun hoy sentimos las fatales.consecuencias. Sabios filósofos y genios profundos desprecia- dos ó perseguidos, han tenido que refugiarse en extranjeros países para dar campo á las grandes ideas que bullían en sus cerebros; españoles de gran valia vemos espar- cidos durante los siglos xv y xvi por toda Europa, asombrando con los profundos co- nocimientos que poseían, y buena prueba de ello es, que cuando en las universidades nacionales casi no tenían cultivo más que las ciencias eclesiásticas y las jurídicas, pero éstas sin más elevación de la que tuvieran en tiempo de los emperadores, iban á ex- plicar ciencias profanasy todas las demás ramas de los conocimientos humanos. Vives en Oxford, Vega en Wilna, Ruiz Moro en Cracovia, Valencia en Dolingen, Pisa en In- golstad, Virués, Nogueras y Santotis en Viena, Laguna en Colonia, Soto en Truchses, Perpiñan en Lion, Arias Montano en Ambéres, Castro en Brujas, Antonio Pérez, Con- zaga, Murillo y Salmerón en Lovaina, y en Paris, tan orgulloso hoy de su profesorado, desempeñaron catédras y dejaron glorioso nombre, los Vives, los Silicios, los Ola- ves, los Goleas, los Gélidas y los Maldonados. Cuando por distintas razones que no son del caso enumerar ahora, obligamos á nuestros sabios compatriotas á que fueran á derramar el caudal de sus conocimientos fuera de su país, poco extraño que áun dándole realidad histórica, fuera rechazado de España él iluminado fundador de la so- ciedad de Rosa-Cruces, como la tradición afirma. Obligado á regresar nuevamente á su pais, hizo participe de sus secretos y de sus conocimientos filosóficos á tres discípulos, hecho lo cual se encerró en una cueva, viviendo alli sin ver á persona alguna ni hablar con nadie, hasta la edad de ciento seis años, fecha en que murió y que hace, coincidir con el año 1484. Una vez enterrado, su tumba debia permanecer ignorada de todos, hasta que llegara el tiempo de revelar dónde se encontraba, pero una casualidad por nadie preparada hizo que algunos pe- netraran en la gruta, donde una luz vivísima iluminaba el sepulcro de Rosenkreus; esto coincidió con la fecha preestablecida, la cual coincide con el año de 1604. Alli, sobre un altar, habla colocada y grabada en ella la siguiente inscripción: «Vivo me he reservado para sepulcro esta reducción de luz.» Habla ademas cuatro figuras, cada una de las que tenia un epígrafe de los siguientes: «Jamas vario; el yugo de la ley; la líber- tad del evangelio; la gloria de Dios completa;» viéndose ademas lámparas ardientes, campanillas, espejos de varias formas y libros de varias clases, entre los que se halla- 224 HISTORIA GENERAL ban el diccionario de las palabras de Paracelso y el Microcosmos del mismo autor. En una de las paredes se lela: «Después de ciento veinte años seré descubierto.» Esta leyenda, en cuyo fondo se advierte bien poca verdad, se halla consignada en la obra Fama fraternitatis Rosee Crucis, publicada en Alemania hacia el año de 1613 el sabio escritor Juan Valentin André, nacido en Heremberg en 1586, y al por que se considera como fundador ó reorganizador de la orden de los Rosa Cruces. Pretenden algunos escritores que esta obra era una simple mistiflcacion, pero á pesar de todo fué considerada como digna de entero crédito, y de ella se tomaron los elementos para formar la historia verdadera del origen de la sociedad que nos ocupa. Afirman no po- cas autoridades, que esta sociedad secreta fué una tentativa ó ensayo que practicaron algunos hombres de saber é instruidos para establecer entre si íntimas relaciones y poder trabajar sobre cada uno de los puntos que componían el programa, redactado de antemano, para procurar el progreso de las ciencias y de la filosofia. Desde este punto de vista, y aplicando la frase en el sentido general que por algunos se le ha da- do, los Rosa Cruces constiuirlan una masonería liberal, pero con un credo tan restrin- gido como el que puede deducirse de los principios que cultivaba. El natural temor que en aquel tiempo debía causarles despertar sospechas que les atrajeran persecuciones del poder temporal ó del espiritual, explicarla, en el supuesto dicho, la necesidad en que estaban los congregados de rodearse del misterio, de llegar hasta á declararse invisibles, de no tener lugar alguno de reunion que fuera conocido del público y de esparcir acerca de ellos las más aventuradas leyendas. Todo inclina á creer que la sociedad de los Rosa Cruces fué una de tantas asocia- clones secretas como en la Edad Media existieron, pero que en nada puede ser consi- derada ni como precedente, ni como rama de la masonería, que todos conocemos y que estamos historiando. Importa, sin embargo, conocer á fondo cuanto acerca de ella se ha dicho, para que los campos queden perfectamente deslindados y no quepa con- fusion entre el Rosa Cruz de las novedades solemnes y el grado masónico número 18 del rito escoces aceptado, y nos urge esto por cuanto aparece una y otra en caracteres tan distintos, como son los de partir el primero de una especulación científica y arrañ- car el segundo de un trabajo material. Con respecto á los Rosa Cruces, que nos ocupan, se cuenta que, en un principio se reunían en número de ocho, sin que ninguno hubiera faltado para nada á la castidad, en una capilla que se llamaba del Espíritu Santo; en ella se distribuían las funciones que cada uno debía llenar y las comunicaciones que debían dirigirse á los recien íni- ciados. Para ingresar en la sociedad, se exigia juramento de fidelidad inviolable, y también se exigia por la misma forma hacer impenetrable el secreto de los her- manos. ■ Mucho se ha discutido y aventurado acerca de lo que constituía este secreto, y están acordes los más en afirmar que versaba sobre cuatro puntos principales: la trasmutación de los metales, el arte de prolongar la vida durante muchos siglos, el conocimiento de lo que ocurre en cualquier lugar apartado, la aplicación de la cávala y de la ciencia de los números al descubrimiento de las cosas más ocultas. Los articu- DE- LA MASONERÍA 225 los que se conocen, y que se pretende sean los que constituían las reglas de esta so- ciedad, son los siguientes; 1.° Ejercer la medicina caritativamente y sin recibir de nadie recompensa alguna. 2." Vivir según los usos y costumbres del pais en que habitara cualquiera de los congregados. 3.° Concurrir por lo ménos una vez al año al lugar en que se celebrara la asamblea general. 4." Escoger cada uno ántes de la hora de su muerte, un sucesor capaz de ocupar su puesto y de representarlo dignamente. 5.° Tomar las necesarias precauciones para que si su fallecimiento ocurría en pais extranjero, nadie pudiera saber el lugar de su sepultura. 6.° Tener á la asociación en el más profundo secreto durante ciento veinte años y creer firmemente que si faltaba podria ser reintegrada al sepulcro y monumento de su primer fundador. Los Rosa Cruces afirmaban: 1." Que estaban destinados á realizar el restablecimiento de todas las cosas á un estado mejor, ántes de que llegara el fin del mundo. 2.° Que en cualquier Tugar en que se encontraran, conocian mejor las cosas que ocurrían en el resto del mundo, que si estuvieran presentes. 3." Que no estaban sujetos ni al hambre, ni á la sed, ni á la vejez, ni á las enfer- medades, ni á ninguna otra incomodidad de la naturaleza. 4.° Que conocian por superior revelación á los que eran dignos de formar parte de su spciedad. 5.° Que poseían un libro en el que podían estudiar y llegar á saber todo lo que es- tá en los demás libros, hechos ó por hacer. 6.° Que habían hallado un idioma para poder expresar la naturaleza de todas las cosas. 7.° Que gracias á ellos sería destruida la tiara del Papa. H." Que confesaban libre y públicamente sin temor alguno que el Papa era el An- tecristo. 9." Reconocían al emperador de los romanos por jefe suyo y de todos los cris- tianos. 10. Que ellos le proporcionaban más oro y plata que el rey de España habla po- dido sacar de las Indias tanto Orientales como Occidentales, máxime cuando sus teso- ros eran inagotables. 11. Que su colegio, al que ellos llamaban del Espíritu Santo, no podia sufrir ningún ataque áun cuando cien mil personas lo hubieran visto y advertido. 12. Que tienen en sus bibliotecas muchos libros misteriosos de los que uno, el que les es más útil después de la Biblia, es el mismo que tenia en la mano derecha después de su muerte, el reverendo padre iluminado Rosa Cruz. 13 y último. Que están ciertos y .seguros de que la verdad de sus máximas debe durar hasta el último periodo del mundo. 29 226 HISTORIA GENERAL Los Rosa Cruces pasaban por hacer tantos milagros como querían; se les atribuía la cura de las enfermedades ante las que la ciencia se había declarado impotente y hasta la resurrección de un rey de España que había muerto hacia seis horas. Lo más maravilloso del caso es^ que curaban sin medicina alguna^ empleando sólo la oración y el esfuerzo de la propia voluntad. Según ellos, un verdadero Rosa Cruz no tenia más que mirar á un enfermo, cualquiera que fuera la índole de su padecimiento, y en el instante quedaba curado; en lo que por entónces se llamaba filosofía bermética y que más propiamente podemos llamar hoy ciencias ocultas^ afirmaban haber llegado á resultados verdaderamente maravillosos; poseian la piedra filosofal y podían hacer cuanta plata y oro quisieran. A pesar de todo esto es lo cierto que si las tenían nunca quisieron explotar tan maravillosas fuentes de riqueza, pues harto pobres eran y fue- ron siempre los individuos de la asociación de Rosas Cruces y bien difíciles las condi- clones de la miserable existencia que arrastraban. Pero el vulgo, dispuesto siempre á ver prodigios y maravillas en aquello que desconoce, persistió en verlos poco ménos « que como séres sobrenaturales y se negó á dar oídos á las invectivas de que fueran objeto desde un principio. • Donde más prosélitos logró bacer esta secta, en que ban visto algunos un prece- dente de la masonería actual que historiamos, fué en Alemania, extendiéndose luégo por todas las demás naciones de la Europa civilizada; en Inglaterra tuvo por repre- sentante al célebre médico de Londres Roberto Fludd, hombre muy sabio y no- tabilisimo escritor, que abrazó con verdadero entusiasmo aquella sutilísima teosofía y que dando mayor extensión á sus principios de la que hasta entónces habian tenido, los aplicó á todas las ramas del conocimiento humano; mas esto no obstante, Fludd parece que no se apartó líunca de los principios en que está basada la verdadera religion cristiana. Donde ménos sectarios hubo fué en Italia y en España; en Francia se habló de ellos á los diez años después que habian comenzado á hacer ruido en Alemania, esto es, hacia los años de 1625, pero cuanto acerca de ellos se refiere parece más que nada, una novela; cierto dia pudo leerse pegado en las esquinas de Paris el siguiente pasquín: «Nosotros, diputados del colegio principal de los hermanos de la Rosa Cruz, haremos permanencia visible é invisible en esta ciudad, por la gracia del Todopode- roso hacia el que se dirige el corazón del justo. Nosotros enseñamos á hablar sin libros ni otros medios algunos, á expresarse en todos los idiomas de los países en que queremos estar para sacar á los hombres, nuestros semejantes, del error y de la muerte. Si alguno tiene ganas de vernos, sólo por curiosidad, jamas podrá satisfacer sus deseos, pero si la voluntad de él le lleva realmente y de hecho á inscribirse en los libros de nuestra sociedad, nosotros, que podemos juzgar de los pensamientos, le haremos ver la verdad de nuestras promesas, de tal modo es esto cierto que no indi- camos el lugar en que actualmente nos reunimos, porque los pensamientos juntos con la voluntad real del lector, serán bastantes para que podamos nosotros conocerle áél y él á nosotros.» La sociedad de los Rosa Cruces fué objeto de caricaturas y sangrientas burlas. DE LA MASONERÍA 227 llegándose hasta hacer representaciones cómicas en los teatros^ cuyo principal objeto era zaherirla y escarnecerla. Esto no obstante, los jesuítas, más celosos entonces que ahora, se creyeron en el deber de atacarla seriamente y los padres Robert y Gautier lo hicieron en términos impropios, dado que la cosa en sí no valía la pena de ser toma- da en serio. Con más dura saña y con más atraviliario espíritu, fueron atacados por el padre Francisco Garane^ célebre por sus escéntricas salidas, por sus invectivas y más que nada por la exageración de sus gestos; dedicado más que á otra cosa á lo que podríamos llamar propiamente redacción de libelos, no dejó de atacar nada de aquello que creia ser contrario á la religion y á su órden; atacó á los poetas, á los filósofos, á los reformadores^ á los jurisconsultos, sin que en su afan de polémica respetara ni aún á los muertos; necesariamente, el batallador jesuíta, no podía en manera alguna dejar de ocuparse de la secta en cuestión, y lo hizo en su obra titulada; «Doctrina cu- riosa ele los talentos de estos tiempos;» mas es necesario confesar, que, más favorecía que perjudicaba á la causa que quería atacar, por el poco peso de sus razones y las doctrinas injuriosas en que las envolvía. El tiempo, que es el único que aclara y pone de manifiesto lo que hay de verdad en las cuestiones, hizo más en contra de los Rosa Cruces que las burlas y las veras con que hablan sido atacados. Poco á poco el ruido que habian hecho se extinguió no sólo en Francia sino que también en Alemania, llegando el caso de que se dudó hasta de la existencia de la sociedad y de que no pocos se manifestaron avergonzados de haber dado crédito á cosas que ningún fundamento tenían. Posteriormente se ha tra- bajado mucho para determinar con exactitud que es lo que había de cierto en aque- lia sociedad y en qué consistían su credo y sus estatutos; según Figuier se hallaban dedicados única y exclusivamente á doctrinas religiosas y morales, pues según este afamado autor, todo lo demás de su programa, incluyendo hasta la tramutacion de los metales, era muy secundario; sus ideas desde el punto de vista religioso y moral pue- den reasumirse en breves frases: los Rosa Cruces anuncian que se aproxima el fin del mundo y que el Universo sufrirá una reforma general, de la que ellos se consideran como agentes predestinados. Pero como preludio de esta gran restauración deben co- menzar por llevar á cabo una del mismo órden en la religion y en la moral, sin preo- cuparse apenas de sus títulos ni de la Cruz, ni de Jesucristo, ni de la Biblia, de lo que sin embargo, ellos hacen derivar todas las ciencias. La verdad es, que en religion, los Rosa Cruces eran verdaderos libre pensadores que se creían y debían creerse superio- res á toda "revelación por cuanto pretendían comunicarse con Dios mismo ya sea di- recta ó indirectamente, por medio de la naturaleza. Excusado nos parece manifestar el error que implica la confusion que han hecho muchos de la asociación masónica tal como debe entenderse y de la misteriosa socie- dad de los Rosas-Cruces. Como acabamos de ver, esta sociedad estaba compuesta de individuos cuyos fines no se han podido determinar, pero de suposición en suposición se ha llegado á concluir que eran sus miembros hombres ávidos de saber lanzados en las inciertas vías con que por entónces contaba la ciencia. Cierto que sus formas son extrañas y raras, mas no hay que perder de vista que las influencias de la épo- 228 HISTORIA GENERAL ca no podían ser ajenas á cualquier corporación que por entonces se estableciera. De la misma manera que hay que negar toda semejanza y parecido entre una y otra, forzoso nos es también hacer lo mismo con la supuesta influencia que muchos han aseverado. Venimos viendo de una manera clara y palpable el camino seguido por la masonería, los progresos que esta institución realizaba, las miras en que estaba fija, los propósitos á que tendia, y ninguno de estos puntos principalísimos, podia ser influido por un instituto dedicado á puras especulaciones cientiñcas. Tal vez muchos se hayan sentido inclinados á determinar esta influencia en vista del igual enunciado que tomaran la sociedad alemana y el grado masónico número diez y ocho, pero ni áun esta igualdad en los títulos puede dar fundamento á ninguna suposición, por cuanto ya hemos visto la inverosímil explicación quedan los rituales acerca del grado y el origen del nombre que tomaran los iniciados alemanes, derivado puramente del nombre de aquel á quien tienen por fundador. Prosiguiendo, pues, nuestro estudio, una vez desechada toda ingerencia de ele- mentos que no sean reconocidamente masónicos, hemos dicho hasta qué punto había decaído la sociedad que historiamos en los últimos años del reinado de Jacobo II, y trascrito la opinion de Preston, según el cual, el número de las logias había quedado reducido á cuatro. La situación no podía ser más lamentable, y juzgando por las apa- riendas hubiera podido decirse que la masonería tocaba á su fin; pero hay una nece- sidad práctica que en todo tiempo ha sido el verdadero sostén de la órden. Por agitado y revuelto que se halle el espíritu de los hombres, por grande que sea la misantropía que en el corazón se sienta, siempre tiende á la sociabilidad, siempre procura la com- pañia, por más que escarmentado una vez y otra y otra procure rodearse del mayor número de garantías, y éstas, en verdad que no puede hallarlas en ninguna otra parte que no sea en la sociedad de que nos ocupamos, cuya base primera y principal no es otra que el sentimiento de la fraternidad en su más lata acepción. Y esto mismo ha sido tal vez causa eñciente de que, pocos ó muchos, la masonería haya tenido siem- pre prosélitos, y de que hacia ella hayan vuelto los ojos toda clase de hombres, en su anhelo de procurarse un bienestar relativo y proporcionárselo al propio tiempo á sus semejantes que viven con él en sociedad. Lamentable era, como hemos dicho, el estado y situación de la órden durante los últimos años del reinado que venimos de historiar, pero el aspecto de las cosas cambió muy notablerhente al subir al trono Jorge I. Hemos dicho, y nos vemos obligados á re- petirlo, que el desenvolvimiento de la historia de la masonería está tan intimamente ligado con el de la historia civil y.política de los pueblos, que no es posible llegar al conocimiento de aquélla ignorando el de ésta, y áun debemos señalar otro fenómeno histórico de gran importancia, muy poco en armonía con el concepto que general- mente hay formado. No son pocos los que suponen que la masonería ha logrado mayor desenvolví- miento y prestigio en las épocas de agitación y de trastorno por que han pasado los pueblos; mas no es asi lo cierto: los que de tal modo opinan, confunden lastimosa- mente á la masonería con otras sociedades secretas y clandestinas que han maqui- DE LA MASONERÍA 229 nado en la sombra por un ideal determinado y concreto, por un ideal del momento, digámoslo asi, pues no de otro modo podemos llamar á las asociaciones de conspira- dores políticos que, fundadas las más en miras puramente personales, se desvanecen luégo que los asociados las ven satisfechas, ó lo que es lo mismo, luégo que cada uno consigue para sí aquello que más deseaba. La asociación masónica no podía proceder de esta manera en modo alguno; su objetivo es siempre perenne, sus fines no se verán cumplidos jamas por completo, pues en tanto el mundo sea mundo, habrá hombres que instruir y víctimas que socorrer; por esto mismo, para su mayor esplendor le son necesarios los días venturosos de la tranquilidad y de la paz en los pueblos, que en- tónces, calmados los espíritus, tienen lugar para atender á la cultura del espíritu y calma para socorrer las necesidades que ven á su alrededor. Aunque á grandes rasgos, por no ser ese el objeto principal de nuestra misión, he- mos estudiado las principales alteraciones por que pasó Inglaterra en los últimos si- glos, señalando la marcha lenta y laboriosa de la masonería en aquellos periodos por las indicadas razones. Cuando más próxima parecía á su fin, renace la tranquilidad en el interior del país y sube al trono de tan gran nación,' en 1714, Jorge 1, hijo de la reina Ana, monarca al que la suerte ayudó no poco, si bien tenia de su parte la pru- dencia y el tacto necesarios para conducir de buen modo la nave del gobierno, que tan fuertes temporales había tenido que correr en los años anteriores; hábil politico, orga- nizó un tanto el agitado interior de su pais y derrotó en el exterior á los que le ataca- han, estableciéndose así un órden que bacía mucho tiempo debían echar de ménos los ingleses. En estas condiciones, no faltaron individuos que, cansados de las estériles luchas anteriormente sostenidas, cansados de aquellas rivalidades que amenazaban hacerse eternas, buscaron un campo neutral dentro del que pudieran entenderse todos y pro- curar asi la realización de trabajos más útiles y provechosos que los destructores á que hasta entonces habían estado dedicados. Ademas de esto, los que áun conserva- ban la calificación de masones aceptados y que, como sabemos, eran los ingresados en la órden sin pertenecer al arte de la construcción en ninguna de sus ramas, llega- ron á temer que al paso que iba, la masonería cayera en completo olvido, desapare- ciendo para siempre, pues desde hacía mucho tiempo no se celebraban asambleas, ni tenidas, ni fiestas, ni ceremonia alguna que pudiera servir para levantar los ánimos y encariñarlos con las primitivas ideas. Estos masones aceptados deseaban vivamente la reorganización de la sociedad y á ello aplicaron sus fuerzas, consagrándole sus desvelos, por los que consiguieron, al fin, frutos, también auxiliados por la época que atravesaban. CAPÍTULO XVI Necesidad urgeute de organizar de nuevo la órden masónica y regularizar los poderes.—Estado de la política inglesa durante la primera mitad del siglo xvii.—Organización de la primera Gran logia masónica.—Sus fundadores.—Importancia de cada uno de ellos. —Elementos de que disponían para constituirla.-Las cuatro antiguas logias de Lóndres.—.\euerdos tomados en las primeras reuniones.-Trasformacion que se opera en la masonería.—Sus resultados y consecuencias.—Separación establecida entre el arte moral y el arte material.—Continuación de los trabajos.—Segundo venerable de la Gran logia.—Su iniciativa y acti- vidad.—Recopilación de las antiguas ordenanzas de la órden.—Objeciones á que han dado lugar.—Razo- nesque las explican satisfactoriamente. ^ ROIA más que nada la regularizacion de los poderes ó mejor dicho, la , organización de uno bajo cuya dependencia estuvieran los asuntos prin- cipales, para llevar mejor órden y conseguir más completo acuerdo. Una de las causas por que, á nuestro modo de ver, merecen mayores alabanzas los que in- tentaron y realizaron el movimiento reformatriz de la masonena en Inglaterra, por los años de 1714, es sin duda por que persistiendo en la conservación de todo lo útil y bue- no que la institución tenia, comprendieron que era lo más urgente atender á la orga- nizacion externa, y á este fln, comenzaron por donde debían, comenzaron por estable- cer la primera gran logia, hablando con entera propiedad masónica. Dignos de loa y especial mención son todos los que llevados, del mejor deseo, em- prendieron la ruda tarea con el ardimiento que á las almas elevadas inspiran siempre las grandes obras. Sus nombres deberán figurar siempre en los libros de oro de la masonería, y en verdad, que mucho mayor respeto merecen, cuando se advierte que ninguno de ellos estaba falto de notabilísimos méritos conseguidos por sus esfuerzos y trabajos, circunstancia que nos lleva á decir algo acerca de cada uno de los organiza- dores de aquella primera gran logia, siquier sea muy poco, obligados como estamos á recorrer aún dilatado camino en breve espacio de tiempo. HÍSTORÍA GENERAL DE LA MASONERÍA 231 Como fundadores del cuerpo regulador de la masonería en Inglaterra^ durante este segundo periodo de su historia, debemos contar á King, Calwert, Sumley, Maddeu, De- saguliers, Payne y Anderson. El primero, el teólogo y arqueólogo William King, habia nacido en el condado de Middlesex en 1635 y después de recibir el grado de doctor en derecho en 1715„ consiguió la plaza de secretario del duque de Ormond, canciller de la universidad, asi como también de su sucesor en las mismas funciones el conde de Arram. Partidario decidido de la política del partido de los torys, atacó como hábil polemista á sus contrarios; hombre sagaz, altamente instruido y de talento nada co- mun, consiguió hacerse un señalado puesto entre la gente culta de su época, lo cual fué un elemento de grandísima importancia para la obra que le vemos emprender y por la que lo ensalzamos. No ménos ilustre que el anterior, fué Calwert, orador notabilísimo del parlamento, hombre de acción, honrado y probo, cuya mayor parte de vida se pasó en el estudio de las organizaciones de aquellas sociedades ;que por los resultados prácticos A que aspiraban, merecían ser tenidas en cuenta por todos los que se interesaban por los progresos de la humanidad. A su lado en la empresa que nos ocupa, estaba Sumley, que abundaba en las mismas ideas, así como también el ilustre Samuel Madden, nací- do en 1687 y que durante toda su vida habia estado dedicado al cultivo de las bellas letras; ademas de esto había desempeñado algunos cargos eclesiásticos en Irlanda, de donde era originario, obteniendo al fin el rico beneficio de Drummully, de cuyas ren- tas consagró una gran parte á favorecer el desarrollo de las letras y de las artes, esta- bleciendo premios anuales para los inventos que fueran reconocidos como dé mayor utilidad y para las mejores obras esculturales que se produjeran. De igual voluntad, y de tan grande buena fe como los anteriores, aunque si se quie- re, de mayor fama y renombre en el tiempo en que aparece en la historia de la maso- neria, fué Juan Teófilo Des-Agulier ó Desagulier, francés de origen, trasladado á Ingla- terra con su padre, que era ministro protestante, después de la revocación del edicto de Nantes. Recibió las primeras lecciones de su padre y él fué quien le ayudó á dirigir la escuela que establecieron en Irlington, cerca de Lóndres, y con los productos de la cual atendían principalmente á su subsistencia. Una vez huérfano y siendo muy jóven aún, Desagulier fué á terminar sus estudios en la universidad de Oxford, dónde tantos méritos logró por su aplicación y talento que, no teniendo más que veintisiete años, entró á desempeñar la catédra de física de dicho respetable instituto, vacante por el fallecimiento del profesor Keill. Algunos años más tarde, llamado por su propia repu- tacion, trasladó su residencia á Lóndres, y habiendo recibido las órdenes sagradas, fue nombrado capellán del principe de Gales y designado por Newton para dar con- ferencias aclaratorias de las ideas en que reposaba su sistema, teniendo la honra de contar en el número de sus oyentes al monarca Jorge I, que aficionado, gracias á él, ahestudio de las ciencias físicas y naturales, le encargó de dar también lecturas perió- dicas de física experimental, á las que asistía en persona, acompañado de todos los individuos de la familia real. Por último, y como principales contribuyentes á la obra que nos ocupa, encentra- 232 HISTORIA GENERAL mos al célebre arqueólogo Jorge Payne, sabio anticuario al que se deben muchas obras notables, y al doctor James Anderson, teólogo y predicador escoces de grandísima nota y mucha influencia cerca de los principales personajes de la corte en aquel tiempo. Reunidos primeramente en comité particular y por la iniciativa particular de ellos, á los que después se asociaron algunos más, deliberaron muy detenidamente acerca del mejor partido que convendria tomar, reinando entre todos la mejor armonía y co- munidad de miras, pues lo que más anhelaba cada uno de ellos era la prosecución de las tareas masónicas interrumpidas, más que por otra cosa, por el estado de perturba- clon en que el pais se había hallado durante tanto tiempo. Discutidos cuerda y razo- nadamente los trabajos preparatorios, todos estuvieron conformes en que era de todo punto útil y hasta necesario conservar los elementos que, aunque dispersos, existían aún de la antigua organización, por lo que el primer acuerdo tomado fué el de reco- nocer oficialmente las cuatro logias que se hallaban establecidas en Lóndres, como sabemos, y que eran 1.° La logia de San Pablo, en la posada del Pato: 2." La de la Corona. 3." La del Manzano. 4." La de los Romanos. Estas cuatro logias, cada una de las que contaba un bien reducido número de afiliados, fueron convocadas de antemano, y enterados sus miembros del objeto de que se trataba, aplaudieron unánimemente la idea. Reuniéronse por fin en uno de los días del mes de Febrero del año 1717 y quedó] acordada la constitución de la Gran logia, que con efecto se constituyó en el acto formada por las cuatro logias citadas; esta cons- titucion, según acreditan los documentos que en la materia hacen fe completa, se lie- vó á cabo con todas las formalidades deseadas y apetecibles, testimonio en el que abundan los más ilustres historiadores de la órden, como Anderson, Preston y Kloss. Prosiguiendo las necesarias deliberaciones, quedó acordado que la asamblea magna de la corporación se reuniría cada tres meses, y que la presidencia estaría encomen- dada al maestro más antiguo en tanto que después de un detenido y maduro exámen no se acordara recayese en un personaje influyente que por sus aptitudes y condicio- nes pudiera contribuir eficazmente al mayor prestigio de la institución. Pudiera ser que á los no versados en asuntos masónicos llamara profundamente la atención este último acuerdo, y hasta que de él quisieran hacer un arma con que batir de formidable manera á una sociedad que, según está en el ánimo de todos, bla- sona de la mayor formalidad y no puede tolerar, ni en poco ni en mücho, que se rom- pa para nada el órden jerárquico que tiene establecido por sus reglamentos y consti- tuciones; no sería raro que alguno fijándose en el resultado de aquella deliberación, creyera que las puertas de la masonería se abren de par en par para el que goza de mejor posición ó disfruta de más cuantiosas riquezas. En verdad que no sucede asi, é incurrirían en el mayor de los errores los que de tal modo pensasen; lo que hay que ver en primer término es, que nos venimos ocupando de la masonería en Inglaterra, DE LA MASONERÍA 233 nación en la que se ha dado menor influencia que en ninguna otra al formularismo externo y en la que, más que á nada, se ha concedido sobresaliente valor al resultado práctico que se deseaba conseguir. Esto de una parte y de otra, no debemos echar en olvido que tal manera de proceder estaba de acuerdo con la tradición, pues siempre vimos allí al frente de la sociedad masónica á un individuo que no había recorrido los grados, y que unas veces fué electo por la libre y espontánea voluntad de los asociados, siempre con el mejor fln, y otras impuesto por el gobierno para fiscalizar los actos y examinar los acuerdos que se tomaran en las asambleas, con el fln de evitar disturbios y trastornos que habían tenido lugar ó que al ménos acusaban á los masones de haber- los promovido. Volvemos á decirlo, el acuerdo citado, no tiene nada de extraño ni implica la me- nor irregularidad, máxime cuando en la época aquella era necesario arbitrar el mayor número de elementos para conseguir los mejores y más prácticos resultados; uno de estos elementos, sin que pueda caber la menor duda, había de ser el prestigio y la re- presentación de que gozara en el órden civil el venerable puesto al frente de ella, y bien sabemos que á consecuencia de la calamitosa época por que la sociedad había pasado, era muy reducido el número de individuos con que contaba y menor aún el de los que tuvieran la importancia apetecida. Como consecuencia del primer acuerdo tomado la gran logia volvió á reunirse el 24 de Junio, dia de San Juan Bautista, consagrado también por la tradición masónica desde la época en que, siendo sus fines puramente materiales, era el más aprovecha- ble para el trabajo, por ser el más largo del año: esta segunda reunion reviste una importancia suma, por ser, digámoslo asi, la decisiva en cuanto á la organización formal del alto poder regularizador de la masonería inglesa. En ella fué electo gran maestre de la órden Antonio Sayer, el que, después de haber sido investido por el maestre más antiguo, que venia desempeñando tales funciones desde la primera re- Union, y después que hubo sido aclamado por todos los circunstantes, nombró vigi- lantes al capitán sir Elliot y al maestro carpintero Lamball. Como vemos, el acto más importante para el establecimiento y continuación de la masonería se había realizado. Se había logrado congregar los elementos dispersos; había sobrevenido una concentración de fuerza, necesaria ya de todo punto, y se veía á la asociación por camino apto para segura marcha en pos de los ideales que desde tanto tiempo hacia venia persiguiendo. Pero áun hay algo más importante y elevado que se determina de una manera clara y palpable con la erección de la gran logia en que fueron á fundirse los elementos antiguos de la órden, y es que, á partir de aquel supremo momento, la masonería adquiere el carácter esencialmente moral con que hoy se la conoce en todos los pueblos cultos. No se había llevado á cabo esta trasfor- macion de una manera brusca y violenta, pues si de tal manera se hubiera operado habría perdido el carácter totalmente y se hubiera quedado sin precedentes ningunos. Esta notabilísima trasformacion se había ido llevando á cabo de una manera lenta y racional, según hemos tenido ocasión de ver: primero fueron constructores todos los individuos que la componían, justificándose así el titulo que la órden lleva; después 30 234 HISTORIA GENERAL ingresaron entusiastas por las artes^ aunque no las ejercian; más tarde fueron admi- tidos los masones aceptados, aquellos que para nada se ocupaban del arte de cons- truir, pero que querían disfrutar y contribuirá que disfrutaran los demás de los bene- fíelos que la primitiva organización acordaba á los afiliados; y de este modo paulatina- mente fueron ingresando en ella hombres de todas clases y condiciones, formándose una hermandad que vive hoy esparcida por el mundo entero. Operado el cambio en la forma que decimos, los aborígenes masónicos fueron ne- cesaríamente precedente forzoso de la sociedad que comenzaba á descollar, por lo que los términos técnicos que se empleaban y los signos que servían para el recono- cimiento de los afiliados, que con lo que más armonizaban era con las construcciones de los templos y edificios, se conservaron fielmente, si bien pasaron á tener en el lenguaje figurado un carácter más noble y elevado, en perfecta relación con la nueva faz que la sociedad adquiría, y lo que únicamente cayó en desuso por completo fué la enseñanza del arte de construir, pues ya eran otros los fines, otra la misión que tenia que cumplir la masonería. Como consecuencia inmediata de aquella organización y del carácter que la socie- dad masónica pasaba á tener, quedaron distintos y deslindados los campos, siendo ya cosas bien diversas la masonería y la sociedad de constructores, en cuyo seno se habían desenvuelto los gérmenes que, fecundizados más tarde por los principios mo- demos aportados por el derecho, habían de dar lugar á la constitución de la sociedad tal como la historiamos. A consecuencia de las vicisitudes por que habían pasado los 0 pueblos, la masonería había quedado aislada en cada una de las naciones en que lo- grara echar raices, y fácilmente se comprende por qué tuvo que ser asi. En tanto que su principal ó casi único objeto fué el cultivo del arte de construir, los viajes á que los hermanos se veían obligados para buscar el trabajo necesario para su subsistencia fueron lazos de union entre todos, tanto más sólidos cuanto mayores eran las necesi- dades de las clases proletarias; pero cuando poco á poco se fué generalizando la cul- tura y cada nación halló dentro de sí los elementos para su engrandecimiento y gloria, entónces se hicieron cada vez más innecesarios los viajes que los artistas realizaban, rompiéndose ú olvidándose las relaciones que por lo contrario se habian establecido. A este inmenso inconveniente iba también á poner remedio la nueva faz que tomaba la sociedad, pues los lazos que echara nuevamente no iban á depender de condiciones puramente materiales, sino de todas aquellas que son anexas al individuo como sér sociable. El mason desde la fecha en que nos ocupamos no había de ser un individuo limitado al ejercicio de una profesión que podia ser desempeñada ó no según el tiempo por que atravesara; desde aquella fecha el mason viene siendo un individuo cuya vida material dependa de cualquier arte ó carrera, de cualquier facultad, sin que esté liga- do por razón alguna con la patria en que ha nacido ó con esta ó la otra clase social, sino que, libre é independiente, puede diluirse en todas, favoreciéndolas con sus es- fuerzos y consiguiendo al propio tiempo beneficios que rara vez podrían dispensarle los individuos en particular. Antes la sociedad trabajaba en el levantamiento y terminación de los grandiosos DE LA MASONERÍA 235 edificios que en parte constituyen la gloria de las pasadas edades. Sus esfuerzos iban encaminados á conseguir el mayor movimiento material^ que es seguramente una de las principales fuentes de riqueza; ahora la nueva organización tendia á la edifica- cion moral de cuantos se asociaran, grande y más humanitario pensamiento^ que ele- va á sus iniciadores y mantenedores muy por encima del nivel á que los hombres llegan. Antes la sociedad masónica había procurado el perfeccionamiento de las obras, único fin á que tendia con la cultura que hacia adquirir á los afiliados; desde la época de su reconstitución tiende al perfeccionamiento de los individuos mismos, preocupándose más de esto que del mayor éxito en cualquier profesión: para la ma- sonería moderna el asunto principal es la humanidad significada en el hombre, y el perfeccionamiento de éste tiene que revelarse por medio de sus actos en general, por el mejor conocimiento de si mismo, por su mayor poder sobre si, que le lleve á do- meñar los instintos y malas pasiones que le combaten y agitan contra sus semejantes, y por la práctica de todas las virtudes, que aunadas forman el hombre perfecto. Por esto declaran las antiguas leyes fundamentales que «un mason está obligado por su estado á observar la ley moral, y si comprende bien sus deberes jamas podrá conver- tirse en un estúpido ateo ni en un hombre antireligioso é inmoral. Por más que en otro tiempo los masones se vieran obligados á profesar la religion de su país, cual- quiera que fuera su forma, se ha encontrado mucho más conveniente y preferible en nuestros dias, no imponerles ninguna religion, sino aquella acerca de cuyo mayor nú- mero de puntos pueden estar conformes los hombres, y dejar á cada uno de ellos sus convicciones personales; es decir, que deben ser hombres buenos y leales, hombres de honor, que en todo respeten la equidad y la justicia, cualquiera que sea la diferen- cia que haya en sus denominaciones ó entre sus opiniones religiosas. Por esta razón la masonería podrá llegar á ser un centro de union y un medio para establecer sólida amistad entre las gentes que áiites de esto habrían permanecido eternamente sepa- radas.» Es menester conceder que una asociación de este carácter se había hecho de todo punto necesaria, pues aunque los hombres se muevan cada cual dentro de un circulo más limitado en el que hallen afección, cariño y protección, éstos están cerrados para los que no poseen las notas y caracteres que motivan á aquellos, y en esto precisa- mente consistia la necesidad de mayor y más extenso círculo que los abarcara y com- prendiera á todos, y en que el lazo de union no fuera precisamente hijo de determina- das y particulares condiciones, sino como una inmediata consecuencia de la natura- leza humana. Emprendida la nueva senda que había de dar por resultado la ampliación del con- cepto que de la masonería se había tenido hasta entónces, la nueva logia no descansó ni dió por ninguna causa motivo para que se pudiera decir que su celo se habia amor- tiguado; prosiguió con ahinco sus trabajos y á ellos se aplicaron con toda buena fe y constancia los hombres que emprendieran la ruda tarea no sólo de reunir los antiguos restos esparcidos desde hacia mucho tiempo, sino que también de obtener con ellos una nueva forma, acorde con las necesidades de la época, y aún, con lo que es más. 236 HISTORIA GENERAL con las exigencias de la propia naturaleza humana. Los trabajos que la Gran Logia do Londres, hiciera en un principio estuvieron limitados, como era natural, al acrecí- miento de la orden en todo el reino unido de la Gran Bretaña, siendo desde luégo feli- cisimos sus resultados; pero más tarde, abarcando en toda su extensión la misión civilizadora que se babia impuesto, amplió sus trabajos y procuró siempre con igual celo la vulgarización de los principios que preconizara y la extension de la sociedad en todas las naciones civilizadas y en el mundo entero. Muchas fueron las ordenanzas que la nueva Gran Logia diera, pero entre todas ellas merece ser conocida la siguiente; «Que el privilegio de reunirse en calidad de masones, que hasta entonces había sido ilimitado, cesaba desde entónces, pero que cada logia, excepción becha de las cuatro antiguas de existencia anterior, que quisiera reunirse, tendria que ser autorizada de antemano para entrar en trabajos por un acta escrita y firmada por el gran maestre, el cual, con la aprobación de la Gran Logia, le baria saber si babria lugar para admitir la demanda de los individuos que se hubie- ran presentado; que sin esta autorización ninguna logia pudiera en lo sucesivo ser considerada como regular y legalmente establecida.» Una de las causas que anteriormente habian contribuido más á esterilizar los es- fuerzos hechos para reunir sobre sólidas bases á la masonería esparcida por la super- ficie de la tierra, babia sido sin duda ninguna la falta de centralización que se adver- tia, la carencia de un poder regulador que fuera el centro del complicado mecanismo del que como principal resultado se exigía la armonía universal; en el periodo ante- rior y como consecuencia inmediata del carácter que la sociedad tenía, donde quiera que se reuniera un grupo de masones podian constituir logia, practicar trabajos y es- tablecer entre si duraderos lazos. Pero por grande que fuera la voluntad de todos aquellos, por buena que fuera la intención que en ellos presidiera, si sobrevenían cau- sas que obligaran indefectiblemente á la separación, se dispersaban sin dejar rastro de la comunidad que babian estado constituyendo, haciéndose sumamente difícil sino imposible más tarde, conseguir la comprobación de cualquier resultado obtenido ó la identificación de aquellos que la hubieran formado. Con razón atendió la Gran Logia desde un principio al remedio de este grave mal; con justo motivo impuso desde luégo una prohibición que á primera vista parece como digna de censura, pero que se hace acreedora á los mayores elogios cuando se la con- sidera atenta y detenidamente. No es que á los masones iniciados regularmente les prohibiera reunirse y constituir logias y capítulos, no es, como pudiera parecer, que pretendiera absorver en si todo el poder y reunir bajo su tecbo al mayor número de adeptos, sino que, procurando en todo el órden más perfecto, comenzaba por cerrar la puerta á cuantos abusos pudieran cometerse y á evitar que fueran nulos y de nin- gun valor los esfuerzos hechos separadamente. La nueva ordenanza tendia más que á nada al conocimiento de los grupos masónicos que vivían aislados, pedía, para que á todos ellos alcanzaran los beneficios que pudieran conseguirse, conocimiento de su fundación y de los individuos que los constituyeran, para de este modo poder organi- zar un formal registro en el que se llevara el alza y baja de la sociedad masónica. DE LA MASONERÍA 237 Prueba de la utilidad y necesidad de las medidas dictadas en la ordenanza que acabamos de trascribir, fueron los resultados que con ellas se consiguieron. No han faltado autores que la han atacado despiadadamente, alegando que ponía trabas á la constitución de las logias, y que por esto fué más lento el desarrollo de la masonería en este segundo periodo; pero los hechos vienen á desmentir de una manera categó- rica semejantes afirmaciones, pues posterior á la fecha en que fué expedida comenza- ron á organizarse, tanto en el interior de Londres como en los puntos cercanos, mu- chas logias que cumplieron con los requisitos exigidos y cuyos maestros é inspectores recibieron orden de asistir á las asambleas de la Gran Logia para dar cuenta de los de cuando en trabajos en ella se llevaran á cabo, asi como también de trasmitir que cuando al analizados exa- gran maestre copia de los reglamentos locales para que, y minarlos detenidamente, no se diera el caso de que ninguna disposición de un capitulo particular, contraviniera á lo dispuesto por el poder regularizador y supremo acordado en las ordenanzas generales de la orden. Como hubiera sido contraproducente y hasta de fatales resultados dar fuerza re- troactiva á cualquiera de las disposiciones nuevamente emanadas, y en el ánimo de todos existia entonces el más vivo é inquebrantable deseo de conservar la armonía á toda costa, procuróse aunar lo que de antiguo venia establecido con lo que las nece- sidades exigían por entonces. A este fin quedó acordado, según el mismo Preston de- clara, que los derechos é inmunidades de que hasta entónces habían venido gozando las logias antiguas, les serian conservados sin ninguna restricción, pero los in- cuatro divídaos que las componían, al readquirir estos derechos, se obligaron á no excederse jamas de los limites que tenían prescritos y á respetar los acuerdos que se dictaran posteriormente. Ademas, estas logias antiguas se consideraban obligadas á dispensar su protección á toda logia que se constituyera nuevamente, siempre que en su forma- cion hubiera cumplido con todos los requisitos que el moderno reglamento exigia. Establecido todo en la forma que acabamos de exponer, los individuos de las cua- tro logias antiguas que habían servido de base para la formación de la primera Gran Logia masónica, acordaron que su presencia no era necesaria en modo alguno en el consejo general tampoco de ello se conseguía utilidad ninguna, reconociendo y que tácitamente de este modo que tenían entera y absoluta confianza en los maestres é inspectores de las demás logias y la seguridad de que no se tomarla ninguna medida de importancia, sin contar de antemano con su parecer y adquirido su aquiescen- cía. Esto, en principio, estaba bien y por ningún concepto cabia el que se pudiera abrigar el menor temor, pero bien pronto vino á poner de manifiesto los incon- venientes de aquel acuerdo el acrecimiento mismo de la sociedad masónica; como el número de los iniciados en las logias que recientemente hablan alzado columnas era cada vez mayor, llegó un dia que en las votaciones que se hacían por mayoría éstos derrotaban siempre á aquéllos, amenazando de este modo con llegar á hacer iluso- ríos los derechos que hablan conseguido mantener los masones más antiguos de In- glaterra. Para evitar este grave mal, que se oponía á lo convenido, se acordó por todos los hermanos que seria redactado un código decisivo de la constitución de la 238 HISTORIA GENERAL sociedad, al que se añadió el siguiente suplemento con la obligación, por parte de cada gran maestre, asi como también de sus sucesores y de todo maestre de cualquier logia que posteriormente se formara, de mantener íntegramente y en toda su exten- sion las prescripciones que fueran acordadas: «Toda gran logia que desde su funda- cion cuente más de un año, tiene derecho á tomar nuevas disposiciones ó de modificar los antiguos reglamentos, cuando la conveniencia de la asociación lo exija, pero siem- pre con la condición de que tienen que respetar en todo y para todo los antiguos limi- tes; ademas, que estas alteraciones ó cambios ó nuevas disposiciones serán sometidas, después de la reunion trimestral que precede á la gran fiesta anual, á la deliberación del consejo general, ateniéndose después en un todo á lo que éste resuelva; por último, que ántes de la comida en que todos los hermanos se reúnen, se dará lectura de ello á todos, hasta á los más jóvenes aprendices, atendiendo á que el asentimiento y apro- bacion de la mayoría de todos los miembros presentes es absolutamente indispensable para que los acuerdos tomados tengan fuerza obligatoria. » Continuándose siempre con la misma actividad y empeño los trabajos masónicos que tan preciados frutos hablan de dar, una vez que lo referente á la organización pu- ramente material de la órden se había conseguido, y precisamente en el momento que Sayer cumplía su tiempo de gran maestre, su sucesor, el muy ilustre Jorge Paine, electo en 24 de Junio de 1718, pensó en lo muy conveniente que habla de ser organi- zar todo lo que se pudiera referir á los precedentes de la sociedad, á cuyo fin, en una de aquellas tenidas solemnes á que acudían todos los hermanos, manifestó el deseo de que se trajeran al local en que radicaba la gran logia, y para dar comienzo á la formación del primer archivo masónico, cuantos documentos se pudieran referir á la órden, asi antiguos como modernos, públicos ó de carácter privado. Este deseo fué acogido y secundado con verdadero entusiasmo, y cada cual puso de su parte todo lo que estaba á su alcance para que se realizara en el menor espacio de tiempo posible. Los buenos resultados de este proyecto no se hicieron esperar mucho, pues en el mis- mo año apareció el primer libro de las Constituciones, teniendo cabida en él algunas antiguas alemanas, con las que se pudo hacer un curioso trabajo de comparación, que resultó de grandísima utilidad. Al año siguiente, ó sea el 24 de Junio de 1719, siguiéndose en un todo las formali- dades prescritas y acordadas, fué electo gran maestre, autoridad suprema de la gran logia, el hermano Desagulier, pasando asi por el más alto puesto de la masonería in- glesa todos los hombres eminentes que desde el principio se hablan asociado para conseguir el gran resultado que, gracias á los mismos, se habla obtenido. Están con- formes todos los autores en que por aquel tiempo era muy escaso el número de maso- nes que dejaban de tomar parte en los trabajos de sus logias respectivas, sin que se encontraran entre ellos, según la expresa afirmación de Kloss, individuos pertene- cientes á otras sociedades clandestinas que pudieran haber trasmitido alguna particu- laridad secreta, cosa que, por más que se ha intentado, nunca se logró probar de una manera auténtica; pero que de cualquier modo no seria la masonería comunicada por la gran logia á los demás masones del continente, sino una cosa muy distinta, no DE LA MASONERÍA 239 fundada en manera alguna, ni en las antiguas tradiciones, ni en las leyes por que la sociedad en general se regia. También en esta época debe señalarse el ingreso en la orden, siguiendo todos los trámites prescritos, de muchos individuos de la nobleza y demás clases elevadas, con lo que cada dia crecia más el prestigio de la asocia- cion masónica, para la que puede decirse habían pasado aquellos tiempos calami- tosos en que amenazaba destrucción, por el olvido en que la hablan dejado sus adeptos. Hasta entónces, y como sucede en los comienzos de todas las sociedades, y como ha sucedido también en todos los pueblos y naciones, la legislación masónica venia estando esparcida, por no haber aún un código general ordenado y metódico, que bien se echaba de ménos, por las dificultades que ofrecía el manejo de las diferentes ordenanzas, en que se habían dictado disposiciones de bien distinta indole. Ürgia, pues, este trabajo; y con efecto, lo emprendió el gran maestre Jorge Paine, que fué reelegido en 24 de Junio de 1720; él fué quien llevó á cabo la improba y laudable tarea de reunir en cuerpo legal cuantas decisiones se habian tomado hasta entónces, for- mándose de este modo la base de la muy apreciada colección de treinta y nueve orde- nanzas generales, que fueron terminadas en su tiempo y dadas á luz por su sucesor al año siguiente. Anderson, el paciente teólogo, tan distinguido en los trabajos de erudición, fué el encargado de compararlas con los antiguos documentos y primitivas disposiciones de la asociación, cuidando de ponerlas de acuerdo entre si y de adaptar- las á los usos reconocidos en las logias de Lóndres, Westminster y otras de los aire- dedores, tarea en la que puso de manifiesto, á más de su excelente buena fe, sus pro- fundos conocimientos en los asuntos masónicos y su maravilloso sentido práctico, condiciones á que la órden en general debe tanto que jamas podrá olvidar su nombre, sino recordarlo siempre con gratitud é imperecedero cariño. Aquellas ordenanzas generales demostraban también el buen deseo que presidia en todos los individuos asociados en la gran obra de la reconstitución masónica, pues por lo contrario de lo que sucedió después con las publicadas con el titulo áo, Antiguas Ordenanzas, todas ellas estaban acordadas y conformes con las disposiciones que ha- bian emanado de la gran logia, las cuales tenían todos grande y especial cuidado en que por ningún concepto quedaran desvirtuadas; y tanto es asi que las logias particu- lares tuvieron que sacrificar, y lo hicieron con gusto, en favor de la unidad en la di- reccion, una parte de la independencia que desde fecha muy remota venían gozando, lo que, bien mirado, no representaba gran cosa, dado que la gran logia se componia sólo de individuos de las demás. Con la publicación de estas ordenanzas se procuró llenar dos fines principales: 1.° mejorar el reglamento interior; 2.° evitar ciertos abusos que se habian introducido en las logias, dando nuevamente acceso en ellas á ciertas y determinadas costumbres que se habian perdido en el trascurso del tiempo. Durante aquel mismo año, y como si en todo lo del mundo, por bueno que ello sea, tengan que ser inevitables las contrariedades, experimentó la masonería una pérdida irreparable, que será siempre lamentada, pues por ella quedan en el misterio 240 HISTORIA GENERAL DE LA MASONERÍA no pocos puntos importantísimos que, por grandes esfuerzos que se han hecho, no han podido ser aclarados todavía. Algunos espíritus cavilosos, en el temor de que los principios masónicos se publicaran y fueran divulgados, quemaron muchos documen- tos antiguos de la mayor importancia, entre los que habla autógrafos de gran valor, como los debidos á Nicolas Stone, que habla desempeñado el cargo de inspector du- rante el maestrazgo de Iñigo Jones. CAPÍTULO XVII. Las antiguas ordenanzas de la masonería coleccionadas, revisadas y publicadas por el venerable Jorge Payne. —Exposición de su articulado.—Atribuciones concedidas al venerable.—Formalidades prescritas para la constitución de logias particulares.—Orden en las elecciones.—Tenidas y banquetes.—Conservación, para la celebración de tiestas, del tradicional día de San Juan.—Imputaciones hechas á estas ordenanzas por ciertos historiadores de la masonería.—Explicación de las principales en atención á la época y cir- cunstanclas. antiguas ordenanzas que coleccionara el venerable Jorge Payne son de « reconocida é indiscutible importancia^ por cuanto reasumen de una ma- ñera fiel y exacta la legislación masónica de la época anterior, armoni- zándola con el tiempo en que la publicación se llevó á cabo. Escaso el conocimiento acerca de ello, urge ponerlo al alcance de nuestros lectores, por lo que no queremos privarnos de trascribir las ordenanzas citadas, principal punto de arran- que de la ulterior legislación por que la sociedad masónica se ha regido. Primeramente fueron publicadas en la forma que vamos á manifestar, conservando el mismo título que en el original tienen: Antiguas ordenanzas generales, recogidas primero por Jorge Payne en el año 1720, durante el tiempo que fué gran maestre; aprobadas por la gran logia el dia de San Juan Bautista del año 1721, en la sala de tenidas de Lóndres, cuando el muy noble principe Juan, duque de Montagu, fué elegido por unanimidad de votos para de- sempeñar las funciones de gran maestre en el año siguiente, el cual nombró á Juan Bael, doctor en medicina, á José Villeneau y á Tomás Morris, vigilantes; puestas en órden por el autor de este libro, por mandato de nuestro honorable gran maes- tre Montagu, conforme á los antiguos documentos y leyes de la sociedad, cuidado- sámente clasificadas y aumentadas con distintas explicaciones, para uso de las logias de Lóndres, de Westminster y de las cercanías. 31 242 HISTORIA GENERAL 1.° El gran maestre ó su delegado, tienen derecho no sólo para asistir, sino que también para presidir toda logia regular. En este caso, el maestre de la logia debe co- locarse á su derecha. Tiene autoridad sobre los grandes inspectores que deben acom- paliarle, los cuales no pueden abandonar la logia sino en su presencia y con su con- sentimiento. Alli, en efecto, el gran maestre puede ordenar, sea á los inspectores de aquella logia, sea á todos los demás hermanos, á quién les convenga designar que se consideren momentáneamente como sus propios inspectores y que obren en conse- cuencia. 2.° Todo maestre de una logia particular tiene derecho y poder para reunir en capítulo, cuando un acontecimiento ó circunstancia lo exija, á los miembros de la logia y para determinar según convenga la época y el lugar de las reuniones habituales. Si el maestre enfermara ó muriera ó por otra cualquier causa estuviera alejado de la logia, el maestre más antiguo ocupará el puesto del titular actual, si ninguno de los hermanos que precedentemente han sido venerables de la logia no se encuentran pre- sentes; porque en este caso, las prerogativas del maestre actual volverán al antiguo, convirtiéndose momentáneamente en maestre; de cualquier manera éste no puede entrar en funciones ántes que los más antiguos vigilantes ó en ausencia de ellos el último nombrado, baya reunido la logia. 3.° El maestre de cada logia particular, ó uno de los inspectores, ó un hei^mano cualquiera designado para este puesto, debe llevar un libro que contenga los regla- mentos particulares de la logia, los nombres de los individuos que la componen, una lista de todas las logias establecidas en la localidad, la indicación de la época y el lugar ordinario de las asambleas y un acta de aquellas operaciones que parezcan más importantes. 4." Ninguna logia puede admitir á la vez más de cinco nuevos hermanos. Los re- cipiendarios deben tener por lo ménos 25 años de edad y ser personas libres, á ménos que no obtengan una dispensa firmada por el gran maestre ó por sus delegados. 5.° Nadie puede ser admitido en calidad de miembro en una logia en la que puede ser recibido, si dicha logia no ha sido informada con un mes de anticipación, para que ella misma pueda tomar los informes convenientes acerca de la capacidad y repu- tacion del postulante; sin embargo, el gran maestre puede dispensar de esta forma- lidad. 6.° Nadie puede ser inscrito en calidad de miembro ó ser recibido en una logia, sin el consentimiento unánime de todos los miembros presentes en el momento en que se haga la demanda de admisión, lo cual será aprobado ó desechado de viva voz, ó por cualquier otro medio pero siempre por unanimidad. Nadie puede ser dispensado de someterse á esta forma de presentación, que es un privilegio indiscutible común á todos los miembros, que son los mejores jueces de sus futuros compañeros. Porque si se les impone á uno cuyo carácter fuera díscolo, la buena armonía que debe reinar entre ellos seria alterada y su libertad cohibida, dándose tal vez lugar con esto á la disolución y dispersion de la logia, funesto resultado que deben dedicarse á evitar to- dos los buenos y leales masones. DE LA MASONERÍA 243 7.° Todo hermano recientemente admitido deberá después de su recepción vestir la logia^ es decir, á todos los hermanos presentes y depositar una ofrenda para los pobres y para los hermanos necesitados; esta podrá exceder tanto como el postulante juzgue conveniente á la suma que para este fin tengan determinada los reglamentos especiales de las logias particulares. Esta ofrenda será entregada al maestre, á los vi- gllantes, ó al tesorero, cuando los miembros hayaíi encontrado conveniente nombrarle. El postulante debe jurar solemnemente someterse á las constituciones, prescrip- clones, ordenanzas y usos establecidos, de los que se le dará cuenta en forma y lugar conveniente. 8.° Los hermanos no podrán abandonar la logia en la que se hayan hecho maso- nes ó recibido más tarde en calidad de miembros ni áun separarse de ellaá ménos que la logia no se haga demasiado numerosa, y áun en este caso tal alejamiento ó separa- clon no podrá tener lugar sin el consentimiento del gran maestre ó de su delegado. Inmediatamente después que se haya verificado esta separación, deberán reunirse sin demora á otra logia designada por ellos y que como se ha manifestado más arriba, deberá haber dado á esta reunion un consentimiento unánime, ó deberán obtener del gran maestre plenos poderes para fundar una nueva logia. Si cierto número de masones pretendiera haber formado una logia sin haber re- cibido plenos poderes del gran maestre, las logias regulares no podrán sostenerlos ni reconocerlos como buenos y leales hermanos, ni aprobar sus actos, ni ninguna de sus operaciones, sino que deberán ser tratados como rebeldes, hasta que hayan realizado un acto de sumisión en la forma que el gran maestre presciiba y hasta que hayan obtenido la indispensable autorización para la existencia regular de su logia; en este caso se dará cuenta á las demás logias, para que pueda llenarse la formalidad esta- blecida de inscribir en una lista, destinada á este fin, toda logia recientemente esta- blecida. 9.° Si un hermano se condujera de tal modo que diera lugar á descontento, la logia, el maestre ó los vigilantes le reprenderán dos veces en tenida pública; si á pesar de esto no mejorara su conducta, ni se sometiera en manera alguna á las amonesta- clones de sus hermanos y no renunciara á lo que causa el disgusto de ellos, se le apli- carán las medidas prescritas á este fin por los reglamentos particulares de la logia ó las que sean acordadas en las asambleas trimestrales; posteriormente, y con respecto áeste fin, podrá hacerse una ordenanza más severa. 10. La mayoría de cada logia particular, tiene el privilegio siempre que es convo- cada, de comunicar sus instrucciones á sus maestros y vigilantes, ántes de que el gran capitulo ó la logia se reúna para las tres asambleas trimestrales, de que se ha- blará más adelante y lo mismo para la gran logia anual, pues los maestros y vigilantes son los representantes de la logia y están considerados como los órganos de su vo- luntad. 11. Todas la logias aisladas se hallan obligadas en cuanto sea posible á practicar los mismos usos. Por esta razón y con el fin de mantener la buena inteligencia en- tre todos los hermanos, se designará por cada logia á algunos miembros de ella 244 HISTORIA GENERAL para que asistan á las demás logias con la frecuencia que se juzgue conveniente. 12. La gran logia deberá estar compuesta de maestros y vigilantes de todas las logias particulares regularmente constituidas que estén inscritas en las listas de las logias. Deberá ser presidida por el gran maestre, un delegado que ocupará la derecha y los grandes inspectores ocuparán sus puestos habituales. Debe celebrar una asam- blea trimestral hacia la fiesta de San Miguel, por Noche buena y el dia de la Anuncia- cion de Maria, en el lugar que el gran maestre designe. Sin una autorización espe- cial, ningún hermano podrá asistir á estas asambleas si no forma parte de la gran logia. Aun con esto no disfrutará de voz deliberativa sino del derecho de manifestar su opinion, si no ha sido invitado por la gran logia ó si no ha recibido orden expresa para hacerlo asi de la logia de que forma parte. En la gran logia todas las decisiones se tomarán por mayoria de votos á ménos que con objeto de acelerar el despacho de un asunto, los miembros no se sometan á lo que el gran maestro decida. Cada miembro dispone sólo de un voto; el del gran maes- tre se cuenta por dos. 13. En estas asambleas trimestrales todos los negocios concernientes á la comu- nidad en general ó á alguna logia en particular ó á un hermano individualmente serán tratados de una manera tranquila y decididos con equidad y justicia. Sólo allí pueden ser elevados los aprendices á compañeros ó maestros, á ménos que no haya especial autorización para hacer otra cosa. Allí también deben ser juzgadas todas las diferen- cias que no hayan podido ser arregladas amistosamente ó por la intervención de la logia donde se hayan producido; si un hermano creyera que la decision de esta autoridad le perjudicaba, puede apelar á la próxima gran logia anual y enviar su demanda escrita al gran maestre ó á su delegado ó á los grandes vigilantes. Después de estas asambleas, el maestro y los vigilantes de cada logia particular deberán formar una lista de los miembros admitidos ó recibidos en sus logias después de la última asamblea de la gran logia. Después será necesario también que el gran maestre, su delegado ó mejor aún, cualquier hermano al que la gran logia haya encar- gado de las funciones de secretario, lleve un registro en el que estarán indicados ademas de los nombres de todas las logias, la época y el lugar ordinario de sus asambleas, los nombres de los miembros de cada una de ellas y las operaciones más importantes de la gran logia. Alli también es donde debe decidirse del empleo que haya que dar á los fondos recogidos por la gran logia para socorrer á los hermanos indigentes, pero sólo á éstos, porque dichos fondos no han sido recogidos más que con este fin y no pueden ser empleados en otra cosa. Sin embargo, cada logia particular conservará el derecho de distribuir por si misma y conforme á sus reglamentos sus propias limosnas á los hermanos indigentes hasta que, por una nueva ordenanza, las logias sean invitadas á depositar en la gran logia después de sus asambleas trimestrales y anuales todas las donaciones que les sean hechas, para establecer un fondo común de pobres y poder socorrer más generosamente á los necesitados. Por esta razón se encargará de las funciones de tesorero un hermano que posea DE LA MASONERÍA 245 una fortuna segura y considerable, el cual por virtud de su cargo asistirá siempre á la gran logia con el mismo titulo que los demás miembros de ésta y tendrá derecho para hacer las proposiciones que juzgue convenientes, pero más principalmente las que tengan relación con su cargo. A él le serán entregados todos los fondos destinados á buenas obras ó á cualquier otro uso que se depositen en la gran logia; llevará un libro en el que se indique el destino dado á cada uno y el empleo que de ellos se ha hecho. Él será quien haga los gastos y distribuciones, conformándose á las indicaciones que le sean hechas á este ñn y con respecto á los que la gran logia podrá tomar nuevas disposiciones. A pesar de todo y aunque tenga voz deliberativa en cualquier otra cir- cunstanciaj el tesorero no podrá tomar parte en la votación para elegir un gran maestre ó vigilante. Lo mismo sucede al secretario, que desde este punto de vista se encuentra exactamente en las mismas condiciones. Se nombrará por adjunto al tesorero y al secretario, un hermano compañero, que no forme parte de la gran logia y que no puede hacer uso de la palabra sino cuando sea invitado ó se le mande que hable. El gran maestre ó su delegado tienen derecho para revisar los libros del tesorero del secretario y de sus adjuntos, para que siempre estén al corriente de la marcha de los asuntos y se encuentren en disposición de decidir por si mismos lo que seria útil hacer en tal ó cuál circunstancia. Otro hermano, que debe ser miembro de una logia pero no de la gran logia, deberá ser colocado de centinela en la puerta de la gran logia. Por lo demás, las atribuciones de estos distintos cargos podrán ser determinadas de una manera más detallada cuando la utilidad de ellos sea más generalmene reconocida por toda la asociación. 14. Si al celebrarse una reunion ordinaria, extraordinaria, trimestral ó anual de la gran logia, el gran maestre y su delegado se encuentran los dos ausentes, el maes- tre que desde haga más tiempo forme parte de la masonería ocupará su puesto, presi- dirá la tenida en calidad de gran maestre accidental y gozará de todos los derechos y honores anexos á esta dignidad, pero esto en el caso de que no esté presente ninguno de los hermanos que precedentemente hayan sido grandes maestres ó delegados, pues es un derecho del gran maestre anterior ó del anterior delegado el ocupar el puesto del titular actual cuando éste se encuentre ausente. 15. Nadie puede llenar en la gran logia las funciones de inspector cuando los grandes inspectores mismos están presentes; si están ausentes, el gran maestre ó el que ocupe su lugar, debe designar inspectores especiales que llenarán temporalmente las funciones de grandes inspectores; estos serán reemplazados por dos compañeros de la misma logia que designará el maestro. En el caso en que esto se hubiera des- cuidado, el gran maestre requirirá la presencia de estos miembros para que la logia no deje nunca de estar completa. 16. Los grandes inspectores ó aquellos que los reemplacen deben deliberar de an- temano de acuerdo con el delegado del gran maestre acerca de los negocios de la logia ó de los hermanos y no se dirigirán al gran maestre por conducto de su delegado á 246 HISTORIA GENERAL méiios que éste en una circunstancia importante haya negado su concurso. En se- mejante caso, lo mismo que cuando se produzca una divergencia de opiniones entre el delegado, los grandes inspectores ú otros hermanos, las dos partes de común acuerdo deben someter el objeto de su diferencia á la decision del gran maestre^ que por razón de la grande autoridad de que goza decidirá bien pronto las dificultades y terminará las cuestiones. El gran maestre no debe admitir ninguna demanda sobre asuntos concernientes á la masonería que no le sea presentada por un delegado, excepto en aquellos casos que su honor podrá apreciar mejor que nadie: no obstante si la demanda presentada al gran maestre no fuera en las formas prescritas, ordenará que vuelvan á un delegado, á los grandes inspectores, á los demás hermanos que se hayan dirigido á él; el dele- gado deberá entonces ocuparse del asunto con la mayor diligencia, á fin de poder someterlo á su honor en la forma prescrita por los reglamentos. 17. Ningún gran maestre, gran maestre delegado, gran inspector, tesorero, secre- tario y lo mismo aquellos que obren en su lugar ó sitio ó que se encuentren temporal- mente encargados de sus funciones, pueden ser al mismo tiempo maestros ó inspec- tores de una logia particular y tan pronto como uno de ellos haya cesado en sus funciones temporales, volverá á su logia desempeñando las funciones Cj[ue tenia ántes. 18. Si el gran maestre delegado estuviera impedido para llenar los deberes de su cargo, sea por causa de enfermedad ó por otro cualquier motivo digno de ser tenido en cuenta, el gran maestre podrá escoger según le convenga un miembro cualquiera de una logia particular, para que reemplace temporalmente á su delegado. De cual- quier manera el delegado escogido en la gran logia, lo mismo que los grandes inspec- tores no pueden ser relevados de sus funciones si los motivos por que se llegue á tomar esta medida no son admitidos por la mayoría de los miembros de la gran logia: por esta razón, si los referidos dignatarios dieran motivo de descontento al gran maestre, éste tiene facultad para convocar á la gran logia á fin de poderle exponer sus quejas y consultarla con respecto á este punto. En el caso de que la mayoría de la gran logia no llegue á procurar una avenencia entre el gran maestre y sus delega- dos ó sus inspectores, deberá tomar el partido del gran maestre y autorizarlo para relevar de sus funciones al delegado actual y confiarlas á otro; por si mismo escogerá en idéntico caso huevos inspectores para que la paz y la armonía no sean alteradas durante mucho tiempo. 19. Si ocurriera que por cualquier circunstancia el gran maestre abusara de su autoridad ó se hiciera indigno de la obediencia y de la sumisión de las logias, se pro- cederá con respecto á él en la forma que ulteriormente será indicada; pues hasta ahora esta antigua corporación no ha teñido ocasión de aplicar medida represiva, dado que todos los-grandes maestres se han manifestado dignos de las funciones que t se les han confiado. 20. El gran maestre deberá inspeccionar por lo ménos una vez durante el tiempo de sus funciones todas las logias de la ciudad, acompañado de sus vigilantes. 21. Si el gran maestre muriera ó estuviese enfermo, ó emprendiera un largo viaje \ DE LA MASONERÍA 247 Ó por cualquier otro motivo se hallara incapacitado de cumplir los deberes de su car- go, el delegado ó en su ausencia el más antiguo gran inspector y en defecto de éste tres venerables reunidos con este fln„ deberán reunir la gran logia inmediatamente para deliberar acerca de las medidas que hay que tomar en las dichas circunstancias y delegar á dos de entre ellos para que se aviste^ con el precedente gran maestre y le- rueguen vuelva al desempeño de sus funciones, de que se le habla relevado y que según el orden le corresponden de derecho. Si éste se opusiera á acceder por razones dignas de ser tenidas en cuenta, se dirigirán al que lo ha precedido y así sucesivamente hasta encontrar quien ocupe el puesto. Si á pesar de esto, ninguno de los precedentes grandes maestres no pudiera volver al ejercicio de sus, antiguas funciones, el delegado ó en su defecto el maestro más antiguo, obrará según aconsejen las circunstancias de lugar y tiempo. 22. Los hermanos de todas las logias de Londres, Westminster y de sus alrede- dores, celebrarán anualmente una asamblea seguida de un banquete en la fiesta de San Juan Bautista ó de San Juan Evangelista, según el día que la gran logia'determine por una ordenanza ulterior. En estos últimos años ha tenido lugar por la fiesta de San Juan Bautista. Sin embargo, es necesario que después de la asamblea trimestral, que se celebra tres meses ántes de esta fiesta, ademas del gran maestre, su delegado y sus inspecto- res, la mayoría de los maestros y vigilantes decidan por unanimidad que debe cele- brarse una asamblea general y un banquete, pues si el gran maestre ó la mayoría de los maestros particulares se opusieran á este proyecto, debería omitirse por aque- lia vez. Por lo demás, lo mismo que la fiesta se celebre ó deje de celebrarse, es necesario en todo caso que la gran logia se reúna todos los años en un lugar conveniente, por la fiesta de San Juan, y si este aniversario cayera en domingo, se verificará el día si- guíente la reunion, pues en día semejante es en el que debe nombrarse un gran maes- tre, delegado y vigilantes. 23. Si quedara acordado por el gran maestre y por la mayoría de los maestros á inspectores que, según la antigua y loable costumbre masónica se celebre la gran fies- ta, corresponde á los grandes vigilantes distribuir las papeletas de entrada y recibir el precio que por ellas se haya convenido, vigilar la compra de cuanto sea necesario para la mesa, escoger un lugar cómodo y conveniente para el banquete y ocuparse de todo lo que se pueda referir á los preparativos de la fiesta. No obstante, para que los grandes vigilantes no se vean muy recargados de traba- jo, j para que todo sea organizado bien y prontamente, el gran maestre ó su delegado le nombrarán como adjuntos cierto número de hermanos, destinados á ayudarle en el cumplimiento de aquellos deberes; todas las medidas que haya que tomar acerca de la fiesta se decidirán entre ellos por mayoría de votos, excepto en los casos en que el gran maestre ó su delegado juzgue oportuno prescribir algunos particulares. 24. Los vigilantes y sus adjuntos tendrán cuidado de presentarse á la hora desig- nada en casa del gran maestre ó de su delegado, para tomar sus órdenes y recibir sus 248 HISTORIA GENERAL advertencias con respecto á los dichos preparativos. Si Su Honor ó el delegado que tu- viera nombrado se encontraran enfermos ó ausentes por causa mayor, deberán reunir á los maestros y vigilantes de la logia á fin de recibir de ellos las instrucciones ó avisos necesarios, ó en su defecto, tomar sobre ellos la responsabilidad de todo el asunto y salir de él lo mejor posible. Los grandes vigilantes y sus adjuntos deberán dar cuenta á la gran logia, después del banquete ó en cualquier otra época que ésta designe, de todos los gastos hechos en aquella ocasión. El gran maestre podrá convocar en tiempo oportuno, según mejor le parezca, á to- dos los maestros y vigilantes de las logias para deliberar con ellos sobre todo lo que se refiera á la fiesta ó decidir por sí propio. 25. Cada venerable designará un compañero de capacidad y experimentado de su logia para constituir un comité al que cada una de las logias enviará un miembro. Este comité se reunirá en un lugar convenientemente situado, para recibir á todos aquellos que vayan provistos de papeleta é introducirlos en la sala del banquete; ten- drá facultad para rehusar la entrada á los que hubieran dado lugar para la aplicación de esta medida rigurosa; debe entenderse bien que ninguna persona podrá ser despe- dida sin que todos los miembros presentes se hayan informado de los motivos de aquella exclusion; para evitar toda mala inteligencia é impedir que sea despedido un verdadero hermano y se deje entrar á un extraño bajo falsas apariencias, el día de la fiesta debe instalarse este comité muy temprano y ántes que se presente ningún indi- viduo con papeleta de entrada. 26. El gran maestre designará á dos ó más hermanos que inspiren bastante con- fianza desde todos puntos de vista, para guardar la puerta de la sala en que estén reu- nidos los cuales estarán obligados al propio tiempo á permanecer en sus puestos; el comité tendrá autoridad sobre ellos. 27. Los grandes inspectores ó sus adjuntos, deberán designar con anticipación tantos hermanos como juzguen convenientes para el servicio de las mesas. Con res- pecto á esto podrán entenderse con los maestros é inspectores de las logias ó recibir las personas que aquellos recomienden como capaces de cumplir este cometido, pues en aquel dia todos los servicios deben ser desempeñados por masones, para que la pre- sencia de los extraños no cohiba la libertad de las conversaciones. 28. Todos los miembros de la gran logia, teniendo á su cabeza el gran maestre ó á sus delegados se reunirán bastante ántes de la hora del banquete en una sala partí- cular y abrirán la gran logia. Esto tiene lugar; 1." Para que las causas acerca de las que, según la ordenanza precitada, esté lia- mada á decidir en última instancia le puedan ser expuestas; que el demandante pueda ser escuchado y que los negocios se terminen amistosamente en cuanto sea posible ántes de la hora del banquete: si no ocurriera así, se suspenderán hasta tanto que se haya elegido un nuevo gran maestre. Pero si esta remisión presentara algun ó algu- nos inconvenientes, se pronunciará sobre las distintas causas después de la hora del banquete ó se encargará de su resolución una comisión especial que las discutirá y DE LA MASONERÍA 249 tratam con detenimiento, haciéndolas objeto de una información que se someterá á la deliberación de la próxima asamblea trimestral para que la caridad fraternal se man- tenga entre todos. 2.° Para prevenir toda cuestión ó descontento que en aquel dia pudiera tener lu- gar y para que por nada ni por nadie se interrumpa la armonía ni los placeres de la fiesta. 3.° Para que todo lo que concierne al éxito y á la convenieneia de la gran asam- blea se arregle ántes, y para que siendo necesariamente aquella muy agitada no pase nada inconveniente ni ofensivo para nadie. 4." Para que todas las proposiciones útiles y todos los negocios importantes que las logias particulares encarguen á sus representantes, á los distintos maestros y á los inspectores de exponer á la gran logia, puedan ser discutidos y recaiga acerca de ellos la conveniente deliberación. 29. Inmediatamente después de la discusión de los asuntos y de su arreglo, el gran maestre y su delegado, los grandes inspectores, sus adjuntos, el secretario, el tesorero, los escribientes y todas las demás personas se retirarán, para que los maes- tros é inspectores de las logias particulares, una vez solos, procedan á la elección de un nuevo gran maestre ó á renovar los poderes del gran maestre actual, siempre que esto no se haya celebrado la víspera. Si es unánime la opinion de que el gran maestre actual debe continuar en el ejercicio de sus funciones, su honor será invitado á entrar en la sala de las deliberaciones y se solicitará de él respetuosamente que acceda á honrar á la corporación desempeñando durante el año siguiente las funciones que le estaban encomendadas. Después del banquete el gran maestre dará á conocer si con- siente ó no, procurando que esta elección no cohiba en nada su voluntad. 30. Inmediatamente después los maestros inspectores pueden, según les conven- ga, reunir á los demás hermanos y conversar con ellos hasta que se sirva la comida y cada uno ocupe su lugar en la mesa. 31. Algun tiempo después de la terminación del banquete, se abrirá la gran logia, no en una sala separada, sino en presencia de todos los hermanos, aunque haya entre ellos parte que no pertenezcan á la gran logia. Estos últimos, sin embargo, no pue- den hacer uso de la palabra más que cuando sean invitados y tengan autorización para ello. ' 32. Si ántes de la celebración del banquete el gran maestre elegido para el año anterior hubiera declarado á los maestros y vigilantes que consentía en desempeñar aún sus funciones durante un año más, un hermano de la grai\logia, en representa- clon de toda ella, será encargado de manifestar á todos los hermanos las buenas dis- posiciones en que Su Honor se encuentra, asi como también del modo que haya des- empeñado sus funciones anteriormente: después, dirigiéndose á él mismo, le rogará en nombre de la gran logia de hacerle, si pertenece á la nobleza, el insigne honor, y sino, de concederle esta prueba de grande afección, de continuar durante el próximo año siendo su gran maestre. Cuando éste haya dado su consentimiento, sea por un acto cualquiera, sea por medio de una contestación verbal, á su elección, el mismo 32 250 HISTORIA GENERAT. individuo, autorizado por la gran logia, lo proclamará gran maestre, y todos los de- mas miembros lo saludarán como tal en la forma prescrita. Durante algunos minutos los hermanos tendrán permiso para expresar su satisfacción y ofrecerle sus saludos. 33. Si á pesar de todo en aquel dia los maestros ó vigilantes no hubieran invitado al gran maestre ántes del banquete para que continúe desempeñando su puesto du- rante el año siguiente, ó éste no hubiera accedido á sus deseos, el gran maestre sallen- te nombrará á su sucesor para el año siguiente, el cual, cuando baya la gran logia reconocido unánimemente su elección, y si está presente, será proclamado acto con- tinuo gran maestre de la manera indicada más arriba, saludado y felicitado, é insta- lado, según costumbre, en las funciones de su antecesor. 34. No obstante, si aquella elección no fuera aprobada por unanimidad, se echa- rán suertes. Cada maestro y vigilante, asi como también el gran maestre, inscribirán el nombre que tengan voluntad en un papel, y el nombre que primero saque el ante- rior gran maestre será proclamado para desempeñar sus funciones al año siguiente; y si se halla en el local será saludado y felicitado, según costumbre, dándole su ante- cesor posesión acto continuo. 35. Inmediatamente después el gran maestre que haya sido reelegido para conti- nuar desempeñando sus funciones por un nuevo término, ó recientemente elegido, deberá confirmar á su vez á su delegado en sus funciones ó designar uno nuevo, cuyo nombre será entonces proclamado igualmente y saludado y felicitado de la manera que más arriba queda indicada. El gran maestre debe nombrar en seguida á los nuevos grandes vigilantes, los cuales, si la elección hecha fuera unánimemente aprobada por la gran logia, serán reconocidos por tales, felicitados y saludados; en el caso contrario se procederá igual- mente á su elección por suerte en la forma que dejamos indicada para el gran maes- tre; los vigilantes de las logias particulares serán elegidos del mismo modo si los nombramientos hechos por los maestros no son aprobados unánimemente por todos los miembros de la logia. 36. Si el hermano que hubiera sido designado por el gran maestre para sucederle en su cargo ó al que la mayoría de los sufragios de la gran logia hubiera llamado para llenar aquellas funciones estuviera impedido, por causa de enfermedad ó por cual- quier otro motivo grave, de asistir á la gran fiesta, no podrá ser proclamado gran maestre, á ménos que el anterior ó uno de los maestros ó vigilantes no diera por él su palabra de hermano y prometiera que aceptaba el cargo que se le conferia. En este caso el gran maestre anterior obrará en calidad de representante del recien ele- gido, escogerá en su nombre el delegado y los vigilantes y recibirá en su nombre del mismo modo los honores, saludos y felicitaciones de costumbre. 37. En seguida el gran maestre concederá la palabra á un hermano, compañero ó aprendiz, el cuaf tiene derecho para dirigir su discurso á Su Honor ó para hacer cualquier proposición en beneficio de la asociación, con i^especto á la que se entrará en discusión inmediatamente, remitiéndose su deliberación á la inmediata asamblea ordinaria ó extraordinaria de la gran logia, cuando esto haya tenido lugar. DE LA MASONERÍA 251 38. El gran maestre, su adjunto ó cualquier otro hermano encargado de esta ta- rea dirigirá á todos los hermanos un discurso dándoles buenos consejos. Por último, después de algunas operaciones, de las que no es posible dar cuenta en ningún idio- ma, quedarán autorizados los hermanos para retirarse ó continuar reunidos. 39. Cada gran logia anual tiene plenos poderes para modificar las antiguas orde- nanzas ó hacer unas nuevas en Ínteres verdadero de la asociación, á reserva de que sean mantenidos siempre en todo su vigor los primitivos principios y que estas modi- ficaciones ó las nuevas ordenanzas sean propuestas en la tercera asamblea trimestral que precede á la gran fiesta anual y aprobadas por ella: en seguida serán puestas por escrito, para que todos los hermanos, hasta los más modernos, puedan adquirir co- nocimiento ántes del banquete, porque la aprobación y el asentimiento de todos los hermanos presentes es absolutamente indispensable para que aquéllas sean obligate- rías. Por esta razón luégo que se haya terminado el banquete y esté el gran maestre en el desempeño de sus funciones se hará constar solemnemente que las presentes ordenanzas, propuestas por la gran logia, han sido sometidas próximamente á más de,cincuenta hermanos, los cuales les han dado su completa aprobación el dia de San Juan Bautista del año 1721. Por el enunciado que de ellas hemos hecho puede verse que no cabía en la época en que fueron publicadas, ni más equidad, ni más justicia, ni mayor formalidad que la que se advierte en estas ordenanzas: hemos creído siempre que sobre todas las causas enumeradas, y que habían dado motivo á las calamitosas épocas por que la masonería había pasado, debe ponerse para justificarlas la falta de verdadero órden que en los trabajos y formalidades había existido. En los períodos anteriores, ya lo hemos visto, todo era difuso y vago, nada definí- do y concreto; y si algo llegó á haber fué tan poco y tan accidental que bien pronto se dió al olvido y se hizo caso omiso de ello, rigiéndose cada grupo á su antojo é im- posibilitando de este modo que de una vez y para siempre se fraguara la perfecta unidad y armonía que siempre debió existir. Estaba tan arraigado el mal que áun después de la constitución de la primera gran logia, que se estableciera como primi- tivo poder regularizador de la masonería en general, siguió ocurriendo lo mismo cier- to número de años (1717-1721). Bien es verdad que aquellos que la establecieron tienen harta disculpa para justificar su parsimonia si se atiende á que tuvieron que crearlo todo, ó mejor dicho, que reconstruirlo todo: la sociedad no existia ni áun siquiera en sus más particulares elementos, precisamente los que había necesidad de tener primero para poder normalizar la marcha; los escasos individuos con que se podía contar an- daban dispersos, y de aquí una porción de inconvenientes á cual mayor que era pre- ciso orillar ántes, para pasar luégo á dictar reglas por que guiarse en los tiempos ve- nideros. La legislación no puede aparecer ántes que la sociedad: es menester que ésta se constituya, esto es, que se reúnan cierto número de individuos animados del mismo fin, inspirados en los mismos deseos, y que de corn un acuerdo convengan en la nece- sidad de hacer una pauta á la cual ajusten todos sus actos. Entóneos y sólo entónces 252 HISTORIA GENERAL es cuando cabe afirmar la existencia de una corporación, y entonces y sólo entónces es cuando cabe que la misma cumpla su misión y progrese y se. ratifique y extienda, pues sin regularizacion de poderes, sin deslindamiento de facultades y atribuciones, no cabe que pueda existir sociedad alguna. Esto que decimos tiene si se quiere más aplicación cuando se habla de la órden masónica y áun es posible afirmarlo con más vigor quede ninguna otra: una sociedad cualquiera puede proponerse un fin claro y determinado, puede ambicionar llegar á una meta y se comprende que cuando así suceda, legislen los asociados sólo para conseguir lo que se hablan propuesto: ademas, una sociedad particular se concreta á éste ó el otro número de hombres dentro de un terreno dado y cabe entónces perfec- tamente atenerse á condiciones claras y precisas que se conocen desde luégo y acerca de las que no es posible equivocarse; puede tenerse en cuenta la índole de los hom- bres, el carácter de la nación, las circunstancias de lugar y tiempo, el gobierno que rija, la religion que impere y mil otras que sin esfuerzo ni trabajo pueden servir para indicar los limites en que debe ser comprendida la legislación que se desea. Pero con la sociedad masónica no ocurría ni podia ocurrir esto: el pensamiento que en ella presidia ya cuando se organizó la primera Gran logia á que nos venimos refiriendo era grande, colosal, inmenso, abarcaba el universo entero, sus limites no podían ser otros que los de la tierra y había de comprender en su seno á todos los hombres que vivían en el mundo, fuera el que fuera su color, sus gustos, sus inclinaciones, sushá- hitos, sus tendencias y el grado de cultura que poseyeran. De aqui las dificultades de conseguir una legislación completa desde el primer momento y ménos aún de que fuera lo perfecta que había que desear, y ésta es al propio tiempo la razón porque en las ordenanzas que hemos trascrito, lo que desde luégo se advierte más en el deseo de robustecer el poder matriz que había de dar impulso á los demás. Las máquinas sen- cillas cuyo casi único objeto es imprimir un movimiento ó al ménos operar un cambio de las fuerzas, no necesitan en su construcción el esmero y cuidado dejas que están llamadas á producir por si un resultado: esto es lo que con la órden que historiamos aconteció y acontece hoy: lo principal es la buena construcción y disposición de sus piezas, es menester que todas ajusten y engranen perfectamente, que todas respondan sin oponer la menor resistencia al más ligero de los impulsos y que tal sea el temple de todas y cada una de ellas, que por ningún motivo se vicien, ni se alaben ni se quiebren. Desde el principio y con las ordenanzas en que nos ocupamos se tendió á conse- guir este fin y aunqtie desde luégo su articulado es bien claro, conviene hacer algunas observaciones acerca de ellas y concordar ciertos puntos que á la primera lectura pudieran parecer oscuros, máxime cuando existen algunos que pudieran implicar ciertas contradicciones. Las irregularidades que ántes de la constitución de la gran logia se habían venido observando, aquel punible desórden que reinaba merced á la facilidad con que cualquier hermano podia separarse de la logia en que hubiera sido iniciado y pasar á constituir otra, abriéndose asi puertas á las ambiciones mal justifi- cadas y á las genialidades de los caracteres díscolos y mal avenidos siempre, dieron DE LA MASONERÍA 253 lugar á que en ello se fijaran primeramente los fundadores de la gran logia y que ten- füeran á limitar el abuso dictando la disposición de la ordenanza octava, según la que los masones no pueden pasar á formar una gran logia sin haber recibido para ello plenos poderes del gran maestre. Para juzgar de una disposición legal hace falta aten- der en primer término al carácter de la época en que emanó del poder que tenia auto- ridad para ello y más que nada ver el fin que se proponía conseguir. Teniendo esto presente no hubiera sido posible la dura impugnación que ha sufrido de algunos auto- res de historia de la masonería, entre ellos del ilustre Fessler, que la ha atacado con verdadera saña. Ajenándose por completo de los laudables fines que la dictaran, dice el referido escritor que la mencionada disposición dió lugar á lamentables divisiones en el seno de la órden, y alega que está en contraposición con el derecho social: todo rnason tiene la convicción de que, en tanto que lo es, es mayor, y por otra parte cual- quier logia tiene igualmente la convicción de que no está autorizada para ejercer nin- gana presión sobre sus miembros. Desde luego, cuando una parte de los individuos de una logia particular se separan de ella con el consentimiento de los miembros restantes, sea porque la comunidad se haga muy numerosa, sea por otras justas cau- sas ó consideraciones morales, y estos miembros se reúnen para formar una nueva logia, el consentimiento de los individuos que hubieran permanecido afectos á la pri- mitiva basta para establecer la legitimidad de esta nueva institución; y si por miras egoístas fuera negado este consentimiento, hasta podria pasarse sin él. La autoriza- cion ó una patente de constitución extendida por un gran maestre ó por una gran logia cualquiera, no tiene en manera alguna el poder de conferir á una sociedad de masones un derecho que les es de todo punto inherente para perpetuar y extender la masonería. La masonería es un arte moral perfectamente libre; sus iniciados son libres masones y no puede estar por consiguiente á ninguna presión de comunidades de artes mecánicas, y los derechos naturales de aquellos no pueden ser conferidos 6 restringidos por un titulo que emane, sea del gran maestre, sea de la corporación. Las grandes logias se forman de la reunion de muchas logias particulares. Esta reunion es libre y ninguna logia puede ser obligada á ella si prefiere permanecer ais- lada. Desde luégo todo pleno poder ó patente de constitución emanado de una gran logia ó de un gran maestre no tiene otra significación ni valer que el de dar á conocer que la logia á que ha sido dado aquel pleno poder, ó á la que se ha librado la patente y que antes de esto era legítima y regular, que esta lògia está admitida á formar par- te de las logias particulares de que la gran logia ha sido formada. El soberano puede, con el fin de mantener el órden civil y para que sepa á qué atenerse en el caso en que se produzcan hechos que puedan dar lugar á una acusación cualquiera, conferir á una ó más logias de su pais el monopolio de la erección de nuevas logias; pero ningún poder masónico está autorizado á usurpar aquellas atribuciones é imponerse, sea á los masones, sea á las logias. Esta manera de pensar, esta manera de expresarse, es lo que ha dado lugar á que aun no haya podido realizarse de lleno el altisimo pensamiento que la masonería se propuso y es á la vez causa eficiente del sinnúmero de divisiones que se observan en 254 HISTORIA GENERAL el campo masónico. De antiguo se ha dicho, y es un hecho tan palmario que no nece- sita absolutamente confirmación alguna, que en la unidad consiste la fuerza, y este principio, de todo punto obvio y sencillo, no debió ser jamas echado en olvido. Desde luégo tendíase con la disposición citada á que no se disgregaran los elementos y al mismo tiempo á robustecer los lazos que debian unir á todos los masones para que unánimemente marcharan al mismo fin. Concedemos que todo mason es libre, pero esta libertad no puede alcanzar de ninguna manera á poder constituiran poder, acto que muchas, muchisimas veces puede ser una rebeldía: ademas la constitución de una logia particular, sin pleno poder del gran maestre ó de la Gran logia, implicaba, im- plica é implicará siempre un desconocimiento de laautoridad, á la que, aunque como libres masones, debernos estar sometidos, y justo es que el poder masónico supremo niegue su protección y su ajDoyo á los que obren de tal manera, dándose aqui por resultado una disgregación de fuerzas, mediante lo que jamas se llegará al apetecido fin de ver unidos á todos los hombres por dulces y poderosos lazos. Fácilmente puede explicarse que los gremios las facultades se dividan y subdivi- , dan formando distintos grupos, colegios ó corporaciones, sin que ningún poder les autorice para ello, porque aislada y separadamente hasta los mismos individuos pue- den procurar conseguir el fin que aunados se hablan propuesto. En la masonería no es posible admitir esto, pues si bien es verdad que cualquier hombre puede ayudar y favorecer á un semejante suyo, no lo es menos que este socorro ó protección tiene que ser débil y transitorio, de poco alcance, nunca suficiente y mucho ménos cabe admi- tir que se pueda extender á un considerable número de individuos, resultado que fácilmente puede obtener una sociedad numerosísima y perfectamente organizada. Asi, pues, con las razones indicadas se desvirtúan las consideraciones hechas por Fessler, á propósito de una ordenanza en la que desde luégo se advierten los mejores deseos de que todos los hermanos permanezcan unidos para la consecución de los altos fines propuestos desde el principio. Si en la anterior nos hemos manifestado contrarios de todo punto á las objeciones de Fessler en lo que respecta al poder que debe reconocerse únicamente al gran maestre ó á la Gran logia para expedir patentes de fundación, llevados de nuestra imparcialidad, no podemos hacer lo mismo en la impugnación que hace á la mayor representación que la ordenanza 17.' da al gran maestre concediéndole dos votos en vez de uno como á los demás individuos, y si bien es cierto que para proceder de este modo no debieron ceder á otro móvil que al de conceder á tan alta autoridad mayor prestigio nos adherimos á su idea que expone en los términos siguientes: «Esta orde- lianza cohibe á los grandes dignatarios lo que según los principios del derecho social les concede el derecho á votar. No son los miembros de la logia, sino más bien las logias particulares, en las personas de sus representantes, los que constituyen el co- mun del que parten los decretos: esto, no obstante, según las referidas ordenanzas, seis votantes que no pertenezcan á este común, por cuanto no representen á una parte, intervienen en las decisiones que ella tome.» Y aun más nos debemos rna- nife.star contrarios á semejante medida por cuanto en el tiempo se extremó más y se DV; LA MASONERÍA 255 extendió el derecho á votar en la gran logia á todos los hermanos que precedente- mente hubieransido grandes maestres, grandes maestres delegados y grandes vigi- 1 an tes. En lo que verdaderamente ha habido una mala inteligencia ha sido en lo referente á la interpretación dada á la ordenanza 34.', á cuya primera'lectura han entendido algunos que se insaculaban los nombres de todos los circunstantes diciendo al fin la suerte el que debia ocupar el señalado puesto de gran maestre y por lo que se han dirigido acres censuras á los redactores de estas primitivas ordenanzas creyéndose que intempestivamente había sido puesta la suerte en vez de la inagenable libertad masónica de que disfrutaban las logias y todos los hermanos para escoger sus supe- rieres por si mismos ó por medio de sus representantes; pero volvemos á repetirlo, semejante medida no debe entenderse asi, pues los nombres insaculados eran única- mente los de aquellos que hubieran obtenido sufragios para desempeñar en el año anterior la alta dignidad, con lo cual gran número de los votantes hablan manifesta- do reconocer en cada uno de ellos mérito bastante, sin que cTado esto tenga nada de particular que la suerte decidiera entre los que los hermanos mismos hubieran que- rido ver favorecidos. Por lo demás, y como hemos podido ver, el objeto que se propusieran conseguir los redactores de las ordenanzas no podía ser ni más sano ni más levantado: urgía poner inmediato remedio á los males que con harta frecuencia venían tocando, hijos en su mayor parte, de las profundas divisiones sembradas en la órden y del punible descuido de muchos en lo concerniente al cumplimiento de su deber; por eso se atendió ante todo á deslindar los campos, á crear autoridad yá precaver cuantos motivos pudieran presentarse para que la marcha normal y necesaria pudiera trun- carse. A propósito de lo muy indicada y señalada como memorable que se encuentra en las referidas ordenanzas la fiesta de San Juan, no son pocos los autores que han diva- gado en demasía, llegando basta á suponer que este mero hecho bastaba para acredi- lar á la órden como institución antiquísima, por cuanto habla conservado en sus rituales elementos tradicionales de los pueblos más antiguos, sino por el santo si por el dia especialisimo del año en que cae precisameiate aquel, en que coincide el solsti- ció de verano. La fiesta de San Juan, ó La San Juan, como dicen comunmente en « Francia, es una celebridad en la que más se ostentan los fuegos de la alegria, y que si bien conservada entre los pueblos cristianos, trae su origen sin disputa ninguna del paganismo. Aun en nuestros dias se celebra en la Ukrania en Rumania, en mu- chas provincias de España, en Bretaña y sobre todo en la Alsacia. No ha dejado de llamar la atención de la gente docta y curiosa, esta fiesta en la que tan particulares costumbres se observan, y dedicados á su estudio han llegado algu- nos á suponer que es una derivación del culto al fuego, suponiéndola, por tanto, ori- ginaria de los antiguos parsis, lo cual, como desde luego se comprende, es lanzar á la alada imaginación en el infinito de las quimeras, para que, á voluntad, se fije en aquella que más le excita y agrada. Otros, entre los cuales se encuentra el ilustre 256 HISTORIA GENERAL Maury^ fijándose en las comarcas en que más fervor se desplega para la celebración de esta fiesta, han visto en ella algunas reminiscencias de druidismo céltico, herido de muerte por Julio César, opiniones que se relacionan en el fondo; pues muy bien pu- diera demostrarse que el exagerado culto que los celtas daban al fuego lo hablan tomado de los parsis. Después la Iglesia Católica, encontrando profundamente arrai- gada la costumbre y comprendiendo que seria romper de frente con los pueblos que la tenían la admitió, pero aprovechándola en favor de uno de los cultos que tenia es- tablecidos ya y dedicándola á San Juan Bautista. Después de todo, la adoptación no tuvo que ser muy brusca, pues ya hizo notar Mr. Cautel que también los judíos tenían costumbre de encender hogueras y hachones al terminarse la fiesta del Tabernáculo: tomaban las viejas vestiduras de los sacerdotes y sus cinturones, los deshilacliaban para hacer hachas que los más piadosos llevaban en la mano paseando por la ciudad y cantando salmos, lo cual puede también señalarse como origen de las procesiones y de los cirios que en ella se llevan. En Rumania la fiesta de los fuegos de la alegria, se celebra en los primeros días de la primavera, haciéndola coincidir con la de los cuarenta mártires; en Ukrania en los primeros días de Junio, celebrándose la fiesta en lugares distantes de la población para no incendiar las chozas levantadas á orillas de los pantanos. Aquellas hogueras encendidas en medio de los campos durante las tenebrosidades de la noche presentan un aspecto grandioso: de veinte en veinte pasos se enciende una, y durante toda la noche saltan por encima de ellas los jóvenes de ambos sexos. Esta singular costum- bre se halla también en Francia, lo cual prueba su comunidad de origen. En el Cáu- caso se celebra también esta fiesta, sólo que en los primeros días del otoño, estación de las fiebres, que los sencillos habitantes creen poder ahuyentar con ayuda de las llamas. En España son, sin duda, los moros los que han importado esta costumbre: llama- han á esta fiesta Magrafan, y la San Juan se celebra con inusitado fervor en toda la Península. En Francia esta festividad se ha perpetuado sólo en algunas comarcas, pero especialmente en los campos es donde se celebra, habiendo desaparecido total- mente de Paris en la época de la revolución: daremos algunos detalles interesantes de como se celebraba para poder deducir mejor después consecuencias de todo punto lógicas y convenientes á nuestro objeto. En medio de una plaza clavaban un árbol al que se llamaba árbol del fuego de San Juan y el rey mismo, cuando se encontraba en Paris, era el que en persona iba á ponerle fuego; inmediatamente después las perso- nas más distinguidas daban vueltas alrededor de aquella hoguera, retirándose luégo para que el pueblo pudiera entregarse á sus saltos y alegrías. Cosa semejante sucedía en todas partes, teniendo esta fiesta, más que nada, un carácter popular, cuyo origen es de aquellos que se pierden en la remota noche de los tiempos y acerca del cual no es posible aventurar más que cálculos y probabili- dades. Si esta fiesta quisiéramos relacionarla con cualquier punto masónico nos ve- riamos en grave apuro, pudiendo conseguirse sólo violentando la imaginación, á lo que nunca hemos sido aficionados. Si la masonería conserva en todo tiempo esta fies- bE LA MASONERÍA 257 ta no fué aludiendo á la tradición que muchos suponen^ sino á una que es propia y particular de la orden y de la que ya hemos hecho mención: cuando los fines de la sociedad eran puramente materiales, cuando el trabajo, y nada más que el trabajo, era el lazo de union entre los hermanos, el dia más digno de festejarse era el más lar- go, y éste no es otro que el de San Juan, el del solsticio de verano. y3 / CAPÍTULO XVIII. La masonería en Inglaterra.—Continuación.—Movimiento progresivo.—Ingreso en la corporación masónica de los individuos de la aristocracia. —Especial cuidado puesto en la elección de los Grandes maestres.— El duque Juan de Montagu.—Descripción de la llesta de San Juan celebrada el año 1721 .—Primitiva Constitución masónica.—Trabajos realizados para su redacción.—Comisión nombrada para informar acerca de ella.—Su dictámen.—Enunciado de la referida Constitución.-Sus disposiciones.—Explicación de los anacronismos que pudieran encontrarse en ella.—Juicio crítico. NA vez lanzada la sociedad por la buena vía, su impulso fué cada vez ma- yor y sus progresos cada vez más grandes: aquella primitiva sociedad de constructores, hija de la necesidad en un principio y que tan buenos re- soltados habia dado, lo mismo para los afiliados que para el arte; aquella sociedad que después se ampliara dando entrada en sus filas á los adeptos que cediendo á uno ó á otro impulso se presentaban, llegó un dia en que cambiando sino de miras, de carácter al ménos, se vió convertida en centro de hombres ilustres y doctos, y á medida que más se generalizaba el conocimiento de ella, de sus tenden- cias y de sus propósitos más y más individuos acudían para engrosar el número de los que con todas sus fuerzas querían dedicarse al bien y progreso de la humanidad. No es posible dudar que el prestigio y buen nombre de los individuos redundan en beneficio de aquellas causas á que se adhieren, y esto dentro de la masonería puede comprobarse, muy especialmente en Inglaterra. Una de las causas que á nuestro modo de ver han influido más para que en el reino unido de la Gran Bretaña sea próspero y feliz el estado de la órden es sin disputa el cuidado que todos los hermanos han puesto en que aquel á quien nombran para estar al frente de ella sea persona idónea, capaz, de acrisolados méritos, de honradez reconocida y, si posible, de elevado na- HISTORIA GENERAL DE LA MASONERÍA 259 cimiento, obviándose así los inconvenientes que presentan para la masoneria los ad- venedizos, los aventureros políticos y los que, proponiéndose únicamente ideas de lucro y medro, lo olvidan todo, absolutamente todo, por satisfacer mezquinas miras y ruines ambiciones ó que de las elevadas dignidades que se les confieren hacen sólo títulos de pueril satisfacción, motivos de necio orgullo que no reportándoles en reali- dad ventaja alguna, sirven para que á su sombra se cometan punibles atentados y para que obtengan algunos pingües resultados á costa de los incautos y para que, en una palabra, la órden se desprestigie más y más cada día. Ya hemos visto el sin igual cuidado y tino con que procedieron en Lóndres los or- ganizadores de la gran logia; ya hemos visto también la importancia de todos aque- líos hombres ilustres que manteniéndose firmes y severos en el leal y exacto cumplí- miento de su deber, supieron levantar cada dia más el prestigio de la asociación, atrayendo á las clases elevadas. Después de los acontecimientos que acabamos de enumerar, en 1721 fué electo gran Maestre de la órden el duque Juan de Montagu, primer individuo de la nobleza que formaba parte de las dignidades de la órden; este egregio personaje, luégo que hubo acabado sus estudios hizo un viaje para ampliarlos alrededor del Mediterráneo: luégo que fué mayor de edad ingresó en la cámara de los lores, en la que combatió la política de Horacio Walpole, llegando á ser segundo lord del almirantazgo en 1711, contribuyendo á reprimir la primera insurrección jacobina de 1712 y tomando parte en las conferencias diplomáticas celebradas en Aquisgran; en tres distintas ocasiones ocupó el primer puesto del Almirantazgo, dando pruebas de sus grandes facultades administrativas en situaciones difíciles por que tuvo que atravesar aquel alto cuerpo. Fácil es comprender que hombres de tanto prestigio te- nian que elevar el carácter de la sociedad que representaban, procurándole las mayo- res ventajas posibles; así como también que una sociedad animada de tan vastos propósitos procurara atraerse á estos personajes, que eran en realidad con los que ma- yores ventajas podian conseguir. Coincide con la elección de este gran maestre la celebración de una de aquellas fiestas de que tan detalladamente se habla en las ordenanzas que hemos mencionado y que vamos á trasladar aquí tomándola del libro de las constituciones, para que nuestros lectores puedan formar una exacta idea de ella. «El gran maestre Payne, sus grandes vigilantes, los antiguos dignatarios, los tres recien elegidos á Kings Arnus Taoern^ cerca del cementerio de San Pablo, donde después de haber confirmado la elección del duque de Montagu recibieron á algunos nuevos hermanos, entre ellos el muy noble lord Felipe Stanophe, que más adelante mereció el titulo de conde de Ches- terfield. Desde allí fueron á pié revestidos de sus insignias y colocados según sus gra- dos al mercado de los libreros, donde fueron recibidos con júbilo por unos ciento cin- cuenta hermanos que se encontraban reunidos allí ostentando los emblemas de su profesión. Después del rezo que precedió al banquete sentáronse á la mesa, donde, según la antigua costumbre de los francmasones, todos tomaron parte. Terminado que fué el banquete y después de dar las gracias el gran maestre precedente Jorge Payne comenzó la primera procesión alrededor de la sala, y cuando hubo vuelto á su sitio 260 HISTORIA GENERAL proclamó en alta voz el nombre del muy noble príncipe nuestro hermano Juan de Montagú, elegido para desempeñar las funciones de gran maestre de los francmasones y después de haber revestido á Su Gracia de las insignias de su autoridad y con los ornamentos de su cargo lo instaló en el sitio de Salomon y él se colocó á su derecha. Después la asamblea reconoció la autoridad del principe, por sus homenajes y felici- taciones y aplaudió vivamente aquel nombramiento que era una señal de prosperidad para el porvenir de la masonería. »Inmediatamente después el gran maestre Juan de Montagú nombró á Juan Beal, doctor en medicina, gran maestre adjunto. Payne instaló enseguida á este hermano en su sitio á la derecha del gran maestre. Su gracia designó enseguida á los herma- nos Villeneau y Morrice para desempeñar las funciones de grandes vigilantes^ siendo acto continuo investidos é instalados por los grandes vigilantes que hasta entóneos hablan ocupado los puestos, después de lo que los adjuntos y vigilantes fueron reco- nocidos y saludados por toda la asamblea. »Cuando después de esto el gran maestre Montagú y los demás dignatarios hubie- ron hecho á su vez la procesión alrededor de la sala, el hermano Desaguliers pronun- ció un discurso acerca de los masones y de la masonería. Después que le hubieron dado reciprocas pruebas y testimonio de amistad fraternal, el gran maestre dió expre- sivas gracias al hermano Villeneau por el cuidado que habla tenido en organizar todo lo referente á la fiesta^ recomendándole en calidad de inspector cerrar la sesión en el momento que fuera conveniente.» Como vemos^ no cabe ni mayor sencillez ni más grande simplicidad: el objeto de las fiestas aquellas aparece bien claro y definido: no tenían otro objeto que dar cuenta de los trabajos realizados en el año que finalizaba aquel día y hacer nueva elección de los individuos que habían de ocupar los puestos de altos dignatarios para el año siguiente. La descripción de la fiesta que acabamos de trascribir, nos ofrece ademas una particularidad cual es la de revelarnos el carácter público que la asociación tenia por cuanto sus individuos van de un punto á otro revestidos con las insignias que acreditan sus grados^ sin tropezar en obstáculo ni inconveniente alguno, que de otro modo se hubiera hecho constar en el acta que hemos traducido. Hasta entónces^ y como venimos viendo, la sociedad se había limitado á organizar sus funciones, determinando por medio de un reglamento las atribuciones que estaban conferidas á cada hermano, la manera de proceder en la elección y otras ligeras par- ticularidades comprendidas en las ordenanzas que arreglara Payne. Faltábale entrar en lo más esencial, en lo más de fondo, que podemos decir, cual era las Constitució- nes generales, bases del ulterior movimiento que la masonería tenia que operar. Y no se entienda por esto que se hallaba falta de Constitución, sino que le era menester ar- monizarla con el nuevo carácter que la sociedad había adquirido. A este fin y según resulta de las actas en que están anotados los primeros y más preciados trabajos de aquella Gran Logia, el venerable de ella, con acuerdo y conocí- miento de todos los hermanos reunidos^ dió órden al muy ilustre miembro Anderson para que, revisando y analizando todos los antiguos documentos, libros de logia y ex- de la masonería 261 podientes que se hablan reunido, expusiera el plan de una constitución que, inspirada en las más antiguas de Alemania y de otros puntos, así como también armonizada con el espíritu dominante de la época, pudiera llenar el profundo hueco que en la legislación masónica se advertía. Lleno de celo y poseído del mayor entusiasmo, dió comienzo á su tarea aquel mason benemérito, y su trabajo estuvo ya terminado y en disposición de presentarlo á la Gran Logia en 27 de Diciembre de aquel mismo año. Por grande que fuera la respetabilidad y el preclaro talento que cada uno y todos hablan reconocido al encargado de la redacción, quisieron proceder en todo con la formalidad y orden que era debido; una vez en poder del gran maestre, fué nombra- da una comisión de catorce hermanos, todos ellos los más señalados por su ilustración y méritos, á fln de que informaran acerca del concepto que les habla merecido. Amplio y detenido, profundo y maduro fué el exámen que de él se hizo, hasta el punto deque llegó á durar tanto tiempo como en su redacción había empleado Anderson. Por últi- mo en 25 de Marzo de 1722 la comisión aquella se reunió para dar cuenta del cometido que se le encargara. El resultado puede reasumirse en los términos siguientes: «que hablan examinado el manuscrito del hermano Anderson titulado: «Historia, obliga- ciones y organización de la órden masónica», y que salvo sumarias indicaciones que convenían hacer y muy ligeras enmiendas que llevar á cabo, lo habían aprobado por ser todo él sumamente útil y conveniente. En virtud de este juicio altamente favorable la Gran logia concedió autorización para que fuera entregado á la imprenta, á fin de que circulara con la mayor profusion por entre los hermanos.» A pesar de esto, debe- mos consignar que fuera porque imprevistas circunstancias se opusieran á ello, fuera porque el tiempo se empleara en hacer las correcciones que la comisión había indi- cado, es lo cierto que hasta el 17 de Enero de 1723 no fué comunicado á los represen- tantes de veinte logias particulares que se habían adscrito ála Gran Logia. Aprobadas también por ellos fueron publicadas en el mismo año de 1728 en Lóndres con el título de The constitution of the Freemasons. El libro deque nos ocupamos, de grandísima importancia en la Historia general dé la Masonería es un volumen de corto número de folios que contiene, 1.° un resú- men de la historia de la órden; 2.° los antiguos deberes ó leyes fundamentales; 3.° las antiguas ordenanzas. La primera parte, como es fácil comprender, no es más que una historia del anti- guo arte de construir, la cual, como todas las que hasta entónces se hablan hecho, adolece del defecto de estar demasiado atenida á las tradiciones de la órden, acerca de las que ya hemos tenido ocasión de hablar más de una vez. La tercera parte está formada poi* las ordenanzas recopiladas por Jorge Payne, que ya hemos dado á cono- cer, pasando ahora á hacer lo mismo con la segunda ó sea la primitiva constitución de la órden masónica, cuyo titulo y contenido es el siguiente: 262 HISTORIA GKNERAI. Antiguas leyes fundamentales ó reglas pura los francmasones, sacadas de los antí- gaos documentos de las logias de ultramar, de Inglaterra, de Escocia y de Irían- da para uso de las logias de Londres, las cuales deben leerse siempre que un nuevo mason sea recibido y siempre que el Maestro lo ordene. I DE LO QUE CONCIERNE Á DIOS Y Á LA RELIGION Un mason está obligado por vocación á practicar la religion moral y si en realidad comprende todo el alcance de sus deberes no podrá convertirse nunca en un estúpido ateo, ni en un hombre inmoral. Por masque en los antiguos tiempos todo mason estu- viera obligado á practicar la religion del país en cpie se encontrara, cualquiera que ésta fuese, se ha encontrado más oportuno no imponerle otra religion que aquella acerca de la que están conformes todos los hombres y dejarles la más absoluta liber- tad en cuanto á sus opiniones personales. Esta religion consiste en ser hombres hue- nos y leales, es decir, hombres de honor y de probidad, cualesquiera que sean las denominaciones que tomen ó cualesquiera que sean sus convicciones. De este modo se logrará convertir á la masonería en un centro de unidad y en medio de establecer relaciones amistosas entre gentes que fuera de ella hubieran permanecido constante- mente separadas unas de otras. II DE LA AUTORIDAD CIVIL SUPERIOR É INFERIOR Un mason debe ser un hombre apacible, sometido al poder en cualquier lugar que habite ó en el que trabaje y no debe dejarse arrastrar jamas en las alteraciones ó conspiraciones contra la paz y la prosperidad del pueblo, ni mostrarse rebelde con la autoridad inferior, pues las guerras, la efusión de sangre y las revoluciones han sido siempre funestas para la masonería. Por esta razón desde la más remota antigüedad, los reyes y los príncipes se manifestaron muy favorablemente dispuestos en pro de la masonería á causa de la sumisión y fidelidad de que los masones hicieron costante- mente alarde en el cumplimiento de sus deberes como ciudadanos, y por que opu- sieron la autoridad del hecho á las calumniosas imputaciones de sus adversarios, en proteger á los miembros de la corporación y en defender el honor de ésta que pros- pera en tiempos de paz. Por esta causa, si aconteciera que un hermano se convirtiera en perturbador del orden público, nadie deberá ayudarle en la realización de sus ma- los designios, sino que por el contrario, deberá tenérsele como á un desgraciado. Si no fuera reconocido culpable de ningún otro crimen, por más que la fiel corporación DE LA MASONEaÍA 263 condene su actitud, á fin de no dar motivo alguno al gobierno, de suspicacia ó de descontento, no podrá sin embargo ser excluido de la logia y sus relaciones con esta tendrán que permanecer inviolables. III DE LAS LOGIAS Una logia es el lugar en que los masones se reúnen para trabajar: por esto seme- jante reunion ó asamblea de masones regularmente constituida ha recibido el nombre de logia: cada hermano debe permanecer en una de ellas y someterse no sólo á sus reglamentos particulares, sino que también á las ordenanzas generales. Una logia pue_ de ser general ó particular, y ,el medio más fácil de adquirir conocimientos acerca de ella, es visitarla y estudiar los actuales reglamentos de las logias particulares y gene- rales ó grandes logias. En otro tiempo, ni los maestros ni los miembros de estas logias podian ausentarse ni dejar de asistir, sobre todo cuando su presencia hubiera sido requerida, sin incurrir en un severo castigo, á ménos que no pudieran probar á los maestros y á los inspectores que les habla impedido un motivo justificado. Las personas que quieran ser admitidas en una logia, en calidad de miembros de ellas, deben ser hombres buenos y leales, libres de nacimiento y edad madura y razonable; está absolutamente prohibido recibir como masones á los siervos, á las mujeres, los hombres inmorales ó escandalosos, sino sólo á los que disfrutan de buena reputación. IV DE LOS MAESTROS, INSPECTORES, COMPAÑEROS Y APRENDICES Toda preferencia entre masones debe fundarse únicamente en el verdadero valor y mérito personal: se debe cuidar atentamente para que los propietarios que hacen construir sean servidos con entera satisfacción, para que los hermanos no tengan de qué avergonzarse y para que la real corporación no pierda la consideración de que goza. Por esta razón, no será elegido ningún inspector en atención á su edad sino únicamente por sus méritos personales. Es imporible tratar todas estas cosas por escrito: cada hermano debe acudir á su puesto y aprender estos principios según los métodos en esa corporación. Es menester que los postulantes tengan presente que ningún maestro puede admitir á un aprendiz, sino tiene bastante trabajo que darle si y este aprendiz no es un jóven perfecto cuyo cuerpo esté exento de deformidades ó de cualqúier otro defecto que lo haga incapaz de instruirse en su arte, de servir á su maestro y de convertirse á su vez en hermano y maestro luégo que pase el de tiempo su aprendizaje. Sus parientes deben también ser honrados, para que si posee las otras cualidades i'equeridas, pueda llegar á conseguir el honor de ser inspector, des- 261- HISTORIA GENERAL logia, inspector más tarde y por último gran maestre de pues maestro de una gran todas las logias según la medida de su capacidad. Ningún hermano puede ser nombrado inspector si ántes no ha sido miembro de la corporación, ni maestro sino ha llenado las funciones de inspector^ ni gran inspector sino ha sido maestro de una logia, ni, en fln, gran maestre sino ha formado ántes ser noble de la corporación en calidad de miembro. El gran maestre debe por parte su nacimiento ó bien ser un hombre que ocupe una posición excepcional, de una edu- un artista nacido de cacion perfecta ó mejor un sabio distinguido, un hábil arquitecto, un mé- padres honrados, y que ademas estén las logias de acuerdo para reconocerle su con más rito real. Es menester, en fln, para que pueda llenar los deberes de cargo exactitud, más fácilmente y de manera más útil que escoja un delegado, el cual tiene que haber sido maestre de una logia particular; este gran maestre delegado tiene el privilegio de poder realizar todo acto que sea de la incumbencia directa del gran maestre, su superior, cuando éste se halle ausente y no haya hecho conocer su volun- tad por escrito. Todos los hermanos están obligados á prestar la más absoluta y sincera obedien- cia á estos gobernantes y dignatarios superiores y subalternos de la antigua logia, en sus diversos empleos, conforme á las antiguas leyes y reglamentos, y á ejecutar sus órdenes con respeto, afección y prontitud. V REGLAMENTO DE LA CORPORACION DURANTE EL TRABAJO Durante los dias laborables, los masones todos deben trabajar lealmente, para que puedan el pasar convenientemente los dias festivos; tiempo prescrito por las leyes actuales del pais ó debe por aquellas que más adelante se dicten emplearse integra- mente el trabajo. El más experimentado de los compañeros de la corporación, en deberá escogido en calidad de maestro ó de vigilante de los trabajos de construe- ser órdenes deben considerarlo clon sus que un propietario ordene y los que trabajen bajo deshonesta como maestro. Los compañeros deben evitar toda conversación y pronun- lo mismo ciar palabras descorteses, sino llamarse entre si hermanos ó compañeros, y edu- en la logia que fuera comportarse de la manera que acredita la más perfecta cacion. El maestro debe emprender los trabajos que el propietario ordene en las condicio- sus nes más equitativas posibles y servirse de lo que á él pertenece como si fueran bienes propios: tampoco debe dar á un compañero ó aprendiz más salario que el que su en realidad merezca. Todos los maestros y los masones que reciben exactamente salario, deben ser fieles con el propietario que les da trabajo y efectuar concienzuda- tengan encomendado, sea que el contrato se haya verificado á destajo ó mente el que deban tratar de la primera manera sino aquello que no haya costum- á jornal, sin que de bre de hacerlo de la segunda. Nadie debe manifestarse celoso de la prosperidad DE EA MASONERÍA 265 otro hermano ni mortiflcarlo, ni procurar que abandone un trabajo cuando es capaz de llevarlo á feliz término^ pues no está permitido á ninguno acabar el trabajo que otro comenzara en condiciones tan ventajosas para el propietario, sino tiene un cono- cimiento profundo de los planes y dibujos de la construcción. Si entre los compañeros fuera elegido uno para vigilante de los trabajos, debe ser flel al maestro y á los compañeros: en ausencia del maestro tendrá especial cuidado acerca de los intereses del propietario y de la buena ejecución de los trabajos y los hermanos todos deben obedecerle, Todos los masones recibirán su salario con reconocimiento, sin murmurar y sin hacer observaciones y no abandonarán al maestro ántes de que la tarea esté termina- da. fill trabajo no debe enseñarse á los hermanos más modernos por temor á que ha- gan mal empleo de los materiales y para que, gracias á esta enseñanza fraternal, se consolide y crezca entre ellos la verdadera amistad. Todos los útiles empleados para los trabajos deben ser aprobados por la gran logia. Ningún jornalero podrá ser empleado en el trabajo propiamente llamado de la masonería; los masones no podrán tampoco, á ménos que una invencible necesidad les obligue á ello, trabajar con hombres que no pertenezcan á la comunidad, asi como tampoco enseñarán á los jornaleros ni á ninguno que no forme parte de la masonería lo que están en el deber de enseñarse los unos á los otros. VI DE LA CONDUCTA 1.° En la logia cuando está constituida No debéis instituir comités particulares, ni entablar negociaciones con nadie, si ántes no habéis obtenido la correspondiente autorización del maestro. No debéis tam- poco tratar ninguna cuestión inconveniente ó inoportuna, ni interrumpir al maestro cuando esté hablando, asi como tampoco á ningún hermano que hable con él. No debéis en manera alguna perder el tiempo en cuestiones fútiles y sin importancia, en tanto que la logia se halle ocupada en cuestiones graves y mucho ménos aún emplear un lenguaje deshonesto por ningún motivo que pueda surgir: es menester, por el con- trario, dar al maestro, á los vigilantes y á los compañeros las más señaladas pruebas del respeto que merecen y que vosotros les debéis. Si se diera una queja cualquiera contra un hermano,el culpable debe someterse al juicio y á la decision de la logia, que es el tribunal real, llamado regularmente á co- nocer todas estas diferencias, (á ménos que no se apele á la gran logia), ante la cual deben ser llevados todos. Sin embargo, siempre se tendrá especial cuidado en Cj[ue los trabajos del propietario no se interrumpan por estas causas y en cualquier caso debe- rán tomarse las medidas que aconsejen las circunstancias. Ademas, para nada de lo que concierna á la masonería, debéis acudir á los tribunales ordinarios de justicia, á 34 266 HISTORIA GENERAL ménos de que la gran logia no haya reconocido una indispensable necesidad de ha- cerlo así. 2.° Conducta que es necesario observar cuando la logia está ya cerrada pero áun permanecen reunidos los hermanos Os está permitido entregaros á placeres inocentes y obsequiaros mutuamente se- gun vuestros medios, pero tened gran cuidado en evitar toda intemperancia y de no inducir á ningún hermano á comer ó á beber más de lo que tenga gana, ni impedir que se retire si por cualquier motivo tiene que hacerlo asi. Os es necesario absteneros igualmente de hacer ó decir nada que pueda dar lugar á un rompimiento de las hue- nas relaciones que deben mediar entre todos, porque entonces quedará rota la armo- nía y destruido nuestro fin. Por esta razón, ningún motivo de discordia ni ningún elemento de odio debe llevarse á estas reuniones, y más que nada deben evitarse las discusiones sobre cuestiones religiosas ó políticas ó las cuestiones de nacionalidad, la atendiendo á que en nuestra calidad de masones no profesamos más religion que natural indicada más arriba; que somos de todos los pueblos, de todas las lenguas, contra de todos los idiomas y que constantemente nos oponemos á todas las empresas sino funestas los gobiernos, pues éstas nunca han sido ni pueden ser jamas para la prosperidad de las logias. Este articulo del reglamento ha sido sinceramente impuesto y observado en todos los tiempos, pero muy especialmente después de la Reforma de la Iglesia británica ó después que el pueblo ingles se ha retirado y separado de la Comunión de la Iglesia de Roma. 3.° Regla de conducta hay hermanos que que observar cuando se encuentran dos fuera de la logia y ningún extraño se halla presente. Os debéis saludar amistosamente y según la observación que oportunamente se os ha hecho daros mutuamente el titulo de hermano y comunicaros todas aquellas ob- puedan ser de alguna utilidad, siempre que no seáis observados servaciones por que nadie y que no os puedan entender; guardaos de pretender elevaros por encima de los demás ó de rehusar á cualquiera de vosotros los testimonios de respeto que le de- beriais, aunque no fuera mason. Porque aunque todos los masones en calidad de her- encuentren á la misma altura y hayan de disfrutar de los mismos honores y manos se preeminencias, la masonería no quita á ningún hombre ninguno de los honores de que disfrutaba ántes de pertenecer á ella; por lo contrario, no hace más que ahadir á ellos principalmente cuaiido han merecido bien de la corporación, que debe honrar a los que se les debe honor y perseguir las malas costumbrcís. DE LA MASONERÍA 267 4." Conducta que es necesario observar en presencia de los extraños que no sean masones. Seréis circunspectos en vuestras palabras y en vuestra conducta, para quç los ex- traños ni áun los más perspicaces puedan entrever ni adivinar lo que no es oportuno sepan; alguna vez seria bueno que cambiareis de conversación, haciéndola recaer que sobre una cuestión que, sin despertar la más ligera sospecha, permita hacer el elogio de nuestra corporación. 5.° Conducta que será bueno observéis en vuestra casa y en la vecindad. Debéis portaros como conviene á un hombre prudente y moral y no conversar con vuestra familia, vuestros vecinos ó amigos de asuntos de la logia, ni en ninguna cir- cunstancia perder de vista el cuidado que merecen vuestro honor y el de la sociedad masónica, viéndonos en el caso de prescribir esto por razones que no debemos indicar aqui en manera alguna. No descuidar vuestros intereses permaneciendo mucho tiempo ausentes de vuestras casas, luégo que han pasado las horas en que es precisa vuestra asistencia en la logia; evitad igualmente la embriaguez y el escándalo para que vuestras familias no queden descuidadas ni privadas de lo que tienen derecho á esperar de vosotros, y para que vosotros mismos no quedéis incapacitados para tra- bajar. 6.° Conducta que hay que observar con un hermano extranjero. Es necesario preguntarle con precaución y de la rnanera que os indique la pru- dencia para evitar que con falsas apariencias se os induzca á error por cualquier ignorante. ,Si llegáreis á conocer que es asi, rechazadlo léjos de vosotros con des- precio y burla, teniendo muy especial cuidado de no hacerle ningún signo de recono- cimiento. Pero si llegáis á adquirir la evidencia de que es un verdadero hermano, debéis tratarle como corresponde, y si se encuentra en la necesidad debéis socorrerle si podéis ó indicarle los medios más seguros y prontos de que encuentre socorro. Es necesario procurarle algunos dias de trabajo para que se instale, pero á pesar de todo no estáis obligados á hacer por él más que lo que vuestros medios permitan, sino sólo á darle la preferencia á un hermano pobre que es un hombre de bien y honrado, sobre cualquier otra persona que se encuentre en las mismas circunstancias. Por último, debéis ajustares á todas estas prescripciones, así como también á to- das las que se os comuniquen por otro conducto; debéis practicar la-caridad fraternal que es la piedra fundamental, la llave, el cimiento y la gloria de nuestra corporación; desechad léjos de vosotros todo motivo de querella, todo concepto calumnioso, toda maledicencia y murmuración; no permitáis que en vuestra presencia se ataque la reputación de un hermano honrado, sino defended su carácter, para prestarle 268 HISTORIA GENERAL un servicio en tanto que lo permitan vuestro honor y vuestros intereses. Y si cual- quiera os hace daño, sea en lo que sea, debéis elevar la queja en vuestra logia ó en la suya, y desde éstas podéis apelar á la gran logia al tiempo que se reúna en asamblea trimestral, y por último á la asamblea anual, según la laudable costumbre que se ha observado siempre con respecto á esto por nuestros antepasados de todos los países. Jamas debéis entablar un proceso á ménos que el caso no pueda ser juzgado de otra manera y vosotros debéis acoger amistosamente los consejos prudentes del maestro y de vuestros compañeros, si tratan de evitar que comparezcáis ante la justicia con los extraños; de cualquier modo, es menester que por todos los medios evitéis las vias litigiosas, para que podáis ocuparos con toda libertad de espíritu de los asuntos de la corporación. Por lo que toca á los hermanos que tengan entre sí cuestiones, los maes- tros y los hermanos se asesorarán de aquellos otros que hayan cultivado la ciencia del derecho, y propondrán después un arreglo amistoso que aceptarán con reconocí- miento las partes que sostengan el litigio; si, á pesar de todo, se reconociera inútil de todo punto la aplicación de este medio, no se desistirá en manera alguna de incoar el procedimiento, pero evitando toda animosidad, toda cólera, todo odio, abstenién- dose de hacer ó decir nada que pueda herir la caridad fraternal ó interrumpir la reci- procidad de buenas relaciones para que cada uno pueda avalorar la influencia bien- hechora de la masonería; asi han obrado desde el comienzo del mundo todos los buenos masones y deben obrar todos los que sigan hasta la consumación de los siglos. Por más que la comisión encargada de hacer el exámen de estas constituciones tocara y retocara algunos de sus puntos, para llegar á conseguir un trabajo perfecto, y por más que en el ánimo de todos estuviera armonizar las tradiciones de la órden con el nuevo carácter que á ésta le hablan dado los más ilustres masones que por entón- ees vivían, es lo cierto que el carácter primitivo que había venido acreditando á la cor- poracion de constructores no pudo desaparecer por completo, sino que se inveteró en ella como el olor del primer perfume en un vaso en que se pone otro nuevo. Sin em- bargo, por más que existan en ella elementos anticuados, ya es justo que notemos cuán considerable es el progreso que determinan y cuán grande el espacio recorrido, si se atiende á las disposiciones que ántes regían. Desde luégo, y como para cerrar la puerta á toda cavilosiriad, á toda suspicacia y á todo temor, recordando sin duda las opiniones aventuradas por los que desde el principio habían mirado con aversion á la órden, hallamos en el primer párrafo de esta constitución una definición clara y perfecta del individuo perteneciénte á la so- ciedad masónica. No sólo exige que al tiempo del ingreso en ella sea un hombre mo- ral, sino que también exige la garantía que da la educación y los buenos principios, segura barrera contra el extravío posterior y la corrupción de los hombres. Contra las aventuradas suposiciones de aquellos que en el mason han visto siempre un hom- bre descreído, sin fe y sin religion, podemos recordar aquella disposición siempre en vigor dentro de la órden, de que el hermano tenia que acatar la religion dominante en el pais que trabajara. Prestábase esto áno pocas faltas cometidas por los hombres DE LA MASONERÍA 269 involuntariamente, y tanto para evitarlas como para destruir cuantos inconvenientes pudieran oponerse á la general armonía y á la fraternal union de todos los hombres, los legisladores masones de la primera gran logia de Inglaterra opusieron seguro y eficaz remedio. Dejando subsistente en el ánimo de los asociados el principio religioso, no deter- minaron cuál babia de ser el dominante ni indicaron tampoco cuál había de ser el más apto para los progresos masónicos, sfno que dejando ancho campo á la concien- cia de cada cual hicieron caso omiso de las formalidades externas, asi como también de los dogmas consignados y preconizaron la religion universal, esto es, ninguna clara y determinada, todas sin hacer ostentación de cualquiera. Gracias á esto se ha podido conseguir el fin que se propusieron y merced á esta libertad de la conciencia, admitida en su más lata expresión, dentro de la masonería se ha ramificado y exten- dido, arraigándose sólidamente en todos los pueblos lo mismo en los monoteístas que en los politeístas, lo mismo entre los cristianos que entre los que no lo son, lo mismo entre los católicos que entre los protestantes. Si á partir de este periodo quisiéramos enumerar los progresos á que ha dado lu- gar la masonería, éste seria indudablemeníe el primero que tendríamos que registrar: en la fecha en que la institución que historiamos preconiza el principio de la libertad religiosa, ninguna sociedad ha pensado en él todavía, ningún pueblo lo ha consignado ni en su constitución ni en sus leyes. Compatible en un todo con la más absoluta libertad ha sido siempre el principio de órden sin el cual no cabe progreso alguno, por esto en el segundo párrafo de la constitución trascrita bailamos consignada de la manera más lata la sumisión y el respeto que todo mason debe tener hacia las autoridades del paisen que se encuentra. Lo mismo en su primera época, que en esta nueva faz que adquiere ahora, hemos po- dido ver queda perfectamente comprendido que la masonería no tuvo jamas caràcter de sociedad política; respetó siempre todas las formas de gobierno y rehuyó las alte- raciones como elementos en contra de su desarrollo y progreso, no sólo porque como según hemos visto no pudo avanzar un paso en los tiempos de revueltas, sino por- que comprendiendo que siempre le había de ser eficaz y necesario el apoyo de la autoridad civil rehuyó malquistarse con ella, teniéndola siempre propicia. Teniendo en cuenta esto, prescribe la conducta que bay que observar con el hermano que se manifes- tara deseoso de perturbar el órden público y recomienda que se le niegue todo apoyo, que no sea atendido en sus sugestiones y que sea tenido como un desventurado que no alcanza á comprender la extension de sus deberes como ciudadano y como mason. Pudiera oponerse que á pesar de estas objeciones la masonería no ha hecho nada en distintas épocas para contener á los revoltosos, pero justo también es conceder que su poder no alcanzaba á tanto; dentro de la órden la conducta del que se disponía á infringir las leyes era condenada, no se le concedía auxilio alguno, fuese cual- quiera que fuera la idea que se dispusiese á sostener en el terreno politico y si les con- servaba en su seno era mirándolos con prevención, pues no podia ser arrojado aquel á quien un juramento habia impreso carácter. 270 HISTORIA GENERAL Define después las logias, y como ya en la época anterior hemos hecho notar que gran parte del decaimiento de la masoneria se debia á la dispersion en que esta- han los hermanos, prescribe severamente la nueva constitución que ninguno de ellos puede permanecer aislado ó separado, sino que forzosamente ha de formar parte de una logia sometiéndose á lo que los estatutos generales ordenan y acatando el regla- mento particular de aquella de que sea miembro. Encaminando la masoneria sus trabajos á conseguir el bien general de la sociedad humana, era difícil prescribir ó de- terminar los asuntos de que los hermanos reunidos en logia tenían que ocuparse; múltiples son las necesidades de la vida y múltiples los medios que puedan propo- nerse para analizarlas; numerosas las vias que pueden arbitrarse para el desarrollo de la cultura y la civilización y varias las vicisitudes en que la orden puede encon- trarse y de aquí que para el exacto cumplimiento de todo lo que á ella se refiriera tu- viera que aconsejar la puntual asistencia de los hermanos, con lo que á la vez tenia que conseguirse más union y facilidad para la prestación de mutuos servicios. Las .rancias preocupaciones délos pasados tiempos, la coacción en que el espíritu habla vivido durante toda la Edad media, la indole especial de aquella sociedad, habla creado entre los hombres una serie de ar:.)itrarias y repugnantes divisiones en vista de las que se hubiera podido pensar que no todos los individuos de la gran familia humana eran descendientes de los mismos padres. La fuerza primero, la riqueza y la opulencia después, hablan dado origen á ellas y era espantoso considerar la triste si- tuacion del pechero y el siervo de la gleba al lado del soberbio magnate que lo expío- taba: odios, rencores, asechanzas, acrecimiento de desear vengarse, estos eran los frutos de aquella defectuosa organización, dada la cual los individuos agrupados en castas, semejantes á los antiguos indios, nadan y morian en el mismo estado, siendo lo más triste que la única forma de remediarlo era la consumación de actos casi siem- pre penados por las leyes; pero como el derecho del más fuerte era el que imperaba, pronto eran sancionados y pasaban á constituir ciertos aptos de que áun muchos se enorgullecen en nuestra época. La masoneria, que habla destruido las barreras que entre unos y otros hombres crearan los sentimientos religiosos, no podía desatender el gravísimo mal que lamentamos y lo atacó con ruda y fuerte mano, oponiendo á él una igualdad niveladora entre todos los hombres que ingresaban á formar parte de la sociedad. Dentro deella todos eran acreedores á iguales derechos, todos tenían que acudir al cumplimiento de iguales deberes; los llama hermanos y prescribe que se traten como tales, cierra la puerta á rencillas y motivos de disgusto y concede sólo grados en atención á los servicios que dentro de ella se presten y á los méritos que dentro de ella se adquieran. Resiéntése la constitución en este punto del apego á la tradición que ya hemos se- halado, aunque bien pudiera ser, que no fuera lo que á primera vista puede pensarse, sino que los términos estuvieran sentados en sentido figurado y no fuera su intención ocuparse ni mencionar para nada los tr-abajos materiales; sino los meramente mora- les á que en adelante tendría que dedicarse. Gom.o la ambición humana no reconoce valla y halla siempre motivo para querer ser justificada, el legislador le opuso la úni- DE LA MASONERÍA 271 ca traba que forzosamente tenia que contenerla; áeste fin se determinó el tiempo de permanencia necesaria dentro de cada grado y las condiciones mediante las que po- dian ser desempeñadas las altas dignidades, determinándolas de menor á mayor con lo que se evitaban ingerencias de todo punto perjudiciales. Con una minuciosa escrupulosidad determina luégo la conducta que deben obser- var los hermanos particularmente, resplandeciendo en ella el deseo de la nioral más clara y pura, lo mismo cuando se hallen en logia que cuando ésta se haya cerrado ya; la obediencia general prescrita era bastante á contenerlos en el primer caso; pero como la acción no habia de limitarse á él, extendió sus preceptos á los momentos en que reunidos los hermanos sin hallarse bajo la dirección del maestro, pudieran dar lugar con sus palabras ó con sus hechos á cuestiones que era de todo punto necesario evitar; á este fin prohibe con sin igual cuidado que los hermanos entablen discusiones ni de religion, ni de política, ni aquellas que afectan directamente á los sentimientos de nacionalidad y no es que se propusiera cohibir en manera alguna la expansion de los ,individuos, ni que hiciera caso omiso de la verdad de que de la discusión brota la luz sino que las indicadas cuestiones son las que con más facilidad irritan los ánimos y acerca de las que más discrepan los pareceres. Por otra parte nada tienen de extra- ñas las citadas presci-ipciones si se atiende á que con respecto á la religion, laórden te- nia preconizada la libertad de conciencia; con respecto á la politica se habia declarado contraria á todo movimiento, á todo acto que pudiera dar lugar á colisiones en este terreno así como también á despertar sospechas de las autoridades civiles, y en cuan, to á las nacionalidades le asistía doblemente razón para obrar asi, porque uno de los principales fines que deseaba conseguir era la agrupación de todos los hombres sin distinción de razas, idiomas ó costumbres. La circunspección y el sigilo venían siendo condiciones altamente recomenda- das desde el principio, por lo que no se hizo más que transcribirlas á la constitución que nos ocupamos. Se conoce que ya por aquel tiempo había algunos de los que como en todas las manifestaciones de la vida ocurre, quería participar de los derechos de que podían disfrutar' los hermanos, sin estar' sujeto á los deberes que tenían que cumplir; por esto observamos el cuidado con que en el riltimo pár'rafo se dictan reglas para llegar á conocer cuándo un extranjero pertenece á la corporación y cuándo no, sin aventurar el hei'mano, por su parte, palabra ó señal que pueda comprometerle des- pues. En este punto también aclar'a y deter^mina la constitución la conducta que debe observar el mason con el mason y es justo hacerlo notar desde ahora, pues de este mo- do se desti'uyen ese sin nrimero de preocupaciones é ideas erradas en vista de las cua- les al individuo perteneciente á esta sociedad se le cree en el deber de sacrificar su vida, sus intereses, su familia y todo cuanto tenga ó posea por el bien general de la órden ó por el bien particular de un hermano, creencia que se ha extendido hasta el punto de llegar á suponer que un juez mason no fallaria jamas contra un hermano por más que la justicia lo exigiera asi. No hay nada de esto y bien determinado queda por el punto á que nos remitimos hasta dónde alcanzan los deberes de los unos para con los otros, estrictamente atenidos siempre á lo que la moral y la justicia prescriben. CAPÍTULO XIX. Progresos de la Gran Logia de Ldudres.—Continuación.—Escisión masónica.—El duque Felipede Warthon.— Su biografía.—Conducta observada por él en los distintos países que recorriera.—Su actitud en la poli- tica inglesa.—Papel que desempeñó en nuestra patria.—Sus consecuencias.—Su proceder masónico.— Constitución de logias irregulares.—Conducta noble y elevada del Gran maestre Montagu para evitar el cisma dentro de la masonería.—Creación de nuevas logias en Lóndres.—El gran maestre duque de Rich- mon.—Establecimiento del Comité de Beneflcencia.—Grandísima utilidad de esta institución.—Comien- zos de la necesaria descentralización de las facultades de la Gran Logia.—Primeros obstáculos opuestos á la masonería por el jesuitismo.—Los Gormogones.—Carácter de esta sociedad.—Sus móviles y sus flnes. —El jesuitismo.—Historia de esta asociación. —Su progreso y su desarrollo.—Sus primitivos fundadores. —Ignacio de Loyola. —Su biografía.—Justas persecuciones sufridas por el jesuitismo por parte del poder civil y del eclesiástico.—Expulsion de la órden de todos los países europeos.—Instrucciones secretas de la Compañía de Jesús.—Enunciado.—Juicio acerca de ellas. N el capitulo anterior, justificando ciertas prescripciones de la conslitu. clon que primeramente sancionara la Gran logia de Inglaterra, hemos hecho notar como algunas de ellas tendían á cohibir y contener la am- bicion humana en sus justos limites, pues pasión es ésta que alterándolo todo y ofuscando á los hombres da lugar á que olviden sus más elementales debe- res y sus más sagrados compromisos. Razón sobrada tenia para proceder asi cuando poco ántes de que la constitución fuera sancionada surgió la primera escisión en la órden dentro de la nueva faz que habla adquirido. Ya hemos dicho que merced á los nuevos principios que la masonería sostenía por entóneos, constantemente se afiliaban á ella hombres de todas clases siendo cada vez mayor el número de los aristócratas y nobles de alto rango que se contaban como miembros de ella. Entre éstos y por la época á que nos venimos refiriendo, se conta- ba el duque Felipe de Wharton, cuya biografía daremos á conocer, pues basta por si sola para explicar su conducta. Hijo del marqués Tomás Warlon, había nacido en HISTORIA GENERAL DE LA MASONERÍA 273 1698 y gracias á su colosal fortuna y ai esmero que en ello puso su padre, recibió una brillante educación; pero desde sus más tiernos años manifestó ser de carácter iras- cible y violento y hallarse dominado por una ambición que excedía en mucho á la que podía ser justificada con sus aptitudes; á la edad de diez y seis años se casó secreta- mente contra la voluntad de sus mayores, que no pudieron ver con gusto aquel acto ajeno á las severas costumbres de la familia inglesa. Obedeciendo las órdenes de su padre marchó poco después á Ginebra con objeto de estudiar el calvinismo, mas poco aficionado á los estudios teológicos pasó agradablemente el tiempo en divertirse^ con- trayendo exorbitantes deudas que le obligaron al fin á abandonar esta población. Desde ella se trasladó á Aviñon donde ofreció respetuosamente sus servicios al pre- tendiente de la corona de Inglaterra; inmediatamente después pasó á Paris para visi- tar á la viuda de Jacobo II como lo verificó en efecto: siípo arreglarse de tal modo que obtuvo de dicha señora una fuerte cantidad á titulo de préstamo con la que continuó llevando en la capital de Francia la vida de disolución y escándalo á que estaba tan acostumbrado. Habiendo vuelto á Inglaterra tomó asiento en la cámara de los pares, mostrándose decidido y entusiasta defensor de la nueva dinastía reinante y manifes- tándose al propio tiempo hábil polemista, gracias á cuyas condiciones le fué otorgado el título de duque, á pesar de no contar más que veinte años de edad. Tornadizo y veleidoso por naturaleza, no pudo permanecer durante mucho tiempo en aquel terre- no donde tantos lauros había conquistado y si bien hay historiadores políticos de In- glaterra que atribuyen su conducta á gracias justas que él pidiera y que le negó el gobierno, es lo cierto que se pasó á la oposición y combatió al ministerio con una rudeza mayor que la energía con que lo habla defendido. Las contiendas políticas, y la vida pública, no lograron separarlo de la senda que venia recorriedo, y bien pronto consumió totalmente en disipaciones de mal género, la colosal fortuna que su padre le habia dejado, hasta el punto de que en 1723, el du- que de M^harton, se vió reducido á tener que vivir de una pension no muy crecida que le hablan otorgado. Para arbitrar recursos, fundó entóneos el periódico £"/ Verda- dew Breton^ en el cual siguió la dura campaña que habia emprendido contra el go- bierno, lo cual en suma no fué pequeña causa de su total ruina. Apesar de los grandes esfuerzos que realizara, no logró sostener el periódico más que hasta Febrero de 1724. A. partir, de esta época, se revela más y más su carácter aventurero y manifiesta hasta que punto era inconstante en todas sus ideas: la vida que llevara en Inglaterra y la conducta que con todos habia observado, fueron causas de que tu viera que abando- nar su patria, trasladándose á Viena, donde pudo subsistir muy poco tiempo: de la capital de Austria vino á Madrid; en nuestra patria se hallaba empeñada por entónces la guerra de sucesión, y el duque de Wharton, se manifestó como decidido defen- sor del pretendiente, en cuyas filas peleó con el titulo de duque de Northumberland que aquel le habia concedido. Nuestro personaje que parecía predestinado á equivo- carse siempre, una vez terminada la campaña salió de Madrid, donde se habia casado I nuevamente, marchando á Roma donde abjurando del protestantismo, hizo profesión de católico fervoroso: fuera que su mala reputación se hallara ya harto estendida, 35 274 HISTORIA GENERAL fuera que los hechos por él, en la capital del orbe católico no tuvieran nada de parti- cular, ó más bien, en fin que no alcanzara con ellos todo cuanto se habia prometido, es lo cierto que disgustado y contrariado profundamente volvió á España, combatiendo en nuestras filas contra Gibraltar, por lo que el gobierno español le concedió el grado de coronel. No tardó mucho en ser conocida esta conducta en Inglaterra^ y acusado ante la cámara de los pares, de haber combatido con las armas en la mano contra su patria, como en realidad era cierto, fué desposeído de todos sus títulos y honores, sin que el envilecido aristócrata procurara alegar nada en su favor. La vida que habia llevado no podía conducirlo á nada bueno, y con efecto fué bien lamentable su fin: después de haber permanecido en Francia entregado á todos los vicios más repugnantes, y donde también cometió no pocas estafas, regresó de nuevo á España piuriendo en un convento en el que la caridad le había proporcionado un asilo. Aunque hayamos pecado de prolijos en la exposición de la biografía de este perso- naje, no nos arrepentiremos de haberlo sido pues necesario nos era dar á conocer desde todos puntos de vista al primer perturbador de la masonería durante su segunda evolución. Las cuantiosas riquezas de que disft'utara en su primera época; el glorioso nombre que sus mayores le hablan legado y su importancia politica adquirida en el parlamento y en la prensa, eran elementos más que suficientes para que á su alrede- dor se formara una camarilla dentro de cada uno de los círculos que frecuentaba. Por desgracia uno de estos era la masonería y varios individuos de los pertenecientes á ella no conocedores lo bastante de quien era el personaje ó que conociéndolo se halla- han ligados á él por amistad ó por Ínteres le prometieron otorgarles sus sufragios elevarlo á la dignidad de gran maestre de la órden, en el momento en que el du- para que de Montagú cumpliera el tiempo reglamentario. Pero es fácil comprender que ai todos los masones se habían de dejar seducir por las apariencias ni todos hablan de olvidar el sinigual esmero que merecía presidir á una cuestión tan delicada como esta y tanto fué asi que echando por tierra cuantas esperanzas pudiera haber concebido el duque de Wharton, destrozando cuantos planes pudiera haber fraguado en su calen- turienta imaginación, cuando llegó el momento se vió chasqueado, pues para el año de 1722, fué reelegido el duque de Montagú en las funciones de Gran maestre. No era Wharton hombre que voluntariamente se dejara arrebatar una presa de entre las manos, ni espíritu dulce y tranquilo que pudiera posponer su ambición á los intereses generales de una comunidad y de todo ello dió entónces fehacientes pruebas. sus Bien es cierto, que mayores y más acres censuras merecen los que secundaron malvados proyectos, y sembraron la divicion en el seno de la masonería: los hubo y número, gracias á esto, Wharton convocó una samblea haciéndose no en escaso y elegir Gran maestre. Toda la masonería inglesa grandemente extendida ya, miró con profunda indignación aquellos actos todos los que estaban en abierta contraposición con el espíritu de la sociedad, con lo que sus ordenanzas prescribían y hasta con los más elementales principios de la moralidad y de la justicia. Los verdaderos masones reunidos, declararon unánimemente que todo cuanto habían hecho era irregular y que DE LA MASONERÍA 275 por tanto no tenia fuerza ni valor alguno, pero la sociedad habla dado un gran mo- tlvo de escándalo, las hablillas cundían, los juicios se extraviaban y deseoso de evitar todo aquello, deseoso de que la sociedad no retrocediera por el buen camino que venia siguiendo, el duque de Montagu dió la mayor prueba de nobleza y de espíritu masó- nico que podia esperarse de un hombre. Su conducta en aquella ocasión hubiera has- tado para acreditar las justas y legitimas esperanzas que todos los masones tenían fundadas en él, asi como también para probar que nunca faltan almas generosas y espíritus elevados que se ponen siempre á la altura de su misión. El duque Juan de Montagu era sin duda de estos, y comprendiendo que lo que ver- daderamente urgía era poner remedio al mal, ó mejor dicho cortarlo de raiz, compren- diendo que siempre la division es causa de ruina y que á toda costa convenia matar la que se habla iniciado en la masonería, máxime cuando los resultados tenían que ser tantos más fatales cuanto que se hallaba en sus comienzos, no se paró en nada y con- vocando á los hermanos á una asamblea general, poco después de haberse manifes- tado la exicion de Wharton, hizo dimisión del alto cargo para que habla sido elegido, abdicando solemnemente en su contrincante. Seguramente que en otro tiempo, y en otras circunstancias los masones no hubie- ran accedido á semejante cambio, y en verdad que tampoco creemos que entónces lo hicieran con agrado, pero aquellos hombres que en todos sus actos hablan acreditado la fe más grande y la intención más pura, aquellos hombres que tenían ante todos los intereses el de la comunidad, hicieron en su ara el sacrificio de todos sus sen- timientos, pospusieron sus pasiones y acataron al nuevo Gran maestre que al tiempo de jurar el alto sino cargo para que habla sido elegido no por que lo mereciera, por que todos deseaban poner término al lastimoso cisma, se manifestó profundamente arrepentido de sus pasados yerros y errores y prometió solemnemente consagrarse al bien general de la órden. Ocurría esto el 17 de Enero de 1723, y aquel mismo dia fué cuando el hermano Timson primer gran vigilante presentó á la Logia la constitución de que nos hemos ocupado la cual refleja demasiado bien el espíritu de la corporación, siendo firmada inmediatamente por los representantes de veinte logias. A partir de este momento la masonería desplegando todo el vuelo á que le daba derecho el buen espíritu y las rectas intenciones de ios asociados creció y se desarrolló de una manera notable. Constantemente ingresaban en ella hombres de todas las cía- ses sociales, desde el encopetado magnate que tenia por su rango asiento vitalicio en la cámara de los pares, hasta el humilde artesano que ganaba penosamente el sustento con el sudor de su frente; comerciantes industriales fabricantes, sabios profesores, ar- tistas distinguidos, capitalistas, todos en fin se agrupaban en aquel centro común, campo neutral donde las pasiones se aquietaban, se daban al olvido las tempestades de la vida y podían los hombres dedicarse á praçticar el bien en grande escala adqui- riendo al propio tiempo relaciones necesarias en la vida social, relaciones santificadas con los lazos fraternales que de unos á otros se tendían y que hacían olvidar todas las diferencias y rencillas, lodas las cuestiones en fin que pudieran dividirlos. 276 HISTORIA GENERAL Buena prueba del creciente desarrollo que la masonería alcanzaba, la tenemos en el hecho del número considerable de logias que por entonces se constituyeron. Sabe- mos que, según las ordenanzas por que la masonería se venia rigiendo, no podian constituirse nuevas logias sin que el número considerable de hermanos lo exigiera asi y sin que por unanimidad acordara la Gran Logia estender la patente de constitución. El cumplimiento exacto de esta medida se hizo necesario varias veces hasta el punto que tres años después de constituida la Gran Logia, eran cuarenta y dos las que se contaban dentro de la población de Londres. Cumplido el tiempo durante el que el duque de Wharton, tan arbitrariamente electo, tenia que desempeñar las funciones de gran maestre, fué relevado muy átiem- po por cierto para que la orden no tuviera que padecer á consecuencia de los actos posteriores que ejecutara, siendo sustituido por el conde deDalbeit, que llenó las fun- clones de su cargo hasta la terminación de una manera digna de encomio; á éste, ó sea en 1724, siguió el no ménos ilustre Cárlos Seunox, duque de Richmond, hijo natu- ral de Cárlos II y de la duquesa de Portsmouth, nacido en Lóndres en 1672, revestido de los más altos honores y dignidades, según convenia á su alto rango, con el cual contribuyó poderosamente al prestigio de la Sociedad, que tan altos poderes le habla conferido. La Sociedad registra durante este periodo la creación de uno de los capitu- los que más la enaltecen, instituto dentro en un todo del credo que se habla pres- crito y que es causa del mayor número de alabanzas que merece. Nos referimos á lo que en la masonería latina recibe el nombre de tronco ele pobres, á lo cual primitiva- mente se dió en Inglaterra el nombre ÚQcharyiy instituí. El número de los hermanos desvalidos era grande y no menor el de los buenos masones que agotados en el tra- bajo se hadan inútiles para él, necesitándose para ellos auxilios y socorros que no hubieran alcanzado si se fiaran á la iniciativa particular; por esto, y ateniéndose tam- bien á lo prescrito en las ordenanzas, después de una ligera discusión, en la que todos se manifestaron conformes, quedó acordada la creación de aquel capitulo en 25 de Noviembre de 1725, concurriendo al acuerdo los representantes de veintisiete logias, que se comprometieron solemnemente en nombre de ellas á contribuir puntualmente con la cuota repartida para aquel fin. Bien supieron realizar su promesa, que áun se mantiene, gracias á que la autori- dad de la Gran Logia no ha decaído un momento, y el charyty institute.^ uno de los más preciados timbres de gloria con que se puede enorgullecer la masonería inglesa y que tan buenas obras ha realizado. No queremos hacer nosotros paralelos de los que puedan resultar afrentas para nadie, pero en cumplimiento de la severa misión que nos hemos impuesto, tenemos que confesar que en ninguna parte como en el reino unido de la Gran Bretaña han procurado los masones que sea una verdad clara y palmaria los grandes propósitos que habían acometido: allí donde sin reservas ni coacciones de género alguno forman parte de la órden toda clase de perso- nas, sin que ninguna se sienta animada más que de los mejores deseos, cada uno contribuye con la cantidad que su posición le permite, sin soñar ni áun remotamente que aquello pueda ser un capital que da á réditos, y sin quejamas cruce por la mente DE l ,A MASONERÍA 277 de nadie sacar más tarde provecho de lo que entrega. Gracias á esto, el socorro y auxilio de los hermanos enfermos ó indigentes, es una verdad en Inglaterra, donde la gran logia distribuye todos los años muchos millares de libras, sin que á pe- sar de esto se le vea decrecer, pues todavía no se registra en aquellas actas el hecho de que una logia particular haya tenido que ser apercibida para hacer entrega de la cantidad que por este concepto le corresponde. Bien es cierto que de los informes que constantemente practican cuando un hermano reclama auxilio, no ha resultado toda- vía mala fe por parte de aquellos que lo reclaman. Si atentamente estudiamos lo ocurrido en la historia de la constitución de las nació- nalidades, observaremos que el fin dominante de aquellos que ejercían el mayor po- der fué siempre reasumirlo en su mano, concentrarlo á fin de aunar los elementos dispersos que en realidad no podían sino ser atentatorios los unos de los otros, soste- niendo la guerra constantemente; esto, aunque muy paulatinamente, se ha conseguí- do á tiempo, y asi hemos visto desaparecer aquellas raquíticas divisiones en insigni- ficantes principados, que nada representaban ni podían representar. Pero luégo que se ha conseguido la unidad, después que se ha robustecido el poder de uno solo, que ha logrado organizar la máquina gubernamental para que funcione regular- mente, j á medida también que las necesidades que en la vida práctica surgen de continuo se han ido ampliando, se ha visto precisado á delegar alguna de sus atribuciones, máxime cuando al propio tiempo no podia hallarse en todos los puntos á que su poder alcanzaba. De aquí la necesaria descentralización que lentamente se vino operando, lo mismo en el orden civil que en el eclesiástico, descentralización de todo punto conveniente para que la justicia esté mejor administrada y sea una verdad la administración. Lo mismo que ha ocurrido en la sociedad civil ha ocurrido también dentro de la masonería, según hemos tenido ocasión de ver: primero elementos dis- persos entre los que no reinaba orden ni concierto alguno; luégo lucha de estos mis- mos hasta presentar un lamentable cuadro, por último descuido general, pérdida de atribuciones y amenaza de que una sociedad de todo punto útil y necesaria, de que una sociedad de todo punto conveniente se sumiera en el caos y desapareciera sumi- da en el torbellino de las pasiones humanas, que por sí solas han bastado para destruir á muchas sociedades de reconocida importancia. Este conflicto inminente ya, vino á remediarlo la constitución de la Gran Logia, que como hemos demostrado absorvió desde luégo todas las atribuciones y todas las pre- rogativas, como tenia y debía hacerlo dado el fin que se habla propuesto y los pro- pósitos que esperaba realizar; ella sola, según lo dispuesto por las ordenanzas, podía conferir grados y dignidades, ella sola también era la autorizada para extender cartas patentes de constitución, y áun para esto tenia que contarse con la unanimidad de pareceres, pues de lo contrario se incurría en irregularidad. Este primer periodo pue- de considerarse como el de la centralización absoluta, mas lo mismo que en el primer término de nuestro paralelo, ocurre dentro de la órden. Cuando la masonería se ex- tiende y progresa, cuando no sólo el número de individuos, sino que también el de las logias se multiplica, es imposible que la primera autoridad pueda atender á todo. 278 HISTORIA GENERAT es absolutamente irrealizable que vigile el cumplimiento de todo lo acordado y sobre- viene necesariamente el periodo de la descentralización masónica; la Gran Logia co- mienza á delegar' sus facultades, y esto lo inicia con un acto de la mayor impor- tancia. No se prodigaban entónces los grados de la manera que hoy se hace, ni los herma- nos manifestaban las exageradas pretensiones que hoy revelan^ asi es que no podia ménos de llamar la atención de los masones modernos el que en aquel tiempo apénas hubiera más maestros que los que eran luces de los cuadros lógicos. Todos ellos ha- bian recibido sus grados en gran logia plena, según estaba dispuesto, mas á partir del 27 de Noviembre la antigua ordenanza que lo tenia prescrito de este modo, quedó mo- diflcada por la nueva, número 13, que trascrita á la letra dice así: «El maestro de una logia, ayudado de sus vigilantes y de cierto número de individuos de una logia reuní- dos, puede crear compañeros y maestros en la forma prescrita.» Esta medida revela un considerable adelanto en la órden y revela el grado de extension que babia alean- zado, asi como también se deja comprender el considerable desarrollo que conseguí- ría en lo sucesivo. El resumen que de aquel brillante periodo pudiéramos hacer nos lo ahorra Kloss, que con la exactitud que en todos susjuicios se adviertebadicho: «Sus antiguas leyesfundamentales se habían formado de aquellas antiguas constituciones de que se babia hecho caso omiso; sus reglamentos suplían lo que no babia podido ser pro- visto en las leyes fundamentales y determinaban las relaciones exteriores de la vida de las logias. Los nuevos reglamentos atestiguaban los incesantes progresos que se habían realizado, sin que los principios en que la antigua sociedad reposaba se hubieran al- terado para nada; el tronco de pobres, recientemente instituido, fué un lazo que con- centró todos los intereses sobre un mismo objeto, los cuales hasta entónces hablan estado más ó ménos divididos entre las diversas logias; fué y continuó siendo des- pues, un medio cuya eficacia crece siempre, á medida de que se multiplican los recur- sos de que dispone uno de los tres fines principales de la sociedad, que es socorrer á los necesitados. En presencia de la gran extension que tomaban los asuntos de la ad- ministracion, la Gran Logia trasmitió á las logias particulares la facultad de conferir los grados de compañero y maestro. Esta decision era para la masonería un recono- cimiento de su derecho de obrar por si misma y al propio tiempo conferia el de exten- derse á más allá de los muros de su ciudad natal, por toda la superficie del globo, lo cual tuvo lugar en Paris, donde aquel año se celebró la apertura de la primera logia francesa. Desde entónces es cuando ha merecido con verdad el glorioso nombre de Masonry universal, pues desde entónces se convirtió en un lazo entre todos los bom- bres buenos y justos, entre todos los hombres de honor asociados con el fin de prac- ticar la caridad fraternal, el socorro mutuo y establecer entre ellos sólidas relaciones, asociados sobre todo con el fin tan importante y tan elevado de unir lo que estaba dividido. Desde que la asociación masónica había entrado en su segundo período, hemos podido ob-ervar que el poder civil no había intentado perseguirla, ni áun siquiera como en otro tiempo se habían despertado sus sospechas acerca de los fines que esta DE LA MASONERÍA 279 sociedad se propusiera conseguir, pues hasta garantia era yapara cualquier autoridad los nombres que aparecían al frente de ella; mas fácil es comprender que iniciando la masonería una via de libertad y de progreso, que siendo uno de los fines princi- pales de esta sociedad, rompei' las barreras y llenar los abismos que separaban entre si á los distintos hombres, ora por razón de nacimiento, ora por razón de posición^ había de encontrar acérrimos adversarios, pues en todas épocas han abundado los séres que miran con recelo la luz que llega hasta iluminar al alma, séres que en un todo se asemejan á esas aves nocturnas cuyo estridente silbo es augurio fatídico de acontecimientos desgraciados, que se abrigan en los mechinales y en las grietas de las ruinas lamidas por plantas trepadoras, y que no se alimentan más que de aquello que recogen auxiliadas por las densas tinieblas en que están acostumbradas á ver. Si repugnancia grande inspiran estas aves, mayor es aún la que deben inspirar los hombres que tienen sus instintos; ellos no se pararán en medios para satisfacerlos, todos los encontrarán buenos y para saciar sus apetitos arbitrarán lo mismo la faz hipócrita del gazmoño beato, que el desenfado que creen muchos inherente á su con- dicion de socialistas. Gentes de esta clase las veréis diseminadas por todos los rangos sociales, desde la más encopetada aristocracia, hasta los más miserables trabajadores, lo mismo entre los belicosos soldados, que entre los pacíficos comerciantes, pues como decimos, dedicados á realizar su fatídica misión, en nada se paran ni nada los cohibe. Esta clase de séres, á la que por desgracia hay que considerar como social, no era posible que viera nunca con buenos ojos á la masonería y de una manera ó de otra siempre ha estado frente á ella entorpeciendo su marcha, procurando desvirtuar sus acuerdos, dando mala interpretación á sus fines, desde la época en que nos venimos ocupando, siendo lo mismo que dijéramos que comenzó a hacerla dura é ignomi- niosa guerra desde la época en que aparece con el carácter que no podía convenirle en modo alguno. Una misma enfermedad se presenta en el individuo con tan distintos caracteres que bien necesita el médico ojo muy experimentado para advertirla desde sus primeros síntomas y no pocos síntomas que parecen indicar clara y palmaria- mente una enfermedad que todos conocen, son sólo producto de una bien distinta que cuando estalla ha adquirido ya tanta fuerza, ha minado tanto á la naturaleza, que ningún remedio humano será bastante para cohibir sus horribles estragos. Seme- jantes á esas cautelosas enfermedades, se han presentado las más de las veces los enemigos de la masonería; se han infiltrado en su seno procurando corroerla, han dis- currido por ella como ciertos virus por nuestras venas sin marcar alteración ninguna, al pronto, para matar al individuo cuando ménos lo esperaba. Cuando se ha llegado á advertir el mal y se ha querido poner remedio, ha sido tarde muchas veces, pero es la verdad que siempre se ha puesto. La primera manifestación de un mal semejante á los que acabamos de señalar se advierte en la sociedad hacia el año de 1724, y es una de las formas más curiosas en que se puede registrar. La masonería marchaba próspera y feliz, realizando los elevados fines que se había propuesto, cuando en la fecha dicha una sociedad con 280 HISTORIA GENERAL principios harto diferentes y con el nombre de gormogones, apareció disputándole el ancho campo que se había conquistado. Los nombres de los individuos afiliados á aquella órden especial, así como también el lugar en qué se reunían, estaba indicado por medio de cifras y acerca de su aparición se decía que la había importado en Ingla- terra un mandarín chino altamente reputado en su país. Bien pronto llegó á saberse que el mandarín del celeste imperio, no era más que un jesuíta y que donde gozaba de grandísimo prestigio era en Roma, cuyo gobierno lo habla destacado para ver si podía cohibir el desarrollo de aquella naciente sociedad, que más tarde se había de convertir en formidable ariete que derrumbara al clericalismo, no atacando ni per- siguiendo á las personas, sino oponiendo razones fundamentales á los subterfugios y argucias que habían arbitrado para apoderarse de la conciencia. La sociedad recien aparecida pretendía poseer un secreto de extraordinario valor, poco ménos que lo bastante para volver á los hombres ála vida paradisiaca que nuestro primer padre perdiera con su primer pecado al salir del maravilloso Edén en que lo colocara el creador de todo lo existente. La única formal prohibición que llegó á consignar esta sociedad fué la de que no podría entrarse en discusión acerca de la política de su propio país, con lo cual quedaría suficientemente probado que no se trataba de una asociación franc-masónica, que sabemos lo que tenia acordado acerca de este partíeu- lar, sino supiéramos, como hemos dicho ya, que los fraguadores de aquel complot eran sencillamente jesuítas que emprendían contra la sociedad la política archima- quiavélica de que han hecho uso para todo aquello contra lo que han realizado esfuerzos. Por cuanto la sociedad de Loyola se presenta en escena, justo es que nos ocupe- mos de ella para conocerla más tarde en la lucha que suscita. Sociedad que ha dado lugar á tan contradictorios juicios, bien merece ser estudiada detenidamente y llama ya la atención desde el momento en que aparece y por las circunstancias en que hace su presentación. El enorme peso que durante mucho tiempo, gravitando sobre la conciencia habia tenido abatido al espíritu, comenzaba á aligerarse; la voz de Lulero despertaba á la razón, sumida en estupor profundo desde que la Iglesia adquiriera su omnímodo poder, y ante la revolución próxima á estallar, en aquella luminosa esfera se destaca una sombra terrible, surge un obstáculo de difícil vencimiento, que así y no de otro modo podemos llamar á la Compañía de Jesús. Frente á Lulero, Ignacio de Loyola; frente al progreso, el jesuitismo; estos son los términos en que podemos y debemos expresarnos. De la misma'manera que nos hemos ocupado de los fundadores de la masonería pasando luégo la á historia el des- envolvimiento de la sociedad, lo haremos con la celebérrima Compañía, para que sea después perfecto el paralelo. Ignacio de Loyola nació en Guipúzcoa (castillo de Loyola) el año de 1491. Hijo de padres nobles, tuvo acceso en la corte desde muy temprana edad, desempeñando jóven aún las funciones de paje de don Fernando el Católico. Dotado de una imaginación viva y fogosa, asi como también de una ambición que lo devoraba, abrazó con entu- siasmo la carrera de las armas, en la que dió grandes pruebas de ser un soldado DE LA MASONERÍA 281 valeroso. Cuando más podia prometerse de ella, tuvo la desgracia de fracturarse una pierna en el cerco y asedio de Pamplona, desgracia que convirtió en humo todo sus ensueños de gloria y esperanza. En tanto que permane :ia postrado en el lecho y con objeto de que no le pareciera tan largo el tiempo y se calmara aquella imaginación volcánica, por la que cruzaban las más negras ideas que engendra la desesperación, diéronle un libro, una colección de vidas de santos de las que por entónces circu- laban no pocas, plagadas todas ellas de milagros, visiones y desvarios. Nada de par- ticular tiene que en aquellos tiempos de ignorancia y oscurantismo produjeran aquellos libros, de los que el más célebre ha sido llamado por un distinguido publi- cista el Evangelio de la Superstición, efectos semejantes al que causara en Ignacio de Loyola el que servía para mitigar su quebranto. Y fué tan particular aquel efecto, que el misticismo se inoculó en el alma del soldado, absorviéndola de tal modo que bien pronto experimentó éxtasis y visiones. Repuesto de la fractura que experimentara, no bien abandonó el lecho fué á encerrarse en una cueva de Manresa, donde se entregó á la más exagerada penitencia, componiendo alli los famosos ejercicios espirituales que tanto nombre tienen. No era la cultura de aquel tiempo la más á pi^opósito para que de un soldado sa- llera enseguida un reformador religioso: los militares de entónces no sabían más que pelear y destruir, realizar actos de valor rayanos en temeridad, y para que así fuera lo inmediatamente necesario era poca civilización y menor instrucción. De aquí que tan luégo como terminó su penitencia y escritos los Ejercicios, se resolvió á fun- dar la Compañía, lo primero que tuvo que hacer fué acudir á la tan célebre por entón- ees universidad de Alcalá, donde á pesar de sus treinta años cursó la filosofía, prosi- guiendo Con gran asiduidad sus estudios hasta que se trasladó á Paris, en cuya capital se aferró más y más la idea que venia bullendo en su mente. Precisamente entónces era cuando la voz de Latero resonaba potente hallando eco en todas partes, coinciden- cía que ha dado lugar á las siguientes palabras del célebre publicista francés Mr. N. Car- los Souvestre, las cuales hallámosen su Mónita secreta societatis Jesu: «Loyola concibió el proyecto de cerrar el paso á la humanidad en marcha. A la razón que se afirmaba opuso la ciega obediencia; á las ideas de libre exámen, de discusión, de gobiernos libres al amparo de las leyes, opuso las monarquías absolutas y el derecho divino* Llevó á la obra que proyectaba sus ideas de soldado y la órden que fundó fué consi- deixada por él siempre como un ejército: el ejército de Cristo. De aquí ese precepto de obediencia absoluta y ciega que es el principal fundamento del jesuitismo.» Durante su permanencia en Paris entró en relaciones con muchos estudiantes de teologia, cuya voluntad, carácter y disposiciones procuró sondear y apreciar desde todos puntos de vista. Al fin halló seis que le parecieron los más convenientes á sus fines y con ellos, reunidos en una capilla subterránea de la iglesia de Montmartre, hicieron voto de castidad y dé pobreza, jurando ademas emprender la peregrinación á Tierra Santa. Este último designio no pudieron realizarlo, por coincidir el tiempo en que pensaban llevarlo á cabo con la guerra contra los turcos, razón por que los siete compañeros se dispersaron para hacer prosélitos dándose cita en Venecia para el 25 35 282 historia general de Enero de 1539. Dentro del año 1835, Ignacio de Loyola volvió á España, donde se entregó á la predicación y el día que de antemano hablan convenido los asociados, se reunieron en Venecia, donde se dieron mutua cuenta del resultado de sus predicado- nes; discutieron los ya redactados estatutos de la órden que pensaban constituir, que diferían esencialmente de todas las basta entónces existentes y nuestro compatriota con dos más de sus seis compañeros se trasladaron á Roma para presentarlos al pon- tifice Paulo III, que á la sazón ocupaba el solio pontificio. El pápalos acogió con ver- dadero entusiasmo, máxime cuando afirmaban y juraban que siempre sus primeros y más grandes esfuerzos irian encaminados á la defensa de la Santa Sede y tanto es asi que poco después, en 27 de Setiembre de 1540, se expedia la bula Regimini militantis Ecclesice, por la que se reconocía la existencia de la Compañía de Jesús. Según los propósitos que primeramente influyeran en Ignacio de Loyola, la socie- dad formada por él habla de cumplir dos fines principales; primero, convertir á los infieles, atacando muy principalmente á los protestantes; segundo, defender siempre y con gran empuje los derechos pontificios, que por entónces se velan muy amenazados; pero su sucesor en la dirección de la órden, Lainez, modificó cuanto en la constitu- clon de la compañía babia de duro y monacal, y regularizó la organización en sus detalles adaptándola al espíritu del tiempo y más que á nada al fin que esperaba con- seguir. Grandes progresos realizó la Compañía ea poco tiempo, extendiéndose áun en vida de Loyola por España, Portugal, Italia, Inglaterra, Alemania y Francia, al propio tiem- po que desde 1545, San Francisco Javier comenzaba con sus predicaciones en la India portuguesa, las misiones que hablan de alcanzar tan gran desarrollo en el Asia para extenderse después al nuevo mundo, sobre todo por el Brasil y el Paraguay. A la muerte del fundador la sociedad contaba con más de mil individuos divididos, en doce provincias, pero donde verdaderamente adquirió más desarrollo fué en Francia. Igna- cío de Loyola babia establecido en Paris un noviciado que bailó desde luégo muy po- derosos protectores, entre^ ellos el obispo de Clermont, que le legó en su testamento 36,000 escudos. Desde muy poco tiempo después de su establecimiento, la órden jesuítica comenzó á despertar sospechas, y como quiera que sea de gran importancia conocer las princi- pales, las expondremos sumariamente con el fin de poder luégo hacer mención de las disposiciones principales que á ella atañen, con lo que quedará perfecto el concepto que debe formarse de la institución que siempre estuvo frente á la masonería. Uno de los más seguros medios para conseguir el poder ba sido siempre la enseñanza y el confesonario: éste podían desempeñarlo los padres de la misma Compañía por razón de las órdenes de que estaban investido, y a la enseñanza se dedicaron desde luégo con gran ardimiento basta el punto de que, celosa la universidad de Paris, elevó sus que- jas al Parlamento, comisionando éste para que las examinara al obispo Eustaquio Du Bellay, y éste no tuvo inconveniente ninguno en declarar que aquel instituto, «era con- trario á las leyes y perjudicial para el Estado.» A pesar de esto,-los jesuítas, que se bailaban protegidos por los Guisas y por el cardenal de Lorena, siguieron adelante el DE LA MASONERÍA 283 rumbo que tenían emprendido, no sin que desesperanzada la universidad les inten- tara un proceso ante el parlamento que sostuvo el célebre Pasquier, mas á reserva de estudiar la cuestión más detenidamente, aquel tribunal decidió que la órden continua- ra provisionalmente la enseñanza. Protegidos por los altos poderes del Estado y de la Iglesia, los jesuítas llevaron casi siempre ventaja en la lucha sostenida contra la universidad, gracias á lo que aumentaba diariamente su prestigio y su influencia. Sin embargo, en corto espacio de tiempo tuvo que sufrir dos terribles ataques, consecuencia de los que fué su prime- ra expulsion de Francia durante el reinado de Enrique IV. Las Cartas provinciales de Pascal, revelaron hasta qué punto era perniciosa la doctrina y la moral de aquella asociación y vanos fueron todos los esfuerzos de los afiliados á ella para conseguir que la opinion pública desechara las sospechas que legítimamente habla concebido; esto de una parte y de otra el proceso del jesuíta Guignard, que dió lugar á que apro- vechándose el parlamento, decretara la expulsion de la órden del territorio francés, movió al rey Enrique IV á interponer toda su gran influencia con el pontiflce Clemen- te VIII para que la sancionara, como asi se hizo. Bien poco duró aquel destierro, que debía haber sido eterno; cuando se decretó, el pontiflce necesitaba del monarca, mas algunos años después, sucediendo lo contrario, el rey cedió á las incitaciones de su confesor el P. Cotton, y á pesar de la oposición de Sully y délo mal dispuesto que el parlamento se encontraba, tuvo que ceder á las órdenes del rey, que declaró temerles más cuanto más les obligara. El dia 2 de Enero de 1604 fué levantada la órden de destierro que pesaba sobre ellos y no tardaron mucho en enseñorearse nuevamente, pues, áun cuando después del asesinato de Enrique IV fueron acusados de haber tomado parte en tan nefando crimen y el Parlamento condenó al fuego algunas obras de Mariano Bellarmino y Suárez como contenedoras de perniciosas doctrinas, los jesuítas se hablan introducido bastante en la corte alcanzando gran prestigio cerca de Maria de Médicis que les con- cedió volver de nuevo á la enseñanza y áun pudieron lograr que se les incorporara á la universidad, lo cual hablan solicitado con gran empeño en la esperanza siempre de dominarla. Prosiguieron siempre su tarea para apoderarse de cuanto les rodeaba sin desechar medio alguno, mas la opinion pública avisada ya, se exarcebó con la re- velación que constantemente hacían publicistas y filósofos de aquellas atentatorias . doctrinas contra la moral y el derecho, y esto unido á los escandalosos procesos que por diversas causas hubo que entablar contra ellos, á los hechos manifiestos que pu- dieron ser deducidos, motivaron que el Parlamento ordenara la revision de la consti- tucion de los jesuítas, á lo que tuvieron que ceder á pesar de todas sus intrigas y el Par- lamento, después de verificado dicho exámen, decretó en 6 de Agosto de I76I que la doctrina enseñada por los jesuítas era «infame y abominable,» por lo cual mandó que sus libros fueran taladrados y quemados por mano del verdugo en el patio del pa- lacio de justicia, por sediciosos y destructores de todos los principios de moral cris- tiana y órdenando al mismo tiempo la clausura de todas la escuelas que tenian abler- tas; todos los demás parlamentos del reino coincidieron con esta decision y declararon 284 HISTORIA GENERAL que aquel instituto era de todo punto incompatible con las leyes del reino. Continuando la vigorosa campaña que contra ellos se habla emprendido en 1762, el Parlamento de Paris los conminó para que renunciaran para siempre al nombre, al bá- hito, á los votos, al régimen de su sociedad, obligándolos también á que en el término de ocho dias evacuaran los noviciados, los colegios y las casas de profesos, prohibiéndoles quesereunierandosjuntamentey queen ningún tiempo y de ninguna manera trabajaran por su restablecimiento., so pena de ser declarados reos de lesa majestad. Un segundo decreto, fecha de 5 de Julio de 1764, ordenó á los jesuítas que quisieron permanecer en Francia que abjuraran de su instituto, y por último, en 9 de Agosto del mismo año pronunció otra decision en el mismo sentido, y algunos meses más tarde apareció el edicto real que disolvía la sociedad. Y no fué sólo en Francia donde dieron lugar á esta persecución, pues los mismos vicios hablan manifestado en todas las demás na- clones en que lograron implantarse; en todas partes se mezclaron á las intrigas poli- ticas más repugnantes y en todas ocasiones derramaron á manos llenas las cuantiosas riquezas que por malos medios hablan conseguido para lograr ver satisfecha su sed de dominación, asi es que de una parte tras otra fueron arrojados sucesivamente. De Inglaterra lo habían sido en 1578; de Holanda, en 1693; de Bohemia, en 1167; de Mo- rava, en 1619; de Malta, en 1643; de Prusia, en 1728; de Portugal, en 1759; de España, en 1767; de Sicilia y de Nápoles en 1767, de Parma, en 1786. Cuando en el año 1769 subió al sólio pontificio el papa Clemente XIV, no hubo nin- gun ministro de las córtes europeas que no acudiera á suplicarle disolviera una órden que desde hacia mucho tiempo venia siendo un peligro constante para las más vene- radas instituciones de los estados. La verdad palmaria de este aserto no tenia por qué ser demostrada, pues hartos hechos podían servirle de comprobación. Todas las na- clones, cada una á su vez, hablan sido victimas de aquella plaga que durante mucho tiempo amenazó invadirlo todo, y uno á uno todos los gobiernos se hablan visto obli- gados á tomar serias medidas para precaver los males que hablan llevado consigo y los disturbios que diariamente promovían; estas razones debían haber pesado en el ánimo del pontífice y debió obligar al sacro colegio de cardenales á una decision pronta, segura y radical, pero aquellas autoridades, que velan en la Compañía un po- deroso auxiliar del poder eclesiástico, comenzaron á responder con evasivas, si bien el pontífice pensó desde luégo en reformar la órden. Pero habiendo encontrado opo- sicion á sus deseos en el general de la órden, que era á la sazón el P. Ricci, cuya fa- mosa respuesta fué : Sint ut sunt, aut non sint (ó son lo que son ó dejen de ser), en vista de lo que, y hallándose el papa con la oposición de todas las córtes europeas, publicó en 22 de Julio do 1773 la bula Do/ninus ac redemptor noster, por la que la Compañía de Jesús quedaba disuelta, en cuanto al reconocimiento oficial que hasta entónces habla sido objeto. Cuando ocurría esto, y á pesar de las persecuciones ante- riores de que habla sido objeto, contaba la sociedad con veintidós mil quinientos ochenta y nueve individuos, veinticuatro conventos de profesos, doscientos sesenta y nueve colegios, ciento setenta y seis seminarios,.sesenta y una casa de novicios, tres- cientas treinta y cinco residencias y doscientas setenta y tres, misiones. DE LA MASONERÍA 285 Cuando por efecto de la guerra declarada ála Compañía de Jesús suprimiéronla en sus estados los soberanos de Europa y del órbe católico, el pontífice Clemente XIV^ cada uno de ellos permaneció habitando en el país en que estaba, donde^ gracias al carácter sacerdotal de que se bailaban investidos, pudieron seguir desempeñando funciones eclesiásticas, ó seguir enseñando, como basta entóneos lo habían hecho. Justo es confesar que, si bien por una parte los jesuítas habían dado lugar á ruidosos procesos, causa de la persecución, por otra parte su política habia sido tan hábil y mañosa que lograron conseguir en su ruínala protección de quienes ménos podian esperarlo. Se llamaban ardientes defensores de la fe y de los derechos del pontífice, vivian en tiempo en que dentro de los países católicos serlo asi era la mayor reco- mendacion para poder obtener consideraciones, riquezas y honores; á pesar de esto, en ningún pais católico lograron prevalecer, y fueron obligados á prescindir de aquellas condiciones aparentes so capa de las que estaban al logro de sus poco jus- tificados deseos, y esto no obstante, Federico TI, rey de Prusia, y Catalina, emperatriz de Rusia, monarcas que no pertenecían á la comunión católica, los admitieron y prote- gieron en sus estados, formándose allí el núcleo principal que más tarde había de ser la l)ase de reconstitución de la órden. Tuvo esto lugar veintiocho años después, bajo el pontificado de Fio VH, que la restableció, cediendo á las instancias del emperador de Rusia Pablo I, con el nombre de Congregación del Sagrado Corazón, título con el que la admitió también en sus es- tados Fernando IV de Nápoles. Hasta entónces, lo que más se había hecho, como ve- mos, era admitirla parcialmente, pero en 1818 se preconizó la bula Sollicitndo omnium Ecclesíarum^ que revocaba solemnemente la de ClementeXIV de que nos hemos ocu- pado y restablecía la Compañía de Jesús, que no habia dejado de trabajar un momento en todos los países católicos. A pesar de estas órdenes pontificias hubo monarcas que temiéndolos como deben ser temidos les negaron la entrada en sus estados; entre éstos se cuentan Juan VI de Portugal y el emperador de Austria, pero pudieron establecerse en Nápoles, en Módena, en Cerdeña, donde nuevamente se apoderaron de la ense- ñanza, así como también en Bélgica, donde fundaron la universidad de Malinas, y en Inglaterra, donde fueron tolerados. Difícilmente pueden desecharse los hábitos adqui- ridos, y más difícil es aún que una sociedad pierda el carácter con que aparece en la historia; los jesuítas, que siempre se habían manifestado intrigantes y ambiciosos, de- seosos de dominarlo todo y de que todo cayera bajo su férula, siguieron siempre el camino en que marcaron sus primeros pasos y continuaron la serie de hechos que les habían valido la primera persecución que sufrieran y de los que ya con doble motivo les valió la segunda. El (emperador de Rusia, que, como hemos dicho, habia sido uno de los más poderosos padrinos que tuvieran, llegó á convencerse bien pronto de cuál era el objeto que se proponían conseguir aquellos sacerdotes que se le presentaron tan sumisos, obedientes y caritati vos, y comprendiendo la serie de trastornos y luchas que podrían sobrevenir, dada la conducta que observaban ahora, los expulsó en I8I3 de San Petersburgo y de Moscou, teniendo que hacerlo por último de toda la Rusia en 1820; á España, que habian sido llamados por Fernando VII, llegaron en gran nú- 286 HISTORIA GENERAL mero y en poco tiempo lograron aumentar sus prosélitos considerablemente, pero, en 1835, pagaron de una manera harto cara los delitos que en la sombra pudieran haber cometido. Si en la historia y desenvolvimiento de la orden jesuítica hallamos estas persecu- clones materiales, cuyo fundamento racional ha sido controvertido por los que, par- tidarios suyos, niegan razones para ello, bastará para justificarlas algunas citas to- madas de sus obras y que revelan de claro modo hasta qué punto tenia que ser punible su conducta. Obrando con una imparcialidad que harto tenemos acreditada, en cuanto llevamos escrito, hemos puesto de manifiesto cómo surgió, creció y se desarrolló la masonería; hemos revelado cuáles fueron sus obras en los tiempos aquellos en que sus propósitos eran puramente materiales, y hemos dicho también qué principios tomó como meta cuando pasó á ser una asociación de carácter puramente moral, y ni de un periodo ni de otro, ni de las leyes que regulaban la conducta de los primitivos trabajadores, ni de las ordenanzas que determinan lo que deben hacer los más mo- demos hermanos, puede deducirse nada que justifique no ya el odio ni el encono con que ciertas clases la han perseguido, pero ni áun tampoco la prevención con que es mirada por espíritus pusilánimes que se dejan llevar fácilmente de aquello que escu- chan á los ménos autorizados. Pero ántes que exponer estas doctrinas á que nos referimos, parécenos conveniente dar á conocer aunque extractados los estatutos de esta sociedad, para que el paralelo pueda resultar exacto. Tomados de fuentes autorizadas, hállanse divididos en capitules y éstos en puntos, en cuyo mismo órden vamos á presentarlos á nuestros lectores. I De qué manera debe conducirse la sociedad, cuando emprende el establecimiento de una fundación. 1. Con objeto de captarse las simpatías de los habitantes de cualquier punto en que la Compañía vaya á establecer una fundación, cuidarán los pertenecientes á ella de revelar cuales son los fines que tienen prescritos en la regla y de los que es uno de los principales, ser tan útil al prójimo como á si mismo. Por esta razón será menester que asiduamente concurran n prestar obras de caridad en los hospitales, asi como también que visiten á los pobres y á los presos. Escucharán muy á lo ligero, y sin dar gran importancia, las confesiones que se les hagan, pues de este modo el mayor número de los habitantes de aquel lugar, admirarán á nuestros confesores, los quer- rán y los respetarán por la gran caridad que manifiestan. 2. Tengan todos presente, que cuanto crean necesario deben pedirlo con muy gran humildad y muy religiosamente, para conseguir de este modo ser mejor escu- DE LA MASONERÍA 287 chados de las autoridades, de los eclesiásticos y de los seglares de que puedan tener necesidad. 3. Será menester que vayan también á los lugares más lejanos, y que pidan y re- ciban en ellos hasta las limosnas más insigniflcantes, y que después den á los pobres, á fin de que sean edificados los que áun no conocen la sociedad y se muestren más liberales con nosotros. 4. Que todos procuren observar las mismas costumbres é iguales maneras exteriores, para que la uniformidad de tan gran número de personas, edifique á los demás. 5. En un principio deben cuidarse muy bien todos los nuestros, de no adquirir bienes raices y si lo hacen que sea á nombre de algun amigo fiel que les guarde el secreto; para que nuestra pobreza parezca mayor, los bienes raices que se encuentren en la proximidad de los puntos en que tenemos colegio que se apliquen á los más distantes, lo cual impedirá que los príncipes y magistrados puedan saber exactamente cuáles son los recursos con que la sociedad cuenta. 6. Que los nuestros procuren siempre establecerse en las poblaciones ricas con el fin de permanecer en ella en colegios; pues el fin de nuestra sociedad, es imitar la conducta de Nuestro Señor Jesucristo, que se detenia con más frecuencia en Jerusa- len, limitándose á pasar sólo por los lugares ménos considerables. 7. Se procurará conseguir de las ciudades ricas las mayores cantidades expo- niéndoles siempre nuestra extrema pobreza. 8. Que sólo el provincial en cada provincia, sepa precisamente cuáles son los recursos; pero que lo que hay en el tesoro de Roma sea un sagrado misterio. 9. Que los nuestros prediquen y digan por todas partes en sus conversaciones que han venido para enseñar á los niños y para socorrer el pueblo sin percibir nada y sin ser una carga para las poblaciones, como los demás institutos religiosos. II De qué manera los padres de la sociedad podrán adquirir y conservar la confianza de los principes, de los grandes y de las personas dignas de consideración. 1. Es menester realizar todos los esfuerzos imaginables para lograr ser oídos atendidos y por los principes y personas de más consideración, para que nadie se atre- va á levantarse en contra nuestra, sino que por el contrario todos se vean obligados á depender de nosotros. 2. Como la experiencia nos enseña que los principes y los grandes señores son afectos á los eclesiásticos,"cuando éstos disimulan sus acciones odiosas y cuando las interpretan favorablemente, como se advierte en los matrimonios que contratan con 288 HISTORIA GENERAL ó aliados, ó cosas semejantes, es menester animar á los que los hacen SUS parientes por haciéndoles esperar que podrán conseguirlo fácilmente por medio de los nuestros. 3. Lo.mismo hay que hacer si el príncipe intentara realizar algo que no fuera del agrado de todos los grandes señores. Es necesario animarlos y obligar á los demás á que se avengan con el príncipe y no lo contradigan, pero en general sin descender á ninguna particularidad, temiendo que si el asunto sale mal no se le impute á la socie- dad y para que si la acción fuese desaprobada, se emitan juicios contrarios que lo á se defiendan en todo y que se emplee la autoridad de algunos padres quien asegure que dichas instrucciones son desconocidas, y que puedan afirmar perjuramente que calumnian á la sociedad con respeto á aquello que se les imputa. dueños del ánimo de los príncipes, será útil que los nuestros se 4. Para hacerse insinúen hábilmente por medio de algunas terceras personas, haciendo de ellos em- de los demás bajadores dignos de atención y propios para conseguir favor principes y reyes, pero muy especialmente del Papa de los demás grandes monarcas. En estas y ocasiones podrán recomendarse ellos y recomendar á la sociedad, razón por qué no empleados en esto sino personas muy celosas y muy instruidas en nuestros podrán ser institutos. 5. Sobre todo hay que granjearse la voluntad de los favoritos de los príncipes y de sus criados por medio de regalos y diversas pruebas de afección para que infor- los men fielmente á los nuestros de la inclinación y de las tendencias de principes y ellas. de los grandes, y de este modo la sociedad podrá fácilmente acomodarse á 6. La experiencia nos ha demostrado cuántas ventajas ha conseguido la sociedad haberse mezclado en los matrimonios de la casa de Austria y de los que se han por reinos, como Francia y Polonia y en distintos ducados. Por esta celebrado en otros los y razón, es menester proponer prudentemente partidos escogidos por parientes los amigos de los nuestros. 7. Las princesas se predispondrán en nuestro favor fácilmente por medio de sus á la podremos doncellas; para esto es menester conquistarse amistad, gracias que secretos de familia. enterarnos de todo y hasta de los más importantes 8. En la dirección de la conciencia dé los grandes señores, nuestros confesores hacen la conciencia más libre contra el sentir seguirán las ideas de los autores que de los demás religiosos, para que dejando á éstos, quieran depender enteramente de nuestra dirección y de nuestros consejos. 9. Es menester hacer llegar al conocimiento de los principes, de los prelados y la de todos aquellos que nos puedan favorecer los méritos de sociedad, después de ha- berles demostrado la importancia de este gran privilegio. 10. Es necesario también insinuar, hábil y prudentemente, el poder muy amplio de tiene la sociedad para absolver hasta los casos reservados en comparación que ademas en conceder dispensas con respecto á los ayunos, ma- los demás religiosos, y lo cual dará lugar á que acuda á nosotros mucha trimonios y otras cosas conocidas, gente y nos estén obligados. á las re- 11. Es menester invitarlos á los sermones, á las cofradías, á las arengas, DE LA MASONERÍA 289 clamaciones, etc.^ y hacerles los honores con versos, tésis, y hasta^ si es útil, darles comidas y honrarlos de diversas maneras. 12. Será menester tener cuidado en reconciliar á ios grandes en las enemistades y disensiones que tengan enti'e ellos, pues gracias á esto podremos entrar poco apoco en el conocimiento de aquellos que les son familiares, así como también de sus se- cretos. 13. Si alguno que no fuera afecto á nuestra sociedad estuviera al servicio de al- gun monarca ó de algun principe, es menester trabajar por nosotros mismos ó por otros para hacérsele amigo y familiar á la sociedad, por medio de promesas, favores, y ventajas que se le procurarán de la parte del monarca ó del principe. 14. Que todos se guarden muy bien de recomendar á ninguna persona, cualquiera que ésta sea, á los que por cualquier causa se hayan salido de nuestra sociedad, y muy principalmente á los que por su voluntad y la hayan abandonado, pues éstos, por más que lo disimulen, tienen siempre un odio irreconciliable hacia los nuestros. 15. En fln, que cada uno se ponga en disposición de granjearse el favor de los principes, de los grandes y de los magistrados de cada lugar, para que, cuando se presente ocasión, podamos luchar fiel y vigorosamente en nuestro favor, hasta contra sus parientes, aliados y amigos. III Cómo debe conducirse la sociedad con respecto á las grandes autoridades del Estado y con aquellos que, aun no siendo ricos, pueden prestar otros seroicios 1. Ademas de las cosas que acaban de ser manifestadas y casi todas las que pue- den aplicarse con discernimiento, es menester procurar conseguir su favor contra nuestros enemigos. 2. Es menester servirse de la autoridad de ellos, de su prudencia y de su consejo, para que la comunidad adquiera bienes y para conseguir diversos empleos que pue- dan ser ejercidos por la sociedad, sirviéndose tácitamente y en secreto de sus nombres en la adquisición de los bienes temporales, si se cree son de ñar. 3. Es menester servirse de ellos para granjearse las personas viles y el popula- cho, que es contrario á nuestra sociedad. 4. Será menester exigir lo que se pueda de los obispos, de los prelados y de los demás superiores eclesiásticos, según la inclinación que tengan hacia nosotros. 5. En algunos lugares será bastante si se c(msigue, que los pi'elados y los curas hagan de modo que aquellos que les están sometidos respeten á la sociedad, y que no impidan nuestras funciones: en otros lugares en que tienen más poder, como en Ale- mania, en Colonia, etc., será menester que ellos manifiesten grande afección, para que por su autoridad y por la de los principes los monasterios, las parroquias, los pa- tronatos, las fundaciones de misas, los lugares piadosos puedan caer en nuestras ma- nos, pues nosotros podemos obtenerlo fácilmente alli donde los católicos están mez- 37 290 HISTORIA GENERAL ciados con los cismáticos y heréticos. Será menester manifestar claramente á estos prelados la utilidad y los grandes méritos que hay en semejantes cambios, los cuales no pueden ser conseguidos por los sacerdotes, los seglares ó los monjes. Si los llevan á cabo es menester alabar públicamente el celo de ellos por escrito y hacer eterna la memoria de su acción. 6. Para esto es menester conseguir que dichos prelados se sirvan de los nuestros, sea para la confesión, sea para el consejo, y que al aspirar á los más altos puestos en la corte de Roma sean ayudados con todas nuestras fuerzas y las de nuestros amigos que puedan contribuir en alguna cosa. 7. Que los nuestros tengan especial cuidado cerca de los obispos y de los princi- pes, para que cuando funden colegios é iglesias parroquiales la sociedad tenga poder para colocar en ellos vicarios con cura de almas, á fin de que el gobierno de aquella iglesia esté en nuestro poder y que los parroquianos estén todos sometidos á nuestra sociedad, de modo que podamos conseguir de ellos todo lo que nos propongamos. 8. Alli donde las academias nos sean contrarias, ó donde los católicos ó los beré- ticos impidan las fundaciones, es menester obrar por medio de los prelados y ocupar las primeras cátedras, pues de este modo ocurrirá que la sociedad podrá dar á cono- cer, al ménos por ocasión, sus necesidades y sus faltas. 9. Sobre todo será menester influir con los prelados cuando se trate de la canoni- zacion ó beatiflcacion de los nuestros, y será menester conseguir por todos los medios cartas de los grandes señores y de los principes para prosperar los negocios cerca de la Sede apostòlica. 10. Si sucediese que los prelados ó los grandes señores tuvieran que dirigir una embajada, será menester tener cuidado de que no se sirvan de aquellos religiosos que están en contra nuestra, para que ellos no bagan pasar esta saña de su espíritu y de- jen de llevarla á las provincias y ciudades en que vivimos. Que si estos emliajadores pasan por las provincias ó ciudades en que la sociedad tiene colegios, sean recibidos con afección y honores y regalados tanto como la modestia religiosa lo permita. IV De lo que debe recomendarse á los predicadores y á los confesores de los grandes 1. Que los nuestros dirijan á los principes, á los hombres ilustres de manera que parezca tienden sólo á la mayor gloria de Dios y á una tal austeridad de conciencia que voluntariamente los principes cedan ante nosotros, pues su dirección no debe in- diñarse desde luégo, sino insensiblemente, al gobierno exterior y politico. 2. Por esta razón será menester que con frecuencia se les advierta que la distri- bucion de los honores y de las dignidades en la república, es una cuestión de estricta justicia, y que los principes ofenden gravemente á Dios cuando se dejan llevar de la pasión. Que protesten con frecuencia y energia de que la intención de ellos no es mezclarse para nada en la administración del Estado, sino que hablan de ello por ra- DE LA MASONERÍA 291 zon de su deber. Cuando los principes hayan comprendido bien esto, les explicarán qué virtudes deben tener aquellos que escojan para las dignidades y los cargos públi- eos y principales, y entonces pueden nombrar y recomendar á los amigos íntimos de la sociedad. Esto en ciertos casos no debe ser hecho inmediatamente por los nuestros, sino que podrá hacerse con mejores resultados por aquellos que tienen más confianza con el principe. 3. Para cumplir lo anterior, es menester que nuestros predicadores y confesores estén informados por nuestros amigos de aquellos que sean aptos para desempeñar el cargo de que se trata, muy especialmente de los que pueden ser propicios á la socie- dad; que sepan sus nombres y que los insinúen á tiempo y con maña al principe, por si mismo, ó por los otros. 4. Que los confesores y predicadores tengan presente que deben tratar á los prin- cipes con dulzura y cariño y no chocar con ellos ni en los sermones ni en las conver- saciones particulares, teniendo especial cuidado en evitar toda clase de temores y exhortarlos principalmente á la fe y á la esperanza y á la justicia política. 5. Que casi nunca reciban obsequios para su uso particular, pero que recomien- den la necesidad pública de la provincia ó del colegio; que se manifiesten contenost en la casa con una habitación amueblada sencillamente, que se vistan con poco es- mero y que vayan prontamente á ayudar y á consolará las personas más despreciables del palacio por temor de que se crea de que sólo están dispuestos á atender á los gran- des señores. 6. Inmediatamente después de la muerte de los oficiales, que tengan cuidado de hablar con tiempo de sustituirlos por algunos amigos de la sociedad y que eviten toda sospecha de querer arrancar el gobierno de mano de los principes. Por esto, como ya se ha dicho, no deben mezclarse itunediatamente, sino emplear amigos fieles y pode- rosos que sean los que sufran el odio si éste llegara á sobrevenir. V De cómo es necesario conducirse con respecto á correligionarios que tienen en la Iglesia las mismas funciones que nosotros. 1. Es necsario sufrir con dolor á esta clase de gente y hacer entender á los prin- cipes y á los que desempeñan alguna autoridad que nuestra órden contiene las per- fecciones de todas excepto el canto y la austeridad exterior en la manera de vivir y en los hábitos y que si los demás religiosos exceden en alguna cosa, la sociedad brilla de una manera más evidente en la Iglesia de Dios. 2. Que se investiguen y averigüen los defectos de los demás religiosos y después de haberlos descubierto y publicado con prudencia y como deplorándolos á nuestros fieles amigos, que manifiestan que no desempeñan tan bien como nosotros las fundo- nes que nos son comunes. 3. Es necesario oponerse con los mayores esfuerzos á los que pretenden estable- 292 HISTORIA GENERAL cer escuelas para enseñar á la juventud en los lugares en que los nuestros enseñan con honra y provecho. Que se haga ver á los principes y ,á los magistrados que esas gentes causarán perturbaciones y sediciones en el Estado si no se les cohibe y que las alteraciones comenzarán por los niños que serán instruidos de distinta manera y, en fin, que la sociedad basta para ilustrará lajuventud. Que si estos religiosos han conse- guido breves del Pontiflce ó que tengan para ello la recomendación de los cardenales, que los nuestros obren en contra de ellos por medio de los príncipes y por los grandes, los cuales informarán al Papa de los méritos de la sociedad y de su suficiencia para instruir á la juventud sin perturbación ninguna. Que procuren conseguir testimonios de los magistrados acerca de su buena conducta y de su ilustración. 4. Que siempre los nuestros se esfuercen por dar señaladas muestras de virtud y de erudición, ejercitando á los escolares en el estudio asi como también por otros ejer- cicios escolásticos propios para granjearse el aplauso de los grandes, de los magistra- dos y del pueblo. VI De la manera de ganarse á las viudas ricas 1. Que se escoja para esto á padres de avanzada edad que sean de complexion viva y de conversación agradable. Que visiten á estas viudas y que tan pronto como vean en ellas alguna afección por la sociedad les ofrezcan las obras y los méritos de la misma. Si ellas los aceptan y comienzan á visitar nuestras iglesias, búsqueseles un confesor por el que estén bien dirigidas encariñándolas con la idea de permanecer en el estado de viudas, diciéndoles y alabándoles sus ventajas y sus honores y prometién- dolas ciertamente y hasta respondiéndole de ello, que de esta man era conservarán un mérito eterno y un medio muy eficaz para evitar las penas del purgatorio. 2. Que el mismo confesor haga de manera que se ocupen de embellecer una ca- pilla ú oratorio en sus casas en el que puedan entregarse á meditaciones ó ejercicios espirituales á fin de que se alejen de la conversación y de las visitas de aquellos que pudieran solicitarlas y que aunque ellas tengan un capellán, que los nuestros no dejen de ir á celebrar la misa, muy particularmente para hacerles exhortaciones á propósito y que procuren tener al capellán bajo ellos. 3. Es menester cambiar con prudencia é insensiblemente lo que concierne á la dirección de la casa, de modo que se tenga consideración á la persona en lugar de su afección y de su devoción. 4. Es menester principalmente alejar á los criados (pero poco á poco) que no ten- gan relaciones con la sociedad y es menester sustituirlos por otros, recomendando á gentes que dependan ó quieran depender délos nuestros, pues asi entenderán parte de todo lo que ocurra en la familia. 5. Que el confesor no tenga otro fin que hacer de modo que la viuda pida y siga DE LA MASONERÍA 293 SU consejo en todas las cosas y que le demuestre en todas las ocasiones que esta obe- diencia es el único fundamento de su progreso espiritual. 6. Que le aconseje el uso frecuente de los sacramentos, que los practique y sobre todo el de la penitencia, en el que ella descubrirá sus más secretos pensamientos y to- das sus tentaciones con mayor libertad. Que comulgue frecuentemente, que vaya á menudo á escuchar á su confesor, invitándole á ello con promesas de rezos parti- calares. 7. Una confesión general reiterada, aunque ya ella la haya hecho á otro, no ser- vira poco para tener pleno conocimiento de todas sus inclinaciones. 8. Se les demostrará todas las ventajas del estado de viuda y las incomodidades del matrimonio, sobre todo cuando se repiten los peligros que se corren y principal- mente aquellos que le conciernen en particular. 9. De tiempo en tiempo podrán proponérsele partidos hacia los que se sepa bien que ella tiene repugnancia y si se cree que haya alguno que le agrade le serán pre- sentadas las malas costumbres, á fln de que en general sienta disgusto hacia las se- gandas nupcias. 10. Cuando se esté seguro de que ella está muy bien dispuesta hacia la viudedad es menester recomendarle la vida espiritual pero no la religiosa, de la que será bueno describirle las incomodidades, sino como era la de Paula y la de Eustoquia. Que el confesor haga de modo que haciendo lo más pronto voto de castidad por dos ó tres años al ménos, cierre de todo punto la puerta á las segundas nupcias. Entonces esme- nester procurar que no trate á los hombres ni siquiera á sus parientes bajo el pre- texto de unirla estrechamente con Dios. En cuanto á los eclesiásticos por medio délos que la viuda sea visitada ó á los que ella vaya á ver, si no pueden ser excluidos todos, que sean al ménos los que queden aquéllos que lleven nuestra recomendación ó de- pendan de nosotros. 11. Cuando se haya conseguido todo esto, será necesario conducir á la viuda poco á poco hacia las buenas obras y sobre todo á las limosnas, que hará siempre bajo la dirección de su padre espiritual. VII Cómo es menester sostener las relaciones con las mudas y disponer de los bienes que posean. 1. Que constantemente las obliguen á continuar en su devoción y en sus hue- nas obras, de modo que no se pase una semana en la que no prescindan de algo de loque les sea superfluo en honor de Jesucristo, de la Santa Virgen ó del Santo á que hayan escogido por patron y que lo den á los pobres ó lo destinen en alguna iglesia hasta que las hayan despojado enteramente de las primicias y de los despojos del Egipto. 2. Que si ademas de una afección general ellas atestiguan su liberalidad hacia 294 HISTORIA GENERAL nuestra sociedad y persisten en ello, que se les hagan conocer todos los méritos de la sociedad con las indulgencias particulares del provincial ó si son personas de gran importancia, las del general de la orden. 3. Si ellas han hecho voto de castidad que lo renueven dos veces al año según nuestra costumbre. 4. Que se las visite con frecuencia y se las distraiga de una manera agradable, entreteniéndolas con historias espirituales y bromas, según el humor y la inclinación de cada una. 5. Que no sedas trate con demasiado rigor en la confesión, por miedo á que se disgusten, á ménos que no se desesperen de volver á conquistar sus favores de los que otros se liayan hecho dueños. Con respeto á esto hay que juzgar con mucho discerní- miento del natural inconstante de las mujeres. 6. Que se les impida hábilmente visitar las demás iglesias ó ir á las fiestas, prin- cipalmente á las de los religiosos y que frecuentemente se les repita que todas las in- dulgencias concedidas á las demás órdenes, están reunidas en nuestra sociedad. 7. Si fuese necesario que vistieran luto, que se les permitan trajes que tengan buen aire, que tengan al mismo tiempo algo de espiritual y de mundano, para que no crean que están gobernadas por un hombre enteramente espiritual. En fin, siempre que no haya peligro de inconstancia y si son siempre fieles y liberales con la sociedad, que les concedan con moderación y sin escándalo algo de lo que la sensualidad les exija. 8. Que se coloquen en casa de las viudas, jóvenes honradas hijas de parientes ri- eos y nobles que se acostumbren poco á poco á nuestra dirección y á nuestra manera de vivir; que tengan un ama de gobierno escogida y recomendada por el confesor de toda la familia, que estén sometidas á todas las censuras y á todas las costumbres de la sociedad y que aquéllas que no quieran acomodarse con esto sean devueltas á sus padres ó á los otros por quienes vinieran, presentándolas como de mal carácter y de malas inclinaciones. 9. Será menester tener igual cuidado con su salud y su recreación que de la nuestra, asi pues, si se quejaran de indisposiciones se les prohibirán los ayunos, los cilicios, las disciplinas corporales, permitiéndoles que no vayan á la iglesia pero se las dirigirá en la casa en secreto y con precaución. Que las dejen entrar en el jardín y en el colegio, siempre que esto se haga secretamente y que les permitan recrearse en se- creto con aquellos que más les agraden. 10. Para que una viuda disponga de las rentas que tiene en favor de la sociedad, que les expongan la perfección del estado de los hombres santos que habiendo renun- ciado al mundo, á sus parientes y á sus bienes, se han dedicado al servicio de Dios con gran resignación y con alegria; que les expliquen lo que hay desde este punto de vista en la constitución y en el exámen de la sociedad tocante á la renunciación de todas las cosas; que se les presente el ejemplo de las viudas que en poco tiempo se han hecho santas de esta manera, haciéndoles esperar que serán canonizadas si con- tinúan lo mismo hasta el fin y que se les haga ver que no les faltarán las recomenda- cienes de los nuestros cerca del Papa. DE LA MASONERÍA 295 11. Es necesario inculcarles fuertemente en SU espíritu que si quieren gozar de una perfecta tranquilidad de conciencia, es menester seguir sin murmurar, sin abu- rrirse y sin ninguna repugnancia interior, tanto en las cosas temporales como en las espirituales la dirección de sus confesores, como destinados particularmente por Dios. 12. Es menester hacerles saber también en ocasión oportuna, que si las limosnas que dan á los eclesiásticos y sobre todo á los religiosos de una vida ejemplares la más conveniente, deben hacerla, sin embargo, bajo la dirección de su confesor. 13. Los confesores tendrán especial cuidado en que las viudas que sean peniten- tes suyas, no vayan á ver á otros religiosos bajo ningún pretexto, ni que tengan nin- guna familiaridad con ellas. A fin de conseguir esto, procurarán alabar á la sociedad como una orden más excelente que las otras muy útil en la iglesia, de mayor autoridad cerca del Papa y de todos los príncipes, muy perfecta en sí misma por que divide á los que pueden ser perjudiciales y en la que no hay ni espumas ni cieno, como ocurre entre los demás monjes que son frecuentemente estúpidos, negligentes y perezosos en lo que se refiere á su salud, así como también dados con exceso á la glotonería. 14. Que los confesores les propongan y las persuadan á pagar pensiones ordina- rías y tributos para ayudar todos los años á los colegios y casas de profesos y sobre todo á la casa profesa de Roma, para que contribuya á liberarla de sus deudas y que no olviden los ornamentos de los templos, la cera, el vino y todo lo demás que es ne- cesarlo para la celebración del sacrificio de la misa. 15. Que si una viuda durante su vida no da por completo sus bienes á la sociedad, que les expongan cuando haya ocasión para ello y sobre todo cuando se encuentre en- ferma en gran peligro de muerte, la pobreza de muchos colegios recien establecidos, asi como también los muchos que no han podido ser fundados, y que la inclinen con dulzura á hacer con este objeto gastos sobre los que pueda fundar su gloria eterna. 16. De la misma manera hay que obrar con los principes y demás bienhechores; es menester persuadirlos para que lleven á cabo el establecimiento de fundaciones perpetuas en este mundo, mediante las que pueden conseguir la gloria eterna en el otro. Si algunas mal dispuestas alegaran acá y allá el ejemplo de Jesucristo, que no tenia donde posar la cabeza y quieran que la Compañía de Jesús sea tan pobre como Él, manifiéstese á todas y procúrese inculcar fuertemente en el espíritu, que la Iglesia de Dios ha cambiado en jos tiempos modernos, convirtiéndose en una monarquía que debe sostenerse por la autoridad y con gran poder contra los enemigos, que son muy poderosos y que esta piedra pequeña, se ha convertido en la gran montaña anunciada por el profeta. 17. Manifiéstese con frecuencia á los que se han dedicado á dar limosnas y á em- bellecer las iglesias, que la soberana perfección consiste en despojarse del amor hacia las cosas terrestres, mediante lo que se entra en posesión de Jesucristo y de sus com- pañeros. 18. Como necesariamente puede esperarse ménos de las viudas que educan sus hijos para el mundo, ya veremos cómo puede remediarse este inconveniente. 296 HISTORIA GENERAL VIII De cómo es menester conducirse para que los hijos de las viudas abracen el estado de religion y de devoción. 1. Como es necesario que las madres obren con energía, es menester que en este caso los nuestros obren con duizui'a. Es necesario inducir á las madres para que re- prendan y castiguen á sus hijos desde la más tiei'na edad y pi·lncipalmente cuando sean hijas á que les nieguen vestidos y adornos, deseando con frecuencia y rogando á Dios que ellas aspiren al estado religioso y prometiéndoles una dote considerable si quieren hacerse monjas; que con frecuencia les presenten las diflcultades y riesgos que son comunes á todos los matrimonios y las que ellas han experimentado en par- ticular, atestiguando gran sentimiento por no haber preferido en tiempo oportuno el celibato al matrimonio, y en fin, que se conduzcan de modo que sus hijas aburridas de vivir de aquella manera al lado de sus madres, piensen en hacerse religiosas. 2. Que los maestros conversen familiarmente con sus hijos y si parecieran aptos para nuestra Compañia, que los introduzcan á propósito en los colegios y que les en- señen lo que más pueda agradarles de cualquiera manera que sea para inducirlos á que profesen en ellos. Que les hablen de los viajes que hacen á distintos países, délas relaciones que tienen con los principes y todo aquello que puede entusiasmar á la ju- ventud. Que les hagan ver la limpieza del comedor, de las habitaciones, que escuchen las conversaciones agradables que sostienen los nuestros, que adviertan la preemi- nencia que tiene nuestra orden sobre todas las demás y que sostengan con ellos pláti- cas entretenidas y piadosas. 3. Que los exhorten como por revelación á la religion en general y que les insinúen hábilmente la perfección y las facilidades de nuestra regla sobre todas las demás. Que les digan en las exhortaciones públicas y en las conversaciones particulares, de qué magnitud es el pecado de los que se revelan contra la vocación divina y en fin, que los induzcan á hacer ejercicios espirituales para que tomen una resolución acerca del estado de vida que quieren escoger. 4. Que los nuestros hagan de modo que estos jóvenes tengan preceptores adictos á nuestra sociedad y que velen constantemente cerca de estos con el mayor esmero; pero si resistieran, que les quiten diversas cosas para que se aburran de la vida; que sus madres les manifiesten las dificultades de la familia y por último, sino pudiera conseguirse que de buen grado quisieran entrar en nuestra sociedad, que los envien á los colegios lej-anos de nuestra Compañia para que estudien y quede parte de su madre reciban pocos agasajos y que por el contrario se los haga nuestra Compañia para cap- tarse su afección. DE I,A MASONERÍA 297 IX Del aumento de rentas de los colegios. 1. Que nadie, en cuanto sea posible, sea admitido al último voto, en tanto que espere alguna sucesión á ménos que no tenga un hermano más joven que él en la so- ciedad á causa de otras grandes razones. Sobre todo y ante todas las cosas es menes- ter trabajar por el aumento de la sociedad según los fines que son conocidos de los superiores, los que deben por lo ménos acordar en que á la más grande gloria de Dios la iglesia se restablezca á su primer esplendor, de modo queen todo el clero no domi- ne más que un espiritu. Por esta razón es menester decir á menudo y publicar fre- cuentemente que la sociedad está compuesta en parte de profesos tan pobres, que ca- recerían de todo sin las liberalidades cotidianas de los fieles, y á parte de otros medios que son posibles pueden poseer bienes, inmuebles para no estar á cargo del pueblo en sus estudios y funciones como las demás órdenes mendicantes. Que los confesores de los principes, de los grandes de las viudas y de los demás de quienes nuestra sociedad puede esperar mucho, los instruyan seriamente para que ellos les den las cosas espirituales y eternas y reciban las terrestres y temporales y que no dejen escapar ninguna ocasión de recibir cuando les ofrezcan. Si les han prometido alguna cosa y tardan en entregarla es necesario que prudentemente lo hagan recor- dar, disimulando en tanto que sea posible la gana que se tiene de ser rico. Si alguno de los confesores de los grandes ó de los demás no parece bastante hábil para practi- car todo esto, es menester quitarle el empleo en tiempo oportuno y con prudencia, colocando otro en su lugar ysi fuera necesario para mayor satisfacción de los peni- lentes que los releguen á los colegios más lejanos diciendo que la sociedad tiene ne- cesidad de su persona y de su talento en aquellos lugares; porque hemos sabido no hace mucho tiempo (pie algunas jóvenes viudas fallecidas, no hablan legado muebles muy preciosos á nuestras iglesias, por negligencia de los nuestros que no los hablan aceptado á tiempo. Para aceptar cosas parecidas no hay que mirar al tiempo, si no la buena voluntad de los penitentes. 2. Es necesario emplear distintos medios para atraerse á los prelados, á los canó- nigos y demás eclesiásticos ricos á los ejercicios espirituales y poco á poco por medio de la afección que ellos tienen á las cosas espirituales, atraerlos á nuestra sociedad y explotar enseguida la liberalidad de ellos. 3. Que los confesores no descuiden preguntar á sus penitentes (siempre que los hallen á propósito) cuál es su nombre de familia, sus parientes, sus amigos, sus bie- nes y enseguida informarse acerca de la sucesión, de su estado y de su intención y re- solución; si no la hubieran tomado todavía que procuren inclinarla favorablemente hacia la sociedad. Si desde luégo se concibe la esperanza de algun provecho, como no es conveniente preguntarlo todo al mismo tiempo, que les ordene con pretexto de descargo de conciencia o á título de penitencia el que se confiesen frecuentemente 38 298 HISTORIA GENERAT lo ménos cada semana y que. el confesor les pregunte hábilmente^ para que se entere en varias veces de lo que en una no pudo hacerlo. 4. Lo mismo que se ha dicho con respecto á las viudas, es menester hacer con respecto á los comerciantes, la gente rica y los casados sin hijos, de los que frecuente- mente puede ser heredera la sociedad, si emplea prudentemente los medios indicados. 5. Los rectores de los colegios procurarán adquirir conocimiento de las casas, de los jardines, vinas y haciendas que posean los de la principal nobleza, los comercian- tes, los de la clase media, y si pudiera ser, de los censos é intereses que pa- guen; pero es menester realizarlo con habilidad y de una manera eficaz, sea por medio de la confesión, ó de la familiaridad. Cuando un confesor haya encontrado un pe- nitente rico, dará cuenta de ello al rector y le tendrá al corriente de todo lo que ocurra. 6. El punto principal de nuestro negocio es ante todo el siguiente: captarse la be- nevolencia de los penitentes y de todos los demás con quienes se converse, y acomo- darse á las inclinaciones de cada uno. Por esto los provinciales harán de modo que sean enviados muchos á los lugares habitados por los ricos y los nobles, y á fin de que aquéllos puedan hacerlo con más prudencia y éxito, los rectores cuidarán de in- formarlos á propósito de la elección que deban hacer. 7. Que averigüen si recibiendo á los hijos de ellos en la Compañia, podrán conse- guir las posesiones, y si esto fuera posible, que descubran si cederán algunos de sus bienes al colegio, ó por contrato, ó alquilándoselos, ó de otra cualquier manera, me- diante la que en algun tiempo lleguen á ser de la exclusiva propiedad de la Compañia; á este fin convendrá exponerles las necesidades y deudas que ésta tiene, y las deudas de que está cargada. 8. Si ocurriera que las viudas ó las casadas ricas afectas á la Compañia no tuvie- ran más que hijas, los nuestros procurarán inclinarlas dulcemente á que escojan una vida devota ó religiosa, á fin de que, dejándoles sólo algun dote, los demás bienes pa- sen á la Compañía. Si tuvieran hijos se procurará atraerse aquellos que sean aptos para la Compañía, procurando que ingresen los demás en otras religiones, prometién- doles alguna cantidad. Pero si sólo tuviera un hijo único, se trabajará para que á toda costa ingrese en la sociedad; se procurará que pierda todo temor á sus padres; se le inculcará la vocación de Jesucristo, manifestándole que hará un sacrificio muy agra- dable á Dios si ingresa contra la voluntad de su padre y de su madre, y á pesar de ellos. En seguida se le enviará á un noviciado lejano, después de haber dado oportuna cuenta al general de la órden. 9. Que los superiores adviertan enérgicamente á los confesores de estas viudas y de las casadas, para que empleen útilmente en favor de la sociedad todas estas ins- trucciones. Si no lo hacen, que coloquen á otros en sus puestos y que alejen aquéllos para que no puedan conversar con la familia. 10. Que inclinen á los viudos y á las demás personas devotas que tienden con ar- dor á la perfección, á ceder todos sus bienes á la sociedad y á vivir de las rentas, que se les conservarán perpetuamente, según tengan necesidad, para servir más libre- DE LA MASONERÍA 299 mente á Dios, sin cuidados y sin inquietudes, por ser éste uno de los medios más efl- caces para conseguir el objeto que nos proponemos. 11. Para convencer al mundo más eflcazmente de la pobreza de la sociedad, los superiores pedirán dinero prestado á las personas ricas afectas á la sociedad, dando en garantía recibos firmados de su mano, cuyo pago se irá difiriendo. Después, y prin- cipalmente cuando ocurra una enfermedad peligrosa, se visitará constantemente á dicha persona y por todos los medios razonables se la inducirá á devolver el recibo, pues asi no se hará mención de los nuestros en el testamento y nosotros habremos ganado sin atraernos el odio de los que les sucedan en los bienes. 12. Será también conveniente recibir de alguna persona dinero por el que se pa- gue Ínteres y colocarlo después á uno mayor, á fin de que éste pague el otro, pues podrá suceder que los amigos que han puesto su dinero en esta forma se sientan apia- dados y nos hagan donación de él, sea por testamento, sea por donación entre vivos cuando vean que creamos colegios y fundamos iglesias. 13. La Compañía podrá también negociar útilmente con el nombre de los nego- ciantes ricos que sean afectos; pero es menester buscar un provecho cierto y abun- dante hasta en las Indias, que hasta ahora, no sólo nos han proporcionado almas, sino que también cuantiosas riquezas. 14. Que los nuestros tengan en los lugares donde residen un médico fiel á la Com- pañia, al cual recomiende principalmente á los enfermos, y al que ponga por encima de todos los demás, á fin de que, recomendando éste á los nuestros sobre todos los religiosos, haga de modo que seamos llamados cerca de los principales enfermos, sobre todo cuando se hallan próximos á morir. 15. Que los confesores visiten á los enfermos con asiduidad, sobre todo aquellos que están en peligro, y para alejar prudentemente á los demás religiosos eclesiásticos que los confiesen, hagan de modo que cuando el confesor se vea obligado á separarse del enfermo, otro de la Compañía lo sustituya y mantenga al enfermo en sus buenos designios. 16. A las mujeres que se quejen de los vicios de sus maridos y de los pesares que les causan, se les dirá que pueden quitarles secretamente algunas cantidades para ex- piar los pecados de sus maridos y obtener gracia. X Del rigor particular en la disciplina de la sociedad 1. Es menester alejar bajo cualquier pretexto, como enemigo de la sociedad, de cualquier condición ó de cualquier edad que sea, al que haya alejado á nuestros de- votos 6 devotas de las iglesias 6 que por cualquier otro motivo haya dado lugar á que las relaciones con los nuestros se interrumpan. 2. Será necesario alejar también á los que presenten algun escrúpulo de adquirir bienes para la sociedad y decir que se encuentran demasiado obstinados con sus 3U0 HISTORIA GENERAL ideas; ni siquiera dar cuenta de sus acciones á los provinciales; es menester no escu- charlos, sino recordarles la regia que los obliga á una seria obediencia. 3. Será menester considerar desde el comienzo y después de su juramento quiénes son aquellos que han progresado más en afección hacia la sociedad; y aquellos en que se reconozca que tienen simpatías por otras órdenes, por sus padres ó por sus parientes, será menester disponerlos poco á poco á que se alejen como inútiles. XI De cómo los nuestros deben conducirse de común acuerdo con aquellos que hayan sido expulsados de la sociedad 1. Como los que hayan sido expulsados conocerán por lo ménos algunos secretos, frecuentemente perjudican á la Compañía; por esto será menester oponerse á sus de- signios de la siguiente manera: ántes de expulsarlos será menester hacerles prometer por escrito y jurar que no dirán ni escribirán jamas cosa alguna de la que pueda re- sultar daño ó perjuicio para la Compañía. Esto no obstante, los superiores deberán conservar por escrito sus malas inclinaciones, sus defectos y sus vicios, que por sí mismos hayan descubierto, para descargo de su conciencia, según la costumbre de la sociedad, y de los que, si es necesario, se puedan servir cerca de los prelados y de los grandes para impedir todo progreso moral ó material. 2. Que se escriba á todos los colegios dando cuenta del expulsado y exagerando siempre las razones que hayan motivado su expulsion, tales como la escasa morti- flcacion de su espíritu, su desobediencia, su poca asiduidad á los ejercicios espiritua- les, lo demasiado aferrado á sus ideas, etc. Que en seguida se advierta á todos los demás para que dejen de estar en correspondencia con él, y si acerca del mismo se hablara con los extraños que el lenguaje de todos sea uniforme, diciendo que la socie- dad no expulsa á ninguno de su seno sino por graves razones, y que, semejante al mar, la sociedad arroja de si á los cadáveres, etc. Que se insinúen también razones de las que nos hacen odiar, á fin de que su expulsion aparezca más plausible. 3. Que en las exhortaciones domésticas se procure persuadir de que aquellos que han sido expulsados, son personas discolas que quisieran volver á entrar en la socie- dad, y que se exageren las desgracias de aquellos que han perecido miserablemente después de haber salido de ella. 4. Será necesario también anticiparse á las acusaciones que puedan hacer aquellos que han salido de la sociedad, por medio de la autoridad de personas graves que digan por todas partes que la Compañía no expulsa á ninguno de sus individuos sino por muy graves motivos; que no cercena los miembros útiles, lo cual confirma el celo que tiene y que atestigua en general por la salvación de las almas de aquellos que no le pertenecen, razón que le obligará á cuidar más de aquellos que son suyos. 5. En seguida la sociedad debe prevenir y obligar por toda clase de oficios á los grandes y á los pi'elados cerca de los que los que hayan sido expulsados comiencen á DE LA MASONERÍA 301 tener alguna autoridad ó prestigio. Será menester que se les haga ver que el bien co- mun de una orden que tantos beneficios reporta á la Iglesia, debe merecer mayor con- sideración que un particular, cualquiera que éste sea. Si aun conservaran algun afecto hacia aquellos que han sido expulsados, será bueno darles á conocer las razones que hubo para proceder con respecto á ellos del citado modo, y exagerar hasta las cosas que no sean de todo punto ciertas, siempre que de hacerlo se pueda conseguir algu- nas ventajas. 6. Será necesario que de todos modos se impida que aquellos que principalmente han abandonado la sociedad voluntariamente, no sean elevados á ningún cargo ó dig- nidad de la Iglesia, á ménos que no se sometan ellos y todo lo que tienen á la sociedad y que todo el mundo sepa que quieren depender de ella. 7. Que con tiempo se haga de modo que queden alejados tanto como se pueda del ejercicio de las funciones célebres de la Iglesia, como son los sermones, las confesio- nes, la publicación de libros, etc., temiendo que se atraigan el afecto y los aplausos del pueblo. Para esto será menester hacer con gran cuidado un minucioso exámende su vida y de sus costumbres, de las compañías que más frecuentan, de sus ocupacio- nes, etc., penetrar sus intenciones, y por esta razón será conveniente mantenerse en correspondencia particular con algunos de los individuos de la familia con que los ex- pulsados hayan ido á vivir. Tan pronto como se le haya descubierto alguna cosa digna de censura, se procurará divulgarla, valiéndose de gente de más inferior con- dicion, y en seguida hacer de modo que los grandes y los prelados que favorezcan al expulsado, tengan miedo de la infamia que recaerá sobre ellos si lo siguen tratando. Si no hicieran nada que se les pueda censurar, si se condujeran de una manera digna de aplauso, que se atenúen por proposiciones sutiles y palabras ambiguas las virtudes y las acciones que alaben, hasta que se procure disminuir la estima que se le conce- dia y la fe que en ellos se habla depositado, pues importa mucho á la sociedad que aquellos que han sido expulsados y naás principalmente aquellos que la abandonaron voluntariamente, queden completamente aniquilados. 8. Es menester divulgar incesantemente las desgracias y los accidentes siniestros que les ocurran, implorando siempre para ellos las súplicas y oraciones de las perso- nas piadosas, á fin de que en ningún caso crean que los nuestros obran llevados de la pasión, y que sean exagerados por todos los medios en nuestras casas, á fin de rete- ner á ios nuestros. Xll A quiénes se debe mantener y conservar en la sociedad. 1. Deben conservar el primer lugar los buenos obreros, á saber: aquellos que in- fluyen del mismo modo en el bien temporal que en el espiritual de la sociedad, como son los confesores de los principes y de los grandes, las viudas y los devotos ricos, los predicadores y los profesores, y todos aquellos que están impuestos de sus secretos. 302 HISTORIA GENERAL 2. Aquellos á quienes faltan las fuerzas y están impedidos por la vejez, según que hayan empleado sus talentos por el bien temporal de la Compañía, de modo que ten- gan derecho á la cosecha recogida, adem.as que éstos pueden ser instrumentos para dar cuenta á los superiores de los defectos de los inferiores que observen, máxime cuando siempre están dentro de las casas. 3. Será menester que se tenga gran cuidado en no expulsarlos, en tanto que asi pueda ser, temiendo que la sociedad adquiera mala reputación. 4. Ademas de esto, es necesario favorecer á todos aquellos que se distingan por su talento, su nobleza ó sus riquezas, muy particularmente aquellos que tengan ami- gos ó parientes, afectos á la sociedad, que sean poderosos. Es menester enviarlos á Roma ó las universidades más célebres para que estudien, y si han estudiado en al- guna provincia que los profesores los traten con particular cariño y que no les nie- guen nada, basta tanto que hayan cedido sus bienes en favor de la Compañía, pero que después que lo hayan hecho los mortifiquen como á los demás, teniendo sólo al- guna consideración al pasado. 5. Los superiores tendrán también un especial cuidado con aquellos que hayan atraído á la sociedad algunos jóvenes distinguidos, por cuanto de este modo no es poco el afecto que han acreditado hacia la sociedad; pero en tanto que no hayan profe- sado, es menester cuidar de no tener mucha indulgencia con ellos, temiendo que se alejen de la sociedad. XIII De la elección que debe hacerse de los jóvenes para admitirlos en la sociedad y de la manera de retenerlos. 1. Es necesario trabajar con muchisima prudencia para escoger los jóvenes de buen talento, bien conformados, nobles ó que por lo ménos se distingan por alguna de estas cosas. 2. Para atraerlos más fácilmente á nuestro instituto, es menester que, en tanto estudian, los rectores de los colegios y los maestros que los instruyen los traten con muy particular afección; fuera de las horas de clase, es menester que les hagan ver cuán agradable es á Dios que algunos se consagren á él con todo lo que tienen, espe- cialmente en la sociedad de su Hijo. 3. Que cuando se presente ocasión los hagan pasear por el colegio, por los jardi- nes y hasta por los talleres; que se reúnan con los nuestros en las horas de recreo y que poco á poco se vayan familiarizando con ellos, teniendo cuidado de que la mucha confianza no sea causa de menosprecio. 4. Que no se permita que los nuestros los castiguen y los conduzcan á sus obliga- clones con los demás discípulos. 5. Es necesario encariñarlos con regalitos, según la edad que cada uno tenga, y animarlos sobre todo por medio de ejercicios espirituales. DE EA MASONERÍA 303 6. Que se les inculque el que no es sin la intervención de la Providencia divina que son distinguidos en aquel colegio, en medio de todos los demás que los fre- cuentan. 7. En otras ocasiones, sobre todo en las exhortaciones^ es menester asustarlos con amenazas de condenación eterna, sino obedecen á la vocación divina. 8. Si pidieran constantemente ingresar en la sociedad, que se difiera el admitirlos en tanto que sean constantes, pero si parecieran volubles ó tornadizos que los induz- can por todos los medios imaginables. 9. Que se les advierta muy eficazmente que no manifiesten su vocación á ninguno de sus amigos, ni á su padre ni á su madre, ántes de ser admitidos, porque si ocu- rriera que por cualquier motivo se desdijeran, ellos y la sociedad quedan en libertad de hacer lo que quieran, y si se vencen, siempre tendrán ocasión de recordarles lo que prometieron, animándolos si esto ocurriera en el tiempo del noviciado ó de los pri- meros votos. 10. Siendo la mayor dificultad atraerse á los hijos de los grandes, de los nobles y de los senadores, en tanto que permanecen en las casas de sus padres, donde éstos los educan con el designio de que les sucedan en sus empleos y honores, será menes- ter persuadirlos por medio de los amigos, mejor que por individuos de la sociedad, para que los envien á otras provincias ó á universidades lejanas en las que enseñen los nuestros, después de haber enviado instrucciones á los profesores con respecto á su calidad y condición, para que ganen su afecto hacia la sociedad con más facilidad y certeza. 11. Cuando hayan adquirido más edad, será necesario inclinarlos á que hagan algunos ejercicios espirituales, lo cual ha dado frecuentemente muy buenos resultados entre los alemanes y los polacos. 12. Será menester consolarlos en sus apuros y aflicciones, según la condición y calidad de cada uno, empleando las exhortaciones y amonestaciones acerca de los malos usos que se hacen de las riquezas é induciéndolos á no despreciar la felicidad de su vocación, so pena de tener que sufrir todos los tormentos del in- fiemo. 13. Deberán manifestarse á los padres y á las madres, para que condesciendan más fácilmente al deseo de sus hijos de ingresar en la Compañía, las excelencias de este instituto en comparación con los demás, la santidad y el saber de nuestros pa- dres, su reputación en todo el mundo, el honor y el aplauso que universalmente me- recen de grandes y pequeños. Que se les haga una enumeración de los principes y de los grandes que por gran consuelo han vivido en el seno de esta Compañía de Jesús, de los que han muerto en ella y de los que áun le pertenecen. Que se manifieste lo muy agradable que es á Dios el que las gentes se consagren á Él, muy especialmente en la Compañía de su Hijo, y hasta qué punto es bueno que un hombre haya llevado el yugo del Señor en su juventud. Si opusieran la poca edad con que cuenta el solid- tado, contéstese que la orden en su regla no tiene nada de incómoda más que el ejer- cicio de los tres votos. 304 HISTORIA GENERAI, XIV De los casos reservados y de las razones para expulsar de la sociedad. 1. Ademas de los casos indicados en las constituciones y de los que sólo el supe- rior ó el confesor ordinario pueden absolver con su permiso, hay la sodomia, la mo- licie, la fornicación, el adulterio, el tacto impúdico de un varón ó de una hembra, y ademas de esto, si cualquiera, por un motivo de celo ó por otra razón hubiera hecho alguna cosa grave contra la sociedad, su honor ó su provecho, son todas causas jus- tas para expulsar á los que las hayan cometido. 2. Si cualquiera declarara en confesión alguna cosa parecida, no deberá dársele la absolución, sino promete ántes revelarla al superior fuera de la confesión por sí mismo ó por medio de su confesor. Entónces el superior obrará como mejor le pa- rezca en beneficio de la sociedad; si hubiera alguna esperanza fundada de poder ocul- tar el crimen, se impondrá al culpable la penitencia conveniente; sino fuera asi, será menester expulsarlo. A pesar de esto, el confesor debe guardarse muy bien de decir á un penitente que está en peligro de ser despedido. 3. Si alguno de nuestros confesores ha oido decir á alguna persona extraña que ha cometido cualquier cosa vergonzosa con uno de la sociedad, que no le absuelva, si ántes no le ha dicho fuera de la confesión el nombre de la persona con quien ha peca- do, y si lo declara, que se le haga jurar que no lo dirá jamas á nadie sin el consenti- miento de la sociedad. 4. Si dos de los nuestros hubieran pecado casualmente, el que lo declare primero será retenido en la sociedad y expulsado el otro: pero al que se le retenga será inme- diatamente tan mortificado y tan maltratado, que por disgusto é impaciencia, dé oca- sion de hacerse echar, la cual se aprovechará en el acto. 5. Siendo la Compañía un cuerpo noble y excelente dentro de la Iglesia, podrá expulsar de si misma á los que no les parezcan aptos para el cumplimiento de nuestro instituto, aunque al principio se hubiera estado satisfecho; fácilmente se podrá conse- guir esto si se los maltrata de continuo y todo lo que se hace es contra su inclinación, si se les pone bajo la vigilancia de superiores muy severos y se les aleja de las funcio- nes y cargos honrosos, hasta que se consiga lo que se desea. 6. En manera alguna se retendrá á los que se sublevan contra los superiores abiertamente ó que se quejan de ellos en público ó en secreto á sus hermanos y muy principalmente á los extraños, ni á aquellos que entre los nuestros ó entre los extra- ó adminis- ños condenan la conducta de la sociedad por lo que toca á la adquisición de- tracion de los bienes temporales, ni á aquellos que en las conversaciones sufren ó fienden á los franceses ó á los venecianos ó los demás por quienes la sociedad ha sido expulsada ó ha sufrido grave daño. 7. Antes que expulsar á uno, es menester maltratarlo extremadamente, alejarlo de las fqnciones á que estaba acostumbrado y aplicarlo á diversas cosas. Aunque las haga DE LA MASONERÍA 305 bien, es menester censurarlo, y con este pretexto aplicarlo á otra cosa. Por una leve falta que haya cometido, se le impondrá grave pena, procurando que sea en público para aumentar su confusion, hasta lograr impacientarlo, y en fin, q'ue los arro jen por ser ejemplos perniciosos para los demás, pero que para esto se escoja una ocasión que él no pueda sospecharla. 8. Si alguno de los nuestros tiene esperanza de conseguir un obispado ó cualquier otra dignidad eclesiástica, ademas de los votos ordinarios de la sociedad se le obliga- rá á hacer otro; el de que tendrá siempre buenos sentimientos con respeto al instituto de la sociedad, que hablará bien en su obsequio, que no tendrá confesor que no sea de ella y que no ejecutará nada que pueda tener alguna consecuencia, sin haber consul- tado previamente á la sociedad. XV Cómo es necesario conducirse con las religiosas y develas 1. Que los confesores y los predicadores se guarden muy bien de ofenderá las religiosas ó de sujerirles alguna tentación contra su vocación; todo lo contrario, una vez que hayan ganado el afecto de las superioras, que hagan de modo para ganar, por lo ménós, las confesiones extraordinarias, y que gratuitamente les prediquen al- gunos sermones, si tienen esperanza de conseguir algun beneficio, mediante las ello, pues abadesas, muy principalmente las ricas y las nobles, pueden prestar vicios grandes ser- á la sociedad, por si mismas, por sus parientes y por sus amigos; de modo que por el conocimiento de los principales monasterios la sociedad puede llegar al conocí- miento y á la amistad de toda la población. 2. Será menester, sin embargo, prohibir á nuestras devotas que frecuenten los monasterios de mujeres, por temor á que se encariñen demasiado con la manera de vivir de aquéllas, y la sociedad se vea frustada en la esperanza que tenia de todos conseguir sus bienes. Que se las induzca á hacer voto de castidad y de obediencia en ma- nos de los confesores, y que se les demuestre que esta manera de vivii- es conforme á las costumbres de la primitiva iglesia, y ademas, que siguiendo el viudas ejemplo de las del evangelio hagan donación de sus bienes á Jesucristo, dándolos á su com- pañia. Por último, que se les diga todo lo que se les puede decir en contra de la vida claustral y que estas instrucciones se les hagan bajo promesa de de silencio, por temor que lleguen á oidos de las religiosas en clausura. XVI De la manera de hacer profesión de despreciar las riquezas. 1. Temiendo que los seglares no atribuyan demasiada pasión por las será útil riquezas, negar alguna vez las limosnas de ménos consecuencia, que se ofrecen por ser- 39 30f) HISTORIA GENERAL vicios hechos á nuestra sociedad^ aunque sea necesario admitir el menor número de laá nos sean afectas por miedo áque se nos acuse de avaricia si admiti- personas que mos el mayor número. 2. Será necesario negar sepultura en nuestras iglesias á las personas oscuras, hayan sido muy afectas á la sociedad^ temiendo aunque que parezca queremos conse- guir grandes riquezas con el mayor número de muertos y de que vean los provechos que conseguimos. 3. Es menester obrar con igual resolución con respecto á las viudas y á las demás personas que hayan entregado sus bienes á la sociedad, y con más vigor siendo igual á los con todos los otros, para que no parezca que favorecemos más á los unos que otros por consideración á los bienes temporales. Lo mismo es menester hacer con aquellos que pertenezcan á la sociedad de'=;pues de haberles entregado sus bienes, y si fuera menester que los expulsen de la sociedad, pero esto que se haga con la mayor discreción, á fln de que nos dejen una parte de los bienes de que nos habian hecho donación. XVII De los medios para aumentar la sociedad. 1. Que todos procuren principalmente hasta en las cosas de más pequeña, conse- cuencia, ser del mismo parecer, ó al ménos que lo digan exteriormente, pues asi, del la sociedad se aumen- por cualquier alteración que haya en los negocios mundo, tará y se consolidará necesariamente. 2. Que todos se esfuercen en brillar por su saber y por su buen ejemplo, á fln de que aventajen á los demás religiosos, particularmente á los pastores, á fln de que el vulgo desee que nosotros lo hagamos todo. Que se diga hasta en público que no hay necesidad de los pastores adquieran tanto saber, por cuanto que pueden qumplir bien sus deberes, sirviéndose del consejo de la sociedad, que por esta razón debe tener los estudios en grande estima. 3. Es necesario inculcar á los á los principes la doctrina de que la fe ca- reyes y me- tólica no puede brillar en los tiempos presentes sin la política, pero para esto es los nester emplear mucha discreción. Gracias á esto, los nuestros serán agradables á grandes y admitidos á sus consejos más secretos. 4. Podrá mantenerse su benevolencia escribiéndole de todas partes noticias esco- gidas y ciertas. 5. No será pequeña la ventaja que se consiga, si se fomenta secretamente y con prudencia las divisiones de los grandes hasta arruinando mutuamente su poder. Si advirtiera se van á reconciliar, la sociedad se que anticipará á ponerlos de acuerdo se por miedo de que más tarde no se descubra su juego. 6. Será menester persuadir por todos los medios al vulgo principalmente y á los sin una divina parti- grandes, de que la sociedad no ha sido establecida providencia DE LA MASONERÍA 307 cular, según las profecías del abad Joaquin, para que la Iglesia humillada por los he- réticos se levante. 7. Después de haber conseguido el favor de los obispos y de los grandes, será menester apoderarse de los cur-atos y de las canongias para reformar más exactamen- te al clero, que vivia en otro tiempo, bajo cierta regla con sus obispos, tendiendo á la perfección. Por último, será necesario aspirar á las abadías y á las prelaturas, lo cual no será difícil conseguir, si se considera el fanatismo y la estupidez de los monjes; seria sumamente ventajoso para la Iglesia que todos los obispados estuvieran desem- peñados por individuos de la Compañía y hasta el Solio Pontificio si el papa llegara á ser señor temporal de todos los bienes. Por esto es menester extender prudente y se- cretamente poco á poco todo lo de la sociedad. 9. Por último, la sociedad, después de haber conseguido el favor de los principes procurará hacerse temer de todos .aquellos que no sean afectos á ella. Era de todo punto interesante trasladar á una obra de la naturaleza de la nuestra estas instituciones secretas de los jesuítas, por cuanto en ella pueden hallar motivo y justificantes todas las censuras, que tanto ahora como más adelante, nos veamos obli- gados á hacer. Ademas, desde que hemos comenzado á historiarla masonería, hemos comenzado también á hacer clara exposición de sus principios, constituciones y esta- tutos, todos del dominio público desde hace mucho tiempo y sin quejamas ni al tiem- po de su publicación, ni en los posteriores se haya levantado la voz de ningún mason, procurando impugnarlos ó negando sean los que presiden y regulan á la institución masónica. Verdad es que ninguna falta hacia proceder de semejante manera. Enten- diendo por masonería única y exclusivamente lo que en realidad debe entenderse, hay que confesar quejamas debió ser tenida en la categoría de las sociedades secretas y mucho ménos se comprende que haya habido países en los que se la ha colocado fuera de la ley, persiguiendo á sus individuos con tan fiera saña que muchos de ellos fueron á expirar en afrentoso patíbulo. ¿Qué crímenes se les imputaban? Al escuchar esta pregunta, si vivieran hoy aque- líos jueces que firmaron tan arbitraria sentencia, temblarían, pues con muy ligero esfuerzo podrían llegar á comprender la falta de causa que había para ello. Y no se busquen en el recato de que se rodeó el mason razones para explicar la persecución deque fueran victimas, pues harto sabido es ya, que si procuraron no ser espiados en los fines que realizaban no fué esto porque sus miras fueran perniciosas, sino porque sus máximas tenían que hacer forzosamente daño á los que gobeimaban, amparados por la ignorancia popular, que era lo que únicamente les favorecía. En tanto que subsistió esta causa, la sociedad masónica se vió obligada á perma- necer en la sombra y claro es que por ello mismo el jesuitismo tenia que ser uno de sus más acerbos enemigos. El robustecimiento de la razón y la generalización de la cultura eran las únicas causas que podían dar lugar á la práctica provechosa de las infamias consignadas en las instrucciones secretas de la Compañía de Jesús, pues sólo aquellos de ^nimo apocado, los faltos de ilustración y de conocimientos son los 308 HISTORIA GENERAL que pueden caer en los artificiales lazos que tenian preparados aquellos que han pre- conizado siempre que todos los medios son buenos cuando conducen al fin. A evitar este abuso y á hacer en todo el mayor bien que le fuera posible, tendió siempre la masonería^ que nunca vió obstáculos tratándose de hacer bien á sus semejantes y hé aqui la razón de la rivalidad existente entre las dos sociedades. Los jesuitas querían abarcarlo y dominarlo todo, á cuyo fin lo que más les urgia era apoderarse de la conciencia, una vez conseguido esto el individuo quedaba redu- cido á la categoría de cosa, podia manejársele de cualquier modo, explotarlo, expri- primirlo y arrojarle luégo de si cuando conviniera^ pues también se reservaban este derecho. Poco les importaba de cuanto tuvieran que hacer aunque fueran infamias de tanta magnitud como las que se encuentran consignadas en la Mónita Secreta^ que de exprofeso hemos trasladado integra; la cuestión es dominar y apoderarse de todo. Poco á poco y empleando siempre las arteras mañas que áun no han perdido consi- guieron su objeto y filtrándose como los miasmas, lo envenenarán todo. Compárese, si se quiere^ la conducta desplegada por la masonería y se verá hasta qué punto son radicales las diferencias que se pueden establecer. El jesuitismo, como hemos dicho, se proponía en primer término y ántes que todo destruir al hombre pri- vándole de la sacrosanta libertad de su conciencia; quitábale criminalmente los afee- tos de la familia y de amigo á amigo establecía cautelosamente un espia para quepu- diera dar cuenta á, los superiores hasta de los más nimios actos que ejecutaran, para sacar partido de ellos. La masonería, por el contrario, tendió siempre y tiende toda- via á la elevación del hombre, á su perfección, sin que le exija sacrificio alguno contra aquello que la honrada conciencia nos exige; jamas procuró apoderarse de bienes materiales ningunos y siempre dispensó igual atención al pobre que al rico; nunca pensó en sacar partido de las facultades de los individuos en particular y ad- mitió lo mismo al facultativo distinguido, que se hizo de un glorioso nombre en las artes ó en las ciencias, que al pobre y miserable trabajador que expuesto á los ardoro- sos calores en el verano y á la fría lluvia en el invierno, gana penosamente el sustento suyo y de su familia con el amarguísimo sudor de su frente. Aun hizo más, en contra- posición á lo realizado por el jesuitismo; reveló á todos que por las condiciones que en cada uno radicaba eran hermanos y les encariñó con la idea de que se debían mutuo auxilio y amparo, que no se presta por ciertos y determinados actos que se llevan á cabo sino mediante el trabajo, que es lo que en primer término están obliga- dos á proporcionar los masones. Lanzada la sociedad por esta corriente, fácil era comprender á dónde llegarla con el tiempo y los que semejante á las aves nocturnas de mal agüero solo viven en la es- pesa sombra, merced á la que logran hacer presa, cobrábanle intenso temor adivi- liando que ella seria la primera causa de su desprestigio y ruina. No perdonarán pues, medios para atacarla y persegairla; lanzarán públicamente acusaciones infundadas, inventarán chismes y fantásticas novelas, exacerbarán las imaginaciones de los timi- dos con poderosos cuadros, en los que eran supuestos primeros actores y crearán al rededor de la institución masónica una atmósfera de fuego y de sangre que no podrá DE LA MASONERÍA 309 ménos que espantar. Hablar de lo desconocido es sumamente fácil y más sencillo es creer lo que nos dicen, cuando constantemente nos ha merecido fe aquel que lo refle- re; merced á esto, el jesuitismo consiguió dos cosas principales: primera, cohibir el desarrollo de un enemigo que desde su aparecimiento se manifestaba fuerte y vigo- roso; segunda, aprovecharse del pavor despertado y cosechar ópimos frutos á favor suyo, alegando que era necesario el concurso de todos los fieles para expiar los crime- nes de aquellos protervos á quienes nadie conocía y de los que nadie había recibido el menor daño. Fingiéndo por todos lados, el jesuitismo logró acceso también dentro de la masone- ria y entónces tergiversó los textos, adultero los principios y procuró dividir y subdi- vidir á la asociación; creó otras de índole semejante, pero sólo en la forma, teniendo especial cuidado en sacrificar á no pocos de los que se prestaran á ser ciegamente instrumentos suyos sólo con objeto de desprestigiar á los que en el tiempo tenían que ser sus rudos y mortales enemigos. No fué poco lo que consiguieran, merced también al tiempo en que llevaran á cabo sus infames arterias; el prestigio de la Iglesia era grande y ellos se manifestaban como parte de la Iglesia misma, los gobiernos despóti- eos de entónces no veían más allá de cuanto les era manifestado por las autoridades eclesiásticas que bien mirado eran las mantenedoras de aquel régimen, contrario á la Organización humana. En aquella época el poder civil y al poder eclesiástico tenían formada una sociedad comanditaria dentro de la que se amparaban mutuamente; pero este amparo consistía más que en nada en sostener el oscurantismo dominante impidiendo que vieran los individuos más luz que la que aquellos les concedían; á esto se debe el penoso desarrollo de las artes pues en todo tiempo, en toda época han flore- cido genios, han brillado espíritus atrevidos que oponiéndose á la corriente han lu- chado con bravura para cambiar su dirección, pero solos y aislados han perecido en la contienda, si bien muchas veces, dejando tras de si eslabones de la cadena casi la- brada ya que une á todos los hombres estrechamente. Cuando la Iglesia que con ciega y dura saña bahía perdido, merced á sus abusos, parte del vigor con que en su dia castigara los adelantos é innovaciones de la alquimia, que más tarde se tornó en la química, y de la astrologia, que después ha sido la astro- nomia, vino á robustecerla el jesuitismo como ejército que llega de refresco al lugar del combate oponiéndose bajo esta forma al progreso politico de los pueblos; pero bien pronto los crímenes de esta sociedad dieron lugar á que se enagenara todas las sim- patias y que hasta la cabeza de la Iglesia los expulsara del seno de la cristiandad como los ménos cristianos que hasta entónces se hablan presentado en la vía pública. CAPÍTULO XX. Reinado de Jorge II.—Estado de la masonería inglesa en este período.—Grandes maestros que en esta época desempeñan el alto'poder masdnico.—Reformas introducidas en la organización déla Gran Logia.—Au- mento que la masonería consigue dentro de la Gran Bretaña.—Iniciación masónica del primer príncipe de casa real.—Juan Ward.—Cuotas acordadas para el aumento del tronco de beneficencia.—Resultados conseguidos.—Comienzo de las dicensiones.—Causas originarias de ellas.—Fútiles motivos que se le pue- den asignar por causas.—Los mandiles.—Pretensiones de los ecónomos.—Concesiones y privilegios que solicitaron.—Resultados de sus gestiones.—Rrocesiones masónicas.—Ostentoso aparato desplegado en la de 1735.—Sátiras á que dió lugar aquel acto.—Resolución tomada por la Gran Logia en vista de ello.— Segunda edición del libro de las constituciones.-Orden arbitrado para ello.—Iniciación del príncipe Fe- derico de Gales.—Alteración del texto ingles en las traducciones alemanas.—Consecuencias fatales que resultaron del disgusto de algunos hermanos.—impugnaciones hechas á la masonería por razón del for- mularismo externo. ONTiNUANDO nuostra interrumpida historia á consecuencia de la intcrca- lacion que nos hemos visto obligados á hacer de las principales doctrinas jesuíticas, así como también de la marcha que la Compañía de Jesús ha seguido siempre frente á la institución masónica, tócanos ahora ocuparnos del desen- Aolvimíento sucesivo que nuestra órden fué adquiriendo en Inglaterra, nación que nos hemos propuesto estudiar ántes que ninguna otra por ser, á nuestro modo de ver, la que más influencia ha determinado en el progreso que realizaran los demás países del continente europeo. Había subido al trono de la nación inglesa el rey Jorge 11, hijo del primero de esta nombre, el cual tomó en 1706 el titulo de duque de Cambridge, sucediendo á su padre el 7 de Junio de 1727. Desde su más tierna edad habla dado inequívocas prueba del aptitud para reinar y de valor personal, acreditado durante la guerrea de sucesión de HISTORIA GENERAL DE LA MASONERÍA 311 España en la que combatió; dominado por su esposa, á cuya influenciase debe la co- dicia que revelara en los últimos años de su reinado^ intentó realizar arduas empresas en las que la suerte no le fué siempre favorable. Contrario á la Francia casi siempre, alióse con Federico II de Alemania, hecho del que no obtuvo las ventajas que podia haber conseguido con una dirección más acertada. A pesar de los reveses de la suerte, á pesar de las pérdidas que le hicieran experimentar caprichos poco justificados. In- glaterra consiguió no pocas ventajas en la parte de las Indias, con lo cual logró com- pensar pasados desastres. Estos ligerisimos detalles pueden servirnos para declarar que fué el suyo un reina- do próspero en el que, si bien no faltaron guerras, estuvieron éstas limitadas al exte- rior, donde los ejércitos, perfectamente organizados lucharan por la causa que defen- dian, sin detrimento de las fuerzas vivas del pais y sin inconveniente alguno para el progreso moral y material de la nación entera. Ya hemos dicho más de una vez y repetimos ahora, que periodos de esta naturaleza son los inmediatamente necesarios para el progreso de la institución masónica, que jamas se ha presentado en lucha ma- terial alguna, y bien sabido es que para los pacíficos combates de la inteligencia hace falta la quietud de las armas y es menester la tranquilidad necesaria para el reposo del espíritu. Excepción hecha de los gormogones, elemento aportado indudablemente con el afan de perturbar y trastornar los trabajos de la asociación, no se presentó en escena ningún otro al que fuera necesario cohibir ó coartar y en cuanto al mencionado, no consiguió ni en poco ni en mucho realizar sus intentos, pues aquel pueblo pensador y poco impresionable vió harto pronto cuáles eran los designios de los asociados, cuáles los medios que arbitraban y comprendieron también sin dificultad alguna qué fines se proponían lograr, por lo que fué miserable y efímera su existencia. La masonería, en cambio, seguia regularmente sus tareas, con arreglo á las orde- lianzas que de común acuerdo habian puesto en vigor. Las cuestiones religiosas, que han sido siempre las que más han dividido y separado á los hombres, sabemos que estaban proscritas del credo masónico; las cuestiones políticas, que tanto excitan las pasiones de los individuos, no se tocaban para nada en aquellas asambleas y de este modo, fijos todos en el objetivo que se habian propuesto, adelantaban rápidamente cuidándose sólo de la mayor extension de la órclen, de estrechar los lazos entre todos los hombres y hacer el mayor bien que les fuera posible. Con arreglo á lo prescrito en las ordenanzas de que ya tenemos conocimiento, el 24 de Junio del año de 1724 se reunió nuevamente la gran logia, siendo aquélla la primera tenida extraordinaria que celebrara en el reinado de Jorge 11. El gran venerable electo, conde de lunghiquin, se manifestó desde luégo.á la gran altura á que habían rayado sus predecesores, y si- guiendo el trabajo de descentralización que ya se había iniciado en asambleas anterio- res, trabajo necesario si se atiende al grandísimo desarrollo que la órden iba adqui- riendo, se dispuso que el privilegio, que en virtud del cual la condición de individuo de la gran logia no podía ser adquirida si no por aquellos que hubieran desempeñado el cargo de gran maestre, se extendieraálos grandes maestres adjuntos, álos grandes 312 HISTORIA GENERAL vigilantes y lo que es áun más^ considerando que la extension de la sociedad se halla- ba cohibida^ teniendo todos que recurrir á Londres, se pensó ya en la creación de gran- des maestres provinciales^ para que dentro del circulo de su jurisdicción pudieran resolver las cuestiones de escasa importancia, que eran muchas veces impedimentos para que la gran logia de Londres tratara asuntos de mayor Ínteres. Merced á esto que contribuía también á esparcir el conocimiento de la órden, ésta vió en poco tiempo multiplicado el número de sus individuos, teniendo la satisfacción de contar numerosísimos talleres dentro del reino unido de la Gran Bretaña, saboreando el placer que como buenos masones debían sentir, al tener noticias de que fuera del territorio ingles fruídiflcaban los gérmenes lanzados y comenzaba á extenderse y arraigarse la masonería. En efecto, en 1728, siendo gran maestre Lord Golerane, se flr- mó la patente de constitución de una logia en Madrid, punto acerca del cual nos ocupa- remos al tratar del desenvolvimiento masónico en nuestra patria. Más tarde su suce- sor. James King, de quien ya nos hemos ocupado, nombró á Pamfred tercer conde de Fermos, para desempeñar el cargo de primer gran maestre de Bengala en la India y en 1730, King fué electo y proclamado gran maestre de la masonería en Irlanda, por lo que abandonó el alto cargo que en Lóndres desempeñaba al duque de Norfolk, des- cendiente de una de las más ilustres familias de Inglaterra y de la que era éste el úl- timo desús individuos, Cárlos Howard, quien por gozar de los derechos políticos había adjurado del catolicismo, mereciendo entóneos un asiento en la Cámara de ios Pares, en la qué brilló no poco en talento y virtudes. Otra de las innovaciones que se deben á aquel tiempo es la creación de los ecóno- mos, establecidos también por el ya mencionado lord Golerane, aceptando la propo- sicion que le habla hecho el célebre Desaguliei's, y tamijien en aquella época, para que fuera completo y notable el desarrollo de la órden, se registra un acontecimiento de la mayor importancia y trascendencia, por cuanto revela hasta qué punto la socie- dad habia adquirido prestigio y crédito. En distintas ocasiones nos hemos visto obli- gados á rectificar la opinion emitida por muchos de que desde los comienzos de la asociación habían pertenecido á ella monarcas y príncipes, que desde el momento de su iniciación le dispensaron grande consideración, otorgándole cuantiosos beneficios. Hemos visto cuán poco fundamento tienen estas afirmaciones y hasta qué punto era imposible la realización de estos actos, ah gados, más que por nada, por el deseo de rodearla de un prestigio que habia de redundar en daño propio, por cuanto poco se habia de tardar en llegar á conocer que no era cierto. A medida que la institución habia ido progresando; á medida que la órden, des- pues del cambio operado en su carácter, fué ampliando su credo, hemos visto como fueron ingresando en ella personajes notables por su nacimiento, por su saber y por su importancia política. La primera iniciación de un personaje real que se llevó á cabo tuvo lugar en el intervalo que media de los días 14 de Mayo á 24 de Junio de 1731, y fué la de su alteza real el duque Francisco de Lorena, más tarde gran duque de Toscana y emperador de Alemania, la cual se celebró en La Haya, á cuyo punto se trasladó una diputación enviada por el gran maestre de Inglaterra, y de la que tam- DE I,A MASONERÍA 313 bien formaba parte el mismo Desaguliers. Con esta iniciación coincidieron las deter- minaciones de que todos los hermanos que en épocas anteriores hubieran desempe- nado el puesto de grandes maestres ó adjuntos fueran nombrados por esta sola razón individuos de la comisión de beneficencia en calidad de permanentes^ á fin de que estos administradores pudieran tener más exacto y seguro conocimiento de todos aquellos que solicitaran de la orden auxilio y socorro. Ademas se acordó que en adelante las actas de las asambleas trimestrales no se pondrían por escrito, sino que serían graljadas en cobre y enviadas después á todas las logias particulares, medio costoso ciertamente, pero que daba mejor idea del ob- jeto de la sociedad y de su deseo de que quedara perenne aquello que hubiera acor- dado; y por último, aceptando una proposición del coronel W. Pitt, de la ilustre fami- lia á quien Inglaterra debe uno de sus hombres de Estado más eminentes, y que á la sazón era ecónomo de la gran logia, quedó acordado que cada uno de ellos disfrutara del privilegio de nombrar su sucesor en el cargo después de la gran fiesta anual. Esta medida, justo es confesarlo, no dió, porque no podia dar, los mejores resultados; desde luégo se advierte que estatuía un cargo hereditario, digámoslo asi, y ya sabemos los inconvenientes que esto presenta, pues casi siempre se mantiene vinculado, como allí llegó á suceder, creándose una aristocracia dentro de las logias que no dejó de dar lugar á los más duros y acerbos reproches por parte de aquellos que deseaban en la órden las francas vías establecidas desde un principio. Como, dados los esfuerzos que todos realizaban, cuantos asuntos se referían á la órden avanzaban paralelamente, revelando un progreso considerable, no podemos ménos de registrar el que efectuó el comité de beneficencia, creado, según ya hemos dicho, en el tiempo que desempeñó el cargo de gran maestre el vizconde de Montagu, y aquel mismo año, gracias á los grandes resultados que conseguía dicho comité, fueron establecidas en Lóndres diez y ocho logias más y siete en lo restante del reino. Poníase siempre, como es natural, el mayor cuidado en la elección de los ecónomos, y éstos, al hacer uso del privilegio que se les habia concedido, ponían muy especial atención en que sus sucesores fueran probos, honrados y buenos para no sufrir un desprestigio ulterior en el cargo que hablan desempeñado. Gracias á esto, al año si- guíente de la erección del comité que nos ocupa, y siendo gran maestre de la órden el conde de Strathmore, hallamos entre los ecónomos al ilustre Ward, cuyo nombre, como el de Desaguliers, lo vemos asociado á todos los actos grandes que la órden realizó durante la vida masónica de aquéllos. Juan Ward, célebre por su vastísima erudición, habia nacido en 1679, y después de hacer brillantísimos estudios en la uní- versidad de Oxford, obtuvo un modesto empleo en el ministerio de Marina. Mal se avenían con su carácter las monótonas funciones de la vida burocrática, y áun cuan- do fuera la necesidad la que en primer término le hiciera aceptar aquella ocupación, hizo renuncia de ella en 1710 para hacerse maestro de escuela. En el desempeño de las funciones de este cargo logró distinguirse tanto, que bien pronto mereció ser nom- brado profesor de retórica del liceo de Gresham, más tarde profesor de la universidad de Oxford, y en 1723 mereció la alta honra de ingresar en la Sociedad real de Lóndres, 40 314 HISTORIA GENERAL y por fin en 1753 le fué concedida una plaza de conservador del Museo Británico, pre- cisamente en el mismo año de su fundación. Dedicado asiduamente al estudio con la constancia y afición que éste requiere, produjo notables obras de arqueologia y anti- güedades, que bien pronto hicieron notable su nombre. El mismo año que por acuer- do unánime de los sabios que la componían había sido llamado á ocupar uno de los tan envidiados puestos en la Real Sociedad de Lóndres, solicitó y obtuvo ingresar en la órden masónica, á la que prestó importantísimos servicios con el amor y desinterés que hasta tan alto grado manifestaron siempre aquellos buenos masones. Tal era el órden, acierto y buen método que presidió siempre en este comité de beneficencia, que sus derechos se fueron ampliando más y más, hasta el punto de que la gran logia fué declinando en él atribuciones, hasta quedar convertida en una autoridad ilusoria. Esto se explica también en parte atendiendo á que en Inglaterra la masonería ha tenido siempre un carácter esencialmente benéfico y ha atendido siempre preferentemente á remediar las más urgentes necesidades, asi morales como materiales, que ha advertido en los individuos que formaban parte de ella. Necesa- ñámente, el aumento de atribuciones llegó á cambiar el carácter que hasta entónces habla tenido aquella junta, cuyas primeras y únicas funciones habían sido atender al socorro de las necesidades de los hermanos pobres, y llegó á convertirse en una asamblea de notables á cuyo cargo estaban los asuntos de mayor importancia referen- tes á la órden en general, asi como también de su seno debían partir las proposicio- nes que hubiera que hacer, siempre que fuese necesario establecer un cambio en las disposiciones acordadas. Paso á paso, y como venimos viendo, la masonería había adelantado no poco en bien reducido número de años, contando con importantísimos recursos para atender á todos los fines de su instituto. Los fondos del comité de. beneficencia aumentaban considerablemente, gracias, más que nada, á la buena administración que de ellos se hacia. Estos fondos se alimentaban por las donaciones voluntarias y por una contri- bucion anual de cinco schelines que pagaba cada uno de los masones residentes en la circunscripción de Lóndres y dos schelines cada uno los de las logias del exterior. Las donaciones voluntarias hechas á la masonería en aquel período son de muchisi- ma consideración, y entre ellas se cuenta la del ilustre hermano W. Preston, consis- tente en mil libras esterlinas. Pero no todo debían ser progresos: constituida la sociedad masónica por hombres, cada uno de ellos aporta por consiguiente sus vicios, sus pasiones y sus deseos, y si bien es cierto que en Inglaterra nunca hallaron éxito entre los buenos masones las di- visiones introducidas por los espíritus díscolos, no lo es ménos que las hubo, llegando á ser considerables muchas de ellas, ^motivadas por causas bien fútiles. El mayor nú- mero de los historiadores de la órden atribuyen la excision en que nos vamos á ocu- par á causas desconocidas; pero otros, principalmente aquellos que más han profun- dizado en esta clase de asuntos, están conformes en asegurar que todo partia de la relajación de la disciplina á que había dado lugar la conducta observada por el duque de Warthon, así como también la admisión que se había hecho en el seno de la cor- DE LA MASONERÍA 315 poracion de ciertos hombres de espíritu ligero y de naturaleza vanidosa, poco poseídos del verdadero espíritu de la orden y cuyos principales designios eran figurar y adqui- rir prestigio^ cosa sumamente fácil sabiendo el número de personas considerables que pertenecían á la sociedad. Las suposiciones á que aludimos, aventuradas por estos autores^ aparecen verdaderas luégo que se conocen los motivos que dieron lugar á las cuestiones á que nos referimos. En primer lugar surgieron pueriles discenciones, motivadas por aquellos que querían á todo trance que se regulara fiel y exactamente la distribución del vino y los licores en los banquetes masónicos que se celebran en los solsticios de invierno y de verano. Un notable historiador de la orden dice á este propósito: «Empeñadas discusiones se sostuvieron en la antesesion áeste propósito, encomiando la necesidad de un reglamento que fijara el derecho de cada uno acerca de esta materia. La puerilidad vanidosa ocupó el lugar de la verdadera dignidad; en lugar de dedicarse al estudio de sus grados, de procurar comprender los difíciles em- blemas de que estos mismos grados están rodeados, de profundizar los problemas sociales cuya solución importa á la humanidad, los aspirantes y los compañeros as- piraron al alto honor de ribetear con seda sus mandiles. Esta pretension, que no po- dia ménos que excitar á reír, tratada desde el punto de vista del ínteres general, lo mismo que desde el de las distinciones exteriores de los grados, debía ser resuelta sin apelación posible por una sola palabra del gran maestre precedida del informe de los vigilantes, pues tanta gravedad daban á las cosas pequeñas, y la gran logia se reúne y delibera para prohibir á los que no fueran maestros ó vigilantes la facultad de llevar mandiles ribeteados de seda.» No bien había terminado esta cuestión, que parece mentira hubiera podido surgir en el seno de una sociedad tan digna, tan formal y tan elevada, surge otra motivada por los ecónomos, que como sabemos hacia poco estaban establecidos; pues estos, dejándose llevar por la confianza en el éxito que habían alcanzado cuando su primera solicitud, pretendieron nuevos privilegios. Bien consideradas las funciones que tenían encargo de desempeñar, no tenían dentro de la órden tanta importancia que fuera menester que se distinguieran en su ejercicio de todos los demás hermanos, mas no estaban ellos en esto, sino precisamente en todo lo contrario, por lo cual creían que nada que pidieran les podría ser negado; estaban en que eran eminentísimos sus ser- vicios y acudieron á la superioridad en demanda de que se les autorizara usar el mandil ribeteado con seda roja. Les fué acordado, en efecto, pero engreidos con tan pueriles triunfos, poco después acudieron nuevamente solicitando que se les autori- zara á llevar en la mano un bastoncillo blanco que indicara cuál era el cargo que desempeñaban dentro de las logias; más aún, revelando que su ambición era insacia- ble. pretenden y consiguen también que el solo hecho de haber sido ecónomo, era titulo bastante para poder ser electos á las más altas dignidades, excepto á la de gran maestre, y persistiendo en esta vía acuden de nuevo para que se les autorice á crear una logia propiamente de ecónomos, en la que ningún profano á la ya tan distinguida categoría pudiera ingresar, sin duda para que no pudiera estorbarlos en las altas me- ditaciones á que tenían que entregarse. De todas estas ridiculas pretensiones fueron 316 historia general triunfando paulatinamente, y aunque á primera vista parece que se debian dirigir á la gran logia acerbas censuras, harta disculpa tiene atendiendo en primer término á su afan de que no se turbara la buena armonía entre los individuos de la orden, y á que, consideradas aislada y separadamente, implicaban tan poco, que casi hubieran sido más merecidas las censuras si por negarse la gran logia á conceder que llevaran el mandil ribeteado con galón de seda roja, ó que usarán el bastoncillo ó á que cons- tituyeran una logia de individuos de su categoría, se hubiera determinado una excision en el seno de la comunidad, cuyos resultados hubieran sido funestísimos en la época aquella. Pero si esto que decimos es perfectamente admisible considerado en detalles, to- mado en el conjunto constituye una alteración verdaderamente notable, lo cual se patentizó de una manera harto palpable el 11 de Diciembre de 1735, fecha fielmente conservada, pues como dice el autor á quien ántes nos hemos referido, las tonterías conservan mejor sus fechas que las nobles y buenas acciones; los ecónomos que con- currieron á la gran fiesta masónica que se celebraba aquel día, lo hicieron de una ma- ñera propia para llamar grandemente la atención, y comparecieron á ella adornados con vistosos lazos de muchos colores, banderas, bastones y demás quincallería, por todo lo cual la gran logia se vió en la precision de refrenar la pueril vanidad de los ecónomos, prohibiéndoles presentarse con joyas y adornos que no estuvieran indica- dos en el ritual. Lucharon aún y resistieron á verse despojados de adornos que tanto les cautivaban, pero la reflexion se hizo campo y no pudieron ménos que comprender que nada de aquello conducía á buen fin, por lo que la armonía quedó restablecida en lo que toca á la cuestión esta que mencionamos con harto sentimiento, pero que no podíamos dejar de hacerlo cumpliendo fiel y estrictamente la misión que nos hemos propuesto. Ademas era necesario hacerlo; en los tiempos modernos, en la masonería actual, se ha desplegado tanto lujo en las joyas, se han rebuscado tanto los colores y se ha refinado tanto en lo que se refiere al aspecto exterior, cuestión la más insignificante en una.sociedad de este género, que llegarà el momento en que tengamos queimpug- narla acre y duramente, y para entonces nos hará falta tener sentado lo que acabamos de exponer para determinarlo como precedente lastimoso de una perniciosa costum- bre que no ha dejado de dañar á la masonería. Como justa compensación á estos disturbios, insignificantes en el fondo, durante el año de 1734, cuando desempeñaba las altas funciones de gran maestre de la masone- ría inglesa el conde de Crawford, hombre hábil y probo que por nada dejó de infere- sarse en todas aquellas cuestiones que directa ó indirectamente podían afectar á la órden, el hermano Anderson, tantas veces citado ya por nosotros, recibió el encargo de redactar una nueva edición del Libro de las Constituciones^ para la que había preparado ya gran cantidad de materiales. Importantísimo es este dato para la Historia General de la Masonería , pues revela por sí solo el incremento y desarrollo que en corto nú- mero de años había tenido la asociación, los progresos que había realizado y las necesidades con que tropezaba como resultado de todo ello. El pueblo ingles, en ma- DE LA MASONERÍA 317 teria de legislación en cualquiera de sus ramas^ ha procedido de un modo que acre- dita suficientemente su espirita práctico, asi como también su constante deseo de perder el menor tiempo posible. Hijo de estos dos anhelos es su manera de proceder en lo tocante á las leyes, de las que ninguna se ve derogada en aquel liberalisimo pais: dictadas todas ellas á consecuencia de una necesidad práctica de todos reconocida, el legislador nunca supone que baya desaparecido, la considera subsistente, pero en el tiempo puede haber cambiado de forma, puede haber variado de aspecto, y en estos casos jamas se da una ley nueva, sino que se reforma la anterior, dejándola subsistente en principio. Esto mismo que decimos tocante á la legislación general de aquel pais, se obserVa también dentro de la legislación masónica y de aqui que, como hemos visto al constituirse la primera gran logia, el principal cuidado de los asocia- dos fué buscar los primitivos estatutos de la asociación y regirse por ellos, más tarde cuando se apreciaron nuevas necesidades resultantes del carácter que la masonería iba tomando, se redactó el Libro de las Constituciones, cuya forma ciertamente va- riaba mucho, pero en cuyo fondo latían los principios que sirvieron de norma á los primeros masones; la primera edición babia sido preparada como sabemos por el ilustre Payne, de la segunda se dió el encargo, como hemos dicho á Anderson, quien, sin duda por las mayores dificultades que la tarea ofrecía, cuando se encargó de ella no pudo darla por terminada sino en 1737. En este intervalo se hizo sentir de bien claro modo la absoluta necesidad de refor- zar las leyes y robustecer la disciplina, pues olvidados en parte de aquellas impor- tantes decisiones dictadas para robustecer la autoridad de la gran logia y favorecer el desarrollo normal de la órden, algunos masones habían cometido actos que dieron lugar á una disposición concebida en estos términos: «que en fecha reciente ciertas logias habían hecho admisiones secretas mediante una mezquina retribución, lo cual no contribuia más que al desprestigio de la órden por lo que quedaban absoluta y terminantemente prohibidas.» Esta ordenanza fué incluida en las nuevas constitució- nes, ocupando el número VIH y al hacerlo asi fué completada'añadiendo que: «cual- quiera quehubiera tomado parte en recepció,nes de esta naturaleza no podríaser elegido para el desempeño de ninguna dignidad, asi como que tampoco podría llegará formar parte del comité de beneficencia.» Continuando la sociedad los progresos que eran naturales, digámoslo asi, dado el buen espíritu que los animaba á todos, en 1737, según ya dejamos indicado, apareció la nueva edición (segunda) del Libro de las Constituciones, con o aparecimiento coincide el más alto grado de prosperidad á que la órden llegara y el ingreso en ella del primer príncipe de la casa real inglesa, el príncipe Federico de Gales, á quien la muerte harto prematura nada le dejó realizar en pro de la órden á que tanto amor habla manifestado. Su iniciación se llevó á cabo en su palacio de Kent, situado en el condado de Darnley, siendo recibido por el muy autorizado hermano Desaguliers, que parecía escrito, habla de ser quien hiciera masones á todos los principes de su tiempo que solicitaran este honor. De la misma manera que se había procedido con la primera edición del libro de 318 HISTORIA GENERAL las constitucones se procedió con la segunda y en su totalidad fué sometido á la Asamblea trimestral de la Gran Logia, que después de un maduro y detenido exá- men lo aprobó autorizando su impresión; tardóse algun tiempo en ésta, durante el cual sobrevino la elección de nuevo gran maestre, que recayó en el duque de Chan- dos^ por lo cual aparece el libro citado con la autorización de éste. El libro aparece dedicado al príncipe Federico y en su prefacio se halla esta curio- sisima declaración: «Cualquiera que pueda ser la diferencia de nuestras opiniones en los demás asuntos (como dejamos á cada uno entera libertad de conciencia), esta- mos, sin embargo, conformes y unánimes en el ejercicio de la noble ciencia del arte real de la masonería,, en la práctica de las virtudes sociales t'odos nosotros somos fieles y concienzudos y evitamos cuanto pudiera causar sospechas al gobierno de cual- quier pais, sea el que sea, bajo el cual podemos reunimos sin obstáculos en las for- mas que nos están prescritas.» Esta declaración así como la respetable autoridad masónica de Payne y de Desaguliers son para nosotros suficiente garantia de que en ellas no hubo omisión alguna con respecto á lo esencial asi como también de que no era ni podía ser cierta la imputación que se le hizo á la órden de que se habla declarado francamente católica como le acriminóla gran logia de Irlanda, pues si bien es cierto como formales autores declaran que en la parte VI, párrafo 2." habla algunas frases que hubieran podido probarlo asi, no lo es ménos que fueron desde luégo desaproba- das por los masones ingleses y que no salieron á luz en la edición á que nos estamos refiriendo: la ordenanza 11 fué abreviada según lo exigían las condiciones del tiempo y el número 1 fué puesto de acuerdo con la primitiva legislación masónica, la cual patentiza también de una manera harto clara el grandísimo apego que se tuvo siem- pre hacia la tradición. El texto recomendable de esta segunda edición es únicamente el ingles, pues aun- que en 1741 se hizo de él una traducción al aleman, es tan poco fiel que en muchos casos hace difícil la comprensión y en muchos desvirtúa la verdad de lo consignado por la Gran Logia. Resulta de esto, como ya tendremos ocasión de ver,'que es la única fuente autorizada para todos cuantos quieran investigar los orígenes de la sociedad en que nos ocupamos. Indicado ya desgraciadamente el periodo de las perturbaciones hay que registrar algunas más ocurridas en aquella época; en 1741 sin que se sepa aún á qué se debe la medida, fueron prohibidas las publicaciones masónicas. Algunos autores preten- den que la citada prohibición fué un resultado de las activisimas gestiones practica- das por la gente de iglesia, y si bien es cierto que puede oponerse el que no dominaba en Inglaterra durante la fecha á que nos estamos refiriendo el espíritu religioso que en los demás países ha procurado contrarestar los adelantos de la órden, justo es que confesemos, sin embargo, que en punto á fanatismo se dan la mano todos aquellos sectarios de cuyo credo son bases las verdades reveladas y que si en contra del pro- greso de las artes y de las ciencias ha realizado crueles campañas la iglesia católica, no son menores las que ha llevado á cabo la luterana, siempre que ha comprendido que el esfuerzo realizado por ciertas gentes se oponía á su progreso y desarrollo. Vol- DE LA MASONERÍA 319 vamos á repetirlo, no tenemos certidumbre de ello, ni hemos hallado documento al- guno que nos revele de bien claro modo á qué se debía la citada prohibición que halló eco y resonancia en todas las demás naciones en que la masonería había co- menzado á desarrollarse; pero nos inclinamos á creer q.ue tienen razón los que han aventurado la opinion enunciada, por cuanto el sacerdocio religioso no ha visto jamas ni verá nunca con buenos ojos el progreso de una orden que, bien organizada, bien dirigida y bien administrada, hubiera acabado por apoderarse del prestigio de que disfrutan las religiones positivas. Bien sabido está que nada puede llegar á causar tanto daño á una persona lo mis- mo que á una institución que el ridiculo en que se le haga caer; en la historia se halla esta verdad patentemente demostrada; lo que no pudieron conseguir aquellos fllóso- fos sublimes que atacaran el ridículo politeísmo de griegos y romanos con las fuertes razones que les sugerían su vasto saber y su profundo talento^ logró conseguirlo Lu- ciano, con las burlonas carcajadas que provocaba en aquellos que leían sus sátiras y sus diatribas. El medio puede no ser noble^ ni digno^ ni elevado; pero esto no importa á cierta clase de gentes cuyos únicos propósitos son conseguir el fln que violenta- mente apetecen: ellos en nada se paran y comprendiendo que en la contienda legal que emprendieran, por buenas que fueran las que emplearan no habían de lograr re- saltados por ser de mejor temple aquéllas con que la órden masónica podía defen- derse, hecharon mano del látigo del ridículo y en 1743 apareció una caricatura sin que supiera nadie quién la había dibujado, ni quién la había editado, ni quién la habia puesto en circulación y que no era otra cosa que un arma baja y rastrera con la cual se procuraba el poner en ridículo las procesiones masónicas que tenían lugar en las solemnes fiestas acordadas por la Gran logia y sancionadas por las constituciones, re- glamentos y estatutos. • Las autoridades masónicas de entónces discutieron prudentemente el caso y con la buena fe que hasta entónces siempre las había distinguido acordaron no dar oca- sien al hecho con que se les atacaba, siendo la primera medida que tomaron dar una órden por la que quedaban suprimidas para siempre las procesiones masónicas que habían sido objeto de la sátira. La opinion pública se manifestaba desde hacia algun tiempo contraria á estas solemnidades externas á las que los ecónomos habían apor- tado según hemos dicho un inusitado lujo de banderas, joyas y distintivos que no te- nian ni podían tener justificativo ninguno, dados los fines que se asignaban á la so- ciedad. Hé aquí el primer resultado que se obtuvo de haber hecho concesiones que atenta- mente consideradas no implicaban absolutamente nada„ pero de las que los contrarios supieronsacaradmirablementepartidoparaatacar á la órden con armas que ella misma habia concedido. En los tiempos modernos casi siempre ha sucedido lo mismo; si se observan atentamente todas las censuras que á la sociedad se han dirigido, si se con- sideran todos los temores y cuidados que ha despertado en las personas pusiláni-- mes, de los que en primer término son hijas las persecuciones que sufre^ veremos que casi siempre han sido resultantes de la conducta que la sociedad misma obser- 320 historia generat vara. Esto por lo mismo que lo decimos nosotros necesita una cumplidísima explica- cion y aunque pueda parecer fuera de lugar vamos á darla para prevenir con tiempo los temores de los unos y las dudas de los otros. Fijándonos, por ser sumamente á propósito, en lo que diera lugar á la prohibición de las procesiones masónicas, puestas en ridiculo por la caricatura á que hemos alu- dido, nos hemos hecho muchas veces la pregunta de qué para qué servían estas pro- cesiones. Si el objeto que con ellas se propusieran conseguir fué sólo acreditar que la institución tenía un caràcter público y que ninguna de sus ceremonias estaba vedada por la ley, tenemos que conceder que pudieron arbitrar otros medios con los que se bu- hiera conseguido igual resultado, sin exponerse á peligro alguno; harto sabido se tenia que la masonería era una institución moral, filantrópica, que en nada se oponía á las disposiciones emanadas del poder civil, y desde este punto de vista ningún ataque po- día dirigírsele, no se le podía hacer ninguna recriminación y todos y cada uno de los individuos que pertenecían á ella debían haberse dado por satisfechos de que se les reconociera como masones sin que tuvieran que recurrirá pueril ostentación de dis- tintivos y atributos que estaban muy acordes ciertamente con.la tradición de la socie- dad, pero que no decían nada absolutamente á aquellos que los velan por primera vez y estaban faltos de conocimientos. Es una desgracia, pero es muy cierto que bien tarde llegan á comprenderse las con- secuencias de aquellos actos que á primera vista nada ofrecen de particular. Los pro- fanos, hasta la época que venimos historiando, habían visto en la masonería una so- ciedad dedicada á procurar el bien de sus semejantes; no habían entrado en más ave- riguaciones, no habían emitido ningún juicio que pudiera perjudicarles, no se hablan lanzado en el aventurado campo de las congeturas y tal vez vieran desfilar curiosa- mente las procesiones sin darles importancia, sin atribuirles carácter alguno; pero el espíritu contrario á cualquier institución lo analiza todo fácilmente y se filtra por el menor flaco que presente aquéllo á que quiere atacar; los contrarios que tenia la ma- sonería por el año de 1741, comprendieron que ninguno más á propósito que el acto aquél: con ello dió una severisima lección, y la órden, comprendiendo su yerro, tuvo que enmendarlo, pero el mal estaba causado. En muchos ánimos surgieron las dudas, el caso fué discutido y analizado y como en realidad no tenia ningún fundamento racional, resultó que no pocos que sin ello hubieran sido partidarios de la órden, se convirtieron en contrarios al ver que gasta- ha tiempo y fondos en la celebración de ceremonias que no reportaban utilidad nin- guna. Suprimiéronse pues aquellos lujos de vanidosa presunción y á los que tal vez fue- ran por el afan de imitar precisamente aquello que trataban de combatir. Es muy jus- ta y oportuna la consideración de que ha determinado tan grande influencia en el áni- mo de todos, las prácticas del culto externo que realiza la iglesia católica, que no hay sociedad que por antitético que su carácter sea quiera prescindir de ellas. Las religio- nes positivas han conseguido gran parte de su prestigio y toda su influencia gracias á la ignorancia de aquellos á quienes admitía en su seno y á los que en primer término DE LA MASONERÍA 321 procuraba deslumhrar. La masonería proponiéndose ilustrar, proponiéndose llevar à la conciencia de todos el verdadero valor de la dignidad humana, debió seguir una senda opuesta^ mas equivocó el camino y desde el corhienzo fueron fatales sus resul- tados. Más tarde cuando Ranzay introdujo lo que se llamó rito escoces, hemos visto cuán- tas y cuántas ceremonias fueron admitidas sin fundamento alguno con todas las que se ha conseguido únicamente que los jesuitas y los que no son jesuítas, pero siempre contrarios á toda sociedad que tienda á la ilustración y progreso de nuestros seme- jantes, saquen partido en contra y que omitiendo narrar las buenas obras y cuidando de callar los altos fines hagan una pomposa exhibición de aquello que para nada sir- ve y lo presenten, como la única ocupación de esta sociedad. Su proceder es malO; su conducta al obrar asi es infame é indigna de gente honrada, mas no podemos negar en manera alguna que estos calificativos que á muchos podrán parecer violentos los merecen sólo por la parcialidad con que obran, pues por lo demás nunca hubieran podido realizar sus intentos si la sociedad no les hubiera dado márgen á ello. Venimos diciendo á todos los que quieren saber de nosotros que, la misión de la masonería es puramente moral y civilizadora; para probar esto, que en el fondo es cierto en absoluto, exponemos los elevadisimos principios que constituyen el credo masónico; hacemos pública manifestación de los beneficios que la sociedad puede re- portar, anunciamos las ventajas que sus individuos pueden conseguir y sobre todo y más que nada procuramos demostrar que jo de más precio dentro de la órden es la virtud y el talento, condiciones gracias á las que únicamente, se adquieren méritos dentro de ella. Se nos escucha atentamente y cualquiera parece que nos concede en- tero crédito á lo que venimos diciendo, pero ciertamente que no sabemos qué contes- tar á los espíritus suspicaces, que después de habernos entendido nos preguntan las más de las veces, llevados de buena fe, para qué sirven en la masonería las pruebas materiales que se realizan para la admisión de un individuo y qué objeto nos propo- nemos conseguir con ellas. Al escuchar esto y procediendo honradamente no sabemos qué contestar, porque dichas pruebas en la forma que se llevan á cabo pudieran servir para adquirir la cer- tidumbre y el convencimiento de "que el neófito es hombre decidido, de valor y de arrojo, que ingresa en la sociedad con ánimo resuelto de realizar actos que en la prác- tica serían calificados de. temerarios; pero cuando tratamos de acordar la una con la otra cosa, cuando queremos, llevados de nuestro buen deseo, demostrar lo que en el fondo es' cierto, todas nuestras consideraciones son inútiles, y en vista de estas prue- bas y de otros actos semejantes, nadie puede creer más que aquello que de ellos han deducido los enemigos; esto es; que mason es sinónimo de hombre perverso, impío, descreído y dispuesto á realizar todos los actos que se le ordenen ó exijan sean estos los que sean, y en verdad que atendiendo sólo á lo que la gente sin conocí- miento de causa puede comprender, es más fácil que se le dé á ellos la razón que á nosotros. 41 CAPÍTULO XXI. Consecuencias de la excisión masónica.—Continuación.—Impugnaciones hechas.—Razones alegadas.—De- duccion racional de la necesidad á que obedeció la constitución de la órden.—Causas que han contribuido á desprestigio razón de las personas y de las cosas.—Estado de la órden en su por Inglaterra en 1747.— El Gran Venerable Byron.—Su biografía.—Resultados de su ausencia.—Irregularidades.—Modiflcaciones establecidas en el ritual á causa de la division historiada.—Razones alegadas para justiflcarlas.—Auto- ridad de Anderson.—Prueba en contrario.—Alteraciones llevadas á la cuestión de fondo.—Causas que se motivaron.—Análisis de éstas.—Las nuevas constituciones.—Opinion de la mayoría de las logias.—Sepa- ración de cinco de éstas.—Medios propuestos para la avenencia.—Inutilidad de ellos.—Imposibilidad de que dentro de la masonería subsistieran los antiguos usos.—Nombramientos de los Maestros provinciales las logias del condado de York.—Resultados.—Manifestaciones acerca de éstos de Preston y Kloss.— para Nombramiento del marques de Carnavon para el cargo de Gran Maestre.—Conducta de los disidentes.— Crítica acerca de ella. N los capítulos anteriores y siguiendo el órden racional prescrito por el buen método, hemos hecho mención de las alteraciones surgidas en el seno de la órden masónica asi como también de los progresos que realizaba. Este sistema franco y decidido probará á nuestros lectores palpablemente hasta dónde alcanzan nuestros deseos, no queremos en modo alguno seguirla senda de pues aquellos que exclusivamente cantan alabanzas ó dirigen vituperios. Hemos visto siem- en la masonería una sociedad cuyos resultados no podrían ménos de ser altamen- pre te provechosos para la humanidad: los principios que sirven de base y fundamento á su credo, respiran todos la moral más pura y á primera vista se comprende que han sido dictados por los más santos y elevados sentimientos, pero es una sociedad forma- da por hombres, el resultado de ello es una obra humana y de aqui los incon.venientes con que toca y los defectos que presenta. Si los individuos que formamos la sociedad pudiéramos hacer caso omiso de nuestras malas pasiones, de nuestro egoísmo, de de nuestra ambición desmedida y del malhadado deseo que parece domina en todos ser en todo los primeros, en verdad que no haría falta ley ni código alguno, ni se HISTORIA GENERAL DE LA MASONERÍA 323 hubiera experimentado necesidad de eso que muchos tratan de llevar á las almas y que blasfemamente llaman temor religioso. Mas cuando esto en la totalidad no es po- sible conseguirlo^ cuando el conjunto de los que poblamos la tierra parecemos decidi- dos siempre á destruirnos y constantemente observamos la asiduidad con que se estu- dian los medios para llevarlo á cabo de la mejor manera posible, existiendo^ como existen aunque sean las ménos, almas nobles y desinteresadas que comprendiendo en toda su extension los deberes morales que tienen que cumplir, se han asociado for- mando una sociedad como la masónica y ha prescrito en primer término á los indivi- duos que ingresan en ella que prescindan de todo motivo de rencor y queen los que con ellos la forman miren sólo hermanos con las mismas facultades, con los mismos derechos y con los mismos deberes, siendo el principal de estos últimos trabajar con fe y con constancia para que tan hermosos principios se extiendan y se arraiguen y para que cada vez sea mayor el. número de los prosélitos. Si el fondo sólo de lo prescrito en las disposiciones masónicas se hubiera cumplido^ ciertamente que la sociedad hubiera podido llegar á la realización de los fines que se había propuesto. En vano será que los constantes detractores de la órden masónica aleguen, cuando tales razones seles presenten, que el credo á que nos referimos no es posible llevarlo á la práctica, por ser todo él una serie de dolosas utopias con que se procura engañar á los incautos; sus aseveraciones son las que en absoluto se hallan desprovistas de buena fe, siendo lo más extraño, que Casi siempre parten de los más fanáticos y acérrimos católicos, de aquellos que en todo y para todo sacan á relucir la excelente moral del cristianismo y sus elevados principios oponiéndolos como seguros remedios para todos los males que se lamentan; ñada más cierto; la moral predicada por Aquel que murió en el Gólgota es más que suficiente para que todos los hombres se reunieran estrechados por los cariñosos lazos de hermanos, que recomendó hasta en sus últimos momentos; es bastante por si sola para que desaparecieran todas las trabas y obstáculos que las más de las veces han hecho nacer entre los individuos de esta gran familia humana causas fútiles y que ningún motivo ó fundamento podían tener; pero ellos mismos han dado lugar y ocasión para que no ocurra asi, ellos mis- mos son los que la han viciado en provecho propio, y de predicación esencialmente clara, sin misterios, sin segundas intenciones, sin órden jerárquico, sin divisiones ar- bitrarias, sin clases y sin categorías, han hecho una religion preñada de nebulosida- des, cuajada de estupendos misterios y milagros; ellos son los que han implantado esas verdades reveladas que no tienen ninguna.razon de ser, pero de las que se sirven GOmo de freno para las masas; ellos son los que han sembrado la discordia en todas las clases para triunfar más fácilmente de este modo y ser siempre los más fuertes; ellos son los que han reservado para si todos los conocimientos, permitiendo que la ignorancia cunda para por este medio poder dominar siempre; son, en fin, los que se- parándose en todo de las palabras del sublime maestro, han acaparado con avidez las mayores riquezas, no para gozar de su vista como hacen los avaros, ni para emplear- las en obras de beneficencia como hacen las almas caritativas, sino para conseguir con ellas el logro y satisfacción de sus designios, nunca en armonía con lo que ellos 324 historia general ensalzan tanto y con lo, que en verdad debe ser tan ensalzado. Petrarca, aquel poeta católico, de alma tierna y sensible^ maldecía á los papas porque habían recibido un rebaño que guardar y ellos, insensatos, se vestían con sus pieles y se alimentaban con su sangre; y lo mismo que los papas y áun más escandalosamente si se quiere han hecho todos aquellos que en primer término tienen que cumplir una misión de paz y caridad. Lutero dice en sus confesiones, que lo que más le escandalizó en Roma fué la conducta de aquellos que más debían moralizará los demás con su ejemplo, y de aquí que por su forma lo que más detestable parece hoy es precisamente lo que en su fondo es más sublime y hermoso. Al observar que de la sana moral predicada por el Cristo habían hecho sus minis- tros escudos con que cubrir sus amaños y arterias, es lo más posible y natural que hombres dignos, de nobles y elevados sentimientos^ inspirándose en aquello mismo que veian tan olvidado, se constituyeran en sociedad y procuraran salvar del naufragio los restos de aquello que bastaba para conseguir la regeneración délos hombres. Esta circunstancia no debe perderse nunca de vista, pues en:muchos casos, podría servir- nos para explicar la constante lucha sostenida por los muchos representantes de la iglesia católica contra la masonería. Nada más natural, digámoslo asi; ambas socie- dades maniflestan, ostensiblemente al ménos, que sus propósitos son en todo y por todo los más sanos y los únicos conducentes al bien de la humanidad entera; ahora bien, hecha idéntica afirmación por sociedades que en la vida práctica aparecen con tan distinto carácter, el ánimo queda suspenso sin saber qué camino tomar ni qué consejo seguir. En tal estado sobreviene el análisis, y no hallamos con que la iglesia tiene de su parte la autoridad que concede el tiempo, autoridad que ha conse- guido en esos largos siglos de la Edad media, durante los que no se ha oído más voz que la suya ni alguna otra sociedad ha osado ponerse frente á ella. Nacida precisa- mente la masonería en la época durante la que la iglesia católica estaba más robaste- cida, luchó desde luégo con el infranqueable obstáculo que ésta le oponía, la cual para cohibir su marcha, para impedir su progreso, echó mano de todas las armas que tenia á su alcance y de entre éstas con las que más efeçtos logró conseguir fueron la difamación, la impostura y la calumnia; las gentes sencillas y timoratas experimen- taron los efectos que con ellas se producen, dieron oídos á lo que les decían y sin entrar en más detalles condenaron á la institución masónica sin escucharla. Si el proceder hubiera sido otro, si la lucha se hubiera entablado con armas igua- les y se hubiera sostenido siempre en terreno neutral, seguramente que la decision hubiera sido contraria, porque para esto, más que para otra cosa, hay elementos. En el fondo la masonería sustenta en todo su vigor la moral del Cristo; para esparcirla ha puesto de su parte cuantos medios estaban á su alcance, ha empleado la fuerza de millares y millares de hombres, ha consumido grandísimos capitales; pero nunca se la puede acusar de imposiciones ni de violencias ni de atropellos. Si ojeamos atenta- mente la historia general de los pueblos, observaremos con horror el terrible número de victimas á que ban dado lugar el fanatismo religioso y que han resultado del vio- lento deseo de imponer á los hombres, creencias que examinadas en su conciencia no DE LA MASONERÍA 325 tenían ni podían tener justificación alguna; en cambio, la masoneria no ha causado una sola. La iglesia católica, con todo el espíritu de caridad de que se jacta, con todos los buenos deseos que constantemente pone de manifiesto, ha dicho siempre: «Debéis creerlo,» y si alguno se ha alzado contra tan autocrática decision, no se ha parado en la elección de los medios para reducirlo á la obediencia ó al ménos al forzado é hipó- crita silencio de que tanto partido ha sabido sacar para formar sus estadísticas; la masoneria, por el contrario, ha dicho siempre: «Venid á mi los que queráis,» y ha es- perado siempre pacientemente á que los profanos llamen á las puertas de sus templos que siempre, siempre han encontrado abiertas. Ademas de los vicios de que necesariamente tenia que adolecer como sociedad humana, esta misrqa facilidad con que al seno de ella hablan de concurrir toda clase de individuos es uno de los elementos que más le han perjudicado. No se entienda por esto que nuestro deseo es de que se hubiera cohibido el ingreso á la órden, pero diremos siempre que debió ponerse mayor esmero y cuidado en analizar las condi- clones y cualidades de los individuos que .solicitaban este honor, para precaver de esta manera cuáles eran las intenciones de que estaban animados y poder asi evitar los males que tuvieran Ínteres en ocasionar. No se ha hecho asi y los resultados han sido fatales: el partido contrario ha enviado á ella hábiles espías que den cuenta en el exterior de sus trabajos, no descuidándose tampoco en introducir eleñaehtos de discordia, causas de muchas de las alteraciones que tenemos que registrar en la historia de la órden. Por otra parte, según ya en repetidas ocasiones hemos manifestado, ha habido muchos que no siempre inspirados por la mala fe, sino por causas que no se explican han querido llevar á la órden prácticas que otras sociedades ejercían y que por el tiempo estaban en armonía con el carácter de dichas sociedades, hechos que nunca podían ponerse en relación con los principios que sustentaba el credo masónico. Ya hemos visto á lo que había dado lugar la conducta de los ecónomos tan responsables sí bien se mira como la gran logia de Inglaterra, que sin atenerse á lo dispuesto en las constituciones y reglamentos, autorizó el uso de símbolos é insignias, causa de violentos ataques por parte de los no masones. ■ Por el año de 1747, en que nos venimos ocupando, ocurrió una irregularidad cuyos resultados no dejaron de tener fatales consecuencias. Había sido electo gran maestre William Byran, célebre poeta ingles que había nacido en Kersall cerca de Manchester y que murió en 1763. Educado con singular esmero, reveló desde sus pri- meros años notables facultades para el estudio y acreditó en bien temprana edad conocimientos poco comunes: no tardó mucho en darse á conocer y se le conoció bien pronto ventajos.amente gracias á los trabajos suyos que vieron la luz en El Especia- dor , semanario literario que él publicaba en aquella época. Hizo un viaje á Francia, después del cual contrajo matrimonio con una prima suya á pesar de la oposición de su padre y del de la jóven. Esto dió por resultado que el ilustre literato tuviera que vivir en la miseria, viéndose obligado para conllevarla á realizar constantes viajes que le tuvieron ausente deLóndres la mayor parte del tiempo. Electo venerable según 326 HISTORIA GENERAL hemos dicho, la gran logia se vió privada de esta dignidad en el que la representaba durante cinco años, época precisamente en la que se advierten los mayores disturbios surgidos en la masonería inglesa. Entonces se manifestaron las diferencias que hacia tiempo se venian nutriendo por innovaciones introducidas en la composición de la gran logia, que no era ya como en un principio un comité compuesto de las dignida- « des de las logias particulares, por lo que tenia que resultar dentro de estas últimas, un número de miembros privilegiados por la indicada razón. Estos privilegios no lo eran real y efectivamente en el fondo, por cuanto cada uno de. ellos dentro del taller á que pertenecía, no podia hecer ni más ni ménos que los demás; pero en la forma y gracias á esta susceptibilidad humana que es la única que en sociedad establece dife- rendas, sobrevino la separación y los individuos privilegiados por el carácter de miembros de la gran logia, se separaron de los demás hermanos formando un grupo aparte como de aspirantes á la magistratura, con lo cual quedaron perfectamente deslindados y distintos los tres grados que componían la masonería de entonces, cosa que, hasta la época en que nos ocupamos, no habla ocurrido. Un mal nunca se presenta solo, sino que, por el contrario, siempre aparece como precursor de otros mayores. El primer mal habla sido la division de los grados masónicos; consecuencia innegable de éste fueron las modiflcaci-ones del ritual que tuvo que ampliflcarse para ponerse en armonía con la division que indicamos; las ceremonias comenzaron á ser complejas, se principiaron á introducir detalles innece- sarios, lo cual debiéron comprender á primera vista observando que hasta entónces no habían hecho falta alguna. Cuadra á este propósito enumerar el proceso que se siguió con respecto á ello y que hallamos en la ya citada obra de Kloss; «En un princi- pío, dice, el ritual para la recepción de un profano formaba un todo indivisible apli- cado á cualquiera de los grados, pero éstos separadamente fueron dispensados hasta el año de 1737. Pretenden algunos que el principe Federico de Gales fué iniciado mason y recibió los grados de aprendiz y de compañero, según la costumbre que hasta entónces se venia observando, y que algun tiempo después recibió la investidura de maestro en una nueva logia. Pero esto que decimos con respecto á la iniciación, no debe entenderse con respecto á la enseñanza, la cual desde 1730 estaba dividida en tres grados; en el libro de las constituciones, primera edición, ó sea el de 1738, se observa por primera vez y empleada por Anderson, la frase El francmasón de grado inferior^ y añade; después que se hallan advertidos sus progresos, llega á compañero g á maestro masón. Por el contrario la edición de 1741 contiene el mismo pasaje en el texto primitivo de 1723 con la adición siguiente: en los tiempos antiguos ningún hermano por hábil que fuera en el arte podía ser nombrado maestro mason ántes que hubiera sido electo para presidir una logia, por lo que puede afirmarse en presencia de este texto que el grado de maestro no existia en aquella época. Esta division en tres categorías parece una derivación inmediata de la organización de ciertas socie- dades de la antigüedad que presentaban algunos puntos de contacto con la que veni- mos historiando, que para proporcionar el elemento material de las ceremonias recu- rrieron á las tradiciones de la corporación, á la Biblia y á otras obras de distinto DE LA MASONERÍA 327 carácter. Las califlcaciones de aprendiz y de compañero no eran de aquella época y está claro que cuando se admitió también la de maestro hubo necesidad de introducir también la de maestro venerable para distinguir de aquéllos al que presidía una logia. Cuanto más indiferentes aparecían los antiguos masones con respecto á la nueva aso- elación mayor era la reserva que tenían con ella y cuanto más extraños se hacían los nuevos individuos á las formas déla antigua organización, más fácil era también que se introdujera aquella modiñcacion que dividía á los hermanos en tres categorías bien distintas, sin que se hallara oposición alguna y sin que la corporación misma se diera cuenta perfecta de la alteración que venia sufriendo.» De esta alteración que comenzaba á destruir el importantísimo elemento de unidad, base primera de la asociación masónica, no podemos culpar más que á aquellos que dando al olvido lo claro y terminantemente dispuesto en la legislación por que tenían que regirse, admitían usos y costumbres que viciándola paulatinamente, no había más remedio sino que tenían de producir alteraciones de lamentables resultados. Se comprende bien fácilmente que para la enseñanza masónica^ se hubieran establecido divisiones, pero en la forma éstas no tenían ninguna razón de ser y sólo tuvieron nacimiento cuando á ello llevó el afan pueril que de distinguirse tienen algunos hombres. Si por razón de forma, que podemos decir, experimentó la masonería algunas con- vulsiones, hemos de conceder que por lo que á su fondo toca las tuvo también, siendo mucho más sensibles éstas por cuanto fueron las precursoras de un cisma masónico y bien sabido está que cisma quiere decir division y que toda division tiene que pro- ducir fatales resultados en asociaciones que para todos los fines de la vida práctica han de disponer del aunamiento de las fuerzas si ha de verlos realizados. Estas razo- lies han sido causa de los profundos ataques que contra la órden han dirigido sus contrarios, mas ellos mismos debieran fijarse en que era ménos disculpable que ocur- riera la excision en una sociedad de carácter puramente humano que el que hubiera ocurrido en una á la que atribuyen carácter divino, como con la iglesia sucede, divi- dida después de las contiendas á que diera lugar la primacía otorgada á Roma, como sede del vicario de Cristo. Escritores masónicos de bien cimentada.reputación detienen y analizan los funes- tos resultados de la conducta que siguieran muchos de los individuos adictos á la órden, pero es necesario poner en claro los móviles que á ello presidieran, las causas que originaran los disturbios y en último término la responsabilidad que cabe á cada cual. Sabemos sobradamente que al expresarnos de este modo no fal- tarán los que frunzan el ceño y se dispongan á fulminar anatemas y conminaciones, calificándonos no sólo de turbulentos, sino que también de provocadores á la rebelión masónica. No hay nada de esto; únicamente existe en nosotros el deliberado propósito y firme intento de no separarnos en nada, ni para nada, ni por nadie, del carácter de historiador de que por el momento nos hallamos investidos: para que resulten claros y distintos los méritos que de la masonería preconizamos á toda hora, es absoluta- 328 HISTORIA GENERAL mente'necesario que expongamos los vicios de que ha adoiecido-en el transcurso del tiempo, pues hacer otra cosa seria incurrir en lamentable defecto más á propósito que ninguno para despertar sospechas y engendrar dudas; cantar en absoluto excelencias, enumerar méritos, exponer ventajas de una sociedad negando que desde que aparece en la historia haya cometido un yerro, ni haya equivocado una sola vez el camino, seria suponer una verdadera utopia á la que nadie absolutamente nadie daría crédito. Vale más por tanto exponer la verdad claramente y sin embajes, decir todo lo que dentro de la órden ha ocurrido,, pues nada, absolutamente nada, puede significar que alguno ó algunos se hayan separado del recto camino contra las excelencias de la asociación misma; á nuestro modo de ver, ninguna sociedad tan perfecta como la que constituye la familia; la naturaleza y la ley le han dado campo prescribiéndole sus funciones y determinando el derecho y el deber de cada uno de los individuos que la lleguen á componer y sin embargo, bien á menudo vemos en casi todas las familias excisiones profundas, odios irreconciliables casi, sin que por esta razón podamos ni debamos negar en modo alguno lo que de recomendable tienen los lazos familiares. Esto dicho, manifestadas claramente estas razones, que á más de un historiador de la masonería han llevado á, la trivial manifestación de que no sabía á qué causas atribuir las excisiones de que nos vamos á ocupar, justo es que las manifestemos nosotros, sin que de ello queramos hacer méritos, pues en realidad no han sido igno- radas por nadie y de bien claro modo las han expuesto todos los historiadores, de la escuela alemana. En primer término, creemos de todo punto litil poner en claro la cuestión de tiempo única en la que se ha manifestado alguna divergencia de opi- niones entre los autores que de ella se han ocupado; existen historiadores que tomando como precedentes de la excision en la masonería las arbitrarias concesiones hechas por la gran logia á los ecónomos, las remontán á la fecha en que aquéllas tuvieron lugar, pero hay un manifiesto error en ello, que claramente se advierte observando la indicada causa produjo en verdad un mal resultado, pero que una vez adver- que tido, se le puso inmediato remedio sin que surgiera protesta ninguna. La verdadera fecha de la lastimosa excision que registramos puede fijarse en el momento en"que dentro de los talleres se revelaron distinciones y diferencias entre unos y otros indi- viduos, pudiendo, en fin, decir que el trastorno se revela hacia el año de 1735, en que comienzan á aparecer sus causas ocasionales. Esto por lo que se refiere al comienzo, lo pues lo que más ha inducido á error ha sido querer determinar un solo hecho, cual es materialmente imposible en buena crítica; las causas fueron varias y no sur- gieron al mismo tiempo, fueron presentándose paulatinamente y esto concilia la opi- nion de Finder, que dice á éste propósito: «Los escritores masónicos más antiguos hablan de diversos desórdenes ocurridos en el seno de la órden masónica, los cuales tu- vieron lugar de 1739 á 1772, y acerca de cuyas causas no ha podido hacerse luz suficien- temente. El mayor número de entre ellos, incurriendo en un error, remontan el origen al año 1739, en el sentido de que las disenciones fueron motivadas por las desaye- nencias habidas entre la secta de los llamados modernos masones y los que recibían ' Dl-; LA MASONERÍA . 329 la calificación de antiguos, poro estos tuvieron lugar en una época más reciente y sin duda han sido relacionadas con acontecimientos de más remota fecha.» Aclarado este punto convenientemente y entrando de lleno ya en la enumeración y análisis de las causas' enunciadas, ante que ninguna otra y tanto porque á nuestro modo de ver es la do más importancia, como porque es la que tiene prioridad en el tiempo, debemos apuntar primero las admisiones irregulares que tuvieron lugar en ciertas logias; hemos trasladado integras las antiguas ordeiianzas que recogiera el ilustre hermano J. Payne, sobre las que según también queda manifestado, se redactó la primera edición del Libro de Iccí^ ConMiti/.cione.t hecho por Anderson, que llevó el titulo de; The Book of constiíacion>i for the free-masifi.on eontaíniim the history, charges, regulations Of that most ancient and reigh rcorship fat fraternitg for the use of the logges. Las primeras, y según dejamos apuntado en su lugar, fueron admitidas sin protesta alguna; la masonería entraba entóneos, digámoslo asi, en un periodo de regeneración, los ánimos no estaban sobreexcitados por ninguna causa y naturalmente, presidiendo en todos el mismo deseo, admitieron sin reserva alguna lo que forzosarnente tenia que ser lazo de union entre todos los hermanos y base de una sociedad que desde hacia algun tiempo se venia desmoronando. Ninguna de las logias que representadas por sus dignidades concurrían á la íbrmacion de la gran logia en Inglaterra, constituida bajo tan buenos auspicios y de la que formaban parte hombres tán eminentes, dejó de prestar obediencia á aquellas ordenanzas robusteciéndola más y más con la autoridad que les daba el exacto cumplimiento de ellas exigido en los talleres particulares. Estas ordenanzas, como también sabemos, estaban calcadas en un todo en las antiguas y tradicionales disposiciones reglamentarias de las primitivas corporaciones, por lo que su. texto tenía que resentirse necesariamente de ello. Con objeto de que estuvieríi la legislación masónica más en armonía con el carácter cada vez más moral y fllantrópico que la órden iba adquiriendo, fué comisionado el venerable An- dcrson para redactar las constituciones, á las que ya no asintieron todas las logias particulares como parece que debía esperarse. La razón de esto ocurrido, el año de 1723, es la que no ha podido llegarse á comprender; no existe documento alguno de aquella fecha ó posterior por medio del que podamos llegar al conocimiento de las razones que alegaran en la discusión, para no ver en la obra de Anderson lazo'comun los que desde luégo se negaron á acatarlas; ni por su forma hallamos en ella nada que pueda justificar la conducta observada por las cinco logias que disintieron de las veinte restantes. Pero el hecho es claro y so encuentra suficientemente probado, cons- tituyéndose asi el principio del primer cisma masónico en Inglaterra. La ley de la ma- yoría, no siempre equitativa, determinó la admisión de las nuevas constituciones, por más que muchos hermanos que veían surgir la negra nube en el hasta entónces radiante cielo de la masonería, propusieran como medio de precaver el conflicto, que volvieran á ponerse en vigor las antiguas ordenanzas, bajo las que todos habían estado unidos fraternalmente, que se estudiara la cuestión con más madurez, que so procurara aunar y conciliar las divergentes opiniones, llegándose á una armonía de todo punto 330 HISTORIA r.ENERAL necesaria para que la orden llegara á su engrandecimiento y consolidación, triun- fando al propio tiempo de los ocultos enemigos que incitaban al mal agitando por todas partes la tea de la discordia. Desgraciadamente no fueron escuchados tan laudables consejos; prevaleció la opinion de la mayoría, fueron aceptadas las nuevas constituciones y las cinco logias, que eran de las legalmente constituidas por cuanto sus patentes estaban conformes con lo dispuesto por las antiguas ordenanzas, se separaron de ellas comenzando á obrar por si y ante si. No fué sólo esto sino que también muchos de los masones de las restantes veinte logias que disentian por completo de la opinion de sus mayorías respectivas, al ver expedito el camino de las irregularidades, se lanzaron por él, y se- parándose de sus talleres fueron á engrosar las columnas de las logias disidentes, en las que sin reparo alguno quedaron admitidos, sin más formalidades que la manifes- tacion de su voluntad ó se reunieron separadamente en grupos creando nufivas logias, las cuales no podían ostentar ningún título de su regularizacion, pues, ya sabemos que en su párrafo 2." decia la ordenanza VIII: «Si algun número de masones preten- diera haber fundado una logia sin haber recibido plenos poderes del gran maestre, las logias regulares no podrán ni sostenerlos, ni reconocerlos como buenos herma- nos, ni aprobar sus actos, ni ninguna de sus operaciones, debiendo ser tratados como rebeldes hasta que hayan prestado sumisión del modo que prescriba el gran maestre y hasta que htiyan obtenido la autorización indispensable para la existencia regular de su logia; por esto tan pronto como ocurra un caso de esta naturaleza, se dará cuenta á las demás logias para que sepan á qué atenerse.» Determinada la division, los irregulares alegaban razones para justiñcar su conduc- ta y creídas por algunos solicitaron ser recibidos en ellas, aumentándose. así el nú- mero de las irregularidades, pero al propio tiempo la gran logia, que se habia dado cuenta del inminente peligro que la órden en general corría, no se dió tregua ni repo- so para atajar el mal, multiplicó sus esfuerzos y logró al cabo que muchos de los des- contentos volvieran al seno de la sociedad prestando obediencia y sumisión á las le- yes dictadas. El libro de las constituciones asegura al fin que poco tiempo después de haberse dado la excision quedó borrada por completo, pero datos seguros y fidedignos permiten afirmar fue- que fuera de la órden permanecieron algunos descontentos que ron loá que dieron el primer contingente á la separación de los ritos. Ocupándonos de, la masonería inglesa en general, debemos hacer una observación oportunísima con el fin de evitar las confusiones en que han incurrido no pocos fiján- dose únicamente en el enunciado. Sabemos que durante -la Edad media se entendió por masonería la agrupación de los individuos que desempeñaban el mismo arte afl- liados con objeto de procurarse el mayor número posible de ventajas; desde este pun-, to de vista hubo masonería.y .masonería perfectamente organizada en todas las na- clones del continente y se cumplieron también y tan perfectamente los fines que se habían propuesto aquellas sociedades particulares de trabajadores, que hay pruebas palpables de ello de las cuales hemos enumerado algunas. No hay necesidad de es- forzar la argumentación para hacer comprender que los individuos de los demás gre- DE LA MASONERÍA 331 mios, asi como también los demás que profesaban distintas facultades, hablan de ver con buenos ojos los resultados que de aquel sistema se conseguían, y que hablan de intentar lograr.cosa semejante, mas siendo esto difícil, tropezándose con dificultades que no dejaban de alarmar á muchos, hallaron más fácil afiliarse á las que estaban constituidas y lográndolo sin esfuerzo, pues los que las formaban sobre no ver. incon- veniente en ello, tenían que apreciar necesariamente las ventajas que resultan de la congregación del mayor número de individuos dispuestos al mismo propósito. Mas esto volviendo á repetirlo aúná riesgo de pecar de difusos, se referia sólo á las corporaciones de artesanos, que se ampliaron en el tiempo con individuos que perte- necian á su clase como asi á la actual y moderna masonería, con el carácter de que se la ha revestido-. La órden, tal como hoy la conocemos, no podia resultar de la or- ganizacion que tuviera en la edad pasada, la de su mismo nombre; para conseguir los resultados que en ella se advierten fué necesario el poderoso esfuerzo de los hombres eminentes que contribuyeron á la constitución de la gran logia de Lóndres. Por lo que dejamos dicho, sabemos que ésta aprovechó los elementos que el pasa- do formara y que se hallaban en completa dispersion en la capital del Reino Unido de la Gran Bretaña, próximos á desaparecer por completo, pues de una parte les fal- taba ya razón de ser y de otra hablan sido profundamente agitados y trastornados por las continuas luchas políticas que se hablan dado en la nación entera. De es- tos elementos que mencionamos tomóse más que nada la organización externa, pues-en la mente de los fundadores estaba no constituir una sociedad cuyos fines fue- ran meramente materiales, sino una órden filantrópica de carácter eminentemente moral. Desde este punto de vista la'corporación masónica no tenia precedente ningu- noy por tanto, nadie podia alegar derecho de prioridad ni derecho para ser atendí- do en ninguna cuestión ántes que ésta. Aclarado el primer término de la cuestión en que nos vamos á ocupar, queda di- lucidado el segundo para deducir-en seguida consecuencias; ántes de la constitución de la gran logia de Lóndres, y para la realización de los fines que tenían asignados, • la corporación de trabajadores, tenían constituida en York, ciudad y capital de uno de los condados del Norte de Inglaterra, una corporación que no reclamó en tiempo oportuno para entrar á formar parte de la gran logia que con el nuevo carácter se or- ganizaba en Lóndres, como lo hicieran la de San Pablo, la de la Corona, la del Man- zano y la de los Romanos, que eran las que tenían domicilio y carácter reconocido, dentro de la capital. Comenzaron los trabajos de reconstitución necesarios dada la nueva senda porque la masonería se lanzaba, se hicieron las constituciones, regla- mentes y estatutos de que hemos hablado, constituyóse el comité de beneficencia, cuyos resultados son tan laudables, y no se hizo, por parte de nadie, reclamación ni Observación alguna que pudiera demostrar á la gran logia que atacaba derechos crea- dos ya. Bien mirado no podia ser de otra manera, y prosiguiendo los trabajos de que anteriormente hemos dado cuenta, la corporación fué creciendo más cada dia y no sólo tuvieron que aumentarse las logias que dentro de Lóndres habla, sino que, el supremo poder masónico cumpliendo uno de los más altos fines que se habla pro- 332 HISTORIA GRNERAL puesto, cual era, la extension de la orden á todos los ámbitos de la tierra; salió, diga- moslo asi de la capital y estableció maestrazgos provinciales que secundaran en los respectivos condados los trabajos que en la capital estaban tan adelantados. Esto digno de alabanza, digno de encomio y que demuestra cuán grande y buena era la voluntad que á todos animaba, fué causa suflciente de una délas excisiones que en aquella fecha se registran y de la que desgraciadamente se aprovecharon no sólo los enemigos, sino que también los descontentos que nunca faltaron por razones que están al alcance de todos. A nuestro modo de ver, estos y no otros fueron los que dio- ron motivo al carácter violento que revistió la cuestión habida entre la llamada gran logia de York y la gran logia de Lóndres; aquélla no tenia derecho ' alguno para oponerse de ninguna manera á los trabajos que ésta realizara, por cuanto no partici- paba del carácter en cuya virtud los hacia. La logia de York podia obrar separada- mente rigiéndose por la antigua organización masónica, bien distinta de la estable- cida por la que era genuina representación de la masonería moderna. Sin embargo, no fué ofro el motivo; el nombramiento de los grandes maestres provinciales que se hicieron para algunas de las ciudades que componían el condado de York, fué la chispa que encendió la hoguera; los yorkistas alegaban la antigüedad histórica con que contaban, pero hacían caso omiso de la total decadencia en que se hallaban por el desuso, en que dentro de ella hablan caido los trabajos masónicos y ademas tenían en su contra, 1.": que ninguna manifestación hablan hecho en 1717, cuando tuvieron conocimiento del nombramiento del primer gran maestre y de la erección de la primera gran logia; 2.°: cine en el espacio de tiempo que media desde dicha fecha hasta 1726 el único signo de existencia que diera fué un discurso; 3."; que no manifestó tomar partido por nadie en las querellas á que dieran lugar la separa- clon de los tres grados; 4.°: que no se manifestó contraria al nomtn-amiento de gran maestre para la primera gran logia que el supremo poder masónico residente en Lóndres instituyera dentro de su circunscripción y razones son éstas para que poda- mos concluir demostrando como faltaba la razón en absoluto á la logia de York para oponerse al desarrollo que la institución masónica iba alcanzando. Esta cuestión entre las dos logias dió lugar á la tercera de las que por entónces cohibieran el desarrollo de la órden, si bien pudiéramos considerarla sólo como un' robustecimiento de la segunda. La division habla estallado; en primer término teñe- mos los descontentos que no habiendo prestado sumisión á las constituciones de An- derson, se hablan separado de las obediencias de la gran logia, alegando apego á.la tradición y á las antiguas ordenanzas; éstos se vieron apoyados, digámoslo asi, por las reclamaciones de la logia dé York, constituyendo un grupo primero que se am- plió más tarde y al que por si y ante sí dieron el nombre de antiguos masones: el es- tudio do las causas que dieron lugar al desarrollo del referido grupo, ha sido objeto de seiias investigaciones por parte de profundos historiadores y vamos á dar á co- nocer el resultado que de ellas han obtenido hombres tan eminentes como Preston y Kloss. . El primero de estos autores dice en sus Adulaciones lo siguiente: «Cierto número UE LA MASONERÍA 333 de hermanos descontentos, que so habían separado de las logias regulares se reu-, nieron en distintos puntos con el fin de admitir en la francmasonería nuevos indivi- duos contra las ordenanzas de la gran logia. Estos hermanos rebeldes que se aprove- charon de la ruptura ocurrida entre las grandes logias de Londres y la de York, tomaron después que su conducta dio lugar á las censuras á que se hicieron dignos, el nombre de masones cíe For/r. Tomáronse en verdad medidas para impedir que persistieran en la senda porque se hablan lanzado, y dichas medidas detuvieron en efecto sus progresos durante cierto espacio de tiempo; pero supieron hacerse de un arma con el descontento que generalmente causó la introducción de ciertas innova- clones y cónsiguieron adquirir de nuevo alguna importancia. Esta medida impru- dente que adoptaron las logias regulares, produjo funestos resultados; sin embargo, gracias á la intervención de Ward y á los esfuerzos que realizó quedaron allanadas todas las dificultades y pareció reinar de nuevo la armonía entre todos los hermanos. Pero esto, á pesar de la esperanza que hizo concebir de que hubieran dado téi-mino las perniciosas disensiones que en el seno de la órden tenían lugar, no fué más que una corta suspension de hostilidades; bien pronto dejóse oir de nuevo la señal de alarma y de una parte y de otra se entregaron á actos que no podían ser inspirados- más que por la malevolencia y que turbaron profundamente la paz de la sociedad. En Mayo de 1739 sucedió á lord Raimond el marques de Garnavon en la dignidad de gran maestre y bajo la influencia altamente favorable de su excelencia las logias se multiplicaron acreciendo cada vez más la consideración que todos las dispensa- han. A pesar del estado floreciente de la sociedad, existían aun en su seno muchas irregularidades y muchos hermanos distinguidísimos que no hablan sido comprendí- dos en la oposición que para muchos habían hallado la nueva constitución de la so- ciedad, parecieron desaprobar á su vez la conducta seguida por las logias regulares. Todas las comisiones que de tiempo en tiempo tenían que formarse, estaban asedia- das por los descontentos (|ue venían constantemente á exponerle sus quejas y en las deliberaciones particulares apénas si habla tiempo más que para ocuparse de las querellas que era menester orillar de la mejor manera posible y de los espíritus disco- los que habla que atraer y reconciliar. Como existían muchos partidos viéronse obliga- dos á hacer un voto con objeto de condenar á los culpables y dictar una ley quo pro- hibia toda reunion irregular de los miembros de la comunidad. Este acto puso en cuestión la autoridad de la gran logia y á pesar de las leyes recientes que acababa de publicar se organizaron nuevas logias sin ninguna garantia legal, asi como también fueron admitidos como masones muchos individuos que debieron su iniciación ácon- sideraciones miserables y poco dignas. A fin de que no se vieran satisfechos los de- seos de aquellos hermanos extraviados y de caracterizar á los individuos que con ellos se hablan introducido en la masonería, la gran logia asintió á las medidas impru- dentes que los masones regulares hablan tomado, medidas, que aunque foi'zadas por las circunstancias, no podían ser justificadas por ningún concepto. Por más que con aquella condescendencia consiguieran el fin que se hablan propuesto, fué no obstan- te causa de nuevos disturbios: los hermanos aquellos (|uc se hablan separado de las 334 • HISTORIA GENERAL logias regulares persistieron en vanagloriarse de la independencia que habían alean- zado dándose el nombre pomposo de «antiguos masones.» Esparcióse el dicho con objeto de extraviar la opinion de que la enseñanza superior y los antiguos usos de la masonería se babian conservado entre ellos miéntras que en las logias regulares compuestas exclusivamente de «masones modernos» babian adoptado una nueva constitución y no podían ser considerados como trabajando conforme á las antiguas constituciones. Con el fln de poder obrar en oposición con la gran logia, establecieron una gran logia en Londres. Según el antiguo sistema, según la pública declaración y contra todo á lo que estaban obligados por sus deberes masónicos erigieron nuevas logias en desprestigio de la autoridad legalmente constituida. Tuvieron la audacia de pretender justificar aquella empresa irregular, adoptando ficticiamente la constitu- clon de York y muchos personajes engañados por aquel artificio se dejaron arrastrar á sus filas basta el punto de que las logias de ellos aumentaban más cada dia. Estos hermanos rebeldes persistieron en la senda porque se babian lanzado, formaron ce- mités especiales, tuvieron deliberaciones y llegaron basta á instituir fiestas anuales, todo esto sin alguna autorización, de la gran logia ni de ningún otro poder masó- nico. Con la falsa denominación de bandera de York lograron soj'prender el favor de los masones escoceses é irlandeses, que creyeron ciegamente en todas aquellas falsas apariencias de que se babian revestido y aprobaron en todos sus puntos el decreto de condenación que babian dictado contra todas las logias regulares, porque estaban convencidos de que el fin que se proponían conseguir con todas aquellas medidas era únicamente el de introducir innovaciones en la sociedad y alterar la constitución primitiva de la órden. Como los masones irregulares de Lóndres se babian dado de esta manera una especie de constitución imponente, muchos miembros distinguidos de la nobleza (pie ignoraban los motivos de la separación les hicieron el honor de to- marlos bajo su protección, razón porque muchos nombres honorables aparecen en sus listas. Sin embargo, el subterfugio de que se babian valido fué descubierto al cabo de un corto número de años gracias al celo y á la firme perseverancia de algu- nos hermanos decididos. Entóneos aquellos masones que se babian manifestado re- beldes vieron decrecer el número de las adhesiones, al mismo tiempo que eran aban- donados por los individuos de mayor importancia que se babian ido con ellos y muchas logias de las constituidas irregularmente abandonaron su bandera ponién- dose inmediatamente bajo la protección de la gran logia de Lóndres.» Tal es la sumaria exposición de los hechos que presenta el ilustre Preston y que ha sido admitida en un todo por el no ménos notable autor Stephen Jones, célebre literato ingles nacido en 1763 y muerto en 1827, consagrado durante toda su vida a los estudios masónicos y que fué uno délos más constantes colaboradores del üon's Mafnuine. Seguramente podríamos deducir conclusiones claras y terminantes en pro de nuestras ya sentadas opiniones, dado que contamos con autoridad de tanto empuje, pero como entre aquellos que, si bien no justifican los actos de los masones irregulares los disculpan al ménos, ba habido, alguno que ha tachado á Preston de parcial en pró de la gran logia de Inglaterra, indicando de esta manera que, si no en DR LA MASONERÍA 335 todo, en parte al .méiros la logia de Yorck pudo tener razón al hacer lo que hizo, y como también nuestro deseo capital es presentar á los lectores el cuadro más com- pleto, queremos trasladar lo que con respecto al mismo punto ha dicho el venerable KlosSj.á quien en este punto se ba atorgado mayor autoridad, para que, pudiendo luego establecerse la comparación, resulte la verdad claiva y distinta. Juan Jorge Kloss, el célebre mason aleman, nació en 1787, en Francfort sobre el Mein, y dedicóse al estudio de la medicina, realizando considerables adelantos en esta ciencia, en cuyo ejercicio logró señalarse como pocos; después de baber pasado mu- chos años trabajando en las célebres universidades de Heidelberg y de Gotinga, vol- vió á su ciudad natal, dedicándose exclusivamente á su honrosa profesión y al cargo de profesor suplente que le concedió el consejo; en aquella época, se hizo notar por el celo con que se dedicó á cuidar á los soldados heridos, muy especialmente á los sa- jones que se hallaban en los lazaretos que provisionalmente se babian establecido en aquella ciudad á consecuencia de la guerra, por lo que mereció que se le otorgara el titulo de consejero médico del duque de Saxo-Altembourgo. Compatibles con las delicadas tareas que tenia á su cuidado, Kloss supo prestar importantísimos servicios á la institución masónica, entregándoseáprofundas, sabias y eruditas investigaciones acerca de la historia de la masonería, publicando sabias obras, todas ellas fuentes de conocimientos importantísimos para esta clase de traba- jos. De estos monumentos, los principales son los que llevan por titulo; Verdadem importancia de la franc masonería, probada por antiguos y origíncdes documentos; Historia de la franc masonería en Inglaterra, en Irlanda y en Escocia; Historia de la franc masonería en Francia. Su inmenso saber, al propio tiempo que su actividad, dieron por resultado grandes beneficios para la órden, pues, colocado á la cabeza de lo que él mismo llamó masonería ecléctica, contribuyó de una manera eficaz al mejo- ramiento de la sociedad, logrando reunir al propio tiempo la más completa colección, única en su género, de libros y manuscritos masónicos, de donde tomó los abundan- tes materiales que constituyen,su Bibliografía masónica, la cual, después de su muerte, pasó á poder del príncipe Federico de Holanda. Comprendiendo este celebrado autor la importancia que dentro de la histojia de la masonería moderna tenían las excisiones y disturbios que han ocurrido en ella, en las distintas épocas que se pueden historiar, se ocupó de la cuestión que debatimos ahora en sus historias generales, pero la analizó con más detención en su importante mo- nografía titulada: Disertación acerca de los antiguos masones, en la que las hizo objeto de un examen microscópicó, digámoslo asi, llegando al resultado siguiente: Desde luégo, la opinion de que las divisiones que agitaron á la sociedad desde el año de 1739 á 1742, y que la cuestión de los antiguos masones, que no estalló sino diez años más tarde, forman una sola y misma cosa, parece estar en contradicción con todas las proposiciones históricas. Sin embargo, por lo que se refiere á las modi- ficaciones de que'se hizo un crimen á la gran logia de Inglaterra y las disposiciones por que se separó más ó ménos de los usos tradicionales, es cierto, 1.°: la introducción de diversos colores en las vestiduras de los masones, acordada por disposición de la 330 HISTORIA GENERAL referida gran logia, con feclia 17 de Marzo de 1731; 2.": la erección de la logia de los Steward (ecónomos) y los privilegios que le fueron concedidos, entre otros la elección de los grandes dignatarios que debía hacerse exclusivamente entre sus miembros, eran verdaderas innovaciones contrarias de todo punto á la igualdad masónica, pero no bas- taban en modo alguno parajustiflcar una excision en laórden. El 28 de Junio de 1738 la gran logia no había introducido todavía ninguna innovación importante, y en aquella época no èxistla á sudado ninguna otra gran logia, ni áun ninguna logia regular en Lóndres. El libro de las constituciones afirma que el 12 de Diciembre de-1725 los masones irregulares se habían sometido. En 1751 existían las mejores relaciones en- tre la gran logia de Inglaterra y la de Irlanda, y, en 1740, la gran logia de Escocia no debía tener aún ningún motivo de descontento, en lo que se refiere á los asuntos ma- sónicos, por cuanto en aquel mismo año se puso en correspondencia con la gran logia inglesa. En los años de 1742 á 1744, fecha en que Ward desempeñaba las funciones de gran maestre, reinaba en la comunidad una paz absoluta y completa, y los grandes maestres Keith (1) y Stratlimore, que desempeñaron el puesto respectivamente en (1) .lorge Keith, raar¡.''cal liereditario de líscocia, más conocido con el nombre de Müord Mariscal, nació en Kincardine liacia el año de 168.5 y murió cerca de Postdam en 1778. Fué primero capitán de los guardias de la reina Ana con Malborough; se declaro por los Estuardos en 1715 y levantó la Escocia en favor del preten- diente, siendo condenado á muerte por el parlamento cuando la derrota de este príncipe hubo arruinado su partido. Permaneció aún errante por Escocia seis meses á pesar de los decretos de proscripción, hasta que habiendo logrado evadirse entró á servir en el ejército español; pasó después á Prusia donde supo granjearse la amistad de Federico II que le encargó de diversas misiones diplomáticas, lo nombró gobernador de Newcha- tel y trabajó hasta conseguir que lo rehabilitaran en su patria. «Milord Mariscal volvió entóncés á Escocia donde recogió los restos desús bienes y una sucesión de treinta mil libras próximamente; pero bien pronto temiendo despertar la desconfianza de la corte de Inglaterra, que podia ver con malos ojos el que en su casa se reunieran gran número de jacobistas, dirigióse nuevamente á Prusia. Federico II, que tenia hacia él las más delicadas atenciones, le hizo construir cerca de su palacio una cómoda vivienda desde la que por los jardines podia ir diariamente á comer con el rey. Cuando los achaques de la edad le impidieron salir, el rey Federico iba frecuentemente á visitar al anciano para gozar de su conversación. Milord Mariscal, dice Dezos de la Ro- quete, unia á un espíritu natural muy cultivado, cualidades mucho' más preciosas, una tolerancia ilustrada, una dulce y sabia filosofía-. Babia abandonado su gobierno de Newchatel porque su espíritu conciliador no habla podido jamas poner término á las querellas teológicas que se habían suscitado en aquel país ni calmar el espíritu intolerante de los predicadores.» : Lo que más dió lugar en Francia á la fama de Milord Mariscal fueron' sus relaciones con Voltaire y con Rousseau. Fué uno de los- más decididos protectores de este último, que conservó hacia él y por mucho tiem- po la más viva gratitud. Más tarde Juan Jacobo, agriado por la adversidad y por las sospechas que le ator- mentaron durante su vejez, no persistió en sus sentimientos afectuosos, pero Milord Mariscal respondió á las prevenciones y hasta á las injurias del filósofo, diciendo que lo consideraba no como un malvado sino como nn enfermo cuyos arrebatos era menester disculpar. Por su testamento le legó el reloj que usaba y desde hacía mucho tiempo venía otorgándole una pension de seiscientas libras transferible ásu esposa la célebre Teresa. Milord Mariscal fué uno de los njás asiduos corresponsales de Voltaire; entre sus cartas hay una que es muy curiosa sobre todas. Fué escrita á Mme. Denis cuando el rompimiento entre Voltaire y Federico, de lo que han llamado persecución de Frankfort, disgusto sencillo que en las cartas del anciano tomó todas las proporciones de una tragedia. Milord Mariscal, sin tomar partido por Federico, recomienda la prudencia á su antiguo co- mensal de Postdam y dice á su sobrina: «Impedid á vuestro tío que haga locuras, pues las hace tan buenas como los versos.» D'Alembert ha escrito un elogio de Milord Mariscal en el que deja ver desde luégo que por su educación, por su vida y por sus sentimientos tenía que ser forzosamente uno de los más ilustres miembros de la sociedad que historiamos. DE LA MASONERÍA 337 los años de 1740 y 1744, escoceses de nacimiento, habian sido grandes maestres en su país y probablemente no habian encontrado ninguna razón que les impidiera aceptar las mismas funciones en Londres. Lleguemos á la excision: Fiefleld de Assigny escri- bió én 1744 un libro poco conocido todavía^, en el que recomienda á los ingleses un grado superior que se aproximaba al grado escoces del continente; la guerra en Irían- da y en Alemania puso en contacto á los masones ingleses y franceses, procurándoles ocasión de aprender lo que según ellos merecía el pomposo enunciado de altos grados que probablemente penetraron también en Escocia cuando la invasion del pretendido Gárlos Eduardo Stuardo. Esta innovación arbitraria debía crecer y propagarse con tanta más facilidad cuanto que el gran maestre Byron estaba constantemente ausente del pais la logia iba decayendo y no oponía casi ningún obstáculo á las in- y que gran novaciones irregulares. Por último, en 1747, la gran logia,introdujo en las formas algunas modificaciones de escasa importancia, á consecuencia de las que aparecieron, en 1752, el Thinker upon Freemasonry y otros artículos de polémica; en 1755 se dejó oir el grito de guerra délos disidentes (Masonry unioersal)^ igualdad de todos los hermanos dentro de la lo- gia, lo cual equivalió á un llamamiento á la defección, en pago de lo que dejaban ver tras el plan la seductora perspectiva del grado Real Arco. En 1756, Dermott escribía para sus sectarios el código Alínian Remn^ y, en 1762, tenían su ritual particular que fué dado á conocer en el mismo año, asi como también el grado de Pastmaster con que fué aumentado. A pesar de todos estos esfuerzos y algaradas, no consiguieron te- ner un gran maestre que perteneciera á la nobleza, ni que el número de sus logias se elevara á más de cinco; por último, en 1772, tuvieron por gran maestre ai duque de Attol. A partir de este momento, la defección era un hecho realizado, y la gran logia de los antiguos masones fué reconocida en forma por las logias de Escocia y de Ir- landa. Aun podemos añadir á estos oportunos y acertados juicios el dpi hermano Jethro Inwood, gran diputado provincial por Kent, emitido en un informe que dirigió al du- que de A.thol y en el que entre otras razones manifiesta las siguientes: «En el año de 1736 el conde de London fué electo gran maestre; después del nombramiento que hizo de otros dignatarios hirió en su amor propio á algunos individuos que fundaron in- mediatamente la sociedad, milord, que acabáis de tomar bajo vuestra protección. Los excluidos, adelantando en la senda porque se habian lanzado, se abrogaron el derecho de erigir nuevas logias con la pretendida sanción de la constitución de York. Digopre- tendida porque ellos sabían muy bien que la antigua constitución de York había sido restablecida en Lóndres en el año de 1717 y que la gran logia de que en aquella época era presidente lord Raymond era la primitiva de los masones de York, sola y única gran logia de toda la Inglaterra en aquel tiempo y que desde fecha inmemorial tenía en su poderlas cartas, constituciones, etc.» Después de haber faltado á todos sus deberes por motivos tan fútiles, fueron más léjos y abusaron del poder que habian usurpado. Todo, desde su gran logia hasta sus trabajos, se hizo ocasión de tráfico y de desórdenes. La dignidad masónica fué sacri- 338 HISTORIA GENERAL ficada vergonzosamente por los di{'ectores de su sociedad y podrían citarse los nom- bres de muchas personas que fueron admitidas en sus logias mediante la mezquina suma de media corona. Ridiculos y costosos adornos se hicieron objeto de la ariibi- clon de aquellos hermanos extraviados y de abundantes fuentes de ganancia para nu- merosos interesados que explotaban esta mania. Alarmada la gran logia por el honor y la reputación de la orden, sancionó, sin aquilatar las consecuencias de aquel acto, una medida cuyo fin era impedir que los masones que por causa de su irregularidad habla excluido ella misma de la sociedad pudieran obtener su admisión en alguna otra logia regular ó engañar á algun hermano que hubiera permanecido fiel á sus obliga- ciones. Es verdaderamente sensible que estos cambios, por insignificante que sea la importancia de ellos, hayan sido consentidos, pues precisamente aquellos en favor de los que se hadan, encontraban con los mismos causa mayor para su descontento. En sus escritos acusaban á la gran logia de haberse separado de los antiguos principios, se alababan triunfalmente de ser los solos antiguos y verdaderos masones, en tanto que infringían á la gran logia de Inglaterra y á todas las demás logias regulares que militaban bajo su bandera un odioso epíteto, cuando el origen de ellos apénas si se re- montaba á un dia. Dadas á conocer estas opiniones, todas ellas de suma importancia para juzgar io que á la excision de la masonería se refiere, conviene fijarse ántes que nada en que aunque con distinta forma todos los autores convienen en que lo que más dió motivo á la primera perniciosa lucha ocurrida en el seno de la masonería fué la ambición de figurar que se despertó en no pocos hermanos, que seguramente no hablan llegado á comprender toda la alteza de la institución en la época á que nos estamos refiriendo. La sumaria, exposición de los hechos que hemos recogido de autorizadísimas fuentes lo manifiesta asi y en ello convienen también las opiniones de masones tan autoriza- dos como Kloss, Preston y Jethro Inwood mismo que tan inclinado se hallaba á los di- sidentes. . La única razón que podían alegar para justificar su conducta era ia de que la gran logia se habla separado de las formalidades antiguas dictando disposiciones que se apartaban de las antiguas reglas que acordaban con la tradición porque la órden se venia rigiendo, pero si atentamente se estudia esta disculpa, se comprende que no po- dia tener fundamento alguno; en primer término y según hemos podido observar en los capítulos anteriores la constitución de York, en que querían hacerse fuertes, no te- nia carácter de autenticidad alguno, ni autoridad tampoco á pesar de lo mucho que en su pro habla trabajado el filósofo Krause. Pero aunque la hubiera tenido, aunque hubiera podido ser calificada de única ley masónica, pensando racionalmente no de- bieron manifestar tan loco empeño atendiendo á que como documento tradicional po- dia .ser admitido en todo caso porque revelaba la existencia en el tiempo de una aso- ciacion en cuyo fondo hablan germinado los principios que más tarde tenia que re- coger la masonería moderna. Desde este punto de vista y sin la impugnación que habla sufrido de parte de los masones autorizados de Alemania é Inglaterra, com- prendemos que la constitución de York debia haber formado parte de toda legislación DE LA MASONERÍA 339 masónica, como en la historia del derecho español tienen que ocupar un puesto prefer calificar de absurda rente los antiguos códigos romanos y visigóticos. Pero debemos temeridad'la de aquellos que á todo trance querían forzosamente hacerlas imperar, por- que dados los cambios que se habían introducido en la asociación masónica no podía tener en su mayor parte aplicación. La constitución de.York que conocemos y de la que los disidentes se manifestaban tan orgullosos, no diremos nosotros, como han llegado á afirmar algunos, que fuera mismos la defendían, pero si que debió ser un reglamento de los tiem- obra de los que la órden no había descollado por completo de la sociedad de constructores. pos en que asi áun El su enunciado lo manifiestan y mayor número de los artículos que forman recurriendo á las sutiles interpretaciones que muchos han hecho para acordar la letra de aquel documento con el nuevo espíritu de que la sociedad estaba imbuida, todo,ab- todo, resulta insuficiente, .pues afortunadamente vivimos ya en los tiem- solutamente posen que no puede hacerse de lo blanco negro, ni puede hacerse de la noche dia. Por mucho que recurrieran al. simbolismo, por mucho que alardearan del sentido figura- do empleado para no imponer de los misterios á los profanos, todo absolutamente todo tenia que resultar insuficiente en absoluto y á este propósito es bueno recordar lo el articulo trece dispone; «que todo maestro debe someterse á las observaciones que que pueda hacerle el director de la construcción» ó lo que dice el octavo: «que ningún maestro debe emprender un trabajo sino se siente capaz de hacerlo» ó lo que manifies- ta el noveno: «que nadie debe suplantar á otro sino dejar á cada cual el trabajo que se procurado;» de los hemos subrayado algunos términos en los haya que que no cabe la menor confusion. En cambio, ya que tan celosos se mostraban del fiel y exacto cumplimiento de esta constitución, bueno hubiera sido que recordaran el contenido del artículo 14 que dis- á hacer lo pone: «Que todos los masones obedezcan á sus superiores y estén prontos que éstos les ordenen.» Pero bien claramente dejaban comprender que la cuestión no era de constituciones, sino de ambiciones mezquinas y de malévolos propósitos, que no podían en manera alguna dar buenos resultados. No tardaron mucho en revelarlo asi y justas, justísimas son las acusaciones á que se han hecho acreedores, muchas de las que no sólo les perjudican como á masones si no que también como á hombres honrados. Admitiendo que la gran logia.hubiera dictado algunas disposiciones en vista dé las que hubiera podido ser acusado de inno- vadora y de maní- separatista de las antiguas tradiciones á que tanto cariño se había festado, el medio que arbitraron para significar su disgusto y manifestar su desagra- do no era conducente más que á destruir los. útiles trabajos que tanto tiempo se había tardado en llevar á cabo. Comprendemos que se hubieran separado dé la obediencia en todo aquello que hallaran contrario al antiguo espíritu de la órden; admitiríamos aunque con sentimiento, se hubieran retirado á sus casas privando á la sociedad que del apoyo que hasta entónces le hablan prestado;, pero acusar de irregularidad al su- premo poder masónico, tacharlo de poco observante de las constituciones y reglamen- tos, separarse de él por esta causa y no bien lo hablan hecho, llevar ácábo actos puní- 340 HISTORIA GENERAL DE LA MASONERÍA. bles, actos que revelaban cuál habla sido la intención que presidia en ellos, es cosa que no puede ser admitida en manera alguna, ni por el historiador, ni por el mason, ni por el hombre. ' • , Ademas la gran logia no tenia más remedio que atemperar las disposiciones que dictaba al carácter de'las épocas, y esto es mucho más racional, mucho más disculpa- ble y justo que recoger antiguos usos, adulterarlos con prácticas que ningún funda- mento podían tener y presentarse asi á la faz del mundo diciendo: esta es la verdade- ra masonería. Otro de los motivos por que justamente pueden ser atacados, es la dura guerra que hicieron á las logias regulares que hablan permanecido, comodebian, sometidas á la primera gran logia que se organizara en Inglaterra; queriendo dar lugar á que se les creyera como á los únicos y verdaderos masones emplearon armas que atestigua- ban un total y absoluto desconocimiento de la fraternidad que tanto preconizaban; publicáronse virulentos folletos de los que los contrarios, muy especialmente losjesui- tas, no dejaban de tomar armas que esgrimieron luégo de .una manera sangrienta, y sobre todo dejaron ver de una manera clara y terminante que lo-que más querían era dar á la orden un carácter fastuoso, siguiendo en esto el pernicioso ejemplo de aque- líos ecónomos que acarrearan á la sociedad los primeros latigazos del ridiculo. Que- rían, como claramente lo manifiestan Kloss é Inwood, la implantación de esos grados simbólicos que para nada absolutamente sirven, ni han servido más que para causar trastorno. Ellos hablan sido los que establecieron la primera diferencia de hermano á hermano, caracterizando dentro de las logias á los aprendices, á los compañeros y á los maestros y como primera etapa de las ostentosas innovaciones que hablan de llevar á cabo y de algunas de las que nos hemos ocupado al señalar la falta de fundamento y lo arbitrario del escocismo dentro de la masonería, presentaban ya el grado de Past- master no incluido en el número de los treinta y tres que hoy admite la sociedad y que más que grado es una distinción entre los individuos que habiendo llegado á la ca- tegoria de maestros adquieren aptitud para presidir logia, sin recibir otro nuevo ni aún el cuarto. Como vemos no hay razón 'alguna que disculpe el cisma introducido y adherién- donos á lo manifestado por autoridades masónicas de primera fuerza declaramos, que no debe tomarse en cuenta para nada el movimiento de aquellos, que, separándose da la gran logia de Lóndres, por que habla introducido innovaciones, quisieron crear por si solos una nueva masonería. CAPÍTULO XXII. Alteraciones y modiflcaciónes introducidas en el rito tnasónico á consecuencia de la excision que venimos liis- loriando.—Igualdad existente entre todos los hermanos ántes de la excision.—Título de maesti-o.—A quién se daba y por qué causas.—Razones que llevaron á esto después de la constitución de la Gran Logia. —Prichard y su obra la Masonería dividida.—Consignación de las reformas introducidas en los rituales.— Diferencia esencial entre el antiguo y el que se implantaba.—Catecismos de los grados.—Pruebas mate- ríales.—Enumeración de ellas y signiflcado que se les ha querido dar.—Impugnación de ellas por su carácter, por su forma y por las contradicciones que implican.—Formularismo de la iniciación al grado de aprendiz.—Critica.—Fatales resultados que con él se ha conseguido.—Solemnidades de apertura.— Su carácter.—Catecismo del grado primero según el rito escoces y según el rito francés.—Critica de ambos. ontinuando el estudio de las causas que produjeron la excision masó- nica de que nos venimos ocupando^ asi como también de las funestas y fatales consecuencias que produjo, tócanos mencionar ahora la que se refiere al rito, que necesariamente fué lo que más sufrió por exigirlo asi las pretensiones de aquellos hermanos que á todo trance querían que el aparato externo fuera lo que sedujera más y revelara de mejor modo los altos fines que la masoneria.se proponía cumplir. Extraño por más de un concepto tiene que parecer el proceded de aquellos hermanos y tan fuera de norma resulta^ que muchos historia- dores de la órden han omitido el ocuparse de él, temiendo con justa caiFsa el despres- tigio que de su enumeración resulta. Cuando ántes de conocer y haber estudiado la materia en que nos ocupamos hoy, leíamos en algunos autores, ó escuchábamos de boca de algunos la enumeración de los triunfos y victorias que la masonería había conseguido en su azarosa historia, no podíamos ménos que llamarnos á'cuentas y preguntarnos en el fondo de nuestra con- ' 342 HISTORIA GENERAL ciencia, si era posible la verdad absoluta de lo que leíamos ó escuchábamos; más tarde surgieron las dudas, y llegada la hora de hacer la investigación para presentarla al público, nos hemos podido convencer y estamos dispuestos á repetirlo en todos los tonos, que ciertos muy ciertos son los triunfos y victorias conseguidos por la orden, pero que no lo son ménos las profundas luchas que ha tenido que sostener no sólo con los enemigos del exterior, sino con los mismos que ha criado en su seno. De Oriente á Poniente, de Norte á Sur, la masonería se encuentra extendida y acre-, ditada por toda la supérflcie de la tierra; no hay un lugar habitado en el que no tenga próselitos, ni un rincón del mundo en que no se alcen las columnas de un templo suyo, y aun puede decirse que la sociedad tiene adeptos lo misino entre las incivili- zadas tribus guerreras que pueblan las alturas de las montañas, que entre las pacificas que bien lejanas áun viven nómadas en los valles, lo mismo en los grandes centros de población que en los pequeños, pues como las grandes ideas, la que la masonería implica ha filtrado por todas partes y se ha hecho dueña de las almas de todos, gra- cias á la hondád de sus principios y á los altos fines que desde los comienzos ha ■ ostentado en su credo. Pero como ya hemos manifestado en ocasiones anteriores, no ha tenido más remedio que presentar algunas excisiones, pues voluble y tornadiza la voluntad del hombre que es su elemento componente ha llevado á ella la perturbación que revela en todas sus obras, se ha hecho incurrir en irregularidades que siempre debió evitar y de aquí el sinnúmero de cargos que se le imputan, no todos hijos de defectos propios, sino de capciosas y malévolas deducciones que han hecho los con- trarios con objeto de desprestigiarla. Esto no obstante y á pesar de cuanto nos queda que decir en contra de los ritos, prácticas y ceremonias que se establecieron á conse- cuencia de la excision que venimos historiando, justo es que opongamos una consi- deracion que nuestra imparcialidad nos lleva á hacer extensiva á todos los demás institutos por cualquier forma externa que de ellos pueda ser impugnada. En toda asociación lo mismo que en toda cuestión por aislada que se la considere, es forzoso distinguir el fondo de la forma para que después de analizados uno y otra detenidamente, pueda formarse juicio acerca de ella en total, sin incurrir en extravies ni dejarse impresionar demasiado pronto. Pasamos por todas las acusaciones que con respecto á la forma de las iniciaciones y á las demás ceremonias que practica, pueden hacerse á la masonería; pero justo es que recomendemos al propio tiempo mayor detenimiento por lo que se refiere al elevado fin que en su fondo late. Según lo que resulta.de los documentos que al efecto hemos exarninado y de las pruebas que nos suministran las razones alegadas por los disidentes y por los que quedaron corno siempre en la obediencia de la gran logia, el rito era unoé indivisible; dentro de los talleres reinaba la más perfecta igualdad de funciones y atribuciones entre todos los hernianos; no habia más que un maestro y éste aparecia con carácter distinto sólo por las funciones de presidente de la logia que desempeñaba. Al refor- marse la órden poniéndola en un todo de acuerdo con el carácter puramente moral de que se la investia, después de la constitución de la primera gran logia diéronse al olvido las divisiones ó reparaciones de grados entré aprendices, compañeros y maes-^ DE LA MASONERÍA 343 tros que resultaban de todo punto innecesarios. En efecto, estos grados sólo tenían perfecta razón de ser en los tiempos aquellos en que era la masonería la reunion de individuos dedicados al cultivo del mismo arte, acerca del que no podían ser iguales los conocimientos de los que llevaban consumidos en él los mejores años de su vida, y los de aquellos que acababan de ser admitidos; pero cuando la sociedad en que nos estamos ocupando dejó de ser una asociación de trabajadores en la acepción mate- rial que esta joalabra tiene, convirtiéndose en una agrupación de individuos cuyo principal objeto era practicar el bien y realizar la union intima y estrecha de todos los hombres, borrando fa separación que el clima, la raza y el color pudieran esta- blecer entre ellos, todos hablan de quedar iguales, siempre que acreditaran las mismas intenciones y los mismos buenos sentimientos. Ya sabemos que esta omisión fué una de las razones que alegaron los díscolos para pasar á constituir un poder masónico diferente, y naturalmentè persistiendo aquéllos en la senda porque se hablan lanzado, y éstos *en las pretensiones causa de la excision, resultaba que el fondo podria quedar el mismo á pesar de la falta crimi- nal de obediencia^ pero no asi la forma^ que tenia forzosamemte que ser distinta para los unos y para los otros. Prueba de nuestro aserto en apoyo de que la gran logia no había reconocido más que un solo ritual la hallamos en las ol)ras; The Grand miystery of the Freemasons discovered, j The Sea^et History of Masonry; Símba-S publicaciones llevan la fecha de 1725, lo cual prueba que al constituirse la gran logia no se hizo la indicada separación^ que después de todo ya acabamos de ver no tenia fundamento alguno. El vehemente deseo que manifestaran algunos de que la masonería volviera á re- girse por la antigua constitución dé York, es lo que puso sobre el tapete ésta division que después de las reformas introducidas en la masonería aparece consignada por primera vez en la obra de Prichard^ que lleva por titulo; La Francmasonería divi- dida, la cual, merced al descontento que habla surgido en muchos se vulgarizó bien pronto, sirviendo de porma y guia para muchas de las logias irregulares reciente- menté establecidas. Los primitivos rituales eran como fácilmente se puede compren- der, sumamente sencillos, sin que en ellos se advirtiera nada del lujoso aparato con que más tarde se ha querido presentar la iniciación de los indicados grados. No asi en los que se inti^odujeran multitud de preguntas y fórmulas que nada dicen y nada pueden justificar. Como quiera que es de suma importancia el conocimiento de estos detalles para que más y más robustecidas • queden las razones que venimos alegando, nos creemos én el deber de presentar aqui el Catecismo reformado de Prichard, que es aún el mismo que rige para los tres grados primitivos, debiendo advertir que el conferimiento de estos tres grados en los países en que el rito dominante es el esco- ees, pertenece á las logias simbólicas, miéntras que en aquellos donde el que se ejerce es el antiguo de York, no pueden otorgarlo más que las grandes logias.' Según el catecismo á que nos vamos á atener, luégo que en la tenida ordinaria de una logia se han llevado á cabo los trabajos precisos y cuando el venerable está im- puesto de que el que aspira al honor de ser recibido como individuo masónico sq ha- 344 ■ HISTORIA GENERAL lla en-la cámara de reflexiones, lo avisa á los circunstantes y una vez preparado todo convenientemente manda que lo acerquen al templo, decorado para tenida de grado primero, como nuestra lámina representa, y ordena que se le dé entrada; diri- gele la palabra encareciéndole su detenida atención hacia aquello que pretende y versan las primeras preguntas que le dirige acerca de lo que ha visto y observado en el lugar donde ha permanecido; manifiéstale seguidamente que para asegurarse de su aptitud van á llevarse á cabo las pruebas prescritas en el ritual á las que nece- sariamente tiene que someterse. Estas son: 1.° Sangre.—Con respecto á ésta en casi todos los manuales se hallan las si- guientes palabras que el venerable dirige al neófito: «Laidea, déla sangre no debe ad- mjraros. En las antiguas religiones representaba un gran papel. Casi todas estable- cían la purificación, la expiación y la redención por medio de la sangre. Casi todos los dioses la eMgían. Colchas inmoló á IJigenia, Jefté á su propia hija. Entre los hebreos se consagraban con .sangre los sacerdotes. «Enipaparás tu -dedo en sangre., dijo el Di'os de Moisés, y lo pondrás sobre la oreja derecha, y sobre los pulgares de la mano y pié derecho de Aaron y sus hijos;' la derramarás sobre su ca.besa y sus vestiduras. Mi altar debe estar perpetuamente regado con sangre (Levitico.)»El mis- mo Dios, ya lo sabéis, exigió y recibió la sangre de su hijo en expiación de los crime- nes del género humano; lo cual hacia decir á San Pablo, su apóstol: Non fit remissió- nis sanguinem effusione, no hubo perdón sin efusión de sangre. Nosotros no exigimos la vuestra por motivos de esta naturaleza, sino únicamente para que firméis el juramento que prestaréis ántes de" ser iniciado en nuestros miste- rios. La sangre dada con este objeto, demuestra la adhesion más perfecta; pero á pesar de esto, lejos de desear que se derrame la sangre de nuestros semejantes, qui- siéramos por el contrario ver acabar los fatales errores que han hecho se manche la tierra con ella desde hace tantos siglos.» 2.° Agua.—El agua en las prácticas simbólicas y religiosas figura siempre para lavar las manchas del alma lo mismo que lava las del cuerpo. Conocéis las aguas lus- trales de los antiguos, la piscina de Siloe, que estaba á la puerta de Jerusalen, el bau- tismó de los cristianos y las aspersiones que se hacen sobre el pueblo para arrojar los malos espíritus. Asi es, que encontraréis en nuestras ceremonias una gran confraternidad con las ceremonias antiguas. 3." Sello, hierro candente.—Es preciso, caballero, que llevéis en vuestro cuerpo en todas una marca hecha con un hierro candente á fln.de que seáis reconocido par- tes como miembro de la gran familia. No es nueva esta costumbre, se ha practicado en casi todos los países. El indio se masones del pinta el cuerpo; el dervich se llena los miembros de incisiones; algunos interior del Africa, llevan grabados en el pecho los signos de la masonería, yen Euro- pa la mayor parte de los soldados se hacen con pólvora sobre el cuerpo trofeos en honor de su principe, de su patria ó de cualquier otro objeto de su ternura. 4.® Cáliz de amargura.—El venerable manda al esperto que acerque á los labios m ■«Sí. í '.5 Hti HISTORIA GENERAL luten i: de reflexiones, lo aviso ■■ ¡os oircnnstantes y uh» v% prepai- t .í>. toílo ívv'ovtínieutemente inunda Qae lo acorix'iQa- al- teni-jilo, décoi-^lo-pan» -'Criúáñ f:0,-Ao pruñero,.cotno lURísoa iáuüaá repres^onta; y ordena que se ic dé cnó.'dñ: «m-}.. i¡: su doíeniua aieraaon hacia qUe la;-:-■>¡11- *•••M-"• l■a■- p e- ííc- at'-ecióndoUr aquellíi- r;—alabra . - - • » » . . r yoísan ia^rimcras pre^çy^Lis. que !e dirií^e acerca de Jo que'.ha visto v tó.-,-rv-íá- en él lup-^ymie h0 Vr; y la sangre de su hijo en expiación de íor nos del género Inix'jano; ts -ccaí iiasMa debir á San Pablo, su apóstol: Non.fit rws^^í^ ■ ■ nis ...angx/dfie'm efit^árut,- rio" hubo |)cid c sin efusión de sangre. ,' Nosotros ti-o cNigUítOH ?a vuestra por motivos de esta naturalem; shut firnwds el juhtíñeí.xo que prestaiéis ántes dé ser iniciadoq^ nnep ros, k P / para que rios. La sangre dada con esíc otqefo, deniuestra la adhesion mas : Aff ' ' ' pesar de esto, léjós de desear que se derrame iá saTigre de nuestros see w#,.<11^^ -siéramos por el contrario vet- acabar ios fatales errores que ii&n In-.d:- " iá tierm con ella desde hace tantos sigíos.» . 2.' 4t^íía.—El agua en las prácticas simbólicas y religiosas figure - oV prrir ' -layar las nlanohás del alma lo mismo que lava las del cuerpo. Cohü<íéi>#i^^ <^ í;ís Jos. ' traics (le los ntídguoSf la piscina de Siíoe, que estaba á la puerta de .íercxA- c: - ban- tlsmò'de los cristianos y ías aspersiones que se hacen sobre el pueblo pe - «ft'-ajar los málós espíritus. ■ , - 4:4 en nuestras ceremonias una gran coufraíci I ;on las ^ • ^ r rfvjTfontas antigiui" ^ Sa'/'iq/¿.erro c.nndfní(?.~-Es precisa, caballero, que llevéis en ^ cuerpo nïç- arca hecha .-Am un hierro candente á.fln.de-que seáis récbnoci#: . i.í,ís par- ■< .»v ímernoí-o de !a gran familia. • , , x' 'Ájeváesta '-¡stumbre, se ha practicado en casi tpdos los pÀ~:f ■ f mdio sé pitá Xi -po* el deryh.di se llena ios miernbros de incisiones^ aigun:w % •: >;tes.del iniCi' ■d'áf: e Hev-áfi grabados en el pecho los signos de la masone hi. y - n Euro- : ■p- ■ X '■ JDa«tb!;ados se hacen coa fx^lvora sobre etd.ogip . troicoe en hot X . t u: SU' pqtria ó de coalquicr otro olyeto dé su íAraxra 4 Cíi 'x dréxiny -El venerable marida al esperto que acçxqu'- ^biOS yA; ■ • bx- ¡ i V, k¿Í-^4 .:X3ÍÚb:- id. ü DE l .A MASONERÍA 345 del iniciando una copa llena de amarguísima bebida de la que el aspirante prueba y que es una representación de las penalidades y aflicciones que cada uno y todos ex- perimentamos en la vida. 5.° Llamas.—En esta prueba el enunciado sólo basta; se anuncia al aspirante que tendrá que pasar por encima de encendidas brasas y cruzar por entre mil acera- das espadas que se apoyarán en su pecho. Los hermanos concurrentes á la ceremo- nia de la iniciación, solicitan gracia para el aspirante y relevado de sufrir esta prue- ha, se le da luz, inmediatamente después de lo cual presta juramento. Pudiéramos no decir nada acerca de estas pruebas que como ya en más de una ocasión hemos manifestado no tienen ni pueden tener fundamento alguno, asi como tampoco se alcanza la necesidad que hubiera para establecerla. De la misma manera que en la vida social se renuevan modas que mucho tiempo se usaron y volvemos los modernos á vestirnos trajes que gastaron nuestros mayores, asi en sociedad tam- bien se renuevan los anticuados usos que podían explicarse perfectamente en los tiempos en que fueron inventados, pero que no encuadran para nada en las asociacio- nes modernas. Esto debieron tenerlo muy presente aquellos que deseando sin duda el engrandecimiento de la órden, creyeron de todo punto necesario rodearla de un aparato impropio de todo punto y que ha contribuido más que á nada á su despres- tigio y ruina, ruina sólo en el ánimo de aquellos que no sefljanmásq.ueenlasexterio- ridades, y que á toda costa quieren deducir el fondo de las mismas por las manifesta- ciones externas que presenta. Debieron tener presente la ligereza de los humanos en el juicio, aquellos que á todo trance querían asignar á la institución masónica un carácter de antigüedad que en manera alguna tiene, y á este fin prevenirse contra las argucias de que sus propios enemigos hablan de echar mano á fin de convertir el pueril deseo en arma poderosísima, que esgrimida hábilmente darla lugar al des- prestigio sin que en cambio les hubiera reportado ventaja alguna, mas no quisieron hacerlo asi; negáronse á conceder que la mejor senda era aquella por que se habla lan- zado la gran logia, y de error en error, llegaron al estado lastimoso que les acarreó tantos disgustos, principalmente por haber dado al olvido el carácter que la sociedad habia adquirido después de la reforma y los fines que á datar de ella se proponía conseguir. En ninguna de las religiones y sectas de la antigüedad faltan misterios ni pruebas, pero en ellas están unos y otros perfectamente justificados; aquellos sacerdotes que del culto á los dioses hablan hecho un monopolio, aquellos sacerdotes que compren- dían perfectamente que el dia en que se vulgarizaran los conocimientos en que con- sistia su poder, éste tendría que caer por su base, era necesario que tomaran toda clase de medidas á fin de asegurarse de que aquel á quien recibian en su seno y al que paulatinamente tendrían que dar conocimiento de sus misterios, era un hombre seguro, pronto para arrostrar toda clase de peligros ántes que hacer ninguna mani- testación que lo pudiera comprometer, asi como también de que poseía condiciones para emprender toda clase de actos. Ciertamente que al conocimiento de esto puede llegarse por mil medios diversos, pero en aquellas civilizaciones primitivas tenemos 44 346 HISTORIA GENERAL que disculpar que se recurriera á las pruebas materiales únicas que herían los senti- dos, únicas que podian satisfacer^ pero en nuestro tiempo, hechos semejantes, no pueden tener justificativo mucho ménos cuando directamente se refieren á la socie- dad masónica. La órden que historiamos de nada ha hecho monopolio, ni tiene misterios, ni secretos que guardar, la masonería necesita sólo hombres hábiles, hom- bres dignos, hombres de buena fe, porque su misión es pacifica, su único anhelo es la union estrecha de todos ios liombres y para esto no le hace falta convencerse de que el iniciando es un hombre esforzado, de ánimo resuelto lo mismo para el bien que para el mal. Ademas, y por mucho que en contrario se diga, es necesario conceder que no comparece ante la logia ningún individuo de los que se van á iniciar el cual ignore que todas las pruebas á que lo van á someter son puras artimañas de las que no le resultará mal alguno, que el hermano terrible es un amigo suyo y que todos los que se hallan en aquellos bancos y de los que percibe el murmullo de la conversación son conocidos que en modo alguno podiian tolerar la menor infamia; ¿para qué sir- ven, pues, las pruebas? Sirven, con efecto, para que los contrarios aleguen que cuando se han establecido, las miras de la órden no pueden ser recomendables y sirven también para que se for- men acerca de ella juicios equivocos á los que no pueden ménos de dar lugar redacció- nes faltas de fundamento, digámoslo asi, como las que se encuentran en ciertos ma- nuales, resultado de adiciones hechas á las primeras y de las que vamos á tener el gusto de trasladar la que figura en el rito escoces y que no es más que la plática dia- logada que el venerable dirige al neófito ántes de pasar á las pruebas. —Caballero, ¿os habéis preparado para este paso por medio de la reflexion, la sole- dad y la limosna? ¿Habéis cumplido las demás condiciones? ¿Cuál es vuestro designio al presentaros aqui? ¿Qué obstáculo encontráis en el mundo para practicar la virtud? ¡Cómo! El mundo, esa máquina á tanta costa organizada; que tiene maestros y doctores tan hábiles en todos géneros, ¿no hace, no enseña las cosas que deseáis? Pero la masonería, caballero, puede también tener sus imperfecciones, como todas las instituciones humanas, y, preciso es confesarlo, puede decirse que existen dos clases de masones; la una difamada y envilecida, de la cual se ha apoderado el vulgo la gobierna á su manera, es decir, sin órden, sin conciencia y sin razón; y la otra y reservada á los hombres fuertes, inteligentes, laboriosos, que comprenden que con el estudio y el valor puede elevarse el hombre á una altura que esté fuera del alcance de la fatal influencia del vicio y del engaño que infectan á la sociedad. Señor de ¿es en esta última masonería en la que deseáis entrar? ¿Consentis que examinemos si poseéis las cualidades necesarias para haceros dig- no de esta distinción ? En ese caso, vamos á saber muy pronto lo que pensáis, y por consiguiente, lo que valéis. ¿Os causa este exámen algun temor? No os preocupe el órden en que puedan seros DE LA MASONERÍA 347 hechas las preguntas; no penséis más que en reconcentraros para responder con exactitud. Tenemos la misión, no de instruiros, sino de saber qué instrucción habéis recibido y cómo la habéis aprovechado. ¿Prometéis hablar con entera sinceridad? Caballero, la masonería es una cosa seria. El espectáculo que habéis tenido á vuestra vista, os ha podido indicar por dón- de comenzamos nuestros estudios. ¿Qué habéis visto en el lugar donde se os ha encerrado ántes de conduciros aquí? ¡ La muerte! ¡ Un cadáver y lágrimas! ¡Lágrimas y un cadáver! Esta primera lección ha debido impresionaros. ¿Qué reflexiones habéis hecho? Se os ha despojado de vuestro dinero y alhajas, estáis casi desnudo, ¿qué pensáis del estado en que os encontráis? ' Después de la respuesta dice el venerable : —Este estado significa la necesidad de despojar al hombre de sus preocupaciones falsas ideas, para revestirle de un alma nueva y de nuevos sentimientos. Significa y el hombre es casi nada sin el auxilio de sus semejantes, que son necesarios, no que sólo vestidos dinero, si no virtudes, para tener figura humana y ser verdaderamen- y te hombre. Habéis hecho vuestro testamento, lo tengo yo en mis manos. Seguramente no ha- bréis creído que vuestra vida peligra; pero habéis debido deciros: moriré un día, vea- mos por qué medio he hecho mi existencia recomendable. El venerable lee el testamento y continúa : iQué es lo que el hombre debe á Diosí ¡Dios os ha creado, os ha dado un alma! ¡Dios! ¡Alma! ¿Comprendéis bien estas palabras? ¿Tratad de deflnirlas.' ¿Cuántos dioses hay? ¿Por qué en toda la antigüedad se creyó en muchos? Esta antigüedad tan sabia y de la cual tenemos modelos de perfección, ¿se habría equivocado en un solo punto, en el de la divinidad? razo- Sin embargo, el reconocimiento de dos principios parece ser una concepción nable, porque, ¿cómo explicar el bien y el mal proviniendo del mismo origen? (Causas primeras, causas segundas.) Aunque estas preguntas se relacionan con lo que se llama teologia, no creáis que los masones se entreguen á discusiones religiosas ó políticas. No, caballero, no son lo un suficientemente indiscretos para cometer esta falta. Nosotros caminamos por órden de ideas más fijo y ménos arriesgado. Sólo algunas veces hacemos lo que se acostumbra en las escuelas de filosofía; interrogamos al neófito para conocer desde luégo si tiene talento y el uso que son capaces de hacer de él. Prosigamos, pues. No hay más que un Dios; esto está probado. ¿Cuántas religiones hay? ¿Cómo se establecen las f-eligiones? 348 HISTORIA GENERAL {Zoroastro, Moisés y Mahoma.) gCuál es la manera de conocer el verdadero Dios? La creencia en un Dios es indis- pensable como base de toda moral, porque sin esta creencia todo llegaria á ser desór- den y crimen sobre la tierra, el olvido de las leyes^ la alevosía y el asesinato destruí- rían á la sociedad. Esta es una verdad enseñada en todos los pueblos y de la cual estáis convencido. Sin embargo, se presenta una objeción, y vais á resolverla. No es más que un poco de trabajo que quiero proporcionar á vuestro ingenio, pero la respuesta os será fácil. Hé aquí la objeción: Adán, (tomemos una de las teogonias más antiguas y más esparcidas, porque es preciso partir de un punto), Adán creia seguramente en Dios, puesto que procedia directameilte de sus manos y le había hablado como yo os hablo. Cain, su hijo, creia también en él. Sin embargo, el primero cometió el crimen que perdió al género bu- mano y el segundo asesinó á su hermano en presencia del mismo Dios. ¿Hubiera podido obrar peor si no hubiera creído en él? ¿Qué es la ignorancia? ¿Por qué los ignorantes son tan tercos, irascibles, perniciosos y crueles? ¿Porqué se degüellan los hombres unos á otros en nombre de Dios, principalmente desde hace catorce ó quince siglos? ¿Quién ha establecido el engaño entre los hombres? ¿Quién le mantiene? ¿De dónde proviene la creencia de muchas sectas de que el hombre nace cor- rompido? ¿Para qué sirve tal doctrina? ¿Podríais indicar la causa principal de las desgracias de los hombres? ¿Por qué no creó Dios el mundo sino desde hace cinco mil ochocientos y tantos años? Puesto que el mundo ha tenido un principio, según la opinion más generalmente admitida, ¿no podría suceder que hubiese existido otro mundo hace veinte ó cien mil años, cuyo mundo haya perecido como perecerá el nuestro? ¿Qué seria preciso hacer para que el verdadero Dios fuese conocido de todos los pueblos? ¿El error es útil á los hombres? ¿Cómo es que hay gentes que enseñan el error á sus semejantes? ¿Qué es la razón? ¿Qué diferencia encontráis entre la razón que Dios nos ha dado y la que ciertos doctores quisieran que tuviésemos? Caballero, todo esto nos enseña que hay grandes misterios que acompañan á la pobre humanidad. A comprenderlos, desenvolverlos y no ser sus victimas, se dedican los constantes afanes y trabajos de los sabios. ¿Quién ha inventado los misterios en todos tiempos? ¿Conocéis los de los antiguos? ¿Los de Egipto, de Lemnos y de Samothraciaf DE I.A MASONERÍA 349 ¿Qué pensáis de ellos? ¿Qué pensáis de las pruebas que era preciso sufrir para ser iniciado en ellos? Los misterios de los antiguos enseñaban el arte de gobernar á los hombres por medios bien opuestos; por la ciencia y por el error. En Egipto^ por ejemplo^ la ciencia era patrimonio de los sacerdotes y de los soberanos^ el error para los pueblos. La ciencia era un secreto que no podía revelarse más que á los adeptos escogidos. La ignorancia era el único y eterno patrimonio del vulgo; fácilme'nte se concibe el resul- tado de semejante combinación. Nosotros también tenemos nuestros misterios y pronto conoceréis si nos sirve de modelo el sistema de los antiguos. Nosotros tenemos nuestras pruebas; todas las asociaciones particulares tienen las suyas. Vais á pasar por ellas, es nuestra ley. No os turbéis, conservad vuestra sere- nidad, para que podáis dar cuenta de las impresiones que hayáis experimentado. Dad la mano al conductor que va á guiaros. El venerable dará un golpe y se ejecuta el primer viaje. Terminado el primer viaje, el venerable dice; —¿Qué pensáis de lo que acaba de sucederos? Ese ruido, ese tumulto, esos sacudimientos, ese desorden, son la imágen del mun- do profano en que habéis vivido hasta ahora; son las guerras, las pasiones, los odios, las traiciones, las envidias, las desgracias y tormentos de todas clases que persiguen al hombre virtuoso sobre la tierra, y que son el fatal resultado del error y de las malas instituciones. ¿Acaso habéis sufrido ya una parte de estos males? ¿Acaso habéis sido vendido, ultrajado ó perseguido? Tened valor, la masonería enseña á sufrir; la virtud prepara consuelos mayores de lo que os figuráis, pero esta virtud es preciso buscarla, es pre- ciso adquirirla. Vuestro primer viaje ha terminado, procurad que os sea provechoso. Hemos hablado de Dios y del alma. El espíritu del hombre se confunde con estas ideas; no es lo bastante despejado ni libre para tratar semejantes materias. Vamos á ocuparnos de otros objetos que están más á su alcance. La segunda parte de vuestro testamento encierra esta pregunta: iQué se debe el hombre á si mismof El hombre se debe el honor, la verdad, el estudio, la instrucción para mejorar su sér y guiarse en los senderos de la vida. ¿Qué habéis hecho para conocer la verdad? ¿Qué libro os ha hecho más impresión en vuestra juventud? ¿Creéis tener algunas ideas que nazcan de vuestro interior, independientemente de lo que os han dicho los libros y los maestros encargados de enseñaros? ¿Cuáles son? ¿Quién ha dirigido vuestra educación? ¿Estáis seguros de que vuestros maestros tenían la ilustración y buena fe necesa- rías en lo que os han enseñado? 350 HISTORIA GENERAL ¿En qué conocéis que os han dicho la verdad? Hay multitud de escuelas donde se enseña la astronomia, \di geometria, e\ álgebra, la fisica y todas las ciencias; ¿conocéis alguna en donde se enseñe verdaderamente al hombre á conocerse á si mismo, á honrarse, ksaber lo que nate; donde se le enseñe la justicia, la verdad y la humanidad^ Más adelante veréis si la masonería es esta única escuela. ¿Qué produce más riquezas á los que las enseñan: el engaño ó la verdad? ¿Qué concesiones creéis que el hombre de ingenio y de corazón debe hacer á la ignorancia y al vicio, para vivir tranquilo y no estar expuesto á peligros? (Sócrates, Galileo.) Cuando la razón y la verdad se destruyen, ¿en qué se distingue el hombre de los animales? Señor de... ejercéis la profesión de... ¿cuáles son los principales deberes de vues- tra profesión? ¿Qué temple de alma debe tener un ? ¿Qué os parece de los obstáculos y peligros que rodean á vuestra profesión? ¿Qué es la hipocresía? ¿Cuántas clases hay de hipocresía? ¿Qué opináis de los delatores? ¿Cuándo entre los romanos fueron más numerosos y estuvieron mejor recompen- sados? El reg Cambises hizo desollar vivo á un juez por haber prevaricado; mandó hacer un asiento de su piel y ordenó á un hijo del condenado, que estaba también encar- gado de administrar justicia, se sentase en aquel asiento. ¿Qué opináis de este terrible ejemplo? El venerable da un golpe y dice: —Haced emprender al aspirante el segundo viaje. Terminado el segundo viaje dice el venerable: —¿Qué pensáis de lo que acabáis de oír? Esta vez vuestro viaje ha sido ménos penoso, no habéis oído más que el choque de unas armas con otras. Este ruido os anuncia que, durante vuestra vida, tendréis acaso que combatir por la virtud, ó por la inocencia, y que entóneos es necesario no volverse atras ni temblar. La tercera parte de vuestro testamento contiene esta pregunta: ¿Qué debe el hotn- bre á sus semejaniesf Ya habéis dicho lo que le debe: mucho, casi todo, porque sin la idea de los otros, somos condenados, somos egoístas, malvados, relacionándolo todo á nosotros, y hasta acusando á los que hacen lo mismo, lo cual es el último término de la degrada- clon moral. Este sistema, felizmente, castiga por si mismo á los que le adoptan, puesto que, no amando á nadie,, no encuentran amigos. Caballero, ¿por qué á los antiguos les parecía dulce combatir y morir por la patria? DE LA MASONERIA -351 Era porque tenían una patria, porque amaban á sus conciudadanos^ porque eran hermanos y no formaban más que una familia; y la familia^ el estado, la gloria, todo perece, cuando la ambición personal, que no es más que el egoísmo, sustituye al amor de la. patria. ¿Qué pueblos son los que tienen una patria? A media voz. ¿Señor de os creéis hombre de corazón y capaz de fuertes resoluciones? ¿Hasta qué punto sabríais sacrificaros por nuestros semejantes? ¿Sabéis manejar la espada y las armas de fuego? ¿Podéis soportar el hambre, la sed, la fatiga y los viajes? ¿Amaríais lo bastante la verdad y la humanidad, para ir á enseñarlas á. países le- janos, si la masonería os enviase? ¿Recordáis alguna vez los males que el fanatismo y la superstición han causado sobre la tierra? ¿Os acordáis del esqueleto que habéis visto hace poco? ¿Os habéis atrevido á mirarle? ¿Habéis fijado la atención en el escrito sobre que reposa su cabeza? Es el acta de su muerte. ¿Sabéis lo qué es este esqueleto? Este esqueleto, caballero, es el de un hombre degollado el día de la Saint-Barthe- lemy, el 24 de Agosto de 1572. ¿Sabéis lo qué es la Saint-Barthelemy? Antiguos masones recogieron este cadáver y nosotros le conservamos para ense- fiarle á los iniciados, á fin de que aprendan lo que es el fanatismo y la superstición, y los crímenes y horrores que engendran. Este esqueleto lo tenéis ahora delante, váis á verle; no os asustéis, tiene en la mano el relato de aquella carnicería y la lista de los muertos. Extended la vuestra y ponedla sobre la cabeza de ese desgraciado Pero no, detenéos. No someteré vuestra sensi- bilidad á semejante prueba. Que se lleven ese cadàver. El aspirante no necesita la presencia horrible de los muertos para saber que, por opiniones, no se debe jamas perseguir ni derramar la sangre de los semejantes. Caballero, ¿dedicaréis eternamente vuestro talento y elocuencia al sostenimiento de la inocencia y de la virtud? ¿Lo prometéis? —Expertos, preparad los instrumentos de las pruebas, el fuego, el agua,-los bre- vajes y las vasijas destinadas á recibir la sangre. —No os asustéis por estas pruebas; son indispensables. Pero si creéis que no de- héis someteros á ellas, áun estáis á tiempo; podéis retiraros. No queremos añadir una palabra más, pues hay consideraciones que se deben omitir en gracia á los mismos lectores, pero cumple á nuestro deber llamar la aten- clon de todos ellos acerca de lo que hubiera llegado á ser la masonería siguiendo por esta senda. Pasando ahora á la exposición de las fórmulas y catecismos introducidos por los 352 HISTORIA GENERAL innovadores que tanto apego manifestaban por la constitución de York, hagamos en primer término las solemnidades de apertura que se llevan á cabo con la fórmula siguiente: Venerable.—Hermano primer vigilante, ¿cuál es vuestro primer deber en logia? Primer vigilante.—Ver si estamos á cubierto de la indiscreción de los profanos, venerable maestro. Venerable.—Aseguraos si lo estamos.' El primer vigilante envia al segundo diácono á recorrer el vestíbulo del templo, acompañado del guarda templo, quienes después de haber llenado sus funciones lo participan al primer vigilante y éste dice: Primer vigilante.—Estamos á cubierto, venerable maestro. Venerable.—¿Cuál es vuestro segundo deber? , Primer vigilante.—Ver si todos los hermanos presentes son aprendices masones. Venerable.—Aseguráos de ello en union del hermano segundo vigilante. Los vigilantes recorren con la vista sus respectivas columnas, y estando seguros de que todos los hermanos presentes son aprendices masones regulares, dicen: Segundo vigilante.—Todos los hermanos que decoran mi columna son aprendices masones regulares^ venerable maestro. Primer vigilante. Repite lo mismo. Venerable.—Hermano segundo diácono, ¿cuál es vuestro lugar en logia? Segundo diácono.—Detras ó á la derecha del primer vigilante, si me fuere per- mitido. Venerable.—¿Para qué^ hermano mió? Segundo diácono.—Para llevar sus órdenes al segundo vigilante y ver si todos los hermanos están al órden. Venerable.—¿Qué lugar ocupa el primer diácono en la logia? Segundo diácono.—Detras ó á la derecha del venerable maestro, si le fuere per- mitido. Venerable al primer diácono.—¿Para qué hermano mío? Primer diácono.—Para conducir vuestras órdenes al primer vigilante y á los de- mas dignatarios y oficiales del taller, á fin de que los trabajos se ejecuten con pronti- tud y órden. Venerable.—¿Qué lugar ocupa el segundo vigilante en logia? Primer diácono.—Al Sur, venerable maestro. Venerable al segundo vigilante.—¿Para qué, hermano rnio? Segundo vigilante.—Para mejor observar al sol en su meridiano, conducir á los obreros de los trabajos á la recreación, y traerlos de ésta á los trabajos^ para que el venerable mtiestro saque honra y provecho. Venerable.—¿Cuál es el lugar del primer vigilante en logia? Segundo vigilante.—Al Occidente, venerable maestro. Venerable (al primer vigilante).—¿Por qué os colocáis en este lugar, hermano mió? Primer vigilante.—Como en esta parte del mundo termina el sol su carrera, el pri- DE LA MASONERÍA 353 mer vigilante se sienta aqui para ayudar al venerable maestro á abrir y cerrar la logia, pagar los obreros^ despedirles contentos y satisfechos y dar una buena acogida á los visitadores. Venerable—¿En qué lugar se coloca el venerable en logia? Primer vigilante.—Al Oriente, venerable maestro. Venerable.—¿Para qué, hermano mío? Primer vigilante.—Como en esta parte del mundo comienza el sol su carrera para abrir el día, asi el venerable maestro toma ese lugar para abrir la logia^ presidir nuestras tareas, darnos consejos é ilustrarnos con sus luces y conocimientos. Venerable.—En pié y al orden, hermanos míos. ¿Cuánto tiempo debemos trabajar en el grado de aprendiz, hermano primer vigilante? Primer vigilante.—Desde mediodía hasta media noche. Venerable.—¿Qué hora es, hermano primer vigilante? Primer vigilante.—Mediodía en punto, venerable maestro. Venerable.—¿Qué edad tenéis, hermano segundo vigilante? Segundo vigilante.—Tres años, venerable maestro. Venerable.—Pues en virtud de la hora y de la edad, invitad á los hermanos que decoran vuestra columna á que se unan á mi y á vosotros para ayudarnos á abrir la Respetable logia ( N .l ) en el primer grado del Rito antiguo escoces aceptado. Primer vigilante.—Hermanos de mi columna, de parte del venerable maestro os invito á que os unáis á él y á los vigilantes para abrir la logia en el primer grado. Segundo vigilante repite lo mismo, y añade:—Anunciado, venerable maestro. Concluido esto, el venerable da un golpe de mallete que repetirán los vigilantes, y volviéndose al primer diácono le tomará por el punto de aprendiz y al oido le dará la Palabra Sagrada; éste la llevará al primer vigilante y volverá á su puesto; el primer vigilante la comunicará al segundo diácono, quien la llevará al segundo vigilante y volverá á su lugar; el segundo vigilante dice: «Justo y perfecto, venerable maestro.» Entonces el venerable dispara la bateria con su mallete, y luégo que la hayan repetido los vigilantes, se quita el sombrero y dice: «En el nombre de Dios y de San Juan de Jerusalen, y en virtud de los poderes de que estoy revestido por declaro abiertos los trabajos de la Respetable logia, etc., en el primer grado del Rito antiguo esco- ees aceptado. A ninguno de vosotros, queridos hermanos, os es permitido tomar la palabra, pasar de una á otra columna ni cubrir el templo, sin el correspondiente per- miso de vuestro maestro. Conmigo, hermanos míos.» (Se hace el signo de saludo, aplausos y toman asiento.) Una vez constituida la logia en tenida, se discuten los asuntos pendientes, pero presuponiendo que los hermanos de ambas columnas sabén el catecismo del grado que desde la época citada, con más ó ménos alteración, viene siendo el siguiente: P. ¿Hay algo de común entre nosotros? R. Un culto. P. ¿Qué encierra este culto? R. Un secreto. 45 354 HISTORIA GENERAL P. ¿Cuál es ese secreto? R. La masonería. P. ¿Sois mason? (Se hace la señal de este grado.) P. ¿Cuál es el hombre que merece llevar este nombre? R. El hombre libre y de buenas costumbres. P. ¿Cómo habéis sido preparado? R. Disponiendo primero mi corazón. P. ¿A dónde fuisteis conducido después? R. A un lugar inmediato á la logia. P. ¿En qué estado estábais después de preparado y qué hicieron de vos? R. Ni desnudo ni vestido, privado de todos los metales y con una soga al cuello. En este estado me condujo ála puerta de la logia un amigo, que luégo reconoci ser un hermano. P. ¿Cómo pudisteis reconocer que os hallábais á la puerta de la logia, si teníais los ojos vendados? R. Porque alli me detuvieron y después fui advertido. P. ¿Cómo fuisteis introducido? R. Por tres grandes golpes. P. ¿Qué os exigieron ántes de entrar? R. Que dijera mi nombre, apellido, edad, residencia, estado civil, prefesion, reli- gion y lugar de mi nacimiento. P. ¿Qué se os mandó en seguida? R. Entrar. P. ¿Qué sentisteis al entrar? R. La punta de una espada ó de otra arma bajo la tetilla izquierda. P. ¿Qué se os preguntó? R. Si vela ó sentía algo, y contesté que nada vela ni sentía. P. ¿Qué otra pregunta se os hizo después y qué contestásteis? R. Se me preguntó en qué ponia mi confianza y contesté «que en Dios.» P. ¿Qué se hizo de vos en seguida? R. Me tomaron de la mano y me dijeron que nada temiera y siguiera á mi guia. P. ¿Qué hizo éste de vos? R. Me hizo dar tres vueltas alrededor de la logia. P. ¿En dónde encontrásteis el primer obstáculo? R. Al Sur, ante la columna del primer vigilante, á donde di nuevamente tres gol- ' pes como en la puerta. P. ¿Qué os contestaron? R. Me preguntaron quién era, y contesté como en la puerta: un profano que desea ser recibido mason. P. ¿En dónde encontrásteis el segundo obstáculo? DE LA MASONERÍA 355 R. Al Norte, delante del segundo vigilante, en donde di también tres golpes; se me preguntó quién era y contesté como al primer vigilante. P. ¿En dónde encontrásteis el tercer obstáculo? R. Al Oriente, delante del venerable maestro, en donde di los mismos golpes y contesté de la misma manera. P. ¿Qué se hizo entóneos de vos? R. Me condujeron al Occidente, en donde estaba el primer vigilante, para que me diese las primeras instrucciones del grado de aprendiz. P. ¿Cuáles os dió? R. Varias; haciéndome dar el primer paso formando el ángulo de un cuadrilongo á fin de que pudiese llegar al altar á prestar mi obligación. P. ¿Cómo la habéis prestado? R. En la tercera grada del Oriente y desnuda la rodilla y el pié izquierdo, el hom- bro derecho y la mano derecha colocada sobre la Biblia, la escuadra y el compás, se me hizo prestar el juramento solemne conocido por los masones. P. ¿Después de haber prestado vuestra obligación, cuál fué la primera cosa que se os dijo? R. Se me preguntó que era lo qué más deseaba. P. ¿Cuál fué vuestra respuesta? R. La luz. P. ¿Quién os dió la luz? R. El venerable maestro y los hermanos que se hallaban presentes. P. ¿Después recibisteis la luz, cuál fué el objeto que más llamó vuestra que atención? R. Una Biblia, una escuadra y un compás. P. ¿Qué se os dijo respecto de la significación deesas tres cosas? R. Que eran las tres grandes luces de la masonería. P. ¿Explicadme eso? R. La Biblia sostiene y dirije nuestra fe; la escuadra arregla nuestras acciones á los preceptos de la moral y el compás nos prescribe la equidad con que debemos tra- . tar á todos los hombres y en particular á nuestros hermanos. P. ¿Qué se os mostró en seguida? R. Tres luces sublimes. P. ¿Cuáles son esas luces? R. El sol, la luna y el maestro de la logia. P. ¿Con qué objeto? R. Seme dijo el sol acompaña á los obreros durante el dia, la luna durante que la noche y el venerable maestro gobierna y dirige los trabajos de la logia en todos tiempos. P. ¿Quiénes forman una logia? R. Tres, cinco y siete. P. ¿Por qué tres componen una logia? 356 HISTORIA GENERAL R. Porque fueron tres los grandes maestros empleados en la construcción del templo de Salomon. P. ¿Por qué cinco? R. Porque todos los hombres están dotados de cinco sentidos. P. ¿Cuáles son los cinco sentidos? R. El oido, el olfato^ la vista, el tacto y el gusto. P. ¿Qué uso tienen en la masonería? R. Tres son de un gran uso. P. ¿Decidme cuáles son? R. La vista para ver, el tacto para reconocer á nuestros hermanos, bien en las tinieblas ó á la luz, y el oido para oiría palabra. P. ¿Por qué siete componen una logia? R. Porque son siete las artes liberales. P. ¿Decidme cuáles son? R. La gramática, la retórica, la lógica, la aritmética, la geometria, la música y la astronomía. P. ¿De qué utilidad pueden ser á los masones? R. La gramática nos enseña á hablar y á escribir con propiedad los idiomas; la retórica el modo de discurrir sobre un objeto cualquiera; la lógica á distinguir lo ver- dadero de lo falso ó á formar juicios exactos; la aritmética el uso y valor de los núme- ros y el arte de medir la tierra, del mismo modo que los egipcios la empleaban para volver á hallar la porción de terreno que á cada uno correspondía después de las inundaciones del Nilo, que sumergen periódicamente a este pais y durante cuyo tiem- po sus habitantes se refugian en las montañas, inventando con igual objeto la geome- tria, ciencia que enseña á conocer la profundidad de los cuerpos, pues con la ayuda de esta ciencia auxiliar de la aritmética, les era más fácil recobrar con exactitud sus propiedades perdidas temporalmente; la música, el poder de la armonía y la astrono- mía, la regularidad con que ejecutan sus revoluciones los cuerpos del sistema pla- netario. P. ¿Qué forma tiene vuestra logia? R. Un cuadrilongo. P. ¿Cuál es su latitud? R. De Norte á Sur. P. ¿Y su longitud? R. De Oriente á Occidente. P. ¿Cuál es su altura? R. De la Tierra al Firmamento. P. ¿Y su profundidad? R. De la superficie de la Tierra al centro de la misma. P. ¿Por qué? R. Porque la masonería es universal. P. ¿Por qué vuestra logia está colocada de Oriente á Occidente? DE LA MASONERÍA 357 R. Porque el evangelio fué predicado primero en Oriente y después en Occidente. P. ¿Quién sostiene vuestra logia? R. Tres grandes columnas. P. ¿Cómo se llaman? R. Sabiduría, fuerza y belleza. P. ¿A quién representa la columna belleza? R. El segundo vigilante al Sur ó Mediodía. P. ¿Quién la columna fuerza? R. El primer vigilante al Occidente. P. ¿Quién la columna sabiduría? R. El maestro de la logia al Oriente. P. ¿Por qué los venerables maestros representan al Oriente esta última columna? R. Porque á ellos corresponde la inspección de los obreros y el tratar de conser- var la armenia en el taller. P. ¿Por qué el primer vigilante representa la columna fuerza al Occidente? R. Porque así como el sol termina su carrera en esta parte del mundo, del mismo modo el primer vigilante se coloca alli para pagar á los obreros, con cuyos salarios atienden á su subsistencia. P. ¿Por qué el segundo vigilante representa la columna belleza al Sur? R. Porque el mediodía es la parte del mundo en que el sol ostenta toda su belle- za y también la hora de descanso de los obreros, y desde donde el segundo vigilante puede observar mejor si éstos asisten con puntualidad á los trabajos á fin de que el venerable maestro saque de ellos el mejor provecho posible. P. ¿Por qué decimos que la logia está sostenida por estas tres grandes columnas? R. Porque sin la sabiduría, la fuerza y la belleza no hay perfección posible y nada puede subsistir. P. ¿Por qué? R. Porque la sabiduría inventa, la fuerza conserva y la belleza hermosea. P. ¿Qué sirve de cubierta á vuestra logia? R. Una bóveda celeste cubierta de nubes de distintos colores. P. ¿Qué ruta siguen los maestros? R. La que empieza en Oriente y termina, en Occidente. Este catecismo, este interrogatorio, tiene, como desde luégo y á primera vista se observa, ajustado todo su simbolismo á las antiguas prácticas y usos que en las cor- poraciones de la Edad media se usaban, y en aquello que un tanto se separa puede observarse como las influencias que determinan esta separación son bien ajenas al nuevo espíritu que la gran logia se había propuesto inculcar á la sociedad. No pocos han pretendido que tales fórmulas fueran arbitradas en el deseo de velar los misterios que no podían ser entendidos por los profanos. ¿Pero dónde están esos mis- torios? ¡Error profundo! En realidad, y tanto porque no existen como porque no debieron existir jamas en el seno de la masonería, se debió hablar de misterios: la sociedad que en primer término y como su único y principal fin se propone la union 358 HISTORIA GENERAL y armenia de todos los hombres que viven en la superficie de la tierra, no puede ni debe hablar de misterios, equiparándose á los antiguos cultos ó á las religiones reve- ladas; no debe mencionar siquiera prácticas secretas fantaseadas por aquéllos que sueñan con el fausto y las manifestaciones exteriores, porque hacerlo asi es falsear el carácter y exponer el credo á comentarios de los que en manera alguna les puede resultar favor. Ignorantes ó mal avisados lo quisieron asi, y ya hemos visto los resultados; primero, el ridiculo infligido; más tarde la falsedad de los gormogo- nes, sinónimos de jesuita, que se presentan en la escena hablando también de misterios y secretos, con los que han de causar sin disputa la felicidad del mundo. Esta felicidad del mundo no hay para qué dudar que la hubiera conseguido y la conseguirá la masonería, pero para ello no le es necesario la aparatosa ostentación de que muchos hacen alarde. En un humilde establo, sin fausto ni opulencia alguna, nació Jesucristo, cuya infancia y juventud pasaron ignoradas; inspirado más tarde por superiores destinos, se lanza á la predicación y emprende solo, luchando contra todas las opiniones politicas y religiosas, la obra magna de regenerar al mundo y lo regenera al fin, sin que sea nuestro ánimo dar á esta palabra el sentido místico que muchos le asignan; no, lo regenera porque la moral cristiana eleva el espíritu de los hombres á esferas en las que resultan irremisiblemente hermanos; lo regenera porque rompe las cadenas que ominosamente pesan sobre el infeliz reducido á la miserable esclavitud; porque borra arbitrarias diferencias que en su mayor parte estableció la fuerza; porque en fin espira diciendo; Amaos los unos de los otros como hermanos que sois. Todo esto lo realizó sin aparato alguno, sin vana ostentación, sin alharaca y sin jaleo: le bastó el mágico influjo de sus ideas elevadas y el buen designio de que se enrontraba animado. La masonería, siguiendo esta senda podia haber completado la obra haciendo llegar las ideas á su madurez en más breve espacio de tiempo, si los obstáculos que ha encontrado en su marcha no se hubieran opuesto á ello. Tiempo hace que se viene trabajando porque se prescinda de tanta traba, y llegará un día en que se consiga más; en tanto y por cuanto ahora nos ocupamos de la cuestión de ritos, á reserva de exponer en su dia lo que al francés se refiera, será justo digamos que cuando en la nación vecina quedó arbitrado, con objeto de que pudieran justificarse las palabras que se aventuraban, se tuvo muy buen cuidado de reformar el catecismo, y siendo nuestro deseo el dar á conocer á los lectores cuanto á este objeto se refiera, conviene desde luégo trasladar el catecismo francés para después establecer el para- lelo, no haciendo lo mismo con las ceremonias de apertura, porque en el fondo resul- tan las mismas, asi como también las demás formalidades. El catecismo del rito francés, según se halla en los primitivos y más puros textos, es el siguiente: P. Venerable.—¿De dónde venis, hermano mío? R. Iniciado.—De la logia de San Juan. P. ¿Qué se hace en la logia de San Juan? R. Se elevan templos á la virtud y se construyen calabozos para los vicios. P. ¿Qué traéis? de la masonería 359 R. Salud, fuerza y union. P. ¿Qué venís á hacer aquí? R. A vencer mis pasiones, someter mi voluntad y hacer nuevos progresos en la masonería. P. ¿Qué entendéis por la masonería? R. El estudio de las ciencias y la práctica de las virtudes. P. Decidme lo que es un mason R. Un homLre libre, amante de su patria, fiel á las leyes y amigo de los hombres cuando son virtuosos. P. ¿En qué conoceremos que sois mason? R. En mis signos, palabras y tocamientos y en las circunstancias de mi recepción. P. ¿Cuáles son los instrumentos de un mason? R. La escuadra, el nivel y la perpendicular. P. ¿Cuáles son los tocamientos? R. Los que sirven para reconocer reciprocamente á los hermanos. P. ¿Por qué os habéis hecho reconocer mason? R. Porque estaba en las tinieblas y deseaba conocer la luz. P. ¿Qué significa la luz? R. Es el emblema de todas las virtudes y el símbolo del G.'. A.'. D.-. U.-. P. ¿Dónde habéis sido recibido mason? R. En una logia perfecta. P. ¿Cuáles son los tres maestros de una logia perfecta? R. Un venerable y dos vigilantes. P. ¿Cuáles son los de la Junta? R. Los tres primeros y dos maestros. P. ¿Cuáles son por último los siete hermanos que forman una logia perfecta? R. Un venerable, dos vigilantes, dos maestros, un compañero y un aprendiz. P. ¿Quién os preparó para ser recibido mason? R. Un experto, un venerable. P. ¿En dónde fuisteis preparado? R. En el cuarto de reflexiones. P. ¿Por qué os introdujeron en el cuarto de reflexiones? R. Para dejarme entregado á mis meditaciones y pensamientos; porque todo hombre que quiere adoptar un estado en sociedad, debe consultar su corazón en el silencio y reflexionar con madurez acerca de las obligaciones que va á con- traer. P. ¿Qué exigió de vos el experto? R. Mi nombre, apellido, edad, lugar de mi nacimiento, mis cualidades civiles, mi estado y si me presentaba de mi propia voluntad á ser recibido mason. P. ¿Quién os procuró el favor de ser recibido mason? R. Un amigo virtuoso que después reconocí por hermano. P. ¿En qué estado habéis sido presentado en logia? 360 HISTORIA GENERAI. R. Ni desnudo, ni vestido; pero de un modo que no pugnaba con las buenas eos- tumbres, habiéndoseme despojado ántes de todos mis metales. P. ¿Por qué el experto os puso en tal estado? R. Para probarme que el lujo es un vicio que no engaña sino al mundo profano, y que el hombre que quiere ser virtuoso debe estar libre de preocupaciones. . P. ¿Por qué os despojaron de todos los metales? R. Porque son el símbolo de todos los vicios, y dándome á conocer que un buen mason no debe poseer nada propio. ,P. ¿Cómo habéis sido introducido en logia? R. Por tres grandes golpes. P. ¿Qué significan esos golpes? R. Corresponden á las tres palabras del Evangelio: pedid, os darán; buscad, en- centraréis; tocad, os abrirán. P. ¿Qué produjeron esos tres grandes golpes? R. La apertura de la logia. P. ¿Cuando fué abierta, qué hizo el experto de vos? R. Me entregó al hermano Terrible y éste me colocó entre columnas. P. ¿Qué habéis visto cuando entrasteis en logia? R. Nada que el entendimiento humano pudiese comprender. Una venda cubría mis ojos. P. ¿Por qué os pusieron una venda sobre los ojos? R. Para hacerme entender que la ignorancia es perjudicial á la felicidad de los hombres. P. ¿Qué hicieron de vos luégo que estuvisteis entre columnas? R. Me hicieron viajar tres veces del Occidente al Oriente por la ruta del Norte, y del Oriente al Occidente por la ruta del Mediodía. P. ¿Para qué os hicieron viajar? R. Me dijeron que por este medio hallaría lo que buscaba. P. ¿Qué esperábais hallar en aquellos viajes penosos? R. La luz. P. ¿La encontrásteis? R. Después, venerable maestro. P. ¿Quién os procuró lo que buscábais? R. El venerable maestro de la logia, después de haber obtenido el consentimiento de todos los hermanos y de haberme sometido á todas las pruebas necesarias y reci- bido de mí un juramento solemne de guardar fielmente los secretos de la vida. P. ¿Cómo estábais cuando hicisteis este juramento? R! En un cuadro perfecto: tenia el zapato del pié izquierdo descalzo, la rodilla derecha desnuda y en escuadra, la mano derecha sobre la Riblia y en la izquierda un compás medio abierto con un extremo apoyado sobre el corazón. P. ¿Os acordáis bien de esta obligación? R. Si, venerable maestro. DE LA MASONERÍA 361 P. Comenzad^ pues. R. «Yo, N. N., de mi libre y espontánea voluntad, prometo y juro solemnemente ante el Gran Arquitecto del Universo y de esta respetable asamblea de masones, ser flel á mi patria y á mis hermanos, amarles de todo corazón y socorrerles según mis facultades; prometo también respetar las mujeres, bijas y hermanas de mis hermanos, ser honesto en mi conducta, prudente en mis acciones, moderado en mis discursos, sobrio en mis gustos, justo en mis placeres, equitativo en mis decisiones, honrado en mis procederes, humano, generoso y caritativo con todos los hombres y especial- mente con mis hermanos. Prometo igualmente obedecer á mis superiores en todo lo que me sea prescrito para el bien y felicidad general relativamente á la orden, á la que consagraré toda mi vida; prometo, en fin, ser discreto é impenetrable sobre todo lo que se me va á confiar. Que el Gran Arquitecto del Universo me ayude. P. ¿Qué visteis cuando se os dió la luz? R. Todos los hermanos armados de espadas, cuyas puntas se dirigian á mi pecho. P. ¿Por qué? R. Para mostrarme que estarían tan pronto á derramar su sangre por mi si era flel á la Obligación que bahía contraído, como á castigarme si fuese perjuro. P. ¿Por qué os hicieron dar esos tres grandes pasos hacia el Oriente? R. Para darme á conocer el camino que debo seguir y cómo deben andar los aprendices de nuestra Orden. P. ¿Qué significa esta marcha? R. El celo que debemos mostrar marchando hacia Aquél que nos ilumina. P' ¿Por qué teniais la rodilla desnuda y el zapato descalzado? R. Para enseñarme que un mason debe ser humilde. P. ¿Por qué se os puso un compás sobre la tetilla izquierda desnuda? R. Para mostrarme que el corazón de un mason debe ser justo y estar siempre descubierto. P. ¿Por qué teníais el brazo desnudo? R. Para hacerme ver que mi primera obligación es la de consagrar mi brazo á la defensa de mi patria. P. ¿Qué os dieron? R. Un signo, un tocamiento y una palabra. P. Dadme el signo. (Para responder se hace). P. ¿Cómo se llama? R. Gutural. P. ¿Qué significa? R. Una parte de mi obligación; que debo preferir me corten la garganta á revelar los secretos de los masones, á los profanos. 46 362 HISTORIA GENERAL P. Dad el tocamiento al hermano segundo vigilante. Lo da^ y éste hallándolo correcto dice: Justo y perfecto, venerable maestro. P. Dadme la Palabra Sagrada de aprendiz. R. Mi venerable, os la daré como la he aprendido, no me es permitido sino dele- trearla: dadme la primera letra y os daré la segunda; comenzad y os seguiré. (Se dele- trea alternativamente). P. ¿Qué significa esta palabra? R. «Que la sabiduría está en Dios.» Este era el nombre de una columna de bronce puesta al norte en el templo de Salomon, cerca de la cual se reunían los aprendices para recibir sus salarios. P. ¿Por qué se reunían los aprendices cerca de esta columna? R. Porque no habiendo adquirido aún la fuerza y conocimiento necesarios en los trabajos masónicos, se juntaban allí para acostumbrarse á ellos y recibir instruc- ciones. P. ¿No os dieron nada más cuando os recibieron mason? R. Se me dió un delantal blanco y guantes de hombre y de mujer del mismo color. P. ¿Qué significa el delantal? R. Es el símbolo del trabajo; su blancura nos demuestra el candor de nuestras costumbres y la igualdad que debe reinar entre nosotros. P. ¿Por qué os han dado guantes blancos? R. Para enseñarme que un mason no debe manchar jamas sus manos con la iniquidad. P. ¿Por qué os dieron guantes de mujer? R. Para demostrame que debe estimarse y quererse á la mujer y" que no debe olvidársela un solo instante sin ser injusto. P. ¿Qué visteis luégo que fuisteis recibido mason? R. Tres grandes luces puestas en escuadra: la una al Oriente, la otra al Occidente y la última al mediodía. P. ¿Qué significan esas tres luces? R. El sol, la luna y el venerable de la logia. P. ¿Para qué sirven? R. El sol alumbra de dia á los obreros, la luna durante la noche y el venerable en todo tiempo. P. ¿Cuál es el lugar del venerable en logia? R. Al Oriente. P. ¿Por qué? R. A ejemplo del sol que nace en el Oriente, allí el venerable se sienta para abrir la logia é ilustrarnos con sus luces. P. ¿En qué trabajan los aprendices? R. En desbastar la piedra bruta. P. ¿En dónde reciben su salario? "4 "^^·> «SSBM«H ' • HISTORIA GENERAL ; \ iM.d el tooami.entD-al horTRRiK> s«.-:aiHlo .yigvJaH ■ - .. , l4> ua, y éste. hallándolé^SoiTcoto Jusíò y peidecto; venerable maestro. ■ ■ JDadme la. Palabra Sagfada-de tí. l^ít venerable; os la tíaré r,Ó!,):- = m be ápréTubáo, no rne e's pèrmilido sino . .brearla; dadirie la-primera letra y dure la^ígmidayíMirnenzad y os seguiré. (Se dyu ■ trea alternatívarnente). • i íT-' •¿· -; • P- ¿.Qüé^signifiu'ía esta palabra? ■ - ■ . ;'r - R. .uvQué-iía saláduria está.-en Dios.» Este érarèl nombre de una eolujinm de ■ puesta al norte'en el templo de Salomon,, cerca _de. la cual '&& reunían los apügt#*#;-. para recibirsus salaries. .• - ." P: d,Popéfiié se, reunían ios aprendices'cerca de esta eolumna? R. /Porque no babtèndo adquirido aún la fuerza y cónocimiento neces-arui>í f^/ trabajos maaóñicGS, se jpníaban ailt para acostumbrarse A ellos y,r^ibif cienes.' P. ¿No os dieron nada más caí ando os recibieron mason? . R. S; . y guantes de hombre y. de mujer ,iv í i-ubu , ' color.' ' ■ ■ é. _ '( . , , '{• .'>uésignlílca el delmítal? . ■/ í' ii, Esly sl:ntR>lo-del trúbajO: Se bicncoi;: demuestra el cando 'r nugïAvs?- j cosíunibres y la jgnal<íad .que delHí reinar ern.m,nosüft.rQS. - ■. , P'.' .¿Por qué oahan dado guantes blancos? ' -. - / • . H,- :..Pám enseñarme que un :i"nasoi\,hO debe manchar jamas sus diármty ■ -d ;., ^'■jhiqukiad. . P. /^Por qújé.osi dieron .guantes de mujer? 1 - R-. Para dcmostrame que. debe es.timarse y quererse á, la, mujer y qiH- -r- é olvidárseia un solo instante sin ser irqusto. ■' , PÍ. visteis luego .que fuisteis recibido rhason? - i 1 ' : R, Tnts gra)fdes luces, puestas en.escuadra; la.una al Oriente, la. otra fd íy- dy/ía.úitima al medimlía. • • d V / P. / 4Q.ué. sígnidcan - esas tres luces? ^ " ' /ir/ P-, P1 s.oÍ>'»e luna y el venerable de ' la logia. ■ ■/ - "i : /H "; ' p/ _ 4Pám' qüéairvep?^';. ■. -- ■ .■ -■/:■. t' -.'' . i-p-' ■" - : d" ■ -EÍ sol alumbra de día á ios obreros, la luna durante la ríbclíe '' m \ Oí': tPíáfe bonpe-. ' ■ - : p. -iPí^.í^éi tugardíd ■ yeavrable.err logia?, c; ; , / ■■ R. Altire-nto,.'. ■ ' '■ - --v / /•' ' ' / ' / . ■ P.'".¿Por'qué? / #/■■ -,■;;■- '" , _ --■.y-A i:,. Jp ejém^o íM Avd iVvc í^ce en ePOHente,; allí el venerable se sienta pam aMíi IF i'trsírdrnos çv; -y:-, Uíces.- ■ ■ •. : i. / /-y ; .íéi-' •/trabajá^.ji-y íp.'tendices? •'ï-^:-' ■ - y' . ■ ííife . RP-'Ho u pí^'^^ Oí·uta/·,'yy/y/'•/;/y- , ■ ■ p.- 4i|;fí;si0nc. men sursáb Evsífïís DE LA MASONERÍA 363 R. En la columna del Norte. P. ¿Cómo lo reciben? R. Dando el signo, la palabra y el tocamiento. P. ¿Cuáles son los primeros deberes del mason? R. Observar fielmente las leyes del estado en donde el Gran Arquitecto del Uni- verso le haya destinado vivir, guardar silencio, observar prudencia, practicar la cari- dad, evitarla murmuración, la calumnia y la adversidad; en una palabra, huir del vicio y practicar la virtud. P. ¿Á qué hora se abre la logia de aprendices? R. Amediodia. P. ¿A qué hora se cierra? R. Á media noche. P. ¿Qué edad tenéis? R. Tres años. Observando atenta y fielmente lo que dejamos expuesto acerca de estos catecismos, nuestros lectores comprenderán como en vista de ellos resultan alteradas muchas de las ordenanzas porque la masonería se venia rigiendo, y como también se determina claramente la inclinación que desde luégo quisieron dar á la orden aquellos herma- nos díscolos y mal avenidos, que sin fijarse en el móvil principal que llevara á tantos hombres eminentes á realizar la reforma en la sociedad que historiamos, se propu- sieron conseguir fines bien ajenos á ella, en lo que desgraciadamente han persistido sin que nada les enseñe la experiencia y sin que nada quieran aprender por las duras lecciones recibidas. Desde luégo se observa en los diálogos que acabamos de transcribir, un aparato que nada dice y del que ninguna provechosa enseñanza puede, resultar, estando por completo olvidado iniciar á los neófitos en el carácter vérdaderamente trascendental que la masonería tiene y que podia haberse hecho en breve y compendiada frase. Lo mismo en el de un rito que en el de otro, advertimos contradicciones patentes que han de llamar desde luégo la atención de cuantos las vean; se enumeran condiciones y cualidades que han de presuponerse en el que solicita la iniciación desde mucho antes que se le confiera esto, y en fin, se opone por muchas de las razones que alega el concepto de igualdad que tanto preconiza, estableciendo desde luégo diferencias que separan profundamente á los unos de los otros, caso que cabe hacerlo perfecta- mente cuando hayan de emplearse conocimientos especiales y cuando sea necesario realizar un aprendizaje verdadero, pero no cuando lo imprescindible de todo punto es la buena fe y el amor al bien. CAPÍTULO XXffl. Exámen de los rituales introducidos con motivo de la excision.—Continuación.—Grado segundo.—Enunciado de Compañero.—Razón del título.—Catecismo de este grado según él rito escoces.—Discurso inicial.— Catecismo del rito francas.—Critica de estos documentos.—Exuberancia de formas é inutilidad del mayor número de las preguntas.—Grado tercero.—Maestro.—Catecismo de este grado.—Formalidades que im- plica.—Explicación y crítica de ellas.—Objeto que se han propuesto conseguir.—Ceremonias de recepción para compañeros y maestros.—Explicación quede ellas hacen los rituales.—Juramentos y signos de cada uno de estos grados.—Exámen cricito de cada uno de ellos.—Consideraciones generales. ONTiNUANDO el exámcn de los rituales que siti faltar en nada á la verdad podemos decir surgieron con la excision llevada al seno de la orden, por los que no manifestándose conformes con las decisiones de la gran logia y protestando de las innovaciones que según ellos realizaba, fueron los primeros en aumentarlas, tócanos ver ahora lo concerniente al grado segundo, ó sea el de compa- ñero, que tal nombre siguió teniendo como recuerdo de lo que la sociedad fuera en su origen. El catecismo de este grado, según el rito escoces, es el siguiente: P. ¿Sois compañero? R. Lo soy y podéis examinarme. P. ¿En dónde habéis sido recibido compañero? R. En una logia regular de compañeros. P. ¿En qué estado os encontrabais después de preparado? R. Ni dormido, ni vestido, con los piés medio descalzos y privado de todos los metales. En este estado me condujo un hermano á la puerta de la logia. P. ¿Cómo fuisteis admitido? R. Por tres grandes golpes. HISTORIA GENERAL DE LA MASONERÍA 365 P. ¿Qué se os preguntó? R. Quién era. P. ¿Qué contestásteis? al R. Un aprendiz que ha cumplido su tiempo y pide pasar de la perpendicular nivel. P. ¿Porqué aspirabais á tan señalado favor? R. Por que he nacido libre y soy de buenas costumbres. P. ¿Qué se os dijo entónces? R. Que entrara. P. ¿Qué hizo después el venerable maestro? R. Me hizo dar los cinco viajes de costumbre. P. ¿Qué se os dijo en seguida? R. Que prestara mis obligaciones. P. ¿Después de prestada la obligación, qué se os enseñó? R. El signo de compañero. P. ¿En dónde habéis trabajado después de ser admitido en este grado? R. En la construcción del templo de Salomon. P. ¿En dónde habéis recibido vuestro salario? R. En la columna J.'. P. ¿Qué habéis visto al llegar á esta columna? R. Un vigilante. P. ¿Por dónde os habéis dirigido á la columna J.\? R. Por el portico del atrio. P. ¿Visteis alli algun objeto notable? R. Sí, venerable maestro; dos hermosas columnas de bronce. P.' ¿Cuál es el nombre de estas columnas? R. B.-.yJ.-. P. ¿Qué alturas tenian estas columnas? R. Veinticinco piés cúbicos, con un capitel cada una de cinco piés, que hacen treinta piés de altura. P. ¿Qué formaba el adorno de los capiteles? R. Granados y lirios. P. ¿Eran sólidas las columnas? R. Si, venerable maestro. P. ¿Cuál era el diámetro de su cubierta exterior? R. Cuatro pulgadas. P. ¿En qué lugar fueron fundidas? R. En un llano cerca del Jordan, de una tierra arcillosa, entre Lescot y Lostau, en que también lo fueran los vasos de Salomon. P. ¿Quién los fundió? R. Hiram, arquitecto del Templo. Más que cuanto por nuestra cuenta pudiéramos decir, vale transcribir el discurso 366 HISTORIA GENERAL que se dirige al iniciado de este grado y lo hacemos para que nuestros lectores pue- dan juzgar: «Hermano, si os habéis penetrado bien de la significación emblemática de las ce- remonias que han tenido lugar en vuestra primera iniciación, esperamos que os será fácil comprender el sentido de aquéllas de que acabáis de ser una viva representación. No obstante, es posible que vuestra atención, ocupada con los objetos que se han presentado nuevamente á vuestra vista y con la idea de que os vais acercando al co- nocimiento de todos nuestros misterios, os haya alejado de la debida consideración que debéis dar á la instrucción de este grado, del cual sólo se os han hecho ligeras indicaciones. Mi deber es, por esta razón, explicaros las alegorías que hayais visto en el curso de esta segunda recepción ó bien conduciros por medio de observaciones oportunas á su verdadera inteligencia. »No habréis olvidado, según las instrucciones que ya os hemos dado en este taller, que la iniciación antigua constaba también de muchos grados. Hubiese sido, en ver- dad, poco acertado, que una institución que encerraba planes tan vastos y miras tan elevadas, que quería experimentar á sus adeptos ántes de confiarles las verdades que la iniciación se había propuesto propagar, hubiera sido poco acertado, que no hubie- se habido en ella diferentes clases de iniciados. Así es, que los incapaces de penetrar, y de un alma poco fuerte para sostener ciertas verdades, permanecían toda su vida en una escala muy inferior; no se les permitía que pasasen de la primera iniciación por reputárseles miembros peligrosos á la sociedad, y quedaban en ella como sirvien- tes del Templo, en donde sólo desempeñaban funciones subalternas; presunción que nos recuerda aquella máxima, «que nada es más perjudicial á la verdadera ciencia que los sabios á medias, ni más opuesto á la verdad que un fanático ó sectario igno- rante.» »Estaban, pues, los iniciados divididos en clases ó grados, en los cuales recibían una enseñanza distinta; del mismo modo cjue los masones modernos, contamos di- versos grados y reservamos á cada uno una instrucción especial. »E1 primer objeto sobre el cual se os llamó la atención al entrar en este lugar, fué la columna B, cerca de la cual habéis recibido vuestros salarios como aprendiz; letra inicial de la palabra sabiduría. En el segundo grado so os colocó cerca de la colum- na J, la cual es inicial de la palabra fuerza. Esto debe indicaros que si la sabiduría ha encaminado vuestros pasos á nuestros templos, es necesario quo la fuerza no os abandone para que podáis perseverar en el bien, que nada debe intimidaros, y que debéis soportar con valor los desvelos y fatigas que son indispensables si queréis llegar á la ciencia y al término do vuestros trabajos. »E1 aspecto de esa estrella resplandeciente, cuya luz inunda nuestro templo, y que en su centro lleva la letra G, debe haber llamado vuestra atención. La estrella es sim- bolo del Gran Arquitecto del Universo, y la letra es inicial de la palabra geometría, primera entre las ciencias, en la jerarquia de los conocimientos humanos. Esta cien- cía inapreciable ha proporcionado al hombre los primeros elementos de la concep- cion y es la que más ha contribuido al desarrollo de su inteligencia. Clave de todo DE LA MASONERÍA 367 saber, sólo las personas capaces de juicios sólidos, y acostumbrados al análisis, lie- gan á poseerla, siendo este método el que con ella nos familiariza y nos hace com- prender las más altas verdades. Ved, pues, el motivo por qué hemos hecho de ella un objeto de estudio del segundo grado. »Se han colocado en vuestras manos todos los instrumentos empleados en la cons- truccion del templo de Salomon, no dudando conocéis el uso que de ellos hacemos y os sirváis de cada uno cuando fuere necesario. No creáis que los templos de los antiguos iniciados estuviesen por eso convertidos en simples talleres de obreros me- cánicos, siendo distinta la idea que entre ellos quería expresar el empleo de aquellas herramientas: tal era la de demostrar la importancia del estudio de las ciencias en obsequio de la sociedad. No se limitaban los iniciados, en los subterráneos de las Pirámides, al sólo estudio de la geometria; también se consagraban al de la agficul- tura, primera necesidad del hombre; al progreso de la arquitectura, física, aritméti- ca, matemáticas, gramática, lógica, retórica, astronomia, política, ó arte de gobernar, la música y en fin, al cultivo de todos los demás conocimientos útiles y necesarios al adelanto y perfección rnoral del hombre. Muy fácil os sería formar un cálculo del tiempo que aquellos sabios destinaban al estudio, en cambio, sin embargo, jamas olvidaban sus deberes de humanidad, y sí, ad- mitidos en los templos, su educación duraba largo tiempo, también salían de ellos altamente áprovechados. Ved, pues, la historia que desde vuestra admisión al primer grado hemos tenido cuidado de daros á conocer. Hay ademas otros secretos que co- rresponden á la instrucción del segundo grado que acabáis de recibir, los cuales es- tán cubiertos bajo el velo de la alegoría y es mi deber revelároslos en la presente oca- sion. Habéis visto recorrer al hombre, en el estado natural ó salvaje, los diferentes gra- dos de la iniciación y aprender en las escuelas de la sabiduría las ciencias humanas, las cuales debe emplear en beneficio de sus semejantes, atendidas las circunstancias que le rodean. Ocupémonos ahora de la significación religiosa y emblemática de este grado. Se os ha dicho que la religion de los iniciados, cüyo objeto era el culto del Gran Arquitecto del Universo, solo Dios Creador, conservador y remunerador, se practica- ha bajo formas ó alegorías astronómicas, porque la observación de los grandes fenó- menos de la naturaleza habla conducido al hombre al conocimiento de una causa pri- mera, ocasionando en él tal asombro el órden, regularidad y constancia del sistema del universo, que desde luégo creyó deber rendir sus homenajes á un Sér Supremo, dejando á la filosofia el cuidado de alejar del nuevo culto toda superstición, y hacien- do comprender á los iniciados cuáles eran los atributos de la divinidad en él aplicados por el vulgo á los dioses de segundo órden, dioses que en su origen debieran hacer más perceptibles dichos atributos, como emanados de un ente superior, principio de todo poder y solo digno de nuestra adoración. Estas primeras nociones que se desprenden de las pruebas de la iniciación por las cuales habéis pasado, os deben haber hecho comprender que en ellas habéis repre- 368 HISTORIA GENERAL sentado de una manera figurada la revolución aparente del sol alrededor de nuestro globo. Hul)o un momento en vuestro primer grado en que este astro benéfico sale vio- torioso del combate contra Tefon, su eterno enemigo, genio del mal, dios de las tinie- bias, á causa de los rigores del invierno. La Luz que se os ha dado y que ha provoca- do las aclamaciones entusiastas de vuestros hermanos, era prueba de que el Sol se acercaba al equinoccio de primavera y nos anunciaba una estación de frutos y flores. Despertaba, pues, la naturaleza de su letargo y ostentaba nuevamente toda su lo- zania. Esta revolución periódica, que la naturaleza realiza en los doce meses del año, es la que continuáis representando bajo la alegoría del segundo grado y la razón porque aludiendo á ella, se han puesto en vuestras manos todos los instrumentos del traba- jo. ¿No os causa asombro la feliz concepción de nuestros misterios, descifrados en tan sencilla cpmo ingeniosa personificación? Sigamos el examen de los fenómenos de la reproducción. En la recepción del grado de aprendiz, en que representábais al Sol, no llegasteis más allá del equinoccio de primavera. El cordero, emblema del amor y de la repro- duccion, simboliza la Providencia bienhechora del Sér Supremo amparando la espe- cié humcna, creada á su imágen y semejanza, para que no desespere de su salvación y convenciendo al* hombre que la tierra no cesará en la reproducción de sus frutos; el Salvador.ha resucitado y que la vida está asegurada al hombre desde este mo- que mento, pero que el trabajo le es necesario y que es su deber depositar las semillas de las nuevas plantas en el seno de la tierra, para que no desmaye la reproducción, idea que os ha indicado el tñncel y el mallete con que debéis desbastar la piedra bruta. El signo Taurus, que sigue al del Cordero, es emblema del trabajo duro y penoso que es condición de nuestra existencia; siendo bajo la influencia de este signo ó sea durante el tiempo que el Sol se detiene en él, que los nuevos vástagos rechazan las plantas parásitas y extrañas, y tiene lugar el desarrollo de la buena semilla. Erais emblema de esta operación de la naturaleza cuando el segundo viaje se os confió la regla y el compás; la regla, para separar del tronco verdadero los abrojos que suelen oponerse á la germinación, y el compás, para dar á las plantas la distancia conveniente, á fin de que no malogren mutuamente su expansión ó desarrollo progresivos. En el tercer viaje, se pusieron en vuestras manos la regla y las tenazas, para que os enseñe la primera la manera de conservar las nuevas plantas, y os ayude, la se- gunda, á darles la postura ó precision más adecuada á la producción de buenos y abundantes frutos. También os acompaña la regla en el cuarto viaje, á la cual se aña- dió la escuadra, porque esta última, que es emblema de la rectitud, es señal de haber el Sol pasado del signo Taurus y de acercaros al complemento de la reproduc- cion. Sigúese, en fin, á este signo el de los gemelos, emblema de la union ó fusion délos agentes reproductores de la naturaleza. Es en efecto bajo este signo que se desenvuel- ven los órganos que han de continuar renovando la sucesión de las plantas, pudiendo vos mismo convenceros que es en esta época del año en la que el cáliz de la flor se abre DE LA MASONERÍA 369 y ofrece las partes que en botánica llamaríamos generativas, á la acción fecundante de sus análogas, distinguiéndolas casi como un punto imperceptible en el embrión de las frutas, que no tardan en adquirir proporciones regulares. El quinto y último via- je lo habéis hecho sin llevar objeto alguno en vuestras manos, porque habla termina- do su obra la naturaleza, y como vos, que la representáis, se encontraba libre y espe- dita, las flores hablan desaparecido y los frutos sazonaban y crecían á la vista, convi- dando al labrador al descanso y á la alegria, al ver recompensadas sus fatigas con una cosecha abundante, en que la tierra, cual madre generosa, habla tenido gran parte devolviendo ciento por uno en prueba de su constante laboriosidad. Comprenderéis, hermano mió, que la cosecha á.que aqui se alude hace referencia á vuestra feliz adquisición ó ascenso al grado segundo y á las ventajas que vuestra aplicación á nuestros trabajos podrá proporcionaros, siendo también recompensa de la constancia que habéis manifestado en vuestras pruebas, descansando por ahora en tanto seáis admitido á la participación de otros misterios, cuya instrucción nada os deje desear. Que el reposo á que os vais á entregar, no sea perdido para vos, y que los objetos que se han presentado á vuestra vista despierten vivamente vuestra medi- ditacion, de modo que poseáis los conocimientos que son indispensables en los altos grados, los cuales una vez adquiridos, podrán haceros comprender toda su impor- tanda. Permitidme que ántes de terminar esta breve instrucción, os recuerde, que sólo eí objeto de nuestros misterios es la perfección del hombre, y que esas formas materiales que habéis visto no son más que la muda representación de los fenómenos y revolu- ciones de la naturaleza, formas que en este momento no tienen otro objeto que elevar vuestra consideración hacia el Supremo autor de todas las cosas, que espera de vos el homenaje, siempre grato á su omnipotencia, del culto de la verdad y la práctica de todas las virtudes.» Lo mismo que en el de aprendiz hemos querido presentar á continuación el ca- tecismo de este grado por el ritual francés á fin de poder establecer el paralelo: P. Hermano mió, ¿sois compañero? R. Sí, lo soy, venerable maestro. P. ¿Cuál es el objeto que os anima, hermano mío? R. El venir á la asamblea de los compañeros para recibir vuestras luces, mi vene- rabie. P. ¿Cómo habéis llegado áeste grado? R. Por el celo, el trabajo y la prudencia. P. ¿Qué os han dado después de haberos concedido el grado de compañero? R. La significación de la letra G.*. P. ¿Qué significa esa letra? R. La geometría, quinta de las ciencias, y la más útil á los masones. P. ¿Dónde fuisteis recibido compañero? R. En una logia perfecta. P. ¿Quiénes son los que componen una logia perfecta? 47 370 HISTORIA GENERAL R. Siete, que son: un venerable maestro, dos vigilantes, tres maestros y un com- pañero. P. ¿Cómo os han recibido? R. Haciéndome pasar de la columna I á la columna B y subiendo cinco escalones del templo. P. ¿Qué os hicieron después de vuestra recepción? R. Me dieron un signo, un tocamiento, la palabra sagrada de compañero y la de paso. P. Dadme el signo. R. (Por respuesta se lo dá.) P. ¿Cómo se llama? R. Pectoral. P. ¿Qué significa? R. Que debo guardar los secretos de la masonería en mi pecho, bajo mi corazón, y que debo preferir me lo arranquen, antes que revelarlo á los profanos. P. Dad el tocamiento al segundo vigilante. R. (Obedece, y estando conforme, dice el segundo vigilante:—Justo y perfecto, mi venerable.) P. Dadme la palabra sagrada de compañero. R. (Por respuesta se da.) P. ¿Qué significa esta palabra? R. «Que la fuerza está en Dios.» Este era el nombre de la columna que estaba al Sur, cerca de la puerta del templo donde se juntaban los compañeros. P. ¿Cuál es la palabra de paso? R. (Seda.) P. ¿Qué quiere decir esta palabra? R. Numerosas como las espigas del trigo. Era la contraseña dada á la guardia de campo ó ejército de Jefté, capitán de los israelitas. Habiendo la tribu deEfraim cons- pirado, quiso salir del campo, pero los que no pudieron pronunciar estas palabras fueron muertos y arrojados al rio. P. ¿Habéis trabajado desde que sois compañero? R. Si, mi venerable. He trabajado en el Templo de Salomon. P. ¿Por qué puerta entrásteis? R. Por la puerta de Occidente. P. ¿Qué visteis al entrar? R. Dos grandes columnas. P. ¿De qué materia eran? R. De bronce. P. ¿Cuál era su altura? R. Diez y ocho grados. P. ¿Qué circunferencia? R. Doce grados. DE LA MASONERÍA 371 P. ¿De qué grueso era el bronce? R. De cuatro dedos. P. ¿De qué estaban adornadas? R. De capiteles. P. ¿Qué formaban cúspides? R. Dos globos en forma de esfera con lirios y granados. P. ¿Cuántos eran los lirios y granados? R. Cien y más. P. ¿Por qué decis cien y más? R. Porque los buenos masones son innumerables. P. ¿Para qué servía el interior de esta columna? R. Para encerrar los instrumentos de geometría y el tesoro para pagar los ope- rarios. P. ¿A quién estaba dedicada la logia donde os recibieron? R. A San Juan de Jerusalen. P. ¿Por qué? R. Porque en tiempo de la guerra de la Palestina los caballeros masones se unie_ ron con los caballeros de Jerusalen para combatir á los infieles^ y como bajo la pro- teccion de este gran Santo consiguieron la victoria, á la vuelta le rindieron gracias y convinieron entre si que todas las logias le serian dedicadas en adelante. P. ¿En qué parte está situada vuestra logia? R. Al Oriente del valle de Josafat, en un lugar donde reina la paz^ la virtud y la union. P. ¿Qué forma tiene? R. Cuadrada. P. ¿Qué largo? R. De Oriente á Occidente. P. ¿Qué ancho? R. De Norte á Sur. P. ¿Y su altura? R. Del cielo hasta la superficie de la tierra. P. ¿Y su profundidad? R. De la superficie de la tierra hasta su centro. P. ¿De qué está cubierta? R. De la bóveda celeste, bordada de estrellas. P. ¿Qué sostiene tan vasto edificio? R. Dos grandes columnas. P. ¿Cómo se llaman? R. Sabiduría y Fuerza. P. Explicadme eso. R. Sabiduría, para ilustrar, y fuerza, para sostener. P. ¿Tenéis algun ornamento en vuestra logia? 372 HISTORIA GENERAL R. Sí, mi venerable, en número de tres, que son: el enlosado de mosaico^ el cor- don enlazado y la estrella flamígera. P. ¿Qué representan estos ornamentos? R. El enlosado mosaico representa el suelo del pórtico grande del templo, el cor- don enlazado, los ornamentos exteriores, y la estrella flamígera, el centro de donde salió la verdadera luz. P. ¿No encierran otra signiflcacion estos ornamentos? R. Si, mi venerable: el enlosado mosaico, formado de diferentes piedras i untas y unida por cemento, demuestra la estrecha union que debe reinar entre los masones ligados por la virtud; el cordon enlazado es el emblema de los ornamentos exteriores de una logia y buenas costumbres de los hermanos que la componen; y la estrella fla- migera es el símbolo del Sol en todo el Universo. P. ¿Tenéis alguna alhaja en vuestra logia? R. Seis, mi venerable; tres movibles y tres inmovibles. P. ¿Cuáles son las movibles? R. La escuadra, el nivel y la perpendicular. P. ¿Por qué se llaman movibles? R. Porque pasan de un hermano á otro. P. ¿Para qué sirven? R. La escuadra para tirar un cuadrado perfecto, el nivel para arreglar la super- ñcie y la perpendicular para levantar un edificio sobre su base. P. ¿Cuáles son las alhajas inmovibles? R. La piedra bruta, la piedra cúbica para preparar y la plancha de trazar. P, ¿Cuáles son sus usos? R. La piedra bruta para trabajar los aprendices, la piedra cúbica, donde los com- pañeros preparan los instrumentos y la plancha de trazar para que los maestros ma- sones bosquejen y ordenen sus disposiciones. P. ¿No tienen otra significación simbólica estas alhajas? R. Si, venerable; la escuadra nos anuncia que todas nuestras acciones deben ser conformes á la rectitud; el nivel, que todos los hombres son iguales y por eso debe reinar una perfecta union entre los hermanos, y la perpendicular nos demuestra la estabilidad de nuestra órden, sostenida por la virtud; la piedra bruta en que trabajan los aprendices, es emblema del hombre susceptible de buenas ó malas impresiones; la piedra cúbica sirve para que los compañeros hagan instrumentos y nos recuerda que debemos velar sobre nosotros para no caer en los vicios, y la plancha de trazar de los maestros, es el buen ejemplo que nos facilita la práctica de las más eminentes virtudes. P. ¿Cuántas clases de masones hay? R. Dos: teóricos y prácticos. P. ¿Cuáles son los teóricos? R. Son los de nuestra órden que elevan templos á la virtud y construyen calabo- zos para los vicios. DE LA MASONERÍA 373 P. ¿Cuáles son los prácticos? R. Son los operarios que construyen los edificios materiales. P. ¿Para qué sirve el teórico? R. Sirve para guiarnos con sus principios y por su moral sublime, purificar nues- tras costumbres y hacernos útiles á la sociedad y al estado. P. ¿Cuáles son las leyes de la masonería? R. Perseguir al crimen y honrar la virtud. P. ¿Qué debe evitar un mason? R. La envidia, la calumnia y la destemplanza. P. ¿Qué debe observar? R. El silencio, la prudencia y la bondad. P. ¿Podréis decirme cuántos son los signos de la masonería? R. Son innumerables, pero se reducen á cuatro principales, á saber: el gutural, el pectoral, para recordarnos nuestra obligación; el manual, que sirve para dar el tocamiento y por él conocernos, y el pedestre, que nos enseña que todo buen mason debe marchar por el camino de la equidad, cuyo símbolo es la escuadra. P. ¿Cómo viajan los compañeros? R. Del Sur al Occidente y del Occidente al Oriente. P. ¿Qué significa esta marcha? R. Que un mason debe socorrer á sus hermanos aunque sea en lo más remoto del globo. P. ¿Dónde se ponen los compañeros en. logia? R. En la columna del Sur para recibir las órdenes de los maestros, P. ¿En dónde reciben su paga? R. En la columna R. P. ¿Habéis visto á vuestro maestro hoy? R. Sí, mi venerable. P. ¿Cómo estaba vestido? R. De oro y azul. P. ¿Qué significan estas dos palabras? R. Que un mason debe conservar la sabiduría y la grandeza de sus designios. P. ¿Qué edad tenéis? R. Cinco años. P. ¿Qué hora tenemos? R. Media noche. Si atentamente se considera cuanto en los catecismos de ambos ritos, y en el dis- curso que hemos trasladado se contiene, obsérvase, desde luégo, y sin gran trabajo, cuántas preguntas huelgan; acaso son de todo punto inútiles y áün grande es el núme- ro de las incluidas con el solo objeto de dar fasto y esplendor á recepciones que, ana- fizadas á la luz de la razón, no tienen fundamento alguno. Si nos remontamos en el tiempo hasta la época en que la masonería era puramente una sociedad de artesanos, formada con el único objeto de acaparar trabajo para 374 HISTORIA GENERAL atender á la satisfacción de sus necesidades y para defenderse de las agresiones que por razón del miserable estado eu que vivían tenian que sufrir de los más encumbra- dos, debemos comprender que al pasar el individuo de la categoría de aprendiz á la de maestro no podía sufrir un exámen como el establecido más tarde á tenor del catecis- mo trascrito. Entonces á lo que puramente debia estar reducido, era al de las materias que for- maban parte ó constituían la obligación que en adelante tendría que cumplir; entón- ees todas las preguntas que se le bicieran tenían que ser exclusivamente del arte de la construcción pues bien probado queda que en aquella época lo que propiamente se llamaba y era masonería, no tenia ni otro fin ni otro objeto. Al escuchar este razonamiento nuestro no faltará quien diga que si entonces care- cían del catecismo que hoy tienen era sólo por la indicada razón, y que si hoy lo po- seen se debe al carácter moral que ha adquirido la órden en los tiempos mo- demos. Consignada esta declaración y relacionando con ella nuestro asunto, casi no teñe- mos más que hacer que ver con detención el exámen que del iniciando se hace, para convencernos plenamente de que de la misma manera que durante largo espacio de tiempo se prescindió de la division de los hermanos en los grados que estamos anali- zando, pudo prescindirse también de estos exámenes, que á nada conducen y que han sido causa de humillantes sátiras y ataques á la órden que pudieran muy hien evitar- se, manteniéndose en los términos de que no debiera salir. Prosiguiendo nuestra tarea, veamos lo.referente al grado de maestro? P. ¿De dónde venís, hermano mío? R. Del Occidente. P. ¿A dónde vais? R. Al Oriente. P. ¿Por qué dejáis el Occidente para ir al Oriente? R. Porque la luz y el Evangelio aparecieron ántes en el Oriente? P. ¿Qué vais á buscar al Oriente? R. Una logia de maestro. P. ¿Sois vos maestro? R. Mis hermanos me reconocen por tal. P. ¿En dónde habéis sido recibido maestro? R. En una logia regular de maestros. P. ¿De qué manera os prepararon para ser recibido maestro? R. Me descalzaron ambos piés, me desnudaron el pecho y brazos, me despojaron de todos los metales y condujéronme en este estado á la puerta de la logia. P. ¿Cómo habéis sido admitido? R. Por cinco grandes golpes. P. ¿Qué os preguntaron? R. Quién era. P. ¿Qué respondisteis? DE LA MASONERÍA. 375 R. Un mason que ha concluido su tiempo como aprendiz y compañero y desea ser recibido maestro. P. ¿Cómo lográsteis llegar hasta alli? R. Por la palabra de paso. P. Dádmela. R. (Se da.) P. ¿Qué hicieron de vos en seguida? R. Me hicieron dar una vuelta alrededor de la logia. P. ¿Dónde habéis encontrado un obstáculo? R. Detras del muy respetable maestro. P. ¿Qué os preguntó? R. Me hizo la misma pregunta que al ser admitido en esta cámara. P. ¿Qué hizo entóneos de vos el muy respetable maestro? R. Me hizo conducir al Occidente, para que el muy respetable primer vigilante me diese las primeras instrucciones de este grado. P. ¿Cuáles son las instrucciones que habéis recibido? R. Me enseñó primeramente á dar al venerable maestro la señal de aprendiz y á marchar formando ángulos rectos de un cuadrilongo; después me hizo dar dos pasos trazando ángulos rectos y escuadras, según se practica en el grado de compañero, y por último me enseñó del mismo modo á dar tres pasos sobre un cuadrilongo; dobla- das y desnudas las rodillas, derecho el cuerpo, mi mano derecha sobre la Riblia y las dos puntas del compás apoyadas sobre el pecho, me exigió la obligación solemne de los maestros. P. ¿Qué os enseñó en seguida? R. El signo de maestro. (Se hace.) P. ¿No hay una palabra? R. Si, venerable maestro. P. Dádmela. R. (Se da.) P. ¿Podéis ir más léjos? R. De el aprendiz al compañero. P. Continuad, hermano mío. R. (Se da el tocamienio.) P. ¿Qué hizo después el hermano primer vigilante? R. Me dió el tocamiento de compañero, preguntándome quién era. P. ¿Qué contestásteis? R. Di la palabra sagrada de compañero. P. Dádmela. R. (Se da.) P. ¿Qué se os dijo entóneos? R. Que yo representaba á nuestro muy respetable maestro Hiram Abi, muerto durante la construcción del templo. 376 HISTORIA GENERAL P. ¿Qué hicieron de vos después de trazada la pieza de arquitecto de este grado? R. Me condujeron al lugar donde se hallaban los venerables maestros, primer y segundo vigilantes, que me interrogaron como los tres compañeros Jubello, Jubello y Jubellum habian hecho con nuestro muy respetable maestro Hiram Abi, hiriéndome del mismo modo. P. ¿Qué hicieron de vos en seguida? R. Me dieron en la frente un fuerte golpe con un mallete y me acostaron sobre el pavimento. P. ¿De qué manera os levantaron de alli? R. Por los cinco puntos perfectos de la masonería. P. ¿Qué significan estos cinco puntos? R. La union de las dos manos, que emplearé en socorrer á mis hermanos nece- sitados. La union de los dos piés, que nada podrá desviarme del cumplimiento de mis deberes en favor de un hermano. La union de las rodillas, que debo inclinarme de- lante del Todopoderoso al rogar por un hermano. La acción de unir un pecho á otro, que se me han confiado secretos importantes. Y la mano derecha sobre el hombro izquierdo, que sostendré á un hermano todo el tiempo que me sea posible. P. ¿Por qué os despojaron de todos los metales? R. Porque en la construcción del templo de Salomon no se emplearon herramien- tas ni utensilios de metal, no oyéndose ruido alguno que proviniese de esta causa. P. ¿Cómo fué posible construir un edificio semejante sin la ayuda de dichas berra- mientas? R. Porque los materiales habian sido preparados en el Monte Líbano, conducidos después á Jerusalen y colocados en el lugar respectivo del edificio por medio de má- quinas de madera hechas al efecto. P. ¿Por qué os encontrábais completamente descalzo? R. Porque el lugar donde me hallaba era tierra santa, pues Dios dijo á Moisés: «Separa el calzado de tus piés, porque el lugar en donde estás es tierra santa.» P. ¿En qué descansa vuestra logia? R. En tres grandes columnas, cuyos nombres son: Sabiduría, Fuerza y Belleza. P. ¿Qué representan estas tres columnas? R. Tres grandes maestros, á saber: Salomon, rey de Israel; Hiram, rey de Tiro, é Hiram Ahí, el hijo de la viuda de Dam. P. ¿Estaban estos tres grandes maestros interesados en la construcción del templo? R. Si, lo estaban, muy respetable maestro. P. ¿A qué se habian obligado? R. Salomon, á dar las provisiones y dinero que fuese necesario para el pago de los obreros; Hiram, rey de Tiro, á proporcionar los materiales, é Hiram Ahí á dirigir los trabajos de aquel magnifico edificio. A fin de que, como en los grados anteriores, pueda juzgarse de los usos establecí- dos en ambos ritos, trascribimos también en este grado el catecismo correspondiente al rito francés: DE LA MASONERÍA 377 P. ¿En dónde habéis estado, hermano mío? R. En el Occidente. P. ¿A dónde vais? R. Al Oriente. P. ¿Por qué dejáis el Occidente para ir al Oriente? R. Porque la luz del Evangelio apareció primero en Oriente. P. ¿Qué vais á hacer al Oriente? R. A buscar una logia de maestro. P. ¿Sois maestro? R. Todos los masones me conocen por tal. P. ¿Dónde habéis-sido recibido maestro? R. En una logia de maestros. P. ¿Cuántos son los que componen una logia de maestros? R. Siete: un respetable maestro, dos vigilantes y cuatro maestros. P. ¿Cómo habéis sido preparado para ser recibido maestro? R. Con los pies descalzos, los dos brazos y el pecho desnudos, y despojado de metales fui conducido á la puerta de la logia. P. ¿Cómo habéis sido admitido? R. Por tres grandes golpes y una soga puesta al cuello. P. ¿Qué os preguntaron? R. Quién está ahí. P. ¿Qué habéis contestado? R. Un mason que ha servido su tiempo de aprendiz y compañero y puede ser re- cibido maestro. P. ¿Cómo ha llegado aqui? R. Porque aspiro al sublime grado de maestro, confiado en que mis tareas han merecido la aprobación de los vigilantes. P. ¿Qué os hicieron después? R. Me dieron entrada y fui colocado entre columnas. P. ¿Qué visteis cuandó os permitieron la entrada? R. Horror, luto y tristeza. P. ¿Nada más habéis percibido? R. Si, una luz opaca que designaba la tumba de nuestro respetable maestro Hiram. P. ¿De qué tamaño era la tumba? R. De tres piés de ancho, cinco de profundidad y siete de largo. P. ¿Qué tenia encima? R. Una rama de acacia. P. ¿Qué os sucedió? • R. Me acusaron de un crimen horrible. P. ¿Quén os dió fortaleza? R. Mi inocencia. 48 378 HISTORIA GENERAL P. ¿Qué más os hicieron? R. Me mandaron por mandato del respetable maestro al segundo vigilante, quien me examinó en el signo, tocamiento y Palabra Sagrada de aprendiz y hallándome justo y perfecto, me mandó pasar al primer vigilante, quien me examinó en el signo, tocamiento y Palabra Sagrada de compañero; informaron favorablemente y mandan- do el respetable maestro conducirme al trono, me hizo arrodillar en la séptima gra- da, las dos manos puestas sobre la Biblia, y debajo de la bóveda de acero presté el solemne juramento de maestro, á saber: «Yo (N. de N.) de mi libre y espontánea voluntad, en presencia del Gran Arqui- tecto del Universo y de ésta respetable logia dedicada á San Juan, juro solemnemente no revelar jamas á persona alguna los secretos de maestro, compañero y aprendiz, sino á un verdadero y perfecto mason, reconocido por tal. Juro observar fielmente las leyes del estado en que vivo y todos ios mandatos de la muy respetable Gran logia y los que me dé la Sublime logia de maestros; guardar los secretos de mis hermanos, no hacer ningún perjuicio á un hermano, ni permitir que se lo hagan sin avisárselo y defenderle; servir á mis hermanos en cuanto esté en mi poder, siempre que ni yo ni mi familia suframos un grave daño. Juro y prometo respetar la mujer, la hijá, la her- mana y áun la amiga de mi hermano; no divulgar nada de lo qup pasa en la logia y conformarme en un todo á sus reglamentos. Juro ejecutarlo todo con la más firme resolución, bajo la pena de que mi cuerpo sea dividido en dos partes, la una llevada al Sur y la otra al Norte, mis entrañas quemadas, reducidas á cenizas y echadas á los cuatro vientos, á fin de que nada quede de mi entre los hombres- y particularmente entre los maestros masones: asi Dios me ayude. P. ¿Qué hicieron de vos después? R. Me hicieron pasar de la escuadra el compás. P. ¿Qué buscábais por aquel camino? R. La palabra de maestro que estaba perdida. P. ¿Cómo se perdió? R. Por tres grandes golpes, bajo los cuales sucumbí. P. ¿Quién os socorrió? R. La misma mano que me había herido. P. ¿Queréis explicarme esto? R. Nunca lo diré sino en secreto á uno de mis iguales y cuando se me obligue á ello. P. ¿Por qué fuisteis despojado de todos los metales? R. Porque cuando se construyó el templo de Salomon no se empleó ninguna herramienta de metal. P. ¿Por qué? R. Por respeto á la obra que se edificaba. P. ¿Cómo es posible, hermano mío, que tan gran monumento haya sido construí- do sin auxilio de herramientas de metal? R. Porque los materiales fueron preparados en lo más remoto del Monte Líbano, DE LA MASONERÍA 379 y llevados en carros destinados á este efecto, levantados y colocados con unos mazos de madera hechos á propósito. P. ¿Por qué teníais los piés descalzos? R. Porque el lugar en que estaba era tierra santa; pues Dios dijo á Moisés: «Qui- tute el calzado, porque el lugar en que pisas es tierra santa.» P. ¿Qué más habéis aprendido? R. Las circunstancias de ,1a muerte de nuestro respetable maestro Hiram, que fué asesinado en el templo por tres compañeros que querían arrancarle por fuerza la palabra de maestro ó la vida. P. ¿Cómo supieron que hablan sido tres compañeros los que cometieron el crimen? R. Por la llamada general que hicieron todos los obreros por lista y la falta que se encontró de los tres compañeros. P. ¿Qué hicieron los maestros para reconocerse después de la muerte del maestro Hiram? R. Sospechando los maestros el asesinato de Hiram, y temiendo que á fuerza de tormentos le hubieran obligado á declarar sus secretos, convinieroñ entre sí que la primera palabra que pronunciaran cuando se encontrasen les sirviese en adelante para reconocerse. Lo mismo aconteció en el signo y el tocamiento. P. ¿Cuáles fueron los indicios del descubrimiento del cadáver de nuestro respe- table maestro Hiram? R. Vapor, tierra recientemente removida y una rama de acacia. P. ¿Qué hicieron del cuerpo después de haberle hallado? R. Salomon le hizo enterrar con la mayor pompa y magnificencia en el santua- rio del templo. P. ¿Cuáles son las señales distintivas de los maestros? R. Un signo, un tocamiento, dos palqbras y los cinco puntos perfectos de la ma- sonería. P. ¿Podéis hacerme el signo? R. {Se hace.) P. Dadme el tocamiento. R. [Se da.) P. ¿Cuáles son las cinco puntos perfectas de la masonería? R. El pedestre, la inflexion de las rodillas, la union de las dos manos derechas, el brazo izquierdo sobre el hombro y el beso de paz. P. Dadme una explicación. R. 1.° El Pedestre, significa que jamas temeré desviarme de mi camino para ser- vir á un hermano. 2.° La inflexion de las rodillas, que cuando me incaré á orar, no deberé jamas olvidar á mis hermanos. 3.° La union de la mano derecha, que debo asistir y socorrer á mis hermanos en sus necesidades según mis facultades. 4.° La mano izquierda sosteniendo la espalda, significa que debo darle consejos dictados por la sabiduría y la caridad. 5.° En fin, el beso de paz, anuncia la dulzura y la union inalterable que forman la paz de nuestra órden. 380 HISTORIA GENERAL P. ¿Qué es lo que sostiene la logia de maestros? R. Tres grandes pilares triangulares, llamados; sabiduría, fuerza y belleza. P. ¿Tienen alguna significación estos tres nombres? R. Si, respetable maestro; ep forma significan la Divinidad en toda su extension; la sabiduría simboliza su esencia; la fuerza, su poder infinito, y la belleza, lo perfecto y sublime de sus obras. P. ¿Qué debe distinguir á un mason? R. Sabiduría, fuerza y belleza. P. ¿Cómo debe reunir cualidades tan raras? R. La sabiduría, en sus costumbres; la fuerza, en la union con sus hermanos; y la belleza, en su carácter. P. ¿Hay algunos muebles ó joyas en la logia? R. Si, el Evangelio, el compás y el mallete. P. ¿Cuáles son sus significaciones? R. El Evangelio demuestra la verdad, el compás la justicia y el mallete que sirve para mantener el orden, nos indica que seamos dóciles á las lecciones de sabiduría. P. ¿Por qué se sirven del mallete los tres primeros oficiales de la logia? R. Para darnos á entender que así como la naturaleza es susceptible del eco, del mismo modo el hombre, á quien Dios ha dado un corazón y la facultad de conocer y juzgar, debe ser sensible al grito de la virtud y rendir homenajes á su Criador. P. ¿Cuál es el nombre de un maestro? R. Gab.', es el nombre del lugar sagrado donde los israelitas depositaban el Arca de la Alianza en los tiempos de insurrección. P. ¿Qué significa esto? R. Que el corazón de un mason debe ser puro para formar en él un templo agra- dable á Dios. P. ¿En qué trabajan los maestros? R. Sobre el plano de trazar. P. ¿Dónde reciben su recompensa? R. En la cámara de en medio. P. ¿Qué significan las nueve estrellas que iluminan el templo? R. El número de maestros enviados en solicitud de nuestro respetable maestro Hiram. P. ¿Por dónde viajan los maestros? R. Por toda la superficie de la tierra. P. ¿Para qué? R. Para distribuir la luz. P. ¿Si se perdiera uno de vuestros hermanos, en dónde lo encontraríais? R. Entre la escuadra y el compás. P. Explicadme esto. R. La escuadra y el compás son los símbolos de la sabiduría y de la justicia de los cuales jamas debe separarse un buen mason. DE LA MASONERÍA 381 P. ¿Qué haríais si estuvieseis en algun peligro? R. La señal de socorro. P. ¿¡Cómo se hace? R. Asi (se hace), y si es de noche se dice: A.'. M.*. L.-. H.\ D.'. L.'. V.'., ó bien: O,*. S.'. D.-. M.'.; hay dos razones para este signo, la primera que cuando los quesa- lieron en solicitud de nuestro respetable maestro Hiram lo hallaron muerto, exclamaron con sorpresa: O.'. S.'. D.'. M.'.^ y la segunda, que cuando Salomon dedicó el templo al Señor^ levantó las manos diciendo: O.'. S.". D.-. M.-., tú eres sóbrelos dioses y ado- raré tu nombre. P. ¿Cuál es la edad de un maestro? R. Siete años. P. ¿Qué significan esos siete años? R. El tiempo que Salomon empleó en construir el templo. P. ¿Qué hora es? R. Medio diá. Bien lo vemos; la tradición masónica, la Biblia, las interpretaciones y comentarios á la Escritura, todo^ en fin, se ha puesto á contribución para rodear á las recepciones de estos grados de un aparato que á nada conduce más que á desprestigiar la órden sin conseguir resultado práctico alguno. Como nuestro deber es trasladar todo aque- lio que pueda contribuir á la ilustración en los puntos de que nos ocupamos, nos es necesario trasladar cuanto á estas iniciaciones se refiere para que más claro se vea luégo el partido que los enemigos de la órden han sabido sacar de ello; á este fin véanse las ceremonias de recepción establecidas para los dos grados contenidos en este capitulo y con lo cual quedará completo cuanto á ellos se refiere. Realizados los trabajos previos que en toda logia se llevan á cabo y avisados los hermanos de la ceremonia que va á tener lugar, se procede á ella diciendo el venera- ble á los compañeros reunidos: —Hermanos mios, el primero y segundo vigilantes me han pedido aumento de salario para los aprendices cuyos nombres os voy á comunicar, y que se les juzga dig- nos de este ascenso. Estos aprendices son —Hermano experto, id á donde se encuentran los aspirantes y traed la declaración que debe preceder á su introducción en el templo. Sale el experto. —Hermanos mios, reclamo toda vuestra atención sobre loque vaá comunicaros el el Experto. El experto entra con la declaración siguiente en la mano: «Venerable, primero y segundo vigilantes, y hermanos todos: los aspirantes qüe van á presentarse han cumplido las condiciones que les hablan sido impuestas. »Se han retirado separadamente á un lugar solitario para reflexionar en él sobre la vida humana. »Cada uno de ellos os dirá las obras de los antiguos filósofos que ha leído, y de qué modo se ha empapado en las máximas de los grandes maestros. 382 HISTORIA GENERAL »Reconocen más que nunca el gran valor de la ciencia y la virtud. »Cada uno de ellos ha dado á dos infortunados con que vivir durante un dia.» (Si- guen las firmas.) El venerable.—Estos son los medios, hermanos mios, de que se valen los verdade- ros masones para impulsar á sus aprendices hacia el estudio y práctica de las buenas obras. A los maestros áun les exigimos más, y no hemos visto todavia un neófito que no se encuentre contento y feliz en cumplir nuestras condiciones. Hermano experto, haced entrar á los aprendices con el orden y recogimiento convenientes. Uno solo hará los viajes; los demás permanecerán en pié entre colum- nas colocados en una linea circular. Hermanos mios, silencio, respeto y atención es lo que exige la masonería en todas las ceremonias para que nos reunimos. Este es uno de los mejores medios de honrar nuestras instituciones y honrarnos á nosotros mismos. Llaman á la puerta del templo en grado de aprendiz. Los vigilantes lo anuncian al venerable, que dice: —Ved quién llama. Preguntad á esos aprendices si sus maestros están contentos de ellos y si se creen verdaderamente en estado de ser promovidos al grado que desean. Hacedles entrar con los pasos de aprendiz. Hermanos míos, en pié, espada en mano y sin estar al órden. Dadles entrada. Cuando han entrado los aprendices, dice el venerable: —Hermanos aprendices, vuestros vigilantes han pedido para vosotros un aumento de salario. Han dado testimonio de vuestra conducta y amor al trabajo. Vamos á ad- mitiros á las pruebas de compañero. A la logia: —Sentáos, hermanos mios. —Hermano A., acercáos; colocaos á la cabeza de los aprendices, os designo para que hagáis los viajes. Vosotros todos, aprendices, estad dispuestos á responder á las preguntas que se os dirijan. Hermano A., ¿qué habéis hecho desde vuestra iniciación para aumentar vuestras luces y contribuir á la prosperidad de la Orden? ¿Qué filósofos antiguos habéis leído? —Hermano B., ¿cuáles serían en vuestro concepto los mejores medios que deberían emplearse para que la masonería inspirase respeto á los masones, 'y áun á los pro- fanos? Si la respuesta no es satisfactoria, dice el venerable: —Seria preciso que cada mason guardase el juramento que ha hecho de respetarse siempre á sí mismo, amar, respetar y socorrer á sus hermanos. —Hermano C., desarrollad lo más sucintamente que podáis la idea que os hayáis DE LA MASONERÍA. 383 formado de la masonería y las ventajas que los hombres pueden sacar de ella. Después de la respuesta, dice el venerable: —La masonería es el lazo que une á todos los hombres en general, cualesquiera que sean su pais y su religion. Es un refugio contra las tempestades y enfermedades del orden social. —Hced sentar álos aprendices. —Hermanos mios, en la recepción de aprendices habéis debido notar que se pro- cede por pruebas y preguntas, á fin de conocer el talento y carácter del neófito, y en efecto, por medio de estas pruebas, conocemos si tiene instrucción ó está desprovisto de conocimientos, si es franco y disimulado. Conocemos, por lo que dice y por lo que sabe, qué cosas amará, cuáles aborrecerá, y la influencia que podrán ejercer sobre él las preocupaciones, los tiempos y las circunstancias. Sabemos si guardará sus jura- mentos á la amistad y á la masonería, ó si faltará á ellos. Esto nos enseñan las primeras pruebas, y no hay un solo concurrente que seequi- voque. En el grado de compañero se procede por la via de la instrucción, es decir, se des- envuelven de un modo positivo las nociones propias para elevar y fortificar el espíritu del hombre, para enseñarle á conocerse á si mismo, y á comprender sus relaciones con las cosas que le rodean. Por este medio se comienza á manifestarle una parte del secreto de la masonería, de ese secreto tan solicitado, tan buscado, tan poco comprendido, y que constituye, cuando se le posee por completo, si no la felicidad, al ménos el consuelo de la vida. Pero és preciso, hermanos mios, trabajo y perseverancia para poseer este precioso secreto. La masonería, semejante al campo del labrador, no entrega su tesoro sino á aquellas manos valerosas que saben buscarlo. El venerable da un golpe. —Hermanos expertos, traed el modelo del templo y los instrumentos que han servi- do para su construcción; y vosotros, hermanos mios, de pié y al órden. Saludemos con un triple aplauso los instrumentos de trabajo y el templo que han construido. Inmediatamente después que se ha dado el triple aplauso los expertos van á bus- car dos objetos que se encuentran colocados delante de los altares de los vigilantes. El primer experto trae y desenrolla sobre el paño de oro el cuadro del templo; el según- do trae el almohadón donde están los instrumentos de la masonería y los coloca al fin del templo. Los expertos se retiran. El maestro de ceremonias se acerca al venera- ble con un hachón; le da la mano y se dirige con él hacia la cúspide del templo. El ve- nerable enciende el candelabro diciendo: —¡Hermanos mios, aumentemos la luz para estos hermanos aprendices! ¡Al Eterno autor de la luz y de la verdad! Aplausos, el venerable vuelve al trono. —Sentaos, hermanos mios. —Hermanos aprendices, contemplad en el cuadro que tenéis á la vista la imágen de un templo material. 384 historia general Mirad el género de su arquitectura, de sus adornos y de las alegorías que repre- senta. Este es el emblema del edificio moral para cuya conservación estáis llamados á trabajar. Este templo es tan antiguo como el mundo. El que lo construyó os ha dado las do- tes necesarias para conocer sus perfecciones. Los sabios y los maestros de todos los siglos lo han visitado y todos sus cuidados se han dirigido á aumentar su esplendor. Só- Obreros hábiles, cuyos nombres conocéis ya: Zoroastro, Confucio, Salomon, lo han crates, Platón, Solon, Epicteto, Marco Aurelio y otros muchos, enriquecido con los tesoros de su ingenio. Aun existen fragmentos de sus trabajos que conserva- mos con respeto. —Aprendices, sentáos: el interior de este templo se divide en muchas partes, en las que se enseña gradualmente todo lo que el hombre puede aprender para mejorar su sér. la naturaleza. Aqui es la ciencia del cielo, de los astros y de los fenómenos de Alli, el conocimiento del corazón del hombre; la historia de sus pasiones, de sus vicios y de sus virtudes. Más allá, el remedio para estos mismos vicios, el perfeccionamiento de la razón y el amor á la verdad. Cuando estéis más adelantados en la masonería sabréis cuál fué el maestro hábil construyó este templo. Sabréis también qué horrible complot se urdió y perfecto que para destruirlo y para hacer perecer al arquitecto y á sus más fieles obreros. Entre tanto vais á examinar atentamente su exterior. No es permitido á los aprendices ni compañeros penetraren su recinto, pero estáis obligados á dar cinco vueltas á su alrededor, para conocer mejor cada una de sus partes y por consiguiente la perfección del conjunto. término Estos cinco viajes figuran los cinco años exigidos á los compañeros. Este no es demasiado largo para adquirir los conocimientos que necesitan; un obrero de- masiado ardiente, bienquistado con exceso, se expone á cometer faltas y errores en su trabajo. de silen- Pitágoras, era uno de nuestros antiguos maestros, exigia cinco años que cío á sus discípulos para que, fortificados con la meditación y la experiencia, pudie- á escucharan. sen su vez enseñar mejor y ser más dignos de que les Aprendices, levantáos. Al pié del templó tenéis los instrumentos de que es preciso hacer uso, son: el mazo, se os el escoplo, el palustre, la regla, la palanca, la escuad.ra y el compás. Todos ellos van á entregar sucesivamente para que aprendáis á manejarlos. El venerable da un golpe. el —Hermano experto, entregad al aprendiz el mazo y el escoplo; hacedle hacer primer viaje y conducidle hacia el mediodía. Terminado el primer viaje, lo anuncian los vigilantes y el aprendiz se sienta. El venerable.—Este primer viaje significa el primer año de compañero, que debe emplearse en conocer la calidad de los materiales y la manera de prepararlos, DE LA MASONERÍA 385 No desconocéis cuán importante es la elección de materiales^ cualquiera que sea la obra que emprendáis. Os he expuesto al Sur para que aprendáis á soportar las fatigas y el peso del día sin acobardaros. El venerable da un golpe. —Entregad al aprendiz el compás y la regla^ y haced que haga el segundo viaje. —Aprendiz, considerad el edificio desde su base hasta su techumbre. Terminado el segundo viaje, lo anuncian los vigilantes. El venerable.—La regla y el compás dan líneas y medidas exactas. El compás de- muestra la exactitud de las paralelas; traza el círculo, que es la ménos perfecta de las figuras; determina el centro; prueba la igualdad de sus radios, el valor del diámetro y por consiguiente el de la circunferencia. Sin la regla y el compás no podría elevarse columna alguna, y los "arquitectos se verían privados de sus más bellos ornamentos. ¿Qué nombres están grabados en las dos columnas que sostienen el frontispicio? Leed. El aprendiz lee: —Ciencia y virtud. El venerable.—¡Ciencia, virtud! Sí, hermano mío, no lo olvidéis, ciencia y virtud. El venerable da un golpe. —Aprendiz, tomad una regla y una palanca y haced el tercer viaje. Cuando se ha terminado, dice el venerable: —En el tercer viaje el aprendiz comienza á levantar las piedras, á colocarlas como le parece mejor, es decir, que su espíritu ha adquirido fortaleza con el ejercicio; acó- pia y coordina pensamientos más importantes. El frontispicio que veis, ¿no representa un triángulo? El aprendiz responde:—Si. —Si, hermanos míos, el triángulo es un signo venerado por todos los siglos. Más ade- lante sabréis lo que significa. Acordáos que las dos columnas que lo sostienen son la ciencia y la virtud. El venerable da un golpe. —Haced el cuarto viaje con la escuadra y la regla. Terminado el viaje dice el venerable: —Ahora la inteligencia se ha ensanchado, pero la escuadra y la regla son siempre necesarias para colocarlo todo á plano. La verdadera ciencia es siempre exacta, pero no es siempre inteligible y provechosa. La ciencia oscura y embarazosa no se ha he- cho más que para aquéllos que mienten y engañan. Sigamos adelante. Considerad las cinco gradas destinadas á subir al templo, á cuyo alrededor habéis dado una vuelta-. Cada una de esas cinco gradas es una de las condiciones necesarias para poder entrar en él. ¿Qué nombres leéis en esas bases? Pronunciadlos en alta voz y empezad por la base. El aprendiz lee. 49 386 HISTORIA GENERAL —Si, hermanos míos, la primera condición es la inteligencia^ la segunda la rectitud, la tercera el calor, la cuarta la prudencia y la quinta el cunar á la humanidad. Fijaos en el orden progresivo de estas condiciones. La inteligencia para comprender; la rectitud para dirigir á la inteligencia; el valor para obrar, la prudencia para guiar el valor, y el amor á la humanidad, que se com- pone de la prudencia, el valor^ la rectitud y la verdadera inteligencia. ¿Os conceptuáis en disposición de subir estas cinco gradas? Llamad á vosotros esa inteligencia, primera de vuestras condiciones, y sufrid que la sometamos á pruebas que os bagan conocer su fuerza ó la necesidad de perfecció- liarla. Las otras cualidades se desarrollarán por si mismas á continuación de este primer exámen. Contemplad de nuevo la fachada de este edificio, dirigid vuestras miradas al gran triángulo, ved esa estrella cuyos destellos no se extinguen jamas, nosotros la llama- mos la estrella flamígera. Reparad la letra G en medio de la estrella. ¿Qué quiere expresar ese signo? Vamos á enseñároslo. Esa letra G significa Genio, Geometria, Poder, Naturaleza, Fecundidad; generare, gubernare. Es el monograma del Gran Arquitecto del Universo, del que ha construido el templo y ha dicho: «Vosotros sois mis hijos, venid aqui, amáos como hermanos, mi templo no perecerá nunca.» ¡Genio! ¡Geometria! ¡Fecundidad! ¡Poder! ¿Qué más queréis? ¿Qué más hace falta para el establecimiento y duración de las cosas? Guando todo se mueve y cuando todo se agita y se conserva en un orden invaria- ble; cuando todo permanece y no hace más que cambiar de forma; cuando todo muere y renace sin que haya un átomo más ni ménos al final que al principio; cuan- do todo está nivelado y pesado de manera que el equilibrio más ab.soluto subsiste en los elementos que componen el conjunto, convendréis conmigo en que no puede pe- dirse más al genio más poderoso, á la geometría más rigurosa y perfecta. Luego ese genio existe, puesto que su obra existe. Su obra es imperecedera, puesto que nada perece. Aprendiz, estudiad, admirad el orden eterno de las cosas. Pero, ¿por qué medios ocultos el arquitecto pone en juego tantos resortes admirables? Esos medios, hermanos mios, no están tan escondidos que no sea posible conocer- los en gran parte. A vosotros toca escudriñar, interrogar á la naturaleza. Su libro está abierto : mil escuelas se han encargado de explicarlo. En mil escuelas se enseña la causa y el efecto. A vuestra vista se verifica la descomposición y recomposición de los elementos; vuestros ojos ven, vuestras manos tocan, vuestro espíritu comprende y goza de todas las luces de la evidencia. Estudiad, aprendices, estudiad; este es el único modo de saber. Pero el mundo físico no será vuestro único objeto. Hay un mundo más elevado, y esa estrella brillante nos advierte que os hablamos de él. DE LA MASONERÍA 387 / ¿Qué significa esa estrella? Hermanos mios, el mundo existe en un órden maravilloso; pero el hombre tam- bien existe y no es esta una maravilla ménos. Esa estrella es la antorcha que debe guiarle; es el emblema de su alma^ de esa parte de fuego sagrado^ eterno^ que lo ani- ma todo^ que lo ilumina todo, que lo conserva todo, que crea el amor, la amistad, la ciencia, el valor, la virtud, la verdad. Es una parte de Dios que cada uno tiene en sí mismo, y que hace del hombre el más noble de los seres, cuando sabe conservar su dignidad. A la luz de esa antorcha es á la que se leyeron por primera vez estas palabras: «Dios hizo el hombre á su imagen.» Hé aquí, hermanos míos, lo que dice esa estrella. Ahora bien, ¿cuál es el hombre que no deberla amar y respetar á sus semejantes como á una emanación del espíritu divino? Me detengo, hermanos míos; veo lo que pasa en vuestra alma. La veo abrazar con ardor los sentimientos que nos inspiran; pero oigo también un murmullo que se es- capa, como á pesar vuestro, del fondo de vuestro corazón. Si, decís, el hombre deberla ser grande, amante, feliz. ¿Qué trastorno, qué terrible revolución ha cambiado sus destinos? ¿Cómo ha caído el hombre de su gloria? ¿Quién ha desfigurado, envilecido y hecho pedazos la imágen de Dios? Tristes y dolorosas preguntas que hace la mitad del universo con las lágrimas en los ojos. Preguntas renovadas sin cesar y á las que no podemos responder sino remi- tiendo á los que las hacen á la historia misma de las desgracias del hombre, en donde están inscritos los nombres de aquéllos que le han hecho traición y deshonrado á sus semejantes. Esa historia es la de todas las naciones, está escrita en todas las lenguas: to- madia, estudiad, instruiros; para conocer la luz es para lo que habéis abrazado la masonería. Pero miéntras los aprendices esperan las grandes lecciones de la historia, ¿no po- dian al ménos tener ideas generales de las causas y de los efectos de todo lo que les rodea? Si el hombre ha caldo, dirán, al mundo físico le sucede lo mismo, porque presenta por todas partes imperfecciones desoladoras. ¿Por qué los temblores? ¿Los volcanes? ¿Las tempestades? ¿Las inundaciones? ¿La peste? ¿De qué sirve el veneno de la víbora, la rabia del tigre y esa guerra eterna á que la naturaleza parece entregarse como para decirnos que no puede existir sino por me- dio de la destrucción? Hermanos míos, no lo ocultaremos: aunque os sorprenda, lo que dice la natura- leza no miente; se la acusa en vez de comprenderla; nos entristecemos en vez pero de instruirnos. ¿Y de qué viviría sino se alimentara de su propia sustancia? 388 HISTORIA GENERAL Si el movimiento y oí cambio de formas os parecen un desorden^ ¿es culpa suya? ¿Os impide que os intruyáis? ¡Sufrís! Instruiros y sufriréis poco. Salid de ese aturdimiento propio de la fgnoran- cia y que ella misma perpetúa para existir siempre. Pensad que el terror ha labrado siempre la fortuna del engaño; atrevéos á comba- tir las tinieblas que os rodean. El hombre en la guerra afronta los peligros y se gloria de ello; ¿por qué no se ha de atrever á afrontar los fantasmas del engaño, cuando de esto depende su felicidad? Es indudable que hay tempestades, incendios^ pestes; pero el estudio os dice que estos accidentes son el resultado de las leyes necesarias para la existencia del mundo. Hay tempestades^ incendios, pestes, como hay en vuestro cuerpo sangre, aire y humores que circulan y fermentan. Suprimidlos, detened su curso tan sólo y mo- riréis. Pero la muerte por sí sola es capaz de horrorizar. Si el alma muriese, ¿cómo existiria el mundo, puesto que ella es el dios que la conserva? ¿Concebís acaso las cosas sin los elementos que las constituyen? ¿Concebis el mun- do sin fuego, sin aire, sin movimiento? Ciertamente que no. Pues bien, los elementos, esas causas primeras como vulgarmente se las llama; esas causas constitutivas, ¿no tienen necesariamente sus efectos? Esos efectos, ¿no son la vida? Y la vida, ¿no es el movimiento? Y ese movimiento, resultado de las causas primeras, ¿no tiene también sus efectos que serán á su vez las causas segundas de los frutos y de los movimientos de todas clases? El fuego, por ejemplo, el aire, la tierra producirán los frutos que os alimentan, esos frutos se reproducirán sin cesar y entónces admiraréis la naturaleza como también al alma que la fecunda. Pero el fuego ha quemado vuestra casa, las lluvias, los torrentes la han arrasa- do!... ¡Vuestro padre, vuestros hijos han muerto! Estas son ciertamente desgracias, ¿pero qué puede hacer la naturaleza? ¿Se ha en- cargado por ventura de conservar vuestra casa? ¿Es ella quien la ha construido sobre el borde de un rio ó en la pendiente de alguna roca? Para satisfacer vuestros intereses particulares, ¿ha de dejar el sol de extraer agua de los mares para regar con ella la tierra? ¿Puede hacer la naturaleza que el fuego no queme, que el agua no tenga fluidez y el aire pierda su acción? No: ella os dió los sentidos para advertiros y la razón para dirigiros; esto es todo cuanto podía hacer. ¡Pero las enfermedades!... ¡Los venenos!... ¡La rabia del tigre! ¿Acaso es el hombre de hierro? ¿No tiene órganos atacables por los elementos? Y el mismo hierro, ¿está acaso libre de las influencias exteriores? DE LA MASONERÍA 389 ¿Y si el hombre fuese de hierro, qué seria de su sensibilidad? ¿Su cuerpo es inmortal é invulnerable? No, no son estos sus privilegios. ¿Por qué? Porque si asi lo fuera habría contradicción en las leyes de la naturaleza y la natura- leza no admite contradicciones. Pero, ¿los venenos? Lo que constituye los venenos es necesario en el sistema universal, como la diso- lucion es necesaria para la recomposición. Son indispensables una porción de vene- nos para cambiar nuestros alimentos en sangre, carne y huesos. El estiércol es el que hace crecer el trigo, las flores y los frutos más bellos. Los venenos, ó mejor dicho, esas sustancias que tomadas en cantidad excesiva causan la muerte, están esparcidos por toda la naturaleza. Hay plantas, árboles y animales encargados por ella de recoger el sobrante. Esas plantas, esos árboles, esos animales son peligrosos, pero el peligro seria mucho mayor si no existieran; el hombre en este caso respirarla un aire demasiado nocivo. El hombre los conoce, á él le toca librarse de ellos. Estudiad, estudiad, hermanos mios: todo esto es fácil de comprender. Pero, ¿y la rabia del tigre y de las bestias feroces? ¿Y debe el hombre hacer esta objeción? ¿El, que se come al inocente cordero, á la tímida paloma y que se engulle, por decirlo asi, todo lo que tiene vida en la tierra, en el aire y en los mares? Pero esa exterminación reciproca y general, ¿no es el desórden más completo, la obra maestra de la impericia más terrible y delirante? ¡Oh! Hermanos mios, ya os lo he dicho: no acusemos á la naturaleza y veamos lo que hubiésemos hecho nosotros mismos si se nos hubiera encargado organizar una creación que debiera reproducirse sin descanso, sirviéndose á si misma de alimento eterno. Estudiad, estudiad; áun no estáis más que sobre el primer escalón del templo, ya sabréis más cuando penetréis en el santuario. Levantáos, aprendices: haced el quinto viaje. Ya es hora de concluir, coged el palustre. A los demás aprendices: —Aprendices, seguid á vuestros hermanos, llevad con vosotros todos los instru- mentos de la masonería; ya conocéis una parte de vuestro oficio, id á aprender el otro. Cada aprendiz coge un instrumento, y todos siguen á sus compañeros precedidos del maestro de ceremonias.. Cuando el quinto viaje ha terminado, dice el venerable: Sentáos y descansad. Hermanos mios, la masonería, como el mundo, se divide en dos clases: el mundo y la masonería materiales, y el mundo y la masonería intelectuales. Acabamos de ha- blar de la materia, hablemos ahora del espíritu; es decir, del sistema moral, que se deriva de él, y del cual no puede separarse. Si el mundo físico los aflige, ¿qué diremos del mundo moral? 390 HISTORIA GENERAL Explicaremos las tempestades, los incendios^ la rabia del tigre, el veneno de la vi- bora y de la serpiente; pero las pasiones del hombre, más fuertes que todas estas plagas, la hipocresia, el odio, la mentira y la ambición, que producen tantos crime- nes, ¿cómo los explicaremos? La masonería, hermanos míos, los lamenta y no los escusa. Indica el origen, acaso el remedio, y por eso es necesario estudiarla y conocerla muy á fondo. ¿De dónde proceden todos estos vicios? Responderemos: de la naturaleza misma del hombre. ¡Del hombre, hijo de una inteligencia suprema!... Si, hermanos míos, escuchad. El hombre nace libre, ¿comprendéis lo que significa la frase el hombre nace libre? Por consiguiente, puede hacer el bien y puede hacer ef mal. Nace libre, no podéis negarlo, porque si no naciese libre, seria una piedra honda, un sér sin voluntad, sin movimiento; no seria hombre, y cada uno de vosotros siente que tiene una voluntad, un pensamiento, y que no es esclavo de un poder ciego, testi- gos son los que, conmovidos por la desgracia de otros, dan un propio bien para ali- viarla; los que escogen un amigo ó una esposa, eligen un arte ó una profesión, y en fin hasta aquellos desventurados que, cansados de la vida, se dan la muerte parater- minar sus males. El hombre, pues, nace libre. Pero el hombre libre puede hacer el mal como puede hacer el bien. El bien primero: bastantes ejemplos lo aseveran en honor de la humanidad; testi- gos los grandes legisladores, es decir, legisladores probos y honrados, que han basado sus leyes en la justicia y la razón, que han tratado de perfeccionar al hombre y que han respetado los derechos y la libertad de los pueblos; testigos los sabios, los filóse- fos de todas clases, desde el príncipe hasta el simple soldado, que han sacrificado su vida por la virtud y por la patria, y su número es inmenso. ¿Luégo el hombre puede hacer el bien? ¡Pero también puede hacer el mal! ¡Ay! ¡Demasiadas calamidades, demasiados monumentos lo afirman! ¡Cuántos han opresores, cuántos tiranos, cuántos traidores y hombres arteros de todas clases engañado y cubierto la tierra de sangre! Y lo más terrible es que el genio de uno solo basta para producir espanto á siglos enteros, y tal es el horror que inspiran, que en este momento mismo en que deplora- mos las miserias del hombre, parece que sus miradas pesan sobre nosotros como para amenazarnos con suplicios si nos atrevemos á revelar sus maldades. Hermanos míos, recordamos aún en este momento, que el valor es una de las condiciones que se nos exigen para poder entrar en el Templo del Gran Arquitecto del Universo. Una de las mayores pruebas'de la divinidad de nuestra alma es el horror que ex- perimenta al contemplar el triunfo de la perversidad. Pero, ¿cómo el hombre, que debería siempre ser bueno, puede llegará ser malvado? DE LA MASONERÍA 391 Porque al mismo tiempo que nace libre nace también débil; porque casi desde el instante que nace se presentan ante él dos caminos^ el de la verdad y el del error. Escoge^ porque es libre. Se engaña, porque es débil, se engaña porque se seduce. ¿Y quién le seduce? Los vicios, que nacen de su misma debilidad; la vanidad, el orgullo, un amor exa- gerado y mal entendido de sí mismo, el deseo, en fin, de poseer y de dominar. La verdad ofrece pocas ventajas; el error colma de bienes; sus prestigios son innu- merables, y la debilidad del hombre se deja sorprender por ellos. Pero, ¿por qué nace el hombre débil? Porque la debilidad es condición de todo sér que viene á la vida: de la planta, dej árbol, de los animales, del rosal como de la encina, de un tierno corderillo como del león salvaje. Para no nacer débil, seria preciso nacer con todas las proporciones que constituyen la fuerza; sería preciso que la encina saliese de la tierra con la altura que adquiere á los cien años, que el león naciese grande y pronto á devorar su presa, y el hombre, caudillo que va armado de lanza y escudo. Pero en este caso, el fenómeno del nacimiento se baria imposible; porque, ¿cómo el león y el hombre, grandes y fuertes como la madre que les dá el ser, podrían estar contenidos en las entrañas destinadas á llevarlos? Y aún cuando este milagro se efec- tuase, seria necesario ademas que los recien nacidos no experimentasen cambio al- guno en su sér, que permaneciesen esclavos, porque para morir es indispensable en- vejecer, perder las fuerzas, hacerse débil y caer, á ménos que exigiéramos que un hombre lleno de salud desapareciese en un abrir y cerrar de ojos, como herido del rayo, lo cual sería absurdo y cruel. El hombre, pues, no puede nacer más que débil, y, por consiguiente, con todas las condiciones que acompañan á la debilidad. Seria preciso hacer, en fin, (agotemos todas las objeciones, porque todas se ha- cen) seria preciso que asi los hombres como los animales naciesen sin padre y sin madre, sin un gérmen preexistente. Pero entónces, ¿dónde estaría la ocasión de nacer? ¿Quién lo decidiria? ¿Cuál sería el lazo de union de los seres? ¿Qué se haría del atractivo divino que acerca los unos á los otros á todos aquéllos que respiran. Ya no habría ternura, ni amor, ni reconocí- miento, ni felicidad, todo se aislaría, se helaría, se haría estéril, morirla y se aniqui- laria, seria la piedra bruta é insaciable, ¿qué digo? Sería la nada, seria el último tér- mino de lo absurdo y lo imposible. La órden, hermanos míos, rechaza todas estas exigencias, todas estas suposicio- nes; la razón, más fuerte que el cuerpo del hombre, se encarga de éste tal como es. Nace débil, pero puede ser bueno, á la razón corresponde dirigirle. La verdad asiste á la razón .que es á quien toca enseñársela. El error también existe; á la razón incumbe hacérselo'conocer; y tan poderoso co- 392 HISTORIA GENERAL mo parece, es bastante espantoso para producir horror; ha originado demasiados males para que todos trabajen en destruir su imperio. Hé aqui, hermanos mios, el objeto, el deber que se os impone: aborrecer el error y buscar la verdad, aborrecer el vicio y buscar la virtud. Esta es la primera de nues- tras leyes. Esta es la base de todas nuestras leyes; sin ella, el Templo se desploma, los obre- ros se dispersan; sin ella no habría más que tinieblas y confusion sobre la tierra. Vosotros amaréis la masonería, porque recuerda las reglas olvidadas, porque los materiales esparcidos, y reconstituye sin cesar el asilo tan necesario á la reúne sabiduría y á la humanidad. Conoceréis su excelencia á medida que avancéis en grados, y ya habréis adqui- rido el convencimiento de que se ocupa de objetos tan graves como cualquiera es- cuela profana, con la ventaja de que encamina al hombre al bien por medio de cau- sas extraídas de su propio corazón y de su verdadero Interes. El venerable descansa un momento y después continúa asi: —Hermanos mios, hemos recorrido la senda bastante difícil de los sistemas físico moral; no hemos hecho más que ojear la materia, el estudio os enseñará lo demás. y ¿Qué se deduce de aqui? Que en el orden físico, todas las cosas son como deben ser, y no podrían ser de otra manera so pena de no ser; que, por lo tanto, el hombre razonable, el verdadero mason, después de juzgar las causas y los efectos, admira la naturaleza, se somete á sus leyes, y léjos de irritarse, bendice al Gran Arquitecto del Universo, que le ha dado un alma capaz de encontrar la paz en la verdad. ¿Qué deducir de aquí? Que en el orden moral, el hombre es libre para hacer el mal ó el bien; que la desgracia, la vergüenza, los peligros, los remordimientos y casi siempre el castigo, persiguen al que hace el mal, cualquiera que sea su fuerza y su poder, por el contrario, la verdadera gloria, el contentamiento de sí mismo, la y estimación de los demás, la felicidad de otro, la suya propia, nacen del bien que se hace. ¿Qué deducir, en fin? Que no hay que titubear entre uno y otro partido; que es preciso hacer el bien y evitar el mal; si los hombres arteros y malvados se oponen á vuestros que esfuerzos, la masonería ofrece armas para combatirlos, y estas armas son: la os inteligencia, la rectitud, la prudencia, el valor y el amor á la humanidad. á No las hay más poderosas, y lo reconoceréis asi en el mismo temor que inspiran los malvados y en el ardor con que intentan destruirlas. Pero, ¿por qué estos hombres arteros y malvados que se apoderan del Universo, lo turban, corrompen, lo hacen desgraciado? Hé aqui, hermanos mios, la grande, la terrible objeción. No respondemos á ella. El compañero no tiene el privilegio de saberlo todo. Hay otros grados en que, más amplios conocimientos serán el premio de nuestros esfuerzos. Basta por hoy: vuestros viajes han terminado. Nos quedamos á la puerta del San- DE LA MASONERÍA 393 tuario. No nos es permitido ir más allá. La constancia en la virtud puede únicamente abríroslo. Esto es deciros lo que se necesita hacer para llegar á este objeto. Se apro- xima el momento en que vais á ser recibidos compañeros; meditad y reflexionad so- bre los deberes que este grado impone. Dirigiéndose á la logia: —Hermanos mios, unamos un instante nuestras meditaciones á las de nuestros hermanos, porque nuestros deberes y compromisos reclaman la más alta atención. Después de un instante de silencio^, se dirige de nuevo á los aprendices: =Y bien, hermanos míos, ¿estáis resueltos á manteneros firmes sobre las gradas del Templo en donde se posan la inteligencia^ la rectitud, la prudencia, el valor y el amor á la humanidad? ¿Creéis ahora que la masonería tiene por único objeto hacer al hombre prudente, instruido, bueno y valeroso? ¿Prometéis trabajar en la construcción del templo de la ciencia y de la virtud, cons- truido por el Gran Arquitecto del Universo? ¿Prometéis no olvidar jamas que para esta obra gloriosa es para lo que se os han puesto en vuestras manos la regla, la escuadra y el compás? (El venerable da un golpe y se levanta.) ¡Honor y gloria á la ciencia y á la virtud! —En pié y al orden, hermanos mios. Hé aquí unos aprendices dignos de ser reci- bidos compañeros. —Acercáos, aprendices; subid al altar, vais á ser recibidos compañeros. El maestro de ceremonias conduce á los aprendices al altar. El venerable.—Aprendices, vuestra alma se ha elevado; ya nose tratará en vuestro juramento de penas y sacrificios corporales. Para el hombre perfeccionado hay lazos más nobles; el honor y su palabra son suficientes, y vosotros no faltaréis jamas á ellos. Juramento.—Aprendices, ¿juráis por vuestro honor ante Dios y ante vuestros her- manos ser buenos compañeros, honrar la ciencia y ser fieles á la virtud, cualesquiera que sean los obstáculos con que podáis tropezar; amar á vuestros hermanos, defen- derlos y socorrerlos en sus necesidades? Inmediatamente que se ha prestado este juramento, durante el que todos los her- manos tienen que permanecer de pié y al orden, el venerable pone la espada sobre la cabeza del aprendiz que, en términos técnicos, va á recibir aumento de salario, y pro- cede á la consagración, que se lleva á cabo en los términos siguientes): ¡A la gloria del Gran Arquitecto del Universo! En nombre y bajo los auspicios del Gran Oriente de ; en virtud de los poderes que me han sido conferidos por esteres- petable táller y bajo la fe de vuestro juramento, os creo é instituyo compañero de esta logia. Da después cinco golpes con el mallete sobre la espada y exclama : ¡Honor á la masonería! Abraza luégo á cada uno de los neófitos y dice: —También en este grado tenemos signos, toques, palabras, marcha y bateria. 50 394 HISTORIA GENERAL Orden.—Colocad sobre el corazón la mano derecha á medio abrir, con los dedos apretados y el pulgar levantado para formar la escuadra. Signo llamado pectoral.—Estando al orden retirar horizontalmente la mano y de- jarla caer perpendicularmente. Toque.—Tomad la mano derecha, marcad ligeramente con el pulgar sobre la pri- mera falange del Indice la batería del aprendiz, y sobre la primera falange del dedo medio dos golpes iguales. Marcha.—Estando al orden dar los tres pasos de aprendiz, después uno á la de- recha, oblicuando con el pié derecho, y otro á la izquierda con el pié izquierdo. Batería.—Dos golpes seguidos, uno más tras breve pausa, y por último dos como los primeros. Mandil.—Ha de ser de piel blanca con la solapa calda, á diferencia de los apren- dices que la llevan levantada. Después que el venerable ha dado al neófito todas las instrucciones que quedan indicadas, les manda ir para que lo reconozcan el primero y segundo vigilante; una vez practicado el reconocimiento y anunciado que los signos, palabras, toques y ha- terías son exactos, el venerable da un golpe de mallete y dice: —Hermanos primero y segundo vigilantes, invitad á los obreros que decoran vues- tras columnas para que de hoy en adelante reconozcan al hermano como compa- ñero de este respetable taller y se unan á vosotros y á mi para aplaudir su aumento de salario. Una vez hecho el aplauso, el neófito da las gracias, el orador pronuncia el discurso, se hace circular el saco de proposiciones y el tronco de beneficencia, y se cierran los trabajos con la fórmula de costumbre. Gomo quiera que venimos liaciendo la exposición de todo lo referente á los grados masónicos segundo y tercero que tanto cuidado pusieron en deslindar los disidentes ingleses, sin duda porque haciéndolo tenían ancho campo por donde dejar discurrir su imaginación cada uno á su antojo, transcribiremos la no menor extraña forma- lidad que hay que llevar á cabo en la recepción del grado de maestro, después de la cual haremos algunas reflexiones sobre el texto de ambas, cuya razón y fundamento no podrá ser desconocido por nadie, dado que ya de lo que impugnamos tienen per- fecto conocimiento nuestros lectores. En la tenida designada para investir á los compañeros del grado de maestro, des- pues de realizada la ceremonia de apertura y dado cuenta de los trabajos, el venera- ble, según los formularios más autorizados, pronuncia el discurso siguiente: —Mis venerables hermanos: ántes de mandar introducir á los aspirantes creo opor- tuno hablaros un momento del grado que vamos á conferir. Su importancia es dema- siado real y efectiva para que no trate de hacérosla apreciar, y lo concebiréis fácil- mente, cuando sepáis que la mayor parte del mundo masónico no reconoce otro grado más eminente ni más reverenciado. En efecto, sabréis muy pronto que este grado contiene el resumen de los conocí- mientos filosóficos que están más al alcance del hombre y son más propios para diri- DE LA MASONERÍA 395 girle por la senda del honor y de la virtud. Podemos decir que hace de él un verda- dero maestro en el arte de la vida, puesto que le indica cuál es su verdadera posición sobre la tierra y qué papel deben desempeñar en ella su inteligencia y su valor. En el grado de aprendiz se emplea el procedimiento de pruebas y preguntas para conocer el talento y el carácter del neófito. En el de compañero se sigue la via de la instrucción para enseñarle á conocerse á si mismo y á resolver las principales cuestiones del orden físico y moral que puedan inquietar su espíritu. En el grado de maestro ya es otra cosa; las instrucciones se han dado, ahora pa- sernos á las consecuencias: se habla al alma y al corazón. La experiencia sirve de guía^ el cuadro de las miserias humanas se desenvuelve, se ve claramente la causa de ellas y el remedio no es ya un secreto. La masonería entonces concibe que el hom- bre no ha nacido únicamente para instruirse, sino que también para hacerse bueno, magnánimo y valeroso. Comprende que la ciencia por si sola no produciría más que autómatas más ó ménos hábiles, más ó ménos peligrosos quizas y que únicamente la virtud es la que puede crear verdaderos hombres. Si, hermanos míos, esto es lo que hace comprender el grado de maestro^ cuando se confiere según su primitiva institución; pero desgraciadamente la masonería ha sido desfigurada en los tiempos de barbarie y de ignorancia. Las tradiciones se han perdido y los verdaderos misterios han sido reemplazados por ceremonias estériles. De aquí proviene que tantos masones busquen el sentido de las cosas y no lo encuen- tren; que pregunten y al no recibir respuesta satisfactoria acaben por mirar á la ma- sonería como una institución pueril y falta de ínteres. Importa pues mucho devolverle su primitivo carácter y desprenderla, por decirlo asi, de las tinieblas que la rodean. Esto es lo que intentamos hacer, si tenéis la bondad de prestarnos vuestra atención. Nada nuevo pretendemos ofreceros; al contrario, no queremos más que recordar los usos primitivos seguidos por los antiguos, y para servirnos de una frase harto cono- cida, volver á colocar sobre la medida la luz que se habla ocultado debajo. Por lo de- mas, hermanos míos, vuestros sentimientos que tomamos por juez nos demostrarán si nuestros esfuerzos merecen ó no la aprobación de los verdaderos masones. Hermanos míos, ya sabéis que cada pueblo, que cada secta tiene sus ceremonias fundadas en las tradiciones y acontecimientos que sirven de base á sus creencias asi como á la instrucción que de ellas se deriva. El hombre, arrojado al acaso sobre la tierra, por decirlo asi, sintiendo que ha na- cido libre y viéndose encadenado, buscando el bien, encontrando con frecuencia el mal, y no pudiendo atribuir el mal y el bien al mismo autor, imaginó que habla dos principios distintos, dos potencias separadas y perpetuamente enemigas la una de la otra. Asi es que, hablando de los tiempos más antiguos de que tenemos noticia, los persas tuvieron á Oromazes, el buen principio, y á Arimanes, el mal principio; los he- brees á Jehová y la serpiente, los egipcios á Osiris y á Tifón, y en los tiempos moder- nos ciertos pueblos han reconocido al demonio, por el cual fué inmolado el hijo del Todopoderoso. Todas las teogonias se fundaron en sistemas iguales poco más ó ménos. 396 HISTORIA GENERAL Los masones que, por decirlo asi, forman una familia aparte en el orden social, los masones que estudian, que buscan la verdad, que respetan las creencias, cualesquiera que sean, porque saben muy bien que los pueblos no las escogen, sino que las han recibido de autoridades á las que no deben combatir; los masones, repito, tienen también sus tradiciones y sus alegorías. Tienen la historia de la muerte y resurrec- clon de Hiram, el obrero perfecto, asesinado por tres malos compañeros, á pesar de los esfuerzos que hicieron por salvarle nueve que eran buenos. Esta historia ha sido disfrazada, es cierto, como tantas otras, de muchas maneras, según la libertad ó esclavitud, según la ignorancia ó la ilustración de los siglos. Pero los masones que se han tomado el trabajo de instruirse, saben muy bien que ese maestro perfecto, no es más que el genio del bien de los antiguos en el orden físico y moral. En el orden físico es el sol, ese astro brillante que da vida á toda la natura- leza y que hace su revolución en el espacio regular de doce meses, llegados à ser, por decirlo asi, sus compañeros eternos é inseparables. Esos doce meses forman la pri- mavera, el verano, el otoño y el invierno; los nueve primeros dan las flores, los fru- tos, el color y la luz; esos son los nueve buenos compañeros que aman y quieren con- servar á su maestro. Los tres restantes dan las lluvias, la escarcha, las tinieblas; puede decirse que matan á la naturaleza y al mismo sol que es su conservador; esos son los tres malos compañeros. En el orden moral, Hiram no es más que la razón eterna, por lo cual está todo compensado, regido y conservado. También es la Justi- cía, la Ciencia y la Verdad, por medio de las que se manifiesta esa razón eterna. Los buenos compañeros son las virtudes que honran y sirven á la humanidad; los malos son los vicios que la depraban y matan. Hé aquí, hermanos míos, la explicación adoptada por los verdaderos masones, porque es sencilla y razonable y está al alcance de todos los talentos. Asi, pues, los masones no profesan otra doctrina que las consignadas por los sabios de todos los tiempos y de todos los lugares. Asi su Acción no es inferior á las demás ficciones y os convenceréis de ello con las ceremonias que van á tener lugar. La costumbre de todos los pueblos, como sabéis, consiste en representar la histo- ría de todos los autores de sus dogmas: nosotros imitaremos en este punto á nuestros predecesores y á nuestros contemporáneos. Algunas escenas de la ficción de Hiram van á representarse ante vosotros, si bien de una manera imperfecta, porque la per- feccion no es muy fácil en este género, pero bastante inteligible, sin embargo, para que la comprendáis sin esfuerzo. Los profanos y los masones, poco instruidos, acostumbran á reírse de nuestras historia de Hiram, se le pone de manifiesto de mala ma- prácticas y de nuestra porque ñera; pero si después de las aclaraciones convenientes se mostrasen aun rebeldes á su condu- significación alegórica, yo os invito, hermanos míos, á cogerles de la mano y cirios ante las escenas misteriosas que se les presentan en otras partes, á rogarles que las consideren atentamente y que vuelvan después á darnos una explicación satisfac- toria de ellas, con razones que demuestren su preferencia: si lo hacen asi, nosotros no tendremos inconveniente en confesarnos vencidos. Pero hasta entonces el Dios déla DE LA MASONERÍA 397 Masonería los dioses del mundo profano se sobrepujan poco ó nada. Haremos y observar únicamente, para rendir homenaje á la verdad, que de todos los dioses que los hombres se han dado, los mejores son aquéllos que no han hecho derramar san- gre ni ocasionado guerras injustas. Desde este punto de vista nuestro Hiram merece que se le distinga, porque no hay anales que le imputen todavia ni iras, ni vengan- zas, ni pasiones, ni malas leyes, ni trastornos en la sociedad, ni asesinatos de las na- clones, y esta es una ventaja de la que no pueden gloriarse la mayor parte de los otros. Repito, hermanos mios, que he creído de mi deber hacer estas ligeras reflexiones ántes de dar principio á ceremonias que generalmente son mal comprendidas. Una vez terminado este discurso, que aunque sus palabras se alteren alguna vez^ el fpndo siempre es el mismo, el venerable, después de un instante de silencio^ dá un golpe y dice: —Venerable hermano experto; esta es la hora en que los compañeros que solicitan aumento de salario van á presentarse á las puertas del templo. Tomad todas las dis- posiciones que se requieren en semejantes circunstancias. El experto sale. —Mis venerables hermanos primero y segundo vigilantes; mantened en vuestras columnas el orden y el silencio que son convenientes á la dignidad de nuestras asambleas. Venerables maestros^ voy á daros á conocer los nombres de los compañeros que desean ascender á maestros. El muy respetable lee los nombres de los compañeros. —Estos hermanos son dignos del ascenso que solicitan, habiendo llenado las condi- ciones á que se sujetan nuestros aspirantes, condiciones que se hacen más severas á medida los grados van siendo más elevados: os convenceréis de ello inmediata- que mente por la declaración^ á cuya lectura se va á proceder. Llaman á la puerta del templo; el experto entra llevando en la mano la declaración siguiente: El muy respetable.—Venerables hermanos mios, escuchemos al venerable experto. El experto, colocándose entre columnas, lee: —Muy respetable maestro, mis venerables hermanos primero y segundo vigilantes, y vosotros todos, venerables maestros, os declaro que los aspirantes que van á presen- tarse ante vosotros, han cumplido todas las condiciones que les hablan sido impuestas. Se ha retirado cada uno á un lugar solitario para recordar en él toda su vida pasada y juzgarse á sí mismo. Se han dedicado á los estudios filosóficos más á propósito para perfeccionar el corazón del hombre. Ellos os dirán, por si mismos, los nombres de los autores que han leído. Han puesto por escrito el resultado de sus observaciones. Todos afirman que han perdonado á sus enemigos y han desterrado de su co.razon toda idea de odio. Cada uno de por si ha dado á tres infortunados con que vivir durante un dia. 398 HISTORIA GENERAL Tal es la declaración que han firmado de su puño y letra, y que deposito en vues- tras manos^ muy respetable maestro. El muy respetable, dirigiéndose al cuadro: —Venerables maestros, toda vez que los aspirantes poseen un espiritu recto y un corazón amigo de la ciencia y de la virtud, yo os pido que se les abran las puertas del templo. Levantáos en señal de asentimiento. Todos los hermanos se levantan y el muy respetable continúa: —Es suficiente: sentáos, hermanos míos. —Venerable hermano experto, decid á los aspirantes que se les admite á las pruebas. El experto sale y el muy respetable añade: —Silencio, hermanos mios, y siempre silencio. Llaman á la puerta del templo en grado de compañero; el muy respetable da un golpe y dice á media voz: —Ocultad las luces. Que las tinieblas reemplacen á la claridad. Se apagan las luces. El muy respetable.—¿Quiénes son los compañeros que se atreven á venir á llamar á las puertas de los maestros? ¿Son los mismos cuyos nombres me habéis trasmitido? ¿Han empleado bien su tiempo? ¿Sus maestros informarán favorablemente acerca de ellos? Después de dadas las respuestas, el muy respetable dice: —Que se les abra el templo. Se hace entrar á los compañeros de espaldas. El muy respetable.—Apoderáos de los compañeros, cuidad de que sus miradas no se dirijan al altar. —Compañeros, ¿juráis no revelar nada de lo que podáis ver ni oir en el caso de que no seáis admitidos al grado que apetecéis? Queréis llegar á ser maestros. ¿Es que habéis reconocido en la masonería algo digno de vuestro celo y perseverancia? ¿No os han intimidado las calumnias y persecuciones de nuestros enemigos? ¿No teméis se os someta hoy, en este mismo templo, á pruebas que vuestro espiritu no se encuentre en estado de soportar? Haced sentar á los compañeros. Hacen sentar á los compañeros con la espalda vuelta hacia el altar y en frente de un trofeo sepulcral. El muy respetable.—Compañeros, levantad la vista, fijadla en el cuadro que tenéis delante. Estáis en la mansion del luto y la tristeza. Aquí no veréis más que lágrimas, no oiréis más que gemidos. Llamad á vosotros vuestro valor y todas las facultades de vuestra inteligencia. Sabéis muchas cosas, es verdad, pero existen otras muchas que ignoráis, y acaso entre ellas se encuentra la causa de vuestras propias penas, porque, ¿qué mortal no las ha sufrido? Escuchad. La desgracia existe para instruirnos. Los maestros que veis aquí se han reunido para llorar, para gemir Juntos. Vosotros no conocéis el suceso funesto que los ha obligado con tanta frecuencia á buscar un asilo en las entrañas de la tierra y hasta en DE LA MASONERÍA 399 el seno de las tumbas. Compañeros, un gran crimen se ha cometido. La luz se ha apagado. La virtud ha sucumbido. Los maestros han perdido su maestro. Lo lo buscan, lloran, y su dolor no tendrá fin hasta que lo hayan encontrado. La traición de han sido que víctimas les hace desconfiados. Hé aquí por qué examinamos atentamente á los que dicen ser sus hermanos que lesson bien conocidos. La traición es la más gran- de de las maldades. El muy respetable da un gran golpe, diciendo: Compañeros: quitáos vuestros mandiles; entregadlos á vuestros conductores. Acá- so no seáis dignos de llevarlos. Quitan los mandiles á los compañeros. El muy respetable.—Es preciso que sepamos si habéis tenido participación en el crimen que nos aflige. Examinad vuestra conciencia. ¿Os encontráis exentos de toda culpa? Responded. Haced que se acerque uno de los compañeros para que pueda leer en sus ojos cuál es el estado de su alma. Se hace adelantar á un compañero á alguna distancia del trono; los otros perma- necen sentados con la espalda vuelta. El muy respetable.—Compañeros, ¿vuestras manos han derramado alguna vez la sangre desús semejantes? Si el compañero confiesa que lo ha hecho en desafios ó de otro modo, dando ex- cusas aceptables, se le hacen las reconvenciones oportunas y se le purifica por medio del agua^ del fuego y el juramento de estar arrepentido. El muy respetable es le lava quien las manos por si mismo, haciéndole pasar en seguida la derecha por encima de carbones encendidos, sobre los que se han echado perfumes; acto continuo lo abraza en nombre del cuadro, en señal de reconciliación. —Vuestra lengua, ¿ha servido alguna vez al perjurio, á la delación ó á la ca- lumnia? A los demás compañeros: —Vosotros, compañeros, ¿os encontráis en estado de responder lo mismo? Levan- táos, volved el rostro hacia el altar, pasead vuestras miradas en torno vuestro. Cuando se preparó vuestra iniciación en el grado... de aprendices, se os mostraron lágrimas y huesos; aqui, también son huesos y lágrimas. Este es el mejor libro para enseñar la verdad. El muy respetable coge la calavera que está sobre el altar.y la enseña á los com- pañeros. —Compañeros, ¿cómo llamáis al triste objeto que os presenta mi mano? ¡Una cala- vera! ¿Qué es lo que nos dice? Yo he sido y ya no soy. Yo he reflexionado, he he amado, aborrecido... ¡y ya no existo!... Compañeros, una luz material y colocada grosera ha sido en donde existia el pensamiento... ¿Quién ha destruido esta hermosa obra? Compañeros, ¿lo sabéis vosotros? ¿Qué somos? ¿De dónde venimos? ¿Qué será de nos- otros? Compañeros, ¿podéis decírnoslo? Esta cabeza está colocada aquí como un fanal que nos muestra el abismo al que 400 HISTORIA GENERAL grandes, pequeños, reyes, vasallos, ricos^ tiranos y esclavos. Entón- bajaremos todos, qué nos habrá servido engañar y oprimir á los mortales? Compañeros, pres- ees, ¿de tadme atención; vais á conocer las causas de los males que nos afligen. cons- Nosotros teníamos un maestro, este maestro poseía todas las cualidades que otros el el tituyen la perfección; su nombre era Hiram; otros le llamaban Osiris^, Sol, ve la padre, el conservador de todas las cosas. Su país era aquel en donde no se luz; en un trabajaba en la ediflcacion de un templo, que debía reunir á todos los hombres mismo culto, en el culto de la verdad. Vigilaba los trabajos y coordinaba sus partes. empleaba, recibían un salario proporcionado á sus talentos. Su em- Los obreros que prosperaba. Ya tocaba á su fin, cuando tres compañeros, enemigos de su glo- presa ría y de su autoridad concibieron el proyecto de asesinarle. El muy respetable se levanta precipitadamente marcando la batería de aprendiz. —Hermanos míos, cubrios la cabeza, ocultad el rostro, voy á pronunciar sus nombres. Ningún mason los oye jamas sin horrorizarse. Todos los hermanos ocultan el rostro entre sus manos. —Esos compañeros detestables, esos asesinos, tenían tres nombres que significan todas las lenguas: la Ignorancia, el Engaño y la Ambición; nombres funestos que en han quedado después á las tres plagas que afligen á la tierra. El muy respetable se sienta y repite la batería de aprendiz. vigilantes, repetid en vuestras columnas, á fin —Muy venerable primero y segundo los asesinos mataron á nuestro maestro son la olvide, que Ignoran- de que no se que cia, el Engaño y la Ambición. El primer vigilante repite la batería y dice: son la —Hermanos mios, los asesinos que mataron á vuestro maestro, Ignorancia, el Engaño y la Ambición. El segundo vigilante hace lo mismo que el primero. los El respetable.—Si, hermanos mios, hé aquí que han causado nuestras muy desgracias, conservadlo en la memoria. Pero ved qué trama urdieron para llevar á cabo levantaba al el día. Su presencia vi- su plan. Hiram el maestro perfecto,se rayar un modo uniforme. Comenzaba por viflcaba cuanto rodeaba. Visitaba su obra de Oriente, llegaba al Mediodía y acababa en Occidente, donde pagaba y despedía á sus obreros. El Engaño lo espió y atacó el primero. Se echó un velo sobre la cabeza que lo envolvió y dejó casi desconocido. El experto cubre con,un crespón la cabeza del aspirante. había resuelto no mostrarse ya por sí mis- —Después hizo público que el maestro mo á los obreros, que le habla confiado sus secretos, sus planes y sus designios, y en la dirección de los trabajos. La Ignorancia, que le habla mandado le reemplazara luchó para hacerlas guiada por el engaño, se encargó de esparcir estas imposturas, y fué La triunfar. La Ignorancia y el Engaño eran audaces y crueles; su éxito rápido. había dirigido el complot, viendo la credulidad debilidad de los y Ambición, que dijo: «Todo marcha bien, ocuparemos la plaza de maestro, tendremos sus obreros, se union de sus dos cóm- riquezas y sus honores; ya es tiempo de obrar.» Después, en DE LA MASONERÍA 401 plices, se emboscó con ellos para consumar su crimen. La noche se aproximaba y el maestro se dirigió hacia el lugar en que descansaba. La Ignorancia fué la primera que se atrevió á tomar la palabra y pedirle cuenta de su gestión. Como ella habla na- cido del olvido de las perfecciones del maestro; pretendió ser tan sabia como él, de- claró que quería participar de su poder, y lo amenazó con matarle si no consen- tia en ello. ¿Qué es lo que exigís? le dijo Hiram, mi poder seria fatal entre tus manos á los obreros; el edificio perecería. Entónces la Ignorancia, incapaz de comprender nada, derribó los materiales, ocultó, rompió los útiles, las reglas y los compases, y los obreros se vieron confusos cuando volvieron al trabajo. Buscaron al maestro para quejarse; pero ya no le reconocieron á causa del velo con que el Engaño le había cubierto. El muy respetable da un golpe y baja del trono acompañado de un hermano con espada y de otro con una luz. —Entre tanto, el maestro habla ganado otra puerta donde los obreros trabajaban con ardor; era esta la puerta del Mediodía, que abandonó para pasar á la de Occi- dente. Allí era donde los tres compañeros le esperaban. Apénas hubo llegado, cuando arrojándose sobre él le dieron tan gran golpe en la cabeza que sucumbió. El muy respetable da un golpe con un mallete almohadonado en la cabeza del as- pirante, que cae en el colchen colocado detras de él. —Los tres malvados hicieron una fosa y le enterraron en ella para borrar las hue- lias de su crimen. Plantaron sobre esta fosa una rama de acacia para reconocer el lu- gar y asegurarse de que no se descubrirla el cuerpo de su victima. Se coloca una rama de acacia sobre el paño. El muy respetable vuelve á subir al trono, da un golpe y dice: —Asi es, hermanos míos, cómo murió Hiram, el maestro perfecto, el genio bien- hechor; y los trabajadores cayeron en la mayor confusion. A la noticia de su muerte los obreros lanzaron gritos de dolor. Buscaban á los asesinos; pero los asesinos se hablan ocultado y durante algun tiempo hasta se con- fundieron con los que lloraban. Desde esta época se conoce la hipocresia que mata y llora. Los obreros designaron nueve de entre ellos para ir en busca de su maestro; pero sus enviados hicieron muchos viajes infructuosas. Las lluvias, las escarchas y las nieblas se opusieron á sus proyectos. Durante este tiempo, la Ignorancia, el la Engaño y Ambición osaron presentarse para consolar y dirigir á los mismos que habian su- mido en luto; y para ocultar mejor su crimen, llegaron hasta á elevar templos al maestro que habian asesinado!... ¡Muchos obreros fueron seducidos por estacón- ductal Los más perspicaces no hicieron caso de las fábulas qué se les representaban y continuaron buscando al maestro. Los asesinos, temiendo cada vez más ser descu- biertos, imaginaron un medio que les salió bien. Sembraron la discordia entre los obreros, los hicieron enemigos los unos de los otros, y les enseñaron la la delación calumnia, y la traición. Trataron de rebeldes á los que íes suplicaban fuesen justos; los arrastraron á sus calabozos y los hicieron perecer por medio de toda clase de supli- 402 HISTORIA GENERAL dos, didendo compladan a] maestro sacrificándole sus amigos. Entonces la de- que solacion reinó en toda la comarca. El amigo no conocía ya á su amigo, el padre á su hijo, ni el hermano al hermano; todos se mataron y se degollaron los unos álos otros. Recorred los campos,—decia el que mandaba,—inmolad á vuestros hijos, á mies- tros padres, empezad por vuestro más tierno amigo. Y hubo días de desolación y es- panto; la tierra no fué ya más que un vasto campo de carnicería, cuyo indecible ho- rror cubría las espesas tinieblas en que se encontraba envuelta. El hombre permaneció mudo, aterrado y como aniquilado; se le había despojado de todo; se le había arrebatado su pensamiento, su voluntad, su conciencia y hasta su razón. El engaño, la ignorancia y la ambición, triunfaban; la tierra se prosternaba ante ellos. Sin embargo, áun quedaban obreros que sobrevivían á los suplicios, á las hogueras ardientes, á las serpientes devoradoras. Su genio, que era el de Hiram, inmortal. Conservaban en silencio el fuego sagrado, en el que osaban permanecía alguna vez encender la antorcha de la verdad; y esta antorcha hacia palidecer á sus adversarios, á pesar de todo su poder. ¡Valor!—decían,—busquemos á nuestro maestro; existe, no ha muerto, no ha po- dido morir!... Desgraciadamente fueron oídos. Nuevos traidores, que los acechaban, los denunciaron como impíos y blasfemos, y se les hizo morir en gran número. ¡Valor!—se decían los quedaban;—¿vale la pena vivir, si hemos de ser escla- que vos del crimen? No, nuestro maestro no ha muerto, ¡es el Dios de la luz y de la ver- dad! ¡Es más dulce morir combatiendo á sus asesinos! de la llevan- Entóneos, con un dedo en los labios, provistos del compás y regla, y do la espada por temor de una sorpresa, comenzaron de nuevo sus pesquisas. El muy respetable da un golpe y baja del altar, acompañado de su séquito; des- pues continúa: —Llegaron á un lugar retirado en que la tierra parecía estar recientemente removí- da, la rama de acacia plantada en este lugar llamó su atención. ¡Cavaron la tierra, y muy pronto percibieron el cuerpo de un hombre asesinado; quedaron sobrecogidos y de espanto! Y'ieron á un lado una regla y un compás y la letra G.'. sobre su pecho. «¡Este es trató de nuestro maestro!—exclamaron,—¡este es nuestro maestro!» Uno de ellos la carne se despren- levantarle, pero su turbación fué tan grande, que exclamó: que día de los huesos!... no estaba Y su consternación fué indecible. Sin embargo, el maestro los veía, muerto, no habla hecho más que estar aletargado; el reposo había curado sus herí- mano das, levantándose con la ayuda de un mason fiel... (El muy respetable coge la y está tendido, lo levanta y le quita el velo.) les dice: «Cesad de lio- al compañero que habéis encontrado. Héme aquí.» Y su buscado me rar, no temáis ya. Me habéis y rostro se puso radiante como el sol. (Se vuelven á encender las luces; desaparecen estaban ocultas con paños las calaveras, que se cubren con canastillas de flores que Cada uno lo recono- de luto, y las colgaduras negras se sustituyen por otras verdes.) ció y le saludó tres veces. DE LA MASONERÍA 403 —¡A mí, hermanos míos! (Se ejecuta la triple batería.) La naturaleza entera se regocijó. Se coronaron de flores. (El muy respetable en- clende un trípode colocado delante del túmulo, el cual se cubre con un gran paño de oro, sobre el que se echan flores.) Prometieron no tener en lo sucesivo otro gula. Los tres malos compañeros fueron entregados á la execración universal. (El muy respetable vuelve á subir al trono y hace sentar á su derecha al aspirante, en una silla ricamente adornada y que habla estado cubierta con un paño negro.) El maestro prometió acabar su hermosa obra, y recomendó á los obreros tuvieran más valor y vigilancia. «Me habíais abandonado,—les dijo,—y los malvados me Inmolaron. El engaño, la el mal Ignorancia la ambición han reinado en mi lugar. Decid al mundo y todo, que han causado, que el ejemplo del pasado os Instruya para el porvenir. Que el signo que habéis hecho al creer que me habíais perdido, se convierta en vuestra sal- vaclon. ¡La tierra se habla quedado viuda! ¡Vosotros érals sus desolados hijos! Cualquiera de vosotros que se encuentre en un gran peligro, deberá exclamar dlri- cruzadas sobre la cabeza y vueltas las palmas hacia adelante. giendo sus manos ¡A.'. M.'. L.'. H.\ D.\ L.'. y.'.! Y entónces todos vuestros hermanos, áun con peligro de sus vidas deberán socorreros y salvaros. Esta es la obligación que os Impongo: la Marchad, no escuchéis más al engaño, no favorezcáis á la ambición, destruid ig- norancla. Asi tendréis paz y viviréis como hermanos. Os amaréis, veréis triunfar la luz y la verdad. No hay otra fuente de felicidad en la tierra.» Asi habló Hlram. Sus discípulos le escucharon y juraron observar sus mandatos. El muy respetable da un golpe. —Compañeros, acabáis de oír la historia de nuestro maestro. ¿La comprendéis? ¿Os creéis bastante nobles, bastante valerosos para prestar el juramento que exige? ¿Concebís perfectamente todos los funestos efectos de la ignorancia, del engaño y la ambición? ¿Os creéis en estado de combatirles, es decir, estáis resueltos á oponerles las armas de la ciencia, de la verdad y de la virtud? Es suficiente. Levantáos y acercáos. Vais á llegar á ser los hijos de Hlram, y ad- qulrlr la obligación de serle fieles. —En pié y al órden, venerables maestros. «Juro sobre esta espada, símbolo del honor y del valor, delante de Dios y de los venerables maestros me escuchan, amar la verdad, fuente de todo bien; aborrecer que el fuente de todo mal; buscar todos los medios de Instruirme, Ilustrar mi engaño, espíritu y fortificar mi L.'. H.*. razón. Prometo amar á mis hermanos y socorrer á D.-. L.-. V.-. hasta con peligro de mi vida.» En nombre del Gran Arquitecto del Universo. Bajo los auspicios del Gran Oriente de..., en virtud de los poderes que me ha con- ferldo este respetable Taller, os creo y constituyo maestro de la logia de... El muy respetable baja del altar, da al neófito el abrazo fraternal y dice, ponién- dole al cuello la cinta en forma,de banda: 404 HISTORIA GENERAL —Pureza, elevación de pensamientos^ es lo que significa el color de esta cinta, que es el mismo que atribuimos al cielo. La palabra sagrada es M.*. es decir... que fué la palabra de horror que pro- nuncio el compañero que tocó primero el cuerpo de Hiram. El miedo nos separa algunas veces de las más nobles empresas: la perseverancia allana las dificultades y las vence. La palabra de paso es: Ghib.-., fin. El nombre de un maestro: Gab.\ Orden: el brazo derecho doblado en escuadra, la mano abierta horizontalmente, los dedos juntos, el pulgar separado en escuadra y sobre el corazón. Signo: ponerse al orden, retirarla mano horizontalmente y dejarla caer sobre el muslo. Signo de horror: retirar el pié derecho, separar el cuerpo hacia la derecha, exten- der hacia adelante el brazo izquierdo y el derecho hacia atras. Signo de socorro: la pierna derecha detras de la izquierda, el cuerpo ligeramente inclinado hacia atras, las manos juntas y echadas sobre la cabeza con las palmas hacia afuera, exclamando: ¡A.-. M.-. L.-. H.-. D.-. L.-.'V.-.! Tocamiento: pié derecho contra pié derecho, rodilla contra rodilla, pecho contra pecho, la mano derecha cogiendo en forma de garra la del interlocutor, la mano iz- quierda sobre el hombro derecho; en esta posición, dar tres golpes con la mano de- recha y volverla á un lado y otro, tres veces, al mismo tiempo que se da el beso fra- ternal y la palabra sagrada. Tales son los cinco puntos de perfección. Edad: siete años y medio. Batería: repetir tres veces la bateria de aprendiz. ¡Viva! ¡Viva! ¡Siempre viva! Tiempo de trabajo, de mediodía á media noche. Marcha: tres pasos elevados como si se pasase por encima de un objeto largo, oblicuando: el primero á la derecha, empezando con el pié derecho, reunir los piés en escuadra; el segundo á la izquierda, empezando con el izquierdo, reunir los piés; el tercero hacia adelante empezando con el pié derecho y reuniendo los piés. Alhaja: un compás y una escuadra entrelazados, pendientes de un cordoncillo que sale del centro de la roseta encarnada con que termina la cinta. Rito escocés: Orden, el mismo.—Signo de horror: estando al órden retirar la ma- no horizontalmente, como si se tratara de cortar el pecho con el pulgar; levantar las manos á la altura de la cabeza, tocándose las extremidades de los dedos y decir: ¡Ah, Señor, Dios mío! Después dejará ver las manos sobre el mandil, para demostrar sor- presa y admiración.—Signo de socorro: el mismo.—Tocamiento: el mismo.—Marcha la misma.—Palabra de paso: Tubal.—Palabra sagrada: Moab.'.—Batería nueve gol- pes en tres veces iguales ó sea tres.veces la hatería de aprendiz.—Tiempo del trabajo: el mismo.—Edad la misma.—Cintas lo mismo con vivos encarnados.—Alhajas en triángulo. —Ya estáis completamente iniciados en un órden mejor que aquel en que os en- DE LA MASONERÍA 405 contrabais, y debéis conocerlo en vuestro propio corazón. El mundo profano enseña algunas partes de la sabiduría, pero casi siempre las enseña acompañadas del cortejo de la vanidad y del engaño, y sus actos desmienten aquello mismo que enseñan. " —Si alguno os pregunta si sois maestros, respondedle porque una rama de este árbol fué la que hizo encontrar á nuestro maestro. —Venerable hermano maestro de ceremonias, presentad los neófitos á los vigilan- tes para que les hagan reconocer. Practicado el reconocimiento, el maestro de ceremonias coloca á los neófitos entre columnas; los vigilantes anuncian que los signos, tocamiento, palabra y bateria son exactos: el muy respetable da un golpe y dice: —Muy venerables hermanos primero y segundo vigilantes: anunciad á los vene- rabies maestros que decoran vuestras columnas, que en lo sucesivo reconozcan como hermanos de la virtud y maestros de este respetable taller a los hermanos , y que, como tales, deben ayudarlos, socorrerlos y salvarles la vida si lo necesitaran y pu- dieran. E invitadlos á que se unan á vosotros y á mi para aplaudir su ascenso. Hecho el anuncio, dice el muy respetable: —A mi, hermanos míos, por el signo, por la bateria Los neófitos dan gracias y después de hacerlos cubrir, dice el muy respetable: —Hermanos mios, ya sois maestros; á vosotros os corresponde ahora enseñar y dar ejemplo. Podéis empuñar el mallete, es decir, ser venerables de cuadro, y asistir á las sesiones del Gran Oriente. Quien dice maestro, dice un hombre más perfecto, más valeroso, más virtuoso que los demás. Habéis contraído la obligación de serlo, y debéis cumplir vuestras prorne- sas. Conocéis las desgracias del mundo, sabéis sus causas, trabajad por disminuir esas desgracias. No lo dudéis: quien ha jurado servir á la humanidad, será servido por ella. Marchad: las bendiciones de vuestros hermanos os acompañen. Que la prudencia, la rectitud y el valor dirijan vuestros pasos y presidan todas vuestras acciones. Res- petad las leyes del pais en donde os encontréis. No ofendáis las opiniones ni las con- ciencias. Que la sabiduría y la razón sean vuestras únicas armas. Marchad, os repito: ha- blad, persuadid, haced amar la verdad á la humanidad y pronto habréis vencido por completo todo el secreto de la masonería. Ya sois maestros. Acordáos de que ya no es permitido tener ningún vicio propio de esclavos. —A mi, hermanos mios, por el signo. Al triunfo de la masonería. ¡A la salud de los hermanos de la virtud! ¡A la verdad! ¡A la humanidad! —^^^enerable hermano maestro de ceremonias, servios hacer sentar á los neófitos á la cabeza de la columna del mediodía.—Sentémonos, hermanos mios. —Venerable hermano orador, tenéis la palabra. Terminado el discurso del .orador, aplaudido y cubiertas las gracias, se circulan 406 HISTORIA GENERAL el saco de proposiciones y tronco de beneficencia, después de lo cual el muy respe- table procede á la clausura de los trabajos que terminan con estas palabras: ■—¡Silencio^ silencio, silencio. Las preguntas que los maestros deberán contestar por escrito ántes de ser admiti- dos á las pruebas son las siguientes: ¿Cuáles son vuestras ideas sobre la masonería? ¿Qué es la virtud? ¿Qué es el crimen? ¿Cuál es el origen de las diversas hipocresías que dominan y destruyen las socie- dades civiles? El señor Ragon, en su manual de maestros, al llegar á donde se manifiesta la cau- sa de la tristeza de los maestros á los aspirantes, pone .en boca del muy respetable el siguiente relato: «Teníamos un arquitecto hábil, un respetable maestro que poseía las cualidades y talento que constituyen la perfección. Se llamaba Hiram; procedía del país donde nace la luz, y trabajaba desde hacía siete años en la edificación de un templo, que debia reunir á todos los hombres en un mismo culto, el de la verdad. Ordenaba las partes con arte y sabiduría, y levantándose al rayar el día, vigilaba to- dos los trabajos. Sus obreros eran muy numerosos; los habla dividido en tres clases: maestros, teniendo cada uno su palabra de paso para reci- aprendices, compañeros y bir un salario proporcional: los aprendices en la columna J., los compañeros en la columna B. y los maestros en la cámara de enmedio. Ya estaban próximos á termi- narse los trabajos cuando tres compañeros, descontentos de su paga é impacientes por ser maestros, imaginaron obtener, valiéndose de la fuerza, la palabra de maes- tro. Sabiendo que todos los días al mediodía, Hiram, durante la ausencia délos tra- bajadores, visitaba regularmente el edificio, convinieron, para realizar su designio, en apostarse á las tres puertas del templo y esperar allí á su maestro.» (Al llegar aquí, tres expertos, armados de una regla, una escuadra de hierro y un mallete algo- donado, ocultan tras de si, se colocan alrededor del túmulo, cerca del cual está que el compañero.) El muy respetable continúa su relato: com- Hiram no tardó en presentarse en la puerta del Sur. (El experto hace que el Allí encontró un com- pañero dé un paso con el pié derecho por encima del túmulo.) pañero que le preguntó, amenazándole, la palabra de maestro, á lo que Hiram le res- pendió no podia recibirlo de aquel modo, que era que preciso esperase con paciencia á concluir su tiempo. Descontento con esta respuesta, el compañero dió al maestro un golpe con la regla, que no le alcanzó más que al cuello (el compañero recibe el golpe con la regla, dando un paso con el pié izquierdo por encima del túmulo, se y al lado izquierdo de éste.) Hiram huyó hacia otra puerta. Allí encontró al se- queda gundo compañero que le hizo la misma petición, y recibiendo la misma negativa, le dió un fuerte golpe con la escuadra de bierro sobre la parte izquierda del pechO; (bl DE LA MASONERÍA 407 compafiero recibe el golpe con la escuadra, y dando un paso se encuentra delante del túmulo, volviéndole la espalda. Inmediatamente un hermano que estaba acostado bajo el paño mortuorio se.sale sin ruido. El relato continúa.) Hiram huyó tambaleán- dose hacia la tercera puerta en la que el último compañero le hizo las mismas exi- gencias que los otros; y como recibiese la misma respuesta, le descargó tan terrible golpe con un mazo en la frente que lo dejó tendido y muerto. (El experto que recibe al compañero en su último paso y que se encuentra frente á frente de él, le da furti- vamente un golpe con el mallete. Inmediatamente, los otros dos expertos lo tienden rápidamente sobre el colchen, en donde lo tapan con el paño mortuorio y lo colocan según costumbre. Los asesinos se reunieron y se preguntaron reciprocamente la palabra de maestro y viendo que no la hablan podido averiguar, se desesperaron por haber cometido un crimen inútil y sólo pensaron en el modo de ocultarlo; con este objeto se llevaron su cuerpo, lo metieron entre unos escombros y durante la noche lo sacaron de la ciu- dad y lo enterraron cerca de un bosque, plantando sobre su tumba una rama de acacia. La ausencia de Hiram de los trabajos, no tardó en hacer conocer á los obreros tan terrible catástrofe que atribuyeron á los compañeros que faltaron á la lista. Los maestros se reunieron inmediatamente en la cámara de en medio, que vistie- ron de luto, y después de dar libre curso á su dolor resolvieron emplear todos los medios para encontrar el cuerpo de su infortunado jefe con el objeto de darle sepul- tura digna de él si estaba muerto. A este fln enviaron en su busca nueve maestros en grupos sucesivos de tres. —Muy venerable hermano segundo vigilante; tomad con vos dos maestros y haced las pesquisas comenzando por el norte. (El viaje se ejecuta con espada en mano aire- dedor del túmulo.) Cuando el segundo vigilante vuelve á su sitio, dice: —Muy respetable maestro, nuestras pesquisas han sido inútiles. —El muy respetable maestro, venerable primer vigilante, escoged dos maestros y haced juntos otra pesquisa comenzando por el mediodía. Terminado el viaje, vuelve el primer vigilante á su asiento y dice: —Muy respetable maestro, nuestra pesquisa ha sido inútil. —El muy respetable maestro, venerables hermanos primero y segundo vigilante, venid á uniros á mi, acaso seamos nosotros más afortunados. Los vigilantes se dirigen al pié del altar y el muy respetable á su cabeza comienza por el norte; llegando á la columna J.'., el segundo vigilante se pára y dice: —Muy respetable maestro, percibo algo de vapor por encima de un cerro donde la tierra parece está recien cavada. El muy respetable.—Avancemos. Hacia la columna B.-, el primer vigilante se pára y dice: —Muy venerable maestro; sobre ese cerro percibo una rama de acacia. El muy respetable maestro.—Aproximémonos más. Llegados al mediodía se detienen. 408 HISTORIA GENERAL El muy respetable maestro.—Estos indicios me hacen presagiar que tocamos ya el objeto de nuestras pesquisas; convengamos en que si recobramos el cuerpo de nues- tro respetable maestro, el primer signo que bagamos ó la primera palabra que pro- nunciemos se sustituirán á los antiguos signos y palmadas que los asesinos á fuerza de torturas podrian haber arrancado á su victima. Los vigilantes hacen la señal de asentimiento. El muy respetable quita la rama de acacia y con la punta de su espada levanta el paño mortuorio y descubre el cuerpo, da un paso atras con el signo de ho- rror y dice: Este es el cuerpo del respetable maestro: veo la letra G. brillar sobre su cabeza. ¡Gimamos! ¡Gimamos! ¡Gimamos! Estas dos últimas exclamaciones se repi- ten sucesivamente por los vigilantes. El segundo vigilante se acerca, coge el dedo índice del compañero, tira ligera- mente hacia si y lo deja escapar diciendo J.'. K.-. N.l y haciendo el signo de horror. El muy respetable se acerca y dice: —¿Qué habéis hecho? El segundo vigilante responde.—Muy respetable maestro, yo crei poderlo levantar con el toque de aprendiz, pero la carne se desprendió de los huesos. El primer vigilante.—Yo crei ser más feliz por medio del toque de compañero, pero la carne se desprendió de los huesos. El muy respetable maestro.—Venerables hermanos, ¿no sabéis que no podéis nada sin mi y que juntos lo podemos todo? El muy respetable maestro coge la muñeca del compañero formando la garra y con el auxilio de los vigilantes que están á cada uno de los lados del aspirante lo le- vanta por medio de los cinco puntos de perfección pronunciando la palabra M.-. B.-. Hemos transcrito todo cuanto poco á poco y en el órden del tiempo se ha ido aumentando en el ritual de estos tres grados simbólicos, punto de partida, como ya sabemos, del disgusto ocasional de la excision primera que puede historiarse en la masoneria inglesa. Enumeramos ya las razones que los disidentes alegaban para censurar la conducta de la gran logia y los motivos que tomaron el pretexto para apartarse de su obediencia y abrir nuevos talleres en los que se practicara la verda- dera masoneria; siendo ésta una é indivisible, no cabla dentro del credo sustentado establecer diferencias, por lo que, lo que de todo punto urge determinar es si lo que ellas realizaron era más bueno, más conducente á la realización de los altos fines ma- sónicos que ac[uéllo que abandonaban. Los catecismos, las ceremonias de recepción y las formalidades que en ellas se llevan á cabo son una prueba para que nos afirmemos en la idea tantas veces enun- ciada ya, de que no era el bien de la órden lo que los díscolos y turbulentos se hablan propuesto y que muy mal hicieron con alegar para su separación el que la gran logia no seguia lo prescrito en antiguas ordenanzas que trataban ellos de poner en vigor á todo trance. En vano será que de nuevo investiguemos los más antiguos archivos. ^ " ■ ' X M/>' ' '•■ '• . '•'•• ••• "^-v' A'-^:K<-;^-"'- Í;V ' •■ - ^ ^ ■1:,, ■■ - ,- :•• •• •• s * HISÏORIA = GENF;BAL ■ El niuy fRspetiibJé "maestfo.—Efr indidGs^mo haSén pressagíár que íoc&nsQ» yt>-í^^y=$ objeíí» de naestyas pesquisasi con^'eag^mos que si reoobramds.fi] c\ierpq de t^^. i tro respfitablfi maesírd; el priruer signo ^dd^bagamog ó la primera palaljra qaí- -y -- '- pandemos se sustituirán á los antiguos signos- y pallmádás que los asesinos á f»®; ■ de torturas podrían haber arrancado á sú victima:-Eos vigilantes hacen; la sl íV'í asentimientd. El,muy respetable quita la rama de acàcia y con la punta de sn - . levanta el paño níort.uorio y descubre el Acuerpo, damn paso,atras con el signe •■»• - rror y dice: Este es el cuerpo del .respetadle maestro: veo lá letra E. brillar sor cabeza. ¡Ginmnios,! ¡Gimamos/ /Gmeg/nos/ Estas dos úiünïas exolnmacidnes d;.;- El segundo vigilante se acerca, coge el dedo Índice del, compañero, tú·ti f .- ' mente hacia sí y lo deja escapar diciendo J.'. K.-. Ñ.-. y haéieñdo el signo de > ; ; V El ipuy respetable se acerca y dice: v - ■ - --¿Oà''';hab^is-hcghof .. , . lid segundo vigifente resptvnde---Müyjfespetabie maestro^ yo creí poderiv .-/i con eíJi^u.: o- ,0 rondiz, pèró la carné se desprendió de, loS huesos. * El prirnef vigíhc.tt' - - V'.--«uás feliz por medio del foque decomp.- c -'.s ' ha carn . se desprendió de ios híC-ros ■ - El nmy íPspéfahie miï.rí~cfo .---ó^onerables hermanos, ¿no-^béisque nop " .sin ml .y que juntos loq>.idcrr!os touóf - ■ . ro:. Ei muy respetaElc maestro coge la piuñtroá deí compañero formamà,- b con el auxilio dé los vigilantes que e.stó.n m ends uno de lós lados del asp- vanta por medio de ios cinco puntos de perfección pronunciando la paíab,. ' í*- Hemos tpanscritó todo cuanto poco á pqéo y en el órden deí .tiempo - ^ aumentandó en íi ritual de estos grados simbólicos, punto de paHidft.;^ft5| sabemos, dd disgusto ocasional de la excision primera .quo puede la masonería ingiesa. Enumeramos ya las razonesqiie ios disidaniesah^ censurar la coríducta de la gran logia y los niOíivós que tomaron < 1 ''1 ¿r: * u¿iartarse de su.dbediencia y abrir nuevos tallei^es en los que se pracnc»^^ df'f.í, roasotrcria; siándo ésta una é indivisible, no cabía dentro del crot» esltti;>i«!ur diferencias, por to que, iodbc de ío/Ío punto.urge detem nu-:^ ellas "ï^'fearoii era hiás bueno, más conducente è la rpaiizaçfon de Iftò .ro-■ .í© »wÍéo¿fíác1i-;#óllo que abandoïïalianv\ . : catei'í|jpc%-ias Céremt'nias de recepción y las formaíidadeè qe- -■ " prueba para que nos áftrmémos en la idea tantas ' rC cíàtïà y. i dç la órden lo que io^ discolósy turbuIen.joí .prüpuirçfer^- ^:úó':^^^tttiicicí'onc6n alegar para sü separación el qió iq ;y: ' mo- sííguia scrÍ,ío^^p^.yuas .^dcnànzas que tr utálpii ellos dç/pofiC ' todo investiguemos los más iiTi' SSi DE LA MASONERÍA ' 409 nada podremos conseguir con que se examinen una vez más documentos presentados con la mayor claridad, pues en estos nada se hallará, ni en la letra, ni en el espi- ritu, que pueda ser puesto á ceremonias inútiles y prácticas ridiculas que nos han lie- vado al desprestigio y á torcidas interpretaciones, causa principal, si no única del la- mentable concepto en que hoy se tiene á la orden masónica. Fijándonos en lo que á la iniciación presenta por lo que á los innovadores toca, vemos en la que se refiere al primer grado, una serie de preguntas y de consideració- nes que desde luégo niegan la verdad de que á la masonería puedan tener fácil acceso todos los hombres siendo honrados. Por razón de su naturaleza y muchas veces á causa de su temperamento, es bien cierto que existen hombres pusilánimes, que se acobardan ante la menor ostentación de fuerzas, que desfallecen ante el menor de los peligros materiales y que se sienten aniquilados tan pronto como surge ante ellos vi- sion ó realidad que cause su terror; pero un hombre de esta clase, tal vez el mismo que no puede resistir la presencia de un cadáver, el mismo que perderá el conocí- miento ante un puñal desnudo, puede, con un destello de su soberana inteligencia salvar á la sociedad á que pertenece, y puede con una idea que le sea sugerida mer- ced á sus vastos conocimientos, encauzar un órden de cosas llevándolo á feliz térmi- no. Esta sencillísima consideración que salta á la imaginación de cualquiera, esta consideración á cuya evidencia no podrán negarse jamas los que redactaron los for- mularios que estamos impugnando, fué dada al olvido totalmente y hay que afirmar desde luégo que no podrá ver abierto ante si un templo masónico, el que carezca de valor material y el que se sienta falto de la energia que caracteriza á los que en socie- dad llaman valientes. Un cadáver puesto en el cuarto de reflexiones y del que se dice es de un hombro degollado en la noche del 24 de Agosto de 1572, fecha terrible en la historia de la in- tolerancia religiosa, á nada puede conducir, si no es, á que resulte invariable re- pugnancia en el pusilánime ó total indiferencia, lo mismo en el bravo que en el acostumbrado á tener cerca los despojos mortales de nuestro sér; á que nada se diga con la declaración hecha al inei)to é ignorante ó á que el instruido de los aconteci- mientos que tuvieron lugar, se ría descaradamente al escuchar que desde entónces aca, se ha podido conservar la osamenta de una de aquellas victimas, ó de uno de aquellos verdugos, para mostrarla precisamente é infundir espanto al que va allí convencido de que es la masonería una sociedad destinada á establecer íntimos lazos de amor y caridad entre todos los hombres que pueblan la tierra. El carbonarismo hubiera podido justificar semejante prueba y hasta hubiera estado en carácter, si al iniciando le obligara á sepultar agudo puñal en el desnudo pecho del traidor conde- nado por el tribunal de la sociedad, pues bien sabido es que no faltaban en sus regla- mentes y estatutos estas prácticas criminales que caen de lleno bajo la sanción penal establecida en todos los pueblos cultos; pero dentro de la sociedad masónica, ¿á qué viene preguntar al que se inicia si es hombre de corazón y capaz de fuertes resolucio- nes? ¿Para qué preguntarle si sabe manejar la espada y las armas de fuego?¿Para qué inquirir si puede soportar el hambre, la sed, la fatiga y los viajes? 410 HISTORIA GENERAL Todos estamos convencidos de que semejantes preguntas, dado el credo de la ór- den que historiamos, no han tenido, ni tienen, ni podían tener fundamento alguno; ¿si esto es asi, á qué consignarlas en manuales que hoy se hallan al alcance de toda clase de personas? Con haberlo hecho nada se ha conseguido en pro de la maso- neria, decimos mal^ se ha conseguido que tomadas al pié de la letra por gentes sen- cillas y sin instrucción ó por aquéllos que de todo saben hacer armas en contra, se crea que mason es sinónimo de hombre perverso, sin Dios y sin ley, capaz de co- meter los más abominables crímenes y las más nefandas acciones. Si dura y acre censura merece lo que podemos llamar parte material de la inicia- cion, no es menor la que debemos hacer de la que llamaremos moral por referirse directamente á los conocimientos que posea el que solicita la admisión en la maso- neria. Filósofo, teólogo, moralista, historiador, mitólogo, todo esto y áun algo más seria menester ser forzosamente para ser admitido con arreglo á lo que terminante- mente prescribe el ritual masónico para la iniciación al grado de aprendiz. Nuestra enumeración podrá asustar, tal vez nos crean exagerados al escuchar de nosotros que sabio y muy sabio es menester ser para adquirir el honor de ser mason, pero fíjense nuestros lectores y no podrán negar que á la más árdua y trascendental filosofía, pertenecen el conocimiiento del alma humana y el concepto de Dios, de su manera de ser y de su manera de presentarse en el Universo creado; que á la teologia pertene- cen las cuestiones que se refieren á la esencia de Dios y á sus atributos, que dentro del dominio de la moral cae lo referente á la virtud y al vicio, á la verdad y á la hipo- cresia; que á la historia pertenece lo que toca á la institución y desenvolvimiento de los misterios que celebraron ios antiguos pueblos, las costumbres en que estos abunda- ban y las prácticas á que dieron vigor, y que sólo dedicado al estudio de la tan adelan- tada ciencia mitológica, podrá investigar lo que se refiere á las formalidades externas de religiones que fueron y áun son en nuestros dias positivas para muchos pueblos. ¿Si ésto fuera cierto, cuántos masones habría? Pocos, muy pocos, pues harto sabido es la dificultad en adquirir el conocimiento y lo breve de la vida para adquirir tanta ciencia, que no es infusa, ni aún en su menor parte. Examinados los puntos de que dejamos hecha mención, vemos por otra parte que ni áun en el supuesto de que un hombre llegara á abarcarlos todos, podría lograrse fuera buen mason en los términos prescritos por las antiguas ordenanzas y constituciones, tan infringidas por aquellos mismos que tan calurosamente emprendieron su defensa. Es, pues, forzoso conceder que tales preguntas están hecbas no más que para revelar una cultura de que se carece y hacer vana ostentación de conocimientos que no se tienen, lo cual no implica ni puede implicar ventaja alguna, dado que, bien pronto salta á la vista el objeto que pudieran proponerse. Si de las prácticas que se llevan á cabo para la iniciación de los aprendices, pasa- mos á lo que conservando términos tradicionales de todo punto se da el nombre de aumento de salario ó sea el primer ascenso, dentro del órden jerárquico masónico, ó lo que es aún más claro, al conferimiento del grado de compañero, observamos la misma profusion de detalles inútiles, los mismos anacronismos, y ¿por qué lo hemos de ocul- DE LA MASONERÍA. 411 tar? hasta las mismas puerilidades. Desde luégo y contra todo lo que en pro de la ins- titucion masónica puede revelar la más remota antigüedad^ hallamos la afirmación de que existe un secreto del que se comienza á dar cuenta al mason, luégo que se le inviste de este grado. Hemos trascrito todo el catecismo, hemos trasladado todas las ceremonias, ¿dónde estA el secreto? En parte ninguna: si lo que los reformadores tendieron pre- hubiera sido cierto, si la causa verdadera de su excision hubiera sido, como alegaban, la falta de respeto que la gran logia de Lóndres revelara bada las antiguas ordenanzas, en verdad que jamas se hubiera llegado á tan lamentable extremo; com- prendemos perfectamente que en el Génesis de la órden, cuando ésta no había dejado de ser aún corporación de trabajadores, hablaran de secretos refiriéndose á la manera de construir, mas cuando posteriormente la sociedad cambió de faz, y se trocó en institución filantrópico-moral, para los asociados, no cabe que se hable ni de secre- tos, ni de misterios, ni de cosa que lo pueda representar. Esto dicho por lo que al fondo toca, es demasiado suave si consideramos la forma; supuesta la considerable instrucción que el aprendiz ha debido revelar al iniciarse, ¿cómo es posible que se le haga creer que el templo en que se halla es tan antiguo como el mundo y que ni ha- blando en sentido directo, ni en sentido figurado lo hayan enriquecido con los teso- ros de su ingenio Zoroastro, Confucio, Salomon, Sócrates, Platón, Zenon, Epicteto y Marco-Aurelio? Si tan ilustrado se supone al hermano á quien se va á conferir el grado de compañero, ¿cómo evitar que sonría sarcásticamente al decirle que aun de ellos conserva respetuosamente la masonería fragmentos de los trabajos que realizaran? Reformadores religiosos los unos, ocupáronse sólo de lo que á la religion y á la mo- ral toca; filósofos otros, se abismaron en la investigación de las causas primeras, de las ideas madres, para llegar á fundar sistemas que se vienen estudiando desde la más remota antigüedad y en los que una generación tras otra han visto mil cosas dis- tintas, pero ninguna algo que pueda referirse á la masonería. El afan de remontar los orígenes de nuestra órden á tan antiguos tiempos, ha sido causa eficiente de que se dude sea propia para realizar los altísimos fines de que blasona; porque, en efecto, si sus propósitos son buenos, nada les quita el que Sócrates soñara en ser mason y nada le pone el que lo hubiera sido, y por que hacerlo es, cerrar los ojos á la evidencia y ponerse de frente con la razón y con la historia. En lo único que se han manifestado conformes con la tradición, es sólo en lo refe- rente á aquello qne más cuidado debían haber tenido por hacerlo desaparecer; esto es, en lo que directamente se refiere á la antigua terminologia que los albañiles cons- tructores empleaban. Como si la progresión fuera necesaria, del mismo modo que si hubieran reputado necesario de todo punto aumentar la confusion á medida que el iniciado avanzaba, vemos nuevas preguntas y más consideraciones al investir del grado de maestro, todas ellas ajenas de todo punto á la cuestión principal en que se debe ocupar la masone- ria. Después de las muy descabelladas razones manifestadas en la consagración del compañero, referentes las unas á la naturaleza, las otras á las ciencias y á las artes, como si no fueran bastantes, como si no pudiera abrigarse el temor de que en el pe- 412 HISTORIA GEISTERAL DE LA MASONERÍA. rlodo de tiempo que ha permanecido el individuo en el grado anterior, los conoci- mientos tomados de la cosa en si le hayan hecho decaer del buen espíritu en que se hallara, se sobrecarga lo referente á la consagración del maestro, volviendo á sacar á relucir la tan zarandeada historia del maestro Hiram, asesinado por los malos com- ávidos de la palabra secreta mediante la que ellos se conocer entendían. pañeros, Extensamente nos hemos ocupado de esta historia y palmariamente hemos demos- trado ningún fundamento, presentando en apoyo de nuestro aserto los mismos su textos biblicos con que los inventores de la novela han procurado seducir. En vano es que quieran recurrir, como muchos hacen, á la significación simbólica de esta bis- toria, ajena de todo punto á la masonería por razones de lugar y tiempo que todos de no es nuestros lectores el título conocen, pues si hay algo que justifique maestro, más ni ménos que el precedente que la masonería tiene en aquellas corporaciones en las que era de todo punto necesario. En el cumplimiento fiel exacto de la misión que nos hemos y impuesto, no cede- remos ni una linea, y nuestras palabras, lo mismo que todas nuestras conclusiones, estarán siempre inspiradas en ios mejores deseos y en la mejor buena fe. Grande es hubieran sido sus la masonería por los fines que se propone cumplir, admirables hermanos resultados y prontos en apreciarse si contra todo lo que se debió esperar los de una las hubieran permanecido unidos, inspirados en el mismo espíritu; pero parte humanas de otra la falta de exacta comprensión de lo malas pasiones qué era en y sí la masonería, fué causa de una excision que no ha podido ser justificada por nin- motivo legitimo no tiene en su apoyo razón que la y que explique. Todo lo con- gun trario, después de censurar la gran logia por apartartarse de las antiguas prácticas, después de desconocer sin previo informe una autoridad á la que estaban obligados del carác- por juramento, se extraviaron en peligrosísima senda, hicieron caso omiso lie- ter que en realidad debian darle y la convirtieron, gracias á las alteraciones que de insultos, amenazas y sangrientas burlas de las á cabo, blanco que áun no varón en eximirse, fatales por muchos conceptos fueron las ha podido consecuencias, al- pues gunas de las que pasamos á exponer más detenidamente. CAPÍTULO XXIV. Consecuencias del extraño simbolismo introducido en la masonería.—Análisis del libro publicado ^or los jesuítas contra la orden.—Estilo que en él emplean.—Carácter que asignan á la órden.—Errado concepto que de ella emiten.—Absurdos en que incurren.-Division de la masonería, según ellos,en pública y oculta (3 verdaderamente secreta.—Clases que, según ellos, abundan en la órden.—Examen de los medios que suponen son empleados para hacer la propaganda masónica.—Autoridad á que recurren para probar sus calumniosas imputaciones.—Formalidades que suponen empleadas en la recepción del grado de aprendiz. —Las pruebas.—Los viajes.—Errores en la exposición.—Efecto que puede producir la violenta sátira que emplean.—Crítica de tan injuriosas aseveraciones. ^ X el lugar oportuno manifestamos las fatales consecuencias que hablan te_ nido las concesiones que se hicieron á los ecónomos, sin pensar en lo poco conducentes que todas ellas eran para llegar á buen fin. Ya vimos cómo luégo que hicieron vana y pueril ostentación de símbolos y atributos que podían decir mucho al mal entendido amor propio, pero que nada representaban con respecto al instituto, los contrarios y enemigos de la órden masónica se aprovecharon de ello, encontrando sobrados motivos para ponerlos en ridiculo y causas bastantes suficientes para probar el aserto ya emitido de que la masonería no tenia fin alguno que pudiera ser considerado como apto para conseguir mediante él provechosos re- saltados. En vista de esto, arrepentidos de lo léjos que fueran, pero tarde, muy tarde ya para destruir el mal efecto causado, desandaron el camino que llevaban recorrido, prohibiendo aquellas manifestaciones públicas, en cuanto no respondían al concepto que de la asociación se habla formado. Aunque tarde y mal, pudo evitarse algo, según hemos visto; las parodias y las ca- ricatur¿is tuvieron fin y la órden masónica siguió progresando en Inglaterra hasta llegar á la lamentable escisión que historiamos. En ninguna escuela, en ninguna secta han tenido jamas los cismas buenos resultados, pero dentro de algunas religiones los 414 HISTORIA GENERAL ha habido justificados hasta cierto punto; el promovido dentro de la orden masónica ninguno tenia, pues según hemos podido ver, los discolos y mal avenidos alegaban sólo que la primera gran logia que se habia constituido, se separaba mucho de las primitivas tradiciones. Los hechos tienen que concordarse con el tiempo, pues de otra manera no cabe que las instituciones subsistan en la historia, y esta razón es más que suficiente para probar la falta de fundamento de la razón que alegaban, primer ele- mento que asegura y da vigor á las censuras que de ellos venimos haciendo; pero áun tenemos que centuplicarlas atendiendo á los fatales resultados que obtuvieran. Equivocado el procedimiento, se falseó el credo, y falseado aquello que revelaba la bondad y conveniencia de la sociedad, abrióse la puerta á conjeturas malévolas que no podían dejar de ser lanzadas por los enemigos que acechaban solicites la ocasión de asestar mortales golpes á lo que más daño les causaba; con el absurdo simbolismo que llqgaron á arbitrar y en que en tantas contradicciones incurrían, presentaron blan- CO á la sátira y al ridiculo y bien pronto los que con tanta facilidad dieran al olvido sus promesas y juramentos, seducidos por vanos alardes y ostentaciones pueriles, se encontraron frente á violentas invectivas, frente á ataques desembozados, muchos de los que no podían tener contestación por parte de aquellos que los habian provocado. Las instituciones que aparecen en la historia se hacen fuertes por el formal man- tenimiento de la doctrina que acreditan, mas cuando los mismos que pertenecen á ellas son los primeros en desvirtuarlas, no tienen derecho á exigir respeto ni crédito, ni mu- cho ménos á continuar pasiblemente la propaganda de ideas que ellos han sido los primeros en poner en evidencia. Esto que decimos va dirigido á los c^ue apartándose del buen camino, álos que negando obediencia al poder masónico ciue por si habian constituido, abrieron con mano criminal brecha para que en ella se lanzara el ene- migo, atacando las filas compactas y unidas un tiempo, pero que por las causas y razones que dejamos apuntadas, habian quedado débiles y mermadas. Nuestros lectores habrán podido juzgar de las contradicciones y errores que impli- caban los formularios y catecismos introducidos, con lo que disponían las antiguas constituciones de que ellos se habian manifestado tan fervorosos, y con doble razón y mayor saña fueron apreciadas por los que en la institución masónica veían un enemi- go poderosísimo. Prueba de esto más que suficiente para apreciar los desastrosos efectos del cisma que promovieron los malos masones de aquellos tiempos, es el libro obra de los jesuítas, de que pasamos á dar cuenta. Hábil era el enemigo y grande, muy grande el flanco presentado, razón porque el ataque fué violento, quedando pie- llámente evidenciado todo lo inútil, artificioso y vano que habian introducido. Segu- ramente que ninguna obra masónica ha tenido una circulación tan grande como la que sus autores dieron al libro de que nos ocupamos, y en verdad que jamas laórden hizo una propaganda tan activa de sus venerandas ideas, como la que el jesuitisnio hiciera de las que daba á luz, siendo lastimoso tener que confesar que aunque exage- radas, casi todas ellas son ciertas, pues se apoyan en las especies vertidas por aquéllos que por si y ante si se llamaban reformadores masónicos. El autor del libro citado, que aparece sin pié de imprenta y sin fecha, comienza DE LA MASONERÍA 415 por declarar y confesar paladinamente que en Europa, que en el mundo la masonería entero, crece y se desarrolla de una manera notable, que cada vez las ideas conizadas pre- por esta institución, crecen y se desarrollan, razón porque menester asegura que es estar sumamente vigilante para prevenir los efectos. Si nos deteni- damente fijamos en esta confesión, se comprenderá desde luégo hasta qué el punto era grande pavor que inspiraba esta asociación, que sin estar protegida por poderes del estado ninguno de los y sin haber sido jamas su fin ó intención dominar las habla conciencias, conseguido ya grandísimo número de prosélitos. En tanto que fiel á su credo se habia limitado á mantener severamente sus principios, en tanto que el tante de objeto cons- su predicación seria y formal habia sido la paz y union entre todos los bom- bres, que se deben considerar como hermanos, miéntras no se habia extralimitado durante el y tiempo en que se habia confesado noblemente hija de lauda- bles aquellas asociaciones que buscaban en el trabajo su modo de subsistir; fuera por el cuidado grande que que inspirara, nadie se atrevió á atacarla descaradamente cuantos esfuerzos y se hicieron en contra de ella, se llevaron á cabo en la liéndose de sombra, va- subterfugios y malas armas. Pero cuando los mismos masones fueron los que involucrándolo todo dieron lugar á que se dudara de la santidad elevación de las y miras masónicas, la embestida fué ruda, y en la lucha llevaban la mejor aquellos durante parte que mucho tiempo y con voracidad habían acechado la ocasión lanzarse para sobre su presa. En estilo ligero, procurando instruir deleitando, comienza el autor del por nombre ocuparse de franc-mason, acerca del cual dice lo siguiente: «Por los nombres regla indican general las cosas, pero en este punto sucede todo lo contrario: los franc- masones no son ni francos m masones (albafiiles). Que no son masones, es inútil demostrarlo; que no son francos no es ménos claro, por cuanto su sociedad está fun- dada en secretos y en iniciaciones misteriosas que no deben revelará nadie de bajo pena muerte. »Para los profanos, los franc-masones se presentan sencillamente como formando parte de una sociedad filantrópica y bienhechora; pasemos á versi hay algo bajo esto, pues nos parece que son ménos inocentes que albañiles. »Si por franc-mason debe entenderse libre mason, el velo que cubre á la sociedad comienzaálevantarse un poco. Libre, ¿con qué libertad? Libre, ¿frente á quién?Libre, ¿para qué? Bien pronto lo veremos, y estos son terribles misterios. »E1 notable nombre de franc-mason les viene, según parece, de Escocia. el Después que papa Clemente V, y el rey de Francia, Felipe el Hermoso, hubieron muy mente abolido justa- á principios del siglo xiv la órden de los Templarios, muchos de estos infames huyeron á Escocia y alli se constituyeron en sociedad secreta, un odio jurando implacable al papado y á la monarquia. Para mejor disfrazai' sus designios, se afiliaron en algunas corporaciones de albafiiles, tomando las insignias de ellos y sus términos técnicos, extendiéndose más tarde por toda Europa á favor del protestantismo. Su organización definitiva parece datai- de los primeros años del siglo XVIII. 416 HISTORIA GENERAL »Con objeto de arrojar polvo á los ojos del vulgo, pretendieron remontar su origen hasta el diluvio y hasta el hasta el templo de Salomon y hasta la torre de Babel, mismo paraiso terrenal, hallando gran número de adeptos que creyeron semejantes patrañas.» párrafo, vemos desde luégo la torcida in- Deteniéndonos á examinar este primer extremos tención de los que atacan; pero no con menor claridad se advierte que los de tener aborígenes á las para el ataque los han dado aquellos que desdeñándose por tantas honradas corporaciones de trabajadores á cuyos esfuerzos y desvelos se deben lanzaron el anchuroso campo de la his- maravillas de arte, en la Edad media, se por elevada prosapia quisieron verla para si en todo aquello que toria buscando más y hería los sentidos y halagaba por lo fastuoso de la apariencia. No hay pues que extra- llamaron reformadores masó- fiarse ni resentirse; bien hemos visto que hasta los que se en todo masonería y como sin fundamento al- nicos, rebuscaron detalles para ver guno hicieron tradiciones masónicas en lo que la Biblia dice acerca de la construcción de surgieron nove- del Templo, supliendo con vigorosos esfuerzos de imaginación que todo sin las, los claros que resultaban en tan estupenda historia. Amalgamándolo mal entendido, órden ni concierto, revolviendo en provecho propio, pero en provecho todo lo que les podia servir al descabellado propósito habían concebido, aunaron que acontecimientos politicos muy posteriores y enlazaron lo lo dicho por la Biblia con de los Tem- referente á Hiram con las Cruzadas y éstas con la disolución de la órden sin unidad ni correlación alguna piarlos, formando asi una heterogénea amalgama más de estos extremos que que no puede resistir siquiera la critica ligera. Cualquiera de escogieran hubiera servido grandemente el ataque, pero procediendo el para golpe escogieron el mejor para defender su causa al propio tiempo, y ninguno los jesuítas, los templarios, por cuanto así tenían ocasión de vindicar, ó tan apto para ello como le habian por la de intentarlo al ménos, al papado de los ataques que ya se dirigido inhumana inmolación de Jacobo de Molay. como ya hemos dicho, si los masones se hubieran limitado á man- Ciertamente, y las constituciones y ordenanzas que ya tenían tener lo que acerca de su origen decían con todos ha sido saludada publicadas, no hubieran dado lugar al sarcasmo que por pretendida genealogía y si se hubieran mantenido en sus primitivas aseveraciones su la logia de Lóndres no habrían dado mo- siguiendo todos la marcha iniciada por gran del tivo para esta exposición de sus enemigos los dejaba tan por debajo concepto que deseo ha sido siempre y es el de Como nuestro pre- que querían merecer de todos. hechos con la mayor imparcialidad, no podemos ménos que trascribir aqui sentar los el libro en cuestión, y que á la letra dice la nota que acerca de los templarios pone Templo habian sido instituidos para defender la fe en la tierra asi: «Los caballeros del adquirieron grandísima influen- santa. Bien pronto se extendieron por toda Europa y maestros se dejó cía merced á sus cuantiosas riquezas. Uno de sus primeros grandes contra la naturale- seducir por los turcos é introdujo en la órden á más de prácticas sacrilegas permanecieron durante mucho tiempo en el más pi-o- za, costumbres que é tan abominables secretos fundo misterio. Felipe el Hermoso de Francia descubrió DE LA MASONERIA 417 instó vivamente al papa Clemente V para que castigara á los templarios y suprimiera la orden que tenían constituida. El fin principal que Felipe el Hermoso se proponia conseguir era la confiscación de los bienes que poseían en provecho suyo; el del papa fué el Ínteres que le inspiraban la fe^ las buenas costumbres y la justicia. Después del juicio á que fueron sometidos, quedaron absueltos muchos templarios, otros severa- mente castigados^ algunos, los más culpables, fueron entregados al brazo secular, otros en fin lograron salvarse.» Como se ve, la historia no puede estar más falseada ni más desvirtuados los hechos, que están hoy fuera de toda duda, pero era forzoso presentar á los caballeros del Templo de la peor manera á fin de que se viera á los masones del peor modo posible. Hé aquí la primera consecuencia de la reforma intentada por los masones cismáticos. Pasando al segundo punto del libro que examinamos, y en el que el autor se pro- pone demostrar que hay una masonería que se ve y otra que no se ve dice: «A la pri- mera pertenecen la inmensa mayoria de los franc-masones, aquellos que son llevados sin saber adónde. Detras de esta multitud que canta y que habla de moral, los verda- deros masones ocultan todas sus ti'amas. »Entre los primeros puede haber, y los hay sin duda, hombres honrados según el mundo, corazones generosos y levantados que serian cristianos si supieran lo qué es religion, pero á los que la ignorancia extravia por falsos caminos. Se dejan llevar de las apariencias de fraternidad y caridad y se indignan de buena fe cuando la Iglesia denuncia y anatematiza ála órden masónica. Pero los que más dominan entre los ma- sones son los grandes y pequeños de la clase media, sin religion; los ambiciosos, los abogados sin pleitos y sin conciencia, los espíritus falsos, los ideólogos que corren en pos de lo desconocido, los filántropos á la moda del dia, en fin, los hombres de mun- do que á toda hora preconizan que su único deseo es moralizar y salvar al género hu- mano, comiendo, cantando y bebiendo; los militares abundan en la masonería, asi como también los tenderos y comerciantes.» Hé aquí, digámoslo claro, el resultado de haber querido asimilar á la órden que historiamos con las antiguas religiones orientales sobrecargadas de secretas fórmulas y de misteriosas iniciaciones. Como llevamos visto en el curso de nuestra historia, la masonería no podia ni debía alegar semejantes pretensiones, y lo que ,es más, en no hacerlo estribaba uno de sus principales y más grandes méritos, pues su misión alta- mente civilizadora no podia en manera alguna correr parejas con las religiones posi- tivas, que para mantenerse y dominar en el ánimo de sus prosélitos tuvieron que re- currir á las verdades reveladas, á los misterios y á las mil supercherías con que embebían y fascinaban. La marcha de la masonería, la senda que tenia que seguir, estaba trazada por su propia historia: el trabajo regenera y moraliza al hombre y esta razón es más que suficiente para que se comprenda como más moral y regeneradora á la sociedad de constructores; cuando la vulgarización de los conocimientos artisti- eos y científicos le quita su razón de sér, cambia la organización primitiva y modifi- ca sus fines tendiendo al mejoramiento de la humanidad, para lo que ciertamente no hacen falta ni misterios ni secretos. Si durante algun tiempo la sociedad ha permane- 418 HISTORIA GENERAL cido en la sombra, no es culpa suya, ciertamente, ni tampoco porque asi lo exigiera su constitución, sino que activamente perseguida por aquellos que comprendían el peligro de que se difundiera la luz, los individuos masones se veían constantemente amenazados y de ellos se vieron muchas veces llenas las cárceles y con ellos se entre- garon no pocas victimas al verdugo. Cuando la época del oscurantismo puede consi- derarse pasada, cuando han cesado las persecuciones arbitrarias y la razón impera y la critica cuenta ya con ancho campo en que moverse, la sociedad masónica se pre- senta á la luz del dia y claramente se ve que no tiene ni ejercita misterios ni sacrile- gios, por más que algunos sostengan lo contrario, deseando darle un carácter pom- poso y fastuoso para hacerse pasar por continuadores de los templarios y vestir hábitos como ellos y gastar espada. La historia con sus grandes y perspicaces ojos lo ha re- gistrado y escudriñado todo y positivamente sabemos á qué atenernos ya con respecto á muchos puntos que hasta nuestros días han permanecido en el misterio, y hoy que se le ve claro, hoy que sabemos á qué atenernos, no podemos ménos que preguntarnos con la mayoría de los hombres sensatos: ¿para qué hablaron de misterios ni instituye- ron iniciaciones, ni ritos mitad religiosos, mitad ridículos? Para nada bueno, ciertamen- te, es la contestación que nos podemos dar, pues lo único conseguido con ello ha sido que los enemigos se aprovechen de ello y que tomando lo que ellos les daban y alterán- dolo con saña y perversa intención, presenten á la orden como foco de corrupción y de mentira y publiquen libros y folletos como el que estamos examinando. Después de los puntos que dejamos examinados, pasa á ocuparse en el tercero de los medios para hacer propaganda, y á este fin trascribe las recomendaciones publi- cadas por uno de los jefes ocultos cuyo nombre de guerra era Tigre pequeño^ y tras el cual los buenos y verdaderos masones hace mucho tiempo reconocieron á uno de tantos jesuítas de los que con hipòcrita capa se han introducido en nuestras filas, no sólo para espiar lo que dentro de los templos se hacia, sino que también para sem- brar la discordia y alimentar la escisión que pudiera aparecer entre los hermanos fo- mentando sus malas pasiones. Si esto no se hubiera advertido la doctrina que expone lo revelaría claramente, pues sus términos trascienden á gran distancia á jesuitismo puro. Dice así: «Lo esenciales aislar al hornbre de su familia y corromper sus eos- tumbres. El hombre se encuentra bastante dispuesto, gracias á las condiciones de su carácter, para huir de los cuidados del hogar y correr en pos de los placeres fáciles y de los goces prohibidos; es sumamente aficionado á los círculos de recreo, á la ociosi- dad y á los espectáculos. Conducidlo, arrastradlo, dadle una importancia cualquiera, enseñadle discretamente á aburrirse de su trabajo diario y por medio de estos mane- jos, después de haberlo separado de su mujer y de sus hijos, después de haberle en- señado cuán penosos son todos los deberes, inculcadle el deseo de otra existencia. El hombre ha nacido rebelde; fomentad su deseo de rebelión hasta el incendio, pero sin que el incendio estalle. Esta es una preparación para la grande obra que vosotros de- béis realizar. »Cuando hayáis insinuado en algunas almas el disgusto hacia la fámilia y hacíala religion (el uno va casi siempre á continuación del otro) pronunciad algunas palabras DE LA MASONERÍA 419 que provoquen el deseo de ser afiliado á la logia más próxima. Esta vanidad del ciu- dadano ó del campesino de enfeudarse en la francmasonería tiene algo de vanal y es tan general que permanezco siempre admirado ante la estupidez humana. Me llama la atención que el mundo entero no llame á la puerta de todos los venerables para so- licitar de ellos el honor de ser uno de los obreros escogidos para la reconstrucción del templo de Salomon. El prestigio de lo desconocido, ejerce sobre los hombres tan grande influencia, que temblorosos se preparan para las fantasmagóricas pruebas de la iniciación y del banquete fraternal. »Hallarse miembro de una logia, sentirse alejado de su mujer y de sus hijos, verse llamado á guardar un secreto que jamas os confiarán, es para ciertas naturalezas una voluptuosidad y una ambición.» La estratagema, como ya dejamos dicho, no puede ser más clara: nosotros hemos consignado los principios en que se funda la verdadera masonería y también dejamos expuesto el abominable catecismo del jesuitismo: nuestros lectores pueden comparar y verán desde luégo con qué concuerda más perfectamente el órden de propaganda que dejamos expuesto. Todo lo que en él se advierte es jesuitesco, no hay nada en él que respire la elevación masónica, que jamas admitió en su seno al hombre relajado y poco amante de su familia, pues esta sola condición es más que bastante para revelar hasta la saciedad que no podia ser buen mason dado que éstos se proponen crear una sola y universal familia. Pero ya lo hemos dicho. Tigre pequeño era un jesuíta y estos jamas han perdonado medio por nefasto y reprobado que sea para conseguir su objeto, asi es incurran que poco, muy poco puede extrañar que tras tales invenciones en falsedades como de la que pasamos á dar cuenta, una de las muchas contenidas en el libro que nos ocupa. Con un descaro inaudito al continuar exjjoniendo los medios de que la masonería se sirve para aumentar de dia en dia el número de sus prosélitos, afirma que el her- mano Clavel, autor de la Historia pintoresca de la Masonería, propone, aunque con ménos cinismo, el mismo honrado sistema para el reclutamiento y cita según dice sus propias palabras, concebidas en los siguientes términos: «La francmasonería dicen á aquellos que quieren catequizar es una institución filantrópica progresiva, cuyos miembros viven como hermanos bajo el nivel de una dulce igualdad. El fracmason es ciudadano del universo; no existe ningún lugar en el que no encuentre hermanos so- lícitos en acogerlo bien, sin que tenga necesidad de ser recomendado á ellos más que por su titulo ni hacerse conocer de ellos más que por los signos y las palabras miste- riosas adoptadas por la gran familia de los iniciados. Para decidir á los curiosos aña- den que la sociedad conserva un secreto que no es nf puede ser más que patrimonio de los fracmasones. Para decidir á los hombres amantes de los placeres alegan los frecuentes banquetes, donde los suculentos manjares y los vinos generosos excitan á la alegría y estrechan los lazos de una intimidadad personal. En cuanto á los comer- ciantes y á los artesanos les dicen que la francmasonería les será de gran provecho, pues mediante ella podrán extender el círculo de sus relaciones, aumentándose el nú- mero de medios para conseguir mejor provecho. De este modo se tienen argumentos 420 HISTORIA GENERAL para todas las inclinaciones, para todas las vocaciones, para todas las inteligencias y para todas las clases.» Comprendemos que tomando base de todas las reformas introducidas, los enemi- gos de la orden la atacaron áun sabiendo que el fondo de la doctrina era bueno y que no son los detalles y adulteraciones introducidas, elementos bastantes para juzgar á una institución, pero ni se comprende ni se alcanza en modo alguno que se falseen textos de una manera tan procaz y poco conveniente dado que la inmediata confron- tacion puede poner de manifiesto inmediatamente la falsia y hacer ver hasta qué punto la pasión quita el conocimiento. Comprendiendo que más que nada donde ha- bia que crear atmósfera era entre los espíritus pusilánimes, para que estos á su vez hicieran cundir el infundado horror que los masones han inspirado, llegan en su atrevimiento hasta cortar textos y páginas y afirman que la apuntada cita es de la obra de Clavel en sus páginas primera y segunda. De la mencionada obra no hay más que una edición, la hecha en Paris en 1843, y mirando de ella las páginas que el opúsculo menciona, nada hallamos que pruebe ser exacto lo dicho, pues si bien existen allí algunos de los términos indicados, no son en manera alguna los que el autor indica como más convenientes para conseguir prosélitos sino que se vale de los términos generales aunque vagos que pueden emplearse para instruir someramente á los profanos que manifiestan algun deseo de inscribirse en la orden. Ademas la expo- sicion aparece truncada y bien sabemos cuán distinto resulta el sentido de cualquier Oración de comenzarla por el principio á tomar cualquier término arbitrándolo como comienzo. El credo de la religion católica que expone las verdades en que estaos- cuela se apoya, aparecería muy distinto si en vez de principiarlo como se debe di- ciendo: «Creo en Dios padre, etc.,» se principiara diciendo; «Poncio Pilatos fué cruci- ficado, muerto y sepultado, etc.» Así del mismo modo sucede con la exposición que Clavel hace y que citaremos aquí íntegra en su primera parte para que nuestros lee- tores puedan juzgar. «La masonería es una institución filantrópica progresiva, cuyos miembros viven como hermanos bajo el nivel de una dulce igualdad. Dentro de ella se ignoran las frivolas distinciones de nacimiento y de fortuna y esas otras distinció- nes más absurdas aún de opiniones 'y de creencias. La única superioridad que en ella se reconoce es la del talento y áun así es menester que el talento sea modesto y no aspire á la dominación.» Júzguese y se comprenderá cuánto varia de lo que es en realidad á lo que el autor ó los autores del libro que examinamos, presenta, y se comprenderá hasta qué punto ha cegado la animadversion y el encono. Continuando el exámen que venimos haciendo y apoyándose el autor ó los autores en los elementos que habían prestado los que iniciaron la mal llamada reforma. He- gamos al párrafo cuarto ó sea al en que se ocupan de impugnar y poner en ridiculo el ceremonial que se emplea para recibir á un nuevo hermano en el seno de la órden. Como quiera que nuestro designio es no incurrir ni áun en la sospecha de que pudié- ramos tergiversar textos y alterar frases para obtener buen resultado en favor de lo que defendemos, trasladamos á continuación lo que el opúsculo dice, reservándonos hacer la critica al final. DE LA MASONERÍA 421 Según nuestros lectores recordarán, exponía las razones ó argumentos que habían de emplearse para inducir á los profanos á ingresar en la masonería; por esta razón comienza el párrafo cuarto, que vamos á analizar, de la manera siguiente: «Cuando una de estas ciertas naturalezas se deja seducir por uno de los individuos dedicados á este objeto, bé aquí lo que sucede: es tan grotesco como culpable y áun es poco decir. »E1 primer grado de la francmasonería exterior es el de aprendiz, el segundo el de compañero, el tercero el de maestro. Grado quiere decir escalón de ascenso hacia la luz. Bien entendido, nosotros los cristianos hombres de fe y de buen sentido no somos más que profanos sumidos en las tinieblas. »Se presenta cualquiera para ser recibido aprendiz mason; en el día fijado para la admisión el aspirante es llevado al local de la logia por un hermano al que no conoce é introducido en una habitación solitaria dónde se encuentra, entre dos antorchas, la Biblia abierta por el primer capitulo de San Juan. ¿Para qué? Un mason inocente res- penderá, porque nosotros somos gente religiosa é ilustrada, pero ¿qué responderla un mason iniciado, un mason de las logias superiores de que hablaremos después, el cual os dice sencillamente que no hay más Dios que la naturaleza y que el culto de la masonería está dirigido al Sol? »Dejan al aspirante solo durante algunos minutos: la espera da algun atractivo á la cosa. Le quitan en seguida sus vestidos dejándole desnudo el lado izquierdo y la rodilla derecha; le hacen poner un zapato en babucha (este punto es de una inmensa importancia); le quitan su sombrero y su espada (debe llevar una), y todos sus me- tales, esto es, todo su dinero. Le vendan los ojos y lo conducen á la cámara de reñe- xiones. Prohibenle quitarse la venda ántes de que haya escuchado tres grandes gol- pes. Lo dejan solo de nuevo y pasado algun tiempo, que se pasa en la inquieta espera que se da al imbécil para aquella continuación de misterios. Por fin oye la señal; se quita deprisa la venda y se halla en una sala tapizada de negro en cuyas paredes lee con una alegría fácil de concebir animadoras inscripciones como las siguientes: »Si tu eres capaz de disimulo, tiembla hasta en el fondo de tu corazón. Si tu alma ha experimentado espanto, no vayas más léjos. Podrán exigir de ti los más grandes sacrificios incluso el de la vida, ¿estás dispuesto á hacerlo? etc. »En aquel gabinete de reflexiones, el candidato está obligado á hacer su testamen- to y á responder por escrito á las tres preguntas siguientes: »¿Cuáles son los deberes del hombre hacia Dios?—¿Cuáles son sus deberes hacia sus semejantes?—¿Cuáles sus deberes para consigo mismo? »Despues el hermano Terrible viene á coger con la punta de una espada el testa- mento y las tres respuestas para llevarlas á la logia. En el tecnicismo francmasón se llama Logia la reunion de los adeptos; el lugar de la asamblea se llama Templo, y el presidente se llama Venerable. »E1 hermano Terrible lleva pues al venerable el testamento y las respuestas. Cua- lesquiera que sean estas respuestas se admite siempre el candidato. Prudhomme el ateo,el blasfemo, fué admitido y acababa de responder:—Justicia á todos los hombres. 422 HISTORIA GENERAL —Fidelidad á su país.—Guerra á Dios.—Verdad es que esto acontecía en la logia Sin- ceridad, perfecta union y constante amistad. Una logia tan suave no podia rechazar ningún candidato tan perfectamente sincero y tan sinceramente perfecto. »E1 hermano Terrible vuelve al pobre candidato, le venda otra vez los ojos, le pasa una cuerda al rededor del cuello, la cual coge por un extremo para conducirlo de este modo á la puerta del Templo, á la que le hacen llamar tres veces con fuerza. Los que están dentro procuran no reírse. »E1 Templo está tapizado de azul, pues todo lo que pasa allí dentro es celeste. Un hermano llamado primer vigilante, hace notar con gravedad al venerable los golpes que han sonado á la puerta. Diálogo entre el venerable, el primer vigilante y el her- mano Terrible, después del cual el postulante es introducido en el Templo. Hay allí dos columnas entre las que el candidato se coloca siempre con la cuerda al cuello. El hermano Terrible, le apoya fraternalmente la punta de su espada sobre el corazón y comienza el interrogatorio. »E1 Venerable, calándose los lentes sobre su venerable nariz, dice con una voz sombría pero venerable: ¿Qué es lo que vos sentis? ¿Quién sois vos? (Preguntas muy poco delicadas con respecto á un pobre diablo que tiene los ojos vendados, y al que pinchan en el estómago.) »EI postulante con candor.—No veo nada, pero siento la punta de una espada. »E1 Venerable.—Reflexionad bien en el paso que dais: vais á sufrir pruebas terri- bles. ¿Os sentís con valor bastante para arrastrar todos los peligros á que podáis ex- poneros? »E1 postulante con energia.—Si, señor. »E1 Venerable sin reírse.—Entonces no respondo de vos. Hermano Terrible, sacad al profano fuera del Templo y conducidle por todos los sitios porque debe pasar el mortal que aspire á conocer nuestro secreto.—Todo esto es textual, asi como lo que diremos á continuación, pues está tomado del ritual masónico reimpreso con gran cuidado en estos últimos tiempos. »Inmediatamente el hermano Terrible tira de la cuerda y arrastra al aspirante, cu- yos ojos siguen vendados, haciéndole dar unos cuantos paseos por una sala que reci- be el nombre de pasos perdidos; cuando lo ha desorientado por completo lo conduce de nuevo y finalmente á la logia sin que el paciente lo sospeche. si la »¡Atencion! Las pruebas van á comenzar y este sería el martirio de Joenza iniciación no fuera á cosas detestables.>■> Lo mismo que en todo lo anterior que venimos examinando, vemos que las amar- masónica son pura- gas censuras y acerbas sátiras de los enemigos de la institución mente resultado de lo que creyendo favorecerse han hecho en su contra los masones. El afan de dar á la iniciación un carácter solemne que no le era necesario en modo alguno, los llevó á introducir prácticas que se avenían muy mal no sólo con el espi- ritu del tiempo, sino que también con lo que de la institución se aseveraba. Hemos visto en otros capítulos anteriores que según lo establecido por la gran logia, no ya hacían falta ni eran necesarias las pavorosas pruebas que los egipcios establecieron DE 1 ,A MASONERÍA 423 para asegurarse de que el neófito no ya era digno de ingresar en el sino que en él tendrían sacerdocio^ seguridad y custodia las falsedades en que se fundaba el que adquiera la nación poder en á que fecunda el Nilo la clase la privilegiada; voz de la pero desoyendo razón y desatendiendo las prácticas lecciones que con el las decaimiento de religiones positivas recibían constantemente sólo por irse colocando fuera de ca los misterios épo- y prácticas en que se apoyaban, recargaron las recepciones masóni- cas con las pruebas de que hemos hecho mención, pruebas con las no ni obtenían podian obtener que resultado práctico alguno y con las que tos evidencia consiguieron sólo ser en de la pues- manera que acabamos de ver. Cierto es que como obra de enemigos la censura y el ridiculo son mirado duros, pero bien no hablan dado lugar para otra cosa y bien empleado les está verse tigiados despres- por aquéllos contra.quienes más en guardia debían haber estado. Cierto hay violencia que y encono en el ataque, pero hay una cosa que aunque con sentimiento tenemos que conceder que es cierta, y es, todo lo referente al fondo de la cuestión que en el opúsculo se analiza. Veamos ahora de qué manera exponen y ridiculizan los jesuítas el detallado mularismo for- de las pruebas de las que acerca de la del primer grado dice lo «Primera prueba siguiente: terrible del aprendiz mason.—En medio de la logia se un gran cuadro cubierto de prepara papel como los aros que emplean los circos payasos en nuestros y este cuadro, instrumento de la primera prueba,,está sostenido por varios her- manos.—¿Qué hay que hacer del profano?—pregunta el hermano terrible al el venerable venerable contesta: y Introducirlo en la caverna.—Dos masones al cogen inmediatamente neófito y lo arrojan con toda su fuerza contra el cuadro de se atravesarlo: papel, que dos rompe al masones reciben al paciente del otro lado, teniendo los brazos lazados. entre- Cierran violentamente las dos hojas de la puerta; imitan el ruido de llaves cerrojos y y el inteligente postulante puede creerse encerrado en la famosa ¡Se caverna pasan algunos instantes en el silencio más profundo, es el silencio de la tumba! »De repente el venerable da un gran golpe de mallete, hace al rodillas poner aspirante de y dirige una especie de súplica al patron del establecimiento que ellos el llaman Gran Arquitecto del establecimiento. La masonería es muy pródiga en esta clase de súplicas, poniendo constantemente á contribución el nombre de indigna Dios, lo cual es una hipocresía, pues á continuación veremos que en realidad la francmasonería es atea y que el culto de la Naturaleza es el fin del mason, como en todos los tonos atreven se á declararlo sin rebozo alguno. »E1 venerable hace sentar al aspirante que continúa siempre con los dos, ojos venda- en un asiento erizado de pinchos y le pregunta si insiste en su á noble lo cual responde designio, majestuosamente que si. A esto siguen algunas y un discurso preguntas morales patético del venerable acerca de los deberes de los masones, de los es el primero que guardar un silencio absoluto sobre los secretos de la masonería. Bien pronto veremos si estos secretos están en armonía con este tan después pueril de ceremonial, y todo, ¿á qué establecer secretos en una sociedad que se de llama únicamente beneficencia y filantrópica? 424 HISTORIA GEN KRAI. oomienza otra farsa; el venerable pregunta al aspirante si es sin lero si »Despues puede dar su palabra de honor. Mediante su orden el hermano sacrificador conduce al sin paciente al altar y le hace beber en una copa dividida en dos partes.—Si no sois eepo,—le dice el venerable,—la dulzura de esa bebida va á convertirse para vos en le hace un veneno sutil,—y por medio de un grifo pequeño beber, sin que se aperciba nos de ello, primero agua clara y después un brevaje amarguísimo. Excusado parece decir que sigue siempre con los ojos vendados y que hace horribles gestos. Inmedia- un lamente el venerable, es más astuto de lo que parece, exclama dando fuerte que golpe con el mallete:—¿Qué es lo que veo? ¿Qué significa esa súbita alteración de vues- ¿La dulce bebida se habrá convertido para vos en terrible veneno? fisonomia? ¡Que tra retiren al profano!.... »E1 hermano terrible conduce al neófito al intercolumnio y el venerable le dice: engañarnos, no esperéis conseguirlo; más os valdria retiraros al ins- —Si pretendéis libre si llegáramos á convencernos de vuestra perfidia os seria fatal tante, áun sois y y menester seria que renunciárais para siempre á ver la luz del dia. Hermano terri- ble, volved al profano á la cámara de reñexiones. decide á continuar, se procede á la segunda prueba, la cual .se »Si el postulante se lleva á cabo en los términos siguientes. Comiénzase por los tres viajes, de los que el al primero consiste en dar tres veces la vuelta alrededor déla logia, preparada efecto; las da, por supuesto, con los ojos vendados y conducido por el hermano terrible pasan- todas las planchas movibles, que colocadas sobre cilindros y he- do sucesivamente por sinuosidades hunden bajo sus piés; después lo hacen pasar por otras rizadas de se plan- chas montadas en básculas que caen bajo su peso y parece van á sepultarle en un de detenerse le abismo. Después le hacen subir la escala sin fin y si manifiesta deseos gritan siga subiendo hasta que en fin llega (según cree) á una altura muy grande, que le mandan se arroje abajo, y cae desde una altura de tres piés; durante todo donde que tiempo como en los melodramas acontece, se simula el ruido del viento, gritos este y de niños la calda de la lluvia. De esta manera se termina el y primer viaje. »E1 segundo se le parece y el tercero se parece al segundo. El mismo refinamiento en la burla y el mismo heroísmo por parte del aprendiz conspirador. Entre cada via- je el venerable no deja de manifestarle dudas acerca de su valor, aconsejándole que no continúe, pero el otro prosigue siempre. el tercer viaje hay algò de bueno; lo mismo que don y »Sin embargo, en Quijote Sancho sobre el famoso caballo, ellos también, con los ojos vendados, sienten que les pasan por debajo de las narices no sé qué llamas que llaman purificatarias.—«¡Que pase por las llamas puiáficadoras,—ha gritado el venerable, para que no le quede nada de profano!—Y en efecto, en tanto que el profano desciende las gradas del oriente (lu- asiento el venerable) volver á ser colocado entre las dos co- gar donde tiene su para lumnas, el hermano terrible lo envuelve tres veces distintas en las llamas producidas por no sé qué gas ó qué polvos preparados convenientemente. Después de enumerar estas pruebas, el autor del opúsculo en que nos ocupamos aca- hace la siguiente reflexion: «¡Y pensar que hombres de todas edades, que sabios, DE LA MASONERÍA 425 démicos, oficiales, generales, altos dignatarios, padres de familia y hombres de la mejor sociedad han pasado por esto! Esto confunde y es humillante para la naturale- za humana. Pero aun no hemos acabado y el postulante tiene algo que pasar aún para llegar á ser mason. —»Profano—dice el venerable,—habéis sido purificado por la tierra, por el aire, por el agua y por el fuego. Nunca será ala!)ado lo bastante vuestro valor, pero que no os abandone todavía, pues áun os quedan algunas pruebas que sufrir. La sociedad de (jue deseáis entrar á formar parte exigirá tal vez que derraméis por ella hasta la última gota de vuestra sangre. ¿Estáis dispuesto?—Por segunda vez se advierte que para ser francmasón es necesario estar dispuesto á todo lo que exijan los intereses de la francmasonería, es menester estar dispuesto á sacrificar su vida á la primera señal. »Conseguida del postulante una respuesta afirmativa añade el venerable:—Quere- inos convencernos de que no es esto una mera formalidad. ¿Queréis que os abran las venas en este instante?—Habiendo dado su consentimiento el aspirante, le pinchan li- geramente en el lugar de la sangría simulando al propio tiempo un chorro de sangre el que le tiene el brazo suspendido. »E1 venerable le propone después imprimirle sobre el pecho el sello masónico por medio de un hierro candente. Consiente en esto también el aspirante y le aplican ó la parte caliente de una bujía que acaban de apagar ó un pedazo de cristal ligera- mente calentado. Por último, el postulante tiene que decir en voz baja al hermano hos- pitalario la ofrenda que quiere hacer para los masones indigentes. »Este es el ñn de las famosas pruebas. »E1 venerable dirige al aspirante una arenga bien sentida, le alaba por su valor de la manera enfática de que la masonería sólo conserva el secreto, y por premio de su heroísmo manda al hermano maestro de ceremonias que lo inicie en el grado de aprendiz, enseñándole á hacer los primeros pasos en el ángulo de un cuadrado.—Le liaréis dar dos pasos más,—añade gravemente—y lo conduciréis después al altar de los juramentos.—Los tres pasos en el ángulo de un cuadrado, constituyen en efecto la marcha del aprendiz. La especial naturaleza que se ha dejado vendar los ojos, pin- char en el estómago, lanzarse en, el papel de la caverna, beber agua clara, saltar, brincar, etc., en sus tres viajes, que ha subido la escala sin fin y se ha lanzado heroi- camente desde una altura de tres piés; que se ha visto purificado por los polvos en- cendidos, que ha derramado su noble sangre, que ha prometido y escuchado tan bellas cosas, la especial naturaleza se ve al ñn iniciada en alguna cosa seria y le han enseñado á dar tres pasos en el ángulo de un cuadrado.» Justo es confesar que la sátira está llevada hasta el último extremo y que los to- ques con que el autor ó los autores han procurado poner en ridiculo á las pruebas y solemnidades para el ingreso en la institución masónica no pueden ser más violentos. Pero procediendo en todo con la imparcialidad que se debe, justo es confesar que los enemigos se han introducido precisamente por la brecha que los mismos masones habían abierto. Aunque un tanto exagerado, bien hemos visto en las exposiciones que 51 426 HISTORIA GENERAL hemos hecho de los rituales y catecismos que es cierto; las prácticas que los jesuitas censuran se han introducido en la orden sin necesidad alguna que las justifique, pues masones eran los primeros que constituyeron la primitiva gran logia de Inglaterra y en nada ni para nada hallamos en las ordenanzas y constituciones por que se regían mención de este formularismo fastuoso, digno, desde todos puntos de vista^ de ser censurado. Procediendo como á un historiador toca, no podemos en modo alguno negar nin- guno de los extremos apuntados, pues todos ellos son ciertos: hemos presenciado más de una y más de cien iniciaciones, y en todas ellas hemos tenido sobrados motivos para lamentar que hasta el punto que lo hacen se profane la santidad de tan venerada ins- titucion en cada una de aquellas tenidas. No cabe en modo alguno que nuestras palabras puedan inducir á sospecha, pero siempre que hemos presenciado la admi- sion de un profano hemos advertido exacta ridiculez en las prácticas establecidas causa eficiente de que muchas veces el profano no vuelve á la logia después de haber sido admitido. Convencidos los ya masones de que dentro de la orden el valor perso- nal es lo que ménos importa y que muy bien, como es justo, puede ser mason el hom- bre más pusilánime, no pueden ménos que mirar.con curiosidad grandisima al neó- fito que se presenta á la puerta del lugar en que se halla el templo masónico, al cual es conducido por un hermano que de antemano ha procurado desorientarle, precau- clon inútil si se atiende á que nunca, ó muy rara vez, es rechazado un postulante, pues por regla general todos llevan perfectamente aprendida la lección y saben que en las pruebas no corre peligro alguno, así como también las contestaciones que tie- ne que dar á las preguntas que se le dirijan. Inmediatamente después, se encarga del neófito un hermano revestido con negro capuchón que lo conduce al cuarto de reflexiones, no-muybien dispuesto en todas las logias, por lo que en gran número de casos el pensar de los allí encerrados se extra- vía ocurriéndoseles mil cuestiones que, ciertamente, favorecen muy poco á la institu- clon de que va á formar parte. Pasado un rato que no se prolonga más que el tiempo suficiente para que en la tenida que se está celebrando se dé cuenta de los trabajos ordinarios, el aspirante es conducido á las puertas del templo pasando á tener lugar todo lo que dejamos expuesto, tomado dé los rituales de la orden ó de la severa cri- tica á que con ello han dado hoy lugar; pero áun por nuestra cuenta podemos añadir algo más, sea efecto de la penuria en que ciertos talleres se encuentran, sea á pues causa de la poca importancia que en realidad se les da, es lo cierto que las pruebas se realizan de una manera harto mezquina y que en más de una ocasión el iniciando advierte áun con los ojos tapados, que todo aquello es puro juego si es que no lo sabia ántes de penetrar allí. En una palabra, cuando después de practicadas todas las cere- monias, cae la venda de sus ojos, el desencanto no puede ser mayor, pues desde luégo advierte que todo lo que con él se ha practicado es innecesario. Todo esto que decimos no puede significar, en manera alguna, ni la más remota censura para la institución que historiamos, pues, ni los móviles á que obedeció constituyéndose pueden ser más elevados, ni los fines que se propuso más prácticos ni más morales; DE LA MASONERÍA 427 pero adulterados en el trascurso del tiempo por los que no supieron darse cuenta de lo que en si era la orden y del camino que debia recorrer, y falseada por los solapados enemigos que supieron introducirse en ella, ha llegado al lamentable extremo de ser objeto de desprestigio y acerbas censuras. Aquellos que no se separaron en nada ni para nada del camino que iniciaron los fundadores, los que procediendo en todo y para todo con la mejor buena fe, compren- dieron que si algunas reformas introducía la gran logia en las ordenanzas y constitu- clones, eran meramente las necesarias para que la institución, sin perder su carácter, armonizara con las distintas épocas por que tenia que pasar, la han sabido conservar incólume y ellos como nosotros y como todos los que aman la verdad, no pueden mé- nos que cersurar las pueriles prácticas que hacen de la sociedad objeto de lu- dibrio. El libro que estamos analizando, consecuencia fatal de las reformas informales que introdujeran los que en voz más alta protestaran de las reformas que el alto poder masónico constituido iba introduciendo, analiza uno por uno todos los puntos notables de la órden, y en su párrafo octavo dice, acerca del juramento, lo siguiente; «Antes de prestar el juramento tiene aún lugar una ceremonia. El neófito con los ojos vendados todavía, es conducido al pié del altar ante el que se arrodilla, miéntras que el hermano maestro de ceremonias le aplica al lado izquierdo del pecho la punta de un compás: sobre el altar hay una Biblia abierta y sobre ésta una espada flamígera. —»De pié y á la órden, hermanos míos,—exclama el venerable,—el neófito va á pres- tar el juramento terrible.—Terrible es en efecto; repentinamente cesa la broma y co- mienza la verdadera masonería; todos los asistentes se ponen de pié, sacan sus espa- das y el postulante presta el juramento impío que ponemos á continuación: «Juro en nombre del Arquitecto Supremo de todos los mundos, no revelar jamas secretos, los signos y los toques, las palabras, las doctrinas y los usos de los francmasones y guardar acerca de todo ello un silencio eterno. Prometo y'juro á Dios, no dejar traslucir nunca nada ni por la pluma, ni por signos, ni por gestos, asi como tampoco no hacer impri- mir, litografiar, ni escribir nada que se pueda referir á ello; juro no publicar nada de lo hasta este momento se me ha confiado, así como tampoco de lo que en adelan- que te se me confie. Me obligo y comprometo á la pena siguiente, si falto á mi palabra: que me quemen los labios con un hierro cándete que me corten la mano, que me la lengua, que me corten el cuello, que mi cadáver sea colgado en una arranquen logia en tanto que tiene Ingar la admisión de un nuevo hermano, para que sea castigo de mi infidelidad y espanto de los otros; que lo quemen en seguida y sean esparcidas al viento, las cenizas no quede ninguna memoria ni rastro de mi traición. Esto para sea tan cierto como Dios me ayude y sus santos Evangelios.» »Estos desgraciados mezclan de este modo el nombre de Dios y el de su Evangelio ásus detestables juramentos y se entregan atados de pies y manos á un poder oculto que no conocen ni conocerán jamas; que les ordenará matar y tendrán que hacerlo; que les mandará violar las leyes divinas y humanas y tendrán que hacerlo ó morirán. Un hombre honrado, no digo cristiano, sino sencillamente un hombre de bien en la 428 HISTORIA GENERAL acepción común de esta palabra, ¿puede prestar el juramento que se les exige à ios francmasones? »Despues de prestado el juramento se vuelve á conducir al postulante á entre co- lumnas; todos los hermanos se colocan en circulo á su alrededor y dirigen hacia él las puntas de sus espadas de modo que forme un centro del que partan muchos rayos. El maestro de ceremonia colocado detras, se halla dispuesto á quitarle la venda en tanto que otro hermano colocado delante aproxima á la nariz del infortunado neófito la lámpara con los polvos inflamables que han servido ya para las llamas purifi- catorias. —»¿ Juzgáis á este aspii-ante digno de ser admitido entre nosotros?—pregunta entón- ees el venerable al hermano primer vigilante.—Sí, venerable,—le contesta.—¿Qué pedis para él?—La luz.—Que se le dé la luz,—añade el venerable y da tres golpes de mallete. Al tercer golpe, la venda cae, los polvos resinosos se inflaman y el neófito ato^- londrado no ve más que fuego. Después y con gran alegría para él percibe todas las espadas desnudas que se dirigen contra su pecho y todos sus excelentes hermanos exclaman al propio tiempo: «Que Dios castigue al traidor.» —»No temáis nada, hermano,—añade el venerable,—no temáis nada de las espadas que se dirigen contra vuestro pecho, pues únicamente son amenazadoras para los per- juros. Si sois fiel á la francmasonería, como tenemos motivo para esperarlo, esas espa- das estarán siempre prontas para defenderos; si por el contrario, en alguna ocasión nos fuerais infiel, ningún lugar de la tierra os dará abrigo contra esas armas venga- doras. »Obedeciendo sus órdenes, el hermano es conducido nuevamente al altar hacién- dole arrodillar otra vez; el venerable, tomando la espada flamígera coloca la punta sobre la cabeza del nuevo hermano y lo consagra aprendiz mason diciéndole: «En el nombre del Gran Arquitecto del Universo y en virtud de los poderes que me han sido conferidos os creo y constituyó aprendiz mason y miembro activo de esta respetable logia.» Después, haciendo poner de pié al nuevo adepto le ciñe un mandil de piel blanca, le da un par de guantes que el mason debe llevar en la logia como emblema de su inocencia y que sea casado ó no un par de guantes de mujer blancos también, que debe ofreccer á la que más estime. Bien pronto veremos que hay masonas y que el culto de las mujeres no está proscrito ni mucho ménos entre estos puros hijos del Grande Arquitecto del Universo. Por último el venerable revela al aprendiz los signos, palabras de pase y secretos particulares á su grado, dándole por fin el triple beso fra- ternal. No sé cuáles pueden ser esos secretos particulares, pues según el ritual de la lo- gia madre de los tres globos, dice'expresamente que «se dan al aprendiz sólo insinua- ciones, nunca una explicación completa, porque el punto más sencillo no podrá ser completamente explicado sin hacer comprender el todo.» »De cualquier manera que sea, la iniciación es proclamada, toda la logia aplaude y el nuevo mason, habiendo recuperado su ropa, ocupa su sitio. El hermano orador le dirige un discursso con el que da fin la fantasmagoria sacrilega.» Cuando por las circunstancias de lugar y tiempo porque ha atravesado la masone- DE LA MASONERÍA 429 ria tuvo que ser necesariamente una socieJad secreta, no por lo referente á sus prin- cipios sino en cuanto á los individuos que la componían, nada tan natural ni tan lógi- CO como que tomara algunas precauciones y medidas contra las traiciones que pudie- ran poner en peligro las vidas de los asociados y á este fin, considerando que cuantos aspiraban á ingresar dentro de ella, eran hombres honrados, exigíales la formal pala- bi'a de honor de que no revelarían jamas ni el lugar de las reuniones, ni número de los adeptos ni sus nombres, pues como sabemos entonces no existían ni misterios ni secretos ni nada que pudiera identificar á la sociedad masónica con cualquiera de aquellas fastuosas religiones de la antigüedad, llenas de símbolos y representaciones cabalísticas. Más tarde cuando los reformadores masónicos creyeron obtener mejor partido se extraviaron por falsas vías é inventaron los misterios y símbolos masóni- eos, adulteraron los principios de la órden y sin que sepamos áqué fin se olvidaron de cuanto con respecto á política y religion disponían las antiguas ordenanzas y amal- gamaron las formalidades de la masonería con desusadas prácticas de la antigua religion mosaica y con muchos de los usos establecidos por el cristianismo, resultan- do asi en híbrido maridaje ceremonias y prácticas que se contradecían ostensible- mente y que establecían un profundo abismo entre el fondo y la forma, destruyendo por completo la relación precisa que debe existir entre ésta y aquél. A consecuencia de esto tuvo que establecerse un juramento, es cierto, jurárnento pomposo y enfático como hemos tenido ocasión de ver pero que no es el mismo que apuntan los jesuítas, más que para otra cosa, para atemorizar á los espíritus pusiláni- mes prevenidos ya en contra de la órden por la serie de cuentos, fábulas é invenció- nes que acerca de ella se refieren. El efecto que esperaran conseguir procediendo de esta manera no les puede resultar por la exageración misma en que han incurrido y la simple lectura que se haga de la estupenda fórmula que hemos trascrito bastará para convencer de ello, pues ni en los comienzos de la sociedad, en aquellos países en que tenía carácter público, ni cuando ha tenido que figurar como sociedad secreta, caije admitir la inquisitorial penalidad á que se sometia el perjuro, y ni esta sociedad ni ninguna de su naturaleza podia imponerla á cualquiera de sus individuos por gran- des que fueran los crímenes que cometieran. Asi, pues, la impugnación que del juramento han hecho los jesuítas, cae por su base con el mismo juramento que han inventado, pues desde luégo se advierte laexa- geracion, y sobre todo, no hay un catecismo ni formulario en el que se halle prescrita semejante fórmula. En lo único que, con respecto á esta ceremonia, podrían tener ra- zon, es en lo tocante á la confusion establecida entre lo que es puramente masónico y lo que pertenece á las distintas religiones de los pueblos en que la masonería se ha arraigado: nosotros hemos sido los primeros en censurar esto que, no dando lugar á nada bueno, era conducente sólo á hacer que la sociedad perdiera carácter y á que sus propósitos quedaran desvirtuados. En efecto, desde que se organizó la masone- ria, sus fundadores se hallaron animados del propósito de que fuera ella un centro común para todos los hombres, dentro del que, sin traba alguna, pudieran enten- derse, estrechándose cada vez más los lazos de la fraternidad universal, rotos ó reía- 430 HISTORIA GENERAL jados por la organización feudal. Por esto, según hemos tenido ocasión de ver, las antiguas ordenanzas y constituciones, dejando en libertad á cada hermano para que observaran el culto que quisieran, prescribían que la orden en si no reconocia más religion que la natural,.seguro freno para moralizar al hombre; de este modo no que- daba ninguno excluido, ni entre los hermanos cabla alegar la disparidad de religió- nes, que tanto separa á los hombres. Olvidados de esto aquellos que quisieron dar á la orden mayor esplendor, sin pararse en los medios, hicieron uso de un tecnicismo que en la masonería no tenia razón de ser, poniendo á contribución los libros talmú- dicos y la Biblia, y muchas de las antiguas prácticas y ceremonias que emplearan los caballeros del Templo. Satisfechos pueden estar, pues bien vemos el resultado conse- guido, que no ha sido otro que dar lugar á las más acerbas censuras y sarcásticas burlas, pues ni han conseguido mayor número de prosélitos ni más amor hacíala institución, sino únicamente presentar elementos para que aprovechándoles los ene- migos, dirijan certeros tiros y desacrediten á la masonería. Veámos ahora cómo se ocupa el libro en cuestión de los grados segundo y tercero, ó lo dice lo si- que es lo mismo, de los de compañero y maestro. Acerca del primero guíente: «El ma- segundo grado de la francmasonería exterior, es el grado de compañero son. Cuando un desgraciado aprendiz está cansado de no aprender nada, espera ser iniciado en alguna cosa cuando llegue á ser compañero. Hé aquí cómo sucede esto: »E1 aprendiz postulante no tiene los ojos vendados, por cuanto pidió la luz y le echaron pólvora en los ojos; llama como aprendiz á la puerta de la logia, el venerable le hace entrar, le pregunta y le manda que dé cinco vueltas al rededor de la logia, miste- acompañado del hermano maestro de ceremonias. A esto se llaman los viajes riosos. »Despues se hace golpear tres veces con un mallete sobre la piedra bruta, que es lo que se llama el último trabajo del aprendiz. El venerable le explica lo que, según él, representa una estrella flamígera pintada en un lienzo que hay extendido en el suelo, y le dice que es el símbolo de aquel fuego sagrado, de aquella porción de luz divina, de la que el Gran Arquitecto formó nuestra alma. Que lo haya comprendido ó no, lo conducen al altar como la primera vez y allí, de rodillas, presta de nuevo el las juramento de fidelidad masónica, aquel juramento horrible, condenado por leyes divinas y humannas. »Inmediatamente después es proclamado compañero, en medio de los aplausos cabeza de la logia, de sinoála y conducido, no al Este comeen su recepción aprendiz, de la columna del mediodía, donde tiene sufrir un nuevo discurso del hermano que orador. de- »Todo esto es tan pueril, más sienten que que ganas de montar en cólera, se seos de reir. ¡Y pensar que hay en Francia 160,000 individuos, la mayor parte de ellos instruidos facultativos, que han tenido que pasar por estas horcas caudmas de las y sociedades ellos!» secretas, y que en el mundo entero hay ocho millones de DE LA MASONERÍA 431 Pasemos ahora á ver cómo expone y qué consideraciones presenta acerca del grado de maestro, con referencia al que dice lo siguiente: «Se trata siempre y únicamente de la francmasonería exterior, de la que el grado de maestro es el tercero y último, porque las dignidades de gran oriente y las otras dignidades accesorias que componen el consejo exterior de la órden masónica, no son grados propiamente dichos. Es lo mismo que un general que por haber llegado á ser ministro de la guerra, no asciende en categoria; tiene una dignidad, un mando más, y esto es todo. De la misma manera el mason nombrado gran oriente, es un maestro mason como todos los demás, aunque haya recibido el mando de todas las logias de una obediencia. »Hay, en efecto, dentro de la masonería, muchos ritos ú obediencias que no diñe- ren sino muy ligeramente. En Francia existen tres ritos masónicos: el rito del Gran Oriente de Francia, el rito Escocés y el rito de Misraím. Misraim es el nombre que la ciencia cabalística ha dado en todos los tiempos á un demonio muy poderoso y muy perverso. El rito de Misraím se da por primer padre á Cam, el hijo maldito de Noé. »Pero volvamos á nuestro compañero que arde en deseos por pasar á ser maestro: el ceremonial se hace cada vez mas solemne. »La logia misma no se llama ya logia, sino que recibe el nombre de cámara de en- medio. »E1 celeste imperio chino se llama también imperio de enmedio. Esta cámara de enmedio se encuentra tapizada de negro (en señal de luz y de alegría), con cadáveres, esqueletos y huesos bordados en blanco, sin duda por las masonas á las que los ma- sones estiman más. »Una vela de cera amarilla colocada en oriente y una linterna sorda formada por una calavera que no deja pasar la luz más que por los huecos de los ojos, están colo- cadas sobre el altar del venerable: á éste se le llama muy respetable venerable de la cámara de en medio. En medio de esta cámara se distingue un ataúd, y este ataúd contiene á un mason ó á un maniquí, según el hermano Clavel, el ataúd debe estar ocupado por el último maestro que haya sido recibido. >.>Para consolarlo le colocan sobre la cabeza una escuadra, un compás abierto en los piés, y encima una rama de acacia. Todos los hermanos maestros están vestidos de negro, y en las logias mejor dotadas llevan un mandil negro también, con unaca- lavera bordada en blanco; por fin, y para completar el traje, llevan una banda azul que les cruza el pecho de izquierda á derecha, en la que están bordados el sol, la luna y las estrellas. »Escuchemos al venerable.—¿Con qué propósito nos reunimos? — Para hallar la palabra del maestro que se ha perdido,—le responde gravemente el hermano primer vigilante. El muy respetable manda entónces que se busque la palabra. Parece que cada uno particularmente la sabe, porque cada cual se la pregunta y se la llevan en nombre de todos. —¿Qué edad tenéis,—pregunta el muy respetable al hermano primer vigilante.—Siete años,—responde ingenuamente éste, sin saber por qué. Un maestro mason tiene siempre siete años, pues ésta es la edad del candor. —¿Qué hora es?— 432 HISTORIA GENKRAL vuelve á preguntar el respetable. — Mediodía^—contesta el otro. Después de muchas preguntas y respuestas no ménos profundas, se escucha que llaman á la puerta de la manera como acostumbran los compañeros, y con efecto, es nuestro compañero que viene á pedir aumento de salario; lleva los piés desnudos, asi como también el lado izquierdo del pecho; del brazo derecho del infeliz cuelga una escuadra y al rededor del cuerpo lleva una cuerda que leda tres vueltas, cuyo extremo lleva el hermano ex- perto, en el rito francés, y el hermano maestro de ceremonias en el rito escoces, y el primer diácono en las logias Buglem y americanas: en el ritoMisraim debe llevarlo el diablo en persona. En esta disposición, llama, pues, el hermano compañero á la puerta y comienza la notabilísima escena. »A1 ruido, dice el hermano Clavel, sucede la espectacion, y en verdad que hay para qué. Con voz alterada, el hermano primer vigilante, exclama:—Muy respetable, un compañero acaba de llamar á la puerta.—Ved lo que quiere ese compañero,—res- ponde con una emoción muy natural el muy respetable. »Se procede á las informaciones, que como de antemano se sabe no son muy com- plicadas.—?,Por qué el maestro de ceremonias viene á turbar nuestro dolor?—dice con tono lúgubre el muy respetable.—No será ese compañero uno de los muchos misera- bles á quienes el cielo entregó á nuestra yenganza? Hermano experto, armáos y apo- deráos de ese compañero, inspeccionadlo y aseguráos de que no hay en él ningún indicio que revele ha tomado parte en el crimen que se ha cometido.—Este crimen es, según dicen, el asesinato del Arquitecto Ado Hiram, asesinado por tres compaña- ros cuando se ocupaba en dirigir los trabajos del Templo de Salomon. En realidad lo que conmemoran es la ejecución de los templarios, antepasados espirituales de los masones. »E1 experto arranca el mandil al compañero, y miéntras que éste permanece en la puerta guardado fraternalmente por cuatro hermanos armados hasta los dientes, vuelve al muy respetable y le dice respetuosamente:—Muy respetable, no he encon- trado nada sobre el compañero que pueda indicar haya cometido un asesinato; sus vestidos son blancos, sus manos están puras y su mandil, que os traigo aquí, no trae mancha alguna. »E1 muy respetable finge no darse por satisfecho todavía.—Muy venerables her- manos,—dice,—quiera el Supremo Arquitecto del Universo que no sea cierto el pre- sentimiento que me agita: bueno será interrogarle.—Todos los hermanos inclinan la cabeza en señal de asentimiento, y como el muy respetable sabe por el hermano ex- perto que el compañero sabe la palabra de pase, exclama con estupor:—¡La palabra de pase! ¿Cómo puede conocerla? ¡Eso no puede ser más que á consecuencia de su crimen!—Inmediatamente se le vuelve á registrar todos los bolsillos y escondrijos que pueda tener el compañero, que permanece allí medio desnudo. »Durante este tiempo el infortunado maestro que fué últimamente recibido se abu- rre soberanamente en el fondo del ataúd, y reflexiona cómodamente acerca de la profundidad de las ceremonias masónicas. Como esto es un poco largo, bueno será que haya tomado sus precauciones preventivamente. DE LA MASONERÍA 433 »E1 hermano experto se acerca de nuevo al compañero^ mira su mano derecha y exclama:—¡Gran Dios! ¡Qué es lo que he visto! Habla, desgraciado, confiesa tu cri- men, |cómo podrás dar la palabra de paso? ¿Quién ha podido enseñártela?—El ino- cante compañero responde con una serenidad perfecta:—La palabra de paso yo no la conozco, mi conductor la dará por mi.—Entonces es introducido en la cámara; cerca del ataúd, le hacen dar media vuelta y apercibe al último hermano recibido que hace el muerto. »E1 muy respetable le explica por qué todos lloran al respetable hermano Ado Hiram, infamemente asesinado por tres compañeros, y le indica al maestro ülti- mámente recibido acostado en el ataúd. El compañero declara que él no es el que ha asesinado al maestro Ado Hiram, y el muy respetable, satisfecho con esta expli- cacion, ordena que lo hagan viajar. Ya conocemos los ridiculos viajes de los que los de este grado no difieren en nada de los anteriores, sino porque el candidato va acom- pañado de cuatro hermanos armados: el hermano experto sigue al viajero, teniéndolo sujeto por el extremo de la cuerda. Cuando vuelve de sus viajes el compañero es reci- bido maestro; presta juramento de rodillas con las dos puntas de un compás abierto, aplicadas sobre el pecho, é inmediatamente es conducido al occidente, de donde lo vuelven al oriente por ser ésta la marcha misteriosa del grado de maestro. »Esta marcha misteriosa da tiempo al hermano muerto para salir sin ruido del ataúd y cuando el recipiendario se aproxima el sitio, está vacio. El muy respetable desciende de su trono, porque tiene un trono, y todos los hermanos se colocan en cir- culo al rededor del ataúd. Entonces comienza la narración conmovedora del llamado asesinato del muy respetable maestro Ado Hiram por los tres compañeros celosos, Jabelas, Jubelus y Jubelum; el muy respetable se interrumpe tres veces para dejar al hermano primer vigilante tiempo para que golpee al nuevo maestro como Ado Hiram fué golpeado por los tres asesinos; primero en el cuello con una regla de hierro, des- pues en el corazón con una escuadra, y por último en la frente con un mallete. Des- pues de esto, dos hermanos se apoderan del Ado Hiram ficticio y lo tienden en el ataúd como si estuviera muerto. Los asistentes hacen que buscan á, su maestro Ado Hiram; después de varias pesquisas de oriente á occidente y de occidente á oriente, le encuentran, gracias á la rama de acacia que les indica dónde está el cadáver. El muy respetable declara que está descompuesto y dice:—Mac Benac,—es decir: la carne se separa de los huesos. (Todo esto es de una alegría loca). El susodicho muy respetable saca del ataúd el fingido muerto, le coloca la mano izquierda sobre la parte derecha de la espalda y le dice en el oido derecho:—Mac,—y en el oído izquierdo:—Benac,— palabras que inundan al resucitado de luz y de consuelos. Los hermanos con sus mandiles negros y sus calaveras á la luz de la bujía amarilla y de la calavera trasfor- mada en linterna, prorumpen en cantos de alegría. »E1 hermano, nuevo maestro, renueva el juramento «de no revelar nada á los her- manos subalternos ó á los profanos,» y se le da la iniciación, es decir, el catecismo masónico y el signo de maestro. Se hace este signo cerrando cuatro dedos de la mano derecha, poniendo el pulgar sobre el vientre, de manera que se forme un ángulo, 55 434 HISTORIA GENERAL mientras que se tiene la parte inferior de la mano izquierda ante ios ojos, el pulgar hacia abajo. El catecismo de maestro llama á este signo el signo de horror^ porque significa el horror de que fueran poseídos los maestros al apercibir el cadáver de Ado Hiram. »Esta fantasmagoría es el ceremonial de iniciación en el tercer y último grado de la francmasonería exterior. Esto huele de léjos á conspiración, y á sociedad secreta, y bien se comprende hasta qué punto este innumerable público de las logias sirve para el acrecentamiento de la francmasonería oculta á los traficantes de las sociedades se- cretas. »Más adelante, añade el libro en cuestión, expondremos las groseras impiedades de nuevo en todos que se compone, los misterios que se descubren después al maestro, los que no se advierte más que materialismo puro. Pero de antemano podremos de- cir descaradamente que por engañados que resulten todos los aprendices, compaña- ros y maestros, son grandes culpables, grandes imprudentes y grandes tontos.» Poco, muy poco, es lo que nosotros tenemos que añadir á lo dicho, pues ya hemos hablado lo suficiente acerca de las pruebas y de su ineficacia, una vez que dentro de la yerdadera masonería lo que más se aprecia y avalora son las prendas morales úni- cas mediantes las que cabe establecer diferencia. Ya en más de una ocasión hemos manifestado lo comprometido y expuesto de ciertas ceremonias áun para aquellos mismos que se presentaban dispuestos á ser admitidos en la orden, pero el afan de fausto pudo más que ninguna otra cosa y dejando que la imaginación vagara á su an- tojo, inventaron cuanto tuvieron á bien con objeto de que pareciera que la institución mantenia vivas relaciones con la más remota antigüedad. Pero justo y áun más que justo nos parece hacer una aclaración en vista déla manera como termina la exposición que el jesuitismo hace de los tres grados simbóli- eos de la masonería, únicos que á nuestro modo de ver debían existir. Los llamamos simbólicos porque arrancando de la tradición, debían conservarse para atestiguarlo así de la misma manera que en muchos idiomas se conserva en ciertas palabras una ortografía rara con objeto de poder atestiguar su origen; atacar la jerarquía de una sociedad, es desconocer en absoluto los principios que deben presidir á la organiza- clon de cualquiera de ellas y en la gente de que parten los ataques, quererse arrogar un privilegio, pues ninguna jerarquia más rara ni más sostenida, que la que se ad- vierte en las órdenes monásticas, y generalmente hablando en todos los cuerpos en que se halla dividida la comunión católica. Paso á paso y muy lentamente se va as- el de cendiendo en ella y á fe que no se comunica al ordenado de tonsura lo que sabe mayores y que á tal punto no se llega sino después de haber estudiado, haber prestado juramentos y hecho votos, muchos de los que resultan verdaderos crímenes ante las leyes de la naturaleza. Fijos en esto, poco muy poco debían haber extrañado los que tan violenta impugnación hacen de los grados masónicos al ménos en lo que se refiere de ser á estos tres primeros, que considerados como se debe, tienen su perfecta razón ante la historia y ante la ciencia social. Nosotros no nos cansaremos de repetirlo, porque claro y palpable resulta asi de DE LA MASONERIA 435 la historia: la asociación masónica tal como aparece en los tiempos modernos no es más que una metamórfosis de las antiguas corporaciones de trabajadores que flore- cieron en la Edad media. La masoneria ha perpetuado en el tiempo la primitiva orga- nizacion que aquéllas tuvieran, conservando sus atributos y más que nada el ñn de mayor trascendencia que se habian propuesto. Este, como muy bien lo sabemos, no era otro que asegurarse trabajo con que atender honradamente á su subsistencia, asi como también procurarse relaciones en todas partes á las que pudieran ó tuvieran que ir. Cuando esta antigua masoneria adquirió el carácter que modernamente le conocemos, siguió procurando lo mismo aunque con un fin más levantado y no ya sólo el trabajo material fué lo que se propuso conseguir, sino que también el auxilio y socorro y ese pasto espiritual que tanto ayuda y contribuye á levantar el ánimo para conservar las miserias y penalidades de esta vida. El hombre, como todos sabe- mos, es un sér sociable por naturaleza, pero la mayor parte de los que vivimos, ten- driamos que considerarnos solos, muy solos, en la vida si en distintas épocas no hubieran levantado la voz hombres eminentes preconizando la igualdad fraternal que debe reinar entre todos los individuos de la misma especie y procurando con sus predicaciones é institutos, romper las barreras, llenar los abismos que entre unos y otros han surgido por mal entendidas diferencias de nacimiento y de posición social. Nosotros no nos cansaremos de repetirlo: desde este punto de vista la masonería es y será siempre grande, pero hay que atender al fondo, es menester no pararse en la mera forma y esto únicamente es lo que hasta nuestros dias han hecho los enemigos pues aprovechándose de frases que dictara sólo una mala inteligencia ó un torcido designio, las han puesto de manifiesto aprovechando también con gran astucia las consecuencias que de ellas se pudieran deducir, falsas en el mayor número de los casos pues lo eran á su vez las premisas sentadas. En atención á esto, todo el cuidado que se ponga será poco y lo repetiremos una y cien veces, es menester distinguir lo que en la órden es de esencia, lo que es en ella de fondo, de aquello que es puramente accidental y que está llamado á desaparecer. CAPÍTULO XXV. Coatinuacion del exámen de la obra publicada por los jesuítas.—Diferencias necesarias entre la cuestión de fondo y la de forma.—Exposición y análisis que hacen de los altos grados introducidos en la masonería.— El grado de preboste juez.—Errores y contradicciones en que incurren al exponer las prácticas de este grado.—Exposición de lo referente al de caballero Kadosch.—Absurda relación que establece entre este grado y lo referente á los restos de la antigua y extinguida drden del Temple.—El grado de Rosa Cruz expuesto y analizado por los jesuítas.—Errores en que incurren en la interpretación del simbolismo de este grado.—Insistencia á propósito de la supuesta masonería secreta.—Fines principales que se pueden haber propuesto con la publicación de este libro y público en el que principalmente puede producir efecto. —Propósitos que suponen en la masonería. Crítica é impugnación de ellos.—Exageración en lo referente al número de grados masónicos en los distintos rituales.—Enumeración de los que verdaderamente existen en ellos.—Exámen del catecismo, ceremonias y fórmulas del grado de preboste y juez tal como se hallan en los rituales.—Crítica y comparación con lo afirmado por los jesuítas.-El grado 30.—La escala simbólica, catecismo de este grado.—Concepto que en vista de todo ello merecen las aseveraciones jesuí- ticas.—Confusion establecida entre la sociedad masónica y otras políticas y socialistas.—Los carbonarios. —Los iluminados.—Desarrollo y progreso de estas sociedades.—Papel que los jesuítas asignan á los prín- cipes y nobles que ingresan en la órden.—Escasos resultados que pueden haber conseguido.—Razones en que nos apoyamos.—Crítica del mencionado libro desde el punto de vista general así como también de las estupendas historias que relata.—Análisis de la más sorprendente de todas ellas.—Suposición de que la religion es sólo un instrumento de la masonería.—Ceremonias introducidas en la órden que pudieran ha- cerle adquirir el carácter de culto.—Bautismo masónico.—Exposición de esta ceremonia con arreglo al ritual.—Servicio fúnebre.—Crítica de ambas. E la misma manera que hasta aquí los que con tan dura saña se han ocupa- do de la masonería^ han tenido que atenerse estrictamente á la cuestión de forma por ser todo lo atacado susceptible de mudanza y cambio, excepción hecha de lo puramente tradicional de carácter histórico, veamos ahora lo y que hacen aventurándose en aquello que es puramente obra de los que se apartaron del verdadero camino que siempre debieron seguir. Entrando á ocuparse de lo que ellos por si y ante si llaman altos grados de la ma- sonería, prosiguen los jesuítas, diciendo: «Se llaman asi una porción de iniciaciones HISTORIA GENERAL DE LA MASONERÍA. 437 frecuentemente las unas independientemente de las otras, que varían según los lugares y los países, en muchos de los que son recientes y en otros no existen. Hay muchos masones que reniegan de ellos especialmente la mayor parte de los jefes de la maso- neria exterior; otros los reconocen y los alaban y los defienden sin que por esto formen parte de la francmasonería oculta ni de la sociedad secreta propiamente hablando. »Los altos grados son como una ñorecencia más y más secreta é impla de la franc- masonería común, una iniciación más avanzada pero siempre incompleta de lo que podría llamarse el alma de la masonería, es decir, el fin de sus complots. Este fin es la destrucción de todo gobierno y de toda religion; es la revolución universal del mundo contra Dios y contra Jesucristo; es Satanás y el hombre que quiere reinar en el mundo en lugar de Dios y de Jesucristo. Al fin ha sido sorprendido una parte de este secreto infernal y en vano se empeñan en negarlo los francmasones que quieren pasar por honrados. »E1 fin de la orden debe ser su primer secreto, decia en 1774 la gran logia de Ale- mania; el mundo no está aún dispuesto para recibir su revelación. »Hasta parece que los masones que no han recibido estos altos grados no están en disposición de recibirlo, porque en la iniciación de uno de los grados elevados del rito escoces el maestro de la logia dice al candidato: «Por este grado un ancho muro se levanta entre nosotros y los profanos y hasta entre muchos de entre nosotros. Lo que habéis aprendido hasta hoy no es nada en comparación de los secretos que os serán revelados en adelante. El cuidado que tenemos de ocultarnos hasta de nuestros her- manos ha debido daros algunas nociones dignas de la cosa.» »En todos los ritos masónicos juntos hay, según dicen, más de mil grados. En el rito del Gran Oriente francés se ven aparecer treinta y tres, en el escoces hay igual número por más que no se confiesan sino sólo siete; los otros son sin duda demasiado sublimes y el exceso de luz podría hacerles daño en los ojos. El rito Misraim parece detenerse en el número 100; sin duda es en éste en el que se ve más claro. Es de ad- vertir que por la gracia de Dios, todas las ramas del árbol masónico se detestan las unas á las otras. Sus divisiones son para nuestro bien. En Francia sucede con la francmasonería como con el protestantismo, hay unidad de nombre y de odio, pero division hasta el infinito entre todas las sectas de la secta. La division es el carácter de las obras de Batanas, porque la unidad no existe más que en la verdad y en la caridad. Los más conocidos de los altos grados parecen serlos de Gran Comendador, Caballero de San Andres, Caballero del Sol, Juez filósofo y Rosa Cruz.» Veamos ahora de qué manera expone lo referente á uno de estos grados. Con respecto al de Juez filósofo, comendador, dice lo siguiente: «En la recepción de Juez filósofo Gran Comendador desconocido, se reveló al adepto el sentido verda- dero y práctico de la leyenda de Ado Hiram. Estas palabras son textuales del hermano Ragon en su libro: Ortodoxia masónica: «Los grados por los cuales habéis pasado, dice el maestro de la logia, ¿no os llevan á hacer una justa aplicación de la muerte de Ado Hiram al fin trágico y funesto de Jacobo Molay, Juez filósofo, Gran Comendador 438 HISTORIA GENERAL de la Orden? ¿Vuestro corazón no pide venganza, y no sentís el implacable odio que hemos jurado á los tres traidores sobre los cuales debemos vengar la muerte de Ja- cobo Molay? Hé aquí, hermano mió, la verdadera rnmoneria tal cual ella nos ha sido trasmitida.» »En lo práctico estos tres traidores son: el Papa, y con él toda la Iglesia, todo el cristianismo^ todas las órdenes religiosas; luégo el Rey, y con él, toda la sociedad ci- vil y todos los gobiernos; y por último el ejército, que representa las órdenes milita- res religiosas, dedicadas á la defensa de la fe. »Se deja ya entrever al adepto que la doctrina fundamental de la francmasonería es el ateísmo ó el culto de la naturaleza. «Sabed estar entre los hombres, se dicen, para los cuales el valor y las buenas costumbres son su única doctrina. Esta doctrina es la regla que nos impone nuestra constitución.» El valor es la voluntad salvaje y ciega por la cual todo se emprende, hasta el crimen y el homicidio; las buenas costumbres, es la obediencia á los instintos de la naturaleza. Pronto veremos las pruebas. »Por último añaden: «Ya estáis colocado al nivel de los celosos masones que se sa- criflcaron por la común venganza. Ocultad cuidadosamente al vulgo el alto destino que se os ha reservado... Estáis ahora, hermano mío, en el sitio de los elegidos para efectuar.la gran obra... Amen.» »Despues de este piadoso discurso, el Maestro de la Logia, dá al nuevo hermano Juez filósofo Gran Comendador desconocido la insignia de su alto rango con la indica- cion de su trabajo especial. La insignia (la joya) del adepto, es un puñal, y su trabajo es la venganza.» Veamos ahora lo qué dice sobre el grado de Caballero Kadosch. «Yo no sé por qué los Caballeros Kadosch, se llaman Caballeros Kadosch. Su ini- ciacion está sazonada con el olor de la sangre, del asesinato, de la venganza, del motín y de la impiedad. »Cuando Luis Felipe-Igualdad (el único de los grandes Orientes de Francia que fué iniciado en los tenebrosos secretos de «la verdadera masonería») fué iniciado en el grado de Caballero Kadosch, se le hizo tenderse en el suelo como un muerto, y allí, renovar todos los juramentos que ya había prestado en los grados inferiores; después púsosele puñal la mano ordenósele herir con él á un maniquí coronado, co- un en y locado en un rincón de la sala, junto á un esqueleto... Un licor color de sangre se pre- de cipita de la herida sobre el candidato é inunda el suelo. Recibió ademas la órden cercenar la cabeza de esta figura y tenerla levantada en la mano derecha y con la izquierda sostener el puñal teñido en sangre, lo que ejecutó. Entónces se le dijo que la. osamenta veia era la de Jacobo Molay, Gran Maestre de la Orden de los Tem- que piarlos y que el hombre del cual acababa de verter la sangre y cuya cabeza ensan- Francia. Se grentada sostenia en la mano derecha, era Felipe el Hermoso, rey de comprende que Felipe el Hermoso, muerto sobre poco más ó ménos quinientos años ántes, no era el objeto de este voto de venganza, sino la monarquía representada por él. Asi el nuevo Kadosch, como fiel caballero, fué uno de los principales asesinos de Luis XVI. Casi tódos los regicidas de la Convención eran francmasones. de la masonería 439 »E1 ritual masónico dice expresamente que el nuevo elegido debe vengar la con- denacion de Jacobo Molay (ya figuradamente sobre los autores de su suplicio, ó bien implícitamente sobi-e quien de derecho. —¿A quién conocéis? le preguntan.—Dos malvados. — Nombradlos. — Felipe el Hermoso y Bertran de Goth (el papa Cíe- mente V). »Segun el hermano Ragon, el autor sagrado, no es solamente un maniquí coronado á quien debe pegar el Caballero Kadosch el día de su iniciación, es una serpiente con tres cabezas, de las cuales la primera soporta una tiara ó una llave, la segunda una corona y la tercera una espada: símbolos del papado, de la monarquía y del ejército, que se reunieron para destruir la orden de los Templarios. Esta serpiente de tres cabe- zas designa el principio del mal, dice el mismo hermano Ragon.» Procediendo de la misma manera y en el mismo tono se ocupa del grado de Rosa Cruz, de que tanto nosotros hemos hablado, en los términos siguientes: «En la recepción de un Rosa Cruz, el jefe de la logia no es ya venerable, ni muy respetable: se llama muy sabio y perfecto maestro, y todos los oficiales de la logia son muy poderosos y perfectos. La perfección es el carácter distintivo de este grado; pero no nos confundamos: es la perfección masónica. »Se interroga al candidato sobre el sentido de la inscripción: Inri , que fué. coloca- da por Pilátos sobre la cruz de Nuestro Señor Jesucristo. Para los masones, no signi- fica ya Jesus de Nazareth, Rey de los Judios; quiere decir ¡blasfemia ignoble! que el ludio Jesús de Nazareth fué conducido por el judío Rafael á Judea, para ser castigado con justicia por sus crímenes. (¿Quién es el judio Rafael? ¿Será por casualidad el trai- dor Júdas, tan simpático al hermano Ragon?) En cuanto el candidato ha dado al muy sabio esta interpretación sacrilega, el muy sabio exclama:—¡Hermanos míos, la pala- bra se ha encontrado! Asi la palabra, el secreto de los altos grados de la masonería, es el odio á Jesucristo. »En las leyendas masónicas. Nuestro Señor, en su calidad de descendiente del rey Salomon, expia justamente sobre la cruz la susodicha muerte de Ado Hiram por Sa- lomon, envidioso de su arquitecto. Ado Hiram es, según parece, descendiente de Cain, hijo al parecer de Lucifer y de Eva; y la lucha actual de la revolución y la masonería contra la Iglesia y la monarquia no es más que la continuación lógica y fatal de una lucha que comienza en el paraíso terrenal, la lucha de Lucifer, de Cain su hijo, de Ado Hiram su descendiente, y de toda una raza superior, que ha recibido el don de la ciencia, de la luz y de la verdadera virtud; contra Dios, contra Adán, Abel, Salomon, contra Jesús y contra la raza menor de los hijos de Adán, personificado en los sacer- dotes y en los reyes; esta segunda raza tiene por carácter la fuerza ciega, la tirania y la ignorancia. Según los masones. Dios está celoso de Lucifer y le persigue y Caín es perseguido de Adán y de Abel, etc. Es el sentido contra sentido, es lo contrario de la verdad y es la apoteósis de la sublevación y el crucificamiento de la verdad y el bien; en una palabra, es la revolución, que, en su doctrina fundamental, es esencialmente ' anticristiana, atea y satánica. »Por muy avanzados que crean estaren el secreto de la masonería todos los her- 440 V HISTORIA GENERAL manos de altos grados, es necesario reconocer, sin embargo, que no han salido aún de la antecámara mal alumbrada, como decía Petit-Tigre; no son aún masones, sino en yerba y flores. El fruto está oculto más adelante, en las sombrías profundidades de la secta. Es lo que decía un día un sacerdote á una especie de hombre honrado muy corto de vista, elevado hada bastantes años al grado de Rosa Cruz. Este pobre hom- bre no veía en las ceremonias de las logias otra cosa que representaciones históricas. No dejaba nada, decía este cura, para darme una idea mejor de una sociedad en la cual se envanecía de haber ejercido importantes funciones. Quería absolutamente con- vertirme á la masonería. Yo sabía que no le quedaba más que un paso para llegar al punto en el cual el velo se descorre, y donde ya no es posible hacerse ilusiones sobre el objeto ulterior de los adeptos decididos. Para convencerme, quise llegar hasta allí. »Pocos días después, le veo entrar en mi casa en un estado imposible de describir. ¡Oh, amigo mío, mi querido amigo,—exclamó,—cuánta razón teníais!... ¡Ah, cuánta razón! ¿Dónde estaba yo. Dios mío? ¿Dónde estaba? Se sentó, ó más bien, se dejó caer sobre un sillón, no pudiendo sino repetir—¿Dónde estaba yo, dónde estaba?... ¡Ah, qué razón teníais!—Hubiera querido que me diera algunos detalles que ignóraba aún. El se contentó con responder:—Teníais razón, pero no puedo deciros más. Añadió sin em- bargo, que si aceptaba lo que se le proponía, repararía la pérdida de su fortuna oca- sionada por la revolución. Si quiero, dijo, partir á Lóndres, á Bruselas, á Constantino- pla ó á cualquier otra parte que escoja, ni mi mujer, ni mis hijos, ni yo, tenemos ya necesidad de nada.—Si, le dije, pero á condición que iréis á predicar por todas partes, la igualdad, la libertad y la revolucioni—Justamente, murmuró. Pero por última vez, no puedo revelaros nada más. ¡Ah, Dios mío, dónde estaba!...» »E1 pobre hombre estaba sencillamente en los altos puestos de la masonería exte- rior; de costas.» ya acababan de enseñarle el reverso las Considerado el libro que nos ocupa desde cierto punto de vista, parece muchas veces que el fln que se propone conseguir es llevar al convencimiento de la gente doc- ta é ilustrada lo innecesario y perjudicial de la institución masónica; otras parece enea- minado á fomentar á aumentar el temor que en ciertos ánimos ha despertado siem- y pre esta órden, que es sin disputa, la que ménos hay que temer. Pero las más creemos que sólo puede conseguir nimio resultado con respecto á la gente no ilustrada é in- docta? con los habitantes de las aldeas y con los campesinos que, áun con la mejor buena fe, creen en las apariciones, trasgos y fantasmas. Sin embargo, bien supieron sus autores lo que se hacían, y desde luégo se echó de ver que el estilo en que se halla escrito es el más propio, el más á propósito para que en él se entretengan las mujeres, que ha sido en todo tiempo el instrumento más á propósito para conseguir el dominio absoluto de la sociedad en general. Sea cualquiera la ilustración que la mujer adquie- ra en los distintos países, es seguro que siempre es menor que la del hombre, y que la evidenciarse de lo suma de sus conocimientos no puede ser completa para discernir y es cierto y de lo que no lo puede ser. Si á esto se une su que imaginación viva y por extremo impresionable, se comprenderá desde luégo cuán fácil es escogitar las armas necesarias para conseguir que sirva al intento de destruir las inclinaciones del hombre. DE LA MASONERÍA 441 Lo que no pueda conseguir como esposa, lo conseguirá como madre; lo que no asi, como amante, razón porque en todo tiempo lo que el sacerdocio católico ha pro- curado es apoderarse de la conciencia de la mujer, dominarla con el terror de las pe- nas ó halagarla exponiéndole la alta y civilizadora misión que tiene que cumplir en el seno de la familia, para que de una manera ó de otra extreme sus pretensiones y sirva perfectamente á las miras que tienen escogitadas. Ciertamente que uno de los más poderosos auxiliares que la Iglesia tiene en la materia que nos ocupa y uno de los mayores enemigos que siempre ha tenido la masonería ha sido la mujer catòlica. Ha- ciéndoles ver visiones y cuadros espantosos, escenas de corrupción y de sangre, pre- sentándole al mason desde el confesonario y desde el pulpito como un sér inmoral y corrompido, capaz de cometer los mayores crímenes con que se puede soñar, han con- seguido que la mujer, á la sola sospecha de que un hombre pertenezca á la órden, lo rechaza de su lado como indigno, y justo es concederlo, la debilidad de los hombres en cierto terreno es grande, muy grande, y cede, sino á la súplica, al temor de verse convertido en un objeto de terror á los ojos de aquélla de quien más cerca quisiera estar siempre. Indudablemente que con el libro en que nos estamos ocupando, sus autores se han propuesto conseguir este efecto y sólo pueden haberlo logrado en la parte en que para ello haya sido un medio auxiliar la ignorancia de la mujer y su exaltada y susceptible imaginación y esto, adulterando la verdad de la manera lastimosa que venimos vien- do. Nadie dudará, en vista de lo que venimos diciendo, de la estricta y absoluta ver- dad con que en todo procedemos; sin omitir nada de lo que pueda perjudicar ó favo- recer á la institución masónica, damos á conocer explicitamente las causas que puedan haber motivado el ataque y damos expresamente la razón de éste, si bien no pode- mos ménos de censurar los reprobados medios que emplean, pues se limitan á pre- sentar sólo una faz de la cuestión para conseguir provecho única y exclusivamente. Nosotros, cumpliendo severamente la misión del historiador y recordando que perte- necemos á la órden por el más perfecto conocimiento que de ella hemos adquirido en su interior, hacemos pública manifestación de los males que la mal llamada reforma masónica, de los que se separaron de la obediencia de la gran logia de Lóndres, ha irrogado á la institución, pero como no podia ser ménos presentamos también las grandes ventajas á que la masonería ha dado origen y cuántos y cuáles son los altos flnes que tiende á realizar, sin que sea ni pueda ser absolutamente motivo de extra- ñeza el que no los haya realizado, pues grande, muy grande es, en verdad, la moral cristiana; elevados, muy elevados los principios que preconizó desde que fué predica- da y, sin embargo, después de diez y nueve siglos, áun algunos no han podido reali- zarse por completo en la práctica. Ya hemos visto cuán acerbo y duro fué el ataque ocupándose de los tres primeros grados simbólicos, y por la exposición que trascribiéndola integra acabamos de hacer de la inteligencia que tienen de la que llaman altos grados, vemos que no es menor la saña, ni más recta la intención. Desde luégo se ve la insistencia con que procura arrai- gar la idea de que en realidad hay dos masonerias, una pública, esto es, conocida, y se 442 HISTORIA GENERAL otra privada ó secreta, en la que radican los más abominables misterios. ¿De dónde puede haber surgido esta idea? Lo ignoramos á punto fijo y únicamente podemos se- balarle como causa generadora, el desmedido afan de hacer daño. La historia de la orden ha estado siempre al alcance de todos aquellos que han querido dedicarse á ella y siguiéndola paso á paso, no es posible que ninguna persona de mediana ilustra- clon pueda decir que efectivamente, existen dos masonerías, una que se da á conocer y otra que se oculta cuidadosamente para poder realizar en la sombra y en el misterio sus más nefandos designios. De esta verdad están convencidos los mismos que la niegan, y nadie más distante que ellos de creer que en realidad existen esos misterios y esas tenebrosidades, pero confesar paladinamente lo cierto hubiera sido atacar, como nosotros lo hacemos, á los que llevados de pueriles deseos inventaron unas ceremonias que nada dicen y que nada representan, en cuyo caso hubiera salido, no favorecida, sino justificada la ver- dadera masonería. Falso el principio, tiene por necesidad que ser falsa la consecuencia, y nada tan desprovisto de razón como afirmar, según lo hacen, que descubiertos los móviles prin- cipales de la masonería oculta ha resultado ser su alma el invencible deseo de destruir todo gobierno y toda religion. En cuanto á lo primero, los documentos que tenemos publicados ya prueban de una manera palmaria que no hay ni puede haber tal cosa y que ni existió nunca, ni ménos puede existir hoy. Nuestros lectores recordarán cómo en las antiguas ordenanzas se prescribe el respeto al gobierno de los países en que los hermanos se hallen y hasta qué punto está condenada la conducta de aquél que aten- tara contra la paz y la tranquilidad pública, pues en todo tiempo se ha reconocido que estos dos elementos son esencialisimos para el fomento y desarrollo de la institución masónica, y bien hemos visto los lamentables estragos que en el seno de la órden produjeron las luchas y contiendas que durante tanto tiempo asolaron á la Inglaterra entera. La misión de la masonería ha sido y es siempre pacifica y cabe perfectamente que pueda realizarse con todas las formas de gobierno que la ciencia política tiene reco- nocidas, no hay más sino que imperando el absolutismo tendría que ocultarse para que las ideas trabajen como las corrientes subterráneas, y en las épocas de libertad y de razón se abrirán sus puertas y se expondrán sus doctrinss sin cortapisas ni res- tricciones, pero en uno como en otro caso los resultados serán siempre iguales, las ideas del bien se impondrán siempre y más tarde ó más temprano dominarán en el universo entero. En cuanto á la segunda imputación ó sea á la de que otro de los más importantes propósitos de la masonería es destruir toda religion, tenemos que confesar que es igualmente falso y desprovista de fundamento semejante aseveración como así resulta claramente de los documentos que exponen la organización de la sociedad y los prin- cipios en que descansa. Comprendiendo los fundadores de la órden, ó mejor dicho, los que le imprimieron el carácter que hoy tiene, que la diversidad de cultos existen- tes que los hombres profesan seria siempre una traba para la union de ellos, y que la DE LA MASONERÍA 443 diversidad de opiniones religiosas podría dar lugar, con muchísima frecuencia, á que se suscitaran cuestiones que turbarían ciertamente la buena armonía que debe reinar entre los pertenecientes á una sociedad de tan elevadas miras como la masónica, se vieron en la precision de arbitrar una fórmula que hiciera posible la union de todos, á cuyo fin quitaron todo carácter religioso ála sociedad, si bien consignando el sacro- santo principio de la existencia y unidad de Dios, base y fundamento de todas las re- ligiones racionales. Esta declaración presupone un culto, el cual tiene ciertamente á Dios en sus obras: esto es lo que la masonería admite como tal, negándose á dar ca- bida en su seno á toda religion positiva que por buena que sea no puede ser la única y mucho ménos la que profesen todos los hermanos. Cada uno aislada y separada- mente puede profesar la que quiera, la que haya heredado de sus padres ó la que su conciencia le dicte, pero sus particulares creencias y convicciones tiene que dejarlas á la puerta y seguro de que todos los hermanos han hecho lo mismo, puede estar tran- quilo cuanto alli jamas nadie ofenderá sus sentimientos. La declaración de la gran logia de Alemania, que los autores del libro citan, afir- mando que el mundo no estaba aún en disposición de soportar las revelaciones ma- sónicas, no puede figurar en modo alguno entre los capítulos de culpa. En realidad, la experiencia misma acredita cuan grande era la razón que tenian para afirmarlo asi, en vista de las persecuciones que en todos los países sufría la órden de parte de aquellos que, ó no la entendían ó que comprendían que el desarrollo y fomento de la órden seria la total ruina de todos. Parécenos, por otra parte, que la prescripción de no dar á conocer la órden no podia ni debía haberles llamado la atención á los que tienen barto sabido que la iglesia católica ha dispuesto que ciertos libros de la Biblia no puedan ser leídos más que cuando el hombre haya cumplido treinta años. ¿Por qué esto? ¿Semejante prohibición puede significar que los libros indicados son malos? No, ciertamente que no; lo que hay es que ciertas lecturas producen resultados con- traproducentes, en' atención á que no claro el sentido de los textos pueden sobrevenir interpretaciones y comentarios que desvirtúen el fin de los autores. Atentos á esto debieron ser más parcos en la censura y establecer la comparación para determinar el juicio, pues razón les sobraba á los individuos que componían la gran logia de Ale- mania para afirmar que el mundo no estaba aún en disposición de escuchar las reve- laciones masónicas en vista de lo que posteriormente ha sucedido. Extraviada la opi- nion, unas veces por la falta de claridad que han tenido muchos hermanos para exponerlas y otras por la dañada intención con que los enemigos han procurado acia- rarlas, es lo cierto que se ha formado un cáos indescifrable para todos aquellos que no pertenecen á la órden y en el que los más se empeñan en ver fantasmas y visiones horribles. Esto mismo que para el común de las gentes tenia que suceder, ocurría también con la mayor parte de los hermanos mismos ó sea con aquellos que por su falta de ilustración no habian llegado al estado necesario, no para ser impuestos de secretos misterios pavorosos, sino para comprender en toda su latitud el elevado y credo masónico. Falso, completamente, es también todo lo referente al número excesivo de grados 444 HISTORIA GENERAL que apunta, pues^, según dejamos dicho en otros lugares, sólo fueron tres primitiva- mente, sobre los que los dañinos reformadores y Ramsay, con el fin que ya hemos indicado, aumentaron treinta, siendo, por tanto, setenta y tres los que componen el rito escoces en la forma siguiente: GRADOS SIMBÓLICOS PRIMITIVOS 1.° Aprendiz. 2." Compañero. 3.° Maestro. GRADOS ADICIONADOS 4." Maestro secreto. 5.° Maestro perfecto. 6.° Secretario intimo. 7.° Preboste y juez. 8.° Intendente de los edificios. 9." Maestro elegido de los nueve. 10. Maestro elegido de los quince. 11. Gran caballero elegido. 12. Gran maestro arquitecto. 13. Real arco. 14. Gran elegido de la bóveda secreta. 15. Caballero de Oriente ó de la espada. 16. Principe de Jerusalen. 17. Caballero de Oriente y Occidente. 18. Soberano principe Rosa Cruz. 19. Gran. Pontífice. 20. Maestro adivitam. 21. Patriarca noaquita ó caballero prusiano. 22. Principe del Líbano ó Real Hacha. 23. Jefe del tabernáculo. 24. Príncipe del tabernáculo. 25. Caballero de la serpiente de bronce. 26. Principe de Merced. 27. Soberano comendador del templo. 28. Caballero del Sol ó principe adepto. 29. Gran escoces de San Andres. 30. Caballero Kadoscb. 31. Gran inquisidor comendador. 32. Sublime valiente principe del Real secreto. DE LA MASONERÍA. 445 33. Soberano gran inspector general. El rito francés, como hemos dicho^ sólo cuenta siete grados de los que los tres primeros son los simbólicos del rito anterior y los cuatro restantes los siguientes: 4.° Elegido. 5.° Escoces. 6.° Caballero de Oriente ó de la espada. 7.° Caballero Rosa Cruz. Bien puede verse por esta enumeración, que es la cierta y verdadera, hasta qué punto alcanza la exageración de los que han hecho á la masonería blanco de sus vi- rulentos ataques y aunque como venimos concediendo cuando hace al caso, los mis- mos masones son los que han dado ocasión para ello, no puede desconocerse que la critica que hacen es forzada de todo punto y que en aquello que no han podido atacar meros detalles de forma han tenido que inventar faltando á la verdad descaradamen- te para poder decir alguna cosa con que atemorizar á los profanos. Si en lo referente á la forma puede haber alguna diferencia entre las distintas ramas del árbol masóni- co^ no sucede lo mismo en el fondo, en el cual coinciden perfectamente sin que quepa odio ni rencor alguno^ no hay más sino que distintos los signos y las palabras se ha- cen difíciles los reconocimientos y dificultosa la inteligencia. Detenidamente nos hemos ocupado nosotros en el lugar oportuno del concepto que deben merecer los grados superiores que sin necesidad alguna se han introducido en ella y hemos justificado claramente la inconveniencia de ellos, pero sin que para esto nos haya sido necesario faltar á la verdad ni recurrir á invenciones que resultando falsas para el que se dedicara á hacer la investigación, nos hubiera hecho perder el crédito. No han obrado asi los jesuitas, quienes en su afan de despertar sospecha, y emitir motivos de alarmas recurren al fraude, recurren á la mentira para de este modo poder conseguir su objeto. El grado de juez filósofo que en los rituales corrien- tes españoles se enuncia con el calificativo de preboste y juez tiene un defecto innato cual es el de su falta de necesidad, el de ser una invención de los que sólo querian ha- cer de la masonería una sociedad de ostentación y aparato para que sirviera á sus fines particulares. De la verdad de esto que decimos podrán convencerse nuestros lectores por el catecismo de dicho grado que trascribimos á continuación exacta- mente como se halla en todos los formularios de los que ocupa el número siete. Como en todos ellos está sostenido por el venerable que preside el capitulo y por el iniciando al grado, en la forma siguiente: P. Sois preboste y juez. R. Distribuyo justicia imparcial á todos los obreros sin excepción alguna. P. ¿Cómo fuisteis introducido en esta logia de preboste y juez? R. Dando cuatro golpes y uno más. P. ¿Qué significan los cuatro primeros golpes? R. Los cuatro golpes seguidos significan los cuatro puntos del templo y el quinto significa el centro ó unidad de Dios á quien se dedicó y debemos rendir adoración y tributar homenaje. 446 HISTORIA GENERAL P. ¿.A quién encontrasteis á la entrada de la logia? R. Al primer vigilante, que me condujo al oeste. P. ¿Qué hicieron de vos? R. El segundo vigilante me hizo hincar la rodilla derecha y pronunciar la palabra Cíí5¿, que significa arrodillarse. P. ¿Qué respuesta os dió el tres veces ilustre? R. Pronunció la palabra cum que significa levantarse. P. ¿Qué hizo después el tres veces ilustre? R. Me constituyo preboste y juez en consideración á mi buen comportamiento y aplicación en los grados anteriores. P. ¿Qué os dió? R. Una llave de oro y con ella los signos, toques y palabras. P. ¿Para qué os sirve la llave? R. Para abrir la caja pequeña de ébano en donde están los planos necesarios para la construcción del templo. P. ¿Qué significa esto? R. Que sólo los prebostes y jueces saben dónde está depositado el corazón de Hiram Abi. P. ¿Cuál es vuestra palabra? R. (La da). P. ¿Qué significa? R. Es el nombre del primer gran maestro principe Harodim, el más antiguo preboste y juez que tuvo la inspección de los trescientos maestros arquitectos del templo. P. ¿Cuál fué la intención de Salomon al crear este grado? R. Restablecer el órden entre cierto número de trabajos. Para esto hizo á Adoni- ram jefe de los prebostes y jueces y áTito principe Harodim preboste y juez. Lohaben fué iniciado en los misterios de este grado, siendo ademas gran confidente y favorito del Rey: á él fué confiada la llave que abría lá caja de ébano y contenia todos los pla- nos del edificio, cuya caja he visto en el grado de maestro secreto. Esta caja estaba bajo un rico dosel en el santuario. Lohaben se llenó de admiración al contemplar tales cosas y se arrodilló pronunciando la palabra cfot, á la que contestó Salomon cum, po- niéndole la balanza eu sus manos, por ciiyo medio sus conocimientos aumentaban todos los días. P. ¿Qué habéis visto en logia? R. Una cortina galoneada y un dosel debajo del cual se encuentra la caja de ébano que encierra los planos. P. ¿Habéis percibido alguna otra cosa? R. Un triángulo en cuyo centro estaban grabadas las letras A.", y G.'. P. ¿Qué significan? R. Que el mismo Dios era el gran arquitecto dél templo y habla inspirado á David y á Salomon el plan según el cual fué edificado. DE LA MASONERÍA 447 P. ¿Qué otra cosa habéis visto? R. Una balanza emblema de la rectitud con que deben ejecutarse los deberes de este grado. P. ¿En dónde está depositado el cuerpo del respetable Hiram Abi? R. Bajo el escabel del trono en el cuarto del capitulo, el cual está separado del templo y al que voy por un camino abovedado que bay al norte de este edificio. P. ¿Dónde está el corazón? R. Dentro de una urna de oro: en un obelisco. P. ¿Qué entendéis por la X y S? R. (Da las palabras). P. ¿Qué significan las letras I, H, S, con una rama de acacia sobre la H? R. (Da el resto de las palabras.) P. ¿Dónde fuisteis recibido? R. En la cámara de en medio. P. ¿Habéis becbo algun trabajo interesante para ser preboste y juez? R. He ornamentado la tumba de nuestro respetable maestro Hiram Abi. P. ¿Con qué os adornó el tres veces ilustre cuando os recibió preboste y juez? R. Con un delantal l)lanco y rojo que tenia un bolsillo en el centro y una llave en la solapa. P. ¿Qué significa el bolsillo? R. El último preboste y juez lo llevaba para guardar la llave del arca en donde estaban los planos. P. ¿Qué significan los colores blanco y rojo y la llave de oro? R. El color rojo es el emblema de la sangre de Hiram y el blanco significa el can- dor de los .maestros. Ya os be dado la explicación del significado de la llave. Como claramente se ve por el trascrito catecismo todo lo perteneciente á este grado adolece del defecto que ya les hemos señalado. Pecan de inocentes pero nada más que de inocentes y en él como en tantos otros está puesta á contribución la eter- na historia de la construcción del templo y de la muerte de Hiram que llena tantos huecos en la masonería inventada por aquel acérrimo defensor de los Estuardos que tan fuerte estaba en todo lo que en la Biblia se referia. Mas naturalmente lo que de la historia no podian recojer y lo creían sin embargo de todo punto necesario tenían que inventarlo y de aquí el arca de ébano y los planos y las letras simbólicas y los colores blanco y rojo. Estudiado todo ello detenidamente nada se observa que induzca á pensar en la perversidad de los fines masónicos según pretenden los detractores con sus fabulosas invenciones de venganzas y puñales y el grado que según confiesan ellos revela al iniciado el sentido verdadero de la leyenda de asociación no es más que un escalón añadido en la serie de los que constituyen la representación escénica que han creído de necesidad para el mayor prestigio de la masonería. De la misma manera que hemos hallado invenciones desprovistas de sentido en lo que el autor ó los autores del opúsculo que examinamos dice acerca del grado ante- rior, las vemos también y no pocas en lo que acerca del grado 30 ó sea lo referente al 448 HISTORIA GENERAL caballero Kadosch, dice: Nuestros lectores podrán ver en lo trascrito el pavoroso cuento inventado acerca de la iniciación de Luis Felipe en este grado y el mentido fln que los mismos le asignan para justificar la prevención y el odio con que á la maso- neria debe mirarse. Nosotros^ ajenos á toda pasión, no podemos ménos que señalar los mal intencionados errores que han vertido para lograr su objeto, si bien no eximi- mos de culpa á los hermanos que han dado elementos para ello; examinando deteni- damente lo que á este grado se refiere y con objeto de que la verdad quede en el lugar que le corresponde diremos lo cierto acerca de él, y trascribiremos su catecismo para que se vea que nada hay de pavoroso ni de criminal. Kadosch es la palabra hebrea kadach que significa sagrado; con esta denomina- cion se indica al que ocupa el grado 30 en el rito escoces y-una y otra cosa, esto es, el origen de la palabra que le sirve de titulo y el rito en que se haya ingerido son ele- mentes más que suficientes para probar quiénes fueron sus inventores y hasta que punto debia de hallarse léjos del ánimo de ellos ese supuesto deseo de venganza dado el cual tendrían que pasar la vida dedicados á reunir combustibles para la hoguera y á afilar el puñal ocultamente. Es lo más verosímil, según resulta de la investigación practicada, que el grado en que nos estamos ocupando se inventó en 1740 y según los más han fantaseado acerca de la orden era el lazo que unia á la masonería con que la antigua perseguida y extinguida orden del templo. Según estos, los templarios, al comprender el peligro que les amenazaba huyeron á los países en que comprendían no hablan de ser perseguidos y entre estos se hallaba Escocia, á donde fueron y per- petuaron las prácticas de su órden en los talleres masónicos; ya sabemos hasta qué punto es apócrifa semejante idea, pero dándola por cierta aquellos que de ella se pro- ponían obtener resultado afirman que en recompensa de la hospitalidad que los ma- sones concedieran á los templarios éstos luégo que sus favorecedores llegaban á cierto determinado grado dentro de su órden, los iniciaban en las doctrinas secretas de la y órden del templo, con todo lo cual resultaba perpetuado esto y convertido el mason de grado treinta en un mason templario. Claro está que admitida invención tan peregrina y dada la cualidad del carácter de que el hermano se investia, éste tenia que realizar dobles fines, unos con respecto á la órden masónica y otros con respecto á la del templo en los que como principales cam- peaba la venganza que constantemente estaban exigiendo los manes de Jacobo de Molay. Según Claudio Antonio Thory, célebre naturalista francés é ilustre mason, autor de la historia de la fundación del Gran Oriente de Francia y de las revoluciones que la han precedido y de la cronologia de la historia de la fracmasoneria, este grado se confirió con solemnidad y con todos los detalles que el ceremonial exigia hasta 1805, fecha después de la que se confiere por comunicación. El mismo autor dice á este pro- pósito las siguientes palabras: «La vanidad ha hecho conservar este grado, la pru- dencia y el buen sentido lo han hecho modificar profundamente. El neófito está obli- gado á subir las siete gradas de una escalera emblemática que comprende los escalo- nes de la gramática, la retórica, la lógica, etc.» Esta declaración de autoridad tan respetable prueba hasta qué punto los jesuítas DE LA MASONERÍA 449 no han podido atacar á la institución masónica, sino, en las cuestiones de forma, esto es, en el ostentoso aparato, vano oropel con que muchos masones han querido reves- tirse. Hijo del escocismo, el grado treinta representa lo mismo que todos aquellos que fueron inventados por los escocistas y para que plenamente quede probado cuáii ajena es á su instituto la sangrienta venganza que afirman ser objeto de él, veamos su jura- mento que está concebido en los términos siguientes: «Juro sobreestá espada, simbolo del honor y del valor, ante Dios y ante los venerables caballeros que me escuchan, amar la verdad, fuente de todo bien,y odiar la mentira, el fanatismo y la superstición, fuen- tes de todo mal,y de combatirlas por todos los medios que estén á mi alcance, áun con peligro de mi vida.» Los términos claros y terminantes de este juramento, alejan toda sospecha y hacen comprender que en este grado lo mismo que en todos se ha tenido presente el ideal masónico de los primeros tiempos, pero, como quiera que, es resultado de la preten- sion que tantas veces hemos censurado, adolece de los defectos que le son anejos y de ello nos convencerá seguramente el formularismo propio de él. Desde luégo y en armonía con las pretensiones que se advierten á todos los grados del rito escoces el traje de los individuos que pertenecen al capitulo de los Kadosch está compuesto por una túnica abierta por el lado en forma de dalmática ribeteada de negro, la cual va ceñida con una faja negra con flecos de plata. En la faja un puñal con mango de marfil y de ébano. Sombrero redondo delante de cuya copa hay un sol de fondo de plata y rayos de oro. En el centro se pinta un ojo: el sol se coloca entre las letras N.-. A.-. El traje común de los caballeros es el negro, en cuyo caso la faja con que se ciñen es encarnada, llevando ademas una banda negra de izquierda á de- recha de la que pende un puñal. En la banda están pintadas de encarnado dos cruces teutónicas y una águila negra de dos cabezas con las letras G. l K.-. H .-. borda- das de plata. Si se pone en forma de collar, entonces es negro con una cruz teutónica bordada de encarnado en cada lado. No se usa mandil en este grado. La joya es una cruz teutónica esmaltada de encarnado y colgada al cuello ó puesta en un hojal del frac al lado izquierdo. En lugar de esta joya se puede usar una cruz esmaltada, creada para esta órden. En el centro de ella hay un medallón de nácar. En un lado se ven las letras J.*. M.*. y en el otro una calavera atravesada por un puñal. Algunos consejos han adoptado por joya una águila negra coronada, de dos cabe- zas, con un puñal en las garras. Cuando un caballero Kadosch asiste a las logias infe- rieres, puede dispensarse el traje que hemos descrito, conservando la banda y ponién- dose un mandil blanco forrado y ribeteado de negro ó encarnado. Debajo de la solapa se borda una cruz teutónica, y en medio una águila negra de dos cabezas coronadas, con un puñal en las garras. Hay algunos caballeros que llevan en el mandil la escala de dos ramales, colocada sobre una serpiente de tres cabezas, lo cual es contrario al rito escoces generalmente adoptado. 57 450 HISTORIA GENERAL Esta escala misteriosa de que ya hemos hecho mención^ está formada por dos ra- males, cada uno de los cuales tiene siete escalones. El sosten del primer ramal de la derecha se llama Oheb Elgar (Dios amante). El de la izquierda se llama Oheb Quero- bo (Ama al que se acerque). Los escalones del primer ramal reciben el nombre: Los nombres de los escalones en el segundo ramal, son:' 1 Astronomía. 4 Aritmética. 2 Música. 5 Lógica. 3 Geometria. 6 Retòrica. 7 Gramática. 1 Tsedakab Justitia, elemosina. Las ceremonias que se llevan á cabo en la apertura son las siguientes: El gran maestro se sienta al Oriente. El gran ca2pitán Sde clasbgouarrdiaLsay bmaaesntro de Ros albus. Innocentia. ceremonias introducen á los caballeros en la sala, conduciendo á los oficiales á sus puestos; los saludan y se retiran á ocupar los suyo3s. TodoMs loas tcbaboallecros se pondrán Dulcís, vel dulcedo. de pié y al órden. Saludan al gran comendador, devuelve éste el saludo y da un golpe que todos repiten. 4 Emounab Fides, firmitas, ventas. El gran comendador da dos golpes; el maestro de ceremonias y el capitán de las guardias se levantan. 5 Amial Labor magnus. —Gran caballero maestro de ceremonias y gran capitán de las guSardaiags,gbi asegu- ráos si todos los hermanos que están presentes con6ocen loSs maisbtebrioas lque vamos á ce- Onus. lebrar. El capitán de la guardia y el maestro de ceremo7nias sGaludbaneaml groanucolmBendiandoar,b Tbebounab. In medio vicissitudine, prudentia. examinan á todos los caballeros, y si quedan satisfechos lo anuncian asi: —Ilustre gran comendador, todos los caballeros presentes conocen nuestros miste- rios y están prontos á cumplir con su deber. —Gran caballero capitán de la guardia, repartid la guardia y anunciadles que va á abrirse el capitulo de caballeros elegidos de Kadoscb. los El capitán de la guardia se levanta, saluda al comendador y coloca al experto y guardias á la puerta y lo anuncia asi: El catecismo de este grado es el siguiente: DE LA MASONERÍA 451 P. ¿Sois caballero elegido Kadosch? R. Lo soy, tres veces ilustre caballero. P. ¿Quién os confirió este grado? R. Un diputado gran inspector general del grado 33. P. ¿Qué hizo de vos? R. Me creó caballero Kadosch. P. ¿Cómo podré creeros? R. Mi nombre os convencerá. P. ¿Cuál es vuestro nombre? R. Caballero Kadosch, hoy del águila blanca y negra. P. ¿Se hizo alguna otra cosa de vos? R. Fui adornado con el vestido de la órden y la joya del grado. P. ¿Dónde recibisteis el premio de vuestra elección? R. En una gruta muy profunda, en medio del silencio y oscuridad de la noche. P. ¿Qué aplicación hacéis del premio? R. Trabajo con todas mis fuerzas para levantar un edificio digno de mis her- manos. P. ¿Qué progresos habéis hecho? R. He adquirido el conocimiento de la escalera misteriosa. P. ¿De qué se compone esa escalera? R. De dos sostenes y siete escalones. P. ¿Cómo se llaman los sostenes? R. Oheb-Cloak y Gheb-Kerabo. P. ¿Qué significan estos dos sostenes? R. El primero significa el amor de Dios hacia sus criaturas, y el segundo el amor á nuestros hermanos como á nosotros mismos. P. ¿Cuáles son los siete escalones de la escalera misteriosa? R. Las virtudes que debo practicar conforme á mis obligaciones. P. Nombradme esas virtudes. R. 1.° Practicar obras de caridad. 2." El candor en todas nuestras acciones y pa- labras. 3." Dulzura de temperamento. 4.° La verdad en el discurso. 5." Acercarse al cielo por la práctica de la virtud. 6." Paciencia en la desgracia. 7.° Prudencia en guar- dar los secretos que se nos confian. P. ¿Cuál es vuestra palabra de pase á la entrada? R. M.'. el nombre del gran maestre ó Àguila Negra de los solitarios. P. ¿Qué significa ese nombre? R. Solitario ó separado. P. ¿Qué respondian los solitarios cuando se les preguntaba qué pretendían? R. Bendigo siempre y en todas ocasiones y alabaré al Sehor con mis labios. P. ¿Responden alguna otra cosa? R. Si, dicen: Y yo asistiré siempre al pobre y lo sóstendré con todas mis fuerzas. P. ¿Por qué está la cruz coronada del águila y de la espada? 452 HISTORIA GENERAL R. Para recordar que debo liacer uso de ella á su debido tiempo y sostener la ór- den bajo la bandera del águila negra. P. ¿Dónde habéis trabajado? R. En un lugar de seguridad para restablecer en secreto el edificio arruinado por los traidores. P. ¿Qué resultado esperáis de vuestro trabajo? R. El triunfo de la virtud, las posesiones de nuestros antepasados y la felicidad eterna. P. ¿Habéis derramado lágrimas? R. Si, y las derramo aún. P. ¿Os habéis vestido de luto? R. Si, y visto aún, pues la virtud se ve despreciada, y siguen sin castigo los cri- menes^ miéntras vence el vicio, gemirá la inocencia. P. ¿Quién castigará el vicio y premiará la virtud? R. El Grande Arquitecto del universo. P. ¿Por qué? R. Para favorecer nuestros deseos y designios.—Todos los caballeros repiten tres veces:—Señor, favoreced nuestros designios. P. ¿Tenéis otro nombre ademas del de caballero del águila negra? R. Tengo el nombre de Adoma, para enseñarme, y aunque humilde, seré de los primeros. P. Dadme la señal de sorpresa. R. (Se pone la mano izquierda sobre el corazón del hermano, y ambos se tocan la rodilla derecha. P. ¿Para qué pusisteis la mano abierta sobre el corazón? R. Para demostrar que mi confianza está en Dios. P. Por qué extendéis la mano? R. Para hacer ver á mi hermano que tiene derecho á cuanto esté á mi alcance. P. ¿Por qué dejáis caer la mano sobre la rodilla derecha? R. Para mostrar que debemos doblar la rodilla al adorar á Dios. En vista de estas fastuosas formalidades, en vista délos términos en que están con- cebidas las ceremonias de apertura y el catecismo, bien se puede afirmar que en la impugnación que de la órden han hecho los jesuítas, no hay más que injuriosas supo- siciones y especies calumniosas, encaminadas á desprestigiarla en el ánimo de aque- líos que, contando con poca ó ninguna ilustración, tenían que creerlas, máxime cuando obligaba á ello también la atmósfera perniciosa se habla creado á la ma- que sonería. Las personas doctas é ilustradas, aquellas que tengan, siquiera no sea más fábu- que algun conocimiento de la historia, no podrán en modo alguno dar crédito á las que llevan consigo la más completa impugnación. Tal vez y sin duda alguna los hubieran conseguido más su objeto presentando á este alto grado tal como en ellos la rituales se halla, pues tienen motivos bastantes para que, juzgada por anacronis- masonería, quede totalmente desprestigiada en vista de las puerilidades, DE LA MASONERÍA 453 mes y faltas de sentido que contiene, impropias de una sociedad tan elevada. Como ya hemos dicho cuanto puede decirse acerca del grado de Rosa Cruz, ñopo- demos añadir más palabra, sino llamar considerablemente la atención de nuestros lectores acerca de la mentida historia con que termina en el opúsculo citado, y que no es más que una invención ó un dato equivocado, que se ha tomado para la maso- neria, de cualquier historieta propalada acerca de una de las muchas sociedades po- liticas que se formaron durante la revolución y la época del terror, las que, animadas por fanáticos extremados, querian llevar á cabo una nivelación general y procuraban, conseguir este fln, hallar todas partes fueran á predicar las para secuaces que por doctrinas de que, según ellos, dependía el mejoramiento del mundo. Ya hemos señalado en distintos pasajes, que sea llevado de mala intención, ó sea por efecto de la ignorancia, se ha confundido frecuentemente á la sociedad masó- nica con otras muchas de carácter politico, que han aparecido en distintas épocas, siempre en abierta hostilidad con los gobiernos constituidos, y proponiéndose por único y principal fin, el entronizamiento de sus ideas doctrinas disolventes casi y siempre, pero de entre todas estas, la que con más frecuencia se ha presentado corno derivación directa de la masonería, es la sociedad de los carbonarios, fundada en Italia con objeto de hacer triunfar los principios de la revolución. El nombre de car- bonario es bien antiguo en la historia, y fué aplicado primeramente á los partidarios güelfüs, que para conspirar con más seguridad y esquivarse de la vista de los gibeli- nos, se refugiaban en las cuevas naturales de las montañas, que servían de refugio á los carboneros. De aqui que durante toda la época que media desde entónces hasta la dis- presente, semejante calificación se haya aplicado á todos los conspiradores, sin tinción de matices, empleando la palabra en sentido translaticio. Asi, pues, siguiendo dando á la frase el sentido que se le ha dado en los tiempos modernos, puede decirse que el carbonarismo, como rama de la masonería, según los ignorantes, reapareció en Italia en los primeros años del siglo actual, circunstancia que explica de bien clara manera el por qué se la ha confundido tan lastimosamente con la sociedad que histo- riamos. En la fecha citada nues- es cuando la institución masónica, hija predilecta de tro siglo, alcanza su mayor grado de esplendor y desenvolvimiento y cuando se gene- raliza por todas partes, pero estudiada como se debe, no cabe en modo alguno ni es posible confundirlas. La masonería, según venimos viendo, es una sociedad de carác- ter general, cuanto cuyos fines no pueden darse nunca por cumplidos, por siempre habrá en el mundo séres desventurados, dignos por todos conceptos de auxilio moral y material; por el contrario, el carbonarismo y todas las demás sociedades políticas, han sido, sino hijas de la necesidad, hijas de particulares deseos, razón por qué han tenido que desaparecer luégo que los deseos que la hicieron surgir se vieron satisfe- chos, y áuu lo que es más, no pocas veces se ha observado que se la ha robustecido para que sirva de instrumento, siendo perseguida luégo por aquellos mismos que la hablan utilizado. Otra de las diferencias esenciales que existen entre la sociedad que historiamos y aquélla con que sin fundamento alguno ha sido confundida, es la de que la masone- 454 HISTORIA GENERAL ria jamas ha recurrido á medios reprobados para conseguir el logro de sus fines, miéntras que las sociedades politicas no se han parado en nada sino que han aprove- chado todo cuanto tenian á su alcance para conseguir lo que se hablan propuesto. Otra Observación tenemos que hacer y es la que á pesar del mal caráter que recono- cemos en todas estas sociedades politicas, nunca en sus medios empleados ha existido el encono, ni la saña que se le ha supuesto sino que más que nada á hacérselo adqui- rir ha contribuido el espíritu romántico que animaba á la época en que principiaron á ser conocidas. En efecto, puede observarse que en la primera época del romanticis- mo lo que animaba las obras literarias inspiradas por aquella tendencia eran los duendes, trasgos, fantasmas y aparecidos, las visiones maravillosas, las almas del otro mundo que volvían para pedir que por ellas se cumpliera lo que hablan ofrecido, los guerreros incorpóreos que se desmoronaban al ser tocados, las jóvenes lánguidas muertas de amorosa pasión y otros cuentos á cual más vados, pero que servían para entretener las imaginaciones excitándolas al propio tiempo. Al llegar á su segunda época el romanticismo, se halló en una en que no podían satisfacer los aparecidos ni los duendes, por lo que tuvo que recurrir á otros medios y los más á propósito entón- ees eran ciertamente las exageraciones politicas y los asuntos que proporcionaba el afan inmoderado que se desarrolló en la juventud de regenerar á la humanidad, cada uno á su modo. Hechas estas observaciones se comprenderá cuánto distan de la rea- lidad las pavorosas escenas que del carbonarismo se refieren, sin que con esto quera- mos negar nosotros lo que por todos está reconocido. Influidos por las distintas ideas que lo favorecían, no bien hubo aparecido en la escena el carbonarismo cuando alcanzó un considerable desarrollo hasta el punto de que según se afirma, en 1814 en una población insignificante de los Abruzos, llamada Sanciano, se contaban 2,000 carbonarios, armados la mayor parte de ellos. Si bien es cierto que Italia puede ser determinada como la patria del carbonarismo y como lana- cion en que más prosélitos ha tenido, no lo es ménos que esta sociedad animada de los mismos fines que alli, se extendió por todas partes; durante la restauración tuvo en Francia numerosos partidarios de los que en mayor número eran antiguos militares interesados en que se derrumbara el órden de cosas existente, para que volviera á en- trar en escena el ídolo querido de ellos ó sea aquel general, genio militar de los tiem- pos modernos, que tantas veces los llevara á la victoria cubriéndolos con las alas de su fortuna sonriente; acerca de esto veamos lo que dice el distinguido escritor Juan Reinan: «Es muy importante, lo mismo desde el punto de vista de la política que desde el punto de vista de la historia, hacer constar que después de la restauración del antiguo órden de cosas en Europa, no ha cesado de haber en el seno de los pue- blos y particularmente en el seno del pueblo francés una sorda protesta contra aquel órden forzado y por consecuencia una continuación secreta del estado revoluciona- rio. La revolución había sido vencida, pero no estaba muerta; se habla retirado á las profundidades, que no se ven, dejando que la monarquia se estableciera en la su- perficie. Por esta razón se observa en todas partes en aquella época una notable diferencia entre el fondo real de las naciones y su gobierno aparente: las naciones no DE LA MASONERÍA. ,455 son reinos sino en el papel; Francia se halla ocupada por los Borbones^ por sus oficiales, sus ministros, sus sacerdotes, pero todo esto no es alli más que una red superficial semejante á la que tiende un conquistador sobre el pais conquistado; se- parad la abertura, digámoslo asi, y podréis ver bajo la Francia aparente, la verdade- ra Francia, agitándose en su propia independencia, con sus pasiones, sus esperanzas, sus partidos, tales como se han manifestado después de la sublevación de Julio; la restauración puede ser comparada, sólo, á una de esas antiguas tapicerias que ocultan por un momento al público el sitio en que va á tener lugar la escena, donde se va á representar la función. En si tiene ménos valor que lo que se halla oculto detras de ella, la historia de los actos oficiales concierne sólo á los Borbones; la historia secreta es la vérdadera historia de Francia, la cuestión no es que aquellos que hayan conspi- rado contra la monarquia hayan empleado en sus ataques más ó ménos prudencia y saber, la cuestión es únicamente que este concierto directo ha existido; el carbonaris- mo no haya sido, tal vez, una gran maniobra política pero al ménos ha sido un gran síntoma politico y desde este punto de vista y por esta razón es por lo que merece ser estudiado. Si no ha logrado libertar á la Francia del yugo que le hablan impuesto los extranjeros ha servido al ménos para revelar el invencible afecto del pueblo francés hacia los principios de la revolución y para justificarse de la acusación de inconstan- cia que en repetidas ocasiones se le lanzara al rostro. Cuanto más fuertes.^ numerosas y unánimes han sido las conspiraciones, se hace pues evidente la virilidad enérgica del maestro revolucionario, por cuanto en esto se demuestra que de un extremo al otro de Europa á pesar del terror inspirado por los cetros, los pueblos conjurados resuel- tamente, estaban prontos á sublevarse y á poner fin al derecho de las dinastías.» Desde luégo estas declaraciones preciosas revelan que quien tan bien conocía al car- bonarismo no supuso nunca que fuera como muchos ignorantes han supuesto una derivación de la masonería, si no que por el contrario afirman con autoridad indiscu- tibie que era una sociedad meramente política, la cual se habla propuesto mantener á todo trance los principios revolucionarios latentes en el seno de los pueblos; pero ocultos por razón de las circunstancias, como hemos dicho ya en más de una ocasión. Acerca del papel que en Francia desempeña el carbonarismo, veamos lo que dice M. Duverger de Horamne; «La primera conspiración verdaderamente peligrosa con- tra el gobierno de la restauración, habla tenido mal resultado y los conspiradores lo mismo los civiles que los militares se hablan dispersado. A juzgar por las apariencias podia creerse completamente que el partido liberal habla entrado del todo en las vias legales; pero no habla tal cosa, y este partido continuaba dividido en liberales, revo- lucionarios y liberales constitucionales. Preventivamente vivían todos en buena inte- ligencia y por un acuerdo tácito la idea de una nueva conspiración parecía, si no abandonada completamente, aplazada al ménos; pero existían una clase de hombres activos, desinteresados, jóvenes en su mayor parte, cuyo ardor impaciente se acomo- daba mal con aquellos compromisos de aplazamiento. Tanto aquéllos que hablan for- mado parte de las escuelas, lo mismo que los que hablan pertenecido á la socie- dad de los Amigos de la verdad continuaban reuniéndose ya en casa del uno ya en 456 HISTORIA GENERAL la del otro buscando en común el medio de reparar la derrota de 1820^ sustituyendo la organización imperfecta de aquella época con una organización más sabia y más du- rabie. Sin odios, así como también sin ambiciones personales, sólo se sentían anima- dos por el más grande y puro amor á la libertad y llevados de estos generosos senti- mientes se aventuraban en una empresa en la que les aguardaban crueles reveses y cuyo éxito no hubiera satisfecho tampoco todas sus esperanzas. De cualquier manera, en tanto que estudiaban las sociedades secretas de Alemania, dos de sus amigos más resueltos y gravemente comprometidos en una conspiración descubierta, hablan abandonado la Francia refugiándose en Nápoles. Alli hablan encontrado una organi- zacion antigua ya, pero que perfeccionada recientemente había preparado y llevado á feliz término la última revolución. Creyeron que esta asociación llamada de carbona- ríos podría ser introducida en Francia y en tanto que uno de los deportados permane- cia en Nápoles combatiendo á los austríacos, el otro volvió á París secretamente, don- de le aguardaban sus amigos. Sucedía esto á principios del mes de Febrero y pocos dias después se convocó á una reunion que tuvo lugar efectivamente en casa de un estudiante de medicina y de alli á poco estaban redactados y terminados los estatu- tos de esta temible asociación.» Según ellos, debía haber tres cámaras escalonadas siguiendo un órden jerárquico, las cámaras particulares, las cámaras centrales y la alta cámara. Cada reunion de veinte carbonarios formaba una cámara particular que elegia un presidente, un cen- sor y un diputado. Cuando en la misma población ó en el mismo departamento el número de las cámaras llegaba á veinte, los veinte diputados se reunían á su vez y formaban una cámara central. Por último, los diputados de las cámaras centrales nombraban la alta cámara, y eran los únicos que estaban en relación con ella. Tal era, en todo su rigor republicano, el reglamento escrito de la asociación, pero en la práctica era poco ménos que irrealizable, y los que lo habían redactado no tardaron en convencerse de ello. Por una especie de golpe de estado del que nadie podia que- jarse, por cuanto hasta entóneos eran los únicos individuos de la asociación, resolvie- ron entónces reformar las cámaras procediendo de arriba á abajo en lugar de proce- der de abajo á arriba como disponía el reglamento. Comenzaron, pues, por declararse alta cámara; después, cada uno de ellos reunió varios jóvenes formando con ellos cámara central, de la que fué diputado cerca de la alta cámara; por su parte cada uno de los individuos que componían las cámaras centrales se esforzó por constituir una particular de la que él había de ser diputado. Gracias á esta manera de proceder, la asociación tuvo en muy poco tiempo gran número de asociados en París, forman- do en sus fllas jóvenes pertenecientes al comercio y á las escuelas, filtrándose más tarde en las filas militares y extendiéndose luego por los departamentos. La única promesa que se exigió á los asociados fué la de guardar el secreto acerca de la orga- nizacion de la sociedad y sobre sus actos, proveerse de un fusil y municiones, y por último, contribuir cada uno con un franco semanal. Nose exigió ningún juramento y sólo en una cámara del Oeste fué donde un individuo de la alta cámara juzgó á propósito excitar las imaginaciones con la fantasmagoría de los puñales. DE LA MASONERÍA 457 En Oclubi'o de 1(S20, después del viaje de Benjamin Constant, pero sin su participa- cion, algunos hombres resueltos habían resucitado una antigua asociación, conocida con el nombre de Caballeros de la Libertad^ y esta asociación hizo numerosos prosé- lites, no sólo entre los estudiantes, sino que también en las clases militares, contribu- yendo de esta manera todos por partes iguales al desarrollo cada vez más creciente de las ideas revolucionarias, que durante mucho tiempo tuvieron en constante alarma á los gobiernos; pero cuando éstos reformaron, por efecto de los pronunciamientos ó de los cambios políticos operados, las constituciones y leyes por que se reglan, el carbonarismo no tuvo razón de ser, y poco á poco se fué desorganizando sin que sub- sistiera más que en el espíritu exaltado de algunos fanáticos. Bien vemos, pues, que ni por su organización ni por los fines que se habla pro- puesto, el carbonarismo tiene nada absolutamente que ver con la masonería, así como que tampoco ésta le puede haber dado nacimiento, sino que son asociaciones completamente distintas, de las que una ha desaparecido mientras la otra subsiste y subsistirá siempre. Otra de las observaciones que nos vemos precisados á hacer es la de que tampoco en el seno de las sociedades políticas han existido esas cábalas y misterios que, más que para hacerlos aborrecer, parecían haber sido inventados para asustar á los niños, haciéndolos dormir. Si se hubieran parado en estas consideraciones los que de tan tosco modo han ata- cado á la masonería, seguramente que no hubieran aparecido sus ataques, y no se hubieran publicado libros como el que examinamos y del que estamos dando cuenta. Continuando, pues, nuestra tarea, llegamos al párrafo quince, en el que ocupándose de lo que llama: «Verdadera francmasonería que está oculta y secreta,» dice lo siguiente: «Esta francmasonería no es la de las logias, asi como tampoco la de los altos grados: es pura y simplemente la Sociedad secreta. »En la tras logia los masones arrojan la màscara, desdeñan y rechazan el simbo- lismo ridiculo y perverso á la vez de las iniciaciones primeras: van en linea recta á su objeto. «¡Guerra á Dios, á su Cristo y á su Iglesia! ¡Guerra á los reyes y á todos los poderes humanos que no estén con nosotros!» Tal es la divisa de ellos, tal es su grito de rabia y de despecho. »Alli nada de Grandes Orientes, nada de Grandes Maestres, no hay más que una unidad espantosa realizada por un gobierno oculto tan sencillo como .sabiamente or- ganizado. «Acordáos, decia no há mucho el maldecido Mazzini, acordáos do que una sociedad de hombres libres é iguales que quieren cambiar la faz de un país, debe te- ncr siempre una organización sencilla, clara y popular.» »A la cabeza de todo este ejército temeroso hay un solo jefe desconocido, que per- manece en la sombra y que tiene á todos los talleres y á todas las logias bajo su di- reccion; jefe misterioso y terrible al que eslán ligados por un juramento de ciega obe- diencia todos los masones de todos los ritos y de todos los grados, que no conocen ni su nombre y c|ue en su mayor número no quieren ni áun creer que exista. Este hom- hre diabólico es más poderoso que ningún rey de la tierra. En el último siglo lo fué durante muchos años un oscuro aleman llamado Weishaupt. 58 458 HISTORIA GENERAL »E1 patriarca de las sociedades secretas no es conocido más que de cuatro ó cinco adeptos escogidos que lo ponen en relación cada uno con una sección ó cámara de la logia, y los adeptos de esta sección ignoran el papel que el diputado del gran jefe des- empeña entre ellos. Cada uno de los masones de la sección lo representa á su vez en una sección ó cámara interior, siempre sin dar cuenta á los masones reunidos alli, y asi sucesivamente hasta las logias más insignificantes de la masonería inferior, hasta las asambleas masónicas más distantes en apariencia de los complots y maquinado- nes de las sociedades secretas. »En esta gerarquía suh-masónica todos son conducidos sin saber por quién y ( jo- cutan órdenes de las que ignoran el origen y el fin real. Esta es la verdadera sociedad secreta, secreta hasta para los mismos que forman parte de ella. Hace próximamente unos cuarenta años la policia romana estuvo muy á punto de coger al jefe mismo de la gran conspiración. El cardenal Bernetti, secretario de estado de Leon XII, logró apo- dorarse de una parte de la correspondencia íntima de los jefes de la Cámara Supre- ma, es decir, de la primera logia masónica que dirige inmediatamente el gran jefe. Uno de aquellos ^malvados desempeñaba un cargo intimo cerca del príncipe de Met- ternich, primer ministro del emperador de Austria, que tenia en él toda su confianza. Su nombre de guerra era Nublo. Otro era un judio que habla tomado por nombre de guerra: Tigerepequeño. La correspondencia de un tercero pertenecía á un rico pro- pietario italiano, pues en aquella época el centro de las maquinaciones era Italia. »Para distinguir á la francmasonería oculta la llamaron carbonarismo; lo mismo que la francmasonería, el carbonarismo es uno y universal, siendo, además, la parte militante de la masonería. El número de sus adeptos se ignora completamente. »E1 hermano Luis Blanc admira, comprobando oficialmente su existencia, la or- ganizacion del carbonarismo. «Es, dice, una cosa poderosa y maravillosa.» Quedó con" venido al lado de una cámara madre, llamada alta cámara., se formarían otras que asociaciones con el nombre de cámaras centrales, y dependientes de éstas obrarían las cámaras particulares. Se fijó en veinte el número de los individuos para de este modo quedar exentos de responsabilidad ante el código penal. »Para formar las cámaras centrales se procedió de la siguiente manera: Dos miem- bros de la alta cámara se reunirían á un tercero sin comunicarles para nada el papel que desempeñaban y lo nombrarían presidente de la cámara futura, tomando ellos, el uno el titulo de diputado y el otro el de censor. La misión del diputado era mantener la correspondencia con la cámara superior, y la del censor vigilar la marcha de la asociación secundaria; de este modo la alta cámara quedaba convertida en el cerebro de cada dueña una de las cámaras que creaba, permaneciendo siempre frente á ella, de sus secretos y de sus actos. El hermano Luis Blanc añade, con la sencillez de un muchacho aventajado: «Se habla previsto la imposibilidad de poder hacer inútiles siempre los esfuerzos de la policia; para disminuir la importancia se convino que las cámaras obrarían en común sin que por esto se conocieran los unos á los otros, de m modo que si la policia lograba penetrar en la alta cámara no pudiera apoderarse conocer todo el mecanismo de la organización.» DE LA MASONERÍA 459 Corno se ve^ la confusion no puede sei' más lastimosa^, y nosotros^ procediendo con la imparcialidad de siempre, no la podemos hacer hija de la ignorancia, pues harto sabida está la instrucción é ilustración de que gozan los aulores del libro en que nos ocupamos y más aún la habilidad que siempre han tenido para introducirse por to- das partes y apoderarse de secretos de los cuales más tarde han sabido conseguir- lu- ero y provecho. Como venimos diciendo, esta confusion no es más que un resultado inmediato del deseo de hacer mal á la orden masónica que ha dominado y domina siempi-e en el ánimo de los que ven en ella el más poderoso enemigo á quien temer. Comprendiendo, como nosotros hemos afiimiado, que las sociedades de carácter poli- tico tendi-ian que desaparecer luego que hubieran realizado los particulares fines que se hablan propuesto, las englobaron todas bajo unos mismos calificativos y las pre- sentaron juntas á la execración pública, pero sin compi^ender que el terror que con sus actos hicieran nacer para la masonería,, no podia durar más tiempo que aquel en que lo sostuviera la ignorancia; desvanecida ésta, y luego que se viera claro lo que á cada cual pertenecía, el público tenia que quedar convencido de que á la asociación masónica se hablan hecho imputaciones falsas y de todo punto gratuitas^ lo cual de- jaba entrever, primero: que se le tenia mala voluntad, y después, que en su fondo debía existir otra cosa muy distinta de lo que se habla afirmado. La arbitraria distinción que los jesuítas han hecho en la masonería, dividiéndola en masonería que se ve y masonería oculta ó sociedad secreta propiamente hablando, te- nemos ya sobrados motivos para comprender que no es cierta. Por muchos que sean los grados que los diversos ritos'han introducido y por varios que sean los calificati- vos que se han dado; por vanas y ostentosas que sean las fórmulas y los símbolos que hayan escogido y por pomposas que sean las palabras que empleen, la masonería es siempre una é indivisible desde el comienzo en todo lo que se refiere á las cuestiones de fondo, y por tanto su único y exclusivo fin es practicar el bien sin traba alguna y procurar por todos los medios la más sólida y estrecha union entre todos los hom- bres. Las divisiones que pueden señalarse en la institución masónica, son puramente formales y ninguna de ellas afecta á los fines que desde el principio se prescribió, pero en manera alguna existe ese velo que cubre nefandos misterios que se realizan á par- tir de cierto grado en la jerarquia y mucho ménos esa organización secreta que hace de los adeptos perfectos autómatas con respecto á los superiores, exactamente lo mis- mo que si fueran jesuítas. En los tiempos en que por las causas indicadas la sociedad masónica tuvo que permanecer secreta para evitar á los afiliados las persecuciones crueles de que los hacían victimas aquéllos que no podían conseguir partido más que en las tinieblas de la ignorancia, no habla ciertamente ni un mason que ignorara el nombre de los jefes de la humanitaria sociedad de que formaba parte y bien alto pre- gonó la historia estos nombres venerandos en toda época; hoy, en el reinado de la ra- zon, cuando el derecho y la filosofía moderna han abierto tan ancho campo al espíritu, razón porque la mmsoneria no tiene motivo alguno para seguir siendo sociedad secre- ta, el nombre de los jefes es altamente conocido no sólo de aquéllos que forman parte de la sociedad sino que también de aquéllos que permanecen extraños á ella. 460 HISTORIA GENERAL Claro está, y puede afirmarse sin rebozo^ que tan mentida como las afirmaciones anteriores es la que los jesuitas vienen haciendo acerca del jefe supremo que rige en absoluto los destinos de la orden y que permanece en el mayor misterio. Desgraciada- mente las malas pasiones han sido causa de que unas Iras otras se hayan ido agióme- raudo lastimosas divisiones que tienen truncada y muy truncada la absoluta unidad que debia existir entre todos los masones esparcidos por la superficie de la tierra y cada nación tiene su oriente, ó lo c{ue es peor, sus orientes, y cada uno de ellos reconoce sus logias y éstas trabajan independientes de las demás de tal manera que no habién- dose podido llegar á un acuerdo definitivo todavía, se ignora hasta quépanlo el titulo de mason es valedero dentro de la universal colectividad. Dado esto, que desgraciada- mente es cierto, la existencia del misterioso jefe supremo cae por su base y no hay que pensar en ello siquiera. Pero el encono del jesuitismo ha ido aún más léjos y como si para conseguir el fin que se habla propuesto no le hubiera bastado la confusion que habia hecho, la aumenta más señalando como jefe supremo de la orden en el pasado siglo á un alemcui oscuro llamado Weishcaipt. Cierto es que de este modo, aventurando nombres propios, reunían mayor número de probabilidades para ser creídos y las reunieron en efecto, pero como hemos dicho, este crédito por tales medios conseguido, no podia durar más tiempo que el que tar- dara en evidenciarse la falsedad de sus asertos. Estudiada la cuestión como debe es- tudiarse, resulta de la historia depurada ya, que el oscuro cdeman llamado Adán Weis- haupt es el fundador de la secta de los Iluminados, nacido en Ingolstadt en 1748 y muerto en Gotha en 1822. Hizo sus estudios con los jesuitas de los que se separó brus- camente para ingresar en la universidad. Recibido doctor y habiendo obtenido la cá- tedra de derecho canónico de la universidad de Ingolstadt, emprendió una abierta y decidida lucha con sus antiguos maestros y creó, con objeto de eclipsarlos, una socie- dad secreta calcada en la de ellos en todo cuanto se puede referir á la organización, A sociedad le dió el nombre de los pero animada de un espíritu muy diferente. esta perfectos ó iluminados y nosotros, para mayor exactitud, trascribimos aqui los mismos términos que él emplea para definir el fin que se habia propuesto: «Reunir en pro de un Ínteres elevado y por un lazo durable los hombres de todas las partes del globo, sus de todas las clases y de todas las religiones á pesar de la diversidad de opiniones; hacerles amar este Interes y este lazo hasta el punto de que, reunidos ó separados, obren todos como un solo individuo. ó simbolismo La sociedad se dividia en tres clases: el noviciado, el compañerismo y el maestrazgo ó los misterios. Los individuos pertenecientes á ella debían una obe- diencia ciega á sus superiores, una confesión oral y ademas una relación mensual no conducta sino también de la de sus colegas. Cada uno debia ha- sólo de su propia que cer si los mayores esfuerzos para atraerse á los hombres importantes para conse- por de altas funciones. El funda- guir influencia en los asuntos públicos y apoderarse las dor tuvo bien pronto á su alrededor toda la juventud que asistía á sus clases de dere- cho más tarde una infinidad de hombres ilustrados seducidos por la generosa idea y de la perfectibilidad indefinida y de la fraternidad universal, pero las prácticas cho- APAM WEISHAUPT ■ fun'dador d£l ylíjíviinism.o \j4rs—i 8 í oi •Wí HJSTOBIA. OKXERAT, C!;u"o cstáj y puedo aíiemarsc siu ndjozo, que Ion mentida como las añrmaCífe anteriores es la que los jesuítas haciendo acerca del jefe supremo que l■if^ , absoluto los destinos dé la orden y qw. pernlanéceen el mayor misterio. Desgracia-? mente las malas pasiones han sido causa de que unas Iras otras ,seiiayan ido agliE. rando lastimosas divisiones que tienen truncada y muy truncada la absoluta uo o que debía existir entre iodos los masones esparcidos por la súperficié de la ^ ■ cada nación tiene su oriente, ó lo que es peor, sus orientes, y cada uno de ellos r?, • sus logias y éstas trabajan independientes de las demás dé tal manera que re' r-cí ^ - dose podido llegar á un acuerdo definitivo todavía, se ignora hasta qué pumo ¡ i . de mason es valedero dentro de la universal colectividad. Dado esto, que dcisycR mente es cierto, la existencia del misterioso jefe supremo cae por su base y no > pensar en ello siquiera, Pero el encono dei jesuitismo ha ido'aún más léjos y r ^ para qonseguir el fin que se. había propuesto no le hubiera bastado la conür-v - había hecho, la aumenta más señalando corno jefe supremo de la orden en c: y v iii) aleiw/ü oaeurQ llainado'Wei^kaiipi. de í^ste tñodo, aventurando nombres propios^ reunían maycr ? m fcrec. ^ :'i ;idós y las reunieron èn efecto, pero como herí «y este crédito por tales merih'rs ivoiiseguiüíy no podia durar más tiempo que rj y-- , fiara en evidendarse la falsedad de sus asertos. Estudiada la cuestión come tudiarse, resulta de la historia'depurada ya, que el oscuroaleman llamado AíÍk v"-. haupt es el uUKlador de ia'Secta de los Ilaminados. hsxAÚo qú. Ingolstadt - muerto-en Gotha en .1822. Hizo sus estudios con Inü'Jemikm de los que sescp- > camente para iagi-esar en lá universidad. Becibido doctor > habiendo obtcneh e ledra de derecho 'canónico d.(> la universidad de Ingolstadt, emprendió 'u-"- - decidida luchacon'sus antiguos maeslros-y creó, con objeto de cxdipsarlos, dad secreta calcada en íá'de ellos en todo cuanto seqméde réfenr á- la-orrgré;:ré : animáda de un espíritu muy diferentevA esta sbciedad le di'ó e! vmnfi " pero perfílelosy nosolros, para mayor exactitud, trascribimos aquí h-s-e n . ' términos que'él emplea para definir el fin que se habla propuesto: «Reum> ¡ x uri^nterés elevado Xpor un lazó durable los hojnbresde tbdas las parle;, de todas-lasxlásos y de todas las religiones á.pesar de la,diversidad do sus íffyvyíy hacerles amar esté i atares 'y este lazo, hasta el punto de que, reimidns ó J - obren todos como un solo Individuo. • . La sodedad se dividía en tres clases: el noviciado, el• compafie.rismò■ f' V d in^trázgb ólos misteriós. Los individuos pertenecientes á ella dcblttíy^vvh X r;.. o: - i.Míi ei^u á s-ii. .superiores, una confesión oral y ademas una relacàta: • su pr- .'l ia conducta sino que también de la de sus colegas/Cada um :í ,., to>, esfuerzos para atraerse,A los hombres importantes y-í'y \ guh re Vv asuntos públicos y apoderarse de las altas funcione- dor ÍU5ÍÒ o a aidrrto ií n alrededor toda la juventud (luo asistía á sus ch y ' cho nr>^ yv - -na itífimdad de hombres ilustrados-seducidos por la y déla perfeC{i1n= mdt ñnida .y de la fráternidad mi iversal,, pero las prá'-üe.-v- ■ >■•;■• I— _* 'L· i. ?<■ • ?.'ÜV--^J '\ A 'U " l r>í- Híí' V Lf ¿^^'K-',■:■' ■¥:fA-:;>: -.C : - y Oí>¥A í-iv,-:; !i ■_:::3''' VK;-"' Ó ;;Í. ■. ' ' lj.. ^ . . r í-U 3.'..s. "■ *. ^ • - ■ • - . . ^. ;•- ',• - -.•■-•c:: •;•.'•• • f%¿f•■ {.•.■:^'>:.í'».- ^ . '^ii'i·^ïyy-yí·.y 4" \ v' sí't ^ ■ï \ 'ï-V ■*'• Jf '■My-^y.;''. ^ ■ \ ;■ i~^¿- f'::,'! ' ^ r., ^ ■ -.^-...^'í^#.-^-*^-" .<■ ^ ' C. 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""«o - a,^^Poñ:ai:aaaoc:aa-y..íbra^an.eiaróa^^^ _ ^ - <» -T .: . a'-yq,, -.j.,. .- . -a -a i . >: a; : M M ,,,<• , -,nyç4;l^feiV:;o®y?bs drr, iihis con espada eri ínaiiv-. a - a : ña:aní;;aáMq ,;.a o ie;., e?; ay a ;,n qa^-¡aá tengan mayor ¿ydnd civil, lléva la . ■ Ubiia ¿:;^a:raní-i cojCí i;^ gHbiicabd «b;-'a O •; ••;; ,-it medio de los dos niacsti'os de cere-. " ' i:;a.?nm¿a ■ ^ y '. '"■ b. ■' ; Ib: venerable, o) e.WünerSble .ios dtJsicvMÍi^V'Váts, el orador, el secpetario, loo beív^- nac; <"-v.;csudCá de niicb gr^rloa y ló'^ be aérela' V ; igilanies de otras ¡ogiaSj-sigitea ■ d¡:¡ra.s de- 10^:3tro domo doüen'íes. bi segando diéca'ao esiá encargado de ■ígrer ios filas para que ce observe en lanace, iea p! mavoi'órden, y el primer diácono va detrás del vene:rcl>lñ 'Uü còiivcíarc. l - r.yn> bynn o] ícraiíi'o a ,,la sepulluea seisdiermanos investidos del mis^c' posíM .i OI do'Hio. t)e; lasitud o el ataúd en ta sdpittqira, iodos los hermanoá i -íCm c?raudü ;a[ rb'iniol ti j ella y el venerable dice;; . m ■-dbcnrianosndos; di:, aeueivlo áirba'áíiKtiyfriíg^^ y atcndífiado - .oí ; p ,., aosíicí hei nMagü cuya ^i, tortio de esbí n-tí:¿era,cota el aau úctc! aje ita.emabifisoties; paca oírecer ásu menioriu la|,r -<.'i cgyab-a de-@iH eii-o iunor baca aaibbbQtiKm -crá aql3blmj1jq--viviendo podrá escat af a lag. ,^ i'aTg¡.ft ¿j- i'. :ai;na.rtcCá:'M" - .mí llegfxr^'4 bibtbrà1rtiidbd>üeéam fama,..., r.usean na y,,...¿ .¿íaainnflñmos riq j£xus.;;l. GOrítlíiiOS tras-Ma'glo'éa y vano tn luiffety ■*: a,- ■ , pcy |ya. <;a;. ia0.o csun ¿qué-ueVaiiiOs.á-.dabvbéaá? Desnudos v.ei>wnó&y|- hïíii^ ce-- a- : aMyamay 5,;C él. ¡bií SebcuDo'dá;:ef Spfior lo:iqiiitái' Benoito sea «4 ■ • - • ■ ■ • • - ... .'-• .yyi.'y- - . . ylaa-n-• ■■nsé ;aia:ye--:i;íís -m)ysmdb.ná aunteV.iii < Uí tidy en:ío-.= ,·eyà^aí-m j, ■- noy .y ,m ' -S r r^f rt. A *&■ i?" ■M a,;.-. «w Bs^;:, t '*í^\«{ '>'^/ - é •v' ;4->/ mf |r;i- ',L'/ íy•;' ■!;•■:' ['': ; ■.;^-'v·^ï^··':· . ,Í-?Í;ííí.;:;ÍV.. ■ .'jf ;ÍÍ-iiS ' i «,.•■ *. :• '-. V; ■• .-:' •, . ,:->«-■ •: .f • ; .. . , .- * . • 7---», 'i- ''íZ-V 'íz .; _ VÍÍZ;,.aZÍ:Z - ■! . "■•■■-.■ '■. -'-K LA-- «s- ■■ï« . -:;" <• "f DE LA MASONERÍA. 485 trazamos vastos planes y somos sorprendidos por ella cuando luénos lo esperábamos, en hora tal vez en la que creíamos eterna nuestra existencia. ¿Qué son el fausto del poder, el honor de la ciencia, el brillo de la virtud, el orgullo de la riqueza, los encantos de la hermosura cuando tenemos que pagar la deuda que contragimos con la naturaleza? Fijad, hermanos mios, vuestros ojos en la última és- cena lamentable y contemplad lo qué es la vida. Todos los rangos se nivelan, todas las distinciones desaparecen como el humo se disipa al viento. En este trance supre- mo no queda del hombre sino el recuerdo de sus buenas acciones y sólo un juez... El Grande Arquitecto del Universo. Que el presente ejemplo nos sirva de poderoso estimulo en el camino de la virtud, á fin de que tarde ó temprano podamos rendir nuestra jornada con fe y resignación. (Circula una bandeja con siemprevivas y los hermanos toman algunas con la mano derecha y las arrojan sobre el féretro.) Habiéndose servido el Supremo Artifice por un rasgo de su infinita bondad sacar á nuestro hermano de las penas y cuidados de esta vida para llevarlo á una existen- cia eterna, se ha debilitado la cadena que nos unia; pero los que le hemos sobrevivido debemos ser más fuertes y perseverantes en afianzar los sublimes vínculos de .nues- tra orden. (Los hermanos arrojan sobre el féretro un guante cada uno.) Volverás á la tierra de la cual fuistes formado. Del polvo nacistes y en polvo te convertirás. En la tumba depositamos el cadáver de nuestro hermano para que "per- manezca en ella hasta la resurrección general. Dígnate, ¡oh Grande Arquitecto del Universo! dígnate en tu inexcrutable misericordia disponer que su alma inmortal goce de la gloria perdurable que tienes preparada para los justos desde el principio de los siglos. (El venerable arroja con una pala tres porciones de tierra sobre el féretro y todos los hermanos hacen lo mismo comenzando por el que estuviere á la derecha del ve- nerable, á quien pasará éste la pala.) Aquí tenéis, hermanos mios, representados en esta triste escena los grandes fenó- menos de la naturaleza: vida y muerte, destrucción y reproducción, luz y tinieblas. ¡Oh! Grande Arquitecto del Universo, Tú eres nuestro juez y nuestro guia. Tú das vida á los mundos con un soplo de tu omnipotencia. Sin ese rayo de tu infinita volun- tad, ¿qué seria el universo? Tinieblas... caos. Los males que nos envías. Señor, son tus beneficios: auméntalos si fuere necesa- rio para purificar nuestras almas y elevarlas hasta ti. Las desgracias con que nos afliges son avisos saludables, que no olvidaremos en nuestra peregrinación por esta morada de desdichas. Enséñanos, ¡oh Grande Arquitecto del Universo! el camino de la virtud en todos los instantes de nuestra vida errante y danos fuerzas para transitarlo con resignación. Recibe á nuestro difunto hermano en tus brazos misericordiosos y da consuelo á quienes le lloran para que encuentren paz y sosiego en tu misericordia. (Se forma la cadena con todos los hermanos, quienes la rompen del modo acostum- 486 HISTORIA GENERAL brado á la señal del venerable en pruebade haberse debilitado con la muerte de aquel hermano.) Rompistes, Señor, la cadena que nos unia: bendice la nueva que formamos (se anuda de nuevo) para que podamos seguir unidos en tu honra y gloria en nuestro viaje por este mundo. Considerada esta ceremonia desde el punto de vista moral vemos que nada tiene que sea digno de censura, así como tampoco nada que pueda dar fundamento á los ataques-de que ha sido objeto la masonería por tener en su formulario ceremonias de idéntica naturaleza. Este respeto á los altísimos designios del Supremo Hacedor, esta resignación ante la muerte, revelan lo falso de muchas de las acusaciones de ateísmo é impiedad aquellos que saben perfectamente que ningún motivo había por para ellas. Si del bautismo masónico nos vimos obligados á declarar que no conocíamos nin- su gun precedente, asi como tampoco ninguna razón que justificara aparecimiento, es grande nuestra, satisfacción al poder consignar que con el servicio fúnebre no su- cede lo mismo, pues ceremonia es ésta que se explica suficientemente atendiendo al espíritu de fraternidad que siempre ha predicado la orden. El que espontáneamente sin coacción de ningún género manifestó deseos de ingresar en la órden y fué reci- y bido: el durante poco ó mucho tiempo ha sido llamado nuestro hermano que y junta- hemos dividido las rudas tareas de la existencia y las cargas que la mente con quien misma sociedad impone: el que ha contribuido con nosotros al alivio de la desgracia y al socorro de la miseria, es bien digno que sea acompañado hasta en sus postrime- rías y que como hermano le tributemos un recuerdo de afecto y de cariño en el mo- mento que abandona esta vida fugaz y transitoria para lanzarse á la eterna donde lo hallaremos al fin de nuestros dias. so- Nada más natural tampoco, como los mismos formularios prescriben, que una ciedad dedicada á favorecer á los hermanos atienda á los gastos que los entierros de los indigentes irroguen, pues lo mismo hacen otras de caracteres bien distinto. Ahora lo estamos ni podemos estar conformes es con la manera de llevar á cabo con que no la ceremonia, pues si no en todos en el mayor número de sus puntos está en contra- han dicción abierta y manifiesta con lo que determinan los principios generales que -• presidido á la redacción del credo masónico: dejar á cada hermano que libre -y espon- táneamente hiciera en el exterior lo que su conciencia le dictara hubiera sido más racional y más propio que el prescribirle un acompañamiento al templo católico, dentro del como masones están fuera de lugar y dentro del que pueden ser objeto que de censuras y agudas reprensiones. La ostentación de símbolos é insignias en público consecuencias hemos tenido que lamentar y el entierro fué causa de las tristes que masónico reviste á no dudarlo los caracteres de aquellas procesiones que lo mismo a que éstas sirven única y exclusivamente para pasto de curiosos y para dar lugar impugnaciones cuando no á acerbas sátiras. de ca- Bueno es que en el interior de los templos se tributen recuerdos de afecto y DE LA MASONERÍA 487 riño á los qué deiaron de existir^ pero estos lo n:iismo que las demás ceremonias ma- sónicas deben tener un carácter privado y estar constantemente en armonía con lo que disponen las antiguas constituciones de la órden. Tal vez si se hubiera obrado de esta manera no tendría la institución masónica que vindicarse hoy de las acusaciones que sin razón se le han hecho. CAPÍTULO XXVI. Continuación del progreso y desarrollo de la masonería en Inglaterra.—El marqués de Carnavou como gran maestre.—Exámen de las patentes de constitución otorgadas á las logias.—Medios arbitrados para inves- tigar e! estado de cada una de ellas.—Proposición del ¡lermano Scott.—Revision de las constituciones.— Elementos díscolos que áun se advertían dentro de la órden.—Medios propuestos para conjurar los males que pudieran ocurrir.—Reunion previa. —Designación del hermano Mannigham como ponente.—Propo- sicion de éste presentada á la asamblea el 20 de Marzo de 1775,.—Resultado conseguido.—Efecto contra- producen te.—Los antiguos masones.—Su conducta.—Extension de la comunidad.—Creación de maes- trazgos provinciales.—El gran maestre lord Averdour.—Carácter de la aristocracia inglesa.—Diferencias esenciales entre ésta y la de las demás naciones.—Estado de la masonería durante este período.—Aisla- miento de los disidentes.—Petición que hacen de patente á la gran logia de Escocia.—Negativa de ésta.— El conde de Ferry, gran maestre.—Sus trabajos.—Sucédele lord Blancy.—Acrecimiento de la órden du- rante la jefatura de éste.—Iniciación en la masonería de los primeros individuos de la familia real.— Solicitud de reconocimiento presentado por la logia francesa.—Proposición para levantar el primer tem- pío masónico en Lóndres.—Cuestiones á que dió lugar.—Resultados conseguidos.—El real arco.—Carácter de esta asociación en su aparecimiento.—Circular expediila y crítica de la misma. ABiÉNDONOs ocupado con el detenimiento que este asunto merecía de la excision á que por causas fútiles dieran lugar en el seno de la masonería algunos hermanos díscolos y siempre mal avenidos con todo aquello que no lo permitiera hacer vanas ostentaciones con las que quedara satisfecho su amo propio y después de haber examinado detenidamente algunas de las más fatales con- secuencias á que con semejante conducta dieron lugar, tócanos ahora proseguir nues- tra interrumpida historia de la masonería en Inglaterra que salvo la lamentable divi- sion se hallaba en el año de 1754 en su más floreciente periodo. Hallábase al frente de los destinos de la órden el marqués de Carnavon teniendo como adjunto á Tomás Mannigham, hijo de un célebre médico ingles y una de las más sobresalientes glorias se halla- que en el siglo xvni contara en su seno la Sociedad real de Lóndres. Ambos el ban animados de los mejores deseos en pro de la institución masónica y tenían HISTORIA GENERAL DE LA MASONERÍA 489 mayor Ínteres en que se salvaran las dificultades que desde hacía algun tiempo ve- nían siendo las constantes amenazas de la orden. Gran tacto y suma prudencia eran necesarias para salir airosos del empeño, pues exacerbados los ánimos por entonces, era sumamente fácil y casi inmediato que cualquier medida que se tomara con objeto de orillar las cuestiones principales que se agitaban, produjera resultados contrapro- ducentes y fuera motivo para que los cismáticos justificaran la actitud. Por más que el marqués de Carnavon era la primera autoridad masónica, sus achaques y sus ocupaciones políticas le tenían bastante alejado de los asuntos de la órden, pero para el mayor bien de ésta, el adjunto que los hermanos le hablan seña- lado, era un perfecto mason y hombre que sin gozar de las elevadas prerogativas y altos honores de que disfrutaba el Gran Maestre, se interesaba verdaderamente por el progreso y buen órden de la institución; dotado de un espíritu penetrante comprendió desde luégo cuáles eran los peligros que se tocaban y lo que es aún más, todos los que como consecuencia podían sobrevenir, y se aprestó á salvar los unos y prevenir los otros. Uno de los mayores males que por entóneos se advertían era la falta de conocí- miento exacto de la actitud en que muchas logias se encontraban, pues á causa de las alteraciones producidas por el cisma se habían interrumpido aquellas estrechas reía- clones existentes desde el principio y que permitían apreciar con entera exactitud los movimientos que operaba cada cuadro particularmente. Muchas logias habian dejado de trabajar por completo desde hacia mucho tiempo dispersándose sus individuos y sin que las luces de ellas hubieran dado cuenta de ninguno de estos actos, por lo cual continuaban inscritas en la matriz de logias que obraba en la secretaria de la Gran logia y en la que fueron sentadas al solicitar y extendérseles la patente de constitución necésaria para que comenzaran á trabajar. Esto, como es fácil comprenderlo, inducía á errores y equivocaciones y áun á mayores males, pues convencida la gran logia de que en un punto determinado existía taller en el que se reunían los hermanos, no po- día procurar que se abriera otro, y sin embargo hallarse equivocada por cuanto no estaba conforme la realidad á que debían atenerse y lo que resultaba de los libros por que se regian. Ademas sembrada la discordia en el campo masónico y proponiéndose los disidentes hacer á la gran logia el mayor mal posible, podía ocurrir que trabajaran sin descanso para atraerse el mayor número de cuadros y que éstos se pasaran á los contrarios blasonando de regulares con las patentes de constitución que el poder su- premo de la masonería les habla otorgado. Extremos son estos que no convenia perder de vista si se quería normalizar nue- vamente la marcha de la órden, tan agitada en los últimos tiempos, y á este fin en 27 de Junio de 1754, presidiendo la asamblea Mannichaux se acordó que cada uno de los hermanos según se lo permitieran sus medios, su tiempo y sus facultades, procurarla tomar el mayor número de noticias acerca del número de logias que trabajaban en su provincia, de la manera cómo cada una de ellas estaba gobernada, de los individuos que á cada una concurrían, así como también de los trabajos en que se ocupaban y con todos estos datos formaría una memoria compendiada para dar cuenta de ella en la pró- 490 • HiStOHlA ÜKÑKHAL xirna inmediata asamblea que tenia que verificarse. Al cumplimiento de este encargo fueron animados de. los mejores deseos y los realizaron efectivamente, sin que pueda decirse que lo hecho habla sido una fiscalización jesuítica por cuanto la gran logia no se proponía en manera alguna ver el partido mejor que podia sacar, sino conocer exactamente el número de adictos, pues á los que habían manifestado no serlo los habla lanzado á recibir el pago que por su conducta merecían. Una vez que se hubo conocido perfectamente lo que tanta falta hacia, pudo decirse que la masonería estaba normalizada de nuevo y que, por tanto, sólo hacia falta re- gúlarizar la legislación que había de regirla, armonizando en ella lo que el carácter moderno de la sociedad exigía, con lo que de los aborígenes se había heredado. He- cha por el hermano Scott la proposición de que se procediera á este trabajo, fué acep- tada por unanimidad, si bien á esta nueva faz que iba á adquirir el libro de las constituciones se le dió sólo el carácter de revision de la edición anterior hecha por Anderson; de llevar á cabo este proyecto se dió el encargo á una comisión perma- nente formada por individuos que estuvieran desempeñando los altos puestos de la órden ó los hubieran desempeñado anteriormente. Uno de los más antiguos masones, el hermano Entick, que ya en ocasiones anteriores había manifestado"el gran respeto que la gran logia le merecía y que dura y acerbamente había condenado en varios es- critos suyos la criminal conducta de los disidentes, fué el que preparó la nueva edi- cion de las constituciones, ajustando éstas al espíritu que dominaba en la edición de 1720, fundadas en las antiguas obligaciones, leyes fundamentales de la antigua y verdadera francmasonería, de las que, en verdad, jamas debieron separarse, y es claro que al vigorizar lo que á la legislación de la órden corresponde, tuvieron que supri- mir, y suprimieron, muchas de las alteraciones que se habían introducido en el tras- curso del tiempo y no pocas de las que habían sido llevadas por los que, en su afan de distinguirse, se dieron á si mismos el nombre de antiguos masones. Triste es para nosotros tener que consignar á cada paso escisiones y divisiones en el seno de la órden, las cuales, bien estudiadas, no acusan más que falta de compren- sion en algunos hermanos de las elevadas miras que la sociedad se había propuesto. Bien hemos visto en los capítulos anteriores cuáles fueron las causas que produjeron el cisma habido, y cuáles y cuantos fueron los perniciosos resultados que produjo. Parecía lo inmediato que en vista de ello los hermanos que hablan permanecido fieles y adictos al supremo poder constituido, no sólo abandonaran las falsas vías porque se lanzaron los disidentes, sino que también llegaran á mirarles con horror. Pero no fué asi desgraciadamente, sino que casi puede afirmarse que sucedió todo lo contra- rio; malo es que se inicie la descomposición en un cuerpo, ya pertenezca éste al órden físico como al social; hay virus que se esparce por la economia sin que se advierta su presencia en un miembro, más que cuando todo el individuo está corroído. Lie- gando á este extremo son débiles los más enérgicos remedios y bastados medios vio- lentos resultan ineficaces. Este mal se ve clara y patentemente en la masonería: tras los primeros que se apartaron de la obediencia de la gran logia, fuéronse paulatina- mente muchos otros, y sin revelar abierta hostilidad, quedaron como sumisos no po- DK LA MASUNEKÍA 491 COS que sentían grandes deseos de alejarse pero á los que faltó valor para realizarlo. Estos eran, si se quiere^ más perjudiciales que los que desde luégo y sin rebozo al- guno manifestaron su descontento y se separaron de la gran logia, porque bien mi- rado, las actitudes más fáciles de combatir son aquéllas que se revelan claramente, pero las que no se observan sino que proceden cautelosamente, sólo se asemejan á serpientes que se crian en el seno, las cuales cediendo tarde ó temprano á los impul- sos del instinto,^morderán á aquéllos de quienes más favores han recibido. Dentro de la órden masónica habían quedado individuos semejantes á estos repti- les, y bien pronto su espíritu inquieto los hizo manifestarse de bien claro modo, hasta advertirse sus designios y comprenderse sus intentos. Los altos poderes de la órden habían recibido duras lecciones con la excision anterior y la experiencia les había en- señado cuán perjudicial era dejar que los acontecimientos ocurrieran para ponerles luégo remedio, por inmediatamente que se acuda. Vale más, mucho más, prever que tener que evitar, y, convencidos de la verdad de este aserto, no se descuidaron en conjurar la borrasca ántes que estallara, pues bien sabido es que de ciertos hechos no representa nada el acto en si, sino que lo fatal y terrible son las consecuencias. Como los hoichos eran claros y palpables y como sabían distinguir ya por los sinto- mas, los masones de buena fe, todos aquéllos que se sentían animados de los mejo- res deseos con respecto á la órden y que comprendían que las divisiones sobre mer- mar las fuerzas, no servían más que de motivo de escándalo, no titubearon, en el camino que debían seguir y se presentaron al mal á pecho descubierto. Después de una reunion previa en que se discutieron ampliamente todos los medios que seria bueno emplear para poner un remedio al mal, los hermanos acordaron nombrar po- nente áMannighan para que éste diera cuenta del asunto en la próxima asamblea ge- neral de la órden que tenia que celebrarse. Tal vez ninguno de los que hubieran podido ser elegidos habría llenado su encargo tan cumplidamente: el gran maestre adjunto reunía en si, sobre las grandes faculta- des naturales de que el cielo le habla dotado, profundos y extensos conocimientos masónicos y merecía ademas la absoluta confianza de todos los hermanos, que no po- dian ménos que estar altamente satisfechos de su rígido y severo comportamiento en todos los asuntos que había tratado. Interesado, pues, altamente en el feliz éxito del empeño que sus hermanos le hablan encomendado, lo acometió con esmero y tras un razonado preámbulo en que desde elevado punto de vista trataba todas las cuestiones que deléjos ó de cerca se relacionaban con la principal que tenia que tratar, redactó una preposición contra «algunos hermanos que con la denominación de antiguos ma- sones se han reunido constituyendo una logia.» El hecho denunciado era cierto por más que áun públicamente no se tenia conocimiento de ello, faltando también por averiguar si todos aquéllos que faltaban abiertamente á la ordenanza de que ninguna logia podía constituirse sin patente para ello del alto poder masónico, eran hermanos que trabajaban aún bajo la obediencia de la gran logia de Inglaterra, ó si era un grupo de aquellos morosos ó mal dispuestos que pertenecían á alguna de las logias borradas déla pauta por haberse extinguido, que podríamos decir. De cualquier manera, es lo 492 HISTORIA GENERAL cierto que constituían un peligro para la orden en general, y más que para otra cosa, para prevenirlo presentó Mannighan su proposición el 20 de Marzo de 1755. La asam- blea se ocupó de ella con el detenimiento que convenia,, pero como dentro de la órden ha imperado siempre el sentimiento de la moderación y nunca los poderes constituí- dos han querido con sus actos alejar de sí á sus hermanos, sino que, por el contrario, atraerlos para que permanezcan unidos, se acordó aplazar la decision definitiva para la próxima asamblea general, conducta que de todos merece los más sinceros pláce- mes por cuanto estaba inspirada en el deseo de ver si advirtiendo aquellos díscolos hermanos que sus designios estaban descubiertos,, abandonaban la temeraria em- presa que querían acometer y volvían al verdadero y único camino que podía condu- cirles al fin. Lástima grande es que no lo comprendieran asi ellos como lo comprendemos nos- otros, pero es lo cierto^ que en vez de aplacarse los ánimos, en vez de ceder á las pru- dentes amonestaciones que particularmente fueron dirigidas á los que se reconocía como rebeldes, tomaron la contemporización por señal inequívoca de debilidad y se ensoberbecieron más, llegando á contagiarse mayor número en el intervalo acordado por la gran logia para decidir. Atentos al espíritu masónico, y aún á la letra de mu- chas constituciones y ordenanzas, no hemos podido ménos que alabar la conducta acordada por la asamblea para diferir la decision para la próxima que tenia que ce- lébrarse, pero las medidas coercitivas en esta sociedad, como en todas, deben tomarse según las circunstancias, y aquéllas por que la masonería atravesaba no eran las más propias para obrar con parsimonia: los masones regulares tenían frente á si muy pernicioso ejemplo y los irregulares mismos no podían descansar en'su trabajo de zapa, no podían en manera alguna dejar de minar el terreno al alto poder que los ha- bia desconocido. Todos estos datos daban una resultante en vista de la que debió pro- cederse con mayor energía, según solicitaban también algunos hermanos: si se hu- hiera hecho asi, la gran logia habría adquirido un preciado timbre, pues sobre- poder ser calificada de altamente previsora en cuanto toca á los intereses de la co- munidad, se hubiera ahorrado tener que recurrir después á las más violentas me- didas. No quisieron oír la voz de la razón y desatendieron abiertamente los saludables consejos, por lo que persistieron en la fatal senda, llegando á incurrir en la irregula- ridad hasta la logia número 94. En vista de esto no hubo ya remedio, y reunida la gran logia con objeto de resolver lo más conveniente, quedó acordado que dicha logia á la qúe en los últimos meses se había afiliado mayor número de hermanos, fuese borrada definitivamente y sin apelación del libro de las logias, y que ninguno de los herma- nos que pertenecían á ella serían admitidos en calidad de visitadores en las demás logias que seguían conservando el carácter de regulares. Bueno es recordar que la escisión anterior de que hemos dado cuenta había sido motivada por aquellos herma- nos que, dejando latentes otras cuestiones, alegaban que la gran logia, alejándose por completo de la tradición, daba al olvido lo que disponían las. antiguas constituciones y reglamentos, introducía reformas que no tenían fundamento, extremo que tocaba DE LA MASONERÍA 493 en la falsedad, por cuanto es bien sabido que lo que ocurría era una necesidad de la época por que la asociación pasaba. En ésta se mostraron parte todos aquéllos que, tomando parte en la cuestión promovida por las logias de Escocia, se avenían mal con el orden riguroso y severo estabíecíco cen ios mejores fines por las logias de In- glaterra. Pero bueno es tener presente que entre los díscolos ó separatistas, como al- gunos autores los han llamado, no iban todos aquéllos que á si propios se habian lia- mado antiguos masones con objeto de acreditar que procedían de aquellas cuatro logias que fueron los primitivos elementos para la constitución del primer centro ge- neral de la masonería; muchos de estos antiguos masones habían quedado afiliados á las logias que permanecían en buena obediencia, y ellos fueron, sólo ellos, los que promovieron esta segunda escisión, tan perniciosa como la primera aunque no de tan fatales resultados, pues nunca llegó á alcanzar la trascendencia de aquélla. No todo habian de ser contratiempos para la órden y justo es señalar que en tanto algunos hermanos la perjudicaban notablemente haciendo formar de ella un equivo- co concepto, otros, ateniéndose al verdadero espíritu que únicamente debía dominar, la fomentaban y procuraban extenderla por toda la superficie de la tierra, consiguién- dolo de una manera digna de todo encomio. El gran maestre Carnavon á-quien tanto debe la sociedad fué reelegido para continuar en aquel alto puesto durante tres perio- dos y en este espacio de tiempo, á pesar de las grandes contrariedades con que tuvo que luchar se constituyeron cuarenta y nueve logias, con lo cual quedaba bien cubier- ta la brecha que en la fraternal cadena habla abierto la logia número 94, que tuvo que ser separada por la mala conducta que observara. Ademas de estos progresos en el interior, dejábanse sentir también en el exterior los que la órden realizaba, y gracias á la actividad desplegada y al buen método empleado, en muy lejanos países se alza- ron columnas esto es, campeáronlas verdaderas enseñas de la fraternidad y de la libertad humanas. Carnavon constituyó nueve maestrazgos provinciales, que fueron, la Carolina del Sur, la Gales del Sur, Antigoa, América del Norte, Barbades, Cuba, Sicilia, Alemania y Chester, siendo justo que señalemos que en tanto tales progresos se realizaban por el poder normal de la masonería, los disidentes no lograron salir de los limites en que desde el principio se habían constituido. Al marques de Carnavon sucedió en el importante puesto que habia desempeñado lord Aberdour, individuo de una de las más importantes y acreditadas familias de la aristocracia inglesa, que casi desde su constitución habia tenido notables representan- tes en la cámara de los lores. En la nobleza inglesa se da un extraño fenómeno de todos bien conocido; remontándonos á los aborígenes de las familias inglesas qne se señalan por lo ilustre de su apellido, encontraremos lo mismo que en los demás países que los fundadores de ellas, que aquéllos que han sentado su reputación, han sido primero héroes de guerra para los que no habia más ley que la de la fuerza, ni más mérito que los que se adquirieran con la tajante espada ó blandiendo la pesada maza de armas, héroes de aquellos para quienes el trabajo era cosa denigrante y para los que el saber y la cultura era cosa que debía relegarse completamente á los frailes y á los monjes, héroes de los que desconociendo la intima afinidad que existe entre todos 494 . l·llSTOKlA GKNKKAL los individuos de la gran familia humana, contaban los hombres de su mesnada como contaban las cabezas de ganado, y de los que, en ñn, alzaban la horca en el sitio donde simultáneamente clavaban su pendón. Esto y no otra cosa ha sido la nobleza de todos los países originariamente; aquel que más errores sangrientos cometia, era el más distinguido y á éste se le tributaba el mayor número de honores. Pero contra lo que en la generalidad de los países ha sucedido, la aristocracia inglesa ha ido refor- mando su carácter en el transcurso del tiempo y poniéndose en perfecta armonía con las exigencias de cada época. De aqui que pasado el periodo de guerras y discordia, el noble ingles no permaneció ocioso, consumiendo en viciosas disipaciones y escanda- losas orgias lo que habla adquirido con el más feroz de los derechos, sino que aplicó su actividad á la rama del saber en que podia' distinguirse y aristócratas notables se han distinguido en las ciencias naturales, otros en las especulaciones científicas y filo- sóficas, otros en las bellas artes y no pocos, en fin, en la industria y en el comercio. De aquí que de pocos de ellos pueda decirse como en tantas otras partes que la raza ha degenerado, pues si bien los individuos de aquella familia podrían en su mayor número no servir á los intereses de su patria como lo hicieron sus ascendientes, sir- ven hoy los de la humanidad entera y realizan y vienen realizando el progreso de una manera digna de lauro y encomio. Casi continuamente vemos al frente de la sociedad masónica en Inglaterra hijos de las niás ilustres familias y casi nunca han desmentido las esperanzas que todos concibieran al ponerlos al frente de ellas. Tan activo y tan animado de buenos deseos como habla sido el marqués de Carnavon, fué su sucesor lord Aberdour que por la voluntad de sus hermanos ocupó el puesto durante cinco años consecutivos ó sea desde 1758 á 1762. El periodo era de lucha y de pelea, la agitación no podia ser mayor y los remedios todos se hacían necesarios. La perturbación originada por las disiden- cías no habla decrecido y un temor constante pesaba sobre todos aquellos que maso- nes honrados ante todo, querían el bien y la prosperidad de la órden. Los hombres, por grandes y punzantes que sean sus deseos, no quieren nunca particularizarse en un terreno en que otros no les hayan precedido y de aquí que se muestren fríos y rece- losos ántes de dar el primer paso en cualquier nuevo camino que se presente ante ellos: esta es ley general que puede confirmarse lo mismo en lo bueno que en lo malo, pero luégo que uno siquiera se aventura, puede estar seguro de que no le faltarán ni imitadores ni émulos. En tanto la órden estuvo congregada bajo una obediencia; en tanto que todos los hermanos formaban un núcleo, ni uno solo se atrevió á separarse por más que existieran descontentos, por más que en el ánimo de muchos hiciera tiempo que había germinado la idea de separarse para constituir un poder en el que representaran más que hasta entónces hablan representado. Cuando encontraron quien los acaudillara, cuando tuvieron en pos de quien seguir, no lo pensaron más sino que por el contrario se apresuraron á satisfacer sus deseos, y los vieron satisfe- chos aunque de una manera harto lastimosa. A partir de entónces, los buenos maso- nes tuvieron, como hemos dicho, que abrigar el constante temor de que los débiles ó mal inspirados siguieran tan pernicioso ejemplo, yá que esto no sucediera tenian que bli LA MASONERÍA 495 tender en primer término las autoridades masónicas, al propio tiempo que no podian prescindir de llevar á cabo todo lo necesario para reparar los males sufridos. Estas sumarias consideraciones bastarán, seguramente, para que se comprenda cuan árdua y dura era la misión de los grandes maestres de entonces, misión en el cumplimiento de la que todo habla de ser tacto y cuidado, actividad y buen deseo. Reunia sobradamente estas condiciones lord Aberdour y gracias á ello no sólo salió airoso de su empeño, sino que en el tiempo en que estuvo al frente de la órden se constituyeron trece maestrazgos provinciales. Naturalmente tenemos que servirnos de este término por ser el que de mejor modo explica lo que en realidad quiere decirse: la gran logia de Inglaterra, por su antigüedad y por su carácter, tenia que consi- derarse como metrópoli y reputar provincias masónicas á los territorios grandes ó pequeños donde se hubieran constituido logias con su patente de autorización. Bien vemos como á pesar de las muchas contrariedades con que tenían que lu- charse, la masonería regular, la verdadera masonería se iba extendiendo poco á poco sin que en los años que llevaba de existencia se hubiera podido contar nada que re- dundara en su desprestigio. Sociedad perfectamente moral, no tuvo otro carácter que el público y ni el gobierno ni las autoridades tomaron jamas medida alguna que pu- diera indicar fuese un peligro para las instituciones políticas y mucho ménos que afectara á ninguno de los órdenes constituidos. Limitándose al cumplimiento de los principios que tenia consignados en su credo , nadie podía ver en los masones séres aborrecibles y cuenta que no teniendo por qué esconderse eran de todos bien conocidos y apreciados: los masones de aquella época seguían acreditando con su conducta que eran descendientes de aquellos honrados trabajadores que tan buenos resultados hablan dado en la Edad media; no bahía entre unos y otros más diferen- cía que la que necesariamente tenia que resultar, dado el diferente carácter que el tiempo les habla impreso: aquéllos careciendo del alto concepto que más tarde se tuvo de la individualidad humana y sin alcanzar toda la extension de sus derechos, tuvie- ron que limitarse puramente al trabajo material como necesario para el progreso del arte á que se habían dedicado y para asegurar la subsistencia de una clase posterga- da hasta el extremo porque se dedicaba sólo á trabajar; éstos, ó sean los masones en el segundo aspecto que la sociedad toma, abarcan un horizonte más dilatado, extien- den ante si más ancho campo y tienen más elevados fines que cumplir, porque nin- gunos lo son tanto como aquéllos que tienden á la regeneración moral del individuo, á su reforma en el terreno de la cultura y del saber. Desde este punto de vista la ma- sonería es digna de los mayores encomios y en pocas naciones podrá hacerse tan pal- pable esta verdad como en la misma Inglaterra. Sabido es que en una época anterior á la que estamos historiando, aquella nación se vió agitada por una revolución que trastornó completamente sus instituciones tro- candóla de monarquia en república y sustituyendo un gobierno cortesano y afemi- nado ya, por uno de indole puramente popular. Bien sabidas son de todos las causas que promovieron aquella revolución y los resultados que llegó á dar; de una parte la precaria situación económica del pueblo que venia sufriendo todas las consecuencias 496 HISTORIA GENERAL de una mala administración sostenida desde hacia ya muchos años y de otra los sen- timientos religiosos que ya en tiempos anteriores habian dado lugar á tan tremendas luchas; de un lado las exigencias siempre crecientes de la corte álaque nada bastaba para satisfacer sus caprichos y fastuosas solemnidades; de otra la penuria del pueblo que tenia que morir trabajando duramente para satisfacer las cargas y tributos sin que le restara con que atender á sus perentorias necesidades, con todo lo cual resul- taba un desnivel horrible, que es lo que siempre y en todo caso justifica el derecho á la revolución. No hay porqué asustarse de esta frase nuestra; el concepto general que la ciencia politica moderna nos da hoy del pueblo y de su carácter están en apoyo nuestro é importa muy poco que los partidarios del antiguo régimen la crean blasfe- mia; ninguna de las instituciones que imperan hoy, tiene más fundamento que el consentimiento tácito ó expreso de los pueblos que los han admitido y siempre que no cumplan los fines para que fueron erigidas, el pueblo tiene perfecto derecho para mo- dificarlas, á causa del desnivel que resulta entre lo que aquéllas tienen derecho á pe- dir y este éstá en el deber de prestar. La revolución inglesa se llevó á cabo por estas causas y nadie, ni áun los enemi- gos más recalcitrantes de la institución que estamos historiando, han pensado en asignarle otras, pues hacerlo, á más de inexacto hubiera sido de todo punto pueril. ¿Cuáles fueron, sin embargo, los resultados de aquel movimiento que apareció gigan- tesco? Ninguno laudable, ciertamente. Sobrevino la alteración, se sucedieron una tras otra las convulsiones populares, hubo grandísima algazara y se abu.só mucho de cier- tas frases, pero en realidad, pasado algun tiempo, á la tempestad siguió la calma, se aquietó el oleaje y las cosas volvieron al ser y estado que tenían ántes, empeorándose si se quiere, y es que los principios revolucionarios, por lo mismo que son de gran peso, requieren una base ancha y segura,, un fundamento sólido y estable, que no puede ser más que la educación é ilustración del pueblo. Las revoluciones en que pre- domine la fuerza, aquellas que sean resultado de ediciones sangrientas, no pueden ser durables; las revoluciones, para que den de si buenos resultados, tienen que ser hijas de las ideas, pero de las ideas pensadas y maduras, porque asi se arraigan sus con- secuencias, no como frutos de la alteración, sino como efectos de la necesidad. Ya dijimos en el lugar oportuno que la masonería no tuvo ni pudo tener parte nin- guna en aquella revolución. En la época en que ocurre, la asociación masónica estaba en sus albores y se hallaba en la imposibilidad material de determinar influencia al- guna, y esto es lo cierto, plenamente probado por la historia y acerca de lo que no cabe réplica, á pesar de lo que han afirmado unos, llevados de tan excesivamente buenos deseos, que tocan en fanatismo, y de lo que sostienen otros llevados de sus aviesas intenciones. Todo lo contrario. Por razón del periodo en que se hallaba, la masonería perdió mucho en aquella época, hasta el punto que luégo que hubo pasa- do, se vieron los buenos masones en la absoluta necesidad de reconstruir lo que ya habian tenido hecho, y á este propósito recordarán nuestros lectores que en muchas de las ordenanzas y constituciones, se hace valer lo que la sociedad pierde, á causa de los trastornos y luchas políticas. DE LA MASONERÍA 497 La misión que la masonería tiene que cumplir es puramente una misión de paz y . civilizadora, pero dentro de estas condiciones á cualquiera se le alcanza la trascen- dencia de los movimientos que puede llevar á cabo. Ya hemos dicho que los pueblos « que carecen de ilustración y de cultura no son aptos para mantener los principios re- volucionarios, y esta ilustración y esta cultura ningún pueblo puede adquirirla, sino en centros donde todos á un nivel difundan las grandes verdades que ha planteado el derecho moderno. El día que esto suceda la historia no podrá registraren sus páginas más revoluciones sangrientas ni más alteraciones que las que den por resultado la justa exigencia del derecho de cada individuo. A esto es á lo que ha tendido y debe tender siempre la masonería, y no se dude de que los resultados serán admirables, porque la naturaleza misma no da sus preciados frutos en medio de las deshechas borrascas y revueltos aquilones, sino en la apacible calma de los elementos. La gran logia de Inglaterra, ateniéndose en un todo á los principios consignados en las constituciones que con tanto esmero venia siguiendo, no se apartaba para nada de este derrotero, gracias á lo que llegó al floreciente periodo en que lavemos; gracias á ello, no sólo amplió sus limites abarcando en si á la nación entera, sino que tam- bien contó ya entónces con correspondientes en lejanos puntos del globo, que cada vez, gracias á estas mismas relaciones, se iban acercando más y destruyendo las dis- tandas, asi como también tendiendo lazos inquebrantables entre pueblos y razas que, por su distinto carácter y diversa indole, hablan estado siempre separados y en con- tinua guerra. En tanto que los masones regulares progresaban, según venimos viendo, los que últimamente se hablan separado continuaban en un aislamiento que, si no crecía por- que casi no podia ser mayor, permanecía estable, amenazándolos con una total indi- ferencia que acabarla por hacerlos olvidar completamente. No era esto, en verdad, lo que ellos se hablan propuesto, y mucho ménos era lo que esperaban del avieso movi- miento que operaran. Creyeron que sembrada la cizaña y preconizando que eran los únicos depositarios de las antiguas y primitivas doctrinas de la órden, se atraerían e] mayor número, cosechando ellos los frutos que tanto codiciaban. Las ilusiones que se fundan en actos que no son morales, se truecan bien pronto en amarguísimos des- engaños, y bien agrio debió ser para los disidentes el resultado de su escisión. Creye- ron formar un núcleo que no sólo oscureciera al que anteriormente formaran los es- cocistas, sino que también y con mucho al que seguia formando felizmente gran logia regular, y se velan reducidos á un grupo insignificante del que nadie hacia caso, y que no habla tenido ni un solo individuo de aumento, sino todo lo contrario, había decrecido en razón de que muchos, comprendiendo el mal paso que habían dado, so- licitaron su nueva admisión en las logias regulares y tenian su expediente pendiente, en tanto que otros más tibios ó con ninguna fe, viendo la resolución que la gran logia habla tomado y que en el terreno que se movían no podían conseguir resultado al- guno, se retiraron á sus casas abandonando completamente la órden. Comprendiendo los que áun conservaban alguna fe masónica, que el desprestigio era inevitable para ellos y que todo el mundo tenia que comprender los verdaderos 63 498 HISTORIA GENERAL móviles que los habian impulsado, se dispusieron á salvar los restos del naufragio ocurrido por la tempestad que levantaran, y existe en los archivos de la antigua logia de Escocia un documento fechado en 26 de Agosto de 1762 en el que algunos herma- nos de Londres solicitan humildemente su afiliación á aquel alto poder masónico. Estos hermanos no podían ser otros que los disidentes aislados que no habian tenido ni fuerzas ni principios para constituir un núcleo, y que hallando cerradas para siem- su pre las puertas del poder masónico regular, recurrían á las de aquel que tanto por conducta habian vilipendiado y escarnecido; mas también en esto tenían que sufrir un amarguísimo desengaño. Recordarán nuestros lectores que después de la escisión ocurrida, los masones que se decidieron en pro de las pretensiones de la logia de Kilwinning alzaron columnas en muchos templos y bien que mal seguían trabajando por la consecución de sus fines. Cuando llegó á normalizarse su marcha, prosiguió regularmente en la senda por que se habla lanzado, á pesar de las duras sátiras y acerbas con que fué fustigada á causa de su fastuosa ostentación, pero tuvo censuras el buen acuerdo de no insistir en una lucha en la que seguramente hubiera llevado la peor parte. A este fin emitió la idea de que el imperio podia muy bien dividirse en dos potencias masónicas. Se asignó una parte y manifestó que respetaba y respetaría la quedaba al poder de la órden constituido en Lóndres. Por esto, cuando los an- que tiguos masones acudieron á ella solicitando ser adscritos, comprendieron que admi- tirios seria atacar los derechos de aquélla, y teniendo en cuenta también los poco justificados motivos por que hablan provocado la escisión, acordaron no prestarse asentimiento á la mencionada solicitud, con lo cual, la defección de los díscolos y mal avenidos fué completa. A lord Aberdour sucedió en el cargo de gran maestre, el conde de Ferryer, de quien muy propiamente se puede decir que se durmió en los laureles. Era hombre activo y de gran capacidad, condiciones gracias á las que no se pueden dirigir ningu- al nas censuras á los masones por haberlo elevado á tan alta dignidad, ántes contrario, desde hacia mucho tiempo venia llamando la atención dentro de la órden por las bellas prendas que lo distinguían; mas como hemos dicho, en aquella época es- hacia falta algo más, esto es: que era necesario que el que empuñara las riendas tuviera dedicado á la órden y nada más que á la órden. Ménos que ninguno podía ni debía descansar el gran maestre, que de continuo tenia que ocuparse del despacho asi ordinario abundantisimo, ya por la extension que la comunidad iba alcanzando, su como también de hacer frecuentes visitas á las logias de obediencia, para vigilar los trabajos y animarlos también con su presencia. El conde Ferryer se había maní- festado siempre como un mason activo y trabajador, pero cuando llegó á ser electo, su edad era ya bastante avanzada y tenia sobre si graves cuidados políticos para de- dicar en absoluto su preferente atención á la masonería. Estas causas dieron por re- nin- sultado acarreó un decaimiento en la órden, que por fortuna fué transitorio y no guna consecuencia lamentable. No tuvo, pues, reelección el conde Ferryer, y en 8 de Mayo de 1764 fué electo gran maestre lord Blancy, que desempeñó sus funciones du- rante tres años; periodo fué éste en que la comunidad no sólo se repuso del abati- DE LA MASONERÍA 499 miento que sufriera en el anterior, sino que también se amplió considerablemente dentro y fuera de la nación inglesa, hasta el punto de que quedaron instalados doce grandes maestres provinciales, entre ellos algunos de grandísima importancia como el conde de Werthern, para la Sajonia prusiana; el célebre publicista italiano, Manuz- zi, para toda la Italia; Gogel, para el bajo Rhin, y Dunkerley, para el Hamshire. Como se ve, el aumento era considerable, como quiera que todos los individuos que ingresaban en la masonería, lo hacían bajo la dependencia de esta gran logia, única regular de las entónces existentes, teníanse que atener á lo que disponían sus constituciones, y de aquí que en breve espacio de tiempo quedara totalmente agotada la última que se habla impreso, por lo que en 1767 fué necesario ordenar se hiciera una nueva, que no fué más que una reimpresión de la anterior. En este periodo ingre- saron también en la orden algunos personajes muy notables, con lo cual se acrecentó poderosamente el buen concepto que de la órden se habla formado, y la poca preven- clon con que se la miraba, á pesar de lo que algunos afirman. De entre estos persona- jes notables, merece especial mención Guillermo Augusto, duque de Cumberland, príncipe ingles, hijo tercero de Jorge 11, nacido en 1721 y muerto en 1769. No se crea que hacemos mención de tan elevados personajes para acreditar sólo que iban ingre- sando en la masonería los hijos predilectos de la fortuna; ha tenido que pasar mucho tiempo y ha sido menester que se falsee muchísimo el concepto que la órden merece para que por el mero hecho de pertenecer á una familia ilustre se dé acceso en la ór- den á un individuo sin entrar en más averiguaciones. Entónces, lo mismo nobles que plebeyos, tenían que acreditar en un todo que poseían las condiciones exigidas para que las puertas de los templos les fueran abiertas. No bastaba que los ascendientes tuviesen méritos que aplicar á los descendientes, que es la errada linea que sigue la aristocracia, sino que ellos mismos debían ser dignos por si, y desde este punto de vista, pocos de los de su clase podrían aventajar al duque de Cumberland; habla acompañado á su padre en la campaña de Alemania, siendo herido en Dattinguen, cuando valerosamente marchaba á la cabeza de sus tropas. Ganóle el mariscal de Sajonia la batalla de Fontenoy, pero rehizo su reputación al año siguiente con triun- fos que desgraciadamente no fueron más que precursores de nuevos desastres. No le faltaba al jóven capitán ni valor ni arrojo, pero carecía de la pericia necesaria para guiar un ejército, y no cegándole en modo alguno el amor propio, sino que por el contrario, comprendiéndolo asi sobradamente, no bien hubo vuelto á Inglaterra cuando renunció su alta dignidad militar, y retirándose á sus posesiones de Windsor dedicóse casi exclusivamente á la práctica de virtudes que le valieron altísima repu- tacion. Otro de los personajes notables ingresados en la masonería durante esta época, fué el duque de Glocester, perteneciente, como el anterior, á la familia real, y al que no es poco lo que la órden debe. Continuando la serie de progresos tan felizmente iniciados, prosiguió la órden por la senda en que avanzaba sin hallar tropiezo alguno y después de tres años durante los que desempeñó el cargo de gran maestre lord Blancy, ocupó el puesto en 27 de 500 HISTORIA GENERAL Abril de 1767 el duque de Beaufort, llegando bajo la dirección de éste á un estado tan floreciente que ántes no lo había tenido jamas y después sería sumamente difícil, sino imposible hallarle parecido. Hasta aquí, según venimos viendo, la masonería inglesa permanecía en absoluto dentro de sus limites^ esto es, que no alcanzaba su jurisdic- clon sino á la establecida por ellos, pues como tendremos ocasión de ver en los luga- res oportunos de nuestra obra, al propio tiempo que en Iglateri'a y tal vez siguiendo el ejemplo de lo que en esta nación sucedía^ los principios masónicos habían hallado eco y se habían constituido algunas logias independientes de las inglesas, entre las que merece especial mención la de Francia. Sabemos que el objeto principal de la masonería era establecer estrechos lazos entre todos los hombres sin distinción de nacionalidades ni de creencias ú opiniones, y esla obra gigantesca para la que con el desarrollo de la masonería en el reino uní- do de la Gran Bretaña había un elemento, comenzó á cumplirse precisamente en ya el periodo que venimos historiando. El duque de Beaufort recibió una comunicación de la gran logia de Francia en la que ésta solicitaba la incorporación, para conseguir la estrecha comunicación-que en realidad se debía entre individuos acordes en los mismos principios. Desempeñaba el cargo de gran maestro adjunto Arturo Dillon, descendiente de una familia harto conocida lo mismo en Francia que en Inglaterra, el cual declaró que el gran maestro se manifestaba dispuesto á conceder lo solicitado, y áun que era gran partidario de esta idea, pero que deseando dar en todo ejemplo de sumisión á lo dispuesto en las constituciones, aplazó su resolución para cuando pu- diera dictarla conforme en un todo con lo que la gran logia dispusiera. Reunida ésta, dió cuenta detallada del proyecto y áun lo apoyó él mismo, encomiando las grandes á la bu- ventajas que tenían que resultar y los beneficios que con ello se reportaría inanidad entera; la verdad era tan clara, que no hubo quien manifestara oposición, y todos los hermanos votaron unánimemente porque se concediera la incorporación de la logia francesa á la gran logia de Inglaterra. Nadie como nosotros se ha manifestado nunca tan contrario á la afectación ni á externas, mas justo es conceder, sin embargo, que hay cosas de las cua- las pompas les no puede prescindirse. Toda sociedad, cualquiera que sea su indole ó su carácter, un lo primero ha sido que ha buscado inmediatamente después de constituirse, lugar para sus reuniones y ha procurado desde luégo que este local esté en armonía con el credo mantiene, desde luégo y en vista de él, se comprenda cuál es su que y que objeto y cuáles son sus miras. Ocupada la sociedad masónica desde el momento que no cambió de faz, en las altas y trascendentales cuestiones que venimos relatando, habla hecho alto en este detalle, máxime cuando careciendo de fondos para más que cumplir los filantrópicos fines de su instituto, no podía distraer cantidad alguna para menoscabo de crédito buen nombre. Posponer lo verdaderamente interesante sin su y á lo superfino, omitir el cumplimiento de lo que á su fondo tocaba por dar pábulo á las más que nada falaces apariencias, quedábase bueno pai a los que de la masonería se hablan propuesto hacer un objeto de vana ostentación y nada más, para aquellos que sin haber comprendido los verdaderos fines de la comunidad querían hacerla DE LA MASONERÍA 501 servir por miras particulares, á las causas políticas de que se hablan hecho solida- rios y á lo que es aún peor á las representaciones de religiones caducas cuyos simbo- los no podían decir nada á la conciencia de los pueblos civilizados. Cuando por efecto de la feliz idea del establecimiento del comité de beneficencia, la gran logia de Lón- dres tuvo en sus arcas un remanente considerable, cuando no tuvo ninguna necesidad inmediata á qué acudir, asi como tampoco se halló en el caso de que le faltaran me- dios para atender al socorro de los hermanos que por imprevisto accidente pudieran echarlo de ménos, entónces y sólo entóneos fué cuando recordó que una sociedad encargada de la realización de fines tan trascendentales, debia armonizar su interior con el exterior y dar al culto externo algo de lo que pudiera revelar el carácter que tenia. Por esta razón, en la misma tenida en que el duque de Beaufort daba cuenta de la petición que babia dirigido la logia francesa, hizo saber que al comité de beneficencia se babia presentado un plan para que se creara un fondo especial destinado á la creación de un templo masónico, asi como también á la compra de ornamentos para la gran logia, pues justo es decirlo, basta entónces de lo que ménos se había cuidado era de esto. Necesario es comprender que la realización de este proyecto era de todo punto necesaria y que de ella no podían resultar más que ventajas. Para que el pen- samiento resultara expuesto con mayor claridad, redactó la proposición en siete arti- culos que comprendían el objeto y fin de la cuestión, el presupuesto y los medios de allegar los fondos, dado que en modo alguno se quería mermar el tronco de benefi- cencía, pues que esto hubiera resultado, si como en realidad podia hacerse, se hubiera dispuesto desde luégo de la cantidad necesaria^ para sufragar los gastos que tenían que originarse. Esta proposición se imprimió, remitiéndose un ejemplar á todas las logias que pertenecían á la obediencia, de las cuales sesenta y ocho dieron su apro- bacion unánime y cuarenta y tres se negaron, debiendo entenderse, que como una cuestión dependía de la otra, la votación recaía lo mismo sobre la incorporación que sobre la creación del templo. Habiéndose obtenido una mayoría respetable, acordóse desde luégo comunicar á la logia de Francia que se accedia á su demanda, pero en cuanto á la segunda parte tropezóse con obstáculos que en manera alguna podían ni debían preveerse. Gomo los fondos de que se tenían que sufragar todos los gastos afectaban á la ma- sonería inglesa en general, era necesario para proceder en un todo con arreglo á lo que disponían las constituciones y ordenanzas que se diera cuenta en asamblea gene- ral y asi se hizo, en efecto, en la reunida en 1771. Enfermo de bastante gravedad el gran maestro duque de Beaufort, presidióla su adjunto el hermano Dillon, que dió cuenta del asunto pendiente. Hallábanse congregados alli muchos de los hermanos pertenecientes á las logias que hablan votado en contra y naturalmente, éstos no podían dejar de determinar su oposición á un proyecto en el que, unos veían una imitación de lo que hablan hecho los que siguieron á la logia de Escocia, en cuanto á la preponderancia externa que deseaban representar, y otros sin llevar tan allá sus temores sostenían que con aquella construcción y aquellas compras se imponía un 502 HISTORIA GENERAL gravámen á la sociedad, por cuanto en realidad y obrando con arreglo á lo expresa- mente dispuesto por la ley masónica, los fondos reunidos por el comité de beneficen- cia no podían ser invertidos más que en el cumplimiento de los fines de su instituto. Bien analizadas estas objeciones, tenemos que conceder desde luego que no se baila- ban faltas de fundamento, pero que en ellas resalta demasiado el rigorista caràcter ingles. Las asambleas generales de la orden, lo mismo que las tenidas particulares de cada logia, venían celebrándose hasta entónces en locales alquilados, desprovistos de toda decoración y sin nada, en una palabra, que pudiera indicar lo que aquella socie- dad significaba. Atentos á un extremo lo mismo que al otro, hay que conceder que forzosa la necesidad de construir un templo y como los motivos se hallaban en era un todo plenamente justificados, no había por qué temer que nadie impugnara á la gran logia de Lóndres, acusándola de que seguia la conducta censurada de la de Escocia. Ademas, era muy cierto que al establecerse el comité de beneficencia se acordó que los fondos recaudados se destinaran única y exclusivamente al socorro de los hermanos, y que por tanto hubiera sido faltar abiertamente á ello, sacar de sus arcas las cantidades necesarias al fin que se proponían, mas no era esto lo que se tenia que hacer, sino que bien claramente se había dicho que una parte sola de la recaudación se destinaria á este objeto, lo cual era bien distinto, y sobre todo de- hemos no olvidar que la disposición se tomaba en asamblea general, la cual tenia atribuciones bastantes para reformar lo que anteriormente se hubiera acor- dado. Estas razones hacían esperar que la proposición se votaria favorablemente, por más que la discusión fuera empeñada por una parte y otra. Leyóse la primera vez sin que se observara movimiento alguno, por lo que el gran maestro dió órden de que se repitiera la lectura; entónces el hermano Onslow, que llevaba la voz en nom- bre y representación de los contrarios, se levantó manifestando las razones que tenia en contra de la proposición. Este, como comprenderán nuestros lectores, era sólo el momento de dar comienzo á la discusión, de que cada uno manifestara lo que pensa- ha y de que expusiera los justificativos del voto que tendría que dar á última hora, mas contra todo lo puede pensarse, Dillon, que presidia, según hemos que dicho, en calidad de gran maestro adjunto, no sólo dejó de abrir la discusión sobre esta materia sino que él mismo presentó una preposición para que se aplazara indefinidamente aquel proyecto. Nadie ha podido justificar aún semejante conducta, ni tampoco expli- carse los móviles á que cediera Dillon, pues los historiadores de la órden que no miran la preposición con buenos ojos, alegan razones para disculparlo, en tanto que los que como nosotros ven mucho que censurar, trascriben el siguiente juicio que Muller trascribía á Gogel: «Nos vemos perseguidos incesantemente y con dura saña por los jesuítas. Dillon, que para poder tomar asiento en el parlamento ha abjurado en la de su religion hace poco y Vignoles, su confesor, tienen una influencia ilimitada gran logia y por conservarla no ceden ante ninguna intriga ni ante ninguna maqui- nación. El mismo Dillon no teme hacer un punible abuso del alto puesto que ocupa y agota la paciencia de aquellos que se quieren oponer á sus designios, disgusta y DE LA MASONERÍA 503 desaira á otros y trata con exagerada violencia á los que interesddos vivamente por la masonería no quieren tolerar los abusos que cómele.» Seguramente que son harto duros los términos en que la acusación está concebida, pero casi todos ellos pueden justificarse plenamente y aquéllos con respecto á los que no pudiera hacerse prueba plena, tendrían que admitirse sin discusión, pues se pue- den deducir perfectamente de la conducta observada en la discusión (que no toleró) de un proyecto altamente provechoso; si la hubiera tolerado, como era su deber, tal vez las razones hubieran reducido el ánimo de los buenos hermanos que por un exa- gerado celo se oponían, pero quién sabe si influencias ajenas y contrarias á la orden fueron causa de su manera de obrar, sirviendo así eficazmente á los que en el des- arrollo y progreso de la masonería tenían que ver siempre un constante peligro. A pesar de todo, la necesidad de erigir un templo masónico estaba tan reconocida, que un año más tarde, ó sea en 1772, ocupando lord Petre el puesto de gran maestre, dictáronse algunas medidas altamente recomendables para mejorar la administración de los fondos propios de la sociedad. Estos permanecían yacentes, por lo que consti- luían un capital improductivo, del que muchas veces, y por razón de las necesidades á que estaban destinados, eran mayores las salidas que las entradas; á evitar este inconveniente administrativo tendían, en primer término, las indicadas medidas, y claro es que al propio tiempo tenían que conseguirse medios para poder atender al proyecto que, por Dillon, se aplazara indefinidamente. Cuando estuvo perfectamente regularizada la marcha administrativa de la sociedad, y cuando se vió que sin menos- cai.ar en nada los fondos del comité de beneficencia, podia atenderse á algo más que no fueran los socorros y auxilios debidos á los hermanos, ocurrió lo que debía ocur- rir, esto es, que muchos de los que se habían monifestado contrarios en el abo ante- rior, apadrinaron la idea y contribuyeron con sus votos á que se nombrara una co- misión encargada de todo lo referente á la construcción dpi templo. En la misma época y gracias al desarrollo creciente que la institución alcanzaba, así como también á la necesidad que había de aclarar al público ciertos puntos para que no hallaran eco las falsedades vertidas por los enemigos de la órden, se autorizó á Preston para que publicara su obra titulada ; Explicación de let Francmamneria, hecho que revela hasta qué punto la sociedad sentía ya como necesaria tsta clase de publicaciones. De la misma manera que durante la jefatura del duque de Beaufort, la logia de Francia había solicitado entrar en comunicación con la de Inglaterra, lo cual revela que todos los masones de entónces reconocían supremacía en ella, en esta épo- ca^ ó sea ocupando el alto' poder lord Petre, solicitó igual honor la logia de Berlin, y como quiera que se conocían ya los trámites de un expediente de esta naturaleza, le fué acordado sin demora y sin que se aguardara para ello la reunion de la asamblea masónica. Claro está que el mayor desarrollo de la órden, las necesidades distintas en cada época, y los mil hechos diversos que en cualquiera asociación pueden ocur- rir, hacen necesaria la modificación y la ampliación de las leyes y reglamentos por que se vinieran rigiendo. Esto que ocurría en la masonería, como no podía ser ménos, dió lugar á que tuviera que publicarse un suplemento al libro de las ordenanzas, en 504 HISTORIA GENERAL el que se dió cabida á todo lo concerniente al nuevo plan administrativo que regia y á todas las medidas que fué necesario dictar, luégo que estuv) acordada la obra del templo. Todos estos hechos, venimos enumerando, atestiguan de una manera clara que y palpable, el constante progreso de la sociedad en general; pero no todo habían de ser satisfacciones, y bien sabemos que tenia la masonería ya en aquella época enemigos, sólo fuera de ella sí también dentro. De una parte la logia de Escocia no que seguia preconizando que era la única depositaría de los verdaderos y rigurosos principios con la masónicos; de otra parte, los antiguos masones, no derrotados completamente si bien no indiferencia general que les rodeaba, continuaron creando obstáculos que, significaban nada en contra de la marcha general de la órden, provocaban escándalo y llamaban la atención de una manera muy poco favorable. De este tiempo data la los rituales modernos ocupa el n.° 13 y que recibe el sobre- aparición del grado que en nombre de real arco. Ya hemos dicho al ocuparnos de todo lo referente á este grado, en el capitulo en que expusimos su constitución en nuestro tiempo, que su aparición se debía al carácter fastuoso que en la institución masónica quiso hacer el barón de Ramsay; pero no existen datos en presencia de los predominar que pueda ex- determinarse su origen cierto y seguro, así como tampoco la manera cómo logró de donde tenderse; averiguado está, y acerca de ello no cabe la menor duda, que, primero se confirió fué en Francia, pero se ignora también si desde este pais pasó primero á Alemania y de alli á Escocia, para llegar por último á Inglaterra, ó si por fué conocido en Francia pasó á Escocia é inmediatamente á el contrario, luégo que Inglaterra, lo cual si bien se mira es lo más verosímil. Nos inclinamos á pensar de en su rivalidad con la de esta manera, recordando que la logia de Escocia Inglaterra, aceptó, sin pensar siquiera lo que hacia, la mal llamada reforma de Ramsay, á la que éste, sin duda, en honor de Ja que había sido patria de sus ascendientes, llamó es- cocesa. Cúmplenos repetir lo que ya dijimos; este grado es apócrifo dentro de la masone- ria, si nosotros no podemos imputar su creación á los jesuítas, como procediendo y apasionadamente lo hace Rode, hemos de declarar al ménosqueno tiene fundamento no nada escrito alguno ni reconoce necesidad de ningún género. Hasta 1782 aparece de respecio ó esta institución, pues de esta fecha son sus más antiguas constituciones, las que sus primeros artículos son los siguientes: de este el «Articulo I.° Según la antigua costumbre, el capitulo completo grado, más elevado de la masoneria, estará compuesto de los individuos siguientes: tresprin- mismo cipales que, cuando el capitulo esté reunido se considerarán como uno solo y maestro; dos secretarios; dos permanentes, y setenta y dos miembros del consejo. de Ningún capitulo regular de este elevado grado podrá componerse mayor número de hermanos, por ninguna razón que pueda alegarse. «Articulo 2." Nadie podrá ser admitido á este elevado grado más que los hombres tengan una excelente vida y una irreprochable educación, franqueza, elevación que ademas de carácter y que sean al propio tiempo verdaderos amigos de la humanidad; DE DA MASONERÍA 505 deberán haber pasado por los tres grados de prueba que tiene establecidos la maso- nería, y haber presidido en calidad de venerable. Ademas deberán, según disponen nuestras leyes, ser presentados y recomendados por dos ó más individuos del capi- tulo, y por último serán votados y autorizada su admisión. Ningún hermano podrá ser admitido ántes de la edad de 23 años, á ménos que no sea hijo de un individuo del capitulo. »Articulo 3.° Los tres principales, los más elevados y todos aquellos que lo hayan sido, recibirán el tratamiento de muy excelentes,, y los demás hermanos el de exce- lentes. »Articulo 4." Los oficiales comparecerán en el capitulo decorados con sus corres- pendientes ornamentos, y los demás hermanos llevarán el bastón y las insignias de la orden.» Aventurada por nosotros la calificación de apócrifa para este grado, comprende- mos que no serán pocos los que.con razón nos califiquen de haber procedido con lige- reza, mas la simple lectura de los artículos que hemos trascrito, debe bastar para hacer comprender que nos sobra razón para expresarnos de la citada manera. En efecto, hallamos en el primer articulo la declaración de que el capitulo se ha de for- mar ó constituir en la forma que indica, porque asi lo dispone la antigua costumbre; pero omite decir qué costumbre era esa, ni quién la tenia, ni quiénes fueron los pri- meros en observarla. En el articulo 2.°, al determinar las condiciones que ha de po- seer un individuo para ser admitido en este grado, dice, en primer lugar, que no puede ser menor de 23 años, que deberá haber pasado por los tres grados de prueba que la masonería tiene establecidos y que debe haber presidido en alguno de ellos en calidad de venerable. Esto, á más de contradicción, implica error y error gravísimo; los tres primeros grados que la institución masónica tiene establecidos comprenden, según todos los principios, el sistema general de la asociación, sin que por ningún concepto hubiera sido necesaria la adición de más grados para hacerla comprender. Afirma, como decimos, que para ser admitido en el real arco^ á más de tener 23 años y haber pasado por los tres grados primitivos, tenia que haber presidido en uno en calidad de venerable, y esto es desconocer totalmente el espíritu de la verdadera ma- sonería. Con arreglo á lo dispuesto por las más antiguas constituciones, sabemos que no se podia ingresar en la sociedad sino después de haber cumplido 21 años, y en aquel tiempo, afortunadamente, no sucedía lo que hoy: los grados no se prodigaban de una manera tan escandalosa y ningún hermano sentia necesidad de que asi se hi- ciera; eran masones sin pensar siquiera en alardear de ello, y por tanto, l)astábales con ser individuos de una sociedad que hacia el bien, y dentro de la que todos disfru- taban de los mismos derechos y preeminencias. Puede asegurarse que, sobre ser muy reducido el número de los que entraron precisamente á los 21 años, ninguno llegaba al grado de maestro á los 23, y ménos áun á esta edad podían haber presido un cua- dro lógico. Lo que, dado esto, tenia que hacerse, lo ignoramos, pero es casi seguro que no podían cumplirse en modo alguno las condiciones exigidas por los estatutos de este capitulo que, al presentarse en la historia, no lo hace como grado masónico, 64 506 HISTORIA GENERAL sino como una colectividad separada, como una asociación de carácter especial, pero carácter que no podemos valuar, pues muy poco después se ingiere en la orden masó- nica, á la que lo adaptan desventurados reformadores. Cuando deseosos de proporcionar elementos para que nuestros lectores pudieran formar un exacto concepto de lo que es en sí la verdadera masonería, hablamos de lo que ha recibido el nombre de escocismo, y expusimos como uno de sus detalles el grado 13 que, según vemos ahora, siguiendo su órden cronológico debía tener el nú- mero cuatro, entóneos expusimos sus formularios, sus reglamentos y sus leyendas, pero todo esto modificado ya en el trascurso del tiempo mediante entre, su aparición y su intercalación; ahora, hallándonos en la fechado su aparecimiento, expondremos cómo se revela en él, para que, habiendo elementos de comparación, se pueda for- mar juicio. La leyenda persiste siempre en asegurar que la fundación de este capitulo data nada ménos que de la construcción del segundo templo, y ya hemos tenido oca- sion de ver que ántes de su aparición, en 1774, no hay precedente alguno que justifi- que ser cierta la mencionada afirmación, no ya de tan remota fecha, pero ni áun de una más cercana. La primitiva leyenda y su más antiguo ritual dicen lo siguiente: «Bajo las ruinas del segundo templo de Jerusalen se halló una bóveda. Después que una tras otra hubieron levantado algunas piedras, los tres principales Zerubabel, Haggai y Jesua descendieron y encontraron una lápida, en la que estaba grabado el nombre de Jehová.» Basta sólo comparar este principio con lo que expone la historia del actual grado 13, para que nuestros lectores comprendan lo mucho que á los masones partidarios del fausto y aparato ha sido necesario rebuscar para construirla, asi como también el poco ó ningún crédito que la segunda merece, por cuanto apoyada en la primera di- fiere esencialmente de ella, resultando sólo como un cuento de magos, para lo que no le hace falta ya particularidad alguna. Tan cambiada como hallamos la historia vemos también sus formularios, cuya parte principal en los primitivos es la siguiente: «Cuando se verifica la apertura, entran en la sala de dos en dos. »Zerubabel dice.—Al principio era el Verbo. »Haggai.—Y el Verbo era Dios. »Josua.—Y el Verbo era Dios. »Zerubabel.—Todopoderoso. »Haggai.—Que lo sabe todo. »Josua.—Que está presente en todas partes. »Los tres.—En presencia del cual nos hallamos. »Zerubabel.—Yo declaro abierta esta logia. »E1 recipiendario no hace viajes sino únicamente tres pasos siete veces, en tanto que doce bastones se mantienen por los hermanos entrelazados sobre su cabeza, de modo que formen una bóveda. Cuando se le concede la luz, el altar aparece cubierto con un velo en el que se halla escrito el nombre de Jehová. Al terminar, Zerubabel coge la Biblia y la hace pasar de mano en mano.» ■áUÍÉá DE LA MASONERÍA 507 Estos ligeros detalles son más que suficientes para que nuestros lectores puedan formar juicio acerca de la falta de fundamento de un capitulo que para nada sirve ni i nada significa. Nosotros hemos protestado siempre enérgicamente, y lo seguiremos ha- ; ciendo del mismo modo, contra ingerencias de esta naturaleza, que á más de no per- ■ mitir que el público forme exacto concepto de lo que verdaderamente es la masonería, : dan lugar á que, comparando lo que resulta de las verdaderas constituciones y lo que | aparece de estos formularios, recaigan sobre la orden violentas y amargas censuras, | contra las que apénas cabe la defensa, por haberse hecho solidarios de ellas el mayor \ número. Figurémonos, por un momento, que un individuo, conocedor de los funda- \ mentos del credo masónico, pretende ampliar sus conocimientos, para lo cual ad- ; quiere los formularios, que se hallan de venta en todas partes. Ve que en ellos están j revueltas leyendas del Antiguo y Nuevo Testamento con instituciones politicasy socia- i les, que dentro de una órden que prescribe todo culto determinado para que entre los j hermanos no pueda haber excision alguna, se rinde uno compuesto de los más hete- I rogéneos, ninguno de los que tiene justificativo en nuestro tiempo, y su entusiasmo, si es que tenia alguno, decaerá inmediatamente y no hallará explicación alguna que solvente sus dudas, y lo que es más, comprenderá que de una asociación, acerca de la santidad de cuyos principios no cabia dudar, se ha hecho, no como muchos pre- tenden una sociedad terrible, cuyos atributos y emblemas podían ser únicamente la tea y el puñal, no una sociedad cuyos fines sean derrocar toda religion y todo gobier- no, no una sociedad cuyos propósitos sean enmendar yerros de las pasadas edades, sino una agrupación de hombres desocupados que invierten su tiempo en representar malas comedias. Si nuestras censuras pueden parecer violentas, no por ello será menor nuestra sa- tisfaccion, pues seguramente que no herirán á los buenos masones que, como nos- otros, lamentan tan sensibles extravies. Como los que se lanzan en un mal camino á sabiendas procuran justificar por todos los medios imaginables su extravio, el comité del Real Arco procuró hacer lo mismo, á cuyo fin en 1782 publicó la circular siguien- te, que presentamos á nuestros lectores como documento curioso: «El Gran capitulo real de Jerusalen á todos los herfnanos de la Sociedad Real Arco y en particular á los iniciados. »Muy queridos hermanos: El tiempo, la desconfianza, la envidia y su compañía inevitable la persecución, han procurado desde hace mucho tiempo oscurecer y vili- pendiar, no sólo el origen, sino que también el fin de nuestra noble ciencia, hasta el punto de que el nombre de francmasón es ordinariamente muy mal aplicado y pa- rece ser poco comprendido hasta de una gran parte de los individuos de la órden. Antes de presentar un extracto de nuestras leyes y de nuestros reglamentos, no será inútil que expongamos nuestras ideas acerca de la francmasonería en general. Sin embargo, como tenemos pensado profundizar esta cuestión en la más próxima oca- sion que para ello se nos presente, haciéndolo de la manera más lata que nuestro de- ber nos lo permita, nos limitaremos hoy á hacer sólo algunas reflexiones particulares que un Real Arco Mason no puede perder de vista porque forman la base de sus in- 508 HISTORIA GENERAJ. vestigaciones masónicas y porque están destinadas á reducir al silencio á aquellos que no nos conocen y á que cesen los ataques de los adversarios que encontramos en las clases ignorantes y malvadas de la sociedad. La masoneria se remonta al ori-. gen del mundo, y es llamada por nosotros, que somos los miembros de este alto gra- do, la grande y universal ciencia que comprende á todas las demás y nos enseña el conocimiento de nosotros mismos y el de nuestros deberes, asi como también lo mis- mo nuestros deberes para con Dios, que con la sociedad, nuestros deberes morales así como también los que la religion prescribe. Tenemos, en fin, que considerarla desde dos aspectos distintos: la masoneria operativa y la masoneria especulativa. Es- tas dos ramas están, á su vez, subdivididas en muchas partes. La masoneria operati- va, es decir, esta parte de los miembros que se compone de masones activos, forma tres categorías: 1." la masoneria manual; 2." la masoneria instrumental; 3." la maso- nería cientiflca. La masonería manual comprende aquellas partes del arte cuya eje- cucion no exige más que el trabajo de las manos ó el empleo de algunos sencillos instrumentos, cuyo uso no debe enseñarse por medio de problemas ó de las reglas del arte, sino solamente por la práctica. Todo esto concierne principalrnente á nues- tros hermanos de primer grado, á los que nosotros llamamos aprendices. La maso- nería instrumental se compone de los miembros que hacen uso de diversos útiles, como el compás, la escuadra, el nivel y otros, á los que puede llamarse instrumen- tos de matemáticas, y por medio de los que se puede uno dar cuenta de la forma y tamaño de las diversas partes de que se componen nuestras construcciones y de los materiales que se emplean para la construcción. El uso de éstos está principalmente reservado á nuestros hermanos de segundo grado, á los cuáles designamos con el nombre de compañeros. La masonería cientiflca se compone de aquellos de nuestros hermanos poseen el conocimiento de las diversas artes y ciencias, al ménos hasta que un punto que les permita descubrir y juzgar las causas y los efectos de las operado- nes de los instrumentos útiles y máquinas mencionadas anteriormente, analizar sus ideas, exponerlas y trazar sobre nuestros planos de dibujo una figura bastante dis- tinta y comprensible para que nuestros hermanos de segundo grado puedan, con ayuda de un compás, comprenderla y ejecutar nuestros planos y, en caso necesario, llevar á cabo una construcción. Esta es la parte de la masoneria que está compuesta de nuestros hermanos del grado más elevado de la masoneria activa, y á los que lia- maremos maestros. Cada uno de estos grados tiene ciertas prácticas, ciertos signos y palabras de reconocimiento que le son particulares y que están suficientemente cono- das de todos los hermanos, asi como también un gran número de máximas instructi- vas y de sentencias. De esta manera seremos conducidos, para servirnos de nuestro estilo simbólico, del nacimiento á la infancia, de la infancia á la juventud, de laju- ventud á la virilidad, y la instrucción que adquirimos, pasando por estos distintos grados de prueba, nos preparará para el grado más elevado de la masoneria especu- lativa ó masoneria del Arco Real, de que nos vamos á ocupar inmediatamente. Su fin es llevar el estudio de todas las artes y de todas las ciencias tan lejos como lo per- mita el espíritu humano en esta vida imperfecta, y, sobre todo, dirigir toda su vólun- DE LA MASONERÍA 509 tad hacia la adquisición de este arte que nos está recomendado particularmente por la incomparable divisa; Conócete á ti mismo. A pesar de todo, sujetos por severísimas leyes, todo lo que podemos decir con respecto á esto es que la masonería especula- tiva, ó Real Arco, se subdivide á su vez en tantas partes como se cuentan ramas dis- tintas en las ciencias y en las artes, y que estas partes son tan diferentes las unas de las otras, como son diferentes los objetos del estudio. Nosotros también hacemos uso de ciertas palabras, de ciertos signos y de ciertas señales; no obstante, es menester tener presente que cuando nos servimos de esta expresión y decimos el Verbo , esto no debe ser solamente entendido como una palabra de reconocimiento, como las que son empleadas en los diversos grados del arte, sino que esta palabra está empleada por nosotros en un sentido teológico, como una expresión que despierta en nuestra alma una idea del Sér Supremo, único autor de nuestra existencia. Por medio de esta expresión unimos en un mismo homenaje su nombre sagrado, ó su Verbo, y su po- der supremo y todos sus divinos atributos que está dado concebir al espirita humano. Y que esta misma era la idea que se tenia del Nombre ó Verbo en el mundo primitivo y pagano, es lo que indican suficientemente innumerables autores. No queremos citar más que dos: Cicerón (de Naturce dearum., lib. Ill) dice que no se debe osar pronun- ciar el nombre de Dios; y Lucano (lib. IV) que la tierra se conmovería si escuchara pronunciar su nombre. Todos sabemos que entre los judíos este nombre no se pro- nuncia sino con la señal del más profundo respeto, y que hay algunos que afirman que bastaría pronunciar su nombre para que se verificaran milagros y anduvieran las montañas. Josefo dice que el Nombre no era conocido aún, ántes del tiempo en que Dios mismo lo reveló á Moisés en el desierto, y que la maldad de los hombres fué causa de que se perdiera casi inmediatamente después; con respecto á esto existen opiniones muy diversas: algunos pretenden que la pérdida se refiere al nombre- mismo, otros aseguran que lo perdido fué únicamente la idea, el sentido del nombre. Hay algunos que pretenden que solamente se olvidó la manera de expresarlo y de aplicarlo, de lo cual deducen estos autores que Moisés no preguntó su nombre al Todo poderoso para enseñarlo á sus hermanos, sino solamente para conocer la verdadera manera de pronunciarlo y comunicarlo á los demás. Difícil es decir si éste fué el caso ó no, lo que es cierto es que la verdadera manera de expresarlo no puede ser reve- lado en fe de ningún documento escrito: 1." porque los acentos masónicos, que no existían en tiempo de Moisés y que han sido añadidos de diversas maneras, han de- bido hacerle sufrir toda clase de trasformaciones; 2.° porque la lengua de que se servían los judíos se encuentra tan corrompida y es tan diferente de aquella que Moisés em- pleó en sus escritos, que ninguno de ellos, excepción hecha de los hombres instruí- dos, no la comprende, y por esto los judíos lo llaman Sehenihamphoraseh, ó el nom- bre inefable. Nuestro célebre Pitágoras lo llama Tetragrammaton ó Cuaternio. El sabio judio Filón refiere que no sólo se perdió el nombre, sino que también se ignora la época en que quedó perdido y las causas á que puede ser atribuida esta desgracia. Ademas, y para poner fin á todas las discusiones inútiles , á las que los sabios se en- tregan con respecto á esta cuestión, es menester que todos estén conformes con nos- 510 HISTORIA GENERAL otros en los demás puntos esenciales; 1.° que la palabra Nombre ó Verbo significa existente por si mismo, eterno; 2." que no puede ser atribuida sino únicamente al Sér Supremo, que fué, que es y que será. Todos también están conformes en declarar que es imposible al espíritu humano concebir de Él una idea completa, ni tener exacta in- teligencia. Sin embargo, esperamos que si place al Todopoderoso manifestarnos al- guna cosa de esto, está reservado á esta orden el enséñarle al mundo la excelencia, el poder y la importancia de una manera más perfecta, más clara y más completa que como de ordinaño ha tenido lugar hasta el presente. Pero como la naturaleza es- pedal de los compromisos que hemos contraído no nos permite extendernos más por escrito acerca de esta materia, quédanos sólo manifestar el deseo de que todos nues- tros hermanos que se han consagrado á la cultura de la noble ciencia de la francma- sonería, tomen estos preceptos por guia y estos principios como base de todas sus acciones, que no se separen jamas del camino de la virtud y del honor, sino que sean un brillante ejemplo de todo lo que es noble y bueno y, en fin, que estos buenos ejem- píos sean bastante numerosos y bastante dominantes para conseguir que todo el gé- nero humano sea un fiel rebaño sometido al gran pastor de las almas; que la amis- tad, la paz y la concordia no nos abandonen en esta vida y nos preparen al paso místico y solemne de la eternidad, de la que nuestro espíritu limitado no puede, en verdad, formarse una idea real, pero donde podemos estar ciertos de encontrar obje- tos infinitos de gozo y alegría para la parte glorificable de nuestro sér, para nuestro espíritu que no encuentra aqui nada bastante sólido, nada bastante durable para po- der reposar y que pueda al mismo tiempo satisfacer su espera.» La simple lectura de este documento debe bastar á cualquier persona sensata para comprender hasta qué punto están justificadas las censuras que hemos dirigido á los •fundadores del Real Arco, por más que á esta fechase ignore quiénes fueron. Lo de ménos sería esto si al fin de la exposición de sus doctrinas y propósitos hubiéramos llegado á comprender qué era lo que querían ó qué era lo que se proponían conse- guir; únicamente puede afirmarse que el capítulo llamado de Jerusalen, ó sea, el del Real Arco, no es una derivación de la masonería, sino que, por el contrario, forma un elemento completamente distinto de ella en la cual se ingirió indebidamente. Así resulta también de la exposición que hacen en el documento trascrito; según ellos, el Real Arco es un capítulo superior, un grado elevado al que no puede llegarse sino siendo mason, y mason perfecto, esto es, despues de haber recorrido los tres grados de que entónces se componía toda la carrera masónica. La particularidad más ex- traña de la institución esta, es, á nuestro modo de ver, la division que hace de la ma- sonería en manual, instrumental y científica, pues rompiendo abiertamente con el carácter que la sociedad tenía ya en el tiempo en que este documento aparece, la re- duce á su época más primitiva y deja libre el acceso á ella sólo á los constructores ó albañilés, que son los más remotos aborígenes que pueden señalarse en la historia masónica. Las causas generadoras de este error no acertará nadie á explicarlas, á ménos que, como algunos han expuesto, no se admita que el reaparecimiento del Real Arco DE LA masonería 511 es pura y simplemente una maquinación de los jesuitas, si bien es más racional indi- narse á pensar que este capitulo fuera instituido por alguno seducido la fluencia que in- siempre por creciente que la masonería alcanzaba, pensara establecer una dad socie- que, partiendo del mismo punto, llegara más tarde á la realización de fines bien distintos. Con efecto, partiendo de la antiquísima sociedad de los constructores, ya en repliegues del perdida tiempo en la época en que nos ocupamos, la alaba la dera, la y celebra y la pon- encomia para concluir, al fin, demostrando que la más trascendental especulación y el medio para ser felices en esta vida es dedicarse á la investí- gacion del nombre de Dios ó de la manera como verdaderamente debe ó de debe pronunciarse como aplicarse. Prescindamos nosotros de todo lo que se refiere á esta cuestión teosòfica y analizando las pretensiones del, sin saber por qué, llamado Real Arco, encontraremos: 1." Que es de todo punto ajeno á la buena doctrina masónica. 2.° Que su aparecimiento no está justificado por necesidad alguna. 3." Que no determinar influencia puede por cuanto carece de todo elemento para ello. Si esto que deci- mos referente al mencionado capitulo, lo hacemos áun considerando como instituto completamente diferente de la masonería, juzguen nuestros lectores de lo cuando que merecer sin podia razón, sin motivo y sin fundamento pasa á formar parte de la escala masónica, en la que como ya sabemos ocupa el número 13. Esta institución particular, acerca de la que es tan poco lo que se sabe, no entor- peció para nada los trabajos de la verdadera y formal masonería, y tal vez hubiera llegado á desaparecer por completo si más tarde no la hubiera aprovechado para su reforma. La Ramsay gran logia no se dignó siquiera ocuparse de ella ni hemos halla- do la más insignificante decision suya en que la mencione, bien es verdad que tenia que ocuparse en cuestiones más arduas y de mayor trascendencia, como eran todas aquéllas que se referían á los fines de su instituto y á las que les promovían los anti- guos masones. Dijimos que éstos, luégo que por el acto de insubordinación fueron que hablan cometido expulsados de la gran logia de Lóndres, solicitaron ser admitidos á la obe- diencia de la de Escocia; pero ésta, no queriendo incurrir sin duda en la nota de sus filas estaban que compuestas de individuos arrojados de otras partes, les negó venia para ella y quedaron completamente aislados y rodeados de la general indiferencia. Nunca han faltado personajes que ambiciosos hasta indecible extremo, han ocupar los querido primeros puestos en todas partes, desde el primer momento en han llegado; que esto no podia ocurrir en el seno de la asociación masónica, donde venimos según viendo, todo era órden y formalidad; era menester ingresar en los grados, atenerse primeros á lo que disponían los reglamentos en todo y de este modo paulatinamente muy á medida que se hacían méritos para ello, se iba ascendiendo. Pero este órden riguroso no podia ser grato para los que en modo nirse alguno hablan de ave- con ser soldados de fila, y en el número de ellos tenemos que colocar por haber dado lugar á ello al duque de Athol que, comprendiendo que en la masonería tal regular vez nunca llegara á ser gran maestro ó que al ménos tardarla mucho en advirtiendo serlo, y por otra parte la grandísima influencia y el prestigio de que los jefes de 512 HISTORIA GENERAL disfrutaban, pensó conciliario todo á su manera y se unió á los antiguos la orden ver satisfechos sus deseos en más breve masones, con los que seguramente podría plazo. ó al ménos decre- La desanimación que de éstos se había apoderado desapareció, se les de- ció notablemente, viendo que un personaje de tan elevada alcurnia unía, y seando lo que á ellos mismos tocaba, hacer alarde de la adquisición hecha, nom- por su bráronle su gran maestro y comenzaron á trabajar con más actividad bajo á la atención de la gran logia de Lóndres se dió fijara más dirección. Esto lugar que 27 de Abril de 1777 que no podían ni debían ser considerados y que se acordara en quedaba prohibido á todos los masones que trabajaran bajo la como masones, que trabajos ni reconocerlos como tales. Esta autoridad de la gran logia ayudarlos en sus violenta que pueda parecer, estaba justificada á todas luces, afianzó medida que por hizo estallar la sublevación en aquellos en cuya mente germinaba á los buenos, pero la idea de del separarse de la obediencia poder legitimo á que habían reconocido. de la logia de San Pablo que ocupaba el Siendo gran maestro el duque Manchester, número uno por ser la más antigua, manifestó palpablemente sus deseos de romper el órden establecido; sin haber pedido, como debian, autorización para ello al gran los de esta en el Templo llevando todos maestro, reuniéronse los individuos logia desde allí se trasla- atributos que los acreditaban como individuos de la asociación y primitiva residencia; esta conducta fué desaprobada por el comité de daron á su ensoberbecidos aquéllos sobre los que había recaído la condenación, beneficencia y manifestando la gran logia usurpaba atribuciones que no tenia pres- protestaron que una discusión que cada vez y por ambas critas en ninguna ordenanza. Entablóse duro dia con se y enconaba cada mayor jiartes revestía un carácter más y agriaba seguramente la cuestión ésta hubiera tenido un fin ménos perjudicial para empeño; si hubiera venido á mezclarse á ella otra que dió ocasión la sociedad en general no ó el primer motivo de discordia. La logia de se olvidara la primera causa para que Pablo, alegando que varios de los individuos la componían habían incurrido que San cuadro éstos creyendo vulnera- en irregularidades masónicas, los rayó de su lógico y derechos apelaron á la autoridad de la gran logia en asamblea plena, que dos sus también tribunal del alzada; examinada esta cuestión, la como sabemos constituía un estos ordenó que la de San Pablo modificara su decision con respecto á gran logia abiertamente. La cuestión permaneció hermanos, mandamiento á que aquélla se negó que cedieran los que ménos todavía en suspenso durante algun tiempo, esperándose todo arregla- motivo tenían para la conducta que observaban y a fin de que quedara contra todos los deseos de los buenos masones, do de la mejor manera posible; mas, conducta la gran logia habla observado la logia terminó por declarar que la que lo constituía una infracción abierta y manifiesta de las antiguas constituciones, por entre am- que decidió que en adelante cesarían en absoluto todas las relaciones que de los maestros ó inspectores de la ninguno logia de San Pablo has habla y que las asambleas tri- figuraría en calidad de representante ni en las comisiones ni en mestrales. DE LA MASONERÍA 513 Separada esta logia del poder regular, trabajó durante diencia algun tiempo bajo la de obe- la de Yorrk, pero hubo un intervalo en el que obró con entera cía sin hacerse solidaria independen- para nada de los actos que llevaban á cabo los llamados antiguos masones. Más tarde, cuando los ánimos se hubieron todos comprendieron aquietado y cuando que lo que más convenia era mantener la armonía á toda costa para que pudieran realizarse cumplidamente los fines que está elevada habia sociedad se propuesto, practicáronse algunas gestiones para conseguir que la logia número uno volviera á su centro, gestión que tuvo los más felices resultados, para ello de la solemne aprovechándose fiesta masónica de 1770. Paso á paso hemos seguido las vicisitudes y alteraciones la masonería inglesa por que pasó desde que la primera gran logia de aquel pais constituida hasta esta fecha. quedó Acerca del estado y de los trabajos que realizaron, vale más que todo lo que nosotros pudiéramos decir trasladar lo que acerca de este primer periodo dice uno de los más acreditados historiadores de la masonería, do cuyo está en los juicio siguientes consigna- términos: «Desgraciadamente no hay relación fe alguna digna de que nos revele la vida interior de las logias. Estas se reunían todos los meses para llevar á cabo los trabajos regulares, recibían las donaciones y las á los objetos más aplicaban perentorios, enseñando ademas los fines de la masonería, eran como en todas que partes consolidar entre los hombres reunidos y por reunir en el de seno esta asociación la paz, la concordia y la amistad. Por más que tuviera ser imperfectamente, que muy como esta institución que entónces se hallaba en la realizar la idea cuna, pudiera que en si representaba y por incompleta que relativamente fuera aún esta idea la forma de que pudo revestirla, encontró la aprobación de todos los tus sensatos la espiri- y de todos los hombres de buena fe. Es incontestable que entónces como hoy, tuvo una influencia saludable en las clases elevadas y medias de la socie- dad, y que las más bajas, siguiendo el ejemplo de éstas, como siempre acontece, fue- ron ingresando poco á poco, constituyéndose asi el medio más seguro y eficaz su regeneración para completa, que es uno de los más rebuscados fines que la masonería se ha propuesto; hizo desaparecer muchos prejuicios que la mala fe de los contrarios habían hecho nacer, puso freno á los excesos de la glotonería, á que tan dadas las eran cliises elevadas, introdujo el apego hacia un gusto más depurado de las reía- ciones sociales,desarrolló el gusto por la elocuencia,que hasta entónces habia nacido circunscrita perma- á las escuelas religiosas y á las iglesias;dió una nueva al arte ampliación poético y sobre todo apasionó las clases elevadas de las medias y de las nes científicas, regio- cuyo acceso les habia estado rigurosamente Sensible prohibido hasta entónces. es tener que convenir en que el desenvolvimiento la refinación intelectual interior, y moral, la fuerza y la energía, el progreso, en fin, no fué todas siempre ni en partes entre los individuos á la altura de la rápida extension que alcanzó la gran masonería.» Este último punto, que á primera vista parece implicar una censura, se trueca en alabanza, considerando que el indicado resultado es hijo sólo de la misma de organización la sociedad. Difícilmente puede, ni debe exigirse que el progreso sea 65 514 HISTORIA GENERAL DE LA MASONERÍA la paralelo en lodos los individuos, pues esto que no sucede en sociedad, general- podia ocurrir ménos en el seno de una asociación particular nacien- mente hablando, te todavía. á ver lo Terminado lo que á Inglaterra toca en este primer periodo, pasemos que naciones. en el mismo se refiere à las demás CAPÍTULO XXVIL La masonería en Irlanda .—Corporaciones de trabajadores durante la Edad media en esta parte del Reino Unido de la üran Bretaña. —Hipótesis aventuradas.—Establecimiento alli de la verdadera masonería. —Confor- midad de procedimientos con la gran logia de Lóndres.—Ediciones del libro de las constituciones publica- das en Irlanda.—Venerables y altos dignatarios que contübuyeron al desarrollo y progreso de la maso- neria irlandesa.—Inconvenientes que tuvieron que vencer.—Establecimiento de nuevas logias.—Creación de la logia de los grandes maestros.—Carácter y atribuciones de ésta.—Falta de documentos para ampliar más la historia de la masonería en aquel pais. «^-^KaSLfiíW IN salir del reino unido de la Gran Bretaña^ quedan puntos que por su ais- lada situación, asi como también por el distinto carácter de sus habitantes, constituyen diversas nacionalidades en las que la masonería ha sido distinta también; de éstas la Irlanda es una de ellas, siendo bien poco lo que acerca de la masonería en este país puede decirse. Remontándonos á los aborígenes de la sociedad que historiamos, se sabe positivamente que desde la más remota anti- güedad existieron en aquella region corporaciones de trabajadores reunidos con el mismo fin que lo habían hecho los de Inglaterra y Alemania, esto es, para protegerse mutuamente contra los ataques que física y moralmente recibían de las clases aque- Has que en los trabajadores veían séres de una naturaleza inferior, que no podían ser tiatados más que como siervos ó esclavos. Es bien cierto que los elementos con que contamos para probar la certeza de esta afirmación no son tan claros y precisos como los que pueden invocarse cuando se habla de Inglaterra, de Francia ó de Alemania, pero no por esto merecen menor fe, ni son dignos de que se les tenga ménos en cuenta. Considerando que durante la Edad media existió en todos los países aquella cen- surable division de clases, dada la que tenia ménos el que verdaderamente merecía más, y habiéndose operado en todas partes al mismo tiempo el fenómeno de la rege- 516 HISTORIA GENERAL neracion, hay que admitir como seguro que los irlandeses se reunieran también y constituyeran, si no muchas, al ménos algunas de aquellas agrupaciones á que se debe el levantamiento de muchas obras de arte que áun nos admiran^ obras que reve- lan de una manera manifiesta ser debidas á la reunion de muchos esfuerzos particu- lares dirigidos por uno solo, á cuyo cuidado estaban y de cuya obediencia no podían prescindir. Esto que decimos se refiere sólo á la masonería en su primera etapa, á la institu- clon masónica cuando áun estaba en perfecta relación el nombre que recibía con los fines que realizaba; pero llega, como sabemos, una época de transiccion, en la que el antiguo objeto se modifica, se amplían los fines que los congregados tienen que cum- plir y desapareciendo más tarde todo lo que á las construcciones se refiere, truécase la sociedad en filantrópica y moral, de material que era. Esta época de transición que hemos podido determinar con certeza cuándo ocurre en Inglaterra y que podíamos hacerlo también con otras naciones, no nos es fácil señalarla en Irlanda en una fecha precisa, sólo si sabemos que en este país la masonería, para pasar de un carácter á otro, no lo hace en virtud de las influencias de la civilización misma, sino que se ve influenciada de una manera inmediata y directa por los trabajos que de este género habla realizado ya la gran logia de Inglaterra. Según Michel, distinguido mason in- gles, nacido en Dunejiren-, autor de una Historia general de la masonería y de una Historia particular de la masonería en Irlanda, en 1726 trabajaba ya en este país una logia que había fundado por delegación el supremo poder masónico de Inglaterra; esta logia, de la que afirman que con el carácter de provincial trabajaba en Munster, no tiene en su favor más que el autorizado testimonio del citado autor y algunas indi- caciones, aunque muy someras, de Anderson. Históricamente hablando, de masonería en Irlanda nada puede decirse sino hasta 1730, pues de esta fecha hay ya documentos escritos que prueban de una manera feha- cíente y sin que pueda quedar la menor duda, que hubo logia, y logia regular en Du- blin. Sensible es desde todos puntos de vista, que no haya quedado rastro ni docu- mento alguno en presencia del que pueda exponerse el proceso que siguiera la órden en esta region, pero seria demasiado aventurado lanzarnos en el terreno de las supo- siciones que con tanta facilidad llevan al error, en el cual procuramos no incurrir. Mitchel, como escoces de origen, sostiene que el cambio de carácter operado en la masonería, fué de todo punto regular y ocurrió de la misma manera que había ocurrí- do en Inglaterra; mas hay circunstancias que permiten dudar de esta aseveración. En Inglaterra las corporaciones de constructores habían sido de grandísima importancia, y desde muy poco después de la fecha de su constitución hablan determinado influea- cía: esto no podía ser lo mismo en Irlanda, que nunca en ramo alguno podia hacer competencia á la actual gapital del Reino Unido: en ésta se comprende que al sentirse falta de objeto, se trasformara la masonería, pasando á ser de sociedad material, so- ciedad moral y filantrópica, máxime cuando áun ántes de llegar la época de esta tras- formación, habia dentro de ella elementos ajenos al arte de construir, elementos quo hablan ingresado encariñados con la mutua protección que los hermanos se dispen- DE LA MASONERÍA 517 saban, y gracias á los que el cambio pudo llevarse á cabo naturalmente y sin violencia alguna. Por más que, como acabamos de decir^ no faltaran tampoco en Irlanda socie- dades de constructores, éstas no pudieron jamas formar un núcleo tan importante como las inglesas, y es lo más natural que no siendo abundante el trabajo, los aso- ciados irlandeses abandonaran su region para trasladarse á las en que eran más se- guros los medios de subsistencia. Esta última consideración nos da el camino seguro para llegar al momento en que la sociedad adquiere en Irlanda el carácter con que la conocemos hoy. Lo mismo los individuos de las clases bajas que los de las clases elevadas, estaban en constantes relaciones con Inglaterra, y es lo más posible que unos y otros, conociendo el carácter que la masonería tenia en este país, quedaran seducidos portas grandes ventajas que pudiera reportar y la establecieran en su país; más áun, cuando procediendo de este modo es casi seguro que no hubieran alcanzado grandes resultados, y que sino corn- pletamente nulos sus efectos hubieran pasado casi desapercibidos, es lo más verosímil admitir como aseguran algunos historiadores, que reunidos algunos hermanos patro- cinados por lord San Jorge, pidieran una patente de constitución á la gran logia de Londres, y que otorgada ésta quedara constituida la primera logia regular irlandesa. Con esta fecha coincide un dato importantísimo que recordarán nuestros lectores por haberlo dejado apuntado al ocuparnos del desenvolvimiento de la masonería en In- glaterra. Al gran maestre de aquella logia, lord Colerane, sucedió en el alto puesto James King, lord vizconde de Kingston, que fué el que otorgó patente de constitución para una logia en Bengala á Ponfred, mas King tuvo que ceder el puesto ántes de que cumpliera su tiempo al duque de Norfolk, porque asuntos de grandísimo ínteres lo llamaban á Irlanda; esto ocurría en 29 de Enero de 1730, época según dejamos sen- tado, en la que se abría la primera logia de aquella region. Naturalmente, un personaje tan conocido y que venia precedido de la reputación que llevaba consigo el haber ocupado el más alto puesto de la masonería, no podia dejar de llamar la atención en modo alguno, y los que allí se hablan congregado pen- saron desde luégo en él, eligiéndole gran maestre de la masonería irlandesa el 6 de Abril de 1731. El lugar de residencia del poder central masónico fué Dublin, y todos los autores están conformes en afirmar que hasta entónces no había existido ninguna gran logia en aquella parte de la Bretaña. Como la correlación en los hechos no puede romperse por nada establecido, este gran maestre fácil es comprender que había de llevar consigo los usos, costumbres, leyes y reglamentos con que habla tenido juris- dicción en la primitiva gran logia, y con efecto, declara Anderson «que introdujo en aquella logia las mismas constituciones y los mismos usos.» Siempre fueron herma- nos nobles los que le sucedieron en el sitio de Salomon, y la gran logia se manifestó decidida á perseverar en la propagación de la noble ciencia y del arte real de la ma- sonería. Prosiguiendo en Irlanda la misma marcha que en Inglaterra había tenido, como no podia ser ménos, dado lo que sabemos, fué extendiendo poco ápoco el número de sus logias, rigiéndose en un principio sencillamente por los usos conocidos de algunos 518 HISTORIA GENERAL hermanos y ateniéndose á los principios generales prescritos á la orden, que por ser de ley natural, casi no era necesario consignarlos, mas cuando poco á poco la institu- clon desplega sus alas y da pruebas de su existencia en la region aquella, á medida que el movimiento aumenta, y con él se presentan cuestiones que hace falta resolver, esto no puede hacerse de memoria, se echa entonces de ménos una constitución escri- ta, y se procede á su publicación. Teniendo que ser unos y los mismos los principios por que se regia la masonería en todas partes, si es que los que la constituyen quieren que se llame asi, no puede llamar la atención que los do un pais plagien la constitución, así como tampoco la deberla llamar el que la copiaran en absoluto. Pero para esto último se presentan graves inconvenientes, hijos de las diferentes costumbres dominan- tes en los países, asi como también dependientes del carácter de los individuos en cada una de ellas, razones por que no debe extrañarnos que la redacción sea distinta, y que en cada una de las formas con que se presente domine un punto más que otro, y asi su- cesivamente. Si esto que decimos lo hacemos general á todos los países, más hay que particularizarlo ocupándonos de Irlanda, en el cual la masonería, floreciente ya en Inglaterra, influía de una manera directa desde su aparición, y más aún desde que Kingston, que babia sido gran maestre en la metrópoli, fué electo para serlo también en una de las provincias. El primer libro de las constituciones que se publicó en Du- blin lleva la fecha de 1732, y estudiado atentamente se ve que no es más que una co- pia de las constituciones de Anderson, edición de 1723, con muy ligeras variantes; entre éstas la de más importancia es la introducida en el articulo IV, párrafo 2.°, lo cual nos explica satisfactoriamente las alteraciones que en la forma hay que llevar á cabo, áun subsistiendo íntegramente el fondo. Al redactarse la constitución para la logia de Inglaterra, sus autores velan en aquéllo que por ellas tenían que regirse, bom- bres en los que las constantes luchas religiosas habían arrancado ideas y principios que tanto pesan en la conciencia, cuando causas justas no los han destruido todavía. El protestantismo, ó mejor dicho la reforma religiosa predicada por Lulero, babia abierto ancho campo á la razón y al libre exámen; babia dado un golpe mortal al fa- natismo, que no imperaba ya sino en las naciones sometidas aún al antiguo órden de cosas. Esto tiene forzosamente que determinar una marcha bien distinta en la maso- neria de unos y otros países, máxime cuando sabemos que el principal objeto de la sociedad es atraerse el mayor número de los individuos, sin distinción de cultos ni opiniones religiosas. Indudablemente, este fin no podría alcanzarlo si acerca de la religion se expresara lo mismo en todas partes, y por esta razón, lo que se dijo en In- glaterra para protestantes liberales sin fanatismo alguno, no podia decirlo en biarda, donde dominaba aún el catolicismo con todos sus vicios. De aquí la variante introdu- cida en el articulo IV, párrafo 2.°, única que puede llamar la atención, pues en todo lu demás, la constitución de la masonería de Irlanda se halla calcada sobre la de Ingla- terra. Teniendo ya constituciones su mar- por que regirse la logia de Irlanda, prosiguió cha, siendo nombrado gran secretario, en 1732, él distinguido escritor y anticuario las Pennel, á quien tanto debía su pais por las activas gestiones que practicara en DV; LA MASONERÍA 519 cuestiones económicas y manufactureras que se le habían encomendado: éste, obrando en un todo conforme con las prescripciones de las ordenanzas eligió como secretario adjunto al vizconde de Kingslaud, designando la gran logia por si á los que debían desempeñar las demás funciones. Una vez regularizados los trabajos la asociación comenzó á cumplir los altos fines que tiene asignados, y lo primero que llevó á cabo fué la creación del comité de beneficencia, realizada bajo la jefatura del vizconde Mountjoy, que ocupó el puesto en el intervalo de 1737 á 1738. Pertenecía Mountjoy á la más elevada nobleza del pais y era descendiente de una de aquellas antiguas familias que habían ilustrado gloriosamente su apellido en las brillantes campañas sostenidas en la época anterior, pero que al terminar aquéllas no se había entregado ála ociosi- dad, sino que por el contrario habla continuado trabajando por la prosperidad y feli- cidad de la nación. Había vivido muchos años en Lóndres, frecuentando el trato de los hombres más ilustres y más distinguidos por su saber y conocimientos, y alli fué recibido mason, trabajando activamente dentro de la logia hasta que asuntos partíeu- lares le obligaron á regresar á su país natal. No bien hubo llegado, echando de ménos la asociación que prácticamente habla visto las ventajas que reportaba á sus seme- jantes, comenzó á trabajar con gran actividad para que se constituyera, mereciendo por esto la alta dignidad de que fué investido en 1738. Halló Mountjoy á la masonería trabajando regularmente y comprendió que era llegado el momento de plantear la institución por que más plácemes merece la masonería, y tomando por modelo el de Lóndres, creó el comité de beneficencia de la masonería irlandesa que, arraigando desde el primer momento, creció y se desarrolló sin contrariedad alguna. Seguramente que los hermanos todos, de común acuerdo, hubieran reelegido por gran maestre á quien tanto debía la órden, pero ántes de llegar al periodo de las elec- clones Mountjoy, achacoso ya, manifestó que no podía desempeñar unas funciones que tanta actividad requerían, y que por tanto había indicado á su adjunto la necesidad de que se ocupara en la designación del que habla de sucederle. Concretándonos á lo ocurrido en Inglaterra, que es la nación que hasta ahora llevamos estudiada, hemos podido ver que no ocurrió en aquella gran logia contrariedad alguna por que alguno de los grandes maestros electos manifestara resistencia á desempeñar las funciones pai^a que sus hermanos le indicaban, ántes al contrario, apreciando el alto honor en lo mucho que valia, se apresuraban á aceptarlo, y áun si se quiere, fué esto causa de disgusto, por la mal contenida ambición de alguno; en Irlanda, por el contrario, y se- gun pasamos á ver, no ocurre esto sino todo lo contrario; en un periodo de tiempo no corto, los hermanos tropezaron con el inconveniente de que los electos grandes maes- tros declinaban el honor que se les conferia, surgiendo por esta causa contrariedades y retrocesos en la marcha general de la asociación masónica. Escuchada la manifes- tacion de Mountjoy, de que contra los deseos de todos los hermanos que le estaban re- conocidos por los grandes beneficios que su administración había reportado á la ma- sonería, no podía seguir desempeñando las funciones, indicó tres candidatos que son: lord Saint Leger, el vizconde Donneraile y á Pennell, que como sabemos desempeñaba entónces el cargo de gran secretario. Los tres reunían condiciones muy recomenda- 520 HISTORIA GENERAL bles, pero obtuvo mayor número de sufragios Donneraile, que se hizo cargo del ma- Hete con gran contento de todos, pues lo mismo sus contrincantes que los partidarios de ellos, no obraban al oponérsele por puro pandillaje, como en un tiempo lo habían heclio en Inglaterra el duque de Warthon y sus secuaces. Lástima grande que no cor- respondiera el nuevo gran maestre á las esperanzas que en él fundaban todos. Si- guiendo la conducta que otros hablan seguido, no sólo fué poco activo, sino que casi no pareció por la gran logia ni una vez siquiera. En vista de esto, no bien buho espi- rado el plazo que reglamentariamente le correspondía ser gran maestre, fué sustituido en 3 de Junio de 1741 por el barón de Tullamore, que tomó posesión del cargo el 24 del mismo mes, en tenida solemne á la que asistieron todos los altos dignatarios de la órden, asi como también los maestros y vigilantes de treinta y dos logias regulares que contaba ya en su obediencia la gran logia de Irlanda. Tullamore, durante el tiempo de su jefatura, se limitó á hacer seguir la marcha regular que la órden llevaba, sin introducir mejora ni reforma alguna, ni cuidarse de fomentarla, por lo que permanecía estacionaria, sin realizar progreso alguno; bien es verdad que la órden masónica nunca fué mirada con gran entusiasmo en Irían- da, y que en este país arraigaron y hallaron más eco las especies vertidas por sus enemigos. Todas estas razones acumuladas hacen comprender por qué ningún gran maestre de la órden en aquella logia alcanza las continuadas reelecciones que habían tenido el mayor número de los de Inglaterra. Para suceder á Tullamore fué elegido el conde de Alien, que murió poco después, encargándose del gran maestrazgo su ad- junto, que lo desempeñó hasta la época de la elección, el año 1745. En esta época es cuando se presenta el fenómeno de que más arriba hemos hecho mención y del que los enemigos de la sociedad han querido sacar partido: el adjunto, cumpliendo con el deber que los reglamentos le imponían, ofreció el cargo á varios individuos de la nobleza, asi como á otros hermanos que en periodos anteriores ha- bian desempeñado tan altas funciones, pero uno tras otro, todos declinaron el honor que se les quería conferir; vanas fueron las instancias que se hicieron cerca de algu- nos, pues todos permanecieron firmes, razón porque hacía mucho que había pasado la época indicada en las constituciones para la renovación de los puestos y áun que- daban éstos por proveer, estando desempeñados por los del ejercicio anterior y el cargo de gran maestrq por el adjunto, quedo tenia desde el fallecimiento del propieta- rio Alien. Atentos á esto, que no deja de ser bastante extraño, los enemigos, apartándose de las vías racionales, han hecho suposiciones de las que ninguna tiejie fundamento. Procurando siempre el desprestigio de la órden, en la que veian tan poderoso enemi- go, han procurado explicar el extraño caso á que nos referimos, diciendo que las ra- zones que obligaron á muchos á declinar el honor que les hacían, fueron, de una parte, el que la nobleza tenía en las filas de la masonería muy escaso número de re- presentantes, pues sólo hahiaii acudido á ella los que, faltos de méritos para hacerse notar por ellos, quisieron hacerse visibles á toda costa, á cuyo fin recurrieron al único medio que les permitía jactarse; de otra parte, alegan que los hombres ilustrados é DE LA MASONERÍA 521 instruidos, que aquéllos por el mero hecho de pertenecer á ella podian recomendar á la orden, estaban tan en escaso número que casi hacian sospechar de todas las verda- des que afirmaban. Alegatos son todos estos en vista de los que cabe afirmar mala fe por parte de quien los expone. Bien hemos visto lo que desde la constitución de la masonería en Irlanda venia sucediendo; al frente de ella se encontraron siempre hombres distinguidos por todos conceptos, lo mismo por lo que á su encumbrado nacimiento se refiere que por loque toca á su saber y virtudes y cabe afirmar que la sociedad masónica contaba en su seno con muchos más individuos distinguidos, que gloriosamente hubieran podido llenar las funciones de gran maestre, mas justo es que no se pierda de vista para nada la indole especial y el carácter propio de la nación que nos hallamos bisto- riando; en los grandes centros de población, allí donde radican los capitales hechos que viven de sí propios; donde se aglomera considerable número de individuos que pueden contraer obligaciones y cumplirlas con entera independencia, era fácil que sin interrupción alguna se hallaran notables, dispuestos á regir los destinos de una sociedad que tantos plácemes merecía. Pero no podía suceder lo mismo en Irlanda país de suyo pobre, en el que cada cual tenia que atender al trabajo necesario, tanto para mantener en auge su fortuna, como para atender á la subsistencia y á las di- ficultades que la vida ofrece. Estas atendibles razones de una parte y el afan ó afi- clon que por entónces se había despertado por los viajes, son más que suficientes para explicar como uno tras otro, tantos hermanos distinguidos declinaban el alto honor que se les quería conferir, no como han supuesto los mal intencionados porque se desdeñaran de ello, sino por todo lo contrario, porque teniendo conciencia de lo mucho á que obligan las funciones de gran maestre, no querían aceptar los sufragios de sus hermanos para no atenderlas como debían, dado que los unos tenían una vida harto ocupada, que no les permitía atender al cuidado de la orden con todo el esmero que exigía el período en-que se hallaba, y los otros se hallaban próximos á empren- der viajes que teniéndoles ausentes no les permitirían afrontar responsabilidades de actos y de hechos que no ordenaban ni podían atender. Desde cualquier punto de vista que se considere el dato que nos ocupa, se comprenderá basta qué punto son más atendibles estas razones que aquéllas que se fundan en la falta de personas im- portantes en el seno de la órden; esto si bien se mira no podia ser disculpa para nin- guno, pues bastaba que de todos estuvieran reconocidos los altos fines que la órden tenía que cumplir, bastaba que vieran compuestas sus filas de honrados trabajadores que perpetuarán la tradición de aquéllos que se hablan agrupado primitivamente, para que ninguno pudiera considerarse vejado ocupando un puesto tan distinguido como aquél con que se les quería favorecer. Ademas, en apoyo de lo que nosotros decimos y en contra de lo que algunos han afirmado gratuitamente, tenemos un hecho que no permite titubear. Lord San Jorge, el vizconde de Kingston, Nettiwill, el viz- conde de Mountjoy, el vizconde Donneraile, el barón de Tullamore y el vizconde de Alien, eran los pei'sonajes distinguidos por todo concepto, que uno tras otro se hablan venido sucediendo en la jefatura de la órden masónica; todos ellos atesoraban rele- 66 522 HISTORIA GENERAL vantes méritos para que sin haber ocupado un puesto tan distinguido, pasara su nom- bre á la historia^ y en verdad que ninguno se babia negado á aceptarlo, alegando razones que les perjudicaran desde el punto de vista del alto concepto que tenían de la fraternidad humana. Si ellos pertenecían á la sociedad, si hablan procurado fomen- tarla, si la hablan atendido con esmero y esto públicamente, sin reserva alguna, no tenían motivos ciertamente para excepcionarse otros de su clase y no se excepciona- ron alegándolo, sino motivos que les honran y que honran á la sociedad. Si por algu- nos nobles é ilustres irlandés declinaron el honor que se les quería conferir, fué sólo comprendiendo el sin igual esmero y desvelo que la sociedad requeria, más en aquella época que en ninguna otra, para todo lo cual estaban imposibilitados dado el cúmulo de atenciones de que no podían prescindir. Ya lo hemos dicho, los hermanos congregados, viendo las dificultades con que por entónces se tropezaba para hallar quien entrara á desempeñar las funciones de gran maestre, obligándose á todo lo que tan alto puesto requería, volvieron nuevamente los ojos hacia el que con entera justicia podía ser considerado como fundador de la masonería en Irlanda, y éste, que tanto amor babia demostrado hacia la órden lo mismo cuando se halló al frente de ella en la gran logia de Lóndres, que cuando pasó á establecerla en su país natal, no manifestó inconveniente alguno, sino que por el contrario, ocupó otra vez el puesto con gran.satisfacción de todos, que sabían las sin iguales dotes que para ello tenia el vizconde de Kingston. No defraudó las esperanzas de los hermanos en esta segunda ocasión, sino que por el contrario probó el no de una manera terminante que tenia que considerarse como muy sensible que hubiera seguido sin interrupción al frente de la masonería, pues su inteligencia, su actividad y sus extensos conocimientos masónicos, bastaban para que la sociedad hubiera adelantado siempre no hubiera permanecido estacionada por la poca asi- y duidad de algunos grandes maestres que habían estado al frente de ella. El deseo de todos los hermanos hubiera sido mantenerlo en el puesto, mas Kingston comprendió lo que nadie debe negar: que sólo se debe comprometer á aquello para que sus fuer- zas bastan, y las del la que tan brillante campaña babia hecho en pro de sociedad, tanto bacía por la paz y estrecha concordia entre todos los hombres, estaban que harto mermadas por la edad, no queriendo desmerecer en el alto concepto que de y él se babia tenido que formar necesariamente, asi como tampoco que le alcanzara responsabilidad alguna en lo sucesivo, presentó su renuncia en Octubre de 1745, pró- xima la época en que según lo dispuesto por las constituciones ya y reglamentos, tenia que precederse á la renovación del gran maestre y de todos los demás cargos. Aunque luchando siempre con los grandes inconvenientes en que tropieza una sociedad de este género, máxime cuando tiene que orillar las dificultades que le ofre- cen la ignorancia del vulgo, el apego á las tradiciones consagradas por el tiempo y la oposición de aquellos que en ella han tenido que ver siempre un constante y poderoso enemigo, la masonería seguia desarrollándose en Irlanda de una manera cada vez más notable. Regida por la misma constitución que estableció la gran logia de Ingla- terra, no podia constituirse logia alguna si para ello no otorgaba patente el supremo DE LA MASONERÍA 523 poder constituido, y ya eran muchas las que había extendido para puntos distantes, con los que era difícil la comunicación. Esto presentaba un gravísimo inconveniente^ cual era la falta de precisa inteligencia en los asuntos de Ínteres general para la orden y que tenían "que discutirse, digámoslo asi, en el seno de la comunidad^ para que en todo, absolutamente en todo, hubiera la misma unidad de miras que conviene en una asociación que por sus tendencias, asi como por su carácter, era la más per- fecta y genuina representación de la unidad social, de esa unidad tan apetecible y que una vez realizada en.el transcurso de los siglos pondrá término feliz á las des- avenencias que han teñido y tiñen de sangre las páginas de la historia, dando lugar á que pueda creerse que son heterogéneas variedades las que componen el ancho campo de la humanidad. Este inconveniente con que la masonería irlandesa tropezaba, no se habla presen- tado en Inglaterra, donde, como sabemos, las logias particulares constituidas tenían representación en el seno de la gran logia á la que concurrían en la presencia, sea de sus venerables, sea de alguno de sus altos dignatarios, con todo lo cual podía adqui- rirse periódicamente un conocimiento exacto de todo cuanto en la sociedad ocurriera, mas en la region en que nos estamos ocupando, no podía suceder esto por cuanto la logia de Dublin no era más que una logia primera, una logia de fundadores, capitulo provincial de lo que más tarde y en más moderno tecnicismo, tendría que recibir el nombre de gran oriente ingles. Siendo á pesar de todo urgentísimo poner coto al mal que se venia sintiendo, reuniéronse los venerables que trabajaban en logias de dentro de la capital, entre los que se hallaba el ilustre Wyvill, y reunidos con el sucesor de Kingston en la jefatura, que era en 1749 el no ménos ilustre lord Kingsborough, que en varios periodos anteriores habla desempeñado el cargo de gran maestre adjunto, acordaron el establecimiento de una logia especial, con el carácter de regular pero compuesta sólo de los venerables, por lo que recibió el nombre de Logia de los Grandes maestros. Esta institución fué perfectamente recibida por todos, como no podía ser ménos, dado el adelanto considerable que representaba, y su establecimiento fué saludado con verdadero júbilo por aquellos que deseaban en la órden la unidad necesaria para que fuera expedita y franca su marcha hacia los fines altisi- mos que tenia que cumplir. Sin ernbargo, no han faltado autores que la miren con disgusto y censuren la apertura de la susodicha logia; investigando las cau- un hablando sas que á esto pueden haber dado lugar, nos hallamos con error, que con la franqueza que nos es propia, diremos implica el desconocimiento absoluto de la verdad de que únicamente en Irlanda, á pesar del considerable número de hermanos allí llegó á contarse, fué donde la masonería no tuvo escisión al- con que guna ni dió tampoco el más ligero motivo de disgusto. Suponen los que impugnan la apertura de la logia de grandes maestros, que poco á poco fué absorviendo facultades y atribuyéndose prerogativas reñidas en un todo con el carácter de logia particular con que había aparecido, mas esto no es cierto. En la mencionada logia hemos de ver un elemento de todo punto necesario para el progreso y fomento de la masonería que 524 HISTORIA GENERAL en Irlanda había carecido hasta entonces de un centro ' común del que emanaran dis- posiciones generales que fueran lazos entre las particulares que dictaban las demás logias^ y jamas en ninguna ocasión ni por ningún concepto se arrogó facultades que pudieran implicar censura; lo que hay es que^ naturalmente, tomado un acuerdo dentro de ella, los venerables que la componían llevaban la decision al seno de su ta- 11er para que tuviera perfecto cumplimiento, lo cual en modo alguno implica imposi- cion ni coacción de ningún género, sino todo lo contrario, los mejores deseos, por cuanto sometidos todos á una dirección en común, formaba la orden un admirable me- canismo que tan buenos resultados llegó á dar. Las disposiciones tomadas en aquel centro, las dictadas por la gran logia madre de Lóndres y que convenia adoptar desde luégo en aquella region, asi como también las reformas que en el trascurso del tiempo fué necesario dictar para armonizar las antiguas constituciones que adoptaron con las necesidades de la época, andaban sueltas y esparcidas sin que formaran un cuerpo legislativo de la asociación, por lo cual era de todo punto necesario publicar una nueva edición del libro de las constituciones, pues, agotada, ademas la primera que se hiciera, carecían de ellas muchos hermanos. La logia de los grandes maestros acordó, en efecto, la publi- cacion, encomendando tan delicado trabajo al hermano Tomás Spratt, hábil histo- riador y distinguido literato, nacido en Devonshire en 1676 y que ya gozaba de justa y merecida fama merced á los trabajos hechos acerca del complot de Rye- House, á su historia de la Sociedad Real de Lóndres y á su Vida de Cossley. Mejor que cuanto nosotros pudiéramos decir acerca de esta segunda edición de las constituciones masónicas para Irlanda, que todas las bibliografías de la órden se- fialan como rara, nos parece trascribir una parte de la introducción que el mis- mo Spratt les puso y que hallamos consignada en la importante obra de Pentley; «Las constantes investigaciones y las frecuentes lecturas acerca de la verdad, de la justicia y de la moral que el noble y digno predecesor (Kingston) de Vuestra Excelencia (lord Kingsborough) ha mandado hacer durante el tiempo que ocupa- ha el puesto, han activado el espíritu adormecido y casi nuliñcado de las logias del reino en aquella época. El fué el que estableció é hizo arraigar el principio de las cuotas destinadas al socorro de nuestros hermanos indigentes y desvalidos, y Vues- tra Excelencia, semejante á un astro nuevo, esparce los rayos de su beneficencia y caridad sobre este admirable proyecto, digno de los mayores elogios, y guiado por sus proverbiales sentimientos de humanidad y por su conciencia eminentemente justa, lo secunda con todo su poder y contribuye á la erección de esta obra, que se- gun todas las probabilidades humanas será no sólo un socorro y una ayuda se- gura y poderosa para todos aquellos en favor de los que fué emprendida, sino un alto honor que hará imperecedero el nombre de los que la han establecido. Después de haber estudiado concienzudamente la tarea de que se me ha dado encar- go, he comprendido que no hace falta más que trascribir la obra de Anderson, dando de ella una nueva edición y sabiendo que ha sido nombrado un comité por la logia de los grandes maestros para comparar y analizar en reuniones convocadas de la masonería 525 al caso, los usos y reglamentos que entre nosotros tenemos en vigor con aquellos porque se rigen nuestros hermanos de Inglaterra, debo manifestar que como ninguna diferencia esencial existe, lo que conviene únicamente es adicionarlas con las dispo- siciones que recientemente se han dictado para asegurar la marcha y mayor pro- greso de la sociedad en nuestro país. Puede decirse sin temor de incurrir en censura, que durante los últimos tres años trascurridos, la masonería ha llegado en Irlanda al más alto período de esplendor de que ha disfrutado desde su establecimiento entre nosotros: merced á la recta vía que recorre, á la ilustración que difunde y á los bene- flcios que esparce, hay muchos antiguos hermanos que ántes no parecían jamas por las logias y que durante años enteros han permanecido retraídos, los cuales han vuelto ahora á la compañía de sus hermanos con el fin de asegurar más y más nuestra veneranda institución; lo mismo puede decirse de tantos otros como iniciados en Londres ó en alguna otra logia de aquel reino, en que tanta perfección alcanza ya la orden, no querían afiliarse en nuestros cuadros, temiendo que los principios masónicos no estuvieran en ellos tan perfectamente defendidos como allí. Las logias que se han hecho suniamente numerosas para celebrar asambleas particulares, se dividen para poder realizar más cómodamente y con objeto de conseguir mejores resultados, asemejándose á las trabajadoras abejas; ademas^ constantemente se constituyen nuevas sociedades en distintos puntos del reino y de continuo muchos hermanos solicitan de Vuestra Excelencia la autorización que según nuestras respe- tadas constituciones les es necesaria para que ninguna de ellas deje de tener el carác- ter de regulares. Pruebas son estas qne atestiguan de bien palpable modo cuántos y cuán grandes son los progresos que la masonería irlandesa realiza y que hacen esperar que cada día alcance mayor éxito produciendo mayor números de bienes y beneficios.» Este documento histórico nos da á conocer no pocas particularidades que suplen de perfecto modo las lagunas que presenta la historia de la masonería en Irlanda durante su primera época. Spratt, animado de los mejores deseos, nos expone las cau- sas á que podía atribuirse el desarrollo que en la asociación se venia observando, asi como también las causas á que habia de atribuir la laxitud que se había observado en cierto período, reconoce que lo que más conviene es continuar en la prosecución de la via en que se bailaban y recomienda la persistencia en las primitivas constitu- cienes que publicara Anderson, base y elemento de cuanto posteriormente se ha hecho en el mundo masónico. De la misma manera que siempre que en Inglaterra, cuando se había acordado la publicación de una nueva edición de las. consti- tuciones, se babia nombrado un comité especial encargándolo de la revision del tra- bajo, por lo mucho que con este sistema se simplificaba; hizose también en Ir- landa, y poco, muy poco fué lo que tuvo que enmendar al proyecto que presentó Spratt. Poco es lo que acerca de la aparición, desarrollo y fomento de la. masonería en Irlanda hemos podido decir; mas causa es esto de la falta de documentos que existe, así como también de los datos incompletos que las obras nos presentan. Sin embargo. 526 HISTORIA GENERAL DE LA MASONERÍA puede asegurarse una cosa, y es que las logias irlandesas siguieron paso á páso la conducta observada por las inglesas, pero esto sólo en lo bueno, nunca en lo que aquéllas con sus escisiones y disturbios pudieran darle mal ejemplo, y que en el persistiendo en esta senda la hallaremos floreciente al ocuparnos de ella según- do período. CAPITULO XXVIII La masonería en Escocia.—Ojeada histórica acerca de este país.—Las corporaciones de obreros.—Tradiciones masónicas.—Creación del monasterio dedicado á San "Wining.—Título que hacen de esto los escoceses para probar la antigüedad de la masonería en su país.—Verdadero valor que á esta prueba puede conce- derse.—Datos que han aducido algunos historiadores para sostener la antigüedad de la masonería esco- cesa.—Crítica de ellos.—Masonería propiamente hablando en Escocia.—Restos de las antiguas corpora- ciones que existían en Escocia constituyendo logia.—Falta de relaciones entre ellas.—Dificultades que se oponían al restablecimiento de éstas.—El protectorado de la familia de Rosselin.—Renuncia que hizo de tan señalado puesto William Saint Clair de Rosselin.—Deliberaciones previas para la constitución de la primera gran logia en Escocia.—Reunion de las logias en la de la Capilla María.—Nombramiento del primer gran maestre.—Reformas introducidas.—Fundación del hospital real de Edimburgo.—Parte que en él tuvieron los masones escoceses.—Concesiones que por tal motivo les hizo el municipio.—Venerables y grandes dignatarios que contribuyeron al progreso y desarrollo de la masonería en aquel país.—Disen- siones y luchas políticas.—El catolicismo en Escocia.—Primeras persecuciones de que hace objeto á la masonería. L tercero de los reinos que componen la floreciente monarquia inglesa, es la Escocia, que áun hoy dia atestigua y revela lo mismo en sus eos- tumbres que en el carácter de sus naturales los aborígenes célticos de su fundación. Llamáronlos caledonios los romanos, y ante su bravura é Ímpetu, así como también ante las dificultades que el suelo presentaba para el avance de las guerreras legiones de aquella nación que un dia fué reina y señora del mundo, tuvieron que ceder abandonando aquella isla abrupta, lo mismo que hablan tenido que abandonar el deseo de dominar á nuestros cántabros y astures. Aislados en sus montañas, la civilización tardó mucho en llegar hasta ellos, de tal modo, que cuando en el año 449 los romanos abandonaron la Bretaña, los pittos y los scots, des- cendieron de sus más altas estribaciones, y saquearon é incendiaron las regiones meridionales y más civilizadas de aquella parte de que se hablan retirado las águilas 528 HISTORIA GENERAL del imperio; los habitantes de ellas tuvieron que llamar en su ayuda á los sajones y á los anglos, para verse libres de aquella irrupción que amenazaba destruirlos por com- pleto. Ciento cincuenta años después los scots, mandados por su príncipe Fergo se es- tablecieron en la costa Occidental y ya por este tiempo las predicaciones evangélicas y la influencia de la civilización cristiana se dejó sentir dulcificando un tanto aquellas salvajes costumbres y normalizando en parte sus hábitos é instintos groseros. En el siglo IX extinguióse la dinastía de los principes Pittos y Kenneth, rey de los Scots, reu- nió las dos porciones en que basta entónces babia estado dividido el pais en un solo reino, al que dió el nombre de Scotland. A partir de este tiempo rara vez ha trascu- rrido un lustro entero sin que los escoceses luchen con los ingleses sucediéndose perio- dos de escisión violenta en los que la sangre ha corrido á torrentes; nunca dejó In- glaterra de acariciar la idea de anexionarse la Escocia para aumentar su poder y su territorio. La primera tentativa de este género que realizó en el órden político, ya que tantas veces se habían visto frustrados sus proyectos de realizarlo con'las armas en la mano, lo llevó á cabo en 1290 Eduardo I de Inglaterra, gracias al contrato de esponsales que consiguió se celebrara entre la princesa Margarita, bija de Alejandro III de Escocia, con su hijo menor, pero también estos cálculos se vieron desvanecidos por la muerte de aquella princesa, que pereció en un viaje marítimo. Surgieron entónces multitud de pretendientes y los nobles escoceses con objeto de no verse envueltos en los desas- tres de una guerra civil hicieron àrbitra de la cuestión á Inglaterra, lo cual la decidió en efecto, pero obtando por aquel en quien tenia más confianza de ver como vasallo; esto no obstante y contra todas las esperanzas que babia concebido, Baliol, que había sido el electo para reponerse ó vindicarse del desprecio con que por manifestarse de- masiado sumiso á Inglaterra lo trataban los nobles escoceses, se alió á la Francia en contra de Eduardo I de Inglaterra, mas tuvo la desgracia de ser derrotado junto á Dunbart, después de lo cual fué enviado prisionero á Lóndres; acto continuo Inglate- del rra nombró un gobernador para la Escocia considerándolo ya como parte reino, pero poco después Considerándose afrentada la nobleza escocesa por el yugo que su- fría procuró sacudirlo luchando valerosamente, con lo cual se renovó un periodo de luchas trastornos que amenazaba no tener fin. Más encarnizada fué aún la lucha y cuando deseando los escoceses conservar su independencia á toda costa elevaron al trono de su pais la familia de los Estuardos, de la que bien desgraciados fueron los ocho monarcas. Un historiador de los más notables con que cuenta este siglo, dice lo siguiente acerca de ellos: «Victimas de una situación más fuerte que ellos, desde muy jóvenes habían caído, «k sea por las conspiraciones ó en las batallas. El que más edad logró alcanzar no ha- bia pasado de los 41 años y todos habían dejado á sus sucesores en la infancia. Du- rante cinco minoridades sucesivas y prolongadas hubo no sólo suspension de la obra real, sino que basta suspension de la misma monarquia; aprovechando estos interva- los la nobleza reconquistó lo que había perdido de poder y la Escocia cayó de nuevo en los desórdenes que anteriormente habían sufrido. Por esta razón, á pesar de sus ' w DE LA MASONERIA 529 buenos deseos y de sus esfuerzos, aquellos cinco monarcas dejando subsistir el mis- mo órden de cosas se trasmitieron los mismos peligros. Estos peligros se acrecenta- ron aún más con Maria Estuardo, durante la minoridad de la cual se realizó una re- volucion en las creencias religiosas que añadió á las antiguas nuevas causas de insu- bordinacion de lucha. La reforma protestante vino á fortificar y á extender la y anar- quia aristocrática.» Para completar esta ligera ojeada histórica, necesaria de todo punto á nuestro objeto, conviene que expongamos también lo que acerca del reinado de esta infortunada reina dice el mismo historiador, por cuanto después de ella la his- toria de Escocia-es la historia de Inglaterra á pesar de sus vicisitudes, luchas y tras- tornos. «Para mandar como reina á una nobleza poderosa, sin provocar sus subleva- clones; para practicar el culto católico sin excitar la desconfianza agresiva de los pro- testantes; para conservar la plenitud de su autoridad soberana frente á Inglaterra sin exponerse á las amenazas y á los ataques de la inquieta Isabel, ¿qué llevaba Maria Es- tuardo á Escocia cuando volvió de Francia? No conocía las costumbres del pais que estaba llamada á regir y condenó la religion. Saliendo de una corte brillante y refl- nada volvía disgustada y sintiéndolo al medio de las montañas salvajes y de los in- cultos habitantes de Escocia. Más amable que hábil, muy ardiente y nada circunspec- ta; con una inteligencia viva, pero movible, sentia gusto por las artes y amor hacia las aventuras, todas las pasiones de una mujer juntas con la extremada libertad de una viuda. No es esto todo; los peligros á que la exponían el ejercicio de su poder, las pretensiones de su valimiento y las ambiciones de su fe las agravó con los errores de su conducta privada. La afición repentina que manifestó por dar su ley, las escesivas familiaridades que tuvo con Riccio y la confianza que le otorgó, la desenfrenada pa- sion que la arrastró hacia Bothwell le fué igualmente funesta. Elevando hasta si como esposo y como rey á un jóven desprovisto de todo ménos de los encantos de la figura; haciendo su secretario y su favorito de un extranjero y de un católico, consintiendo en hacer su esposo al asesino de su marido, destruyó ella misma su autoridad. Después de haber perdido la corona expuso inconsideradamente su libertad, buscó un asilo sin estar de haberse segura de recibirlo en el mismo reino de su enemiga y después pues- to á merced de Isabel conspiró contra ella con pocas probabilidades de derribarla. Desde el fondo de la prisión en que habia sido inicuamente arrojada y donde también estaba inicuamente retenida, creyó poder preparar su libertad en tanto que no hacia más que procurar su pérdida; el partido católico era muy débil en la isla y estaba de- masiado reducido en el continente para poderse sublevar con éxito ó para intervenir útilmente en su favor. Los levantamientos que habia intentado en Inglaterra desde 1586 acabaron de arrumarla, causando la muerte ó la huida de sus jefes principales. La cruzada de Ultramar, discutida en Roma, en Madrid, en Brusélas, desde 1570 y convenida en 1586 para destronar á Isabel y levantar á María Estuardo, léjos de colo- car en el trono de la Gran Bretaña á la rrína de los católicos la hizo subir al patíbulo. El cadalso, tal fué el término de aquella vida, adornada de tantos encantos, simpática por tantos infortunios, expiada por tan larga expiación y concluida con tanta gran- deza.» (7 530 HISTORIA GENERAL A partir de aquel período^ la corona de Escocia se reunió á la de Inglaterra en el monarca Jacobo IV de aquella nación y I del Reino Unido de la Gran Bretaña. No por esto debe entenderse que la paz y la armonía hayan reinado entre unos y otros, pues se oponen á ello la indole especial y el distinto carácter de los habitantes. Justo y necesario es tener presente estas escisiones, ántes de pasar á historiar la asociación masónica dentro del territorio en que se ha operado una reforma de gran trascendencia, asi como también se han dado pasos que, si no del todo perjudiciales para las ideas de libertad y fraternidad humana, lo han sido seguramente para el concepto de la masonería, pues como ya hemos visto y tendremos ocasión de confir- mar en lo sucesivo, la conducta de la gran logia de Escocia, la actitud de los masones de esta region^ sus pretensiones y demás detalles, han sido gran parte en las censuras é injuriosas aseveraciones con que han procurado desprestigiar á la órden los enemi- gos de ella. Pasemos, pues^ á exponer lo que de las investigaciones practicadas re- sulta para el asunto de que nos ocupamos. Lo mismo que en Inglaterra y en Irlanda^ lo mismo que más adelante nos suce- derá con las demás naciones que tengamos que historiar^ nos ocurre con Escocia: allí como en todas partes, se ignora cuáles fueron los comienzos de la sociedad, ni á par- tir de qué año puede considerársela como institución, pero está fuera de toda duda y es asunto que puede probarse, que la sociedad de constructores, aborigen de la corporación que historiamos, existió alli desde los más remotos años de la Edad me- dia. Escocia, como los demás países de que nos tendremos que ocupar, posee gran- diosos monumentos artísticos, que todos los autores están contestes en atribuir á la masonería en su primera época, y de año en año la tradición viene robusteciéndose cada vez más. Los'masones escoceses, como ya sabemos, asocian constantemente el nombre de Kilwinning al de la órden, por cuanto aseguran que los trabajadores que fueron al citado punto en 1107 por órden de Hugo de Mareville para levantar el mo- nasterio dedicado á San Wining, fueron los que constituyeron la primera logia. Este dato seguramente cierto es el primero y el principal titulo de gloria que los masones escoceses alegaron y alegan para disputar la prioridad á todas las logias, mas entra- ña un error acerca del cual no pocos autores se han extendido en el análisis. Nosotros reasumiremos cuanto sea posible, con el fin de demostrar una tésis que no puede sig- niñear nada, pero que ha sido causa de grandes y violentas escisiones sólo por un error de concepto. Las dificultades para escribir una historia general de la masonería, luégo que la sociedad adquiere el carácter filantrópico con que la conocemos, son grandes, pues en los comienzos no sucedía desgraciadamente lo que hoy, no se escri- bia todo y muchos detalles, gran número de ellos de reconocida importancia, han quedado perdidos, ofreciéndose asi grandes lagunas al historiador, que nos es impo- sible llenar. Si la tarea, considerada bajo este punto de vista, es ardua y penosa, más áun lo sería si quisiéramos detallar únicamente los comienzos, reducidos como yasa- hemos á las antiquísimas corporaciones de constructores. Los escoceses, refiriéndose á la construcción de la mencionada abadía, hacen remontar el origen de la sociedad entre ellos al año 1107, pero esto, como hemos dicho, implica un error de concepto. DE LA MASONERÍA 531 No negaremos nosotros que aquel suntuoso monumento, maravilla del arte de la Edad media, fuera obra de la corporación masónica, ni tampoco que los obreros alli reunidos constituyeran la primera logia, pero nada de esto basta para probar lo que ellos sostienen. Errantes de continuo, acudiendo al sitio en que eran llamados para trabajar, los artistas de la primera mitad de la Edad media encontrábanse en muy distintos pun- tos durante corto número de años. Por razón de la misma vida que llevaban, consti- tuian logia en cualquiera de los puntos en que tenían que fijarse, pero ya sabemos lo que esta palabra logia significaba en aquel tiempo: era sinónima de la moderna caseta y estaba destinada á la enseñanza del arte y á la discusión de los asuntos partícula- res que se referían á los intereses de la corporación. ¿Pero arraigaba esto? No, cierta- mente. Terminada la obra, agotado el trabajo, aquellos operarios se trasladaban á otros puntos, y allí hadan lo mismo que en el anterior hablan hecho. Difícil es deter- minar de dónde vinieron los obreros que alzaron la abadia de Kilwinning, y si en el punto en que estuvieron llegaron á constituir logia, que quedaria disuelta al partir de alli. Las asociaciones de trabajadores no pueden ser consideradas como elementos constitutivos de la masonería moderna, sino en la época en que adquieren el carácter de estabilidad. Cuando se realiza algun progreso material en las artes y se desarrolla más el amor á trabajos de indole bien distinta al en que hasta entónces se hablan ocu- pado, los naturales de cada pais constituyen corporación, crean gremios que hacen innecesario ya el llamamiento de los extranjeros, que partirán dejando sólo su obra. Entónces y sólo entónces es cuando la logia adquiere carácter de estabilidad, siempre, por supuesto, en la primera acepción de la palabra, que se irá modificando con el tiempo para llegar mucho más tarde á revestir la forma y el concepto moral. Si desde el primer punto de vista los escoceses pueden jactarse por ser ellos los que poseen documentos que atestiguan fidedignamente que en Kilwinning existió corporación masónica en 1107, no pueden hacer lo mismo limitando el sentido de la palabra masonería, por cuanto aquellos trabajadores se dispersaron luégo que la aba- día estuvo terminada, y ellos mismos, para acreditar la antigüedad que pretenden y para sostenerla en la competencia que entablaran algunos años más tarde con la gran logia de Lóndres, tienen que recurrir á lo que, sin rebozo, podemos calificar de false- dades históricas. Esta aseveración nuestra, por atrevida que pueda parecer, la demos- tracemos sin trabajo alguno con textos tomados de los mismos autores escoceses. Enlazando, ó mejor dicho, procurando enlazar lo que entre si no tiene ni puede tener conexión alguna, los masones de aquella region aseguran, sin aducir pruebas en pro de su aserto, que los constructores reunidos al pié de aquella abadia, que siglos después destruyera el fanatismo de la reforma protestante, dejaron subsistente su lo- gia, que como es natural, cumplió siempre los fines de su instituto, manteniendo sin modificar en nada la jerarquía que áun conserva la sociedad masónica y progresando cada dia más sin alterar su forma, con lo cual dan por sentado que alli, ántes que en ninguna otra parte, se afianzó la órden tal como la conocemos hoy. Para explicar después lo que ellos ante si y por si llaman progresos de la órden, aseguran que al- 532 HISTORIA GENERAL gunos años más tarde los templarios^ perseguidos en todas partes, buscaron refugio en Escocia y lo hallaron en las logias masónicas, dentro de las que pudieron conti- nuar la práctica de sus misterios, siendo esto causa del aumento de grados y jerar- quias, asi como también de la introducción de ciertos ritos y formalidades. Atentos á esta consideración, pueden en verdad asegurar que la masonería es más antigua en- tre ellos que en ninguna otra parte. Pero los hechos alegados no son ciertos; ya sabe- mos las causas que dieron lugar á la persecución de los templarios en el continente, asi como también que en Inglaterra no fueron perseguidos, razón por que no se ex- plica que los caballeros de aquella orden tuvieran que refugiarse en las logias escoce- sas para practicar sus misterios, máxime cuando misterios no tenían ninguno ni los hubo más que en la mente de Felipe el Hermoso, de Francia, para poderse apoderar de los cuantiosos bienes que poseía la orden del Templo. Ademas, fácilmente se com- prende que aquellos aristocráticos caballeros al verse perseguidos, los que pudieron salvarse del patíbulo infamante á que algunos fueron condenados, se reunieran aisla- damente para perpetuar su capitulo, pero no que se amalgamasen con toscos albañi- les á los que, dadas las condiciones de lugar y tiempo, tenían que considerar como seres inferiores. Ademas de estas razones, que sin esfuerzo acuden á la mente de cualquiera, tenemos el testimonio del teólogo protestante Jacobo Murray, nacido en Dunkeld en 1702 y muerto en Lóndres en 1758, que habla sido vigilante de la gran lo- gia de Escocia, el cual en un articulo publicado en el Francmasón Magazine de 1863, dice lo siguiente: «No sabemos en fe de qué autoridad se ha tratado de fundar la misión del grado de templario con la logia madre. Deseoso de saber si los anales masónicos de Kilwiii- ning podían arrojar alguna luz acerca de este punto, hemos hecho investigaciones minuciosas en documentos importantes, pero como esperábamos, no hemos hallado ni la más ligera señal ni el más leve indicio de este grado de templario, asi como tam- poco de ninguno de los otros que han sido llamados grados superiores. Lo que resulta cierto es que los templarios no poseyeron jamas ninguna propiedad en Kilwinning y que la tradición local no ha conservado absolutamente nada acerca de la prétendida union con la masonería de Kilwinning.» Después de esto, justo es confesemos el las poco crédito que nos pueden merecer aseveraciones hechas por los que á toda costa pretenden que la verdadera masonería en Escocia se remonta á la antigüedad más remota, asi como también el fundamento que tiene todo lo referente á los altos grados introducidos por ellos. Prescindiendo, pues, de todas estas cuestiones acerca de las que podríamos discurrir y divagar mucho tiempo sin llegará una sólida conclusion; sin negar que en Escocia, como en todas partes, existieran corporaciones de trabajadores, base y fundamento de la masonería moderna, pasemos á la historia de ésta, que es en primer lugar lo que más interesa a nuestro objeto. Cuando los gremios dedicados al cultivo y ejercicio del arte material de la cons- tracción adquieren el carácter de estables que les hemos señalado como necesario para que puedan dar origen á la actual masonería, cuando las corporaciones de tra- DE r ,A MASONERÍA 533 bajadores pueden ser llamadas de ésta ó de la otra población^ tienen su residencia propia y sus logias determinadas, es cuando pueden dar elementos para la historia. Al tiempo que la gran logia de Inglaterra se constituía, sabemos que exsistian ya esparcidas por todo el reino unido de la Gran Bretaña muchas logias particulares cuyo primitivo cai'ácter habla cambiado mucho con la admisión de individuos que no ejercían el arte, sino que lo favorecían con su afición ó hablan solicitado ser admitidos para disfrutar de los beneficios que la sociedad dispensaba á sus afiliados. Nuestros lee- tores recordarán que dentro de la población de Londres existían ya logias particulares pero disgregadas, sin que entre ellas existieran las relaciones necesarias para que en su día surgiera la potente y vigorosa asociación que cuenta con individuos en to- das las naciones y que se mueven á un tiempo como impulsados por un solo resorte. El trabajo de los eminentes hermanos King, Calwert, Desaguliers, Pennel y tantos otros como contribuyeron á ello fué dar unidad á los elementos que andaban espar- cidos, asociarlos para que no fueran en adelante más que la variedad dentro de la unidad. Al constituir la gran logia de Londres no debe entenderse que crearon la masonería tal como hoy la conocemos, pues ésta existia ya, lo que hicieron fué erigir un poder supremo con el consentimiento de todos á fin de que fuera más normal la marcha y mejor encaminados los esfuerzos. Lo mismo que ocurre en Londres, ocurría en otras capitales, pero en éstas las logias no se agruparon entre si, sino que merced á los esfuerzos realizados por aque- líos hermanos, cuyos nombres deben ser eternos en los anales de la orden, prestaron obediencia al poder masónico constituido en la capital del reino y siguieron en un todo los movimientos que le impulsaba. Cosa semejante hemos visto que sucedió en Irlanda; la masonería de esta region salió de la atonía en que había estado cuando prácticamente pudo convencerse de que la union es la fuerza asi como también de que lo que más falta hacia era una dirección uniforme. Apreciando, como no podia ménos, las elevadas miras que hablan tenido por objetivo los hermanos de Lóndres, siguieron sus huellas, y aunque en la forma pudiera parecer que era muy distinto el rumbo de ellos, aunque pudiera parecer que habían constituido un poder indepen- diente, nada más léjos que esto, los masones de Irlanda siguieron, en un todo, la linea de conducta observada por la gran logia de Lóndres, y gracias á esto puede decirse que una y la misma era la masonería en ambos reinos, debiendo entenderse que nos referimos á la época en que pudiendo ser apreciados exactamente los resultados babia elementos para poderlo afirmar asi. Descartados ya los elementos de la primera época que pudieran dar lugar á con- fusion y los cuales no pueden interesarnos sino como precedentes de la institución masónica y áun desde este punto de vista para determinar la agrupación de hombres y la Organización externa, tócanos ver ahora lo que puede hallarse en Escocia para la sociedad tal como la conocemos hoy, cuestión que forma lo interesante de nuestro trabajo. Ya lo hemos dicho, las logias separadas trabajaban en pro del mayor ó me- nor número de individuos afiliados á ellas; en esto se asemejaban por completo á las antiguas corporaciones de trabajadores, las cuales dispensaban protección y ayuda á 534 HISTORIA GENERAL los que pertenecían á ellas, de los que todos podían tener la seguridad de hallar tra- bajo allí donde el maestro que los dirigía fuera llamado para alzar una construcción. Pero esto, como fácilmente se comprende, estaba muy bien en el tiempo aquel en que los fines de la sociedad eran puramente materiales; desde el momento en que con la reforma de la orden se ampliaba su credo y se concibieron elevadas ideas bu- manitarias, en pro de las que siempre había que trabajar con constancia, no podia ser lo mismo. Cuando el trabajo era lo que unía á los asociados, con buscarlo y ha- liarlo era bastante; pero cuando la masonería se propuso estrechar los lazos entre todos los hombres, cuando la masonería, sentando el principio en que se funda la moral cristiana, procuró hacer práctica en todos los pueblos la verdad de que todos los hombres son hermanos, tuvo necesariamente que modificar su organización po- niéndola en relación perfecta con lo que constituía su fondo. Así, pues, fué necesario no dejar elementos disgregados, no permitir que permanecieran en el aislamieno partes que por si no podían nada y que reunidas bajo una misma dirección y que impulsadas por un mismo movimiento podrían llegar á conseguirlo todo. Esta idea grande que domina en la constitución de la órden masónica á partir del tiempo en que quedó organizada la gran logia de Inglaterra, no pudo dejar de influir en los demás países y ya hemos visto y tendremos ocasión de verlo con más detención más adelante como los hombres que se hallaban al frente de la masonería en las na- cienes, solicitaron entrar en correspondencia con aquel primer poder masónico orga- nizado, para que reunidos los esfuerzos se obtuvieran en todas partes los mismos resultados. Pero la influencia de un paso tan trascendental puede apreciarse desde el principio, y con efecto, si en Escocia surge la idea de constituir una gran logia, si en Escocia se manifiesta el deseo de leunir todos los elementos masónicos que andaban esparcidos, si los masones de esta region procuran fundar un centro del que emanan disposiciones para todas las logias particulares, que al propio tiempo tengan en aqué- lia la representación de la unidad, se debe todo esto al deseo de imitar lo que en Lón- dres se hiciera, y con efecto, bien podían hacerlo. Restos de las antiguas corporaciones quedaban constituyendo logias en distintas ciudades, pero sin que entre ellas existieran ni aún las más ligeras relaciones; cada cual atendía á los suyos y nada más que á los suyos y poco á poco, como quiera que el arte de construir fuera haciéndose del dominio de todos, y ya ni las autoridades ni los particulares tenían que recurrirá puntos distintos para traer operarios y directores que alzaran los templos, los palacios'ó las casas, sino que, en cada población había elementos suficientes para ello, aquellas logias en las que desde hacia algun tiempo se había iniciado un periodo de decadencia, amenazaban disolverse y desaparecer por completo. No han faltado autores que dejándose llevar de engañosas apariencias han aventurado la idea de que la masonería actual debe muy poco ó casi nada á aquella otra antigua masonería, que es real y verdaderamente la que merece este nombre; esta afirmación entraña un considerable error, pues, si bien es cierto que los fines que hoy tiene la sociedad como objetivo son complétamete distintos y diferentes de los que tuvieron en su primera época, hemos de tener presente que de aquella conser- DK LA MASONERÍA 535 va la organización y el principio fundamental, y más que los aquellas nada, que restos de antiquísimas corporaciones, modificadas ya con la admisión de individuos que no ejercían el arte de construir, fueron los elementos que se creación de la moderna aprovecharon para la y uno de los puntos en que esto puede manera comprobarse de es en Escocia. mejor Con efecto, las antiguas corporaciones de constructores, por las razones rnos de acaba- exponer se bailaban que ya en un periodo que auguraba como inminente su desaparición. total Cuando esto va á acontecer, cuando van á restos de perderse para los aquellas sociedades, siempre es cuando surge la idea nueva que los reúne vecba de los hábil modo y apro- para conseguir los maravillosos resultados de puede, con que más tarde razón, jactarse. La masonería se hubiera hubiera organizado, de todos aparecido modos como sociedad potente y vigorosa en el terreno de la hay que conceder historia; pero que su progreso hubiera sido mucho más mucho más lento, que hubiera tardado en llegar á su apogeo si hubiera tenido que necesitar nuevamente sus fuerzas, todas no hallando las que pasaban á la idea Desde nueva, la este punto de organización vista antigua. hay que afirmar la importancia de mente acredita ellas, se lo que con palpable- que hemos visto que ocurrió en bien Inglaterra y con lo sucede tam- en Escocia. que En esta region, sin embargo, se ofrece una dificultad'que habla que orillar de ante- mano, para que los esfuerzos de los congregados no fueran nulos. recordarán Nuestros lectores que desde fecha inmemorial el patronato de las venia siendo corporaciones escocesas desempeñado por los individuos varones de la familia de Saint Roslin, conde Clair de de Coittuers y de Ortrey; este hecho se atiende explica á suficientemente si los se grandes beneficios que aquellos señores les habían raudo también dispensado, que con las obras procu- que ordenaron pudieran acreditar los á cuán remota constructores fecha podían referir su organización. Todos los autores están mes en la confer- que capilla y el castillo de Roslin, ciudad de Edimburgo, Escocia, muy á son obras debidas próxima á las asociaciones en que nos pándese de Brittau la ocupamos. ocu- primera, dice que difícilmente se podrá dar una idea de de la aquel edificio por ningún término arquitectura conocido, dada la variedad diversas y partes. A originalidad de las partir de la época en que fué construida, fecha no determinarse cuya ha aún con entera podido exactitud, los señores mencionados venían de siendo nos las corporaciones de patro- constructores, según acabamos de manifestar. Al rarse la trasformacion ope- masónica, esto, que hasta entónces había bien sido un bien un muy grande, presentó y un inconveniente capital, cual era el poder que centralizado el en una sola persona, nada podía hacerse, asi como alguna tampoco intentarse sin reforma contar con ella; ademas, la disposición en virtud de la cúal el patrono de radicaba cargo en los individuos de una sola y misnia feudo, familia, como si fuera un se oponía al planteamiento de las constituciones liberales órden impidiendo por que se la á los regia hermanos la elección del individuo que más redera confianza les ó de me- aquél con quien más influencia pudieran mente la conseguir. con tradición Romper abierta- no podían, por cuanto queriendo conservar algo de la socie- 53G HISTORIA GENERAL dad antigua, hacerlo hubiera sido lo mismo que cometer una irregularidad ántes de constituirse. Tan grande inconveniente fué orillado en parte por la casualidad, en parle por el de patrono. la bondad y buenos deseos del que á la sazón desempeñaba cargo Era éste el célebre economista y filántropo e.scoces William Saint Clair, deseen- su diente en línea recta de los primeros señores de titulo, pero cuyo patrimo- nio había menoscabado grandemente en el trascurso del tiempo por reveses se la administración de sus de la fortuna. Estas últimas circunstanciaste obligaban á del habla bienes, así como también á trabajar para que no desaparecieran todo; estudiado derecho en las universidades de Edimburgo y de Oxford, apareciendo ins- 1706. Al crito en el colegio de abogados de Escocia desde propio tiempo que por sus notables defensas ante los tribunales se dió á conocer por sus obras de ínteres gene- no ménos que por todo ral, de las sobre y que en su mayor número versan agricultura más de una vez tuvo ocasión de manifes- esto por los sentimientos filantrópicos que tal como se tar. Poseído de éstos, no podia dejar de conocer que la idea masónica apta conseguir magnificos resultados en pro de la presentaba en su época era para dificultades hemos mencionado, las cuales sur- humanidad y atendiendo á las que ya su gian en su mayor número del vinculo existente entre las corporaciones y familia, carecía de hijos que determinó orillarlas por si solo teniendo presente también que le pudieran suceder en aquel cargo y que á su muerte había de presentar mayores inconvenientes. sin consultar nadie pero teniendo conocimiento ya dé las nuevas A este fin, con presidia de lo mucho que las con- tendencias que dominaban en la corporación que y convocó á los individuos que trariaba la organización que en aquella fecha tenían, en tenida general, formaban la aquella logia de Edimburgo y las de los alrededores y con después de manifestar el señalado honor que su familia había tenido desempeñar con tan distinguido puesto y dar las gracias la confianza nunca desmentida que por de la época y las siempre los habian favorecido, expuso que dadas las exigencias llamada á satisfacer, le convenia desde nuevas necesidades que la masonería estaba tener un gran maestre de libre elección que pudiera recaer todos puntos de vista, siempre en persona idónea, activa y desinteresada; que para esto comprendía que término su renuncia y que él, deseoso del primer progreso y mejora- era necesario en miento de la comunidad, la hacia sin reserva alguna. á los asocia- Esta manifestación no pudo ménos que sorprender agradablemente Saint Clair de presidirlos, dos, no porque les de dejara causara alegria el que William sino comprendían que este paso les abría recto y seguro camino para llegar porque quiera que no tenían realizado ningún trabajo previo al fin que apetfecian, pero como fuerza ninguna, los hermanos celebraron par- y estaban en el deber de no esterilizar para la ticularmente algunas tenidas discutiendo ellas los medios más á en propósito lo llevaban á cabo buena y acertada elección de un gran maestre. Estóceme decimos, á la logia de Edimburgo y los de algunas bastante pró- los hermanos pertenecientes en la conducta que debía seguirse. ximas á esta capital; todos estuvieron conformes de la masonería 537 pero deseando formar para en adelante un verdadero centro de la masonería escocesa al cual concurrieran todas las fuerzas de igual naturaleza esparcidas por el reino, aplazaron toda resolución hasta que á ella pudieran concurrir el mayor número. Para esto dirigieron cartas convocatorias á todos los demás talleres, dándoles cuenta de la decision tomada por el que hasta aquella fecha habla sido gran maestre, y de los acuerdos previos que hablan recaído en vista de ello, determinando como lo más con- veniente que concurrieran todos á la reunion magna que habla de celel)rarse el 30 de Noviembre, para acordar la ulterior conducta que á la corporación le convenia seguir. Treinta y dos logias, entre las que se contaban la de la capilla de Maria, la de Kilwinning y la' de los obreros masones de Edimburgo, concurrieron á lo que podemos llamar primera asamblea déla masonería escocesa; en ella se dió lectura de la renuncia presentada por Saint-Clair, de que los hermanos tenían conocimiento, y cuyo conte- nido es el siguiente; «Yo, William Saint-Clair de Roslin, considerando que como lo atestiguan diversos documentos, los masones de Escocia constituyeron á William y á Sir William Saint-Clair de Roselin, mis antepasados, y á sus herederos como patronos protectores, jueces ó jefes de su corporación, y que en la época presente mis preten- sienes á la posesión de esta jurisdicción, de este derecho ó privilegio, pudiera ser un' perjuicio para el oficio y para la corporación de que soy uno de los individuos, ren un- cío á él por espontánea voluntad y sin reserva ninguna. Hecho en Edimburgo, á veinticuatro de Noviembre de mil setecientos treinta y seis.» Han hecho observar algunos que en la renuncia citada nada bay que pueda acreditar el designio de William Saint-Clair, de que la corporación eligiera libremen- te su gran maestre y se lanzara en la senda que desde hacia tiempo seguia la maso- neria inglesa. Justo es tener presente que hacerlo asi hubiera sido afrontar una res- ponsabilidad que no habla para qué, y que el hecho de no aparecer consignado este designio, no indica que fuera otro el suyo, como hechos posteriores lo revelan. La renuncia que acabamos de transcribir fué incluida integra en el acta de la asamblea que se estaba celebrando é inmediatamente se procedió á la elección de un nuevo gran maestre; todos los hermanos estuvieron conformes, no hubo un parecer que desintiera de la propuesta hecha, y quedó electo gran maestre de la masonería esco- cesa, para el primer ejercicio en la nueva faz que tomaba, William Saint-Clair de Roslin, en consideración, según expresamente manifestaron, de la antigüedad y no- bleza de su familia y del ínteres de que acababa de dar fehaciente prueba por el bien y la prosperidad de la institución. Asi, pues, el último individuo de la familia en que durante tanto tiempo habla estado vinculado el cargo de patrono, fué instalado, pro- clamado y réconocido primer gran maestre de la nueva gran logia. En la misma tenida fué designado como gran maestre adjunto el célebre agrónomo Young, que tanto renombre ha alcanzado en su patria y en el extranjero, y se designó para el cargo de secretario á Juan Macduguel, hijo de una de las más acreditadas familias de Edimburgo, el cual siguió ocupando el cargo hasta 1754. * El primer paso estabadado: descentralizado el poder masónico, electas lasdignidades que hablan de regir en adelante los actos de la sociedad, faltaba sólo que éstos se ajus- ■ ■ 68 538 HISTORIA GENERAL taran en un todo á los deseos concebidos y que las logias ajustaran su marcha á las nombrado. prescripciones que emanaran de la dirección que por si mismas hablan El 12 de Enero de 1737 tuvo lugar la primera asamblea trimestral, que se celebró en la capilla de Santa Maria, residencia, como sabemos, de una de las logias que mayor podían acreditar; todos los puntos discutidos y todas las resoluciones antigüedad tomadas son de gran importancia^ sin el que haya una que deje de acreditar deseo que animaba á los masones escoceses de conseguir la unidad necesaria que era, diga- moslo asij el elemento indispensable para que se reconocieran en la órden las morales filantrópicas tendencias á que se inclinaba. En apoyo de lo que manifestamos, dire- y mos, que en esta primera asamblea se acordó dirigirse á todas las logias que no estaban aún constituidas regularmente, para que adoptaran una constitución nueva, y asi mismo se dirigieron á aquellas logias cuya constitución regular era conocida de todos para que enviaran sus patentes, á fin de refrendarlas de nuevo. Estas disposi- clones presentaban una dificultad y es la deque buen número de las logias existentes, hacian alardes de privilegios y prerogativas los cuales no podían conservar en ma- ñera alguna desde el momento en que entraran á formar parte de la alianza consti- tuida; pero buena prueba de los inmejorables deseos que animaban á todos los la tenemos esto mismo. No hubo una siquiera que hiciera alarde de individuos, en ello, manifestara obstinación en conservarlos ó revelara pena por perderlos, sino que ellos en de la unidad y pidie- por el contrario todas hicieron cesión de pro apetecida ron nuevas constituciones, dando asi público testimonio de la franqueza con que ha- bian reconocido la jurisdicción y poder de la gran logia de Escocia. Algunos autores, ellos Kloss, tanta autoridad y crédito merece, han afirmado que este conve- entre que nio general tuvo una excepción constituida por la logia de Kilwinning, que no quiso hacer renuncia de sus privilegios ó que al ménos conservó lo que dieron en llamar secreto escoces, el cual siguió comunicando únicamente á los que se afiliaban en ella, a'firmacion no hay hecho alguno que la acredite como cierta esta y áun pode- pero mos decir que se oponen á ella la razón y la historia; la razón porque no puede jns- acredita tificarse la masonería secreto alguno y la historia, porque constantemente en que la logia de Kilwinning permaneció en un todo obediente á las decisiones ema- nadas de la gran logia residente en Edimburgo, ácuya formación habla también con- tribuido. La única proposición de la gran logia ante la cual dió voto contrario la logia de Kilwinning, fué la referente á la forma en que aquélla estableció el comité de benefi- cuando cencía y áun esto lo hizo con el mayor respeto y sin añadir protesta ninguna no fué escuchada. Prueba de que, como hemos dicho, la masonería en'todas partes donde á partir de este segundo periodo sigue paso á paso, la senda recorrida aparece los acuerdos toma y los hechos que lleva á por la gran logia de Inglaterra, son que cabo; cumpliendo con uno de los más altos fines que consignara en su credo y exce- habían diendo ya con ello á todas las sociedades que en el transcurso del tiempo * formado los hombres, la masonería cuidó siempre del socorro y auxilio de sus her- los manos en todo tiempo. En la época aquella en que no pertenecían á ella más que DE LA MASONERIA 539 honrados hijos del trabajo, durante los tan calamitosos días que las clases trabajado- ras tuvieron que sufrir en la Edad media, cuando ninguno de los afiliados podía dis- poner de más cantidad que aquélla que conseguía con el sudor de su frente, es claro que no podía separar ni aún pequeñísima parte de lo que apénas bastaba para cubrir sus más perentorias necesidades, á fin de constituir un fondo con que atender á las eventualidades de aquel hermano, mas no por esto lo desatendían sí la desgracia llegaba á cebarse en él. Nunca, en ninguno de sus períodos y sea cualquiera el que sea el carácter con que la masonería se ha presentado en la historia de los pueblos, ha querido para el aumento de sus filas más que hombres de trabajo, hombres acti- vos y ocupados, no por los rendimientos que le puedan producir sino porque el tra- bajo es una poderosa garantía contra los vicios y puede afirmarse sin temor de incur- rir en equivocación que excede en más de dos terceras partes el número de viciosos que puede sacarse de las clases acomodadas al que se halla en las clases trabajado- ras. Y no tiene por qué extraña^ ni llamar la atención esto en que todos los sociólogos y todos los nioralistas están conformes porque es una consecuencia natural del régi- men de vida que tienen que hacer; el que viene al mundo heredando de su padre sólo un nombre con que ser designado entre los vivos y de él adquiere no más que una profesión con que atender á sus necesidades mediante un duro, improbo y continuo trabajo, no tiene tiempo que perder y ha de" consagrar á ello todo su tiempo sino quiere que el hambre asome su demacrada faz á la puerta del hógar en que crecen sus hijos y en el que vive la compañera de su alma, madre de ellos. Levantán- dose con el día acude á su trabajo y permanece en él en tanto alumbra la luz del sol; cuando termina, cansado y rendido por la fatiga vuelve á su casa para que el sueño le repare durante la noche, y no bien han desaparecido las sombras de ésta, coge sus herramientas y marcha á proseguir su dura faena. Este hombre que no pierde tieni- po, este hombre que apénas descansa, pues si lo hiciera totalmente perderla su pan y el de sus hijos, no puede ser vicioso, y esta* clase de hombres son los que siempre han compuesto el mayor número de los masones, muy especialmente en aquella época en que los fines de la sociedad eran puramente materiales. El trabajador, ó en tér- minos más generales, el hombre que vive y atiende á las necesidades de su familia con el honrado producto de su trabajo, llega un día en que naturalmente no puede desempeñarlo, y si entónces carece de hijos que lo sustituyan en el levantamiento de las cargas que la familia impone, no tiene más remedio que buscar un refugio en los asilos de beneficencia que muchas veces no halla, pues desgraciadamente el número de los desventurados es grande y casi siempre las plazas están ocupadas. Muchas veces, gran número de ellas, no es menester que llegue tan extremo caso, sino que se presenta cuando el individuo cuenta aún con fuerzas para atender á sus tareas, pues no siempre hay trabajo y el que haya tienen que repartírselo considerable número de braceros y éstas, á las que no pocos llaman contingencias naturales de la vida, no hay medios de obviarlas en tanto que la sociedad no se sienta impuesta más que por los llamados sentimientos religiosos de que se ha hecho hija á la caridad y la moral, que el mayor número de las veces no sirve más que para hacer vanos alardes. Los sentí- &4:0 HISTORIA GENERAL mientes del sér humano, tal como aparece á la vida, no son buenos ni con mucho^ hace falta algo que los reprima y los enfrene^ y para reprimirlos y enfrenarlos, no basta ninguna religion, ni tampoco ninguna máxima moral; á pesar de lo terrible que^s privar de la vida á un semejante, á pesar de hallarse condenado el homicidio por todas las religiones y proscrito por toda moral, si se borrara de los códigos la responsabilidad criminal en que incurre el que mata á otro, si se suprimiera para él la pena infamante y corporal, el número de los homicidios espantaria, pues desgra- ciadamente las malas pasiones ciegan á los hombres y en la mayor parte de los casos lo ponen muy por bajo del nivel de los brutos. Atentos á estas consideraciones, esto es, teniendo presente la precaria situación del obrero en la Edad media, y viendo ellos mismos las contingencias á que natural- mente estaban expuestos, se agruparon para prevenirlas y precaverlas, y el primer medio' hallado fué constituir corporaciones en el seno de las que halljiran siempre trabajo. Podrá objetarse que no siempre habian de teperlo, mas no hay que perder de vista que nos estamos refiriendo á la Edad media, época en la que todp estaba por hacer, en la que vivo y excitado el sentimiento religioso de los pueblos, se estimulaban á cuál de ellos podría levantar mayor número de iglesias, y en la que los nobles y al- tivos aristócratas, que de sus riñas y rapacidades habian traido rico botin que tenían acumulado, soñaban con levantar palacios y suntuosas moradas, no sólo para des- cansar y gozarlas en paz, sino que también para tener abrigo en sus crímenes y orgias. Atendiendo á las citadas obras, las corporaciones numerosísimas de trabajadores se alzaban con pasmosa rapidez, como si fuera por encanto, aventajando en tiempo al que se gasta hoy, á pesar de los adelantos que han hecho en las construccionés las ciencias y las industrias. Esto mismo era causa, y causa poderosa, para que todos se estimularan y quisieran tener de aquellas suntuosas obras de arte que áun en nuestra época excitan grandemente la atención; tal pueblo sabía que su vecino poseía una suntuosa basilica, maravilla del arte gótico ó del greco-romano, dentro de la que la vista se perdia en las altísimas bóvedas y donde habia derramado sus primores la in- teligencia humana, y querían poseer otra, no que fuera igual, sino que la aventajara en méritos, y para esto eran llamadas, naturalmente, las corporaciones de trabajadores, á las estaban afiliados cuantos conocían el arte de labrar la piedra, darle asiento que en lo sólido del suelo, escoltarla y practicar, en fin, cuantas operaciones son propias á las obras de arte. Tal señor sabia que un individuo de su familia, que habitaba en lejanas tierras ó un rival que vivía en la vecindad, poseía una suntuosa morada en la que el lujo délos salones excedia á cuanto puede soñar la imaginación, y en la que asombraban las combinaciones de pasadizos y galerías, puertas secretas, escaleras ocultas y salidas subterráneas, y se desvelaba pensando en ella y al fin se decidla á levantar una que la aventajara, y á este fin llamaba á las corporaciones de construe- tores, que eran las que poseían todos los" secretos para hacerlo, y á porfía rivalizaban en ello los unos y los otros: el que tenia fortuna, en emplearla en obras que eter- nizaran su nombre; el que tenía inteligencia, en ponerla al sèrvicio de los que le pagaban. t)E LA MASONERIA 541 E)e esta manera, las corporaciones de trabajadores, lo mismo cuando se velan obligadas á hacer una vida nómada que cuando adquirieron estabilidad dentro de las poblaciones, tuvieron trabajo con que favorecer al que se afiliaba á ellas, y gracias á esto pudo ser más soportable la vida de las clases trabajadoras. Pero entóneos, según acabamos de manifestar, y según fácilmente se comprende, ninguno de aquellos indi- viduos podía distraer una cantidad para crear un fondo con el que se atendiera al levantamiento de las necesidades de aquellos que por accidentes naturales habían te- nido que dejar de trabajar, pues si bien es cierto que muchas llegaron á hacerlo, esto, por el reducido número de casos que la historia registra, no puede formar la regla general sino la excepción. En aquel tiempo la ventaja mayor que la masonería ofrecía á sús asociados era la de proporcionarles no sólo trabajo, sino los medios de tenerlo, pues ya sabemos que las logias estaban destinadas á la enseñanza del arte, pero un hermano, en cualquiera de los grados que se encontrara, lo mismo que fuera apren- diz, que compañero, que maestro, podía estar seguro de que la corporación no lo abandonaría en ninguna de las vicisitudes de su vida, siempre que hubiera cumplido estrictamente con sus deberes; todos á una procuraban hacer llevadera su suerte, y como por otra parte habían tenido buen cuidado de asociar á sus hijos, resultaba que estos podian cumplir con sus deberes filiales y seguían siendo protegidos por la aso- elación. Llegó una época, precisamente la misma en que el trabajo iba escaseando, en la que el número de individuos de la sociedad iba aumentando y dándose entrada á los que se llamaran masones adeptos ó sean aquellos que no estaban dedicados al arte de construir, sino que desempeñaban otras y muy varias ocupaciones, y como estas dos circunstancias bastaban ya por sí solas para modificar el carácter de la so- ciedad en cuanto se refiere á su parte económica, fué necesario arbitrar otros medios para atender á los fines de su instituto; con efecto, comenzaron á establecerse fondos que constantemente aumentaban con los dones de los hermanos destinados al socorro de los desvalidos y necesitados. Aun esto se habla ido perdiendo en la época en que la sociedad se trasformó, por lo cual fué necesario hacerlo todo nuevo: la sociedad masónica, en su título, en su organización, acreditaba ser directa descendiente de las antiguas corporaciones, pero ya no era la sociedad de constructores, era la agrupación de hombres que deseaban el progreso moral de la humanidad entera, así como también la protección igual á todos los hermanos, lo cual hacía necesario el establecimiento d.e los comités de be- neficencia, que como ya hemos dicho fueron establecidos primeramente en Lóndres con grandísimo resultado. Cada hermano tenia que eontribuir con una cuota mensual para las indispensables atenciones de su logia y ademas con otra que pasaba á lo que llamamos hoy tronco de pobres, destinada al socorro y auxilio de los hermanos. Lo mismo que habían hecho en Lóndres y en la misma forma lo realizaron los irlande- ses, y siguiendo tan laudable ejemplo efectuáronlo también los masones escoceses; mas al disponerlo asi la gran logia de Edimburgo, la logia madre de Kilwinning hizo una ohjecion digna de ser tenida en cuenta. En Escocia se dispuso que cada hermano que fuera nuevamente admitido en la órden tendría que satisfacer un derecho de en- 542 historia general trada que íntegramente pasaría á constituir los fondos destinados al socorro de los hermanos^ mas á esto opuso la logia citada que de esta obligación debían quedar exentos los hermanos obreros^ esto es, aquellos que en realidad podían jactarse de ser los que habían dado los fundamentales elementos para la constitución de la sociedad, por cuanto no contando más que con el jornal que ganaban, apénas si podían atender á la satisfacción de sus necesidades, recargadas ya con las sumas con que tenian que contribuir para atender á los gastos de sus logias. La enmienda presentada á la cons- titucion del comité de beneficencia no fué admitida, y como hemos manifestado, la logia de Kilwinning no elevó protesta alguna, así como tampoco cuando la gran logia, deseosa de robustecer sus decisiones y de que fuera enteramente normal la marcha de la sociedad, acordó que todos aquellos que no satisfacieran la cuota de entrada que había señalado, perderían todos sus derechos á ser socorridos en caso de necesidad. Prosiguiendo sus tareas, la gran logia siguió tomando las medidas conducentes á la consecución de los altos fines que tenía que realizar, paralelas en todo á las segui- das en Inglaterra, si bien en cuanto á la época de la celebración de las asambleas se estableció una alteración en la que más que nada influyeron circunstancias especiales que no representan nada dentro de la órden. Desde tiempo inmemorial las asambleas masónicas se habían celebrado el 24 de Junio, dia que tenia gran importancia con respecto á la tradición, y por lo cual se le había conservado. Fiel á esta costumbre, la gran logia de Escocia verificó asambleas generales de la órden en el referido día du- rante los primeros años de su existencia; pero en el de 1737 ocurrieron algunas contra- riedades, por lo que fué diferida dos veces, llegándose á reunir al fin el 30 de No- viembre, día de San Andres, patron de Escocia. Como quiera que de celebrar la si- guiente el 24 de Junio no hubiera resultado año completo de cuyos trabajos dar cuen- ta, al tomar posesión del cargo de gran maestre el conde de Cromarty, electo para el ejercicio siguiente, quedó acordado que en lo sucesivo las asambleas generales de la masonería escocesa tendrían que celebrarse el 30 de Noviembre. En este mismo año se llevó á cabo una clasificación importante por lo que se refiere al órden de prelacioñ de las logias para numerarlas y ver el puesto que á cada una correspondía en las ce- remonias á que tuvieran que concurrir reunidas. Para esto se dirigió una circular á todas ellas á fin de que en- el más breve plazo presentaran los documentos en que fundaban su derecho. Enviáronlos todas y revisada su autenticidad y los demás re- quisitos que debían tener, quedó acordado el órden, siendo este el motivo de la esci- síon promovida por la logia de Kilwinñing de que han hecho mérito todos los autores, pero la que, á decir verdad, carece de toda importancia. Como en elevar la protesta áun tardó la logia de Kihvinning cuatro años, daremos cuenta de algunos acontecimientos ocurridos durante ellos. En el año anterior j con ocasión de. estarse construyendo un hospital, tal vez el mejor que la ciudad tiene, quedó discutido y acordado que la masonería abonaría de sus fondos un determinado número de jornales á los operarios empleados en la obra, mandada hacer por cuenta del municipio, siempre que éste, una vez acabada aquélla. ,^-- '- ii. ^ 7, '«■¡iSHk, •C" v?, ^ • 'r^-r^ ■ -T-- , ^ íi kttfX i¥^,)A.''r.ï/ï'^ïs.vs-^. r !■ . ,,1 t;-^' : '■ í^:v-#;3i5B%r;' «' Wí«ási^^iv. ' *'ístf ...... . .. .y ..í>t4».^ J?J,.. ,?fe.. V •■>^.,V:|.^--e¿|. .vi;'/ííá«aíí^.íá:.,. U-' 4^^ i'" tr}^ F«^ ■íí^'t "■ . í*;:.'!" V'r - i ■--'•y'-' ■'jfiv&í ii>»'#. - ' A. «3? ■*■ ir , / y »• ' ; If. j-^- r • 'í'i»;í ■'^-v^'r^^■···^v*'^'x '"^'-'ÍMI'ÍIÍ?. è^ ^ í* w '~7 <"' ^*« ^aij jr í r i.5..%.Ar^'.tóm,í:t.>, T-.....^.. .., . . ' ^5>.i<-'i -—~"^?·.'·.<^:·'r.· ;•". 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" • ^ f yycçsü: cÍGçto se a"-■■."■■■ ■ ■- ■ V . . :■ c?yyayas^iafy-'^'"' después de habec^-íltc- & -,•/'MdSduf ■ . apv pcrfe}!ecía; a: dio cuenta tyc • ■ C- . c- ecuníní;/;-.: sn .-re-■ ;• ■■ •é . .,j^. dtccnado el cortejo qac t.'ió:, di.-.c-,a^ C; tos UC''rx:a!ips el óréen ■sjgüçfíníe· hc'c; ja oá ■. <} ios. > p c.^ c,yf:y ■ , ?;■!•■c- ?na;':c adds copadas desnudas, é incoecnatanioide dcspnast# tcriUncco rrc-a'¡i,,c.u'co, queUí-v- ■catyi la cokc-na d.e la armenia y aigsmns hetpiy^-'c músicos de pco;cKíccd:,cuenao ' jcctramentos; después otro guarda ■lempio y va; pe -ij/crios, tccd"- rú< oocm- ej' ■■- .tcc rcirillas bl.ancas qutcljev.uhan uctrajt/del brc.fc - ■}-■ cíïn su registro y ericsorí-ro ■ con su saco.; eí ve ïè\*à/ c. - ^ , .,; ó-.- -¡^-¡í' h,.,r t ■ ■ ífevp; ,jo,¡ e} de la asociación y .ó sus lados e! pp'ku... çc,- ■ -d .c ■ v v.-í-'S c- cin; de óantoreSv^^^ arquitecto de,1a le^ía/tcC • pcciac'sçd.-^ >^|:¿cíc cí< >e- " " :y.mm veneraltle lleraiido la Biblia sobre ■ : onn d*- '■ .y·.i·c ;nc°pp.-i:ccs dt --iogia que hayn.npüdidu.concmTir r fa t.íc;co;Cri -i > yícy^^c-ado aiá« cnportiiutG .mriàRic^-dudad; los venerables • dyd xiqXñ'^V-'-■ .sd:dcc'alrd;k-dcc<--: -c icc bacdp- y?;ifa>í desplegadas., el vcu"c-ac-e MCd.dvC c'-í* ;! l;0,m-ue laB-caaftcyci.|fene-melc Oí/, b ^-cícc cdb' Aír^último cerravmo corteje fC ^ ^-íísbi/gac d? '•• be d su adjunto v corra,ci'- y. rc^y/ygí - ■, t ccy-ccc-c. y i r ■ CbLiegádos ai.iugar d(>nC''.|d ■ d/m y, f.erc,,: .. ' arco áe íriunfo, <■ ihr-te"--- h.·m çtmci ¿dr.las quo haj'qjspuosice^ jár^ j/l .cc' d : c ; few-.: aparte..cuande ccyy # .cc c- . c ■, . i Síd ; c_ qd-rt: OvuiaiTios r'^dí^ccqjr' ■ .c: t-c o- c-trcvCji.eb'ciiífe-cj^ oonc .1 'd.- C.. w, i,¡:i ■--• en .'^.éí" ú«?f -,fr de/-A C-:- dcdn'v wna-ecA tomccríuo é- r- C ' ■•a. 'k- pac.; .■ c . pd: ■•n-CL hcbla- ^c-nUO COL ccspeet;; ., ■ • i... y ^ . í- CU I,- pw ycii.jiítv: •' - -010 pcd;:yc u-rCiC-feg:,r' y una n'c/a ; ¥ a f-'S: k<'Ó ', d-C--,6 jec Sci b'":':y:"bc jdiíaid e- íC avií «a í.' r -cc-ic- c C ecícc ' c-' :0 V.S .wíià ■ í p oi i' 'p fc i-^iCbyycr o,.- f (1 n'v cvíl-OCC-"c,,;,: .1' eicV DE LA MASONERÍA 543 consintiera en reservar una sala destinada única y exclusivamente á los enfermos de la orden que fueran trasportados alli. Accedieron las autoridades^ y después de la ce- lebración del contrato en forma legal, la gran logia envió circulares á las demás en- careciéndoles la necesidad de que contribuyeran con algunas cantidades á esta fun- dación de tan reconocida utilidad y de tanto provecho para todos los hermanos. Nin- guna de ellas dejó de responder generosamente al llamamiento que se le hacia y unas con más otras con ménos^ se suscribieron todas para atender al levantamiento de los gastos que irrogaba tan benéfica obra. Una vez asegurados de ello y contando previamente con que por nada tendrían que suspenderse los trabajos, procedióse á conmemorarlo con la mayor pompa, poniéndose la primera piedra, á cuyo fin trasla- fiáronse en solemne procesión al sitio en que había de tener lugar la ceremonia. Para este efecto se reunieron todos los hermanos convocados, en tenida, abierta la cual y después de haberse decorado los hermanos, cada uno con las insignias del grado á que pertenecía, se dió cuenta del objeto de la reunion aquella; inmediatamente quedó formado el cortejo que tenia que ir por las calles hasta el lugar indicado, guardando los hermanos el órden siguiente: iban primero los guarda-templos llevando en la mano las espadas desnudas, é inmediatamente después el hermano más moderno, que lie- vaha la columna de la armonía y algunos hermanos músicos de profesión tañendo instrumentos; después otro guarda-templo y varios expertos, fáciles de reconocer en las varillas blancas que llevaban debajo del brazo. Detras de estos sigue el secretario con su registro y el tesorero con su saco; el venerable llevando ante si al porta-estan- darte con el de la asociación y á sus 'lados el primero y el segundo vigilante, después un coro de cantores, el arquitecto de la logia y el porta-espafia. A estos hermanos su- cede un venerable llevando la Biblia sobre un cojin de terciopelo rojo, los oficiales de la logia que hayan podido concurrir á la ceremonia, el magistrado más importante de la.ciudad; los venerables y vigilantes de las logias de los alrededores con las bande- ras desplegadas, el venerable de la logia más antigua que lleva apoyado contra el pe- cho el libro de las constituciones, esto es, los estatutos generales de la masonería, y por último cerrando el cortejo el presidente de la fiesta, que ordinariamente es el gran maestre ó su adjunto y cerrando la marcha dos expertos. Llegados al lugar donde debe celebrarse la ceremonia, el cortejo pasa por debajo de un arco de triunfo, é inmediatamente los concurrentes pasan á tomar asiento en las gradas que hay dispuestas de antemano. El gran maestre y sus vigilantes tienen puestos aparté; cuando cada cual ha ocupado su puesto y reina el silencio, dice Lau- ria, de quien tomamos esta descripción, el coro entonó un himno en honor de la ma- sonería que habla sido compuesto para aquella fiesta y una vez terminado éste el presidente dirigió una corta plática explicando cuánto habia ocurrido con respecto á la solemnidad en que se hallaban ántes de que pudiera tener lugar y una vez aca- bada ésta, el tesoreró colocó bajo la piedra, que se habia levantado con ayuda de una máquina, algunas monedas y medallas de la época, hecho lo cual bajaron la piedra hasta hacerle ocupar el sitio que definitivamente habia de ocupar en la obra. Entón- ees el gran maestre abandonó su asiento y seguido de los que le acompañaban fué á 544 historia ge"neral golpear tres veces con su mallete sobre la piedra en la qub estaban grabados la fecha de la fundación, el nombre del soberano reinante, el del gran maestre y ademas el de algunos hermanos distinguidos. Terminada esta ceremonia simbólica volvió nueva- mente á su asiento y haciendo votos por la feliz términacion de aquella obra bené- fica^ volvió la procesión á recorrer el camino que había traído disolviéndose en el punto de reunion. Fué tan poderoso el concurso que la sociedad masónica prestó al municipio de la ciudad de Edimburgo que todos tuvieron que reconocer que más que á nada se de- bian á ella los rápidos adelantos de la obra; haciéndose la justicia que Jse les debía, ántes de espirar aquel año los administradores del hospital en construcción hicieron saber á las autoridades de la órden que reconocidos al apoyo que habían prestado, habían acordado unánimemente que los francmasones enfermos serian admitidos con preferencia en una de las salas del hospital y algunos años más tarde, en 1745, acordaron en ñn que reservarían un departamento particular" para los enfermos ma- sones á que hubiera que dar asistencia. Estos detalles prueban de una manera clara y suflciente hasta qué punto estaba considerada la masonería en" aquella época y como léjos de infundir recelos é inspi- rar cuidado se la atendía y hacia justicia considerando lo mucho que hacia por la be- neflcencia en general animada de los sentimientos caritativos que como no puede ser ménos arraigan los principios elevadisiñios que sustenta. En la época que venimos historiando hemos podido ver que lo mismo en Inglaterra, que en Irlanda,'que en Escocia, la masonería goza del mayor prestigio, que léjos de ser una sociedad disol- vente como gratuitamente han supuesto muchos, léjos de inmiscuirse en asuntos po- Uticos que de una manera ó de otra pudieran alterar la paz y comprometer la órden, se dedica á aglomerar fondosq^ra atender con ellos al mejoramiento de las clases y al bienestar de los hombres. Hasta la fecha en que nos hallamos puede afirmarse tam-bien sin temor de incur- rir en error que tampoco habia ocurrido ninguna desavenencia entre la logia de Es- cocía y la gran logia de Lóndres y mucho ménos aún que por cualquier circunstancia hubiera manifestado aquélla que se proponía seguir una linea de conducta distinta de la que ésta observaba. Todo lo contrario, hay un detalle importantísimo que permite asegurar que entre la una y la-otra existían las mejores relaciones tácitamente, esto es, sin que hubiera mediado patente ó documento que las estableciera sino en virtud solamente de la comunidad de principios é identidad de miras. El hecho á que nos referimos es el siguiente: en 1739 desempeñaba el cargo de gran maestre de la ma- sonería escocesa el muy eminente James_Douglas, conde de Morton y juez de Escocia, nacido en Edimburgo en 1707; hombre de gran actividad y dotado de entrañable amor al estudio, Morton hizo repetidos viajes, en los que recorrió la mayor parte de Europa con objeto de ampliar sus conocimientos. De vuelta á su país natal fundó en él una academia que rivalizó con la de Lóndres, tuvo gran participación en las obser- vaciones astronómicas que se realizaron para observar el paso del planeta "Vénus por el disco del sol y tomó parté en algunas otras observaciones científicas que hicieron DE LA MASONERÍA 545 conocer su nombre ventajosamente^ por lo que fué nombrado director del Museo Bri- tánico, puesto en el que desplegó una admirable inteligencia; fué después superinten- dente de los archivos de'Escocia siendo al fin designado para ocupar una vacante en la sociedad real de Lóndres, y mereciendo ser nombrado asociado de la academia de ciencia de París y de otras corporaciones científicas de Europa. Morton estuvo des- ¥ empeñando puestos importantes y dignidades en la masonería escocesa, hasta que por causa de su nombramiento de director del museo Británico tuvo que trasladarse á Lóndres, donde ya había residido algunas temporadas defendiendo en el parlamen- to cuanto podía referirse á los intereses de Escocia. No hay documentos ni consta en acta alguna, que Morton se iniciara en ninguna logia de la obediencia inglesa, y sin- embargo, algunos años más tarde lo vimos ocupando nada ménos que el puesto de gran maestre de la Gran logia de Inglaterra, prueba del mutuo reconocimiento que aunque tácito, le tenían hecho ambas potestades masónicas. Otro de los hechos que prueban hasta qué punto la- marcha de la masonería en todas partes estaba atenida á la que en Inglaterra se siguiera es lo referente á los maestres provinciales que fué necesario nombrar. La sociedad progresaba rápida- mente en todas partes y tal vez más que en ninguna otra progresó en ménos tiempo en Escocia estendiéndose de una manera admirable por toda la region aquella. Tanto para favorecer más y más su desarrollo como para que fuera en un todo aunánica la marcha, la gran logia de Edimburgo tuvo que hacer lo mismo que en circunstancias semejantes había hecho la de Lóndres; descentralizar su poder, conferir atribuciones á otras personas para que siendo estas fieles guardadoras de los principios y de las constituciones, pudieran, no obstante, otorgar patentes de constitución de logias y con- ferir grados, convocar asambleas particulares y conocer de todos los asuntos que di- recta ó indirectamente se pudieran referir á la masonería. El primer maestre provin- cial nombrado para todos los condados occidentales de la Escocia, fué el célebre diplomático y viajero Alejandro Drummont que durante muchos años habla sido con- sul en Alep, y que como fruto de sus escursiones publicó en 1754 su interesante obra «Viajes para Alemania, Grecia y Asia.» Animado de los mejores deseos en pro de la masonería, la fomentó en todo el territorio de su jurisdicción, presidiendo á la instala- clon de no pocas logias regulares, y resolviendo felizmente cuantas cuestiones se pre- sentaron hasta su muerte ocurrida en 1789. Al conde de Morton sucedió en el cargo de Gran maestre el conde de Kilmarnok que comprometido en una conspiración á favor del restablecimiento de los Stuardos en el trono de Escocia, fué juzgado y ejecutado, por lo que entró en su lugar el conde Alejandro de Leven: en el tiempo en que estos dos personajes desempeñaron el alto puesto masónico, no ocurrió suceso alguno que pueda ser digno de mención: la ór- den seguia progresando rápidamente, y cada vez se advertía más y más el deseo que animaba á los hermanos en pro de esta institución, resultando de los documentos que pueden merecer entero crédito que en aquel periodo fueron ofrecidas voluntariamentci por masones, grandes cantidades con objeto de atender á los gastos que irrogaba el hospital de Edimburgo, asi como también que fueron socorridos gran número de her- C9 546 HISTORIA GENERAL manos, viudas y huérfanos, que tuvieron que sufrir á consecuencia de las alteració- nes politicas. En 1741 es cuando según ya hemos indicado la logia madre de Kilwinning protes- tó contra el orden de prelacion que habla establecido la gran logia de Edimburgo, y según el que ocupaba el número uno, la logia de la Capilla de Maria, concediéndole el segundo lugar á la de Kilwinning. Nuestros lectores recordarán que para hacer la cía- siñcacion de antigüedad el alto poder masónico á quien esto urgia, habla dirigido una circular á todas las logias sometidas á su obediencia para que en el término más bre- ve enviaran los documentos en que fundaban su derecho. Necesariamente estos docu- mentos se tenían que referir nó á la masonería existente entonces, sino á la de la época anterior, esto es, á los aborígenes de la orden tal como la conocemos hoy: desde el punto de sociedad fllantrópica y moral las logias casi todas databan de la misma fe- cha, pues casi al mismo tiempo hablan sido refrendadas las patentes, pero lo que se trataba de averiguar mediante la inspección de documentos auténticos, era cual de ellas habla sido con mayor antigüedad centro de constructores. En este concepto la logia de la capilla de María presentó actas en que acreditaba que en 1598 era ya logia reconocida por todas las corporaciones, y por tanto le fué adjudicado el primer lugar. Casi podia asegurarse que la de Kilwinning era más antigüa, pero el orden que se iba á dar tenia que ser solo en vista de documentos auténticos que acreditaran no ya que en el punto aquel hubiera habido corporaciones masónicas, sino que hablan consti- tu ido logia. Esto no lo podia acreditar la de Kilwinning alegando como era cierto que el primitivo archivo se habla quemado, y considerando esto, y atendiendo á lo que de voz pública se decía, fué por lo que se concedió el segundo lugar. La fecha en que habla sido construida la capilla del castillo de Roslin que según estaba probado süflcientemente era obra de las corporaciones, nada podia probar en la cuestión que se estaba debatiendo por cuanto en aquella época el establecimien- to de la logia en el citado punto fué transitorio y no duró más que el trabajo; sin em- bargo, la cuestión ésta dividió mucho los pareceres, no siendo pocos los que se indi- naban á favor de la logia de Kilwinning con lo cual ésta insistió en sus pretensiones se formalmente á por más que nada pudiera conseguir por cuanto la Gran logia negó volver sobre su acuerdo en lo que también tenia razón sobrada dado que habla dicho asignarla el órden que las logias regulares deberían tener en presencia de los do- que cumentos auténticos que cada una aportara. Esta fué la causa de que apesar del con- curso poderoso que hasta entónces habla prestado á la órden en general, la logia ma- dre de Kilwinning se negara á la obediencia y constituyéndose irregular por su actos comenzara á espedir patentes para la formación de logias, aumentara grados y reali- zara en fin todo lo que por las constituciones y reglamentos estaba reservado á la Gran logia de Edimburgo. -Semejante conducta no puede ménos que ser censurada por cuantos deseen el bien y la prosperidad de la órden masónica: se comprende que la logia de Kilwinning manifestara sus pretensiones y las apoyara hasta el fin creyen- do perfecto su derecho, pero no se alcanza que cuando no se le satisfacen por no ha- ber motivo bastante para ello se agite y turbe el órden, se arrogue facultades que no * « DE LA MASONERÍA 547 tenia ni pedia tener y dé señaladísimo motivo do escándalo. La escicion se prolongó buen número de años^ pues hasta 1808 la logia de Kilvinning estuvo realizando he- dios de Gran logia independiente; en la citada fecha habiendo mediado algunos her- manos de gran influencia pudo llegarse á un arreglo y accediendo el poder masónico de Edimburgo en colocar á la cabeza de la lista sin número de orden y conservándole el calificativo de logia madre^ la de KilMdnning se sometió de nuevo pasándose con to- das las logias que había constituido. Atendiendo á la conveniencia de que todas las fuerzas masónicas permanezcan unidas, y á que sea una sola la dirección que regule la marcha en todos los asuntos, comprendemos la transacción que celebrara la logia de Edimburgo, pero esto no pue- de significar que se hubiera equivocado por cuanto en realidad no cabia error: la lo- gia que había presentado documentos en vista de los que acreditaba mayor antigüe- dad había sido la de la Capilla María y además, muy recientemente el historiador Murray Lyon á quien ya más de una vez nos hemos referido después de practicar serias y detenidas investigaciones publicó en el número 128 del Fremasbery y Maga- zima un reglamento del maestro Willian Shaw que floreció en el siglo xvi con el cual prueba de una manera suficiente que la logia de Kilwinning era la segunda y muy posterior á laque ateniéndose á estricta justicia había recibido el número pri- mero. En más de una ocasión hemos tenido que repetir que contra lo que muchos creen la masonería necesita para su fomento y desarrollo la paz y la tranquilidad pública, pues siendo sus fines completamente ágenos á las luchas y movimientos políticos, es- tos cohiben su marcha y hacen más y más lento su progreso. La masonería tiende á amar á todos los hombres y á estrecharlos con los dulces lazos de hermanos, quiere unificar esta variedad nacida de causas agenas á la propia naturaleza humana, y alienta el deseo de que desaparezcan crueles diferencias que dan lugar á que se pu- diera creer que somos descendientes de parejas distintas. Para llevar á la conciencia de los humanos tan venerandas máximas, para poderles inculcar tan sacrosantos prin- cipios, hace falta que los espíritus estén calmados, hay que aprovechar los momentos en que aquietadas las pasiones nos escuchemos los unos á los otros sin prevención y sin encono, pues de lo contrario todo será perdido y en las palabras más dulces y ca- riñosas veremos solo lazos y artimañas con que se procura seducirnos para causar nuestro mal. En nuestra introducción á la masonería en Escocia, hemos visto que des- de la más remota fecha, espíritus rivales los ingleses y escoceses, se habían llevado mal provocando de continuo huellas sangrientas que lejos de decrecer se aumentaron cuando los escoceses se hicieron solidarios de las pretensiones de los Stuardos. Es- tos constituían la dinastía real de Escocia que también en algun tiempo ocupó el tro- no de Inglaterra y se decían descendientes de Bauquo Thane de Lochaber, asesinado por Macbeth y reconocía por jefe á Walter, recogido por el rey de Escocia Malcolm III y elevado á la dignidad hereditaria de Lenescal del reino steicart de donde tomó nombre la dinastía. Uno de los nietos de éste, contrajo matrimonio con la hija de Ro- berto I dando lugar al nacimiento de Roberto II que heredó la corona y fué el origen 548 HISTORIA GENERAL de la casa real de los Stuardos. Los descendientes reinaron en Escòcia hasta Jaco- bo VI hermano de María Stuardo que fué llamado á reinar en Inglaterra reuniéndo- se así las dos coronas y tomando aquel monarca el nombre de Jacobo I: sus deseen- dientes fueron Carlos I^ Garlos II y Jacobo II, siendo por fin destronados los Stuar- dos por la revolución de 1688. Esto no obstante, la casa de Hannover reinante en aquel país ha tenido que combatir las pretensiones de los individuos de aquella familia que había reinado en Escocia durante 344 años y 111 en Inglaterra. La primera de estas sublevaciones fué promovida por Jacobo Francisco Eduardo Stuardo, hijo de Jacobo II rey de Inglaterra y de Maria de Módena, el cual al nacer recibió el titulo de príncipe de Gales, contando solo cinco meses de edad cuando su padre fué destronado. Enviado á Francia bien con su madre bajo la custodia del duque de Lanzum, se le reunió pron- to su padre á cuya muerte fué reconocido como rey de Inglaterra por Luis XIV, el el de España el duque de Savoya, tomando el nombre de Jacobo III. Al papa, rey y morir el principe de Orange que reinaba en Inglaterra con el nombre de Guillermo III, el pretendiente era aun muy jóven para procurar apoderarse del trono, al que acaba- ba de subir su hermana Ana, por lo cual sus consejeros se limitaron á encomendar al duque de Hamilton, el más autorizado de sus partidarios, que pidiera á la reina Ana que favoreciera su acceso á la corona para el momento en que ella llegara á faltar. esto La Escocia, como sabemos, había sido unida á la Inglaterra en 1706, produciendo un grandísimo descontento entre los naturales, que dió lugar á que acreciera el nú- mero de los partidarios del pretendiente. Dos años más tarde consintió Luis XIV en que una ñota llevando tropas de desembarco condujera á Escocia á Jacobo Eduardo además otros medios que contaba entóneos veinte años, facilitándole algunos para de que pudiera reconquistar el trono de su padre, si bien es justo confesar que el rey Francia prestaba tal ayuda, solo por que le hablan dicho que lasóla presencia del pretendiente bastaria provocar un levantamiento general en su favor. La escua- para dra que conduela al pretendiente, fué sorprendida por una tempestad y atacada al re- propio tiempo atrás teniendo por el almirante Byng el cual les obligó á volver que gresar á Dunkerque en muy malas condiciones. Desanimado un tanto por aquel con- tratiempo, el pretendiente abandonó su título de rey, y tomando el de caballero de San Jorje, se incorporó al ejército francés que operaba en Flandes á las órdenes de Villars, tomando parte en la batalla de Malplaguet. Por entónces el duque de Marlborugh, personaje que tan importante papel des- empeña en la historia moderna de Inglaterra se habla disgustado con la reina Ana á consecuencia del ministerio que habla nombrado é irritado contra ella, hizo proposi- clones al pretendiente para que intentara un nuevo desembarco en Escocia, pero Luis XIV, entónces quería negociar la paz, no pudo acceder á su deseo y negó el que permiso para embarcar en Brest, para una nueva tentativa, los regimientos irlandeses al servicio de Francia. Mientras que Jacobo Eduardo, cuya cabeza habla sido puesto á precio en Inglaterra, trataba de hacerse con nuevos partidarios en la misma, Luis XIV firmaba el tratado de Utrecht en 1713, por el cual reconocía la sucesión á la corona de la Gran Bretaña en la linea protestante y consentia alejar de sus estados DE LA MASONERÍA 549 el pretendiente Católico. El Caballero de San Jorge protestó contra este tratado y se retiró á Lorena donde supo^ en 1714, la muerte de su hermana la reina Ana. El Caba- llero de San Jorge acudió entónces á Luis XIV para pedirle su apoyo contra Jorge I, pero este principe se acojió con frialdad, y aun le intimó,la órden de dejar la Francia, Sin embargo, sus partidarios se agitaban en Escocia y en Inglaterra y preparaban su motin que estalló en 1715. El Conde de Mar se puso á la cabeza de los insurrectos, entre los cuales se hallaban el duque de Boxburgh, los marqueses de Tullebordine y de Huntley, se proclamó en Brac-Mar, el 6 de Setiembre, á Jacobo Eduardo, rey de Inglaterra y de Escocia, bajo el nombre de Eduardo III. El 22 de Diciembre desem- barcó éste al fln en Pekestear uniéndose al ejército de 12,000 hombres que mandaba Mar. Siguiendo en esto la costumbre que siguen todos los pretendientes, el caballero de San Jorge se apresuró aún cuando no tenia ni siquiera remotas esperanzas del triunfo, á rodearse del aparato y fausto que los verdaderos monarcas pueden tener: se apresuró á crear su corte nombrando altos dignatarios, celebrando fiestas y prac- ticando ceremonias que, á juzgar por ellos hubiera podido creerse cenia la corona. Comprendiendo el gobierno inglés, que no debía tolerar en manera alguna que la insurrección adquiriera desarrollo, sino que por el contrario urgia ponerle coto cuanto antes y dar fin á ella por un golpe decisivo, que escarmentara de paso á los que se atrevían á abrigar tan descabellados intentos, á este fin hizo venir á toda prisa un contingente de fuerzas de las que operaban en Holanda con objeto de reforzar al ejér- cito inglés. Empeñada la campaña, las fuerzas del pretendiente fueron derrotadas en casi todos los encuentros en que se afrontaron, por lo que Jacobo Eduardo que por temperamento y por carácter se desanimaba fácilmente consideró que tenia su causa pocas probabilidades de éxito y no halló nada mejor que hacer, que sustraerse á la vista de sus pretendientes y retirarse á Gravelinas, lo cual fué señal para que el ejér- cito sublevado tuviera que disolverse. Aquella sublevación, tuvo como casi todas las de su género, lamentables y fatales consecuencias, pues si bien es cierto que muchos de los jefes comprometidos en ella lograron escapar poniéndose en salvo; otros más desgraciados, fueron decapitados ó deportados á América. En el trono de Francia habia sucedido el duque de Orleans como regente cerca del cual Jacobo Eduardo no halló el apoyo que la época anterior tuviera con Luis XIV, por lo que se retiró buscando un refugio en Aviñon, donde por su condición de prin- cipe católico é individuo de una familia que tanto por el catolicismo había hecho, fué favorecido por el pontífice Clemente XII. No representaba, esto poco en aquel tiempo máxime cuando en todas las épocas Inglaterra ha despertado celos de todos los demás países á consecuencia de su siempre creciente poderío. Alveroni, que á la sazón desempeñaba el puesto de privado en España, influyó no poco en el ánimo del rey para que le favoreciera y creyendo que su presencia acabaría de decidir al mo- narca español, se trasladó á nuestra córte consiguiendo al fin que se pusiera á su disposición una escuadra con la que habia de intentar un nuevo desembarco en las costas de Escocia. No parece sino que hasta la naturaleza era contraria á estos des- venturados Stuardos y lo mismo que ya se sucediera en su primera intentona cuando 550 HISTORIA GENERAL Luís XIV le prestó su auxilio^ le ocurrió ahora que se veía favorecido por el monarca español: una fuerte tempestad desbarató la flota y solo un reducidísimo número de españoles pudieron reunirse con los escoceses que siempre dispuestos á favorecer la causa de sus antiguos monarcas que además le garantizaban su independencia, to- marón de nuevo las armas, pero el movimiento fué reprimido como en las ocasiones anteriores y de nuevo tuvieron pasto los cadalsos y victimas las deportaciones. Du- rante aquel mismo año Jacobo Eduardo, contrajo matrimonio con la princesa Clemen- tina Sobieka, la cual le aportó en dote 25.000,000 de pesetas, fortuna que unida á la considerable cantidad que el poder le tenia señalada, le permitió rodearse de una corte de perseguidos y vivir en una opulencia que hasta entóneos no conocía. Persistiendo siempre en su idea, y no satisfecho con las comodidades que disfrutaba, insistió en querer llegar á todo trance al trono de Inglaterra, por lo que en 1778 dirigió una cir- ciliar á los gabinetes europeos, asi coñio también á los partidarios de Escocia en la cual pretendía probar que lo de justicia y lo conveniente eim que Jorge 1 hiciera di- misión del alto puesto que desempeñaba cediéndole la corona; la Cámara de los Lores hizo quemar este documento que no produjo resultado alguno. De su matrimonio tuvo dos hijos, siendo el mayor Cárlos Eduardo que como más adelante veremos tuvo también sus pretensiones á la corona: deseando su padre granjearle las simpatías del partido protestante llamó para que presidiera su educación al conde de Zuberners, pero esta determinación dió lugar á serios disgustos con su esposa que se retiró á un convento del cual no salió, sino cuando el susodicho conde fué despedido. Jacobo Eduardo siguió alimentando sus pretensiones durante todo el tiempo que vivió en Roma y en esta ciudad preparó la expedición de 1745 á la cabeza de la que mandaba su hijo Cárlos Eduardo en quien aquel habla abdicado. Estos hechos, estos trastornos, no eran ni podían ser favorables para el desarrollo de la institución masónica, máxime cuando la causa de los Stuardos en Inglaterra, implicaba también una cuestión religiosa, que son como sabemos, de los que más han agitado á la nación aquella. Los Stuardos desde su entronizamiento habían defendido siempre casi hasta con fanatismo los principios de la religion católica, habían sido con- sccuentes y fieles con el poder romano y esto era ya más que suficiente para que fue- ran mal mirados por la mayoría de la nación inglesa en la que á costa de tanta san- gre se habla implantado el protestantismo. Concretada la sublevación á Escocia donde la masonería se hallaba en su primer periodo, la cohibió pues, no pocos de los que más apoyo hubieran podido prestarle, se encontraban comprometidos en el movimiento politico que absorvia toda su atención. No cesó éste con las repetidas derrotas que habla sufrido el caballero de San Jorge, sino que todo lo contrario, la época en que pareció estar más calmado, fué solo una tregua, preparación de mayor efervescencia: educado el hijo de Jacobo en una atmós- fera que le permitía verse como futuro monarca de Inglaterra, alentó iguales esperan- zas que su padre y á la cabeza de la expedición que este mismo preparara en 1745 según ya hemos manifestado se dirigió á Escocia, desembarcando en aquellas costas que tantas veces hablan regado ya con su sangre los Estuardistas. En los comienzos DE LA MASONERÍA 551 de esta nueva campaña^ pareció sonreirle más próspera fortuna que en las anterio- res, y con efecto logró derrotar en algunos encuentros á las tropas inglesas y se hizo proclamar en Persth, regente de los tres reinos logrando apoderarse poco después de la importante plaza de Edimburgo. Esta fué la Capua del pretendiente, si bien no po- demos darle este nombre en absoluto, por que alli se entregara á vanos y fútiles pla- ceres, sino porque perdió lastimosamente su tiempo en espera de los ausilios que la Francia le tenia prometidos y que á pesar de todo no llegaban; tal vez hubiera sido otra su suerte, si en vez de detenerse tanto en la capital de Escocia, se hubiera lanzado desde luego sobre Lóndres, aprovechando la sensación causada por el éxito de sus an- teriores encuentros. Tardó mucho en moverse, pero habiéndolo realizado, penetró en Inglaterra llegando hasta Dervi donde tuvo que detenerse por no querer ser seguido por los jefes montañeses que lo acompañaban: cuentan que el principe, obligado á retirarse en los momentos mismos en que su aventura tomaba proporciones de una conquista, vertió lágrimas de despecho y de dolor, pero cediendo á exigencias que en verdad no estaban justificadas por causa alguna, deshizo lo andado, operando en re- lirada en buen órden y aun consiguiendo en ella las victorias de Cliftan y Falkirk. Cansada de una vez, la suerte puso término al fin á todas las esperanzas de los Stuardos con la menorable batalla de Cullodan, ganada en 1746 por el duque de Kum- berland que deshonró su victoria con la violenta represión de que la hizo seguir. A 'partir de este momento, los sufrimientos del pretendiente fueimn grandes, huyendo á través de mil peligros que incesantemente amenazaban su vida, hasta que logró hallar un navio que le trasportara á la Bretaña francesa, de donde tuvo que salir después de firmado el tratado de Aguisgrau. Volvemos á i··epetir, estas alteraciones y continuos disturbios no pudieron ménos que determinar un retroceso considerable en la floreciente marcha que la institución masónica llevara en Escocia y el primer indicio que de esto podemos registrar, es la anomalia de que en los tres años que duró el movimiento iniciado por las pretensió- nes de Cárlos Eduardo, no hubo al frente de la masonería en Escocia ningún indivi- duo de la nobleza, cosa que resulta bien rara atendiendo á que de la constitución de la gran logia de Edimburgo, en ningún ejercicio dejó de haber al frente de ella un individuo de las familias más distinguidas de aquella antigua aristocracia. Luégo que la efervescencia hubo pasado, luégo que se aquietaron los ánimos y que la perjudicial pasión política cedió el campo á la más laudable de hacer el bien en todas las esferas de la vida, la masonería siguió realizando sus progresos, desarrollándose en el inte- rior y áun fomentándola en el exterior de la misma manera que lo venia haciendo la gran logia de Lóndres. En el año de 1747, Alejandro Drummon, que como nuestros lectores recordarán, había sido el primer maestre provincial que nombrara la gran logia de Edimburgo y que desde hacia algun tiempo estaba desempeñando el consu- lado de Inglaterra en Turquia, por lo cual tenia su residencia en Alejandría, solicitó y obtuvo el privilegio para si y para las personas que él designara, para constituir logia en todas las poblaciones de Europa y Asia bañados por el mar Mediterráneo, asi como también para visitar todas aquellas que ya estaban instaladas y redactar 552 HISTORIA GENERAL una memoria acerca de la situación en que los hallara siendo por esta razón también el primer gran maestre provincial^ cuyo poder se extendiera fuera del país. Las disensiones políticas ocurridas, las pérdidas de los vencidos y las venganzas de los vencedores, dieron no poco que hacer, pues á consecuencia de todo ello, los fon- dos de la asociación decrecieron notablemente, y ménos mal que los hubo para hacer frente á tantas necesidades como hubo que atender. Independientemente de su cua- lidad de mason muchos afiliados á la Sociedad tomaron parte en aquellas agitaciones y disturbios civiles; no pocos murieron en las luchas, y otros luego que terminaron éstas se vieron obligados á huir ó andar ocultos, sin poder atender por tanto á las ne- cesidades de su familia. En tan grave conflicto, la masonería dió señaladas pruebas de su valer y de los altos fines de su instituto, socorriendo á todos los necesitados y haciendo menos sensibles las desgracias que los hermanos habían experimentado. Los que sin fundamento alguno han sostenido y sostienen que la masonería no ha hecho en su historia más que procurar el mal y atentar al orden establecido, podrán convencerse de su error estudiando como dicha institución se desarrolla sin ménos- cabo de ninguna otra, y como por circunstancia ninguna se hace acreedora á la per- secLicion de los poderes constituidos, sino que por el contrario, se granjea el afecto y simpatía de todos con las buenas obras que realiza. Hasta la fecha que venimos historiando y siguiendo una costumbre iniciada desde la constitución de la gran logia, el gran maestre ó su adjunto designaba la persona que lo había de suceder en el cargo. Esta costumbre por más que hasta entonces no había dado lugar á contrariedad ni dificultad alguna, hay que conceder que se pres- taba á ello comprendiendo lo cual el célebre publicista lord Boyd que ocupaba tan alto puesto en 1751, y deseando como todos los que le habían precedido el mejora- miento en la organización de la orden, renunció al derecho que tenia de designar su no sin que antes protestara de la ilimitada confianza que debían inspirar to- sucesor, dos los que á su lado ocupaban asiento en Oriente. En vista de esto se reunió una co- misión especial encargada de orillar la dificultad que se presentaba, y después de analizar detenidamente el punto sometido á su exámen quedó acordado que en ade- lante la designación de gran maestre se baria por votación entre los individuos que componían la gran logia, lo cual, como fácilmente se comprende, presentaba muchas más ventajas que el sistema anterior. Si grandes alabanzas merece la masonería escocesa por el valioso concurso que prestó á la obra de la edificación del hospital Real de Edimburgo, seguro asilo con que podían contar los hermanos indigentes en caso de enfermedad, no son ménos las que merece por la eficáz participación que tuvo en la construcción de la Bolsa de la misma ciudad, ámplio edificio para la contratación y seguro medio para fomentar la industria y el comercio, probando de este modo la sociedad lo mismo sus buenos sen- timientos qne el gran interés que tenia por el trabajo conque los hermanos pudieran atender á la satisfacción de sus necesidades. A la colocación de la primera piedra de este edificio, lo mismo que á la del hospital, concurrieron los dignatarios llevando ca- da uno las insignias de sus grados: en los cimientos se enterraron tres medallas y la DE LA MASONERÍA 553 piedra á la que se hizo descender por tres movimientos regulares quedó colocada de tal modo que la inscripción de una de sus caras quedó hácia arriba: el gran maestre dé- positó enseguida los unos tras los otros los útiles masónicos y esparció sobre la pie- dra^ pronunciando las fórmulas prescritas^ vino^ aceite y trigo^ costumbre que se ob- servaba entónces por primera vez y que tardó aún en admitirse en Inglaterra basta el año 1775. En la noche de aquel día tuvo lugar también y para celebrar aquel acón- tecimiento, un banquete masónico probando toda la gran influencia y la consideración de que la sociedad gozaba entónces. Otra de las solemnidades á que concurrió la órden, fué á la inauguración de la Hocb-Ecbule^ escuela superior, asistiendo más de cuatrocientos hermanos y en el mismo año en que esto tenía lugar, quedó acordado que las asambleas trimestrales tendrían lugar en los días primero de Mayo, Agosto y Setiembre, con lo cual queda perfectamente regularizada la marcha de la sociedad según estaba dispuesto en todo por las antiguas constituciones de Lóndres que eran como sabemos, las que en todo servían de norma y guia. Hemos dicho en más de una ocasión, que ni la masonería como sociedad de cons- tractores, ni la masonería como sociedad filantrópica y moral había tenido que sufrir persecución alguna de los poderes constituidos y no hay motivo para que esto pueda llamar la atención dado que según venimos viendo la institución masónica por sus actos se hacia acreedora solo á las mayores consideraciones por parte de todos. Las autoridades civiles de los países en que arraigaba, no podían preocuparse en modo alguno por la existencia de una sociedad que desde el momento en que uno de sus fines principales era moralizar á los congregados, no podía ménos que incul- carie sanos y rectos principios entre los que hablan de dominar, ciertamente los que obligan á la obediencia: por otra parte, á pesar de la proverbial vigilancia que en todo ha tenido Inglaterra nada había podido descubrir, absolutamente nada, que pudiera entónces ni más adelante ser causa de trastornos, razones que le obligaron desde luégo á ver en la masonería una sociedad perfectamente compatible con todas sus instituciones políticas por lo que si bien es cierto que nunca la favoreció como han supuesto algunos, procediendo ligeramente, no lo es ménos que la dejó que se desar- rollara con toda libertad. Desgraciadamente no podemos decir lo mismo con respecto al poder religioso que por lo mismo que procura llegar siempre hasta el Sagrado San- tuario que forma la conciencia no ha podido nunca dejar en paz á la masonería. Incesantemente venimos oyendo hablar de las crueles persecuciones que ha llevado la iglesia católica y no seremos nosotros quienes las neguemos, máxime cuando hay que conceder que ella es la que tiene el triste privilegio de haber hecho sist ema de las crueles y sangrientas persecuciones religiosas. En el terreno religioso no caben tran- sacciones; cada uno cree poseer la verdad absoluta y la defiende hasta la muerte, si es más débil ó castiga haciendo sufrir un triste fin, si es más fuerte á los que tienen el valor y la osadía de no pensar como ellos piensan. Estas y no otras son las causas que dan lugar á que las persecuciones religiosas revistan un carácter más sangriento que ningunas otras, y j)rocediendo en la cuestión esta con la misma imparcialidad 70 554 HISTORIA GENERAL que tratamos á todos los demás, es justo decir que nó solo la religion católica, sino todas, absolutamente todas las religiones positivas, han llevado á cabo persecuciones, siempre que han contado con fuerzas para ello; y que todas, absolutamente todas, representan violaciones de la conciencia, emanación del espíritu que nos identifica con Dios. Una acusación de impiedad, valió la sienta á Sócrates, y el no pensar como Calvi- no pensaba acerca de la Trinidad, valió la hoguera á Servet: entre estos dos términos y cualquiera que sea el punto á que se mire en el terreno religioso, no se ven mas que cuadros de desolación y sangre. Los judíos al hallarse frente á un reformador religió- so que altera lo que ellos creen indiscutibles verdades de los textos, al ver á quien presentándose con la humildad y pobreza del mendigo se llama hijo de Dios y lo afir- ma contra el absoluto crédito que tienen reconocido á las profecías, no pueden ménos que perseguirlo, el pueblo en masa influye con el pretor romano para que lo condene y no descansa ni sosiega sino cuando lo ve pendiente de la cruz. En los comienzos del cristianismo, los romanos que quemaban incienso al pié de los altares de los Ídolos, los romanos prostituidos ya y sin ninguna [fé, persiguen á los individuos que se ini- cían en la nueva religion y los condenan á los más horribles suplicios haciéndoles su- frir inauditos tormentos: al decir persecuciones religiosas, se entiende siempre que se va á hablar de las sufridas por los cristianos en tiempo de los emperadores, pero no debe concretarse tanto el sentido de la palabra; pues persecuciones religiosas son las de la Iglesia católica durante la Edad media, en que no apagó jamás las hogueras ali- mentándolas de continuo con judíos, moros, hechiceros, brujas, alquimistas y poco fervorosos, estremando en algunas épocas su rigor hasta tal punto qüé más que nada parecía que deseaba vengarse á su vez de lo que en un día le habían hecho sufrir, y á este parecer lo apoyan circunstancias que no pueden ni deben perderse de vista. Los emperadores romanos protegían y amparaban á la que era religion del Estado y que se vela atacada por la que comenzaba á aparecer procurando alterar el órden estable- cido: mucho sufrieron los cristianos en tanto que estuvieron en menor número y no pudieron contar con apoyo alguno, pero cuando se modificaron estas condiciones, cuando se estendieron por todas partes y el poder de Roma se vió protegido por poderosos monarcas de las naciones europeas, hizo lo mismo que con él habían hecho. Aparece Latero, predica el protestantismo y se estiende esta religion que con la ca- tólica parecía librar un duelo á muerte; sufre primero violentísimas persecuciones en las que se registran hechos que espantan por la barbarie que implican, mas luego que logra hacerse de la protección civil, luego que tiene monarcas que la amparen y la sostengan, persigue á su vez y sigue en la persecución la misma senda que las an- teriores, pues no podía ser otra dado que por mucho que en su credo blasone de li- bertad y libre exámen en la forma, en el aparato y en sus exigencias, se presenta co- mo todas las demás religiones positivas y blasona como cada cual de ellas de ser la üniai depositarla de la verdad absoluta. Ya lo hemos dicho, blasonando cada una de poseer la verdad absoluta, asi como la fuente de todo bien, han llevado á cabo sus DE LA MASONERÍA 555 predicaciones con humildad^ han opuesto en un principio razón á razon^ y los mismos sufrimientos que han experimentado les han servido de méritos que alegar, se han presentado sin ostentación alguna y han vejetado, digámoslo asi, en su primera época. Cuando más tarde por estas razones ó por las otras se han desarrollado lie- gando á ser el catolicismo y el protestantismo religiones del Estado, no ha habido nada que las contenga, y se han impuesto haciendo uso muchas veces hasta de la fuerza. Sin entrar nosotros por no ser de nuestra incumbencia á discutir si el Estado debe ó no tener religion, y si las fuerzas que al mismo proporcionan los ciudadanos puede y deije emplearlas en imponer á ellos estas ó las otras creencias, justo es que manifes- temos el errado camino que siguieron los poderes religiosos para arraigarlos. La creencia no se impone, no se puede imponer; el individuo piensa y cree solo aquello que su conciencia le dicta como razonable y bueno, lo analiza todo y cede sin esfuerzo ante aquello que le merece acatamiento, pretender otra cosa y quererlo conseguir á la fuerza es dar lugar á que el hombre pierda su buena fé y aparente lo que está muy le- jos de sentir, pues no todos tienen el valor del martirio, y mucho ménos se creen obli- gados á llegar hasta él en esta época de positivismo y realidad. Cuando el poder reli- gioso persigue á los que no profesan el credo que tiene espuesto, cuando las religiones en vez de hacer uso de las armas de la persuacion recurren á las de la violencia, en- tónces los perseguidos recurren á su vez á la falacia y al engaño, y siguen en su fondo siendo lo que les conviene ser. Esto ha ocurrido en todas las épocas y en todas las religiones: cuando las persecuciones de los emperadores romanos al cristianismo, muchos que ni querían dejar que en ellos se "hicieran prácticar las promesas de los apóstoles, pero que tampoco se sentían ni con valor ni con fuerza para afrontar la tortura, la muerte en medio de los mayores tormentos, fingieron a una parte y otra y se hicieron liheláticos, que tal nombre recibían aquellos que recurrían al pretor para comprarles, mediante dinero, certificaciones con que podían acreditar que rendían culto á los Ídolos; en la Edad media, cuando la perseguidora es la religion católica, los acusados de pertenecer á otros cultos se apresuraban á abjurar ante aquellos san- grientos tribunales que frío dá recordarlos, tribunales que queriendo abarcarlo todo y que nada quedara fuera del molde inventado por ellos, llegaban á inmiscuirse, no solo en las cuestiones de fé, sino también en las cuestiones científicas dando lugar á la ab- juracion del sublime Galileo en la que tenemos un patente ejemplo de lo que venimos diciendo: ostensiblemente se desdice de-lo que ha afirmado, pero cuando el tribunal le manda levantarse sintiendo que el peso de su conciencia no se lo podria j)ermitir, la alivia pronunciando el e pur si innove que es la protesta más grande que puede ha- berse dictado contraía violencia ejercida. En este terreno no han sido ménos los pro- testantes: Latero, Calvino y todos los prohombres de esta religion, predicaron como perfectamente se sabe el libre exámen, y en su principio aparecen como los liberado- res de la conciencia. Después de predicada la Reforma parecía que el espíritu iba á poder sacudir libremente sus alas, entumecidas por el peso que sobre ellas habla ve- nido arrojando de continuo el catolicismo; mas no fué asi, pues el libre exámen se lo 556 HISTORIA GENERAL permitieron ellos negándolo cuidadosamente a los demás^ interpretaron los textos á su modo y el resultado de sus estudios^ sus conclusiones las impusieron á los demás forzosamente^ asi como también la disciplina de su Iglesia; excomulgaron primero sencillamente á los que no los acataban y después cuando contaron con fuerzas para ello los persiguieron cruelmente^ prendiendo ellos también la terrible hoguera contra la que tanto mal hablan dicho. En vano será que los protestantes hablen de las perse- cuciones que los católicos les han hecho sufrir; la Iglesia católica tuvo siempre un carácter más absoluto que justifica con la inspiración divina que dice recibe^ pero el protestantismo que desde su aparición blasona de liberal, nunca podra explicar ni disculpar todos los atropellos cometidos á su nombre durante el remate de Enri- rio le autorizó cam- que VIII, monarca protestante cuando el pontífice romano aquel bio escandaloso de mujeres, que apesar de su austera moral le autorizó el protes- tantismo. Esta religion, no bien tuvo carácter oficial en Inglaterra, realizó los mismos actos que el catolicismo en los países en que disfrutaba de igual carácter y no pudo ménos de comprender alli que la sociedad que más sombra le hacia, que la sociedad que un dia llegaria á reducirla á la nada era la masónica, pues esta teniendo en su credo y manteniendo con verdad el libre exámen, tenia que llegar un dia en que probara la insuficiencia de todas las religiones positivas cualesquiera que hubieran sido las cau- sas que presidieran á su aparición. El catolicismo no habla tenido lugar para perse- guir á la masonería en Inglaterra, pero de esta tarea se encargó la religion protes- A tante cumpliéndola con los mismos trámites que más tarde emplearla la romana. semejanza de la iglesia griega y como también los habían tenido los israelitas, los establecieron sínodos para acordar tanto los puntos de fé como de- protestantes para terminar las cuestiones de disciplina: son los más notables de ellos los siete que se celebraron en distintos puntos de Francia en la primera época de la predicación, pasando luégo en importancia los de Inglaterra y más aún por su carácter coercitivo los verificaron en Escocia, pais que como sabemos estaba tachado de católico que se que plenamente habla probado serlo con el apoyo que en todas las ocasiones había y celebrados en prestado á la de los Stuardos. Las medidas y disposiciones de los causa Edimburgo, no alcanzaron solo á los católicos, sino que se estendieron también á los masones. En el de 1745, fijándose en la conducta religiosa de los individuos afiliados nada la forma de su juramento, habla mandado abrir una á la órden y más que en información, para ver hasta qué punto podia tolerarse el desarrollo de la asociación, sus y espíritus fanáticos poco probos se prestaron á practicarla é informando y según deseos dieron lugar á que diez años más tarde en el sínodo celebrado en 1755, comen- la Iglesia protestante su sistema de persecución contra la masonería: efectiva- zara mente, el 6 de Marzo de este mismo año, lanzó el primer decreto contra la órden, conducta era incluyendo también á los que estaban afiliados regularmente y cuya conocida y alabada de todo el mundo por los buenos actos que habían realizado. Haciendo caso omiso de todas las buenas circunstancias que hasta la autoridadad civil les tenia reconocido, el sínodo acordó que en adelante ningún individuo que pertene- DE LA MASONERÍA 557 ciera la francmasonería podría desempeñar funciones eclesiásticas y que^ al propio tiempo^, les seria infringida la censura con todas las penas religiosas que llevaban anexas. Contra esta disposición, aparecieron varios artículos en las publicaciones ma- sónicas que la dejaban mal trecha por cuantos analizándola desde el punto de vista racional ningún fundamento le dejaban. Según hemos tenido ocasión de ver la masonería escocesa venia en un todo siendo un reflejo de la masonería en Inglaterra durante su primera época: había aceptado los principios que servían de base á la institución, y no sólo esto, sino que también había adoptado las constituciones y ordenanzas que regularizaban su marcha. Atendiendo á todas las circunstancias que en la asociación concurren, hemos de conceder que no podía ser de otra manera: de un lado Escocia no podía dejar de ex- perimentar la influencia de la metrópoli, y de otro, animados de igual deseo en una que en otra parte, los más modernos tuvieron que seguir los pasos de los más anti- guos, máxime, cuando todos conocían los buenos resultados que habla dado. Atenién- dose la sociedad á los principios fundamentales que constituyen su credo, que se han mantenido siempre en los países en que la masonería es una verdad y que como ve- nimos viendo, en nada se oponen ni á la moral ni á las leyes, la institución masónica contó desde luégo con hombres eminentes que le prestaron su concurso y su va- lido apoyo. En la historia de la masonería escocesa, lo mismo que en la de la masonería en Inglaterra, hemos tenido que registrar una escisión provocada por el espíritu inquieto de algunos hermanos que en esto como en todo no podían resignarse á ocupar el segundo lugar, pero esto es puramente una cuestión de forma que nada implica; en los principios marchan todos acordes y unidos, hay perfecta comunidad de miras y se unan los esfuerzos para llegar más pronto al órden establecido. También la masonería escocesa tuvo que lamentar la paralización y todos los demás inconve- nientes que irrogan las luchas y trastornos políticos por más que según venimos viendo hasta la época que historiamos, permaneció agena á ellos por completo, pero no puede ser de otra manera, la agitación del espíritu y la exacerbación de las pasiones no puede ser favorable para el progreso material de una sociedad de carácter moral. Esto, no obstante, bien vemos el grado de esplendor á que llegara en pocos años y los grandes resultados que su instituto produjo. El órden de los hechos nos ha impedido esponer las revelantes condiciones de muchos de los personajes que en Escocia ocuparon el elevado cargo de Gran maestre y como importa conocerlo para probar con ello la importancia de la sociedad misma, daremos á conocer algunos siquiera sea muy someramente. La dirección y cuidado de los asuntos de la órden estuvo encomendada en 1754 á Jorge Hamilton Gordon, conde de Aberdeen, padre del ilustre diplomático que con tanta actividad y saber defendió los intereses de su patria contra el emperador Nopoleon; en 1755 le sucedió James Yorhes, lord de Pisltigo que sin descuidar en nada las funciones que le estaban enco- mendadas, defendió calurosamente la causa de los Stuardos llegando hasta á tomar parte en la memorable batalla de Culloden. Después del interregno á que dieron lugar los acontecimientos políticos fué electo para 1757 y 1758 el conde Alejandro de Gallo- 558 HISTORIA GENERAL way al que le sucedió el de Leven^ ilustre fllantropo descendiente de una de las más antiguas familias de Escocia: á este siguió Tomás Bruce, conde de Kincardine y de Elguin, célebre por la magnifica colección de mármoles que trajo de Atenas y que hoy forma parte del British Museum, y sucesivamente desde 1763 hasta 1783 desempeña- ron tan altas funciones el conde de Kellie, lord Provost, el conde Dalhousie, Adolfo Ougliton, el conde de Dunfries, el duque de Atliol, David Darymple, Willian Jorhes, el conde de Balearras y el conde de Buchan. Todos estos nombres conocidos y respetados prueban bien claramente que la ma- sonería en Escocia lo mismo que en Inglaterra fué considerada siempre como una sociedad digna de la mayor consideración y estima y que nunca por ningún concepto se vió privada de hombres dignos de respeto que contribuyeron á su esplendor. Unos tras otros fueron desempeñando el alto puesto, ilustraciones de la época, acreditados por todos conceptos y con los cuales se puede imponer silencio á muchas de las ase- veraciones hechas por los enemigos de la órden. Si la institución masónica hubiera sido en alguna época de su historia una sociedad disolvente, si contra lo que afirma- mos hubiera condenado toda idea religiosa y perseguido á los que las profesaran ó al ménos mirándolos mal; si entre sus fines se hubiera encontrado el de atacar á todo gobierno constituido, mal hubieran podido asociarse á ella y formar parte de sus filas, hombres en los que el gobierno de su nación depositó más de una vez su confianza, hombres de saber que por sus condiciones de carácter, descendencia y educación no podían hacerse solidarios en modo alguno de hechos punibles ó criminales, sino que por el contrario, no prestaban su concurso más que á instituciones benéficas que al propio tiempo procuraban hacer prácticas las verdades que en nuestro tiempo están en la conciencia de todos. ' S',' 1'^ 'Tiasouería en Fri»ñ<';.a;^-Opiiuoa«á, aveMaradas acerca del Jvfogréso d.e|é*iW33f>aería on pads;^ '•'■atposicion tUi la leoría reputacion.-~La3 , s^.ioofis "·*'d·ajo.--rLa coipüracioa de ios . tíoTystrnccíorfts.—S»tis régladaeatos.—La verdsdere àasroiïfiçía 'es ' ^¿ . '^í'sscia.-^lnflucncias de ínglaíerrai-^Greactoaa/ie logiaseaParíg.i»--Car¿cto paí-eja-; ,.í¥^d§.coüsíitaciop.-^Abpsos á qp,e'eé ¿riegtaba íjá»!!:" sistema.—^C-aráeter de jr05|mí»tid3.¿ qua piVia' ï?í^ri tienen iaá primeTas logíe.s.—Reatiltados á qoe estodiíflBgar.-HCensni^.a J'sÍÍíras.--^P<íráñ¿.n;-^ Síoaés det poder,civil.^Edieto de Lnis X¥f*-Áícaneé á& aüs ■dïèpc·sièioàe^.'··rCièsstitneib» | !^s3>:pdr" djigisaeg. dotóíçjíiados,.e« .Francia. - Implantactím cíe. íes coÉa.tj^íí^íaesi, de í.a Cira-tf. logia ,de.-Ldudr0s,.-—Pers«cuciifncs de Iq Iglesia contra la . á\deb;»íaíSdnjty3..n.Teí}|&íes ds..sa e^e ■ , íX'rtóna.—Reuniones y .aéaétilos de los cardenales.—í^a baia i^Cleménié -XIT —So espeaicioaiy [tica. A- r#!-' - " ^ -Sf i ''<·'%é ± t • i i, ■ . 'J---'"•■■■•r. : f - • ••• . \ • . • J',/: .■ ■ * "f- >' ^.. -ik-i ^ó€ní^.os vei tdtiorei Íod|uc»; labitisíotna ai-TOja dft la masom ¡ui f>l paí'* 'l·.jníjli: ■ más se lía habterdi?:^^^^ pj'^ncíi^ bá teuítlo, el^privifegio^^ aí^açiíïn eïl:tQ(dos^e^' ratans -y tjo pue^riçsv raAdP. mi mttaera algána, ti.ap;al ooij^^ «Tcr ía-fítasoKepia .havíi :pre.teraiido para sí -d primer io mismp qao cpn totlpirr |{yande:y:gtóPsp;vierie íj.aeiendo, ls!pç.^'w wianunokir (l^e-.Ffíiní^llog di^'.stt..ís«eÍp-..y.-;dpomíí e^ráeteF'ue «jas ha|ifeiiii_"=! d^qr» ^.5^ ^ iml$éS^i^siiÁQ'puesm eala historia de-lasnactoiwsj pew.dè & 'bs*--! ¿'§ patar él primer rdiesto eí>raa.ft'e6iiemeLa'fi hive, hav iuirt g£?tíidj-5;tmá'di'fero'«í.i *j& f ^ '■^·cv'··'·"'· • íiai» • c/ " ·f:r··j^'i·.· • ■ ■ .- --e/ \^K'y:,r -■ ■ Ï» ' i.' -"t, m CAPÍTULO XXIX. La masonería en Francia.—Opiniones aventuradas acerca del progreso déla masonería en este país.— Exposición de la teoría de Mr. Rebold.—Tergiversaciones históricas.—Su reputación.—Las corpo- raciones en Francia.—Los gremios.—Su constitución.—Derechos y preeminencias de los mismos.— Disposiciones reglamentarias por que se regían.—Coacciones que esta organización oponía al libre trabajo.—La corporación de los construcctores.—Sus reglamentos.—La verdadera masonería en Francia.—Influencias de Inglaterra.—Creación de logias en París.—Carácter de.las primeras paten- tes de constitución.—Abusos á que se prestaba este sistema.—Carácter de irregularidad que por la razón tienen las primeras logias.—Resultados á que esto dió lugar.—Censuras y sátiras.—Persecu- cienes del poder civil.—Edicto de Luis XV.—Alcance de sus disposiciones.—Constitución de lo- gias por ingleses domiciliados en Francia.— Implantación de las constituciones de la Gran logia de Lóndres.—Persecuciones de la Iglesia contra la órden masónica.—Temores de la córte romana.—Reuniones y acuerdos de los cardenales.—La bula de Clemente XII.—Su esposicion y crítica. ^óCxVNOs ver ahora lo que la historia aiToja de la masonería en el pais donde más se ha hablado de ella. Francia ha tenido el privilegio de absorver la atención en todos los ramos y no puede extrañar en manera alguna^ que al ocuparse de la masonería haya pretendido para si el primer lugar lo mismo que con todo lo grande y glorioso viene haciendo. No es nuestro ánimo aflrmar ni anunciar siquiera,, que Francia por las condiciones de su suelo y por el carácter de sus habitantes deje de merecer un señaladísimo puesto en la historia de las naciones, pero de esto, á dis- putar el primer puesto como frecuentemente lo hace, hay una grandísima diferencia 560 HISTORIA GENERAL y justo es que en cada una de las materias á que alcanza la investigación humana se depuren los hechos para que cada cual quede en el sitio que le corresponda. Al ocuparnos nosotros de la masonería, venimos afirmando que si bien es cierto la sociedad por el carácter altamente humanitario que tiene, debió existir que siempre para bien de todos; pero no existió y la historia general nos prueba de una manera existir palpable y manifiesta, no solo que no existió, sinó que tampoco pudo por que el carácter de las distintas épocas por que la humanidad ha atravesado se oponia á ello. Para que la institución masónica aparezca, arraigue y se desarrolle, han sido necesa- rios un cúmulo de circunstancias entre las que no entran por poco los principios que ha aportado la nueva ciencia jurídica hija inmediata de las revoluciones ocurridas en lo nuestro siglo y en el pasado. Cuando con fría y serena mirada contemplamos que han sido los pueblos en tiempos que felizmente pasaron, y nos extrañamos como no puede ser menos de aquellas viciosas organizaciones que tuvieran extraña y sorprèn- de de indecible modo ver que han existido autores que sin concordar los hechos con las épocas han afirmado la realización de algunos en períodos en que eran totalmente imposibles. Hoy sorprendería extraordinariamente ver planteadas instituciones con las que pocos sueñan ya, y más seria para sorprender, hallar en los siglos que éstas tienen justificativos las que son propias de los años que alcanzamos. Como nuestro objeto es esponer con claridad é imparcialmente todo cuanto acerca de la masonería se conoce, y como no podemos estar conformes con muchos de los elementos que han aportado autores anteriores á nosotros, nos vemos en la necesidad de analizar lo que han expuesto para ver lo que de ello puede racionalmente quedar, y proseguir después nuestra tarea. Los autores franceses, en su mayor número, hacen con respeto á este particular afirmaciones que si no las creyéramos hijas de sus hue- nos deseos, tendríamos que suponer eran resultados de acaloramientos de la mente. Para nuestros lectores puedan formar completa idea de la estraviada senda que por- se han lanzado algunos de los que gozan de mayor autoridad, escuchémosles en que lo referente á la aparición y establecimiento de la masonería en Francia. «Después de diez años de lucha y de combate, la antigua nacionalidad gálica desapareció. Todo debía ceder y someterse ante el vasto genio de los Césares, y es en vano que las 350 tribus de los galos, les disputaran paso á paso su territorio. Las legiones romanas se de allanan todos los obstáculos, rellenan los pantanos, se abren caminos á través sel- vas seculares, se apoderan de casi todas las ciudades que sitian y ganan casi todas las batallas que dán. Después de haberse agotado en vanos esfuerzos por defender su territorio, la Galla, acosada hasta en las últimas trincheras, se ve obligada á sufrir el yugo del vencedor, convirtiéndose en una de las más hermosas y más ricas provincias del imperio romano. »Los antiguos galos abandonaron poco á poco sus rudas costumbres, sustituyén- dolas por otras más de tan suaves y civilizadas: abandonaron sus primitivas oppidas dificil acceso por ciudades elegantes adornadas con suntuosos monumentos y al lado de las plazas de guerra se veían surgir ciudades parecidas á las de Italia. Las nuevas ciudades construidas bajo la dirección de las corporaciones que seguían á las legiones DE LA MASONERÍA 5G1 romanas^ toman nombres latinos y reciben de Roma magistrados y pontiflces. Bien pronto se elevan monumentos en los sitios sagrados; las hermosas estatuas, producto del arte greco-latino, sustituyen á los informes simulacros de las divinidades célti- cas; los pantanos llenos de broza y las laudas cubiertas de malesa, se convierten en prados y campos; las selvas se podan y el suelo se cultiva como las más hermosas campiñas que se estienden más alia de los Alpes. Numerosos caminos abren comuni- cacipnes con todas f)artes, los rios se hacen navegables y los barcos acuden á los puertos del Océano lo mismo que á los del Mediterráneo, el comercio se amplia, las fábricas se organizan, y en fin, los diversos productos del país se exportan para todas las provincias del imperio. »En tiempos de César, la Galla estaba ya cruzada por innumerables caminos, pero los que se ejecutaron en las provincias corresponden al siglo de Augusto. Sin cesar hizo venir de la Galla cisalpina artesanos, miembros de los colegios de constructores, para los trabajos inmensos que reclamaba aquella conquista, del mismo modo que hizo venir de Roma todos los constructores é ingenieros que alli no eran necesarios. Estas corporaciones, conservando sus importantes privilegios y su organización, se aumentaron considerablemente en las Gallas: una parte se ocupó en la construcción de los caminos, guiando á los soldados romanos con estos trabajos. Otra se habla en- cargado más especialmente de las fortiflcaciones de los campamentos atrincherados; otros colegios compuestos de artistas constructores en madera y mecánicos, cons- truian en Massilia y en Frepis barcos y navios para el servicio del Estado; otra cate- goria se ocupaba exclusivamente de la edificación de los templos y monumentos pii- blicos; otra, en fln, de los puentes y acueductos. Agripa fué quien hizo construir la más hermosa calzada de la Galla, y existían ya la vía Domicia que atravesaba la Su- voya y la Provenza; la vía construida por órden de Pompeyo que se estendía desde Italia hasta la Galla á través de los Alpes; la vía Aurelia que iba desde Civita Yechia hasta Arles y otras muchas principales, además de las que había otro gran número que ponían en comunicación las poblaciones que tenían más importancia con las que tenían ménos. Lion era para la Galla lo que Roma era para el resto del universo, el centro al que coucurrian todos los grandes caminos del país; como en Roma, se veía alli la columna midiaria dorada, que era el punto de partida para medir todas las dis- tancias. »Uno de los medios de paciflcacio-n establecidos por los emperadores, fué fundar una multitud de colonias militares. Encargadas de contener las naciones más levan- tiscas y de defender las fronteras contra las agresiones de los pueblos germánicos, es- tas colonias que han dado origen á ciudades, en el mayor número de las provincias estaban en relaciones constantes con los habitantes del país, imponiéndoles sus gus- tos y sus costumbres; estaban además compuestas de ciudadanos romanos gozando de los mismos derechos y privilegios que si hubieran estado en Italia. »E1 emperador Augusto, después de haber arreglado en Narbona la repartición de los impuestos y la administración interior, después de haber creado varias escuelas, se ocupó en hacer construir en muchas poblaciones de la Narbonense y de la Lionen- 71 562 HISTORIA GENERAL se^ y en Lion principalmente^ valiéndose de los colegios de constructores de caminos, acueductos y fortificaciones, datando de esta época la prosperidad de Lion. Bajo la dominación romana, esta ciudad fué la capital de la Galla, residencia del gober- nador y de Augusto en sus viajes, asi como también de la mayor parte de sus suce- sores. »Cesar y Augusto aceptaron además el patronato de una multitud de poblado- nes que tomaron el titulo de Julianas y Augustales y que disfrutaron de muchos privi- legios. »Las antiguas ciudades como Massilia (Marsella) Ardate (Arles) Aqua Sextia (Aix), Narbo Martio (Narbona), fueron ensanchadas considerablemente y adornadas con no pocos monumentos; pero gran número de ótras poblaciones construidas en los empla- zamientos de las antiguas ciudades galas, destruidas durante la lucha, se levantaron de sus escombros gracias á la actividad prodigiosa de los colegios de constructores ayudados en aquellos inmensos trabajos por los soldados romanos y por los habitan- tes galos. »Estas ciudades se organizaron exactamente por el plan de Roma, que permaneció siendo el centro del gobierno. Cada una de ellas tenia su foro, su Capitolio, sus tea- tros, sus anfiteatros, sus templos, sus basilicas, caminos, acueductos, escuelas en las eran enseñadas las bellas letras, con un éxito igual al que obtuvieron en <;ue Atenas en tiempo de Pérules y en Roma en el de Augusto. »E1 espectáculo que ofrece la Galla durante la dominación de los doce Césares, es del mayor interés. Los colegios de arquitectos compuestos en general de artistas y de hombres versados en todas las ciencias, habían contribuido á aquel grado de espíen- dor, tanto por el gran número de monumentos que hablan levantado en las principa- les ciudades de. la Galla durante el reinado de Augusto, como por sus conocimientos y sus principios humanitarios. Por esto aquella confraternidad estaba rodeada de tal (consideración, que ya en aquella época muchos hombres distinguidos se hicieron in- (corporar como miembros honorarios. Augusto mismo pretenden muchos que fué de este número. Desde entónces se vió á los más ilustres patricios preferir la estancia en la Galla á la de Italia. Agripa, Druso, Tiberio y los más ricos romanos, ambicionan todos desempeñar cargo en la Galla. En una palabra: las instituciones romanas, las costumbres romanas, las letras y las artes romanas son trasportadas á un suelo nue- vo, en el que están llamadas á adciuirir un desarrollo tan floreciente como en los años más prósperos en Italia. »Debemos hacer notar que estas producciones de la inteligencia han seguido en los dos países poco más ó ménos las mismas faces, sufriendo igualmente la influencia de los buenos y de los malos emperadores, de los que unos han trabajado por la prosperidad de la provincia, y los otros la han sacrificado con impuestos y veja- clones. »Hasta el siglo cuarto las artes, y muy especialmente la arquitectura, estuvieron florecientes en la Galla. Desde Constantino, hasta la derrota de Liagro, los em- muy peradores continuaron visitando el pais para defenderlo contra las incesantes invasió- DE LA MASONERÍA 563 lies de los germanos^ Sajones^ Borgofieses y Herulos que atacaban á la Galla con un encarnizamiento infatigable; pero los francos parecían ser los más temibles de todos; ninguna derrota los pudo hacer ceder, pero al ñn Juliano logró dominarlos. Después de su victoria, es cuando pasó á habitar Lutecia donde se habla hecho construir un vasto palacio, del que aún pueden verse las termas en ruina. Durante el reinado de los emperadores que le sucedieron, las agresiones se hicieron más activas y más auda- ees, los saqueos mas terribles. El poderlo imperial pierde cada año, cada dia fuerza y prestigio. Stilicon mantiene aún el poder de Honario en la Galla; pero después de él, los Slavos, los Alanos y los Hunos saquearon y devastaron el pais sin consideración alguna. Los visigodos y los horgoñeses pudieron llegar hasta fundar en él algunos establecimientos. Ataúlfo, rey de los godos, combatió las bordas germánicas durante algun tiempo, pero él, á su vez, fué también arrojado de la .Narbona, rechazado del Mediodía por Constancio, general del ejército de Honario. Durante aquella guerra fueron destruidos la mayor parte de los monumentos elevados por las corporaciones de constructores, monumentos de los que aún podemos juzgar por algunos vestigios que quedan de los anfiteatros de Arles, Frepis, Nimes, Laintes, de los acueductos del puente de Gard, de los de Lyon y otros varios puntos. »Honario reorganizó la Galla, haciendo de Arles la capital. En una proclama suya invita á los pueblos á reconstruir veinte y cuatro de sus ciudades destruidas y á resta- blecer sus puentes y sus caminos. Con este fin envió á todas las regiones que habían sido asoladas, artistas constructores para que los dirigieran en estos trabajos, pero todas estas mejoras, todas estas instituciones, duraron poco, porque las naciones bár- bafas continuaron sus invasiones, y los francos acabaron por triunfar. En vano Aetio derrotó á los visigodos, rechazó á los horgoñeses y destrozó las huestes de Afila; en vano Maiarano se apoderó nuevamente de Lion que habla sido tomada por Teodori- co: los francos se apoderaron de Maguncia de Treves, de Colonia, destruyendo los edi- fíelos y amontonando escombros sobre escombros, se establecieron en Tournay y des- de este punto avanzaron poco á poco por el territorio del imperio. Por fin apareció Clovis, y la Galla dejó de estar para siempre bajo la dominación romana. Entóneos fué cuando un arte nuevo se levantó de las ruinas del antiguo, constituyéndose sobre una nueva base, y se desenvolvió tomando los elementos materiales al pasado, pero revistiéndolos de un nuevo simbolismo. »Las corporaciones masónicas que se hablan formado aparte de las legiones fijas (ill las Gallas, cuyo número era considerable, permanecieron en el pais después de la retirada de los romanos, siendo de advertir que desde hacia más de un siglo, habían admitido en su seno á muchos galos. Una gran parte de los miembros de estas corpo- raciones abrazaron el cristianismo que ya desde el comienzo del siglo m tenia muchos partidarios en las Gallas. No siendo exclusivamente empleada por el gobierno, sus privilegios no eran los mismos que en tiempos de los romanos, por lo que en su or- ganizacion se operó un cambio; las diferentes artes y oficios que hasta entónces se babian encontrado reunidas en una corporación, se separaron formando corporacio- nes á parte; estas corporaciones son las que encontramos más tarde organizadas en 564 HISTORIA GENERAL cuerpos de artes y oficios, cuyos estatutos y cuyo carácter propios, que en tanto de- generados, habían conservado más ó inénos vestigios de los antiguos colegios-roma- nos, su organización sirvió niás tarde también de modelo para el establecimiento de las comunidades de la Edad Media. Las corporaciones de albañiles más considerables y más importantes desde todos puntos de vista, fueron las únicas que conservaron su organización primitiva y sus privilegios, y continuaron dedicadas particularmente á la construcción de edificios religiosos; habían sido encargadas ya por los nuevos após- toles venidos de Roma en el año 257 nombrados como obispos de los edificios que ba- cían construir eu Amiens, Beauvas, Soisans, Reims y París. Estos masones cristià- nos, guiados por aquellos apóstoles que les inspiraban horror, hacían los templos paganos, trabajaban eficazmente en destruir en todas partes el número considerable de edificios y obras de arte que las guerras y las invasiones no habían destruido todavía y de los que aun quedaba de pié algun vestigio, después de ellos los bárbaros son los que asolan el Oriente y el Occidente, dejando ruinas por todos los sitios por donde habían- pasado; la tierra ofreció, por decirlo asi, un sepulcro á todos aquellos despojos del arte. »Durante el reinado de Cbilderico, de Clovis y de Clotario, fueron construidas mu- chas iglesias sobre los restos de los templos paganos; y al finalizar el siglo vi se con- taba ya un número considerable de ellas en el país. Durante las guerras internaciona- les, las invasiones de los pueblos bárbaros y las luchas sociales, el estudio de las ciencias y la práctica de los diversos ramos del arte se hablan refugiado en los mo- nasterios, en los que se cultivaba más principalmente la arquitectura, la escultura y la pintura. Cuando se trataba de construir una iglesia era lo más común que un ecle- siástico, discípulo y miembro de las corporaciones masónicas, fuese quien proporcio- nara los planos y aquellas las que ejecuturan los trabajos. San Eloy, obispo de Nayan, San Ferolo de Limoges, Dolvas, obispo de Rodes, Agrícola, obispo de Cbólans, fueron célebres arquitectos. Pero al propio tiempo las corporaciones habían formado un gran número de hábiles arquitectos laicos, cuya fama había llegado hasta Inglaterra, pues ya en los comienzos del siglo vii el obispo de Wermouth vino á las Gallas para buscar algunos, pues en Inglaterra se hablan hecho muy raros por el gran número de edificios en construcción. Más tarde Carlos Martel, que reinó en Francia con el titulo de Alcaide del palacio, envió allí muchos obreros y maestros, pedidos por los reyes Anglo-sajones. »La invasion de los árabes, cohibió el desarrollo que las artes tenían en el siglo vn, y solo en el reinando de Carlomagno, que hizo venir de Lombardia hábiles traba- jadores en piedra, fué cuando la arquitectura se cultivó de nuevo con éxito. El ca- lificativo de trabajador en piedra ó maestro de la obra, era dado entónces á los más grandes arquitectos de Europa y cualquiera que ofrecía llegar á ser arquitecto, se ha- cía recibir en la corporación para aprender á trabajar en la piedra, parte que enton- ees era considarada como base general del arte, y no era recibido maestro sino des- pues de haber pasado por los distintos grados del aprendizaje. En el estilo latino es en el que fueron levantados todos los edificios en aquella época, y á este sucedió el ro- mano ojival llamado también de transición. DE LA MASONERÍA 5G5 »E1 año 1^000 tan temido^ llegó;, debiendo traer consigo el reinado del antecristo y el fin del mundO;, pero ningún cataclismo habia conmovido á nuestro planeta en su ('.entro; el terror del mundo cristiano duró sin embargo, hasta el año 1,003 en cuya fe- ('ha los pueblos saludaron con alegria la aurora de un nuevo mundo. El arte, como la sociedad, salieron de un prolongado letargo y se trasformó: el esfuerzo para reparar aquellos desastres fué general. Se hizo una renovación casi total de todos los edificios i'eligiosos del mundo cristiano. Guillermo el Conquistador, rey de Inglaterra, sacó de Normandía y esparció por Inglaterra los prelados y arquitectos normandos educados en la escuela lombarda Mauserius, Lanfranc, Roberto de Blois, Remy de Fecamp y un sinnúmero de arquitectos franceses que derribaran para reedificarlos después, las más vastas y bellas catedrales de aquel pais. Un gran número de masones se forma- ron por esta época en la escuela italiana en Lombardía, que fué en el siglo x un cen- ti'o activo de civilización, donde los restos de los antiguos colegios de arquitectos ro- manos se habian sostenido en su antigua organización y privilegios, bajo el nombre de Corporaciones francas. Las más célebres fueron las de Coma, que adquirieron tal imperioridad, que el titulo de «magisiri coniaciní,» maestro de Coma, se hizo el nom- bre genérico de todos los miembros de las corporaciones de arquitectos. Teniendo siempre ellos su enseñanza secreta, sus misterios, sus jurisdicciones y sus jueces par- ticulares. »Mientras que estas corporaciones habian llenado la Lombardía de edificios reli- giosos, su número había de tal manera aumentado, que el pais no podia ya ocuparlos á todos. Cierto número de ellos se reunieron y constituyeron una sola y grande her- mandad, con objeto de ir á todos aquellos países donde el cristianismo no tenia aun iglesias y monasterios. Los papas secundaron este propósito y confirieron á las cor- poraciones y á las que se formaron después con el mismo objeto, un monopolio exclu- sivo que fué respetado y sancionado por todos los reyes. »En el siglo xi los encontramos en Francia, donde se los designaba bajo el nombre de hermanos masones, hermanos pontífices, y algunas veces también con el de franc- masones. Eran empleados exclusivamente por las órdenes religiosas y dirigidos por ellas. Los clérigos y prelados se creían honrados de entrar en esta cofradía y partid- par de sus secretos, añadiendo más consideración y estabilidad á esta institución. To- dos los hermanos masones estaban unidos entre si por un contrato solidario de hos- pitalidad, de socorro y buenos oficios, que les permitía hacer los más grandes viajes con seguridad y pocos gastos. »Los hermanos pontífices, que formaban una comunidad civil y religiosa, pared- da á la de los antiguos colegios romanos, se ocupaba con preferencia de lo concer- niente á puentes. Ellos fueron los que construyeron el puente de Aviñon en 1180 y ca- si los puentes de la Provence, de la Lorena y del Liones. »E1 arquitecto jefe de la corporación, que al principio fué generalmente un fraile benedictino, le seguia un gran número de artistas y trabajadores italianos, ingleses, franceses, holandeses, alemanes y griegos, que viajaban de un pais á otro, sobretodo cuando se trataba de la construcción de algun gran monumento. 566 HISTORIA GENERAL »Los compañeros vivían en barracas que establecían comunmente cerca de su obra, y con preferencia en lugares elevados. El maestro dirigía todo; diez hombres estaban siempre bajo la vigilancia de un jefe y solamente los verdaderos francmaso- nes participaban en la obra; su trabajo terminado, se iban á otro sitio á buscar for- luna. »Muy amenudo eran secundados por las populaciones, que arrastraban los mate- ríales, y por los señores que les daban gratificaciones en dinero á objetos de consumo necesarios á la vida. Las principales ciudades tenían sus obreros reunidos en corpo- raciones, con estatutos fundamentales y particulares, y gozando además de todos los privilegios anejos á su arte, del derecho de ciudadanía. »Durante los reinados de Felipe Augusto y de San Luis, es cuando se han cons- truido esas magnificas catedrales que pueden ser llamadas santuarios sublimes del Dios Todopoderoso, concepciones grandiosas del génio cristiano, poemas inmortales líscritos por la fé de aquellos masones filósofos. »A los ojos del vulgo, estos monumentos no son más que una masa de piedra regularmente amontonada, sus formas no son para él más que la espresion de una idea, la de indicar un templo, un palacio ó cualquier otra cosa; pero á los ojos del fi- lósofo esta forma tiene una misión más noble, un alcance más elevado: el de trasmitir á las generaciones futuras las ideas, las costumbres, los progresos civilizadores de la generación presente, y ser la imágen fiel de los sentimientos y de los conocimientos religiosos civiles de los pueblos. Asi los distintos genios que han concebido y y ejecu- tado, los templos antiguos y los de la Edad Media, parece que habitan aun su recin- to, cada uno de aquellos monumentos, parece animado por el alma de su autor. y »Sin entrar en los detalles de aquellas concepciones gigantescas, tales como nos las presentan las catedrales de la Colorcia, Estrasburgo, Paris y tantos otros nos de- tendremos un instante para echar una mirada sobre su conjunto, en ellos encontra- á parte del atrevimiento en la concepción la más numerosa reunion de elementos mos (|ue al principio parecen diametralmonte opuestos y el primer sentimiento que nos inspira es el del asombro, pero cuando se percibe que un principio único, original, ingenioso existe hasta en las menores partes y desciende hasta los más ínfimos deta- lies, arreglando y dando á todo fuerza y gracia, el alma se siente encantada hasta la admiración. »E1 principio de repartición y de variación regular de una forma fundamental que se observa en el interior de aquellos monumentos, ha sido seguido igualmente en la formación de todos los demás miembros del exterior del edificio. En todo el tipo del de conjunto se presenta en pequeño por la cual encontramos en la composición aque- nú- líos arquitectos filósofos, un maravilloso principio de desarrollo de un pequeño mero de formas fundamentales procediendo de lo simple á lo compuesto tal como Haüy lo ha demostrado en los minerales siendo el principio de la cristalización y tal Goette lo ha encontrado en las plantas como principio de la metamórfosis como vegetal. »Los lazos fraternales que unían á todos los miembros de la sociedad de francma- DE LA MASONERÍA 567 sones, explican por qué ocurre que muchos de los monumentos elevados en distintos paises de Europa ofrecen una ó más logias, por no decir una identidad extraordinaria sobre todo á partir del siglo xiii. Los maestros de obras de todos los edificios religió- sos de la iglesia latina, habian adquirido su saber en la misma escuela central; obe- decían á las leyes de la misma gerarquía, se dirigían en sus construcciones con arreglo á los mismos principios y mantenían desde cualquier parte en que se hallaban una asidua correspondencia de modo que todas las modificaciones y todos los perfecció- namientos se hacían inmediatamente propiedad del cuerpo entero. Los francmasones estaban obligados á atenerse á el plan general adoptado para los edificios religiosos; no tenían el derecho de seguir sus ideas y sus propias inspiraciones más que en aquello que se referia á los detalles, adornos, etc. Esto nos explica perfectamente, como los monumentos contemporáneos de la Alsacia, del Poitou, de la Normandia, de la Borgoña, de la Provenza y de la Auvernia, presentan sobre todo desde el punto de vista su decorado una fisonomia particular influida desdo luego por algunas cir- cunstancias locales y por la naturaleza de los materiales. »Los enormes sacrificios que las poblaciones habian hecho para levantar aquellas iglesias, juntos con los recientes abusos del clero y de los Papas ontiviaron el ardor y quebrantaron la fé durante el siglo xv, hasta tal punto que no se construyeron más iglesias nuevas y que hasta muchas de las que se hallaban en construcción no pudieron ser acabadas. Los progresos de la reforma, acabaron de destruir el poder papal, y detuvieron para siempre la construcción de aquellos vastos edificios religiosos. »Las corporaciones masónicas no siguieron gozando ya de la protección de los papas y sus privilegios quedaron sin valor por cuanto no tenían edificios religiosos que construir; en su mayor número fueron disueltos en Financia á principios del siglo XVI donde sus restos se alearon con las corporaciones de las ciudades. Francisco I prohibió por ultimo en 1539, todas las corporaciones de obreros. De este modo la francmasonería según la antigua significación de la palabra desapareció en Francia. Desde aquella época los arquitectos se han hecho contratistas de los edificios y han tomado á los demás á sueldo en calidad de obreros. El lazo fraternal que hasta entónces habla unido al maestro, al obrero y al aprendiz, quedó poco ménos que roto y los obreros formaron más adelante sociedades separadas que fueron imitadas ¡lor los demás oficios. Este es el origen de las sociedades de compañerismo. »Las consecuencias de la disolución de las sociedades francmasónicas fueron tales, que algun tiempo después se había olvidado completamente la manera de construir aquellos arcos puntiagudos, aquellas bóvedas elevadas que caracterizan á las grandes catedrales de la Edad Media. El estilo gótico que dominó desde el siglo xm al xv fué suplantado por el estilo llamado del renacimiento y de esta última escuela es de la que han sabido los célebres arquitectos Delome y Bonillant que consti'uyeron las Tullerias en 1577Lescot y Goujon á quienes se debe el Louvre, Lemercier, director del palacio nacional de Saín Roch, Blandel y Bailles, las i^uertas de San Dionisio y San Martin. Estos arquitectos no pertenecían á la masonería. Las corporaciones masónicas nunca han presentado en Francia el carácter 5G8 HISTORIA GENERAL particular que tenían en Inglaterra y en Escocia sobre todo y su influencia en los pro- La gresos de la civilización, han sido ménos grandes que en dichos países. costumbre! adoptada por estas corporaciones de afiliar en calidad de patron ó miembro honorario á los hombres eminentes, había tenido, sin embargo, en Francia el mismo resultado que en los demás países, es decir, la formación de logias aparte de las corporaciones ■cuyo fin era la propagación de las doctrinas humanitarias de la institución; es cierto que en tanto que las corporaciones masónicas se encontraban disueltas en Francia desde el principio del siglo xvi, existían en aquella época logias de esta naturaleza en Marsella, en Lion y en París como existían en Amberes, en Gartes, en Bruselas, en Amsterdam en Florencia. Todas estas logias parecen haber mantenido relaciones y con las de los demás países; pero desde mediados del siglo xvi no encontramos nin- guna traza de ellas, lo mismo que de aquella que Jacobo II después de su huida de Inglaterra formara en el colegio llamado de Clermont en Paris, el cual habitó antes de marchar á Saint Germain en Laye. La trasformacion de esta confraternidad de artes en institución moral, tal como se operó en Lóndres en 1717, dando lugar á la que es hoy, tuvo lugar en Francia en 1711. Asi se escribe la historia, podemos exclamar con sobrado fundamento, en vista d(! la disquisición que Mr. Rebol hace para explicar el origen, progreso y desarrollo de la masonería en Francia. Fieles é imparciales nosotros no podemos ménos que im- pugnar sus aseveraciones, hechas sin duda con el mejor deseo, pero faltas siempre de fundamento para servir á lo que quiere cuando no de verdad histórica. Prescin- damos ahora, por no ser esto lugar á propósito para tratarlos, de la gigantesca lucha que todos los pueblos sostuvieron con la antigua Roma, para conservar la indepen- dencia que aquella quería arrebatarles: desde este punto de vista todas las naciones llegaron á encontrarse frente á la que fué señora del mundo, presentan una coin- que cidencia histórica que nada tiene de extraña ni de sorprendente. Los pueblos de Italia primero, Cartago más tarde y por último todas las demás naciones en que se hallaba dividido el continente europeo, se vieron amenazados y no podia menos que defen- derse; lo mismo los saumitos, que los iberos, que los godos, lucharon desesperada- mente por su libertad, no logrando conservarla más que aquellos que se refugiaron en las en abruptas montañas donde se hubieran sacrificado inútilmente las legiones y ([ue la rapacidad de los pretores no esperaba hallar ni conseguir cosa alguna. Necesariamente dominados los territorios por la fuerza de las armas, Roma los dividió á su antojo, les impuso su gobierno, y su administración, y en una palabra, de les hizo sufrir toda la influencia que determina el dominante sobre el dominado: aquí la necesaria trasformacion que se observa en todos aquellos pueblos que llegaron á ser provincias del vasto imperio, y de aquí también que en las instituciones que de estudiadas se observe como un reflejo de lo que aquel pueblo fuera. ellos pueden ser Estas consideraciones de carácter general nada pueden decir al historiador de una las institución particular, lo mismo, que á la que el estudió se hallará en todas pues demás y sobre todo por que es forzoso conceder que lo ciue fué en su tiempo, deja do serlo para otro, aun conservando aparentemente el mismo carácter. DK LA MASONERÍA 5G9 En el lugar oportuno^ hablamos de lo que en Roma se llamó Collegia fabrorum, do la importancia que allí tuvieron y de las visicitudes por qué pasaron y pudimos ver claramente que en ellos no habla ni podia haber más que influencias de circunstan- cías especiales que se hubieran dado en todos los países de igual manera aun sin que Roma los hubiera dominado é impuesto sus instituciones. Las reuniones de obreros de un mismo arte, son naturales desde todos puntos de vista y lo mismo se han agrupado aquellos cuya misión era levantar edificios, que los que tejían telas, que los que labra- han los metales. A más de esto no son hechos históricos probados los que Mr. Rebold aporta para probar su tesis: cierto es que las legiones romanas iban seguidas en su marcha por operarios encargados de abrir los caminos, tender los puentes y allanar los obstáculos que pudieran presentarse, estos eran los que boy llamaríamos ingenie- ros militares y cuya principal misión era la de construir los campamentos y fortificar- los para que sirvieran de abrigo á las huestes dispuestas á la pelea. Estos ingenieros militares, que asi con entera propiedad los podemos llamar, constituían parte del ejér- cito y estaban sujetos como todo él á una organización determinada, á un régimen prescrito, que no les permitía formar por si corporaciones particulares. Mas tarde, cuando Roma se ha asegurado la posesión délos países conquistados, cuida, como no podia ser ménos, de sacar de ellos el mayor partido posible, y para esto le es necesario construir obras que se ejecutan por cuenta del erario piiblico por operarios que de él se pagan y que están también sujetos á un régimen indicado por el pretor. Puede afir- marse, pues, que si más tarde los pueblos obedeciendo á sus costumbres depuradas ya cooperan al embellecimiento de las poblaciones, y se asocian á las obras de repa- ración que se hacen necesarias después de tanta lucha, lo hacen sin obedecer á mi- ra alguna anterior, sino por propia conveniencia. Desde este punto de vista, las corporaciones nada significan para el asunto en que nos ocupamos, máxime cuando ni aún corporaciones pueden llamarse en el sen- tido social que esta palabra tiene. Cuando pasa mucho tiempo y poco á poco el poder de Roma se rebaja y sobrevienen los elementos que más tarde darán lugar á la crea- clon de las nacionalidades, cuando los pueblos revelan su espíritu propio y sus condi- ciones particulares, cuando las clases aparecen distintas y los hombres tienen que identificarse dentro de su oficio ó de una ocupación cualquiera que les i^ermita aten- der á sus necesidades, entonces, y solo entónces, es cuando comienzan á vislumbrarse las corporaciones. Pero para llegar á esto, que no es más que un remoto comienzo do lo que se necesita para llegar al punto en que la masonería aparece, han pasado mu- cbos siglos y ban ocurrido cambios y alteraciones tales, que han dado lugar á que so olvide por completo todo lo que de Roma hubiera podido quedar, con respecto á la Organización social. Cierto es que los romanos alzaron magníficos y suntuosos monumentos, y no teñe- mos por qué dudar de que estas obras se debieron á corporaciones de constructores, cu- ya misión era la de construirlos y nada más, pero después de la calda del imperio roma- no, y antes de llegar á la época en que aparecen las corporaciones perfectamente or- ganizadas y aptas para ser elemento constitutivo de una asociación tan elevada como 570 HISTORIA GENERAL la masonería^ sucedió la invasion de los pueblos del Norte^ se ha desarrollado y afianzado el cristianismo_, han ocurrido las alteraciones á que diera lugar el régimen feudal y se han acrecentado tantas y tantas agitaciones^ que puede asegurarse que de aquella primera dominación quedaba solo el recuerdo imperecedero de los recuerdos (|ue aún duraban en los monumentos que el tiempo no había derruido^ y en las dis- posiciones del derecho^ escrito para las personas y para las cosas. Además, por mucho que convenga determinar los preliminares de una institución, cuando se va á hacer la historia de ella, no es conducente á buen fin remontarse tanto que se pierda la vista y se confunda la mente; contra el buen deseo, hay que estar preparado tanto como contra cualquiera mala pasión, pues una y otra estravian con igual facilidad: y para probar esto que decimos, habrá pocas cosas que sean tan apropósito como la maso- nería. Llevados del buen deseo, ha habido autores según ya hemos tenido ocasión de decir, que han supuesto que la masonería arranca del mismo paraíso terrestre, que la han conocido todos los pueblos, que se ha desarrollado en todas las naciones; y otros por el contrario: segados por una mala pasión ó por la ignorancia, que tan den- so velo tiende sobre la vista, han asegurado que la masonería es una institución de ayer, hija no más que de las convulsiones políticas en que se ha agitado la humanidad durante los dos últimos siglos. . . Según venimos viendo, unos y otros padecen lamentable error, y lo mismo los de- fensores con fé ciega, que los impugnadores sin razón, adolecen de todos los defectos que se enjendran en el alma cuando queremos dar realidad á todo lo que se sueña. Entendiendo hoy por masonería la sociedad filantrópica y humanitaria que se encuen- ira esparcida por todo el mundo, nos hemos visto obligados á declarar que no pudo existir en ninguno de los pueblos antiguos, y asignándola como precedente las corpo- raciones de constructores, tenemos que conceder que no pudo tener lugar su aparecí- miento sino cuando estas llegaron á estar compuestos de hombres libres y de séres inteligentes. Pero si por masonería pudiéramos llegar á entender la reunión de indi- viduos que por desempeñar idéntica profesión se auxilian y socorren, entónces seria menester conceder que real y verdaderamente ha existido en todos los pueblos obre- ros, han tenido lo mismo los egipcios, que los indios, que los persas, que los griegos y que los romanos; y en cada uno de estos pueblos, aunque prevaleciendo el carácter nacional y las costumbres de cada uno de ellos, lo mismo los dedicados á preparar los cadáveres, que los que tejían las telas, que los que construían las obras, se han auxiliado y protegido constituyéndose cuerpos aunados por las simpatías, ya que no por ninguna disposición legal. Descartando todos los elementos que cual más cual ménos pudieran inducirnos á errar, tenemos que cerrar los ojos á todas las sujestiones y atenernos extricta é imparcialmente á lo que de la historia resulta; esto dado, teñe- mos que decir, aunque el hacerlo nos cueste sentimiento, que carecen de todo valor histórico los prolegómenos que Mr. Rebol ha puesto á su historia de la masonería en Francia, y esta conclusion que sentada á priori hubiera podido parecer, hija de exa- gerada presunción, creemos que sera admitida sin reserva después de las considera- ciones que acabamos de hacer. DE LA MASONERÍA 571 En pocas naciones se hallará tan conocida la historia de las corporaciones como en Francia^ y también en muy pocas las corporaciones habrán merecido tanta aten- cion por parte de los gobiernos. Como interesa grandemente á nuestro objeto todo lo referente á ellas, justo es que digamos alguna cosa con respecto á este particular, má- xime cuando todo ello viene en apoyo de nuestra tésis. En Francia liabia tan riguroso orden en todo lo que á las corporaciones se referia, que puede decirse formaban un cuerpo especial divididos en clases, y todas ellas reunidas formaban en otro tiempo seis gerarquias con privilegios perfectamente definidos. La clasificación de ellas esta- ba hecha con arreglo á la importancia que tenían en el comercio, siendo el primero el de los pañeros; segundo, el de los especieros ó vendedores de comestibles; tercero, el de los vendedores de quincalla; cuarto, los peleteros; quinto los sombrereros y ses- to el de los plateros y joyeros. Entre los privilegios de que estos cuerpos disfrutaban, se contaba tal vez como el principal, el de llevar el palio sobre los reyes, reinas y príncipes que hacían entrada pública en París. Cada uno de estos cuerpos tenían sus estatutos y reglamentos especiales; el de los pañeros, que formaba el primero, según una desicion del Consejo de 16 de Agosto de 1687, tenía sus estatutos desde 1118 conce- didos por Felipe Augusto, renovados por Carlos IX en Febrero de 1573, aumentados en Noviembre de 1638, y el 17 de febrero de 1646. A la cabeza de este cuerpo habla seis maestros y guardias destinados á cuidar de la conservación de sus privilegios y al mantenimiento de los estatutos y reglamentos. No se podia ser recibido en el cuerpo de la pañería sino después de un aprendizaje de tres años y de dos más de servicio co- mo mancebo. El titulo costaba 300 libras, el de maestro 2,500. Los especieros formaban el segundo cuerpo y comprendía tres clases: droguistas y confiteros. Sus reglamentos y estatutos databan de 1,484; hablan sido modificados por Luis XII en 1514, por Francisco I en 1516 y en 1520, por Cárlos IX en 1571, por Fnri- que III en 1583, por Enrique R"" en 1594, y fueron renovados y confirmados por cartas patentes de Luis XIII en 1611, 1624 y el 28 de Noviembre de 1638. Este cuerpo, como el de los pañeros, estaba dirigido por seis maestros de los que tres oran drogueros y tres especieros. Para ser admitido en el, era necesario un aprendisaje de tres años y tres más de servicio como mancebo; á los drogueros les era necesario cuatro años de aprendizaje y seis de servicio, exigiéndoseles además un exámen en el que acreditaran su aptitud. Las vendedores de comestibles fueron establecidos en cuerpo por Cárlos VI que les dió estatutos en 1407 y en 1412. Estos estatutos fueron aumentados y confirmados por Enrique II en 1548, 1557 y 1558 por Cárlos IX en 1567 y en 1570 por Enrique IV en 1600. Luis XIII los confirmó y Luis XIV los renovó en Agosto de 1645. Este cuerpo era tan considerable que sí: dividia en veinte clases: mucho ántes de su constitución goza- ba ya de gran importancia por cuanto ya en tiempo de Carlomagno existia el que se llamaba rey de ellos el cual daba las patentes de aprendizaje y las cartas de maestro. Este rey tenia sus representantes en las ciudades principales para hacer ejecutar sus órdenes y ejercer la jurisdicción que les estaba concedida. Los grandes abusos que en el ejercicio de este cargo se cometían en la capital, obligaron á Francisco I á supri- 572 HISTORIA GENERAL mirla en 1544. Para ser recibido en este cuerpo, era menester hacer tres años de aprendizaje y servir cuatro como mancebo. Los peleteros formaban el cuarto cuerpo. Esta corporación exigía un aprendizaje de cuatro años y cuatro más en la categoria de compañero y además presentar un trabajo que revelase su aptitud. La patente de entrada costaba setenta libras y el título de maestro 600. Este cuerpo pretendía haber tenido por jefe á un duque de Borbon, gran chambelán de Francia que vivia en 1368 y por cuya razón ostentaba sobre su escudo una corona ducal. Los sombrereros constituían el quinto cuerpo y recibieron sus Estatutos de En- rique IV en 1608 y para su dirección tenían seis maestros que se renovaban por terce- ras partes cada año. Para ingresar en esta corporación era menester tener por lo ménos veinte y cinco años, haber servido cinco como aprendiz y cinco como maestro. El título de entrada costaba 75 libras y la carta de maestro 1,700. El último lugar lo ocupaban los plateros, pero los extremos se tocan y sin ser real- mente los primeros de París los plateros estaban considerados en cierto modo como artistas. De cualquier manera que sea, los plateros tuvieron privilegios desde la se- gunda dinastía como lo prueba el edicto de Cárlos el Calvo referente á las monedas de oro y plata. Felipe de Valois confirmó los antiguos estatutos de Etienne Boileau. En este cuerpo el aprendizaje era de ocho años y en calidad de compañero se había de estar tres más: la patente de entrada valía 130 libras y la carta de maestro 1,200. Hasta aquí, como venimos viendo, no hay más que corporaciones especiales que gozaban de privilegios otorgados por los monarcas y cuya organización respondía perfectamente al carácter de la época; pero en ninguna de ellas había elementos para que pudiera consolidarse en el tiempo una institución de tanta trascendencia como la masonería, pero más tarde fuera á semejanza de ellas mismas, fuera obedeciendo á la necesidad que experimentaron de defenderse y protegerse los demás oficios, así como también las demás industrias se asociaron de igual modo, surgiendo así lo que se llamó en Francia cuerpos de oficios y gremios en nuestro país. Estos adquirieron en la nación vecina un considerable desarrollo; en 1673 se contaban sesenta cuerpos de oficio: un edicto del mes de Marzo del mismo año los hizo subir á 83y una decision del consejo en 1691 los aumentó hasta 120. En cada uno de estos cuerpos ó comuni- dades había jurados que fijaban la época en que habían de tener lugar las asambleas, las presidían, recogían votos, dirigían las deliberaciones, recibían á los aprendices, estaban presentes á la presentación del trabajo que acreditara su aptitud cuando as- piraran al cargo de maestro, hacían las visitas á las tiendas ó almacenes, decomisa- han los géneros en malas condiciones ó prohibidos, hacían observar los estatutos y reglamentos y se hallaban encargados, en una palabra, de todos los intereses de la comunidad. Los principales edictos dados para el establecimiento de los jurados, su elección, sus derechos, sus visitas fueron dados por Enrique III y Enrique IV. Luis VIV dió uno en el mes de Marzo de 1691, ordenando la supresión de todos los maestros y guardias síndicos y jurados á título de oficio. Este edicto daba á los nuevos oficíales las mismas DE LA MASONERÍA 573 inmunidades honores y j)rivilegios de que habian disfrutado los antiguos pero aumen- tándoles los derechos de emolumentos. Ptira llegar á ser oficial, según la nueva dispo- sicion, era menester haber desempeñado el cargo de maestro actual durante diez años; á los hijos de los maestros no se les exigia más que seis años. Estas comunidades tenia cada una un escribiente nombrado por los jurados para hacer las escrituras y redactar todos los documentos que fueran necesarios. Como la enumeración de todos los gremios que se llegaron á establecer y la enunciación de las fechas en que les fueron dados sus privilegios, seria demasiado larga y f)esada, nos contentaremos con decir que cada uno de los oficios constituyó el suyo hasta la época de la revolución que los suprimió aboliendo el carácter que tuvieron hasta 1789 y nada más acertado que esta medida que ponia fin á una série de abusivos privilegios, causa eficiente de muchos males que se hubieron que lamentar y entre los que no entraban por poco las trabas que durante mucho tiempo habían puesto al comercio y las coacciones que tenían que sufrir los individuos. Desde este punto de vista, que tan poco simpáticas hace á las corporaciones, tienen efectivamente precedentes en la antigüedad; pues las que subsisten en Francia y en otros países hasta la revolución, son no más que reflejos de las que existieron en Roma compuestas también por cada uno de los oficios exis- lentes: allí lo mismo que en Francia existieron las corporaciones de comerciantes, barqueros, cerrajeros, cambiantes, etc., muchas de las que hacían remontar su origen hasta los tiempos de Numa. Las turbulencias á que dieron lugar, fueron causa de que quedaron suprimidas en el consulado de L. Camilius y de Q. Martio permaneciendo en tal estado hasta que Clodio las restableció nuevamente. Esto, no obstante, á cuantos quieran citar las corporaciones romanas como precedentes de instituciones romanas, les diremos que no hay que olvidar cuán escasa había de ser la importancia de ellas en una época en que el trabajo estaba considerado como ocupación deshonrosa en la que el hombre libre se degradaba. Mayor importancia, no más que por el número adquirieron en tiempo de los emperadores, especialmente bajo Alejandro Severo que erigió á todas las industrias en corporaciones distintas sometiéndolas á una reglamen. tacion fija. En el año 864, Valentiniano I confirmó los privilegios otorgados por sus antecesores y hácia la misma época las industrias formaron asociaciones cuyos miem- bros afectos al oficio de una manera indisoluble se encontraron en la imposibilidad de separarse ellos y sus descendiente. En compensación de estas cargas podían red- bir legados y donaciones, heredar á los miembros de ellas que morían sin here- deros legítimos y sin dejar testamento. Como cuerpos dentro del Estado, aquellas corporaciones tuvieron sus ritos particulares; sus devociones, sus patronos y sus síndicos. Más tarde, y como es natural, según ya hemos dicho estas corporaciones se perpe- túan en todos los países en que se deja sentir la influencia romana, y lo que para tan- tos oficios había sucedido, no podia ménos que suceder para los albañiles ó construe- tores, y asi vemos que también ocurre con ellos, si bien hay que establecer una que podemos llamar esencial diferencia entre esta corporación y todas las demás. En la Edad Media, al decir constructores se entendía no solo á los individuos que tomaban 574 HISTORIA GENERAL parte material en la obra^ sino que también á los que la dirigían y trazaban los planos porque había de ejecutarse^ y fiicil es comprender que por razón de estas ocujiaciones la corporación de constructores había de tener una mayor importancia que todas las demás^ porque de ella formaban parte hombres de los que unos acreditaban un valor extensos conocimientos en las bellas artes. Esto explica también su- científlco y otros ñcientemente por que cuando el poder feudal se constituye y dominan todos los gra- más vámenes impone se exime de ellos á la profesión de construcción que por que nada por su carácter nómade el cual no permitía en modo alguno hacerle sufrir cor- de este modo la agrupación que habían formado cuando aun en veas. Progresando verdad ni para nada habían perdido el carácter de meros trabajadores con que apa- catedral de recen en la historia^ nos hallamos con que José Dotzinger, Arquitecto de la Colonia en cuyo cargo sucedió al célebre Juan Hulltz formó en 1452 un solo cuerpo con los constructores alemanes. Dejando para cuando pasemos á historiar la histo- todos ría de la masorería en Alemania el ocuparnos de las particularidades que á esta nación la se puedan referir puede decirse sin incurrir en error alguno de trascendencia que primera faz de la masonería en Francia^ es un reflejo de lo que ocurriera en Alema- nía de la misma manera que para su segunda plagiado que ya habían realizado los masones en Inglaterra^ esto y que en tanto la masonería no fué más que puramente la asociación de constructores dedicados al levantamiento de aquellas obras suntuosas que por si solas bastan acreditar los esfuerzos aunados de muchos hombres para obedeciendo una misma dirección^ se atuvieron á lo que se hacia en Alemania^ pero cuando abandonando el primitivo carácter que tuvieron^ cambian de objetivo y la sociedad masónica llega á ser lo que hoy conocemos; entóneos los Franceses aprove- chan todo lo que en Inglaterra representa un adelantamiento. Antes de adelante^ bueno será que nos ocupemos de una consideración pasar que desde luégo salta á la vista; hemos visto como todos los oficios^ todas las industrias sus se organizaron en corporaciones^ teniendo cada cual sus estatutos y reglamentos^ fueros y privilegios^ su aprendizaje^ su grado de compañeros y su titulo de maestro; y como en el seno de ellas los individuos que las formaban^ se dispensaban el auxilio y protección que es natural entre aquellos que están dedicados á la misma profesión. Conocido esto es fácil que cualquiera pueda preguntar en qué consiste que la sociedad moral y filantrópica^ que estamos estudiando, surge del seno de la de los constructo- res precisamente, y no del de ninguna otra cuando en realidad todas estaban fundadas en los mismos principios. Fácil esplicacion tiene esto atendiendo al carácter de cada una de las corporacio- al género especial de vida que llevaron en tanto que estuvieron existentes. Es- lies, y cepcion hecha de la de constructores, todas las demás sufrieron las imposiciones del régimen feudal, tuvieron que pagar pechos y tributos y puede decirse que vegetaron Ra- á la sombra de aquellos insigniñcantes privilegios que la monarquía les concedió. dicando siempre y sin escepcion alguna en los grandes centros de población, las cor- poraciones de artes y oficios, se vieron en la necesidad de arbitrar-fondos en grandes la cantidades, y de aquí los subidos precios de las patentes y titules y más que nada DE LA MASONERÍA 575 dura imposición que hacian pesar sobre todos^ pues ninguno que quisiera ñar el oficio desempe- podía dejar de inscribirse corno individuo ni dejar de estar atenidos á las mil gabelas^ que hicieron al fin de las corporaciones una rèmora para el comercio y para el progreso. Los constructores por el conti^ario, y gracias á la vida nómade se veían que obligados á bacer^ no sintieron inconveniente alguno de los que el feudal régimen hizo sentir sobi^e aquellos que se dedicaban al trabajo. Viviendo hoy en un la- do, mañana en otro, su propia condición de transeúntes los eximía de los los impuestos, y pueblos no hacian objeción alguna ni protestaban del beneficio de que gozaban aquellos á quienes tenian que considerar como bienhechores, porque contribuían con sus obras al mejoramiento de las poblaciones y á la edificación de monumentos que con justicia tenian que ser considerados como fuentes de riqueza, atendiendo á que su fama serviria para atraer mayor número de forasteros. Además de esto, y como ya hemos hecho notar, la ocupación misma á que estaban dedicados, los obligaba al es- tudio de mil ramos distintos en que tenian que hacerse notar para ascender en la ri- garosa escala que tenian establecida, y esto, unido á los continuos viajes que hacian, al mayor número de personas con que trataban, y al frecuente comercio de pueblos de muy diversos usos y costumbres, fueron causa de que resultaran más ilustrados de que el punto de vista desde el cual atendían á las cuestiones fueran más elevados, y en una palabra, de que sus horizontes más extensos les permitieran ver á la humani- dad de una manera harto distinta, á como los demás la consideraban. Además entre los obreros constructores nunca hubo más imposiciones que aque- lias que resultaban del trabajo mismo, y estas fueron siempre tan necesarias, que sin ellas la asociación hubiera tenido que ser forzosamente perseguida. Las demás profesiones, las demás industrias hubieran podido irrogar un perjuicio á los partíeu- lares, hubieran podido desfraudar á unos doscientos individuos, pero como vulgar- mente se dice, en el pecado hubieran llevado la penitencia. Cuando por defecto de organización hubiera ascendido á compañero el que aún debía permanecer como apren- diz y le hubier¿m otorgado el titulo de maestro, al que aún como compañero no tenia su ilustración perfecta, la corporación se hubiera desprestigiado en aquél individuo y mal mirado en adelante no hubiera podido continuar en su comercio ó desempeñando su industria; de aquí que bien pensado no tuviera, no pudiera tener fundamento alguno racional el rigor exigido en las corporaciones que nos ocupamos; pero en la de constructores no podia ni debía ocurrir lo mismo, y toda prescripción rigurosa está justificada, y toda imposición en cuanto al trabajo es legitima. Las obras que ellos ejecutaban eran de interés general, afectaban á la masa de la población y un error cometido en ellas, tenia que ser necesariamente de mucha trascendencia; razón por- que se explica satisfactoriamente el rigor en la gerarquia, justificada no por el amor ni el interés á hacer subsistir clases con más ó ménos privilegios, sino porque éstas revelaban el grado de conocimientos de cada individuo y las tareas que podían desem- peñar. Pero volvemos á repetirlo: los constructoi'es no tenian que sufrir más imposi- cienes que las que resultaban de estas exigencias que podemos decir; en lo demás eran libres, completamente libres, y de aquí también el calificativo de Francos que se 576 historia general título conservaron hasta mucho después de trasformado el carác- antepuso á su y que ter de la asociación. Prosiguiendo nuestra narración^ y según ya hemos dicho^ las corporaciones de constructores en Francia^ deben su organización al ejemplo que les diera los cons- ollar suflcientemente el ca- tructores alemanes y esto que está ya fuera de toda duda mino y dejar de hacer necesaria toda disquisición difusa que pudiera intentarse á través de la historia para hallarse precedentes en pueblos cuya influencia se ha alte- rado totalmente en el trascurso del tiempo. Una vez implantada esta corporación que- dividida todas las demás, en tres grados ó categorías, sin que el individuo pudie- dó como lo inferior á lo superior sin probar antes suñciente capacidad para ello; es- ra pasar de tas tres clases ó categorías son las tan conocidas ya de aprendices, compañeros y las de cada uno de maestros. Para determinar el orden, los derechos y obligaciones los asociados, redactaron unos estatutos como todos los demás, los cuales estaban compuestos de veinte artículos; mas no hay que hacerse ilusiones: en la época á que una estamos refiriendo nadie hubiera podido pensar que corporación compuesta nos parte desempeñaban tan toscas ocupaciones, había de individuos que en su mayor de ser causa y origen de la sociedad moral y filantrópica que históriamos, merced á la cual se han conseguido tan provechosos resultados para el bien de la humanidad á la tanto y con tanta razón temen los que no pueden vivir sino favorecidos por y que ignorancia popular. Por esta razón los mencionados estatutos no contienen nada la refiere al órden de los trabajos y á la manera de llevarlos á más que aquello que se cabo' y para que nuestros lectores puedan formarse una exacta idea de ellos, trascri- bimos á continuación algunos de los indicados: Artículo 1." Puede ser maestro en París todo el que quiera con tal de que sepa el oficio proceda según prescriben los usos y costumbres del arte. y no Art. 2.° Ninguno puede tener en su oficio más que un aprendiz,.y si lo tiene, podrá tomarlo por ménos de seis años de servicio; será por más y más dinero puedo de si lo tomara por ménos de seis años, incurrirá en una multa de tomar á más uno; á ménos veinte sueldos parisienses que tendrá que pagar á la capilla de San Blas, que aquellos no fuesen sus hijos nacidos de legítimo matrimonio. Art 3.° Los constructores pueden muy bien tomar otro aprendiz, siempre que el . anterior haya cumplido cinco años de servicios, cualquiera que sea el término por qué hubiera tomado al otro. 4." Los de masa y los revocadores son de la misma condición es- Art. peones y todas las cosas. El Maestro que está al frente del tablecimiento que los masones en oficio de los masones puede tener dos aprendices, en tanto que lo sea y lo mismo los demás. Estos estatutos maestro del oficio, quieren decir un jurado encargado de velar por el buen órden en la profesión, conforme lo dispone á la letra el articulo 15 de los mis- Mas tarde fué llamado maestro y general de las obras y construcciones del.rey mos. el arte de la masonería; más adelante recibió el título de maestro general de las en las construcciones del rey, puentes y caminos de Francia, y siendo ya muy complejas de la masonería 577 ocupaciones de éste, se le nombraron varios semejantes. Entre los artículos más cu- liosos que contiene el reglamento de que estamos haciendo mención, liay alguno que condenaba á seis dineros de multa al constructor que se mostrara descontento y des- cortés con los que le encargaran algun trabajo. Los estatutos de la comunidad de los maestros constructores fueron confirmados por Carlos IX, Luis IV, Luis XIII y Luis XIV. Existen un gran número de cartas pa- tentes y decisiones del Consejo para la jurisdicción de los maestros generales de las construcciones á las que confirman descargando á los que están sujetos de todas las asignaciones que les hayan sido impuestas, ó de los juicios pronunciados contra ellos en otras jurisdicciones enviándolos ante los maestros generales de las construcciones como jueces naturales de ellos. Algunos de estos actos se refieren á la policia del ofi- cío; la de 1574 dice espresamente que los aprendices serán rentados por el maestro jefe del oficio y regulan hasta la suma de diez escudos las multas que estos puedan imponer. Los maestros jurados masones adjuntos al maestro jefe fueron establecidos por un edicto del mes de Octubre de 1534 para hacer las visitas á las obras en cons- truccion que se llevaban á cabo dentro de Paris y en el territorio á que alcanzaba la jurisdicción del preboste de esta capital. Á principio no fueron más que veinte, pero en el trascurso del tiempo se elevaron hasta sesenta, lo cual prueba de una manera clara y palpable el desarrollo que la corporación iba tomando á medida que las cien- cías y las artes progresaban. Desde los tiempos más remotos, y según acreditan documentos que nos merecen entero crédito, se hicieron notar los masones (constructores) por la protección que entre si se dispensaban, y esto puede considerarse como base capital de uno de los principios más sobresalientes que la asociación conserva en su credo. Lo mismo que todas las demás, la corporación de constructores siguió en su desarrollo perfectamen- te atenida á lo que sus estatutos disponían, pero la revolución la declaró disuelta lo mismo que á todas las demás, considerando que el trabajo debía ser absoluta y ente- ramente libre sin traba ni coacción alguna, y que cada individuo debía ser dueño de realizarlo en las condiciones que mejores le parecieran, sin atender á ninguna disposi- cion reglamentaria que pudiera dar lugar á inconvenientes. Disueltos los gremios, co- mo quiera que ninguno de ellos había tenido constitución tan liberal como el de los constructores, como quiera que todos habian sido representantes y amicios de la tirá- nica organización feudal, y como quiera que pocos podían acreditar su influencia, no dejaron tras si rastro alguno y jDasaron á la historia como tantas instituciones han pasado. Por lo que llevamos historiado sabemos ya que en Inglaterra y lo mismo en Francia, las corporaciones de constructores habian aumentado el número de sus indi- viduos, admitiendo en su seno á los que sin pertenecer al oficio tenían alguna partí- cipacion en las construcciones, y entre estos pueden contarse los cultivadores de las bellas artes en todos sus ramos y los aficionados á ellas, que tanto por las ventajas materiales que de la asociación les resultaban, como por la seguridad de ser socorri- dos en caso necesario, desearon formar un solo cuerpo. En tal estado, pudiendo considerar que desde este punto de vista ocurrió lo mismo 73 578 HISTORIA GENERAL en Francia que en Inglaterra^ no puede ni debe extrañar que esta última nación fuese la primera en dar á la corporación el carácter que hoy tiene: en cualquier época^ cua- lesquiera que sean las circunstancias históricas^ puede asegurarse que Inglaterra ha disfrutado de más libertad que nuestra vecina república de allende los Pirineos^ pues debemos nosotros entender por libertad, ni el vano alarde que se haga de burlar no la ley ni de alterar el orden, sino la que resulta puramente de las instituciones politi- cas, porque los pueblos se rigen, y lamasoneria es esta última, la libertad que cree ne- cesaría para el desarrollo y feliz consecución de sus elevados fines. Cuando en el rei- no unido de la Gran Bretaña, los hombres eminentes de que hemos hecho mención se amparan de los dispersos restos de las corporaciones, y forman con ellos una sociedad que levantará más preciados monumentos que sus antecesores, Francia se encuentra en el periodo de sorda agitación en la época de interna lucha que precede á la revolu- cion más trascendental y también más sangrienta, porque los pueblos han atravesa- do. Los privilegios de que gozaban la nobleza y el clero, el lujo y el derroche de la córte con sus abusos y escándalos, la situación angustiosa del pueblo y en especial de los colonos que velan agotarse sus esfuerzos en el trabajo del que casi no podían aprovecharse, las corrientes iniciadas por los enciclopedistas que hadan germinar ideas, la influencia que determinaban génios poderosos que ocupan señalado nuevas lugar en la historia de la filosofía, eran condiciones generadoras de una crisis laborío- sa, de una crisis terrible cuya reacción tenia que ser espantosa como lo fué en efecto. Nunca como entónces los espíritus libres y atrevidos pedirían en Francia bajo la más dura opresión, sintieran necesidad de agruparse, de reunirse formando un cuerpo, una sociedad en la que alentaran sus principios y que fuera al propio tiempo baluarte seguro contra las exigencias de los poderes dominantes. Sin embargo, aún en tan gran necesidad los franceses nada inventaron y la , historia que determina la aparición de la fracmasoneria en Francia entre los años 1721 á 1732, declara de una manera terminante que los fundadores de la primera lo- gia que en este país se estableció, fueron ingleses que sin duda echíiban de ménos en el lugar de su residencia la institución á que ya en su país tenían el honOr de pertene- cer. Entre estos, se cuenta á lord Dewentwaters, Maskelque y Heguerty, considerados como fundadores de la primera logia que en Francia recibió patente de constitución de la gran logia de Inglaterra. Esta opinion es la que hoy se admite como más valida de crédito, de que los historiadores alemanes de la órden Robison y digna apesar y Bode aseguran que la institución fué importada á Francia por los irlandeses que acom- de 1688. Esta en el pallaron al rey Jacobo después de la revolución inglesa opinion, fondo tiene mucho de cierta, por más que en su enunciado se aleje bastante de la ver- dad histórica; no en 1648, sino mucho después, y aunque también por los resultados promovidas los stuardistas, es cuando tiene lugar el establecí- de las agitaciones por miento de la masonería llevado á cabo por los individuos de que hemos hecho men- cion que pertenecían al citado partido, muy especialmente lord Dewertweters á quien su fanatismo por él le llevó á morir en el cadalso. Después que esta logia fué creada una en Dunkerque por delegación de la gran logia de Lóndres, y más tarde una ter- DE LA MASONERÍA 579 cera erigida por Goustouclp inglés también^ que había recibido la patente de su na- cioiq y sucesivamente se fueron abriendo otras, por más que su constitución no tenga ni pueda tener carácter de regularidad. Las patentes que en esta primera época de la masonería en Francia se otorgaron, tenían un carácter puramente personal a favor de aquellos hermanos que las habían solicitado, consiguiendo asi el puesto venerable cuyó desempeño no estaba limitado á un mayor ó menor número de años, sino que eran vitalicias. Todo mason de condi- cion libre era apto para ser nombrado venerable inamovible, siempre que hubiera conseguido en una de las primeras logias el grado de maestro y hubiera sido vigilan- te de cualquiera de ellas; las cartas de constitución se expedían á su nombre, y por ellas les era concedido también el derecho de elegir bus dos vigilantes, siendo nom- brados los demás oficiales del cuadro á propuesta de estos tres, y muchas de estas logias creadas de la manera que acabamos de mencionar se arrogaron no pocas veces el carácter de gran logia y expedición por si y ante si de patentes para la creación de nuevos talleres surgiendo de este modo la logia abierta en Lonau en 1745, una en Li- moges, en 1751, otra en Paris, en 1754 y una en Coyena en 1755, creadas todas por la logia inglesa de Burdeos, que se creyó con derecho bastante para hacer participes á los demás del derecho que á ella sola se había concedido. El sistema no podia ser peor, y tal vez ningún otro hubiera sido tan dado como él á la comisión de abusos y hechos censurables. Naturalmente, el venerable que se creia con poder bastante para abrir logias, que á su vez se creerían indej)endientes, debía atender con mucha más latitud que tenia poder para gobernar á los hermanos que se inscribieran en la suya de una manera absoluta, y que estos no tenían ni po- dian tener más jefe que él; semejante desorden, al que muchos autores dan por discul- pa la falta de práctica, pero que en realidad no tiene ninguna por cuanto la masonería francesa pudo marchar por el recto y seguro camino, desde el principio si se hubiera atenido á las constituciones que desde hacia tiempo se hallaban en vigor en Inglate- rra, dió lugar á una série de protestas de la que trascribiremos solo la que hace un contemporáneo de aquellos sucesos en un opúsculo publicado con el titulo de La Frac- inasoneria: «Los profanos, dice, se escandalizan con razón de nuestro poco cuidado en la elección de los sugetos, del tráfico vergonzoso que se hace en las iniciaciones y de la suntuosidad de nuestros banquetes. La mayor parte de los hermanos no saben casi nada de nuestro arte, porque no nos cuidamos absolutamente de su instrucción. El número de los venerables no está en proporción con el de los masones. Tal venera- ble cuenta con 500 ó más masones en su logia: ¿Cómo les será posible reuniries todos á la vez? Es necesario que las nueve décimas partes esperen que les llegue el turno lo cual no puede ocurrir sino una vez por semestre. La administración de los fondos no está ordenada ni se justifica la inversion de ellos; el cargo y data no se comprueba y pasan casi siempre por manos pródigas y pocos fieles. De aquí ¡que de profusiones! ¡qué depredaciones! ¡qué de masones pobres abandonados á su indigencia i^or falta de fondos con que socorrerlos! El cuadro no puede ser más lastimoso ni más lamentable, las consecuencias que 580 HISTORIA GENERAL (le cada uno de estos puntos se pueden deducir. En verdad^ aquello no podría ser lia- rnado masonería por más que muchos de los individuos que pertenecían á ella se es- forzaran por cumplir los verdaderos fines de la órden^ por más que esté plenamente averiguado que el interior de las logias era lugar de paz y concordia^ á cuya puerta se deponían todos los odios y todas las rivalidades^ merced á las que los hombres pueden manifestarse divididos. De la misma manera que en Inglaterra la vana ostentación desplegada en algunas solemnidades había dado lugar á muy acerbas sátiras de parte de los jesuítas y de la gente retrógada en general^ la indroduccion de la masonería en Francia y la falta de órdeiq dieron lugar también á no pocas acerbas censuras y ridículos^ sino que también á persecuciones por parte del poder religioso que llegó á considerarla como una amenaza para la Iglesia. Como quiera que era de todo punto imposible mantener el secreto acerca de la institución^ asi como también con respecto á las prácticas y solemnidades que se empleaban en la iniciación^ todo ello comenzó á hacerse del do- minio público^ máxime cuando muchos jesuítas de esos á quienes solo conocen sus colegas se hablan hecho iniciar con el fin de ver qué partido podían sacar de aquella nueva institución que comenzaba á implantarse. Viendo que por ningún concepto podían esperar conseguir hacerla un auxiliar suyo^ sino que por el contrario^ había de ser para con ellos poderoso y formidable arríete^ cambiaron de táctica procurando desprestigiarla y hacerla caer en el ridiculo^ á cuyo fin imprimieron y publicaron una multitud de calumniosos folletos plagados de falsedades y gratuitas suposiciones que hicieron circular profusamente^ revelando así lo que aún por muchos conceptos debía tenerse secreto en Francia. No contentos con esto^ apelaron á la sátira^, y en 1741 los jesuítas del colegio Dubois en Caen que para diversion y entretenimiento de sus educandos tenían un teatro en el interior del convento^ después de haber hecho repre- sentar la tragedia Rhadamista y Senobia una de las mejores tragedias de Crebillon (iue se había estrenado el 23 de Enero de aquel mismo año^ pusieron en escena un pasillo cómico^ cuyo fondo era el ceremonial que se observa en la recepción de un mason. La piesecita comenzaba por una lección que daba un maestro de baile á un elegante .de la época; llegaban después un burgo maestre holandés con su hija que entraban ejecutando un paso burlesco é iban á sentarse al fondo de la escena. Inme- diatamente aparecía un español seguido de su criado y hacia al maestro de baile y á su discípulo que ambos eran iniciados^ signos masónicos en los que ellos les corres- pendían. Estos tres personajes se echaban después los unos en brazos de los otros y se daban el beso fraternal en la forma acostumbrada. Aquel espectáculo exitaba la curiosidad del holandés que^ abandonando el sitio en que se hallaba^ se acercaba para observar los gestos que hadan los hermanos; estos^ tomándolo por uno de los suyos le hadan los signos de la misma manera^ los cuales repetía él de una manera grotesca y dando á entender que no entendía ni una palabra de nada de aquellos; proponíanle inmediatamente hacerse iniciar y el aceptaba con entusiasmo. El español mandaba á su criado que preparara todo lo necesario para la recepción^ y el holandés hacia retirar á su hija que iba á colocarse en una ventana para ver desde allí todo lo DE LA MASONERÍA 581 que iba á suceder. La iniciación en la parodia aquella se llevaba á cabo exactamente lo mismo que tenia lugar en los templos masónicos sin quitar ni poner nada^ sino haciendo una exacta y verídica copia^ añadiéndole solo algunas posturas y figuras grotescas con objeto de exitar la hilaridad de cuantos la presenciaban. Al terminar el holandés hacia entrar nuevamente á su hija que con gran extrañeza de todos en- traba repitiendo punto por punto lo que acababa de ver: los hermanos manifestaban todos el más profundo disgusto al ver que una mujer se habla apoderado de sus se- cretos; pero después de haber deliberado largamente^ tomaban filosóficamente su partido para asegurarse el secreto puesto en tan frágiles manos: el español solicitaba en matrimonio á la jóven holandesa; el burgomaestre otorgaba su consentimiento^ y ambos^ desposados bailaban un paso cómico en el que mezclaban los signos que se emplean en la masonería. Como se vé, el ataque no podia ser más directo por cuanto de un lado hadan ver lo que tan oculto querían tener, y de otro lo ridiculizaban haciendo comprender el ningún respeto que todo aquello merecía. Mientras que los jesuítas apelando á las armas que son tan suyas procuraban des- truir de esta manera la naciente órden, no se descuidaban los demás poderes en atacarla de una manera más violenta dejándose llevar sólo de las voces que aquellos propalaran, pues por lo demás no habla motivo alguno para hacer creer que la ma- sonería fuera una institución peligrosa. Los comienzos de la órden en Francia puede decirse que casi pasaron desapercibidos y fácilmente se comprende que así tuvo que ser dado que estuvo concretada la órden á un número nada considerable, de extranjeros que hablan ido á refugiarse allí huyendo de las discordias i^olíticas de su patria. Pero como estos extrangeros eran todos personas distinguidas y de elevada alcuimia como estaban en contacto con lo mejor de la sociedad francesa, cuando la órden se comenzó á generalizar los primeros individuos que tuvieron acceso á ella fueron todos nobles y hombres elegidos tanto por su saber y conocimientos, como ¡Dor los puestos que ocupaban. Entónces, también, esto es en 1736 fué cuando la sociedad comenzó á regu- larizarse y según acreditan las memorias del célebre astrónomo José Gerónimo La- lande reuniéronse las cuatro logias existentes en Paris y de común acuerdo nombraron para ocupar el puesto de gran maestre á lord Hornanester que á la sazón desempe- naba el puesto de embajador de Inglaterra en Paris. Poco á poco fuese aumentando el número de los hermanos y como no podia menos que suceder entre ellos se intro- dujeron en la órden elementos impuros, liombres que como en todo tiempo han sido llevados por la curiosidad ó por el deseo de figurar, ó lo que es aún peor, por el afan de lucrarse: estos fueron causa de que la atención de las autoridades se desi^ertara, y que excitada también la atención por los rumores que el jesuitismo habla propalado, acordaron perseguirla como institución perniciosa para la monarquia y para la reli- gion. Error profundo es este que llama la atención se concibiera entónces y que apénas se explica reinando en Francia un monarca tan cínico y tan depravado como Luis XV cada uno de cuyos actos era un ataque ostensible á la moral y que con su conducta brutal y escandalosa, dió mas fuertes golpes á las instituciones francesas que todas las conspiraciones que se tramaron después. Este monarca, que como dice el histo- 582 HISTORIA GENERAL riador más caracterizado de Francia^ supo con los vicios que le dominaban alterar su fisonomia hasta llegar á asemejarse á uno de aquellos sibaritas asiáticos, monarca que no se detuvo en la comisión de ninguno de esos actos este que hasta repugnan á la naturaleza humana y que violento y lúbrico cazaba á de tenia las jóvenes que sus cortesanos se preparaban en los bosques Versalle, también confesor que sin duda no desesperaba de convertirlo y que tal vez con su objeto de inducirle á hacer buenas obras que compensaran sus muchas faltas le tarea en la le también aconsejó que persiguiera á la institución masónica, que ayudó la querida del monarca que no se espantaba por ninguno de los hechos que realizaba dejaba llevar de los consejos de aquellos que en ella su regio amante, pero que se sin duda tenian un seguro y poderoso auxiliar para conseguir sus nuiras y á los que ni los sentimientos depra- importaba bien poco la vida relajada de aquellas mujeres vados que manifestaban y á las que esperaban absolver in extremis abriéndole asi tal de en vida hubieran servido á sus intereses. Si las puertas del paraíso, con que de la persecución de que fué objeto, la masonería no bastara para justificar lo injusto alegar los buenos principios en que la órden reposa ni los beneficios que con ellos puede conseguir la humanidad, ni la falta de motivos que habia dado, bastaria para desacreditar la mencionada persecución, considerar que personas fueron las que la llevara á cabo. En todo lo que no fuera al para que prohibición de indujeron rey obedecía las indicaciones de satisfacer sus brutales apetitos el monarca, atendía y cualquiera, de aqui el edicto de 1737 por el cual declaraba sospechoso el misterio de y rodear cuanto se les referia y por que dictaba la en que los masones se empeñaban más prohibición á que sus súbdífos entraran en relaciones con ellos prohi- severa en la corte. Or- hiendo también á los nobles que pertenecieran á la órden la entrada verse en seme- gullosos, manifestar comprendidos por todos conceptos, se debieron por jante medida: los hombres honrados y probos que, llevados de sus buenos sentimien- habían ingresado en la órden, debían estar escandalizados y tener en ménos la tos ella torno del rey no privaban más que los desmo- Obligación de concurrir á pues en con- ralizados personajes que, no creyendo bajo ni humillante nada de lo que pudiera más papeles y hasta servarle la gracia del monarca, desempeñaban los denigrantes más se alababan y se jactaban de ser corifeos en aquellas aventuras repugnantes que levantaron los clamores de las madres que se velan privadas de sus hijas, de una vez arrebatadas para servir á la sensualidad del monarca. efec- Por regla general, las persecuciones injustas ó infundadas, producen siempre la curiosidad del tos contraproducentes, y esto ocurrió con la que iniciara Luis XV; público se despertó y muchos que ni aun tenian siquiera conocimiento de la existencia el famoso edicto hallando que lo que de la masonería de la órden, lo adquirieron por y tomado se decía no convenia con lo rigoroso de las medidas que contra ella se hablan el número de los solicitaron ingresar en ella aumentándose asi considerablemente en escala, si se hermanos, continuando por tanto los trabajos de las logias mayor protegidas muchos nobles y ricos ingleses residentes en Paris á los cuales quiere por Uno de ellos. se temió disgustar y alejar si se extremaba la persecución decretada. DE LA MASONERÍA 583 haciendo lo que sin ningún inconveniente puede ser calificado de imprudente alarde, llegó hasta convocar públicamente una logia, con objeto de proceder á la elección de un nuevo gran maestre. Esto fué causa de que la policía tuviera conocimiento del lugar donde los hermanos se reunían, y con efecto, una noche, un oficial, por mandato de las autoridades superiores, la celebró cuando estaban en tenida en casa de un hos- talero llamado Chapelot, el cual, con objeto de evitarse pesquisas y persecuciones, había hecho tabicar la puerta principal de entrada abriendo una comunicación se- creta con el lugar de reunion. Esta sorpresa le valió al dueño del local una fuerte multa y á los hermanos la pérdida de todos los documentos entre los cuales se halla- han los estatutos que fueron publicados. No por esto escarmentaron los demás y de desear hubiera sido que escarmentaran, por cuanto de este modo no se hubieran irrogado á la órden en general, los perjuicios que se le siguieron por la falta de for- malidad para admitir hermanos y el poco cuidado en la espedicion de patentes para abrir logias, que como ya sabemos, eran objeto de tráfico y venta; gran número de hostaleres y dueños de restauranes las adquirieron instalándolas en sus casas me- diante la retribución de cierta suma que estipulaban con los hermanos y por la que afrontaban y se hacían responsables de todas las reclamaciones que pudieran ocurrir. Esto, como se comprenderá, estaba en contra de todo lo dispuesto por los reglamentos y estatutos de la verdadera masonería, y dió lugar á un número extraordinario de abusos, causa eficiente del desprestigio en que por aquel tiempo cayó la masonería. El lugar mismo en que se celebraban las tenidas, el carácter de los representantes de las logias, las informalidades que se cometían en la admisión y todas las demás circuns- tandas que pueden ser consideradas como hijas legitimas de ellas fueron causas para que poco á poco se fueran retirando los individuos dignos sérios y formales de quie- nes la sociedad hubiera podido esperar mucho y los que jamás le hubieran negado su valioso concurso si no se apartara de la senda que racionalmente debía haber seguido; pero naturalmente, comprendiendo lo que en realidad era la masonería, no podían tomar por tal la reunion de desocupados que se daban cita en un lugar de diversion para consumir bebidas que los ponían fuera de si y en estado de cometer toda clase de excesos. Las logias en aquel tiempo se convirtieron no más que en lugares de.es- cándalo hácia los que eran atraídos los aficionados á placeres y orgias y jamás en la admisión de un individuo se ponía el menor inconveniente; para los que babian com- prado la patente de erección de logia todos eran buenos siempre que consumieran los géneros que tenían en las hosterías, que es lo que á ellos tenia cuenta y á lo que atendían principalmente. De la misma manera que el conocimiento del formularismo y de las prácticas ma- sónicas habia sido causa de que los jesuítas apelaran á la sátira para haber de des- fruir la órden; la vulgarización de estas prácticas y ceremonias, así como también el conocimiento de los escándalos y excesos que tenían lugar en aquellas reuniones, fue- ron motivo para que perdiendo todos el buen concepto que de la institución debían te- ner, se empeñaran á porfía en desprestigiarla y no pasó mucho tiempo sin que fuera sacada á la escena pública, como poco ántes había aparecido en la privada. En aquella 584 HISTORIA GENERAL época hacía furor en los teatros de París la célebre bailarína Salé, cuya reputación debía tanto al arte que poseía á las mil maravillas, como á los escándalos que forma- ban la red de su vida, esta, á cuyo conocimiento hablan llegado también las y prácticas masónicas, encontró seguro medio de divertir al público y agradar á la córte Inven- tando ó tres en que la mímica estaba compuesta de la ceremonia de Inicia- un paso clon, y todo él, matizado con signos y gestos masónicos. Las censuras á que se hacen acreedores aquellos que en tal extremo hablan puesto á tan veneranda Institución, no pueden alcanzar á todos los afiliados entre los que siempre sucede habla hombres probos y masones de buena fé que continuaban como sus trabajos en el órden prescrito por las constituciones y reglamentos, sin mezclarse para nada con aquellos se hablan olvidado de lo que se debían y sin temer que perse- endones ni penas Impuestas por el edicto de que acabamos de hablar. Buena prueba de ello, es que más de un diario de aquella época daba cuenta públicamente del seña- lamlento que se habla hecho del día 12 de Febrero de 1738 para la celebración de una diera gran fiesta masónica que se celebrarla en Lunevllle, sin que esta publicación lugar á medida alguna por parte de las autoridades. El 24 de Junio del mismo año fué nombrado para suceder en el cargo de gran maestre á lord Harnowenter, Luis Ante- de Goudiin, duque de Antln, hijo lejltlmo del marqués y de la mar- nlo de Pardalllau, quesa de Montespln, el cual habla sido sucesivamente coronel del regimiento de la Isla de Francia, gobernador de la Alsacla, director general de construcciones y que por las circunstancias especiales que hablan concurrido en su vida, era uuo de los personajes más notables de aquella época. Gomo se vé, si bien es cierto que una parte de la masonería francesa se hallaba pervertida totalmente constituyendo más que formal nada centros de reunion para recreo y puro pasatiempo, otra, la más y digna Indudablemente, se atenía en un todo á los verdaderos principios de la órden y seguía el camino que le estaba prescrito no sólo desde su reforma, sino qne también desde su aparición. Como Institución aportada de Inglaterra y regida en su principio por hombres no- venidos de aquel pals, los masones franceses hablan adoptado las constitució- tables nes, reglamentos y estatutos que se hallaban en vigor en el reino unido de la Gran mu- Bretaña; asi lo acreditan lo mismo el libro de las constituciones de Anderson y chos otros escritos publicados en aquella época por medio de los que puede llegarse conocimiento de atenida en un todo á la tradición la órden no se habla adulte- al que rado, no se hablan Ingerido en ella todavía ninguna práctica, ninguna formalidad, á ningún rito que pudiera hacer equivoco su carácter y dar lugar discusiones, Impug- de antl- naciones ó sátiras, sino un todo á lo que por el contrario, ateniéndose en que guo venía establecido en el pals á que hablan tomado por modelo, conservaba las pri- mltivas y sencillas prácticas que revelaban, desde luégo, el verdadero espíritu de que no se halla nada que indique la existen- la asociación estaba animada, razón porque tan cía de mayor número de grados qúe aquellos tres primeros que un día tuvieron á ser manifiesta razón de ser para las corporaciones de constructores y que pasaran simbólicos cuando se reformó la masonería. iV.;vy4í;;.':kíS¿'í^ ■} f r-.s": \ VA'S: í-íy^- - «- V < ', ííï A >5^?-" -ferr V^x^;-^,; -.-Ar'.,. 5k>5V»---".■^ -tt .viiA* •'Vi; ií- i. V/-í''^L#/S-í^ jt í "^«í- ^ ■9R 'V -íït* .•'Ü-r...·>:-·í^«ir· A Ax-t'·^-·J^-·i.··- ■ .V >7 ^ ^ ^ í- *> ÍT f-T» ^ !L ■> . f^VV.*llfifü.í^ï. Jjí, ^ ^ •'■v " "7-^- r ^ s« V^wÇ*" ^ '' JF» ' ^ . t*>¿A . .'J I^|À' Vx /• i^«ïp®»ií3»·:^ >•.- " ^ ^ 'i I ¿ ■>/• . V •.«.4*·a ••lS^ .r,.Srf¿«*R?»x*v>> #/•. V í. ^ ïf »-.• A;^. ■Í^.*V/-^ 3 *^v---w»+ -^v «Wica-í „ ^ '^■■■'■* % V «i-^.T '^ ^ A»- -r ¿2^ - -íT: 4#-®'£·.·^i·r..í^v·'^»^^·■ i - .V ». % 2». »*- A, w;*t <¥: —'-v^ •'í^'· -í-Sí&viíS ^ f?#•^"'^jMti„-Csí7C?ÍJ ^ 1 \ir-6*; 'Ar-^ -í- ·*·^ ^l'%4«íí -^ï Vv . A v'íí'C -I " '■> "r t ^ ;r%s-: .v" i^.%- «A i'^Cíí' *Sí ^ vX.fvv.áí?Sa-.:; rr'feï íts-f-iiií--: ^> *^í ■#■ ^ "^ f. "j \ --V- '<- ' ^ Wíftr * J* '^ • ■ ■- -a.' A>-,A. - "^ K;;^aW>·»'.3< ílr Av.--^ ''JÁtr- „ "^í^-íT-í. •« ■■gr^5'' * Pv ^ S'í "^'■^ V--21 ^ ? '^"1A -V - ?'•« -*er'K >>&'S#»'V» jS^ ^ «r t= :•' A;^>-A5^r « ÍIAÍ ' ' • ''dí%-La .. MASON£íU/V E»as pfirsçcuciíjíití!» tju6 •■uiitríi líi instiíucioii ípi?'* iur t-'- iu^nos S'; 'híí '"iron en.Ji'raiw OíJi^, hallafoii ooo en algtpios oíros países y más.if«r .;í erulad^ por-lr^' ■"•-á'iíie eórae rbrrmna, « bkai al liacerií) bsta íevestian no- o r p-r-'í,!} ijTs; áouellas no ' kj vibroh^: Xior cuapto . enianat>an dei poder-esfrtríiU'aT «51 ;vÓrOjv"e-Híí S los flCf- . ¿r ála Iglfisiá católica. Desde-hanía ulgun tieiipA. ."O ü -e-ana, en d desarrollo yonavcha prog-resiva de esta insíin Sf; .-iie de e "'■ ■'■ >dí. ■ .-I íja a sus priyil^iós, pero liabia permunecído eo p-^í^iw,. • > rn ••ud;' r'*ae /-" bigrarian c.ohibirla con las ímpiignacioíies, y di;-? -.0' la li.di'.aii hecho;o)jget0 en disíinios ¡¡aisí's la genL d: : 'ei-cPi -siA i -oiiseguía con ello, sino que por el contr idd/., Ir o U': --■r'tiírt·' -• voz másconsideraMe, acr)rdó tomar séfk;- io.-fiHas paru vcí d oía más prácticos resultados; lo« ip>' íraP^yi-e'-fí <'i> esta •u?fj<,iles, Octobani, bpinoUq y Zoí ^d jiiaj-Hría i'?;' oísíí ef íi»f|'-aíí».í3^ ^ lie,'" Florencia, acordaron projM,»', .0' ■*« ♦' ¡íletí H :;nie'> Oe di ) rjue Oon-ideraLAÍï f . ^ * .;ente para el logro faiísfeíi, Síás de un añ^- \.í- í) ealío sud't'o·^l í-ii.o, " * y^ durante qie? siguió ;d ea.rden;d ' Cof^áo ■ í«)- eiiiroaia- .qí'ií piiblicameníé se le acugaba de haber sid(,> pm íe aílitra : i.- ■ ; r frrfVisiiio .. A *■■;: --Hstero por natumleza, no dejó de a'íacar'el lujo y íoóa- m'^ -añr:í"-.d!aHrkii' rAje w i®?*. en'as - o ^ i etx-ervaba publicandij algunas leyes saníttariós. pf;'.' ;e-. i'.miríe coTTS'Xiv.dos ' g. ■ :r;csorcs,. más quenada en lo que pudiere rgpr-sei^p ataque ír'S ^ tr^ínfificios,, creídos indiscutible , eanqtpe"tu1ió, VsmK) !ós apo^ á edi- g» fe - urgía poner, reined i." ,-h rua? que dc-de haoia almrn iienqio veai^i¿:ít,íiu ós'^'··^ia·' ' '= - . ■ -.r .-F; - De antiguo seaiene ob-- rvandiq que eí poder romano íaíau-mas y qxco-^ •isuiíiones no-se conirftda a peírseguir ti iíjíu a que urge po'u r ^niTií'díG, sino, que- por M íjontrario, llevado de na ¡lelo que aiíg; que favoree.a r U'gada iá bore de > e eeOgar lo hace con íerrea mano exítaidiundo so accim; uo>o q « íostpie i r-epniá eui- sino que tambítííi cà lo.s que puedan dircce» O ¡n (' -iiriafnemi' favtceoer á í'"i-'.í5s tÍí." a.-eun modo tí mariPt';!, asi corno ¡ambieu a todí)-;. qut; tu» vadc^irri, p fu-amiento, niaiiiflesíen tendencias inicia aquoUu qut; comlena. Do ¿tqui resuda que- «t :• •^F-mpre que se Ità dictado rdgu na- médula de! es-tfíó -fuí' de áq uedlas á que nos reien- " .^js, ha r-s* producido resultad'-ss eontr.-ijn'oduoonlrí-; ra>} süiiiqírcli;.!, nesp«:Ttadp }a -'urá)- fe y el piiblico, al estudiaiMo que ha sido la medida, mra vezd pódído íSiC m. iiisíiílcativo para un rgïor tan ttxçesi\o. X{>sr!ti'Os trascriWmos integ:fo oi texto bula que uxtarece en id liuíariocon él entíncíiddo de /a e/of'a''/ó/ oasíááa/í/ó/.'? ov— />£Ca& para tpne aubslios íectot'es'juz^ "í ¥':7- DE LA MASONERÍA 585 Las persecuciones que contra la institución que historiamos se iniciaron en Fran- cia^ hallaron eco en algunos otros países y más que nada fueron secundadas por la corte romana^ si bien al hacerlo ésta revestían un carácter general que aquellas no tuvieron^ por cuanto emanaban del poder espiritual al cj[ue están sujetos todos los ñe- les ála Iglesia católica. Desde hacia algun tiempo venía fijándose la córte romana^ en el desarrollo y marcha progresiva de esta institución que de tan duro modo atentaba á sus privilegios^ pero había permanecido en aptitud pasiva^ esperando sin duda^ que lograrían cohibirla con las impugnaciones^ sátiras y diatribas de que la hablan hecho objeto en distintos países la gente de Iglesia; pero viendo que nada se conseguía con ello ^ sino que por el contrario^ la estension de la masonería era cada vez más considerable^ acordó tomar sérias medidas para ver si de este modo conse- guia más prácticos resultados; los que más influyeron en esta decision^ fueron los car- denales Octobanq Spínola^ y Zondedarq cjue juntamente con el inquisidor general de Florencia^ acordaron proponer al pontífice el único medio que consideraban condu- cente para el logro de sus deseos. Más de un año tardaron en llevar á cabo su propó- sito^ y durante él, acopiaron el mayor número de datos, documentos é informes cj^ue pudieron reunir, celebraron no pocas juntas y al fin decidióse la publicación de la pri- mera bula, por la que los masones fueron excomulgados. Ocupaba el sólido pontificio Lorenzo Corsini con el nombre de Clemente XII, nacido en Florencia en 1G12 y electo papa en 1740: hombre de rígidos principios y de moral severa, realizó durante su reí- nado actos que acreditan la entereza de su carácter, entre los que merecen ser conta- dos la destitución y el proceso que siguió al cardenal Coscio por las dilapidaciones de que públicamente se le acusaba de haber sido parte actora en el reinado anterior; austero por naturaleza, no dejó de atacar el lujo y la desmoralización que en Roma se observaba publicando algunas leyes santuarias, pero intolerante como todos sus pre- decesores, más que nada en lo que pudiera representar ataque á los derechos pontificios, creídos indiscutibles, comprendió, como los que á ello le instigaban, que urgía poner remedio al mal que desde hacia algun tiempo venia señalando la Iglesia. De antiguo se viene observando, que el poder romano al lanzar anatemas y exco- muniones no se concreta á perseguir el mal á que urge poner remedio, sino que por el contrario, llevado de un celo que más que favorecer perjudica, llegada la hora de castigar lo hace con férrea mano extendiendo su acción no solo á los que reputa cul- pables, sino que también á los que puedan directa ó indirectamente favorecer á éstos de algun modo ó manera, asi como también á todos los que no ya de obra, sino de pensamiento, manifiesten tendencias hácia aquello que condena. De aquí resulta que siempre que se ha dictado alguna medida del carácter de aquellas á que nos referí- mos, ha producido resultado^ contraproducentes; casi siempre lia despertado la curio- sidad, y el público, al estudiar lo que ha sido objeto de la medida, rara vez ha podido hallar justificativo para un rigor tan excesivo. Nosotros trascribimos íntegro el texto de la bula que aparece en el bularlo con el enunciado de In eminenti apostolaUis es- peciila para c[ue nuestros lectores juzguen. 586 HISTORIA GENERAL «Clemente^ Obispo^ servidor de los servidores de Dios^ á todos los fieles de la cris- tiandad^ salud y bendición apostólica. »Como la Divina Providencia nos ha colocado^ no obstante, ser indigno de este honor, en la silla apostòlica con el fin de velar por aquellos que nos han sido confia- dos y llenar hácia ellos los deberes de un buen pastor, emplearemos, con la ayuda del Todopoderoso, todo nuestro celo en evitar la introducción de errores y vicios, y man- tener, ante todo, la pureza de la religion, separando en estos tiempos tan difíciles, los peligros de las agitaciones. »Hemos sabido, y la voz pública confirma, que ciertas sociedades, asambleas, reu- Ilíones ó asociaciones, se esparcen por doquier bajo el nombre de Liberi Muratori ó francmasones, ú otro nombre cualesquiera, según el idioma del país, y adquieren to- dos los dias mayor extensión que están compuestas por individuos de todas religió- nes y sectas, los cuales seducidos por una afectada apariencia de honradez natural, dan ellos mismos leyes y estatutos, se asocian y forman entre si lazos tan estrechos como indisolubles, y que sobre sus prácticas, secretas, en parte por medio de juramen- to prestado sobre la Santa Biblia, y en parte por medio de amenazas, de severos cas- figos, se obligan á guardar un invilable secreto. Sin embargo, como está en la natu- raleza misma del crimen de descubrirse asimismo llamando la atención hácia él y haciéndose conocer, á estas sociedades ó conventículos han despertado en la conciencia de todos los buenos creyentes tal sentimiento de sospecha, que para los hombres pru- dentes ortodoxos, su nombre representa la mancha de la herejía y la pérdida de sus y creencias. Porque si sus principios fuesen puros, no buscarían con tanto cuidado la oscuridad y el misterio. »Estas asociaciones han sido apreciadas del mismo modo por otros, que por nos- otros, puesto que las autoridades de diferentes países las han condenado, hace tiempo, como peligrosas para la seguridad del Estado, y se han deshecho prudentemente de ellas. En consecuencia, después de haber considerado y pesado los males que dichas sociedades ó asambleas pueden producir, poniendo en peligro, no solamente la paz del Estado, sino que también la salvación de las almas, de manera que no pueden e.xistir en virtud de ningún derecho civil ó eclesiástico, como Nos estamos llamados por el Señor, para velar dia y noche como fiel servidor y guardian vigilante de su re- baño, á fin de que esta clase de gentes no vengan, como si fueran ladrones, á minar los cimientos de su casa, ó parecidos á zorras destruir su viña querida, y en otra for- no ma, en fin, que no corrompan el corazón de las gentes sencillas y que traspasen con sus dardos envenenados á los inocentes con el objeto de impedir que esta iniqui- dad cometa inpunemente, y por otros motivos conocidos de se Nos, después de ha- ber consultado varios de nuestros venerables hermanos, los cardenales de la Iglesia romana, y después de haber maduramente reflexionado y adquirido una certidumbre sobre lo expuesto; de nuestro mutuo propio, y en virtud de nuestro poder apostólico, hemos decidido condenar y prohibir dichas sociedades ó asambleas, reuniones ó aso- ciaciones ó conventículos constituidos con el nombre de francmasonería ó cualquier otra denominación, como los condenamos y prohibimos, efectivamente, por nuestra DE LA MASONERÍA 587 presente bula^ la que queremos quede perfectamente válida y eficaz. »Por lo cual^ prohibimos á todos y á cada uno de los fieles de la cristiandad, sea cualquiera su estado, posición, origen, dignidades de que esté revestido, orden á que pertenecen, tanto á los seglares como á los eclesiásticos, al clero regular como al ele- ro secular, hasta los más elevados de entre éstos, les prohibimos sériamente, y en vir- tud de la santa obediencia de permitirse, bajo ningún protesto ó color que quieran dar á su infracción, de formar parte de estas sociedades de francmasones, sea el que quie- ra el nombre que lleven, ni de establecerlas ó protegerlas, favorecerlas, recibirlas en sus casas ó habitaciones que les pertenezcan, de ocultarlas, de hacerse inscribir en ellas, de afiliarse ó asistir á sus reuniones ni de procurarles, la ocasión de reunir sea donde quiera, y de facilitar estas reuniones, de ofrecerles una mano amiga ó de ayu- darles, sea por consejos ú ocuparse de ellas de cualquier otra manera, públicamente ó en secreto, directa ó indirectamente, por si mismos ó por otros; está igualmente prohi- bido de exortar á los demás, de hacerlos inscribirse en estas sociedades ó de mandar- los contarse entre sus miembros y asistir á sus reuniones, á fin de favorecerlos de cualquier manera que sea; pero se les ordena permanecer completamente extraños á estas sociedades, asambleas, reuniones ó conventiculos bajo pena de excomunión con- tra todos aquellos que se hagan culpables de las infracciones arriba mencionadas, y por el hecho mismo sin que sea necesario tomar más amplias informaciones sobre la causa de la excomunión, de la cual nadie podría ser relevado ni recibir la gracia de la absolución, ni aun en caso de muerte, sino por Nos ó por el papa que ocupe entonces la silla de Roma. »Queremos aún y ordenamos que los Obispos, los demás prelados de la Iglesia y todos los pastores encargados de guardar las almas, lo mismo que los inquisidores instituidos para combatir la infección de la herejía, hagan uso de sus poderes y persi- gan los contraventores de cualquier clase, estado, posición y categoría, como culpa- bles de herejía, que les impongan el castigo que merezcan, y pongan freno á sus em- presas, para lo cual les acordamos todos los poderes necesarios para obrar contra estos contraventores, aplicándoles las penas á las cuales se hayan hecho acreedores y si necesario fuese reclamar para llegar á ellos el concurso de la autoridad civil. »Queremos también que todas las copias de la presente bula, aunque están impre- sas, con tal que vayan firmadas de mano de un notario público y que vayan acompa- fiadas del sello de un dignatario eclesiástico, tengan la misma autoridad que la origi- nal. Que nadie se permita atacar nuestra presente declaración, condenación, orden, prohibición é información ó no arreglar su conducta á ella. Sin embargo, si alguno tuviera esta temeridad, sepa que se atraerá la cólera de Dios y de los Santos apóstoles Pedro y Pablo. »Dado en Roma, en Santa María la Mayor, en el año de la encarnación del Señor 1738, el 28 de Abril de nuestro pontificado, el octavo, etc.» Aun en el supuesto harto aventurado de que admitiéramos todas las fábulas, cuen- tos y consejos que se venían y aun se vienen esparciendo, aun cuando admitiéramos como perfectamente cierto, que la órden en sí era atentatoria contra todo gobierno y 588 HISTORIA GENERAL contra toda religion^ la bula que acabamos de trascribir tendría un defecto esencial por razón del poder de que emanaba^ defecto que casi siempre puede señalarse en to- das las disposiciones de su género. Se dan^ ó mejor dicho^ se venden^ como ñeles re- presentantes de una religion de paz y caridad^ de una religion de amor, y sin embar- go no hay asunto en el que puedan que no se determinen déspotas y absolutistas de una manera tal, que posible es llegar hasta acusarlos de falta de sentimientos humanos. Comenzando el análisis de la citada bula, hallamos en primer término una afirmación que desde luego se puede calificar de gratuita: la masonería por ninguna de sus ma- nifestaciones podia ser acusada como vicio en la religion ni como error: vicio no podía implicar ninguno por cuanto no habla intentado siquiera la más ligera reforma en la cuestión religiosa, y esto, lo mismo en la católica que en la protestante, que en la judai- ca; se habla limitado á admitirlas todas, pues para recibir á un individuo en su seno, no se fijaba en que fuera religioso, sino en que fuera honrado; no se fijaba en que fue- ra devoto, sino en que fuera moral; y desde este punto de vista no solo tenia que dejar de ser considerada como vicio para la religion católica, sino que hubiera podido ser considerada como elemento en su favor, dado que la institución masónica se habla hecho solidaria de los principios de amor y caridad predicados por el sublime mártir del Gólgota. Como error, aun podia elevar más la voz de su protesta; ya conocemos los principios que servían de base y fundamento á su credo, y . con seguridad, que sin los perjuicios materiales que la gente de Iglesia comprendían que tenia que irrogarles no hubieran podido decir nada acerca de ellos, pues en realidad no eran otros que los mismos que ellos se jactaban de mantener en toda su pureza: la paz y la concordia entre todos los hombres, el amor hácia nuestros semejantes, la obligación de atender- los y socorrerlos en los más duros trances de la vida; estas y nada más que estas eran las obligaciones que la órden imponía á sus adeptos, y por fanático católico, que sea cualquiera que de ella sé hubiera ocupado, no hubiera podido dirigirles ninguna cen- sura, pero bien lo sabemos, no eran los principios en si lo que la córte romana quería condenar para cohibir, sino la propaganda de los principios liberales, el desarrollo de las ideas hijas de la razón, en presencia de las que no pueden subsistir en manera al- guna, ni ciertas creencias ni determinadas prácticas. El único cargo que en la bula puede tener algun fundamento, es el acreditado en su párrafo segundo referente al secreto y al misterio de que la órden se rodeaba, y aun este mismo se destruye sencillamente. Hemos visto al historiar la aparición y des- arrollo de la masonería en Inglaterra, que en este país, la órden no solo no se ocul- taba, sino que hasta puede decirse que hacia pública su ostentación: en el libérrimo pais de la Carta magua y de El habeas Corpus donde la Reforma había levantado la conciencia y dado alas al espíritu, la asociación masónica no tenia por qué ocultar- se ni por qué hacer misterio, pues no estaba vedada en modo alguno la difusión de los principios, que de ser atentatorios, lo eran solo contra las ventajas materiales que venia disfrutando el Clero á causa de la ignorancia de los pueblos, razón más que su- ficiente para que éste tratara de cohibir la difusión de la luz que habla de sacar á la conciencia del caos en que yacía. Cierto que en otros países tenia que recatarse y DE LA MASONERÍA 589 buscar la vigilancia del poder civil^ pero esto no representa ni puede representar que lo hiciera para cometer crímenes á la sombra ni para realizar punibles acciones á espaldas de la ley: lo hacía puramente^ porque los gobiernos de las naciones en que tenía que proceder de esta manera^ corrían en un todo parejas con el que imperaba en Roma. Era de todo punto imposible que gobiernos como el de Luis XV^ hubieran de- jado de perseguir á la masonería: en el caso poco probable de que no hubiera llegado á oídos del monarca lo que era la masonería^ y lo que tal asociación representaba^ no habría sucedido lo mismo al Clero y á la nobleza de Francia que tenían su principal fuente de riqueza en el Estado de abyección en que se encontraba el pueblo^ por lo que habían de velar muy cuidadosamente para que nada ni nadie lo sacara de él; esto les urgía con premura^ y tanto es asi, que la marcha lenta y pacifica de la masonería no fué bastante para nivelar el abismo que mediaba entre aquellas clases, y tuvo que avocarse el conflicto político más sangriento que registra la historia moderna. Atentos á estas consideraciones, el cargo que para la masonería resulta como más fundado, queda desprovisto de toda razón; sin las persecuciones de que venia siendo objeto la sociedad masónica se hubiera jDodido ostentar libremente, y lo mismo que ha hecho en los tiempos presentes hubiera probado en aquellos, que no tiene nada de inmoral ni de nocivo. Para decretar la rigorosa pena que la bula impone no solo á los que pertenezcan á la sociedad, sino que también á los que en cualquier forma la amparen y favorezcan declara que se ha fijado muy principalmente en los males que de ella han resultado, pero gran cuidado tiene en omitir la enumeración de ellos, pues si lo hubiera querido hacer sus esfuerzos para hallarlos hubieran sido vanos y de ningún resultado: males no habían resultado algunos ni aún podían resultar por cuanto es muy de tener en cuenta que en tanto que en unos países era perseguida encarnizadamente la asociación, los monarcas mismos la favorecían en otros probando así que nada tenían que temer de ella las instituciones políticas. Por todo lo dicho fácil es comprender que la citada bula con todo su rigorismo, y todas sus prevenciones no dice nada en conti^a de la órden en si, sino que por el contrario, es una prueba de lo mucho que sus enemigos la temían, y tanto es asi, que en Francia, donde en el tiempo que había mediado entre el establecimiento de la órden y la promulgación de la bula, había ganado la masonería en el concepto de todos; la bula de Clemente XII no halló eso ni fué tomada en cuenta ni nadie le hizo caso; antes al contrario, parece que fué la señal para que se elevara más y más extendiéndose por todo el país y para que de ellas formaran parte hombres de todas condiciones, pero entre los que justo es decirlo, figuraban en mayor número los que eran acreedores á la consideración de todos por su saber y por su ilustración. CAPÍTULO XXX. Aparición de distintas sociedades que se aprovechan del ritual y de los simbolismos masónicos, aun- de la masonería de adopción.—Distintos que proponiéndose muy distintos fines.—.Establecimiento títulos que reciben las sociedades mal llamadas masónicas en que son admitidas las mujeres.— Defectos de que adolecen.—La órden de la felicidad.—Su organización y su simbolismo.—La so- ninfas de la Rosa.—Sus pretensiones.—Su tecnicismo.—La órden de los ciedad de Caballeros y leñadores.—Sus atributos, prácticas y ceremonias.—Falta de razón en los que afirman que estas masonería sociedades pueden haber determinado alguna influencia en la masonería.—Verdadera de adopción.—Idea á que responde.—Imposibilidad de que las mujeres puedan realizar los fines el credo masónico.—Primitiva organización de la masonería femenina.—Pruebas y presentes en ceremonias de entónces en cada uno de los grados.—Reformas introducidas.—Reducción del número de los grados.—Recepción, pruebas y catecismo del grado primero.—Grado segundo.— Recepción, pruebas y catecismo del grado segundo.—Errores é inexactitudes que en ellos se advierte. ejemplo que la masonería daba, no siempre bien seguido, las prohibiciones al de las autoridades civiles y las excomuniones pontificias, dieron lugar aparecimiento en aquella época de una porción de sociedades, cuyo fin, antes que ninguno otro, era participar de las ventajas de que disfrutaban los francmasones. Este carácter de solo enunciado, basta á nuestro modo de ver para determinar el semejan- tes asociaciones creadas solo para pasar el tiempo lo más agradablemente posible. En del el aparecimiento de ellas, no influye poco el espíritu ligero é insustancial pueblo dar al espi- francés de todo saca partido, tratándose de divertir el ánimo y pasto que ritu con ocupaciones que lo fatiguen poco. Necesario nos es ocuparnos de estas aso- las daciones á que nos venimos refiriendo, tanto por que no han faltado los que DE LA MASONERÍA 591 suponen^ derivación de la masonería como por qué son á su vez precedentes en cierta parte de lo que recibe el nombre de masonería de adopción ó sea la masonería forma- da por las mujeres. Por regla general^ estas sociedades datan de 1730^ fecha en la que fueron admitidas las mujeres á formar parte de la masonería^ si bien se ha dado en ñjar como la ver- dadera el año 1760, por más que la orden no prestara su asentimiento á tales congre- gaciones, sino en 1774. De cualquier manera y reservándonos hacer la critica para cuando conozcamos bien el asunto, resulta que á la sombra de la verdadera masonería han crecido y se han desarrollado asociaciones andrógenas ó sean compuestas por individuos de ambos sexos, cuyos fines eran sumamente distintos de los que en todo tiempo se había propuesto la orden séria, formal y filosófica que estamos historiando. Ya en este tiempo la masonería propiamente dicha, había sido alterada con lo que malamente se ha llamado reforma de Rauzoy: decimos malamente, porque en realidad no existe tal reforma, sino que lo que es más que nada una alteración, una corrupción sobre la base de la masonería. Siguiendo el pernicioso ejemplo que iniciara el acér- rimo partidario de los Stuardos, Chamboret, hombre oscuro y sin ninguna importan- cía en la historia pública de su j)aís, creó en París el año de 1742 la llamada órden de la felicidad, de la cual podrían formar parte lo mismo los hombres que las mujeres. Los grados, las ceremonias y el simbolismo de esta institución, estaban calcados en un todo sobre los de la masonería; hombres y mujeres eran admitidos con el título de caballeros y señores y sus trabajos consistían en un viaje por mar á la isla de la feli- cidad. Para lo cual, los hermanos y las hermanas ó los caballeros y las señoras debían estar perfectamente instruidos en el arte de la navegación. Un Oriente recibía el nombre de rada y el templo el de escuadra. La sociedad estaba compuesta de 4 gra- dos que recibían los títulos de marinero, patron, jefe de escuadra y vice almirante y el gobierno general de la órden, se hallaba compuesto de un gran fondeador, inspec- tores y comisarios de marina. Lo mismo que la masonería: esta corporación tenía establecidos sus pruebas para la admisión, pero la demás importancia puede ser comparada solo con una escena cómi- ca de un viaje por mar: hacía volver la cabeza del candidato hacia el Norte y en esta forma recitaba una oración en malos versos á San Nicolás que era el patron de la órden. El juramento que el recipendiario prestaba, estaba tomado casi á la letra dej establecido por los estatutos masónicos, si bien no implicaba ningún deber penoso que cumplir; pues todo ello no era más que una especie de círculo de recreo; toda re- cepcion, y hay que advertir que eran muy frecuentes, terminaban con bailes, concier- tos y diversiones, en la que formaban parte hermanos y hermanas con gran conten- tamiento de todos. Fácil es comprender de que asociaciones de este género no podían permanecer ocul- tas durante mucho tiempo á las miradas del público, y éste, severo é imparcial, no pudo ver con calma la adulteración que se hacía de una sociedad veneranda y casta; así es que, tres años después de su fundación, cuando pudo ser conocida y perfecta- mente apreciada la sátira, se cebó en ella apareciendo multitud de folletos impug- 592 HISTORIA GENERAL nadores^ entre los que merecen una mención especial; el titulado «Modo de llegar al más alto grado en la marina sin mojarse» y que en el fondo no era más que una ex- presión de las ridiculeces á que se entregaban los adeptos entre los que se encontraban personas de las más elevadas clases sociales. Los certeros golpes que se le acertaban^ la falta de solidez en sus principios y la ninguna necesidad que reconocian por base^ fueron causas más que suficientes para que su existencia fuera efímera y no determinara absolutamente alguna influencia. Poco después y tal vez inspirándose en la orden de la felicidad^ apareció una muy se- mejante, cuyo título era el de «Sociedad de los Caballeros y de las Ninfas de la Rosa» la cual en sus fórmulas y ceremonias había tomado también mucho de la masonería; y se decían los individuos pertenecientes á ella consagrados al culto del más poderoso de los dioses. La logia recibía el nombre de Templo del Amor y los presidentes repre- sentaban un hiesofante y una gran sacerdotiza: el introductor de los aspirantes se lia- maba sentimiento y la señora que la acompañaba recibía el nombre áe Discreción. La edad de un caballero era la de amar^ y la de las ninfas la de agradar. Lo mismo estas sociedades que aquellas de que anteriormente hemos hecho mención^ estaban redu- cidas á proporcionar distracciones y recreos á los individuos que las formaban^ sin que determinaran influencia alguna^ ni trabajaran en pro de ninguno de los ideales que la masonería se había propuesto. Poco á poco fueron desapareciendo todas ellas, si bien buho una que logró arraigarse durante más tiempo aún sin merecer el favor de ninguna persona seria y formal. Fué esta la que recibió el título de los Leñadores. Se le dá por autor al caballero Beaucbeñe, el más fanático de los maestros inamovibles de la antigua Gran Logia de Francia según han dicho. La órden de Leñadores como la de la Felicidad, era andrógena, es decir, instituida por personas de los dos sexos. El presidente llamábase Padree Maestro-, el candidato. Eslabón; los iniciados, primos, primas; la logia, cantera. Beauciene inauguró su cantera el 17 de Agosto 1747, en París, en un espacioso jardín del barrio de la Nueva Francia, en el mismo lugar donde ántes existía la órden de la Felicidad. Este nuevo taller masónico fué llamado la Cantera del globo y de la gloria. Otros canteros fueron pronto establecidos en París y en varias ciudades de Francia. »Cansados del ceremonial pomposo y galante de la órden de la Felicidad, dice La A beja Masónica, caballeros y señoras, de blusa, mandil y suecos, dándose el brazo con el nombre de primos y primas fueron á las canteras del padre maestro Beaucheu Allí no eran precisos los cuidados y dulces palabras, sino reír y beber, tal es el cere- monial del grado único de los leñadores, era apropósito para provocar la alegría fran- ca y popular. De un antiguo manuscrito tomamos lo relativo á uno de los grados de esta órden para que nuestros lectores puedan formar juicio. Dice así: «Este grado ha sido creado con toda la regularidad posible. Entre ellos (los adep- tos) la caridad y la hospitalidad se observan perfectamente. Siguen las siete beati- tudes: DE LA MASONERÍA 593 »Tuve sed, me disteis de beber. »Tuve hambre, me disteis de comer. »Estuve desnudo, me vestisteis. »Estuve preso, me visitasteis »Estuve enfermo, me socorristeis. »Tuve frió, me calentasteis »Estuve afligido, me consolasteis. »Los adeptos odian la mentira, las palabras libres y la murmuración, honran la decencia y guardan el mayor secreto sobre lo que concierne á la masonería. La can- tera se establece siempre en un bosque, ó al ménos en un jardín donde baya un bos- quecillo y un paseo de árboles. Si esto no es posible, se adorna una logia con ramas de árbol y muchas cópulas. La pieza debe estar tapizada de hojas. Leños deben servir de asientos. Para reunir la cantera, es preciso estar presentes los oficiales qüe indica- mos á continuación: »E1 padre-maestro.—El primo de la encina (padrino); el primo del olmo (intro- ductor); el primo del haya (guarda vino); el primo del served bravio (guarda pan); el primo del encanto (guarda de la hospitalidad); el primo del erable (guarda del sitial); el primo del fresno (guarda de honor). »La ceremonia de la recepción era bastante extraña, por lo cual es interesante el dar cuenta de ella. »E1 padre-maestro se sentaba bajo un grueso leño de encina, el codo izquierdo apoyado sobre la mesa, un sombrero de etiqueta y una corona de hojas de encina le cubría la cabeza. Tenia colgado al cuello un cordon de seda del que pendía un pedazo de boj. Tenia una hacha en la mano y una pipa en la boca. Su trajeera de paño burdo. ¿Era, tal vez, la parodia de los grados de los templarios ó escoceses, tan parcos en ornamentos? No lo sabemos; pero todas estas disposiciones se tomaban para llamar la atención de los adeptos sobre las clases bajas de la sociedad, para hacerles cono- cer su pobreza, su miseria, y trabajar para el mejoramiento de su suerte. Entre estos hombres, tan desheredados, en apariencia, de la fortuna, se practicaba, sin embargo, la virtud, la amistad y el reconocimiento. ¿No era una gran enseñanza para los can- didatos, que por lo general pertenecían entónces á la nobleza, á la rica burguesía y que pronto serian llamados á regenerar la Francia? Todos estos misterios, todos estos tra- bajos.extraños, tendían á dirigir la imaginación del candidato, á instruirle, á aproxi- mar las clases altas á las clases inferiores por los lazos de la igualdad y la frater- nidad. «Cuando el candidato se presentaba á la puerta de la cantera, el padre-maestro le decia: —Muchacbo, ¿es voluntad tuya ser recibido búen compañero y buen primo leñador? — Si, padre maestro. — ¿No es por curiosidad ó para descubrir á otros nuestros deberes? ¡Piensa lo que vas á hacer! —No, padre maestro. 73 594 historia general Ijastante cobarde hacernos traición^ nuestras hachas, nuestras — Si fueras para sierras, nuestras cuñas, nuestras segures, nos vengarian. de su hacha En esto, el padre-maestro, levantándose precipitadamente, le pone el filo en la frente, y todos los primos le imitan. Alegoría terrible del horror que inspira al hombre virtuoso la delación y la traición. Cuando el candidato hahia prestado juramento, se le hacia sentar sobre el sitial de cinco sueldos honor, se le servia el daban pan y el vino de la hospitalidad, y se le para su viaje. Para saber si la cantera estaba ¡i cubierto, el padre-maestro decia; —¿,Qué tiempo hace? —El viento está en calma y las hojas tranquilas. En el caso contrario: —Hace mucho viento, las hojasy ramas del árbol están agitadas. Para cerrar la cantera, se decia: —Buena vida, primos, dejemos el trabajo, la noche viene. ceremonia se llevaba á cabo para poner fln á los trabajos, estaba en perfec- La que ta relación con todo lo demás que dejamos expuesto; y claramente se advierte que esta sin más Sociedad no era más que una parodia, digámoslo asi, de la masonería, que de en vez de utilizar los términos propios de los constructores, hablan arbitrado los de Paris de 3 de los leñadores y carboneros, á los que por una decision del parlamento Setiembre de 1781, les fué prohibido reunirse en corporaciones bajo pena de persecu- clones extraordinarias. Por más que algunos autores demasiado optimistas han llegado á suponer que es- tas asociaciones determinaron alguna influencia, generalizando en cierto modo los principios humanitarios de que la masonería estaba impregnada, sobran motivos afirmar lo contrario, en vista sólo de las formalidades y ritos. Nuestros lee- para poder de visto lo dejamos expuesto acerca de ellas, abundarán en nues- tores, después que tras mismas ideas y comprenderán que ninguna de aquellas sociedades pudo tener den- más fln el recreo la diversion, y áun en este uso, se contuvieron siempre que y tro de los prudentes términos la moral exige. Desde este punto de vista no que hay más remedio que censurarlas y condenarlas; hay que verlas más que nada co- mo zizaña en el campo masónico; y no es, ni puede ser extraño, que los enemigos de la órden hayan tenido ocasión para censurarlas tomándolas por sus pretensiones y consi- derivaciones de la institución masónica. Para que nos- derándolas como inmediatas de y otros lo hagamos así, tenemos que ver la cuestión desde muy distinto punto yista en la an- no olvidar nada el estado en qué se hallaba la sociedad francesa época para el terior á la revolución: la inmoralidad lo habla minado todo, y siguiendo pernicioso de la ejemplo de la corte, las demás clases sé entregaban á la crápula y á los vicios fri- manera más descarada del mundo; todo se falseaba y adulteraba, y los espii'itus volos ligeros hallaron seguro medio de dar á sus orgias cierto carácter para disi- y constituyendo agrupaciones que con un ritual semejante al masónico se miliarias, apartaban en un todo de los verdaderos principios de la asociación. DE LA MASONERÍA 595 Por aquel tiempo también^ según ya hemos manifestado^ aparece en el público es- tadio la masonería de las mujeres, que más tarde, cuando inconvenientemente fué ad- mitida dentro de la orden, recibió el nombre de Masonería de adopción. Justo es que confesemos que esta Sociedad no es digna ni se hace acreedora de las fuertes y acres censuras que hemos tributado á las demás; pero analizada detenidamente tenemos que ver en ella una mala inteligencia del masonismo, al par que poca seriedad en los que la reconocen. Desde hace mucho tiempo, y como cuestión preliminar, muchos autores vienen investigando las causas á que se debe el establecimiento de la Masonería de adopción. Unos, ateniéndose al tiempo puramente, han aventurado la idea de que no es más que una derivación de aquellas pueriles y artiflcidas sociedades de que hemos, hablado y las cuales les dan como precedentes; otros, siguiendo un camino diametral- mente opuesto, sostienen que nada tiene que ver con ella y que su aparición se debe únicamente á influencias de la propia y verdadera masonería. Nosotims creemos que tanto el uno como el otro son términos absolutos y que ambos, por consiguiente, ado- lecen del defecto de querer prescindir en total de otras muchas causas que, si no direc- ta, al ménos indirectamente pueden haber sido parte para que las mujeres entren á constituir una masonería acerca de la que podamos decir desde luégo que ningún re- sultado puede esperarse. Desde el momento en que, tanto la órden de los Felicitarlos, como la de las Ninfas del amor, como la de los Leñadores, se llaman á si propias deri- vaciones de la masonería y admiten á las mujeres en su seno, no cabe dudar ni un punto siquiera que pueden haber determinado influencia en la aparición de la maso- neria femenina, pues aunque de cierto no se sabe, puede admitirse que apareciera un reformador de aquellas corporaciones que, aprovechando los elementos que se ofrecían alli, los ordenara sobre la base de la masonería, y con esto y sin ninguna violencia teñe- mos aprovechada la causa que alegan algunos como generadora, la cual á su vez implica la segunda, pues este reformador puede admitirse también como mason, y áun como mason de buena fe, dado que permitido está muchas veces causar un mal para evitar otro mayor, y á fin de que no quede duda alguna acerca de nuestras palabras diremos que siempre hemos tenido como un mal para todo la masonería de las mujeres, pero que este mal no era tan considerable como el que representaban aquellas socie- dades que se le han asignado como precedentes. Pero ademas de estas causas mani- testadas hay otras ([ue no pueden ni deben perderse de vista, y todas ellas pueden reasumirse en una, enunciándola por la del estado de las clases elevadas en Francia en la época que historiamos. Aquellas señoras, que por la exagerada y mal entendida galantería de los franceses desempeñaban tan importante papel, hablan hecho moda de todo y en un tiempo fueron los salones escuela de lenguaje, como en otro de mate- máticas, como en otro de filosofia, como en otro, en fin, de poesia, pero fodo á la ligera y superficialmente, sin profundidad alguna. Se apoderaban de las ideas más domi- liantes y las entronizaban en sus salones, haciéndose acreedoras por ello á no pocas violentas sátiras. Dado esto, resulta harto natural que no bien tuvieran conocimiento de la existencia de la masonería y supieran lo que esta sociedad quería y representaba, las señoras se 596 HISTORIA GENERAL propusieran formar una, constituida con individuos de su sexo; mas nosotros nos pa- ramos ante la consideración de que, conocidos el credo y las formalidades de la maso- neria, era no ya difícil, sinó hasta imposible que fructificara semejante pensamiento. Esto no obstante, encontró quien lo apadrinara y fomentara, quien lo alabara y ensal- zara, y andando el tiempo nos encontramos con la llamada Masonería de adopción, elemento de desprestigio para la orden en general, no porque baya realizado algo censurable, sinó ¡Dorque está en abierta contradicción con cuanto de la masonería se afirma. Para justificar nuestras censuras tenemos que considerar precisamente la mi- sion de la mujer y el papel que en la historia ha desempeñado. Socialmente conside- rada, la mujer tiene una misión civilizadora que cumplir, pero está limitada al interior del bogar. No se entienda por esto que abogamos nosotros por el antiguo gineceo; nada más léjos de nuestro ánimo que pretender nosotros que la mujer esté reducida á una casi esclavitud, sin que le sea permitido salir de su casa sin incurrir en mala nota, como sucedía en la antigua Grecia. Al decir bogar, tomando esta palabra en la acep- clon lata que boy tiene, queremos indicar las múltiples atenciones de la esposa y de la madre, y en verdad que atendiendo á ellas como debe, no le puede quedar mucho tiempo que dedicar á las asociaciones que se constituyan con fines á los que no puede atender, ni por la debilidad propia de su sexo, ni por su falta de cultura general y por otras mucbisimas razones que desde luégo están al alcance de todos. Dentro de la sociedad en general, y como principal elemento de la familia, la mujer puede hacer mucho bien; pero como individuo de sociedades particulares, máxime si estas socieda- des tienen el carácter que la masonería, no pueden más que dar lugar á violentos ata- ques y á punzantes sátiras. La actividad, la cultura y las demás cualidades del hombre no pueden ser equiparadas con las déla mujer, y cada uno, aportando las condiciones que le son propias, es como realizan el todo armónico que hace posible la vida. Comprendemos que en los pasados tiempos fueran frecuentes las protestas de la mujer contra la legislación que no les permitía más que un papel muy secundario; pero en los tiempos en que esto sucedía jamas pensaron en constituir agrupaciones que les ayudaran á sacudir lo que verdaderamente podían llamar yugo. Se manifestaron resignadas y cumplieron altamente sus fines; fué necesario que llegaran á la época en el que de mayor libertad han gozado para que abusaran de ella; fué necesario que hombre otorgara á la mujer la alta representación que el cristianismo le había otor- gado para que se iniciara el abuso que él mismo ha permitido. Entre ambos términos media un abismo grande, terrible, mayor aún que el que resulta desde cada uno de los términos al punto de partida. En nuestro tiempo la mujer no puede aspirar á mayor libertad ni es posible que con la que cuenta le quede tiempo para hacer más que lo que por ella debe. La organización déla familia, la creación délos estados y el adveni- miento del cristiansimo han sido las tres causas principales que han dado lugar á que la mujer llegue áser la señora de su casa y la compañera del hombre, papeles im- , portantisimos y elevados, no comparables con ninguno de los que tuviera en tiempos pasados, á pesar de las dignidades y preeminencias concedidas á las que se dedicaban al culto en aquellos pueblos en que en éste tuvieron participación y de lo que errada- DE IA MASONERÍA 597 mente han supuesto algunos autores que arranca la actual masonería femenina. Ya hemos probado suflcientemente que la masonería no tiene nada de cuito ni puede ser considerada en manera alguna como religion: sabemos que todo lo inventado de las antiguas religiones para hacerla adquirir el carácter de vieja institución son fábulas con las que se ha pretendido seducir á los que no admiten más que aquello que tiene precedentes en la docta antigüedad. El que en Egipto^ como en Grecia, ó como en Roma, hubiera mujeres dedicadas al culto, no afirma de manera alguna, que existiesen ya sociedades masónicas ó de otro cai'ácter formadas exclusivamente por individuos del mismo sexo; prueba sólo que en aquellas abundantes teogonias existían diosas cuyo culto debía ser desempeñado ó administrado por individuos de su sexo. La razón ex- puesta, ó sea el precedente deque en Egipto y en Grecia existieron colegios sacerdo- tales de mujeres, ha servido para explicar ó para tratar de explicar las logias de adop- clon; pero semejantes razones hay que desecharlas por completo, dejando subsistentes sólo las racionales que hemos expuesto al comenzar. Constituida la masonería de las mujeres por algunos individuos pertenecientes á la órden, el gran oriente de Francia las admitió en su seno, á pesar de la infracción de ia constitución que suponían en el año 1774; á partir de esta fecha son muchas las al- teraciones que ha sufrido y no pocas las vicisitudes por que ha pasado, siendo lo más extraño que el carácter propio de esta sociedad no ha sido el mismo en los distintos paises en que ha sido admitida. Primeramente constó sóio de ocho grados que lleva- ron los enunciados siguientes: 1.° Aprendiza. 2.° Compañera. 3." Maestra. 4. Maestra perfecta. 5.» Eiegida. 6." Dignidad escocesa. 7." Princesa de la corona. 8.° Amazona inglesa. De esta clasificación ias obras que tenemos á la vista nada dicen, esto es, se limitan á exponerla, dando á entender claramente que data del tiempo en que acerca de ella nada se habla escrito. De fecha posterior hay otra division con los enun- ciados siguientes: 1." Aprendiza. 2." Compañera. 3.° Maestra. 4." Maestra perfecta. 5.° Escosesa. 6." Señora de la Paloma. 1° Sublime escocesa. 8." Señora de la beneficencia. 9.° Soberana ilustre masona. . . 598 HISTORIA GENERAL 10. Princesa de la corona. Con respecto á estos grados encontramos.ya en las obras que tenemos a la vista claras determinaciones á las que nos vamos á atener para que nuestros lectores ad- quieran conocimiento de todo lo que á este asunto se refiere. El templo en las logias de adopción recibe el poético nombre de Edén; nombre lie- no de recuerdos poéticos, como algunos autores afirman, pero que trae á la memoria también faltas pasadas y males que aún no pueden dejarse de lamentar. El Oriente, masónicamente hablando, recibe'en la masonería de adopción el apelativo de clima del Asia; el Occidente se llama clima de Europa; el Norte clima de América, y el Sur cli- ma de Africa. Las cartas que se referían á asuntos masónicos se llamaban escalas; lámparas las copas en los banquetes, y los grados permanencias en el Edén. Este tecnicismo deja ver claramente la poca formalidad y elevación de miras de aquellos que lo instituyeran, porque ni á nada responde ni tiene justificativo alguno. Poco hay que decir acerca de los reglamentos por que se reglan, pues excepción hecha de los particulares á las logias, tenían sólo escaso número de disposiciones, dictadas las más por la conveniencia, como eran las de que no podia ser recibida ninguna que estu- viera en cinta ó enferma, ni las menores de diez y ocho años, ni aquellas cuyas eos- tumbres no fueran puras y morales. Naturalmente, calcada la masonería de adopción en la verdadera masonería que estamos historiando, cada grado tenia en su iniciación fórmulas especiales; en el de aprendiza la neòfita era encerrada en un cuarto oscuro acompañada de una hermana, que ordinariamente era la recibida últimamente, y que á la vez desempeñaba el papel de hermano-terrible, dirigiéndole preguntas acerca del estado de su ánimo y de las pruebas por que iba á pasar. La misma reemplazaba la liga de la pierna izquierda con un galón azul, le quitaba la manga del brazo derecho y guante de la mano derecha, y cubriéndole los ojos, la presentaba en el templo en esta disposición. Después de he- chas las pruebas, que, como se comprenderá, nada lenian de terribles, la gran maestra decía á la recipiendaria que estaba admitida en una órden muy respetable, en la que nada ocurría contrario á la religion ni á la virtud. Inmediatamente después la que desempeñaba el cargo de oradora le explicaba el simbolismo de la iñiciacion; y por último se le exigia el juramento de escuchar, obedecer, trabajar y callarse y re- cibia la consagración masónica. La gran inspectora leentragaba unas ligas en las que estaban bordadas estas palabras: Silencio, Virtud, y se daba fin á la ceremonia con las mismas formalidades que en una logia ordinaria. Para la iniciación en el grado de compañera se colocaba sobre la mesa de la gran maestra un cuadro que representaba el jardín del Edén. La gran inspectora conduela á la recipiendaria á la cámara oscura y le quitaba el pendiente de la oreja derecha, diciéndole todo verdadero mason debía despreciar los vanos adornos. Cubríale los que ojos y la conducía al templo, dentro del que era sometida á nuevas pruebas simbólicas, encami- después de lo cual la acercaban al altar, en cuyo sitio le dirigían una plática nada á recomendarle el ejercicio de la virtud. En el grado de maestra el cuadro que se colocaba sobi'e el altar de la gran maes- DE LA MASONERÍA 599 tra representáis algunos asuntos bíblicos^ como el sacrificio de Abrahan^ la destruc- clon de Sodoma^ etc. Sobre una mesa colocada detrás de la inspectora se ponia una caja, la cual se abria por medio de un resorte, y dentro de la que habla un corazón so- bre el que estaban escritas las palabras: silencio, nirtncl, y á los lados un mallete pe- quefio y unas tijeritas. A la recipendiaria le cubrían la cabeza y el cuello con un gran velo", símbolo de la modestia, y en esta forma era conducida ante la gran maestra, que le mandaba dar algunos golpes con el mallete y las tijeras sobre la caja, simboli- zando de este modo el trabajo. Con estos golpes se abria la caja, dejando ver el corazón que encerraba y en el que estaba simbolizado el trabajo hecho, esto es, un corazón bueno, recto, sincero y discreto. El gran maestre interrogaba á la inspectora acerca de los grados de que nos hemos ocupado: El primer dia se habla servido de las tijeras para desechar la ociosidad, madre de todos los vicios y falsos prejuicios contra la masonería. ■ El segundo se liabia afirmado en su trabajo y reconocido las excelencias de la orden. El tercero le había hecho nacer un corazón que le habla enseñado que el arte de los francmasones era cultivar el honor, hacer dulces y complacientes á los hombres más duros, y simpáticas á las almas más crueles. El gran maestre daba por recompensa á la recipendiaria dos ligas sobre las que se bailaban grabadas las siguientes palabras: Sobre una, la oirtiid nos une. Sobre la otra, el cielo nos recompensa. Dábanle ademas un martillo de oro y un anillo de oro y plata que se abria, conte- niendo un secreto: la decoraban con una estrella de cinco rayos suspendida de una cinta azul para ser llevada en forma de banda. En el grado de maestra perfecta se ponia á prueba la curiosidad de la recipendia- ria: en tanto que se bailaba entregada á si misma en la cámara de reflexiones, le presentaban un vaso opaco vuelto sobre un plato cóncavo, debajo del que habia un pájaro: esto se lo presentaban como un depósito precioso, prohibiéndole de una mane- ra terminante que lo tocara. Si habla descubierto el vaso, el pájaro habría buido, por lo que recibía una dura y fuerte reprensión, aplazándose como es consiguiente la ini- dación al grado que habia demandado: si habla resistido la curiosidad, proseguía la iniciación. Después de otras varias pruebas por el mismo estilo era conducida al altar bajo una bóveda de varillas que sostenían las demás hermanas, y el gran maestre, qui- tándole la cadena que se le bahía puesto al brazo al investirla del grado de qprendiza, le decía: «ya es tiempo de romper vuestros hierros; salid de la esclavitud; la promesa que vais á hacer exige una libertad completa y absoluta.» Prestaba el juramento prescrito y al finalizar la ceremonia el gran maestre se ha- cia traer el presente de que hemos hablado y decía á la recipiendaria: «Comenzáis, querida hermana, una nueva vida, con un señalado beneficio: levantad prontamente ese vaso.»—Al levantar el vaso huía el pájaro y el gran maestre añadía: «De todos los beneficios el mayor es el de la libertad. Soportemos pacienlemente las más duras contrariedades; tarde ó temprano una mano bienhechora guiada por la providencia nos sacará de ellas y nos volverá á nosotros mismos.» 600 HISTORIA GENERAL En el grado de Escocesa el ceremonial no ofrecía ninguna particularidad y la re- cipiendaria era conducida al templo^ lo mismo que en los anteriores^ con los ojos cu- biertos por una venda y la espalda tapada por un gran velo. Cuando la iniciada pres- taba juramento el gran maestre la descubría, diciéndole: «Yo os desligo de los lazos del vicio para conduciros al camino de la virtud; id á dar el beso fraternal á vuestros hermanos y hermanas.» Al ser recibida A'ácocc.sa la decoraban con un delantal blanco ribeteado de amarillo, suspendiéndole del cuello una joya en forma de estrella. El sexto grado, ó sea el de Señora de la pcdoma, fué establecido, según aseguran muchos autores, en Versalles el año de 1784, y ofrecía semejanza en algunos puntos con el de los leñadores. El cuadro que se extendía sobre la mesa de la gran maestra representaba una montaña bastante pendiente sobre la que se habla detenido el arca de Noé; una paloma volaba hacia el arca y en la falda de la montaña se veían algunos cadáveres lívidos ya. En este grado el gran maestre se llamaba padre Noé, los vigilan- tes hijos menores y sólo el gran inspector tenia derecho para conversar en particular con el gran maestre, al que tuteaba. El padre Noé se sentaba en Oriente sobre un trono: por encima de su cabeza se veía la imágen transparente de una paloma y una paloma viva, y su pecho se veía cru- zado por una banda verde y negra de la que pendían un palustre y una paloma de plata. La recipiendaria era llevada á una cámara en la que poco después entraba el hijo menor con una lámpara, acompañado de otra hermana, la cual cubría la cabeza de la neòfita con un velo blanco, dirigiéndole al propio tiempo vivos reproches por su in- discreción supuesta. El hermano la consolaba devolviéndole sus joyas, que le ponía en la mano izquierda. Inmediatamente después conducíanla á que llamara á la puer- ta del templo. Obedeciendo la orden del padre Noé, preguntaba el hijo menor: —Hermana mía, ¿qué os ha conducido aquí? —El deseo de hacerme recibir Señora. —¿Que habéis hecho de vuestras cadenas? El hijo menor decía inmediatamente al gran maestre, hablándole de la recipien- daría: —Es una de tus hijas que pide un empleo en el arco. La he interrogado y me parece bastante virtuosa, valerosa y discreta para cumplir su deber con respecto al depósito del Señor. Después de esto era introducida la recipiendaria en el templo, llevando los ojos cubiertos y una espada en la mano. Los asistentes aplaudían y exclamaban repetidas veces: Gloria in in excelsis. Sufría algunas pruebas, que eran viajes secundados por el arco y alrededor del arco. Prestaba juramento, recobraba la luz y el padre Noé le colocaba sobre el cora- zon una joya representando un palustre, símbolo del amor y del trabajo. El grado de Señora de la beneficencia, era lo mismo que Rosa cruz masona, y la logia, bajo la alegoría del Santo Sepulcro de la Palestina en Jerusalen, representaba unac apilla sobre cuyo altar se levantaba una llama azulada. Inmediatamente que la DE LA MASONERÍA 601 i^ecipiendaria, con los ojos vendados y cubierta con un velo entraba en el templo^ se arrodillaba; encendíanse nueve bujías y el gran comendador exclamaba: ¡Tenebris successit vera lux! Dirigiéndose á la recipiendaria decía: «Estaréis pronta á sacriflcar vuestra vida para morir bajo la bandera santa de la religion católica apostólica romana? —Lo prometo^ contestaba.» Continuando las ceremonias, de las que hacemos gracia á nuestros lectores, la pos- talante prestaba juramento en los términos siguientes: «Prometo á Dios, nuestro Salvador Jesucristo y á la bienaventurada Virgen Maria, observar religiosamente y con todas mis fuerzas los estatutos y reglamentos de la órden de los caballeros y señoras de la Beneficencia del Santo Sepulcro, como buena y fiel hermana.» El grado noveno, ó sea el de Soberana ilustre masona, necesitaba tres habitaciones. La primera debía representar la ciudad de Betbulia; la segunda el valle de este nom- bre; la tercera el campo de los asirlos precedido de la tienda de Holofernes; disposi- clones todas que indican la acción del grado. La recipiendaria representaba á Judit y el Gran maestre, que recibía el titulo de gran sacerdote, al gobernador de Betbulia: la muerte de Holofernes estaba representada perfectamente, aunque con un fin moral. Betbulia era la imágen de la felicidad; el gran sacerdote, la del alma; Judit y sus acompañantes las faculdades del alma. Los principales del pueblo y el pueblo reunido, representaban al cuerpo y sus miembros. El ejército de Holofernes simbolizaba á las pasiones; los encantos de Judit designaban los encantos que nos seducen. Las virtudes recomendadas por el grado eran la amistad, la union, la sumisión, la discreción, la fidelidad, la prudencia y la temperancia. Los vicios cuyo fin eracomba- tir, eran el odio, la discordia,.el orgullo, la indiscreción, la perfidia y la maledicencia. El décimo y último grado, era el de princesa de la Corona. La logia representaba la sala de Salomon; estaba tapizada de rojo y adornada de guirnaldas y coronas de flores: un trono magnifico, elevado sobre siete escalones y cubierto con un dosel, debía representar el trono de marfil que ocupaba el gran rey para bacer justicia al pueblo. La logia debía estar alumbrada por veinte luces: ai lado derecho del trono se bailaba el asiento para la Gran maestra: á la izquierda una mesa, encima de la que se ponían muchas luces, una copa y un pan: y al mismo lado se veía el altar adornado, sobre el cual la recipiendaria tenía que prestar juramento. El Gran maestre recibía el titulo de Muy sabio Rey; la Gran maestra representaba á la mujer de Salomon; los hermanos inspectores eran los primeros del consejo y se llamaban favoritos; la recipiendaria representaba á la reina de Saba y recibía el título de Gran reina. Los trabajos comenzaban por un largo interrogatorio acerca de las virtudes de Salomon y de la visita de la reina de Saba, y la ceremonia de la recepción consistia en una escena representando á la reina de Saba recibida por Salomon. La recipien- daria se presentaba adornada con una banda y un brazalete: la banda simbolizaba la nobleza;^el brazalete, hecho con una cinta celeste en la que estaban bordadas una co- roña antigua con las palabras Sabiduría y Candor, representaba el adorno más raro, 76 G02 HISTORIA GENERAL La simple lectura de la exposición que acabamos de hacer^ justifica plenamente las censuras que desde el comienzo nos ha merecido la masonería de adopción^ y que merece ciertamente desde hizo su aparición en un campo que debió estar que vedado siempre á la mujeiq por ser la tarea muy superior á sus fuerzas. Al decir esto^ nos referimos puramente á la masonería tal y como debe entenderse, pues los grados hemos expuesto de los que se componia la primitiva de adopción, no revelan que y más sino que se reunían alli con objeto de pasar algun tiempo representando come- dias impropias y sin fundamento alguno. Al comprender esto, se explicarán muchos por qué se han dirigido tantas y tan acerbas censuras á la orden que estamos histo- riando, pero harán justicia y concederán que ella en si no es acreedora á ninguna, sinó aquellos hermanos que no comprendiendo su altísima misión, la han adulterado hacerla servir á sus fines particulares. Cualquiera que fuera el móvil para que se hu- hieran propuesto, la agrupación que aparecía sin precedente alguno lógico y racional; la asociación que ostentaba el ritual que hemos trascrito, no merecía consideración alguna. ¿Qué podia esperarse de ella? Absolutamente nada que no fuera desprestigio para la órden en general. Empeñándose en no ver la contradicción que resultaba con los estatutos de la órden, los con lo masones franceses fueron los primeros en darle patente de regularidad, que pudo ostentar el nombre de masonería, y este calificativo tan digno de respeto, se prostituyó, digámoslo asi, pues no resulta otra cosa, como acabamos de ver. La ma- sonería de adopción en híbrido maridaje tiene revueltas y confundidas prácticas de la antigua religion judaica, con protestas á la cristiana y otras ceremonias que nada significan; todo lo cual es atentatorio en sumo grado á lo dispuesto por las constitució- nes generales de la órden. ¿No vieron esto los que la organizaron? Seguramente que debieron verlo, pues está bien á la vista; pero poco importa á los que carecen de hue- na fe que una institución se adultere; lo principal para ellos es que lleguen á buen término sus deseos, y entre los primeros en admitirla no podemos olvidar á los que, haciendo caso omiso de lo que no fuera galantería y buen tono, creyeron que urgía dar entrada en la órden á las señoras, no por los beneficios que podían reportar, sino porque de este modo tendrían un lugar más de galanteo y distracción. ha Alterándose, con el tiempo, como la órden en general, la masonería de adopción sufrido cambios que indican de una manera muy clara las necesidades de la reforma, pero nunca ha podido perder su sello primitivo. En los modernos rituales aparece con formas muy distintas de la que hemos expuesto, por lo que daremos cuenta de ella. Desde luégo los grados se han reducido á cuatro, que son: 1.° Aprendiza. 2." Compañera. 3." Maestra. 4." Maestra perfecta. Ojalá que de la misma manera que con esta reducción de grados se ha simplificado nuestra tarea, se hubiera simplificado también el mal; pero desgraciadamente no ha sido asi, sinó que tal vez se ha aumentado, por cuanto, en vista de las declaraciones DE LA MASONERÍA. 603 expresas^ ya nadie puede dudar que se trata de lo que quieren que sea verdadera masonería. Según el ritual afirma, estas logias son muy frecuentadas por los masones y sólo pueden ser convocadas por los grandes maestros, no admitiéndose en calidad de visitadores sinó á los hermanos que tengan cuando menos el grado de Todos los compañeros. que están en grados superiores tienen la obligación de dar sus ornamentos á las hermanas, sin reservarse nada que pueda dejarles alguna distinción de sobre los rango que van á recibirse. El gobierno de la logia se hace por cuatro golpes de mallete, esto es, abrir y cerrar la logia tanto de recepción como de banquete, preguntas é brindis, interrogaciones extraordinarias. El grado primero, ó sea el de aprendiza, tiene las dignidades y joyas siguientes: un venerable Gran maestro y una Gran maestra, un orador, un hermano inspector una hermana y inspectora. Un hermano y una hermana depositarios, y una hermana introductora. Todos estos oficiales y oficialas llevan una cinta ancha azul de cruzada aguas por el cuello, y en un extremo una llana de oro. El Gran maestro debe tener' ademas un mallete para el mando, y lo mismo las hermanas inspectora y depositaria. Estas dos últimas, con el orador y la introductoi-a, son las que hacen casitodo el tra- bajo de la logia. Los hermanos que las acompañan tienen que ayudarlas casi siempre y mayor-mente en las recepciones de los primeros gi-ados. La Gr-an maestra no tieire casi nada que hacer ni que decir-, pues no es más que la compañer-a en honor del Gran maestro, la que en premio de su virtud y celo por la ór'deir, ha sido elevada á aquella categoria. Generalmente todas las her-manas y hermanos que comporren la logia, llevan un mandil y guantes blancos. La sala de recepción debe ser grancfe, y sobre todo larga, par-a poder formar tres piezas con cor-tinas, de manera que las dos más pequeñas estén hacia la entrada, á de- recha é izquier-da. La más grande, que ha de ser la del fondo, y en la que debe residir la asamblea, tendr-á colgadur-as de carmesí y estar-á lo más aseado posible. La extre- midad de la sala se llama Asia, el lado der-echo desde la entr-ada África, el izquierdo América y la entrada Europa. En la parte del Asia habr-á un dosel del mismo color- que la colgadura, adornado con ft-anjas de or-o: debajo se colocará urr tr-ono en el cual tendr-án sus asientos los grandes maestros. Delante de ellos estará urr altar octó- gorro, y en sus extremos ocho figuras de bulto que representen la Sabidur'ia, Rruden- cia. Fuerza, Templanza, Honor-, Caridad, Justicia y Ver-dad. La iluminación de esta sala consistir-á en cinco pebeteros, en los que ardan aromas y pebetes finos, añadién- doles un poco de sal por ser símbolos de un misterio. Los miembros que comporren la logia formarán cuatro lineas: las dos de en medio las for-marán las mujeres, y las de atrás los hombres. Estos estarán espada en mano. En la extr-emidad de las lineas hacia la parte de la Europa los hermanos y her-manas inspectores y depositarias, y delante de ellos una mesa pequeña pentágona par-a tocar cuando sea tiempo. Lo mismo que en la primitiva organización que tuviera la masonería femenina, en la r-eforma de que damos cuerrta se harr conservado los cuadros; pero en ella el de este grado representa las cuatro partes del mundo err cuatro figuras pintadas corr todos sus atributos, y el cuarto de reflexiones debe hallarse completamente tapizado de ne- 604 HISTORIA GENERAL luz lámpara suspendida sobre una mesa con tapete del mismo gro, sin más que una color. La ceremonia para la apertura de trabajos es la siguiente: El Gran maestro da los invitad cuatro golpes de malleteydice: «Mis caras hermanas inspectora y depositaria: de á nuestros queridos hermanos y hermanas^ tanto de África como América, para que tengan á bien ayudarme á abrir la logia de aprendiz masona, haciendo nuestro deber por cuatro.» de África: os in- «Hermano inspector, mis queridos hermanos y hermanas del lado vito de parte del venerable Gran maestro y de la Gran maestra, para que reuniéndoos á nosotros tengáis á bien ayudarnos á abrir la logia de aprendiz masona, haciendo nuestro deber por cuatro. el venei'a- La depositaria repite las mismas palabras por su lado, y concluido dice ble: «A mi, mis queridos hermanos y hermanas»; toca cuatro golpes en las palmas de las manos y dice cuatro veces: «¡Viva!» Finalizado este acto se dirige á cualquiera de las dos oficialas y las interroga. Venerable.—¿Cuáles son los deberes de una aprendiz masonaí Oficiala.—Obedecer, trabajar y callar. Venerable.—Obedezcamos, trabajemos y callemos. En seguida continúa el venerable haciendo varias preguntas sobre el catecismo: en este momento debe ser conducida la recipiendaria al cuarto de reflexiones. El orador conduce á la aspirante y le venda los ojos, y desde que entra le hace un discurso patc- virtud la caridad la deja por un rato entregada á sus reflexiones. tico sobre la y y Después de algunos minutos, la toma de la mano y la conduce á la puerta de la logia, en donde toca como mason. La introductora le responde del mismo modo desde adeii- á la tro y hace advertir al Gran maestro, por medio de las oficialas, que tocan puerta de la logia. ese Venerable.—Ved quién toca, y si es un profano haced que se retire de lugar sagrado, y si es mason ó masona, dadle entrada. la puerta el orador le dice que es una discipula de la sabi- La introductora abre y duria que desea ser admitida en nuestra sociedad. La hermana vuelve á cerrar la éste puerta y hace pasar las palabras del orador al Gran maestro, y pregunta por se coloca en- quién ha sido presentada. La persona que la ha conducido se levanta y tre las dos oficialas, y el venerable le exige que diga si reconoce en la profana todas las cualidades necesarias para formar una buena masona. El interrogado responde por ella y el venerable le hace prestar su juramento. Inmediatamente después pregun- ta si hay alguna persona que se oponga á la recepción. Los que consienten levantan hay oposición, exclama el Gran maestro: «.Benditos sean la manoderecha, y cuando no no nuestros trabajos! Vamos á dar un nuevo amparo á la virtud y podemos regocijar- nos lo bastante. Aplaudamos, hermanos mios.» del aplauso ordena el Gran maestro á la introductora que se informe del Después la aspiran ta, sus cualidades civiles y sobre todo de su religion. La herma- nombre de na obedece, y satisfecho el venerable, manda que se haga entrar á la recipiendaria. DE LA MASONERÍA. 6ü5 Cumplida esta orden, el orador le ata las manos con una cadena de latón y la entrega á la introductora, que la presenta á la logia. Introducida de esta manera y con los ojos vendados, la colocarán entre las dos oficialas que están á la puerta. El Gran maestre le pregunta sobre el motivo que la ha conducido alli, y qué ideas se ha formado de la masonería. Después que haya contes- tado, el inspector la toma de la mano y le hace dar dos vueltas alrededor' de los pe- heteros, y la volverá á poner en el mismo lugar de doiide la tomó. —Venerable.—¿Deseáis que se os vuelva la luz? —Recipiendaida:—Sí. Entonces el venei^ahle toca cuatro golpes, en cuyo tiempo el inspector desata la venda de los ojos de la recipiendaria, al mismo tiempo que cambian los hermanos y hei^manas de posición con mucho silencio, de manei-a que éstas quedan enteramente cuhieidas por aquéllos, quienes con las espadas desenvainadas y cruzadas en alto, han de formar una bóveda. La recipiendaria en pié á la entrada de la logia se ha de admirar, no viendo más que hombres en lugar de las mujeres que pensaba encontrar. Esta es una ocasión que no deja escapar el venerable para demostrarle la imprudencia que ha cometido viniendo á entrar en una sociedad que no conoce, y donde su pudor pudiera estar en peligro, y procede de esta manera: «No obstante, señora, estamos dispuestos á creer que ni la inconsecuencia, ni la curiosidad, habrán tenido parte en el paso que acabáis de dar, y que sólo la idea ven- tajosa que habéis concebido de la masonería es el único estimulo que os ha movido á presentaros entre nosotros: pero á pesar de la confianza y estimulación que nos ins- piráis, ántes de revelaros nuestros secretos misterios, debò haceros observar que el gran objeto de la masonería es el de tratar que la sociedad sea tan perfecta como debe serlo, el carácter de la verdadera masona es la justicia y la caridad; eleva- y que dos sobre todas las preocupaciones mundanas, debemos huir del artificio y de la men- tira; y, siempre guiados por la virtud, no debemos emplear nuestro tiempo en otra cosa que en adquirir la estimación general y merecer la amistad de nuestros hermanos y hermanas. Ved, pues, señora, una ligera idea de los deberes que vais á imponeros. Nosotros estamos convencidos de que no tendréis pena ninguna en cumplirlos; la Obligación que vais á contraer, ligándoos estrechamente á nosotros, os afianzará en lo que debéis á la religion, al estado y á la humanidad. —¿Persistís en el deseo de ser iniciada en nuestra orden? Recipiendaria:—Si. Venerable:—Mis queridos hermanos y hermanas: abridle la puerta de la virtud y desatadle esas cadenas, porque es menester ser libre para entrar en nuestro templo. Acercaos á mi, señora, jiasando por la bóveda de hierro y acero. El inspector conduce á la recipiendaria al pié del altar y la hace arrodillar con la mano derecha sobre los evangelios para prestar el siguiente juramento que le va dic- tando el venerable: «En presencia del Gran Arquitecto del Universo, que es Dios, y ante esta augusta 606 HISTORIA GENERAL asamblea^ juro y prometo solemnemente guardar flelmente en mi corazón toáoslos secretos de la masonería que se me van á confiar: y si llegare á faltar^ me someto á la pena de ser deshonrada y despreciada de todos, y á que el ángel del Señor extienda sobre mi cabeza su espada exterminadora. Quiera el cielo librarme de falta semejante, y el Dios del universo dispense á mi alma una parte de su espíritu divino que me eleve al más alto grado de virtud. Que Dios me ayude y su santo evangelio. Amen.» Concluido el juramento levanta el venerable por la mano derecha á la nueva pro- sélita, diciéndole: «Venid, señora, á recibir las pruebas más inequívocas de nuestra estimación. Nosotros tenemos señales, palabras y toques por los cuales hemos conve- nido reconocernos.» Le da la señal. Le da el toque y por último la palabra, que es F.-. F.-., después de lo cual le dice: «Ahora voy á cambiaros el nombre de señora en el de hermana, dándoos el beso de paz. ¡Quiera el cielo que no olvidéis nunca los deberes que os impone un nombre tan dulce! Id, mi querida hermana, á haceros reconocer por la inspectora y deposi- taria, dándole la palabra, señal y tocamiento que os he enseñado y volved á donde estoy.» Cuando la nueva iniciada haya concluido, vuelve á donde está el venerable y éste le hace el presente de un mandil y un par de guantes de piel blanca. Al darle el man- dil le dice: «Permitid que os decore con este mandil; los reyes, príncipes y las más ilustres princesas han tenido y tendrán siempre mucho honor en llevarlo, por ser símbolo de la virtud». Y al darle los guantes añade: «El color de estos guantes os de- mue'stra que el candor y la verdad son compañeros inseparables del carácter- de una verdadera masona. Tomad asiento entre nosotros y prestad toda vuestra atención al discurso de instrucción que va á pronunciar el orador como un obsequio á vos.» Acto continuo, efectivamente el orador del taller pronuncia un discurso en el cual encomia los beneficios y excelencias de la iniciada, haciendo aplicación al sexo de la recipiendaria, y del que hacemos caso omiso, pues aunque todos los formularios traen uno, varía según las circunstancias de las personas, y más que nada, como es natural, según las aptitudes del hermano orador. El catecismo de este grado es el siguiente: Pregunta. ¿Sois aprendiz? Respuesta. Creo serlo. P. Si lo creéis ¿por qué no decís si? R. Porque siendo la masonería una religion de todas las virtudes, no debe ningún buen mason ni masona creerse perfecto; y sobre todo, una aprendiz cuyos sentimientos no están aún bien seguros. P. ¿Cómo fuisteis recibida masona? R. Por cuatro golpes. P. ¿Dónde se os recibió? R. En un lugar inaccesible á los profanos. P. ¿Qué visteis allí? DE LA MASONERÍA C07 R. Nada que pudiera comprender. P. ¿Estáis contenta con vuestra suerte? R. Todos mis hermanos y hermanas pueden juzgarme. P. ¿De qué manera? R. Por mi vivo deseo de ser recibida, en recompensa del cual me dieron sus sufragios. P. ¿Prometéis un profundo silencio sobre todos los secretos de la masoneria? R. Lo prometo. P. Dadme la señal de aprendiz. R. Obedezco: ¿....me comprendéis? P. ¿Cuál es la palabra? R. F.-.F.-. P. ¿Qué significan? R. Academia ó escuela de virtud. P. ¿Cuál es esa escuela? R. La masoneria. P. ¿Cómo habéis llegado á ella? R. Por medio de un hermano generoso que, siendo mi guia, me condujo basta la puerta del templo de las virtudes, cuyo resplandor disipó las tinieblas, que me rodea- ban como profana. P. ¿Habéis entrado en el templo? R. Si, venerable, por debajo de la bóveda de hierro y acero. P. ¿Qué significa aquella bóveda? R. La union y la amistad sincera que caracteriza á los verdaderos masones, por- que asi como la solidez de la bóveda no consiste en otra cosa que en la union y liga- mento de las piedras que gravitan bajo un mismo centro, del mismo modo, cada miembro de nuestra logia deberá aspirar al verdadero honor, que es el que constituye toda nuestra fuerza. P. ¿Por qué es la bóveda de hierro y acero? R. Para recordarnos que debemos huir de los placeres abominables del siglo de hierro, si queremos gozar de las delicias inocentes del siglo de oro. P. ¿Por qué cuando se recibe á una profana se la priva de la luz? R. Para darle á conocer cuán á ciegas están los profanos que critican á la masoneria. P. ¿Cuáles son los deberes de una aprendiz? R. Obedecer, trabajar y callar. Reservándonos hacer el juicio para cuando hayamos adquirido conocimiento per- fecto, pasamos á exponer lo referente al grado segundo, en el cual la cámara repre- senta el jardín del Fden y debe estar decorada con gusto. Fs necesario que se vea en ella una arboleda, y en uno de sus ángulos una fuente que mana de una roca figurada en la parte superior. Fn medio del jardín se colocará un manzano, y en su tronco una serpiente enroscada, bien imitada, con la cabeza y la boca en forma de resorte para 608 HISTORIA GENERAL abrirla y cerrarla cuando sea necesario^ la cual pueda contener una manzana cpie se quite con facilidad. El número de luces no es fijo. La colgadura es la misma del grado precedente: ademas^ sobre el altar que está delante del Gran maestro habrá una bujia gruesa encendida y una artesa de madera con harina desleida en agua. A la entrada de la logia habrá una estufa de cobre^ y sobre ésta una vasija pequeña llena de espíritu de vino encendido^ con un poco de sal dentro. Hacia la puerta^ enfrente del venerable^ una mesa cubierta de negro y sobre ella un trasparente que representa á Cain en actitud de herir á su hermano Abel. Es necesario en este grado figurar una tormenta de granizos y truenos que se han de oir inmediatamente que la recipiendaria tome la manzana en la boca. El cuadro repre- senta las cuatro partes del mundo^ como en el grado de aprendiz, con la soladiferen- cia de que debe aparecer en el centro el arca de Noé sobre una montaña, y la paloma volando hacia ella con el ramo de olivo. La recepción en este grado se lleva á cabo con las ceremonias siguientes: la logia se abre de igual modo que la anterior. El Gran maestro tendrá un ramo de olivo en la mano izquierda. Mientras se prepara la hermana que se va á recibir, hará aquél pre- guntas sobre el catecismo. En este intervalo, el orador habrá conducido á la hermana al cuarto de reflexiones, y la exhortará, para que se someta sin temor á todas las pruebas que exijan de ella. Le hace quitar todas las joyas que tenga, para dar á conocer su humildad, le pide también la liga de la pierna izquierda, le venda los ojos y la conduce á la logia, obser- vándose las formalidades ordinarias. Inmediatamente la toma la introductora y la coloca entre las oficialas, haciendo advertir al venerable que la hermana que desea ascender al segundo grado de la masonería está presente; y que por prueba de sumi- sion á todo lo que quieran exigir de ella, ha entregado todas sus joyas y una liga. (El orador la presenta sobre el altar). El gran maestre se levanta y se dirige á la recipien- darla. Venerable.—Mi cara hermana: con el mas vivo placer veo el celo que mostráis por llegar al conocimiento de nuestros misterios: no obstante, á pesar de que todas vuestras acciones nos confirman en la buena idea que habíamos formado de vos, creo de mi deber advertiros que no debéis precipitar vuestros pasos. Sabed que si incurrís en la menor debilidad no me seria permitido recibiros entre nosotros. Reflexionad lo bien, y decidme en seguida si queréis sujetaros á esta condición. Si la hermana persiste, ordena el venerable al inspector que le haga dar dos vuel- tas alrededor del cuadro y pase por la prueba del fuego á fin de que todos se conven- zan de que tiene valor. Concluidas las dos vueltas se aproxima á la aspirante á la llama que produce el espíritu de vino, alejándola de allí apenas sienta el calor que aquélla despide. Venerable.—Es bastante, hermana mía; nosotros debemos contentarnos con su sumisión (á la recipiendaria). Vos, hermana, no temáis nada; acordaos siempre de que la buena fe es sagrada entre los masones; el velo que tenéis sobre los ojos nos asegu- ra de la vuestra, representándonos el estado de inocencia en que. vivían nuestros pri- DE LA MASONERÍA 609 meros padres, los cuales confiaban ciegamente en las promesas del Criador. Conti- nuad, cpierida hermana, con la misma sumisión cpie hasta aqui, porque sólo una prueba os queda que pasar para penetrar en nuestro santuario; y aunque es terrible, nada hay capaz de arredrar á la verdadera virtud. Vamos á conduciros á un lugar lleno de delicias, en donde acabaréis de convenceros del grado de estimación que damos á vuestra amistad. Id, querida hermana; quiera el cielo que la prudencia y la sabiduría os inspiren en lo que vais á ejecutar para que volvcáis hacia mi con la prueba de vuestra inocencia. Acabado este discurso, toma el inspector á la hermana de la mano y la conduce al paraíso terrenal, dejándola entregada á sus reflexiones. Inmediatamente se presenta otro hermano que ha de estar preventivamente en aquel sitio y le da una manzana, persuadiéndola que es menester que la coma para ser recibida y que de esta prueba de obediencia que se exige de ella depende su admisión en los misterios y sublimes conocimientos de la masonería. La aspirante no ópondrá dificultad alguna. En el mis- mo momento que está comiendo la manzana, caerá granizo sobre ella, el trueno esta- liará con violencia, el instigador se escapa, se descorre la cortina que la separa de la logia, y el orador corre hacia ella y le quita la manzana, le desata la venda y exclama con entusiasmo: «¡Desgraciada! ¿qué habéis hecho? ¿De este modo obedecéis las sabias lecciones que habéis recibido? ¿Podríamos creer que desconocíais los sentimientos de honor y de virtud, que son el primer fundamento de nuestra orden? ¿Asi despreciáis las promesas que os ha hecho el Gran maestro, de recompensar vuestro valor y prudencia, dejándoos seducir por ese monstruo (le mostrará la serpiente, que moverá la cabeza y abrirá la boca), que no tiene otro objeto que el de corromper vuestra inocencia? ¿Qué recompensa debéis esperar de una debilidad semejante?» Es fácil concebir cuál será la sorpresa de la aspirante, al verse engañada y sin tener responder en su abono. Asi es que el orador, sin darle lugar á que reflexione, ha que de proseguir formándole cargos, y por conclusion: «Salgamos, señora, cuanto antes de este sitio, porque es necesario que su vista os recuerde á cada instante la falta que acabáis de cometer.» La saca del paraíso, la presenta en logia por mano del inspector, y entrega la manzana al Gran maestro. Venerable—Demasiado veo, señora, cuán poco caso habéis hecho de las sabias lecciones que os había dado; pero sin contar el olvido de vuestros deberes, ved el exceso de desgracias que ha causado la inconsecuencia que acabáis de cometer. Se le enseña el trasparente, sobre el cual se leerán estas palabras: «el crimen ha vencido á la inocencia.» Venerable—iQi\é debo hacer en este caso, hermanos míos? //wpecto/'—Consultar vuestra sabiduría y seguir vuestras leyes. Venerable—'áQñOi'ñ., con el mayor dolor hemos visto vuestra ítilta; pero por muy grande que sea, la indulgencia, que es la base de nuestra sociedad, no me permite recordárosla más tiempo. Asi, pues, para daros á conocer enteramente el carácter por de los masones, persuadidos como están délas debilidades del género humano, sabed 77 610 HISTORIA GENERAL que todos los hermanos y hermanas aquí presentes, os perdonan, y yo el primero, á condición de que en este instante pronunciéis ante nosotros, sobre este altar, el jura- mento más auténtico y solemne de no emplear jamas venganza alguna con los que reconozcáis culpables. ¿Queréis hacerlo, señora? Aspirante.—Si. Todos los hermanos aplauden; en seguida se hace aproximar la aspirante al altar por cuatro pasos que parten del pié derecho, arrodillarse con la mano sobre los evan- gelios, y pronunciar la obligación que sigue, á medida que la vaya dictando el vene- rabie: «Yo juro y me obligo en presencia de esta respetable asamblea, bajo las penas que me impone mi anterior juramento, áno revelar jamas á ningún profano el secreto de compañera. Prometo ademas amar á mis hermanos y hermanas, protegerlos y soco- rrerloS siempre y cuando tenga ocasión de hacerlo. De no comer de la simiente de la manzana, porque contiene el gérmen del fruto prohibido, y cuidar de la jarretera de la orden durante toda esta noche. Si faltare á lo que prometo, me someto á la justa indignación de mis hermanos y hermanas, esperando que Dios me ayude para no incurrir en esta falta.» El venerable levanta á la aspirante, y tomando la llana, humedece el extremo en la artesa sagrada y la pasa cinco veces por los labios de aquélla. Venerable. —Este es el sello de la discreción que os aplico sobre la boca: pronto sabréis la moral que encierra. Volved á tomar esta fruta, que es el símbolo de un gran misterio en nuestra orden y religion. Recibid también esta jarretera, que es el símbolo de una amistad perfecta. (Hace pasar á la hermana al lado de Africa). Nos- otros tenemos signos y palabras para reconocernos en calidad de compañeras, como en el grado de aprendiz. Le da la señal y su respuesta. ■Le da la palabra sagrada, que significa: «Confusion». Le da la palabra de pase, que quiere decir: «Señor: he pecado, porque vuestra gracia me ha abandonado.» Concluida esta operación, la introductora lleva á la nueva prosélita las dos oficia- las para que se dé á reconocer, y vuelve después á presentarla al venerable, que le entrega sus joyas y le manda que se las ponga en su presencia. Adornada con aquéllas, la hace sentar al lado de Africa, y comienza el discurso del orador, que en términos generales son alabanzas á la virtud y á la orden. El catecismo de este grado de la masonería de adopción, es el siguiente: Pregunta. —¿Sois compañera? Respuesta.—Dadme una manzana y juzgaréis. P. ¿Cómo habéis llegado á ser compañera? R. Por medio de una fruta y de un juramento. P. ¿Qué significa esto? R. La fuerza de una amistad perfecta, que tiene por base la virtud. P. Cuando se os recibió compañera, ¿qué se os aplicó á la boca? DE LA MASONERÍA 011 R. El sello de la dlscreeion. P. ¿Por qué se prohibe á las compañeras comer la semilla de la manzanal R. Porque contiene el gérmen del fruto prohibido. P. ¿Cuál es el estado de una masona? R. El de la dicha^ á cuyo fin estábamos destinados. P. ¿Cómo se llega á esa felicidad? R. Con el socorro del árbol de enmedio. P. ¿Qué significa ese árbol? R. La masonería: ésta nos da á conocer el mal que hemos hecho y el bien que nos queda por hacer, practicando las virtudes que nos enseñan en nuestras logias, por cuyo motivo las llamamos templos de la virtud. P. ¿Dónde estaba colocado ese árbol? R. En el jardín del Edén, sitio delicioso que Dios dió por habitación á nuestros primeros padres y en el cual debíamos vivir en perfecta seguridad é inocencia P. Arrojada del Paraíso terrestre, ¿cómo habéis podido entrar en el templo? R. Por el arca de Noé, primera gracia que Dios concedió á los hombres. P. ¿Qué significa el arca de Noé? R. El corazón humano agitado por las pasiones, como el arca lo estuvo sobre las aguas, agitada por los vientos. P. ¿Para qué construyó Noé el arca? R. Para librarse con su familia del castigo impuesto á toda la descendencia de Adán. Los masones vienen á las logias para sustraerse á los vicios que reinan cas siempre en las demás sociedades. P. ¿Cómo construyó Noé el Arca? R. Con los planos y órdenes que le dió el Gran Arquiteeto del Universo, cuya mo- ral debe servir de regla á los masones para guardarlos de la corrupción general. P. ¿Por qué los demás hombres no se aprovecharon de su ejemplo? R. Porque ciegos y preocupados con su mezquino saber, criticaron la obra del Gran Maestro, quien en castigo los dejó entregados á la dureza de sus corazones, que los precipitó en el abismo de la nada. P. ¿Qué forma tenía el arca? R. La de una casa en forma de óvalo: tenia cuatro pisos de treinta codos de alto cada uno, tres de largo y cincuenta de ancho. P. ¿De qué madera estaba construida el arca? R. De cedro incorruptible, según la Escritura; símbolo del verdadero mason, que debe ser virtuoso por el solo placer de serlo, elevándose sobre todas las preocupado- nes vulgares y despreciando la calumnia. P. ¿Qué forma tenían las tallas? R. Todas eran iguales y muy llanas, lo que demuestra entre nosotros la igualdad que debe reinar en nuestra órden y que debemos desposeernos de orgullo y de amor propio. P. ¿Por dónde entraba la luz en el arca? 612 historia generat R. Pot una sola ventana construida en el cuarto piso. P. ¿Qué ave hizo salir Noé para saber si las aguas se hablan retirado? R. El cuervo^ que no volvió. Es la imágen de los falsos hermanos^ que adornados de elocuencia, abandonan los inocentes placeres de la masonería para correr tras pa- siones insensatas. P. ¿Qué otra envió Noé después del cuervo? R. La paloma, que trajo en su pico un ramo de olivo, símbolo de la paz que debe reinar entre la masonería. P. Dadme la señal de compañera. R. Vedla aqui.—(Se hace). P. Dadme la palabra sagrada. R. B.'. que significa confusion. P. Dadme la de pase. R. S.'., que quiere decir: «Señor: be pecado, porque vuestra gracia me ba aban- donado.» P. ¿Como viaja una compañera? R. En el arca de Noé. P. Dadme una respuesta difinitiva de la relación que tienen vuestras logias con el arca de Noé. R. Habiéndose retirado Noé dentro del arca, abandonando el comercio de los hombres, cultivaba en ella con su familia la inocencia y la virtud. Del mismo modo que el verdadero mason, al huir de la sociedad siempre tumultuosa, donde reinan re- gularmente el escándalo y los vicios, entra en la logia para gozar de aquellos placeres puros y deliciosos que nos brindan con el honor y la decencia, sin temor á los remor- dimientos, compañeros inseparables de las malas acciones. Venerable. —Cultivemos estas caras virtudes, bemarnos mios, y para manifestar el aprecio que de ellas hacemos, ayudadme á aplaudirlas. Todos los hermanos y hermanas aplauden del mismo modo. Venerable.—La logia está cerrada, hermanas mias. Las oficialas repiten estas mismas palabras. CAPITULO XXXi, Masonería de adopción.—Continuación.—(Irado tercero.—Recepción, ])ruel)as y catecismo de este (irado cuarto.—Maestra grado.— perfecta.—Recepción, pruel)as y catecismo de este del venerable. —Tenida grado.—Discurso de banquete en la masonería femenina.—Su ritual y simbolismo.—Ceremonia de clausura.— Reglamento de la masonería de adopción.—Dignataiios de que consta una logia de esta crítico de especie.—Juicio acerca la masonería de adopción en general.—De qué manera los jesuítas han todas sus ceremonias aprovechado para zaherir á la orden.—Logias principales de la masonería de cicron adopción que se estable- en París durante el período que historiamos.—La logia del Candor y la logia del Conlrato Srcial.— Los señores de la aristocracia francesa en la masonería.—I^a princesa de Lrmb lie.—Su suplicio biografía.—Su y su muerte. XPUESTO lo que al grado segundo se refiere^ pasemos al tercero, ó sea al de maestra, peniiltimo de los cuatim á que ha quedado reducida la masonería de adopción. En éste la paide de la izquierda del templo, que está separada con cortinas, se llama tallei^, porque es donde se lleva la nueva prosélita á timbajar. Sus ornamentos serán: una mesa ó banco de cai^pintero, (jon escoplos, malletes y otros instrumentos de masonería. Una caja pequeña en forma de piedra cuadrada, con un corazón inflamado dentro. Esta estará cerrada con una tapa partida en dos, de manera que se abra bacía los lados por medio de un resorte cuando convenga; y dos bujías colocadas sobre el banco: las coidinas que separan esta pieza de la logia se podi^án levantar cuando hayan principiado los ti^abajos. El cuadim representará las mismas cuatim partes del mundo que en los grados anteriores. Noé saliendo del aixa y en el acto de ofrecer á Dios un cordeim en saciáflcio. Un arco iris: Abraban con la espada levantada para inmolar á su hijo: la escala de Jacob y éste durmiendo al pié de ella, con una piedra por cabeceim: Sodoma aludiendo; la mujer de Lot convertida en estatua de sal: una cisterna en la cual se ve á José y sobre ella el sol, la luna y once estrellas: trece luces á los dos lados del cuadro, siete á la derecha y seis á la izquierda. La apertura de esta logia no difiere en otra cosa de las otras dos, sinó en el nombre de maestra, asi como también en que, cuando el Gran maestro pregunta: «Cuáles son los deberes de una maestra masona?», en lugar de responder: «Obedecer, trabajar y callar», se dirá: «Arnar, proteger y mcorrer ó sv/.s hermanar, y hermanar.» 614 HISTORIA GENERAL La colgadura es siempre carmesí; ademas se pondrà un arco iris sobre el altar. sa- Del lado de Africa habrá una pequeña torre de un pié de alto en forma de espiral liendo de la parody pero que la circunferencia de su plataforma sea suficiente para que la aspirante se pueda tener de pié. Es menester ponerle por divisa en la superficie con caracteres grandes: «Torre de Babel, monumento del orgullo de los hombres,» y una escala compuesta de cinco gradas cuyo uso se dirá en la recepción. El orador hará á la aspirante en el cuarto de preparación algunas reflexiones sobre la importancia del grado que va á recibir. Luégo le venda los ojos y la introduce en la logia, observando las reglas prescritas. El hermano inspector la coloca á la en- trada hace decir al Gran maestro que la hermana que aspira á ser maestra está y presente. El venerable pregunta á la aspirante cuáles son los progresos que ha hecho en la le pide las palabras de aprendiz y compañera. Contestado, ordena al masonería y inspector que haga viajar á la recipiendaria alrededor de la logia, haciéndola pasar por la prueba de la confusion. Es de advertir que cuando aquélla principia su viaje se coloca prontamente y con se mucho silencio, la torre dicha en el mismo paraje por donde salió: igualmente pon- drá una tabla de siete ú ocho piés de largo, apayado un extremo sobre la torre y el otro hacia donde se halle el venerable, de manera que formando un suave descenso, no pueda percibir la recipiendaria que ha subido por ella. Cuando esté ya sobre la torre, se quitará la tabla, evitando el hacer ruido, y los her- no manos inspector depositaría la sostendrán por debajo de los brazos y para que caiga, haciéndole volver la cara hacia el Gran maestro. Venerable. —¿Quál es el objeto que os ha conducido aquí, hermana mía? Recipiendaria.—El deseo de ser maestra, venerable. Venerable.—Sabed, querida hermana, que los grados no se obtienen entre nosotros sino á fuerza de virtud, trabajo y humildad; asi es que sin obrar contra nuestras leyes no puedo otorgaros el que nos pedís. Para que veáis cuán justa es nuestra negativa va- mos á volveros á la luz; entonces comprenderéis cuán temerario es vuestro deseo. (A los oficiales). Quitadle la venda para castigar su presunción. La introductora le quita la venda y el inspector y depositario la bajan de la torre y le hacen leer su inscripción. Venerable.—Ved, mi querida hermana, cuán necesaria es la luz de la sabiduría y de la verdad: sin ella mirad á qué errores puede conducirnos la ignorancia y ceguedad. Bien fácil os será conocer que habiendo subido, aunque inocentemente hasta el más alto debíamos recibiros en nuestro templo; pero como nues- grado del orgullo humano, no tra sociedad siempre está dispuesta á tender su mano generosa al que ha caldo por á cono- falta de las luces del entendimiento, os quiero ayudar de nuevo ahora y daros cer los misterios que encierra la prueba que acabáis de pasar. Por este momento por dadnos una señal de vuestra humildad sometiéndoos con gusto á lo que se vaá exigir de vos para poder entrar en el templo de la virtud. (Al inspector). Hermano mió: haced ver á vuestra amada hermana con qué respeto debe presentarse en el altar. DE LA masonería 615 El oficial hace quitar el c ilza io á la rec'ple'iiaria y con los pies desnudos le hará dar cinco pasos sohre la alfombra de derecha á izquierda alternativamente^ de mane- ra que al quinto se halle cerca del altar^ delante del cual se arrodillará con una mano sobre el Evangelio para prestar el juramento siguiente_, que el venerable le dictará niéndole po- una espada desnuda sobre la cabeza: «Yo juro sobre este altar respetable^ por el sacrificio de Noé y Abrahan y por la es- cala de Jacob^ no revelar jamas á los profanos los secretos de la masonería, ni á nin- guna aprendiz ó compañera los de maestra. Renuevo la promesa que he hecho en mis interiores juramentos de amar, proteger y socorrer á mis hermanos y hermanas siem- pre y cuando tenga ocasión. Prometo todas estas cosas bajo mi palabra de si fuere honor; y capaz de faltar, consiento gustosamente en sufrir la vergüenza, el infamia desprecio y la que todo buen mason reserva al perjuro. Mi Dios me ayude y su santo Evan- gelio. Venerable.—Querida hermana: como el grado á que aspiráis no se puede conceder sinó al trabajo y á la constancia, no puedo aún descubriros nuestros misterios, mente mayor- cuando os queda por cumplir uno de los mayores deberes de nuestra órden. El hermano inspector va á conduciros al taller de las maestras, en donde acabaréis de convencernos con el celo y ardor que os anime, que merecéis el licitáis. augusto rango queso- El inspector toma de la mano á la neòfita y la conduce al taller. El orador, que la espera, se coloca á su izquierda y el inspector ála derecha. Este último toma un esco- pío, lo pone en la mano izquierda de la recipiendaria y en la derecha un martillo le hace dar y cien golpes sobre la caja: uno en cada esquina, y otro en medio. Al último se abrirá aquélla y mirando el orador adentro, le mostrará el corazón inflamado, di ciéndole: • Orador.—Mi cara hermana: esta caja en forma de piedra que estáis viendo y el co- razón que vuestro trabajo ha producido, son el símbolo del emblema de la masonería que por la moral que enseña no nos deja más fuerza que la de la virtud, haciéndonos dulces y compasivos. Toma enseguida la caja y la presenta al venerable, que ordena al inspector subirá haga la hermana la escalera misteriosa. Inmediatamente hace avanzar el oficial á la recipiendaria hasta el pié de la escalera (que se habrá tenido cuidado de ocultar has- ta entonces debajo del cuadro,) le hace poner primero el pié izquierdo, después el dure- Cho paralelo sohre el mismo escalón y en seguida los otros del mismo modo. Cuando esté en el último, anuncia el oficial al venerable que la recipiendaria ha llegado á la cumbre de la felicidad. Entónces se levanta el Gran maestro y ordena que se haga aproximar á la hermana, y cuando está cerca del trono le da la mano con el mayor agrado. Venerable.—Mi querida hermana: siguiendo los principios que la sabiduría nos enseña, consideramos muy poco acordar solamente á la virtud la estimación ordína- ria que todo hombre le debe; por lo mismo os decoro con esta joya, como señal honrosa del homenaje piiro que le rendimos. Esta llana entre nosotros significa maestra, y nc 616 HISTORIA GENERAL dándola sino al verdadero mérito^ es el símbolo de un alma pura y animosa^ señora de si misma. Le da la señal y su repuesta. Le da el toque. Le da la palabra sagrada A.\ J.\, signiflca: «la resplandeciente luz de la ver- que dad ha abierto mis ojos.» Le da la palabra de pase, que es Babel. Venerable—Id ahora, hermana mía, á haceros reconocer de las hermanas inspec- tora y depositarla. maestra obedece, y cuando haya concluido, el inspector la coloca á la La nueva el orador pronuncia un discurso, cuyo modelo traslada- derecha del Gran maestro, y mos á continuación, por ser bastante característico. «Hermana mía: es tan difícil á orador llenar el puesto, que yo me siento confuso un luces la dignidad del asunto que voy á tratar; no al conocer mis cortas y obstante, ayudado del buen deseo que me anima, procuraré (si no en todo, en parte) daros á á dónde puede llegar la demencia y orgullo de los que quieren oponerse á los conocer limites planes ya prescritos por el G.'. A.-. D.-. U.'. y «No bien salieron los habitantes del arca, donde se hablan salvado del justo castigo á la humanidad la Divinidad, en pago de sus maldades, concibie- que habla impuesto el imbécil proyecto de formar un edificio sobresaliendo á las más altas monta- ron que sin jamás éstas llegaran á cubrirlo en el caso ñas, pudiera resistir á las aguas, que los mismos ocurriera nuevo diluvio; este edificio fué principiado por hijos de de que un olvidados de la promesa y alianza que Dios había hecho con su padre y toda Noé, que descendencia, desconfiaron de la providencia, y llevados sólo de su orgullo, preten- su dieron ir á habitar en regiones imaginarias. Su masa disforme estaba ya muy elevada parecía que quería amenazar al cielo; pero Dios, para desvanecer su presunción y y de las hacerles ver su ingratitud, dió la confusion lenguas entre los obreros, y entenderse, tuvieron que abandonar la empresa y separarse, espar- como no podían ciéndosepara poblar las diferentes regiones que componen nuestro globo. Esteejemplo, es á todo que debía hacerles conocer lo errado de sus opiniones y lo peligroso ciue alcance del y cuyo cono- mortal no están al hombre, querer penetrar los arcanos que sinó cimiento pertenece al Soberano Señor del universo, no les ha hecho escarmentar, el contrario, cada dia les vemos atravesar las nubes, llegar á los cielos y que, por juzgar de su estructura, origen y duración. querer asaltarlos, para querer »Tal es la demencia de los que quieren juzgar á ciegas de lo que no conocen ni pue- de su amor propio, foi'man á su den llevados orgullo y conocer, y que dudando de todo y no antojo los cielos y la tierra, la Divinidad y los hombres. No nos basta conocer que de nuestros ojos podemos comprender el origen y duración de lo que tenemos delante cosas á y palpamos con nuestras manos, para no ir á profundizar impenetrables lo mismo no podemos definir. vemos y por ¡Oh mor- nuestro entendimiento que no saber quién es vuestro Autor? Examinaos á vosotros mismos. Mirad el tales! ¿Queréis de los astros. órden y armonía de los cielos, el justo equilibrio de las aguas, el curso DE LA MASONERÍA G17 las metódicas producciones de la naturaleza^ y todo os dirá á voces lá grandeza y po- der de su Creador. Adórale, mortal, en el polvo que pisas, en el alimento quetenutrey en el vestido que te cubre; porque todo es obra suya y desconocerlo seria hacerte igual á los brutos que pueblan las selvas; déjate de esas quimeras que sólo pueden dictar un orgullo desmedido de fama ó una desmoralización perniciosa, y sigúela vir- tuosa senda que te ha prescrito el Soberano Grande Arquitecto del Universo. Para precaverse de caer en semejante locura, hermana mía, se os ha hecho pasar por la prueba de la confusion. Vendados los ojos y entregada á manos desconocidas, su])iste¡s á ciegas elprecipicioformado por el orgullo ylaingratitud dolos hombres, y si se os hubiera dejado en las tinieblas en que estabais, con facilidadhubieraiscaidoen un abismo de donde no os seria fácil salir. Asi mismo, el orgullo que dan á conocer aque- líos que por el rango, riquezas y nacimiento que tienen en el mundo, se creen superio- res á los demás, y sólo Ies dirigen sus miradas como por compasión, se condena entre nosotros con el más alto desprecio, porque la igualdad más perfecta, que es una de las bases de nuestra institución, reina con una dulce armonía en todos nuestros talleres. El corazón inflamado que ha producido vuestro trabajo, es el emblema de una ver- dadera masona. Fflevada su alma por las virtuosas máximas que encierra nuestra su- blime órden y por la práctica constante de ellas, que so ponen en ejecución cada dia en nuestros talleres, se abrasa en deseos por llegar á la perfección y trabaja sin des- canso hasta que lo consigue. Entónces su corazón, inflamado en el puro amor de sus semejantes, la conduce con gusto á todos los actos benéficos y ayuda á prestar sus socorros á los hermanos necesitados. La escala misteriosa nos indica que para llegar á la suprema felicidad es menester que por grados se aumente en nosotros el candor, la dulzura, la verdad, la templanza y el silencio. Y que sin estas virtudes la procuraremos en vano. La llana con que os ha condecorado el venerable maestro, ademas de ser el emblema de la virtud, es también la enseña de la caridad masónica, porque asi como el mason que trabaja las piedras materiales se sirve de ella para ocultar los defectos de impuro, en nuestras manos no tiene otra significación que la de poner á cubierto las faltas de nuestros hermanos, tratándolos con la caridad é indulgencia que nos prescribe nuestra órden. Grande Arquitecto del Universo, ti'i que oyes mis palabras, recibe mis votos since- ros y dignate comunicarnos tus divinas luces, para que podamos correr con paso firme por el tortuoso y escabroso sendero de la virtud, y que las sublimes virtudes masónicas se vean cada dia aumentar con aquel brillo y esplendor que merece una emanación tuya.» Terminado este discurso, que casi nunca se aparta de esos términos generales, pro- cede al exámen con arreglo al catecismo de este grado, que es el siguiente: Pref/rrnta,—¿Sois aprendiz? Respuesta.—He pasado por todas las pruebas de este grado. P. ¿Sois compañera? R. Conozco el fruto vedado. Ï8 B18 HISTORIA GENERAR ' . ^ P. Si'es verdad que sois compañera^ debéis conocer el aren. R. Si, niuy venerable, soy masona; he trabajado en el arca, conozco las propie-, dades y vengo á la logia para deponer en ella los defectos de la humanidad. P. ¿Sois maestra? R. Sé subir por la escala. P. ¿Quién os hizo maestra? R. La humildad, el trabajo, el celo y la discreción. P. ¿Por qué prueba habéis pasado? R. Por la de la confusion, precipitándome desde lo más alto de la torre de Rabel, á la que mi ceguedad me habia conducido. P. ¿Qué significa la torre de Rabel? R. El orgullo de los hijos de la tierra, del que no se puede librar nadie sinó oponiéndole el corazón humilde y sincero de un buen mason. P. ¿Quién formó ese presuntuoso proyecto? R. Los descendientes de Noé, que desconfiando de la Providencia que los habia salvado, imaginaron formar una torre altísima para salvarse de un segundo diluvio, creyendo con ello verse libres del poder divino. P. ¿Con qué estaba construida aquella torre? R. Con ladrillos grandes, unidos con betún muy espeso y gomoso, cuya liga es más fuerte que ninguna otra argamasa. P. ¿Cuál era la base de la torre? R. La Loma. P. ¿Qué significan las piedras? R. I jRS pasiones de los hombres. P. ¿Qué significa el cimiento? R. El veneno de la discordia. P. ¿Qué forma tenia la torre? de R. La de caracol, que simboliza la publicidad de los pensamientos, torcidos los corazones falsos, y de los hombres vanos. P. ¿A qué estado llegó ese monumento? R. No porque habiendo Dios castigado su propia fe se conoce, y soberbia, en- Viando la confusion de las lenguas entre los que en él trabajaron, se dispersáronlos operarios poc las cuatro partes del mundo. P. ¿Qué uso tuvo ese ridiculo edificio? R. Servir de guarida y habitación á los reptiles. P. Diga V., ¿que aplicación deben darle los masones á ese acontecimiento? todo R. ,E1 respeto que deben tener á las promesas del S('ír Supremo, á esperarlo sobre, de él, á no formar proyectos vanos de gloria y fortuna, y á fundar sus acciones la sabiduría y la virtud. ■ P. ¿Qué otro ejemplo-se puede sacar de él? fal- R. Que la torre de Babel es el ejemplo de una logia mal organizada, la cual^, lando la obediencia y la concordia, cae en desórden y confusion. DE LA MASONERÍA 619 P. ¿Cuál es el símbolo de la maestra? R. La llana. P. ¿Para qué sirve? R. Como emblema de la virtud^ para conocer y conservar en nuestra alma los sentimientos de honor y sabiduría. P. ¿Qué lleva una masona delante de si? R. La representación de la escala de Jacob. P. ¿Qué significa esa escala? R. Las diferentes virtudes que todo buen mason debe tener. P. Dadme la explicación de los dos brazos de la escala. R. Son la humildad y la caridad^ base de todas nuestras acciones. P. ¿Cuál es el primer escalón? R. El candoiq virtud propia do un alma bella y susceptible á las impresiones de la masonería. P. ¿Cuál es el segundo? R. La clemencia y dulzura^ que deben ejercer con nuestros semejantes. P. ¿Cuál,es el tercero? R. La verdad, que debe ser sagrada entre nosotros, como que es uno de los rayos del Gran Sel del Universo, que es Dios. • P. ¿Cuál es el cuarto? R. La templanza, que nos enseña á poner freno á nuestras pasiones, huyendo de todo exceso y desarreglo. P. ¿Y el quinto? R., El silencio que debemos observar de todos los misterios de la masonería. P. ¿Hay aún mas? R. Si, muy venerable. P. ¿Cuántos? R. Tantos como hay virtudes diferentes. P. ¿A quién está reservado su conocimiento? R. A todos los buenos masones y masonas que desean llegar á la perfección hu- mana poniéndolos en práctica. P. ¿Cuál fué el primero que mereció conocer esta escala? R. El patriarca Jocob en un sueño misterioso. P. ¿No vió más que el símbolo? R. Vió efectivamente una escala llena de ángeles que subían al cielo. P. Adónde llegaban los piés de la escala? R. A la tierra escalón del Señor. P. ¿Adónde llegaba lo más alto? R. A la derecha del Señor, liabitacion de los bienaventurados. P. ¿Cómo se llega á ella? R. Por medio de la union y práctica de las virtudes. P. ¿Podríais explicarme lo que representa el cuadro de una maestra? 620 HISTORIA GENERAL R. Si^ muy venerable. P. ¿Qué significa el sacrificio de Noé? R. Como el sacrificio es una señal de reconocimiento y gratitud, nos enseña verdadero mason debe siempre aprovecharse de los peligros que ba corrido que un para dar gracias al autor de su existencia por haberle preservado de ellos. P. ¿Qué significa el arco irisf R. La armonía de todos los sentimientos que reinan entre los masones, simboliza- da en la mezcla brillante de sus colores. P. ¿Qué representa Jacob dormido? R. La paz y tranquilidad que disfruta un alma virtuosa. P. ¿Qué nos enseña Abraham, pronto á inmolar á su hijo? R. Que todo buen mason debe sacrificar aun lo que más ame, cuando así lo exija la sabiduría. P. ¿Qué nos da á entender el castigo de Sodoma? R.- Que debemos abominar el crimen horrible que arrojó el fuego del cielo sobre aquella ciudad, y recordando su castigo, nos servimos de cubas despidiendo llamas. P. ¿Qué nos demuestra la mujer de Lot convertida en estatua de sal? - R. Que debemos obedecer á la razón sin pretender penetrar los secretos del Sér Supremo. P. ¿Por qué nos presenta el cuadro á José en una cisterna, y sobre él al sol, la luna y los once estrellas? R. José en la cisterna nos demuestra que si la virtud está ignorada y oculta por la luna las algun tiempo, es para volver á aparecer con más esplendor, y el sol, y estrellas nos anuncian la gloria que Dios acordó á aquel hombre justo en recompensa de sus virtudes. P. ¿Cuál es la palabra de maestra masona? R. A.". J.'., que quiere decir :1a luz resplandeciente de la verdad ha abierto mis ojos. P. Dadme la señal de respuesta de este grado. •c R.. Vedla ajqui (la hace). P., ¿Qué significa? R. Las señas de los otros grados y los C.x S.*. P. ¿Por qué aplican los masones sus señas sobre los cinco sentidos? R. Para darnos á conocer el buen uso que debemos hacer de ellos. El primero, en la bebida, que la sensualidad es un vicio, y que los banquetes de los masones no son sinó para gozar entre ellos de una sociedad apacible, cuyos placeres estimables están fundados en la templanza. El segundo, que todo mason debe ser sordo á la calumnia y no proferir ni una sola palabra que pueda herir el candor y la castidad de nuestros hermanos. El tercero advierte al mason que no debe mirar á sus hermanas sinó con los ojos del alma, es decir, que debe respetar su sabiduría, su tranquilidad y su virtud, para no ver en la beldad y gracias que posean atractivos que le inspiren deseos criminales, sinó antes al contrario, adornos agradables, propios para embelle- DE LA MASONERÍA 621 cer la sociedad y hacerla más viva y más querida. El cuarto^ que todos ios buenos masones y masonas deben elevarse sobre las adulaciones que puedan herir ios cinco sentidos^ á fin de no sacrificar el bien de la sociedad por un placer momentáneo. El quinto, que es el toque que nos damos en el grado primero, que renovamos cada dia, nuestro tratado de paz, y que estamos siempre prontos á extender una mano compa- siva á nuestros hermanos y hermanas, en sus peligros y necesidades. P. ¿Cuál es el toque de maestra? R. Se explica. P. ¿Cuáles son ios deberes de una maestra masona? R. Amar, proteger y socorrer á sus iiermanos y hermanas. Venerable. —Amémonos, protejámonos y socorrámonos mutuamente según nues- tras promesas. Esta logia se cierra como la precedente. Llegamos, por fin, al último grado de la masonería de adopción, ó sea el que lleva el enunciado de maestra perfecta: en éste la logia representa el sagrado tabernáculo que iNíoisés hacía conducir al frente de los israelitas, al guiarlos con su hermano Aaron por los desiertos de la Araljia Petrea. Si se da este grado inmediatamente des- pues que el de maestra, el dosel y el altar serán los mismos. Hay además, dos colum- nas, una á cada lado del venerable, sin capiteles, adornadas con lamparillas llenas de aceite. La de la derecha debe ser trasparente por que representa la columna de fuego que alumbraba por la noche á los judíos en su emigración y la otra está en lugar de la nube que de día los ocultaba á los ojos de los egipcios. Estas dos columnas se coronan de un arco iris guarnecido con once lamparillas. Sobre el altar habrá un plato con un vaso, que contendrá un pájaro vivo. Se tendrá cuidado de colocar alrededor del vaso, y en su alto, como unas dos pul- gadas de arena, para que no se pueda ver lo que hay dentro y dar pábulo á la curio- sidad. Se colocará en el cuadro el mismo número de luces que en el grado anterior. Todos los hermanos y hermanas, sin distinción, tendrán una vara en la mano izquier- da, y los hermanos conservarán sus espadas en la derecha. El venerable debe estar provisto de un par de jarrateras azules con corazones bordados en oro, con esta divisa separada en dos:—La virtud nos une. El cíelo nos recompensa. —La joya de la per-, fecta maestra es un martillo de oro con un anillo del mismo metal ó plata, y grabado sobre él la palabr-a Secreto, que se cuelga en el extremo de una banda azul de moaré suspendida al cuello. En este templo hay lo que se llama altar del fuego ó de la verdad, que debe estar colocado en uno de los ángulos de la logia. Sobre él se pondrán muchos vasos anti- guos dorados y plateados, que representen los que los israelitas sacaron de Egipto. En medio un pebetero donde arden los perfumes, y delante de este una bandeja de plata para la ofrenda: á un lado una cajita como la del grado precedente, sólo que en vez del corazón contendrá estas palabras en letras de oro: Amana, Hur, Cana, Eubulu, que significan verdad, libertad, celo y prudencia. Al lado de la cajita un martillo, y á la 622 HISTORIA GENERAL derecha una naveta con incienso y un incensario, del que se servirá el orador muclias veces durante la recepción. El cuadro representa las espigas que Faraón vió en sueños; á José reconciliándose con sus hermanos; á muchos hombres con un mandil y llanas con las que amasan la tierra para hacer ladrillos, á Moisés dentro de la cesta sobre las aguas del Nilo, en el momento en que la hija de Faraón lo hace sacar del rio; y en la parte delantera del cuadro, á Moisés y á Aaron al frente de los israelitas pasando por el Mar Rojo, en el que se verá á Faraón y á su ejército sumergidos. La recipiendaria debe permanecer algun tiempo en el cuarto de reflexiones donde el orador la interroga sobre los tres primeros grados. Cuando le haya contestado, tiene que recordarle los deberes que se ha impuesto en sus juramentos anteriores y la exac- titud que ha de tener en practicar la virtud en lo sucesivo; la deja por un momento y va á buscar el vaso que contiene el pajarillo, y de vuelta con él, lo coloca sobre la mesa, diciéndole: «Señora: este vaso que veis aqui, encierra el último secreto de la masonería. Es un depósito sagrado, que el Gran Maestro os confia, sin exigir otra prueba de discreción que la alta estimación que ha concebido de vos. Por lo que á mi toca, el respeto que. se debe á la virtud me impide el pedir ninguna. No obstante, como voy á haceros única depositarla de él, permitidme que os advierta que la menor apariencia de cu-, riosidad que mostréis en este instante, os privará de todos los medios de llegar al augusto grado á que aspiráis. Concluido este discurso, deja el orador á la recipiendaria entregada á sus reflexió- lies por algunos minutos. Vuelve á donde está ella, y si la arena del plato está des-, compuesta y conoce que el vaso se ha levantado, le hará ver con una severa reprensión que habiendo faltado á las principales leyes de la masonería, no debe esperar que se. le conceda el grado de la perfección á que aspira, y que son enteramente inútiles cuantas excusas quiera dar sobre el particular; porque sólo el tiempo, paciencia y caridad para con sus hermanos, son los únicos medios á que tiene que apelar para poder merecer de nuevo el favor que acaba de perder por su gran impaciencia. En se- guida se cierra la logia de perfecta, y cuando se abre la de banquete de maestra, condena el Gran Maestro á la hermana con un multa para los pobres; pero si al con- trario, cuando vuelve el orador lo encuentra todo en órden, le asegura que en recom- pensa de su prudencia y discreción va á ser iniciada en los misterios de la órden: al mismo tiempo le presenta un barreño con un vaso dentro lleno de agua aromática, le hace lavar los extremos de los dedos, y haciéndole tomar el plato en donde está el. es la señal de vaso, se dirige con ella á la puerta de la logia y toca cuatro golpes, que introducción. Los grandes Maestro y Maestra estarán colocados delante del dosel, con el arco iris casi sobre sus cabezas. Todos los demás miembros, en dos alas, observarán un profun- do silencio. El venerable da cinco golpes y hace advertir á la asamblea que se va á abrir la logia de perfecta masona. La inspectora y la depositarla obedecen de la manera acostumbrada y el venei'able hace las preguntas siguientes; DE LA MASONERÍA 623 Pregtinta.—iQnè hora es? Respuesta. —La salida del sol. P. ¿Qué significa esa hora? R. Aquella en que Moisés entraba en el tabernáculo de la enseñanza para enseñar los preceptos de Dios á los israelitas. á^enerable.—Como no nos hemos reunido sinó para imitarla, advertid á todos nues- tros queridos hermanos y hermanas que la logia está abierta. Habiendo obedecido laS oficialas, todos aplauden, advirtiéndose que hasta después de esta ceremonia no debe llamar el orador; entonces la depositarla, que debe estar cerca de la puerta, advierte á la inspectora, ésta se levanta y pregunta al orador si la hermana ha cumplido con todos sus deberes; con la afirmativa del orador, toma el plato de las manos de la aspirante, y lo lleva al altar del Gran Maestro, diciéndole: Venerable Maestro: una hermana respetable por su virtud y celo, habiendo resis- tido á la última prueba, pide con insistencia ser admitida al grado de perfección.» El Gran Maestro responde que no siendo más que el primero entre sus iguales, no puede hacer nada sin el consentimiento de todos sus hermanos y hermanas. Inmedia- tamente, dirigiéndose á la asamblea, pregunta si no hay oposición á la recepción de la aspirante. Si todos consienten, se hacen las aclamaciones acostumbradas: en seguida- todos los asistentes ponen la rodilla izquierda en tierra y el venerable ordena al ins- pector que introduzca á la hermana sin venda en los ojos y en la forma prescrita. El orador le atará una cadena de latón á los brazos y la pone en manos del inspector que la introduce en logia y la coloca entre las dos oficialas. Después de anunciada la recipiendaria, el Gran Maestro le hace algunas preguntas sóbrelos grados anteriores, manda al inspector que reciba de la hermana las señas, palabras y toques del grado de maestra: hecho esto, contesta el venerable que la conducta de la hermana es irre- prcnsible y que habiendo entrado en la masonería por una dichosa inspiración, ha gustado del fruto misterioso y trabajado en el arca; que sabe subir por la escala, y que sus últimos deseos son los de unirse á sus hermanos para entrar en la tierra de pro- misión. á^enerable.—Hermano mió: nosotros no podemos negárselo sin ser injustos; prepa- rad á la hermana para el viaje y bacedla atravesar el mar. El inspector le da una varilla y el venerable da cinco golpes á distancias iguales. Al escuchar el primero de ellos, todos los hermanos se ponen de pié; al segundo, le- vantan perpendicularmente las espadas, que basta entonces deben haber tenidocon la punta inclinada hacia el suelo; al tercero, las bajan borizontalmente; al cuarto, las ber- manas levantan las varillas que tienen en las manos; y al quinto, vuelven á bajarlas, cruzándolas borizontalmente sobre las espadas. Cuando se ha terminado esto, el ins- pector hace avanzar á la recipiendaria hasta el altar, donde se encuentra el Gran Maestro, el cual le quita la cadena, diciéndole al propio tiempo: «Mi querida hermana: ya es tiempo de que se rompan esos hierros para que os veáis libre de la esclavitud que sufriais y también porque para la obligación que vais á contraer se necesita una entera libertad. Los errores y preocupaciones que pudie- G24 HISTORIA GENERAL ran quedaros sobre la masonería van á desaparecer delante de'vos. Vais á conocer todos nuestros símbolos y á ver brillar con el mayor esplendor la luz de la verdad» Inmediatamente la recipiendaria presta la siguiente obligación: «Yo juro ante el Criador del universo^, conservador de todos los seres y vengador del crimen^ y en pre- senda de todos mis hermanos y hermanas^ no revelaiq a ningún profano aprendiz, compañera ni maestra, nada de cuanto va á serme confiado sobre los secretos de la perfecta maestría. Obligóme igualmente á practicar las virtudes que me prescriban, además de las que ya se me han ordenado en los tres grado?anteriores. Si asi no lo hi- ciere, me someteré ciegamente á la pena de ser mirada por los masones virtuosos como una perjura digna de la indignación y menosprecio.» Una vez prestado este juramento, que habrá hecho de rodillas, el Gran Maestro la levanta, diciéndole: «Mi querida hermana: el primer paso que debéis dar entre nosotros debe señalar- se con una acción benéfica; levantad ese vaso y gozad del placer que siente el alma virtuosa al hacer dichoso á todo viviente. (Al obedecer la hermana, el pájaro allí encer" rado emprende el vuelo). Vos acabáis de ver, mi querida hermana, que la libertad es un bien que el Criador del universo ha hecho común á todos los seres y que no se puede privar á nadie de ella sin cometer la mayor injusticia; tanto mas cuanto que la mano que hace al débil esclavo es indigna de la sociedad de los hombres.» El inspector conduce á la hermana al altar sagrado, donde se hallará el orador, el cuál le dice lo siguiente: «Mi cara hermana: os estaba esperando en el altar de la verdad, para enseñaros el mayor secreto de los masones, y en tal concepto, el más inviolable. Muy poco ó nada valdría el practicar en silencio los deberes de la religion, porque el corazón vir- tuoso debe ser sensible y compasivo. Si, hermana mía, hay millares de desgraciados sohre la tierra, y estos infelices son nuestros amigos, nuestros compañeros y nuestros hermanos, que reclaman, con derecho, nuestra compasión y beneficios. ¿Podré espe- rar que encuentren en vos una amiga sensible? ¿Estáis en disposición de probárnoslo ahora mismo? (El hospitalario presenta el plato de la ofrenda, y si pusiera alguna suma considerable, el orador se la devolverá añadiendo:) mi cara hermana, nosotros nos contentamos aquí con la seguridad de vuestros sentimientos, dejándoos el derecho de ponerlos en práctica siempre que se os presente ocasión. Puedan vuestros benéficos socorros salir en todos tiempos de un corazón tan puro como el fuego sagrado que arde sobre este altar.» El inspector toma el martillo y lo da á la recipiendaria para que dé cinco golpes sobre la caja; una vez abierta ésta, saca el papel que contiene y se lo explica; tomán- dola luégo de la mano la lleva á donde está el venerable, que la recibe con todas las demostraciones de un alto respeto. Venerable:—Mi querida hermana: con el mayor placer voy á admitiros en el au- gusto rango que la sabiduría de vuestra conducta os ha hecho merecer. Recibid la prueba, le dice, dándole la joya, que es el premio de la virtud. El nombre de Perfecta que damos á este grado, es para haceros conocer que no debemos olvidar cosa alga- DE LA MASONERÍA 625 na de las que puedan conducirnos á la perfección. Recibid también estos lazos^ que son el gage de una alianza eterna. Le da la señal. Le da la palabra sagrada A.-. H.\ que signiflca hermano de bondad. Le da la palabra de pase A.'. A.', que quiere decir casa de hospedaje. Le da el toque. Cuando haya concluido el venerable, la depositarla conduce á la recipiendaria álas oñcialas para darles las señas y palabras y hecho esto, la coloca á la izquierda del Gran maestro, hecho lo cual se comienza la instrucción con arreglo al siguiente cate- cismo: Pregunta: ¿Sois masona perfecta? Respuesta: Guiada por el Eterno, lo he sido saliendo de la esclavitud. P. ¿Que entendéis por esclavitud? R. Entiendo que sucumbiendo la mayor parte de los mortales á la fragilidad hu- mana, olvidan el fln para que fueron criados, entregándose al hábito del vicio, que les hace esclavos de sus sentidos; asi nosotros lo figuramos por la esclavitud de los israe- litas en Egipto, de donde los sacó Moisés para instruirlos en el desierto. P. Sometida como las demás á un cuerpo frágil, ¿cómo podéis decir que sois libre? R. No encerrando la masonería más que principios de virtud y religion, la práctica de nuestros misterios ha abierto mis ojos y he sacudido el yugo de las pasiones; la razón me ha ilustrado, y su luz, penetrando el velo del error, me ha hecho ver que es- taba en libertad de escoger entre el vicio y la virtud. P. ¿Cómo habéis llegado al más alto grado de la masonería? R. Gracias á la constancia, á la sabiduría y á la caridad. P. ¿Qué quiere decir mason? R. Enemigo del crimen y amigo y discípulo de la virtud. P. ¿De ese modo todo humano mortal siendo sabio y justo es sin duda mason? • R. Si, porque sin duda no le falta más que nuestros signos, tanto más necesarios cuanto que nos impiden que sorprendidos por corazones falsos seamos esclavos de la fortuna y de los vicios. P. Pues que sois perfecta masona decidme: ¿Qué entendéis por masona? R. Un entretenimiento virtuorio en el cual trazamos una parte de los misterios de nuestra religion; y para conciliar mejor la humanidad con el conocimiento de un Cria- dor después de habernos impuesto los deberes de la virtud, nos entregamos á los sen' timientos de una amistad dulce y pura, gozando en nuestras logias de los placeres de la sociedad, placeres fundados entre nosotros en la razón, en el honor y la inocencia. P. ¿Qué entendéis por logia? R. Una asamblea de personas virtuosas, que elevadas sobre el orgullo y las preo- CLipaciones vulgares, no conocen ninguna distancia entre ellas, excepto la sabiduría y que gobernadas por la justicia y la humanidad, practican en, silencio la ley natural. P. ¿En dónde estuvo situada la primera logia? 79 626 HISTORIA GENERAL R. En el Paraíso terrestre^, tenida por Adán y Eva cuando vivían en un estado por- fecto de inocencia. P. ¿En qué tiempo y cómo se tuvo la segunda? R. Por Noc, estando encerrado en el arca contodasu familia,micntrasduroeldiluvio. P. ¿Cuándo se tuvo la tercera? / R. Cuando Dios se dignó enviar tres ángeles á visitar á Abrahan y su esposa. P. ¿Cuándo la cuarta? R. Después de la destrucción de Sodoma, y cuando los angeles que habían salva- do á Lot y á sus hijos fueron á visitarlos en la caverna á donde se hablan retirado. P. ¿Cuándo la quinta? R. Cuando José, habiendo encontrado á su querido hermano Renjamin, invitó á sus hermanos á su mesa. P. ¿Recibíase alguna instrucción en todas esas logias? R. En ninguna sino en la quinta, en donde José hizo servir delante de Benjamín cinco veces más comida que delante de sus demás hermanos; le dió cinco vestidos, y presentó á Faraón cinco de sus hermanos. Desde aquella época ha sido el número cin- co sagrado entre los masones, y es titulo de honor, tanto más, cuanto que los cinco vestidos designan los cinco grados de la masonería. Dichoso el mortal que llega á po- scer también el último. P. ¿Quién puede aspirar á este sublime grado? R. Todo mason y masona que, imitando á José después de haber .sufrido todos los males do la humanidad, resiste á los atractivos de los falsos placeres, conservando un corazón enteramente puro, para poder soportar sin temor el vivo resplandor del sol del universo. P. ¿Cómo llegó aquel patriarca á tan alto grado de gloria? R. Por la prudencia y sabiduría que reinaban en todas sus acciones; del mismo modo cualquiera de nosotros puede aspirar á la misma dicha, no separándose de la senda de la virtud. P. ¿Cuál fué ~^su recompensa? R. Faraón le hizo considerar en todo Egipto como á su persona, y al efecto le hizo entregar su real anillo: nosotros para conservar su memoria recibimos en el grado de Perfecta uno que nos ofrece el venerable. P. ¿Qué sucedió á la logia que presidía José? R. Acrecentarse; llegó á ser muy numerosa, é hizo servicios continuos y señala- "dos al rey y al pueblo egipcio. P. ¿Cuál fué, después de José, el que más se señaló en su logia? R. Moisés, escogido por Dios para romper las cadenas en que gemía el pueblo de Israel. P. ¿Qué representa el cuadro de Perfectaí R. Muchos emblemas de la sagrada escritura. P. Dadme su explicación. R. Primero: las cualro partes del mundo significan que siendo todos los seres la DE LA MASONERÍA. 627 obra clol Creador del universo, en euantas partes del mundo se hallan, deben cultivar la virtud, por ser el más puro homenaje que pueden rendir al Supremo Ser que los ha criado. Segundo: las siete primeras espigas del sueño de Faraón representan las siete vir- tudes principales que debe todo buen mason y masona practicar, y las otras siete y estériles, los siete vicios opuestos, de los cuales uno solo es bastante para precipitarnos en el estado miserable en que la calda del primer hombre nos bahía sumido. Tercero: José, reconciliándose con sus hermanos, nos enseña que la bondad es in- separable de la esencia del Creador, y que siendo obra suya, debemos á su ejemplo añadir al perdón una amistad perfecta y durable. Cuarto: Los hombres entregados al trabajo y amasando la tierra son imágen de los israelitas en Egipto después de la muerte de José, los que por la paciencia que mostraron en los trabajos humillantes que les imponían injustamente, merecieron las miradas benignas de la divina providencia. Sus instrumentos son el origen de las lia- nas y martillos que conserva la masonería. Quinto: Moisés expuesto en un cesto á los caprichos de las aguas es el símbolo de la debilidad de nuestra existencia, que nos expone á tantos peligros y eventualidades. Sexto: La hija de Faraón sacando del rio á Moisés nos da á entender que la bon- dad suprema hace muchas veces servir -en nuestro favor los mismos medios de que se valen nuestros enemigos para perdernos. Sétimo: Moisés y Aaron al frente de los israelitas, después de haber atravesado el Mar Rojo, son imágen de los masones en logia, habiendo sacudido ya el yugo de las pasiones, y el ejército sumergido de Faraón nos indica los deseos mal dirigidos de nuestros sentidos. P. ¿Qué representa el Gran Maestro en logia de Perfected R. El guia de los israelitas ó Moisés? P. ¿Qué significa la Gran Maestra? R. Seforó, su esposa. P. ¿Y el hermano inspector y los demás oficiales? R. A Aaron y sus hijos oficiando en el tabernáculo. P. ¿Cuál es la significación de las hermanáis inspectora y depositarla? R. Maria, hermana de Moisés, y la mujer de Aaron. P. ¿Qué sentido tiene la joya de Perfected R. El anillo que Faraón dió á José para demostrarle la estimación que hacia de él, y los honores que se deben rendir á las virtudes. P. ¿Cuál es el signo de Perfected R. El que Dios dió á Moisés sobre el monte Horec. P. Mostrádmelo. R. A'edlo aqui (se hace.) P. Dadme la palabrá de Peifecia. R. A.'. H.'., que quiere decir hermano de bondad. P. ¿Cuál es la palabra de pase? 628 HISTORIA GENERAL R. B.'. A.'., que signiflca casa de hospedaje. P. ¿Cuál es la moral de esas palabras? R. Que la tierra es para nosotros un lugar de tránsito en donde el espíritu que nos anima debe mereceiq por la victoria que obtiene sobre la materia^ el volver al seno de la debilidad de donde ba emanado. P. Dad el toque al hermano inspector. Se da. Inspector.—Es perfecto. P. ¿Qué hora es? R. La hora de vísperas. D. ¿Qué signiflca? R. Aquella en que se retiraba Moisés del tabernáculo^ en donde habla estado enseñando los mandamientos de Dios á los israelitas. Venerable. —Siendo á su ejemplo la tenida de esta logia^ ya es tiempo de cerrarla]; y asi, mis queridas hermanas inspectora y depositarla, os ruego que invitéis á todos nuestros queridos hermanos y hermanas para que tengan á bien ayudarnos á cerrar la logia de la manera acostumbrada. Las dos oficialas obedecen y toda la asamblea aplaude. Venerable. —La logia está cerrada, hermanos míos. Las hermanas repiten lo mismo. Hemos expuesto todo lo referente á los cuatro grados de que boy consta la maso- noria de adopción, sin omitir nada de lo que se refiere á su simbolismo y ritual; hemos creído conveniente que nuestros lectores tengan conocimiento de todo ello, y ántes que pasar á hacer la critica detenida que esto merece, debemos completar nuestro cuadro con lo que en los rituales resta para esta mal llamada masonería, entre lo que hallamos, lo referente á la tenida de banquete, curioso como lo anterior, por lo cual lo transcribimos. Según todos los catecismos que tenemos á la vista, la logia, que también se llama asi la de banquete, debe verificarse en la sala de recepción, quitando todo lo que ba sido necesario poner para la investidura de los tres primeros grados que en ella secón- fleren, y dejando sólo la colgadura y el dosel. Se colocará una mesa en forma do berra- dura y bastante grande, si el local lo permite, para que todos los asistentes estén por la parte de afuera. El venerable se sentará bajo el dosel, teniendo á su izquierda á la Gran Maestra y el orador á la derecha, y al lado de éste la hermana que se acaba de recibir y en honor de la que se da el banquete. Si hay visitadores se pondrán en la parte superior de Africa y el resto de la asamblea ocupará indistintamente los demás puestos de la mesa, excepto los hermanos y hermanas inspectores y depositarios, que deben ocupar los extremos de Africa y América. Dentro de la herradura, en frente del venerable, se dará asiento á un hermano do mérito con el titulo de Embajabor, el cual debe estar condecorado con una banda azul como las quellevam los principes, supues- to que los representa, y debe responder á las felicitaciones y brindis que se bagan en honor de aquéllos. DE LA MASONERÍA. 629 Todo lo que constituye el servicio de la mesa^ debe formar cinco lineas paralelas^ es- decir, que los platos formen la primera linea, los vasos la segunda, las botellas la tercera, las bandejas con las viandas la cuarta y las luces, que han de ser muchas, la quinta. Hay que advertir aqui dos cosas indispensables. La primera, que es menester' que el número de los asistentes sea impar, aun que haya de convidarse á un her- mano sirviente; y la segunda, que casi todo lo que se sirve en el banquete cambia de nombre. Los vasos son lámparas, el vino aceite rojo, el agua aceite Manco, el pan maná, los manjares de toda especie perfumes, las luces estrellas y las botellas go- mores. Estando todo dispuesto de la manera indicada, el venerable toca cuatro golpes y las hermanas inspectora y depositaria contestan del mismo modo. Venercíble.—Mis queridas hermanas oficialas, invitad á todos nuestros caros her- mqnos y hermanas de Africa y América, para que tengan á bien ayudarnos á abrir la logia de banquete de Perfecta masona. Inspector.—Mis queridos hermanos y herm.anas de Africa, el venerable, Gran maes- tro y maestra, os invitan para que tengáis á bien ayudarle á abrir la logia de perfecta masona. (La depositaria repite lo mismo en la parte de America). Venerable.—Hermana inspectora, ¿sois perfec'.a masona? Inspectora.—Guiada por el Eterno lo he sido, saliendo de la esclavitud. Venerable. —¿Cuáles son los deberes de una perfecta masona? Inspectora.—Socorrer á sus hermanos y hermanas; amarlos ó instruirse en la prác- tica de las virtudes. Venerable. —Amémonos, socorrámonos é instruyámonos mutuamente; para este fin se ha abierto la logia, hermanos mios, y en sefial de nuestro unánime consenti- miento, aplaudamos de la manera acostumbrada. Una vez abierta la logia, no se permite que ninguno hable en ella de asuntos im- propios, ni de interés particular. La conversación debe ser general, dulce y animada, pero dirigida por el placer y la decencia, no debiendo tener cabida otro sentimiento que el deseo de hacerse estimar por sus modales y acciones. Antes de principiar el banquete se brinda tres veces, que son los brindis de obliga- cion. El primero es por el jefe del gobierno del Oriente de la logia; el segundo, por el soberano Gran Maestre del Gran Oriente; y el tercero, por nuestra respetable hermana la reina de Nápoles. Después se intercalan los demás, mientras sigue el banquete, por la salud del venerable de la logia, la de los oficiales y oficialas, visitadores, la de todos los miembros del taller y hermanas nuevamente iniciadas, y el último, por todos los masones esparcidos sobre la superficie de la tierrra. Transcribiremos aqui solamente las formalidades del primero, por cuanto son igua- les en todos los demás. Venerable. — IMis caras hermanas inspectora y depositaria, haced alinear y llenar las lámparas, para un brindis que la Gran maestra y yo tenemos que pro- poneros. Inspectora.—ViSs, queridos hermanos y hermanas de Ja parte de Africa, alinead 630 HISTORIA GENERAL vuestras lámparas y llenadlas^ para un brindis que el Venerable y la Gran maestra tienen que proponeros. La depositada repite lo mismo dirigiéndose á los hermanos que decoran su co- lumna^ y que, como sabemos, en la masonería de adopción recibe el nombre de América. Todos los hermanos que toman parte en el banquete llenan los vasos y alinean las botellas después, de lo cual dice la Depositaría.— Hermana inspectora: las lámparas están llenas y alineadas en América. Inspectora.—Muy venerable maestro: las lámparas están llenas en Africa y América. Venerable.—Mis queridos hermanos y hermanas: el brindis que os proponemos es por la salud del rey nuestro ilustre monarca, añadiendo la de su augusta esposa y real familia con la de todos los reyes masones. Por personas tan queridas debemos unir- nos á ñn de soplar nuestras lámparas por su gloira con todos los honores debidos á sus rangos, y con los sentimientos de una amistad respetuosa con que procuraremos dar á conocer nuestra adhesion, expresaremos el celo con que llenamos nuestro deber. Inspectora.—Mis queridos hermanos y hermanas de la parte de Africa: el brindis propuesto por los grandes maestros es por la salud del rey nuestro augusto monarca, añadiendo la de su ilustre esposa, su real familia y todos los reyes masones. Por medio tan recomendable os suplican que os unáis á nosotros á ñn de soplar nuestras lámpa- ras por su gloria con todos los honores que les son debidos, lo que no podemos demos- trar mejor que cumpliendo con nuestro oficio por los números conocidos de los dicho- sos mortales discípulos de la luz. La depositarla repite las mismas palabras con respecto á los hermanos de América é inmediatamente se llevan á cabo los movimientos siguientes, obedeciendo la voz del venerable. 1." La mano derecha á las lámparas. (Se lleva la mano derecha al vaso). 2." Arriba las lámparas. (Se levanta el vaso hasta el pecho.) 3.° Soplad las lámaras. (Todos beben). En tanto que beben todos deben mirar al venerable, el cual dirá en seguida: 4." Las lámparas adelante, y cinco veces sobre el corazón. (Se presenta el vaso hacia adelante y á la segunda orden se toca.) 5.° Asentad las lámparas. (A esta orden se levanta el vaso cuatro veces per- pendicLilarmente, desde el vientre hasta la altura del pecho, y á la quinta se coloca fuertemente sobre la mesa, teniendo cuidado de ejecutarlo con orden y prontitud para que no se oiga más que un solo golpe; y al instante todos, con el venerable, dan cinco palmadas con las manos y dicen cinco veces: ¡viva! Es preciso no olvidar que inmediatamente que el embajador oye brindar por la salud del rey, debe levantarse, echar mano á su espada y descender á la extremidad de la logia, en donde debe permanecer hasta que se concluye aquel acto; entonces envaina su espada, toma su vaso, que un hermano sirviente le presenta, y da gracias en estos ó parecidos términos: DE LA MASONERÍA 631 —Venerable maestro^ tan digno del rango que ocupáis^ como mis queridos herma- nos y hermanas^ oficiales y oficialas, visitadores y todos los demás miembros de este respetable taller. El rey mi sehor, sensible en extremo á los cuidados con que sabe que ordinariamente brindáis por su importante salud, ha tenido á bien autorizarme para que en su nombre os haga ver su justo reconocimiento: asi es que queriendo da- ros pruebas de los sentimientos que le animan para con nuestra ilustre sociedad, al paso que por mi parte deseo aseguraros yo también el efecto fraternal que siempre he dispensado á todos nuestros hermanos y hermanas, voy á soplar esta lámpara con las señas de honor y estimación que os son debidas á vosotros y á la real c ilustre masonería. Asi debéis creerlo por el celo y ardor con que voy á corresponderos. Concluida la arenga, bebe, observando todas las formalidades ya indicadas, y des- pues vuelve á ocupar su asiento. A esta breve peroración siguen las gracias de los demás que han sido favorecidos con las salutaciones, é inmediatamente después se procede á la clausura de la logia con las formalidades siguientes: Venerable.—Queridas hermanas inspectora y depositaria, haced llenar y alinear las lámparas para el último brindis. Después de obedecer cada una por su lado, dicen:. —Muy venerable maestro, las lámparas están llenas y alineadas. Entonces el venerable y todos los asistentes se levantan y cruzan los brazos, toman- do uno con la mano izquierda la derecha del otro, de modo que quede formada una cadena, sin exceptuar ni áun á los hermanos sirvientes. En este estado entona el vene- rabie el cántico que sigue y todos los demás forman el coro: Coro. Union, virtud, honor y gloria grabemos para siempre en la memoria; unamos nuestras manos y nuestros corazones; seamos siempre hermanos y perfectos masones. Coro. Union, virtud, honor y gloria grabemos para siempre en la memoria; Sentimientos humanos vencen nuestras pasiones; y amor á los profanos sean nuestros blasones. Coro. Union, virtud, honor y gloria grabemos para siempre en la memoria. (1). (I) Eslos versos son una inala liadunion de los franceses aplicades al miimo objeto, que dicen así; G32 HISTORIA GENERAL Concluido el cántico^ se bebe^ observando^, por supuesto, todas las formalidades ordinarias, á la salud de todos los masones esparcidos por la tierra; vuelven á sen- tarse los hermanos y el venerable cierra la logia en estos términos: Venerable.—Hermana inspectora: ¿qué hora es? Inspectora.—Muy venerable: vísperas. Venerable.—¿Qué significa esa hora? de enseñar //ís/)cctora.==Aquella en que Moisés descansaba en el desierto después los mandamientos de Dios á los israelistas. Venerable.—Imitémosle, pues," en nuestra logia, siendo ya tiempo de cerrarla á fin de practicar las virtudes que nos hemos propuesto; separémonos, hermanos; la logia está cerrada. Las dos oficialas repiten lo mismo y se dan por terminadas las tareas. Más tipico y más característico tal vez que ningún otro, más propio para probar faltas de fundamento y contradicciones, es el siguiente discurso, que hallamos en uno de los rituales más caracterizados: «Hermanos mios: difícil seria en este momento cumplir satisfactoriamente con los deberes que nos impone nuestro ministerio augusto; porque si alguna vez ha temido sucumbir nuestra vanidad, es en esta ocasión solemne, en que al elevarnos á la altura son nuestras fuer- del compromiso cuán débiles que hemos contraído, comprendemos zas. Grandioso y no común es el objeto que boy nos reúne. No pudiéramos prometer- nos el éxito, y la beldad que aqui nos contempla podrá comparar nuestra insuficien- La cia con la importancia de la masonería. Una esperanza nos queda sin embargo. belleza, siempre indulgente, al ver en nosotros el deseo de agradarla de proclamar sus grandes virtudes y mérito verdadero, sabrá generosa disimular nuestro arrojo, nuestros trabajos. sonreír á los esfuerzos de nuestro celo y alentar con su presencia Hermanos: todo sale de las manos del Criador, bello, incomparable, magnifico. sin embargo de admirar á todas horas el cuadro maravilloso que ofrece la Cansado naturaleza, deja de causar nuestro asombro y cesa nuestro entusiasmo, y se extingue Frè es et compagnons de la maqonncric: Sans trouble jouissons des plaisirs de la vie Muni d un rouge bord; Que par trois fois un signal de nos verrcs Donne la preuve que d'accord Nous buvons á nos frères. Joignons-nous main en main; Tenons-nous ferme ensemble. Rendons grace au destin Du naeud qui nous rassemble. Et soyons assures Qu'il ne se boil, sur Ies deux hemispheres, Po'nt de plus illuslres sanies Que celles de nos frères. DE LA MASONERÍA 633 nuestro agradecimiento. Y si preciso nos es recorrer segunda vez conjunto tan seduc- tor^ es sólo para detenernos en una de sus perfecciones, en el hombre: obra maestra por cierto, á quien coloca nuestro orgullo en la primera escala de la vida, y á quien sólo otorgarían las mejores recompensas. Convencido de ser la creación por exelencia, desdeña volver la vista á todo lo que le rodea. Inconsecuente consigo mismo, sólo reconoce en la mujer un ser perfecto, creado para su dicha según él, pero de un ói'dcn inferior. Hecha esta diferencia, ya no le ocupa el resto de lo creado. Tal fué el princi- pió de su superioridad, que una vez admitida por el hombre, le hizo sólo pensar en él y en el objeto de su predilección. Hay quien mira en la mujer un ser inferior al hombre, y á quien si aceptan por com- pañera, es para hacerla su esclava y la victima de sus caprichos. Otros más sensibles, ilustrados y justos, la acogen como digna mitad de su existencia. La mujer piensa y se conduce como nosotros. No posee energia, pero si destreza; le sobra gracia, aptitud y espiritualidad. Muchas están adornadas de cualidades que son el orgullo del hombre y, en este caso, nos asombran cual tipo acabado de perfección ante el cual aparecemos como un bosquejo pálido y sin formas. Suele el corazón comprimirse ó dilatarse según las emociones que le agitan. Que sentimiento más halagador para el, que el de la amistad, el cual si es susceptible de perder algo de su primitiva pureza, no por eso es menos general en todos los séres y en todas las condiciones de la vida. Quien podria negar á su primera impresión el ser mas poderosa que la razón y más persuasiva que el raciocinio. El eco de la voz, la expresión del semblante y la dulzura de la mirada ó de la fisonomía, son causa mu- chas veces, en medio do personas desconocidas, de tan dulce afección. Nacido por lo común de un encuentro casual casi siempre le sostiene y arraiga el mérito personal. La nobleza del carácter, la probidad y todo lo que en uno y otro sexo merece nuestros elo- gios, hacen de aquel afecto, un sentimiento mas aceptable duradero y precioso. Una vez depositado en el corazón el gérmen que lo produce, nace y se desarrolla, recibiendo nueva vida de las grandes cualidades del alma y del espíritu. De ese sentimiento se ha originado en nosotros la idea de filantropia, la cual no sólo nos hace comprender cuan odioso es el egoísmo, sino también que debemos ser indul- gentes con nuestros semejantes. ¡Que pudiera faltar á ese don divino para ser el más codiciado de todos aquellos que nos prodiga la naturaleza! ¡Felices aquellos corazones que sienten su poder y encanto! ¡No es acaso ese noble sentimiento el que nos enseña á ser compasivo! Lejos de nosotros aquellos que creen que las afecciones del alma son hijas del re- finamiento social, por que son ingratos con la naturaleza. Esta madre común de todos los séres, nos demuestra á cada instante, que también los irracionales son susceptibles do afecciones tiernas hácia su especie ó hácia la nuestra. Podrían decirnos que seme- jantes afecciones son hijas del arte ó del alcance limitado de aquellos séres. Obligados á conceder aquellas afecciones á los irracionales, hallarían alguna razón para negár- selas al hombre. De este modo el gérmen de ese sentimiento, que parece como depositado en el co- 80 634 HISTORIA GENERAL razón, se asemeja al embrión ya preparado que sólo aguarda el momento favorable de brotar vivir. Si en el trato común de los hombres vemos manifestarse el hecho y raro en verdad, de servicios prestados oflciosamente; si calla entonces la generosidad para dejar hablar al agradecimiento; si muchas veces no desci'ubimos la mano que dispensa el beneficio, podríamos negar que iguales actos de abnegación ocurren tam- ])ien en el trato de las mujeres entre si. Serian menos susceptibles de impresiones ge- nerales y delicadas. Dotadas de una esquisita organización, nadie más apropósito que ellas para insinuar en todas ocasiones esa grata amenidad, esa oficiosidad halagadora, esos tiernos cuidados esa actitud y constancia con que las ha dotado el Grande Ar- y quitecto del Universo. Nos sería acaso de algun provecho el negarles ese mérito incontestable, del cual tantas ventajas podríamos obtener para la humanidad. Convencidos de que están mejor dispuestas que nosotros para sentir las delicias con que nos brinda la amistad desinteresada, y que jamás en esta parte pudiéramos llegar á ser superiores á ellas, inútil creemos pedirle nuevos ejemplos de un sentimiento que es natural y peculiar en ellas. Es en ella ese sentimiento, resultado de su misma naturaleza, que sigue un des- arrollo progresivo y constante, al cual nos representamos como una jóven bella y sin y atavíos, alegre y sin afectación, que si alguna vez olvida sus deberes, no tardamos en encontrarla en el átrio de nuestros templos más ocupada en reabilitarse á nuestros ojos, que en adquirir nuevos encantos. Tampoco debemos suponer que al hacernos participar de su amistad, sea por el interés de propio culto, no con objeto de dispensarnos los efectos de su benevo- su y lencia. Injusto, pues, seria negarles las virtudes que son necesarias para el logro de las ventajas que nos ofrece la verdadera amistad. Este sentimiento, que une generalmente á individuos de un mismo sexo, serviría del mismo modo para estrechar más ínfima- mente los dos sexos. Asi es, que si ese sentimiento es común, á uno y á otro difícil nos será comprender como pueden corazones sensibles no sentir su divino influjo, y la ne- de encerrarle ciertos límites para que en ningún tiempo deje de ser lo cesidad en que es. Muchas serian las dificultades que pudieran presentarse y no alcanzar nuestro in- Pero en lento. Dudoso conservar el justo equilibrio que en estos casos es necesario. esto precisamente consistiría la virtud. Muy corta es,, sin duda, la distancia que separa á la amistad de ese sentimiento que inspira la belleza, y que produce en nosotros un desórden tumultuoso que encadena nuestras facultades y las somete á su imperio; dis- tancia que salva el atrevido deseo. Pero si tan difícil es escapar de un peligro seme- la jante, ¿no sabemos que es glorioso combatir, y que el lauro á que debe aspirar si nuestra especie humana, no es el triunfo sinó á resistir incesantemente? Además, de vigilancia desmaya alguna vez; si vencidos por los esfuerzos, sin cesar renacientes, un cohíbate desigual; si aprisionados en un dédalo de seducciones, la voluptuosidad tentadora, desde su lecho de rosas sonríe á los esclavos de sus hechizos, no tardaria- mos en verla socorrida por los principios masónicos, que cual otra Ariadna pondría DE LA MASONERÍA 635 en sus manos el hilo salvador que la libertase, é hiciese reparar en el olvido momen- táneo de si mismo. Una vez vencedores como Ulises de los flUros de la encantadora Cirse, gozaríamos de la dulce tranquilidad que los placeres inocentes ofrecen á sus sectarios; ya no arror- jarla la belleza la manzana fatal de la discordia en nuestros templos, de los cuales seria el mas bello adorno; y ni eclipsarla, ni menos extinguirla la luz resplandeciente y pura que nos alumbra, el humo denso de la funesta antorcha de aquella dicha. Huirían de nosotros las rivalidades odiosas, hijas presuntuosas de la envidia, ase- gurando nuestro reposo, y felices y satisfechos, seria nuestro anhelo cooperar al logro del fln moral que se propone esta asamblea. Respecto á vosotras, mis queridas her- manas, sólo esperamos la constancia que os distingue en la verdadera amistad, la cual es también un deber entre nosotros, y en la que no tememos os veáis expuestas al peligro de faltar á ella, por-que tampoco tememos rivalidad alguna entre Venus y las Gracias. El cuadro que presentamos, en el cual vemos ostentarse á la amistad pura y cor- dial ó la amistad desinteresada, es el sólo que pudiera prometernos una felicidad re- ciproca y verdadera, cualquiera que sean los esfuerzos necesarios para el éxito, y cual- quiera la posibiladad de conseguirlo: amistad que ofrece á la masonería la ventaja pe- sitiva de recibir las recipiendarias la instrucción que les debemos, de personas de su sexo. Vosotros sin duda, debeis haber supuesto, y no os equivocáis, que no sólo el placer de asociaros á nosotros, ha sido el aliciente poderoso que. ha motivado la reunion de este dia, sinó que además hay un gocé más insinuante y un Ínteres más noble. Ladis- crecion de los labios, los oídos siempre atentos á las lecciones de la sabiduría, la con- lianza en el semblante, el bien de la humanidad, los auxilios que reclama la indi- gencia, el crédito que salva, el cuidado en respetar y el reintegro que merece la des- gracia, evitándole sonrojo al recordárselo, tales son los objetos que nos ocupan, y el fln que se propone nuestra institución. Hagamos mención también de otra virtud, cuya primer ventaja es la de proporcio- liarnos los medios de ejercer nuestra benevolencia, y hacer mas generales nuestros beneficios. La generosidad compasiva que proporciona al que hace el bien, la dulce sa- tisfaccion de uno de los goces más puros y nobles del alma, le coloca, al mismo tiempo, en el rango de los poderes de la tierra, y le asemeja, en cierto modo, á la divinidad. \ Pudiéramos comparar la beneflciencia, causa de la felicidad de aquellos á quienes escoge como blanco de sus bondades, á la encina robusta y encumbrada que el tiempo respeta, y cuyas ramas hábilmente entretegídas por la naturaleza, ofrecen bajo su sombra reposo y amenidad: cuanto más se eleva, más se encuentra expuesta al cho- que de los cientos y al furor de la tempestad, sintiéndose feliz aunque abrumada, al acoger en su seno al viagero descarriado. No sé en verdad, por qué cuando queremos representar con sus colores verdaderos -y^ seductores á las .virtudes sociales y masónicas, se nos ocurre y seduce la idea de generosidad y beneflciencia, sin poder evitar el hacer su elogio, tantas cuantas veces 636 HISTORIA GENERAL acompaña á nuestros discursos ó reflexiones. A fln de no cansaros con la extensa enu- meracion de todas ellas, sólo os hablaré del último de nuestros deberes. Desde luego supondréis que es mi deseo hablaros de aquella divinidad augusta, que confunde á todos los hombres en un mismo rango; que no prefiere á las virtudes, las ventajas de saber, los hechizos de la beldad, la elevación social, ni las altas distinció- nes politicas: por que tiene sólo fija la vista en los sentimientos nobles del corazón, objeto de su culto. Divinidad que tiene encadenado á sus pies el orgullo del nacimiento y alta opinion de si mismo, y que sabe premiar y distinguir á los hombres, por el nú- mero de sus cualidades eminentes, creo que comprendéis que os hablo de la igualdad, de la dulce igualdad, madre de esa felicidad que gozan los hijos verdaderos de la luz. Ved, pues, cuales son nuestros deberes y nuestros goces. En la sociedad profano, nos serviréis de guias y nos ayudureis en los trabajos á que nosotros y vosotras, debemos consagrarnos desde este dia; en tanto que nosotros, semejantes á aquellos piadosos caballeros de la Edad media, para quienes la galante- ria y el respeto para sus señoras, era el más estricto de sus deberes; no haremos más que tributaros el distinguido homenaje de nuestro aprecio y fidelidad. Sereis en nues- tros torneos masónicos los jueces del combate. La belleza distribuirá en ellos los pre- mios, mereciendo aquel que lo reciba el favor inapreciable de ser coronado, por quien también merece una recompensa igual, al hacer nuestros favores en el arte real. Si Marte, deidad de los grandes corazones, coloca sobre su carro triunfal los trofeos del combate al lado de la victoria, nosotros destinaremos á la belleza, un lugar preferente en el altar de la Masonería. De ella recibiremos las virtudes que sabe inspirar, y com- partiremos con ella los hechos gloriosos, que deben hacer eterna la existencia de nues- tra sociedad. Ha sido en fln nuestro intento, queridas hermanas, el demostraros que la amistad desinteresada se encuentra en la naturaleza, y que puede existir en los individuos de ambos sexos, no menos que las grandes ventajas que promete á la masonería, el ejem- pío de una logia de adopción creada con el sólo propósito de realizar mejor sus dog- mas, de enseñar la esfera de las virtudes masónicas y de redoblar el celo que debemos emplear en el cumplimiento de las sagradas obligaciones que con ella hemos con- traído. Lejos de nosotros la idea de haber llenado nuestro deber, aunque semejante pesar pudiera mitigarlo el olvido involuntario de lo mas importante que tenia que recorda- ros: los momentos de satisfacción y trasporte que hemos experimentado en estajorna- da memorable en los fastos de la órden.» Los estatutos para las logias de adopción, son los, siguientes: ARTICULO 1. • Ninguna maestra podrá en ningún caso presidir una Logia, ni menos hacer recep- clones, á no estar constituida con el carácter de tal por un Gran maestro, y haber reci- bido de éste, autorización especial. DE LA ¡MASONERÍA G37 ARTICULO 11. Las noches de recepción, estará compuesta una Logia: de una lantes, de Venerable, dosvigU una secretaria y una maestra de ceremonias. ARTICULO III. Ninguna mujer, cualquiera que sea, será admitida en la sociedad sino ha sido puesta en la tenida pro- anterior de la misma Logia de adopción, cuidando la venerable maestra que las hermanas y hermanos que hayan asistido á la la tenida, en que se hizo propuesta de admisión, tomen cuantos informes sean necesarios, sobre la moralidad de la persona propuesta, dando razón en seguida al taller. ARTICULO IV. Si el resultado del escrutinio fuere ftivorable á la persona propuesta, se lo avisará oportunamente para que sopa el dia en que debe tener lugar su recepción. En caso de no ser admitida, se le comunica de la manera mas delicada posible. ARTICULO V. Las mujeres en estado de embarazo ó próximo al parto, no podrán recibir el mer grado hasta pri- no hallarse completamente restablecidas. ARTICULO VL Toda mujer que aspire ála iniciación, no podrá ser admitida en ella sino tiene cum- plidos los diez y ocho años. ARTICULO Vn. Los informes sobre la vida y costumbres de los aspirantes, serán leídos por la secrc- taria de la Logia en tenida abierta del taller; prohibiéndole expresamente hablar de esto á los hermanos ó hermanas que no hayan asistido á la tenida, sean rabies aquellos favo- o no, prohibición que comprende á los miembros de ambos sexos que estuvie- sen presentes, castigándose esta falta, probada que sea, con la expulsion inmediata de^ taller, en la cual convendrán unánimemente todos sus miembros. ARTÍCULO Vlll. Será deber de cada miembro de la Logia, observar si cada uno de ellos, hombre ó 633 HISTORIA GENERAL mujer^ observa la debida circunspección y prudencia en el mundo profano. En el caso á los de que alguna de las mujeres que pertenecen al taller^ contraviniese reglamen- tos del mismo ó faltare á sus compromisos masónicos^ será la primera vez amones- tada dulzura; si reincidiese alguna falta ya cometida se anotará cual corresponde^ con á la tercera^ será expulsada de la sociedad^ en la cual no volverá á entrar. y debiendo Conviene en su pues, que las hermanas sean muy circunspectas conducta, conducirse fuera y dentro de la Logia con la mayor prudencia. ARTÍCULO IX. á hermana faltasen las fuerzas ó el valor necesario en el curso de la Cuando una la invitarán á recepción, debe hacerlo presente y retirarse. En caso de no hacerlo asi, que lo haga. ARTÍCULO X. se les acor- Si se presentasen hermanas extrangeras con deseos de visitar el taller, dará la entrada después de ser examinadas escrupulosamente. Si son elegidas esco- tomarán asiento á la derecha ó izquierda de la Venerable, según la antigüedad cesas, ó edad masónica de cada una. ARTÍCULO XL de todos los hermanos del taller, observar estrictamente los presentes Es deber estatutos, obligándose á cada uno de los nuevamente iniciados bajo juramento y obli- siendo expulsadas inmedia- gacion particular, á someterse á todas sus disposiciones, lamente de la Logia todas aquellas que lo rehusasen. ARTÍCULO XII. Una Logia de adopción consta de los dignatarios sig.uientes: Un gran maestro. Una gran maestra. Un hermano primer vigilante. Una hermana inspectora. Un hermano segundo vigilante. Una hermana depositarla. Un hermano orador. Una hermana tesorera. lo que en los rituales hemos hablado acerca de las fórmulas y Antes que exponer hasta del simbolismo de la masonería, considerando la cuestión en principio, digimos DE LA MASONERÍA 639 que punto habían estado desarcertados los que de esta manera falsearon la veneran- da institución que estamos examinando. Dos razones poderosísimas hay, para que dulces y suaves parezcan las más duras y acerbas censuras dirigidas á los que tal hicieron; una, que depende directa é inmediatamente de la naturaleza propia del indi- viduo; otra, de la que es causa, mas que nada, el principio fundamental de la masone- neria y las tradiciones que muy poco á poco en el trascurso del tiempo, le han dado fundamento. La mujer, por su naturaleza, no es apta, ni la educación que recibe la hace apropó- sito para tareas tan rudas como las masónicas, y más que nada la misión que tiene que cumplir en el seno de la familia, la imposibilita para luchar de la manera fuerte, vigorosa y continua que el mason tiene que hacerlo. Mas aunque todas estas consideraciones pudieran quedar desvirtuadas, aunque para nada tomáramos en cuenta el relajamiento de la disciplina, y el falseamiento de los principios, que con admitir la masonería de adopción se ha llevado á la órden, hay consideraciones importantísimas que nos llevarían á durísimas censuras, tanto más amargas, cuanto que han sido causa de que los enemigos se aprovechen de ellas hábil- mente para sacar gran partido en contra de la asociación. Con esto que decimos, que- remos referirnos á la forma en que aparece un toüini revolutum estraño, al par que pueril; inútil, al par que fastuoso; incierto al par que ridiculo; notas bastantes para que presentado al público, éste deduzca acto continuo consecuencias nada lisongeras y nada favorecedoras. Ante todo, debemos proponer una cuestión que es capitalísima en el asunto de que nos ocupamos. ¿Si los fundadores de las llamadas logias de adopción, quisieran que en realidad hubiera una masonería propia de las mujeres, por que no se atuvieron en un todo á lo prescrito para la masonería verdadera y formal, tal como ya estaba cons- lituida? ¿Por qué no aceptaron en un todo las formas y los. principios generalmente reconocidos? Y aún pudiéramos hacer una de no ménos importancia. ¿Por que los que la incorporaron al Gran Oriente, no la hicieron prescindir de las características notas que la acreditaban como descendencia directa de sociedades de carácter pueril y equivoco? Preguntas son estas que aún contestándose por si mismas, merecen que nos ocupe- mos de ellas. Las rancias preocupaciones nacidas á causa de las especies calumniadas, que los ignorantes hablan vertido á propósito de la masonería, y el, por naturaleza, espíritu tímido de la mujer, eran causas más que suficientes para C|ue al dar acceso en la órden á la mujer, quisieran revestirla de otro carácter y asignarle otros fines, sin comprender que con ello incurrían en una contradicción considerable. La masonería, como sociedad filantrópica y moral, no puede, en manera alguna, alterar sus condi- dones para hacerse accesible á determinadas cláses, se debe presentar siempre tal como es, sin falseamiento alguno, y recibir á los que por naturaleza, por educación y por principios, tienen y cuentan con medios para cumplir lo dispuesto y ordenado en las constituciones generales de la órden. Naturalmente esto no podía hacerse, por que la tarea, tal como debía ser acometida, resultaba de mucho empeño, y desde luego, 640 HISTORIA GENERAL SO comprendió que era superior con muclio á las fuerzas con que la mujer contaba, consideración para que, procediendo racionalmente, acordaran lo que siempre debie- ron tener presente, que en la sociedad no'debían ser admitidos más que los hombres que reunieran las condiciones y requisitos prescritos en los estatutos y reglamentos. Mas no procediendo de esta manera, que hubiera sido digna de loor, apartándose en todo de la tradición, la cual no ofrecía un ejemplo siquiera de mujer admitida en la orden, quisieron á todo trance darles acceso en ella, sin comenzar, en todo caso, por el principio. En realidad, y dado tan liocivo empeño, deberían haber instruido é ilus- trado á la mujer, fortificando su espíritu haciéndola apta para el empeño que iba á acometer; debieran, en una palabra, hacer que la mujer fuera apropósito para la ma- sonería, pero equivocando lastimosamente los términos, hicieron todo lo contrario, se olvidaron del elemento que podia y debía ser modificable, y la emprendieron con el que debía ser eterno é inmutable; prescindieron de lo que desde todo punto de vista era suceptible de mejoramiento y reforma, y atacaron lo que venia consagrado por el tiempo y la tradición. Semejante proceder debe ser siempre condenado, y más áun merece la condenación que los masones sinceros y leales le han impuesto, conside- rando que no valia la pena de falsear la orden para conseguir tan escasos y nulos re- sultados; nosotros no protestaremos jamás de las naturales reformas, que por razón del tiempo haya que llevará cabo en la masonería para armonizarla con la época por que atraviesa, pero censuraremos siempre, y de la manera mas ágria posible, que descendiendo de su verdadero carácter, se falsee para que puedan ingresar en ella. El falseamiento y las alteraciones llevadas á cabo en ella, para que la mujer pudie- ra ingresar en la orden, es tan censurable como el que tuviera que operarse para dar acceso al clero católico: tendría la masonería que prescindir de las verdades funda- mentales que tiene asentadas, tendría que olvidarse de sus más esenciales principios, y en verdad, que no es esto lo que tiene que hacer, sino todo lo contrario; esto es, de- mostrar al clero que son puros y elevados sus principios y que por nada ni por nadie tiene que reformarlos para adquirir la consideración que no ha debido desmerecer nunca. Pasando ya á ocuparnos de la cuestión de forma, vemos desde luego la grande y directa influencia que ha tenido también en las logias de adopción, la reforma llevada á cabo por Rauzay, ó lo que es lo mismo, el carácter que le ha impreso el escocés. Aprovechándose cuanto en los orígenes se había hecho, luego que las mujeres fueron admitidas en la masonería, dándoles un carácter semejante al que la órden habla te- nido desde su aparición en la historia, las revisten con cintas y joyas, las hacen com- parecer en templos suntuosamente decorados, y les hablan de secretos, promesas y altos fines que no parecen jamás porque no pueden parecer. Estamos en un tiempo en el que forzosamente tenemos que convencernos, de que la masonería no tiene secreto ni misterioso símbolo alguno, sino que es puramente una agrupación de hombres libres, cuyo amor á la humanidad, no siempre lo fue dado manifestar públicamente; razón por que en algun tiempo y en algunos países, se vieron obligados á ocultarse. Dado esto, lo mismo que hemos dicho con respecto á las logias de masones, teñe- DE LA MASONERÍA 641 mes que decir con respecto á las logias de masonas. No comprendemos^ ni hemos podido entender jamáSj para que tanta vana palabra y tanta inútil ceremonia. Las divisiones del templo^ los términos empleados para disfrazar lo que ningún disfraz ne- cesitaba, los cuadros bíblicos^ que ninguna relación tienen con el asunto^ que alli las ocupa^ las pruebas empleadas en las recepciones y todos los demás aditamentos con que se ba rodeado á esta mal llamada masonería^ acreditan en primer término poca formalidad, y desde cualquier punto de vista que se le considere, ningún deseo de rea- lizar algo útil ó provechoso. Examinando uno á uno los catecismos, no bailamos en ninguno de ellos cosa que pueda probar la necesidad de su redacción, y menos aun, la utilidad y conveniencia de su establecimiento: todos ellos con relaciones no siempre verídicas, sacadas al capri- cbo de la sagrada escritura, que ninguna coneccion tiene con la masonería y que en no pocos casos tocan en el ridiculo. Las interpretaciones simbólicas de que en ellos se echa mano para explicar masónicamente el primer pecado, la interpretación arbitra- ría dada al hecho del diluvio y á la salvación de Noé en el arca; el simbolismo em- pleado para aplicar á laórden lo que se refiere á la Torre de Babel, á la dispersion de •los hombres, al sueño de Jacob, al sacrificio de Abraham y al castigo de la mujer de Lot, son pruebas claras, fehacientes y terminantes de lo que venimos diciendo. Pero el colmo de todas las aberraciones, el error terrible ante el cual, con sentimiento nos pa- rece oir la burlona carcajada de toda clase de gentes, lo hallamos en el catecismo del grado cuarto ó sea el de maestra y perfecta, el cual parece haber presidido el incon- siderado empeño de alterar los hechos, desvirtuar la verdad y dar al olvido lo que tan sabido se tiene, acerca del origen y desarrollo histórico de la institución masó- nica. Con efecto, no se han contentado con remontarse buscando ilustre prosapia á la construcción del Templo de Salomon, verdades, que habiéndolo hecho asi, se hubieran cerrado harto pronto las puertas á sus fantasias y caprichos, y no hubieran logrado re- lacionar la historia de la masonería, con la historia bíblica, que presenta sobrado apa- rato y bastantes encantos, para halagar y seducir álas mujeres acostumbradas áello, ya por otra parte, gracias á la primera educación que reciben. Tratándose de misterios y de símbolos, cualquier religion tradicional hubiera presentado más ancho campo para sus improvisaciones; pero seguramente rehuyeron recurrir á ellas, porque habiéndolo hecho, hubieran tropezado con dos grandes, grandísimos inconvenientes: el primero, que no es común ni general, el que las mujeres estén instruidas en los arcanos y pro- fundidades de las religiones de la India y del Egipto, ni en las prácticas de aquellos cultos, por lo que, no entendidas, ni comprendidas, no hubieran podido surtir efecto, ni recibir las gratas y halagüeñas impresiones que resultan de la religion Ebráica, con la cual la cristiana tiene más afinidad y relación, y cuyas enseñanzas nos son familia- res desde la primera edad. Si á las mujeres les hubieran hablado de las encarnaciones de Brahama ó del Mito de Osiris, ó de la investigación Me Iris, se hubieran encogido de hombros sin hacer caso alguno de cosas semejantes, pero la relación de las delicias paradisiacas, la sal- 81 642 HISTORIA GENERAL vacien de Noé de la catástrofe del Diluvio^ la historia de Abraham y de José^ la des- truccion de Sodoma y el castigo de la esposa de Lot^ eran á propósito como ningunos^ para conseguir los deseados flnes, fines cuyo alcance^ no podemos determinar^ por- que difícilmente se comprende que es lo que se propusieron alcanzar los fundadores de la masonería de adopción. Suponer que la primera logia se tuvo en el paraíso mueve á risa, porque dada la de ignoramos que séres serian los que desempeñaban los dem ás escasez personas, cargos, y no menos escita la hilaridad, pensar que sin duda con el pecado de nuestros la primeros padres, se dió la primera solución de continuidad en la historia de órden que no volvió á celebrar tenida sinó cuando Noé se encerró en el arca, que Dios le mandara construir, según la Biblia, para que el genero humano no pereciera en abso- luto en las aguas del diluvio. Razón tienen los enemigos que se fijan en estos pueriles datos para censurar y acriminar á la masonería; porque cualquiera que sea el punto de vista en que se consideren, cualquiera que sea la intención con que se interprete el hecho mencionado, nunca resultará, ni puede resultar nada, que pruebe, ni dé siquie- ra ligeros indicios de masonería dentro del Arca, en que se conservan las simientés de las especies. Si poco se explica esta segunda logia, menos aún se puede explicar la que según el ritual afirma, formarán los tres ángeles, que según el mismo, enviara Dios, para visitar á Abraham y su esposa, y menos aún la que celebraron los ánge- les con Lot y sus hijas, en la caverna en donde se hahian refugiado después de la des- truccion de Sodoma mucho menos, si se quiere, la que constituyera José y sus her- y manos cuando volvieron á hallarse en Egipto. Afirmaciones de esta naturaleza, que no se apoyan en razón alguna, y que resultan en contradicción con lo que de la masonería se sabe, y está geneneralmente admitido, no hacen, no pueden hacer favor alguno, y buena prueba tenemos de ello, en cuanto han dicho los enemigos, acerca de la masonería de adopción. En capítulos anteriores, hemos mencionado una obra que en contra de la masonería publicaron los jesuítas, dando á conocer el juicio de ellos con respecto á los grados y símbolos de la órden, y lo ho queremos omitir lo que acerca de la masonería de adopción han aventurado, por que trasladamos á continuación sus principales juicios. «La masonería femenina, parece que comenzó á mediados del último siglo. Luis Felipe Igualdad, entonces Duque de Orleans y Gran Maestre de la Orden, ofreció su par de guantes á la Señora de Geulin y dió una extraordinaria impulsion á la maso- neria andrógina (andrógina quiere decir hombre y mujer). La curiosidad, el atractivo del placer, y lo que es más aun, el atractivo de lo desconocido, el espíritu irreligioso y el poder mágico del fruto prohibido, hicieron afluir hácia la masonería todas las se- floras que deseaban ser libres; y en su número pudieron contarse, desgraciadamente, los nombres más brillantes. Se ve por una carta de la infortunada reina María Anto- «Yo neta á su hermana la reina Maria Cristina, con fecha del 26 de Febrero de 1871: creo que perseguís demasiado la Franc-masoneria; y escribía esto. Aqui todo el mundo lo es... Estos últimos días la Princesa de Lamballeha sido nombrada Grande Maestra en una logia; me ha contado todas las cosas bonitas que le han dicho.» ¡Desdichadas DE LA MASONERÍA 643 mujeres! Se les preparaba desde entonces el tratamiento destinado por la secta á los príncipes y á la nobleza. «En esta^ como en la masonería masculina^ no dejaban ver de las cosas^ mas que aquello que querían^ y laautoridad burlada^ no daba ninguna importancia á una asocia- clon de beneficencia y placeres. Pero tras las alegres reuniones, babia infames miste- rios: no era ya como en la otra masonería el culto de la venganza, era el culto de la voluptuosidad, tanto más peligroso, cuanto que estaba velado de ritos misteriosos, asazonado por el secreto, y favorecido por el espíritu anti-religioso, tan de moda en el siglo de Voltaire. »La logia de estas masonas, no se llamaba logia, sino Templo del Amor. Era un tierno pastoreo. La puerta del Templo del Amor se llamaba, (sin duda por equivoco), puerta de la Virtud (por esta es por la que se iba, si ya no se babia ido). El hermano mason que introducía las postulantes, se llamaba hermano Sentimiento, (está con todas sus letras en el ritual), y la hermana masona que introduce las aspirantes y las que suspiraban por serlo, se llamaba hermana Discreción. El Gran Maestro pregun- taba á la recipiendaria: «¿Qué edad teneis?» La respuesta era tan sencilla como la del mason, pero mas tierna: «Tengo siete años». En esto la paloma aspirante decía gra- ciosamente: «Tengo la edad de agradar y de amar». Era de lo mas tierno. »Los masones de este rito eran los cahcdleros de la Rosa, y las masonas eran las ninfas de la Rosa. Estos caballeros-^ estas ninfas iban siempre de dos en dos á todos los trabajos masónicos. El tiempo estaba florido y encantador; las tenidas eran presi- didas por un gran Maestro y una gran Maestra. No babia allí espadas desnudas ni cuadros de papel, ni sombras enmascaradas. Eran viajes sentimentales, juramentos prestados por el aspirante de la manera más galana del mundo: ella se sentaba en el sitio del Gran Maestro, y éste, como un gran necio, estaba arrodillado á sus piés. Pero lo que habla de mas conmovedor, era cierto viage á la Isla de let felicidad, donde terminaba la iniciación: allí se retiraba la venda que cnbria los ojos déla bella ninfa; ella se encontraba ante un altar (,ó piedad!), ante el altar y las estátuas, ó mas bien, los Idolos de Venus y Cupido; ofrecía incienso puro al patron y patrona del Templo. »Con seguridad que la señora de Lamballe y las damas bien educadas, no veían en estas tonterías mas que diversiones y galanterías sin consecuencia: pero para la mayo- ría esas reuniones estaban muy lejos de ser inocentes, y los hombres perversos, que dirigían secretamente esta fama de la órden masónica, se servían de ella para corrom- per á la vez el alma y el corazón, para separar más y más á las mujeres de la religion, de la familia, del respeto de autoridad y de las tradiciones. »La revolución francesa abogó en sangre los caballeros y las Ninfas de la Rosa. »Durante el imperio, la masonería femenina adquirió nuevo vuelo: casi todos los oficiales eran masones y contribuyeron mucho á levantar y esparcir en toda la Euro- pa una institución que favorecía tan maravillosamente sus gustos irreligiosos y líber- tinos. En 1830 nueva florecencia de franc-masonas. La franc-masonería funda grandes esperanzas con el concurso de señoras. Cuando se querrá comprender, exclama sen- timentalmente el hermano Ragon, que para devolver á la órden su irresistible atrae- 644 HISTORIA GENERAL tivo antiguo esplendor, á las costumbres públicas, en pulcras, (!!!) su verdad sin y hipocresia (;!); á la educación doméstica, llena aún de preocupaciones, su irradiación humanitaria, seria preciso admitir en los trabajos masónicos las mujeres, que por sus virtudes (¡las virtudes de la mujer libre!) honran su sexo y su patria. Su presencia hará las sesiones mas interesantes; sus discursos (los discursos de la mujer libre) escitarán la emulación; los talleres se animarán, como la naturaleza se anima en la primavera los benéficos de un nuevo sol. «El golpe es bueno, eso seria el culto del sol». con rayos «En la masonería de las mujeres, hay lo mismo que en la de los hombres, apren- clisas, compañeras y maestras, existiendo además los altos grados de Maestras, Per- fectas, sublimes escocesas. Elegidas, Señoras de la Pcdoma, Señoras de la Alegria, Señoras de la Beneficencia, y Princesas de la corona. «Tienen sus ritos como la masonería masculina; en la fachada de la «Puerta de la Virtud» está colocado el retrato de Mme. de Geulis, á quien la masonería hadado el sobrenombre de Madre de la Iglesia. A esta casta madre, la ha canonizado según di- cen Felipe Igualdad. «Uno de los casos mas curiosos es el apostrofe duro, pero muy justo, que el Gran maestro, majestuosamente sentado al lado de la Gran maestra, dirige á la aspiranta aprendiza al comenzar las pruebas. «Se hace observar la alta imprudencia que ha co- metido presentándose de aquel modo, sola, y sin apoyo, en una sociedad de la cual ig- nora la composición y las costumbres y donde su pudor podia correr algun peligro. «Las masonas están decoradas como los masones con el famoso mandil. El signo general por medio del cual se reconocen, es muy sencillo: las dos manos una sobre la otra, la derecha cubriendo á la izquierda y dejándola caer sobre el mandil. Se recono- cen por aprendizas, adelantando reciprocamente la mano derecha abierta, los dedos unidos y colocando las manos una sobre otra por la parte interior; por compañeras, tomándose mutuamente la mano derecha de modo que los dos dedos gruesos estén cruzados y el dedo del medio estendido sobre el puño; por cual otros presentándose so- mutuamente el Indice y el dedo de enmedio de la mano derecha llevando los unos bre los otros á lo largo, de modo que se toquen por la parte interior; en seguida, apo- yando el dedo grueso de la derecha en las junturas de los dos dedos cerca de la uña. Además, tienen otros signos que exigen dedos de hechiceras, por ejemplo, cojerse mú- tuamente la oreja izquierda con el dedo grueso y el pequeño de la mano derecha, y el la nariz con el resto de la mano dejarlo estendido sobre la mejilla; cojerse la punta de dedo grueso, y el Indice de la mano derecha, y cubriendo los dos ojos con el resto déla mano. Las dos palabras de pase que las masonas parecen emplear mas, son: Eva y duda devoción al fruto prohibido, y por un horror bien legitimo bácia Babel, sin por la confusion de las lenguas. «Esta masonería, se halla más extendida que todo lo que pudiera creerse, pues se compone además de muchos ritos ú obediencias: el rito de CagliostrO, el rito de las ó soberano damas escocesas do la colina del Monte Tabor, la orden del pcdladium consejo de la sabiduría, la orden de la felicidad, la órden de las señoras y caballeros del áncora, la órden de la Perseverancia, y muchas otras. DE LA MASONERÍA. 645 »MLichas cosas había que decir y muy airosas acerca de la franc-niasoneria de las mujeres: nosotros citaremos un solo ejemplo, cual es, la relación ceremonial de un banquete de hermanas masonas. »Habemos dicho ya, que en esta orden se come y bebe mucho, y por parte de las señoras ocurre lo mismo que por la de los hombres: el banquete sagrado, el banquete fraternal, el libre banquete, es uno de los trabajos más serios de la masonería pública. Según los estatutos, que estas mujeres fuertes observan religiosamente, las señoras no se reúnen jamás solas, sino que están siempre ayudadas en sus trabajos por los ma- sones. En el trabajo de la mesa los masones y las masonas: estan pues, los unos al lado de las otras, y la sesión es bastante interesante. »E1 banquete se llama logia de mesa, y en ella hay cinco brindis obligatorios. Pri- mer brindis; la Gran maestra da un golpe: toda mostizacion cesa; cada uno se pone á la orden de mesa; es decir, que coloca los cuatro dedos unidos de la mano derecha sobre la mesa, con el dedo grueso separado á lo largo del borde, formando una escua dra y dice: Queridas hermanas inspectora y. depositaria, haced alinear y adornar las lámparas para un brindis que el Gran maestro y yo tenemos que proponeros. Las lámparas de estas mujeres libres son los vasos, los vasos de beber, y en ellos es donde beben la luz, la fuerza y la libertad. Adornar la lámpara, quiere decir llenar los vasos. »Habiendo anunciado y ejecutado el aviso, la hermana inspectora dice después de haber dado un golpe: «Gran maestro, las lámparas estan alineadas y adornadas.» »E1 Gran maestro, dá un golpe y dice: De pié y al orden! Espada en mano (todos cojen el cuchillo con la mano izquierda.) ¡Queridoshermanosy muy queridashermanas, el brindis que tenemos el favor y el honor de dar, es el de los Reyes masones; es para la sulud tan querida á nuestros corazones, que debemos unirnos para apagar nues- tras lámparas á su gloria! • «Ejecutados los avisos, la Gran maestra ordena el ejercicio:» Mano derecha á las lámparas!—Levantad las lámparas!—Soplad las lámparas de un solo trago. (La ma- sona se muestra aqui mujer cada vez más fuerte: apaga su lámpara como una cerilla, y bebe como un agujero. ¡Qué dragones! Si hay Ninfas de la Rosa, también hay Nin- fas de la lámpara! «Pero el ejercicio no ha concluido, y la maestra Continua: Lámpara adelante! (es decir, como lo explica el hermano Ragon: cinco veces sobre el corazón y traerla ha- da adelante).—Dejad las lámparas! (lo que debe hacerse en cinco tiempos, según el ritual). En fin, se dice cinco veces Eva.» «Tal es el primer brindis, el primer ejercicio de este belicoso banquete. Al quinto ejercicio, á fuerza de apagar lámparas, la pobre hermana debe estar agitada y descri- bribir curbas, dando por la vigésima cuarta y vigésima quinta vez» del corazón hácia adelante! Para volver á su casa tendrá necesidad del brazo paternal de un mason, es compadre.» No contentos con esto, completan su critica de la masonería femenina con los pár- rafos siguientes; 646 HISTORIA GENERAL «El puñal masónico, sacrilego é impío, está oculto bajo las diversiones mas ó mo- nos inconvenientes de esta masonería andrógina, y las sociedades secretas esperan obtener un gran partido de estas imbéciles criaturas, que la incredulidad, el orgullo, la vanidad, el amor del placer y sobre todo la curiosidad, lleva á los grados exteriores. Como en la de los hombres, la masonería pública de las mujeres, no es mas que un vivero donde la masonería oculta, engorda sus carpas para pescarlas cuando les pa- rezca oportuno. Esto es la iniciación de la gran maestra, al grado secreto de Per- fecta maestra. «Ante todo, se exige de ella el terrible juramento que la encadena á la secta por toda la vida.» Yo juro dice,yo prometo de guardar ñelmente en el corazón los secretos ele los franc-rnasones y de lee franc-masoneria. Yo me obligo, bajo pena de ser des- pedasada por la espada del Angel exterminador.» El Gran maestro la proclama en seguida, Perfecta Maestra, y le dirije estas pala- bras: «Querida, ahora que os hemos iniciado en los arcanos simbólicos de la Masone- neria, ahora que la luz de la verdad ha resplandecido bajo vuestras pupilas, los her- rores, las superticiones y aprensiones (es decir la fé y el temor de Dios), que consor- vavais tal vez aun en algun rincón de vuestra cabeza, so han disipado. Una obliga- clon árdua pero sublime, os está desde ahora impaesta (la cosa que escuchamos). La primera de vuestras obligaciones será de agriar al pueblo contra los clérigos y los reyes. En el café, en el teatro, en las reuniones, en todas partes, trabajad con esta set- crosanta intención. «No me queda mas que un secreto que revelaros, y hablaremos en voz baja.» Y le declara que el complemento final de la misión sagrada de la masonería, «es la des- truccion de toda autoridad religiosa y monárquica.» «Hay algo de muy sério, no solamente bajo el punto de vista de las costumbres, sino también en el de la fé y el porvenir de la Iglesia, en esta ridicula iniciación de las mujeres en la Franc-masoneria. Los sectarios saben todo el provecho que puede sacarse de las mujeres; ellos saben que la mujer, una vez lanzada en las vias de la venganza y de la impiedad, es más feroz, más tenaz que el hombre, y va mas lejos que él. ¿Es- trañarémos, por tanto, si ven con gusto las mujeres afiliarse en su órdcn, y si decía- ran altamente que fundar Logias de señoras, seria dar un paso de gigante en la via del progreso humanitario?» Estas palabras son del Mundo Masónico, (Octubre de 1866.) Se sabe que su «progreso humanitario», es el anti-cristianismo. * Conociendo ya nosotros la verdad, acerca de lo que ha recibido el nombre de maso- neria de adopción, no podemos sino admirar la astucia y mala fé de aquellos que, comprendiendo sobradamente que si de algo pecan estos rituales y simbolismos, es de inutilidad y falta de fundamento racional que los justifique, han sabido sacar partido tomando en ellos armas para atacar de una manera injusta y despiadada, lo que cuando mas, merece una desdeñosa sonrisa. El jesuitismo, hábil siempre en esparcir la calum- nia, y cuidadoso siempre de sembrar la zizaña, despertando siempre las más malévo- las sospechas en el ánimo de aquellos á quienes procura seducir, se ha fijado solo en fletalles que no pueden ser admitidos jamás por las almas honradas, que, dejándose DE LA MASONERÍA. 647 llevar de sentimientos caritativos^ repelan las imputaciones de estos que para ser ad- mitidos necesitan clara, terminante y fehaciente prueba. La union de individuos'de distintos sexos en una sociedad, puede dar lugar cierta- mente á hechos censurables, pero esto no puede, en manera alguna, concretarse á la masonería, si no que es extensivo á la sociedad en general y á cuantas sociedades par- ticulares se constituyan; allí donde haya hombres y mujeres, hay que preveer siem- pre faltas, cuya comisión es posible, pero de esto á su realización, hay una enorme dis- tancia, que los jesuítas han salvado en alas de su malévolo ingenio: imputar á los ma- sones los hechos que se desprenden de las intencionadas reticencias empleadas en el análisis de la masonería de adopción, no puede tener mas objeto que alejar de la mente de toda mujer honrada, la idea de asociarse en la orden, pero con mucha mas razón y mas seguros datos, podríamos nosotros emprender la tarea para separarlas de aque- lio que""preconizan ellos las favorecen. No lo haremos por que no es esta nuestra misión; apuntaremos solo la idea de que el ser masona no ha sido nunca, ni puede ser ahora, incompatible con el ser honrada y virtuosa; únicamente nosotros, como ya hemos dicho, censuramos y censuraremos siempre esta rama impropia de la masonería, por estar en perfecta contradicción con todo lo que disponen los estatutos y reglamentos, y con lo que las primitivas tradició- nes acreditaban. Prosiguiendo nosotros la historia de la orden, tal como debe ser, no podemos menos de dejar sentado que la masonería de adopción, hizo, en reducido número de años, un número considerabilísimo de prosélitos, mayor que cuanto pudiera uno figurarse, asi como también, que ocurrió en ella un fenómeno digno de señalada mención por cuanto sirve para acreditar las diferencias esenciales que median entre la verdadera masone- neria y esta rama apócrifa de lo mismo. Difícil fué la vida de la órden en sus comien- zos, más que por nada, por la resistencia que manifestaban las personas elevadas de Francia á ingresar en ella, y ya hemos visto hasta que punto fué irregular y anómala la constitución de las primeras logias en París, y que clase de personas eran las que formaban parte de ellas. En la masonería de adopción, por lo contrario, hallamos des- de luego los nombres más notables, tanto de la nobleza, como de las artes, como de las letras, y es, que de la misma anomalia que la verdadera masonería se había con- cretado siempre á difundir los principios de libertad raudanal y de igualdad entre los hombres, y arbitrar recursos con que socorrer á los desvalidos y menesterosos; la de adopción tenia por fines principales, procurar á los asociados el mayor número de fiestas y distracciones, como bailes y banquetes, en los que es cierto se dedicaba al- gun recuerdo á los infelices, y se hacían cuestaciones en favor de ellos, pero esto, vol- vemos á repetirlo, era muy secundario. En los anales de la masonería de adopción, hallamos como efemérides notables, la creación en 1775, de una logia, cuya presidencia fué otorgada á la Duquesa de Bor- bon, celebrándose una espléndida y suntuosa fiesta en el mes de Mayo de aquel mis- mo año, para darle posesión de tan elevado cargo, y en la que dirigió los trabajos el Duque de Ghartres, que era á la sazón Gran Maestro de la masonería francesa: entre 648 HISTORIA GENERAL los asistentes^ por más que pueda parecer extraño^ se hallaban las Duquesas de Luin- otras nes y de Brancas, la Condesa de Gain rus, la Vizcondesa de Tabanne, y muchas damas pertenecientes las por su nacimiento á aquella encopetada nobleza, entre que tantas victimas hizo la guillotina. En 1777, hallamos registrada una nueva fiesta celebrada por la Logia del Candor, á la cual asistía la duquesa de Cbartres, la princesa de Lamballe, las duquesas de Cboisel-Gufier, de Rocbeetvir, de Lomeniel, de Nicolai, la condesa de Brianes, las mar- quesas de Rocbambeau, de Bettizy, y de Geulis, y al mismo tiempo que estas, hallamos consignada la creación de analogia titulada de las Nueve hermanas, cuya presidencia se dió á Ana Catalina de Liguiville d'^ Oticourt, esposa de Juan Claudio Adrian Helvetus, que babia nacido en el castillo de Liguiville en 1719 y que murió en 1800. Su talento y sus raras y relevantes cualidades, la hicieron digna de figurar en la sociedad mas dis- tinguida, manteniendo relaciones con los hombres mas distinguidos en las letras y en las ciencias entonces florecian. Su papel en la masonería de adopción es bien que por reducido, pues retirada á Auteuil, después de la muerte de su marido, no se mezcló en ningún asunto y manifestó gusto solo en recibir y dar hospitalidad en su castillo á filó- sofos tan distinguidos como Holvach, Frankclin, Tisgot, Ceoliasais y otros. Otra de las logias de adopción mas célebres es la titulada del Contrato social, cuya presidencia se confirió á la infortunada María Teresa Luisa de Savoya Coriflan, cuya biografia y retrato, nos parece conveniente dar en nuestra obra. La intima amiga de María Antonieta á quien no tuvo inconveniente en manifestar el alto grado masónico á que habla llegado, nacida en Turin el 8 de Setiembre de 1749, y á la edad de 17 años contrajo matrimonio con el príncipe de Lamballe, que no con- taba mas de los 20. Este matrimonio, celebrado en Turin en el mes de Enero de 1767, ofrece una curiosa particularidad; en representación del esposo, condújola á la capi- lla el principe Victor, hermano de la desposada; al salir de la ceremonia, la desposa- da acostó vestida completamente con su hermano en presencia de toda la se Corte, teniendo solo un pié descalzo, en tanto que en el otro conservaba la bota y la espuela, ceremonia simbólica que legalizaba la consumación del matrimonio por poder. La joven, princesa se reunió el 1.° de Febrero á su esposo, digno discípulo de la corte mas corrompida de Europa, el cual con sus escándalos causaba la desesperación de creyó remediarlo todo haciéndole contraer matrimonio. Ni aun asi su padre, que fué posible traerlo al buen camino; los encantos y la belleza de sujóven esposa, ape- ■ or- nas si lograron retenerle tres meses, al cabo de los cuales lanzóse de nuevo á las no gias, en las que contrajo una vergonzosa enfermedad que le condujo al sepulcro, sin que antes hubiese contagiado á lajóven. Esto, que hubiera sido en cualquiera otra época motivo de indecible escándalo, no llamó entonces la atención de nadie, pues como ha dicho el poeta: «Regís adexemplar totas composítur orbís.» Antes de que se celebrara el matrimonio, del que habia de ser Luis NVI, con Ma- ría Antonieta, algunos cortesanos tramaron intrigas para ver de llevar hasta el trono á la viuda de Lamballe, Maestra pero estas no dieron resalado, y la futura Gran historia gbner.\.l - osï^íòiiles, por más que pueda parecer exlraficq so liallaban ias Duquesas do L·i. , r \ dt^ muchas oü-jí- .« -■ y de Bl ancas, la Condesa de Caiurus^ la i,e,oudesa Tabáimíq y entre las «Jamas pcrteiiecLentes por su nacimiento á a/jui·ila encopetada nobleza, qu- 1 amas victimas hizo la guillotina. d-d En 1777, hallamos registrada una nueva fiesta celebrada por la Logia Candor., d< á la cual asistía la duquesa de (ihiirlres, la pHhcesa de Éamhallc, las duquesas Ciiqisel-Gufier, de RochHctvir, de Lomeniel, de Nicolai, la condesa de Bñanes, las ma; quesasde Rochaipbeau, de Bettizy^-y deGeulis, y al mismo tiempo que estas^ hallamos consignada la creación de una logia titulada de las Nueve hermanas, cuya presidencia so dió á Ana Catalina de LiguivillgLd^Otrcourt, esposa deJuan Claudio Adrian Helvetus \ que habia nacido en el castillo de Liguiville en 17i9,y que murió en 1800. Su talento sus raras y relevantes. 0¿%tlic|ades, la hicieron digna de figurar ca ía sociedad mas dis tinguida, manteniendo róldófones con los hombres mas distinguidos.cn las letras y en las ciencias (|ue poiieiítónces florecían. Su pqpel en la masoneria de adapción es bien reiu-uG á Ameuil drsuíif de ti mueríe dc SU marido, no -se mez< ló en )-«idncido, pvt..- s ihngun asuníoy m -'iii- -ffi reoibí; dar hospitalidad e^^su-castilh' ;> fii':- seh);^ e'i ..gi-iO (Unlvach, Pranlvcliiu Tisget, Ceoliasais y otros. . - >u v.-j 'pcim mas célebres es la titulada del Contrato social, «myí. e i.;.-. : .. pi'esiíieiicia se (van'irió .á la infortunada Alaría Teresa Luisa de Savoya Coriñan, cuya biografia y retrato, ttos pgrece conveniente.dar en nuestra obra. A La int i üia amiga de-Maria Antón ici a á quien no tuvo inconveniénte en mumtesta: el alto grado, nriasójneo?Srqué hqhia ircíJadr). rru-ida en Turin ei.&de Setiembre dj-174''. y á la edad de 17 años contrajo matrimonio con el príncipe dc^Lamballe, que coi; de los 2tT. Este matrimonio,celebi'ado-^en Tui-in ew-el mes do Enero ü--1707 taba mas ofrece una curiosa particularidad; en representación del ^poso, cond ájela á ta capi í • lla el la principe Vicioi', hermano de la desposada; al salir i·le ia ceremonia, pos,-. d.t se aer;i> cni ti- su padre, que creyó remediarlo todo haciéndole contraer matrimonio. N; e.ju a?- - fué posible traerlo al buen camino; los encantos y la belleza de su joven esp: np» • si lograron retenerle tres meses, al cabo do los cuales lanzóse de nuc'- --» ti las «a .i las contrajo una vergonzosa enfermedad que le condujo vn j'o, it- ■ •• en «pie antes Injbiesc contagiado á lajóven. Esto, que hubierasido.cn cue.sy a'-raotr- r -v- •'-o dé «tvhícible escándalo, llamó entonces ia atención .d»; oo no fic, pue -i- , ■■■iptp' cornposiíue oí-bi's.» f-'m M: . Antes de lebruna el matrimonio, del que habia d" ser Luis .< -I . pei'o estas no dieron resuladt.), y ia futur;: DE LA MASONERÍA 649 de la logia del contrato social^ tuvo que resignarse con el distinguido puesto que en la corte tenia^ gracias á su benevolencia primero^, y á la intima amistad con que después la favoreció la reina, que la asoció siempre á sus bailes, á sus espectáculos partícula- res y hasta las famosas carreras en trineos por el hielo que de 1772 á 1776 fueron una de las más preciadas diversiones en los estanques de Versalles. Esta amistad se enti- bió un tanto en 1776, siendo suplantada Mme. de Lamballe en el ánimo de la soberana, por la condesa de Polignac, lo que motivó que la princesa se alejara de la Corte, aun que sin perder el rango que en ella tenia. En 1779, se afilió á la logia masónica del Candor, que contaba también entre sus adeptas á la duquesa de Chartres y á la de Borbon. En el mismo año presidió, como hemos dicho, la del Contrato social, y más tarde, en 1781, fué elegida Gran Maestra de la logia, madre de adopción escocesa, es- cuchando al hermano Robicieau cantarle en nombre de la logia estrofas galantísimas, como la de: Amour ne cherche plus ta mere Aux champs Eguido ou de Paphos; ^Mnus abandonne Cythére Pour prendre á nos travaux. En 1778, hizo un viaje á Holanda con la Duquesa de Chartres y Mme. de Gaulis, y durante muchos años, no pareció por Versalles ni por Paris más que en las ocasiones solemnes, én las que no podia ménos que comparecer para cumplir los deberes de su cargo. En 1781, la amistad de la reina, que durante tanto tiempo parecia haberse ex- tinguido, se reanimó repentinamente; más que nada, gracias á la necesidad que sentia la reina de tener á su lado una persona leal y desinteresada, que la distrajera un tanto del movimiento, revolucionario que ya se comenzaba apercibir. A propósito de esto, Michelet dice lo siguiente: «Bien ó mal tratada la princesa de Lamballe, permaneció tierna y fiel, con la constancia propia de los que han nacido en su pais. La reina no tenia necesidad de tratarla bien; estaba segura de su amistad, y se servia de ella sin miramiento alguno para toda clase de asuntos, y para todas las intrigas, compróme- tiéndela de todos modos, usaba y abusaba de ella. Cuando estalló la revolución, Mme. de Lamballe tuvo ocasión de manifestar su afee- to, y fué para la reina un precioso auxiliar, tanto más, cuanto que era la única que habia quedado al lado de la reina. Después de las sangrientas jornadas de Octubre, voló inmediatamente á instalarse en las Tullerias, sirviendo desde entonces su salon á la reina, para la recepción de algunos miembros de la asamblea, á quien se trataba de ganar, asi como también, para celebrar conferencias con algunos escritores realistas, y hombres politices muy comprometidos y muy impopulares; de modo, que esta des- graciada, cuya debilidad y falta de carácter eran notorias, aparecía á los ojos del pueblo, como el espíritu malo de la reina y como una especie de jefe de facción, favo- recedora de las intrigas y manejos de la corte, con todo lo cual, se labraba poco á poco el ódio de las ímasas que tan fatal le fué al cabo. . Cuando la buida, Vafénnes fué puesto al corriente de aquella tentativa desesperada, 82 050 HISTORIA GENERAL en la que la corte creía hallar su salvación. Abandonó las Tullerías el 21 de Junio de 1791^ al mismo tiempo que la familia real, dirigiéndose á Bolonia, donde se embarcó con rumbo á Inglatera. Durante mucho tiempo no ha podido averiguarse cual fué el fin de aquel viaje, acerca del cual varios autores han aventurado las más extrañas conje- turas, más luego que se publicó la correspondencia secreta de Maria Antonieta, se ha podido saber, que la misión de que se encargara á la princesa Lamballe, no era otra que la de arbitrar, socorros para los ya en desgracia reyes de Francia, que ningún re- paro tenían en solicitar el apoyo de las bayonetas extranjeras. En una carta de la reina María Antonieta, dirigida á su hermana Maria Cristina, emperatriz de Austria, halla- mos lo siguiente: «La princesa de Lamballe ha hecho secretamente por agradarme el penoso viaje á Inglaterra, la reina y sus hijas la han acogida muy cariñosamente, pero el rey Jorge, se halla privado de razón. Allí gobierna el canciller Pitt, el cual le ha di- cho cruelmente, y casi en términos expresos, á la princesa, que nosotros mismos so- mos la causa principal de nuestras desgracias.» Como de esto puede juzgarse, asi como también de la conocida intención de Maria Antonieta, de enviar al dócil mensajero á la corte del rey Leopoldo, con el mismo ob- jeto, se comprende que las sospechas de los liberales revolucionarios franceses, eran harto fundadas, y que si la princesa de Lamballe no era una consejera temible, por el prestigio de que gozaba en el ánimo de los reyes, era por lo ménos, un agente activo y decidido á emprenderlo todo para prevenir la contra revolución, y aun tenia^que pa- recer mucho más peligrosa, dado que su intima amistad con la reina, hacia suponer que se contaba con ella para todo, y que conocía los planes que se tramaban por los realistas. Después de haber permanecido durante algun tiempo en Inglaterra, sin que sus gestiones dieran ningún resultado positivo, se trasladó á Aquisgrand, volviendo poco después á Francia, teniendo que detenerse en Vernan á causa de una enfermedad que le impidió volver á las Tullerías, hasta el mes de Noviembre de aquel año 1791. No ca- be suponer que ignorara los muchos peligros que tenia que recorrer, pero fiel y consa- grada en todo al servicio de la que la honraba con su amistad, no tuvo nada en cuen- ta, ni se paró en consideración alguna. Verdad es, por otra parte, que la princesa, sea porque sus conocimientos no alcanzaran á ello, ó porque se le ocultaran gran número de detalles, no podia juzgar perfectamente la situación en que Francia se encontraba, ni menos preveer los terribles acontecimientos que se preparaban; es de notar, sin em- bargo, una circunstancia, en presencia de la que es fuerza conocer que abrigaba sérios temores acerca de su suerte, pues antes de entrar en Francia hizo testamento, el cual está fechado en Aquisgrand, el dia 11 de Octubre de 1791. Desde el'momento, en que por decirlo asi, volvió á entrar de lleno en el desempe- ño de las funciones que la corte le tenia confiadas, su tarea fué más ingrata y peli- grosa que nunca, pues ella casi exclusivamente era la encargada de recibir en el pabellón de Flora á los funcionarios públicos y á los hombres políticos de todas las clases, á los que era menester ganar ó vigilar condenando sus opiniones y su actitud con respecto á la monarquia. Menester es confesar que su misión era de las mas sin- DE LA MASONERÍA 651 guiares pues tenia que abrir informaciones, acerca de la manera de pensar, de la con- ducta que observaban y de las visitas que recibian todos los individuos pertenecientes al servicio de los reyes; habla encargado á sus espías de vigilar á Mme. de Champan, dama de honor de Maria Antonieta, muy fiel para esta, y acabó por dirijirse á ella para que le ayudara en aquella tarea, bastante pueril por cierto. El 11 de Agosto, la princesa de Lamballe realizó un nuevo sacrificio, cual fué el de acompañar á la familia real á la asamblea, y después al templo, sacrificio mucho más meritorio, por cuanto, según refiere un testigo ocular, aquella pobre mujer enfermiza, iba muy abatida temblando y aterrada. En la noche del 19 al 20 de Agosto, fué trasla- dada al Hótel de ville, y después á la Force, en compañía de otras muchas señoras, que como ella, pertenecían al servicio de la familia real: tal vez entonces comenzó á com- prender, que su afecto la habla llevado demasiado lejos, y que comenzaba á experi- mentar pruebas muy superiores á las fuerzas con que contaba para afianzarlas, y es lo cierto, que desde entonces hasta su fin, que ya se hallaba muy próximo, pasó por trances que acreditan su valor, nada común, y que en este caso hay que suponerlo hijo de la necesidad. Sobrevinieron los que la liistoriaMesigna con el nombre de asesinatos de Setiembre, y el ruido confuso, los gritos y las lamentaciones que llegaron hasta los oidos de la infeliz prisionera, aumentaron su terror hasta el punto de que permaneció acostada, tapándose la cabeza con las sábanas, como acostumbran los niños, cuando el terror los domina. Habia visto partir libre á su compañera de prisión Mme. Tourcalasi, como también á otras muchas de las que alli habian sido conducidas con ella, y estos man- damientos de libertad, que en cualquier circunstancia hubieran animado á los que se hallaban en su caso, no hicieron más que redoblar sus temores, previendo lo que ha- bia de ocurrirle. En los dias á que nos estamos refiriendo, se hallaba en la prisión á que los franceses llamaban pequeña Force, y en la mañana del 3 fué trasladada á la grande, separada de aquella por un grupo de casas, y la que tenia su entrada por la calle de los Valets, á dos pasos de la de San Antonio. Alli se habia constituido un tribunal improvisado, como el de la Abadia: Mme. de Lamballe fué conducida entre los terribles y severos jueces, entre las siete y las ocho de la mañana. La parte que la atribulan en las conspiraciones de la corte, la impopularidad de Maria Antonieta que recaiaAobre ella, las cartas comprometedoras que se le habian ha- liado en el peinado, cuando se la registrara, al hacerle la primera interrogatoria, y por último hasta el apellido mismo de Borbon, que debia á su poco feliz matrimonio, da- ban lugar para asegurar que su pérdida, era segura; y que su condenación estaba dic- tada de ante mano, máxime, cuando eran aquellos los momentos en que el pueblo de Paris, se manifestaba ciego y frenético, asi como también, exasperado hasta la exage- radon contra aquella aristocracia, de la que tantos vejámenes é insultos tenia recibi- dos. Sin embargo, cualquiera que sea el punto de vista, desde el cual se considere lo ocurrido con aquella desgraciada, hay que censurar los procedimientos abusivos y de fuerzas, que con ella se llevaron á cabo, por más que según afirman no pocos autores, 652 HISTORIA GENERAL haya más de un motivo para dudar de que sean ciertos, todos los detalles que se re- Aeren de su muerte, lo cual forma uno dé los más interesantes episodios de la historia moderna. Conducida, como hemos dicho, ante el tribunal, la infortunada princesa, que pade- cia de crisis nerviosa se desmayó dos veces, lo cual hace dudar de todo cuanto se ha manifestado por ciertos historiadores acerca de su aptitud heróica y sus contestaciones elevadas. Nada pudo valerle, y á pesar de que algunos hicieron esfuerzos para mejorar su suerte, el presidente pronunció la fatal sentencia en los tan conocidos términos de «Conducid á la señora.» Sacada fuera, en la calle del rey de Sicilia se desmayó de nuevo á la vista de los cadáveres y de los degolladores; uno de aquellos miserables quiso arrancarle la toca con la punta del sable, y le hirió en la frente; entonces otro la_ derribó de un golpe y fué rematada á sablazos y lanzadas. Existen multitud de ver- sienes acerca de la manera como fué herida y acerca de cuales fueron los primeros que la hirieron, como también de los que la cortaron la cabeza y tomaron paide en todos los detalles de la terrible tragedia. Según las relaciones á que nos referimos, el cadáver fué despojado de sus vestidos, desgarrado y mutilado, hasta las partes na- turales, sufriendo otros muchos ultrajes que pasamos en silencio. Que el cuerpo sufriera ultrages, es muy probable, y hasta cierto, pero que haya su- frido todos los que se enumeran en no pocas relaciones obscenas, es muy discutible y no digno del entero crédito que ha merecido á muchos. Hay más: existe en los ar- chivos de la perfectura de policia, una acta circunstanciada del comisario que hizo levantar el cadáver, y de la cual resulta claramente, que el cuerpo estaba intacto so- bre la cabeza. Sería bien diñcil admitir, que un documento de esta naturaleza no hi- ciera comprender los horrores que se cuentan, si en realidad hubieran acaecido. Lo que está fuera de duda, es, que los asesinos cortaron la cabeza de la infortunada prin- cesa, y la pasearon clavada en una lanza por todas las calles de Paris, llevando su crueldad hasta el punto de llevarla bajo las ventanas del Temple, para enseñarla á los prisioneros, y que la llevaron del mismoTiiodo bajo los balcones del pedáis royal, para presentar tan triste trofeo al Duque de Orleans. Algun tiempo después se aventuró la idea por algunos escritores realistas de que este principe era quien había hecho asesinar á la princesa de Lamballe, para evitarse tenerle que pagar una considerable renta á que estaba obligado, pero esta aserción, á más de infame, es absurda, por cuanto la renta de que se hace mención gravaba solo á los bienes de la duquesa de Orleans, que, en aquella época, estaba separada judi- cialmente de su marido. Entre los verdaderos asesinos de la princesa, se cuentan uno llamado Chariot, tambor, que partió poco tiempo después para la Vendée con los vo- luntarios parisienses, y al que mataron sus enmaradas por la participación que había tenido en el crimen, además un gendarme licenciado á quien llamaban el gran Nicolás, y que fué condenado por este hecho en 1796 á veinte años de cadena. Grizon que ñgu- ró el año X en el partido realista y que fué guillotinado, asi como otros muchos. Además, durante la reacción bajo el Imperio y hasta en tiempos de la restauración, se hicieron muy comunes las acusaciones de semejante crimen, que llegó á ¡lacerse legen- DE LA MASONERÍA 653 dario^ sin que quedara ningún barrio en Paris en el que no fueran designados uno ó varios individuos^ ya como asesinos directos de la princesa de Lamballe, ya como de los que pasearon su cabeza por las calles de la población^ dándose con esto, motivo á escenas, algunas de las que merecen ser conocidas. Uno llamado Vienais, entre otros, que habitaba en la calle Sainte Honoré y al que se perseguia con esta acusación, que sin duda era calumniosa, acabó por suicidarse desesperado. Durante el reinado de Luis XVI11 se llegó hasta acusar á Tinó, de la academia francesa, el cual, cuando los asesinatos de Setiembre, se encontraba realizando una misión en Savoya. Una noche en un salon, un coronel miró con bastante altivez y hasta con desprecio al académico, llegando hasta pisarle brutalmente el pié: «Lleváis muy alta la cabeza» le dijo Tinó. «A lo menos, no llevo más que la mia», le replicó el coronel. Mediaron vivas explica- ciones y aunque la frase hizo fortuna entibe los del partido realista, nadie dió crédito á tan absurda acusación. Hemos dicho cuanto acerca de la masonería de adopción, en su primera época, puede decirse, y nuestros lectores habrán podido convencerse de que no carecen de razón las censuras que desde que lo enumeramos, nos ha merecido. En el curso de nuestra obra tendremos ocasión de ver que, no ha mejorado su carácter, si bien es cierto que no podia hacerlo; cuando las instituciones aparecen en el terreno de la bis- toria, sin necesidad que las justifiquen, y sin condiciones para mantenerse y realizar un fin, tienen que desaparecer forzosamente. Las logias de adopción no fueron nunca una representación fiel y exacta de lo que debe ser la verdadera y formal logia masónica, sino, que surgiendo por deseos nada justificados, y realizando solo hechos y actos de sociedades puramente de recreo, se mantuvieron en auge solo el tiempo en que cstu- vieron de moda, y se la llevan; cuando no hubo ocasión para realizar los fines de su instituto, cosa, que como sabemos, no puede ocurrir con la masonería, los banquetes, los bailes, las reuniones galantes, no suelen celebrarse siempre, y esto provocó más que nada la decadencia de las logias de adopción; el socorro, auxilio y amparo de los necesitados, la ilustración de los semejantes, el establecimiento de relaciones entre to- dos los hombres que pueblan la tierra, son misiones elevadas y grandes, en cuya pro- secusion no hay que descansar un momento, y que pueden llevarse á cabo en todo tiempo y en cual(|uiera que sean las vicisitudes de la época. CAPÍTULO XXXII. Lfi masonería en Francia.—Continuación.—Carácter de las logias y de los dignatarios que se hallaban al fren- le de ellas.—Irregularidades y desórdenes.—Formas arbitarias en la expedición de patentes.—Causas que además de 1 s anunciadis cmtribuyen al mal estado de la asociación. —Sus resultados. La reforma de Ilanzay en Francia.—Fines s erdaderos que con ella se p opuso conseguir.—Procedimiento empleado.— Elementos que contribuyen á ella.—Elemento serio y formal de la masonería en París.—El gran maestre conde de Clermont.—Abusos á que necesariamente tenía que poner remedio para conseguir la reorganiza- cion de la Sociedad.—Inconvenientes que se presentaban. — Obras en pro y en contra de la orden durante este período.—Aparición y desenvolvimiento de los altos grados.—Los partida-ios de los Estuardos.—La orden de los Cabdleros de Jerusalen.—Su historia ¡y vicisitudes.—Falta de relación entre esta y la ma- sonería.—Acta publicada por Kloss.—Pre'ensiones que revela.—Falta de fundamento de todas ellas.—Los masones de Arras y los de Toloía en defensa del capítulo de Rosas Cruces.—Actitud del pretendiente Cár- los Eduardo.—Nuevas persecuciones contra la órden.—Causas que las motivan.—Reforma del Código masónico.—Su carácter.—Continuación de los desórdenes.—Creaciones de Bonneville.—Los Caballeros de Oriente y los caballeros de Oriente y Occidente.—Lugar que estos grados ocupan en los Rituales.—Exá- men de ellos.—Sus catec'smos y reglamentos.—Juicio crítico. EGUN venimos viendo^ los comienzos de la masonería en Francia, no podian sernos fatales y nadie hubiera podido decir que la sociedad tenía tan ele- vado y digno modelo en Inglaterra, á juzgar por la marcha irregular que seguia. Si consideramos atentamente todo lo que hemos expuesto, en el afan de hallarle explicación, esta resulta muy difícil, pues no hay causa determinada y concreta que pueda satisfacer para el todo: en parte, pudie- ra explicarlo el estado de agitaciones y lucha en que la nación se hallaba á consecuencia del movimiento politico, y no poco podia influir también, las notas características del pueblo francés, en el cual, las instituciones, lo mismo en los demás países meridionales, tardan mucho en formali- que zarse. El resultado es, que propiamente hablando, en dos años que acabamos de historiar, dado lo único que alli se habla realizado, los franceses no tenían maso- y neria, cuanto en nada la sociedad que hablan formado se atenia á las constitució- por lies y reglamentos que la órden le habla dado en su fundación, y que venían depura- dos tras tantas luchas y contrariedades, Las logias no eran más que reuniones de DE LA MASONERÍA 655 genle de buen humor que no tenían más ñn que divertirse^ ni otro agradablemente objeto el que pasar tiempo; los poderes organizados no sino respondían á más bien ningún al lucro principio^ y al medro; por cuanto sabemos que el que te precio^ conseguía median- por supuesto^ una patente para constitución de logia^ se hacia inamovible venerable y su voluntad era la ley: él podía dictar las medidas ciera; él que mejor le podía á pare- su capricho y árbitrio^ señalar las cuotas que tenían satisfacer los hermanos^ que organizar los trabajos y señalar los días de tenida^ pero sin que nada de esto estuviera regularizado por una ley especial, dado que la conducta del hubiera venerable podido ser sometida á censura en ciertos y determinados casos. Aun á pesar de todo esto, tan defectuosa organización hubiera podido gunU'garantía, presentar al- si los venerables aquellos hubieran sido personas de posición arrai- go, y personas dignas y señaladas por su saber é ilustración; mas tampoco esto hecho: desgraciadamente, era un el mayor número de los que acudían á de constitución, compilar patentes eran dueños de hosterías y cafés, que á dar vian semejante paso, no se mo- por amor á la humanidad, ni llevados del deseo de conseguir que los hombres se reunieran, estableciendo entre si eternos é indisolubles lazos, para que mutuamente se dispensaran protección y auxilio, sino que lo hacían comprendiendo conveniente que nada más para sus propios intereses, que constituir una logia, centro de reu- nion fuera cuyo su misma casa, la hostería ó el café; con lo cual, el consumo que los herma- nos hacían era ganancia liquida, dado que para compensarle el de la habita- tacion alquiler y los demás gastos que pudieran ocasionar, bastaba la cuota que cada herma- no satisfacía. Si grande influencia determina en la marcha anormal é irregular de la masonería francesa, semejantes abusos, hay otras causas que contribuyen estado poderosamente á su que sea digno de las mayores censuras. No contentos con falsear la organización externa de la orden, estableciendo poderes á su antojo, y creando logias á su no satisfechos capricho; con haber hecho dejenerar lo que era santo y bueno, en foco de inmo- ralidad y corrupción, falsearon también sus principios, y á partir del momento en tal hicieron, que puede decirse, que no tuvieron masonería, pero como bian logrado compensación, ha- sus más fervientes deseos: ya podían decir en todos los lo tonos, que tenían que más han deseado los franceses en todos los tiempos, lugares de recreo y dis- tracción, sin que ningún elemento les faltara. Bien mirado, las reuniones de hom- bres solos tienen pocos encantos, y para conseguir la espánsion del en su más alto espíritu grado, para llegar á las satisfacciones que el corazón parece exigir evidentemcn- te, la naturaleza ha puesto á nuestro lado á la mujer, y los masones franceses las echaban de menos en sus logias, si es que lo que tenían constituido, merecía el nom- bre de tal. No, ciertamente, si lo hubieran sido, jamás hubiera cruzado por su mente la perniciosa y fatal idea de crear una masonería andrógena, pues esto se solo oponía, no á lo ya escrito, para regular la marcha de la órdén, sino ' que también á todas las tradiciones en que la misma orden reposaba. Claro indicio sería este, si faltaran to- dos los demás, para afirmar de una manera rotunda y terminante, que no habían 656 HISTORIA GENERAL comprendido ó no querían comprender lo que era la masonería, y que tal nombre lo al tomaron solo para cubrir las apariencias. Por torcidos caminos jamás se llega bien, y esta verdad pudo ser confirmada una vez más, con lo ocurrido en Francia. Las per. secaciones sobrevinieron, más atra- que por nada, por los escándalos; los escándalos este desprestigio, fue causa de que se considerara á la orden jeron el desprestigio y como una sociedad inmoral, centro de gente sin ocupación, amiga de placeres conti- te- naos, banquetes y orgías escandalosas; ideas, que si no completamente acertadas, nian buen cuidado en propalar los jesuítas, y en general todos los enemigos de la ór- den. Bien hemos visto los resultados que consiguieron, por las razones que acabamos de exponer, y las mismas no dejan de tener una influencia decisiva, en lo lenta que fué la Organización masónica en la nación vecina. Á estos inconvenientes, á estas alteraciones, vinieron á unirse las perniciosas re- formas que introdujera Ranzay, y á las que los franceses concedieron desde luego pa- tente de entrada, aceptándolas en su totalidad, por lo mucho que las prácticas y cere- monias que habia que llevar á cabo en los grados elevados, les seducían y agradaban. Verdaderamente, los más reputados historiadores masónicos, después de larga y de- tenida polémica, en la que han estudiado cuantos documentos pueden hallarse, han venido á concluir, que el establecimiento de estos grados elevados, en los rituales ma- sónicos, tuvo lugar primeramente en Francia, donde el tan adicto á los Estuardos y el tan celoso defensor de su perdida causa, estaba establecido desde hacía muchos años: antes de que partiera para Roma, con objeto de encargarse de la educación de los dos hijos del pretendiente á la corona de Inglaterra, es posible que hubiera estu- diado ya, y madurado su plan, en el cual como sabemos, entran por mucho no pocas ideas, que tenían que halagar necesariamente á los franceses. Nada más lisongero para ellos, efectivamente, que pertenecer á una sociedad, de la que se afirmaba que muchos hablan sido establecidos por Godofredo de Bouillon, nádamenos que en la me- grados morable época de las cruzadas, y de la que otros grados eran restos de la extinguida órden de los templarios, la cual, desapareció por las injustas persecuciones de que fue- ra objeto por parte del poder temporal y del espiritual; pero más que nada, lo que forzosamente tenía que seducirles, como ha seducido después en todos los países per- tenecientes á la raza latina, era el aparato fastuoso, las joyas relucientes y las aparato- sas ceremonias que se llevaban á cabo en la imposición de los grados, con que fué adi- clonado el primitivo y sencillísimo ritual. La reforma de Ranzay, que como ya sabemos, no tenia mérito alguno para re- cibir el calificativo de Escocesa, hemos visto que produjo funestos y perniciosos resul- tados en el seno de la masonería inglesa, masonería que ya él encontraba casi perfec- tamente organizada, y que podia luchar ventajosamente contra cualquier secta que llegaran á constituir los partidarios de tan inútil formularismo. Pero esto sucedía en Inglaterra, donde el carácter particular de los masones se prestaba muy poco á la vana ostentación, sido y donde los principios fundamentales de la órden, habían per- fectamente comprendidos y contaban ya con ancha, sólida, y segura base. Desgraciadamente en Francia no podía ocurrir lo mismo, y el estado masónico DE LA MASONERÍA 657 en que la sociedad, masónica se encontraba en este pais^ vino á empeorarse con la adopción de los grados elevados que se suponían inventados por una necesidad que fué necesario crear entonces y que á ningún resultado práctico podían conducirla-. Tenemos pues^ de una parte las irregularidades en la forma, de otra, las irregula- ridades en la cuestión de fondo, y todo esto aunado, daba lugar á una sociedad, que, si bien habla tomado el nombre de masonería, no lo merecía por ningún concepto. Habla alli una porción de elementos eterogéneos, de los que mas tarde podían resul- tar algo bueno pero que por el momento, no daban mas que confusion y motivos para que la masonería no adquiriera desde luego el carácter determinado que debe tener; siguiendo cada uno sus inspiraciones, cada cual bada lo que mejor le parecía, ó en realidad, lo que estaba mas de acuerdo con su propia conveniencia; órden, no habla ninguno, y de aqui que en las obras que contra de la sociedad se publicaran por enton- ees no hayan mas que divergencias acerca de lo que se dice sin concretar puesto nin- guno, mereciendo ser consignado el hecho de que tanto en estas como en las que se de- bian á los partidarios de la asociación, no se halla mencionado nada que pueda ha- ceñios comprender que el establecimiento de los grados elevados era un hecho, á pesar de la activa propaganda que su autor hacia. Entre las primeras de estas obras, debe contarse la de Gabriel Luis Calabre Pesan, nacido en Paris en 1700, y muerto en 1767: individuo de la Soborna, se caracterizó bien pronto, gracias á sus talentos y al vigor conque siempre defendió los derechos de la Iglesia católica, al cual se debe el libro titulado La órden de los franc-niasones tradicionada y en secreto revelada, que fué publicada en 1744; y entre los segundos, la de Luis Travenol, célebre literato fran- cés, nacido en Paris, en 1710 y muerto en la misma ciudad en 1780. Su obra, que lleva por titulo. El catecismo de los f]xtnc-mctsones,\o mismo que la anterior que hemos citado, no permiten determinar cuales eran los principios en que reposaba aquella tan revuelta masonería. - A pesar de esto, como no hay regla sin excepción, justo es recordar que existia en Paris un centro de buenos masones, cuya creación se debia á ciudadanos ingleses es- tablecidos en la capital de Francia, ya por razón de 'sus negocios, ya á consecuencia de las persecuciones que sobre si hablan atraído por su amor á la causa de los Es- tuardos. Los primeros dignatarios que estuvieron al frente de este grupo, fueron in- gleses también, pero después, no faltaron individuos de la más elevada aristocracia francesa que se pusieran al frente, de lo que podia ser llamado cuerpo masónico,y ya hemos visto que desempeñaba la jefatura el Duque deAutun, el cual harto jóven toda- vía, murió en Paris el 9 de Diciembre de 1743, sin que estuviera designado el que habla de sucederle. Sin embargo, como los que hablan estado reunidos bajo su direc- clon, eran verdaderamente masones de buena fé, que hablan entendido siempre cua- les eran los propósitos de la masonería, y que deseaban vivamente su conservación, comprendiendo que á ello no podia llegarse sino mediante el más perfecto órden, no tardaron en tener jefe; pues con efecto, dos dias después de muerto el anterior Gran maestro, ó sea el 11 de Diciembre de 1743, fué electo el Duque Luis de Borbon, Conde de Clermont,-él cual mereció los sufragios de diez y seis logias. 83 658 HISTORIA GENERAL El 27 de aquel mes quedó instalado el nuevo Gran maestro, en el que cuantos her- manos deseaban el bien y prosperidad de la órden, babian puesto todas sus esperan- zas. Comprendemos que sus propósitos serian los mejores, pero la tarea que acometió era de las más árduas, y que necesariamente tendría que luchar con no pocos incon- venientes, dado que en realidad, lo que tenia que hacer, era reorganizar por completo la sociedad, cuya dirección se le habla confiado. Pocas veces un señalado honor ha llevado anejos deberes tan difíciles de cumplir, más necesario era en aquella ocasión que todos contribuyeran por su parte á una obra de tan reconocida utilidad, y que por desgracia venia siendo mal entendida y poco apreciada. Desde luego, era necesario determinar reglas y condiciones para dificultar la basta entonces, perniciosa facilidad babian que había existido en las recepciones; determinar las notas y cualidades que de poseer los individuos para ser admitidos en la órden, porque, en aquella época y por extraño que pueda parecer, bastaba que un individuo cualquiera solicitara admi- sion en la sociedad, para que esta le fuese concedida, siempre que satisfaciera la cuo- ta señalada. Una vez conseguido esto, tenia que atender muy preferentemente á la ilustración de la mayor parte de los hermanos, cuyo mayor número ignoraban que era la masonería y que resultados esperaba conseguir. Tenia, no ya que regularizar, sino crear, lo que propiamente hablando puede llamarse administración masónica, por que esta existía, sino los fondos se invertían ó distribuían, sin que se elevaran las no que más ligeras cuentas, y sin que se presentaran justificativos de que se babian invertido las partidas recaudadas. No menor que estos abusos, y tan digno como ellos de inmediato reparo, era la falta de cuidado en registrar los trabajos que se realizaban en las tenidas y asam- , bleas, por cuanto, por entonces los secretarios descuidaban tanto el cumplimiento de deberes, había logia que carecía en absoluto de actas, mediante las sus que que pu- dieran apreciarse las tareas que babian llevado á cabo, y mayor que estos, si se quie- re, era el abuso que representaba la inamobilidad de aquellos venerables que goberna- ban los talleres á su gusto, sin reconocer autoridad alguna, y que elegaban en sú falta á todos los principios de la órden, basta creerse capaces de expedir, al que mejor les pareciera, patentes para que á su vez abrieran nuevas logias, en las que se seguían los mismos irregulares procedimientos. Para conseguir todos estos resultados, que el que menos era de inmediata necesi- falta carácter una constancia á toda prueba, y un amor sin tacha dad, hacia un severo, bácia la órden, y aunque todas estas condiciones las reuniera el conde de Clermont, no pudo llegar á la realización de sus elevados fines, tal vez más que por nada, por los obstáculos que le crearon aquellos mismos que mas le debieran ayudar. Esto no obstante, de su tiempo datan las bases de la buena organización posterior, debidas á la publicación del código masónico, compuesto en su mayor parte, de artí- culos tomados del libro de las constituciones inglesas, ediciones de 1733 y 1738, mo- dificadas en la parte que necesariamente tenían que serlo, por razón de las circunstan- das de lugar y época: entre los artículos deque consta, hallamos la ordenanza siguien- te; «Habiendo sabido que desde algun tiempo á esta parte, hay ciertos hermanos que DE LA MASONERÍA. 659 se presentan con el titulo de Maestros escoceses^ y revindican en ciertas y determina- das logiaS;, derechos y privilegios de que no existe mención en los archivos ni en las tradiciones de alguna de las logias establecidas sobre la superficie de la tierra, la gran logia, con objeto de mantener la union y la armonía que debe reinar entre todos los franc-masones, ha decidido que todos estos maestros escoceses, anexos, que no sean oficiales de la gran logia, ó de cualquiera otra logia particular, deben ser conside- rados por los hermanos, como los demás aprendices o compañeros, cuyas insignias deben llevar sin ningún otro signo distintivo.» Claramente revela esta disposición, la existencia real del elemento extraño á la ma- sonería, introducido por Ranzay, el cual, no hay prueba alguna, en presencia de lo que pueda afirmarse que existia ya en alguna otra época anterior. En ninguna publi- cacion masónica anterior á 1740, bailamos cosa que nos induzca á creer lo contra- rio, y la titulada el perfecto mason, que vió la luz en 1744, dice á este propósito: «Aque- líos que se llaman maestros escoceses, pretenden constituir el cuarto grado,» palabras que no dejan lugar á duda, y que revelan como la admisión en Francia de lo grados elevados, es muy posterior á la constitución de la gran logia. Todo el fundamento pues, que la reforma tiene, no es más que la aseveración del mismo Ranzay, que co- mo nuestros lectores recordarán, decía en su discurso. «El nombre de franc-mason no debe tomarse en modo alguno en su sentido literal, grosero y material, como si aque- líos que establecieron la órden á que pertenecemos, hubieran sido simplemente traba- jadores en piedra, ó en marmol ó genios puramente ansiosos, que se hubieran aplica- do al cultivo de las artes. Eran no solo hábiles arquitectos que querían consagrar sus talentos y sus bienes á la construcción de Templos exteriores, sino que también prin- cipes religiosos y guerreros que querían edificar, iluminar y protejer los Templos vi- vos del Altísimo. Esto es lo que voy á demostraros, desarrollando ante vosotros el ori- gen y la historia déla órden. En el tiempo de las guerras santas, que tuvieron lugar en Palestina, muchos principes, señores y ciudadanos, formaron sociedad, haciendo voto de restablecer los templos de los cristianos en la tierra santa, y se comprometie- ron, por medio de juramentos, á emplear su saber y sus bienes, en volver la arquitectura á su primitivo explendor. Acordaron muchos signos antiguos y palabras simbólicas sacadas del fondo de la religion, para distinguirse de los infieles y reconocerse en me- dio de los sarracenos. Solo se comunicaban estos signos y estas palabras á aquellos que prometían solemnemente, y con frecuencia, al pié de los altares, no revelarlas ja- más á nadie. Esta promesa sagrada, no era pues un juramento execrable como algu- nos afirman, sino un respetable lazo establecido para unir á los hombres de todas las naciones en una misma confraternidad. Algun tiempo después, nuestra órden se unió intimamente con la de los caballeros de San Juan de Jerusalen. Desde entonces, y después, nuestras logias llevan el nombre de logias de san Juan en todos los países. Esta union se llevó á cabo, imitando la realizada por los israelitas, cuando recons- truyeron el segundo templo; mientras que con una mano manejaban el palustre, te- nian en la otra la espada y el escudo. Los reyes, los principes y los señores, al volver de Palestina á sus países, establecieron diferentes logias y casi en la misma época de 660 HISTORIA GENERAL las cruzadas se ven ya muchas logias erigidas en Alemania^ Italia^ España^ Francia y Escocia á causa de la intima y estrecha alianza^ que existia entonces entre estas dos naciones. ¿Qué fin podia reconocer esta propaganda^ basada en tan erróneas ideas como son las emitidas? á primera vista esta sola pregunta constituye un problema^ pues es difi- cil, dificilisimo hallar lazos de union entre los términos en que descansa y los principios que la verdadera masonería tenía reconocidos generalmente.? ¿Para que acudir á la interpretación simbólica tan pronto? ¿Para que recurrir á fingidas historias que no podían resistir ni aún á la más somera critica? En realidad no hacía falta alguna y verdaderamente, si los masones de buena fé hubieran meditado atentamente acerca de los términos en que la reforma venía concebida, hubieran podido comprender, sin rea- lizar grandes esfuerzos, que todo aquello ocultaba un plan altamente premeditado, ajeno por completo á los móviles fundamentales que debían impulsar á la Sociedad. Mas por desgracia no se pararon en consideración alguna; ciegos y desatentados, si- guieron adelante por aquel camino, que á nada bueno los podia conducir, y vanos fue- ron todos los esfuerzos que se hicieron para apartarlos de la senda que seguían: todo fué inútil, y el conde de Clermont tuvo que resignarse á que todos sus esfuerzos que- daran nulificados, tanto por las causas que anteriormente e.xistian, oomo por las que posteriormente vinieron á adicionarse. Queda, sin embargo, de pié una cuestión de la mayor importancia, y de ella nos va- mos á ocupar. Es esta la que se refiere á la aparición y desenvolvimiento de los altos grados, cuestión acerca de la que es mucho lo que se ha debatido sin que baya podido llegarse aun á una conclusion final lo bastante luminosa para que la opinion pública quede satisfecha. Después délos acontecimientos políticos que tuvieron lugar en Ingla- terra, á consecuencia de las pretensiones de los Estuardos, alimentadas incesantemen- te por el partido católico, cuyos principales focos estaban en Escocia, se establecieron relaciones secretas entre Inglaterra, Francia, Escocia y Roma, sostenidas, ya por individuos afiliados al partido del pretendiente, que habían quedado residiendo en la capital del reino unido de la Gran Bretaña, ya por secuaces que habían sido desterrados, ya en fin, por los nobles cortesanos que hablan acompañado al principe. Todos estos babian encontrado seguros puntos de reunion en las logias masónicas, si bien, por el principio, nadie soñó siquiera con que la masonería pudiera ser un seguro auxiliar que favoreciera sus planes políticos. Esta idea, que lo mismo en aquel tiempo que en los posteriores, había de ser tan fatal para la masonería, no parece haber surgido sino mucho después, hacia el año de 1724, cuando ya Ranzay se hallaba en Roma, desempeñando el cargo de preceptor délos hijos de Jacobo Estuardo; fecha que coincide con la .visita, que á este último hiciera el duque de Marton, que como nuestros lectores recordarán, había desempeñado el cargo de Gran maestro de la masonería inglesa, siendo también el primero, que, por su con- ducta irregular y nada justificada, promovió una de las exciciones mas sensibles que registra la historia de la comunidad. Mas, aunque sea cosa perfectamente sabida, que ya se había aventurado la idea de hacer servir á la masonería á fines políticos, y aun- DE LA MASONERÍA 661 que estos personajes mencionados la acariciaban^ no podían menos que comprender los grandes inconvenientes que la empresa presentaba^ y tenían muy en cuenta los grandísimos inconvenientes que hablan de presentarse antes de llegar á su perfecta realización. La masonería^ tal como ellos la comprendían^ la masonería^ según ellos sabían estaba organizada muy especialmente en Inglaterra^ no podían secundar sus propósitos;,y á partir de estepunto^ es cuando se concibe el inventar los altos grados constituyéndose asi una masonería especial que había de atraerse á gran número de gentes^ y de este modo^ bajo apariencias muy convenientes para distraer la atención de aquellos, que pudieran ser inducidos á sospechas, los partidarios de la tan perdida cau- sa podrían reunirse y concertar los planes que creyeran mas apropósito para la con- secucion de sus fines, y aun es mas, mantener vivas y constantes las relaciones entre países lejanos, favorecidos por el sustentado principio en la orden, de que todos los hombres eran hermanos, y que entre todos debían mantenerse eternos é indisolubles lazos. Si la reforma, talcomo ellos la concebían, se hubiera planteado en Inglaterra, el plan hubiera fracasado, pues allí sobre estar arraigada ya la orden en la forma que delna estarlo, se hallaban muy en baja los estuardistas, y atentos áesto, comprendieron que ningún terreno tan aproposito como la Francia, para que el plan de ellos fructificara: esta idea tenia dos puntos de apoyo considerables. De un lado el estado en que la órden se hallaba en el mencionado país, abría ancha vía á toda innovación de cualquier carácter que fuera, pues no existiendo principios fijos, ni credo determinado, nunca habían de faltar individuos que secundaran los planes que se propusieran, máxime si en estos entraba por mucho, como en la reforma escocesa acontecía, la vana ostenta- clon y el suntuoso aparato. De otra parte, y según ya sabemos, un gran número de las logias que trabajaban en París, habían sido constituidas y abiertas por ingleses, pero estos ingleses, por mas que hubieran adoptado las constituciones, reglamentos y esta- tutos que la Gran logia de Londres tenia sancionados, eran en su casi totalidad, des- terrados políticos, acérrimos partidarios de los Estuardos, entre los que también hay que contar á Dewennaters, los cuales comprendían que su rehabilitación y fortuna consistía casi únicamente en la subida al trono de Escocia de Jacobo Estuardo, ó de alguno de sus descendientes, por lo que forzosamente tenían que defenderlo á todo trance, haciendo servir á su causa cuantos medios tuvieran á mano. Para preparar convenientemente los trabajos, Ranzay se trasladó á Paris ingre- sando en una de las muchas logias que trabajaban en dicha capital, llegando á desem- penar el puesto de Gran orador, cargo, que, como nuestros lectores saben, era completamente desconocido en Inglaterra; sin perder de vista su principal objeto, comenzó desde luego una propaganda secreta y activa, encaminada á establecer los grados elevados, y con efecto, no desperdiciaba ninguna de las ocasiones que pudie- ran presentársele para ello. En los discursos de recepción, en los de apertura de lo- gias, en las iniciaciones, ponderaba siempre la antigüedad de la órden, sus méritos, hablando de su organización en los antiguos pueblos orientales, y encaminando el gran partido, que gracias á ella, consiguieron los cruzados en Palestina. PocDá poco, 662 HISTORIA GENERAL sé fué formando á su alrededor un grupo^ que si bien compuesto ai principio^ solo de partidarios de ios Estuardos que conocían ei fondo dei asunto, se fué aumentando con algunos á quienes no podía menos de seducir tanta lisonjera especie, que pocos se pa- raban á examinar. De este modo, la reforma comenzó á ganar partidàries y ios gra- dos elevados lucieron su aparición en ios rituales, antes tan sencillos y tan limitados. El primer catecismo de ellos, fué publicado en Alemania, hacia el año de 1742, estable- ciéndose en Berlin una logia que trabajaba según él mismo prescriiba: algun tiempo después en 1749 y 1750, se publicaron en Lille los mismos rituales, y por liltimo, en 1743, es cuando una logia de Lion acepta desde luego el grado de Kadosch, que como ya hemos tenido ocasión de manifestar, es el que representa la union hecha con la ma- sonería por la orden de los templarios, idea descabellada en su fondo y en su forma, pero que ha sido siempre una de las que más han halagado á los franceses, tal vez porque mantenerla, equivalia á protestar contra el papado, y contra la monarquia, que eran los dos poderes que se hablan puesto de acuerdo para destruir á la susodi- menos cha orden. Como esto les parecía aún poco, sostuvieron la tésis, no errónea, de que la asociación masónica se hallaba en intima relación con los caballeros de San Juan de Jerusalem, lo cual equivalia á reunir elementos completamente hetero- géneos. Estaórden de Caballeros de San Juan de Jerusalen, que también es conocida en la historia con el nombre de órden de Caballeros de Malta, fué la primera que se consti- (uyó con motivo de las cruzadas, remontándose, por tanto, su origen, nada menos que hasta mediados del siglo xi. Hacia el año de 1048, unos comerciantes establecidos en Amalfl, lograron permiso del califa de Egipto para construir una capilla en Jerusalem y al lado de esta, levantaron un pobre edificio destinado á dar abrigo y amparo á los en realidad no peregrinos enfermos ó necesitados, que allá fueran. Este hospital, pues era otra cosa, se puso bajo el patronato de San Juan Bautista, siendo encargados de su cuidado administración, unos monges que recibieron el titulo de hermanos ños- y cumplieron su cometido, y tantas fueron las buenas pltalarios. Tan perfectamente tenido obras que llevaron á cabo estos monges, á pesar de lo mucho que hablan que les hizo cuantiosas sufrir, que después déla primera cruzada, Godofredo de Bouillon, ricas donaciones con objeto de que pudieran atender de la mejor manera á los fines de y su instituto. Como las necesidades que alli experimentaban, eran de tan diversa indo- razón délas circunstancias, bien pronto los hermanos hos- le, y cada vez mayores, por pltalarios, no pudieron limitarse al cuidado y socorro de los peregrinos enfermos y que llegaran, sino, que tuvieron que formar patrullas armadas para acompañarlos, protegerlos de las partidas musulmanas, que vagaban por todas partes, para apode- ellos reducirlos ála esclavitud. Una vez lanzados en esta via, no tardaron rarse de y mucho en darse una organización, mitad religiosa, mitad militar, cuyos estatutos Raimundo de Puy fueron aprobados definitivamente, por el Papa Pascual II, y por de maestre ó Gran sucesor de Gerardo de Tune, que tomó al mismo tiempo el titulo maestro. Desdé entonces, la órden hospitalaria de San Juan de Jerusalen, como se á llamaba, por el lugar de su residencia principal, quedó difinitivamente constituida: DE LA MASONERÍA. 663 los tres votos de obediencia, castidad y pobreza, que generalmente se profesan en las órdenes religiosas, los caballeros pertenecientes á la de San Juan, anadian la Obligación de atender y cuidar á los peregrinos, y á la de concurrir á la defensa de la Iglesia, muy particularmente combatiendo á los infieles: la bandera que adoptaron era roja con una gran cruz blanca. Durante los siglos xii y xiii, contribuyeron mucho al triunfo de los cristianos en Oriente, debiendo á sus hazañas, posesiones inmensas, que el reconocimiento y gratitud de los principes y particulares, les dieron en distintas partes de Europa. Después que Jerusalen fué tomada por las fuerzas musulmanas de Saladillo, los caballeros de San Juan, tuvieron que retirarse á San Juan de Acre, mas, como en 1295, esta población, á pesar de la heroica defensa que de ella hicieron, cayó también en poder del enemigo, se vieron obligados otra vez á cambiar de residencia. Intentaron establecerse primeramente en Limisso, puerto de la isla de Chipre, mas como les hubiera sido imposible llegará un acuerdo con el Soberano del pais, tuvie- ron que desistir de su intento, pasando á establecerse en la isla de Modas, cuya con- quista hicieron en el año de 1309 á 1310, dirigidos en la empresa por el Gran maestre Foulques de Villaret, no siendo tranquila allí su residencia, pues molestados casi de continuo por los sarracenos, tuvieron que sostener no pocos encuentros: el Gran maes- 1ro Juan de Lastie en 1455 y Pedro de Aubusson en 1480, resistieron con valor y pu- janza los asaltos de los mahometanos, pero en 1522 los caballeros establecidos en la isla de Rodas, en número de 4,000 á pesar de todo su valor y arrojo, á pesar de los increíbles esfuerzos de su Gran maestro Viliers de Ule de Adam, fueron arrojados de aquella isla por Solimán sultan de los turcos. Durante un gran espacio de tiempo, anduvieron errantes y dispersos, sin plaza fija en que asentar sus reales, ocupando sucesivamente la Gaudia, y otros puntos de Italia, hasta que por fin Carlos V, les hizo donación en 1530 de la isla de Malta, si bien con las condiciones, de que tendrían que devolverla á sus descendientes, si algun dia reconquistaban la de Rodas, y la de que hablan de hacer perpétuamente la guerra á los musulmanes, y á los piratas bereberes, que también por entonces, infectaban los mares. Aquellos caballeros, que hasta entonces se habían llamado de Rodas, tomaron el nombre de caballeros de Malta, con el que desde aquel momento fueron conocidos en todas partes. De acuerdo con los compromisos que contrajeron al tomar posesión del territorio que les donara Carlos V, la órden en masa mantuvo una casi cons- tante lucha, con las poblaciones musulmanas, llegando hasta á rechazar las fuerzas turcas, que en 1565 sitiaron á Malta. Tanta lucha para defender lo que en la actuali- dad poseían, no les dejó un momento para emprender la conquista de sus antiguas po- sesiones, por más que jamás perdieran de vista este asunto, deseosos de corresponder al favor que hablan recibido del monarca español. Esta órden, por fuerte y poderosa que fuera, llegó, como todas las de su mismo género, á ser un contrasentido, por ra- zon de los sucesivos cambios políticos, ocurridos posteriormente. Al finalizar el si- glo xvm, el gobierno de los caballeros, no se sostenía más que, gracias á los artificios que continuamente inventaban para mantenerse, pero sin embargo, su manifiesta de- cadencia, que no pasaba desapercibida á los ojos de nadie, no era razón para que en 664 HISTORIA GENERAL nada depusiera su altivez y arrogancia. El Gran maestro Manuel de Rohan^ cuya con- ducta habla sido tan enérgica durante los comienzos de la revolución francesa^ auguró ya la destrucción de la òrden;'y con_efecto^ su sucesor Fernando de Hompesch, no tardó mucho tiempo en ponerla bajo la protección del Czar Pablo I de Rusia^ momento desde el cual puede decirse^ que la órden había llegado á su término. A pesar de lo mucho que sus riquezas babian mermado^ todavia en la época á que nos estamos refiriendo, los caballeros poseían 1,500 cañones, moj'teros y obuces; 35,000 fusiles; 12,000 barriles de pólvora, una inmensa cantidad de bombas y balas; 2 navios de á 64: 1 fra,gata, 3 galeras, 2 medias galeras y varias galeotas. El personal se elevaba á 17,282 hombres, comprendiendo los sirvientes y los caballeros. Con todos estos pertrechos y con estas fuerzas, les hubiera sido bastante fácil intentar algo en defensa propia, mas su decadencia era tan grande, que nada supieron hacer de con- veniente; cuando dirigiéndose Napoleon á Egipto, los atacó, apoderándose de varias poblaciones de aquella isla, que debieron defender á todo trance, siquiera atendiendo no mas á las condiciones con que la habían recibido; pero nada de esto tuvieron pre- sente, y el 13 de Julio de 1798 el Gran maestre Hompesch, que parecía ser el señalado como último de los jefes de aquella órden, que tantos dias de gloria había tenido, cele- bró un convenio por el cual toda la isla de Malta y sus dependencias, pasaban á perte- necer á la República francesa: en esta capitulación, el Gran maestro procedió con tan gran debilidad, que na es digno más que de lis mayores censuras, y aun hay motivos para creer que procedió traidoramente contra la órden,"por cuanto, buen cuidado tuvo de estipular una pension vitalicia de 300,000 pesetas, y una indemnización de 600,000 al contado. La órden de los caballeros de San Juan de Jerusalen, de los caballeros de Rodas ó de Malta, por cuanto estos tres apelativos, ha recibido en el trascurso del tiempo, se dividia en tres clases: los cahalleros que procedían de la nobleza y estaban dedicados al servicio militar; los sacerdotes ó capellanes dedicados al servicio religioso y los sir dientes subdivididos en dos categorias, una agregada al servicio militar y otra al ser- vicio religioso, ú hospitalario. Los aspirantes, recibían el nombre de donados ó me- dio cramdos. A la cabeza de la órden, se hallaba el Gran maestro del Santo hospital de San Juan de Jerusalen, y guardia del ejercito de Jesu-Cristo. Esta dignidad, era elegida por los caballeros y asistida en los asuntos que tenia que dirimir por distintas asambleas deliberantes, de las que una, el con-iejo completo ó consejo ordinario, tenia el poder ejecutivo en sus atribuciones. La autoridad legislativa, radicaba en una asam- blea particular, llamada capitulo general. Esta órden reconocía la autoridad pontifl- cía, solo en las cuestiones dogmáticas. Los extensos dominios de la órden estaban divididos en ocho grandes circunscrip- ciones ó lenguas: subdividida en grandes prioratos, bailias y comandancias: estas ocho circunscripciones eran Auvernia, Provenza, Francia, Aragón, Castilla, Italia, Alema- nia é Inglaterra. A la cabeza de cada lengua se hallaba un jefe llamado pilar ó bailío conventual. Los pilares, que residían en Malta, llenaban funciones particulares: asi el pilar de Auvernia, era mariscal; el de Provenza, gran comendador; el de Francia, gran DE LA MASONERÍA 665 hospitalario; el de Aragón gran conservador; el de Castilla gran canciller; el de Italia almirante; el de Alemania gran bailio; el de Inglaterra turcapolier. Después de la toma de Malta por los franceses, los caballeros intentaron continuar la orden y eligieron gran maestro al Kzar de Rusia Pablo I, por más que pertenecía á la religion cismática, trasladándose algunos años mas tarde á Roma la residencia de la orden, si bien ya no es ni aun sombra de lo que fuera. Nos bailamos pues, en presencia de una orden de carácter religioso, como todas aquellas que fueron directas emanaciones de las Cruzadas, y á la que, por tanto, no se le puede reconocer ningún punto de contacto con la masonería. Esto no obstante, Ranzay pretendía lo contrario, pero en este punto, bailó bien pronto quien le llevara la contraria con grandísima ventaja, como no podia ser ménos. Algunos contrarios á la institución masónica, no pudieron ver con paciencia los medios de que se echaba mano para aumentar el prestigio, y en breve espacio de tiempo aparecieron buen nu- mero de ejércitos, en los que se procuraba, y aun es más, se conseguía desvirtuar por completo los errores é inexactitudes en que Ranzay habla incurrido, siendo lo más particular del caso, que en algunos de ellos, como en el que en 1745 apareció en Stras- hwYgo, El mason desenmascarado y todos sus secretos descubiertos, se ven claros indicios, de que no pocos se babian apercibido del camino que trataba de reco- rrerse, revelándose en este último, la existencia de lo que se llamó Estricta observan- cía, y explicándose también la inversion que trataba de darse á los fondos, asi como el modo de que babian de procurar servirse de los individuos afiliados en favor del pretendiente, para lo cual publicaba la siguiente observanza: «De la misma manera que todos vosotros juráis obediencia absoluta á la órden, y que prometéis derramar si fuera posible, toda vuestra sangre por su honor y prosperidad, estáis obligados tam- bien, en caso de necesidad y cuando la órden baile necesario mandarlo, á contribuir con la décima parte de vuestra renta anual, para la honra y las necesidades de la Sociedad.» Ademas de estas declaraciones, existe un acta importantísima que Kloss ba publi- cado, y la cual, por ser excesivamente curiosa, trascribimos á continuación. En ella, después de insistir en que el origen de la franc-masoneria se remonta nada menos que á las guerras de la Palestina, dice: «En el principio solo se conocían en la orden los tres primeros grados, y aun existen logias como la célebre de Barnabal, en Montpellier que jamás han querido reconocer otros grados. Sin embargo, los motivos que haré valer en apoyo de los grados escoceses, baráii resaltar que en todo tiempo la órden ba comprendido nueve de los grados de que hablo, que á pesar de todo, no han sido íntro- ducidos entre nosotros, sino sucesivamente, y á los cuales, hermanos nuestros, muy celosos, animados de las mejores intenciones fueron á buscar nada menos que á la vista de Albion, que es la cuna de la Santificación. Estos nueve grados son: aprendiz, compañero, maestro, maestro perfecto ó arquitecto irlandés, maestro elegido, aprendiz compañero y maestro escoces, y por último, caballero de oriente. Juan Enrique Schroder en su aparato masónico Fessler y Kloss en sus obras bis- tóricas, presentan sumarios de este acto y todos están conformes en afirmar, que: evi- 666 HISTORIA GENERAL dentemente la redacción de ella no puede ser anterior al año 1751^ mas es también muy digno de hacerse notar, que ninguno de los autores mencionados se refiere, ni aun someramente, al grado de Rosa Cruz, á pesar de lo que el capitulo primordial de los Rosa Cruces de Arras, sostiene que debe su constitución al mismo Cárlos Eduardo Estuardo, que lo estableció para premiar á Ios-masones de Arras, los servicios que le prestaron durante su permanencia de seis meses en aquella población. Igual preten- sion alega el sistema de los fieles escoceses de Tolosa, el cual manifiesta haber recibido su constitución de aquel rey sin corona, en 1747. ¿Cuál es la verdad de todo esto? Difi- cil se hace señalarla á punto fijo, pero recurriendo á los historiadores particulares que se han ocupado de la vida y hechos del pretendiente al trono de Inglaterra, resultan méritos para poner en duda todas estas aseveraciones. En primer lugar, tenemos que Reaumont, que es el historiador que más detalles suministra acerca de Carlos Eduardo, no hace mención en ninguna parte de que el pretendiente viviera en Arras mas ó me- nos tiempo, por la época en que el capítulo de Rosa Cruces de la dicha ciudad, preten- de que les dió la constitución para premiar los servicios que de él hubieran recibido; pues según el mencionado historiador, el pretendiente, durante todo el tiempo que permaneció en Francia organizando su expedición á Escocia, antes de la batalla de Pulloden, habitó de rigoroso incognito en Paris ó en Fitz-Yames, dominios del duque de Berwick. Y no se diga que el hecho á que negamos certeza, hubiera podido pasar desapercibido, por cuanto la expedición del principe Cárlos Eduardo, á la conquista del trono de la Gran Bretaña, desde el 2 de Agosto de 1745 hasta la batalla de Pulloden y las peripecias de su fuga, hahian llamado sobre él la atención de toda Europa, y es imposible admitir que hubiera vivido seis meses en una población, sin que todo el mundo lo advirtiera, y públicamente se diera cuenta de ello, lo cual ocurre en Arras, según acabamos de manifestar. Lo que más cierto parece, es que, por lo mismo que el infortunado principe había llamado extraordinariamente la atención de toda Europa por lo mismo que era el campeón de una causa, que mas ó menos contaba con partí- darios en todas partes, y por lo mismo, que era también un personaje ilustre por razón de su nacimiento, cuando le comienzan á hacer, con respeto á la orden, las suposicio- lies fabulosas en que nos ocupamos, pues, nosotros no podemos llamarlas de otra ma- ñera, no hallarán ninguno que fuera mas apropósito para ser presentado como Gran maestro de la especial masonería, que sus partidarios apadrinaban por razón de inte- rés, como Gran maestro de los esparcidos templarios, ideas que halagaban mucho en- tónces y que aun halagan hoy, por cuanto sin que sepamos qué razón tengan para ello, hay gentes que se entusiasman con pertenecer ála masonería, solo por que en ciertos y determinados países se hallan al frente de ella los príncipes y los reyes. En su afan por llegar al tan deseado fin, el mismo Cárlos Eduardo se prestaba á as fábulas que sus secuaces esparcían con respecto á su persona, y Reaumont declara, que aun en el año 1783, se presentaba como Gran maestro hereditario de la masonería, hecho que, como nuestros lectores comprenderán, sin que nosotros nos esforcemos en =demostrarlo, demuestra poco conocimiento de lo que la órden era y es en si, y de las wicisitudes por que hahia pasado. La masonería no había tenido ni podía tener gran- DE LA MASONERÍA 667 des maestros hereditarios^ por cuanto este cargo era electivo^ según tocios los estatutos, reglamentos y constituciones porciue la orden se venia rigiendo desde los tiempos más remotos. Sólo en Escocia, y por lo que se refiere á la primera faz que hemos recono- cido en la institución que historiamos, esto es, cuando la masonería no había pasado á tener el carácter filantrópico y moral que tiene desde la constitución de la Gran lo- gia de Londres, y permanecía siendo pura y simplemente la corporación de trabajado- res, es cuando en aquella region tuvo protectores hereditarios, radicando este derecho, que no dejaba de implicar deberes, en la familia de los Saint Clair de Roslin: pero también sabemos que Willian Saint Clair, hizo renuncia del cargo por sí y por sus descendientes en 1736, cuando se constituyó la Gran logia de Escocia. Así, pues, es necesario desechar en absoluto y por completo, todas las razones que se han aducido para dar apoyo á lo que ninguno merece; es menester hacer caso omi- so de todo lo que se ha inventado para justificar, dentro de la masonería, estos grados elevados, que en realidad no son mas que disimulaciones de fines políticos, álos cuales se quiso hacer servir la orden inconsideradamente; pero, sin embargo, el desarrollo de estos grados se presentaba de una manera alarmante, amenazando siempre llegar á ser mayor el número de los partidarios de ellos, que el de los prosélitos de la maso- nería; el carácter francés, ligero de suyo, se prestaba bastante á tan fútiles fantasma- gorias, para lo que lo mejor era no investigar nada acerca de los orígenes, sino admi- tirio todo, tal como era presentado; y no crean nuestros lectores que se contentaron con los nueve admitidos en un principio, sino que en la embriaguez que les causaban todos aquellos lazos, cruzes y joyas, en el entusiasmo que les producían aquellas ce- remonias, elevaron poco después el número hasta los treinta y tres que conserva el rito escocés actualmente, y aun hubo quien los hizo ascender hasta noventa. Con ello, lo único que podia estar satisfecha era la vanidad, y esto sostuvo entónces, y aun sos- tiene en nuestros días, tal cúmulo de grados, que si atentamente se considera, para nada servían y pocos secuaces formales y de buena fe podrían tener, cuando si bu- hieran estudiado lo que ocurriera en Inglaterra, se habrían convencido de que con los tres grados simbólicos, que hasta la tradición acreditaba, bastaba para realizar los ele- vados fines que la Sociedad se había propuesto. Tantas agitaciones y tantos movimientos, aquel continuo declamar que la reforma masónica llevaba anejo el desorden natural por ello motivado, la falta de formalidad observada en los trabajos, los lugares en que se celebraban las tenidas, los nombres y la reputación de que disfrutaban el mayor número de los venerables, que por su di- nero y sin ninguna otra condición más, se habían hecho dignatarios inamovibles, fue- ron causas más que suficientes para que la atención de la policía se mantuviera exci- tada, y que el 5 de Junio de 1744, aparecieran nuevos edictos prohibiendo terminan- teniente á los hostaleros, que por ningún pretexto autorizaran en sus casas reuniones de franc-masones y que extremándose la persecución, por la desconfianza que escita- ban, fueran disueltas algunas asambleas y sorprendidos los hermanos durante el tra- bajo. Según reputados autores, estas persecuciones fueron las últimas que los masones franceses tuvieron que sufrir; y si así fué, débese á que ya sea por un concepto ó por 668 HISTORIA GENERAL otro, habían ingresado en la orden personas de representación y arraigo^ cuyo nom- bre ofrecía alguna garantía, como son los del príncipe de Conty y el conde de Clermont, cuyos esfuerzos por reorganizar la orden, nos son bien conocidos; y gracias al que se preconizó el nuevo código masónico, á partir de cuya época, quedaron esta- blecidos también como en Inglaterra, los Grandes maestros adjuntos, en cuyas fundo- nes bailamos nombres tan respetables como los de Baury, Dacbe y La Cour. La poca fijeza que babia en los principios como de todo lo dicho se desprende, con- ducia con suma facilidad á la creación de nuevas logias, capítulos y asambleas, que era de todo, lo que más en boga se bailaba. Sin atenerse para nada á lo útil y conve- niente, todos, siguiendo fatales y perniciosos ejemplos, querían ser reformadores, nin- guno quería contentarse con el papel de mason celoso y leal que, después de todo, era lo que más enaltecía, y aun es estremada la presunción; no querían ser tampoco refer- madores, sino que aspiraban al más pomposo de reformados. Dejándose llevar de tan desautorizadas pretensiones, es como pudo ocurrirsele al caballero Bonneville la fun- dación de un capitulo de grados elevados que llevó á cabo el 24 de Noviembre de 1764. Según todos los documentos que be podido ver, dicho capitulo se bailaba formado por considerable número de personas distinguidas, las cuales, sin duda, ambicionaban más que nada, títulos y honores en una asociación de la que. tanto se hablaba; pero como quiera que servia á los individuos que tenían ya algunos de los grados establecidos en el ritual escocés, no hubiera sido hacer algo que mereciera el calificativo de funda- clon; Bonneville tuvo buen cuidado de realizar cosa, mediante lo que fuera acreedor al triste honor que deseaba; á este fin, estableció para un capitulo los tres grados masó- nicos introducidos en Alemania; los antiguos grados alemanes escoceses, tres grados elevados franceses, que fueron, el Caballero del Aguila, el Caballero Ilustre ó Templa- rio y el sublime Caballero Ilustre. Para los cinco primeros de estos grados existían ya historias del carácter de las que conocemos; pero para el resto hacia falta una que no desmereciera, y la inventaron efectivamente, suponiendo que siete templarios, entre los cuales se hallaba Aumant, ascendiente de una de las más ilustres familias de Francia; huyeron cuando la persecución de que fué objeto su órden, refugiándose en una Isla escocesa, donde tuvieron la fortuna de hallar á otro templario llamado Harris, el cual los había precedido en la huida. Para atender á las necesidades de su existencia, los ocho se dedicaron al arte de la albañileria, perpetuando la órden al propio tiempo. Nosotros comprendemos perfectamente que para esplicar hechos, pero cuyos jús- tificativos se han perdido, se aventuren suposiciones y se emitan ideas que, en el trascurso del tiempo, lieguen á contar con buen número de prosélitos, pero lo que no entendemos ni puede entender nadie que piense racionalmente, es, que sin tener ne- cesidad alguna, que sin haber motivo para ello ni por lo que al fondo toca, ni por lo que á la forma se refiere, se inventen fábulas como esta, que carecen hasta de sentido, y más estraño debe ser aún, que personas en las cuales hay que suponer alguna cul- tura, las acepten y las crean, ó al menos aparenten creerlas, haciéndose solidarios de ellas. Tanto ha abusado esta mal llamada masonería de los Templarios, y de la histo- na de su persecución, que ya induce á sospecha, siempre que vemos mezclados á los DE LA MASONERÍA. 669 caballeros con cualquiera do los grados reconocidos: mas hay algunos con respecto á los que la impugnación puede y debe ser seria; en otros casos hay que juzgarla in- consideradamente con el látigo del ridiculo^ por cuanto^ solo á ello se presta: la historia del grado sexto del capitulo creado por Bonneville^ pertenece á tan desgraciada cate- goría: se necesita realizar un considerable esfuerzo de imaginación para abarcar los términos que comprende, pues en efecto, nada más raro que siete templarios do huyen- á la ventura, que sin saber como ni porque abordan á una Isla escocesa que no sabemos cual sea, los que tienen la incomparable fortuna de hallar en ella á un her- mano que ha huido también, y que nose sabe tampoco, como ha llegado hasta allí. Al comenzar la persecución de los templarios, estos, que en su mayor parte eran ca- balleros que no sabían hacer nada, y que vivían cómodamente de sus rentas, se refu- gíaran en países donde no se les perseguía y no tuvieran más remedio que seguir ha- cíendo una vida en armonía con sus principios y con su educación, de donde resulta también un punto, que sin duda Bonneville no tuvo en cuenta, y que contribuye á su ridiculo del mismo modo. El Templario, que allí hallaron y que se llamaba Harris, estaba dedicado á la albañileria; los siete que llegan después, siguen su ejemplo, lo cual mas que nada parece acreditar que en aquella Isla, que aun nos es desconocida, no había otro medio para ganar la subsistencia que dedicarse al arto de construir, y que tan necesario era, que toda actividad en él empleada, hallaba recompensa. Se le olvidó decir al inventor, cuanto tiempo vivieron allí estos templarios; en que época salieron y de que modo lograron tener representación en el seno de la órden; pero á todo esto, podemos nosotros contestar muy brevemente diciendo, que, si no todos, al menos el mayor numero de los individuos que constituían el capitulo de Clermont, que fué el titulo dado al que fundaba Bonneville, eran acérrimos partidarios y defenso- res del pretendiente al trono de Inglaterra, lo cual es el hilo, mediante el que podía- mos llegar al ovillo. Todos estos cabildeos y conciliábulos se tenían independientemente de los de la trabajos gran logia, lo cual muy particularmente, é incurriendo también en irregularida- des, seguía adelante en su tarea. En 1751, esta gran logia, que hasta entonces no ha- bia tenido apelativo, convocó á una asamblea regular, y en ella acordó tomar para en adelante el titulo de Gran logia de Francia, y en esta misma asamblea sancionó el nuevo código masónico, que fué votado por los hermanos maestros é inspectores. Nada más curioso que el exámen de este nuevo código, en el que se advierte desde luego un grande y buen deseo de fomentar la órden, pero á lo cjue sin duda no pu- do llegarse por error en la vía.- Cómo quiera que en Francia andaban revueltas las opiniones, abundaban los individuos de unos y otros cultos, y habla habido muchas, masonerías por decirlo asi, los redactores de la expresada ley, quisieron al confec- clonarla que no se hiciera imposible para nadie, y que los elementos dispersos, por malos que fueran, pudieran ser aprovechados; esto es, que más que un trabajo de creación, venia á ser uno de reorganización, por lo cual, ni nosotros ni nadie podía dirigir censuras. Triste hubiera sido, después de los años que hacia ya que lamasonc- ría estaba entronizada en Francia, que se declarara inútil todo lo hecho, que no se 670 HISTORIA GENERAL diera ningún valor á nada de lo existente, pero es lástima que no se tuviera cuidado Si lo hubieran becbo asi, me- en expulgar todos los vicios en que se habia incurrido. en el afan de conservarlo to- recerian más sinceros plácemes que ban merecido, pero en do, siguieron dejando abierta la puerta á las innovaciones, y al año siguiente, ó sea de altos toda la Fran- el de 1756, se estableció el primer capitulo regular grados para dos cia, el cuál, se dió á si propio el pomposo titulo de caballeros de Oriente, y años después, ó sea en 1758, apareció el de los caballeros de Occidente; grados que existen todavia, y que componen los rituales el número sexto del sistema francés, ó relativamente al diez y siete del antiguo rito el quince adoptado, y el sexto y séptimo del sistema sueco de la gran logia en Alemania, en Berlin. Según es nuestra costum- conveniente dar á conocer estos grados en toda su extension, pa- brc, es de todo punto más fiel exacto el conocimiento que nuestros lectores adquieran ra que pueda ser y de todo lo que en la masonería se ba introducido. Para las ceremonias del grado de los la sala de caballeros de Oriente, son necesarias dos cámaras, y según fundadores, de Este ü Oriente, y primer aposento, representa la cámara del consejo que Ciro, rey verdes desde Persia, tenia en Babilonia, la cual debe bailarse tapizada por colgaduras el tedio basta el pavimento. En la parte del Sur, Norte y Occidente, habrá un espacio, la del Es- á lo ménos de seis piés, entre las cortinas ó colgaduras y el muro: en parte habrá magnifico trono; en Occidente, habrá dos sillas de brazos, y en el Norte te, un y Sur, asientos para los hermanos. el sueño Detras del trono debe colocarse un trasparente en el que se baile pintado una de Ciro, es decir, un león en actitud de arrojarse sobre él; encima de este grupo, de aureola circundada de nubes radiantes y en el centro de ella el nombre inefable Dios, en caracteres hebreos. de los ma- La segunda Cámara, llamada del Occidente, representa el campamento sones entre las ruinas de Jerusalen: las cortinas ó colgaduras, son de color encarnado, toda la Cámara deberá bailarse iluminada setenta luces distribuidas en diez por y grupos de á siete. las El catecismo de este grado, que es uno en los que más abundan puerilidades, es el siguiente: Primer vigilante.—¿Sois Caballero de Oriente? de su vigilante.—Fui llevado á Ciro entre cadenas, y sali presencia libre Segundo y rehabilitado. Primer vigilante.—¿Cómo habéis llegado á este grado? Segundo vigilante.— Por mi constancia y resolución cuando otros desmayaban en los trabajos. Primer vigilante.—¿En que nos ocupamos en este grado? Segundo vigilante.—En reconstruir el Templo del Señor. simboliza entre nosotros el Templo y su reconstruc- Primer vigilante.—¿Qué clon? práctica de la Religion Universal fundada en la verdad Segundo vigilante.—La ese estado envidiable primitiva, que los liornbres llaman masonería, á la cual se sigue DE LA MASONERÍA. 671 de tolerancia^ paz, igualdad y libertad que hace de la tierra el templo digno de un Dios de bondad y de misericordia. Primer vigilante.—¿Quién fué el primero que reconstruyó el Templo? Segundo vigilante.—Zorobabel^ principe de la casa de Judá^ siendo en Persia du- ran te la cautividad. Primer vigilante.—¿De qué es emblema este principe entre nosotros? Segundo vigilante.—Del osado nadador que contraria la corriente y llega á la rive- ra sano y salvo^ ó bien del caudillo que alienta el desanimado estimulo al perezoso; persuade al indiferente y anima al tímido y desconfiado, cuya voluntad é inteligencia supremas, obligan al insensato, negligente y estacionario á prestarnos también su ayuda, no obstante su repugnancia, y que avanza y supera cuanto encuentra y se opo- ne en su camino. Primer vigilante.—¿De que más es emblema? Segundo vigilante.—De la constante é inalterable fidelidad al voto que había he- cho de preferir no reedificar el Templo á degradarse y deshonrarse, haciendo trai- cion á los secretos de la masonería, enseñándonos con esto, que sabemos preferir no hacer el mal, aun cuando á éste se siguiera una obra grande y meritoria. Primer vigilante.—¿De que son emblémas las ruinas de las antiguas murallas y Templos de la ciudad de Jerusalen? Segundo vigilante.—De los restos esparcidos de la Religion primitiva, sepultada y envuelta en las fruiciones y fábulas de las creencias antiguas, no menos que de las modernas en que se vé degradada la inteligencia por la idolatria, la superstición y la ignorancia. Primer vigilante.—¿Cómo trabajaban nuestros hermanos en la reedificación del Templo? Segundo vigilante.—Con la llana en una mano y la espada en la otra. Primer vigilante.^—¿Qué nos simbolizó esto? Segundo vigilante.—Que los buenos masones combatían los vicios y malas pasiones, al mismo tiempo que se consagraban á la grande obra de la emancipación intelectual, y de la tolerancia ó templo de la verdad, debiendo adorarle todos los hombres que creen en Dios. Primer vigilante.—¿A qué aluden las setenta luces de la logia? Segundo vigilante.-A los setenta años de cautividad y los setenta de la vida bu- mana? Primer vigilante.—¿Qué nos enseña el color verde y oro de este grado? Segundo vigilante.—Que la masonería esa, no es alma humana, es inmortal. Que es la Verdad, Fe y Moralidad primitiva, contemporánea de la creación y anterior al Diluvio. Y que el oro que los romanos emplean, es de más precio que el favor de los monarcas. Primer vigilante.—¿Qué simboliza las cadenas de los cautivos, cuyos anillos son de figura triangular? Segundo vigilante.—Los tres enemigos del saber, los cuales en todo tiempo han 672 HISTORIA GENERAL tratado de encadenar al entendimiento humano y hacer enmudecer al hombre que Dios ha hecho libre. Tales eran la tirania, la superstición y el privilegio. Primer vigilante.—¿Qué simbolizan las columnas rotas y las herramientas de la masonería, dispersas? Segundo vigilante.—La desunión y desavenencias que tienen lugar entre los her- manos que contienden por oficios y honores, ó bien cuando una jurisdicción masónica invade otras, ofreciendo á los profanos, el triste espectáculo de un escándalo. Primer vigilante.—¿Que simboliza la derrota de aquellos que asaltaron á Zoroba- bel y á sus compañeros, al pasar el rio? Segundo vigilante.—El desengaño y confusion que aguarda á aquellos que inconsi- deradamente atacan á la masonería, y no se atreven á salvar las barreras de la igno- rancia y del error. Primer vigilante.—¿Qué representan los tres triángulos, unos dentro de otros? Segundo vigilante.—Los tres principales atributos de la divinidad; el poder, la in- teligencia y la bondad. Primer vigilante,—¿Qué representan las dos espadas cruzadas? Segundo vigilante.—La Verdad y la Justicia, únicas armas del mason armado, de las que no debe temer nunca ser derrotado. Primer vigilante.—¿Qué arte profesáis? Segundo vigilante.—La franc-masoneria. Primer vigilante.—¿Qué edificáis? Segundo vigilante.—Templos y tabernáculos. Primer vigilante.—¿En dónde? Segundo vigilante.—En el corazón. Primer vigilante.—¿A dónde os dirigís? Segundo vigilante.—De Babilonia á Jerusalen, de las tinieblas del error á la luz de la verdad; del estéril campo de la ignorancia y esclavitud mental á las verdes colinas y fértiles llanuras del saber y libertad intelectual. Primer vigilante.—¿Qué edad teneis? Segundo vigilante.—Setenta años: término de los trabajos del hombre; edad que entre nosotros significa que el que cumple con los deberes que le impone nuestra ins- litación, ha llegado á dicho término aunque muera jóven. Para que todo sea estraño y aparezca raro y embrollado, trascribimos á continua- cion la historia de este grado que se halla en los rituales. «Después de la destrucción de Jerusalen y del Templo á por Nabucodonosor, se llevó éste cautivos á Babilonia todos los habitantes de aquella ciudad, entrando triunfalmente en la Capital del impe- rio Persa con los cautivos cargados de cadenas, sin esceptuar al mismo rey Zedecias, que murió tres años después de este acontecimiento; los eslabones de las cadenas que llevaban los cautivos, eran de forma triangular, porque tal fué el deseo del vencedor para hacer mas dolorosa su situación, no ignorando el profundo respeto que por el Delta ó triángulo tenían los israelitas. Grande fué el pesar de estos, pero mayor todavía el de los masones, al ver destruido DE LA MASONERÍA 673 aquel magniflco ediflcio, obra de sus manos y morada del grande Arquitecto del Uni- verso^ no cesando de lamentar su desgracia, hasta que, libertados de la servidumbre, pudieron construir un nuevo templo, en todo conforme al anterior, diez años después de la cautividad; gracia que obtuvieron de Ciro rey de Persia, no menos grande por sus victorias que por su humanidad. Este feliz conquistador y soberano de Oriente, tuvo una extraña y singular vision, en que creyó oir una voz del Cielo que le pedía la libertad de los cautivos, cuya inter- pretacion dió el profeta Daniel, que poseía un elevado cargo en la corte, y era uno de los favoritos de aquel monarca. Admitido Zorobabel á la presencia del rey, impetró éste la libertad de los cautivos, que no solo le fué otorgada, sino también le fué concedido á él, y á los de su pueblo, el permiso de volver á Jerusalen y levantar un nuevo Templo con la restitución de los ornamentos sagrados y joyas que á este pertenecían, y habían sido llevadas á Babi- lonia; condecorándole con el titulo de Caballero de su órden, prometiéndole á él, y á sus compatriotas, la resistencia y protección que fuera necesaria al logro de sus de- seos, y publicando al efecto un edicto de observación general en todos sus dominios. Recibió Zorobabel de manos del gran secretario todos los tesoros del Templo, y partió acompañado de su pueblo, el dia que corresponde al 22 de Marzo. Siguieron es- tos por algun tiempo sin oposición el camino que les conducía á Jerusalen, hasta He- gar á un lugar en que era necesario pasar el rio Eufrates. Construyeron allí un puente para pasarlo; más el pueblo que habitaba en la ribera opuesta, trató de impedir el paso á Zorobabel y á los suyos, atacándolos en el mismo puente que habían levantado, du- rando la pelea largo tiempo, hasta salir vencedores y pasar adelante sin ser de nuevo molestados en el curso de su viaje. Zorobabel perdió en la contienda las insignias de ho- nor con .que le había honrado Ciro, su libertador y bienhechor, si bien pudo conservar su espada, que solo hubiera perdido con la vida. Desde la época de la destrucción del Templo, varios judíos escapados al furor de la guerra y rigores de la cautividad, habían permanecido errantes, despreciados y mise- rabies, cerca de los caminos que en otros tiempos fueron para ellos etapas de grande- za. Entre estos había varios masones instruidos por sus antepasados, los cuales se reunían secretamente para lamentar las desgracias de sus hermanos y practicar las ceremonias de su órden. Estos celosos masones, encontraron entre los escombros y ruinas, la entrada de la bóveda sagrada del Templo, que no habla sido descubierta por los enemigos cuando la destrucción de este edificio. Esperando algun día reanudar sus trabajos, continuaron eligiendo á uno de ellos para que presidiese asambleas. Ananias, que era su jefe al regreso de los cautivos, recibió á Zorobabel en medio de la fraternidad, entre las ruinas del primer templo, lo declaró jefe de la nación, y le aconsejó que volviera á levantar aquel edificio. Nada queremos decir acerca de tan descabellada historia, que como casi todas las redactadas para estos grados, pecan por ser puras invenciones, á las que se ha dado por disculpa la Biblia, por lo que pasamos á esparcir los reglamentos y estatutos 83 674 HISTORIA GENERAL generales de este capitulo^ los cuales revelan de claro y distinto modo todas sus pre- tenciones. Estos estatutos y reglamentos^ constan de diez y seis articulos^, cuyo enunciado es el siguiente: ARTÍCULO 1. El consejo de los Caballeros de Oriente se compone del Soberano, el Gran guarda- sellos, el General, el Gran tesorero, el Gran orador, y todos los hermanos caballeros recibidos ó afiliados al capítulo. ARTÍCULO 11. Siendo los caballeros de Oriente, Principes Soberanos de la Masonería, deben to- dos ser iguales para perpetuar su Soberanía y hacer que prevalezca la armonía entre ellos. Por esta razón, ocuparán, alternativamente, de año en año, el puesto eminente de Soberano. ARTÍCULO III. Pero no resulta asi con el empleo de Gran Guarda sellos, que lo posee á perpetuí- dad, por ser el único Gran guardador de los archivos antiguos y secretos de la Caba- lleria, el depositario de los sellos y el encargado de la correspondencia general con to- dos los cuerpos de este grado, esparcidos por la superficie de la tierra. Convoca el consejo cuando se le manda. Este puesto, se concede por elección á un caballero do- miciliado y residente en el lugar en que está establecida la Gran logia. Cuando vaque esta plaza, procederán inmediatamente los caballeros á llenarla por balotaje, y la elección se dará por pluralidad de votos. El agraciado se sentará siem- pre inmediato al Soberano á su derecha, y después de él los visitadores. ARTÍCULO IV. La plaza de General, la ocupan todos los caballeros alternativamente, según lo dispuesto en el articulo segundo. Los deberes de este oficial, son hacer observar el ór- den y las leyes. ARTÍCULO V. También corresponde al Gran tesorero, hacer observar los Reglamentos, y se sienta á la izquierda del General, al Occidente. Cuida de todos los fondos y de la in- signia de la logia. Presenta sus cuentas tres veces al año, á todos los caballeros en Asamblea. Esta plaza, no se consigue por ascenso, sino por elección á balotaje todos los años. ARTÍCULO VI. La plaza de ran Orador, la desempeñan por turno todos los caballeros conformé DE LA MASONERÍA 675 á lo dispuesto en los artículos segundo y cuarto. Se sienta á la izquierda del Soberano. Como el talento y la elocuencia son dones raros de la naturaleza^ podrá un caballero no aceptar esta plaza_, sin que se le tache por ello. ARTÍCULO VIL Siendo los grandes elegidos perfectos y sublimes masones^ vigilantes ex-oflcio de la orden de la masonería^ del mismo modo son los caballeros de Oriente^ Principes y Soberanos ex-oficio de la orden en general. El consejo de caballeros de Oriente^ toma cuenta de todas las desavenencias que ocurran entre los grandes, elegidos, perfectos y sublimes masones. ARTÍCULO VIH. El caballero de Oriente tiene derecho donde quiera que encuentre un aprendiz, compañero ó maestro mason, para conferirle los seis grados inferiores que le prece- den, uno después de otro, si lo merece, cón tal de que no haya en dicho lugar logias de esos grados. Aunque un caballero tiene derecho para crear otro, sólo debe hacerlo en casos extraordinarios, y en obsequio de algun hermano domiciliado en un lugar donde no residan caballeros de este grado, pues no debe multiplicarse demasiado ó en aquellos lugares donde no haya logias, sino las fundadas bajo falsos principios, ó con constituciones irregulares. En este caso, puede entredichar esas logias ó regulari- zarlas según se lo dicte la prudencia ó la sabiduría. ARTÍCULO IX. Si algun caballero comete una ofensa grave, no se le impondrá castigo antes de ha- ber oido su defensa, ni sin que se haya juzgado el asunto en la logia reunida al efecto, es decir, habiendo sido convocados todos los caballeros de Oriente y presentándose la mayoría. Las ofensas cometidas por los caballeros y sus castigos, serán secretos para todos los hermanos de los grados infèriores, bajo las penas más severas. Los conse- jos para deliberar sobre los asuntos de policia, deben formarse de siete caballeros, por lo ménos. ARTÍCULO X. Si se desea hacer ascender un grande, electo, perfecto y sublime mason, al grado de caballero de Oriente, deberá trascurrir un mes por lo ménos, desde su propuesta, para que tenga tiempo el consejo de informarse si ha llenado ó no sus deberes, con la exactitud y el celo correspondiente. ARTÍCULO XI. Los caballeros de Oriente, están facultados para comisionar grandes, electos, per- 676 HISTORIA GENERAL fectos y sublimes masones^ que vigilen la conducta de los hermanos que aspiren á los Altos Grados. ARTÍCULO XII. Ningún grande^ electo^ perfecto sublime mason^ podrá obtener el grado de Caba- llero de Oriente, sin haber sido nombrado para vigilar la conducta de sus hermanos, durante siete meses; pero puede acortarse este tiempo según las circunstancias. ARTÍCULO XIII. Aunque los artículos segundo, cuaiTo y sexto, disponen que ningún caballero ocu- pe una plaza por más de un año, podrá, sin embargo, serviría otro más sino encuen- tra ninguno capaz de desempeñarla. En la fiesta anual del 22 de Marzo se suplicará en todo caso al oficial cesante, que para beneficio de la orden, desempeñe sus funcio- nes durante otro año. ARTÍCULO XIV. Todos los caballeros de Oriente, deben ser aptos para llenar las plazas del grado de Soberanos de la Orden masónica, y saber que por esta razón, y por los princi- pios de armonía é igualdad, es preciso que cada uno á su turno ocupe una plaza elevada. Por consiguiente, se reunirà una vez al mes el gran Consejo de Oriente, para (jue los caballeros de Oriente, práctiquen alternativamente todos los grados. Seria vergonzoso que un mason que haya alcanzado el rango sublime de este grado, ig- nore la ciencia de los grados inferiores, puesto que está obligado á enseñaría á otros. ARTÍCULO XV. Cuando un caballero de Oriente, visite una logia de perfección ó de Arxo Real. Se le recibir'á con los honores de la Bóveda, y si el venerable no fuera de su rango, ofre- cerá su asiento y su mallete al visitador, que lo aceptará ó no, según le parezca. Si lo acepta, será solo por un momento y se sentará después á la derecha del venerable, quién lo invitar'á á que inspeccione la obra de la logia. Si varios caballeros juntos visitaren la logia, se sentaran á derrocha é izquierda del vener'able, quién ofr^ecerá el mallete al de más edad. ARTÍCULO XVI. Todos los caballeras tendrán copia de estos aríiculos, cotejados y ceríificados por el Gr-an guar-da sellos, una copia de los Reglamentos y Estatutos de perfección, y una copia de los Reglamentos Generales de las logias del primer grado, para que puedan mantener el órden y disciplina en todas partes y en las logias regulares que visiten. Cómo vemos, la tendeneia no podia ser más clara y manifiesta, y estos caballeros de Oriente, se declaraban principes de la órden, manifestándose como el gr'·ado supe- DE LA MASONERÍA 677 rior que entonces existía. Poco después^ y según ya hemos manifestado^ aparecía el capitulo que tomó el nombre de caballero de Oriente y Occidente^ cuya logia se lia- maba Gran consejo y estaba compuesta de veinte y cuatro miembros. El presidente toma el titulo de Muy poderoso^ y los demás miembros se llaman Respetables Ancla- nos. Los miembros reconocidos en el grado y que pasaran del número indicado, po- dian asistir al Consejo sin voz deliberativa, y en este caso, recibían el titulo de res- petables caballeros. A la logia comparecían con mandil amarillo en forma triangular forrado y ribo- teado de encarnado. Se usaban dos bandas, la una blanca, puesta de derecha á izquier- da, la otra negra en forma de collar. De la negra pende la joya, que es una medalla beptágona, mitad de oro y mitad de plata, ó de nacar. En cada uno de los ángulos del anverso, estan grabadas las letras B.-. D.-. S.-. P.-. H.-. G.-. F.-. iniciales de las palabras Bellezas, Divinidad, Sabiduría, Poder, Honor, Gloria, y Fuerza. Encima de cada letra hay una estrella y en el centro de la medalla un cordero de plata puesto sobre el libro de los siete sellos, y en cada sello una de las referidas letras. En el re- verso bay dos espadas en cruz con las puntas bacía arriba, colocadas en una balanza en equilibrio y en las esquinas las iniciales de las palabras Amistad, Unión, Pveslgna- cion. Discreción, Fidelidad, Prudencia y Templanza. El catecismo de este grado es el siguiente: Pregunta. ¿Sois caballero de Oriente y Occidente? Respuesta. Lo soy.' P. ¿Que visteis cuando os recibieron? R. Cosas maravillosas. P. ¿Como os recibieron? R. Por medio del agua y la efusión de sangre. P. Explicadme esto. R. El verdadero mason, no debe vacilar en derramar su sangre, para sostener su órden. P. ¿Cuáles son los adornos de un consejo de caballeros de Oriente y Occidente? R. Tronos soberbios, el Sol, la Luna, carbones encendidos y una vasija de agua perfumada. P. ¿Qué figura tiene el consejo? R. La de un heptágono. P. ¿Quién lo representa? R. Un hombre con una túnica blanca y una faja de oro á la cintura; siete estre- lias alrededor de la mano derecha. La barba larga y blanca, la cabeza orlada de una gloria, una espada de dos filos en la boca y rodeado de siete candelabros con estas lelras. O.-. D.-. O.-. Y.-. P.-. Y.-. C.-. P. ¿Qué significa el circulo? R. Asi como el circulo se concluye con un punto, asi debe estar la logia unida con efecto y amor fraternal. P. ¿Qué significa el heptágono? 678 HISTORIA GENERAL R. Nuestro número misterioso comprendido en siete letras. P, ¿Guales son las siete letras? R. B.-. D.-. S.-. P.-. H.-. G.-. F.-. P. ¿Qué significan? R. Belleza^ Divinidad^ Sabiduría^ Poder, Honor, Gloria y Fuerza. P. ¿Explicadme estas palabras? R. La belleza debe adornar nuestras obras; la Divinidad ser nuestro primer ob- jeto de estudio; la Sabiduría sirve para inventar y trabajar; el Poder para castigar y confundir las calumnias de los hermanos malvados y de los profanos; el Honor es cualidad indispensable en todo Franc-mason que llene sus obligaciones dignamente, la Gloria indica que todo Franc-mason es igual al mayor Principe ó Potentado, y la Fuerza es necesaria para mantenernos y sostenernos. P. ¿Qué significan las siete estrellas? R. Siete cualidades que deben poseer los- masones. Amistad, Union, Resignación, Discreción, Fidelidad, Prudencia y Templanza. P. ¿Porqué son necesarias estas cualidades al mason? R. Por que la Amistad es una virtud que debe existir entre hermanos; la Union, ser el cimiento de nuestra sociedad; la Resignación, debe inducirnos á cumplir las leyes decretos de la logia sin murmuraciones; la Discreción, sirve al Franc-mason y siempre esté alerta y nunca deje sorprender nuestros misterios; la para que Fidelidad, observe rigidamente todos sus compromisos; la Prudencia, para que se con- para que duzca de tal modo, que ni la malicia del profano pueda censurarlo; la Templanza, pa- ra que evite siempre todo exceso que pueda hacer mal al cuerpo ó al espíritu. P. ¿Qué significan las siete letras de los candelabros? R. Los siete vicios de que deben huir todos los buenos y verdaderos masones: el Odio, la Discordia, el Orgullo, la Indiscreción, la Perfidia, la Incontinencia y la Ga- lumnia. P. ¿Por qué razones particulares deben huir los masones de estos vicios? R. Por que son incompatibles con las cualidades, y los principios de los buenos Franc-masones, que deberán evitar hacer mal á un hermano, aunque lo haya recibido de él, debiendo reunir en sí, todas las cualidades de un hombre bueno y recto, pues el Odio afea todos los bellos sentimientos del corazón humano: la Discordia es contra- ria á los principios de la Sociedad; el Orgullo se opone al ejercicio de la humanidad; la Indiscreción es fatal á la masonería; la Perfidia merece la execración de todo hom- bre de honor; la Incontinencia puede colocarnos en dilemas muy desagradables y la el de todos los vicios, aniquila los cimientos de la amistad Galumnia, peor y de la Sociedad. P. Esplicad, masónicamente el libro de los siete sellos, que solo uno tiene derecho para abrir. R. Significa una logia 6 consejo, que solo el Muy Poderoso tiene el derecho de abrir ó empezar. P. Qué había guardado en los siete sellos? DE LA MASONERÍA 679 R. El primero^ contenia un arco^ flechas y una corona de oro. El segundo^ una espada de dos filos. El tercero^ una balanza. El cuarto^ una calavera. El quinto, un paño manchado de sangre. El sesto, el poder de oscurecer el sol y manchar la luna con sangre. El séptimo, siete trompetas y perfumes. P. Esplicad todas esas cosas. R. El arco, las flechas y la corona, significan que las órdenes de este respetable consejo, deberán ejecutarse con la misma presteza y exactitud, que una flecha tirada de un arco, y recibirse con tanta sumisión como si emanasen de una cabeza coronada. La espada, que este consejo y da Orden de Franc-masones en general, está siempre armada para su defensa, y para castigar á los culpables. La balanza, que la inasone- ría deberá proceder siempre con justicia en todas sus causas. La calavera, que es de un hermano que dió motivos para que se le excluyera de su Logia ó Consejo. La tela blanca manchada de sangre, que no vacilaremos, si fuera ¡necesario, en derramar nuestra sangre en defensa ó para bien de la causa de la masonería. La facultad de oscurecer el sol, y manchar la luna con sangre, representa las facultades de los su- premos consejos de entredichar las obras de cuerpos inferiores, cuando son irregula- res, hasta que reconozcan su error, y se sometan á las leyes y reglamentos de la órden establecida por las Grandes constituciones. El sol es la luz de la verdad oscurecida por los errores y el vicio. La luna, nos representa la vanidad de todas las cosas terrestres, que, como la luna, estan sujetas al cambio, y las cuales debiéramos desechar, y aspirar sola- mente á las riquezas y honores del cielo. La luna refleja la luz del sol sobre la tierra, y empañada en la sangre, simboliza la luz de la verdad eclipsada por medio de las guerras, que han arrasado el mundo. Las siete trompetas, significan que la Franc- masonería se extiende sobre la superficie del globo, en alas de la fama, y se sostiene con honor. Los perfumes, representan el buen olor de la virtud, y denotan que la vida de un buen mason debe estar libre de toda tacha, y perfumada con una buena nota. P. ¿Cuál es vuestra edad.? R. Soy muy anciano. En cuanto á la historia de este consejo ó grado, todos los rituales dicen poco mas ó menos, que este grado de carácter militar y caballeresco, en su historia no tiene reía- clon alguna con la Franc-masoneria. Los caballeros nos dicen que al regresar sus antepasados de la Tierra Santa, en la época de las cruzadas, fundaron esta órden, y que en el año de 1118, los primeros caballeros, en número de once, prestaron votos de guardar secreto, amistad' y discreción, en presencia de Garimont, patriarca y principe de Jerusalen. Lleva este nombre por haber sido creado en Oriente, en Palestina y trai- do de alli al Occidente. Se confiere por comunicación. Sabiendo ya, por que claramente nos lo revela la historia auténtica, á que es á lo que nos tenemos que atener, con respecto á la creación de estos dos grados, lo que mas estraña y sorprende desde luego, es que se hayan mantenido en los rituales ma- sónicos, si bien es cierto, que los sucesivos reformadores se han dejado seducir, y no 680 HISTORIA GENERAL poco, por la vana fantasmagoría que en ellos brilla. Nacidos en medio de aquel des- orden y de aquellas irregularidades, creados solo por el capricho de aquellos indi- viduos, que como está perfectamente averiguado, querian hacer servir á la orden á fines puramente políticos, no debieran ser jamás admitidos, pero ellos son afrentosa patente del estado en que se mantuvo la masonería en Francia durante su primera época. CAPITULO XXXIII. Alteraciones infieducidas en el seno de la Gran logia, por los capítulos especiales que se hablan creado.—Medidas toma- das por la Gran logia.—Ineficacia de ellas y resultados que produjeron.—Lucha entablada entre los partidos masó- nicos.—Parte que en esta discusión tomó la autoridad civil.—Suspension de las sesiones de la Gran de la órden á logia.—Progreso pesar de todo.—Medidas tomadas por algunos hermanos en favor de la institución masónica.—Muerte del conde de Clermont.—Tentativas hechas para que la Gran logia reanudara sus tareas.—Petición hecha al de duque Luxemburgo.—El duque de Chartres es nombrado Gran maestre.—Inconvenientes que desde luego esta presentaba elección.—Biografía del duque de Orleans.—Nombramiento de adjunto á favor del duque de Luxemburgo.— Nombramientos de los demás oficiales.—La nueva constitución masónica.—Carácter de ella.—Orden de revision todas las para cartas patentes.—Disturbios á que dió lugar.—Sanción del Gran Venerable.—Comisión nombrada Gran por la logia para presentarle las disposiciones á que les hacía faltar.—Conducta del duque de de los Orleans.—Importancia dignatarios del Gran Oriente de Francia, al tomar este nombre, la Gran logia de dentes de Paris.—Proyecto de los disi- publicar una historia de la masonería.—Memoria acerca de la historia de la masonería, publicada por La- bande.—Negativa de los disidentes á entregar los archivos.—Medidas tomadas por el duque de Luxemburgo, ó yecto la pro- para creación de las logias provinciales.—Proposición del duque de Luxemburgo para la renovación de los cargos.—Buenos efectos de la organización de la sociedad.—Socorros distribuidos.—La logia «El Candor, j —Sus miembros.—El marqués de La Fayette.—Su biogafía. orno eran tan extrañas y discordes las pretensiones de cada uno de estos capitulos^ establecidos en su mayor parte por la voluntad de aquel, á quien se le habla antojado crearlos, no podía sorprender á nadie, por cuanto era un hecho casi inevitable, que la armonía entre unos y otros durara muy poco tiempo, efectivamente, así fué, y en 1760 comenzaron á advertirse cía- ramente, síntomas de desunión entre los caballeros de Oriente y de Occi- dente, que, como sabemos, procuraban tener nada menos que la suprema- cía absoluta sobre toda la órden. Unos y otros, hablan llevado al seno de la Gran logia, la discusión de los asuntos en que hacían consistir sus discu- siones, y naturalmente, en esta halló eco la division, que era lo único que ya faltaba á tan descompuesta masonería: esto no obstante, con objeto de prevenir los disturbios que de continuo estaban provocando los individuos adscritos á los grados elevados, la autoridad de la Gran logia, publicó un decreto con fecha 24 de Agosto de 1766, cuya letra era poco lisonjera para ellos, y cuyo ñn principal, no era otro que pro- 86 682 HISTORIA GENERAL hibir que las logias simbólicas, reconocieran la autoridad que los mencionados capitu- los babian usurpado. Esta usurpación, que claramente resulta de los reglamentos del capitulo de los Caballeros de Oriente, que liemos dado á conocer á nuestros lectores, representaba el mayor abuso que jamás se ba cometido en el terreno masónico, y á penas, si se com- prende, ni puede explicarse, tanto que hubiera quien lo realizara, como quien lo tolerara. Durante un largo número de años, bien lo vemos fué asi, y en todos ellos, la Gran logia no elevó ni siquiera una protesta, por medio de la cual, pudiera venirse en conocimiento, de que no aprobaba, ni toleraba, becbos de semejante natu- raleza; fué menester que amenazaran destruirlo todo, y corromperlo todo con sus de- sórdenes, para que al fin la Gran logia de Francia diera señales de vida, y es menester no perder de vista, que si antes lo hubiera querido hacer, lo hubiera realizado, con- tando siempre con el apoyo de no pocas logias, que en todo tiempo permanecieron estrañas á tan fatal é inútil movimiento innovador. Hizo como vemos, y al año siguien- te, ó sea en 1767, comunicó su desicion á la Gran logia de Inglaterra, entrando desde esta fecha la correspondencia regular con ella, y consiguiendo desde los primeros momentos, gracias á un convenio que celebrara, que, la Gran logia de Londres, no expediria patentes de constitución de logias para dentro del territorio Francés, de la misma manera, que la en que nos ocupamos, se comprometia no hacerlo, sino para el territorio que naturalmente alcanzaba en jurisdicción. Estas medidas y estos arreglos, que tomados en principio hubieran dado muy pro- vecbosos resultados, llegaron en la ocasión aquella demasiado tarde: la excision era ya manifiesta, los ánimos estaban sobreexcitados, y uno y otro partido se bacian una dura y sangrienta guerra, por medio de libelos y folletos en los que se bailan cuentos de detalles, que ninguno favorecia á la institución. El escándalo subió de punto, llegan- do á tal extremo, que el Gobierno tuvo que intervenir dictando como medida preven tiva, una órden para que la gran logia suspendiera sus sesiones. Sin embargo, como de cualquier manera que sea la masonería, había becbado ya raíces esta disposición, que llegó á dictarse en 1767, no encontró fiel ni exacto cumplimiento, sino que por el contrario, los individuos de algunas logias continuaron reuniéndose secretamente, si bien no con mejor carácter que antes, sino perpetuando el desórden y las irregulari- dades. Todos los historiadores están conformes en asegurar, que el número de paten- tes expedidas desde 1767 á 1771, fué mayor que en el mismo plazo anterior, pero de las investigaciones practicadas, resulta, que todos estas patentes carecían de las formal i- dades y requisitos exigidos por las antiguas constituciones de la órden; al propio tiein- po, se abrieron trece logias en París, y treinta y dos en los departamentos, siendo sa- tisfactorio poder consignar, que muchas de ellas, no babian perdido de vista el estado en que la masonería se encontraba en Inglaterra, y que se atuvieron en un todo para regularizar su marcha á los reglamentos y estatutos porque se reglan las logias del Reino unido de la Gran Bretaña. Algunos de los individuos que no babian podido menos que ver con soberano dis- gusto los escándalos habidos, y el desprestigio en que la órden masónica se encon-' DE LA MASONERÍA 683 traba^ procuraron sacarla de tal estado^ para lo que^ comprendieron era necesario ha- cer ingresar en ella á hombres notables que se interesaran por su bien. En 1771^ habia muerto el Conde de Clermont^ que ya por carecer de carácter para ello^ ya por no ha- llar medio hábil para reprimir los desórdenes^ nada había hecho en pró de la ins- titucion, cuyos destinos siguiera. Aprovechando pues, este momento, repitiéronse ten ta- tivas que ya antes se habían hecho, sin conseguir resultado, para que la Gran logia, secundara sus tareas; muchos hermanos, en su mayor parte, individuos de :1a clase media, no abandonaron el empeño, si no que preconizando siempre la necesidad de llevar á cabo una reforma de la orden, solicitaron y obtuvieron una entrevista del ma- i'iscal de P'rancia, Cárlos, Francisco, Federico de Montmorenci, Duque de Luxembur- go, ante el cual se presentaron como los más puros masones, rogándole que influyera con el Duque de Orleans, á ñn de que éste aceptara la jefatura que le ofrecían. F1 Du- que de Luxemburgo realizó satisfactoriamente la misión que le hablan encomendado, y con efecto, el Duque de Chartres aceptó los altos poderes. Parecía escrito que la masonería francesa no habia de cometer más que errores, y decimos esto, porque sobre los ya registrados, tenemos que señalar el de esta elección que es de los mayores. Luis Felipe José, duque de Orleans, llamado Igualdad, durante la revolución, habia nacido en Saint Cloud, el 13 de Abril de 1747; llevó el titulo de du- que de Montpensier hasta 1752, y el de duque de Chartres, hasta la muerte de su padre ocurrida en 1785. Casado el 5 de Abril de 1769, con Luisa María Adelaida de Borbon- Penthievre, escandalizó á los cortesanos durante las ceremonias de su boda, por el total desprecio que hizo de la etiqueta, pues en todos los actos de su vida se vió clara- mente que el principe amaba las opiniones ñlosóflcas del siglo xviii, con las diso- lutas y corrompidas costumbres de que tanta gala se hizo en la regencia. Hizo que Manuel de Genlis diera á sus hijos una educación á la Rousseau, y entusiasmado con las costumbres é instituciones inglesas, procuró hacerse partidarios, gracias á sus prodigalidades y á lo afable y familiar de su trato. F1 primer acto que comenzó á va- lerle alguna popularidad, fué, la viva oposición que hizo al golpe de Estado del canci- 11er Marpeon; pero esto le valió también el primer destierro. Al subir Luis XVI al trono, volvió nuevamente nuestro personage á la córte; pero la reina María Antonieta, no disimuló nunca la adversión que le profesaba, y procuró hacérsela comprender por cuantos medios tuvo á su alcance. A partir de esto, comen- zaron á advertirse en la córte dos partidos; el de la reinay el del duque, partidos que debían hacerse una guerra sangrienta y cruel, de lasque más dañan y perjudican, pues casi siempre fueron sus armas las insinuaciones y las imputaciones calumnio- sas. De todo ello, los peores resultados para el duque fueron, que nunca por parte del monarca obtuvo, para sus pretensiones, sino respuestas dilatorias, como ocurrió al solicitar el cargo de vigilante del gran almirantazgo de Francia; después déla campa- ña habida entre Francia é Inglaterra, durante la que el duque de Chartres sirvió como voluntario, volvió á Paris, donde lo recibieron con una ovación que irritó más y más á sus enemigos los partidarios de la reina. Poco después, tuvo que embarcarse nueva- mente, y durante su ausencia se lanzaron contra el los libelos más injuriosos, traba- 684 HISTORIA GENERAL jando tanto de este modo en su desgracia^ que cuando volvió^ no solo lo recibieron muy friamente en Versalles^ sino que la misma INIaria Antonieta le significó^ en nom- bre del rey^ que debía abandonar el servicio marino, y no contentos con esto, sino que deseando cerrarle la puerta de esta carrera, Luis XVI lo nombró coronel general de húsares, cargo recientemente creado y puramente honorifico, que apareciendo como un favor, representaba una desgracia. Lastimado en su orgullo, dejó de comparecer en la córte, y poco después, empren- dió un viaje á Inglaterra, aficionándose más y más á las sencillas costumbres de aquel pueblo, que procuró implantar en su pais al regresar á él; visitó después la Ho- Icinda y la Italia, y al regresar de nuevo á París, de vuelta de este viaje es, cuando fué electo Gran maestro de la masonería, en sustitución del conde de Clermont. Hacía dos años ya, que el duque de Chartres llevaba el titulo de duque de Orleans, cuando entró á formar parte de la asamblea de los notables de 1787, en la cual, se atrevió á interpelar al rey, haciéndole saber, que el derecho de votar impuestos perte- necia solo á los estados generales. Esta actitud le valió ser desterrado el 21 de No- viembre, volviendo el 23 de Marzo de 1788, para continuar en su actitud hóstil á los proyectos de la córte, poniéndose á la cabeza de la tercera sección de la segunda asamblea de notables: nombrado después diputádo, en los estados generales por la nobleza de París, se cuenta, que después de la procesión que tuvo lugar en Ver- salles, el 4 de Mayo, víspera de la apertura de los estados generales, el duque se mez- ció con los diputados del tercer estado, y la multitud, reconociendo en él á quien du- ran te el invierno había hecho grandes distribuciones de víveres álos pobres, lo aclamó con entusiasmo, hasta el punto de que, según testigos presenciales, la reina se sintió próxima á desmayarse por el despecho. Electo presidente de la Cámara, el 3 de Julio, no quiso aceptar este puesto declarando que era incapaz de desempeñarlo debidamen- te, y con este acto y otros de igual naturaleza, acreció tanto su popularidad que cuan- do la calda del ministerio, el pueblo entusiasmado, paseó triunfante su busto por las calles de París en compañía de el del inolvidable Neker. A poco tiempo, el jardín del Palacio Real, que era el sitio en que se reunían los oradores populares, entre los que descollaba el célebre Camilo Desmaulin, se convirtió en un centro de agitación cada día más grande, y de allí partieron las masas agitadas que se apoderaron de la Bastí- lia, prisión terrible en la que yacían condenados muchos infelices; que en su mayor número, no cometieron más delito que el de hacerse sospechosos á los ojos de aque- líos que en todo veían sombras patibularias. De este movimiento, como del que las hambrientas masas realizaron contra ^^ersalles, fué vivamente acusado el duque de Orleaans, á quien se suponía instigador de todo lo que se tramaba contra las institu- clones y contra el trono. Además, y como la malevolencia en nada se para, ni nada le contiene, le imputaban que en 1787 había acopiado todos los cereales que se presenta- ron en el mercado, almacenándolos sin darle salida, creando de esta manera un liam- bre ficticia que irritaba más y más al pueblo contra los gobernantes; que parte de es- tos mismos cereales, los habla vendido más tarde á subidísimos precios, para conse- guir ganancias exorbitantes, y que compensado con ellas, habla repartido las demás DE LA MASONERÍA 685 • gratis á los pobres, con objeto de aumentar su popularidad; se le acusaba también de tener asalariados á los agitadores y libelistas, para que hablaran mal de Luis XVI y de Maria Antonieta, y esparcieran especies calumniosas contra ellos, á fln de que los reyes fueran destronados y lo nombraran á él regente del reino, medio fácil y seguro de llegar á ocupar el trono. Si bien es necesario conceder que muchas de estas acusaciones eran de todo punto gratuitas, otras tenian sobrado fundamento, pues desde los primeros dias de la revo- lucion, el Duque de Orleans, cuyo principal agente era Lacios, se hallaba á la cabeza de un partido, en su mayor parte formado de hombres que se lo debían todo, y que en nada se hubieran parado para hacerle ocupar el trono; pero es lo cierto, que él se ha- liaba indeciso sin saber que camino tomar, y que sea como quiera, no tenia talla has- tante para desempeñar el papel á que sus secuaces querían comprometerlo; y antes que todo, forzoso es confesar, que, aunque conocida la ambición del Gran maestre de la masoneria, y aun, lo que es más, sabiéndose pues era público, el odio que profesaba á Maria Antonieta, no está suñcientemente probado que faltara sin caridad á sus pa- labras cuando públicamente decía. «Un asesinato, matando al rey ó á la reina, deja vivir á la monarquia, á las leyes del reino y á los principes herederos del Trono. Para subir á él tendría que pisar cinco cadáveres colocados ante mi ambición. Estos esca- lones del crimen, me hubieran conducido solo á la excecracion de la nación, y hasta los mismos asesinos se hubieran cansado.» A pesar de todo, es bien cierto, como ya he- mos dicho, que á la corte en general, y á María Antonieta en particular, la odiaba con toda el alma, alimentando inscsantemente un deseo de venganza, que cada uno, y to dos los de su partido, procuraban fomentar sin perdonar ningún medio. Las acusaciones que se levantaron contra el Duque de Orleans después de las jor- nadas de Octubre, fueron tan serias, que el mismo Laffayette pidió al rey que lo ale jara de Francia, dándole una misión ficticia en Inglaterra. «El rey, dice Mr. Thiers, a escribir al Duque de Orleans, le dijo, que era menester que él ó Laffayette, se retira- ran; que en el estado en que la opinion se encontraba, la elección no era dudosa, y (lue por consiguiente, le daba una comisión para Inglaterra. Se ha sabido después que Mr. de Montmorenci, ministro de Negocios Extranjeros, para verse libre de la ambición del Duque de Orleans, lo habla dirijido hácia los países bajos, insurreccionados entonces contra el Austria, prometiendo otorgarle el título de Duque de Bravante. Sus amigos> al tener noticia de tal debilidad, se irritaron considerablemente.» Durante su ausen cía, el Chatelet abrió una información acerca de los acontecimientos de Octubre, y con- cluyó por presentar acta de acusación contra el Duque, y contra Mirabeau. Habiendo vuelto á Paris el 7 de Julio, el Duque de Orleans, pronunció el 11 del mfismo mes un discurso en la asamblea nacional para rechazar las acusaciones de que había sido ob- jeto: el 2 de Octubre siguiente, después de una discusión en la cual, Mirabeau hizo, gala de las portentosas cualidades que el cielo le habla concedido, la asamblea, des- pues de haber escuchado el informe de su diputado Chabrean, desidió por una consi- derable mayoría, que no había lugar á acusación ni contra el Duque; ni contra Mira- beau. Después de la huida de Luis XVI, y de su prisión en Varennes, en el mes de Ju 686 HISTORIA GENERAL nio de 1791, el Duque de Orleans no hizo nada para recojer la corona que habla roda- do por tierraj sin embargo, dos orleanista La Clore y Buiseon, fueron los que presenta- ron en el club de los jacobinos del que el duque formaba parte, una petición, en la que se exigía la destitución de Luis XVI, como traidor á sus juramentos, petición que fué causa de los asesinatos llevados á cabo en el Campo de Marte. Después de la discusión de la Constitución, en el mes de Agosto siguiente, el Duque de Orleans declaró que re- nunciaba á las prerogativas de su rango, y á sus derechos eventuales á la regencia; en la asamblea constituyente, que dió fln á sus trascedentales trabajos el 30 de Se- tiembre de 1791, solo había tomado la palabra muy rara vez, desempeñando un papel muy secundario, limitándose, las mas de las veces, á votar con el partido constitu- cional. Durante las tareas de la asamblea legislativa, de que no podia formar parte, dió ocasión para que se hablara de él. Bertran de Bonneville, ministro de Marina, intentó reconciliarlo con el rey después de haberlo comprendido en el escalafón de los vice-al- mirantes, y le hizo tener en Enero de 1792, una entrevista secreta con el rey. Esta en- trevista, tuvo el resultado que esperaba el ministro, á quien Luis XVI dijo después: «Creo, como vos que el Duque de Orleans vuelve de buena fé, y que hará todo lo que de él dependa para reparar el mal que ha hecho, y del que es posible, que no haya tanto por su parte, como nosotros hemos creído. «A pesar de todos estos esfuerzos, y tentativas, María Antonieta, que no perdonaba nunca, y su partido estaban llamados á hacer inútiles todos los trabajos, y aun mas que esto, pues á partir del momento en que fué conocida la conferencia secreta entre el rey y el Duque de Orleans, se empe- ñaron, y consiguieron, que acreciera el ódio que este último sentía hácia la corte;» el domingo siguiente, dice un escritor, el nuevo almirante se presentó para hacer la Cor- te al rey. El cubierto de la reina estaba puesto y los cortesanos se encontraban allí en gran número, apenas apareció el Duque, se escucharon las frases más depresivas en- contra suya. Tened cuidado con los platos, exclamaban por todas partes, como si se hubiera temido que echara veneno en ellos, le empujaban, le pisaban los piés y lo obli- garon al ñn á retirarse. Cuando bajaba la escalera, le escupieron repetidas veces, con todo lo cual salió justamente indignado y más irritado que nunca, creyendo que el rey y la reina le hablan preparado aquella escena tan humillante. Sin embargo, esto no era cierto, el rey no se habla apercibido de nada, siendo por tanto inocente, pero nada hizo tampoco por reparar el mal efecto, y la reina, aunque no manifestó nada, se sintió halagada por los hechos que realizaron sus cortesanos y el envilecimiento del Duque. Algun tiempo después, el Duque de Orleans se incorporó al ejército del Norte, en el que sus dos hijos el Duque de Chartres, después Luis Felipe, y el Duque de Mont- pensier, formaban parte como agregados al estado mayor del general Dumonner. Mas como todas las miradas pesaban sobre él, y era grande la desconfianza hacia todos sus actos, la corte temió que se hiciera también un partido en el ejército, y muy poco después, le envió una órden para que regresara inmediatamente. Vuelto á Paris el Duque de Orleans, se encontró en plena corriente revolucionaria, y se unió á ella con todas sus fuerzas, hasta el límite de que, cuando las elecciones DE LA MASONERÍA. 687 de 1792^ los parisienses lo eligieron como uno de los diputados que hablan de represen- tarlos en la convención. Después de la abolición de los títulos nobiliarios^ lo designa- ban ordinariamente con el nombre de Mr. de Orleans, basta el 15 de Setiembre, que aceptó del municipio el de Felipe Igualdad, propuesto por Manuel. En la convención, se sentaba en la extrema izquerda, entre los montañeses, que lo defendieron contra los girondinos, tan encarnizados contra él como los realistas, y gracias á aquellos, fué aplazada la ejecución de la órden que desterraba de Francia, á todos los Borbones, para que no le alcanzara. En el proceso de Luis XVI, Felipe Igualdad, no titubeó en votar la muerte sin dilatoria y sin apelación alguna. «Consagrado únicamente al cum- plimiento de mi deber, convencido de que todos aquellos que ban atentado ó atentaren en adelante á la soberanía del pueblo, merecen la muerte, voto por la muerte.» Tal acto, cuando se trataba de castigar á un hombre, al que estaba unido por los lazos del parentesco, sorprendió grandemente á los republicanos mismos y escitó la furia de os realistas. La participación de su hijo menor el Duque deCbartres, en la traición del general Dumansier, fué la causa principal que ocasionó su pérdida. Habiendo ordenado la convención que fuerán presos todos los Borbones, para servir de rehenes á la Repú- blica, Felipe Igualdad, fué detenido el 5 de Abril de 1793, conducido á la Abadia, y desde alli trasportado á las prisiones de Marsella. En vano fué que en distintas oca- ciones se dirijíera á la convención, protestando de su patriotismo, y reclamando al mis- mo tiempo ser puesto en libertad. El 3 de Octubre, votada la proposición de Villant- Varenne, fué comprendido en el proceso formado á cuarenta y cinco diputados gi- rondinos, y conducido nuevamente á París, compareció ante el tribunal revoluciona- rio, acusándosele de haber querido ocupar el Trono, y de haber conspirado para ello con Dumansier, condenado á la pena de muerte, pidió ser ejecutado inmediatamente, y asi se le concedió el 6 de Noviembre de 1793. Fácil es comprender, que en el estado en que la masonería se encontraba en Fran- cía, no era un Gran maestre del cáracter del Duque de Orleans, lo que le hacia falta; sea como fuera, el carácter de este personaje y el papel que desempeñó en los trájicos sucesos de la revolución, aquello no ba sido bien juzgado por nadie; ambicioso como pocos, procuraba únicamente realizar los fines que en provecho propio se había pro- puesto; individuo de la familia de los Borbones, adolecía de sus defectos y todo su li- beralismo, todos sus instintos revolucionarios hemos de suponerlos nacidos del odio que á la corte profesaba. Ajitador constante y continuamente ajitado, no se daba tre- gua ni reposo en perseguir aquello que creia convenirle; ocupado de sus pretensiones, tuvo que estar ausente no pocas veces y otras se mantuvo alejado de la capital por su deseo de permanecer extraño á la Corte: vuelto á ella, poco, muy poco tiempo, tenia para dedicar á los asuntos de la órden, cuando las luchas políticas y las tareas parla- mentarlas se lo absorbían todo. Esto que decimos, con respeto á su actividad é inteli- gencia, no está compensado tampoco con la importancia que pudiera proporcionar, gracias al explendor de su apellido, pues acabamos de ver que aborrecido de la Cor- te, carecía de importancia como individuo de la nobleza, y no perteneciendo á las ma- sas populares, estas le aclamaban y vitoreaban solo porque seguia la corriente que á 688 HISTORIA GENERAL ellas agradaba^ pero nunca pudieron dejar de mirarlo con desconfianza. Lo que atenta- mente consideramos hoy, pudieron hacerlo entonces aquellos á quiénes directamente importaba^ por tratarse de una obra grande, á la que debían contribuir por los gran- des resultados que la humanidad entera podia esperar de ellos, más parecía escrito que la masonería en Francia, no hubiese de salir en muchos años del profundo caos en que la hablan sumido las primeras irregularidades. Celebrada la asamblea, en la que el Duque de Chartres quedó investido de las altas funciones que le correspondían como Gran maestre, éste nombró su adjunto al Duque del Luxemburgo. El 14 de Agosto de aquel mismo año 1766, fueron nombrados los demás oficiales de la Gran logia, á la que se presentó casi inmediatamente, una nueva constitución, más en armonía con el carácter general de la órden. Hasta entonces, y según venimos viendo, cada logia, cada capitulo, trabajaba por si sin cuidarse délos demás, á los que parecían completamente ajenos; por lo cual, puede decirse propia- mente hablando, que no existia verdadera masonería. En esta constitución á que ahora nos referimos, procuraban evitarse los males que de aquella resultaba, á cuyo fin, su base era el sistema representativo, estableciendo la cooperación legal de todas las logias, para que juntas contribuyeran al fin común. Esto era un notabilísimo paso, tal vez el de más importancia que hasta entonces habían dado los masones franceses, y es la verdad, que si hubieran continuado por esta senda, habrían recorrido en un solo año mas distancia, que toda la que llevaba recorrida la masonería en este periodo. Como allí, lo mismo que en Inglaterra, lo mis- mo que en las demás naciones, el objeto de la masonería, no podía circunscribirse á la capital, aquel mismo año, se acordó también el nombramiento de veintidós grandes inspectores provinciales, cuyo encargo, era visitar las logias establecidas, ya en los departamentos, cuidar de la observancia fiel y exacta de los reglamentos y constitu- clones, determinar los aumentos de salario, é imponer á la Gran logia de los adelantos y progresos que realizara la órden, en todo el suelo francés; la duración de estas fun~ clones para cada uno de ellos, se fijó en tres años, periodo demasiado largo, dentro del que, aun muchos de los que habían acometido la tarea con entusiasmo, se descui- daron ó atendieron mas, lo que menos importancia tenía, como eran los altos grados de los que la Gran logia no había prescindido desgraciadamente. Bueno es tener presente, sin embargo, que dada la situación en que la masonería se encontraba en Francia, los golpes de cualquier reforma, que en buen sentido se hubiera querido llevar á cabo, no podían ser muy rudos, pues esto hubiera provocado conñictos cada vez mayores, cuyo resultado irremisible hubiera sido la dispersion to- tal. Aun llevándose muy paulatinamente, tendremos ocasión de ver la série de contra- riedades con que tropezaron, pues, tan arraigados estaban los vicios, que por decirlo asi, ellos, y solo ellos, daban constitución á la orden. Urgía ante todo ver de que manera se cohibían aquellas jurisdicciones usurpadas, y de que modo los elementos discordes que se creian autónomos, y que como tales procedían, entraban por el buen camino, pasando á formar parte de aquel todo armónico y sublime, que en todo tiempo, debe formar el ideal de la institución masónica. Convenía átodo trance cohibir el desarrollo DE LA MASONERÍA 689 de los grados elevados^ que no obedecían á necesidad alguna^ y poner orden én los desmanes que dentro de la orden cometían, y ciertamente que no faltará quien diga, que el mejor y más inmediato remedio, hubiera sido suprimirlos totalmente ó hacer caso omiso de ellos. Nosotros convenimos con los que asi piensen, y afirmamos que dentro de una sociedad cualquiera, el miembro que no responda á los fines del insti- tuto, lo mejor es suprimirlo de un solo golpe, pues de tal modo, se consigue evitar el mal que por si causa, así como también, los perniciosos efectos que puede producir contagiando á los demás, y no cabe dudar, que la conducta observada por los indivi- duos que componían los capítulos aquellos, era digna de este procedimiento: hemos visto de que modo constituyéndose por si y ante si, surgiendo por la voluntad de un solo individuo, se abrogaban poderos y facultades que á nadie competían mas que á les altos poderes de la orden; hemos visto, que sin que nadie les liubiera conferido el cargo, se confesaban inspectores de la orden en general, y que aun extremando más y más sus usurpaciones, se creyeron con poder bastante para conferir grados y au- mentarlos en los individuos que creyeran aptos para ello, á'olvemos á repetirlo, el procedimiento mas acertado hubiera sido suprimirlos de hecho. ¿Pero, cómo hacerlo, cuando á esto estaba reducida la órdenen Francia durante todo aquel periodo.? ¿Cómo suprimir los altos grados por una decision de la Gran logia, cuando esto hubiera equi- valido á declarar disuelta la masonería. Dado este conflicto, no habia otro remedio sino proceder con sumo tacto y cautela; se hacia preciso ir desarraigando el mal muy paulatinamente, para no aumentar el trastorno, si es que aun cabia que se aumentara este, y de aquí que no podemos me- nos que alabar la conducta de algunos dignatarios que procuraron conseguir el objeto digno de loor que se habían pimpuesto, aun lanzándose en aquel revuelto y confuso, caos. De este modo se establecían también relaciones entre todos aquellos poderes, y se conseguía un lazo entre cada uno de los elementos discordes y la Gran logia. El primero que realizara esto fue el mismo duque de Euxemburgo, Gran maestro, adjunto nombrado por el duque de Chartres, el cual aceptó la presidencia del capitulo forma- do por los que se llamaron caballeros de Oriente, pero, no bien hubo tomado posesión de aquel puesto, declaró que no podía reconocer en aquel cuerpo masónico, derechos ni preeminencia.s, asi como tampoco reconocerle jurisdicción especial, que en todo ó en parte pudiera hacer creer que su designio era hacer competencia á la Gran logia; todo lo que sorprendió extremadamente á los que tan superiores se creían, y dió lugar á que se pensara en inmediatas reformas; á este fin, se nombró una comisión cuyo encargo especial, no era otro según de el acta se declaraba, que estudiar los medios conducentes á cohibir los abusos que desde hacia tanto tiempo, venían perjudicando á la masonería, y esta comisión, compuesta en su mayor número de individuos, celosos y buenos masones, dió su primer paso expidiendo á todas las logias una circular con fecha 17 de Setiembre, en la que se esponian detallada y circunstanciadamente todos los abusos y desórdenes que con los altos grados se habían introducido, y en la que se aconsejaba, que para poner coto á ello, todos debían someter sus poderes á una revision, y en ella se prevenia también, que las patentes, para constituir nuevas logias 87 690 HISTORIA GENERAL en Paris, tendrían que ser solicitadas de esta comisión, l-istas disposiciones, especial- mente la ultima, adolece del defecto de que en cierto modo acordaba con la inamovi- lidad de los empleados, pero en cuanto á las demás, se comprende que los flnes eran buenos, y que si se realizaban, no dejarían de dar resultados. Lo primero que en ellas advierte, el deseo deponer término á los privilegios que muchos talleres hablan se es, usurpado, y se ve que se habla de todas las logias por igual sin hacer escepcion; todo cuerpo masónico constituido, tenia que someterse á la revision acordada sin escepcion nivel con y sin cortapisas, de modo, á que las logias establecidas en Paris quedaban las que se hablan abierto en provincia, todo lo cual revela, que el deseo que habla precidido al dictar la medida, era el de que se consideraran como partes de un todo. Al principio, los venerables de la capital no hicieron alto en ello, y continuáronse cuidando de las tareas de la comisión, nunca faltó en la nación aquella, un indivi- pero duo que lo alterara y lo agitara todo, y en aquella ocasión lo fué el hermano Labady. Era este un hombre oscuro y sin méritos para llegar á ocupar puesto superior alguno, pero su ambición era aun mayor que su ignorancia, y para darle satisfacción disponía se solo de un carácter intrigante un genio inquieto. Estas cualidades por las que ha- y cia tan poco recomendable, fueron causa de que en el seno de la Gran logia, á la cuál pertenecía, hubiera disenciones y disgustos, á los que se creyó poner ñn expulsándole de ella. El natural despecho deseo que esto le causara, asi como también el vehemente los ve- que tenia de figurar, fueron las razones que tuvo para llamar la atención de nerables que estaban al frente de logias en Paris, indicándoles el menoscabo que re- presentaba para sus derechos y privilegios el acuerdo de la comisión inspectora. Estos, hemos indicado, ó no se hablan fijado en ello, ó no estaban en fuer- que como según zas para provocar una exicion, al verse animado por un individuo que habla perte- necido á la Gran logia, de la según el mismo alegaba, habla sido echado y que, jus- lamente defender las prerogativas que venían disfrutando los venerables de Paris, por animaron convocaron en 17 de Junio del mismo año 1773, una asamblea, cuyo se y principal, y tal vez único acuerdo, fué protestar de las decisiones que creian aten- de tatorias para ellos, creciendo cada vez más la soberbia y pretensiones ellos, y llegaron hasta declarar que quedaba nulo, y sin ningún valor, todo lo que hasta alli habla hecho ó hiciera la Asamblea nacional, que en 9 de Marzo tomó la Gran logia. Esto no obstante, la logia nacional continuaba sus trabajos tomando cuantas me- el didas creian conducentes al bien general de la órden, y como quiera que ya pri- mer golpe estaba dado, y no habla que temer, por consiguiente, que la medida fuera acusada de brusquedad, suprimiéronse de los estatutos todos los capítulos especiales que se hablan venido adoptando, mandándose imprimir los reformados, y dióse cuen- 26 de ta á todas las logias de los progresos realizados en una circular fecha Junio, de la cual estractamos los párrafos siguientes: la elección de su «Los venerables de las logias de Paris, os habrán informado de de ilustre Excelencia el Duque Chartres, en calidad de Gran maestro, y de la de su hermano el duque de Luxemburgo, en calidad de administrador déla órden en Eran- órden cia, Las circunstancias exigían una nueva forma en la administración de la y DE LA MASONERÍA 691 ocho comisarios especiales han sido encargados por los maestros de Paris^ reunidos en logia, de este trabajo, que les ha ocupado durante seis meses. La circular que se os dirigió para invitaros á asistir á la instalación del Gran maestro, y para sancionar el reglamento preparado por la comisión, ha sido causa de que nuestros diputados ven- gan á la capital. Aqui se han dado á conocer reuniéndose por fin el 5 de Marzo, de 1773. En la segunda asamblea celebrada el 8 do Marzo, ratificaron por aclamación la elección del venerable Gran maestre y del venerable gran administrador general, dh cidiendo que trabnjarian de común acuerdo, con los hermanos de París, por la pros- peridad general de la orden. El 9 de Marzo volvió á reunirse bajo el mallete del ad- ministrador general, el cuerpo de los diputados de las provincias y el de los comisarios escogidos por los venerables de Paris. Siete hermanos presididos por el administra- dor general fueron enviados en comisión al Gran maestro para pedirle su aceptación, la cual acordó este. Inmediatamente fueron presentados á la asamblea por los comi- sarios de los venerables de Paris, los cuales nombraron una nueva comisión compiles- ta de nueve individuos, con objeto de que los examinaran. Los venerables de Paris, celosos por contribuir al bien general, se lian dividido en cinco grupos y han nombra- do catorce diputados para que los representen en la asamblea general. Esta asam- blea, compuesta por consiguiente, de los diputados de las provincias, asi como tam- bien de los de Paris, asamblea que representa realmente, bajo la denominación de Gran logia nacional, al cuerpo de los masones de Francia, se propone como fin prin- cipal, establecer estatutos, y dar al sistema de la orden, una forma que tienda á extir- par los abusos que se han creído descubrir en los principios déla antigua adminis- tracion, suponiéndose como primera tarea la de introducir una igualdad perfecta, llamando alas provincias áejercer sus derechos en común con la administración. «Nos hemos creído en el deber de llamar á todas las logias, á la fiel práctica de la libertad masónica haciendo cesar la inamobilidad de los venerables, introducida en algunas logias, muy especialmente en las de Paris, aunque ningún reglamento pres- criba ó autorice semejantes prácticas. Ha sido necesario todo nuestro respeto á las leyes ({ue nos rigen, para decidirnos á atacar un privilegio, al que. la mayor parte de los venerables de Paris, parecen conceder grandísima importancia. No nos atrevemos á pretender que semejante medida baya merecido la aprobación de todos indistinta- mente; tenemos por lo menos la confianza de haber nierecido las de los maestros que están prontos á sacrificar toda consideración personal, en aras del bien general de la órden. Los venerables de París, en número de ochenta y uno, que han concurrido á la adopción de nuestras resoluciones, y cuyas declaraciones se acompañan, no son los únicos miembros de este Oriente, con cuyo celo podemos contar. Como era necesario hacer nuevos nombramientos de oficiales, con lo cual se hubieran podido alterar las buenas relaciones, la elección ha sido encomendada al administrador general que pre- side asiduamente cada una de nuestras elecciones, y que de este modo aprende á conocer personalmente á todos los miembros de que se componen.» Esta circular terminaba con una especie de cuenta, aunque muy sumaria, déla in- version que se había dado á los fondos que constituian las donaciones hechas. Sin 692 lilSTOUIA GENERAL duda alguna es el primer documento en el que se revela algun órdeiq y que patenti- za buenos deseos por parte de aquellos que constituían el poder recien organizado. Por este descuellan ya nombres de reconocida importancia^ de los que podia y debia esperarse mucho^ pues á más del Gran maestro duque de Chartres y del administra- dor general de la órden^ duque de Montmorency-Luxemburgo^ desempeñaba el cargo de gran conservadoiq el conde de Buzeneis^, individuo de la primera nobleza; era re- presentante del Gran maestro el principe de Roban (Enrique Luis María,) nacido en 1745, y á quien los desastres de la Revolución que ya amenazaba, llevaron á morir al cxtrangero en 1810; el cargo de Gran orador estaba desempeñado por el Barón de la Chevalerie, y era gran esperto el principe Francisco de Pigrabelli, el mismo que en 1770 habla recibido una carta patente déla Gran logia de Londres, en laque se le conferia el titulo de Gran maestro para Sicilia y Ñapóles, en cuyo último punto, habla nacido en 1712. Con estos elementos, era de esperar que la Gran logia recientemente organizada, hiciera rapidísimos progresos, á pesar de los inconvenientes con que tenia que tropezar, y de los que el mayor número eran engendrados por la antigua Gran logia que veia de crecer su influencia diariamente. Defendiéndose á todo trance, se reunió de nuevo el 30 de Agosto de 1773 para renovar las protestas que ya en repetí- das ocasiones había hecho, pero esta vez, añadió la declaración de que la gran logia nacional era ilegal, de todo punto irregular, y que por tanto, todos los venerables que hubieran tomado parte en sus decisiones, cualquiera que estas fueran, serian desti- tuidos inmediatamente. Al dia siguiente, y á propuesta de algunos de los hermanos más recalcitrantes, acordó publicar una historia de la franc-masoneria, cuyo titulo habla de ser el siguiente: «Resultados de las más numerosas investigaciones que no contribuyeran poco á destruir el cisma que se trata de introducir, y que todos los ma- sones sincéros reducirán á la nada el honor de que es á los ingleses, á quien debemos el conocimiento de la frac-masoneria.» En ninguna bibliografía masónica, de las que hemos llegado á ver, se encuentra registrada esta obra, que hay mas de un motivo para suponer que no llegó á ver la luz pública; sin embargo, algunos autores opinan lo contrario, en presencia de que en el año 1773, se publicó una memoria acerca de la historia de la masonería, que parece ser contestación y refutación de la que dejamos indicada. El autor de esta memoria, era el célebre astrónomo José Gerónimo Saloude, que había nacido en 1732, y murió en Paris el 4 de Abril de 1807. Este es también uno de los hermanos eminentes cuyo nombre deberá ser también acatado siempre por los buenos masones; los jesuítas, á quienes fué confiada su primera educación, cuidti- ron de inculcarle las más minuciosas prácticas de devoción; á la edad de 10 años Sa- loude componia leyendas místicas y sermones que le permitían pronunciar desde el púlpito. Poco después, su padre lo llevó al colegio de Lion, en el que, cuando estudiaba ya filosofía, manifestó el deseo de consagrarse al foro, pero el gran eclipse de sol de 1748, despertó su afición por la astronomia. Habiéndole enviado sus padres á Paris para que continuara el estudio del derecho, consiguió de Lelisle permiso para tomar parte en sus observaciones, al propio tiempo que asistía á las conferencias que tan reputado astrónomo daba en el colegio de Fr-ancia; sin abandonar á su primer DE LA MASONERÍA 693 maestro se hizo discipulo de Lemoisier^ el cual^ gracias á su influencia, consiguió que álos 20 años, lo encargaran de una misión bastante delicada. Al partir para el Cabo Lacaille, había invitado públicamente á todos los astrónomos de Europa para que con- currieran al éxito de su expedición, realizando observaciones ({ue se confrontarian después con las que el mismo hiciera; Lemonisier se hizo dar la misión de ir á obser- var en Berlin, pero cuando todo estuvo dispuesto para su marcha, se hizo reemplazar por Saloude á quien el emperador Federico acojió con suma bondad, manifestando gran sorpresa de que un hombre tan jóven estuviera encargado de observaciones (j iie todos decían eran muy importantes. Saloude fué recibido poco después, en la Acade- mia de Berlin, en la que trabajó inútilmente con Euler, y "reformó sus ideas, gracias al trato intimo de muchos filósofos reunidos en la corte del rey de Prusia. Hacia 1753, se dedicó á trabajar con ardor en la teoría de los planetas, que es á lo (jue más nombre debe, así como también á otros asuntos científicos, que á pesar de su importancia, no le absorvieron todo el tiempo, parte del cual, pudo dedicar á la confección de traliajos, como el que nos ocupa, y por el cual el reputado astrónomo merece sin disputa, el califlcativo de primer historiador de la masonería en Francia. Uno de los más grandes y graves olistáculos con que tropezaba la Gran logia na- clonal ó el Gran oriente de Francia, qué también este título tomó por entonces, era el de que todos los documentos, registros, cartas y legajos, liabían (piedado en la secre- taria de la Gran logia antigua, por lo que la moderna, mas lega! y regular, no podia dar noticia alguna de las (pie le pedían acerca de los acontecimientos anteriores; los individuos, bajo cuya custodia estaban los referidos papeles, se negaiian tenazmente á entregarlos, no consiguiéndose nada ni por la via de la persuacion, ni por ninguno de los decretos del Gran Oriente, en los que se les conminaba y amenazaba. Vista esta re- sistencia, que cada vez se extremaba más, el Duque de Luxemburgo, persona de gran valimiento entre las autoridades, pidió, y obtuvo del Gefe de Policia, una órden de prisión, y con efecto, fueron encarcelados el Gran guarda sellos y muchos otros individuos pertenecientes á la antigua Gran logia; pero como quiera que el asunto era de todo punto particular y los tribunales no podían dirimir una cuestión de seme- jante, naturaleza, los prisioneros fueron puestos poco después en libertad, sin ({ue se hubiera conseguido nada de ellos, sino aumentar la exaltación y crecer la bostilidad ya existente, con lo cual desaparecieron no pocas logias. Al ocuparnos de la elección que los masones Franceses babian hecho del Du(|uc de i Ghartres, para el cargo de Gran maestro, no podemos menos que censurarlo, por que el carácter de éste personaje, asi como también sus atenciones politicas, álas que de- dicaba preferente cuidado, no le dejaban el tiempo necesario para dedicar á la órden todo el que por entonces merecia, y no nos equivocamos, por cuanto, á pesar de estar votada la nueva constitución y todas las demás medidas que hemos menció- nado, faltábales todavía la sanción y ratiticacion del Gran maestro, para que adqui- rieran fuerza de ley. Fm vista de (pie no comparecía por ninguna de las asambleas que se celebraban, se acordó el 30 de Agosto de 1773, enviarle una comisión compues- ta de cuatro grandes oficiales, encargados de presentarle las disposiciones que hemos 694 HISTORIA GENERAL mencionado^ para que las firmara. Contra todo lo que se esperaba^ y hasta contra todo lo que era debido^ el duque de Chartres no recibió á la comisión^ y acerca de este acto^ que desdice tanto en la persona que lo llevó á cabo^ se han aventurado distintas conjeturas^ habiendo quien afirma que el no recibirla^ se debió al disgusto que leba- bian causado las burlas de que habla sido objeto por la dignidad que los masones le habían conferido; esta suposición, sobre no ser seria, carece de fundamento, tanto por lo que el caràcter del personaje se refiere, como por la cosa en si, pues si bien es cierto ([Lie los partidarios de la reina procuraban vejar al Duque por todos los medios, per- siguiéndolo con sus sátiras, no lo es ménos que con respecto á la masonería, no sufrió más que todos los otros individuos. Para explicar racionalmente la conducta del Gran maestro en aquella ocasión, es menester no perder de vista su carácter ligero, y recor- dar, que con esta fecha, coinciden los trabajos que se llevaban á cabo para reconciliarlo con el rey, y la entrevista secreta ([ue con el monarca le proporcionara el ministro de Marina: la masonería era mal mirada por la corte, y el duque, por lo que á su interés particular convenía, procuraba alejar de si todas las causas que pudieran representar inconvenientes para su vuelta á la corte, que era lo que por entónces deseaba. Esto dió lugar á que también quedaran defraudadas las esperanzas de los comisionados, al intentar una segunda vez verlo, pues aún se mantenía el duque en su estudiada reser- va, para ver qué partido le convenia seguir: por último, á la tercera solicitud que le dirigieron, el duque accedió á recibir la comisión, si bien hay que tener presente, que en aquella ocasión, disimuló también el acto que realizaba, por cuanto podia discul- parlo, alegando que aquellos individuos iban á felicitarlo por el nacimiento de su hijo. Los individuos enviados por la Gran logia cumplieron efectivamente con este deber de cortesía: pero al propio tiempo, consiguieron también que designara día para su ins- lalación, la cual tuvo lugar efectivamente, aunque no hay certeza con respecto al dia, tanto unos autores aseguran que fué el 22 de Octubre, ateniéndose á los pues en que datos más antiguos, otros sostienen con Evry ([ue fue el 28. En aquella tenida magna prestaron juramento los dignatarios de la Gran logia na- cioiial, de que ya hemos hecho mención; el Gran maestro sancionó las leyes y regla- mentos que se habían acordado, y les puso su sello, con todo lo cual la constitución del Gran Oriente de Francia fué un hecho y puede decirse ([ue solo entónces hubo ma- sonería regular en Francia. Iniciada la marcha, el Gran maestro visitó las logias esta- blecidas en la capital para imponerse del estado de los trabajos; dictó algunas medidas conducentes á los buenos fines que la Sociedad se había propuesto desde su apari- cion, y desde luego se advirtió los grandes y provechosos resultados que de la nor- malizacion podían conseguirse, por el considerable número de hermanos que solicita- admisión en la Sociedad. Urgia, sin embargo, poner remedio á ciertos ron su abusos, ([lie podían llegar á ser puerta por donde entraran mayores males, y á este fin, los in- dividuos del Gran Oriente de Francia, inspirándose en las acertadas medidas que se dictaran en Inglaterra, cuando la constitución de la Gran logia de Lóndres, acordaron ([Lie sólo fueran reconocidas como logias regulares, aquellas que estuvieran provistas de un certificado del Gran Oi'iente, en que asi se declarara, lo cual equivalia á llevar á DE LA MASONERÍA. 695 cabo una nueva revision de las patentes lo cual so realizó sin la menor protesta. Com- prendiéndose además las irregularidades y desórdenes á que hablan dado lugar las usurpaciones de los capítulos formados con los altos grados^ se dispuso también, que las atribuciones de que^stos venian haciendo gala, serian sometidas á una revision, redactándose después lo que más conviniera al bien de la orden en general, y á este ñn, se nombró una comisión encargada de tan árdua, tarea, la cual dió principio á sus trabajos inmediatamente, y para el periodo de interinidad que tenia que resultar nece- sarlamenle, se recomendó con eficacia á todas las logias que se atemperaran en cuanto les fuera posible, á la conducta del Gran Orlente, y trabajaran solo en los tres prime- ros grados simbólicos, únicos reconocidos por la tradición. Poco á poco como se ve, se iba poniendo remedio á vicios tan arraigados como los que tenia la masonería francesa en esta primera época; pero aun quedaba mucho que hacer para nivelarla con la de Inglaterra, nación que, según sabemos, habla tenido 1 amblen en el terreno masónico sus alteraciones é irregularidades; pero en la que nunca dejó de haber un poder fuerte y regular, digna representación de lo que tenia que serla orden masónica. Las reformas que, hasta el punto que historiamos, se ha- bian llevado á cabo, puede decirse sin incurrir en error, que se limitaban á París; á la capital donde alcanzaba la esfera de acción del Gran Oriente. Pero este no podia concretarse á ello; su misión era más grande, más vasta; su trabajo no podia concre- tarse á una capital que podía ser, y era efectivamente, un centro, un núcleo; pero al- rededor de lo que tenían que girar los demás departamentos, en los que también el es- lado de la órden era lastimado. Urgía, pues, hacer una activa propaganda, dar am- plitud al circulo, irlo estendlendo cada vez más, cooperando asi á la grandiosa obra de union y fraternidad de todos los hombres. A este fin, lo que más urgia era poner en práctica el sistema inglés; esto es, llevar á cabo la creación de las logias provinciales como medio de comunicación; habiéndolo comprendido asi, luego que el Gran Oriente tuvo lugar á propósito para celebrar sus tenidas, que hasta entonces se reunían en las casas particulares, el hermano Lalande propuso un plan para llevar á cabo la extension de la Sociedad. Este plan consis- tia en dividir la Francia en treinta y dos generalatos, y cada uno de ellos, tener un lugar de residencia, en el cual se establecerla una Gran logia provincial, compuesta por los maestros activos de aquellas que estaban bajo su dependencia, de los que hubie- ran desempeñado el mismo cargo en épocas anteriores, y de un delegado. Esto, por lo que se refería á la logia en su representación en el departamento del Gran Oriente, y que como tal, podía vigilar los trabajos de las demás; extender patentes para la crea- clon de nuevos talleres dentro del territorio áque alcanzara su jurisdicción; pero co- mo estas logias provinciales eran eslabones de la gran cadena que se comenzaba á for- mar, se acordó, que cada una de ellas tendría un delegado en el Gran Orlente, cuyas atribuciones serian, velar porque se observaran en los trabajos la más perfecta conve- niencia y una forma regular y uniforme; que se ejecutaran todas las reformas y cuan- tas Instrucciones se comunicaran; juzgar las cuestiones que pudieran suscitarse entre hermanos ó entre unas logias y otras, en caso de que llegaran á apelar de las decislo- 696 HISTORIA GENERAL nes; y por último, cuidar de que las elecciones de oficiales y designatarlos^ se llevaran á cabo en tiempo oportuno, según lo dispuesto por las constituciones y reglamentos, dando cuenta de los resultados en el tiempo prescrito en los mismos. Este sistema de union presentado por un hermano tan respetable, es digno de los mayores y más sinceros aplausos, si se atiende al espirita quelo animó; pero menester es fijarse en que no era todo lo sencillo que hubiera sido de desear. Las instituciones nacientes, no pueden ser recargadas con complicadas organizaciones auxiliares, pues éstas dificultan la marcha y entorpecen el progreso. Guando se sometió á la aproba- cion de la asamblea no se echaron de ver los inconvenientes que presentaba y que te- nian que ser la causa de contrariedades en la práctica; más á pesar de esto, los herma- nos le prestaron muy débil apoyo y una cosa unida á la otra dió lugar á que se man- tuviera en vigor muy poco tiempo. Hasta aqui todos los altos funcionarios de que hemos hecho mención, habian ocu- pado sus puestos sin interrupción, pues no había ningún articulo en el reglamento que indicara el tiempo en que habian de cesar: esto se oponia considerablemente al espi- ritu de la asociación y era causa de graves inconvenientes. Lo mismo en la masonería que en todas las demás sociedades, cuando los cargos que se confieren son vitalicios, no hay más remedio sino que tiene que llegar un periodo, en el que se marque una considerable decadencia, dependiente en un todo de la que los años marcan en el in- dividuo. Es imposible que el hombre pueda atender á las múltiples obligaciones de un cargo, lo mismo cuando se encuentra en plenitud de su edad que cuando sobreviene la vejez, y los achaques que le son propios, y aun prescindiendo de este accidente, que podemos llamar natural, hay que tener presente, que no siempre puede un indi viduo realizar funciones que por honoríficas que sean, implican deberes, y no produ- cen lucro, por lo cual llega forzosamente un dia en que tienen que verse abandonadas sino totalmente, al menos en gran parte. De que no tuvieran presente estas razones, que desde luego saltan á la vista de cualquera, no puede culparse á los buenos maso- nes que reorganizaron el gran Oriente de Francia, ya que por fortuna la idea de ha- cerlo asi, surgió en hombres que contaban con facultades para hacerlo, justo es, que se les tributen alabanzas por que no pensarán en abandonar pronto la pesada carga que le echaban sobre los hombres. Si dado el estado anárquico en que la institu- cion se encontraba, hubiera sido corto el plazo fijado para el desempeño de las fun- clones, las luchas se hubieran renovado en cada elecion, los desórdenes se hubieran continuado y las irregularidades no hubieran tenido fin. Asi, pues, no hay para qué' extrañar que en un principio los cargos se hicieran vitalicios: mas cuando la agita- cion se calma y renace el orden, cuando se normaliza la marcha de la sociedad, pién- sase desde luego en allanar las dificultades que pudieran surgir como naturales conse- cuencias de las medidas tomadas, y una de las que primeramente se trató de reformar fué, esta en que nos ocupamos. Después de la gran tenida de banquete de invierno celebrada el 27 de Diciembre, y á propuesta del mismo duque de Luxemburgo, se acordó que la duración en el desempeño de cada cargo, seria de tres años para todos y el mismo Gran maestro á pesar de la oposición, que por consideraciones fáciles de DE LA MASONERÍA 697 comprender^ le hicieran los hermanos^ quiso someterse^ y se sometió en efecto, á esta decision. Una vez emprendida la marcha por el buen camino, los resultados no se hicieron esperar; y con efecto, contando la asociación con fondos propios, comenzó á realizar los actos benéficos, que son uno de los primeros fines de su instituto. Por los años en que ocurria todo lo que venimos relatando, la situación de un pais tan rico, como la Francia^ no podia ser mas lastimosa: los gastos y dilapidaciones de la corte, los derro- ches de aquella pervertida nobleza, y las fuertes cantidades necesarias para las aten- clones del culto y del clero, daban lugar á un aumento constante de las contribució- nes é impuestos, pesando todo sobre el pueblo que se vela sacrificado, trabajando siem- pre, y sin que casi nunca tuviera con qué atender á la satisfacción de sus necesida- des. El verdadero pobre, siempre y en todas partes ha sido, el individuo de la clase media; este, es tal vez el que más atenciones tiene, y precisamente el que con menos medios cuenta; la sociedad le exige más que á ninguno, y es tal vez al que me- nos concede; de aquí, que estudiada la cuestión desde el punto de vista social, sea la que más padece, y la que más sufre. Uno de los medios de prueba, en apoyo de esto que decimos, era la prisión por deudas; cuando este error legal subsistia, los presos, en su mayor número, eran pertenecientes á ella, y en los momentos en que se celebraba aquella fiesta masónica, que todos estaban interesados en señalar con un acto bené- fico, habiéndose estudiado los medios que mejor resultado podían dar, bailóse que gemían en las cárceles de la capital, treinta y cinco padres de familia que no babian tenido fondos para satisfacer la pension de sus hijos, y á éstos, gracias al generoso pensamiento de los hermanos, reunidos, se les devolvió la libertad, así como también se libró- á muchos que estaban próximos á tan doloroso trance. Prosiguiéndose cada vez con mayor actividad la obra de reorganización, adelantá- ronse rápidamente los trabajos, y al finalizar el año 1775, el Gran Oriente contaba con -Ciento treinta y dos logias afiliadas, si bien esto que acusa un considerable adelanto de la masonería en la capital, lo desmiente en los departamentos, pues en el número indicado, solo se contaba una logia provincial. Esto no puede ni debe extrañar; para reponer los males sufridos; hacia falta necesariamente un espacio de tiempo mayor, mucho mayor que el que se habla tardado en causarlo: además, y para que el influjo bienhechor trascendiera á todas partes, era menester que el foco fuera considerable; era menester que la organización en la capital fuera potente y vigorosa, para que obligan- do con el ejemplo, que es lo que más en el mundo enseña, los departamentos se lanza- ran en el buen camino, en la derecha senda. Los trabajos realizados hacían esperar que esto seria pronto un hecho; la masonería francesa, á lo menos en su parte> sería digna y formal, no era lo que en total venia siendo en el periodo anterior; ya las logias no celebraban sus tenidas en hospederías y tabernas; sitios tan dados al abuso y al •escándalo, y que era uno de los principales motivos para que la órden no inspirara ni confianza, ni respeto; ya los venerables no eran individuos, que ansiosos de lucro y de •ganancia, única razón por que afrontaban los peligros áque les exponía la activa per- -secucion de la policia, compraban una patente de constitución, a.dquiriendo asi al pro- 698 HISTORIA GENERAL pic tiempo^ derechos para expedirlas ellos á su vez, con lo cual, la orden se habla con- vertido en objeto de tráfico é indigna expeculacion, y todo esto, se debía al buen deseo de los hermanos que se hablan asociado á la obra de la reconstitución masónica, pro- poniéndose como ejemplo, la conducta noble y digna de los mayores encomios que ob- servara la Gran logia de Londres. Ya, y gracias al buen orden reinante, las logias se veían frecuentadas por individuos pertenecientes á las más distinguidas clases soda- les, hombres dignos de la mayor consideración y cuyo nombre era una segura garantia en favor de la Sociedad á que pertenecían, Al finalizar el año 1775, el Gran maestro instaló en persona en Paris la logia, que tomó por titulo el Candor, en la cual ingresaron bien pronto hombres notabilísimos por su saber y por su importancia; entre ellos se encontraban el marqués de Fenelon, sobrino del ilustre prelado que lleva igual apellido, el duque de Cboiseul, el marqués de La Fayette y dos principales de la casa de Hesse. El primero de estos, se hizo cono- cer como hábil diplomático, desempeñando el cargo de embajador de Francia, en la corte pontificia, donde consiguió algunas reformas en pró de los principios liberales; el segundo, ó sea Juan Pablo Rocb Gilbert, marqués de La Fayette, es uno de los nombres más gloriosos que se han asociado á la masonería en aquel tiempo. Había nacido en la Auvernia el 6 de Setiembre de 1757, y era hijo de un coronel de dragones que murió aun siendo muy joven, dejándole una inmensa fortuna. Desde que aparece en la vida pública, se advierte en todos sus actos un corazón generoso, un alma noble, un carác- ter independiente á toda prueba y un ardiente amor por la libertad. Disfrutaba el cargo de capitán de caballería, cuando estalló la guerra que habla de terminar con la inde- pendencia de los estados norte americanos, y La Fayette, á quien'ya tenían disgustado los desórdenes de la corte y las pretensiones de la familia de su esposa, confiesa que desde luego se arraigó en su mente la idea de asociarse á tan noble causa. Para comenzar á realizarla solo tropezó con una infinidad de obstáculos que le pre- sentaban las súplicas de su familia, las órdenes de los ministros, y basta las observa- clones del rey mismo, pero todo fué en vano, y desentendiéndose de cuanto no fuera la realización de su plan, que lo había de colmar de gloria, se embarcó el 26 de Abril de 1777, en un buque que fletara ásus expensas. Luego que llegó al suelo americano, y el congreso se enteró de sus deseos, le confirió el grado de mayor general, encargándole el mando de un puñado de hombres, al que pomposamente se habla dado el tí- tulo de ejército del Norte. Tuvo la desgracia de ser herido en el primer encuentro en que tomó parte, pero siguió peleado con sin igual bravura, sin que por nada ni para nada, decayera su ánimo, á pesar de las pocas probabilidades de éxito que todos auguraban á la campaña aquella, mereciendo la admiración de los americanos, y la amistad de Washington, que veia en él uno dé sus más poderosos auxiliares para el logro de sus tan vehementes deseos. Colmado de honores y patentes pruebas del en- tusiasmo que había sabido dispertar en aquellas regiones, volvió á Francia para so- licitar algunos socorros, y el jóven marqués republicano, condiciones que en aquel tiempo formaban un extraño y sorprendente contraste, fué aclamado y vitoreado por todos en cualquiera parte que "se presentaba; unos veían en él al campeón de las nue- oVti , HISTORIA GENEEAL a , l'j;;' nfín'ípo^: derechos parà expedirlas-ellos à su'véí.. con To cual, ia-ói^len seliahíacoh- .vertido ep objeto de.tráñco d indigna expeculaeiojo, y tódd. esto, se debía al buen deseo de los he.i'maiios qué se habian-h,Sociado á. la obrat de. la- rect)iiSiituéion masónica, pa''> penféridqse éoirid ejem"plo,, la conducta noble y dignade los niüyores; encomios que. (A- servara la Gran logíq_de Londj-es. í-a, y gracias al buen órdeu í'einante, las logias w* veían frecúeníadas por iii(,liyiduqs pertenecientes á las más distinguidas ciast's sfjcáa-' les, hoigbres dignos dala mayor consideracion.y cuyo nombreeraünasegura gárandáí. ^ en favorde la.Sdcíedad á que pertenecian. .. . Al finalizar el aSo i775,'.el Gran maestro instaló en persona en París la logia, qas-, tomó por titulo el Gandor, en la cuál ingresaron bien pronto hombres notabilisíhios , por; su saber y por-su importancia: entre ellos se encontraban el;niarqués de Feneior-, sobrin.o del ilustre; prelado que lleva igual apellido, el duque de Ghoiseul,. el ^aj-ipjfe- de La 'Fayette y dos ,principales de la casa de Hesse. El primero de estos, sé hizo cono cer como hábil diplomático, desernpeñando el cargo,, de.¿mbajador de Francin, <.*n la coríe ppntificia, donde consiguió algunas reformas en pj^dé los principios liberales;' > segundo, ó sea luán Pablo Roch Gilbert, mai'ques de La ,Fayette, es; uno de los nombe-'-s raús gíoG-,;síís:.-se Jian asociado à la masonéria en aquel tiempo. Habla nacido c!. la Aúvermael 6 de Seíleaib-í-e (le,d757, y era hijo de un coronel de dpagonesque-TmííFi rum siendo muy joven, dejándole una. inmensa fortuna. Desde que aparece en lá vidií pública, so advierte en todos,sus_actos un corazón generoso, un alma noble, un caráF- ter indepetidienté á todaprueb-a y un ardiéníe amor'porla libertad.,Disfrutaba el cargo, de capitán de caballeria, cuando estalló la guerra que habia de terminar con lá i.od-:" pendencia de los estados norte américanos, y ,I..a Fayette, á quién'ya tenían disgu.sírcF? ios desórdenes de la córte y las pretensiones de la,fámilia de su eSpdsa^; confiesa, o : • : desde lu.^o se arraigó en su mente la idea de asociarse á tan noble causa, g Para , conien^;ar á reaJizarlá solo tropezó con una infinidad de obstáculós que le pre - sentaban las súplicas de su familiay las órdenes .de ios ministros, y hasta las■obsc.rr e clones del rey mismo, pero todo fué en vano, y desentendiéndose de cuanto no táeca la Realización de su plan, que lo .había da colman ;de gloria, se embarcó ei 26 de At rii de í77.7yén. uiibuquequéfietara á su&expeñsaSí. Luego, que llegó al suelo americano, ,ó o congreso se enteró de' sus dedeos, le-confirió el grado dé mayoivgeneraí, enoargóoy ; el inando de un puñado de hombres, al que pomposamente se había dado vi o . fulo dé ejérdtq del Norte, Tuvo la desgracia de ser-herido en el primer encuero'' tornó parte, pero slgAiió ■péÍeádü¿ccon sin igual bravura, sin que por t.iiui.i decayera.su ánimo/á posar de las pocas lú'obabilidaues de éxito que á Ja campaña rtquélia, me,réCieB,(lo. la' admiración de. los - ñmevk'-mtiS. y - ,ai«i>iad dé A^laSMagton, en él uno:dé;:suaniás poderosos auxiliares pae; v íoruN » de sus r-an vehémentés-deseos. Colmado de''bonorc--s y patentes-'prüéteiS íusiágoiorpíé djabia saiMo díSpertar eh aquefias fegiones, volvió á 'Francia-pgrf;s^ _ jicitar aigéaos jóveu^h3árqa<^;írepublícauo>,condici0áe^ que tiemfio formaban un y 4orprfiridente„c.oníraété,^ fué aclamado y Vitorf^fr#^ todo.s en, cualquiera paTtt=íf^^-.j;éprese.dtabap uhí)siveía2i cii dl, al - campeón do DE LA MASONERÍA 699 vas ideas^ que tanto terreno llevaban ganado, y otros, haciendo caso omiso de tal con- sideración, lo veian como un conquistador de gloria, para el nombre francés, por las hazañas que habia realizado en aquella region del nuevo continente. Contribuyendo una y otra causa á su éxito, todos á porfía se apresuraron á proporcionarle los soco- rros que buscaba, y hasta la misma reina que, por causas posteriores le había de co- brar tan profundo aborrecimiento, inñuyó para que se le diera un regimiento de dra- gones. Logró reunir un cuerpo auxiliar compuesto de seis mil hombres, que fueron en- viados al mando de Rochambeau: á la salida de éstos, que tuvo lugar en los últimos días del año 1780, se había adelantado el entusiasta mason, que llegó á Boston el pri- mero, donde se le incorporaron, poco después, en esta, que podemos llamar segunda etapa de su campaña, en la cual si bien se mira, había comprometido á Francia; pe- leó con un arrojo indecible, demostrando al propio tiempo una pericia y unos cono- cimientos militares, que llamaron la atención de todos, y más y más fué escitada con la noticia de la victoria que habia conseguido en York-Town. La fama que por sus hechos habia merecido, dió lugar á que de vuelta á Francia, el rey Luis XVI, le confiriera el titulo de mariscal de campo del ejército francés, y por decision del congreso, todos los ministros americanos residentes en las cortes euro- peas debían consultar con La Fayette todo lo referente á las negociaciones relativas al ari'eglo con Inglaterra. El 1784 se embarcó de nuevo para hacer un viaje á los Estados Unidos, el cual fué un continuo éxito; yendo á pasar un mes al lado de su ilustre amigo Washington, que lo vela con igual entusiasmo que sus demás compatriotas. En aquella nueva nación, que en tan corto número de años ha adquirido tan conside- rabie desarrollo, será eterno el nombre de tan ilustre hermano, pues seducidos por sus glorias, y cautivados por lo mucho que en pro de su independencia habia hecho, los americanos dieron su nombre á muchas poblaciones, le elevaron estátuas y le con- cedieron el titulo de ciudadano americano para sí y para su descendencia. En los años siguientes hizo detenidos viajes por las naciones de Europa, estudiando con atención los pueblos y las instituciones, adquiriendo de este modo un conocimiento práctico de las instituciones políticas y del estado en que se hallaban en cada pais; de este modo pudo más tarde prestar grandes servicios á su patria, de la que fué electo diputado pa- ra tomar parte en las tareas de la asamblea nacional, en la cual fué uno de los que más abogaron por las reformas radicales y por la convocación de los estados genera- les, no reservando á nadie su deseo de que se constituyera una asamblea nacional que tuviera una decidida influencia en los destinos del pais. Electo diputado para los estados generales por la nobleza de la Auvernia, de don- de era oriundo, no respondió al imperativo mandato, sino que por el contrario, supo deshacerse de los compromisos que por razón de nacimiento se le querían imponer, y él fué quien, ántes que nadie, presentó el proyecto para proclamar los derechos del hombre, y quien consignó el ya nunca olvidado principio, de que cuando las naciones se ven oprimidas, la insurrección es el más santo de los deberes. Después de las me- morables jornadas de Julio, siendo presidente de la asamblea, recibió dignamente á las diputaciones de los revolucionarios de París, siendo después uno de los comisa- 700 HISTORIA GENERAL rios enviados á París para anunciar el alejamiento de las tropas; aclamado en el ayun- tamiento como jefe de la milicia nacional que se habia organizado la víspera^ sacó la espada y juró en presencia del piiblico sacrificar su vida en defensa de la libertad. En esta época, puede decirse que La Fayette era el ídolo del pueblo; su actitud, su valor, su energía, eran condiciones que habían hecho acrecer su popularidad. El rey lo man- tuvo en el mando que el pueblo le habia conferido; pero tan ilustre ciudadano quiso poseerlo por acuerdo expreso de sus compatricios, y no se vió desfraudado en sus es- peranzas, pues los sesenta distritos de la circunscripción se lo confirieron casi por una- nimidad. Cuando Luis XVI se dirigió á París, La Fayette salió á recibirlo al frente de 200,000 hombres, con los que lo acompañó hasta el ayuntamiento: Bayle, el activo y enérgico diputado habia entregado al rey la escarapela azul y roja que habia adopta- do el ayuntamiento popular después de la toma de la Bastilla; pero encontrándose con que estos colores eran precisamente los de la casa de Orleans, el jefe ilustre de la mili- cía nacional, deseando conciliario todo, propuso que se le agregai-a el blanco que for- maba la antigua bandera francesa, siendo en esta ocasión, cuando al hacer entrega de la escarapela á las fuerzas de su mando, pronunció las tan célebres palabras: «Os en- trego una escarapela que dará la vuelta al mundo, y una institución á la vez cívica y militar que sabrá triunfar de las antiguas tácticas de Europa, y que reducirá á los go- biernos arbitrarios á la alternativa de ser derrotados si no la imitan, y renovados sisé atreven á imitarla.» Palabras son estas, que revelan claramente, al par que los senti- mientos liberales de que estaba poseído quien las pronunció, su desinteresado amor por la causa del pueblo, y la independencia de su carácter, todo lo cual hacia de él al propio tiempo un modelo de buenos y celosos masones. A partir de aquellos momentos, fué muy particular la situación de nuestro La Fa- yette, el cual, si bien conservaba todo el apoyo por parte de la clase media, comenzaba á perder el de las masas populares, que siempre veleidosas é inconstante, se iban en- tonces, como ahora y como siempre, con aquel que más les prometía, y muy de tener en cuenta es, que si á La Fayette le acontecía esto, que no podemos menos que cen- surar, se debía á la profunda convicción en que estaba de que el desórden y la alga- rada no conducen nunca á nada bueno, y que por todos los medios evitaba los malos efectos que pudieran producir las intentadas por el pueblo de Paris. El 5 de Octubre, sin embargo, cuando las mujeres y el pueblo marcharon sobre sobre Versalles, La Fa- yette se víó arrastrado en el movimiento con muchos batallones, hallándose consti- tuido en capitán involuntario de un movimiento que no podía aprobar en modo algu- no. Su participación en él fué muy conveniente, pues gracias álos esfuerzos que hizo, salió ilesa la familia real, á la cual acompañó con los mayores miramientos á pesar de lo muy detestado que era, lo cual no ignoraba. La fiesta de la federación de 1790, fué también un gran dia para La Feyette; en él fué aclamado y vitoreado por la milicia y por el pueblo, hasta el punto de asemejarse su paso á una apoteosis. Guando la huida á Varenne, de la familia real, se dejó engañar por la actitud hipócrita del rey, que le dió su palabra, de que las noticias propaladas acerca de su fuga eran falsas; enga- ñado, después fué acusado de complicidad; pero la buena fé era muy evidente para que DE LA MASONERÍA. 701 la duda pudiera arraigarse. Al volver de Varennes^ recibió de la Asamblea el encargo de vigilar á la familia real. Poco después fué mandado por el poder ejecutivo para ponerse al frente del ejército del Norte, y aún tomó parte en alguna de las operaciones; pero viendo el rápido incremento que tomaba la revolución y los abusos que se co- metían^ fluctuó un poco, y abandonando su puesto, volvió á Ptiris, protestando de todo ello en la barra de la asamblea, que gracias á su popularidad, hizo caso omiso de la acusación presentada contra él. Obligado á expatriarse fué sorprendido en la frontera por un destacamento austríaco, y reducido á prisión, la cual gimió más de dos años á pesar de las generales reclamaciones que en todas partes se hacían á su favor. Obtuvo la libertad, gracias á las victorias conseguidas por Napoleon, y vuelto á Francia, desempeñó un importantísimo papel en los subsiguientes movimientos po- Uticos de su patria. Mason distinguidísimo cooperó á la reorganización de la órden en Francia, y no dejó de concurrir á su logia, siempre que apremiantes necesidades no se lo impedían. En sus viajes, y durante su permanencia en América, se asoció también á la noble causa, fundando logias y animándolas con su presencia; de aqui, que cuando falleció en 20 de Marzo de 1834, sus funerales se celebraron con igual pompa y magnificencia en ambos mundos, y que lo mismo las logias del antiguo continente, que las del nuevo, decretaron luto en honor de uno de los más ilustres hermanos que han asociado su nombre á la masonería. Por lo que llevamos visto, lo mismo que por lo que seguiremos viendo, se advierte desde luego un fenómeno muy digno de llamar la atención, y que explica desde luego un hecho que parece bien raro en la historia de la órden. Este hecho es clave de mu- chas particularidades atentas, á las que buen número de personas no saben de qué la- do inclinarse, y permanecen en la indiferencia á que da lugar la falta de conocimien- tos. Siempre cuando la masonería se ha iniciado en una nación, cuando los elementos masónicos se han dejado sentir, ha sido precisamente en los momentos en que más necesaria se ha hecho la reforma. De aqui que siempre hayamos afirmado y afirme- mos, que la masonería es una institución puramente moderna, que ni existió ni pudo existir en los pueblos de la antigüedad, en los que tan erróneo era el concepto que se tenia de la personalidad humana y de los derechos que el individuo tenía como tal. Pues bien; en los momentos en que, como decimos, se ha dejado sentir la necesidad de la reforma, en sentido más ámplio, más radical, en los momentos en que las masas agitadas han experimentado vei'dadero deseo, ambición pudiéramos decir, de algo 702 HISTORIA GENERAL que modifique, si no material, moralmente al menos, sus condiciones de vida, cual- quier institución que á esto tendiera, se ha visto apoyada desde luego, é incondicional- mente, por gran número de individuos que solo veían el fin, que solo atendían á los derechos, pero que nada se preocupaban de los deberes. En este número podemos y debemos considerar á lá masonería; nacida cuando verdaderamente ha sido necesaria, en torno suyo se han agrupado todos, y de aquí ese primer periodo turbulento de la orden, de aquí esa aglomeración perjudicial, casi siempre que se advierte en las ins- talaciones, propiamente hablando. Pero más tarde, cuando la curiosidad de muchos se ha visto satisfecha, y para otros no ha sido lo que pensaran, y cuando no pocos se han visto desfraudados en los malos propósitos que concibieran entonces, unos tras otros, considerable número, se han visto salir por puertas por las que no debieron entrar, é ir desfilando á otros campos; nunca por desgracia confesando lo cierto, sino aventurando juicios que á nada conducen si no á estraviar la opinion lastimosamente. Esto no puede menos que ser lastimoso, pero es un hecho que no debemos ocultar, mucho menos, cuando estamos en el deber de ser verídicos y cuando siempre nos apoyamos en la autoridad de los historiadores que la orden tiene. Y no debemos te- ner que sentir el consignarlo, sino todo lo contrario; al agitado flujo y reflujo que todo lo agita y lo trastorna, sucede la calma, en la que todo prospera y fructifica. Pa- sados los primeros momentos de efervescencia, en que tantos y tantos ilusos creyeran que no habla mas que ser mason para gozar la felicidad sin cuento, han quedado perteneciendo á la sociedad aquellos que habiendo entendido, desde luego, cuáles eran sus verdaderos móviles, no se propusieron nunca mas que contribuir al bien de sus semejantes, que ni se realiza ni se puedé realizar en un momento, sino que es .la obra lenta y laboriosa de muchos hombres y de muchos siglos. Atentos á estas razones, no puede extrañar en modo alguno, el por algunos mal llamado fenómeno que acabamos de señalar. Cuando la órden no era considerada mas que como una Sociedad de puro recreo y pasatiempo, acudían á centenares los hermanos, y lo mismo tenía que suceder cuando estaban en la mala inteligencia, de que no bahía más que ser masón, para gozar de beneficios sin cuento. Pero cuando atentos á lo que en otros países ocurría, los fieles y verdaderos masones comprendie- ron que aquellas torcidas vías, ni conducían ni podían conducir á ningún buen fin, y que por tanto, para salvar los principios urgia poner seguro y pronto remedio, en- tonces muchos de los que más entusiasmados se mostraron volvieron las espaldas, y de aquí el periodo de decadencia que registra la institución masónica al muy poco tiempo después de haber aparecido, y casi inmediato á lo que hubiera podido creerse su apogeo. En lo sucesivo veremos cómo esto se renueva y cómo no pasa ninguna época de alteración ó trastorno, sin que se advierta en la órden, y entonces es más que nunca cuando sobrevienen los torcidos juicios y las falsas interpretaciones: entonces es cuan- do los espíritus timoratos y pusilánimes se alarman y amedrentan, y cuando de nada sirve que se invoque la verdad y se bagan notar cuáles son los verdaderos fines de la Sociedad; pues el público y más que el público el vulgo, creerá siempre y firmemente BB LA MASONERÍA 703 que la masonería no es más que una reunion de malvados sin ley y sin conciencia cu- yos únicos fines son alterar el orden para conseguir mayor ganancia, minar los bue- nos principios para que la inmoralidad impere. Por fortuna la historia fiel, verídica é imparcial, tal como la historia debe ser en los tiempos modernos, destruye los errores concebidos y demuestra que es la masonería, una sociedad moral y filantrópica que tiende á establecer la paz y armonía entre todos los hombres á quienes el sol alumbra, pues allí donde dos séres se ven, el hombre debe ser hermano del hombre. ÍNDICE DE LA INTRODUCCIÓN INDICE DE LA HISTORIA GENERAL DE LA MASONERÍA PÁGINAS Introducción 5 PRELIMINARES CAPÍTULO PRIMERO.—Nuestro origen.—Determinación del Asia como cuna del género humano.—Pruebas deducidas de la civilización del lenguaje y de la escri- tura.—De las instituciones políticas, de las ciencias, de las artes y del comercio. —Tradiciones primitivas acercada nuestro origen.—La China,la India.—Sistema de Zoroastro.—Exposición y análisis de la tradición mosaica.—Caractéres gene- rales del pueblo hebreo.—Cómo este pueblo realiza en la historia el ideal religió- so.—La sociabilidad como condición esencial del hombre.—Determinación del sentimiento religioso.—Los misterios y los símbolos.—La religión y los sacerdo- tes.—Fundamentos de la civilización hallados en las tradiciones religiosas. . . I CAPÍTULO II.—Las naciones del Asia.—Su importancia en la historia é influencias que determinan.—El Oriente como punto de partida para todo género de investi- gaciones.—La Masonería resultado de la civilización é instrumento de la civili- zación misma.—La religión y la filosofía como elementos de la institución masó- nica.—La India.—Arios primitivos.—Su división.—Indo-europeos y semíticos.— Inmediato parentesco de las lenguas de una y otra raza.—Opiniones de Humboldt, Pielet y Müller.—Pruebas al mismo objeto deducidas de las más antiguas tradi- cienes.—Religión de los arios primitivos.—Razón que explica la falta de templos y sacerdotes en los primeros días de todos los pueblos.—Relación entre la forma religiosa y la forma política de los primeros arios.—Sogdianos y bactrianos.—La India en sus períodos.—Primero: período védico.—Causas porque en él no es posible hallar nada que pueda ser determinado como precedentes de la Masonería. —Movimiento filosófico y complicación en el culto religioso.—Segundo período.— Resultados de la primera lucha.—Los arios en el Septasindhú.—La religión y la política.—Error de suponer en este segundo período un Dios único y supremo.— Tercer período.—El Brahmanismo.—Unidad en el gobierno.—Monarquía teocrá- IV ÍNDICE PÁGINAS tica.—Ricbis. —Sus funciones.—Complicación del ritual.—Los brahmanes.—Su sistema cosmogónico.—Progreso de las ideas morales.—Afirmación de la inmor- talidad del alma.—Su trascendencia y consecuencia inmediata XI CAPÍTULO III.—La India.—Tercer período: continuación.—Misión que se imponen los Ricbis una vez constituidos en sacerdotes.—Primeras conclusiones suyas.— Afirmación de la unidad de Dios.—Pruebas que en pró de esta idea se encuentran en algunos himnos del Rig-Veda.—Los brahmanes.—Tradiciones acerca del Di- luvio. —La sencillez de los pueblos primitivos como elemento en contra de la existencia de sociedades particulares. —Determinación del tiempo á partir de la inundación asiática.—Guerras entre los Kurus y los Pantchalas.—Entre los Pha- tryas y Brahmanes.—División del pueblo indio en castas.—Diferencia entre casta y clase.—Privilegios abusivos de la primera casta.—Consignación de los mismos en el código de Manú XXI CAPÍTULO IV.—La India (continuación). Cuarto período.—Evolución filosófico- religiosa.—Medios empleados por los brahmanes para la conservación de su poder.—Los Upanisbad.—Fin y carácter de estas producciones.—El código de Manú. —El Ricbi Brigú.—Valmiki. -División de las castas en grupos.—Iniciació- nes é investiduras.—Ritos y formalidades de las mismas.—Prescripciones del código de Manú con respecto á estas creencias.—Paralelo entre este y los demás cultos.—Imposibilidad de referirlas á asociaciones particulares.—Símbolos y pa- labras mágicas.— El monosílabo Aum. — Las palabras misteriosas de Bhaur, Bhauvah y Swar. —La oración á Savitri.—Referencias que hacen á ellas las leyes de Manú.—Explicación de las mismas.—Posibilidad de que estas misteriosas palabras y fórmulas hayan dado origen á las que los masones emplean.—El brahmanismo como precedente de la masonería.—Distinciones en el fondo.— Elementos que hacen diferir esencialmente el brahmanismo de la masonería.— Falta de proselitisme.—Las verdades reveladas.—Panteísmo indio.—Sus causas . XXXIII CAPÍTULO V.—La India (continuación).—Desmembración del poder de los brahma- nes.—Reposición de los chatriyas y aparición de nuevas divinidades.—Vichnú.— Caràcter de las transformaciones religiosas.—Establecimiento de los poderes sociales.—Sus causas.—Progreso del pueblo indio.—Sus efectos.—Agitación y reforma de la tercera y cuarta casta.—Ziva.—Caractéres diferenciales entre esta divinidad y la establecida por los chatriyas.—Fanatismo de algunos historiadores de la masonería.—Caràcter esencial de la primera reforma religiosa en la India. —Falta de unidad y demás caractéres que impiden atribuirla á un movimiento de carácter masónico.—Resultados inmediatos de esta reforma.—Conducta observa- da por los brahmanes en vista de ella.—Medios empleados.—El trimuzti indio.— Krichua, -Sistemas filosóficos.—Los Nastikas.—Su doctrina.—Giunosofistas.— Sus prácticas.—Imposibilidad de referir la masonería á ninguno de estos sisíe- mas.—Caractéres diferenciales.—Actitud del brahmanismo en presencia de estas alteraciones.—El sistema filosófico de Kapila.—Elevación de este sistema.—Me- dios que recomienda.—Valor en él de la razón y la ciencia.—El Paramatma.—El Budismo.—Su comparación con el cristianismo.—Apego de los indios á sus anti- guas tradiciones.—Pruebas históricas.—Dominaciones árabe, mogólica é inglesa. —Modificación en el sistema de castas.—Los parias.—Culto á los seres inanima- dos.—El Ganges.—Efectos del naturalismo primitivo.—Sencillez de las religiones en su aparecimiento.—Falseamientos posteriores.—Causas á que se deben y me- dios que se utilizan XLV CAPÍTULO VI.—La India (continuación).—Ultima época.—Carácter del brahmanis- mo en ella.—Las órdenes monásticas.—Votos que en ellas se hacen y prácticas á ÍNDICE V PÁGINAS que sus individuos se entregan.—Reformas introducidas.—Imposibilidad de ver en ellas elementos masónicos.—Clases sacerdotales.—Los Purohitas y Gurus.— Las Mantranas. -Predominancia de las prácticas del culto externo entre los indios.—Aparecimiento de los símbolos y creación de los templos.—Causas que las determinan.—Los templos indios.—Comparación con los masónicos.—Razón cronológica para negar su semejanza.—Correspondencia directa entre el templo de la India y su credo religioso.—Las grutas de Garipura y deSalecta.—Análisis, comparaciones y. deducciones LVII CAPÍTULO VIL—La Persia.—Falta de pruebas y documentos históricos para recons- truir las primeras épocas de este antiguo pueblo.—El diluvio según las tradició- nes persas.—Primeras dinastías.—Insurrección del herrero Kawa.—Su mandil convertido en estandarte real hasta la invasión musulmana.—Zoroastro. —Su origen.—Separación de los Sogdiamos y Bactrianos.—Caractéres de cada una de estas tribus. —Sus creencias primitivas.—Reformas de Zoroastro.—Desconoci- miento de las primeras prácticas religiosas.—Principios teológicos del reformador persa.—Estancias del Vazna.—El principio del bien y el principio del mal.—Opo- sición de la verdad á la mentira.—Semejanza aparente con un principio masó- nico.—Diferencias por la significación de los términos.—El Sol como divinidad. —Carácter á que se le reduce en Persia.—Su representación simbólica.—Suceso- res de Zoroastro.—Imposibilidad de admitir en Persia la organización de la ma- sonería, tanto por el carácter de aquel pueblo, como por su orden político.—El sacerdocio en Persia.—Ponffs y i?as/3fs.—Exposición de Heredóte con respecto al culto.—Aclaraciones necesarias.—Identidad de Mitra con otras divinidades del paganismo.—Mitra en Persia.—Su carácter, sus atribuciones.—Honores que se tributan á esta divinidad.—Sus misterios.—Neófitos, iniciados y dignidades.— Templos y formalidades de la iniciación.—Opiniones de San-Gregorio Nacianceno y de Suidas.—Ignorancia acerca de las pruebas.—Fines que se proponían conse- guir con ellas.—[Simbolismo ÍDLtatuiQ-de.l culto á Mitra|—Nombres en las distintas clases de afiliados.-(-Comparaciones entre aquellos misterios y los masónicos.-/— Diferencias esenciales que resultan.—Ultimas reformas religiosas llevadas á cabo en Persia.—El Bundekeseh —Conclusiones LXVI CAPÍTULO VIH.—La Caldea.—Refutación de lo asentado por algunos autores acerca del origen de la masonería en vista de la organización político-social y religiosa de los pueblos del antiguo Oriente.—Caractéres generales del pueblo caldeo.— Falta de monumentos históricos para llegar al conocimiento de sus primeras épo- cas.—El historiador Berosio.—Su teogonia.—Leyenda del diluvio.—Grandeza de Babilonia.—Sus construcciones.—Adelanto realizado por los caldeos en la astro- logia y en la astronomía.—El templo de Belo.—Culto de este dios.—El Sabeismo y las divinidades accesorias.—Oposición á la unidad.—Absurda idolatría de aquel pueblo.—Corrupción de las costumbres.—Prácticas abominables.—Imposibilidad de hallar en este pueblo elementos morales, gracias á los que la masonería pu- diera establecerse LXXIX CAPÍTULO IX.—El Egipto.—Su civilización.—Prejuicios y quimeras de los historia- dores de la masonería.—Fundamento racional de nuestro método.—Condiciones exigibles á toda obra histórica.—Las emigraciones como ley general de los pue- blos.—Excepción que á ella constituye el Egipto. —Su situación topográfica.— Ventajas del terreno.—Beneficio que le irroga el Nilo.—Definición de Herodoto. —Uniformidad del carácter egipcio.—Causas eficientes de ello.—Condiciones ne- cesarias para el establecimiento de los pueblos.—Culto tributado al Nilo.—Fun- damento de los antiguos mitos y religiones. —Procedimiento errado de algunos YI ÍNDICE PÁGINAS de nuestros predecesores.—Demostración.—La antigüedad de una institución no puede bastar para determinar su carácter.—Imposibilidad de estudiar aislada- mente la institución masónica.—Relación entre el fondo y la forma, por lo que toca á instituciones y sociedades.—Opinión de Amrú acerca del Egipto.—Fuentes de conocimiento para el estudio de esta nación.—Inscripciones de los templos y de las tumbas.—La lista de Manetón.—Opiniones emitidas acerca de ella.—Frag- mentos do Lulio el Africano y de Ensebio.—Las tablas del templo de Abydos y de Laggarah.—Divisiones del Egipto.—Parte aprovechable para nosotros. . . . LXXXVII CAPÍTULO X.—El Egipto (continuación).—Política, religión y artes.—Manes, pri- mer monarca, fundador de Menfis.—Tradiciones míticas referentes á la época anterior.—Primeras manifestaciones de los pueblos.—Elementos aprovechables para ellas.—Influencias de la naturaleza y del terreno.—Motivos para el aparecí- miento de los templos y las tumbas.—Generalidad de estos motivos en todos los pueblos.—Primeros templos egipcios.—Caractéres dominantes en ellos.—Ejem- píos.— Complicaciones posteriores.—Las pirámides.—Deducciones de principios en vista de las notas dominantes en los pueblos.—Error en que incurren los que sostienen es la masonería una degeneración de alguna de las religiones de la an- tigüedad, ó instituto deducido de cualquiera de las prácticas de los cultos aque- líos.—Procedimiento seguido por los que así lo han afirmado.—Falta del principio de libertad en la organización de los pueblos del antiguo Oriente.—La democra- cia de la antigüedad.—Fundamento de las divisiones políticas de aquella época. —Las clases en Egipto.—Sus caractéres.—Opiniones de Diodoro de Sicilia y de Herodoto.—Carácter especial de la clase sacerdotal en Egipto.—Imposibilidad de establecerse la masonería en aquel país.—Prueba negativa deducida de la divi- sión expuesta. — Imposibilidad de establecer comparación entre los colegios sacerdotales egipcios y la masonería.—Fundamento del orden establecido en la clase sacerdotal egipcia.—Diferencias esenciales entre ella y la masonería . . . XCVI CAPÍTULO XI.—El Egipto (continuación).—Necesidad de hacer el estudio político- social y del religioso, para poder llegar á la historia de la masonería.—Religión primitiva de los egipcios.—El sol y la luna, Isis y Osiris.—Opinión etimológica de Diodoro de Sicilia y exposición de este autor acerca del sistema teogónico de los antiguos egipcios.—División de las divinidades, según Herodoto.—El Egipto no llegó nunca á la concepción monoteista.—Divinización de los hombres.—Ani- males sagrados.—Su culto y profundo respeto que se les tributaba.—Fundamento posible de esta idolatría.—Caractéres que adquiere posteriormente.—Errónea creencia de algunos historiadores de la masonería á propósito del Egipto.—Apli- cación del mito de Isis y Osiris.—Explicación de este mito.—Opinión é hipótesis de Plutarco.—La astronomía como base de esta primera representación religiosa. —Explicación aceptada por Kauffmann en su historia de la francmasonería.—Sus errores.—Explicación con idea preconcebida.—Citas de su obra en nuestro apoyo. CV CAPÍTULO XII.—Causa eficiente de las ideas del autor de la Historia filosófica de la masonería. —Inconveniente qü'e resulta de atribuir a la orden un origen más remoto del que realmente tiene.—Transformación operada por el tiempo en las instituciones sociales.—Constitución de la sociedad en Egipto.—Imposibilidad de fijar en ella la cuna de la masonería.—Kauffmann.—Análisis de sus conclusio- nes.—Isis y Osiris.—Su culto.—Divinidades femeninas.—Los misterios.—Osen- ridad de la historia acerca de estas ceremonias.—Absurdo de suponer á la maso- nería como su derivación.—La iniciación en el antiguo Egipto.—Pruebas á que se sujetaba al aspirante.—Solemnidades públicas con que se festejaba al neófito. —Iniciación á los misterios de Serapis CXXI ÍNDICE vn PÁGINAS CAPÍTULO XIII.—El Egipto.—Continuáción.—Los misterios.—Crítica.—La inicia- ción y las pruebas.—Carácter de las primitivas pruebas masónicas.—Diferencias por razón de tiempo.—Efectos y resultados de las pruebas materiales.—Razón de las pruebas en la iniciación egipcia.—Objeto de las masónicas.—Razones par.a dudar de la existencia real de las pruebas egipcias, tal como su relato ha llegado hasta nosotros.—Autoridad de Heredóte.—Historiadores y sabios modernos que no dicen nada acerca de ellas.—Carácter primitivo del templo egipcio en relación con las creencias.—La iniciación egipcia no era puerta de entrada á ninguna sociedad secreta.—Carácter público de los colegios sacerdotales.—Errores some- tides por suponer lo contrario.—Diferencias esenciales entre los templos masó- nicos y los templos egipcios.—Formalidades del culto.—Prácticas puramente re- ligiosas confundidas con solemnidades masónicas.—Degeneración del primitivo culto egipcio.—Medios de subsistencia de la clase sacerdotal.—Los funerales.— Explicación de los secretos y galerías subterráneas de los templos.—Tesoros de los colegios sacerdotales.—Objetos, alhajas y esclavos.—Dignidades y jerarquías egipcias.—Extensión de las mismas.—Diferencias que resultan entre estas y la masónica.—Trajes sacerdotales.—Diferencias por razón de forma y por razón de fondo.—Decadencia del sacerdocio.—Prostitución del culto.—Agorería y char- latanismo..—Principales razones de estas alteraciones CXXXVII CAPÍTULO XIV.—La masonería entre los hebreos.—Aseveraciones gratuitas é hipó- tesis infundadas.—Liberación del pueblo hebreo.—Legislación moraica.—Pre- tendido origen del simbolismo masónico en las ceremonias del culto hebraico.— El templo de Salomón considerado como templo masónico.—El mito de Hiram.— Refutación de tan erróneas ideas.—La masonería entre los griegos.—Pretendida identidad de los misterios griegos con los de la institución masónica.—Errores que de ello se desprenden.—Los romanos.—Opiniones aventuradas.—Rectifica- cienes.—El Cristianismo.—Nueva faz CLIV IND TOMO PRIMERO PÁGINAS CA.PÍTULO I.—Precedentes.—Esfuerzos realizados para determinará la masonería como institución de la más remota antigüedad.—Medios contraproducentes em- pleados para esto.—Opiniones emitidas acerca de la existencia de la masonería en los pueblos del antiguo Oriente.—Tradición que la relaciona con el pueblo he- breo.—Opinión contraria deducida de fuentes históricas.—El templo de Salomón. —Hiram y Adaniram.—Carácter de cada uno de estos personajes según la Biblia. —Versículos del capítulo III del Libro de los Reyes que aclaran quién era Hi- ram, supuesto posteriormente como el primer maestro masón.—Necesidad de separar el concepto masónico del concepto religioso. — Definición déla ma- sonería.—Deducciones que se desprenden de ella.—Las sociedades civiles como origen y base de la que historiamos. — Razones que explican este cambio de vía en la investigación histórica. — Diferencias que resultan en las instituciones por el distinto carácter de cada época. — Observaciones hechas en presencia del tecnicismo masónico. — Los Csenios. — Su carácter, sus prácticas, sus creen- cias. — Errores cometidos al señalarlos como masones primitivos. — La antigua Roma. — Imposibilidad de que apareciera en ella la masonería tal como hoy se concibe. — Numa, rey de Roma. — Organización de las agrupaciones de artesa- nos. — Caracteres que les han asignado algunos. — Errada suposición por la que se ha llegado á afirmar que fueron ellas las que establecieron la frase El Gran Arquitecto del Universo.—Collegia fabrorum.—Inexactitudes cometidas.—Verdad histórica acerca de la organización de Numa.—Razones que le movieron á ello.— Degeneración posterior. — Medidas de César. — Imposibilidad de considerar á la masonería como derivación de los colegios romanos 19 CAPÍTULO H.—Influencias determinadas por el cristianismo en la asociación masó- nica.—Elementos que le sirven de complemento.—Diferenciales esenciales entre las religiones y el masonismo.—Falta de condiciones para el desarrollo de la ma- TOMO I 89 2 ÍNDICE sonería en los primeros siglos de nuestra era.—Caracteres generales y elementos que se agitan en ellos. — Reformas heredadas. — Sus efectos. — Instituciones y acontecimientos de este período determinados por algunos como origen y causa de la sociedad masónica. —^ Fuerza de la tradición. — Cómo se perpetúa en apoyo de la idea preconcebida, la hipótesis aventurada del templo de Salomón y de los colegios de Numa.—Opiniones emitidas en apoyo de la trasmisión de la orden.— Conceptos errados.—Fechas que fijan algunos historiadores al aparecimiento de la masonería.—Razones alegadas.—Insuficiencia de ellas.—Pruebas históricas.— Los primeros monumentos ingleses no son obra de las sociedades de constructo- res.—Llamamientos hechos por los soberanos á los artistas extranjeros.—La lo- gia de York.—Caracteres generales de la masonería en Inglaterra.—El rey Odwin. —Notas históricas. — Su reinado, su conversión al cristianismo. — Influencia de este paso en su gobierno.—Confusión á que ha dado lugar.—La religión cristià- na.—Las cruzadas.—Causas á que obedecen.—Los templarios. — Efecto contra- producente de creer á la masonería causa eficiente de muchos acontecimientos históricos.—Organización de los Templarios.—Sus obligaciones y juramentos.— Elogios que merecieron en un principio.—Degeneración y ruina de la orden. CAPÍTULO III.—Religión y masonería. — Sus conceptos y diferencias. — Tradición inglesa acerca de la masonería.—El documento de Halliwell.—Su historia y crí- tica.—Inexactitudes y anacronismos en que incurre.—Razón y refutación de ellos.—Las corporaciones de la Edad media como fuente de la masonería.—Fecha probable del aparecimiento de la orden.—San Alban y Edwin.—Anacronismo en que incurren los que suponen á este rey anglo-sajón, hijo de Athelstan. — Causa del error de suponerles favorecedores de la masonería. — Elementos masónicos que pueden desprenderse de la tradición inglesa.—Faltas que en él se advierten acerca de las pruebas y formalidades externas.—Razón que explica este hecho. —Las comunidades.—Sus precedentes históricos. — Influencia que determina en ellas el espíritu germánico.—Primitivo carácter de ellas. — Puntos en que coin- cide la inasonería actual con las primitivas agrupaciones de constructores. — El arte románico en la primera mitad de la Edad media.—El estilo gótico.—Influen- cias de la vida monástica en la organización de las corporaciones laicas.—El mo- naquismo.—Su carácter primitivo.—Opinión de Tertuliano acerca de él.—Dife- rendas entre el monaguismo cristiano y el ascetismo de las religiones anteriores. Los templos.—Sus caracteres determinados por las ideas que implican.—Los monjes como primeros arquitectos de iglesias y abadías. — Elementos auxiliares de que echan mano.—El pueblo CAPÍTULO IV.—El arte de construir desempeñado por individuos de las clases po- pulares.—Razón que explica la jerarquía establecida en la sociedad de construe- tores, que más tarde ha pasado á la masonería. — Caracteres de la enseñanza masónica, en los primeros tiempos.—Influencias de la época.—Las logias.—Ex- plicación de esta palabra y sus equivalencias en los distintos idiomas.—Informa- ción primitiva.—Influencia adquirida por algunos.—Las grandes logias, y espe- cialmente la de Estrasburgo. — Carácter y preeminencias de esta última y razón que la explica.—Cambio de la denominación de «Hermanos de San Juan,» con que los constructores habían sido conocidos, por la de «libres masones.»—La ca- tedral de Estrasburgo. — Importancia que tiene en la historia de la masonería la edificación de este monumento.—Existencia anterior de las corporaciones masó- nicas.—Pruebas históricas. — El conde palatino de Sebearen y la abadía de San Emerán en Rogensburg.—Organización de las logias primitivas. — Opiniones emitidas acerca de ellas.—Las logias modernas.—Sus caracteres, construcción y ÍNDICE PAGINAS símbolos.—Formalidades externas.—Dignidades que las componen.—Explicación de cada uno de estos puntos 57 CAPÍTULO V.—Las logias como elementos de la masonería primitiva.—Sus carac- teres.—Las GiMas.—Significación de esta palabra.—Fines y tendencias de estas agrupaciones.—Epoca de su aparecimiento.—Caractéres con que se presentan.— Su origen germánico.—Su organización.—Circunstancias exigidas en los indivi- duos para ser admitidos en ellas.—Unión de las logias y las Gildas.—Importancia que tiene la ciudad de Colonia en la historia de la masonería.—Alberto el grande. —Su saber.—Sus reformas en la institución y en el arte.—Heidsloff.—Sus estu- dios.—El simbolismo en la masonería.—Su fin y objeto.—Causas generadoras que lo hacen aparecer.—Extensión de la orden masónica.—Decadencia de la primitiva organización.—Primeras reformas.—José Dotzinga.—Primer Congreso masónico en Ratisbona.—Estatutos discutidos en él.—Principales acuerdos.—Asambleas celebradas en Spira en 1464 y 1469.—Franquicias é inmunidades acordadas á los masones por algunos soberanos.—Verdadero sentido de estos privilegios.—Maxi- miliano 1.—Su carácter.—Opinión de Maquiavelo acerca de este príncipe.—Pri- mera excisión entre las logias.—Precedentes de los tres primeros grados de la masonería moderna.—Diferencias entre los usos de entonces y los de ahora por razón de época.—Fundamento racional de los tres grados dichos 65 CAPÍTULO VI.—Primitiva organización de las corporaciones.—Admisión de los ex- traños al arte y carácter de que disfrutaban.—Deberes de los individuos.—Asam- bleas de las logias.—Equivalencia de las antiguas prácticas con lo establecido en nuestro tiempo.—Requisitos exigidos á los individuos para su ingreso en la aso- dación.—Importancia dada á la condición de las personas.—Razones que obli- garon á ello.—Signos y marcas admitidos en la masonería.—Simbolismo antiguo. —Su razón de ser y sus justificativos.—Impropiedad de ciertas frases y preguntas introducidas en la instrucción de los grados simbólicos.—Razones que han llevado 4 ello.—Inñuencias de la càbala.—Números sagrados.—Relación que existe entre el espíritu de la masonería y las obras que á ella se deben.—Carácter que adquie- re la institución, gracias al progreso que se inicia en el siglo xv.—Primeros ana- temas.—Concilios de Rúan y de Aviñón.—Disidencia y disolución délas corpora- dones en Alemania 81 CAPÍTULO VIL—Marcha anormal del desarrollo masónico en Europa.—Escaso des- envolvimiento que alcanza en esta época la orden en Italia, Francia y España.— La masonería en Inglaterra.—La civilización romana en las islas británicas.—De- cadencia á causa de las irrupciones de los bárbaros.—Renacimiento.—Alfredo el Grande.—Sus empresas guerreras y civiles.—Opinión errada de los que suponen la introducción de la masonería en Inglaterra durante este reinado.—Las prime- ras construcciones.—Influencia del clero.—Elementos masónicos.—Opinión de jj0)3er.—Primeras corporaciones.—Formalidades externas de aquellas logias pri- mitivas.—Perfectas correspondencias con las observadas hoy.—Razón de su sub- sistencia.—Epoca en que por primera vez aparece en los documentos el título de Freemasón.—Situación de la masonería durante el reinado de Eduardo 1.—Perse- cuciones.—El cardenal de Beaufort, obispo de Winchester.—Su influencia en contra de los masones.—Bill de 1425.—Ideas que acerca de esta disposición se han emitido en pró y en contra.—Perfecta equivalencia entre las disposiciones inglesas y alemanas.—Causas de esto.—Cuestiones á que han dado lugar.—El más antiguo reglamento masónico de Inglaterra.—Opiniones de Ibalswell y de Kloss.—Juicio acerca de este reglamento 92 CAPITULO VIH.—Cárlos Cristiano Federico Krause.—Su importancia en la masone- 4 ÍNDICE PAGINAS ría.—Sus obras.—La Constitución en Yorck.—Su texto.—Su carácter y valor.— Certificación de Stonehouse.—Examen hecho de este antiquisimo documento.— Pruebas en pró de su autenticidad.—Examen de Kloss.—Pruebas en contra de la Constitución de York.—Examen hecho de este documento por la comisión nom- brada por la Gran Logia de Berlín.—Investigaciones aduaneras.—Examen de ar- chivos y bibliotecas.—Conclusiones sentadas.—Análisis de ellas 106 CAPITULO IX.—Eduardo III de Inglaterra.—Su carácter.—Beneficios conseguidos durante su reinado.—Protección que dispensó á la Masonería.—Autoridad de Preston.—Su vida y sus obras.—Tomás Payne.—Su obra.—Publicación del im- portante documento-prueba de los beneficios que la orden masónica debe al mo- narca inglés.—Autoridades en prueba de su autenticidad.—Situación de la maso- nería en esta época.—Nombramientos de diputados hechos por el rey Eduardo III para vigilar los trabajos de las Logias.—Opinión emitida por algunos autores de que en el reinado de este monarca, es cuando tiene lugar el aparecimiento de la orden.—La masonería durante el reinado de Enrique VI.—Causas que dieron lugar al aparecimiento del bill publicado durante su minoridad.—Investigación histórica.—Resultados que tuvo para la masonería la contienda entre el regente de Inglaterra y el cardenal de Beaufort.—Manifestación equivocada del historia- dor de la orden Mr. Heboid.—Disposiciones contrarias á la masonería dictadas durante el reinado de Enrique VI.—Confusión de la asociación masónica con otras sociedades secretas 116 CAPITULO X.—Situación de la masonería al advenimiento de Enrique VI.—Opinión de Prestón.—El interrogatorio.—Fecha de su aparecimiento.—Su publicación, por Kraüsse.—Historia inventada para explicar su existencia.—Contenido de este documento.—Dudas de Fessler.—Federico Luis Keller y Gotthold Efrain Lessing. —Su vida, sus escritos y su importancia masónica.—Primera impugnación de Lessing al interrogatorio.—Pruebas en contra, deducidas de su redacción y esti- lo.—Opinión de Keller y declaración del mismo acerca del autor de este docu- mento.—Alteraciones y disturbios en Inglaterra, durante este período.—Perjui- cios que de ello se siguen á la masonería.—Reinados de Enrique VII y Enrique VIII.—Continuación de la lucha.—Carácter de este último monarca.—Disensiones religiosas. 127 CAPITULO XL—Reformas masónicas.—Iñigo Jones.—Sus viajes y su Mecena.— Afiliación á la orden de distinguidos y elevados personajes.—Nueva organización de las logias.—La masonería en Escocia.—Su estado de desmoralización en la segunda mitad del siglo xvi y primera del xvii.—Protectorado del barón de Ros- lin.—La logia de Kilwinning.—Sus asambleas.—Sus pretensiones.—Competencia con la logia de Edimburgo.—Documentos alegados.—Su insuficiencia.—Renun- cia su protectorado el barón de Roslin.—Andrés Miguel de Ramsay.—Su vida.— Su afección por los Estuardos.—Medios que arbitra en defensa de esta causa.—Su reforma masónica.—Análisis é impugnación.—Esparcimiento de sus doctrinas.— Perniciosos resultados que de ello -resultan para la masonería.—Aprovechamien- to de esta reforma por la logia de Kilwinning.—El término herodom. —Su étimo- logia é historia.—Relación que quiso hacerse entre la masonería y la orden del Templo.'—Refutación. . . . 142 CAPITULO XII.—El rito escocés.—Grados introducidos por Ramsay.—Orden jerár- quico.—Grado 13 del ritual cgvvienie.-—Real Arco.—Su logia ó templo.—Sus se- nales, toques y palabras.—Títulos de sus luces y afiliados.—Lugares de su colo- oación.—Ceremonias de apertura y oración.—Semejanza entre estas prácticas y la liturgia judáica.—Catecismo.—Hisioria inventada para explicar este grado.— ÍNDICE 5 PÁGINAS Papel que en ella se hace desempeñar á Enoch, á Salomón, al rey de Tiro y á Sohaben, Stolkin y Adoniram.—Número de individuos de que en un principio constó este grado.—Razón de ello.—Pretensiones de los demás maestros.— Errores, inexactitudes y anacronismos de esta historia.—Pruebas en favor de nuestro aserto, tomadas de la Biblia y de los autores profanos : . 156 CAPITULO XIII.— Los grados números 27, 28 y 29 del ritual escocés.—Decoración de sus templos.—Trajes.—Palabras y señales.—Ceremonias de apertura.—Inge- rencia absoluta hecha en el penal último de la Astrologia y de la Alquimia.—Crí- tica.—Formularismo de iniciación en el grado 28.—Errores que implica.—El gra- do 29 ó Gran escocés de San Andrés.—Infundada afirmación acerca de su origen.—Títulos de las dignidades y oficiales de este grado.—Razón que puede explicar el aparecimiento de estos grados.—Juicio acerca de ellos.—Prosecución del desarrollo de la masonería en la gran Bretaña.—Carácter de la orden en aquel período.—La revolución inglesa.—Actitud de la masonería durante ella.—Sepa- ración que por entonces existía entre la masonería y la política.—Decaimiento de la asociación á consecuencia de las agitaciones civiles de Inglaterra.—Opinión del doctor Krup, de Oxford.—Crítica de la carta en que la formula.—Plot.—Su saña contra la orden.—Sus opiniones.—Sus juicios y sus obras 172 CAPÍTULO XIV.—Estado de Inglaterra en el período siguiente á la revolución.—La restauración.—Carlos 11.—Carácter de su reinado.—Bayle.—Sus trabajos.^—Mo- vimiento político y científico.—Influencia del carácter de la época y de las obras que aparecen en el simbolismo masónico.—Bacon.—Su Nueva Atlántida.—Deseo que con ella se propusiera conseguir.—El grado masónico de Rosa Cruz.—Expli- cación histórica que acerca de él dan los rituales.—Sus templos, trajes, ceremo- nias, discursos y fórmulas.—Juicio acerca de ello.—Emblemas de este grado.— La rosa y la cruz.—Explicaciones con que masónicamente se quiere justificar á la cruz como símbolo de la orden.—Critica y juicio acerca de esta explicación.— Errores cometidos en ella.—Autoridades en prueba de nuestro aserto.—La cruz como instrumento de suplicio en los pueblos de la antigüedad.—Reformas inten- tadas en la masonería.—Reglamento de 1663.—Crítica acerca del mismo. . . . 189 CAPÍTULO XV.—La masonería en Inglaterra.—Continuación.—El incendio de Lon- dres.—Sus consecuencias.—Actitud de la masonería.—Hombres que se distin- guen en aquel momento.—Ahsmose y Wise.—Importancia de ambos.—Esfuerzos realizados en pró de la orden masónica.—Resultados que consiguieron.—Reunió- nes de las asambleas generales y particulares.—Jacobo II.—Sus antecedentes.— Su gobierno.—Su actitud con respecto á la cuestión religiosa.—Efectos de su po- lítica.—Descontento general de la nación.—Sus resultados.—Favor del monarca inglés hacia la orden.—Trabajos y maquinaciones del partido contrario.—Amplia- ción para el ingreso en Ja masonería.—La sociedad alemana de los [Rosa Cruces —Confusión que han hecho algunos entre la citada sociedad y el grado masónico número 18.—Fundador de aquella sociedad.—Sus propósitos, tendencias y des- arrollo.—Pretensiones de los sectarios.—Creencias vulgares acerca de ellos y opiniones emitidas por varios autores.—Razones que prueban como la sociedad de los Rosa Cruces no pueden haber influido para nada en la asociación masóni- ca.—Nueva decadencia de la orden en los últimos años de Jacobo II 215 CAPÍTULO XVI.—Necesidad urgente de organizar de nuevo la orden masónica y re- gularizar los poderes.—Estado de la política inglesa durante la primera mitad del siglo XVII. —Organización de la primera gran logia masónica.—Sus fundadores. —Importancia de cada uno de ellos.—Elementos de que disponían para consti- luirla.—^Las cuatro antiguas logias de Lóndres.—Acuerdos tomados en las pri- 6 ÍNDICE PÁGINAS meras reuniones.—Transformación que se opera en la masonería.—Sus resulta- dos y consecuencias.—Separación establecida entre el arte moral y el arte mate- rial.—Continuación de los trabajos.—Segundo venerable de la gran logia.—Su iniciativa y actividad.—Recopilación de las antiguas ordenanzas de la orden.— Objeciones á que han dado lugar.—Razones que las explican satisfactoria- mente 230 CAPÍTULO XVII.—Las antiguas ordenanzas de la masonería coleccionadas, revisa- das y publicadas por el venerable Jorge Payne.—Exposición de su articulado.— Atribuciones concedidas al venerable.—Formalidades prescritas para laconstitu- ción de logias particulares.—Orden en las elecciones.—Tenidas y banquetes. —Conservación para la celebración de fiestas del tradicional día de San Juan.— Imputaciones hechas á estas ordenanzas por ciertos historiadores de la ma- sonería.—Explicación de las principales en atención á la época y circuns- tandas 241 CAPÍTULO XVIII.—La masonería en Inglaterra.—Continuación.—Movimiento pro- gresivo.—Ingreso en la corporación masónica de los individuos de la aristocra- cia.—Especial cuidado puesto en la elección de los grandes maestres.—El duque Juan de Montagu.—Descripción de la fiesta de San Juan celebrada el año 1721.— Primitiva Constitución masónica.—Trabajos realizados para su redacción.—Co- misión nombrada para informar acerca de ella.—Su dictamen.—Enunciado de la referida Constitución.—Sus disposiciones.—Explicación de los anacronismos que pudieran encontrarse en ella.—Juicio crítico 258 CAPÍTULO XIX.—Progresos de la Gran Logia de Londres.—Continuación.—Excisión masónica.—El duque Felipe de Warthon.—Su biografia.—Conducta observada por él en los distintos países que recorriera.—Su actitud en la política inglesa.— Papel que desempeñó en nuestra patria.—Sus consecuencias.—Su proceder ma- sónico.—Constitución de logias irregulares.—Conducta noble y elevada del Gran maestre Montagu para evitar el cisma dentro de la masonería.—Creación de nue- vas logias en Londres.—El Gran maestre duque de Richmon.—Establecimiento del Comité de Beneficencia.—Grandísima utilidad de esta institución.—Comienzos de la necesaria descentralización de las facultades de la Gran logia.—Primeros obstáculos opuestos á la masonería por el jesuitismo.—Los Gormogones.—Ca- rácter de esta Sociedad.—Sus móviles y sus fines.—El jesuitismo.—Historia de esta asociáción.—Su progreso y su desarrollo.—Sus primitivos fundadores.—Ig- nació de Loyola.—Su biografía.—Justas persecuciones sufridas por el jesuitismo por parte del poder civil y del eclesiástico.—Expulsión de la orden de todos los países europeos.—Instrucciones secretas de la Compañía de Jesús.—Enunciado. —Juicio acerca de ellas 272 CAPÍTULO XX.—Reinado de Jorge 11.—Estado de la masonería inglesa en este pe- riodo.—Grandes maestros que en esta época desempeñan el alto poder masónico. Reformas introducidas en la organización de la Gran logia.—Aumento que la masonería consigue dentro de la Gran Bretaña.—-Iniciación masónica del primer príncipe de casa real.—Juan Ward.—Cuotas acordadas para el aumento del tronco de Beneficencia.—Resultados conseguidos.—Comienzo de las discusiones.—Cau- sas originarias de ellas.—Fútiles motivos que se le pueden asignar por causas.— Los mandiles.—Pretensiones de los ecánomos. —Concesiones y privilegios que solicitaron.—Resultados de sus gestiones.—Procesiones masónicas.—Ostentoso aparato desplegado en la de 1735.—Sátiras á que dió lugar aquel acto.—Resolu- ción tomada por la Gran logia en vista de ello.—Segunda edición del libro de las constituciones.—Orden arbitrado para ello.—Iniciación del príncipe Federico de I ÍNDICE 7 PÁGINAS Gales.—Alteración del texto inglés en las traducciones alemanas.—Consecuencias fatales que resultaron del disgusto de algunos hermanos.—Impugnaciones hechas á la masonería por razón del formularismo externo 310 CAPÍTULO XXI.—Consecuencias de la excisión masónica.—Continuación.—Impug- naciones hechas.—Razones alegadas.—Deducción racional de la necesidad á que obedeció la constitución de la orden.—Causas que han contribuido á su despres- tigio por razón de las personas y de las cosas.—Estado de la orden en Inglaterra en 1747.—El gran venerable Byron.—Su biografía.—Resultados de su ausencia. —Irregularidades.—Modificaciones establecidas en el ritual á causa de la división historiada.—-Razones alegadas para justificarlas.—Autoridad de Anderson.—Prue- ha en contrario.—Alteraciones llevadas á la cuestión de fondo.—Causas que se motivaron.—Análisis de éstas.—Las nuevas constituciones.—Opinión de la ma- yoría de las logias.—Separación de cinco de éstas.—Medios propuestos para la avenencia.—Inutilidad de ellos.—Imposibilidad de que dentro de la masonería subsistieran los antiguos usos.—Nombramientos de los maestros provinciales para las logias del condado de York.—Resultados.—Manifestaciones acerca de éstos de Preston y Kloss.—Nombramiento del marqués de Carnavon para el cargo de Gran maestre. —Conducta de los disidentes.—Crítica acerca de ella 322 CAPÍTULO XXII.—Alteraciones y modificaciones introducidas en el rito masónico á consecuencia de la excisión que venimos historiando.—Igualdad existente entre todos los hermanos antes de la excisión.—Título de maestro.—A quién se daba y por qué causas.—Razones que llevaron á esto después de la constitución de la Gran logia.—Prichard y su obra la «Masonería dividida».—Consignación de las reformas introducidas en los rituales.—Diferencia esencial entre el antiguo y el que se implantaba.—Catecismos de los grados.—Pruebas materiales.—Enumera- ción de ellas y significado que se les ha querido dar.—Impugnación de ellas por su carácter, por su forma y por las contradicciones que implican.—Formularismo de la iniciación al grado de aprendiz.—Critica.—Fatales resultados que con él se ha conseguido.—Solemnidades de apertura.—Su carácter.—Catecismo del grado primero según el rito escocés y según el rito francés.—Crítica de ambos. . . . 341 CAPÍTULO XXIII.—Examen de los rituales introducidos con motivo de la excisión. —Continuación.—Grado segundo.—Enunciado de compañero. —Razón del título. —Catecismo de este grado según el rito escocés.—Discurso inicial.—Catecismo del rito francés.—Crítica de estos documentos.—Exuberancia de formas é inuti- lidad del mayor número de las preguntas.—Grado tercero.—Maestro.—Catecismo de este grado.—Formalidades que implica.—Explicación y crítica de ellas.—Ob- jeto que se han propuesto conseguir.—Ceremonias de recepción para compañe- ros y maestros.—Explicación que de ellas hacen los rituales.—Juramentos y signos de cada uno de estos grados.—Examen crítico de cada uno de ellos.— Consideraciones generales 364 CAPÍTULO XXIV.—Consecuencia del extraño simbolismo introducido en la masone- ría.—Análisis del libro publicado por los jesuitas contra la orden.—Estilo que en él emplean.—Carácter que asignan á la orden.—Errado concepto que de ella emiten.—Absurdos en que incurren.—División de la masonería, según ellos, en pública y oculta ó verdaderamente secreta.—Clases que, según ellos, abundan en la orden.—Examen de los medios que suponen son empleados para hacer la propaganda masónica.—Autoridad á que recurren para probar sus calumniosas imputaciones.—Formalidades que suponen empleadas en la recepción del grado de aprendiz.—Las pruebas.—Los viajes.—Errores en la exposición.—Efecto que puede producir la violenta sátira que emplean.—Crítica de tan injuriosas aseveraciones. 413 8 ÍNDICE PAGINAS CAPÍTULO XXV.—Continuación del examen de la obra publicada por los jesuítas.— Diferencias necesarias entre la cuestión de fondo y la de forma.—Exposición y análisis que hacen de los altos grados introducidos en la masonería.—El grado de preboste juez.—Errores y contradicciones en que incurren al exponer lasprác- ticas de este grado.—Exposición de lo referente al de caballero de Kadosch.— Absurda relación que establece entre este grado y lo referente á los restos de la antigua y extinguida orden del Temple.—El grado de Rosa Cruz expuesto y ana- lizado por los jesuítas.—Errores en que incurren en la interpretación del simbo- lismo de este grado.—Insistencia á propósito de la supuesta masonería secreta. —Fines principales se pueden haber propuesto con la publicación de este que libro y público en el que principalmente puede producir efecto.—Propósitos que suponen en la masonería.—Crítica é impugnación de ellos.—Exageración en lo referente al número de grados masónicos en los distintos rituales.—Enumeración de los que verdaderamente existen en ellos.—Examen del catecismo, ceremonias y fórmulas del grado de preboste y juez tal como se hallan en los rituales.—Critica y comparación con lo afirmado por los jesuítas.—El grado 30.—La escala simbó- lica, catecismo de este grado.—Concepto que en vista de todo ello merecen las aseveraciones jesuíticas.—Confusión establecida entre la sociedad masónica y otras políticas y socialistas.—Los carbonarios.—Los iluminados.—Desarrollo y progreso de estas sociedades.—Papel que los jesuítas asignan á los príncipes y nobles ingresan en la orden.—Escasos resultados que pueden haber cense- que guide.—Razones en que nos apoyamos.—Crítica del mencionado libro desde el punto de vista general, así como también de las estupendas historias que relata. —Anàlisis de la más sorprendente de todas ellas.—Suposición de que la religión es sólo un instrumento de la masonería.-—Ceremonias introducidas en la orden que pudieran hacerle adquirir el carácter de culto.—Bautismo masónico.—Expo- sición de esta ceremonia'con arreglo ritual.—Servicio fúnebre.—Crítica de ambas. 436 CAPÍTULO XXVI.—Continuación del progreso y desarrollo de la masonería en Ingla- terra.—El marqués de Carnavou como gran maestre.—Examen de las patentes de constitución otorgadas á las logias.—Medios arbitrados para investigar el estado de cada de ellas.—Proposición del hermano Scott.—Revisión de las constitu- una cienes.—Elementos díscolos que aún se advertían dentro de la orden.—Medios propuestos para conjurar los males que pudieran ocurrir.—Reunión previa.—De- signación del hermano Mannigham, como ponente.—Proposición de éste presen- tada á la asamblea, el 20 de Marzo de 1775.—Resultado conseguido.—Efecto contraproducente.—Los antiguos masones.—Su conducta.—Extensión de la co- munidad.—Creación de maestrazgos provinciales.—El gran maestre lord Aver- dour.—Carácter de la aristocracia inglesa.—Diferencias esenciales entre ésta y la de las demás naciones.—Estado de la masonería durante este periodo.—Aisla- miento de los disidentes.—Petición Esco- que hacen de patente á la gran logia de cia.—Negativa de ésta.—El conde de Ferry, gran maestre.—Sus trabajos.—Sucé- dele lord Blancy.—Acrecimiento de la orden durante lajefatura de éste,—Iniciación en la masonería de los primeros individuos de la familia real.—Solicitud de reco- nocimiento presentado poi la logia francesa.—Proposición para levantar el primer templo masónico en Londres.—Cuestiones á que dió lugar.—Resultados conse- guidos.—El real arco.—Carácter de esta asociación en su aparecimiento.—Circu- lar expedida y crítica de la misma 488 CAPÍTULO XXVII.—La masonería en Irlanda.—Corporaciones de trabajadores du- rante la Edad media en esta parte del Reino Unido de la Gran Bretaña.—Hipó- tesis aventuradas.—Establecimiento allí de la verdadera masonería.—Conformi- ÍNDICE dad de procedimientos con la gran logia de Londres.—Ediciones del libro de las constituciones publicadas en Irlanda.—Venerables y altos dignatarios que con- tribuyeron al desarrollo y progreso de la masonería irlandesa.—Inconvenientes que tuvieron que vencer.—Establecimiento de nuevas logias.—Creación de la lo- gia de los grandes maestros.—Carácter y atribuciones de ésta.—Falta de docu- mentes para ampliar más la historia de la masonería de aquel país. CAPÍTULO XXVIIL—La masonería en Escocia.—Ojeada histórica acerca de este país.—Las corporaciones de obreros.—Tradiciones masónicas.—Creación del monasterio dedicado á San Wining.—Título que hacen de esto los escoceses para probar la antigüedad de la masonería en su país.—Verdadero valor que á esta prueba puede concederse.—Datos que han aducido algunos historiadores para sostener la antigüedad de la masonería escocesa.—Crítica de ellos. Masonería propiamente hablando en Escocia.—Restos de las antiguas corporaciones que existían en Escocia constituyendo logia.—Falta de relaciones entre ellas.—Difi- cultades que se oponían al restablecimiento de éstas.—El protectorado de la fami- lia de Rosselin.—Renuncia que hizo de tan señalado puesto William Saint Clair de Rosselin.—Deliberaciones previas para la constitución de la primera gran logia en Escocia.—Reunión de las logias en la de la Capilla María.—Nombra- miento del primer gran maestre.—Reformas introducidas.—Fundación del hospi- tal real de Edimburgo.—Parte que en él tuvieron los masones escoceses.—Con- cesiones que por tal motivo les hizo el municipio.—Venerables y grandes dignatarios que contribuyeron al progreso y desarrollo de la masonería en aquel país.—Disensiones y luchas políticas.—El catolicismo en Escocia.—Primeras persecuciones de que hace objeto á la masonería CAPÍTULO XXIX.—La masonería en Francia.—Opiniones aventuradas acerca del progreso de la masonería en este país.—Exposición de la teoría de Mr. Rebold. Tergiversaciones históricas.—Su refutación.—Las corporaciones en Francia. Los gremios.—Su constitución.—Derechos y preeminencias de los mismos. Disposiciones reglamentarias por qué se regían.—Coacciones que esta organiza- ción oponía al libre trabajo.—La corporación de los constructores.—Sus regla- mentes.—La verdadera masonería en Francia.—Influencias de Inglaterra.— Creación de logias en París.—Carácter de las primeras patentes de constitución. —Abusos á que se prestaba este sistema.—Carácter de irregularidad que por la razón tienen las primeras logias.—Resultados á que esto dió lugar.—Censuras y sátiras.—Persecuciones del poder civil.—Edicto de Imís XV.—Alcance de sus disposiciones.—Constitución de logias por ingleses domiciliados en Francia.- Implantación de las constituciones de la gran logia de Londres.—Persecuciones de la Iglesia contra la orden masónica.—Temores de la corte romana.—Reunió- nes y acuerdos de los cardenales.—La bula de Clemente XII.—Su exposición y crítica. CAPÍTULO XXX.—Aparición de distintas sociedades que se aprovechan del ritual y de los símbolos masónicos, aunque proponiéndose muy distintos fines.—Estable- cimiento de. la masonería de adopción.—Distintos títulos que reciben las socieda- des mal llamadas masónicas en que son admitidas las mujeres.—Defectos de que adolecen.—La orden de la felicidad.—Su organización y su simbolismo.—La sociedad dé caballeros y ninfás de la Rosa.—Sus pretensiones.—Su tecnicismo. La orden de los leñadores.—Sus atributos, prácticas y ceremonias.—Falta de razón en los que afirman que estas sociedades pueden haber determinado alguna influencia en lá masonería.—Verdadera masonería de adopción.—Idea á que res« jJonde¡—Imposibilidad de quedas muj'eres puedan realizar íos fines, presentes en ÍOMO 1 10 ÍNDICE el credo masónico.—Primitiva organización de la masonería femenina.—Pruebas y ceremonias de entonces en cada uno de los grados.—Reformas introducidas.— del púmero de los grados.—Recepción, pruebas y catecismo del Reducción grado primero.—Grado segundo.—Recepción, pruebas y catecismo del grado segundo. —Errores é inexactitudes que en ellos se advierte CAPÍTULO XXXr.—Masonería de adopción.—Continuación.—Grado tercero.—Re- cepción, pruebas y catecismo de este grado.—Discurso del venerable.—Tenida de banquete en la masonería femenina.—Su ritual y simbolismo.—Ceremonia de clausura.—Reglamento de la masonería de adopción.—Dignatarios de que consta una logia de esta especie.—Juicio crítico acerca de la masonería de adopción en los jesuítas han aprovechado todas sus ceremonias general.—De que manera para zaherir á la orden.—Logias principales de la masonería de adopción que se establecieron en París durante el período que historiamos.—La logia del Candor Contrato social. —Los señores de la aristocracia francesa en la y la logia del masonería.—La princesa de Lamballe.—Su biografía.—Su suplicio y su muerte.. CAPÍTULO XXXII.—La masonería en Francia.— Continuación. — Carácter de las logias y de los dignatarios que se hallaban al frente de ellas.—Irregularidades y ade- desórdenes.—Formas arbitrarias en la expedición de patentes.—Causas que más de las anunciadas contribuyen al mal estado de la asociación.—Sus resul- tados.—La reforma de Ranzay en Francia.—Fines verdaderos que con ella se propuso conseguir.—Procedimiento empleado.—Elementos que contribuyen á ella.—Elemento serio y formal de la masonería en París.—El gran maestre conde de Clermont.—Abusos á que necesariamente tenía que poner remedio para conse- guir la reorganización de la Sociedad.—Inconvenientes que se presentaban.— contra de la orden durante este período.—Aparición y desen- Obras en pró y en volvimiento de los altos grados.—Los partidarios de los Estuardos.—La orden de los Caballeros de Jerusalén.—Su historia y vicisitudes.—Falta de relación entre ésta la masonería.—Acta publicada por Kloss.—Pretensiones que revela.— y Falta de fundamento de todas ellas.—Los masones de Arrás y los de Tolosa en defensa del capítulo de Rosas Cruces.—Actitud del pretendiente Carlos Eduardo. —Nuevas persecuciones contra la orden.—Causas que las motivan.—Reforma del Código masónico.—Su carácter.—Continuación de los desórdenes.—Creació- de Bonneville. — Los caballeros de Oriente y los caballeros de Oriente y nes Occidente.—Lugar de ellos.— que estos grados ocupan en los Rituales.—Examen Sus catecismos y reglamentos.—Juicio crítico CAPÍTULO XXXIII.—Alteraciones introducidas en el seno de la gran logia por los capítulos especiales que se habían creado.—Medidas tomadas por la gran logia. —Ineficacia de ellas y resultados que produjeron.—Lucha entablada entre los partidos masónicos.—Parte que en esta discusión tomó la autoridad civil.—Sus- á de todo. pensión de las sesiones de la gran logia,—Progreso de la orden pesar —Medidas tomadas por algunos hermanos en favor de la institución masónica.— Muerte del conde de Clermont.—Tentativas hechas para que la gran logia reanu- dara sus tareas.—Petición hecha al duque de Luxemburgo.—El duque de Char- desde tres es nombrado gran maestre.—Inconvenientes que luego presentaba esta elección.—Biografía del duque de Orleans.—-Nombramiento de adjunto á favor del duque de Luxemburgo.—Nombramiento de los demás oficiales.—La constitución masónica,—Carácter de ella.—Orden de revisión para todas nueva las cartas patentes,—disturbios à que dió lugar.—Sanción del gran Venerable,— Comisión nombrada por la gran logia para presentarle las disposiciones á que les hacía faltar.—Conducta del düque de Orleans,—Importancia de los digttata-» ÍNDICE rios del gran Oriente de Francia, al tomar este nombre la gran logia de París,— de los disidentes de publicar una historia de la masonería.—Memoria Proyecto acerca de la historia de la masonería, publicada por Labande.—Negativa de los el disidentes á entregar los archivos.—Medidas tomadas por duque de Luxem- burgo, ó proyecto para la creación de las logias provinciales.—Proposición del duque de Luxemburgo para la renovación de los cargos.—Buenos efectos de la organización de la sociedad.—Socorros distribuidos.—La logia «El Candor.» Sus miembros.—El marqués de La Fayette.—Su biografía íi»a»'Síí<· "Ïí-Slj^ Cl , ,.,. .,. mf: '■«<' f i ^^à^^iri:£ - í^.i , ••;#{> -•-v■- í^—"»^-^^;fj«ii:f--kri -«•w? í ^ Tv "vC "^V* x~v' 1«ï^ i I: '.rVi 1 ^ íSí- ■ "" ■-it?í.í jT^" "A,r Wj^^rS4-- 1« ->1 4H *¿1 í-/i- ,^l«^ 4L^tví,r í T r-ví - J. . .< -.. ..k . . y,..- -._^.^^yK«,. ^ XÍSm-C-i» te- 7^ í ■a»- ^<-r ■í^.'·, i -^ ^ »5 . -A-i. i -s'?.V ,. ,3. 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